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viernes, agosto 06, 2010

El oráculo manual y arte de prudencia de Baltasar Gracián 


No me hablaron de este autor español del siglo XVII en la Escuela ni en el Liceo ni en la Universidad. Lo conocí a través de Debord (excelente forma de iniciarse en Marx/Hegel y otras tradiciones, a condición de no quedarse sólo con eso), y me parece que esta colección de aforismos que data de 1647 sirve bastante para intentar guiarse en tiempos de crisis y decadencia. Habría que leer por lo menos 10 al día (son 300 en total). Según informa wikipedia, "este «arte de prudencia» escrito por Gracián ha tenido vigencia incluso en la actualidad, como demuestra el hecho de que una versión al inglés, titulada The art of worldly wisdom: a pocket oracle llegó a vender más de ciento cincuenta mil ejemplares en el ámbito anglosajón, al ser presentado como un manual de autoayuda para ejecutivos. En 1992, permaneció dieciocho semanas (dos en primera posición) en la lista de los más vendidos del Washington Post en el apartado Nonfiction/General.


Estos son mis diez aforismos del día de ayer -que, dicho sea de paso, no me sirvieron para ser una mejor persona ni para tomar mejores decisiones, pero eso no es culpa de Gracián-:

16

Saber con recta intención. Asseguran fecundidad de aciertos. Monstrosa violencia fue siempre un buen Entendimiento casado con una mala voluntad. La intención malévola es un veneno de las perfecciones y, ayudada del saber, malea con mayor sutileza: ¡infeliz eminencia la que se emplea en la ruindad! Ciencia sin seso, locura doble.

17

Variar de tenor en el obrar. No siempre de un modo, para deslumbrar la atención, y más si émula. No siempre de primera intención, que le cogerán la uniformidad, previniéndole, y aun frustrándole las acciones. Fácil es de matar al buelo el ave que le tiene seguido, no assí la que le tuerze. Ni siempre de segunda intención, que le entenderán a dos vezes la treta. Está a la espera la malicia; gran sutileza es menester para desmentirla. Nunca juega el taúr la pieza que el contrario presume, y menos la que desea.

18

Aplicación y Minerva. No ai eminencia sin entrambas, y si concurren, excesso. Más consigue una medianía con aplicación que una superioridad sin ella. Cómprase la reputación a precio de trabajo; poco vale lo que poco cuesta. Aun para los primeros empleos se deseó en algunos la aplicación: raras vezes desmiente al genio. No ser eminente en el empleo vulgar por querer ser mediano en el sublime, escusa tiene de generosidad; pero contentarse con ser mediano en el último, pudiendo ser excelente en el primero, no la tiene. Requiérense, pues, naturaleza y arte, y sella la aplicación.

19

No entrar con sobrada expectación. Ordinario desaire de todo lo mui celebrado antes, no llegar después al excesso de lo concebido. Nunca lo verdadero pudo alcançar a lo imaginado, porque el fingirse las perfecciones es fácil, y mui dificultoso el conseguirlas. Cásase la imaginación con el deseo, y concibe siempre mucho más de lo que las cosas son. Por grandes que sean las excelencias, no bastan a satisfazer el concepto, y como le hallan engañado con la exorbitante expectación, más presto le desengañan que le admiran. La esperança es gran falsificadora de la verdad: corríjala la cordura, procurando que sea superior la fruición al deseo. Unos principios de crédito sirven de despertar la curiosidad, no de empeñar el objecto. Mejor sale quando la realidad excede al concepto y es más de lo que se creyó. Faltará esta regla en lo malo, pues le ayuda la mesma exageración; desmiéntela con aplauso, y aun llega a parecer tolerable lo que se temió extremo de ruin.

20

Hombre en su siglo. Los sugetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos, aunque le tuvieron, no acertaron a lograrle. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso. Pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno; y si este no es su siglo, muchos otros lo serán.

21

Arte para ser dichoso. Reglas ai de ventura, que no toda es acasos para el sabio; puede ser ayudada de la industria. Conténtanse algunos con ponerse de buen aire a las puertas de la fortuna y esperan a que ella obre. Mejor otros, passan adelante y válense de la cuerda audacia, que en alas de su virtud y valor puede dar alcançe a la dicha, y lisonjearla eficazmente. Pero, bien filosofado, no ai otro arbitrio sino el de la virtud y atención, porque no ai más dicha ni más desdicha que prudencia o imprudencia.

22

Hombre de plausibles noticias. Es munición de discretos la cortesana gustossa erudición: un plático saber de todo lo corriente, más a lo noticioso, menos a lo vulgar. Tener una sazonada copia de sales en dichos, de galantería en hechos, y saberlos emplear en su ocasión, que salió a vezes mejor el aviso en un chiste que en el más grave magisterio. Sabiduría conversable valióles más a algunos que todas las siete, con ser tan liberales.

23

No tener algún desdoro. El sino de la perfección. Pocos viven sin achaque, assí en lo moral como en lo natural, y se apassionan por ellos pudiendo curar con facilidad. Lastímase la agena cordura de que tal vez a una sublime universalidad de prendas se le atreva un mínimo defecto, y basta una nube a eclipsar todo un Sol. Son lunares de la reputación, donde para luego, y aun repara, la malevolencia. Suma destreza sería convertirlos en realces. Desta suerte supo César laurear el natural desaire.

24

Templar la imaginación. Unas vezes corrigiéndola; otras ayudándola, que es el todo para la felicidad, y aun ajusta la cordura. Da en tirana, ni se contenta con la especulación, sino que obra, y aun suele señorearse de la vida, haziéndola gustosa o pessada, según la necedad en que da, porque haze descontentos o satisfechos de sí mesmos. Representa a unos continuamente penas, hecha verdugo casero de necios. Propone a otros felicidades y aventuras con alegre desvanecimiento. Todo esto puede, si no la enfrena la prudentíssima sindéresis.

25

Buen entendedor. Arte era de artes saber discurrir: ya no basta, menester es adevinar, y más en desengaños. No puede ser entendido el que no fuere buen entendedor. Ai zaoríes del coraçón y linces de las intenciones. Las verdades que más nos importan vienen siempre a medio dezir; recíbanse del atento a todo entender: en lo favorable, tirante la rienda a la credulidad; en lo odioso, picarla.

26

Hallarle su torcedor a cada uno. Es el arte de mover voluntades; más consiste en destreza que en resolución: un saber por dónde se le ha de entrar a cada uno. No ai voluntad sin especial afición, y diferentes según la variedad de los gustos. Todos son idólatras: unos de la estimación, otros del interés y los más del deleite. La maña está en conocer estos ídolos para el motivar, conociéndole a cada uno su eficaz impulso: es como tener la llave del querer ageno. Hasse de ir al primer móbil, que no siempre es el supremo, las más vezes es el ínfimo, porque son más en el mundo los desordenados que los subordinados. Hásele de prevenir el genio primero, tocarle el verbo después, cargar con la afición, que infaliblemente dará mate al alvedrío.

27

Pagarse más de intensiones que de extensiones. No consiste la perfección en la cantidad, sino en la calidad. Todo lo mui bueno fue siempre poco y raro, es descrédito lo mucho. Aun entre los hombres los Gigantes suelen ser los verdaderos Enanos. Estiman algunos los libros por la corpulencia, como si se escriviessen para exercitar antes los braços que los ingenios. La extensión sola nunca pudo exceder de medianía, y es plaga de hombres universales por querer estar en todo, estar en nada. La intensión da eminencia, y heroica si en materia sublime.

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