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jueves, septiembre 02, 2010

No trabajar – ¿Funcionó? (x CrimethInc) 


(Fragmento de "Luchando en el nuevo terreno").

La provocación definitoria de nuestros primeros años era tomar literalmente el dicho situacionista de no trabajar nunca. Unxs cuantxs de nosotrxs decidimos probarlo en nuestro propio pellejo a ver si esto era posible. Esta bravata mostró toda la genialidad de una juventud sin tutor y todos sus peligros. Aunque incontables más han andado este camino antes, para nosotrxs era como cuando lanzaron los primeros primates la espacio. En cualquier caso, estábamos haciendo algo, tomándonos los sueños de la revolución en serio, como un proyecto que podíamos iniciar en nuestra propia vida inmediatamente, con – como solíamos decir – un desdén aristocrático por las consecuencias.

Es tentador descartar esto como una mera performance artística. Aún tenemos que comprender que fue un temprano intento de responder la pregunta que aún subyace en lxs posibles revolucionarixs de los EE.UU. y la Europa occidental: ¿Qué puede interrumpir nuestra obediencia? Lxs insurreccionistas contemporánexs están intentando responder esta pregunta ahora, aunque las respuestas que muchxs han ofrecido son igualmente limitadas. Por sí mismxs, ni el desempleo voluntario ni el vandalismo gratuito parecen capaces de introducir a la sociedad en una situación revolucionaria. A pesar de todo, seguimos con nuestra idea inicial de que será una nueva forma de vida la que lleve a esta situación; no es cosa de meter horas en las mismas viejas tareas. La fábrica esencial de nuestra sociedad – el muro que está entre nosotrxs y el otro mundo – está por encima del buen comportamiento del explotado y el excluido.

En una década, la historia probó que nuestro experimento era obsoleto, garantizando perversamente nuestra petición de ser una clase desempleada. Las tasas de desempleo de los EE.UU., que se decía que eran del 4% en el año 2000, habían llegado al 10% a finales de 2009 – sólo contando la gente que estaba buscando trabajo activamente. El exceso de la sociedad de consumo ofrecía para lxs marginales un cierto margen de error; la crisis económica erosionó éste y le dio el grado decididamente de involuntario al desempleo.

Parece que el capitalismo ya no tiene más utilidad para nosotrxs que la que tenemos nosotrxs para él. No sólo vale esto para lxs anarquistas auto-marginalizadxs, sino para millones de trabajadorxs en los EE.UU. A pesar de la crisis económica, las principales compañías están reportando actualmente enormes ganancias – pero en vez de utilizar estos beneficios para contratar nuevos empleados, están invirtiendo en mercados extranjeros, utilizando la tecnología para reducir sus necesidades de empleos, y pagando dividendos a sus accionistas. Lo que es bueno para General Motors no es bueno para el país en absoluto [3]; las compañías con más beneficios en los EE.UU. ahora mismo están enviando tanto la producción como el consumo a los “mercados en desarrollo” de ultramar.

En este contexto, la cultura dropout, la cultura auto-marginalizadora, parece como un programa voluntario de austeridad; es conveniente para los ricos que rechacemos el materialismo consumista, ya que no hay bastante todos de todas formas. A finales del siglo XX, cuando la mayoría de la gente se identificaba con sus trabajos, al renunciar a ver el empleo como una auto-realización se expresaba un rechazo de los valores capitalistas. Ahora el empleo errático y la identificación con actividades de ocio en vez de con la carrera profesional de unx son normales en una posición económica en vez de una posición política.

El capitalismo también está incorporando nuestra afirmación de que la gente debería actuar de acuerdo con su conciencia en vez de actuar por un salario. En una economía llena de oportunidades para vender tu trabajo, tiene sentido dar énfasis a la importancia de otras motivaciones para una actividad; en una economía precaria, querer trabajar gratis tiene implicaciones diferentes. El estado cada vez más tiene la misma ética do-it-yourself que una vez animaba al punk underground para sobrellevar los efectos del capitalismo. Es más barato dejar que los ambientalistas se ofrezcan a limpiar el derrame de petróleo de BP que pagar a gente para que haga esto, por ejemplo. Lo mismo va por Food Not Bombs si es tratado como un programa de caridad en vez de otra forma de establecer flujos subversivos de recursos y camaradería.

Hoy el reto no es convencer a la gente para que venda su trabajo, sino para demostrar cómo una clase redundante puede sobrevivir y resisitir. El desempleo lo tenemos en abundancia – necesitamos interrumpir los procesos que producen pobreza.

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