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lunes, mayo 04, 2009

14 tesis sobre la Comuna (I.S.) 




Publicado en el número 7 de Internationale Situationniste (abril, 1962)


1.- "Hay que reemprender el estudio del movimiento obrero clásico de una forma desacostumbrada y, en primer lugar desacostumbrada en cuanto a sus diversas clases de herederos políticos o pseudo-teóricos, pues no poseen mas que la herencia de su fracaso. Los éxitos aparentes de este movimiento son sus fracasos fundamentales (el reformismo o la instalación en el poder de una burocracia estatal) y sus fracasos (la Comuna o la revuelta de Asturias) son hasta ahora sus éxitos abiertos, para nosotros y para el futuro".



2.- La Comuna ha sido la fiesta más grande del siglo XIX. Se encuentra en ella, en su base, la impresión de que los insurgentes se han convertido en dueños de su propia historia, no tanto a nivel de la decisión política "gubernamental" como de la vida cotidiana en esta primavera de 1871 (ver el juego de todos con las armas; lo que quiere decir: jugar con el poder). Es también en este sentido como hay que comprender a Marx: "la mayor medida social de la comuna fue su propia existencia en actos".



3.- La frase de Engels: "mirad la comuna de París. Era la dictadura del proletariado", debe ser tomada en serio como base para hacer ver lo que no es la dictadura del proletariado en tanto que régimen político (las diversas modalidades de dictadura sobre el proletariado, en su nombre).



4.- Todo el mundo ha sabido hacer justas críticas de las incoherencias de la Comuna, de la falta manifiesta de un aparato. Pero como pensamos hoy que el problema de los aparatos políticos es mucho más complejo que lo que pretenden los herederos abusivos del aparato de tipo bolchevique, es hora de considerar la Comuna no solamente como un primitivismo revolucionario del que se han superado todos los errores, sino como una experiencia positiva en la que todavía no se ha encontrado y realizado toda la verdad.



5.- La Comuna no ha tenido jefes: en un período histórico en el que la idea de que hacía falta tenerlos dominaba absolutamente el movimiento obrero. Así se explican de antemano sus fracasos y éxitos paradójicos. Los guías oficiales de la Comuna son incompetentes (si se toma como referencia el nivel de Marx o de Lenin e incluso el de Blanqui). Pero en revancha los actos "irresponsables" de ese momento son precisamente lo que ha de reivindicar luego el movimiento revolucionario de nuestro tiempo (aún si las circunstancias lo hubieran casi limitado al estadio destructivo -el ejemplo más conocido es el del insurgente diciendo al burgués sospechoso que afirma que él jamás ha hecho política: "es precisamente por eso por lo que te mato").



6.- La importancia vital del pueblo armado se manifiesta en la práctica y en los signos a lo largo de todo el movimiento. En conjunto no se ha abdicado a favor de destacamentos especializados el derecho de imponer por la fuerza una voluntad común. El valor ejemplar de esta autonomía de los grupos armados tiene su contrapartida en la falta de coordinación: El hecho de no haber llevado en ningún momento, ofensivo o defensivo, de la lucha contra Versalles la fuerza popular a un grado de eficacia militar pero no hay que olvidar que la revolución española se perdió, y también la propia guerra, por la transformación en "ejército republicano". Se puede pensar que la contradicción entre autonomía y coordinación dependían ampliamente del nivel tecnológico de la época.



7.- La Comuna representa hasta nosotros la única realización de un urbanismo revolucionario, atacando in situ los signos petrificados de la organización dominante de la vida, reconociendo el espacio social en términos políticos, no creyendo que un monumento pueda ser inocente. Aquellos que identifican esto con un nihilismo de lumpemproletariado, con la irresponsabilidad de los incendiarios, deben confesar en contrapartida todo aquello que consideren como positivo, a conservar de la sociedad dominante (se verá que es casi todo). "Todo el espacio está ya ocupado por el enemigo... El momento de aparición del urbanismo auténtico continuará en crear, en ciertas zonas, el vacío de esta ocupación. Lo que llamamos construcción comienza con eso. Puede comprenderse con la ayuda del concepto de agujero positivo, acuñado por la física moderna" (Programa elemental de urbanismo unitario; I.S. 6)



8.- La Comuna de París fue vencida menos por la fuerza de las armas que por la fuerza del hábito. El ejemplo práctico más escandaloso es la negativa a recurrir al cañón para apoderarse del Banco de Francia cuando tanto faltaba el dinero. Durante todo el poder de la Comuna, la banca permaneció como un enclave en París, defendida por algunos fusiles y el mito de la propiedad y el robo. Los restantes hábitos ideológicos fueron desastrosos desde todo punto (la resurrección del jacobinismo, la estrategia derrotista de las barricadas en recuerdo del 48, etc.)



9.- La Comuna muestra cómo los defensores del viejo mundo se benefician siempre de un modo u otro de la complicidad de los revolucionarios; y sobre todo de aquellos que piensan como ellos. El viejo mundo conserva de este modo bases (la ideología, el lenguaje, las costumbres, los gustos) en el desarrollo de sus enemigos y se sirve de ellas para reconquistar el terreno perdido (sólo se le escapa para siempre el pensamiento en actos connatural al proletariado revolucionario: la bolsa se ha incendiado). La verdadera "quinta columna" está en el propio espíritu de los revolucionarios.



10.- La anécdota de los incendiarios, en los últimos días, llegados para destruir Notre-Dame, y que tropiezan con el batallón de los artistas de la Comuna, está llena de sentido: es un buen ejemplo de democracia directa. Muestra también, más aún, los problemas todavía por resolver en la perspectiva del poder de los consejos. ¿Es que estos artistas tenían razón al defender una catedral en nombre de valores estéticos permanentes y en última instancia en nombre del espíritu de museo, mientras que otros hombres precisamente pretendieron acceder a la expresión ese día, traduciendo por medio de la demolición su desafío total a una sociedad que, en la derrota presente, proyectaba todas sus vidas hacia la nada y el silencio? Los artistas partidarios de la Comuna, actuando como especialistas, se encontraban ya en el conflicto con una manifestación extremista de la lucha contra la alienación. Hay que reprochar a los hombres de la Comuna no haberse atrevido a responder al terror totalitario con la totalidad del empleo de sus armas. Todo lleva a creer que se han hecho desaparecer los poetas que tradujeron en ese momento la poesía en suspenso de la Comuna. La masa de los actos irrealizados de la Comuna permite que se conviertan en "atrocidades" los actos esbozados, y que los recuerdos fueran censurados. La frase "aquellos que hacen revoluciones a medias, no hacen más que cavar su propia tumba", explica también el silencio de Saint Just.



11.- Los teóricos que restituyen la historia de este movimiento colocándose en el punto de vista omnisciente de Dios que caracterizaba al novelista clásico, muestran fácilmente que la Comuna estaba objetivamente condenada, que no tenía superación posible. No hay que olvidar que para aquellos que vivieron el acontecimiento, la superación estaba allí.



12.- La audacia y la invención de la Comuna no se miden evidentemente en relación a nuestra época, sino en relación a las banalidades de entonces en la vida política, intelectual, moral. En relación a la solidaridad de todas las banalidades en medio de las cuales la Comuna surgió. Así, considerando la solidaridad de las banalidades actuales (de derecha y de izquierda), se concibe la gran capacidad de invención que podemos esperar de una explosión semejante.



13.- La guerra social de la que la Comuna es un momento dura siempre (por mucho que unas condiciones superficiales hayan cambiado). Sobre el trabajo de "hacer conscientes las tendencias inconscientes de la Comuna" (Engels), no se ha dicho la última palabra.



14.- Desde hace cerca de veinte años en Francia, los cristianos de izquierdas y los stalinistas se han puesto de acuerdo, en recuerdo de su frente nacional antialemán, para poner el acento sobre aquello que hubo en la Comuna de desarraigo nacional, de patriotismo herido y para decirlo de una vez de "pueblo francés expresando su voluntad de ser bien gobernado" (según la política estaliniana actual) y al final empujado a la desesperación por la carencia de la derecha burguesa apátrida. Bastaría para vomitar esa agua bendita, estudiar el papel de los extranjeros llegados a combatir por la Comuna: fue, ante todo, la inevitable prueba de fuerza –como decía Marx- a la que debería conducir toda la actuación de Europa de "nuestro partido" desde 1841.



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