martes, diciembre 04, 2012
“Lo que se pierde (o destruye) en el camino”
“Los
padres, a quienes por lo general hay que acreditar el mérito de los resultados
obtenidos con la educación más temprana, tienen pleno derecho a sentirse
orgullosos por haber logrado convertir al lactante ruidoso, molesto y sucio, en
un escolar obedientemente sentado ante su pupitre. Pocos son en el mundo los
terrenos en que se logra realizar una transformación semejante”. No obstante,
hay reservas que hacer: “Una de ellas deriva de la observación. Quien haya
tenido oportunidad de intimar o jugar con niños de 3 a 4 años, quedará
sorprendido ante la riqueza de su fantasía, la amplitud de sus horizontes, la
claridad de su inteligencia, la inexorable lógica de sus preguntas y de sus
conclusiones…”.
•“Una
vez alcanzada la edad escolar, esos mismos niños causarán al adulto que trate
con ellos la impresión de ser más bien tontos, simples y poco interesantes. Con
asombro nos preguntamos dónde ha ido a parar su inteligencia y su originalidad.
El psicoanálisis nos revela que estas dotes del niño no han podido resistir las
exigencias que se les plantearon, llegando poco menos que a extinguirse al cabo
de los 5 primeros años de vida. Es, pues, evidente que el empeño de inculcar al
niño una buena conducta no está desprovisto de riesgos. Las represiones que
demanda, las formaciones reactivas y las sublimaciones que han de establecerse,
tienen su precio. En efecto, junto con gran parte de sus energías y talentos se
sacrifica la espontaneidad del niño” (A. Freud).
Etiquetas: L´ana Freud
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