lunes, diciembre 02, 2013
Beat oriental/Concerned with the @
Antiguamente Music Tele Vision era un canal de video clips. Los Dead Kennedys pedían que saliera del aire (MTV get off the air), y el deseo casi como que se logró, pero a un precio elevado y extraño: ya no dan videos, pero el canal sigue ahí.
Los tiempos han cambiado. En 1983 uno era tachado de tener gustos viejos si pontificaba a Hendrix o Led Zeppelin. Y eso que Led Zeppelin había dejado de existir hace menos de 5 años. Hoy en día es normal que los púberes y prepúberes luzcan poleras de Metallica cuya gráfica homenajea álbums que ahora tienen como 30 años de antiguedad. Sus papás usan a veces los mismos artefactos.
Mi papá ve ahora a Led Zeppelin en pantalla grande. En esa época más bien me los prohibía para que no bajara mi rendimiento en el Liceo. En fin, todo eso era para justificar cierta nostalgia glam punk de los 80, de una época en que aún te podía gustar algo cuando prendías la tele:
Hanoi Rocks con "Motorvatin", del album Oriental Beat (1982). No importaba que New York Dolls ya no existiera ni que Kiss se hubiera sacado la máscara (y putas que eran feos...). Desde Finlandia venían los Hanoi Rocks, que 20 años después amenizaban todas las fiestas en una antigua casa. Pero eso ya es otra nostalgia.
Mejor os dejo con algo serio: la prensa burguesa chilena, preocupada por el anarquismo y sus "implicancias actuales", desde Melissa a Mónica:
Los tiempos han cambiado. En 1983 uno era tachado de tener gustos viejos si pontificaba a Hendrix o Led Zeppelin. Y eso que Led Zeppelin había dejado de existir hace menos de 5 años. Hoy en día es normal que los púberes y prepúberes luzcan poleras de Metallica cuya gráfica homenajea álbums que ahora tienen como 30 años de antiguedad. Sus papás usan a veces los mismos artefactos.
Mi papá ve ahora a Led Zeppelin en pantalla grande. En esa época más bien me los prohibía para que no bajara mi rendimiento en el Liceo. En fin, todo eso era para justificar cierta nostalgia glam punk de los 80, de una época en que aún te podía gustar algo cuando prendías la tele:
Hanoi Rocks con "Motorvatin", del album Oriental Beat (1982). No importaba que New York Dolls ya no existiera ni que Kiss se hubiera sacado la máscara (y putas que eran feos...). Desde Finlandia venían los Hanoi Rocks, que 20 años después amenizaban todas las fiestas en una antigua casa. Pero eso ya es otra nostalgia.
Mejor os dejo con algo serio: la prensa burguesa chilena, preocupada por el anarquismo y sus "implicancias actuales", desde Melissa a Mónica:
PRENSA
BURGUESA PREOCUPADA DEL ANARQUISMO EN CHILE
(4
documentos de las últimas semanas)
1.-El
Mercurio
a)
Editorial
Jueves
14 de noviembre de 2013
Inesperado
vuelco en caso Bombas
"El
consenso para enfrentar con unidad el violentismo —una
característica de los primeros años de la transición— parece
haberse diluido, hasta transformar el punto en un tema más de la
controversia política..."
Cuando
hace un año la Corte Suprema rechazó los últimos recursos de la
fiscalía y el caso Bombas llegó a su fin, abundaron los
cuestionamientos exaltados contra autoridades que habían tenido
algún protagonismo en esa investigación. Entonces, y frente a ese
clima de escarnio, este diario hizo notar un punto central: lo que
aquí había habido no era simplemente el fracaso de un fiscal o de
algún miembro del Poder Ejecutivo, sino algo mucho más grave, a
saber, una falla de todos los actores del sistema penal involucrados.
En síntesis, quedaba en evidencia la incapacidad del Estado para
perseguir y sancionar a los responsables de más de un centenar de
atentados explosivos cometidos a partir de 2005.
Sin
embargo, la detención en España de dos chilenos vinculados a la
ideología anarquista, entonces absueltos y ahora acusados de
participar en la detonación de una bomba en la Basílica del Pilar,
en Zaragoza, pone de relieve la magnitud de aquel fracaso, pero
también permite observar aristas que en su momento resultaron algo
obviadas.
Mucho
se habló entonces —y con razón— de las debilidades en la
indagatoria llevada a cabo por el Ministerio Público, con fallas
procedimentales inexcusables. También se hizo patente la precariedad
del así llamado sistema de inteligencia nacional, y en particular de
la ANI, incapaz de reunir la evidencia necesaria para sostener las
acusaciones.
Pero
si bien eso es efectivo, no debieran olvidarse tampoco ciertas
actitudes insólitas de algunos de los magistrados que conocieron del
caso, cuyas expresiones descalificatorias hacia la parte acusadora no
constituyeron la mejor forma de mostrar imparcialidad. Por otra
parte, que dos tercios de las pruebas originalmente presentadas por
la Fiscalía hubiesen sido desestimadas por el juez de garantía —que
impidió que fueran invocadas en la causa— confirma tal vez las
críticas a la calidad de la investigación, pero resulta indicativo
también del poder que pueden llegar a tener estos magistrados para
determinar el curso posterior de un juicio: precisamente fue dicha
exclusión de pruebas (entre las que se encontraban un peritaje
psiquiátrico o las especies incautadas en la residencia de la
conviviente de uno de los acusados, cuya declaración extrajudicial
había sido una de las bases de la indagatoria) la que hizo caer la
imputación del delito de asociación ilícita, y con ello debilitó
sustancialmente la causa del Ministerio Público.
Por
último, no cabe olvidar el apoyo político recibido por los
imputados. Incluso antes de iniciarse el juicio, parlamentarios
opositores denunciaban “injusticia” e incluso, en algunos casos,
reputados analistas de la Concertación de obvio talante democrático
hablaban de “un enjuiciamiento más político que legal”.
Las
noticias provenientes de España obligan a reevaluar las cosas. Desde
luego, se hace evidente el abismo que separa las capacidades
institucionales de ese país para enfrentar el terrorismo —producto
de la amarga experiencia allí acumulada— con nuestra propia
precariedad, que parte (igualmente en contraste con la situación
peninsular) por el temor mismo a usar esa palabra y la legislación
especial que persigue tales conductas. Peor aún, el consenso para
enfrentar con unidad el violentismo —una característica de los
primeros años de la transición— parece haberse diluido, hasta
transformar el punto en un tema más de la controversia política. A
propósito de las detenciones en la península, el ministro del
Interior ha dicho que ahora algunos tribunales chilenos debieran dar
explicaciones. Tal vez, más que eso, lo que corresponda sea asumir
la gravedad de los atentados ocurridos a partir de 2005, dimensionar
las implicancias del fenómeno anarquista y terminar con las largas
condescendencias en esta materia.
b)
Columnistas:
Carlos Peña
Domingo
17 de noviembre de 2013
Bombas
y votos
"Por
un azar que podría resultar pedagógico, hoy revive el caso Bombas y
culmina la elección presidencial. Así se contraponen dos maneras de
concebir la convivencia: la de quienes piensan que para mejorarla hay
que cortar algunas cabezas y la de quienes creen que el mejor camino
es contarlas..."
El
asunto más sorprendente de esta semana —al extremo que ni las
elecciones de hoy debieran apagarlo— es el caso Bombas resucitado
en España.
¿Por
qué?
Hay
varias razones para que sea relevante.
La
primera es que de ser ciertas las imputaciones que se han hecho a esa
pareja en España, la persecución penal en Chile quedará en muy mal
pie. Es verdad que nada impide que puedan haber cometido delito allá
sin hacer nada acá (y que, en consecuencia, tanto el aparato de
persecución español como el chileno actúen bien, uno persiguiendo,
el otro absolviendo); pero es poco probable. Este tipo de delitos (a
diferencia del robo o incluso el homicidio, que suelen ser fruto del
hambre, la mala costumbre o la rabia, motivos en cualquier caso
circunstanciales) posee un soporte conceptual, es el resultado de una
fiebre ideológica que transforma el miedo y el bombazo en actos
legítimos, en formas de obrar que, para quien los ejecuta, no
merecen la repulsa sino el aplauso. Nadie pone bombas como
consecuencia de un trastorno emocional. Las bombas son el fruto de
una decisión intelectual, el resultado de una simplificación fría
y paciente de la realidad. La conclusión entonces es esta: si ellos
pusieron bombas allá, es probable que las hayan puesto también acá.
Y la pregunta obvia —e incómoda— es la que sigue: ¿Por qué se
les persigue allá con éxito y acá no?
Como
es obvio (para todos los abogados, salvo para el Gobierno) la culpa,
de haberla, no es de los jueces, sino de los fiscales y de la
policía. Los jueces no son los encargados de la persecución penal,
sino de verificar que esa persecución se ajuste a las reglas y las
garantías que el Estado de Derecho reconoce a los ciudadanos. Así,
si las pruebas son impertinentes o inadmisibles o débiles, si las
inferencias de los fiscales son inconducentes, el deber de los jueces
es decirlo (fue lo que hicieron) y el deber de la policía y de los
fiscales es corregirse (lo que es de esperar hayan hecho).
La
segunda razón —para que el entusiasmo de los votos no apague el
caso Bombas— es política.
Ocurre
que este caso fue presentado —no solo por los defensores en sentido
estricto, sino por observadores interesados también— como un
montaje, un fraude deliberado en el que habrían participado
Hinzpeter, entonces ministro del Interior, y algunos fiscales. Pero
ahora —salvo que la detención en España resulte un fiasco y
también se haya intentado un montaje allá, como si esa pareja de
chilenos fuera perseguida por una maldición o por la mala suerte o
quién sabe qué— la tesis del montaje, de la escenografía
deliberada para perseguir y culpar, quedará convertida en una
exageración sin sustento alguno.
Pero,
por sobre todo, el caso Bombas recuerda, especialmente hoy, por
contraste, el valor de las elecciones.
La
gente que pone bombas (al margen de que los detenidos en España y
absueltos en Chile sean de esos) suele descreer del valor de la
democracia. Inflamados por la idea de que la libertad equivale a una
franquía que las instituciones ahogan, se empeñan en recuperar la
gestión directa de los asuntos comunes y en deteriorar todas las
formas de representación o de mediación social. Y como suele
ocurrir con quienes no trepidan en echar mano a medios violentos,
están animados, las más de las veces, por gruesos y simplistas
ideales que les inflaman la mirada y los inmunizan contra la crítica.
Ellos creen que las bombas pueden liberar porque piensan que debajo
de la piel agobiante de las instituciones —de las que piensan que
no son más que una costra de corrupción y de codicia— habita una
libertad natural que, si se la deja a sus anchas, produce mejores
resultados. Las bombas entonces son, para ellos, profilácticos,
mecanismos que previenen y desmontan todo lo que cubre y envilece a
la libertad natural, instrumentos que permiten rascar el cielo del
paraíso.
Todo
lo contrario a quienes —como los millones que hoy día irán a las
urnas— practican el voto.
Los
que votan creen que mediante el voto se realizan, y no se ahogan, los
valores de la igualdad y de la libertad. De la igualdad, porque al
momento de votar, cada uno, al margen de toda otra consideración, su
etnia, su orientación sexual, su riqueza o su talento, cuenta como
uno y nada más que uno. Y de la libertad, porque mediante las
elecciones las comunidades humanas se esfuerzan por formar una
voluntad común que les permita autogobernarse y someterse así a los
designios de su propia voluntad.
Pero,
por sobre todo, la principal diferencia entre quienes ponen bombas,
en Chile o en España, y los que depositan votos, deriva del hecho de
que los primeros creen que tienen la verdad completamente de su lado,
mientras que los segundos, los que votan, los que hoy se levantan,
con rezongos o entusiasmos, poco importa, para ir a depositar su
voluntad en una urna, creen que en la vida en común hay que andar a
tientas y que, por eso, es más prudente contar las cabezas en vez de
cortarlas.
La
Tercera, 23 de noviembre de 2013
Reportajes
Las
huellas de los anarquistas chilenos en el exterior
La
detención en España de dos ex imputados en el caso bombas reabrió
el debate por las supuestas conexiones que unen a los anarquistas
chilenos con sus pares en el extranjero.
por
Jaime Pinochet
L
VIERNES 15, una treintena de encapuchados se instaló en las dos
salidas del Campus Juan Gómez Milla de la Universidad de Chile, en
Ñuñoa, sede recurrente de movilizaciones y protestas. Apenas cayó
la noche, los encapuchados comenzaron a lanzar piedras y bombas
molotov contra la policía, desatando un enfrentamiento que se
extendería entre las calles Grecia e Ignacio Carrera Pinto.
Tras
una hora y media de disturbios, la normalidad volvió al barrio
universitario. Pero sólo al día siguiente la policía entendería
las razones del ataque express: un comunicado que comenzó a circular
por diversos canales de movimientos anarquistas daba cuenta de lo que
se definió como “una acción de solidaridad internacional por los
compañeros apresados en España”.
La
circular aludía a la situación de Francisco Solar Domínguez y
Mónica Caballero Sepúlveda, los dos chilenos que fueron detenidos
el 13 de noviembre, en Barcelona, junto a otras tres personas, por su
presunta responsabilidad en la colocación y activación de un
artefacto explosivo en el altar mayor de la Basílica del Pilar de
Zaragoza, el pasado 2 de octubre.
El
Ministerio del Interior de España dijo que sus informes de
inteligencia sindican a los detenidos como miembros de grupos
anarquistas, “muy bien organizados y con conexiones internacionales
responsables de múltiples acciones terroristas”.
Esta
información copó de inmediato los principales sitios web
anarquistas en español e inglés, en los que se llamó a ejercer
diversas acciones de apoyo internacional. En Chile, al enfrentamiento
en Ñuñoa se sumó otra acción de protesta el sábado 16, a las
afueras de la embajada española, en Providencia. Así, cerca de las
13 horas, una veintena de personas se instaló en los alrededores de
la sede diplomática para protestar por la detención de Solar y
Caballero, con cánticos y carteles.
En
la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI) montaron un seguimiento
permanente a estas actividades, tanto dentro del país como en el
extranjero. Los primeros reportes dan cuentan que, además de Chile,
hubo actividad en Grecia y México en torno a lo que estaba
ocurriendo en Barcelona. Ante esto, de acuerdo con fuentes del
organismo, la agencia elaboró un informe reservado para La Moneda.
En el documento se hace, además, una descripción detallada de las
operaciones de Solar y Caballero en Barcelona, a partir de
información obtenida personalmente por el director de la ANI,
Gonzalo Yuseff, quien estuvo durante 15 días en Europa. El ex fiscal
conocía muy de cerca a los imputados, ya que el Ministerio Público
los individualizó como dos de las 14 personas que colocaban bombas
en Santiago, antes de que la justicia los absolviera, en 2011, en el
marco del bullado caso bombas.
En
el escrito, la ANI recomienda levantar alertas de seguridad en sedes
diplomáticas y empresas chilenas en el extranjero, por riesgos a
eventuales ataques en Grecia, Italia y España, además de otros
países, como México y Argentina, donde “existen colectivos
anarquistas” que mantendrían nexos con Chile.
La
eventualidad de contactos fue advertida por las autoridades hispanas
al embajador de Chile en España, Sergio Romero, quien se reunió con
el ministro del Interior de ese país, Jorge Fernández, para
informarse de las operaciones de la policía y la situación de los
chilenos detenidos. Según Romero, el gobierno español evidenció
preocupación por los nexos chilenos con las orgánicas anarquistas
en España e Italia (ver entrevista).
Las
muestras de respaldo a Solar y Caballero en Barcelona no son el único
atisbo de la eventual conexión de chilenos con grupos anarquistas en
el extranjero.
Antes
de ellos, los casos de Luciano Pitronello, alias “El Tortuga”, y
Mauricio Morales también despertaron muestras de solidaridad y apoyo
fuera de Chile. Pitronello, por ejemplo, quien cumple seis años de
libertad vigilada por colocar una bomba en junio de 2011, fue el foco
de atención de estos grupos en varios países.
El
caso fue traumático: el extintor cargado con un kilo de pólvora
negra le explotó en las manos antes de que terminara de depositarlo
en el frontis de un banco y resultó con el 32% de su cuerpo quemado,
perdió la mano derecha, tres dedos de la izquierda y parte de la
visión en un ojo.
El
accidente de Pitronello fue comentado, por ejemplo, en Indonesia,
donde se creó el comando Luciano Tortuga. El grupo -declarado
anarquista- se adjudicó diversos ataques a bancos en ese país
durante el proceso judicial que condenó al joven estudiante. Su
caso, además, ha desatado muestras de apoyo en Grecia y México.
Parecido
es el caso de Mauricio Morales, quien falleció en 2009, luego de que
explotara la bomba que trasladaba por Santiago Centro. Bajo su nombre
se articularon en Sudamérica algunos grupos y su muerte motivó la
redacción de una serie de documentos en español e inglés para
retratar al movimiento anarquista.
“La
muerte de Morales fue reivindicada en diversas partes del mundo.
Desde ese entonces, el anarquismo chileno cobró relevancia en las
redes internacionales”, dice Erik Marín, psicólogo que intervino
en las pesquisas del caso bombas.
Según
fuentes de inteligencia, a partir de la muerte de Morales comenzaron
a revelarse conexiones de grupos anarquistas chilenos con sus símiles
de Argentina, México, Brasil y Uruguay. Los vínculos con Europa,
sin embargo, sólo fueron advertidos a partir de la operación
“Salamandra”, encabezada por el ex fiscal Alejandro Peña, quien
detuvo a 14 personas por los más de 148 bombazos en Santiago, en el
marco de esa investigación.
Nombres
como el de los comandos Células de Fuego, Liberación Total, Bandera
Negra Internacional y la Nueva Guerrilla Urbana, de origen
extranjero, comenzaron a hacerse habituales entre los anarquistas
chilenos, quienes los contactaban a través de redes sociales y
sitios web. “También, anarquistas extranjeros viajaron siempre a
Chile con el propósito de intercambiar información y generar
mejores vínculos por las dificultades (seguimientos) de las
comunicaciones”, explica Marín.
Los
contactos a través de las redes sociales quedaron evidenciados una
vez más en el apoyo internacional que recibieron de inmediato
Francisco Solar y Mónica Caballero, tras conocerse su detención en
Barcelona y su vinculación al comando denominado Mateo Morral.
El
grupo al que pertenecen los chilenos detenidos se cobija bajo la
Federación Anarquista Internacional (FAI) o el Frente Revolucionario
Internacional (FRI) que, de acuerdo con la policía española, nació
hace un año tras la unión de dos agrupaciones radicales: la Cruz
Negra Anarquista y el Bloque Negro.
Morral
fue el anarquista que atentó contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia,
en 1906.
La
presencia de los dos chilenos no es excepcional en el grupo, que está
integrado principalmente por jóvenes madrileños y extranjeros.
Según la investigación que lleva la justicia española, los
miembros del comando Mateo Morral van rotando e incluso, pueden
pertenecer a varias células de manera simultánea para que la
policía no detecte un padrón de organización.
Las
muestras de apoyo que recibieron Solar y Caballero tampoco escapan al
tipo de comportamiento de estos grupos. Desde la ANI sostienen que
los anarquistas tienen un ritual de acompañar y apoyar a los
“compañeros” encarcelados.
Ello,
pese a que no se conocen entre ellos o, en algunos casos, ni siquiera
compartan idioma. Y es que lo que los une es una indiferencia radical
por el sistema económico, social y político actual, al que se
oponen a través de manifestaciones callejeras, enfrentamientos con
policías o incluso, colocación de bombas en lugares previamente
escogidos, como la banca y la Iglesia.
Quienes
adhieren a estos grupos, en su mayoría, son jóvenes de clase media
y alta, estudiantes universitarios o profesionales que estaban en
proceso de radicalización. El mismo perfil que, según las pesquisas
de inteligencia, coincide con las personalidades de Solar y
Caballero, razón por la que -según Erik Marín- “no cabe duda que
desde su llegada a territorio español estuvieron bajo la atenta
mirada de los equipos especiales. Ellos tienen un amplia experiencia
de seguimiento, dado lo ocurrido en Atocha y la ETA”, experiencia
que terminó sellando el destino de los jóvenes chilenos en España.
La
Segunda
El
destape de los anarquistas: entre explosionar bombas y penetrar las
organizaciones sociales
Estudiosos
hablan de "los ideólogos" y "los insurreccionales".
Caso "bombas" marcó un antes y un después... ahora se
sienten más "libres". En el extranjero surgieron comandos
con los explosivos nombres de dos chilenos: Mauricio Morales y
Luciano Pitronello.
por:
Equipo de La Segunda Sábado
sábado,
23 de noviembre de 201
El
lunes de esta semana, Luciano Pitronello llegó al Centro de Justicia
no como imputado, sino como público.
Asistía
a la audiencia de los acusados por el crimen del cabo Moyano,
ocurrido el 2007 durante el asalto de lautaristas al Banco Security.
Pitronello,
que hoy es famoso en el extranjero en círculos anarquistas, tiene
una larga historia de película. El año pasado lo sentenciaron a
seis años de libertad vigilada, luego de ir a poner una bomba a un
banco, que le estalló en sus manos. A los 17 años, escribió en
internet: "Soy un anarquista de tan solo 17 años, pero creo que
tengo el criterio suficientemente bien formado para tomar mis propias
decisiones, a pesar de no poder hacer mucho por mejorar un mundo que
evidentemente está mal..."
Erika,
su madre, dijo cuando el joven quedó con el 35% de su cuerpo
quemado: "El tiene que reconciliarse con la autoridad, y el
padre fue la primera autoridad que tuvo". Mientras, los
anarquistas colgaban a la entrada de la Posta pancartas que decían:
"Libertad para Pitronello".
La
experiencia no le sirvió de escarmiento: sigue vinculado a grupos
duros, aquellos que la presidenta de la FECh, Melissa Sepúlveda,
llama anarquistas "vanguardistas" (ver título aparte).
Precisamente el triunfo, este mes, de Melissa en la FECh, sumado a la
detención de dos anarquistas chilenos en España, dan cuenta del
destape que viven hoy diferentes corrientes del mundo anarco en
Chile.
"Hace
tiempo que organismos de inteligencia siguen de cerca el fenómeno y
tienen detectado el crecimiento de los anarquistas en Chile",
dice una alta fuente de inteligencia.
Los
encargados de monitorear a estos grupos tienen claro que no todos los
anarquistas ponen bombas. Sin embargo, dicen "de la gente que
hoy pone bombas en Chile, todos son anarquistas".
De
acuerdo a los expertos, "el anarquismo está ocupando el lugar
que dejaron los grupos de izquierda más tradicionales (radicales de
tendencia marxista leninista) una vez que cayeron en el descrédito,
cuando dejaron de ser alternativa posible de cambio".
Los
anarquistas se ven en los grupos radicalizados de las marchas. "Ahí
uno puede encontrar un buen indicador de su número. De los jóvenes
que enfrentan a Carabineros, hemos visto grupos de hasta dos mil,
varios son encapuchados que obedecen a la lógica anarquista: la
marcha no sirve de nada si no hay una acción directa", dicen
las fuentes.
Se
refieren a quienes buscan la "praxis política"; no la
"política retórica" (la que discute con palabras y luego
busca el voto).
Los
organismos de inteligencia policial calculan entre mil y dos mil el
número de este tipo de anarquistas.
Presencia
universitaria
El
sociólogo social y asesor policial Erik Marín detalla que existe
una clara diferenciación entre dos grupos. Uno,
de difusión ideológica, que se definen como antisistémicos y se
aglutinan en torno a universidades y a la acción política. Y otro,
de inspiración violentista, que asumen posturas más radicales
participando frecuentemente de protestas violentas, y en muchos
casos, con antecedentes penales.
Asegura
que la presencia anarquista se extiende "prácticamente en todas
las universidades, desde las más tradicionales hasta las privadas y
eso depende del período".
En
cuanto a los anarquistas "intelectuales", este renacer se
puede percibir fuertemente en la literatura en papel. En la
Universidad Arcis se han realizado ciclos de "Cátedras
Anarquistas", organizadas por el 'Grupo de Estudios José
Domingo Gómez Rojas'. Ellos estuvieron en la última FILSA con su
editorial independiente 'Eleuterio' y esta semana lanzaron un libro
sobre la relación del escritor francés Albert Camus con los
anarquistas, cuya cita introductoria dice que el anarquismo "es
la libertad y la ley desprovistas de violencia" y "la
mayoría de los movimientos anarquistas quieren alcanzar este
objetivo por medios no violentos".
En
el otro extremo están los grupos radicales que apoyan la idea de la
'acción directa'.
Y
aunque tras el polémico cierre del Caso Bombas sin culpables, se
redujo la ocurrencia de atentados con artefactos explosivos, la
reciente detención en España de dos de los absueltos -Francisco del
Solar y Mónica Caballero- volvió a poner la atención en estos
grupos.
Los
últimos blancos: templos
Otras
de sus vocaciones es el internacionalismo. El rol de Chile se vio
potenciado tras la muerte del joven anarquista Mauricio Morales
(2009) cuando transportaba una bomba. "Chile se convirtió en
referente, a tal punto que grupos insurreccionales italianos de mucha
experiencia, se autodenominaron Mauricio Morales", relata Marín.
Y cuenta que el mismo nombre ha sido usado en Argentina y que en
España la actividad de los anarquistas chilenos es "objeto de
atención permanente".
Su
presencia en Santiago no desaparece. Y como en España, ahora los
blancos han sido templos religiosos: la parroquia de la Veracruz (en
Lastarria) y la quema de la estatua del beato Fariña en la céntrica
Iglesia de las Agustinas.
"Países
que antes no los consideraban -como EE.UU.- hoy están preocupados de
estos fenómenos, que antes veían sólo como terrorismo casero",
dice Marín.
Extremistas
"reconvertidos"
Las
diferentes tendencias entre los anarquistas se expresan muy bien en
las páginas web (ver título aparte).
Entre
los anarquistas chilenos que ponen bombas hay varios ex Mapu Lautaro,
que cumplieron cárcel por asaltos y hechos de sangre tanto en las
postrimerías de Pinochet como en los años 90, y se
"reconvirtieron". El colectivo Kamina Libre fue su cuna. Se
trata de personas que tienen 15 años de experiencia carcelaria,
quienes se unen con jóvenes aproblemados como Pitronello, que son
terreno expedito para sembrar la cultura del anarquismo.
Los
grupos más jóvenes que están surgiendo ahora no tienen esa
experiencia, y hay temor porque podrían ser más riesgosos.
La
lucha de los anarquistas tiene un fin único: destruir el Estado. Su
mensaje tiene ribetes de "romanticismo": hablan del fuego
que libera, que purifica, del olor a la pólvora. El extintor, por
ejemplo, se ha transformado en un ícono.
El
anarquismo sin bombas de Melissa, la presidenta de la FECh
La
recién electa presidenta de la FECh, Melissa Sepúlveda, se declaró
"anarquista libertaria". En su discurso de proclamación,
dijo que "este modelo debe ser desmontado desde sus raíces".
Y aclaró que su disputa no es sólo educacional, sino "en
contra de la totalidad de un modelo que se sostiene sobre la base de
injusticias y desigualdades". En esa ocasión, dijo que "una
de las herramientas principales para demostrar nuestra fuerza es a
través de las movilizaciones, salir a las calles...". Hoy le
preguntamos:
-¿Qué
otras formas de lucha considera válidas?
-Hay una diversidad de mecanismos que tienen que ser determinados por
los mismos estudiantes y sus asambleas. No puede ser una operación
vanguardista, sino en el contexto. Hoy nuestra tarea es poder dotar
de contenido las consignas, en virtud del contexto. Por lo tanto, el
cómo se ve la movilización va a estar determinado por la decisión
de los propios estudiantes.
-¿Considera
válido poner bombas como una forma de llamar la atención a sus
demandas?
-No. Cada acción política debe estar en función del contexto. Hay
que consultar al movimiento de masas y que delibere. Precisa que "la
corriente anarquista tiene muchas tendencias y el sector con el que
nos podemos identificar es el comunismo libertario, que reconoce el
movimiento de masas, y no posiciones vanguardistas para llamar la
atención. Esa es otra corriente.
Etiquetas: anarquia, aparatos ideológicos de estado, imbeciles autodenominados periodistas, la nostalgia ya no es lo que era antes, punk rock
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