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lunes, diciembre 02, 2013

Beat oriental/Concerned with the @ 

Antiguamente Music Tele Vision era un canal de video clips. Los Dead Kennedys pedían que saliera del aire (MTV get off the air), y el deseo casi como que se logró, pero a un precio elevado y extraño: ya no dan videos, pero el canal sigue ahí.

Los tiempos han cambiado. En 1983 uno era tachado de tener gustos viejos si pontificaba a Hendrix o Led Zeppelin. Y eso que Led Zeppelin había dejado de existir hace menos de 5 años. Hoy en día es normal que los púberes y prepúberes luzcan poleras de Metallica cuya gráfica homenajea álbums que ahora tienen como 30 años de antiguedad. Sus papás usan a veces los mismos artefactos.

Mi papá ve ahora a Led Zeppelin en pantalla grande. En esa época más bien me los prohibía para que no bajara mi rendimiento en el Liceo. En fin, todo eso era para justificar cierta nostalgia glam punk de los 80, de una época en que aún te podía gustar algo cuando prendías la tele:

Hanoi Rocks con "Motorvatin", del album Oriental Beat (1982). No importaba que New York Dolls ya no existiera ni que Kiss se hubiera sacado la máscara (y putas que eran feos...). Desde Finlandia venían los Hanoi Rocks, que 20 años después amenizaban todas las fiestas en una antigua casa. Pero eso ya es otra nostalgia.

Mejor os dejo con algo serio: la prensa burguesa chilena, preocupada por el anarquismo y sus "implicancias actuales", desde Melissa a Mónica:


PRENSA BURGUESA PREOCUPADA DEL ANARQUISMO EN CHILE
(4 documentos de las últimas semanas)


1.-El Mercurio

a) Editorial
Jueves 14 de noviembre de 2013
Inesperado vuelco en caso Bombas
"El consenso para enfrentar con unidad el violentismo —una característica de los primeros años de la transición— parece haberse diluido, hasta transformar el punto en un tema más de la controversia política..."
Cuando hace un año la Corte Suprema rechazó los últimos recursos de la fiscalía y el caso Bombas llegó a su fin, abundaron los cuestionamientos exaltados contra autoridades que habían tenido algún protagonismo en esa investigación. Entonces, y frente a ese clima de escarnio, este diario hizo notar un punto central: lo que aquí había habido no era simplemente el fracaso de un fiscal o de algún miembro del Poder Ejecutivo, sino algo mucho más grave, a saber, una falla de todos los actores del sistema penal involucrados. En síntesis, quedaba en evidencia la incapacidad del Estado para perseguir y sancionar a los responsables de más de un centenar de atentados explosivos cometidos a partir de 2005.

Sin embargo, la detención en España de dos chilenos vinculados a la ideología anarquista, entonces absueltos y ahora acusados de participar en la detonación de una bomba en la Basílica del Pilar, en Zaragoza, pone de relieve la magnitud de aquel fracaso, pero también permite observar aristas que en su momento resultaron algo obviadas.

Mucho se habló entonces —y con razón— de las debilidades en la indagatoria llevada a cabo por el Ministerio Público, con fallas procedimentales inexcusables. También se hizo patente la precariedad del así llamado sistema de inteligencia nacional, y en particular de la ANI, incapaz de reunir la evidencia necesaria para sostener las acusaciones.

Pero si bien eso es efectivo, no debieran olvidarse tampoco ciertas actitudes insólitas de algunos de los magistrados que conocieron del caso, cuyas expresiones descalificatorias hacia la parte acusadora no constituyeron la mejor forma de mostrar imparcialidad. Por otra parte, que dos tercios de las pruebas originalmente presentadas por la Fiscalía hubiesen sido desestimadas por el juez de garantía —que impidió que fueran invocadas en la causa— confirma tal vez las críticas a la calidad de la investigación, pero resulta indicativo también del poder que pueden llegar a tener estos magistrados para determinar el curso posterior de un juicio: precisamente fue dicha exclusión de pruebas (entre las que se encontraban un peritaje psiquiátrico o las especies incautadas en la residencia de la conviviente de uno de los acusados, cuya declaración extrajudicial había sido una de las bases de la indagatoria) la que hizo caer la imputación del delito de asociación ilícita, y con ello debilitó sustancialmente la causa del Ministerio Público.

Por último, no cabe olvidar el apoyo político recibido por los imputados. Incluso antes de iniciarse el juicio, parlamentarios opositores denunciaban “injusticia” e incluso, en algunos casos, reputados analistas de la Concertación de obvio talante democrático hablaban de “un enjuiciamiento más político que legal”.

Las noticias provenientes de España obligan a reevaluar las cosas. Desde luego, se hace evidente el abismo que separa las capacidades institucionales de ese país para enfrentar el terrorismo —producto de la amarga experiencia allí acumulada— con nuestra propia precariedad, que parte (igualmente en contraste con la situación peninsular) por el temor mismo a usar esa palabra y la legislación especial que persigue tales conductas. Peor aún, el consenso para enfrentar con unidad el violentismo —una característica de los primeros años de la transición— parece haberse diluido, hasta transformar el punto en un tema más de la controversia política. A propósito de las detenciones en la península, el ministro del Interior ha dicho que ahora algunos tribunales chilenos debieran dar explicaciones. Tal vez, más que eso, lo que corresponda sea asumir la gravedad de los atentados ocurridos a partir de 2005, dimensionar las implicancias del fenómeno anarquista y terminar con las largas condescendencias en esta materia.

b) Columnistas: Carlos Peña
Domingo 17 de noviembre de 2013
Bombas y votos
"Por un azar que podría resultar pedagógico, hoy revive el caso Bombas y culmina la elección presidencial. Así se contraponen dos maneras de concebir la convivencia: la de quienes piensan que para mejorarla hay que cortar algunas cabezas y la de quienes creen que el mejor camino es contarlas..."
El asunto más sorprendente de esta semana —al extremo que ni las elecciones de hoy debieran apagarlo— es el caso Bombas resucitado en España.
¿Por qué?

Hay varias razones para que sea relevante.

La primera es que de ser ciertas las imputaciones que se han hecho a esa pareja en España, la persecución penal en Chile quedará en muy mal pie. Es verdad que nada impide que puedan haber cometido delito allá sin hacer nada acá (y que, en consecuencia, tanto el aparato de persecución español como el chileno actúen bien, uno persiguiendo, el otro absolviendo); pero es poco probable. Este tipo de delitos (a diferencia del robo o incluso el homicidio, que suelen ser fruto del hambre, la mala costumbre o la rabia, motivos en cualquier caso circunstanciales) posee un soporte conceptual, es el resultado de una fiebre ideológica que transforma el miedo y el bombazo en actos legítimos, en formas de obrar que, para quien los ejecuta, no merecen la repulsa sino el aplauso. Nadie pone bombas como consecuencia de un trastorno emocional. Las bombas son el fruto de una decisión intelectual, el resultado de una simplificación fría y paciente de la realidad. La conclusión entonces es esta: si ellos pusieron bombas allá, es probable que las hayan puesto también acá. Y la pregunta obvia —e incómoda— es la que sigue: ¿Por qué se les persigue allá con éxito y acá no?

Como es obvio (para todos los abogados, salvo para el Gobierno) la culpa, de haberla, no es de los jueces, sino de los fiscales y de la policía. Los jueces no son los encargados de la persecución penal, sino de verificar que esa persecución se ajuste a las reglas y las garantías que el Estado de Derecho reconoce a los ciudadanos. Así, si las pruebas son impertinentes o inadmisibles o débiles, si las inferencias de los fiscales son inconducentes, el deber de los jueces es decirlo (fue lo que hicieron) y el deber de la policía y de los fiscales es corregirse (lo que es de esperar hayan hecho).

La segunda razón —para que el entusiasmo de los votos no apague el caso Bombas— es política.

Ocurre que este caso fue presentado —no solo por los defensores en sentido estricto, sino por observadores interesados también— como un montaje, un fraude deliberado en el que habrían participado Hinzpeter, entonces ministro del Interior, y algunos fiscales. Pero ahora —salvo que la detención en España resulte un fiasco y también se haya intentado un montaje allá, como si esa pareja de chilenos fuera perseguida por una maldición o por la mala suerte o quién sabe qué— la tesis del montaje, de la escenografía deliberada para perseguir y culpar, quedará convertida en una exageración sin sustento alguno.

Pero, por sobre todo, el caso Bombas recuerda, especialmente hoy, por contraste, el valor de las elecciones.

La gente que pone bombas (al margen de que los detenidos en España y absueltos en Chile sean de esos) suele descreer del valor de la democracia. Inflamados por la idea de que la libertad equivale a una franquía que las instituciones ahogan, se empeñan en recuperar la gestión directa de los asuntos comunes y en deteriorar todas las formas de representación o de mediación social. Y como suele ocurrir con quienes no trepidan en echar mano a medios violentos, están animados, las más de las veces, por gruesos y simplistas ideales que les inflaman la mirada y los inmunizan contra la crítica. Ellos creen que las bombas pueden liberar porque piensan que debajo de la piel agobiante de las instituciones —de las que piensan que no son más que una costra de corrupción y de codicia— habita una libertad natural que, si se la deja a sus anchas, produce mejores resultados. Las bombas entonces son, para ellos, profilácticos, mecanismos que previenen y desmontan todo lo que cubre y envilece a la libertad natural, instrumentos que permiten rascar el cielo del paraíso.

Todo lo contrario a quienes —como los millones que hoy día irán a las urnas— practican el voto.

Los que votan creen que mediante el voto se realizan, y no se ahogan, los valores de la igualdad y de la libertad. De la igualdad, porque al momento de votar, cada uno, al margen de toda otra consideración, su etnia, su orientación sexual, su riqueza o su talento, cuenta como uno y nada más que uno. Y de la libertad, porque mediante las elecciones las comunidades humanas se esfuerzan por formar una voluntad común que les permita autogobernarse y someterse así a los designios de su propia voluntad.

Pero, por sobre todo, la principal diferencia entre quienes ponen bombas, en Chile o en España, y los que depositan votos, deriva del hecho de que los primeros creen que tienen la verdad completamente de su lado, mientras que los segundos, los que votan, los que hoy se levantan, con rezongos o entusiasmos, poco importa, para ir a depositar su voluntad en una urna, creen que en la vida en común hay que andar a tientas y que, por eso, es más prudente contar las cabezas en vez de cortarlas.


La Tercera, 23 de noviembre de 2013
Reportajes

Las huellas de los anarquistas chilenos en el exterior
La detención en España de dos ex imputados en el caso bombas reabrió el debate por las supuestas conexiones que unen a los anarquistas chilenos con sus pares en el extranjero.
por Jaime Pinochet


L VIERNES 15, una treintena de encapuchados se instaló en las dos salidas del Campus Juan Gómez Milla de la Universidad de Chile, en Ñuñoa, sede recurrente de movilizaciones y protestas. Apenas cayó la noche, los encapuchados comenzaron a lanzar piedras y bombas molotov contra la policía, desatando un enfrentamiento que se extendería entre las calles Grecia e Ignacio Carrera Pinto.
Tras una hora y media de disturbios, la normalidad volvió al barrio universitario. Pero sólo al día siguiente la policía entendería las razones del ataque express: un comunicado que comenzó a circular por diversos canales de movimientos anarquistas daba cuenta de lo que se definió como “una acción de solidaridad internacional por los compañeros apresados en España”.
La circular aludía a la situación de Francisco Solar Domínguez y Mónica Caballero Sepúlveda, los dos chilenos que fueron detenidos el 13 de noviembre, en Barcelona, junto a otras tres personas, por su presunta responsabilidad en la colocación y activación de un artefacto explosivo en el altar mayor de la Basílica del Pilar de Zaragoza, el pasado 2 de octubre.
El Ministerio del Interior de España dijo que sus informes de inteligencia sindican a los detenidos como miembros de grupos anarquistas, “muy bien organizados y con conexiones internacionales responsables de múltiples acciones terroristas”.
Esta información copó de inmediato los principales sitios web anarquistas en español e inglés, en los que se llamó a ejercer diversas acciones de apoyo internacional. En Chile, al enfrentamiento en Ñuñoa se sumó otra acción de protesta el sábado 16, a las afueras de la embajada española, en Providencia. Así, cerca de las 13 horas, una veintena de personas se instaló en los alrededores de la sede diplomática para protestar por la detención de Solar y Caballero, con cánticos y carteles.
En la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI) montaron un seguimiento permanente a estas actividades, tanto dentro del país como en el extranjero. Los primeros reportes dan cuentan que, además de Chile, hubo actividad en Grecia y México en torno a lo que estaba ocurriendo en Barcelona. Ante esto, de acuerdo con fuentes del organismo, la agencia elaboró un informe reservado para La Moneda. En el documento se hace, además, una descripción detallada de las operaciones de Solar y Caballero en Barcelona, a partir de información obtenida personalmente por el director de la ANI, Gonzalo Yuseff, quien estuvo durante 15 días en Europa. El ex fiscal conocía muy de cerca a los imputados, ya que el Ministerio Público los individualizó como dos de las 14 personas que colocaban bombas en Santiago, antes de que la justicia los absolviera, en 2011, en el marco del bullado caso bombas.
En el escrito, la ANI recomienda levantar alertas de seguridad en sedes diplomáticas y empresas chilenas en el extranjero, por riesgos a eventuales ataques en Grecia, Italia y España, además de otros países, como México y Argentina, donde “existen colectivos anarquistas” que mantendrían nexos con Chile.
La eventualidad de contactos fue advertida por las autoridades hispanas al embajador de Chile en España, Sergio Romero, quien se reunió con el ministro del Interior de ese país, Jorge Fernández, para informarse de las operaciones de la policía y la situación de los chilenos detenidos. Según Romero, el gobierno español evidenció preocupación por los nexos chilenos con las orgánicas anarquistas en España e Italia (ver entrevista).
Las muestras de respaldo a Solar y Caballero en Barcelona no son el único atisbo de la eventual conexión de chilenos con grupos anarquistas en el extranjero.
Antes de ellos, los casos de Luciano Pitronello, alias “El Tortuga”, y Mauricio Morales también despertaron muestras de solidaridad y apoyo fuera de Chile. Pitronello, por ejemplo, quien cumple seis años de libertad vigilada por colocar una bomba en junio de 2011, fue el foco de atención de estos grupos en varios países.
El caso fue traumático: el extintor cargado con un kilo de pólvora negra le explotó en las manos antes de que terminara de depositarlo en el frontis de un banco y resultó con el 32% de su cuerpo quemado, perdió la mano derecha, tres dedos de la izquierda y parte de la visión en un ojo.
El accidente de Pitronello fue comentado, por ejemplo, en Indonesia, donde se creó el comando Luciano Tortuga. El grupo -declarado anarquista- se adjudicó diversos ataques a bancos en ese país durante el proceso judicial que condenó al joven estudiante. Su caso, además, ha desatado muestras de apoyo en Grecia y México.
Parecido es el caso de Mauricio Morales, quien falleció en 2009, luego de que explotara la bomba que trasladaba por Santiago Centro. Bajo su nombre se articularon en Sudamérica algunos grupos y su muerte motivó la redacción de una serie de documentos en español e inglés para retratar al movimiento anarquista.
La muerte de Morales fue reivindicada en diversas partes del mundo. Desde ese entonces, el anarquismo chileno cobró relevancia en las redes internacionales”, dice Erik Marín, psicólogo que intervino en las pesquisas del caso bombas.
Según fuentes de inteligencia, a partir de la muerte de Morales comenzaron a revelarse conexiones de grupos anarquistas chilenos con sus símiles de Argentina, México, Brasil y Uruguay. Los vínculos con Europa, sin embargo, sólo fueron advertidos a partir de la operación “Salamandra”, encabezada por el ex fiscal Alejandro Peña, quien detuvo a 14 personas por los más de 148 bombazos en Santiago, en el marco de esa investigación.
Nombres como el de los comandos Células de Fuego, Liberación Total, Bandera Negra Internacional y la Nueva Guerrilla Urbana, de origen extranjero, comenzaron a hacerse habituales entre los anarquistas chilenos, quienes los contactaban a través de redes sociales y sitios web. “También, anarquistas extranjeros viajaron siempre a Chile con el propósito de intercambiar información y generar mejores vínculos por las dificultades (seguimientos) de las comunicaciones”, explica Marín.
Los contactos a través de las redes sociales quedaron evidenciados una vez más en el apoyo internacional que recibieron de inmediato Francisco Solar y Mónica Caballero, tras conocerse su detención en Barcelona y su vinculación al comando denominado Mateo Morral.
El grupo al que pertenecen los chilenos detenidos se cobija bajo la Federación Anarquista Internacional (FAI) o el Frente Revolucionario Internacional (FRI) que, de acuerdo con la policía española, nació hace un año tras la unión de dos agrupaciones radicales: la Cruz Negra Anarquista y el Bloque Negro.
Morral fue el anarquista que atentó contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia, en 1906.
La presencia de los dos chilenos no es excepcional en el grupo, que está integrado principalmente por jóvenes madrileños y extranjeros. Según la investigación que lleva la justicia española, los miembros del comando Mateo Morral van rotando e incluso, pueden pertenecer a varias células de manera simultánea para que la policía no detecte un padrón de organización.
Las muestras de apoyo que recibieron Solar y Caballero tampoco escapan al tipo de comportamiento de estos grupos. Desde la ANI sostienen que los anarquistas tienen un ritual de acompañar y apoyar a los “compañeros” encarcelados.
Ello, pese a que no se conocen entre ellos o, en algunos casos, ni siquiera compartan idioma. Y es que lo que los une es una indiferencia radical por el sistema económico, social y político actual, al que se oponen a través de manifestaciones callejeras, enfrentamientos con policías o incluso, colocación de bombas en lugares previamente escogidos, como la banca y la Iglesia.
Quienes adhieren a estos grupos, en su mayoría, son jóvenes de clase media y alta, estudiantes universitarios o profesionales que estaban en proceso de radicalización. El mismo perfil que, según las pesquisas de inteligencia, coincide con las personalidades de Solar y Caballero, razón por la que -según Erik Marín- “no cabe duda que desde su llegada a territorio español estuvieron bajo la atenta mirada de los equipos especiales. Ellos tienen un amplia experiencia de seguimiento, dado lo ocurrido en Atocha y la ETA”, experiencia que terminó sellando el destino de los jóvenes chilenos en España.







La Segunda
El destape de los anarquistas: entre explosionar bombas y penetrar las organizaciones sociales
Estudiosos hablan de "los ideólogos" y "los insurreccionales". Caso "bombas" marcó un antes y un después... ahora se sienten más "libres". En el extranjero surgieron comandos con los explosivos nombres de dos chilenos: Mauricio Morales y Luciano Pitronello.  
por:  Equipo de La Segunda Sábado
sábado, 23 de noviembre de 201
El lunes de esta semana, Luciano Pitronello llegó al Centro de Justicia no como imputado, sino como público.
Asistía a la audiencia de los acusados por el crimen del cabo Moyano, ocurrido el 2007 durante el asalto de lautaristas al Banco Security.
Pitronello, que hoy es famoso en el extranjero en círculos anarquistas, tiene una larga historia de película. El año pasado lo sentenciaron a seis años de libertad vigilada, luego de ir a poner una bomba a un banco, que le estalló en sus manos. A los 17 años, escribió en internet: "Soy un anarquista de tan solo 17 años, pero creo que tengo el criterio suficientemente bien formado para tomar mis propias decisiones, a pesar de no poder hacer mucho por mejorar un mundo que evidentemente está mal..."
Erika, su madre, dijo cuando el joven quedó con el 35% de su cuerpo quemado: "El tiene que reconciliarse con la autoridad, y el padre fue la primera autoridad que tuvo". Mientras, los anarquistas colgaban a la entrada de la Posta pancartas que decían: "Libertad para Pitronello".
La experiencia no le sirvió de escarmiento: sigue vinculado a grupos duros, aquellos que la presidenta de la FECh, Melissa Sepúlveda, llama anarquistas "vanguardistas" (ver título aparte). Precisamente el triunfo, este mes, de Melissa en la FECh, sumado a la detención de dos anarquistas chilenos en España, dan cuenta del destape que viven hoy diferentes corrientes del mundo anarco en Chile.
"Hace tiempo que organismos de inteligencia siguen de cerca el fenómeno y tienen detectado el crecimiento de los anarquistas en Chile", dice una alta fuente de inteligencia.
Los encargados de monitorear a estos grupos tienen claro que no todos los anarquistas ponen bombas. Sin embargo, dicen "de la gente que hoy pone bombas en Chile, todos son anarquistas".
De acuerdo a los expertos, "el anarquismo está ocupando el lugar que dejaron los grupos de izquierda más tradicionales (radicales de tendencia marxista leninista) una vez que cayeron en el descrédito, cuando dejaron de ser alternativa posible de cambio".
Los anarquistas se ven en los grupos radicalizados de las marchas. "Ahí uno puede encontrar un buen indicador de su número. De los jóvenes que enfrentan a Carabineros, hemos visto grupos de hasta dos mil, varios son encapuchados que obedecen a la lógica anarquista: la marcha no sirve de nada si no hay una acción directa", dicen las fuentes.
Se refieren a quienes buscan la "praxis política"; no la "política retórica" (la que discute con palabras y luego busca el voto).
Los organismos de inteligencia policial calculan entre mil y dos mil el número de este tipo de anarquistas.
Presencia universitaria
El sociólogo social y asesor policial Erik Marín detalla que existe una clara diferenciación entre dos grupos. Uno, de difusión ideológica, que se definen como antisistémicos y se aglutinan en torno a universidades y a la acción política. Y otro, de inspiración violentista, que asumen posturas más radicales participando frecuentemente de protestas violentas, y en muchos casos, con antecedentes penales.
Asegura que la presencia anarquista se extiende "prácticamente en todas las universidades, desde las más tradicionales hasta las privadas y eso depende del período".
En cuanto a los anarquistas "intelectuales", este renacer se puede percibir fuertemente en la literatura en papel. En la Universidad Arcis se han realizado ciclos de "Cátedras Anarquistas", organizadas por el 'Grupo de Estudios José Domingo Gómez Rojas'. Ellos estuvieron en la última FILSA con su editorial independiente 'Eleuterio' y esta semana lanzaron un libro sobre la relación del escritor francés Albert Camus con los anarquistas, cuya cita introductoria dice que el anarquismo "es la libertad y la ley desprovistas de violencia" y "la mayoría de los movimientos anarquistas quieren alcanzar este objetivo por medios no violentos".
En el otro extremo están los grupos radicales que apoyan la idea de la 'acción directa'.
Y aunque tras el polémico cierre del Caso Bombas sin culpables, se redujo la ocurrencia de atentados con artefactos explosivos, la reciente detención en España de dos de los absueltos -Francisco del Solar y Mónica Caballero- volvió a poner la atención en estos grupos.
Los últimos blancos: templos
Otras de sus vocaciones es el internacionalismo. El rol de Chile se vio potenciado tras la muerte del joven anarquista Mauricio Morales (2009) cuando transportaba una bomba. "Chile se convirtió en referente, a tal punto que grupos insurreccionales italianos de mucha experiencia, se autodenominaron Mauricio Morales", relata Marín. Y cuenta que el mismo nombre ha sido usado en Argentina y que en España la actividad de los anarquistas chilenos es "objeto de atención permanente".
Su presencia en Santiago no desaparece. Y como en España, ahora los blancos han sido templos religiosos: la parroquia de la Veracruz (en Lastarria) y la quema de la estatua del beato Fariña en la céntrica Iglesia de las Agustinas.
"Países que antes no los consideraban -como EE.UU.- hoy están preocupados de estos fenómenos, que antes veían sólo como terrorismo casero", dice Marín.
Extremistas "reconvertidos"
Las diferentes tendencias entre los anarquistas se expresan muy bien en las páginas web (ver título aparte).
Entre los anarquistas chilenos que ponen bombas hay varios ex Mapu Lautaro, que cumplieron cárcel por asaltos y hechos de sangre tanto en las postrimerías de Pinochet como en los años 90, y se "reconvirtieron". El colectivo Kamina Libre fue su cuna. Se trata de personas que tienen 15 años de experiencia carcelaria, quienes se unen con jóvenes aproblemados como Pitronello, que son terreno expedito para sembrar la cultura del anarquismo.
Los grupos más jóvenes que están surgiendo ahora no tienen esa experiencia, y hay temor porque podrían ser más riesgosos.
La lucha de los anarquistas tiene un fin único: destruir el Estado. Su mensaje tiene ribetes de "romanticismo": hablan del fuego que libera, que purifica, del olor a la pólvora. El extintor, por ejemplo, se ha transformado en un ícono.


El anarquismo sin bombas de Melissa, la presidenta de la FECh


La recién electa presidenta de la FECh, Melissa Sepúlveda, se declaró "anarquista libertaria". En su discurso de proclamación, dijo que "este modelo debe ser desmontado desde sus raíces". Y aclaró que su disputa no es sólo educacional, sino "en contra de la totalidad de un modelo que se sostiene sobre la base de injusticias y desigualdades". En esa ocasión, dijo que "una de las herramientas principales para demostrar nuestra fuerza es a través de las movilizaciones, salir a las calles...". Hoy le preguntamos: 
-¿Qué otras formas de lucha considera válidas? -Hay una diversidad de mecanismos que tienen que ser determinados por los mismos estudiantes y sus asambleas. No puede ser una operación vanguardista, sino en el contexto. Hoy nuestra tarea es poder dotar de contenido las consignas, en virtud del contexto. Por lo tanto, el cómo se ve la movilización va a estar determinado por la decisión de los propios estudiantes. 
-¿Considera válido poner bombas como una forma de llamar la atención a sus demandas? -No. Cada acción política debe estar en función del contexto. Hay que consultar al movimiento de masas y que delibere. Precisa que "la corriente anarquista tiene muchas tendencias y el sector con el que nos podemos identificar es el comunismo libertario, que reconoce el movimiento de masas, y no posiciones vanguardistas para llamar la atención. Esa es otra corriente.




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