viernes, mayo 15, 2026
La Once, "Canción desconocida" (Algo records, 2026)
Ocho canciones en poco menos
que cuarenta minutos ofrece el álbum debut de la banda La Once, a lanzarse el 9
de mayo de este convulsionado 2026. La descripción en bandcamp del ensamble
formado por tres mujeres dice que es una “Banda chilena que compone y ensaya
mientras toman once, lavan platos, secan ropa, limpian el w.c. y cortan
cebolla”.
Desde mi “posición de
privilegio masculina”, siempre me han llamado la atención las bandas punk de
mujeres, y nunca he sabido muy bien cómo explicar el por qué. ¿Es realmente distinta
la música hecha por hombres que por mujeres? ¿Existe en verdad un rock
típicamente masculino o incluso machista en contraste a otro femenino o
inclusive feminista?
La primera banda female-punk
que conocí fueron las Slits, cuya musicalidad y sobre todo sentido del ritmo me
parece única y deslumbrante, y quedó plasmada tanto en sus Peel sessions (donde
los muy profesionales y machirulos ingenieros de sonido de la BBC las trataron
con gran condescendencia y algo de desprecio), como en los notables álbums Cut
(1979) y luego Return of the Giant Slits (1981).
A diferencia de muchos
congéneres míos que, partiendo por el propio DJ John Peel, aman a esta y otras
bandas femeninas por su tremendo entusiasmo y carisma “ a pesar de no saber
tocar sus instrumentos” (eso le dijo literalmente a Simon Reynolds mientras este
confeccionaba su libro sobre el Post-Punk), siempre me ha parecido al escuchar
a bandas como las Slits, las suizas de Kleenex (luego rebautizadas como
Liliput, ante amenazas de demanda de la empresa de limpieza), a las latinas
neoyorquinas de ESG o a las Mercenarias de Brasil, que estas formas de música
pop son muy superiores a los rancios estereotipos masculinos que por desgracia algunas
chicas rockeras tratan de imitar. Y es precisamente esa diferencia lo que me
hace ser fan de este tipo de bandas.
En el caso de La Once, me
resulta imposible no destacar algunas similitudes de estilo con dos bandas
previas de una de sus integrantes: Día Catorce y Las Jonathan. No sólo en el
tipo de canciones, con textos que describen gráficamente situaciones tan
cotidianas como el insomnio que acarrean los cambios de horario (“Horario de
verano”) o las discusiones (“El me insulta”), sino que en la práctica de
cambiar instrumentos entre las tres integrantes del conjunto. Pero estamos en
un nuevo contexto, donde el impulso creativo ya no proviene de la energía
adolescente, el mundo se ha hecho más frío y violento, y la mujer que hace e
interpreta canciones sobre la vida cotidiana tiene más experiencia y debe saber
complementar su actividad musical con las inevitables y monótonas labores
domésticas.
Las canciones se estructuran
por lo general en base a un texto que se canta o recita de una manera que por
alguna razón me recuerda a la gran banda femenina que siempre fue Mazapán,
formada por profesoras de música que lograron entretener y activar la creatividad
de varias generaciones de niños/as en Chile desde hace ya cuatro décadas. Pero
la instrumentación remite directamente a una de las mejores bandas de la era
punk, The Raincoats (contemporáneas de las Slits aunque mucho menos conocidas,
lo que siempre me ha resultado agraviantemente injusto), y rítmicamente diría
que hay varios ecos del sabor entre post-punk y latino que caracterizaba a las
ESG (que no en vano fue una de las bandas más sampleadas por el hip hop de los
ochenta). De hecho, La Once se atreve a traducir a su propio estilo -que por
ahí denominan kazoo-punk- el viejo hit bailable “Sopa de Caracol”, de la
hondureña Banda Blanca, originalmente una canción garífuna popularizada por el
beliceño Hernán “Chico” Ramos. El resultado es sorprendente y bello, a la vez
que demuestra el refrescante sentido del humor de sus integrantes.
Consiga el disco y vaya a
los conciertos. La Once está escribiendo canciones que hablan de nuestra época
y de sus vidas. Y en el proceso logran hacernos sonreír e incluso bailar.
Etiquetas: Chantiago, punk rock
