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lunes, abril 28, 2025

Un recuerdo de Joshua Clover 

Me acabo de enterar que falleció el compañero Joshua Clover, un comunista de esos de a de veras (o sea, antiestatal) que anduvo por acá hace como un año y medio.

Rescato del archivo este resumen de un Encuentro con él en el Espacio Laura Allende. Un par de días después me lo topé en el Metro. 

Aprovecho de recordar que en el 2019 Joshua causó algo de polémica cuando fue señalado por haber dicho que "Alguna gente cree que hay que reformar a la policía. Yo creo que hay que matarlos". En respuesta a la polémica así generada dijo: "El día que los policías tengan tanto miedo de un profesor de Literatura como los niños negros le tienen a la policía, definitivamente me voy a pronunciar.  Hasta entonces, no tengo nada más que agregar".


 


Un domingo nublado de finales de septiembre en Santiago, en que de repente se asoma el sol, recuerdo de golpe mientras almuerzo que los colectivos Vamos hacia la vida y Vitrina Dystópica convocaron a las 17 un encuentro en el Espacio Laura Allende, para conversar con Joshua Clover acerca de “Revueltas y perspectiva comunista”. Me sumerjo algo atrasado en la estación del Metro más cercana, para combinar, cambiar de línea, salir y llegar al lugar justo cuando el invitado estaba comenzando a hablar, diciendo algo sobre lo aburridos que le resultan los eventos académicos y lo interesado que está en aprender acerca de la revuelta chilena del 2019.

Joshua es un tipo delgado y canoso, con lentes, bordeando los 60 años. Sé poco de él: que participó en las revistas Commune y Endnotes, y que se considera comunista en el sentido fuerte y profundo del término. O sea, como los que en nuestro medio somos llamados “comunistas raros”, por no tener nada que ver con el partido actualmente en el gobierno que usurpa oficialmente el nombre. No tengo muy claro cómo llegó Joshua por estos lados, pero sé que está invitado a las jornadas organizadas en Filosofía de la Universidad de Chile bajo el título de “La Comuna planetaria”, con la ponencia “Hacia unas estructuras para la comuna” (miércoles 27 de septiembre a las 15:00).

Anuncia una exposición muy breve y arranca de inmediato, con un compañero traduciendo. Esto es lo que recuerdo, expresado muy sintéticamente, en base a mis notas:

Existe una multitud de opresiones que son mucho más antiguas que el capitalismo: género, raza, colonialismo…Pero el capitalismo es exitoso en subsumirlas todas e integrarlas  a su estrategia de valorización.

Desde hace medio siglo el capitalismo se ha volatilizado y no logra disciplinar a la clase a través del trabajo. En este contexto, las otras opresiones parecen autonomizarse; en Estados Unidos se ven disturbios que tienen que ver con esos otros aspectos, sobre todo con la cuestión racial.

Es importante no ver estas revueltas como algo separado de las luchas del proletariado, sino que como parte de ellas. Hoy en día el comunismo no lo harán los comunistas. La gente entra a estas luchas por distintas razones, pero no en primera instancia como luchas obreras.

Nuestro trabajo, la tarea de un comunista, es seguir estos movimientos, pues la posibilidad del comunismo está en esas luchas.

En este punto, tras una intervención de no más de 8 minutos, Joshua dice: “Y eso es todo. Ahora quiero aprender”. Y ahí comienzan algunas preguntas e intervenciones de los alrededor de 40 asistentes.

Por mi parte, aproveché de celebrar que hablara abiertamente de comunismo, explicando que por tener un fuerte Partido “Comunista” en Chile, muchos compañeros -sobre todo anarquistas- reniegan del concepto y  prefieren regalárselo a los nietos de Stalin. Y en cuanto al estallido del 2019, mencioné que ahí parecían confluir desde el inicio todas las luchas contra las distintas opresiones, pero que eso duró un mes, y luego del acuerdo del 15 de noviembre, pudimos ver que todo se separaba de nuevo, expresándose las diferentes luchas en el lenguaje de la reforma institucional. Así, las feministas querían una Constitución feminista, los indigenistas una Constitución plurinacional, etc. Para peor, los mismos que en ese momento nos decían que lo más importante era quitarse de encima la constitución actual, ahora estaban llamando a defenderla en contra de la propuesta de nueva constitución que se está redactando ahora en un Consejo Constitucional con mayoría de derecha. Por último señalé que en su momento, más allá de oponernos con rabia a la canalización institucional de la revuelta, desde nuestro bando no supimos ofrecer mucho más que “riot porn” todos los viernes a la misma hora y en el mismo lugar, lo cual a mi juicio deja la planteada la cuestión de cómo combinar el aspecto negativo de la revuelta con la afirmación positiva de otras formas de relación social.

En ese punto un anarquista me preguntó “¿Y cuál sería la pregunta?”, lo que me dejó una sensación algo amarga puesto que yo pensaba que se trataba de una conversación.

En fin: Joshua respondió que siempre es preferible el “riot porn” a la pornografía electoral, que nunca jamás las elecciones son algo bueno para nosotros (¡totalmente de acuerdo en eso!, y es curioso que en Chile tantos anarquistas insistan en buscar pretextos para ir a votar), y que creer que hay una dicotomía entre “riot porn” versus “la lucha real” es pura mierda, pues todo disturbio expresa una negatividad que debemos apoyar y potenciar.

Luego siguieron más intervenciones que no anoté en detalle, pero dialogando con ellas Clover dijo cosas como que no existe una forma de lucha que se dé por fuera del terreno del capitalismo; que en cada conflicto hay aspectos que podrían parecer menos centrales que otros, pero que en cada lucha por ejemplo por cuestiones salariales se dan al mismo tiempo luchas por la reproducción de la vida, y así el tener que hacernos cargo de cosas como la comida y los cuidados nos plantea algo que debe mantenerse incluso después del capitalismo. Así, un “bloqueo” es importante, pero es parte del capitalismo, no así la cocina y la guardería que se instalan para poder mantener una huelga, aunque no estén en el primer plano del conflicto. Y todas estas cuestiones son parte de la misma lucha. Justo ahí Joshua señaló que era una lástima que sólo hombres hayan hecho intervenciones hasta ese momento. A pesar de la presencia de varias mujeres, sólo en ese punto una habló, profundizando la cuestión de los cuidados y realizando una crítica a la mantención de la división sexual del trabajo incluso en estos espacios y luchas.

A lo largo de la conversación, nuestro invitado realizó sinceras y agudas declaraciones como “odio la democracia”, “soy por sobre todo un materialista”, “las políticas pre-figurativas son un ‘fake’” o “no soy un buen anarquista porque no creo que podamos eliminar completamente la representación”. Finalmente, insistió en que la revolución es un proceso “más de sustracción que de adición”, y que la comunización debe abolir inmediatamente la división entre el trabajo manual/intelectual, y la división del trabajo por sexo/género, además de abordar cuestiones relativas a la “infraestructura”, pues no basta con que el proletariado sepa usar los barcos, oleoductos y carreteras, sino que se debe apuntar sobre todo al “desarrollo de habilidades”, en momentos en que sabemos que de aquí a treinta años varias ciudades quedarán sumergidas en el agua.

La cuestión del “poder” debería plantearse de forma negativa: “el poder de destruir el poder”, y  también aclaró ante una consulta que para él la comunización no es tanto una cuestión teórica, sino que el proceso de aplicación de “medidas comunistas”. Ante otra pregunta que ya no recuerdo bien, Joshua dijo que como muchxs camaradas él tiene amigos muertos y amigos en prisión, y que por eso entiende que sea atractivo para varixs tratar de hacer cambios sociales profundos sin acudir a la lucha o el enfrentamiento armados. Pero él cree que eso no es posible, y que el conflicto armado será inevitable.

Hasta ahí mis apuntes y recuerdos. Mucho más preciso va a resultar escuchar el podcast de lxs compas de Vitrina Dystópica, que se encargaron de registrar en audio todo el evento.

Antes de irme del lugar conversé brevemente con el invitado y adquirí dos folletos recién traducidos y circulados por el ambiente “comunista raro” metropolitano: “Transición: fin del debate”, de Joshua Clover, editado por Vamos hacia la vida, que una semana antes de este encuentro lo discutió colectivamente en una reunión virtual, y “Los fines del Estado”, de Joshua con Jasper Bernes, editado por Reyerta & Revolución. En el primero se aborda la superación de la idea del socialismo como fase intermedia entre el capitalismo y el comunismo, algo que ya resultaría imposible en las actuales condiciones del modo de producción. El segundo texto fue publicado en la revista comunista Viewpoint el 2014, respondiendo a una invitación colectiva para abordar algunas cuestiones del siguiente tenor: “¿Cómo sería hoy una postura propiamente revolucionaria hacia el poder estatal y cuáles serían las consecuencias concretas de esta postura para una estrategia política? ¿Tiene todavía algún significado la ‘captura del poder estatal’? ¿Tiene todavía el partido un lugar en estas preguntas más amplias?”.

Cuando el sol ya caía, varixs nos dirigimos a conseguir cervezas para disfrutar el inicio de la primavera en la Plaza Brasil. Durante la breve pero intensa celebración colectiva que se armó, mientras circulaba un enorme cigarro de marihuana armado con generosos aportes de varixs de los presentes, un muchacho al que no conozco decía: “súper buena conversa, súper buen invitado, pero siempre me quedo con la misma sensación de impotencia después de estos eventos. Nos tomamos unas chelas y nos vamos para la casa, ¿y la revolución social, cuando?”. Lo mismo me preguntaba hoy al despertar temprano para salir al trabajo dejando a mi hijo camino a la escuela.

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lunes, noviembre 11, 2024

TRISTE DERIVA POR LO QUE QUEDA DE LA CALLE SAN DIEGO 

 


Un día antes del último fin de semana largo fui a un seminario en la Casa Central de la Universidad de Chile, donde exponían exclusivamente mujeres que se desempeñan como abogadas defensoras de derechos humanos.

Siempre me ha impresionado, las pocas veces que he hecho ingreso a ese edificio, la tremenda soledad de sus pasillos y salas. Ni siquiera para el “acampe” por Palestina cambió tanto esa sensación de frialdad del espacio abierto, poblado casi exclusivamente por funcionarios y guardias.

Al terminar el evento, tras saludar algunas amigas salí sin ningún rumbo fijo.

Miré un rato los puestos de libros ubicados en la calle. Nada muy destacable, excepto la insistencia de los vendedores (extranjeros) en que te lleves algo. Lo cual en mi genera el efecto contrario: ganas de irme sin nada.

Luego caminé por San Diego hacia el sur. Recordaba cuanto me gustaba hacer derivas por ahí cuando llegué a Santiago, a fines de los 80. Encontraba libros marxistas y vinilos a muy bajo precio. Es curioso que ambos productos ahora se encuentran más oficialmente, y ya no son para nada baratos.  

Recordaba haber visto a mediados del 2019 en las pocas verdaderas librerías que quedan en la Galería san Diego algunos títulos interesantes (La escena contemporánea de Mariatégui, Una lectura política de El Capital de Harry Cleaver, y las actas de un seminario sobre Gramsci hecho por académicos pinochetistas en plena dictadura).

La librería en que tenían estos títulos o estaba cerrada o ya no existe más. Me quedó la duda.

En el segundo piso, ya sólo queda la Disco Beat, que don Simón “Tavo” Aliste atiende sólo entre 13 y 15 (o algo así: me lo encontré en el Metro hace poco y eso recuerdo que me dijo).  La otra disquería que quedaba casi al frente no existe hace rato, pero lo peor de todo es que ya no hay librerías con libros de verdad: sólo algunas especializadas en textos jurídicos de los más aburridos, y otras que venden facturas e impresos varios sin valor literario alguno.

Salgo a la calle, y veo el horrible Mall Chino al frente. No me dan ganas de ir a curiosear nada ahí.

Justo afuera de la galería San Diego hay una buena cantidad de libros siendo rematados a 3 mil pesos cada uno. Alcanzo a ver el libro sobre Manuel Gutiérrez, adolescente asesinado por disparos policiales durante las barricadas de agosto del 2011. Pienso llevarlo, pero no puedo.

Sigo caminando. Trato de ver las tiendas de instrumentos musicales. Pero no puedo. Algo me aleja, algo me repele.

Empiezo a sentir algo a lo que verdaderamente le tengo mucho miedo: el espacio por el cual se empieza a asomar la depresión. Trato de mantenerlo siempre lejos, pero sé que está ahí, a veces se acerca y….uno nunca se sabe a donde te podría conducir.

A punto de salir huyendo de ahí, detecto el Masticón: un bar/restaurant de esos que aún se parecen a como era esta calle en los 80. La pienso dos o tres veces, y al final hago ingreso. Pido un schop Heineken y un italiano “falso” (sin vienesa: acá claramente no ofrecen, como en otros lugares, la opción de ponerles, papas fritas, queso o champiñones para el usuario vegetariano). Tanto mejor.

Me pongo a leer las cartas de amor de Rosa Luxemburgo: ella está físicamente muerta hace más de 100 años, pero en sus cartas vive y siente y se expresa como pocos seres en este mundo.

El schop está aguado. El italiano, algo mojado y con palta de bolsa, no real. Pido la cuenta: ni siquiera es barato: sale casi 8 lucas en total, con propina.

Me decido: voy a ir a por el libro de Tania Tamayo sobre Manuel Gutiérrez. Debería tenerlo en mi biblioteca, porque de hecho colaboré un poco con la autora haciendo una lectura atenta a la terminología jurídico/judicial. Tamayo es seria, así que no quería incurrir en los errores usuales de sus colegas periodistas cuando escriben sobre cuestiones judiciales.

Al llegar a esos mesones, veo que un joven ya está colocándolos masivamente en una carretilla, porque son las 20 y todo empieza a cerrar. Le dijo que si tenía por ahí encima el libro “Todos somos Manuel Gutiérrez”. La respuesta: “Puede que sí, puede que no, pero ya cerramos”. Me parece una mierda, tengo las tres lucas en el bolsillo, pero por otro lado lo entiendo, y pienso que el destino no quiso que tuviera ese libro.

Para justificar al destino a posteriori, recuerdo que cuando compartí un panel con Tania Tamayo junto a Nancy Guzmán (otra escritora) de moderadora,  ambas me tiraron algo de mierda por haber dicho que a diferencia de la represión “selectiva” de la dictadura, la estrategia represiva de Piñera durante el estallido del 2019 había sido el uso de la escopeta antidisturbios como una forma de represión “aleatoria”: de cada disparo salían 12 perdigones que dirigidos a una masa de personas, podían impactar a cualquiera.

A esa afirmación le hicieron la siguiente crítica, ambas: “Julio, deberías saber que la represión nunca es aleatoria. Siempre se dirige en contra de los más marginados y desfavorecidos de esta sociedad”. OK. Creo que no entendieron lo que dije. ¿Tal vez me expliqué mal?

Ahora sí que ya me quiero ir a la casa.

Pero me detengo en la esquina, y saco una foto.

El paisaje que desde ahí se observa me lleva a inicios de 1987. Cuando vino el papa Juan Pablo II y los militantes de las Juventudes Comunistas íbamos casi todos los días a hacer mítines relámpago en el centro. El edificio de la esquina con Alameda tenía un gran cartel de la AFP PROVIDA (¡vaya nombre!). Mi Liceo (el A-67) quedaba en las Torres de Fleming, y mi familia estaba viviendo donde amigos en San Bernardo.

Cada día debía levantarme muy temprano para llegar a tiempo a clases, tomando dos micros repletas, pero tras tantos cambios de ciudad y establecimiento preferí quedarme ahí a terminar el Cuarto medio. Además de las reuniones de la jota (dos o tres por semana) teníamos reuniones de la Coordinadora de Organizaciones de Enseñanza Media (COEM), por lo general los lunes en el Campus Oriente de la Universidad Católica. Enjambres de pingüinos/as usábamos libremente las salas para ampliados, reuniones de comisiones, e incluso talleres prácticos de autodefensa, mientras las comisiones de propaganda pintaban lienzos en los patios.

Un día que fui solo a protestar en el centro logré arrancar de las garras policiales por escasos centímetros. Los pacos de esa época no tenían el equipamiento actual, pero eran especialistas en dar lumazos.

La violenta arremetida verde dejó varias personas detenidas en la primera cuadra de San Diego, las que eran ingresadas a palos a un bus estacionado frente al edificio.

En mi desesperación casi sin darme cuenta subí corriendo al estacionamiento del edificio, en el segundo piso. Los carabineros no me siguieron, así que libré. Me quedé escondido por más de un cuarto de hora, y me asomaba disimuladamente para ver qué pasaba:

Al interior del bus, jóvenes de ambos sexos eran puestos como alfombra por el piso. Los policías les pasaban caminando por encima, dando algunos furiosos saltos para causarles más daño, mientras los golpeaban con sus lumas. La gente gritaba de dolor, y yo me sentía bien por haberme salvado de esos malos tratos, y horriblemente por estar presenciando en directo los apremios que ellos estaban sufriendo y que si hubiera corrido un poco más lento estarían siendo aplicados también sobre mi cuerpo adolescente.


Esa esquina se ve casi igual que en esos tiempos. El recuerdo sigue ahí. La brutalidad y el miedo incrustados en el pavimento y en el edificio.    

Me sumerjo en la estación de Metro Universidad de Chile. Alcanzo un asiento en el tren subterráneo, y leo a Rosa, que le dice a su camarada Leo Jogiches en una carta fechada el 20 de marzo de 1893:


“Hoy me levanté temprano y volé hacia ti, pero noté que mis conjeturas nocturnas no eran nada más que un sueño. Así que, si no llegas el miércoles, iré temprano a Ginebra en tren. ¡Ya verás!”  

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martes, julio 02, 2024

Último lanzamiento y Entrevista sobre Barricadas a go-go 

 


El lanzamiento de “Barricadas a go-go” en Taller 55/Esqueleto libros el viernes 28 de junio terminó siendo un gran evento, inolvidable, gracias al apoyo de tantas personas que me llego a emocionar. La tristeza por el cierre del local fue sublimada en fiesta y música en vivo (Nawito Seudónica Dúo, Sin Asilo, y cuatro temas de Disturbio Menor), comentarios (Marisol García, Tomás Pacheco y Cristóbal Durán), vino tinto a destajo con maní salado, y hasta la confederación de pinchadiscos. Se asomó la policía en un momento, pero se fue luego y creo que no regresó. Me fui de ahí a las 3 AM y la fiesta no concluía.

El día anterior los compañeros de Carcaj subieron la introducción a la cuarta edición, bajo el título de “Cascos, garrotes y bombas molotov: el 68 japonés”, con un collage en que se ve a los Zengakuren, los Rallizes y Kaoru Abe en medio de un paisaje urbano tomado de las barricadas parisinas de 1848: ¡notable!

Y el día posterior, apareció en La Jornada de México esta excelente nota/entrevista por Hernán Muleiro.

A continuación los dejo con la entrevista completa con Hernán.

Banzai!



1.      ¿Cómo diste con el tema del libro? No sé exactamente como fue la historia entre movimientos revolucionarios y rock en Chile, pero siempre me llamó la atención como en Argentina rock y revolución, en un contexto de la dictadura de los 70s, fueron considerados asuntos separados, cuando la versión gringa, también vista a la distancia de la historia, parece unir a las dos.

La idea de armar un texto dedicado a ese cruce entre agitación social y cultural, y entre subversión política y musical, provino de un amigo argentino que me lo pidió para su fanzine Escena Obscena después de visitarme en Santiago de Chile y escuchar un conjunto de grabaciones de rock y jazz hecho en Japón.

Pero mi encuentro con el tema tiene una historia más larga, pues ya desde 1984, al cumplir 13 años en plena dictadura, confluían en mi la pasión por el heavy metal con la militancia izquierdista y posteriormente anarquista. Tal como dices, en el Chile de los 70 y los 80 el grueso de los izquierdistas eran tan anti-gringos que no querían saber nada de guitarras eléctricas ni canciones en inglés: pura alienación proimperialista según ellos. Así y todo, y tal como explico en un texto reciente sobre el black metal (1), una minoría de jóvenes izquierdistas amábamos esos sonidos, y seguimos explorando otros: progresivo, sicodelia, punk, dub, noise…De todos modos, hay que destacar que antes de 1973 Víctor Jara alcanzó a grabar “El derecho de vivir en paz” junto a la banda sicodélica nacional Los Blops y que artistas como Angel Parra usaron guitarra eléctrica en algunos discos, así que los prejuicios contra el volumen y la electricidad no los tenían todos sino que sólo los izquierdistas más amargados.

La música japonesa de ese turbulento período que más o menos encaja entre 1968 y 1977 la conocí recién a inicios de este siglo, tras leer un texto de Alan Cummings en la revista The Wire donde se explayaba en torno a esa escena de Shinjuku, y presentaba a artistas impresionantes que no conocía, como el saxofonista Kaoru Abe y el guitarrista Masayuki Takayanagi. De ahí en adelante estuve un buen rato dedicado a descargar discos japoneses en soulseek.

Las luchas callejeras de los estudiantes japoneses y su agrupación Zengakuren las conocí a inicios de los noventa, por la observación casual en la TV de un curioso documental llamado “Días de Furia”, donde entremedio de varias cosas bien bizarras muestran mostraban imágenes de la lucha en Sanrizuka contra la construcción del aeropuerto de Narita en las afueras de Tokio, hacia 1970, y la violenta resistencia y represión que se generaban (2). La voz en off del conductor presentaba el dramático registro como una confrontación entre el mañana (construir un moderno aeropuerto) y el ayer (la lucha de los campesinos y estudiantes por impedirlo). Poco después di casualmente con el librito de Bernard Beráud sobre “La izquierda revolucionaria en el Japón” (edición mexicana de 1971), donde entremedio de las detalladas explicaciones sobre las tácticas de combate callejero y la evolución de los distintos grupos de la ultraizquierda japonesa me hice una clara idea del tipo de lucha antiimperialista y a la vez antiestalinista que se llevaba a cabo por allá.

2) ¿Qué te interesó particularmente de la historia en Japón relacionada al Rock? Creo que por un lado está el choque que causaba la figura del rockero-hippie en la sociedad nipona, era directamente una figura fuera de la sociedad convencional. Por el otro el quiebre que tienen cuando pasan de los 60s más a-go go a una expresividad más propia.

Claro: la sola posibilidad de que existiera un “rock japonés”, y lo mismo con el jazz, es el núcleo del problema. Porque es cierto que al inicio se produce un fenómeno de imitación, primero con la manía que causan las guitarras eléctricas y su imagen y sonido futurista, ya desde las exitosas giras de los Ventures y los Shadows a inicios de los sesenta, los imitadores de Elvis y luego de los Beatles, pero finalmente se aprecia el surgimiento de una verdadera contracultura japonesa, con mucha fuerza desde el 68, que por un lado incorpora creativamente estas influencias occidentales generando un material genuinamente nipón, y que al mismo tiempo estaba profundamente ligado al movimiento estudiantil contra la guerra de Vietnam, y a un cúmulo de luchas sociales que se dieron en Japón como parte de la revuelta global de los sesenta. Esa misma adaptación del rock -que a su vez derivaba del blues- a otros territorios y psicogeografías se da en varios lugares: los alemanes con su “krautrock”, bandas francesas muy difíciles de encasillar como Magma y Etron Fou Leloublan, o el movimiento abiertamente político del “Rock In Opposition”, cuyas principales bandas producían formas totalmente únicas de “rock”, muchas veces dialogando con el folclore, el avantgarde y lo que ahora todos llaman “post-punk”.   

En el caso de una de las formaciones más famosas del rock japonés, la Flower Travellin’ Band, se canta en inglés y el vocalista había participado en la versión nipona de la ópera rock “Hair”, pero la guitarra eléctrica toca escalas orientales…incluso cuando están versionando a Black Sabbath o a King Crimson. Por cierto, en el arte del interior de su primer disco “Anywhere” (1970) se aprecia a dicho vocalista en la calle, tocando armónica con su pinta de rockero y cabellera afro, mientras es observado con una gran sonrisa por una señora de aspecto tradicional.  

Muchos de los protagonistas del “free jazz japonés” se preguntaban si era posible crear propiamente “jazz” en esas condiciones, o si más bien se trataba de una creación propia, imposible de clasificar bajo los parámetros usuales de la industria musical occidental. Para un detalle de estas discusiones y actividades (no solo musicales) recomiendo el libro de Teruto Soejima sobre el free jazz en Japón (disponible en inglés, pero aún no en español).

3) ¿Cuál es la importancia de Rallizes en esta historia? En un punto la historia de un grupo de rock que secuestra un avión en nombre del comunismo revolucionario es la materialización de las pesadillas de los padres gringos, el mito de un rock que altera las facultades políticas de la juventud hecha realidad.

Difícil no enamorarse de una banda como Les Rallizes Denudes…que con su sonido e imagen, mito y leyenda, concentran casi todo lo que fue la revuelta global del 68 y sus “vidas posteriores” (por usar la expresión de un interesante libro de Kristin Ross). Junto a la Flower Travellin’ Band son tratados en mi libro como los ejemplos superiores del rock nipón. Ambas ya han alcanzado hace rato un merecido estatus de culto, en gran medida gracias al libro de Julian Cope sobre el Japrock (editado hace poco en español).

Y sí: hoy en día nos resulta difícil imaginar que los rockeros hippies (o “futen” como se les llamó en Japón) fueron en efecto vistos como un peligro enorme para el partido del orden, en el momento en que pasaron a politizarse. Por eso la leyenda dice que la CIA tuvo que intervenir enérgicamente para lograr desviar el movimiento hacia las drogas y el entusiasmo por chamanes orientaloides y gurúes de la búsqueda interior.  

En Japón, la afluencia de melenudos en las calles fue primero tolerada, para pasar a ser fuertemente reprimida a contar de 1969. Sus tácticas de “guerrilla folk”, basados en los Panteras Negras, los estudiantes radicales alemanes y la experiencia de distintos grupos de acción y teatro callejero como los Hi-Red Center, fueron demasiado lejos a los ojos de la clase política, aunque curiosamente contaron con la simpatía de un “tradicionalista” como Yukio Mishima, que incluso se atrevió a ir a discutir con los estudiantes de ultraizquierda que mantenía tomado el campus de la Universidad de Tokio (3).

Y unos meses después del secuestro del avión Yogodo en que participó el bajista de los Rallizes, Mishima intentó tomarse un cuartel militar para hacer una proclama incitando un golpe de Estado tradicionalista, fracasando en el intento y siendo decapitado ritualmente por sus acompañantes.

Creo que al escuchar cualquier disco de los Rallizes, toda esa aura está presente, y por eso su obra es tan poderosa y sigue cautivando hasta el día de hoy. Parafraseando las últimas clases del malogrado Mark Fisher, seguimos cautivados por las formas culturales de esa época por “los deseos no realizados que eran inherentes a esas formas y a los que esas formas todavía les hablan”.

4) ¿Y cuál la importancia del free-jazz? Siento que está unido a la música de rock experimental en la historia pero que fueron movimientos que no siempre se cruzaron, más allá de los paralelos entre la deconstrucción del jazz y del rock.

Acaba de salir un libro del argentino Mariano Peyrou sobre el free jazz, al que califica como “la música más negra del mundo”. En esa perspectiva el free jazz, que considero una auténtica revolución cultural del siglo XX, aparece como indisociable de la experiencia de vida de los afroamericanos en Estados Unidos. Pero tal como el rock terminó siendo un lenguaje universal, el movimiento del jazz libre también se fue adaptando a distintos contextos que a la vez que lo alejan de su origen afroamericano, enriquecen esa tradición al hacerla dialogar con otros elementos, tal como ya era posible apreciar en la música libre hecha en Inglaterra por gente como John Stevens y Derek Bailey, en Alemania por Peter Brötzmann, y en Japón por una considerable cantidad de artistas que supieron usar y desarrollar este idioma musical.

Sobre la ligazón (o falta de ligazón) con el rock, diría dos cosas. Primero, que muchas de las bandas que llevaron el rock a sus límites en esa época estaban acusando recibo de la poderosa influencia de la obra de Coltrane, Taylor, Coleman y Ayler: es notorio en los casos de MC5, los Stooges y Velvet Underground, pero -curiosamente, ¿o no tanto’- esta es algo que no suele mencionarse al hablar de las influencias directas del punk. Y en segundo lugar, sólo agregaría que en el caso del guitarrista Masayuki Takayanagi -un conocido guitarrista que practicaba formas más tradicionales de jazz e incluso bossa nova- fue el encuentro con el ruidoso y expresivo feedback de Terry Kath en “Free Form Guitar” (pieza de 6 minutos 50 segundos incluida en el álbum debut de Chicago Transit Authority de 1969: ¡la muy exitosa banda de Peter Cetera!) lo que lo llevó a radicalizar su estilo abrazando la forma tan peculiar y radical de free jazz/noise que pasó a materializar con su New Direction Unit. Así que en base a todo eso, siempre he creído que el jazz y el rock deben seguir cruzándose, aunque no en la horrible versión “fusionera” de los setenta, un pastiche con que la industria lucra bastante, sino que uniéndolos en  torno a la gran marea de “ruido horrible” en que ambos son capaces de surfear.

5) ¿Hay una continuidad de esta historia en la actualidad? ¿Encontraste historias de grupos de otros lugares que se asemejaran a las historias de los grupos en Barricadas a go-go?

No mucho en verdad. O sea, en relación a ese período de tiempo (68-77) creo que la vinculación entre subversión política y estética sí existía, era propia de la contracultura, y no ha sido muy estudiada. Muchos de sus mejores productos apenas los hemos conocido o quizás no dejaron artefacto alguno tras de sí. Pero hablando desde la actualidad, me temo que los dos planos se han vuelto a separar: los artistas se creen artistas que a veces opinan de política o apoyan determinadas causas, y los subversivos políticos parecen poco interesados en el arte en sí mismo. Veo poca conciencia de que, como decía el poeta Maiakovsky, el arte revolucionario requiere formas revolucionarias. Por dar un ejemplo, durante la revuelta chilena del 2019 había muchas expresiones de arte callejero. Con unos amigos, incluyendo a dos músicos libres mexicanos, fuimos a la calle con saxofones, trompeta y otros instrumentos acompañando un hermosos viernes de diciembre los enfrentamientos como “Primera Línea Arkestra” (4). Poco después se organizó la “Barricada sonora” (5), que se repetía todos los viernes en el centro de Santiago, pero la convocatoria ya hablaba de “músicos que hablen el lenguaje de la improvisación” (yo participé al inicio, aunque no me considero “músico”), y la última vez que los vi (a inicios del 2020) iban tocando mientras marchaban hacia el Museo de Arte Contemporáneo…¡Y no precisamente para prenderle fuego! Después se vino la pandemia…

6) ¿Que parte del proceso de escribir el libro te causó más dificultad?

Aunque parezca paradójico, lo que más me costó fue escribir sobre los aspectos musicales. No es fácil, y a veces creo que es más difícil referirse a lo que te gusta, que escribir criticando lo que te disgusta (un problema que dicen que también sufría el gran Lester Bangs). Recuerdo que cuando creía que el texto ya estaba listo se lo envié a un buen amigo amante (y practicante) del noise, que tras leerlo me hizo ver que casi dos tercios del contenido se referían al contexto sociopolítico…Así que me vi forzado a trabajar un poco más la cuestión estrictamente musical, que se supone era el foco de la investigación. Creo que por eso el final queda un poco abrupto, y hasta anuncia una posible parte dos, en la que recién ahora estoy trabajando.

7) Aún no tengo en mis manos la edición mexicana del libro, ¿Qué es lo que agregaste respecto a las otras ediciones?

¡Debieras conseguirla! Acá en Chile ya se agotó, y hubo que hacer una reimpresión. Diría que esta es la edición definitiva, pues además de correcciones formales del texto original del 2017 se agregaron dos nuevas presentaciones: la de la editorial, que profundiza en aspectos culturales de la relación oriente/occidente, y la mía, donde entre otras cosas refiero el origen de esta combativa construcción que llamamos barricada, y la manera en que se expandieron una vez más por Chile y el mundo en las revueltas del 2019, antes de la pandemia y la tempestad reaccionaria y neofascista que vemos ahora.  

Además, esta edición trae una hermosa portada, 12 fotografías cuidadosamente seleccionadas que cubren desde las protestas callejeras hasta los principales héroes musicales de esta historia, y un listado de libros, discos y películas sobre el 68 japonés y su escena musical.



NOTAS:

[1] https://carcaj.cl/el-mundo-que-enterramos-una-mirada-anticapitalista-al-black-metal/

[2] Un fragmento del documental puede ser visto en Youtube bajo el título de “Siege of the Red Fort!”.

[3] El registro fílmico se creía perdido, pero apareció y fue editado hace poco como “Mishima: The Last Debate”.

[4] Acá se puede escuchar un breve fragmento: https://templosagital.bandcamp.com/track/primera-l-nea-arkestra-ataque-sonoro-2-contra-las-fuerzas-especiales-de-carabineros

[5] https://rkrause.cl/web/?page_id=5808

 

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jueves, junio 20, 2024

Reporte, Tur, Invierno y Lanzamiento 

Agradezco a lxs camaradas que han apoyado y trabajado en la circulación de materiales impresos en formato libro, que desde el 2013 en adelante se han ido editando en diversos esfuerzos editoriales.

En lo que va de este terrible año 2024, tenemos en este haber la cuarta edición (ampliada) de Barricadas a go-go, publicada por primera vez en el 2017, y en esta ocasión lanzada casi  simultáneamente en Santiago, Ciudad de México y Barcelona. Gracias a todxs por todo eso: Banzai, 2&3 Dorm, Archivo Situacionista Hispano, a los comentaristas acá y allá y especialmente a quienes acompañaron con su arte sonoro los eventos mexicanos. Aún quedan un par de lanzamientos pendientes: avisaremos a tiempo.

(el manuscrito se interrumpe aquí)...




Durante fines de abril de inicios de mayo hubo lanzamientos en Argentina: 1-2-3-4 (edición 2023) se lanzó en la galería Masao, junto a dos libros más editados por Tren en Movimiento: Canción del cardumen rancio Vol. II (Ilustraciones de Tomás Spicolli), y Banco de imágenes (poemas de Gastón Carrasco y collages de Caro Lagos). Hubo dub e improvisaciones en vivo, harta cerveza y poquita canabis. Después, varixs nos fuimos a una excelente pizzería que aún estaba funcionando en la madrugada de martes/miércoles.

Un poema de Carrasco me llamó inmediatamente la atención, logrando que se me erizara la piel recordando los días de revuelta en Santiago hace menos de cinco años y que tan lejanos me parecen ahora:

La fotografía como documento social

La imagen cobra vida, la vida te la cobra. Asciende una columna de humo que parte en dos el horizonte. Un hombre pintado de selk’nam pasa frente a nosotros. Esquivo el daño, a centímetros, más de las veces que quisiera. El ojo es un animal que salta en las imágenes para cruzar el río de luz. Una molotov revienta en la mano en el peor momento. Intento armar un mapa de guerra de imágenes.  Hace días que no busco hacer fotografías, la realidad me esquiva. Respiro y reconozco el espacio que cambia día a día. Hay pegatinas de ángeles barrocos con frases contra el gobierno. Una chica se mancha las manos con tinta negra pintando un stencil. El arte de prender y fotografiar el fuego, ritual y barricada, humareda y aire enrarecido. Banderas rojinegras. El paisaje urbano como trinchera. Un encapuchado lleva en el pecho un tatuaje de Malcolm X. En el parque Forestal una banda toca en vivo covers de Rage Against The Machine. Un prócer, irreconocible, está envuelto en plástico alusa. En el parque Forestal un trío de chicas, megáfono en boca, toca “Viva la Revolution” de los Adicts. Las camillas con heridos cruzan la escena como en las películas de guerra. La piel arde. La garganta y los ojos se cierran. Nos desplazamos como animales ciegos movidos por el instinto.  El odio brota de manera orgánica en el cuerpo. Los láseres se extienden como enredaderas hacia el cielo. Reconozco a alguien por los ojos, escondida en una kufiya, como guerrera kurda. La miré aturdido mientras ella tomaba del brazo a su compañero en dirección contraria a la represión. Los piquetes se tomaron el espacio como hormigas o chaquetas amarillas un trozo de carne. Grupos de diez o doce caínes. En un segundo todos apuntaron sus armas, láseres, cámaras. La imagen queda en suspenso.

La religión de la muerte en versión de Lazo ediciones se lanzó el jueves 2 de mayo en Biblioteca La Caldera, y el sábado 4 en la Biblioteca Ghiraldo de la ciudad de Rosario. De esta última circula el audio por ahí.

Regresando a Santiago, hice un set solista bajo la denominación de JC Anti Ensamble en una tocata en que además estuvo mi viejo amigo Luciérnaga, poco después con el amigo Rodrigo Karmy hicimos un conversatorio sobre “Sionismo y fascismo” en el acampe de la casa central de la Universidad de Chile.

El próximo lanzamiento de Barricadas a go-go será el viernes 28 de junio en Esqueleto libros. Comentan: Cristóbal Durán y Marisol García. Apenas tenga el afiche lo comparto.

YA: acá está toda la información sobre el lanzamiento de este viernes.

Denle likes, promocionen, vayan, lleven amigos/amigas/amantes. 

Hace frío: así que lleve vino también (repartiremos un poco pero mejor que sobre).

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martes, enero 09, 2024

Metal Oscuro: encargos y hallazgos  

 


Le encargué a un viejo amigo que vive en Buenos Aires que me trajera algunos discos editados o distribuidos por Icarus en Argentina. Otro amigo que vivió por allá y ahora está en el sur, me había dicho que al parecer Icarus llega y edita una serie de materiales que no cree que sean muy legítimamente autorizados, pero hacen buenas ediciones.

Escogí el “Desecration of Belo Horizonte” de Blasphemy (edición brasilera, con CD y DVD): brutal. Qué más se puede decir sobre estos Black Metal Skinheads de Canadá. Ah: una anécdota de otro amigo  señala que estuvo carreteando con ellos, y que el vocalista (Nocturnal Grave Desecrator and Black Winds) se metía una línea de cocaína cada 5 minutos. En fin: eso explica bastante, por ejemplo un comentario que alguien subió a YouTube comentando un concierto de Blasphemy en Valdivia: “más duro que infancia en Siria”. También pedí la edición Icarus del legendario “Live in Leipzig" de Mayhem, uno de los documentos clave con el finado Dead en las voces. El segundo de Immortal, “Pure Holocaust”, que junto a “Battles in the North” son,  en mi humilde opinión de recién llegado, uno de los mejores testamentos del Black Metal noruego de todos los tiempos.  Basta con poner play y apreciar como en el primer tema la batería digamos “normal” dura 9 segundos, y de ahí viene un blast beat eterno que no aminora en la poco más de media hora que dura este clásico.

Se habían agotado el primero de Bathory y el “Worship Him”, debut de los suizos de  Samael, en edición de Del Imaginario discos. Así que en reemplazo terminé optando por el “Plague Angel” de Marduk, también por Del Imaginario, lo que me hizo apreciar que hacen ediciones realmente correctas con excelentes folletos e impresión.

El viejo amigo me hizo entrega de estos materiales en una Schopería, y después me encerré como dos días en casa a asimilar toda esta oscuridad.

Pero quedé con la bala pasada en cuanto al disco de Samael y con curiosidad por otras ediciones de ese misterioso sello argentino. Paseando por el Persa Biobío me topé luego con un CD que no trae datos de edición ni fecha ni sello ni nada, y que reúne los primeros demos de los suizos: “Into the infernal storm of evil”. Excelente material, con un sonido más “no fi” que “lo fi”, pero permite disfrutar la magia negra de una banda totalmente atípica (no es rápida, no hay blast beats, no hay solos de guitarra) pero esencial. De hecho, recuerdo haber leído en una entrevista a Deathspell Omega que en sus inicios (“Infernal Battles” y “Inquisitors of Satan”) se sentían mucho más influenciados por Samael que por el black metal noruego o sueco.

Después me fijé en el CD de Marduk que Del Imaginario tenía un mail. Escribí y me respondieron rápido, diciendo que en el local 132/133 del Sector 4 del Galpón Victor Manuel del Persa Biobío traían cosas de su catálogo. Así que el último domingo (primero del 2024) partí en metro tras meter a la mochila dos latas de cerveza que tenía refrigerando desde el día anterior. Llegué al lugar indicado, que resultó ser una disquería por la que varias veces había pasado sin notar más que rock & pop,  y me encontré con una caja llena de ediciones Icarus y algo de Del Imaginario. Lo sorprendente fue el catálogo (varias cosas de Mayhem, Ulver, Satyricon, Marduk, Darkthrone) y los precios: todos los CDs costaban 6 o 7 mil pesos. Los de DT (ediciones dobles de “A blaze in the northern sky” y “Under a funeral moon”) costaban 10 mil, pero no lejos de ahí los había encontrado hace meses a un precio mayor: 14 mil y algo.



En esta ocasión me dejé llevar por los estímulos visuales y mis pretensiones de investigador, y me llevé:


-Ulver, “Nattens madrigal” (1997). Conocía la deriva más experimental de esta banda, por un LP compartido con Sunno))). Sabía de su origen Black Metal, pero no había tenido el placer. Este disco es la parte final de su trilogía inicial de LPs dedicados a la licantropía. Que había partido con el excelente “Bergtatt” (1995), único en sus vocalizaciones (no gritadas ni con voz de demonio, sino que cantadas en un sentido entre folk y de ensueño), seguido del hermoso álbum totalmente acústico “Kveldssanger” (1996), y que culmina con esta gran obra en 8 partes (la obra se subtitula: "8 himnos para el lobo en el hombre", en que el estilo gélido de BM recuerda el “Transilvanian Hunger” de DT, pero con todo respeto diría que se nota más la ejecución musical (recordemos que según el mito, todos los instrumentos en TH fueron grabados por Fenriz en su pieza, y luego envió el material a Nocturno Culto para que le agregara voces) , partes casi folk y un sinfín de maravillas y sorpresas que lo han convertido de inmediato en uno de mis discos favoritos de todo el género del Metal Oscuro. Destaco el tema 6 (no tienen  titulo estos himnos), que tiene una estructura casi de canción pop, sonando un poco como...los Pixies con tremolo picking y blast beat...

Lo más destacable es el sonido, sobre todo de las guitarras, que se escuchan como un riffage doble, pero además hay algo especial en el conjunto del sonido, en el ambiente que se logra, con comienzos falsos o pruebas que se escapan del tema, y que según leí tendría explicación en que este álbum fue grabado al aire libre en el campo.


-Emperor, "Emperor" (1993)/”Wrath of the Tyrant”(1992). Nunca me ha llamado mucho la atención el estilo del BM “sinfónico”, con predominio de teclado. Cosas que escuché de los legendarios Emperor apenas me entretuvieron un rato, y pensaba que tal vez en gran parte su fama se debe a los homicidios e incendios que mantuvieron tras las rejas en su momento a al menos un par de integrantes. Pero no pude resistirme a esta adquisición porque acá se reúne el primer demo, y el primer EP. 

Bastante buenos, a pesar del precario sonido del demo, que en rigor hace que me guste mucho más que las grabaciones posteriores. BM glacial e intenso, especial para tomar melón con vino y cerrar las persianas. El arte de ambos artefactos está tomado de ilustraciones de Gustave Doré: la Muerte y Leviatán.


-Satyricon, “Nemesis Divina” (1996). Se trata de su tercer álbum, el más clásicamente black metal, y con presencia de Nocturno Culto (de Darkthrone) en la guitarra. Es un artefacto típico del BM noruego como mejor es recordado tres décadas después: rápido, complejo, glacial, bestial. Hasta hay un par de clips, como el de su famosa canción “Mother North” (featuring la polola de Satyr). No soy un gran fan de todo lo que hicieron después, pero este álbum hay que tenerlo cerca, sobre todo para contrarrestar el calor del verano.


-Mayhem, “Ordo ad Chao” (2007). Es fácil perderse en la trayectoria de una banda que comenzó en 19854 y aún sigue. En este álbum se reincorpora cantando el famoso húngaro Attila Csihar (que fue llamado por Euronymous para grabar las voces del album debut, y dos semanas después, de vuelta en Hungría, se enteró de su asesinato, cometido por su bajista Vikernes), y demuestra que a pesar de los estereotipos asociados a esta banda, ellos nunca han dejado de seguir un impulso más experimental que los hace incursionar en paisajes sonoros desolados, casi industriales, sin tratar de replicar sus primeros discos y sin abandonar tampoco la esencia maligna y oscura del ensamble.

A la tercera escucha diría que este álbum es realmente bueno. Me ha sorprendido gratamente y le daré play de nuevo después de cargar más pilsen.

Attila tiene un par de albums solistas, como este que editó su amigo Stephen O´Malley en el sello Ideologic Organ. Junto al australiano Oren Ambarchi, los 3 forman el excelente proyecto Ambient-Ruin: ¿qué están esperando? Volumen a esos parlantes y obséquienle todas estas joyas a sus vecinos. Si ellos no lo aprecian ahora, sus hijos lo harán alguna vez -si Lucifer quiere-. 

Como dijeron los Melvins de no me acuerdo cual disco: "La gente NECESITA OIR esto!".


-Trouble, “The Skull” (1985). Del Imaginario (los anteriores son todos Icarus). Doom metal cristiano del mejor que se ha hecho, junto a Saint Vitus. Este segundo álbum suena casi igual que el debut de 1984 (“Psalm 9”): suenan como Black Sabbath (*) pero trasladados a un contexto de mediados de los 80, con el típico sonido cuasi-glam de las guitarras de esos años, y canciones lentas, pesadas y pegadizas, que en momentos aceleran parcialmente para dejarte cabecear más intensamente, aunque ya no te quede mucho pelo. No sé si cabe aclarar esto pero, en tanto ateo, puedo escuchar metal satánico y también cristiano. Al final, no es mentira que el satanismo es una mera inversión del cristianismo.  

Cosa curiosa es que supuestamente el doom metal es una reacción contra la hipervelocidad del thrash/speed metal. ¿Pero por qué no se podría combinar todo eso en un solo disco o proyecto? No lo sé. Queda bien con partes lentas y rápidas en vez de solo lo uno o lo otro. 

(*): De hecho, la madre de mi hijo, que tiene un excelente oído, se confundió y pensó que estaba escuchando la voz de Ozzy.

 PS: No, aun no encuentro el primero de Samael.

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jueves, agosto 24, 2023

Lanzamiento "La religión de la muerte": capítulo sobre Umberto Eco y el fascismo eterno 



Umberto Eco y el ur-fascismo (o “fascismo eterno”)

Con la intención positiva de estar alertas frente a un posible resurgimiento del fascismo, algunos intelectuales como Umberto Eco han llegado a hablar de un ur-fascismo o “fascismo eterno” (1), que siempre “puede volver de nuevo bajo las vestiduras más inocentes” y por eso “nuestro deber es desenmascararlo y señalar con el dedo cada una de sus nuevas formas –cada día, en cada rincón del mundo-”.

Emilio Gentile ha reaccionado con fuerza en contra de esta interpretación, que para él tendría el notorio y muy adverso efecto de otorgarle al fascismo el don de la inmortalidad, a diferencia de cualquier otra posición o ideología política. En efecto, a nadie se le ocurriría hablar de un liberalismo, un trotskismo, socialcristianismo o anarcosindicalismo eternos, pero gracias a la afirmación de Eco cualquier neofascista podría sentirse orgulloso de unirse a la única expresión política que existiría desde siempre, trascendiendo a todos los acontecimientos, modas sociopolíticas y demás vaivenes de la historia. El “fascismo eterno” sería no sólo un “enemigo poderoso” sino que más bien absolutamente invencible, que existe desde y para siempre, profundamente enraizado en la naturaleza humana.

De todos modos, a pesar de las críticas a la “eternidad” del fascismo, cabe destacar que incluso Enzo Traverso, partidario en general de un uso acotado del concepto, afirmó en el 2019 que “el posfascismo está creciendo en todas partes y no sabemos el desenlace de su proliferación”, y que “podría mantenerse en el marco de la democracia liberal, pero también podría experimentar una nueva radicalización, especialmente en el caso de un colapso de la Unión Europea, que es uno de sus objetivos”. Las premisas de ambos desarrollos ya existen, así que de producirse la segunda opción “nos veríamos compelidos a reconocer que el fascismo no fue un paréntesis del siglo XX”, pasando así a ser un “concepto transhistórico” (2).

Por de pronto, Traverso reitera a propósito del actual ascenso de las “derechas radicales” en varios países que “el concepto de fascismo parece a la vez inapropiado e indispensable para comprender esta nueva realidad”, y esa es la razón por la que “el concepto de posfascismo se corresponde con este paso transicional” (3).

Leyendo el texto de Eco -que contiene recoge su intervención en la Universidad Columbia en abril de 1995, conmemorando el cincuentenario de la “liberación” de Europa-, tengo la impresión de que la crítica de Gentile es algo excesiva, pues más que sostener la “eternidad” del fenómeno fascista lo que el autor intenta hacer es identificar algunos “arquetipos” que nos sirvan como indicadores o señales de la presencia de alguna forma de fascismo. Dentro de ellos señala el vínculo entre culto a la tradición y sincretismo ideológico, e identifica en su rechazo de la modernidad (aunque no necesariamente de la técnica) el elemento que le permite al fascismo camuflarse de anticapitalista, en base a una supuesta crítica radical del modo de vida capitalista, que constituye en realidad una reacción anti-ilustrada e irracionalista, en contra del espíritu de 1789, descalificado como el origen del “liberalismo”. 

Otro rasgo que activaría la alerta de Eco -y que se encuentran muy presente en la alt-right norteamericana y otras formas de nueva extrema derecha en Chile y el mundo, incluyendo al Partido Republicano de Kast y toda la autodenominada “fachósfera” que pulula a su alrededor-, es la obsesión por el complot, sobre todo si este alcanza una dimensión internacional.

A esto debemos agregar algo que Eco en 1995 no podía aún imaginar: la difusión de diversas “teorías conspirativas” a través de las redes sociales, logrando intoxicarlas de fake news, creando trending topics, y dando desde internet la “batalla cultural” contra el globalismo marxista y/o liberal. Las versiones más conocidas de estas teorías del complot han sido QAnon en Estados Unidos, y la de la “revolución molecular disipada” dada a conocer desde Chile por Alexis López Tapia (4) y divulgándola incluso entre las fuerzas armadas de Colombia justo antes del estallido social ocurrido en ese país desde abril del 2021.

López Tapia tuvo un enorme minuto de fama luego de la insurrección colombiana, puesto que no sólo suministró argumentos a los represores para no dudar en aplastarla implacablemente, sino que su teoría fue referida en un polémico tuit por el ex presidente Álvaro Uribe. En brevísimos cinco puntos el derechista Uribe resumía la situación y terminaba señalando: “Resistir Revolución Molecular Disipada: impide normalidad, escala y copa”, y pedía fortalecer a las Fuerzas Armadas cuando ya habían asesinado a más de 24 manifestantes. Gracias a la visibilidad así adquirida muchos analistas dentro y fuera de Chile se volcaron a analizar la particular lectura del concepto de “revolución molecular” de Félix Guattari, y la adaptación con el agregado “disipada” que realiza López.

Hay que señalar que en Chile el ex Ministro Mañalich ya había revelado a mediados del 2020 que estaba leyendo a Guattari para entender el estallido social y el control de la pandemia (5). Desde Europa Franco Berardi, que conoció bien a Guattari y su obra, destruyó de manera fulminante la versión de Uribe y de López (a quien trata de “pobre diablo”):

“La revolución molecular no tiene absolutamente nada que ver con una táctica de combate. Esto no quiere decir que Félix Guattari estuviera desinteresado del combate y la táctica, pero el concepto de revolución molecular se refiere justamente a lo contrario de la táctica. Cuando se habla de revolución molecular, se habla, de hecho, de un proceso que no puede estar dirigido ni programado, ya que no es un efecto de la voluntad racional, sino justamente una expresión del Inconsciente, del deseo que no tiene nada que ver con las formas políticas establecidas ni con la astucia de algún marxista oculto en algún sitio en el bosque” (6).

Posteriormente se supo que la teoría de López gozó también de mucha popularidad en la Inteligencia de Carabineros. Un reportaje de Victor Herrero en Interferencia señala que a fines del 2019 Luigi Lopresti, jefe de la DIPOLCAR, “insistía en que la explicación de todo lo que estaba ocurriendo en las calles y plazas del país encontraba una respuesta coherente en una teoría del neonazi chileno Alexis López Tapia”, y que “durante varias semanas de fines de 2019 e inicios de 2020, Lopresti ordenó poner las cerca de 15 láminas del PPT que resumía la teoría de López en una pared de las oficinas de la Dipolcar” (7). El documento en cuestión, titulado “Crónica del octubre rojo” vino a conocerse recién a fines de septiembre de 2022, cuando los hacktivistas de Guacamaya liberaron miles de documentos y correos electrónicos del Estado Mayor Conjunto de la Defensa de Chile. Adjunto a un correo cuyo mensaje decía “Perro imprime esto para el teniente porfa” (sic) se encuentra un texto de 36 páginas firmado por López el 8 de noviembre de 2019, anunciando una segunda parte en desarrollo. Lo más llamativo es que además de una cronología de los hechos que llevaron “de la evasión a la insurrección” se interpolan análisis que atribuyen la responsabilidad de estos hechos al filósofo francés Gilles Deleuze (fallecido en 1995), el grupo Tiqqun/Comité Invisible, algunos chavistas venezolanos, el anarquismo insurreccionalista y los ecoextremistas. La Revolución Molecular Disipada sería un “modelo insurreccional” que avanza a través de las fases de Escalamiento, Copamiento y Saturación. Los grafitis en las paredes son en realidad “órdenes de combate” para una “acción revolucionaria horizontal”, y para estos estrategas “es imprescindible que ocurran violaciones a los DDHH”, las que deben ser alegadas para debilitar la “autoridad moral del Estado para imponer el orden” e inhibir el “pleno uso de sus capacidades materiales” por parte de las fuerzas de orden y seguridad” (8). Esta “teoría” es bastante práctica y revela una vez más la profunda simbiosis entre fascistas y aparatos represivos: en Colombia estos últimos no se “inhibieron”, resultando más de 42 civiles muertos (9).



NOTAS al pie:

 1.- Aunque la expresión “ur” designa, más que la eternidad, el estado original o primitivo de un fenómeno u objeto.

 2.- Enzo Traverso, “Postfascismo. Fascismo como concepto transhistórico”. Viento Sur, 3 de diciembre de 2019.

3.- Ibid.

4.- Que ya no se define como nacional-socialista sino que como socialista-nacional, lo cual es equivalente de a que uno diga que no es anarcocomunista sino que comunista anárquico. Cabe destacar que hacia 1993 Hans Magnus Enzensberger había hablado de la “guerra civil molecular” como un nuevo tipo de conflicto que empezaría a darse en las metrópolis.

5.- Así, fuera de los papers científicos, por estos días el doctor busca respuestas en el libro La revolución molecular, del fallecido filósofo y psicoanalista francés Félix Guattari. Allí, en los 70, por primera vez se plantea que las revoluciones venideras no serán con líderes a la cabeza, o en dos bandos como se planteó la Guerra Fría, sino que, desde las bases, distintos colectivos, y a raíz del malestar cotidiano. Quizás, allí -sostiene Mañalich- pudiera estar una de las claves para el éxito del manejo de la pandemia”. En: https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/manalich-sus-dias-mas-grises-en-la-pandemia/2CWTM4K2BBDRRHJDUG2NLI7DSU/   

6.- Franco Berardi, ¡VIVA LA REVUELTA ANTI-FINA(N)ZISTA DE LXS COLOMBIANXS! Pero esto no tiene mucho que ver con la revolución molecular. Lobo Suelto, 16 de mayo de 2021.

7.- https://interferencia.cl/articulos/la-silenciosa-estrategia-del-general-lopresti-jefe-de-la-dipolcar-para-socavar-al-gobierno

8.- Alexis López Tapia, Crónica del octubre rojo, 2019.

9.-https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Fallecidos_durante_las_protestas_en_Colombia_de_2021

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viernes, octubre 21, 2022

Domingo 23 en Villa Olímpica : lanzamiento del libro "Reporte de una insurrección", de Evade Chile.  

 


Título: EVADE CHILE 2019 # Reporte de una insurrección

Precio de venta: $12.000

Número de páginas: 410

Tamaño: 21x15cms

Contenidos:

Introducciones a la edición
- Introducción de Evade Chile
- La dialéctica en suspenso. A tres años del «estallido social» (Julio Cortés Morales)
- Retorno a la vida (Raoul Vaneigem)

Reporte
- La batalla de Santiago
- [Primer comunicado] El derecho de vivir no se mendiga, ¡se toma!
- [Segundo comunicado] ¡Evade todo!
- [Tercer comunicado] El momento decisivo: ¡Hermanxs, tenemos derecho a la autodefensa!
- [Cuarto comunicado] Aviso de utilidad pública: A propósito de la agonía del viejo mundo
- Carta abierta a Jorge González
- Primera carta
- [Quinto comunicado] ¿Es posible salir de la espiral de la violencia?
- [Sexto comunicado] Cómo (no) organizarse si lo que se busca es subvertir la lógica mercantil y patriarcal del dinero
- [Séptimo comunicado] Hoy todo es posible
- [Octavo comunicado] ¡La resistencia es vida!
- [Noveno comunicado] ¡Nos quieren dar lecciones!
- Segunda carta
- [Décimo comunicado] Sabemos que el cambio no está en La Moneda…
- [Onceavo comunicado] Llamamiento de una liceana
- El baile de lxs que sobran
- Tercera carta
- Todo comienza aquí y ahora
- Unidad y diferencias en las insurrecciones de Francia y Chile
- [Doceavo comunicado] No escucharemos más sermones
- [Treceavo comunicado] ¡El norte de Chile aún resiste!
- Cuarta carta
- Quinta carta
- [Catorceavo comunicado] El cambio no está en las urnas
- Hacia la Comuna
- Sexta carta
- ¡La pandemia no detendrá la revuelta!
- Coronavirus: Reporte de Chile
- Coronavirus: Reporte de Francia
- Séptima carta
- Octava carta
- Pueblos del mundo, ¡un esfuerzo más!
- Novena carta
- La batalla del 10%


ENTONCES QUEDAN TODXS INVITADXS  este domingo a las 17:30 en la Junta de Vecinos de Villa Olímpica, Sócrates 1237. Comentarios de Julio Cortés y Rodrigo Karmy. Set de saxofón solista a cargo de Edén Carrasco.



Los dejó con el capítulo inicial del comentario de JC:

El estallido en la literatura

“Toda revuelta va a pérdida, que sin embargo asumimos con la felicidad de quien ha conquistado el último abrazo en la historia” (Rodrigo Karmy, Asalto).

“No hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie. Y así como en sí mismo no está libre de barbarie, tampoco lo está el proceso de la transmisión por el que ha pasado de unas manos a otras. Por eso el materialista histórico se distancia de él tanto como le sea posible. Considera como tarea suya pasarle a la historia el cepillo a contrapelo” (Walter Benjamin, Sobre el concepto de historia).

Cuando estalló la insurrección de octubre en Chile nadie estaba muy preocupado de como etiquetar o clasificar lo que casi de inmediato demostró ser el acontecimiento histórico de nuestras vidas, a excepción de algunos columnistas y redactores de noticias que se preguntaban si la evasión masiva se ajustaba o no a las definiciones que ellos manejaban acerca de la “desobediencia civil”. Así, el mismo viernes 18 hacia las dos de la tarde una periodista de El Mercurio se preguntaba “¿Qué es ‘desobediencia civil’? El concepto de Thoreau al que algunos aluden por evasiones masivas en el metro” (1). Dos días antes el entonces diputado y actual presidente Gabriel Boric decía por tuiter que “Todo acto de desobediencia civil es rechazado por quienes no quieren que las cosas cambien. La evasión masiva no se soluciona reprimiendo sino enfrentando el problema de fondo: el alto costo de la vida, bajos salarios para la mayoría de chilenos y chilenas, y la desigualdad” (2). El 26 de octubre el tema es analizado por Paula Luengo en CIPER (3), y un día después desde El Mostrador el pionero del socialismo renovado Gonzalo Martner nos enseñaba que “La desobediencia civil es necesaria” (4).

La suspensión o interrupción del tiempo histórico que se produce en cada revuelta de estas magnitudes hacía bastante innecesario, e incluso inútil, gastar energías en esos ejercicios clasificatorios, cuando lo que había que decidir cada día y a cada instante era dónde y cómo tomar las calles, desafiando entre todos la acción de tanques militares, blindados policiales, y la tormenta de gases lacrimógenos y perdigones que se lanzaban contra el cuerpo colectivo que se arrojaba “sin miedo” a  conquistar terreno en todas las ciudades, y que era castigado por eso mediante una estrategia de agresiones y mutilación masiva.

Tres años después, cuando la nueva normalidad se impuso y nuestros propios recuerdos a veces se debilitan o parecen fallarnos, todavía muchos nos preguntamos que fue exactamente lo que pasó. Es más, en las librerías hay estanterías especializadas en libros sobre el “estallido social”, desde muy distintas posiciones y puntos de vista, casi todas ellas totalmente ajenas a lo que fue el cuerpo mismo que se desplegó y accionó produciendo la revuelta.

Sería interesante hacer un listado detallado de este tipo de producción literaria, y audiovisual (pues también hay varios libros y trabajos sobre la gráfica, los mensajes y las “performances” que se realizaron durante esas jornadas revolucionarias, que por supuesto implicaban toda una revolución estética).

En un extremo tenemos muchos libros que se han promovido y distribuido como best sellers, con las reflexiones vertidas al papel de destacados intelectuales orgánicos del partido del orden como el abogado mercuriano Carlos Peña (5), el sociólogo del exitoso programa “La cosa nostra” Alberto Mayol (hijo del periodista Manfredo, colaborador de la dictadura y miembro fundador de la UDI) (6), el columnista de La Tercera y periodista Daniel Matamala (7), el convencional constituyente “socialista” Jorge Baradit (8) -fan del escritor nacional-socialista Miguel Serrano- o el filósofo “telúrico” Héctor Herrera (9).

Poco más abajo nos encontramos la obra de figuras menores o más recientes del espectáculo local, como las producciones de la filósofa porteña Lucy Oporto (10), del arquitecto y urbanista -un crimen por partida doble- Iván Poduje (hijo de Miguel Ángel, ministro de la dictadura) (11) y las abundantes deposiciones de la inefable dupla de estudiosos de la sociedad Mansuy & Ortúzar (12). Todos estos libros han tenido tanta exposición y son tan famosos que casi no merecen una referencia más detallada.

Además, existen múltiples trabajos de un sinfín de opinólogos, periodistas policiales y periodistas/policías, pero también de varios especialistas desde disciplinas como la Filosofía (13), la Sociología (14), la Historia (15) y la Antropología (16), además del Derecho y las Ciencias Políticas, y unos pocos trabajos que se abordan desde una perspectiva interdisciplinaria, entre los que cabe destacar Hilos tensados. Para leer el Octubre chileno, editado por Kathya Araujo (17), el especial Revueltas en Chile de Revista Pléyade (18), el volumen colectivo en sobre Violencias y contraviolencias. Vivencias y reflexiones sobre la revuelta de octubre en Chile, coordinado por Raúl Zarzuri (19) o Contribuciones en torno a la revuelta popular (Chile 2019-2020), compilado por Ignacio Abarca (20=. Le Monde Diplomatique publicó en julio del 2022 el libro Insurrección Popular; Convención Constitucional y triunfo de Gabriel Boric. Un análisis social, histórico, político y económico a Chile (2019-2022), editado por Nicol A. Barria-Asenjo, con textos de diversos autores, incluyendo a Slavoj Zizek (21).

También existen numerosos informes desde el punto de vista de las masivas violaciones de derechos humanos que se produjeron en ese período (22), y trabajos que se centran en desnudar ciertos aspectos del trabajo del aparato represivo durante el estallido, como el libro Los intramarchas de Josefa Barraza (23), sobre la labor de los agentes encubiertos e infiltrados de Carabineros.

En cuanto a libros que analizan el estallido chileno y la revuelta como acontecimiento, desde una posición crítica radical, destacaría los de Rodrigo Karmy El porvenir se hereda. Fragmentos de un Chile sublevado (24) e Intifada. Una topología de la imaginación popular (25),  y el de Sergio Villalobos-Ruminott titulado Asedios al fascismo. Del gobierno neoliberal a la revuelta popular (26).

Mención especial merecen artefactos literarios abiertamente reaccionarios como el libro Nuestro octubre rojo. Orígenes de un estallido social (Varios Autores (27)) o el voluminoso dossier La insurrección chilena desde la mirada de la Fundación Jaime Guzmán, editada a seis meses del estallido. Pocos meses después la misma Fundación publicó unas Aproximaciones al anarquismo y su aplicación en el escenario chileno, donde quedaba claro que sacaban sus propias lecciones del acontecimiento Octubre cuando hacían notar que “…el escenario político chileno es mucho más complejo de lo que se observa en la escena institucional. Por eso, no se debe analizar solo lo que sucede en la política formal o partidaria (de tipo vertical). Pues, en las bases sociales se han erigido una gran cantidad de agrupaciones que hacen política desde una perspectiva horizontal. Ejemplo de ello son aquellos que se organizan bajo el modelo de asambleas, sin jerarquías ni líderes” (28).

Otros artefactos se han dedicado a documentar los afiches, stencils, murales y la impresionante proliferación de consignas y mensajes en las paredes durante la revuelta, desde los más mercantilizados libros con fotos a todo color, partiendo por Hasta que valga la pena vivir (29) de Echeverría, Rebolledo y Tótoro o el libro Alienígenas. El estallido social en los muros, coordinado por Julio Pasten y Darío Quiroga (socio de Alberto Mayol y Mirko Macari en “La Cosa Nostra”), que incluye fotos de 200 consignas escritas en un cierto perímetro del epicentro de la revuelta en Santiago más comentarios de una fina selección de socialdemócratas (30), a impresiones mucho más artesanales y al alcance del bolsillo popular/proletario, centradas también en el registro de los textos y gráficas hallados en los muros. Entre esos dos extremos podemos destacar el libro Rabia dulce de furiosos corazones. Símbolos, íconos, rayados y otros elementos de la revuelta chilena (31) y Hablan los muros. Grafitis de la rebelión social de octubre del 2019, de Raúl Molina (32). Este último explica al inicio del libro que cuando vio las murallas el lunes 21 de octubre, tras tres días de revuelta, recordó mayo del 68 y entendió la urgencia de colectar las frases escritas, pues “representan el sentir de la gente y entregan las claves para comprender la rebelión social que ha eclosionado”.

En efecto, apenas se veían las paredes en esos días resaltaba este aspecto “gráfico” de la revuelta chilena, que rememoraba a la francesa de mayo/junio del 68, que por lo que recuerdo de los años ochenta se conocía más por los libros de “frases” que por algún relato o análisis más directo del acontecimiento desencadenado en la primavera de ese agitado año.   Uno de los soportes más interesantes que sobre este aspecto de la revuelta se crearon y aún existe, es https://www.laciudadcomotexto.cl/, un proyecto de Carola Ureta donde es posible recorrer los muros de la Alameda Bernardo O´Higgins durante los 2,4 kilómetros que separan la Plaza de la Dignidad del palacio de La Moneda -bombardeado desde aviones Hawker Hunter en 1973 y posteriormente reconstruido como una réplica exacta-, tal como fueron registrados durante el día 36 de la revuelta.

En el otro extremo de la actividad literaria, tenemos los numerosos periódicos, libros y folletos autoeditados en cantidades más bien modestas por pequeñas iniciativas editoriales del medio autogestionado y subterráneo, que contra viento y marea logran mantener un cierto nivel de presencia en las calles, posibilitando así un mínimo de circulación de ideas, materiales y proyectos antagonistas. Es decir, la “literatura subversiva” que es aludida como delito en el artículo 4 de la Ley de Seguridad del Estado, que en su letra f) sanciona a “Los que propaguen o fomenten, de palabra o por escrito o por cualquier otro medio, doctrinas que tiendan a destruir o alterar por la violencia el orden social o la forma republicana y democrática de Gobierno”, actividad que en su momento fuera calificada como “editorialismo combativo” por parte de un director de la Agencia Nacional de Inteligencia que disertaba sobre “anarquismo insurreccionalista” ante una comisión de Diputados de la República (33).

En especial recuerdo que, a escasas dos semanas desde el inicio de la insurrección, se repartió masivamente durante un masivo y algo accidentado concierto punk al aire libre en el Parque de los Reyes un ejemplar de El sol ácrata en que se incluían relatos en primera persona de cómo se inició la revuelta en distintas ciudades: Calama, La Serena, Punta Arenas, Concepción y Santiago (34). Al leer en detalle este número especial de El sol ácrata era notoria la evidente diferencia cualitativa entre la experiencia de acceder a estos materiales generados al calor de la revuelta misma y la del resto de la literatura especializada a que sabía que en pocas semanas, meses y años iba a proliferar. 

Lo mismo sentí al toparme después con materiales impresos en que otros sectores del “bloque negro” -el sector difuso y minoritario pero omnipresente que había apostado desde siempre por la “insurrección generalizada” o “revuelta permanente”- habían agrupado diversos escritos, análisis e intervenciones, como es el caso de la llamada corriente comunista radical en el libro Marx y Bakunin están de vuelta (35) y del anarquismo insurreccionalista/informal en La catástrofe es que todo siga igual (36). Cabe destacar también el texto Tiempos mejores. Tesis provisionales sobre la revuelta de octubre de 2019, difundido ya a mediados de noviembre por el Círculo de Comunistas Esotéricos (37), y los diversos panfletos, comunicados y cartas difundidos en terreno por Evade Chile, los autores de este Reporte. Mal que mal, a ninguno de estos grupos el estallido los tomó totalmente por sorpresa, pues lo venían anunciando y anticipando desde hace mucho tiempo (38), aunque como ellos mismos han declarado, no por haber tenido todas esas intuiciones y deseos de revuelta estaban preparados para experimentar algo de la magnitud que tuvo ese inolvidable mes de octubre. 

Esa misma diferencia cualitativa entre los materiales sobre la revuelta y los que surgieron desde ella misma, considerando las densas capas de olvido y mistificación que a lo largo de tres años se han ido vertiendo sobre lo que en realidad pasó en esas irrepetibles semanas y meses de la primavera 2019, es lo que hace tan valioso este “Reporte” que tienes en tus manos, que funciona como una especie de Almanaque o Diario de la revuelta chilena, posible de ser abordado en orden o al azar, cada vez que sientas que quieres y puedes sumergirte de nuevo en la experiencia de esos días de revuelta en que nadie estaba solo porque todos nos podíamos fundir colectivamente en ese momento en que “la imaginación popular inunda las calles, rebalsa los cuerpos, lazos inéditos nutren de erotismo y se inventan nuevas prácticas que abren otros e improvisados caminos” (39).

Mediante esta inmersión profunda en la experiencia día a día de esos meses de insurrección, este Reporte nos invita a refrescar y ordenar nuestras propias vivencias para así desarrollar nuestros propios análisis individuales y colectivos sobre los “Resultados y perspectivas” de todo este largo proceso, tal como el título que se le dio a  los balances que algunos revolucionarios del siglo XX hacían sobre los episodios más álgidos de la lucha de clases -como Trotsky después de la revolución rusa de 1905 (40)-, y cuya elaboración como ejercicio de balance colectivo constituye la única manera de mantenerse a flote sin perder la brújula en la actual marea contrarrevolucionaria local y global. Dos buenos intentos de balance han sido Un largo octubre. Notas y apuntes sobre lo que abre y cierra octubre de 2019 en Chile, editado en octubre de 2020 por el Círculo de Comunistas Esotéricos (41), y Revuelta en la región chilena: un balance histórico-crítico de Pablo Jiménez C. (42)

Para presentar este valioso libro, documento de cultura y de barbarie, señalaré algunas cosas que su lectura me hizo evocar, compartiendo entremedio de la avalancha de recuerdos algunas reflexiones individuales y colectivas sobre el proceso mismo y sus efectos hasta ahora. Creo que con eso soy fiel al espíritu de “haga su propio reporte” que destilan estas páginas, en la búsqueda de mantener una memoria colectiva del acontecimiento Octubre, que nos sirva como antídoto para los intentos de recuperación/neutralización de la memoria, y para darnos fuerza en las luchas que vienen.

NOTAS:

[5] Pensar el malestar. La crisis de octubre y la cuestión constitucional.

[6] Big Bang. Estallido social 2019.

[7] La ciudad de la furia.

[8] Rebelión.

[9] Octubre en Chile: Acontecimiento y comprensión política: hacia un republicanismo popular.

[10] He aquí el lugar en que debes armarte de fortaleza (Agotado).

[11] Siete Kabezas. Crónica urbana del estallido social (Agotado).

[12] Del primero podemos citar la reedición de Nos fuimos quedando en silencio, y del segundo El estallido chileno y El precio de la noche. Diálogo imaginario sobre la tiranía.

[13] Evadir. La filosofía piensa la revuelta de octubre de 2019, Libros del Amanecer, 2020. Este volumen editado por Cristóbal Balbontín reúne los trabajos de 57 filósofos y académicos de universidades chilenas.

[14] La Revista de Sociología de la Universidad de Chile dedicó su Vol. 35 Núm. 1 (2020) al Dossier: Teoría política para una época de incertidumbre.

[15] Por ejemplo: Varios Autores, Chile Despertó. Lecturas desde la Historia del estallido social en Chile, Universidad de Chile, 2019.

[17] USACH, 2019. Este volumen reúne los trabajos de 21 expertos en diversas ciencias sociales.

[18] Pléyade. Revista de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad de Chile, 2020.

[19] LOM, 2022.

[20] Kurü Trewa, 2020.

[22] Destacan los informes del Instituto Nacional de Derechos Humanos, Human Rights Watch, Amnistía Internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos.

[23] LOM, 2022.

[24] Sangría, 2020. Publicado en inglés por Errant Bodies Press, 2022, en traducción de Sebastián Jatz Rawicz.

[25] Metales Pesados, 2021.

[26] DobleA, 2021.

[27] El Líbero, 2020.

[28] FJG, Ideas & Propuestas N° 302, 29 de julio de 2020. Disponible en: https://www.fjguzman.cl/wp-content/uploads/2020/07/IP_302_anarquismo.pdf

[29] Publicado por Ceibo en diciembre de 2019, justo a tiempo para ser usado como regalo de Navidad, y rápidamente pirateado y distribuido en la cuneta.

[30] Editorial Ocho libros, 2021, que lo promociona como: “Bello libro de gran formato, con más de 200 fotografías de los rayados callejeros del Estallido Social, y un profundo análisis social y del discurso detrás de la narrativa de esta época a cargo de Darío Quiroga y Julio Pasten. Incluye textos breves a cargo de 16 autores para ampliar esta suerte de polifonía de miradas respecto a la intensidad del 18 de octubre”.

[31] Tempestades, 2020.

[32] LOM 2020. Los tres libros de LOM que hemos referido forman parte de la Colección 18 Oct, que ya lleva 15 títulos.

[33] Ver los extractos de la declaración de Gonzalo Yusseff ante la comisión especial investigadora del “Caso Bombas”, en la sección “Contracriminalística y chanchología aplicada” de Revolución hasta el fin N° 0, año 1, 2014, págs. 15-20. Disponible en: https://www.yumpu.com/es/document/view/24445650/revolucion-hasta-el-fin-01-

[34] El sol ácrata, Año VIII/Segunda época/N°5/ octubre de 2019, 1000 copias de circulación gratuita. Disponible en: https://periodicoelsolacrata.files.wordpress.com/2019/10/el-sol-acc81crata-octubre-revuelta-de-2019.pdf

[35] Pensamiento y Batalla/Vamos hacia la vida, 2021.

[36] Memoria Negra, 2021.

[37] Incluido en Marx y Bakunin están de vuelta.

[39] Rodrigo Karmy, “Momento destituyente”, El Desconcierto, 26 de octubre de 2019. Incluido en El porvenir se hereda: fragmentos de un Chile sublevado (Sangría, 2019).

[40] Toda historia merece ser contada: El volumen 1 de León Trotsky, 1905-Resultados y perspectivas, fue publicado en Chile durante los mil días de la Unidad Popular como segunda parte de la Colección Épocas Revolucionarias de una “Biblioteca de Educación Política”, cuya primera entrega fue un texto de Lenin sobre 1905. La tercera entrega de la Colección, que iba a ser el vol. 2 de los “Resultados y perspectiva”, no alcanzó a materializarse, pues antes sobrevino el golpe militar de septiembre de 1973.


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