miércoles, noviembre 14, 2012
Sabotage a Black Sabat
Me resultó chocante ver hoy en la Cuarta al viejo fascista
del alcalde de Ñuñoa presentado como BLACK SABAT. Amo a Black Sabbath y ninguna
banda se merece un trato tan degradante como ese.
Por esa razón, se merecen un homenaje.
En esta ocasión, discutiré conmigo mismo acerca de sus dos últimos
álbums clásicos: Sabbath Bloody Sabbath (1973) y Sabotage (1975).
Los cuatro albums previos (Black Sabbath, Paranoid, Master
of Reality y Vol. 4) son todas indiscutibles obras maestras que ningún ser
humano razonable se atrevería a cuestionar, por eso es que la discusión se
torna interesante cuando vamos al álbum 5 y 6to respectivamente, dado que son
en más de un sentido menos “perfectos” o “redondos”, y además de la madurez de
la banda ya denotan cierto cansancio y luchas de egos (en este sentido, la
dinámica de los microorganismos llamados “bandas de rock” es similar a la de
las sectas de ultraizquierda).
A nivel de la “crítica de la economía política” aplicada al
rock and roll, es ilustrativo señalar que si para el primer álbum gastaron muy
poca plata y pocos días de grabación, obteniendo un resultado macizo y
revolucionario que hasta el día de hoy se levanta como un hito en el camino del
metal pesado, hacia mediados de los 70 ya ganaban harta plata y eso se reflejaba
en algo que en el rock termina por ser siempre un obstáculo: demasiado dinero y
tiempo para gastar en el estudio, con lo cual siempre se termina por ceder a
excesos como coros, músicos invitados (incluido el pajero tecladista de yes
conocido como Rick Wakeman!!!!, mercenario que en su momento tocó hasta con Lou
Reed, mercenario que as u vez grabó hace poco un disco con Metallica que
todavía no me digo a escuchar…) y poca claridad respecto a lo que se quiere hacer. A casi todas las bandas les ha pasado eso cuando han disfrutado de cierto éxito, y por eso es que en general se puede decir que a mayor éxito = mayor decadencia.
Ahora, debo confesar que el tema más pretencioso de Sabotage,
“Supertzar”, tras acostumbrarse uno a la idea de que BS suene tan pretenciosamente orquestal llega a resultar original y
agradable, y por algunos videos que he visto (por ejemplo, la gira del Never say
die) resultaba útil como telón de fondo mientras los Fab Four se preparaban
para entregar su densidad lenta y real acostumbrada. En ese mismo video se
puede apreciar como el cabrón de Iommi reservaba para sí mismo el espacio
central del escenario, relegando a Ozzy al costado a su izquierda (importante
en su caso, dado que es uno de los guitarristas zurdos más famosos de la
historia, además del detalle “working class” de la falta de dos dedos de la mano
derecha por un accidente proletario en una fábrica: tal vez es uno de los casos
más asombrosos de cómo un defecto se convierte en virtud y sonido propio).
Pero lo que me a mi juicio engrandece a Sabotage es
sencillamente la presencia del mejor riff de la historia: el de la tremenda
canción “Symptom of the universe”.
Cuando tenía como 13 años accedí a esta joya de tema en una versión algo extraña: el doble vinilo de Ozzy interpretando temas de Black Sabbath con su banda, llamado “Speak of the devil”. Es obvio que cualquier ser humano hubiera preferido escuchar primero a BS mismo, pero así fue la cosa: Ozzy era una estrella en esos años, como solista, y lo mismo pasó poquito después con su primer reemplazante en BS, el gran Ronnie James Dio (QEPD). Por eso es que acceder a sus discos era relativamente fácil, no así con discos de Black Sabbath. Apenas escuché el riffage de esa canción, que es la que da inicio al álbum, comprendí que nunca sería superado, y que claramente era mejor que otros riffs famosos de la historia como por ejemplo “Smoke on the water” o “Burn” de Deep Purple.
Poco después de eso un compañero de liceo que se había comprado en la zona franca el “Vol. 4” en cassette me lo prestó alegando que no le había gustado…apenas lo puse y empezó “Wheels of confusion” comprendí que Ozzy era una sombra de su pasado setentero mucho más intenso, original y emocionante…aunque hasta el día de hoy me emociono si escucho “Crazy Train”…en, fin….el primer amor nunca se olvida.
Cuando tenía como 13 años accedí a esta joya de tema en una versión algo extraña: el doble vinilo de Ozzy interpretando temas de Black Sabbath con su banda, llamado “Speak of the devil”. Es obvio que cualquier ser humano hubiera preferido escuchar primero a BS mismo, pero así fue la cosa: Ozzy era una estrella en esos años, como solista, y lo mismo pasó poquito después con su primer reemplazante en BS, el gran Ronnie James Dio (QEPD). Por eso es que acceder a sus discos era relativamente fácil, no así con discos de Black Sabbath. Apenas escuché el riffage de esa canción, que es la que da inicio al álbum, comprendí que nunca sería superado, y que claramente era mejor que otros riffs famosos de la historia como por ejemplo “Smoke on the water” o “Burn” de Deep Purple.
Poco después de eso un compañero de liceo que se había comprado en la zona franca el “Vol. 4” en cassette me lo prestó alegando que no le había gustado…apenas lo puse y empezó “Wheels of confusion” comprendí que Ozzy era una sombra de su pasado setentero mucho más intenso, original y emocionante…aunque hasta el día de hoy me emociono si escucho “Crazy Train”…en, fin….el primer amor nunca se olvida.
EL S.B.S. es un tremendo álbum también, y creo que una de
las mejores canciones de BS es precisamente la homónima, que da inicio a este
álbum. Pero como tema más significativo escojo el segundo, “A national acrobat”,
que llega a ser una especie de obra maestra en cuanto al sonido “doom” de la
banda, y que se resuelve al final de sus 6 minutos en un curioso desarrollo
instrumental que si la memoria no me traiciona fue a su vez homenajeado
mediante una cita por los Melvins en uno de sus albums iniciales que ahora no
podría identificar (Ozma? Gluey porch treatments?....no sabría decir…tarea para
la casa).
En conclusión: ningún álbum supera al otro. Son parecidos
pero distintos. Si estuviera aún en los 80 pondría uno en cada lado de una
cassette de 90 minutos y saldría en bicicleta con un personal estéreo a soñar
con la revolución proletaria mundial y fantasear con la belleza femenina que tanto en esa década
como en las tres que han seguido insiste en iluminar el planeta por donde se le
mire. Vuelta y vuelta. Una y otra vez.
Etiquetas: heavy metal
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