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miércoles, febrero 04, 2026

ADORACIÓN DE THIN LIZZY (1970-1983) 

 


Llevaba varios meses queriendo escribir una apología absoluta de Thin Lizzy, por considerar que fue la última gran banda de rock and roll, y porque a pesar de la fama que logró alcanzar hacia fines de los 70, sus aventuras y legado parecen haber sido olvidados en un mundo que celebra a bandas de mierda como Oasis, Coldplay o Green Day.

En mi caso, durante años tuve un solo disco de Lizzy: el clasicazo indiscutido que es Jailbreak, de 1976. Pero lo veía básicamente como un excelente disco de rock pesado. En los últimos años de Liceo (1986/7) había escuchado el Renegade (de 1981), del cual por alguna razón sólo recordaba la canción “Mexican blood”, con sus latinismos un poco ingenuos pero efectivos. Un par de años atrás agregué a mi colección el doble en vivo Live and Dangerous (1978), considerado por muchos uno de los mejores álbums de rock en vivo, pero que al parecer tiene el mismo problema que el Unleashed in the East que por esos mismos años pretendía mostrar a Judas Priest desatándose en vivo en Japón: demasiados retoques que impedirían considerarlos en rigor como registros en vivo. Pero qué importa: ¿quien es uno para criticar a estas máquinas rockeras por tener que enchular un poquito las grabaciones en vivo?. No todo es Free Improv o prog rock, y en el heavy metal y otros estilos del rock es perfectamente válida y deseable la fantasía.

Como sea, fue cuando me traje a casa el Fighting de 1975 cuando me empecé a dar cuenta del verdadero poder y belleza de la banda. En especial por la canción “Wild one”, que contiene tanto belleza poética en la letra e interpretación vocal, como una de las primeras y mejores exhibiciones de la técnica de la “twin guitar”, que ya había sido explorada por los Allman Borthers en EEUU, pero que a mi juicio nadie llevó a mayor perfección expresiva que Thin Lizzy a contar de este disco. En palabras sencillas, la twin guitar consiste en que en vez de haber una separación clara entre una guitarra rítmica y una guitarra solista, ambos roles se van intercalando y además, por sobre todo, en la práctica del solo simultáneo, donde hay una cierta diferencia o intervalo que genera un efecto a la vez melódico y armónico. “Wild One” en ese disco, y “Waiting for an Alibi” en el tremendo álbum Black Rose de 1979 son dos de los mejores ejemplos de esta técnica, según yo. Con el agregado nada menor de que en Black Rose se había incorporado establemente por un tiempo a la banda el viejo amigo Gary Moore (aludido en algunas canciones como Romeo): tremendo guitarrista que en estas canciones muestra una veta bastante fiera, que sería difícil de creer para quienes lo conocen por su megahit multimillonario “Still got the blues”.  

Llegado a ese punto, me dediqué lento pero seguro a conseguir y apreciar TODA la discografía de Thin Lizzy, que consiste en 12 albums de estudio (de 1971 a 1983), dos dobles en vivo, y un sinfín de compilados.

Emilio de Gorgot, hizo una detallada revisión de todos los discos en la página Jot Down, identificando 40 canciones favoritas que además metió a un playlist en Spotify (¡Lo sé! Todos odian a Spotifuck y dan buenos argumentos para boicotear dicha plataforma).

Considerando que esa pega ya está hecha, me concentraré en una revisión más breve de la gloriosa, bella, inusual e inmortal obra de Thin Lizzy, la mejor banda del mundo en este momento.

1970-1973: Los duros inicios y el lento despegue de la banda como power trio


Thin Lizzy se formó a inicios de los setenta, de los restos de otros proyectos de rock irlandés. Siempre se dice que estaban inspirados en bandas como Cream y la Jimi Hendrix Experience, que llevaron a su máxima expresión el arte del power trío.

En el caso de Thin Lizzy, el trío conformado por el guitarrista Eric Bell, Phil Lynott en bajo y voz, más Brian Downey en batería, creo que siempre existió un elemento específicamente irlandés y callejero/pendenciero en su sonido, desde el primer al último disco de su trayectoria de 13 años. Ese sonido que logran los diferencia del montón de imitadores que abundaron a partir de entonces, y por algo fue que un oído generoso y atento como el de John Peel los apoyó desde el primer momento con apariciones en su programa de radio en la BBC.

El nombre de la banda fue propuesto por el colorín Bell, inspirado en el comic Tin Lizzie, aparentemente sobre una mujer robot. A pesar de que el nombre fue considerado malo por los otros dos, se quedó. Por suerte, porque siempre me ha parecido bueno y un poco misterioso.  

Para mi sorpresa, los fans promedio de Lizzy desprecian considerablemente los 3 discos de larga duración que dejó esta primera época. Me he fijado que en Youtube hay varios videos donde distintos fanáticos se dedican a ordenar de peor a mejor los albums de la banda, y por lo general ponen los 3 primeros LPs como sus menos favoritos, argumentando cosas como que esa formación con Bell “no era todavía propiamente Thin Lizzy”, o que “todavía estaban mirando a los sesenta y no a los setenta”, o cosas por el estilo.

A mí, por el contrario, esos 3 discos me gustan harto. El primero, Thin Lizzy (de 1971, mi año de nacimiento, y que conseguí hace poco en una edición Decca japonesa en CD en la Disquería 54 del galpón Victor Manuel en el Persa Biobío. Lo interesante es que andaba justo en búsqueda de ese disco en particular, y ahí me estaba esperando para que me lo trajera a casa) parte con el tema “The friendly ranger at Clontarf castle”, en que hay un relato recitado con un tipo de poesía entre mística e ingenua pero no desprovista de humor, que me recuerda vagamente al Odgens´Nut Gone Flake de los Small Faces, o incluso al Marc Bolan de Tyrannosaurus Rex (y recordé que una vez hace más de un cuarto de siglo me dirigí al mismo Galpón del mismo Persa confiando en que el destino pondría en mis manos algo de Bolan/T.Rex, ¡y así fue!). Las 14 canciones de este álbum debut expresan un lenguaje musical de blues rock pero específicamente irlandés, que me hacen pensar que si la música del señor Van Morrison ha sido catalogada de Celtic blues, Thin Lizzy es desde el primer momento un caso bastante único de celtic rock (no confundir con Celtic Frost, y pido disculpas por el chiste tan malo pero que me da tanta risa). En todo caso, si es por hacer el vínculo black metal, debo señalar que el último tema “Things ain´t working out down at the farm” (Las cosas no están funcionando en la granja), que junto a “Look what the wind blew in” (Mira lo que el viento sopló) fue incluido en las primeras sesiones de la BBC dedicadas a Lizzy, fue también incluido en uno de los numerosos programas de radio del bueno de Fenriz.

Así que es más que raro que un verdadero fan de Lizzy desprecie este disco, hecho en un glorioso año en que llegaron tantas cosas buenas a este mundo.

1972 trajo el segundo álbum, titulado Shades of a Blue Orphanage (Sombras de un orfanato azul, aunque acá “blue” es más “triste” que azul), también en Decca. La colección de 7 canciones acá es más etérea e incluso experimental que el debut, con canciones largas, percusivas y bastante atípicas, con nombres como “The rise and dear demise of the funky nomadic tribes”. Me cuesta creer que algunos pelmazos no aprecian la originalidad y belleza de este material, que sólo era posible en 1972, es decir, cuatro años después de la revuelta global de 1968 y un año antes de la gran contrarrevolución mundial neoliberal. Mi edición en CD viene engrosada por 9 canciones más, incluyendo el curioso single en cuyo lado A venía “Black boys in the corner”, pero traía el primer gran hit de la banda en el lado B: su hermosa versión del tema tradicional irlandés “Whiskey in the jar”, la historia de un bandolero borracho traicionado por su mujer, con una memorable línea de guitarra y la destacable interpretación vocal del mulato Phil, la última gran estrella del rock and roll.

Pese a que la canción estuvo varias semanas en los rankings, el álbum no vendió ni mierda, y los miembros de la banda tuvieron que ganarse los morlacos haciendo un álbum tributo a Deep Purple, bajo el nombre de Funky Junction Play. El resultado es bien curioso, y está en Youtube. El problema es que apenas puedo disfrutar las canciones de Deep Purple.  

En 1973 realizan otro gran fracaso musical para Decca records, el álbum Vagabonds of the Western World, tal vez mi más apreciado dentro de esta verdadera trilogía del fracaso. El sonido es un poco más pesado, como en la clásica “The rocker” o “Gonna creep up on you”, pero al mismo tiempo hay hermosas baladas y un delicado uso de melodías vocales, como en “Little girl in Bloom”. Mi CD también incluye el single Whisky/Black boys,  pero ya estoy medio confundido en relación a cual era el listado de canciones original. No me importa. Con sus 57:19 de música, este álbum me parece casi perfecto.

1974-1977: Thin Lizzy como cuarteto y, finalmente, el más que merecido éxito



En 1974 aparece en Phonogram el álbum Nightlife, que marca una evolución importantísima: a partir de ahí y hasta el final la banda será un cuarteto, con dos guitarras. La salida de Bell es suplida por el ataque dual de Scott Gorham y Brian “Robbo” Robertson. Mientras Gorham -un sonriente californiano de pelo largo y liso que había llegado al viejo continente huyendo de la adicción a la heroína- permanece hasta el fin, después de Robbo, que llega a Lizzy con 17 años de edad y un carácter bastante fogoso, pasan al menos tres acompañantes más, como veremos más adelante.

Lo llamativo es que el álbum Vida Nocturna no se caracteriza por la pesadez ni por solos en estilo twin guitar. Por el contrario, es uno de los álbums más suaves de Thin Lizzy. Con la excepción de “Sha-La-La”, que algunos han calificado de proto-speed metal, el estilo de esta colección de canciones es algo así como un tipo de soul, pero con instrumentación rockera. De hecho, en temas como el propio “Night Life”, “Frankie Carroll” y “Dear heart” hay una orquesta que matiza y suaviza aún más el resultado, que a mi me parece totalmente encantador. Coincido con Stephen Thomas Erlewine que en allmusic dice que lo de “vida nocturna” no se refiere a carretear de noche por las calles o bares de la ciudad, a pesar de la portada en que se ve a una pantera negra que se parece mucho a mi gato Albert Panterito acechando los edificios y autopistas de la gran ciudad, sino que más bien a un momento nocturno íntimo, sea en solitario o en pareja, porque “tiene momentos ideales para la contemplación y/o la seducción”. O como dijo Leonard Cohen en la isla de Wight anunciando ya no recuerdo que canción de su maravilloso álbum debut: “esta es música para hacer el amor”. Y sí: no es por cursilería que acá cabe decir “hacer el amor” en vez de “culear”.

En fin, este disco está lleno de grandes canciones desde el inicio con “She knows” y una impecable alternancia de solos de guitarra, la balada “Still in love with you”, donde aparece de invitado el amigo Gary “Romeo” Moore haciendo un solo, el hermoso homenaje a la madre de Philip, “Philomena”, el rock pesado muscular pero para nada rápido de “It´s only money”, la suavidad sensual y pegajosa de “Showdown”, o el delicado y breve folk blues instrumental de “Banshee”, que anticipan de algún modo el rumbo de lo que estaba por venir.

Pero Vida Nocturna fue un nuevo gran fracaso comercial. Emilio de Gorgot dice que este disco se grabó con apuro, y por eso hay bastante material de relleno. Puede ser, aunque mi fanatismo por Thin Lizzy es tan grande que me gustan todas sus canciones y no me atrevería a hablar de relleno. O mejor: si este es material de relleno, es mucho mejor que 1000 discos de rock hechos después de 1983.

Luego de esto ya estamos en 1975, y la misma formación de Lizzy como cuarteto entrega el enorme album llamado Fighting. Ya la portada es notable: los cuatro muchachos visten jeans y poleras, Robbo y Phil muestran el torso semidesnudo, y Brian va enfundado en su chaqueta. Están parados en una especie de callejón, y Phil sostiene un garrote con las dos manos por sobre su cabeza. Un año antes del primer Ramones, dan una lección inolvidable de estética street punk, la que se refuerza con la foto de contratapa, en que están todos con chaquetas negras apoyados sobre un muro de ladrillos, y Robbo sostiene una cadena en sus manos.  En el folleto del CD dicen que Phil estaba encantado con la sensación estridente del disco: “estaba predicando la anarquía”. Aunque en retrospectiva se arrepentía un poco de las fotos: “nos veíamos demasiado punky, demasiado tontitos. No me importa ser punky, pero punk y tonto ya es demasiado”.  

Perdonen que hasta acá sólo me haya centrado en la visual de la banda, pero todos sabemos que en el rock las portadas importan tanto como la música y los textos (de las canciones y del folleto mismo del LP, caset o CD). Y como le dije el otro día a mi sobrino más pequeño -a sus 9 años, un gran fan de Black Sabbath, The Clash y The Ex: “¡Lo más importante son las poleras!”, a lo que el niño respondió: “¡Sí, y las chapitas!”.

El caso es que durante una gira por Estados Unidos -lugar donde TL fue varias veces pero en general les pasaron puras desgracias- compartieron escenario con el gran Bob Seger, y así fue como decidieron iniciar el álbum Peleando con un cover de su canción “Rosalie”.  Como detalle curioso debo señalar que Víctor Jara también grabó lo que creyó ser una versión de Seger, con “Las casitas del barrio alto”. Así lo anuncia Jara en un disco en vivo que tengo por ahí. El problema es que en verdad la canción fue grabada y popularizada por Seger en 1963 como “Little Boxes”, pero era una canción de su amiga Malvina Reynolds (por cierto, usada como canción de la serie Weeds).  

Es raro iniciar un álbum con un cover, según De Gorgot la causa de esa decisión fue la inseguridad alcanzada tras cuatro grandes fracasos en ventas. Pero lo cierto es que “Rosalie” le da un toque bien rockero, alegre y proletario. Y a partir de ahí se suceden 9 canciones más, que funcionan muy bien en sí mismas y como un puente hacia el más clásico material de Thin Lizzy que se hizo en los meses posteriores.  El segundo tema es “For those who love to live”, otra historia de un fugitivo, en esta ocasión se trataría de un patas negras, atrapado y colgado por sus pecados. El trabajo de las guitarras comienza a ser realmente notable, logrando una belleza y perfección bastante inusual en medio de un mar de bandas pencas que han poblado y arruinado el rock desde los 70.

No se sorprenderán si les cuento que el quinto álbum de Lizzy fue el quinto fracaso comercial de la banda, que para ese entonces publicaba en Vertigo, filial de Phonogram records.

Una lástima porque pocas veces en el rock uno se topa con materiales tan preciosos como la ya referida “Wild One”, con una exhibición de maestría en la twin guitar, y cuya letra podría hacerlos llorar si la escuchan luego de ser abandonados por un ser amado con cuyo regreso al hogar sueñan aun sabiendo que jamás ocurrirá, o “Suicide”, “Freedom song”...Hay temas más introspectivos como “Fighting my way back”, y el rock pesado se asoma de nuevo al final con “Ballad of a hard man”, pero no sé…la verdad es que todo el disco es tan excelente que no me gustaría perder más tiempo tratando de describir sus canciones por separado. Y no lo había pensado antes, pero a pesar de que hay temas bien pesados, el disco es un poquitín introspectivo y hasta algo depresivo. Pero de esos que si escuchas varias veces durante un bajón anímico, terminan por sacarte de ahí en algún momento indeterminado.  

1976, el año en que entré a primero básico y aprendí a leer, nos brindó el impresionante Jailbreak, imposible de sobrevalorar. Desde el inicio con el tema homónimo y sus tres acordes básicos pero vitales, el sexto álbum de Lizzy es finalmente el que les da la más que merecida fama y los lanza al estrellato por varios años más. Mucha pobre gente sólo ha escuchado “Boys are back in town”, que es gloriosa y hasta fue elogiada por sesudos críticos como Greil Marcus. Pero la magistralidad de este artefacto hace necesario recomendarlo a cada sujeto medianamente interesado en “esa forma de arte degenerado que es el rock” (Lester Bangs dixit, en el folleto de un disco de los Mekons).

Como no tengo palabras (no tengo cannabis hace semanas y recién me estoy sirviendo la primera copa de vino espumante de este caluroso día), los dejo con las de Emilio:

“Este álbum puede ser considerado ya sin ningún tipo de tapujos como una auténtica obra maestra. Repentinamente dan un salto cualitativo de gigantes y llegan casi al pináculo de lo que puede hacerse en su estilo. Combinan melodías y potencia mejor que nunca, y lo hacen tan bien o mejor que cualquier otra banda guitarrera de ese mismo momento. Las canciones de Lynott son ahora mucho más inspiradas y sus letras rayan la perfección. Todo suena en su sitio, y lo que es más importante, cuando escuchamos los cortes por separado son casi invariablemente memorables, todos ellos, uno por uno. La mini-ópera rock Jailbreak supone la explosión de la «era clásica» de Thin Lizzy, en la que grabaron una buena parte de sus mejores canciones. El talento de Phil Lynott estalla y deja atónitos incluso a quienes ya le conocían bien de la escena musical británica. No hay una sola canción de relleno. No hay un fragmento de música que no merezca la pena. Ya no suenan a lo que hacen otros, ahora suenan únicamente a ellos mismos y para colmo ese sonido es instantáneamente reconocible”.

En fin: disco de oro en Inglaterra y Estados Unidos. Empiezan a comparar a Lynott como letrista con Springsteen, lo cual le mosquea un poco porque a pesar de que respeta al Jefe como artista (¿Quién no? Ah: Donald Trump), su verdadera inspiración era Van Morrison.

Y Emilio tiene razón: en este disco cada canción es una obra maestra en sí misma. Pero la que lejos más me emociona de todas es “Romeo y la chica solitaria”, que relata la triste historia de Romeo (Gary Moore) quien le dice a su novia que va a tener que dejarla (¿por ir de gira? No lo sé), y la chica se enamora inmediatamente de otro tipo. Pobre Romeo: “Never judge lovers by good looking covers”, que sería algo así como que no hay que juzgar a los amantes por las apariencias, algo en lo que desde Casanova hasta yo mismo estamos totalmente de acuerdo. El solo de guitarra de Scott Gorham en esta joya de canción es algo que no se puede explicar: lirismo, técnica, concisión, elegancia…todo ahí. Uno de los mejores solos de guitarra eléctrica de la historia, más en sintonía con el mejor folk/jazz que con las explosiones fálicas del rock pichulero a lo Zeppelin/Grand Funk.

El año 76 es tan activo para Lizzy que antes que casi de inmediato sueltan el LP Johnny the fox, obra maestra que esta al nivel de la anterior, al punto que recuerdo haber leído a alguno de ellos diciendo que bien podrían haber hecho un álbum doble. ¡Me lo imagino! Hubiera sido grandioso, porque JTF no imita a JB, sino que construye a partir de ahí hacia otros territorios sonoros, por ejemplo con algo de funk y soul en el tema homónimo. Alguna vez leí también que ese álbum y en particular la canción “Johnny the Fox meets Jimmy the Weed” fueron sampleados muchas veces por artistas del hip hop en los 80.  Otra de las joyas de este disco es “Fools gold” (El oro de los tontos), que sentimentalmente suena un poco como “Wild One”, pero acá se cuenta una historia de los pobres irlandeses que se vieron forzados a navegar las aguas del mar en busca de mejor suerte en el Nuevo Mundo, o sea, una versión TL del mismo tema que desarrollan magistralmente los Pogues en “Thousands are sailing” (una de sus mejores canciones, de entre la larga lista de himnos que nos dejó MacGowan y sus muchachos).

Para rematar una verdadera era dorada, llega el glorioso año de 1977 y la mejor banda de rock del mundo nos obsequia Bad Reputation, una colección de 9 canciones perfectas, con un sonido bastante característico aportado por la producción de Tony Visconti (colaborador de Bolan y Bowie). No sé como habrán recibido este disco los punk rockers del 77, porque en esos mismos años yo estaba muy ocupado disfrutando a Boney M y Village People, pero Thin Lizzy casi en pleno más algunos miembros de los Sex Pistols formaron la super banda The Greedies, que en 1978 hizo un single navideño apoyado por John Peel desde la radio y con algunas apariciones televisivas que pueden rastrear en la web. Excelente, pues esto demuestra mi teoría de que bandas como T. Rex. Motorhead y Thin Lizzy son precursoras tanto del punk como del metal, pues en definitiva es ni más ni menos que Maximum Rock and Roll.  

En Mala Reputación destacaría la hermosa canción “Southbound”, acerca del agotamiento de la fiebre del oro en el Nuevo Continente, y por sobre todo la maravilla que es “Dancing in the moonlight”, cuyo adolescente protagonista camina feliz bajo la luz de la luna después de encuentros furtivos con su amante, teniendo que mentir a sus padres diciendo que se quedó a dormir donde amigos. En el folleto del CD explican acertadamente que esta canción es una especie de tributo a “Moondance” de Van Morrison, con algo del drama del amor por una mujer mayor que expresa el gran Rod Stewart en “Maggy May” (que según mi amigo Conselheiro fue versionada por los Pogues, los que por cierto también tienen su propia versión de “Whisky en un jarro”).  

Este álbum llegó al cuarto lugar del ranking británico.

Como detalle curioso, en esta portada no sale Robbo, pues el pastelazo se vio involucrado en una pelea de bar donde le rompieron los tendones con vidrio, debiendo ser reemplazado por Moore para una gira teloneando a Queen. Se dice que Robbo estuvo a piunto de perder su puesto en la banda, pero finalmente participó de la grabación del disco, mientras Moore se alejó para centrarse en otros proyectos.

1978-1983: Mala reputación, decadencia, repunte y el colapso final



Después de Bad Reputation, vino el histórico doble álbum en vivo Live and Dangerous, que debe ser el disco más famoso de Lizzy, con su tremenda portada en que se aprecia a Phil cantando con su bajo mientras mantiene las rodillas al nivel del suelo y -por qué no decirlo- destaca su entrepierna enfundada en un pantalón de cuero brillante. A los costados y en segundo plano apreciamos a Robbo y Gorham con sus guitarras. Mientras me sirvo una segunda copa, veo en el folleto que el material fue tomado de la gira de Johnny the Fox en 1976 y de Bad Reputation en 1977. Las 17 canciones (a menos en la versión CD) están tomadas principalmente de ambos discos, con alguna presencia de canciones más antiguas como “Suicide”, “Sha La La” y el cierre con “The rocker”.

Antes del siguiente disco, Black Rose, de 1979, Robbo definitivamente se va de la banda tras un concierto en España durante una caótica gira. Por eso es que la Rosa Negra es el único álbum de Lizzy en que Gary Moore es un miembro estable, que además del guitarrismo aporta con coros que enlazan perfectamente con la voz de Phil.

Tal vez este cambio de dinámica es lo que genera un disco bastante variado estilísticamente, con un primer tema “Do what you want” con presencia de timbales y un sonido que por alguna razón me recuerda a la heroína del glam que fue Suzi Quatro. Luego sigue “Toughest Street in town”, donde los muchachos recuerdan sus duros orígenes callejeros y Moore se despacha un solo realmente memorable, mientras los coros tienen algo que ya hubieran querido para sí bandas oi! como Cocksparrer o los Cockney Rejects.  

“Waiting for an Alibi” es otra lumpen historia, en esta ocasión la de Valentino, un apostador compulsivo, y se beneficia de los mejores solos de guitarra que recuerde, incluso en un escalafón superior a los de “Wild One” y “Romeo and the lonely girl”. En “S&M” Phil declara su amor a una prostituta en un motel barato. Después homenajea a su hija recién nacida en “Sarah”, y  acto seguido promete abandonar las drogas duras y el copete en “Got to give it up”. Por supuesto que no lo logró…Después viene un tema cuyas secuencias de acordes siempre me han parecido un poco clashianas: “ Get out of here”, a la que sucede la infaltable balada en “With love”, que da paso al grand finale: “Roisin Dubh (Black Rose) a rock legend”, con sus 7:06 de perfección folk rock.

La Rosa Negra llegó al número 2 del ranking británico…superado solamente por…ABBA. Emilio dice que es la segunda gran obra maestra de la banda, y que cuesta decidirse entre ella y Jailbreak.

Y tal vez hasta aquí llega la fase ascendente de Thin Lizzy. Moore se fue después de este disco, y fue reemplazado por una opción más que polémica: Scotty White, guitarrista de sesión y en vivo de…Pink Floyd…O sea, amo a Pink Floyd con Syd Barrett, pero en los 70 la banda ya era una divina mierda, y la opción de meter a Scotty en Lizzy nunca fue tan buena idea (mientras Moore hacía carrera solista y Robbo se incorporó brevemente a Motorhead para grabar el excelente Another perfect day).

Pero bueno: con White y todo, Lizzy seguía siendo Lizzy, y suministró dos albums que están lejos de los mayores momentos de mayor gloria pero también bastante lejos de ser discos derechamente malos. Me refiero a Chinatown (1980) y Renegade (1981). Ambos son discos muy irregulares, pero así y todo es puro Thin Lizzy, aunque se sabe que para la época del Renegado había una cierta confusión de temas con los que estaba haciendo Phil para un disco solista.     

Chinatown parte con “We Will be strong” (Seremos fuertes), una canción que denota cierto cansancio existencial, pero luego “Barrio chino” y “Sweetheart” suben el nivel, con un sonido que es propio de la banda pero en que se nota que ya hemos llegado a los 80. “Killer on the loose” es la más popular del disco, rememorando las andanzas de Jack el Destripador.

Renegade ha sido casi unánimemente considerado como el peor disco de la banda.  A mi me gusta bastante, desde el heavy metal de “Angel of Death” a la canción que da título al disco, pasando por la gran canción que es “Hollywood (Down on your luck)”, la bastante influenciada por ZZ Top “Leave this town”, “Fats”, la ya referida “Mexican blood”, que cuenta una trágica historia de amor, y el final bastante dramático de “It´s getting dangerous”. De hecho, me encanta esa última canción, y por algún tiempo creía que había sido la despedida de Thin Lizzy (como les he contado antes, escuché este álbum en 1986, y en ese momento no sabía que hubo un álbum más después del Renegado). No es un disco redondo, eso está claro. Pero me parece mejor que Chinatown y lo escucho bastante. Por ahí leí a alguien que criticaba que la canción “Renegade” se daba muchas vueltas sin llegar a ninguna parte. Pues bien: esa es la gracia de este manifiesto, según se dice inspirado por la visión que en un momento de la gira por Estados Unidos tuvo Phil, de un motorista que pasó al lado del bus en la carretera, y que tenia dos grandes parches en la espalda: Thin Lizzy y Motorhead. A mi juicio, cuando escucho hablar del muchacho que había renegado de todo y sólo era un rey en la carretera, Phil está hablando de sí mismo. La canción suena distinta al estilo usual de Lizzy, y me atrevería a decir que me recuerda a…Dire Straits. Pero cuando entran las guitarras es otra cosa: classic Lizzy, pero adaptado a la nueva década.  

Las cosas podrían haberse dejado hasta ahí. La banda ya estaba en decadencia, y las adicciones de Lynott y Gorham estaban en su punto más problemático. Echaron al bueno de Snowy White, y en ese punto ocurrió algo sorprendente: incorporaron a un nuevo segundo guitarrista (John Sykes, de Tygers of Pang Tang y posteriormente Whitesnake), además de un tecladista (Darren Wharton, que a los 18 años ya había colaborado en Chinatown), y la banda rejuveneció por última vez, suministrando el -ahora sí- álbum de despedida llamado Thunder and lighting (1983). Muchos lo han visto como un guiño a la nueva ola de heavy metal que reinaba en esos años, cuando se empezaron a desarrollar subgéneros como el thrash, el death y el black metal.  Un poco como lo que hizo Judas Priest con su Painkiller. Y claro: tanto Priest como Lizzy habían sido una gran inspiración para las bandas metaleras. Pero en el caso de Lizzy, yo creo que no son reducibles a etiqueta alguna más allá de la del rock and roll. Lo cual no quieta que desde la portada (donde bajo un rayo que cae sobre una guitarra sobre un terreno pedregoso en que asoma un puño provisto de una típica muñequera metalera) hasta el tema homónimo, la estética del heavy metal esté muy presente en este álbum de despedida. Pero no solo eso. Una canción hermosa como “The sun goes down” es casi ambiental, mientras que “Baby please don´t go” es una nueva balada sobre desamor, algo más rápida que las de los 70.  

Y este sí que fue el final de la banda, aunque hubo una gira de despedida y un nuevo álbum doble en vivo, titulado sencillamente Life, con apariciones de casi todos los guitarristas anteriores y un repaso por el repertorio clásico de la banda además de muchos temas de los tres últimos discos.

Phil Lynott murió a inicios de 1985, y con él se agotó toda una época dorada del rock. El punk rock también estaba muriendo. Surgió la mierda del rock alternativo, no hubo más alternativas al capitalismo neoliberal, el bloque socialista se fue a la mierda, y acá estamos aún los que seguimos pensando con nostalgia en la revuelta de 1968 y toda su excelente banda sonora sin igual.

Es todo.

He dicho.


Post Scriptum:

1.- Además de estos 12 albums de estudio más dobles en vivo, siempre pueden acudir al doble CD editado en 2011 llamado Thin Lizzy at the BBC, que reúne 33 canciones que permiten reconstruir la trayectoria de la banda sin necesidad de acudir a todos los álbums.

2.- Pueden encontrar poleras, tazones, gorros y chapitas de Thin Lizzy exquisitamente diseñadas en La Jaula: Victor Manuel con Placer, Galpón 6, Local 70 B, Persa Biobío. También tienen poleras de Invunche, Millions of Dead Cops, Ornette Coleman, Albert Ayler, y un montón de cosas realmente trve. Además, justo en la esquina de Placer con VM venden unas excelentes micheladas a dos lucas, con cerveza Royal Guard.   

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