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domingo, enero 19, 2025

LOS MISTERIOS DEL ORGANISMO, O ¿QUIÉN FUE WILHELM REICH? 

 


Este texto fue leído el miércoles 8 de enero de 2025, tras la exhibición de la película yugoslava “WR: los misterios del organismo” (Dusan Mayavejev, 1971) en la Cafebrería de Santiago, junto a los Comentarios de Paloma Castillo y Nicolás Castañeda.

 

A Camila Farías G.

 

I.- En una parte de mi libro “La religión de la muerte” (2023), que trata sobre “viejos y nuevos fascismos”, digo lo siguiente:

A mediados del siglo pasado el doctor Wilhelm Reich, un personaje tan creativo e iconoclasta que tuvo el doble mérito de ser expulsado del Partido Comunista y de la Internacional Psicoanalítica, señaló que existían en ese momento dos formas rivales de fascismo: el fascismo negro y el fascismo rojo, anticipando así en cierta forma el escenario de la Guerra Fría como un gran y velado conflicto mundial inter-fascista que duró varias décadas. Tras escapar del nazismo, Reich terminó por establecerse en Estados Unidos, donde le estaba yendo bastante bien en sus investigaciones sobre la energía cósmica (el “orgón”), el bombardeo de nubes para hacer llover, la orgonterapia y la función del orgasmo entre otros audaces temas, hasta que el fascismo en versión norteamericana anticomunista se dejó caer en su domicilio y laboratorio denominado Orgonón, en la localidad de Maine, para encarcelarlo bajo acusaciones de fraude, por ejercer como terapeuta sin estar autorizado oficialmente para ello y por fabricar y distribuir cajas acumuladoras de orgón. Murió en la cárcel de Lewisburg, Pensilvania, el 3 de noviembre de 1957. No lo olvidemos nunca.

NOTA: La cantante inglesa Kate Bush homenajeó a Reich en un videoclip de su canción “Cloudbusting”, de 1985, que alcanzó el puesto 20 en los rankings de Inglaterra. La canción está basada en el “Libro de los sueños” escrito por el hijo de W.R., Peter, y en el clip se representan los experimentos de su padre (representado por Donald Sutherland [R.I.P. 2024]: ¡el mismo actor que interpretó al fascista Atila en la serie “Novecento”!) haciendo llover y el momento en que aparece el FBI y se lo lleva. Peter fue enviado a un hogar de menores y soñaba recurrentemente que su padre llegaba a rescatarlo a bordo de un platillo volador.

En otras partes del libro aludo a algunas de sus teorías sobre el fascismo, además de a su caracterización del estalinismo como un fascismo rojo. Pero en lo que puse arriba es donde trato de hacer una breve descripción del personaje lo suficientemente interesante como para motivas a los/as lectores a conocer y estudiar la obra de este importantísimo camarada.

II.- Hay dos formas básicas de abordar a WR: Primero, como una interesante especie de  “marxista disidente”, pionero de un marxismo libertario en versión “freudomarxista”, dudosa etiqueta que supuestamente el mismo WR inventó, y que en sentido amplio podría aplicarse a Fromm, Adorno y Marcuse, a cierto Lyotard que hace “derivas a partir de Marx y Freud” y luego escribe su “Economía libidinal”, y también a ciertos aspectos de la obra de Guattari/Deleuze -aunque sea por la negativa-, e incluso si nos ponemos generosos podríamos incluir al Althusser de “Freud y Lacan”, Slavoj Zizek y un largo etc. De hecho, acabo de darme cuenta de que dentro de las cinco últimas clases que Mark Fisher alcanzó a hacer antes de morir y que están reunidas en el libro “Deseo post-capitalista” (2024) la clase 2 en tanto habla sobre Marcuse, y la 5, sobre Lyotard y su “marxismo libidinal”, son buenas introducciones al “freudomarxismo” (o marxismo freudiano).  

Este Reich “marxista heterodoxo” es el que re-aparece hacia 1968, y el que en cierta forma provee el sustrato de uno de los niveles en que funciona la película de Mayavejev, realizada según entiendo en un lapso de tiempo que va de 1968 y 1971 (por cierto: el año en que nací).

Entre los más “marxistas”, se dice que su obra fundamental y “mayor aporte al marxismo” es “Psicología de masas del fascismo” (1933), pero en aras de promocionar al WR marxista que todos necesitamos estudiar, yo creo que también podríamos referir o más bien recomendar varios trabajos que datan de entre fines de los 20 y mediados de los 30: su periodo comunista más activo en Viena y Berlín, con una intensa actividad a la vez teórica y práctica (en este caso, una falsa dicotomía) e incluso de poco después, cuando ya había roto con el Partido Comunista pero no con el marxismo. Estos textos de combate son, entre otros: “La lucha sexual de los jóvenes” (1933), “Materialismo dialéctico y psicoanálisis” (1934), y “La revolución sexual” (que reúne textos de 1930 con otros posteriores sobre la Unión Soviética).

Un detalle a tener en cuenta es que la casi totalidad de la obra de WR fue editada por él mismo, que en el frenesí de su actividad no se molestaba en hacer “ediciones críticas” ni mucho menos: iba editando y reeditando como podía, y al hacer nuevas ediciones de viejos clásicos como “La función del orgasmo” (1927) modificando y agregando contenidos de manera bastante monstruosa. Por eso es que en relación a la confusa procedencia de los textos que componen las dos partes de “La revolución sexual” Paul A. Robinson advierte que esa obra de WR es una verdadera “pesadilla editorial”.

En español existen varias ediciones de todos estos trabajos, y así por ejemplo su ya referido clásico de 1934 “Materialismo dialéctico y psicoanálisis”, un documento que marca una ruptura con parte de lo que había venido haciendo hasta entonces, fue editado masivamente (5.000 ejemplares) por siglo XXI de México en 1970, aparece también bajo el título de “Marxismo y psicoanálisis” en una versión argentina de 1971 (Ediciones del siglo, 1971) y se había incluido mucho antes en el libro “La crisis sexual”, publicado en 1936 por Pax ediciones (Santiago de Chile, 1937). Por su parte, “La revolución sexual. Por una estructura de carácter autónoma del hombre” existe en al menos dos ediciones: la de Ruedo ibérico en 1978, y en la colección Obras Maestras del Pensamiento Contemporáneo por Planeta-Agostini en 1985 (basada totalmente en la edición anterior). También “La lucha sexual de los jóvenes” tuvo ediciones setenteras en español cuyo detalle no conozco. Sólo sé que hace mucho tiempo tuve una en préstamo que a su vez presté y jamás regresó. Cosas que pasan no sólo con los libros, sino que también con la amistad de algunas personas. Ojalá lo hayan leído en serio.

¡Consiga su copia!

En toda la obra de esa década WR trabaja sobre la compatibilidad y complementareidad entre las perspectivas marxista y psicoanalítica, anticipándose a muchas de las preocupaciones que luego serían retomadas en distintas maneras por Marcuse, los situacionistas y el movimiento del 68. Debo decir que cuando primero oí hablar de Wilhelm Reich debe haber sido por ahí por 1989, cachureando libros por calle Merced junto a unos amigos trotskistas algo mayores que yo, cuando uno de ellos llamó la atención sobre una biografía del doctor Reich señalando: “este era un marxista que predicaba (y practicaba) el sexo libre”. Mmmm: algo imprecisa la definición, pero no se me olvidó el nombre: tomé nota.

III.- La segunda opción es ver a WR como un discípulo raro de Freud: un “psicoanalista herético”, un terapeuta iconoclasta, junto a otros especímenes raros, desde Sandor Ferenczi a Georg Groddeck (inventor de la categoría de “Ello”: ver su correspondencia con Freud y “El libro del Ello”) y Otto Gross (toda una leyenda del anarco-comunismo más radical y bohemio). Un texto clave para esta mirada es el “Análisis del carácter” (originalmente publicado en 1933, con varias re-ediciones).

En esta versión, el “WR bioenergético”, se tiende a suprimir del todo o pasar suspicazmente por alto el “marxismo” de WR, a pesar de que se topó con él a una edad bastante temprana y que la influencia de Marx en WR nunca cesó, y es una parte esencial de su visión de la “economía sexual”. De hecho, más que ver a WR como un discípulo libre de Marx y Freud, lo ven como el maestro del famoso terapeuta Alexander Lowen (uno de los protagonistas de la parte más documental de la película “WR: los misterios del organismo”).

Finalmente, esta segunda visión suele dar paso a una tercera, bastante detestable: la de WR como un estafador chiflado, charlatenesco gurú precursor de la new age y las “terapias alternativas”. Aunque en honor a la verdad, la trayectoria de las dos últimas décadas del doctor WR facilita este uso que muchos le dan (algunos de formas bastante lucrativas, ya sea en dinero u otras contra-prestaciones). De hecho, a modo de digresión recuerdo que hace década y media había una especie de grupo reichiano con su propio gurú en torno a la carrera de Psicología de la extinta Universidad ARCIS, que hacía unos encuentros bastante exóticos en el campus Libertad. Qué tiempos aquellos.

Como sea, lo importante es entregarse a la experiencia de conocer a WR sin olvidar ninguno de sus dos polos: el marxista y el freudiano, unificados en la “economía-sexual”.

IV.- Los datos biográficos nos dicen que WR nació en 1897 en una parte del Imperio austro-húngaro que ahora pertenece a Ucrania. Vivió y trabajó en Viena y en Berlín, saliendo de ahí tras el triunfo de los nazis para residir brevemente en Dinamarca, Suecia y Noruega, antes de pasar como tantos al Nuevo mundo en 1939. Murió en 1957 en Estados Unidos, en las lamentables circunstancias que ya señalé al inicio, antes de las cuales alcanzó a beneficiarse de una muy lucrativa actividad como médico y terapeuta.

La mejor biografía que conozco es la de Myron Sharaf, “Fury on Earth”, publicada en 1983 por St. Martin´s Press/Marek, Nueva York, de 548 páginas, que una vez encontré a siete mil pesos en un puesto del Parque Almagro, y en la que me basé para esta presentación. Aún no ha sido traducida al español. Existe otra “Biografía personal” escrita por su segunda esposa, Ilse Ollendorff, que aún no he conseguido.

Un resumen breve pero sólido de la obra de WR aparece en el libro “La izquierda freudiana. Reich - Roheim - Marcuse”, de Paul A. Robinson (1971). A propósito de la fase “orgonómica” del último WR, este autor dice algo que bien podría aplicarse a la figura de Reich en sí misma:

“Prometía al mismo tiempo una interpretación total de la realidad y una terapia total para los males individuales”.

Además de la destacable y curiosa película yugoslava que exhibimos hoy existen otras como “Wilhelm Reich en el infierno” (Lance Bauscher, 2005) y los dos films del austríaco  Antonin Svoboda  (“¿Quién le tiene miedo a Wilhelm Reich” de 2009 y “El extraño caso de Wilhelm Reich” de 2012).

V.- En la amplia obra de WR, que no paró de publicar sus trabajos desde 1920 hasta el final, primero en editoriales del movimiento psicoanalítico y del Partido Comunista y a partir de la ruptura con ambos hacia 1933/4 en su propia casa editorial, destacan algunas ideas centrales y aportes básicos que trataré de resumir aquí.

Desde el inicio en su obra tiene un rol central lo que podríamos llamar su “teoría del orgasmo”. WR pone a la sexualidad como centro de la vida social e individual, y en eso coincide en ese momento inicial con el movimiento psicoanalítico. Como parte del más estrecho círculo de colaboradores de Freud en los años 20, destaca por su trabajo terapéutico, pero rápidamente se aleja de la idea freudiana de “curación por las palabras”, para centrarse en la resistencia a la terapia, que lo lleva a formular el concepto de “coraza” o “armadura”: que primero WR entiende como “caracterológica” (en sus libros en inglés se le llama “character armor”), y luego pasa a concebirla como física e incluso muscular (en el caso de un paciente que presentaba fuertes  resistencias a la terapia, tras observar un movimiento con la pierna WR terminó alentándolo a descargarse a gritos y patadas, lo cual resultó exitoso; en otros casos identificaba bloqueos o tensiones musculares en la zona de la pelvis).

Veamos la definición de “coraza” que da mi amiga Javiera Mondaca en su traducción al español del “Libro de los placeres” de Raoul Vaneigem, editada por Traficantes de Sueños y disponible online:

Conviene ofrecer en este punto una breve explicación de la noción de coraza porque el autor volverá a ella a lo largo de la obra. El término, ya sea en el reino animal o humano, apunta a cierto mecanismo defensivo. Tal y como surgió el concepto en el terreno del psicoanálisis de la mano de uno de sus pioneros, Wilhelm Reich, la coraza es la suma de rasgos del carácter y tensiones musculares que forman una especie de armadura físico-psicológica destinada a proteger al individuo de estímulos, interiores o exteriores, que se perciben como peligrosos o amenazantes. De este modo, inhibe, no obstante, la libre circulación de la energía sexual en el cuerpo. Podría decirse, por tanto, que la coraza actúa como una especie de filtro que mediante un proceso de insensibilización nos impide percibir la realidad, interna y externa, en su totalidad.

La paradoja central de todo este análisis freudo-reichiano es que la represión resulta en principio necesaria para la vida social, pero tiene inevitablemente el efecto de enfermar sistemáticamente a sus integrantes, coartándoles la “potencia orgásmica”. De ahí que el objetivo de la terapia sea atacar al “carácter”, desbloqueando y haciendo posible la liberación la potencia orgásmica del individuo, para que surja el auténtico “carácter genital” propio del individuo sano, dejando atrás el “carácter neurótico”.

A WR lo separa drásticamente de Freud su oposición total a la teoría del “instinto de muerte”, que ve como un pretexto del maestro para negar la dimensión revolucionaria del psicoanálisis, y justificar un cierto conservadurismo social y político.

WR es un reformador social, además de un revolucionario consciente, que se une al Partido Socialdemócrata de Austria y luego al PC de Alemania, acometiendo el estudio de la obra de Marx y encontrando grandes paralelos con el psicoanálisis freudiano: Ambas son teorías del conflicto: una sociológica y la otra psicológica. Mientras una estudia la lucha de clases, la otra se centra en la lucha a nivel de los instintos. Ambas son dialécticas, y se complementan mutuamente pues mientras el marxismo hace la crítica de la economía capitalista el psicoanálisis realiza la crítica de la moral burguesa.

El trabajo teórico de WR durante su fase comunista se centra en la crítica de la familia autoritaria. Tiene una concepción antropológica algo simplista basada en Bachofen y Malinowski, en que valora e idealiza el Matriarcado que habría existido hasta 4 mil años antes de Cristo, e identifica en el Patriarcado el origen de la represión sexual y el orden social autoritario (en eso se parece al Otto Gross que analiza la simbólica comunista del paraíso). Se aleja así de Freud en lo relativo al Complejo de Edipo, que para él no sería universal, sino que propio de las sociedades patriarcales.  

Además, muestra ya desde ahí y hasta el final de su vida un profundo interés en la Infancia/adolescencia. De hecho, pese a todos los cambios que ocurrieron durante su trayectoria, hay un claro hilo conductor desde “La lucha sexual de los jóvenes” y los escritos con Vera Schmidt sobre “Psicoanálisis y educación” a “Los niños del futuro” y “Escucha hombrecito”. La concepción de la infancia que sostiene WR está a años luz incluso de las tímidas reivindicaciones de los “derechos del niño” que comenzaron a ocurrir varias décadas después. Por algo el situacionista belga Raoul Vaneigem en alguna parte de su voluminoso Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones (1967) lo define como “un gran educador de la juventud”.

Todo ese trabajo teórico iba de la mano con una incansable actividad militante que se expresaba en la creación de una amplia red de locales en que se otorgaba atención gratuita en higiene sexual y salud reproductiva a los miembros de la numerosa y empobrecida familia proletaria, así como la instalación de “jardines de la infancia socialista”. Hacia 1930 Reich logra unificar a los grupos de orientación comunista que trabajaban estos temas, dando lugar a la Asociación Alemana por una Política Sexual Proletaria (Sex-Pol). Además de estas actividades propias de su militancia marxista, WR participaba activamente en la Liga Mundial por la Reforma Sexual, que durante la República de Weimar buscaba aprobar reformas legales progresistas en materia de sexualidad y control de la natalidad.

En el primer Congreso de Sex-Pol, en Düsseldorf 1931, concurrieron representantes de ocho organizaciones que reunían a 20.000 personas. WR presentó un programa de siete puntos que incluía:

1.- Distribución gratuita de anticonceptivos y propaganda masiva para el control de la natalidad.

2.- Abolición de las leyes contra el aborto. Aborto gratuito en clínicas públicas; resguardos médicos y financieros para madres embarazadas y criando niños.

3.- Abolición de toda distinción legal entre los casados y no casados. Libertad de divorcio. Eliminación de la prostitución a través de transformaciones económicas y de economía-sexual que erradiquen sus causas.

4.- Eliminación de las enfermedades venéreas a través de una educación sexual integral.

5.- Prevención de las neurosis y problemas sexuales mediante una educación afirmadora de la vida. Estudio de los principios de la pedagogía sexual. Instalación de clínicas terapéuticas.

6.- Entrenamiento de doctores, profesores, trabajadores sociales y otros oficios en todas las materias relevantes de higiene sexual.

7.- Tratamiento antes que castigo en casos de delitos sexuales. Protección de niños y adolescentes contra la seducción por adultos.

Poco después del primer congreso la Sex-Pol aumentó sus afiliados a 40.000.

VI.- Entre 1930 y 1934 las intensas actividades culminan en la ya aludida doble ruptura: primero con el Partido Comunista alemán en 1933, y luego con la Internacional Psicoanalítica en el Congreso de Lucerna de 1934, donde sólo se le permitió exponer como invitado su ponencia “Contacto psíquico y corriente vegetativa”, incluido en el libro “Análisis del carácter”.

Creo que este período es el más merecedor de análisis, sobre todo desde nuestro tiempo, porque en primer lugar WR llega al límite de la radicalidad que logra extraer de ambos movimientos (psicoanálisis y marxismo), y porque es en ese momento que realiza su peculiar análisis del fascismo.

La teoría del fascismo que construye WR tiene alguna similitud con la que realiza por esos años Georges Bataille en Francia, puesto que a ambos les interesa su estructura psicológica. WR identifica la familia autoritaria y el tipo de sujeto que en ella se forma como la raíz del fascismo, anticipándose en una década al Eric Fromm de “El miedo a la libertad” y en dos décadas a los hallazgos de Adorno y Horkheimer en sus estudios sobre “La personalidad autoritaria”.

Según WR, la izquierda alemana no se tomó en serio el fenómeno de masas que era Hitler. Por el contrario, lo menospreciaban e interpretaban como una señal de un pronto ascenso de la revolución proletaria. Pero tal como en la terapia analítica no necesariamente los pacientes se curaban cuando lo inconsciente se hacía consciente, los trabajadores no necesariamente incrementaban su consciencia de clase al enfrentar la crisis económica. Su estructura caracterológica se los impedía, y la familia autoritaria, como el mini aparato de Estado que es, los entrenaba en la sumisión. En “La familia autoritaria como aparato de educación” WR dice:

“El padre es, por así decirlo, el portavoz y representante de la autoridad estatal en la familia. Es una especie de sargento: subordinado en el proceso de producción, jefe en su función familiar; mira desde abajo a los superiores, se impregna de la ideología dominante (de aquí su tendencia a la imitación) y es todopoderoso con sus inferiores; no se limita a transmitir las ideas de la jerarquía y la sociedad, las impone”.

El miedo a la sexualidad se traducía en el miedo a la revolución social. Como hábil propagandista, Hitler y su partido aprovecharon el contexto apoyando la familia tradicional alemana pero al mismo tiempo acogiendo varias de las demandas juveniles en contra de los mayores; así, estableció centros de reunión y de vida colectiva para la juventud aria, y su discurso sobre la Madre Alemania y el Padre Hitler pudo transferir los sentimientos familiares a la mística del Jefe de la Supernación. Basta ver los documentales de Leni Riefensthal para comprobar la satisfacción orgiástica de la gente reunida para escuchar los discursos de Hitler: la primera estrella de rock de la era moderna.  

A la vez, las políticas raciales del nacional-socialismo movilizaban los temores sexuales de la gente proveyéndoles un conveniente chivo expiatorio. En este sentido, la “política sexual” de la propaganda nazi fue mucho más exitosa que la de la izquierda, donde muchos veían con malos ojos iniciativas como las de WR y el programa de la Sex-Pol, que en cierta forma eran el único antídoto posible contra el ascenso del fascismo alemán.

De hecho, por ahí empezaron los problemas de WR con el PC. Hacia 1932, WR y su esposa Annie estaban dedicados a elaborar material de política sexual para publicar masivamente en la prensa del partido. Trabajaron en el libro “La lucha sexual de los jóvenes”, un panfleto escrito por Annie Reich llamado “Si tu hijo te pregunta” (hay una edición en español en Anagrama) y un folleto de educación sexual para niños titulado “El triángulo de tiza”. El libro iba a ser publicado por el comité juvenil del PC alemán, pero fue revisado en Moscú, donde fue aprobado pero se sugirió que era más efectivo que se publicara por alguna organización o frente más amplio que el partido. El proceso de publicación fue tan largo, que finalmente WR prefirió establecer su propia editorial: Verlag für Sexualpolitik. A partir de ese año, todos los textos posteriores de WR fueron auto-ediciones.

Si bien el PC ayudó en un primer momento a distribuir estos materiales, WR cayó en desgracia cuando en una Conferencia juvenil en Dresden a fines de 1932 apoyó una resolución que relevaba la importancia de estimular la sexualidad juvenil dentro del movimiento revolucionario. La reacción de los jefes del partido fue inmediata: se le acusó de ser un contra-revolucionario que quería “convertir nuestras asociaciones en organizaciones para promover la fornicación”, además de sustituir la lucha de clases por la lucha entre jóvenes y adultos. A inicios del año siguiente, tras la designación de Hitler como canciller y el amplio triunfo electoral de los nazis, WR y su familia se fueron a Viena, y poco después a Copenhagen.  

La expulsión de las filas del comunismo oficial no alejó a WR del marxismo. Durante algún tiempo se mantuvo como un comunista independiente, y trató de vincularse a la Oposición de izquierda, aunque luego concluyó que los trotskistas tampoco se tomaban en serio la “política sexual”.

VII.- En cuanto a la ruptura con Freud y el movimiento psicoanalítico, esta fue algo más lenta pero muy intensa. El propio WR la he relatado en gran detalle en el volumen de entrevistas titulado “Reich habla de Freud”, uno de los libros más “sabrosos” que he leído y que también tuvo edición castellana en Anagrama. Sólo reiteraré acá que la principal divergencia se dio porque WR siempre se opuso a “El malestar en la civilización” y la teoría freudiana del “instinto de muerte”, a la que intentó refutar en artículos y conferencias. Cabe destacar que a pesar del señalado autoritarismo de Freud al interior de su propio movimiento, en este debate WR no sólo no fue censurado, sino que sus textos fueron publicados en la prensa del movimiento, aunque fuera a regañadientes. Así, se dice que para acceder a publicar en su revista Internationale Zeitschrift “El carácter masoquista”, Freud quería acompañarlo de la siguiente advertencia:

“Dentro del marco del psicoanálisis, esta publicación otorga a todo autor que entrega un trabajo para su publicación, plena libertad de opinión, y por su parte no acepta responsabilidad alguna por tales opiniones. Pero en el caso del doctor Reich el lector debe quedar informado de que el autor es miembro del partido bolchevique”.

Finalmente Freud fue convencido por psicoanalistas socialistas de no hacerlo. Según su biógrafo Jones, Freud declaró que el artículo de Reich sobre el masoquismo “culmina en la insensata afirmación de que lo que he denominado instinto de muerte es un producto del sistema capitalista”.

En su monumental biografía Myron Sharaf destaca que “en la ruptura psicoanalítica, tal como antes en la ruptura con los comunistas, Reich sentía que no podía ser excluido científicamente porque él representaba la verdadera tradición. Para él, tanto los psicoanalistas como los comunistas habían abandonado el núcleo vivo de su legado. Él quería mantenerse en el centro del mismo”. 

La extensión que ha alcanzado este texto me impide entrar en más detalles acerca de la trayectoria posterior de nuestro héroe. A modo de resumen me remito a lo que señalé al inicio, agregando solamente que desde la huida de Alemania y Austria, a partir de su breve estadía en países escandinavos desde 1934 hasta 1939 la presencia de WR nunca dejó de alertar a las autoridades ni de movilizar a su amplio elenco de viejos y nuevos enemigos.  Lo cual parece haberle causado una fuerte dosis de paranoia, que es fácil advertir en sus últimos escritos como “El asesinato de cristo. Primer volumen de La plaga emocional de la humanidad” (1952).

VIII.- Culmino esta no tan breve exposición haciendo un brevísimo punteo sobre la influencia de WR en el pop y la contracultura del 1968/77.

Las circunstancias de la caída en desgracia de WR y su posterior fallecimiento privado de libertad lo convirtieron en una figura de la que se hablaba poco a nada. A tal punto fue así, que en el Prefacio de Albert Lamb al libro “El nuevo Summerhill” del educador alternativo A.S. Neill, se explica que a pesar de la amistad e influencia directa de WR en Neill, en la primera edición de este trabajo fue suprimido todo un capítulo dedicado a Reich, porque el editor Harold Hart “lo consideraba una cuestión demasiado espinosa para los Estados Unidos de los años sesenta”. Tres décadas después, a Lamb también le recomendaron eliminar “la totalidad del capítulo sobre Reich (dado que este autor es en Estados Unidos un asunto considerablemente polémico)”, sugerencia que decidió no aceptar, en respeto a la libertad de expresión que siempre fue defendida por Neill, quien consideraba a WR como su amigo y maestro.

Ante semejante leyenda negra, no es de extrañar que las primeras reivindicaciones entusiastas de la figura y obra de WR provinieran de la contracultura juvenil de fines de los cincuenta e inicios de los sesenta, con sus primeros estandartes norteamericanos que fueron los escritores beatniks. En particular su influencia se hizo notar en Allen Ginsberg y muy fuertemente en William S. Burroughs. Lo curioso es que en esta versión WR era una mezcla de científico loco con precursor del amor libre y la experimentación con drogas, cosas por las cuales nunca abogó. A propósito de amor libre, si me excusan una nueva digresión, recordé que en un documental sobre el poeta y cantante Leonard Cohen un par de testigos/sobrevivientes de los setenta decían algo así como: “en esos años todos trataron de probar algunas formas de amor libre. Nadie lo pasó muy bien con eso”. Ya lo creo. 

En la cultura rockera post-68 el doctor WR tiene algunas interesantes apariciones, como en la canción “Orgone acummulator” de la banda-comuna Hawkwind (Space Ritual, 1973), cuya letra no puedo evitar referir acá, para que se hagan una idea:

Tengo un acumulador de orgones

Me hace sentir mejor

Te veré un poco después

Cuando esté con mi acumulador

No es un integrador social

Es un aislante para el sujeto solitario

Es un estimulador del cerebro posterior

Un vibrador cerebral

Este estimulador de energía

OK: ¿cierto que dan ganas de salir a conseguirse un acumulador de orgones? De hecho, tengo un folleto en inglés que dice ser un manual de instrucciones para construirse uno, pero cuando se lo mostré a mi padre -que es ingeniero electrónico- me dijo: “parece una broma”. Mejor entender que el mejor rock and roll es en sí mismo un buen acumulador de orgones.

Otro nivel de registro más pop de WR lo tenemos en las canciones “Birdland” de Patti Smith (Horses, 1975) y “Cloudbusting” de Kate Bush, (Hounds of love, single, 1985 ¡Vean el video clip!). Ambas canciones fueron inspiradas en la lectura del “Libro de los sueños” escrito por Peter Reich (1973), que por desgracia aún no he podido conseguir. Por su parte, en el folleto de Generic (1982), album debut del cuarteto noise-punk de California llamado Flipper, hay alusiones a WR y una larga cita tomada de “Escucha hombrecito” (1945).

Como se puede ver, arrinconado y correteado por el marxismo y el psicoanálisis oficiales, fueron los “Children of the revolution” de los sesenta y setenta quienes estuvieron en mejor condición para apreciar el legado de WR, tal como se aprecia en la película que acabamos de ver. Tras medio siglo de contra-revolución neoliberal, debemos volver a rescatarlo.

IX.- Eso es todo por hoy: muchas gracias.

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lunes, noviembre 11, 2024

TRISTE DERIVA POR LO QUE QUEDA DE LA CALLE SAN DIEGO 

 


Un día antes del último fin de semana largo fui a un seminario en la Casa Central de la Universidad de Chile, donde exponían exclusivamente mujeres que se desempeñan como abogadas defensoras de derechos humanos.

Siempre me ha impresionado, las pocas veces que he hecho ingreso a ese edificio, la tremenda soledad de sus pasillos y salas. Ni siquiera para el “acampe” por Palestina cambió tanto esa sensación de frialdad del espacio abierto, poblado casi exclusivamente por funcionarios y guardias.

Al terminar el evento, tras saludar algunas amigas salí sin ningún rumbo fijo.

Miré un rato los puestos de libros ubicados en la calle. Nada muy destacable, excepto la insistencia de los vendedores (extranjeros) en que te lleves algo. Lo cual en mi genera el efecto contrario: ganas de irme sin nada.

Luego caminé por San Diego hacia el sur. Recordaba cuanto me gustaba hacer derivas por ahí cuando llegué a Santiago, a fines de los 80. Encontraba libros marxistas y vinilos a muy bajo precio. Es curioso que ambos productos ahora se encuentran más oficialmente, y ya no son para nada baratos.  

Recordaba haber visto a mediados del 2019 en las pocas verdaderas librerías que quedan en la Galería san Diego algunos títulos interesantes (La escena contemporánea de Mariatégui, Una lectura política de El Capital de Harry Cleaver, y las actas de un seminario sobre Gramsci hecho por académicos pinochetistas en plena dictadura).

La librería en que tenían estos títulos o estaba cerrada o ya no existe más. Me quedó la duda.

En el segundo piso, ya sólo queda la Disco Beat, que don Simón “Tavo” Aliste atiende sólo entre 13 y 15 (o algo así: me lo encontré en el Metro hace poco y eso recuerdo que me dijo).  La otra disquería que quedaba casi al frente no existe hace rato, pero lo peor de todo es que ya no hay librerías con libros de verdad: sólo algunas especializadas en textos jurídicos de los más aburridos, y otras que venden facturas e impresos varios sin valor literario alguno.

Salgo a la calle, y veo el horrible Mall Chino al frente. No me dan ganas de ir a curiosear nada ahí.

Justo afuera de la galería San Diego hay una buena cantidad de libros siendo rematados a 3 mil pesos cada uno. Alcanzo a ver el libro sobre Manuel Gutiérrez, adolescente asesinado por disparos policiales durante las barricadas de agosto del 2011. Pienso llevarlo, pero no puedo.

Sigo caminando. Trato de ver las tiendas de instrumentos musicales. Pero no puedo. Algo me aleja, algo me repele.

Empiezo a sentir algo a lo que verdaderamente le tengo mucho miedo: el espacio por el cual se empieza a asomar la depresión. Trato de mantenerlo siempre lejos, pero sé que está ahí, a veces se acerca y….uno nunca se sabe a donde te podría conducir.

A punto de salir huyendo de ahí, detecto el Masticón: un bar/restaurant de esos que aún se parecen a como era esta calle en los 80. La pienso dos o tres veces, y al final hago ingreso. Pido un schop Heineken y un italiano “falso” (sin vienesa: acá claramente no ofrecen, como en otros lugares, la opción de ponerles, papas fritas, queso o champiñones para el usuario vegetariano). Tanto mejor.

Me pongo a leer las cartas de amor de Rosa Luxemburgo: ella está físicamente muerta hace más de 100 años, pero en sus cartas vive y siente y se expresa como pocos seres en este mundo.

El schop está aguado. El italiano, algo mojado y con palta de bolsa, no real. Pido la cuenta: ni siquiera es barato: sale casi 8 lucas en total, con propina.

Me decido: voy a ir a por el libro de Tania Tamayo sobre Manuel Gutiérrez. Debería tenerlo en mi biblioteca, porque de hecho colaboré un poco con la autora haciendo una lectura atenta a la terminología jurídico/judicial. Tamayo es seria, así que no quería incurrir en los errores usuales de sus colegas periodistas cuando escriben sobre cuestiones judiciales.

Al llegar a esos mesones, veo que un joven ya está colocándolos masivamente en una carretilla, porque son las 20 y todo empieza a cerrar. Le dijo que si tenía por ahí encima el libro “Todos somos Manuel Gutiérrez”. La respuesta: “Puede que sí, puede que no, pero ya cerramos”. Me parece una mierda, tengo las tres lucas en el bolsillo, pero por otro lado lo entiendo, y pienso que el destino no quiso que tuviera ese libro.

Para justificar al destino a posteriori, recuerdo que cuando compartí un panel con Tania Tamayo junto a Nancy Guzmán (otra escritora) de moderadora,  ambas me tiraron algo de mierda por haber dicho que a diferencia de la represión “selectiva” de la dictadura, la estrategia represiva de Piñera durante el estallido del 2019 había sido el uso de la escopeta antidisturbios como una forma de represión “aleatoria”: de cada disparo salían 12 perdigones que dirigidos a una masa de personas, podían impactar a cualquiera.

A esa afirmación le hicieron la siguiente crítica, ambas: “Julio, deberías saber que la represión nunca es aleatoria. Siempre se dirige en contra de los más marginados y desfavorecidos de esta sociedad”. OK. Creo que no entendieron lo que dije. ¿Tal vez me expliqué mal?

Ahora sí que ya me quiero ir a la casa.

Pero me detengo en la esquina, y saco una foto.

El paisaje que desde ahí se observa me lleva a inicios de 1987. Cuando vino el papa Juan Pablo II y los militantes de las Juventudes Comunistas íbamos casi todos los días a hacer mítines relámpago en el centro. El edificio de la esquina con Alameda tenía un gran cartel de la AFP PROVIDA (¡vaya nombre!). Mi Liceo (el A-67) quedaba en las Torres de Fleming, y mi familia estaba viviendo donde amigos en San Bernardo.

Cada día debía levantarme muy temprano para llegar a tiempo a clases, tomando dos micros repletas, pero tras tantos cambios de ciudad y establecimiento preferí quedarme ahí a terminar el Cuarto medio. Además de las reuniones de la jota (dos o tres por semana) teníamos reuniones de la Coordinadora de Organizaciones de Enseñanza Media (COEM), por lo general los lunes en el Campus Oriente de la Universidad Católica. Enjambres de pingüinos/as usábamos libremente las salas para ampliados, reuniones de comisiones, e incluso talleres prácticos de autodefensa, mientras las comisiones de propaganda pintaban lienzos en los patios.

Un día que fui solo a protestar en el centro logré arrancar de las garras policiales por escasos centímetros. Los pacos de esa época no tenían el equipamiento actual, pero eran especialistas en dar lumazos.

La violenta arremetida verde dejó varias personas detenidas en la primera cuadra de San Diego, las que eran ingresadas a palos a un bus estacionado frente al edificio.

En mi desesperación casi sin darme cuenta subí corriendo al estacionamiento del edificio, en el segundo piso. Los carabineros no me siguieron, así que libré. Me quedé escondido por más de un cuarto de hora, y me asomaba disimuladamente para ver qué pasaba:

Al interior del bus, jóvenes de ambos sexos eran puestos como alfombra por el piso. Los policías les pasaban caminando por encima, dando algunos furiosos saltos para causarles más daño, mientras los golpeaban con sus lumas. La gente gritaba de dolor, y yo me sentía bien por haberme salvado de esos malos tratos, y horriblemente por estar presenciando en directo los apremios que ellos estaban sufriendo y que si hubiera corrido un poco más lento estarían siendo aplicados también sobre mi cuerpo adolescente.


Esa esquina se ve casi igual que en esos tiempos. El recuerdo sigue ahí. La brutalidad y el miedo incrustados en el pavimento y en el edificio.    

Me sumerjo en la estación de Metro Universidad de Chile. Alcanzo un asiento en el tren subterráneo, y leo a Rosa, que le dice a su camarada Leo Jogiches en una carta fechada el 20 de marzo de 1893:


“Hoy me levanté temprano y volé hacia ti, pero noté que mis conjeturas nocturnas no eran nada más que un sueño. Así que, si no llegas el miércoles, iré temprano a Ginebra en tren. ¡Ya verás!”  

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miércoles, octubre 23, 2024

¿REVOLUTIO INTERRUPTUS?: Aportes para una discusión sobre el octubre chileno 

 


(Publicado en Disenso. Revista de pensamiento político. 5 (6), Mayo, 2023. Dossier Reformismo Reaccionario)

1.- Acción y reacción: El octubre chileno visto desde el año 2023.

“Lo que en un momento pudo encender el corazón y el cerebro, lo que pareció ser el gran acontecimiento trasmutador de la existencia individual y colectiva, lo que se soñó el retorno de grandes tiempos, a la postre -a veces no al cabo de mucho tiempo- se revela trivial y vulgar. Caen las máscaras que tal vez nuestro propio entusiasmo había puesto en los personajes; el velo de la ilusión se levanta, el corazón se siente traicionado” (Erwin Robertson).

A más de mil días después del 18 de octubre de 2019, un fantasma ha recorrido Chile: el fantasma del octubrismo, contra el que se han conjurado en santa jauría todas las potencias del viejo mundo que se sintió tan amenazado en esa primavera inolvidable.

La historia se ha estado reescribiendo en versión reaccionaria, con las plumas de Carlos Peña, Lucy Oporto, Hugo Herrera e Iván Poduje, entre varias otras eminencias grises. El estallido social nunca existió, fue sólo una decadente explosión de violencia nos dicen -para algunos, espontánea, y para otros orquestada por oscuras fuerzas o desde el extranjero-, mientras el presidente Boric nos hace ver para el tercer aniversario del acontecimiento que “no fue una revolución anticapitalista” (1).

Súbitamente encontramos a todos los intelectuales del orden clamando contra la revuelta, y culpando a los que desde la academia o la teoría “no fueron suficientemente críticos” con su violencia. Algunos como José Joaquín Brunner tratan de separar tajantemente la violencia insurreccional “octubrista” de las legítimas protestas “noviembristas”, tal como en la derecha algunos han tratado de instalar una delimitación entre la dictadura (las violaciones de derechos humanos) y la obra positiva del “régimen militar”.

Se escupe contra la revuelta no sólo desde la derecha extrema y no tanto, los “amarillos por Chile”, el centro y la socialdemocracia en versión posmoderna: desde la autodenominada izquierda anticapitalista también se dirigen dardos en contra de un proceso que “no tuvo conducción”, y que por ende “no podía llegar a nada” (2). En eso coinciden con Brunner cuando horrorizado señala que el estallido le produjo “una gran reacción negativa ver esa violencia completamente anárquica, sin objetivo político, sin ideología, sin organización, sino un estallido, auténticamente una revuelta” (3).

De violaciones a los derechos humanos ya casi no se habla (4). La reescritura de la historia reciente está casi llegando a plantear que las violaciones de derechos humanos durante la represión de la revuelta no sólo no fueron sistemáticas, sino que tal vez nunca ocurrieron (5). Y aunque hubieran existido “excesos individuales”, parece de mal gusto hoy en día cuestionar a los generales Yañez o Rozas por su cometido en esos días, puesto que hoy en día lo que importa es apoyar (no reformar) a las policías y poner freno a la migración.

El “proceso constituyente” quedó en manos de los partidos con sus “bordes constitucionales” y designación de “expertos”; su calendario exprés se está cumpliendo sin contratiempos ni mucho interés del público. A nivel social impera una apatía y desánimo generalizados, junto con la sensación compartida de que a tres años de la revuelta de octubre “no hemos ganado nada” e incluso muchas cosas han empeorado.

En este momento entonces es que resulta más importante qué nunca ponernos de acuerdo acerca de qué es lo que aconteció en octubre, para entender a partir de ahí cómo hemos llegado a este punto en que la reacción ha avanzado tanto que trata de imponer el negacionismo de la revuelta además de una verdadera caza de brujas anti-octubrista en que se identifica y ataca públicamente a los sospechosos de apología de la violencia.

En gran medida este debate se podría centrar en la caracterización del octubre chileno: ¿fue una revuelta más grande que lo usual o una revolución que al no lograr la caída del gobierno Piñera quedó interrumpida y frustrada? Una primera aclaración es que no comparto la idea de una dicotomía absoluta entre revueltas y revoluciones, en que “la revuelta suspende el tiempo histórico e instaura de golpe un tiempo en el cual todo lo que se cumple vale por sí mismo, independientemente de sus consecuencias y de sus relaciones con el complejo de transitoriedad o de perennidad en el que consiste la historia”, mientras “la revolución estaría, al contrario, entera y deliberadamente inmersa en el tiempo histórico” (6).  

Tampoco suscribo la concepción “monumentalizadora” de los procesos sociales que ha llevado a convertir el término “revolución” en una pieza de museo, reservada únicamente para las grandes Revoluciones con mayúscula, que tienen la capacidad de partir en dos la historia y generar un nuevo orden a partir de un año cero.

El peso que las revoluciones francesas de 1789 y rusa de 1917 -ambas instauradoras de nuevos regímenes mediante una “violencia fundadora de derecho”- tienen aún en el imaginario actual, repercute inevitablemente en la falta de una “imaginación política radical” que sea capaz de orientarnos estratégicamente hacia una ruptura total con el orden social capitalista que desde hace medio siglo nos parece insuperable. Al abandonar el concepto de revolución dejándolo en el espejo retrovisor de la historia, las izquierdas realmente existentes asumen el mismo punto de vista que Thatcher y el realismo capitalista: “no hay alternativas”. Y como diagnostica Joao Bernardo, en el nuevo terreno al que nos condujo el “neoliberalismo” como reacción capitalista global contra la oleada revolucionaria de los años 60 y 70 se hace imposible una acción eficaz tanto de “aquella izquierda que se esfuerza por volver el capitalismo más soportable como la otra izquierda que pretende abolir el capitalismo” (7).

2.- Revoluciones y contrarrevoluciones

"El restablecimiento de la Monarquía, que llaman contrarrevolución, no será una revolución contraria, sino lo contrario de una revolución" (De Maistre). 

Si acudimos al Diccionario de la RAE, el concepto de revolución es bastante más amplio y dinámico que los espectaculares modelos francés y ruso: su primera acepción casi lo hace sinónimo de “revuelta”, al señalar que es la “acción y efecto de revolver o revolverse”. Luego, la define como “sublevación o levantamiento popular”, y en otra acepción como un “cambio profundo, generalmente violento, en las estructuras políticas y socioeconómicas de una comunidad nacional”.

Aristóteles dedicó el libro V de su Politeia a las revoluciones, tratando en detalle “de donde proceden, su naturaleza y número, qué elementos son corruptores de las politeias, cuál es el paso natural de un régimen a otro” (8). Para él, en todas partes las revoluciones tienen por causa una desigualdad, y “siempre la búsqueda de la igualdad despierta rebelión” (9). A pesar de los rasgos comunes de revoluciones, rebeliones y revueltas (que al menos en la traducción que tengo a mano aparecen usadas indistintamente, como sinónimos), Aristóteles se concentra en las diferencias que se presentan según se produzcan en una democracia, una oligarquía, una monarquía o una tiranía, suministrando una abundancia de ejemplos concretos y criticando a Sócrates por concebir un solo tipo de revolución (10).

La idea central tras el concepto de revolución remitiría entonces a la de transformación social o política: las revoluciones de todo tipo, fracasadas o exitosas, serían los recordatorios evidentes de que el orden social y político no es estático, que puede ser modificado o completamente trastocado por la acción humana. En este sentido es que resulta valiosa la reflexión de Guattari y Rolnik cuando la definen como “un proceso que produce historia, que acaba con la repetición de las mismas actitudes y de las mismas significaciones” (11).

Tal vez una de las mayores transformaciones que sufre el concepto es que mientras originalmente y hasta el siglo XVII designaba el retorno a un estado de cosas que se había visto trastocado por el mal gobierno de las autoridades, siendo así casi sinónimo de restauración, en el siglo XVIII se rompe con dicha noción para realzar el aspecto positivo de creación de un Nuevo Orden (12).

Las revueltas no sólo no se pueden separar completamente de las revoluciones: más bien constituyen el polo o momento negativo de una revolución, su elemento insurreccional y destituyente. En este sentido, como destacaba Villalobos-Ruminott en una intervención realizada días antes del 18-O (13), no existe una verdadera oposición o dicotomía entre revueltas y revoluciones, lo que ocurre es que las revoluciones que han sido exitosas en establecer un nuevo orden social, han pasado a cumplir una función de mito fundacional del nuevo sistema de dominación. En ese momento de consumación del éxito del ascenso de una nueva clase dominante, el momento insurreccional es primero fetichizado y luego finalmente escondido y olvidado: la concepción monumentalizada de la revolución parece neutralizar su polo negativo, para concentrarse exclusivamente en la exitosa transformación del régimen político o del orden social.

Esto explica el que por una parte se niegue el carácter de revolución a las revueltas o insurrecciones que por poderosas que sean no logran hacer caer el antiguo régimen para iniciar uno nuevo, inmortalizando el “círculo mítico del derecho que es también el círculo mítico del poder: instauración, conservación, caída…y así, hasta el final de los tiempos” (14). Y por otra parte, dicha concepción está detrás del hecho de que para la historiografía oficial no hay mayor inconveniente en etiquetar como revoluciones a simples golpes de Estado como las revoluciones militares chilenas de 1924 o 1932, o incluso al 18 de septiembre de 1810, evento en que no hubo sublevación popular alguna sino sólo maniobras propias de la afirmación política autónoma de la oligarquía criolla (15).

La revolución monumentalizada hace mirar la historia por el espejo retrovisor y castra la imaginación radical y el deseo de transformaciones profundas, propiciando un modelo de sacrificio militante calcado de las grandes figuras masculinas/patriarcales de los “héroes de la revolución”. En comparación a los “grandes hombres” de la Revolución con mayúscula la importancia de la acción individual y colectiva de todos nosotros se diluye, pues nunca nuestras revueltas van a saciar la tremenda ansia de heroicidad que se desprende de la concepción normativa de los revolucionarios profesionales, que al despreciar todos los procesos que no se realizan a imagen y semejanza de su propio mito fundacional son los primeros en olvidar el testamento político de Rosa Luxemburgo, que culmina diciéndole a los esbirros estúpidos que “La revolución, mañana ya ‘se elevará de nuevo con estruendo hacia lo alto’ y proclamará, para terror vuestro, entre sonido de trompetas: ¡Fui, soy y seré!” (16). El mismo Jesi, al referirse al martirio de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en 1919 señala que ese desenlace escogido conscientemente demostraba la imposibilidad de separar revuelta y revolución” (17).

Tal vez ocurre que lo que directamente experimentamos son las revueltas, insurrecciones, levantamientos, huelgas generales, rebeliones, protestas, motines y asonadas, expresiones muy cercanas que como ha dicho Sergio Villalobos-Ruminott, “constituyen un marco conceptual amplio, y no necesariamente ajeno a contradicciones, en el que es posible atisbar una relación no convencional con el tiempo histórico. Es como si cada una de estas nociones quisiera nombrar un momento de alteración de la concepción lineal y espacializada del tiempo, favoreciendo una experiencia no convencional de la historia y del ser en común” (18). El título de “revolución” parece en cambio ser un reconocimiento otorgado a posteriori, por parte de algún tipo de Academia de Ciencias o Tribunal de la Historia (19).

Lo que importa es que cada revolución produce su propia contrarrevolución, y en los momentos álgidos de la lucha la revolución y la contrarrevolución se desarrollan contradictoria y simultáneamente, interactuando y modificándose una a otra. Según Paolo Virno la contra-revolución “no debe entenderse solamente una represión violenta —aunque, ciertamente, la represión nunca falte. No se trata de una simple restauración del ancien régime, es decir del restablecimiento del orden social resquebrajado por conflictos y revueltas. La ‘contrarrevolución’ es, literalmente, una revolución a la inversa”, que “al igual que su opuesto simétrico, no deja nada intacto” (20).  La contra-revolución, “construye activamente su peculiar ‘nuevo orden’. Forja mentalidades, actitudes culturales, gustos, usos y costumbres, en suma, un inédito common sense. Va a la raíz de las cosas y trabaja con método. Pero hay más: la ‘contrarrevolución’ se sirve de los mismos presupuestos y de las mismas tendencias —económicas, sociales y culturales— sobre las que podría acoplarse la ‘revolución’, ocupa y coloniza el territorio del adversario y da otras respuestas a las mismas preguntas”.

3.- El eterno retorno: Octubre, Noviembre y Septiembre.

“Y se van vaciando las barricadas, y se va alejando el modo de empezar de nuevo” (Disturbio Menor, “Fuego”)

En febrero del 2020, coincidiendo con el día de los enamorados, la historiadora de derechas Lucía Santa Cruz, consejera del Instituto Libertad y Desarrollo, compartió en El Mercurio una columna en que refería la existencia de un interesante “juego de historiadores” consistente en decidir qué acontecimientos del presente iban a ser vistos a futuro como grandes hitos o puntos de inflexión. “¿Cuáles serán los eventos que marcarán la interpretación historiográfica de la crisis actual, esa que yo me resisto a llamar 'estallido social' y reconozco mejor en el concepto de insurrección?”, se preguntaba doña Lucía aplicando el ejercicio al presente.  Tras referir al ambiente previo que señala como de “legitimación de la violencia”,  en que “los atentados terroristas al metro del 18 de octubre, y la marcha de protesta del 25, aparecerán como datos importantes” (21), la historiadora concluía que: “el evento más importante, más radical y sustantivo de la crisis, aunque indebidamente, ha pasado desapercibido y ocurrió el 12 de noviembre, el día más violento hasta hoy, cuando estuvimos al borde del abismo, hasta que el Presidente Piñera optó por intentar una salida pacífica, por medio de un acuerdo político” (22).

Coincido con esta señora en que el 12 de noviembre de 2019 fue el momento más intenso de toda la revuelta chilena: el punto culminante, tras el cual la clase dominante retoma la iniciativa y encausa el proceso por la vía institucional. Por eso es bueno siempre recordar que el 18 de octubre (día de la insurrección espontánea) dio lugar al 25 de octubre (marcha del millón) en que se expresó el predominio creciente de la lectura “progre” y “constituyente” del proceso objetivamente revolucionario que se había abierto. A partir de ahí, la interrupción total del continuum de la dominación cedió espacio a la entrada en escena de distintas formas de subjetividad “progresista neoliberal”.

La jornada del 18 de octubre ya había mostrado toda la fuerza de un verdadero cataclismo social, pero sólo ocurrió en la Región Metropolitana. Para la huelga general del lunes 21 de octubre la revuelta se había extendido a gran parte del territorio nacional, y en  la capital los niveles de represión y resistencia fueron tan impresionantes que dieron para hablar de “La Batalla de Santiago”: el mismo nombre que se le dio al alzamiento del 2 de abril de 1957. Pero fue con ocasión de la huelga general del 12 de noviembre  que la insurrección popular se expresó con máxima intensidad en todo el país. Superando con creces cuantitativa y cualitativamente la detonación inicial, es evidente que el estallido llegó en ese momento a su punto álgido. 

Durante ese día martes 12 se había anunciado una cadena nacional de Piñera para las nueve de la noche. Tres semanas de intensa represión ya estaban generando un efecto en la psiquis colectiva: la reaparición del temor a un golpe de Estado, o más bien un “autogolpe” en este caso.  El presidente demoró casi dos horas en salir a hablar desde La Moneda, y cuando finalmente lo hizo su alocución resultaba bastante poco comprensible. Tras hacer ver que la violencia había alcanzado un punto nunca antes visto, y reconocer que las policías estaban totalmente sobrepasadas…anunció que iban a llamar a los “reservistas” de ambas instituciones (Carabineros y PDI) para colaborar con sus labores. Finalmente, señaló que “todas las fuerzas políticas, todas las organizaciones sociales, todas las chilenas y chilenos de buena voluntad tenemos que hoy día unirnos en torno a tres grandes, urgentes y necesarios acuerdos nacionales:

Primero, un acuerdo por la paz y contra la violencia que nos permita condenar en forma categórica y sin ninguna duda una violencia que nos ha causado tanto daño, y que también condene con la misma fuerza a todos quienes directa o indirectamente la impulsan, la avalan o la toleran. Segundo, un acuerdo para la justicia, para poder impulsar todos juntos una robusta agenda social que nos permita avanzar rápidamente hacia un Chile más justo, un Chile con más equidad y con menos abusos, un Chile con mayor igualdad de oportunidades y con menos privilegios. Y tercero, un acuerdo por una nueva constitución dentro del marco de nuestra institucionalidad democrática, pero con una clara y efectiva participación ciudadana, con un plebiscito ratificatorio para que los ciudadanos participen no solamente en la elaboración de esta nueva constitución, sino que también tengan la última palabra en su aprobación y en la construcción del nuevo pacto social que Chile necesita”.

A la luz de lo acontecido el 4 de septiembre de 2020 esta última frase revela su absoluta relevancia como definición a largo plazo, y posiciona al acuerdo tramado desde ese momento y hasta la madrugada del viernes 15 de noviembre como una verdadera obra maestra de la clase dominante.  

Mientras elaboraba el histórico y extraño discurso que pronunció esa noche, Piñera mandató al ministro Blumel (sucesor del caído Chadwick) a tomar contacto con los partidos de oposición. Al llegar el ministro a su casa, donde lo esperaban los senadores Harboe y Quintana, les dijo: “Hoy para todos los efectos es 10 de septiembre de 1973 y de nosotros depende que mañana no sea 11 de septiembre” (23).

Entre el 13 y el 14 de noviembre sectores de izquierda llamaban a “evitar provocaciones”, dado que el 14 se cumplía un año desde el asesinato policial de Camilo Catrillanca en el Wallmapu. El jueves 14 estaba anunciada una visita de diputados del Frente Amplio al profesor Roberto Campos, primer caso emblemático de prisión política, al ser encadenado por Ley de Seguridad del Estado al haber sido captado por cámaras pateando un torniquete el 18 de octubre. Ese mismo día se supo que el diputado Boric finalmente no iría a verlo en la Cárcel de Alta Seguridad, porque según declaró a 24 horas: “Yo no voy a asistir en este momento a una reunión de esas características porque estoy dedicado, a tiempo completo, a colaborar en encontrar acuerdos para el momento que estamos viviendo”. Además aprovechó de aclarar que “aplicarle la Ley de Seguridad Interior del Estado nos parece que es una medida desproporcionada, sin perjuicio del error que él ha cometido” (24).

El “error” era en realidad uno más de los millones de gestos individuales y colectivos que dieron origen a la revuelta. Como declaró luego Campos: “Sentía rabia por las injusticias sociales, porque ser profesor no es fácil (…) No tengo cubiertos mis derechos sociales básicos, la salud, por ejemplo. Y todo lo que ha sucedido a lo largo de la historia con los profesores, la deuda histórica, que posiblemente cuando jubile voy a ganar el sueldo mínimo y fueron todas esas injusticias que en ese momento me obnubilaron y le pegué al metro, le pegué al torniquete” (25). De haber un error en esta acción, seguramente fue el no haberse preocupado de ocultar su rostro (26).  

No necesitamos explayarnos acerca de la importancia de gestos como el de Boric para la realpolitik. Lo que está claro es que entonces la alternativa se planteaba en términos absolutos: o estaba con la revuelta visitando a sus presos, o con el Gobierno y el Congreso jugándoselas por salvar al Estado y evitar que el pueblo genere una ruptura institucional haciendo caer al presidente, lo que para todos los concertacionistas y frenteamplistas implicaba “dañar la democracia”. La elección de Boric no fue un “error” sino la demostración de que, tal como dijo Karl Marx, “para el Estado no existe más que una ley única e inviolable: la supervivencia del Estado”. El partido del orden contra el partido de la anarquía.

En este punto es que parece claro en retrospectiva que mientras el sector más conservador del partido del orden clamaba por sacar una vez más pero ahora sí en serio a los militares a la calle en una especie de autogolpe defensivo, fue una vez más la versión actual de la socialdemocracia progresista la que movió todos los hilos necesarios para rearticular al mando político del Estado y propiciar una auténtica salida contrarrevolucionaria que, sin romper con las reglas de la democracia formal, lograra desviar luego la potencia de la revuelta hacia los cauces institucionales, apagándola lenta pero inexorablemente mientras se regresaba a una “nueva normalidad” que cuatro meses después implicaba nuevos estados de excepción constitucional e intensas medidas restrictivas de derechos a causa de la pandemia de coronavirus, y que tres años y medio después nos dejó sin revuelta, sin Nueva Constitución, con la misma policía de siempre e incluso con Sebastián Piñera reapareciendo en los debates nacionales sin vergüenza ni pudor alguno (27).

Varios detalles de lo que pasó entre el 13 y el 15 de noviembre fueron señalados el 2021 en un reportaje de The Clinic titulado “’De acá no se mueve nadie hasta que lleguemos a acuerdo’: 14 protagonistas del 15N revelan episodios de ese día histórico” (28). Significativo resulta lo que dice Jaime Quintana (PPD, en ese entonces presidente del Senado): “Así como se había producido el momento de la sociedad el 25 de octubre, con la marcha más grande que nadie podía sacar de su retina y su mente, éste fue el momento de la política. Algunos críticos dicen: ‘esto debió haber sido en la calle, en una asamblea’… ¡Por favor! La política fue un instrumento que, en ese momento, funcionó bien”. Nótese que Quintana omite referir el 18 de octubre: el “momento insurreccional” que accionó el “momento social”.

Mario Desbordes: “Fue un día bisagra para el chileno, donde pudieron haber caído todas las instituciones y haber tenido una anarquía o una guerra civil, y lo que se logró fue encausar esto por una vía democrática”. El senador Alfonso de Urresti (PS) señala entre las cosas anecdóticas de esa jornada “la solicitud de cambio de nombre, de Asamblea Constituyente a Convención Constitucional, que planteaba la derecha porque claramente era una derrota completa para ellos y al menos querían salvar el nombre”.

Tal vez lo más revelador son los recuerdos del senador Harboe (luego elegido integrante de la fracasada convención constituyente): “un momento inolvidable fue cuando se bajó Convergencia Social, después de que Gabriel Boric estuvo todo el día negociando. Entonces él dijo ‘estoy en dudas de qué hacer’ y yo tuve una conversación larga y franca con él. Y él tomó la decisión valiente y responsable de perseverar en el acuerdo a pesar de que su partido se había bajado y eso era muy importante para que el acuerdo no se viera como de la Concertación. Eso me emocionó mucho”.  

¡Con justa razón! Sin Boric el acuerdo al que llamó Piñera no habría funcionado para desmovilizar a las masas que hasta ese día tenían el país paralizado y alzado. Lo cierto es que Boric fue el único que lo firmó a título personal. El Partido Comunista de Chile no se decidía, pero ahí estaba, y aunque finalmente no firmó de todos modos ahí “estaban los principales actores sociales del momento, léase Bárbara Figueroa de la CUT, el Presidente del Colegio de Profesores, el de No más AFP, varios otros dirigentes” (Quintana en The Clinic) (29).

Las manifestaciones siguieron luego del anuncio del acuerdo que se produjo casi a las 3 de la madrugada. Pero la masividad fue disminuyendo a partir de ese momento. Ese mismo viernes 15 la represión intensa mediante perdigones y lacrimógenas causó la muerte por infarto cardíaco de Abel Acuña, uno de los miles que estaban en la Plaza Dignidad manteniendo viva la protesta a pesar de las negociaciones. Poco a poco, entre el verano, la pandemia y las elecciones, la revuelta fue agotándose y se mantuvo sólo esporádicamente en las protestas del hambre y por ayudas económicas durante el encierro pandémico, y cada viernes en la Plaza Dignidad, exigiendo la libertad de los presos de la revuelta.

Gracias a la socialdemocracia en su versión actual, progresista y posmoderna, la clase dominante logró canalizar exitosamente una insurrección de una magnitud y forma inusitada, evitando que el momento negativo de la revuelta se expresara en una verdadera revolución política. Para ello se necesitaba derrocar el antiguo régimen, y a partir de ahí reconstruir las relaciones sociales e inventar otra forma de convivencia colectiva entre los pueblos de Chile. No llegamos a ese momento porque la energía fue desviada en el momento preciso en que el mal gobierno estaba a punto de caer, el pueblo rebelde que hizo la revuelta fue disuelto y la colectividad se atomizó nuevamente en un conjunto de electores y votantes individuales.

La propuesta de Nueva Constitución entregada el 4 de julio de 2022 ya había logrado la significativa proeza de eliminar toda referencia al “estallido social”, y poco después el presidente Boric anunció que de ganar el rechazo de todos modos proseguiría de algún modo el proceso constituyente. Luego el presidente y varios partidos de gobierno acordaron que en el improbable caso de que ganara el apruebo se iban a realizar reformas a la propuesta, degradada así a mero borrador. En ese punto -como dijo el poeta Maiakovsky antes de quitarse la vida- la suerte estaba echada. El desenlace del 4 de septiembre de 2022 solo vino a poner fin a un libreto escrito el 15-N. Lo curioso es que muchos desde la izquierda no lo entiendan así, por ejemplo Oscar Ariel Cabezas en conversación con Jun Fujita Hirose.  Cuando el japonés la pregunta “¿por qué los chilenos no continuaron sus luchas callejeras hasta la caída del gobierno del presidente Piñera, quien además es uno de los empresarios más beneficiados por el neoliberalismo chileno, como lo hicieron por ejemplo los argentinos hace 20 años con la consigna ‘Que se vayan todos’? Los chilenos dejaron que Piñera completara su mandato con toda tranquilidad”,  la respuesta de Cabezas es que la pandemia fue el “verdadero milagro” que salvó a Piñera de caer e incluso de terminar en la cárcel por las violaciones de derechos humanos cometidas durante su mandato (30). ¡No señor!: Piñera se salvó el 15 de noviembre de 2019, y quien lo salvó directamente fue el presidente actual, Gabriel Boric.

En gran medida lo que ocurrió a partir del 15-N hasta hoy puede ser visto como la crónica de un desangramiento anunciado, pues al parecer la convocatoria a procesos constituyentes es a estas alturas una ya clásica maniobra de la clase dominante en el momento en que estalla una revolución negativa (la revuelta) y necesita evitar que se transforme en revolución positiva (la reconfiguración de un nuevo orden). Por eso es que, en nuestra época -como ha dicho el Comité Invisible- las insurrecciones finalmente llegaron, pero se estrangulan en la fase del motín. Desde el Partido del Orden nos miran con desprecio anti-octubrista y, recobrada ya la confianza en sus propias fuerzas, gritan -parafraseando a su maestro De Maistre en 1796-: “¡Ciudadanos, así se hacen las contrarrevoluciones!”.

4.- La trampa constituyente: el ejemplo de 1848

“Tan sólo ha habido dos revoluciones mundiales. La primera se produjo en 1848. La segunda en 1968. Abas constituyeron un fracaso histórico. Ambas transformaron al mundo” (Arrighi, Hopkins y Wallerstein).

Ferdinand Lassalle en una conferencia obrera dada en 1862 hacía un balance de las revoluciones de 1848, período también conocido como la “Primavera de los pueblos”, y de como las transformaciones políticas y sociales se empantanaron en el lodo constituyente. “Si la Constitución es la ley fundamental de un país, habrá de ser una fuerza activa que, mediante un imperio de necesidad, hace que todas las otras leyes e instituciones jurídicas operantes en el país sean aquello que realmente son, de forma que, desde ese instante en que existe ese algo, sea imposible promulgar en tal país, aunque se desease, cualesquiera otras” (31). Para este rival de Marx en el movimiento socialista alemán son los “factores reales del poder”, y no la “hoja de papel”, lo realmente decisivo y clave detrás de las constituciones escritas.

El 18 de marzo demostró, sin duda, que el poder de la nación era ya, de hecho, mayor que el del Ejército. Después de una larga y sangrienta jornada, las tropas no tuvieron más remedio que ceder”. No obstante ese triunfo popular espontáneo, el poder minoritario aunque bien organizado de la monarquía y el ejército resultaba a la larga más eficaz. Por eso, “si se quería, pues, que la victoria arrancada el 18 de marzo no resultase forzosamente estéril para el pueblo, era menester haber aprovechado aquel instante de triunfo para transformar el poder organizado del Ejército tan radicalmente que no volviera a ser un simple instrumento de fuerza puesto en manos del rey contra la nación”. 

Pero no se hizo nada de eso, pues el pueblo se entretuvo con la formación de una Asamblea Nacional para formular una Constitución escrita, y así en noviembre de 1848 cuando la revolución ya mostraba su esterilidad, el rey sacó los cañones a la calle de nuevo, disolvió la Asamblea, y proclamó una Constitución escrita que lejos de ser abiertamente reaccionaria, era bastante liberal y de hecho se basaba en gran medida en el trabajo de dicho órgano constituyente.

Lasalle concluye que “elaborar una Constitución escrita era lo menos importante, lo menos urgente” comparado con la labor de “modificar y desplazar los factores reales y efectivos de poder presentes en el país”. Eso era lo que “había que echar por delante, para que la Constitución escrita que luego viniera fuese algo más que un pedazo de papel”.  Por eso la conferencia de Lasalle concluye recomendando al público: “si vuelven a verse alguna vez en el trance de tener que darse a sí mismos una Constitución, espero que sabrán ustedes ya cómo se hacen estas cosas, y que no se limitarán a extender y firmar una hoja de papel, dejando intactas las fuerzas reales que mandan en el país”.

En pleno 1848, comentando el funcionamiento de la Asamblea constituyente en Francfort del Meno, Friedrich Engels criticaba: “Durante las sesiones debió tomar las medidas necesarias para frustrar todos los intentos de la reacción, para afianzar el terreno revolucionario sobre el que pisaba, para salvaguardar contra todos los ataques la conquista de la Revolución, que era la soberanía del pueblo. Pues bien, la Asamblea Nacional alemana ya ha celebrado una docena de sesiones y no ha hecho nada de eso” (32)

Junto a Karl Marx, desde las páginas de la Nueva Gaceta Renana, estos jóvenes comunistas hacían ver al calor de los acontecimientos precipitados desde la revolución alemana de marzo cómo en ese momento resultaba vital también para las clases dominantes no reconocer “como una verdadera y auténtica revolución la lucha librada en las calles, que se pretende presentar como una mera revuelta”. Así “se ponía en tela de juicio la existencia de la revolución, cosa que podía hacerse porque ésta no era más que una revolución a medias, el comienzo de un largo movimiento revolucionario” (33). Por eso insistían en que “la más importante conquista de la revolución es la revolución misma”, y en que sólo “mediante una segunda revolución se confirmará la existencia de la primera” (34), lo que en cierta forma constituye a Marx y Engels como precursores teóricos de la “revolución permanente”.

5.- Algunas conclusiones provisionales

“Quienes hacen revoluciones a medias cavan su propia tumba” (Saint Just)

Al igual que en 1848, en Chile la dimensión revolucionaria movimiento que estalló en octubre fue soslayada o negada, y más por la burguesía de izquierdas que por la de derechas. En vez de consolidar en los hechos la fuerza real de un movimiento popular tan amplio, se optó por apostar a una transformación institucionalizada de la Constitución escrita, la “hoja de papel”, evitando desde arriba la ruptura institucional por abajo, y sepultando la idea misma de que era posible en ese momento desencadenar algún tipo de cambio socio-político profundo.

Y a similitud de 1968, el ninguneo de la revuelta contra la cual escupen desde la derecha y desde la izquierda, y la presencia indesmentible de una contrarrevolución que incluso podría pavimentar el camino a nuevos fascismos moleculares y molares, nos demuestra que tal como dijeron los situacionistas en 1969, la revolución estaba aquí: en este caso, una especie de revuelta social que se desencadenó con energía pero que no alcanzó a cristalizar en una revolución política (35). Y como dijo Lazzarato en relación al post-68, “cuando la revolución social se separa de la revolución política, puede integrarse a la maquinaria capitalista sin ninguna dificultad como un nuevo recurso para la acumulación de capital” (36). El fracaso de toda la izquierda progre/constituyente es inseparable del abandono posmodernista de la perspectiva estratégica de la revolución, pero a la vez tiene un reflejo simétrico en la izquierda revolucionaria “clasista” y “popular”, que aún mira la historia a través del espejo retrovisor, obsesionada con los modelos organizativos e ideológicos del siglo pasado.

Tal como en 1848 y 1968, la revuelta chilena fue parte de una oleada de luchas que se dieron simultáneamente en varias partes del planeta entre el 2019 y el 2020. Y no está muy equivocado el Manifiesto Conspiracionista cuando dice que las medidas anti-pandemia operaron como una muy conveniente y eficaz contrarrevolución (37)

Por muy alucinado y risible que pueda parecer en tiempos de decepción masiva, lo único que nos queda es volver a retomar la perspectiva estratégica de la revolución. En esta tarea resultará crucial volver a unificar lo que el pensamiento post-68 separó: la economía policía del poder con la crítica de la economía política (38). Mientras las izquierdas sigan divididas entre ambos tipos de crítica política, entre la lucha de clases y las políticas de la identidad, nuestro enemigo histórico no cesará de vencer.

6.- Derecho de rectificación: violencia conservadora versus violencia pura

“Si no llevamos esto hasta el final, pagaremos con lágrimas de sangre el terror que le infligimos hoy a la burguesía” (Errico Malatesta, 1920).

En un libro colectivo coordinado por el sociólogo Raúl Zarzuri, afirmé que en la primavera del 2019 “la respuesta a la rebelión popular en todo el país fue la exacerbación de la “violencia conservadora”, desprovista incluso de justificación jurídica o respaldo normativo, en defensa del orden neoliberal”. Y agregaba que “la ‘revuelta de octubre’, como respuesta popular ante décadas de acumulación de violencia estructural e institucional, fue así la ‘partera’ del proceso constituyente. Una violencia espontánea, ‘pura’, ‘anárquica’, que al irrumpir destituyó incluso la tradicional relación entre medios y fines, y que luego, a medida que el pueblo fue disputando y apropiándose del escenario de transformación institucional que se logró abrir, se ha ido transformando gradualmente en violencia ‘fundadora de derecho’” (39).

Los sorpresivos resultados del plebiscito constituyente de salida el septiembre del 2022 y todo lo que ha ocurrido con posterioridad hasta inicios del 2023, demuestra que esta proyección fue errónea: la contrarrevolución del 15N fue tan profunda y de largo plazo que logró evitar incluso la posibilidad de una relegitimación del orden mediante una refundación controlada y relativa (bastante moderada cuando no meramente discursiva) de su Derecho e instituciones políticas fundamentales.

En retrospectiva, la violencia conservadora apagó las llamas de una violencia pura o “divina”, que en la medida que interrumpía el continuum de la dominación, generaba epifanías de justicia y dignidad humana. Pero así y todo, la clase dominante sabe que no puede mantener las cosas tal como eran hasta antes del 18-O, y por eso insiste en “darle al país” una Nueva Constitución en un segundo proceso constituyente.   

Como se sabe, la distinción entre violencia fundadora y conservadora de derecho, entre violencia mítica y divina, así como el concepto de violencia “pura” o anarquista, son categorías aportadas por Benjamin hace exactamente 100 años, en Para una crítica de la violencia (1920/1), donde se refiere al “espectáculo penoso” que en su tiempo ofrecen “los parlamentos [que] no guardan en su conciencia las fuerzas revolucionarias a las que deben su existencia”. 

Tal como explica Elizabeth Collingwood-Selby, la violencia pura es “sagrada, redentora, revolucionaria”, pues “suspende, inhabilita, en cada caso, el dominio efectivo de la relación historia violencia-derecho”. Y donde la violencia-derecho “se ve interceptada por la relación violencia-justicia, precisamente ahí, llega y debe, en cada caso, llegar a su fin –a su interrupción- la analítica histórica del poder” (40).  

Así que finalmente no hubo violencia fundadora, sino una confrontación abierta entre el viejo orden que se resiste a morir, y un “más allá” del derecho, el Poder y la violencia mítica, lo mismo que en las otras protestas y rebeliones que estallaron en todo el mundo en los últimos años: Francia, Irak, Colombia, Ecuador, Hong Kong, Estados Unidos, Kazajistán, El Líbano, Argelia, Puerto Rico, Irán, Catalunya, Cuba, Nicaragua, Perú, Surinam, y estoy seguro que me faltan muchos más nombres en este breve inventario.

La lucha sigue.

NOTAS:

1.- https://www.t13.cl/noticia/politica/boric-estallido-no-fue-revolucion-anticapitalista-tampoco-ola-delincuencia

2.- Es lo que señala el profesor Carlos Pérez Soto en animada conversación con el Círculo Patriótico Chile, cuando hacia el minuto doce nos dice que es más que evidente que “de un estallido social no se puede obtener nada” y recordando que el mismo día del estallido nos dijo: “Aquí no puede pasar nada, porque los estallidos son fácilmente manipulables” (https://praxispatria.cl/2022/10/11/entrevista-a-carlos-perez-soto/ ). Sus anfitriones fascistas (en la versión ultraecléctica y “nacional-bolchevique” de la llamada “cuarta teoría política” de Aleksandr Dugin) están totalmente de acuerdo, lo que es interesante considerando que el profesor Pérez es un feroz enemigo de la “ultraizquierda”, que ha señalado incluso a Walter Benjamin como sospechoso de totalitarismo cuasi-fascista en algunas de las Tesis sobre el concepto de historia, pero que acá no tiene mayor problema en explorar “convergencias y divergencias” con quienes “piensan distinto”. Otro hermoso ejemplo de ninguneo de la revuelta es el que suministraron unos “comunistas de izquierda” que afirmaban que “ante los ataques del Gobierno la respuesta no es la revuelta popular sino la lucha de clase del proletariado”, y ahora se preguntan (y responden solos) “¿Y, finalmente, en que quedó la famosa “¿revolución?” chilena de octubre, llamada así por la izquierda y extrema izquierda del capital, meses después? Pues en nada realmente, el capitalismo sigue intacto, los obreros siguen sometidos a las atrocidades de la flexibilización y precarización, el estado burgués se mantiene intacto y de hecho gracias al lumpen reaccionario y anárquico muchos puestos de trabajo fueron destruidos, lo que aumentó el desempleo entre la clase obrera“ (https://es.internationalism.org/content/4598/que-perspectivas-tienen-las-luchas-proletarias-en-chile).

3.- https://www.eldesconcierto.cl/reportajes/2022/10/22/brunner-y-el-octubrismo-el-espiritu-de-la-revuelta-se-acaba-cuando-entra-al-mundo-real.html

4.- De un total de más de 10 mil denuncias realizadas ante el Ministerio Público, 7 mil ya han sido archivadas y en sólo una veintena de casos existen sentencias condenatorias, que por lo general aplican a militares y carabineros penas de cumplimiento en libertad. Como reacción a los indultos que Boric concedió a 13 presos de la revuelta en diciembre de 2022, ahora las empresas de encuestas están midiendo el apoyo a un posible indulto a carabineros (en marzo del 2023 un 52% apoya esa idea, según el Panel Ciudadano de la U. del Desarrollo).

5.- La encuesta CADEM Plaza Pública de 16 de octubre de 2022 arrojaba que el 58% considera hoy que el uso de la fuerza policial fue “proporcional dada la violencia que había en las calles, 31 puntos más que en 2019 cuando 69% pensaba que había sido excesiva”.

6.- Furio Jesi, Spartakus. Simbología de la revuelta (Buenos Aires, Adriana Hidalgo editorial, 2013), 63.

7.- Joao Bernardo, Democracia totalitaria. Teoría y práctica de la empresa soberana (Buenos Aires, Editorial Marat, 2019).

8.- Aristóteles de Estagira. La política (Politeia) (Bogotá, Panamericana, 2000) 210.

9.-Destaquemos que si lo que define la dicotomía izquierda/derecha es el igualitarismo/anti-igualitarismo, he aquí la razón más simple para entender por qué la izquierda hacía revoluciones y la derecha contrarrevoluciones. La novedad de los fascismos que aparecieron primero en Europa hace 100 años es que, desde una concepción esférica y mítica del tiempo, pretendían ser movimientos a la vez revolucionarios y conservadores: un ultranacionalismo radical amalgamado con versiones reaccionarias de socialismo.

10.-Aristóteles, op. cit, 268.

11.- Félix Guattari y Suely Rolnik. Micropolítica. Cartografías del deseo (Madrid, Traficantes de sueños, 2006), 211.

12.- Ver la entrada “Revolución”, redactada por Helio Gallardo, en Ricardo Salas Astrain (coord.), Pensamiento Crítico Latinoamericano. Conceptos fundamentales, Vol. III (Santiago, Ediciones Universidad Católica Silva Henríquez, 2005), 919-930.

13.- “Teoría de la revuelta y revuelta de la teoría”, en: https://www.youtube.com/watch?v=W39xKvVVxrc&ab_channel=SergioVillalobosRuminott

14.- Elizabeth Collingwood-Selby. Disturbios. Ley, imagen, escritura, excepción (Santiago, Ediciones Macul, 2021), 24.

15.- El historiador marxista libertario Luis Vitale decía que el 1810 chileno, que se caracterizó por una escasa participación del pueblo (sólo 350 personas acompañaron a la primera Junta de Gobierno el 18 de septiembre en el salón del Consulado), fue solamente una revolución política separatista, que no perseguía un cambio social estructural y no realizó ninguna de las tareas de las revoluciones burguesas en Europa, en las que supuestamente los dirigentes criollos se habrían inspirado. Sólo en la segunda etapa de esta revolución, luego de la Reconquista española, hubo mayor participación popular. Ver: https://elporteno.cl/luis-vitale-la-interpretacion-marxista-de-la-independencia-de-chile/

16.- Rosa Luxemburgo, “El orden reina en Berlín”, 14 de enero de 1919. En: https://www.marxists.org/espanol/luxem/01_19.htm

17.- Si bien Rosa juzgó inoportuno el momento en que estalló la revuelta, no se disoció del comportamiento de sus compañeros de clase porque hacerlo “significaba reconocer la fractura entre revolución y revuelta”, y “por más hostil que fuera la revuelta, Rosa Luxemburgo no aceptaba y no aceptó considerarla totalmente distinta de la revolución” (Furio Jesi, óp. cit., 109).

18.- Sergio Villalobos-Ruminott, Mito, destrucción y revuelta. Notas sobre Furio Jesi (2021). En: https://ficciondelarazon.org/2021/01/06/sergio-villalobos-ruminott-mito-destruccion-y-revuelta-notas-sobre-furio-jesi/

 19.- Después del triunfo popular de 1979 en Nicaragua el sandinista Orlando Nuñez recordaba: “Primero nos dijeron que no era posible hacer la revolución en estos países, ahora se esfuerzan en demostrar que no es proletaria” (referido por Enrique Dussel, El último Marx y la liberación latinoamericana (México, Siglo XXI editores, 1990), 290.

20.- Paolo Virno, “Do you remember counter-revolution?” Apéndice a Virtuosismo y revolución (Madrid, Traficantes de Sueños, 2003).

21.- En que “lo nuevo, lo radical, lo distinto, no fue la movilización social, que ya tenía antecedentes anteriores semejantes, aunque menos masivos, sino que el uso de una violencia altamente sofisticada, coordinada, organizada y simultánea en los ataques”, y el que “detrás de estos movimientos radicalizados no había meramente reivindicaciones sociales, sino un claro objetivo político, que no era otro que la destitución del Presidente de la República” (el subrayado es mío).

22.- Lucía Santa Cruz, 12 de noviembre de 2019. El Mercurio, 14 de febrero de 2020. En: https://lyd.org/opinion/2020/02/12-de-noviembre-de-2019/

23.- Los destacados son míos.

24.- Esta es la versión que da el ex director de La Tercera, Cristián Bofill, en: https://www.ex-ante.cl/https-www-ex-ante-cl-la-noche-mas-tensa-de-la-crisis-de-octubre-el-dialogo-de-pinera-con-el-jefe-del-ejercito/

25.- https://www.publimetro.cl/cl/noticias/2019/11/14/gabriel-boric-diputado-profesor-metro-acuerdo-constitucion.html

26.- Referido por Ignacio Abarca Lizana, “De cuando el pueblo chileno decidió levantarse: pasajes de luchas de clases y sociales”, Introducción a: Varios Autores, Contribuciones en torno a la revuelta popular (Chile 2019-2020), compilado por Ignacio Abarca (Kurü Trewa, 2020), 15.

27.- Lo cual no sólo sirve para evadir la acción policial (y hasta el Derecho Penal burgués reconoce el derecho a no auto incriminarse), sino que además, como dijo una vez el joven filósofo Antonio Negri, al ponernos una capucha nos des-individualizamos y pasamos a fundirnos con la comunidad humana proletaria.

28.- A pesar de que el actual Presidente manifestara en su momento que los responsables de violaciones de derechos humanos serían perseguidos “nacional e internacionalmente con todas las vías de la ley, así que señor Piñera, está avisado”.

29.- https://www.theclinic.cl/2021/11/15/a-dos-anos-del-15n-que-recuerdan-14-protagonistas-del-acuerdo-que-cambio-el-rumbo-del-pais/ Estas declaraciones íntimas sirven para complementar la sección “A confesión de parte, relevo de pruebas” dentro del número especial de octubre 2020 del boletín Ya no hay vuelta atrás, titulado La democracia es el orden del capital. Apuntes contra la trampa constituyente, 70-71.

29.- “La cabra siempre tira para el monte y un estalinista se encontrará siempre en su elemento en donde sea que se respira un olor a crimen oculto de Estado”, Guy Debord, Prólogo a la cuarta edición italiana de La sociedad del espectáculo (1979).

30.- Oscar Ariel Cabezas, ¡Quousque Tandem! La indignación que viene (Santiago, Qual Quelle, 2022), 200.

31.- Lasalle, ¿Qué es una constitución? En: https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/5/2284/5.pdf

32.- “La asamblea de Francfort”, Nueva Gaceta Renana, 5 de junio de 1848. En: Marx y Engels, Las Revoluciones de 1848. Selección de artículos de la Nueva Gaceta Renana. Traducción y selección de Wenceslao Roces, FCE, 1989. Hay versión pdf en: https://historiaycritica.wordpress.com/tag/las-revoluciones-de-1848/ Además, el artículo de Engels se puede leer acá: https://edicionesmimesis.cl/index.php/2019/11/25/la-asamblea-de-francfort-por-friedrich-engels/

33.- Federico Engels, “El debate de Berlín sobre la revolución”, Nueva Gaceta Renana N° 14, 14 de junio de 1848. En: Las revoluciones de 1848.

34.- Engels, “La Asamblea del pacto del 15 de junio”, NGR N° 18, 18 de junio de 1848. En: las revoluciones de 1848.

35.- En una conversación reciente organizada por Gonzalo Jara de la Universidad de Valparaíso, Sergio Villalobos-Ruminott y Osvaldo Fernández expresaron que lo ocurrido a partir del 15 de noviembre de 2019 como respuesta institucional a la insurrección de octubre podría ser entendido con el concepto gramsciano de “revolución pasiva”: una metamorfosis de la hegemonía que impone un “reformismo reaccionario”, y que a diferencia de una contrarrevolución es más preventivo que reactivo.

36.- Maurizio Lazzarato, El capital odia a todo el mundo. Fascismo o revolución (Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2020), 17.

37.- La contrarrevolución de 2020 responde a los levantamientos de 2019” | Capítulo del Manifiesto conspiracionista, en: https://artilleriainmanente.noblogs.org/?p=2606

38.- Lazzarato, op. cit, 87.

39.-  Julio Cortés Morales, “La violencia del orden. Sobre la represión estatal y el ‘estallido social’ en Chile”, en Raúl Zarzuri (coord.), Violencias y contraviolencias. Vivencias y reflexiones sobre la revuelta de octubre en Chile, Santiago, LOM, 2022, 135-148. Mi texto fue redactado a inicios del 2020, y luego revisado a mediados del 2021.

40.- Collingwood-Selby, op. cit., 18-19.

 

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