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domingo, noviembre 03, 2019

Evade Chile, 15 puntos sobre organización/Radio Temperamento/Análisis de la revuelta chilena desde el campo burgués/Asamblea + Disturbio el 9 por insumos médicos 



Cómo (no) organizarse si lo que se busca es subvertir la lógica mercantil y patriarcal del dinero

1- La organización no puede depender de internet.
2- Lxs participantes deben acordar: primero, una periodicidad (diaria, semanal, mensual, anual, etc.); luego, una cantidad de tiempo a reunirse (una hora, 6 horas, 3 días, etc.), y por último un lugar físico (casa, parque, junta vecinal, lugar de trabajo, etc.).
3- Estos factores dependerán de la urgencia de los objetivos y seguridad del contexto.
4- Durante el periodo de reunión se realiza todo el trabajo de logística necesaria para que la organización produzca (discusiones, acciones, textos, videos, arte o anti-arte, etc.).
5- Con el tiempo, se pueden ir creando comisiones internas que agilicen ciertas labores.
6- Ninguna posición está por sobre otra, la división del trabajo no se ata a ninguna ideología ni política ni técnica; debe responder al imaginario más profundo posible.
7- La rotación es ventajosa, cíclica. La autoridad paralizante, tiende a la obsolescencia.
8- Toda la actividad de la organización ocurre en el periodo de tiempo que se compare físicamente. La organización vive del encuentro de cuerpos físicos cargados de emociones e ideas.
9- La comunicación por internet o por teléfono no puede reemplazar la comunicación cara a cara.
10- Ya no se pregunta más “qué puedes dar a la organización”.
11- El éxito o fracaso dependerá de la motivación, iniciativa, claridad y sobre todo capacidad de sus participantes de comunicarse y aceptarse mutuamente.
12- Esta era la forma de organizarse de las comunidades que nos preceden, no virtual, sino real: organización a escala humana.
13- La sensación de “atomización” y separación generalizada que se vive, la interminable lista de equipos y partidos a los que pertenecer y qué defender, está inexorablemente atada a la virtualidad real del valor-dinero-capital.
14- Organizarse no es un fin en sí mismo.
15- Esto es solo el comienzo.

Hacia la vida blog
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RADIO TEMPERAMENTO:


Nota Hacia la Vida: desde la región argentina nos llega una nueva entrega de Temperamento Radio, con una edición especial sobre los acontecimientos en Chile y Catalunya. Agradecemos el esfuerzo de lxs compañerxs de otras latitudes por dar a conocer lo que sucede en esta región del mundo desde una perspectiva anticapitalista y radical.
Temperamento Radio: especial testimonios desde Chile y Catalunya
Grabado el 1 de Noviembre del 2019
Escuchar en el sitio web de Temperamento

Para descargar: click aquí con el botón derecho y “Guardar como…”
• Audio: Niñas contra el toque de queda
• ¿Neoliberalismo?
• Testimonios desde el Desierto de Atacama:
Compañeros de El Sol Ácrata desde Calama y Antofagasta
• Audio: ¡Por nuestrxs caidxs!
• Datos de la represión
• Testimonios desde el Sur:
Compañero desde Punta Arenas
Compañero de Radio Kurruf desde Temuco
• Audio: Efecto Psicoterapéutico
•Recomendamos: Asambleas territoriales en tiempo de revueltas desde Villa Olímpica (Santiago de Chile) Link: http://rcvo.cl/2019/10/31/conversatorio-asambleario-i/
• Disturbios en Catalunya y la trampa del nacionalismo.
• Grupo Barbaria desde la región española
Música: Ground Zero,  Illapu, Asamblea Internacional del Fuego,  Accidente, Los Planetas, Décima Víctima.

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Las cuatro razones del "estallido" social en Chile, según (el economista) Authers:

 "La primera es la desigualdad", enumera el experto en mercados y explica: "La agenda de los Chicago Boys generó un crecimiento agregado razonablemente sólido y estable, pero Chile sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo. Ocupa uno de los primeros lugares en desigualdad entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y, según el Banco Mundial, sigue siendo más desigual que sus vecinos Argentina y Perú. A la gente le enoja mucho más el aumento del costo de vida si éste está acompañado de una sensación de injusticia".

"En segundo lugar, el gatillante fue una propuesta para aumentar las tarifas del transporte público y las cuentas de electricidad. Existe una amplia evidencia en todo el mundo de que esto puede incitar a una rebelión más que cualquier otra cosa, algo que deberían tener en cuenta quienes esperan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a través de un impuesto al carbono".

Así, recordó que las protestas de los Chalecos Amarillos en Francia iniciaron por alzas en los impuestos a la gasolina y que en 2017 en México una serie de disturbios se registraron después de un aumento del 20% en los precios del combustible. Sin ir más lejos, también mencionó las huelgas de camioneros en Brasil durante 2018 por la subida en el valor del diésel.

"En tercer lugar, Chile carece de un movimiento populista, o de un caudillo político astuto. Tal figura podría haber sido capaz de usar la ira pública para sus propios fines, pero también habría tenido una mejor oportunidad de controlarla".

Por ejemplo, expone, "el presidente populista de izquierda de México, Andrés Manuel López Obrador, con frecuencia dirigía protestas públicas, pero persuadió exitosamente a sus seguidores de que no recurrieran a la violencia".

"En Chile, donde la política convencional carece de un partido o una personalidad para canalizar sus quejas, los manifestantes han recurrido al vandalismo autodestructivo. Es decir, mientras que los carismáticos populistas latinoamericanos tienden a poner nerviosos –con justa razón– a los líderes occidentales, Chile demuestra que pueden desempeñar una función vital".

"Finalmente, la dependencia de Chile de los productos básicos, en particular el cobre, hizo que sufriera graves daños colaterales por la desaceleración económica de China y la guerra comercial entre Estados Unidos y China", menciona como su cuarto y último punto. A modo de conclusión, Authers comenta sobre este último punto que "los líderes de Chile deben responder interrogantes sobre por qué no han logrado diversificar su economía para no depender solo de los metales. Pero el país está lejos de estar solo. Varios otros países emergentes están igualmente expuestos a los precios de los metales".

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¿Qué lectura hace de la forma que tiene este estallido social, sin líderes visibles ni estructura?

Justamente confirma el fracaso de la intermediación política y social. No hay liderazgo, no hay articulación, no hay demanda, y eso supone que nadie, ni el Frente Amplio que le encantaría hacerlo, tiene la voz de esto. Cualquier persona que quiera arrogarse la voz de esto está mintiendo. Y quizás esto es lo grave, porque cuando uno se queda sin esas instancias de intermediación, no tienes como leer o satisfacer esas demandas porque no sabes cuál es. Y eso hace todo más complicado. Estamos caminando por un terreno desconocido, para el que no tenemos mapa, cartografía ni brújula. Y eso agrava el problema, porque para esto se requiere líderes políticos de un nivel muy alto y yo hasta ahora no los he visto.



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Becado en un hospital de París, viví mayo de 1968 como testigo y partícipe comprometido y sorprendido.

Los hechos son conocidos. Los estudiantes inician una protesta por sus derechos en los campus, que es reprimida con fuerza. Luego protestan contra la represión y se encadena una seguidilla de manifestaciones que van incluyendo cada vez mayor número de estudiantes.

La noche del 10 de mayo, en los alrededores de la Sorbona, sede de la Universidad de París, se desarrolla una gran manifestación estudiantil que es fuertemente reprimida por la policía. Los estudiantes responden levantando barricadas con los adoquines que sacan de las calles del barrio histórico. La policía responde inundando de gases lacrimógenos las calles bloqueadas y lanzando una carga masiva durante la madrugada.

En medio de la batalla campal, el dirigente estudiantil Daniel Cohn Bendit lanza un llamado a los obreros y sindicatos para que rechacen la represión policial y apoyen a los estudiantes. La mañana del 11 de mayo, el secretario general de la Confederación de Trabajadores (CGT), dirigida por el Partido Comunista de Francia (PCF), declara que los obreros organizados no recogen el llamado de un extremista.

La base sindical reacciona de otra forma y al mediodía la confederación metalúrgica llama a la huelga general contra la represión y por las reivindicaciones de los trabajadores. Durante el día numerosas ramas de actividad se pronuncian por la huelga general, de tal modo que todas las centrales sindicales (CGT, CFDT, FO) llaman el 13 de mayo a la huelga general y se suman a la marcha que se organiza ese día, acatando el llamado de los estudiantes que encuentra eco en la base obrera.

Más de un millón de personas ocupan las calles de París y pasan cantando himnos revolucionarios frente a La Sorbona. Los dirigentes estudiantiles hacían gala de su independencia frente a los partidos políticos tradicionales y rechazaban formular un programa para no limitar la expresión espontánea del pueblo.

Los partidos de la oposición a De Gaulle, el comunista, de rígido corte estalinista, temiendo ser desbordado, reacciona manteniendo el statu quo y no apoya al movimiento estudiantil. El socialista, en sus varias expresiones y cruzado por fracciones en disputa, no logra ponerse de acuerdo y tener una posición común.

No hay un entendimiento y una expresión política para enfrentar la crisis desatada, todo queda en mano de una dirigencia estudiantil, inexperta y sin un programa y un petitorio claros. La oposición de derecha da todo su apoyo a De Gaulle y a recuperar el orden público. El cuadro es claro: una derecha unida férreamente tras el presidente y una izquierda dividida, sin capacidad de respuesta dejando el campo libre a la improvisación y espontaneísmo.

El resultado fue también claro, el gobierno abre negociaciones con la única fuerza que parece responsable, las centrales sindicales, y después de 10 días aparecen los acuerdos, aumento de casi un 40% del salario mínimo, creación de los comités de empresa, con participación sindical, y otras ventajas para los trabajadores y los sindicatos.

De Gaulle, hábil político, saca a los militares a la calle, el contingente de reclutas, sin armas, encargados de tareas de apoyo a la población, como cuidar las estaciones de gasolina y retirar la basura que se acumulaba en las calles de París y otras ciudades de Francia, mientras los militares profesionales ocupan posiciones más estratégicas, centrales atómicas eléctricas, estaciones de ferrocarril, autopistas, etc.

A fines de mayo, organiza una marcha de apoyo a su gobierno y recorre los Campos Elíseos, respaldado también por un millón de personas, donde llama a disolver la asamblea nacional y llama a elecciones generales de parlamentarios.

Cambia totalmente el terreno de enfrentamiento, lo lleva a la política formal y hace que los partidos busquen mantener sus posiciones electorales y los descalifica como fuerza negociadora de la crisis. Aparte de algunas modificaciones en el gobierno de las universidades públicas, el movimiento estudiantil consigue poco o nada. Sin considerar el enorme impacto cultural de la revuelta estudiantil, en las estructuras del sistema político económico no hay cambios. Una oportunidad perdida.

París era una fiesta esos días y los recuerdo con nostalgia de haber participado de un momento histórico. Me integré al comité de acción de barrio donde residía, el vecino que cruzábamos todos los días se convierte en interlocutor y allí se plantea de todo, dónde conseguir pan al día siguiente hasta la reforma del régimen político. Sean realistas, pidan lo imposible y la imaginación al poder, salen de los muros de La Sorbona e inundan las calles con su imagen de esperanza y libertad.

La semana que hemos vivido me lleva a la evocación de esos momentos, vividos con gran intensidad, y también me llenan de temor de ver otra oportunidad de cambio en la vida social que sea más trascendente que un momento de esperanza y confraternidad, como los que ha deparado este movimiento con su manifestación de más de un millón de personas, en Santiago, y decenas de miles en regiones.

Por lo anterior me llena de inquietud ver que los partidos Socialista, Comunista y los que forman el Frente Amplio, se negaron a asistir a una convocatoria hecha por el Presidente de la República, fundamentalmente sobre la base de que no se convocaba a la misma a los representantes de la sociedad civil....

(AAAAOuuuhhhmmmm, bostezos, dejo la lectura en este punto exacto).

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Asamblea internacional del fuego + Disturbio Menor. Tocata x insumos médicos para la revuelta.



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miércoles, octubre 09, 2019

La Guerra Social en Ecuador 




"Ecuador, 9 de octubre de 2019: 7mo día de Paro Nacional y 1er día de Huelga General. Panfleto de un@s proletari@s cabread@s de la región ecuatoriana por la revolución comunista anárquica mundial, desde "donde las papas queman":

Estamos luchando en las calles junto a las masas proletarias de la ciudad y del campo. No hay tiempo ni copiadoras disponibles para sacar y repartir este panfleto en papel. Es más agradable y provechoso vivir la experiencia de la rebelión que escribir acerca de ella.

Hicimos huir al presidente-títere de los empresarios y banqueros ladrones del Palacio de Carondelet y nos tomamos la Asamblea Nacional, mediante acciones directas masivas y redes de solidaridad de clase, a pesar del terrorismo de su Estado (estado de excepción, brutal represión policial y militar, cientos de detenidos, decenas de heridos, varios muertos, toque de queda).

No sabemos cuándo ni cómo va a concluir la situación actual. Pero sí sabemos que la lucha social continúa y debe continuar, teniendo claro y firme las siguientes reivindicaciones mínimas e innegociables:

* Derogar todo el paquetazo económico, no sólo el alza de pasajes.

* Derogar el estado de excepción y el toque de queda.

* Derrocar todos "los poderes" del gobierno de Moreno, sus jefes y sus secuaces.

* No negociar ni ceder con el Estado de los ricos y poderosos que nos matan de hambre y a bala. No dejarse robar por la burguesía y los políticos oportunistas de derecha ni de izquierda el poder que hemos ganado en las calles estos días. No exigir nuevas elecciones y nuevo gobierno. Ya basta del mismo libreto político de mierda de siempre. Autogobierno de las masas.

* Mantener las Asambleas en todas partes para autoorganizar la movilización, la solidaridad, el abastecimiento, la salud y la autodefensa de nuestra gente.

* Exigir la devolución de todo el dinero robado por empresarios, banqueros y políticos, para poder mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora del campo y la ciudad.

* Expulsar a la Minería y al FMI.

* Liberar a los compañeros detenidos.

* Romper el cerco mediático y denunciar el terrorismo económico y policial del Estado.

* Llamar a la solidaridad de clase internacional concreta en todo el mundo.

Proletari@s en lucha de este país:

Ganemos o perdamos, hemos despertado del letargo histórico, respondido a los ataques de todo tipo de la clase dominante, hecho cosas que no se han hecho en muchos años, y estamos aprendiendo en la práctica varias lecciones importantes durante estos días de intensa lucha de clases.
Ganemos o perdamos, mantengamos encendida la llama de la lucha proletaria para poder construir y sostener a mediano y largo plazo una fuerza social autónoma con la capacidad y la claridad necesarias y suficientes para tomar el poder no del Estado burgués, al cual hay que destruirlo de raíz, sino sobre nuestras vidas. Para hacer la revolución social hasta el fin, es decir la abolición y la superación positiva de la propiedad privada, la mercancía, el trabajo asalariado, el dinero, la sociedad de clases, el Estado, la patria y toda forma de opresión entre los seres humanos y sobre la naturaleza.
¡No se trata de sobrevivir menos mal, sino de vivir de verdad!
¡No se trata de cambiar de amo, sino de dejar de tenerlo!
¡Viva el Paro Nacional y la Huelga General!
¡Guerra de Clases e Insurrección!
¡Comunas Libres en todo el país!
¡Por la Transformación y la Comunización de Todo lo existente!

¡Vamos hacia la Vida!

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Si estás de acuerdo, favor difundir. Copia y pega. Contrainforma. Resiste y protesta desde todos los frentes de lucha. "
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«Capital, plusvalía, mueran con la burguesía» (Confederación de Nacionales Indígenas del Ecuador, CONAIE)

Compartimos algunos enlaces para estar al tanto:
Ecuador: movilización histórica en Quito hace huir al gobierno a Guayaquil
https://www.anred.org/…/movilizacion-historica-en-quito-hac…
Crónicas urgentes de una semana agitada
https://sendaguevarista.com/…/ecuador-cronicas-urgentes-de-…
Breve análisis del "paquetazo" y las próximas protestas en este país desde la crítica radical
http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/…/ecuador-br…

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martes, marzo 14, 2017

Revista COMUNISMO N° 66: El ABC de la "cuestión española" 



Cuando uno ya piensa que no volverá a leer nada decente en un buen tiempo, suele aparecer el nuevo número de la revista COMUNISMO: En esta ocasión, el N° 66 (febrero de 2017), que contiene la Primera Parte de “Revolución y Contrarrevolución en la región española. Años treinta”.

En medio de un verdadero mar de mistificaciones y tergiversaciones de mierda, estos “ABC” se agradecen y merecen todo nuestro esfuerzo de difusión.

Por supuesto que se recomienda leerla entera, pero por de pronto extracto una breve pero contundente parte que aparece casi al inicio:

EL ABC SOBRE LA CUESTIÓN ESPAÑOLA

Insistir sobre el "abc de la cuestión española", que en realidad es exactamente lo mismo que el "abc de la lucha de clases", implica combatir todas las ideologías que han pretendido ver en España contradicciones particulares, condiciones únicas en el mundo o especificidades debidas al supuesto atraso o a la falta de desarrollo capitalista.

Para nosotros, hay sólo una cosa realmente particular en España, y es el desfase con el que llega la confrontación con respecto a la lucha de clases en otros países. Como afirmábamos más arriba, el proletariado había sido derrotado en todo el mundo, cuando en la década del 30, en España, éste hace temblar el orden burgués. Esa es, para nosotros, la única excepción. Contrariamente a todo lo que se dice, la lucha de clases en España es igual que en todas partes, una lucha entre el capital y el proletariado y todo lo demás es una gigantesca mentira.

Dada la complejidad aparente con la que la cuestión española es presentada, este criterio de clase es indispensable, para no enredarse en las mil y unas cuestiones personales, de fracciones, de posiciones y grupos, que ha hecho escribir, a más de uno, que la "cuestión española" es un laberinto inextricable.

La complejidad misma es crucial en la falsificación. Partamos pues de lo que es más simple para nosotros, proletarios, y descubriremos la clave de todo el proceso. El punto de vista del proletariado es siempre el de sus intereses materiales e históricos, el de su antagonismo general con toda la sociedad del capital, el de su necesidad de contraponerse al capital y su Estado. Esta es la tendencia "natural" del proletariado cuando actúa como clase. Sin embargo, en el proceso de asociacionismo, en la organización proletaria en contraposición a la propiedad privada y todos sus defensores, aparecen un conjunto de ideologías, de "teorías socialistas que los intelectuales introducen en la clase", según las cuales "es demasiado prematura la lucha por la revolución social", "lo que hay que hacer ahora es apoyar a tal gobierno progresista", "hay que hacer una alianza con tal o cual sector de la burguesía", "el enemigo principal es el fascismo, el feudalismo, el atraso o, lo que sea". No es que en España dichas teorías fuesen originales (a pesar de la pretensión de algunos de los autores); sino que por el hecho de que toda la burguesía mundial (con sus respectivas expresiones "nacionales") intenta transformar esa lucha revolucionaria en guerra imperialista, se produce la presencia simultanea de multitud de expresiones ideológicas que se encaminan a desdibujar aquella simplicidad de las contradicciones de clase, que caracteriza todo el capitalismo, y a confundir todo en un enjambre confuso de ideologías. La confusión es enorme, llegando en algunos casos al extremo de explicar esa formidable lucha en España como producto de un conflicto ideológico. Hasta algunos de sus protagonistas presentan lo sucedido sin tener en cuenta en absoluto la contraposición de clases, como si en España se hubiesen enfrentado "ideas", o principios "estatistas" versus "anarquistas", o según otros "la reacción" y "el progreso", o diferentes tipos de "socialismos": "socialismo libertario" versus "socialismo autoritario".

Es totalmente lógico que quienes presentan las cosas de tal manera, se alineen necesariamente, como sucedió prácticamente, en uno de los lados de la guerra imperialista, sea a favor del franquismo, sea del antifranquismo; es decir que pongan todas sus fuerzas en la lucha para liquidar al proletariado como clase, como fuerza y transformarlo en simple masa de maniobras o más concretamente en carne de cañón.

Desde el punto de vista de nuestra clase, las cosas son simples, transparentes: el proletariado se enfrenta al capital y al Estado burgués, exactamente igual que en cualquier otra parte. Esa es la contradicción real, profunda, total, que determina, como en cualquier otra parte, a todas las demás. Las "dos Españas", "el atraso no permite...", el feudalismo y el capitalismo", "las tareas democrático burguesas", la "revolución burguesa incompleta", las "necesidades de la guerra", "la lucha contra el fascismo", son, sin excepción, ideologías, anzuelos de la burguesía para ensartar al proletariado, abombarlo y arrastrarlo para mejor servirse de él.

Desde el punto de vista del proletariado, no puede haber absolutamente ninguna duda, se trata de una cuestión de vida o muerte, o se fortifica como clase o se lo destruye transformándolo en base de apoyo de las distintas fracciones burguesas, enviándolo al frente, transformándolo en ejército (industrial y militar.) Y en el ejército republicano o franquista, en la lucha fascista/antifascista, dígase lo que se diga, el proletariado no es clase, no se afirma a sí mismo, sino que da su vida, sus tripas, su sudor y su sangre en beneficio de los (éstos sí) complejos intereses de la ganancia capitalista, del reparto del mundo entre potencias burguesas afincadas en España y al mismo tiempo internacionales. El proletariado no entra en la guerra capitalista (fascismo-antifascismo) como clase, sino como carne de cañón, como negación negativa del proletariado.

Comprendidas las cosas precisamente así, en toda su simplicidad (1), toda alianza interclasista o renuncia a esa simplicidad, es un abandono de la posición proletaria. Es totalmente transparente que las organizaciones que se decían obreras, como el PSOE o el PCE (o el PCUS), afirmaban claramente que no había que hacer la revolución social sino la guerra, que el enemigo no era el capitalismo y la burguesía, sino el fascismo. Siempre fueron, coherentes, en fortificar el Estado burgués para ello, en desarmar el "caos" proletario y armar el orden y el ejército ("todas las armas al frente").

En cambio, otras organizaciones como la CNT, la FAI o el POUM oscilarán con respecto a esa simplicidad durante toda su existencia, en función de la oportunidad, de los períodos, de las estructuras, de los"programas"y/o dirigentes. Sin embargo las especulaciones sobre "las particularidades de la cuestión española", sobre "el enemigo principal", sobre el hecho de que "la derecha es peor" conducirán a dichas organizaciones, de especulación en especulación, a renunciar a todas las posiciones de clase que se habían expresado en su seno. Dichas estructuras perderán así su carácter contradictorio desde la adopción misma de las tesis frentepopulistas de "primero la guerra, luego la revolución" e implicarán su alineamiento total en la guerra interburguesa, constituyéndose en parte fundamental del Estado burgués, impulsando, desde entonces, el encuadramiento y la militarización del proletariado. En definitiva, esas organizaciones, dentro de las cuales se habían asociado proletarios en su lucha y a pesar de sus tendencias tantas veces dominantes (socialdemócratas y sindicalistas), liquidarán totalmente esta posibilidad y se afirmarán como actores principales para la reorganización del orden burgués.

Todo lo que en España parece complicado, sobre el qué hacer, sobre las consignas, es fruto del abandono fundamental de ese simple análisis de clase que indica: el enemigo es la burguesía y el Estado, no hay un gobierno mejor que otro, no hay una burguesía mejor que otra, la posición del proletariado, frente a la policía y al ejército, es simplemente la de su destrucción. En cambio el POUM y la CNT argumentarían todo lo contrario: "que hay que hacer la guerra", que "el enemigo es el fascismo", "que el gobierno de la república es pequeño burgués", "el carácter excepcional, popular, de las organizaciones burguesas de izquierda" (2)...

Sin embargo, si, en ruptura con la historia oficial se corre el velo de las superficialidades ideológicas, se constata enseguida que la clave es la contraposición de clases, el antagonismo entre necesidades humanas y el Estado burgués. A ese nivel fundamental, es clarísimo que el fascismo y el antifascismo son dos mandíbulas de la misma jeta sanguinaria, dos discursos del mismo monstruo. En efecto, cuando no se olvida nunca el carácter burgués del Estado, y se tiene en cuenta que su objetivo es, como siempre, liquidar la revolución, reventar al proletariado autónomo, desarmar los grupos de proletarios que no aceptan someterse a la disciplina estatal (por ejemplo ante la militarización)..., todo lo ideológico queda clarísimo. Así cada discurso oficial de la República, cada llamado a "renunciar a todo menos a la victoria", "dejar de lado las desavenencias en la retaguardia" sea hecho por Azaña, Companys, Federica Montseny, Andrés Nin, Juan Negrín o Abad de Santillán, adquiere su real significado.

¡Cuánto más simple son las cosas si, contra todos los elementos ideológicos, contra todos los pretextos y mentiras, no olvidamos nunca que el Estado burgués, cualquiera sea su forma, es el capital constituido en fuerza y el órgano vital de opresión del proletariado! ¡Cuánto más transparente resulta cada hecho, y cada figura histórica, si dejamos de lado lo que esos individuos dicen de sí mismos, y vemos si dicha figura luchó por el proletariado o se puso al servicio del Estado!
¡Cómo también quedan claros los discursos de ambos lados del frente de batalla para llamar a la reorganización sindical del trabajo y la marcha hacia la guerra, si no perdemos de vista que de los dos lados de la guerra se impulsan la misma reorganización del capital!

A lo largo de nuestra exposición, veremos la tragedia en la que se sumerge la lucha proletaria en España, en donde los dirigentes fundamentales de su lucha histórica irán pasando a integrar los cuadros del Estado burgués, y le pedirán, al proletariado, que abandone su lucha clasista, hasta desarmarlo y derrotarlo. Veremos que para ello se irán liquidando aquellas bases instintivas y simples de lucha contra la propiedad privada y el Estado que, durante décadas, había caracterizado la lucha del proletariado en esa región, y se construirán complejas explicaciones y teorías para justificar esas claudicaciones.

Notas:
1. Aquí, como en otros dominios, la clave teórica y metodológica está en romper con esa confusa representación ideológica (concreto representado), que aparece en la superficie de la sociedad, haciendo abstracción de todos los elementos ideológicos y propagandísticos que le dan potencia a esa representación (como el cuco del fascismo o cualquier otra fórmula de propaganda partidaria) y concentrarse en los intereses antagónicos de las clases en pugna y los proyectos históricos que de los mismos se derivan. Esta abstracción, que nos permite captar la realidad en toda su simplicidad, es equivalente a la que nos permite, por ejemplo, comprender las formas más simples del valor, así como el desarrollo de ellas (hasta las formas más complejas) y el proceso mismo de valorización; es decir concebir el capital como sujeto general de esta sociedad y poner en evidencia la necesidad y la posibilidad histórica de abolirlo.

2. "Los centristas y reformistas de cada país subrayan siempre el carácter excepcional, popular, de las organizaciones burguesas de izquierda de cada país", decía Moulin, militante que se definía como trotskista o mejor dicho bolchevique leninista, en un artículo de denuncia contra el POUM por su participación gubernamental titulado "El POUM se convierte en partido gubernamental". Moulin fue desaparecido y torturado a muerte por los lenino/estalinistas.

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lunes, marzo 26, 2012

EL PROBLEMA NO ES SÓLO LA MINERÍA. ¡ES EL CAPITALISMO Y SU PROGRESO! (x Brigada Fantasma de Agitación Comunista-Anarquista) 



El problema no es que el progreso se esté construyendo mal.

El problema es la lógica que presupone ese progreso.

Y esa es, ni más ni menos, que el progreso del capitalismo.

RAP / MASA



Otra vez la minería en las primeras planas de este país, impulsada y defendida a capa y espada por este gobierno capitalista. Y otra vez protestas de distintos sectores “populares” en su contra, calumniadas y reprimidas por este gobierno (incluso decretando –nuevamente- “estado de excepción” y “contramarchas”). Pero, asimismo, otra vez el reformismo oportunista a la cabeza de tales protestas. Lo que no quiere decir que este sea un conflicto secundario o sin importancia, porque sí la tiene. Sin embargo, el problema de fondo No es la minería. Es el capitalismo y su progreso. Es la desposesión violenta y permanente de los medios de vida para la producción de mercancías. Es la explotación y depredación de la clase trabajadora y de la naturaleza por parte de los Capitalistas y su Estado. Y es que eso mismo es el Progreso: progreso y ganancia sólo para el capital y sus agentes, y en cambio Miseria y Muerte para la humanidad proletarizada y la Tierra. La minería (o el petróleo, las hidroeléctricas, las florícolas, las bananeras, etc.) sólo es una parte de la economía donde este problema de fondo se manifiesta de manera cruda y desastrosa. Y no sólo hoy en día, sino desde la Colonia, con la diferencia de que hoy es mucho más grave que antaño porque el planeta entero está agonizando a causa de tantos siglos de capitalismo, de tanto progreso.



Por lo tanto, se trata de luchar no solo contra la minería –lo que es necesario-, sino contra el capitalismo en su totalidad, es decir, contra la explotación de nuestra clase proletaria, la depredación de la naturaleza y toda otra forma de dominación; y, en cambio, a favor de la reapropiación revolucionaria de todas las condiciones necesarias para que vivamos en Real Comunidad Humana-Natural, para que dejemos de ser esclavxs del trabajo asalariado, ovejas del Estado, y opresores de la madre Tierra y de/entre nosotrxs mismxs. De lo contrario, sólo nos espera el suicidio planetario y como especie. No se trata entonces de exigir “otro modelo de desarrollo” o progreso, es decir otro capitalismo “más humano” o “más verde”, así como tampoco se trata de exigirle al gobierno cuasi-fascista de la Contrarrevolución Ciudadana “diálogo” o “que cumpla la ley” y que no reprima, porque esto sería como exigirle a la araña que no coma moscas. De hecho, estas ilusiones reformistas, progresistas, democráticas y ciudadanistas siempre se pagan caro y, más que nada, no son sino la otra cara del espectáculo de dominación capitalista a fin de mantener anulado al proletariado como clase revolucionaria, es decir como fuerza autónoma de negación y superación radical y total de la sociedad del capital. Muy por el contrario, lxs proletarixs hemos de interrumpir abruptamente o Sabotear el progreso mismo del capital, en este caso del capital minero, y denunciar el carácter exclusivamente Capitalista y Terrorista del Estado y por ende de Este Gobierno, enfrentando a ambos mediante la Acción Directa, tal como desde hace años ya lo han hecho algunos hermanos proletarios en perú, quienes, al “luchar por la vida frente a la minería”, han ido demarcando esa Autonomía de Clase en cada combate, luchando Por Fuera y En Contra no solo de las empresas y la policía, sino también de frentes, partidos, ongs, sindicatos, medios de comunicación y demás aparatos del Capital-Estado –tanto de izquierda como de derecha-.



Eso es Defender la Vida, ya que el Capitalismo es un Sistema de Muerte (nos explota, nos envenena, nos persigue y encarcela, nos mata) y su Estado es el mayor genocida y ecocida de la historia. Bajo el capitalismo la verdadera vida no existe porque ésta nos es ajena y amarga; nos encontramos separadxs de nosotrxs mismxs y de la naturaleza –por la propiedad privada, el trabajo, el dinero…-. Por tal razón es que para lxs proletarixs revolucionarixs el Capitalismo es Muerte y el Comunismo Anárquico es Vida, en tanto libre asociación de iguales para el libre e integral desenvolvimiento de todos y cada uno de los seres vivos, en base a nuestras necesidades y a la solidaridad. ¿Y cómo? Pues sólo en la comunidad de lucha proletaria contra este sistema podemos anticipar y conquistar esa verdadera vida. Tarde o temprano, dicha verdad histórica saldrá a la superficie, no porque lxs proletarixs revolucionarixs así lo digamos o así lo deseemos, sino por necesidad hasta de sobrevivencia de las mayorías explotadas y la naturaleza. Haciendo además caer por los suelos todas las apariencias o mentiras que lubrican esta miserable cotidianeidad capitalista: aquí concretamente, la mediática y perversa mentira, hecha “verdad” por repetirla mil veces -al clásico estilo fascista-, de este gobierno burgués; así como las ilusiones y ambiciones del reformismo oportunista, electorero y pacifista (indigenistas, ecologistas, sindicalistas, políticos, etc.) que hoy lidera movilizaciones tales como la “marcha plurinacional...”; pero también las rancias mentiras del reformismo izquierdista disfrazado de “revolucionario” (pequeñoburgueses leninistas antiimperialistas, antineoliberales, antimineros, antigobierno, populistas, nacionalistas, progresistas, estatistas… capitalistas). Entonces, la lucha ya no solo será por “la minería, el agua, la tierra”… será por el “alto costo de la vida”, los salarios, los despidos, el desempleo, la precariedad, la miseria diaria, la represión si se protesta… en fin, será -así no se autodenomine como lo que es- un enrabiado coro proletario lanzado a las calles contra todo tipo de explotación y dominación cotidianas, contra toda esta inhumana sociedad burguesa y de clases. Será la humanidad contra el capital, las necesidades contra el lucro, la vida contra la muerte…



Dado que el actual contexto mundial es de crisis catastrófica capitalista y de revueltas proletarias por todos lados, tarde o temprano, a pesar y en contra del actual gobierno (asqueroso gobierno terrorista del capital al que acaso le resten solo unos años antes de estallar y caer), el reformismo y la pasividad generalizada, aquí retornará –cual fantasma- la vieja Lucha de Clases para quedarse y poner a temblar toda esta podredumbre capitalista que nos enferma y mata a diario. Por el momento, nos solidarizamos de modo crítico y autónomo con lxs proletarixs del campo y la ciudad que están protestando contra el brutal deterioro de sus condiciones naturales de vida, por lo que llamamos a que se deshagan de las ilusiones propias de sus dirigentes y organizaciones reformistas, a que desborden y rompan esa jaula que les impide asumirse y luchar precisamente como Proletarixs –y como hijxs o hermanxs de la naturaleza salvaje-, a destruir lo que nos destruye, a juntxs reapropiarnos de nuestras vidas y transformarlas de raíz. Así hemos de luchar por imponer la Dictadura Social de Nuestras Necesidades y Deseos Vitales, a fin de abolir la dictadura democrática y progresista del capital cuya única promesa es exterminarnos.



¡EL CAPITALISMO ES MUERTE!

¡ESTE GOBIERNO ES CAPITALISTA Y TERRORISTA!



¡EL REFORMISMO DE TODO COLOR ES OTRO ENEMIGO DE NUESTRA CLASE!

¡HERMANXS PROLETARIXS: A DESHACERNOS DE LAS ILUSIONES

CIUDADANAS Y DEMOCRÁTICAS, ASÍ COMO TAMBIÉN DE

LAS ILUSIONES “ANTIMINERAS” Y “ANTIIMPERIALISTAS”!



¡DEFENDER LA VIDA ES LUCHAR CONTRA EL CAPITALISMO TOTAL,

RADICAL Y AUTÓNOMAMENTE!

¡A INTERRUMPIR O SABOTEAR EL PROGRESO DEL CAPITAL!

¡A DESTRUIR LO QUE NOS DESTRUYE!



¡ESTA SOCIEDAD ES UNA CATÁSTROFE Y EL PLANETA ESTÁ AGONIZANDO!

¡POR EL REGRESO DE LA LUCHA DE CLASES,

DE LA GUERRA SOCIAL MUNDIAL CONTRA EL CAPITAL!

¡SÓLO LA REVOLUCIÓN SOCIAL ES SOLUCIÓN VITAL!

¡COMUNISMO Y ANARQUÍA… O MUERTE!


brigada fantasma de agitación comunista-anarquista


quito-ecuador, marzo 2012

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jueves, febrero 16, 2012

Ha llegado carta: del GCI para el GEC 


El GCI: como todos saben, es el Grupo Comunista Internacionalista.

El GEC: como pocos saben (porque es más nuevo), es el Grupo de Esclarecimiento Comunista, que funciona en la región peruana.

Tal como hace unos años el Comité Invisible (aka Tiqqun) hizo un Llamamiento que que yo sepa sólo fue respondido por el GCI y Troploin, ahora el GEC hizo un "llamamiento a la unidad" de los núcleos comunistas proletarios, que me acabo de enterar gracias al sitio Debate Comunista Internacional que obtuvo la siguiente respuesta del GCI:


Estimados compañeros.

Recientemente tuvimos ocasión de leer el llamamiento que en su día lanzasteis para la unidad de los revolucionarios, así como las recientes aportaciones críticas que los compañeros “proletarios salvajes” han realizado.

Para nosotros todo lo que tiene que ver con el proceso de unificación y centralización de las luchas proletarias es un tema fundamental y prioritario para la comunidad de lucha y queremos dejar unos comentarios críticos.

Ante todo saludamos vuestra tentativa de romper con el sectarismo y la reivindicación que hacéis de asumir las necesidades de las luchas, de romper la separación grupo a grupo, de asumir esfuerzos entre compañeros, de actuar de forma centralizada. Es vital luchar contra la lógica de la separación de la burguesía que penetra en los proletarios, en sus estructuras, fomentando el aislamiento y la atomización. Hoy, el desarrollo de la lucha de clases, el desarrollo del proletariado como fuerza, que se empieza a materializar en la reemergencia de sus luchas a nivel masivo en todos lados, posibilita hacer saltar en pedazos toda esta política de sectas. El proletariado tiende en momentos como los actuales a destruir el aislamiento, superar los restringidos marcos de los grupos, a desarrollar el asociacionismo y asumir la centralización del movimiento. Hoy, que estamos en la puerta de entrada de una nueva fase de lucha tras décadas de contrarrevolución y pese a las terribles debilidades que acarreamos, se vuelve a sentir la necesidad de la centralización internacional. Grupos proletarios de diversos países y regiones actúan ya en este sentido, asumen ya la tarea enorme que será llevada a cabo por miles de cuadros revolucionarios, de centralizar la comunidad de lucha,... Nuestro grupo, en tanto que expresión de la comunidad de lucha proletaria y su tendencia a centralizarse mundialmente, nunca escatimó ni escatimará esfuerzos en este sentido. De hecho nuestra propia existencia responde a esa necesidad para la constitución del proletariado en clase, y por tanto en partido. Por eso nosotros siempre hemos asumido este trabajo, este proceso de centralización.

En todo este proceso y en todas las tentativas por coordinar, unificar y centralizar las luchas de nuestra clase siempre hemos defendido que todo esfuerzo por la centralización de las minorías comunistas, en tanto que sectores más decididos, más combativos y más conscientes de las luchas, solo pueden partir de las necesidades de las luchas, de asumir las tareas que el movimiento exige, de coordinar todos los esfuerzos clasistas. Solo en este marco es posible la centralización internacional del proletariado. Como decimos al final de la tesis 56 de nuestras tesis programáticas:

“[...] Dada las condiciones de las cuales emerge esa comunidad de acción revolucionaria, luego de décadas de contrarrevolución, hoy resulta, más evidente que nunca que la misma es una comunidad práctica de necesidades e intereses proletarios afirmados en el enfrentamiento contra el capital, y cristalizados en la acción de minorías de vanguardia, mucho antes de ser una comunidad de consciencia (incluso en lo que respecta a estas minorías). La organización, la centralización de esa comunidad, que se irá afirmando en base a la coordinación de la acción contra el capital (que se desarrolla hoy en forma inorganizada), se contrapone entonces necesariamente con todo tipo de criterios de demarcación ideológica y es y será una demarcación eminentemente práctica, de lucha. [...]”

Por eso estamos totalmente de acuerdo cuando decís que “es necesario que las minorías revolucionarias busquen el trabajo organizado, la unidad en los esfuerzos, en base a una plataforma de acción e intervención en la lucha real de nuestra clase (sin dejar de lado el esclarecimiento mediante el debate)”. Si bien no estamos de acuerdo en la utilización del término intervención para referirse a la actuación de las minorías comunistas en el seno de las luchas de nuestra clase, por todo lo que conlleva, pues hace referencia a una actuación que viene desde el exterior, cuando las minorías comunistas actúan como parte de la lucha, de la clase, y no intervienen. Al margen de esto pensamos que ahí está la clave de la centralización de la lucha, y en concreto de las minorías comunistas -algo inseparable-: centralizarse en base a asumir las necesidades y tareas de las luchas, centralizarse a partir de unos ejes prácticos (lo que llamáis plataforma de acción). Y es en este cuadro en el que tiene cabida la discusión, la elaboración de criterios cada vez más demarcatorios que delimiten cada vez de forma más profunda la revolución y la contrarrevolución.

Sin embargo parece que vuestra propuesta entra contradicción con esa intención que adelantáis. Pese a que mostráis esa tentativa de asumir la centralización en base a “una plataforma de acción”, el desarrollo de la propuesta va por otro lado. En lugar de fijar esos ejes de acción, esa “plataforma de acción”, como fundamento de la propuesta, se ponen en su lugar “unos principios políticos”. Y compañeros, ese es precisamente uno de los caminos que desarticulan las tentativas de centralización. Se pone en bandeja la transformación de toda tentativa real de reagrupamiento de revolucionarios y abre la puerta de entrada a fuerzas que nada tienen que ver con la luchas sino con el mundo de las ideas. Cuando los ejes de acción, cuando la coordinación real de nuestra práctica es dejada de lado para discutir en primer lugar de principios, ponemos el puente para que los oportunistas y los ideólogos tomen el protagonismo esterilizando la tentativa de asociacionismo proletario. En lugar de tomar como base una confluencia práctica se toma como base una declaración de principios.

Cuando decís “Compañeros, hemos visto muchos llamamientos a la unidad, muchos llamamientos a los grupos que se hacen llamar revolucionarios, comunistas y clasistas… es hora de que esto sea una realidad” no hacéis más que reflejar esa realidad que criticamos. Esos llamamientos, esos encuentros de revolucionarios que finalmente para lo único que sirven es para quemar las energías de compañeros que realmente pujan por la estructuración de la lucha, esas espectaculares “preparaciones del partido” que se quedan en discusiones de salón, no responden más que a ese mundo de las ideas, de los principios y no al de la lucha y sus necesidades. No parten de la lucha, no parten de las tareas y de su centralización, parten de principios, de ideas que quieren amoldar las luchas. Por eso se quedan en nada, o lo que es peor, por eso se crean estructuras que en lugar de ser un espacio de reagrupamiento de revolucionarios y centralización de las luchas es un espacio para su liquidación, y por eso algunos compañeros denunciamos esas seudotentativas, Llamamientos así compañeros hay a decenas, pero nada tienen que ver con las propuestas concretas de centralización. De compañeros que asumen la coordinación de las tareas revolucionarias como base del desarrollo de la unificación del proletariado. Recientemente hemos leído también otra propuesta de centralización por parte de “tentativaxx” en la que vemos también que su eje no responde a articulaciones prácticas, sino a principios a los que “basta con dar el visto bueno para comenzar”.

Con esto queremos subrayar el peligro que se corre dirigiéndose hacia esa dirección. No queremos decir que no se requieran una serie de criterios demarcatorios que limiten la entrada de nuestros enemigos, que no haya que discutir... Por supuesto que se necesitan criterios que delimiten en lo posible la entrada de nuestros enemigos en todo proceso de estructuración. Pero siempre partiendo de asumir la centralización de las luchas y no al revés. De hecho es así, asumiendo conjuntamente la práctica que realizábamos por separado algunos grupos y militantes como se corta la entrada a la mayoría de oportunistas y pseudorevolucionarios cuya práctica está ausente de la lucha real de nuestra clase. Nosotros siempre hemos defendido que lo que realmente garantiza la delimitación entre la revolución y la contrarrevolución es la práctica, asumir o no asumir las tareas y necesidades de nuestra clase. Y eso es lo que echamos de menos precisamente en esta propuesta, la columna vertebral de toda propuesta de reagrupamiento de revolucionarios, el punto de inicio de toda tentativa de centralización: unos ejes prácticos que aborden precisamente las necesidades de las luchas, que asuman las tareas de las luchas, y que en base a ellos concretemos el reagrupamiento. De ahí la contradicción que vemos en vuestras intenciones y el desarrollo que hacéis en la propuesta. Sin unos ejes prácticos de articulación todo queda en el vacío, se abre la puerta de par en par al teoricismo, al tertulianismo. La propuesta de centralización entonces pasa a ser una propuesta de debate apartada del terreno del combate de clase en la que las necesidades y tareas de las luchas, en la que la propia centralización, desaparece.

No es con “principios” como se constituirá un polo de reagrupamiento de revolucionarios, no es así como las luchas se centralizan. La centralización es el resultado de la confluencia práctica, de la estructuración colectiva de esa práctica, se trata de que asumamos conjuntamente, de forma coordinada lo que ya asumíamos de forma separada. Entonces el “eje sobre el que apoyarse” no puede ser otro que la de asumir conjuntamente las necesidades y tareas de las luchas de nuestra clase. Una “propuesta abierta” puede englobarse en esa dinámica de centralización, pero siempre que su punto sea precisamente asumir esas necesidades. Sin partir de unos ejes prácticos, sin reivindicar como primer criterio ciertas tareas a asumir conjuntamente en ese proceso de centralización se está esquivando precisamente la sustancia de todo esto, la centralización de las luchas. Los criterios de demarcación, de “filtración”, lo que vosotros llamáis principios, solo valen partiendo precisamente de esa base, de la base de asumir las tareas de las luchas.

Para terminar, subrayar nuevamente que ningún “principio político”, ningún criterio ideológico será nunca la base sobre la que se desarrolle la unidad del proletariado. Por el contrario la base será siempre la organización y centralización de la lucha proletaria. La internacional, el partido, se prefigura hoy en la práctica de un conjunto de minorías proletarias no centralizadas -salvo pequeñas excepciones- que en su lucha vuelven a repropiarse del programa comunista, vuelven a situarse en la línea histórica de la revolución. Es en la coordinación y en la centralización de la práctica de esas minorías donde asienta toda su esencia el proceso de unificación del proletariado. Y es ahí donde tiene sentido la discusión, la formalización de una serie de criterios que de forma cada vez más clara irán delimitando la revolución y la contrarrevolución.

Por todo lo dicho es lógico, y entenderéis, que nuestra crítica no entre en la valoración de los “principios políticos” que invitáis a criticar. La crítica al propio marco de la propuesta, a la propia dinámica de la que parte es aquí lo fundamental y por eso hemos considerado que era lo que había que abordar. Lo otro, criticar esos puntos, es entrar en un terreno que consideramos, tal y como hemos desarrollado, que por el momento no sirve para impulsar la unificación de la lucha proletaria ni para avanzar en la ruptura del aislamiento entre las minorías comunistas.

Por el momento esto es todo compañeros. Nuestra mano está tendida para asumir juntos esfuerzos y tareas para la centralización internacional de las luchas. Toda esta crítica de vuestro llamamiento va en ese sentido.

Esperamos vuestra respuesta.

Niko por el GCI

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jueves, junio 17, 2010

Lanzamiento Video-revista Sinapsis Nº 8.8 


¿Cuando y donde? Mañana en la muy céntrica y algo terremoteada Volnitza Eskuat Coofee shop. No se pierdan a Juan Trovador, que la última vez que lo vó interpretó sólo con guitarra de palo y voz tremendos hits de Anarquía, 2 minutos y ....chucha, se me olvidó.

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viernes, marzo 26, 2010

Ya circula el Nº 3 de los Cuadernos de Negación. CONTRA LA SOCIEDAD MERCANTIL GENERALIZADA 



"Si hoy respirar, alimentarse, abrigarse, divertirse o buscar amor está condicionado por la necesidad de la comercialización, no significa que siempre fue así o que deba seguir siéndolo.

Hoy toda relación social lleva el sello de la mercancía, ésta ha ocupado la totalidad de la vida social. Incluso los seres humanos nos vemos unos a otros como mercancías.

El capitalismo, como relación social y no sólo como concepto, es la sociedad mercantil generalizada, una sociedad en la que toda la producción es producción de mercancías: la dictadura totalitaria y generalizada de la ley del valor contra los seres humanos".

descargar aquí


Contenido:

▪ Presentación
- Buscando la raíz de la “radicalidad”
▪ Contra la sociedad mercantil generalizada
- El tiempo es oro
- ¿Siempre hemos vivido así?
▪ ¿Contra qué Capital?
- Capital ficticio
▪ Abajo el trabajo
- Y abajo el ocio mercantil
- Ya no somos esclavos ¿Viva la libertad?
- Ideología del sacrificio
- Ideología del anti-sacrificio
▪ La mercancía como objeto y relación social
- Las sutilezas metafísicas de la mercancía
- ¿Liberar el trabajo? ¡Liberarnos del trabajo!
- Gestión y auto-gestión
▪ Negación de lo que nos niega

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miércoles, febrero 24, 2010

Marx, teorico del anarquismo (M. Rubel, 1973) 


Perjudicado por discípulos que no consiguieron hacer el balance, ni trazar los límites de su teoría, ni definir las normas y el campo de su aplicación, Marx ha acabado por convertirse en un gigante mitológico, símbolo de la omnisciencia y de la omnipotencia del homo faber forjador de su destino.

La historia de la Escuela está por hacer, aunque conocemos su génesis: codificación de un pensamiento mal conocido y peor interpretado, el marxismo nació y se desarrolló cuando la obra de Marx no era aún accesible en su totalidad y cuando importantes partes estaban todavía inéditas. Así, el triunfo del marxismo como doctrina de Estado y como ideología de partido, ha precedido varias décadas a la divulgación de los escritos en los que Marx ha expuesto, de la forma más clara y más completa, los fundamentos científicos y las intenciones éticas de su teoría social. Que con la invocación de un pensamiento, cuyos principios esenciales han sido ignorados por los protagonistas del drama histórico, se hayan producido profundas transformaciones bastaría para demostrar que el marxismo es el mayor, si no el más trágico, equívoco del siglo. Pero, a su vez, podemos medir el alcance de la tesis sostenida por Marx según la cual no son ni las ideas revolucionarias ni los principios morales los que provocan la mutación de las sociedades y las transformaciones sociales, sino las fuerzas humanas y materiales; ideas e ideologías sólo sirven, casi siempre, para travestir los intereses de la clase en cuyo provecho se han realizado las transformaciones. El marxismo político no puede, al mismo tiempo, reclamar la ciencia de Marx y sustraerse al análisis crítico empleado para desenmascarar las ideologías afines al poder y a la explotación.

Ideología dominante de una clase de amos, el marxismo ha logrado vaciar de su contenido original los conceptos de socialismo y comunismo, tal como Marx y sus precursores los entendían, y substituirlos por la imagen de una realidad que es su más completa negación. Aunque ligado estrechamente a los otros dos, un tercer concepto parece, sin embargo, que ha escapado a este destino: el anarquismo. Pues si es sabido que Marx tuvo pocas simpatías con algunos anarquistas, se ignora generalmente que compartió con ellos el ideal y el objetivo: la desaparición del Estado. Conviene pues recordar que al abrazar la causa de la emancipación obrera, Marx se situaba de golpe en la tradición del anarquismo más que en la del socialismo o del comunismo. Y cuando al fin eligió llamarse comunista, este nombre no designaba, para él, una de las corrientes ya existentes del comunismo, sino un movimiento de pensamiento y un modo de acción a construir juntando todos los elementos revolucionarios herederos de las doctrinas existentes y de las experiencias de lucha del pasado.

En las siguientes reflexiones intentaremos demostrar que, con el nombre de comunismo, Marx ha desarrollado una teoría de la anarquía; mejor aún, él fue en realidad el primero en poner las bases racionales de la utopía anarquista y el primero en definir el proyecto de su realización. Debido a las dimensiones limitadas del presente ensayo, presentamos estas tesis comon temas de discusión. El recurso a la prueba literal por medio de citas se ha reducido al mínimo para destacar mejor el argumento central: Marx, teórico del anarquismo.

I

Cuando en febrero de 1845, en vísperas de su partido hacia el exilio de Bruselas, Marx firmó en París un contrato con un editor alemán, se comprometía a proporcionarle, en pocos meses, una obra en dos volúmenes (más de mil páginas) con el título "Crítica de la política y de la economía política". Poco podía pensar que se imponía una tarea que iba a ocupar toda su vida y de la que no podría ejecutar más que un fragmento.

La elección del tema no tenía nada de fortuito. Perdida cualquier esperanza en una carrera universitaria, Marx había transpuesto en el periodismo político los resultados de sus estudios filosóficos. Sus artículos en la Rheinische Zeitung de Colonia combaten por la libertad de prensa en Prusia, en nombre de una libertad que él concibe como la esencia del hombre y como el aderezo de la existencia humana, pero también en nombre de un Estado entendido como realización de la libertad racional, como "el gran organismo donde las libertades jurídica, moral y política deben encontrar su realización y donde el ciudadano individual, obedeciendo a las leyes del Estado, no hace más que obedecer las leyes naturales de su propia razón, de la razón humana" (Rheinische Zeitung, 10-7-1842). Pero la censura prusiana tardó poco en reducir al silencio al filósofo-periodista que no tardará en interrogarse, en la soledad de un retiro de estudios, sobre la verdadera naturaleza del Estado y sobre la dimensión racional y ética de la filosofía política de Hegel. Conocemos el fruto de esta meditación enriquecida por el estudio de la historia de las revoluciones burguesas en Francia, en Gran Bretaña y en los Estados Unidos de América: aparte del trabajo inacabado e inédito, la Crítica de la filosofía hegeliana del Estado (1843), dos ensayos polémicos, Introducción a la crítica de la filosofía hegeliana del derecho y Sobre la cuestión judía (París, 1844). Estos dos escritos constituyen un único manifiesto en el que Marx designa de una vez por todas, y condena sin restricción, las dos instituciones sociales que para él son la causa de los males y de las taras que padece la sociedad moderna y que padecerá hasta que una revolución social no las suprima: el Estado y el Dinero. Simultáneamente, Marx exalta la fuerza que, después de haber sido la principal víctima de estas dos instituciones, pondrá fin a su reinado igual que a cualquier otra forma de dominación de clase, política o económica: el proletariado moderno. La autoemancipación de este proletariado es la emancipación universal del hombre, es, después de la pérdida total del hombre, la conquista completa de lo humano.
La negación del Estado y del Dinero, igual que la afirmación del proletariado como clase liberadora, son, en el desarrollo intelectual de Marx, anteriores a sus estudios de economía política; preceden, igualmente, su descubrimiento del "hilo conductor" que le guará en sus posteriores investigaciones históricas, a saber , la concepción materialista de la historia. La ruptura con la filosofía jurídica y política de Hegel por una parte, y el estudio crítico de la historia de las revoluciones burguesas por otra, le permitieron fijar definitivamente los postulados éticos de su teoría social, cuyas bases científicas le brindará la crítica de la economía política. Habiendo captado el papel revolucionario de la democracia y del poder legislativo en la génesis del Estado burgués y de su poder gubernamental, Marx aprovecha los análisis de Alexis de Tocqueville y de Thomas Hamilton, uno y otro perspicaces observadores de las virtualidades revolucionarias de la democracia americana, para poner los fundamentos racionales de una utopía anarquista como finalidad consciente del movimiento revolucionario de la clase que su maestro Saint-Simon había llamado "la más numerosa y la más pobre". Una vez que la crítica del Estado lo había llevado a contemplar la posibilidad de una sociedad liberada de cualquier autoridad política, necesitaba emprender la crítica del sistema económico que sostenía los fundamentos materiales del Estado. En cuanto a al negación ética del dinero, implicaba igualmente el análisis de la economía política, la ciencia del enriquecimiento de unos y de la miseria de otros. Más tarde, calificará la investigación que iba a comenzar como "Anatomía de la sociedad burguesa" y, entregándose a este trabajo de anatomista sociólogo, forjará su instrumento metodológico; después, el redescubrimiento de la dialéctica hegeliana le ayudará a establecer el plan de la "Economía" en seis "rúbricas" o "Libros": Capital, Propiedad de la tierra, Trabajo asalariado; Estado, Comercio exterior, Mercado mundial (cf. Introducción a la Crítica de la economía política, 1859). De hecho, esta doble "tríada" de los temas de investigación corresponde a los dos problemas que se había propuesto tratar catorce años antes en la obra que contendría la doble crítica de la economía y de la política. Marx empezó su obra con el análisis crítico del modo de producción capitalista, pero esperaba concluir no sólo la primera tríada de rúbricas sino también la segunda que debía inaugurar el Libro sobre el Estado. La teoría del anarquismo encontraría así en Marx su primer reconocido promotor, sin necesidad de apotar la prueba indirecta. El equívoco del siglo que es el marxismo, ideología de Estado, nació de esta laguna; ella es la que ha permitido a los amos de un aparato de Estado bautizado socialista colocar a Marx entre los adeptos de un socialismo o un comunismo de Estado, e incluso de un socialismo "autoritario".
Ciertamente, como cualquier enseñanza revolucionaria, la de Marx no está exenta de ambigüedades. Manipulándolas con habilidad e invocando algunas actitudes personales del maestro, discípulos poco escrupulosos han logrado poner la obra de Marx al servicio de doctrinas y de acciones que representan su más completa negación, tanto por lo que se refiere a su verdad fundamental como a su finalidad abiertamente proclamada. En una época en que todo -teorías y valores, sistemas y proyectos- es puesto en cuestión por varias décadas de regresión en lo que se refiere a las relaciones humanas, es importante recoger la herencia espiritual de un autor que, consciente de los límites de su investigación, hizo de los postulados de la autoeducación crítica y de la autoemancipación revolucionaria el principio permanente del movimiento obrero. No es una posteridad cargada de abrumadoras responsabilidades la que ha de juzgar a un desaparecido que no puede defender su propia causa; por el contrario, nos incumbe a nosotros asumir una enseñanza dirigida hacia un futuro que, ciertamente, ha llegado a ser nuestro catastrófico presente, pero que, en su mejor parte, está aún por crear.


II

Digámoslo de nuevo: el "Libro" sobre el Estado, previsto en el plan de la Economía y que quedó sin escribir, no podría contener más que la teoría de la sociedad liberada por el Estado, la sociedad anarquista. Sin estar directamente destinados a esta obra, los materiales y los trabajos preparados por Marx en el curso de su actividad libertaria permiten, a la vez, avanzar esta hipótesis concerniendo la sustancia de la proyectada obra, y determinar su estructura general. Si la primera tríada de rúbricas se confundía con la crítica de la economía política, la segunda tríada tenía que exponer, en lo esencial, la crítica de la política. A continuación de la crítica del capital, la crítica del Estado debía establecer el determinismo de la evolución política de la sociedad moderna, de la misma forma que el Capital (seguido de los Libros sobre la la "Propiedad de la tierra" y sobre el "Trabajo asalariado") tenía que "revelar la ley económica del movimiento de la sociedad moderna" (cf. Prefacio de El Capital, 1867). Y así como en los escritos publicados e inéditos anteriores a la Crítica de la economía política (1859) se encuentran los principios y los postulados que inspiraron a Marx para fundar la crítica del capital, también podemos sacar de estos escritos las tesis y las normas que lo habrían guiado para desarrollar la crítica del Estado. No obstante, sería erróneo suponer que el pensamiento de Marx sobre la política estuviera ya fijado, no autorizando nunguna modificación en el detalle, o cerrado a cualquier enriquecimiento teórico. Al contrario, si el problema del Estado nunca cesó de obsesionarlo, no fue sólo porque se sintiera moralmente obligado a terminar su obra maestra, sino porque su participación en la Internacional obrera, desde el mes de septiembre de 1864, sus enfrentamientos polémicos en el seno de esta organización, y los acontecimientos políticos, en particular la rivalidad hegemónica entre Francia y Prusia, de una parte, y Rusia y Austria, de otra, lo tuvieron constantemente en vilo. La Europa de los tratados de Viena sólo era una ficción, mientras que habían aparecido en la escena histórica dos grandes fenómenos sociales: los movimientos de liberación nacional y el movimiento obrero. Difíciles de conciliar desde un punto de vista puramente conceptual, el combate de las naciones y la lucha de clases debían plantear a Marx y a Engels problemas de decisión teórica cuya solución los ponía en contradicción con sus propios principios revolucionarios. Engels era especialista en diferencias los pueblos y las Naciones según pudieran, o no, reivindicar, a sus ojos, el derecho histórico a la existencia nacional. Su sentido de las realidades históricas impedía a los dos amigos seguir a Proudhon en su perspectiva federalista que, en la situación de la época, les parecería, a la vez, una pura abstracción y una utopía impura; pero quedaba el riesgo de caer en un nacionalismo poco compatible con el supuesto universalismo del proletariado moderno.

Si por sus aspiraciones federalistas Proudhon parece estar más cerca que Marx de una posición anarquista, la cosa cambia cuando se considera su concepción global de las reformas que han de concluir a la abolición del capiral y del Estado. El elogio del que Proudhon es objeto en La Sagrada Familia (1845), no debe llevarnos a engaño: en este momento, las divergencias teóricas entre los dos pensadores eran ya profundas, por tanto, este elogio concedido al socialista francés cabrá interpretarlo con una reserva: la crítica proudhoniana de la propiedad es inmanente al sistema económico francés; por válida que sea, no pone fundamentalmente en cuestión las relaciones sociales de producción del sistema criticado. Al contrario, en la doctrina proudhoniana, las categorías económicas, expresiones teóricas de las instituciones del capital, son sistemáticamente conservadas. El mérito de Proudhon es haber desvelado las contradicciones inherentes a la ciencia econímica y haber demostrado la inmoralidad de la moral y del derecho burgués; su debilidad, es haber aceptado las categorías y las instituciones de la economía capitalista y haber respetado, en su programa de remedios y de reforma, todos los instrumentos de dominio de la clase burguesa y de su poder político: salario, crédito, banca, intercambio, precio, valor, beneficio, interés, impuesto, conpetencia, monopolio. Habiendo sabido aplicar la dialéctica de la negación al análisis de la evolución del derecho y de los sistemas jurídicos, se quedó a medio camino al no extender su método crítico de la negación a la economía capitalista. Proudhon ha hecho posible esta crítica, pero es Marx quien intentará hacer de este nuevo método crítico un instrumento de combate en la lucha del trabajo contra el capital y su Estado.

Proudhon hizo la crítica de la economía y del derecho burgués en nombre de la moral burguesa; Marx hará la crítica del modo de producción capitalista en nombre de la ética proletaria, cuyos criterios proceden de una visión totalmente distinta de la sociedad humana. Para esto basta con seguir en todo su rigor lógico y hasta sus últimas consecuencias el principio proudhoniano -o mejor, hegeliano- de la negación_ la Justicia con la que sueña Proudhon no se realizará más que por la negación de la justicia, de la misma forma que la filosofía sólo podrá ser realizada por la negación de la filosofía, es decir, por una revolución social que permitirá, al fin, a la humanidad deveir social y a la sociedad devenir humana. Será el fin de la prehistoria de la humanidad y el comienzo de la vida individual, la aparición del hombre totalmente desarrollado, con sus facultades universales, el advenimiento del hombre total o polimorfo (vielseitig). A la moral realista de Proudhon, que intenta salvar el "lado bueno" de las instituciones burguesas, Marx opone la ética de una utopía cuyas exigencias están a la altura de las posibilidades ofrecidas por una ciencia y una técnica suficientemente desarrolladas para poder colmar las necesidades de la especia. A un anarquismo tan respetuoso con la pluralidad de clases como favorable a la división del trabajo, y hostil al asociacionismo, propiciado por los utopistas, Marx opone un anarquismo negador de las clases sociales y de la división del trabajo, un comunismo que vuelve a su favor todo aquello que, en el socialismo utópico, pueda ser realizado por un proletariado consciente de su papel emancipador, y dueño de las fuerzas productivas. Y sin embargo, a despecho de sus puntos de vista divergentes- en particular, como veremos, de una distinta apreciación de los medios políticos- los dos tipos de anarquismo se orientan hacia una finalidad común, aquella que el Manifiesto comunista definión en estos términos:

La vieja sociedad burguesa con sus clases y sus antagonismos de clase deja sitio a una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno es la condición del libre desarrollo de todos.



III

Marx rehusó inventar recetas para las marmitas del futuro, pero hizo algo mejor que esto -o peor-: quiso demostrar que una necesidad histórica, como una ciega fatalidad, arrastraba a la humanidad hacia una situación de crisis en la que sería preciso encarar un dilema decisivo: ser destruida por sus propias invenciones técnicas, o sobrevivir gracias a un súbito despertar de conciencia que vuelva capaz de romper con todas las formas de alienación y de servidumbre que han marcado las fases de su historia. Sólo este dilema es fatal, la elección queda en manos de la clase social que tiene todas las razones para rechazar el orden existente, y para realizar un modo de vida profundamente distinto del antiguo. Virtualmente, el proletariado moderno es la fuerza material y moral apta para asumir esta tarea redentoral de alcance universal. Sin embargo, esta fuerza virtual sólo llegará a ser real cuando el tiempo de la burguesía haya cumplido, pues también ella cumple una misión histórica, si no siempre es consciente de ello, sus ideólogos se encargan de recordarle su papel civilizador. Crando el mundo a su imagen, la burguesía de los países industrialmente desarrollados aburguesa y proletariza a las sociedades que caen progresivamente bajo su empresa política y económica. Vistos desde el ángulo de los intereses proletarios, sus instrumentos de conquista, el capital y el Estado, son medios de servidumbre y de opresión. Cuando las relaciones de producción capitalistas, y por tanto de los Estado capitalistas, se establezcan a escala mundial, las contradicciones internas del mercado mundial revelarán los límites de la acumulación capitalista, y provocarán un estado de crisis permanente que pondrá en peligro los mismos puntos de apoyo de las sociedades esclavizadas, amenazando la supervivencia pura y simple de la especie humana. La hora de la revolución proletaria habrá sonado...

Nos ha bastado una explotación algo audaz para sacar la última consecuencia del método dialéctico empleado por Marx oara desvelar la ley econímica del movimiento de la sociedad moderna. Podríamos apoyar esta idea abstracta con referencias textuales que pueden espigarse de muchos escritos de Marx, de diversas épocas. No es menos cierto que la hipótesis más frecuente que nos ofrece Marx en sus trabajo políticos es la de una revolución proletaria en los países con un largo período de civilización burguesa y de economía capitalista; ésta debe marcar el inicio de un proceso de desarrollo englobando, poco a poco, al resto del mundo, asegurando la aceleración del progreso histórico mediante una ósmosis revolucionaria. Cualquiera que sea la hipótesis contemplada, un hecho es cieto: no hay lugar, en la teoría social de Marx, para una tercera vía revolucionaria, la de países que, privados de la experiencia histórica del capitalismo desarrollado y de la democracia burguesa, mostrarían a los países de extenso pasado capitalista y burgués el camino de la revolución proletaria.

Hace falta recordar estas verdades elementales de la concepción llamada materialista de la historia porque la mitología marxista, nacida con la revolución rusa de 1917, ha logrado imponer a los espíritus poco informados -y son legión- una imagen totalmente distinta de este proceso revolucionario: la humanidad estaría repartida entre dos sistemas de economía y de política, el mundo capitalista dominado por los países industrialmente desarrollados y el mundo socialista cuyo modelo, la URSS, ha accedido al rango de segunda potencia mundial, a consecuencia de una revolución "proletaria". En realidad la industrialización del país se debe a la creación y a la explotación de un inmenso proletariado y no al triunfo y a la abolición de éste. La ficción de una "dictadura del proletariado" forma parte del arsenal de ideas impuestas por los nuevos amos en su propio interés: varias décadas de barbarie nacionalista y militar a escala mundial nos permiten comprender el desarraigo mental de una inteligencia universal víctima del mito llamado "Octubre socialista".

No pudiendo profundizar aquí este debate, limitémonos a precisar nuestro propósito en forma de una alternativa: o bien la teoría materialista del desarrollo social es rigurosamente científica -de lo cual Marx mismo estaba, naturalmente, persuadido- y en tal caso la existencia de un mundo "socialista" es un mito; o bien el mundo socialista existe realmente y es la completa y definitiva refutación de esta teoría. En la primera hipótesis, el mito del mundo socialista puede explicarse perfectamente; se trataría del producto de una camapaña ideológica hábilmente llevada por el "primer Estado obrero" para disimular su naturaleza; en la segunda, la teoría materialista del devenir-socialista-del-mundo sería desmentida, pero las exigencias éticas y utópicas dela enseñanza de Marx serían realizadas; dicho de otra manera, refutado por la historia como hombre de ciencia, Marx habría triunfado como revolucionario.

El mito del "socialismo realizado" ha sido frabricado para justificar moralmente uno de los más poderosos modelos de sociedad de dominio y de explotación que la historia haya conocido. El problema de la naturaleza de esta sociedad ha logrado desorientar completamente a los espíritus más advertidos por las teorías, doctrinas y nociones que forman en su conjunto el patrimonio intelectual del socialismo, del comunismo y del anarquismo; pero de estas tres escuelas de ideas que contemplan una profunda mutación de sociedad humana, el anarquismo es la que menos ha padecido esta perversión: al no haber creado una verdadera teoría de la praxis revolucionaria ha podido preservarse de la corrupción política e ideológica con la que las otras escuelas de pensamiento han sido golpeadas. Procedente de sueños y de nostalgias, lo mismo que de rechazo y de rebelión, se ha constituido como la crítica más radical del principio de autoridad con todas sus desfiguraciones, y, como tal ha sido absorbido por la teoría materialista de la historia. Éste es, esencialmente, un pensamiento sobre la evolución histórica de la humanidad que pasa por etapas progresivas, de un permanente estado de antagonismos sociales a un modo de vida de armonía social y de desarrollo individual. Por tanto, igual que la crítica social transmitida por la utopía anarquista, la finalidad común de las doctrinas radicales y revolucionarias anteriores a Marx, han llegado a ser parte integrante del comnismo anarquista de este último. Con Marx, el anarquismo utópico se enriquece con una nueva dimensión, la de la comprensión dialéctica del movimiento obrero visto como autoliberación ética que engloba a toda la humanidad. Era inevitable que la tensión intelectual provocada por el elemento dialéctico en una teoría con pretensiones científicas, y naturalistas, estuviera en el origen de una ambigüedad fundamental con la que la enseñanza y la actividad de Marx han estado indeleblemente marcadas. Hombre de partido tanto como hombre de ciencia, Marx ha tratado siempre, en su actividad política, de armonizar los fines y los medios del comunismo anarquista. Pero aunque haya errado como militante, Marx no deja de ser el teórico del anarquismo. Tenemos, pues, todo el derecho de aplicar la tesis ética que él formuló a propósito del materialismo de Feuerbach (1845):

Saber si el pensamiento humano puede pretender llegar a una verdad objetiva no es una cuestión que procede de la teoría sino que es una cuestión práctica. Es en la práctica que el hombre debe probar la verdad, es decir, la realidad y la fuerza, el lado de acá de su pensamiento.


IV

La negación del Estado y del capitalismo por la clase social más numerosa y más pobre aparece en Marx como un imperativo ético antes de ser demostrada dialécticamente como una necesidad histórica. Su primer arranque, a partir de una evaluación crítica de los resultados de la Revolución francesa, equivale a una elección decisiva, la del objetivo que, según él, cualquier hombre debería esforzarse en alcanzar; y este objetivo es precisamente la emancipación humana como culminación de la emancipación política. El Estado político más libre -del cual sólo los EE.UU. nos dan un ejemplo- hace al hombre esclavo, ya que se interpone como mediador entre el hombre y su libertad, tal como el hombre religioso carga a Cristo con su propia divinidad. Políticamente emancipado, el hombre no deja de participar de una soberanía imaginaria; ser soberano disfrutando de los derechos del hombre, lleva una doble existencia, la de ciudadano, miembro de la comunidad política, y la de particular, miembro de la sociedad civil; la de un ser celeste y la de un ser profano. Ciudadano, es libre y soberano en los cielos de la política, este reino universal de la igualdad; individuo, es rebajado y se degrada él mismo en la vida real, la vida burguesa, al rango de medio para su prójimo; entonces deviene el juguete de fuerzas extranjeras, materiales y morales, como las instituciones de la propiedad privada, de la cultura, de la religión, etc. La sociedad civil separada del estado político es la esfera del egoísmo, de la guerra de todos contra todos, de la separación del hombre con el hombre. Al asegurar al hombre la libertad religiosa, la democracia política no lo ha liberado de la religión; igual que no lo libera de la propiedad al garantizarle el derecho a la propiedad; de igual forma mantiene la esclavitud y el egoísmo del trabajo al acordar a todos la libertad del trabajo. Ya que la sociedad burguesa es el mundo del tráfico y del lucro, el reino del dinero, poder universal que ha dominado la política y por tanto el Estado.

Ésta es, presentada sumariamente, la tesis inicial de Marx: crítica del Estado y del capital, procedente de un pensamiento anarquista más que de un cualquier socialismo o comunismo. Aún no tiene nada de rigurosamente científico, pero reclama y se nutre implícitamente de una concepión ética del destino humano al poner la exigencia de una realización en el orden del tiempo histórico. Por eso, sin limitarse a la crítica de la emancipación política -que reduce al hombre al estado de mónada egoísta y de ciudadano abstracto-, define el fin que conviene alcanzar y el medio para realizarlo:

Sólo cuando el hombre individual, ser real, haya recuperado al ciudadano abstracto y se haya convertido como individuo en un ser social en su vida empírica, en su actividad individual, en sus relaciones individuales; sólo cuando el hombre haya reconocido y organizado sus "propias fuerzas" como fuerzas sociales y que, por este hecho, no separará ya más de él mismo el poder social en la forma de poder político, sólo entonces se consegurá la emancipación humana. (La Cuestión judía, 1844.)

Partiendo del Contrato Social de Rousseau, teórico del ciudadano abstracto y precursor de Hegel, Marx encontró su propio camino. Habiendo rechazado un aspecto de la alienación política preconizada por los dos pensadores, llegó a la visión de una emancipación humana y social que restablecería al individuo en la integridad de sus facultades y en la totalidad de su ser. Rechazo parcial, pues al ser un dato histórico, esta etapa no puede desaparecer o ser abolida mediante un acto de voluntad. La emancipación política es un "gran progreso", es incluso la última forma de la emancipación humana en el interior del orden establecido, y como tal puede servir de medio para cambiar este orden e inaugurar la etapa de la verdadera emancipación humana. Dialécticamente antinómicos, los fines y los medios se acuerdan éticamente en la conciencia del proletariado moderno que, de esta forma, se convierte en portador y en sujeto histórico de la revolución. Clase que concentra todas las taras de la sociedad y de la cual encarna el crimen notorio, el proletariado posee un carácter universal como consecuencia de su miseria universal. No puede emanciparse sin emancipar todas las esferas de la sociedad, y es realizando los postulados de esta ética emancipadora como el proletariado rechaza su propio estatuto de proletario.

Allí donde Marx invoca la filosofía como "cabeza" y arma intelectual de la emancipación humana, de la que el proletariado sería el "corazón", nosotros preferimos hablar de ética, significando con esto que no se trata de una especulación metafísica, sino de un problema existencial: importa cambiar el mundo y resituirle su rostro humano original, y no interpretar la caricatura. Ninguna filosofía especulativa ofrece al hombre la solución a sus problemas existenciales, sólo elevando la revolución al rango de imperativo categórico, Marx razone en función de una ética normativa y no por referencia a una filosofía de la historia o a una teoría sociológica. Sólo una ciencia debía depertar entonces la atención de Marx; que no podía ni quería limitarse a la pura exigencia ética de una regeneración de los hombres y de las sociedades:la ciencia de la producción de los medios de existencia según la ley del capital.

El estudio de la economía política fue para Marx un medio de luchar por la causa a la que consagrará toda su existencia de "burgués" desclasado. Lo que hasta entonces sólo había sido una intuición visionaria y una elección ética, se convertirá, a partir de ahora, en teoría del desarrollo económico y en investigación de los determinismos sociales. Pero será también participación activa en el movimiento social llamado a poner en práctica los imperativos y las normas que se desprenden de las condiciones existenciales del proletariado industrial. La teoría de una sociedad sin Estado, sin clases, sin intercambios monetarios, sin terrores religiosos e intelectuales, implica una concepción crítica del mundo de producción capitalista,de la misma manera que el análisis revelador del proceso evolutivo debe conducir por etapas sucesivas a la sociedad comunista y anarquista. Marx escribirá más tarde:

Aun cuando una sociedad ha llegado a descubrir la pista de la ley natural que preside su movimiento [...] no puede sobrepasar de un salto ni abolir por decreto las fases de su natural desarrollo; pero puede abreviar el período de gestación y aliviar los dolores del parto. (El Capital, I, prefacio, 1867).

En suma, Marx se aplicará en demostrar científicamente aquello de lo que estaba ya persuadido intuitivamente y que le parecía éticamente necesario. Ya desde el primer esbozo de un critica de la economía política Marx abordará el análisis del capital desde un punto de vista sociológico, como poder de mando sobre el trabajo y sus productos, teniendo este poder el capitalista, no en virtud de sus cualidades personales o humanas, sino por el hecho de ser propietario del capital. El salariado es una esclavitud, y todo aumento autoritario del salario no será más que una mejor remuneración de los esclavos.

La misma igualdad de salario, tal como Proudhon la reclama, no hace más que generalizar la relación del obrero de hoy con su trabajo, relacionando a todos los hombres con el trabajo. Así la sociedad es concebida como un capitalista abstracto. (Introducción..., 1844, "Économíe". II, p.68.)

Esclavitud económica y servidumbre política van juntos. La emancipación política, el reconocimiento de los derechos del hombre por el Estado moderno, tienen el mismo significado que el reconocimiento de la esclavitud por el Estado antiguo (La Sagrada Familia, 1845). Esclavo de un trabajo asalariado, el obrero lo es también de su propia necesidad egoísta y de su necesidad exterior. La condición humana no escapa más a la servidumbre politica en el Estado democrático representativo que en la monarquía constitucional. "En el mundo moderno, cada uno es al mismo tiempo miembro de la esclavitud y de la comunidad" aunque aparantemente la servidumbre de la sociedad burguesa sea el máximo de libertad. Considerados generalmente como garantes de la libertad individual, propiedad, industria y religión son, de hecho, instituciones que consagran este estado de servidumbre. Robsepierre, Saint-Just y sus partidarios sucumbieron porque confundieron la antigua sociedad fundada sobre la esclavitud real con el Estado representativo moderno que reposa sobre la esclavitud emancipada, la sociedad burguesa con su competencia universal, sus ensañados intereses privados, su individualismo enajenado. Y, al comprender perfectamente la naturaleza del Estado moderno y de la sociedad burguesa, Napoleón consideró el Estado como un fin en sí, y la vida burguesa como un instrumento de sus ambiciones políticas. Para satisfacer el egoísmo de la nación francesa, instituyó la guerra permanente en lugar de la revolución permanente. Su derrota consagró la victoria de la burguesía liberal que acabó de realizar en 1830 sus sueños de 1789: hizo del Estado representativo constitucional la expresión oficial de su poder exclusivo y de sus intereses particulares.

El problema del bonapartismo fue la obsesión permanente de Marx, observador atento de la sociedad francesa en su evolución política y en su desarrollo económico. La Revolución francesa constituía para él el período clásico del espíritu político, y la tradición bonapartista una constante de la política interior y exterior de Francia. Así, llegó a esbozar una teoría del cesarismo moderno que, si parece contradecir en parte los principios metodológicos de su teoría del Estado, no modifica su inicial visión anarquista. Y fue en el mismo momento en que se preparaba para poner los fundamentos de su interpretación materialista de la historia, que formuló esta concepción del Estado que clasifica entre los defensores del anarquismo más radical.

La existencia del Estado y la existencia de la esclavitud son inseparables. [...] Cuanto más poderoso es un Estado, más político es un país, menos dispuesto está en buscar la razón de sus males sociales en el principio del Estado, en la organización social de la sociedad de la que el Estado es, él mismo, la expresión activa, consciente y oficial. (Vorwärts, 1844.)

El ejemplo de la Revolución francesa le pareció, entonces, lo suficientemente probatorio para poder anunciar una tesis que sólo parcialmente corresponde a la sociología política esbozada en la Ideología alemana y en sus reflexiones sobre el segundo Imperio sobre la Comuna de 1871:

Lejos de ver en el principio del Estado la fuente de los males sociales, los héroes de la Revolución francesa percibieron, al contrario, en las taras sociales la fuente de los males políticos. De esta manera Robespierre no ve en la gran pobreza y en la gran riqueza más que un obstáculo a la democracia pura, y desea establecer pues una espartana frugalidad general. El principio de la política es la voluntad. (Ibid.)

Cuando veintisiete años más tade, Marx vuelve, a propósito de la Comuna de París, sobre los orígenes históricos del absolutismo político representado por el Estado bonapartista, verá en la obra centralizadora de la Revolución francesa la continuación de las tradiciones monárquicas:

El aparato del Estado centralizado que, como una boa constrictor, estruja con sus órganos militares, burocráticos, eclesiásticos y judiciales, omnipresentes y complicados, el cuerpo viviente de la sociedad burguesa, fue forjado durante la monarquía absoluta como arma de la sociedad que nacía en su lucha emancipadora contra el feudalismo. [...] La primera Revolución francesa, cuya tarea era construir la unidad nacional [...] se vio obligada a desarrollar la obra comenzada por la monarquía absoluta, a saber, la centralización y la organización del poder del Estado, extender la esfera y los atributos, multiplicar los instrumentos, aumentar la independencia y la empresa sobrenatural sobre la sociedad real [...]. El más pequeño interés individual procedente de las relaciones entre los grupos sociales fue separado de la misma sociedad; vuelto independiente en forma de interés de Estado cuya defensa es confiada a sacerdotes del Estado que cumplen funciones jerárquicas determinadas. (Carta sobre la Comuna, borrador, 1871)

Esta apasionada denuncia del poder del Estado resume, de alguna manera, todo el esfuerzo de estudio y de reflexión crítica realizado por Marx en este campo, a partir del enfrentamiento con la filosofía moral y política de Hegel, pasando por el periodo de elaboración de la teoría materialista de la historia, y los quince años de periodismo libre y profesional, sin olvidar la intensa actividad en el seno de la Internacional obrera. La Comuna fue para Marx la ocasión de ofrecer su último pensamiento sobre el problema al que había reservado uno de sus seis libros de su "Economía", y de trazar aunque sólo fueran los contornos de esta libre asociación de hombres libres cuyo nacimiento había anunciado el Manifiesto comunista.

La Comuna no fue una revolución contra una forma cualquiera de poder de Estado, legitimista, constitucional, republicano o imperial. Fue una revolución contra el Estado como tal, contra este monstruoso aborto de la sociedad; fue la resurrección de la auténtica vida social del pueblo, realizada por el pueblo. (Ibid.)


V

Al comparar el modo de emancipación de los siervos en el feudalismo con el de los trabajadores modernos, Marx notaba que, a diferencia de los proletarios, los siervos debían desarrollar libremente las condiciones de vida ofrecidas, no pudiendo, por eso mismo, más que llegar al "trabajo libre"; por el contrario, los proletarios no podían afirmarse individualmente sin abolir su propia condición de vida; siendo ésta idéntica la del conjunto de la sociedad, sólo bastaba con suprimir el trabajo asalariado. Y añadia esta frase que le servirá en lo sucesivo de leitmotiv tanto en su actividad literaria como en su acción de militante comunista:

Los proletarios se encuentran pues en oposición directa a la forma en la que los individuos de la sociedad han podido, hasta ahora, darse una expresión de conjunto, a saber el Estado: deben destruir el Estado para realizar su personalidad. (Ideología alemana, 1846)

Esta fórmula, más próxima al anarquismo de Bakunin que del de Proudhon, no es fruto de un momento de irreflexión pasional ni un gesto de político arengando una asamblea obrera. Es la conclusión lógica, en forma de postulado revolucionario, de todo un desarrollo teórico que tiende a demostrar la "necesidad histórica" de la comuna anarquista. Es decir, que el advenimiento de la "sociedad humana" se inscribe, según la teoría marxiana, en un largo proceso histórico. Finalmente, surge una clase social que constituye la inmensa mayoría de la población de las sociedades industriales y que, como tal, puede asumir una tarea revolucionaria creadora. Y para demostrar la lógica de este desarrollo, Marx intentó establecer una relación de causalidad entre los progresos científicos -sobre todo de las ciencias naturales- y las instituciones políticas y jurídicas, por una parte, y el comportamiento de las clases sociales antagónicas, por otra. Contrariamente a Engels, Marx nunca pensó que la transformación revolucionaria del futuro se parecería a las revoluciones del pasado, tal como un cataclismo natural que titura hombres, cosas y conciencias. Con el adevenimiento del obrero moderno, la especie humana empezaba el ciclo de su verdadera historia; entraba en la vía de la razón y llegaba a ser capaz de realizar sus sueños, y de darse un destino a la medida de sus facultades creadoras. Las conquistas de la ciencia y de la tecnología hacían posible tal salida, pero el proletariado debía intervenir para que la burguesía y su capital ni abismaran esta evolución en curso.

Los triunfos de la ciencia parecen logrados al precio del envilecimiento moral. A medida que la humanidad domina la naturaleza, el hombre parece convertirse en la víctima de su prójimo y de su propia infamia. (Discurso ante los cartistas, 1856).

La revolución proletaria no tendrá pues nada de aventura política; será una empresa universal llevada a cabo por la inmensa mayoría de los miembros de la sociedad que han tomado conciencia de la necesidad y de la posibilidad de una regeneración total de la humanidad. Al ser la historia ya mundial, la amenaza de esclavitud, por parte del capital y su mercado alcanzar toda la tierra; de rechazo, deben aparecer una conciencia y una voluntad de masas, que tiendan hacia un cambio profundo y universal de las relaciones humanas y de las instituciones sociales. Cuando el peligro de una barbarie de dimensiones planetarias amenaza la supervivencia de los hombres, los sueños y las utopías comunistas y anarquistas representan la fuente espiritual de los proyectos racionales y de las reformas prácticas, susceptibles de devolver a la especie humana el gusto de la vida según las normas de una razón y de una imaginación vueltas igualmente hacia la primvera del destino humano.
No se salta del reino de la necesidad al reino de la libertad, como pensaba Engels, y no puede haber un pasaje directo del capitalismo al anarquismo. La barbarie de la económica y social que ha instaurado el modo de producción capitalista no podrá desaparecer como resultado de una revolución política preparada, organizada y dirigida por una élite de revolucionarios profesionales pretendiendo actuar y pensar en nombre y en provecho de la mayoría de explotados y alienados. Constituido en clase y en partido en las condiciones de la democracia burguesa, el proletariado se libera él mismo al luchar por conquistar esta democracia: convierte el sufrgio universal, todavía ayer "instrumento de engaño", en un medio de emancipación. Una clase que constituye la inmensa mayoría de una sociedad moderna, no se aliena políticamente más que para triunfar sobre la política, y no conquista el poder del Estado más que para utilizarlo contra la minoría antes dominante. La conquista del poder político es por naturaleza un acto "burgués"; sólo se convierte en acción proletaria por la finalidad revolucionaria que le confieren los autores de este cambio. Tal es el sentido de este periodo histórico que Marx no duró en llamar "dictadura del proletariado", precisamente para subrayar la diferencia con la dictadura ejercida por una élite, la dictadura en el sentido jacobino del término. Ciertamente, al atribuirse el mérito de haber descubierto el secreto del desarrollo histórico de los modos de producción y de dominio, Marx no podía imaginar que su enseñanza sería usurpada, en el siglo XX, por revolucionarios profesionales que se arrogarían el derecho de personificar la dictadura del proletariado. De hecho, Marx sólo contempló esta forma de transición social para aquellos países cuyo proletariado había sabido aprovechar el periodo de democracia burguesa para crear sus propias instituciones, y constituirse así en clase dominante de la sociedad. Comparado con los siglos de violencia y de corrupción que ha necesitado el capitalismo para dominar el universo, la duración del proceso de transición que ha de llevar a la sociedad anarquista sería otro tanto más corta, y conocería otra tanta menos violencia, que la acumulación del capital y la concetración del poder estatal opondrían un proletariado de masa a una burguesía numéricamente débil.

Para transformar la propiedad privada y parecelada, objeto de trabajo individual, en propiedad capitalista se habrá necesitado más tiempo, más penas y esfuerzos que el que exigirá la metamorfosis de la propiedad capitalista en propiedad social, ya que aquella ya reposa sobre un modo de producción colectivo. Allí se trataba de la expropiación de la masa por algunos usurpadores; aquí se trata de la expropiación de algunos usurpadores por la masa. (El Capital, I, "Économie", I, p.1240)

Marx no elaboró en todos sus detalles una teoría de la transición, y podemos constatar notables diferencias entre los distintos esbozos teóricos y prácticos diseminados en su obra. De todas formas, a través de estas afirmaciones, a veces contradictorias, un principio básico permanece intacto y constante, hasta el punto de permitir la reconstrucción coherente de tal teoría. Y es quizá sobre este punto que el mito de la fundación del "marxismo" por Marx y Engels revela su nocividad. Mientras que Marx hacía del postulado de la autopraxis proletaria el criterio de cualquier acción de clase y de cualquier conquista política verdaderas, Engels acabó, sobre todo después de la muerte de su amigo, por desunir los dos elementos que forman el movimiento obrero, la acción de clase -la Selbsttätigkeit- del proletariado por una parte, y la política de partido, por otra. Marx pensaba que, más que caulquier acto político aislado, la autoeducación comunista y anarquista era parte integrante de la actividad revolucionaria de los obreros: a ellos incumbía ser capaces de conquistafr y ejercer el poder político como medio de resistir a las tentativas de la burguesía de reconquistar y recuperar su poder. El proletariado debe constituirse temporal y conscientemente en fuerza material para defender su derecho y su proyecto de transformar la sociedad, realizando progresivamente la comunidad humana. Al luchar por afirmaerse como fuerza de abolición y de creación, la clase obrera -que "de todos los instrumentos de producción es el mayor poder productivo"- asume el proyecto dialéctico de una negación creadora; se arriesga con la alienación política en vistas de volver superflua la política. Semejante proyecto nada tiene en común ni con la pasión destructiva de Bakunin, ni con el apocalipsis anarquista de Coeurderoy. El esteticismo revolucionario no cabía en este proyecto político concebido para hacer triunfar la supremacía virtual de las masas oprimidas y explotadas. La Internacional obrera podía, a los ojos de Marx, convertirse en esta organización de combate combinando el poder del número y el espíritu revolucionario que el anarquismo proudhoniano concebá de manera bien distinta. Afiliándose a la AIT, Marx no abandonó su posición contra Proudhon en 1847, cuando se trataba de definir un anarquismo antipolítico realizable por un movimiento político:

¿Quiere decir esto que después de la caída de la vieja sociedad habrá una nueva dominación de clase que se resumirá en un nuevo poder político? ¡No! [...] En el transcurso de su desarrollo, la clase trabajadora substituirá a la antigua sociedad civil por una asociación que excluirá las clases y su antagonismo, y ya no habrá más poder político propiamente dicho, ya que el poder político es precisamente el resumen oficial del antagonismo en la sociedad civil. Mientras, el antagonismo entre el proletariado y la burguesía es una lucha de clase a clase, lucha que llevada a su más alta expresión es una revolución toal. [...] No digáis que el movimiento social excluye el movimiento político. No hay ningún movimiento político que no sea a la vez social. Solamente en un determinado orden de cosas, donde no habrá más clases y antagonismo de clases, las evoluciones sociales dejarán de ser revoluciones políticas. (Anti-Proudhon, 1847)

El enunciado de Marx es de un realismo fuera de cualquier interpretación "idealista". Este discurso de futuro debe entenderse como el anuncio de un proyecto normativo comprometiendo a los trabajadores a conducirse en revolucionarios, al mismo tiempo que luchan políticamente. "La clase obrera o es revolucionaria o no es nada" (carta a J.B. Scweitzer, 1865). Es el lenguaje de un pensador cuya rigurosa dialéctica le impide, contrariamente a la de Proudhon o de Stirner, deslumbrar con el empleo sistemáticamente de la paradoja gratuita y de la violencia verbal. Y si no queda ni puede quedar todo resuelto en esta dialéctica demostrativa de los fines y de los medios, no es menor su mérito de incitar a las víctimas del trabajo alienado a comprenderse y a educarse ellas mismas para, conjuntamente, emprender una enorme obra de creación colectiva. En este sentido, el llamamiento de Marx continúa siendo actual a pesar del marxismo triunfante, e incluso a causa de este triunfo.

Vemos pues con este resumen que la teoría social de Marx se presenta expresamente como una tentativa de análisis objetivo de un movimiento histórico, y no como un código moral o político de una praxis revolucionaria que tiende a realizar un ideal de vida social; como estudio científico de un proceso de desarrollo que engloba hechos e individuos, y no como una colección de normas al uso para partidos y élites aspirantes al poder. Sin embargo, esto no es más que el aspecto externo y manifiesto de esta teoría que sigue una doble trayectoria conceptual, una que posee una orientación rigurosamente determinista, y la otra que se dirige libremente hacia el objetivo imaginario de una sociedad anarquista.

No es en el pasado sino únicamente en el futuro donde la Revolución social del siglo XIX podrá encontrar la fuente de su poesía. No podrá empezar por ella misma antes de haberse liberado de cualquier creencia supersticiosa en el pasado. (Dieciocho Brumario, 1852.)

El pasado es la insoslayable necesidad, y el observador armado con todos los instrumentos de análisis es capaz de explicar el encadenamiento de los fenómenos apercibidos. Pero, si vano es esperar el cumplimiento de todos los sueños que la humanidad, a través de sus profetas y sus visionarios, ha podido alimentar, al menos el futuro podría ofrecer a los hombres el fin de las instituciones que han reducido su vida a un permanente estado de servidumbre en todos los campos sociales. Tal es, expuesta rápidamente, la relación entre la teoría y la utopía en la enseñaza de Marx, que se proclamaba formalmente "anarquista" cuando escribía:

Todos los socialistas entienden por anarquía esto: el objetivo del movimiento proletario, la abolición de las clases; una vez alcanzado, el poder del Estado, que sirve para mantener a la gran mayoría productora bajo el yugo de una pequeña minoría explotadora, desaparece, y las funciones gubernamentales se transforman en simples funciones administrativas. (La pretendidas escisiones en la Internacional, Ginebra, 1872)

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Incluido en "Marx sin mito", Octaedro, 2003.

Tomado de Columna Rapperpunk

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