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lunes, abril 28, 2025

Un recuerdo de Joshua Clover 

Me acabo de enterar que falleció el compañero Joshua Clover, un comunista de esos de a de veras (o sea, antiestatal) que anduvo por acá hace como un año y medio.

Rescato del archivo este resumen de un Encuentro con él en el Espacio Laura Allende. Un par de días después me lo topé en el Metro. 

Aprovecho de recordar que en el 2019 Joshua causó algo de polémica cuando fue señalado por haber dicho que "Alguna gente cree que hay que reformar a la policía. Yo creo que hay que matarlos". En respuesta a la polémica así generada dijo: "El día que los policías tengan tanto miedo de un profesor de Literatura como los niños negros le tienen a la policía, definitivamente me voy a pronunciar.  Hasta entonces, no tengo nada más que agregar".


 


Un domingo nublado de finales de septiembre en Santiago, en que de repente se asoma el sol, recuerdo de golpe mientras almuerzo que los colectivos Vamos hacia la vida y Vitrina Dystópica convocaron a las 17 un encuentro en el Espacio Laura Allende, para conversar con Joshua Clover acerca de “Revueltas y perspectiva comunista”. Me sumerjo algo atrasado en la estación del Metro más cercana, para combinar, cambiar de línea, salir y llegar al lugar justo cuando el invitado estaba comenzando a hablar, diciendo algo sobre lo aburridos que le resultan los eventos académicos y lo interesado que está en aprender acerca de la revuelta chilena del 2019.

Joshua es un tipo delgado y canoso, con lentes, bordeando los 60 años. Sé poco de él: que participó en las revistas Commune y Endnotes, y que se considera comunista en el sentido fuerte y profundo del término. O sea, como los que en nuestro medio somos llamados “comunistas raros”, por no tener nada que ver con el partido actualmente en el gobierno que usurpa oficialmente el nombre. No tengo muy claro cómo llegó Joshua por estos lados, pero sé que está invitado a las jornadas organizadas en Filosofía de la Universidad de Chile bajo el título de “La Comuna planetaria”, con la ponencia “Hacia unas estructuras para la comuna” (miércoles 27 de septiembre a las 15:00).

Anuncia una exposición muy breve y arranca de inmediato, con un compañero traduciendo. Esto es lo que recuerdo, expresado muy sintéticamente, en base a mis notas:

Existe una multitud de opresiones que son mucho más antiguas que el capitalismo: género, raza, colonialismo…Pero el capitalismo es exitoso en subsumirlas todas e integrarlas  a su estrategia de valorización.

Desde hace medio siglo el capitalismo se ha volatilizado y no logra disciplinar a la clase a través del trabajo. En este contexto, las otras opresiones parecen autonomizarse; en Estados Unidos se ven disturbios que tienen que ver con esos otros aspectos, sobre todo con la cuestión racial.

Es importante no ver estas revueltas como algo separado de las luchas del proletariado, sino que como parte de ellas. Hoy en día el comunismo no lo harán los comunistas. La gente entra a estas luchas por distintas razones, pero no en primera instancia como luchas obreras.

Nuestro trabajo, la tarea de un comunista, es seguir estos movimientos, pues la posibilidad del comunismo está en esas luchas.

En este punto, tras una intervención de no más de 8 minutos, Joshua dice: “Y eso es todo. Ahora quiero aprender”. Y ahí comienzan algunas preguntas e intervenciones de los alrededor de 40 asistentes.

Por mi parte, aproveché de celebrar que hablara abiertamente de comunismo, explicando que por tener un fuerte Partido “Comunista” en Chile, muchos compañeros -sobre todo anarquistas- reniegan del concepto y  prefieren regalárselo a los nietos de Stalin. Y en cuanto al estallido del 2019, mencioné que ahí parecían confluir desde el inicio todas las luchas contra las distintas opresiones, pero que eso duró un mes, y luego del acuerdo del 15 de noviembre, pudimos ver que todo se separaba de nuevo, expresándose las diferentes luchas en el lenguaje de la reforma institucional. Así, las feministas querían una Constitución feminista, los indigenistas una Constitución plurinacional, etc. Para peor, los mismos que en ese momento nos decían que lo más importante era quitarse de encima la constitución actual, ahora estaban llamando a defenderla en contra de la propuesta de nueva constitución que se está redactando ahora en un Consejo Constitucional con mayoría de derecha. Por último señalé que en su momento, más allá de oponernos con rabia a la canalización institucional de la revuelta, desde nuestro bando no supimos ofrecer mucho más que “riot porn” todos los viernes a la misma hora y en el mismo lugar, lo cual a mi juicio deja la planteada la cuestión de cómo combinar el aspecto negativo de la revuelta con la afirmación positiva de otras formas de relación social.

En ese punto un anarquista me preguntó “¿Y cuál sería la pregunta?”, lo que me dejó una sensación algo amarga puesto que yo pensaba que se trataba de una conversación.

En fin: Joshua respondió que siempre es preferible el “riot porn” a la pornografía electoral, que nunca jamás las elecciones son algo bueno para nosotros (¡totalmente de acuerdo en eso!, y es curioso que en Chile tantos anarquistas insistan en buscar pretextos para ir a votar), y que creer que hay una dicotomía entre “riot porn” versus “la lucha real” es pura mierda, pues todo disturbio expresa una negatividad que debemos apoyar y potenciar.

Luego siguieron más intervenciones que no anoté en detalle, pero dialogando con ellas Clover dijo cosas como que no existe una forma de lucha que se dé por fuera del terreno del capitalismo; que en cada conflicto hay aspectos que podrían parecer menos centrales que otros, pero que en cada lucha por ejemplo por cuestiones salariales se dan al mismo tiempo luchas por la reproducción de la vida, y así el tener que hacernos cargo de cosas como la comida y los cuidados nos plantea algo que debe mantenerse incluso después del capitalismo. Así, un “bloqueo” es importante, pero es parte del capitalismo, no así la cocina y la guardería que se instalan para poder mantener una huelga, aunque no estén en el primer plano del conflicto. Y todas estas cuestiones son parte de la misma lucha. Justo ahí Joshua señaló que era una lástima que sólo hombres hayan hecho intervenciones hasta ese momento. A pesar de la presencia de varias mujeres, sólo en ese punto una habló, profundizando la cuestión de los cuidados y realizando una crítica a la mantención de la división sexual del trabajo incluso en estos espacios y luchas.

A lo largo de la conversación, nuestro invitado realizó sinceras y agudas declaraciones como “odio la democracia”, “soy por sobre todo un materialista”, “las políticas pre-figurativas son un ‘fake’” o “no soy un buen anarquista porque no creo que podamos eliminar completamente la representación”. Finalmente, insistió en que la revolución es un proceso “más de sustracción que de adición”, y que la comunización debe abolir inmediatamente la división entre el trabajo manual/intelectual, y la división del trabajo por sexo/género, además de abordar cuestiones relativas a la “infraestructura”, pues no basta con que el proletariado sepa usar los barcos, oleoductos y carreteras, sino que se debe apuntar sobre todo al “desarrollo de habilidades”, en momentos en que sabemos que de aquí a treinta años varias ciudades quedarán sumergidas en el agua.

La cuestión del “poder” debería plantearse de forma negativa: “el poder de destruir el poder”, y  también aclaró ante una consulta que para él la comunización no es tanto una cuestión teórica, sino que el proceso de aplicación de “medidas comunistas”. Ante otra pregunta que ya no recuerdo bien, Joshua dijo que como muchxs camaradas él tiene amigos muertos y amigos en prisión, y que por eso entiende que sea atractivo para varixs tratar de hacer cambios sociales profundos sin acudir a la lucha o el enfrentamiento armados. Pero él cree que eso no es posible, y que el conflicto armado será inevitable.

Hasta ahí mis apuntes y recuerdos. Mucho más preciso va a resultar escuchar el podcast de lxs compas de Vitrina Dystópica, que se encargaron de registrar en audio todo el evento.

Antes de irme del lugar conversé brevemente con el invitado y adquirí dos folletos recién traducidos y circulados por el ambiente “comunista raro” metropolitano: “Transición: fin del debate”, de Joshua Clover, editado por Vamos hacia la vida, que una semana antes de este encuentro lo discutió colectivamente en una reunión virtual, y “Los fines del Estado”, de Joshua con Jasper Bernes, editado por Reyerta & Revolución. En el primero se aborda la superación de la idea del socialismo como fase intermedia entre el capitalismo y el comunismo, algo que ya resultaría imposible en las actuales condiciones del modo de producción. El segundo texto fue publicado en la revista comunista Viewpoint el 2014, respondiendo a una invitación colectiva para abordar algunas cuestiones del siguiente tenor: “¿Cómo sería hoy una postura propiamente revolucionaria hacia el poder estatal y cuáles serían las consecuencias concretas de esta postura para una estrategia política? ¿Tiene todavía algún significado la ‘captura del poder estatal’? ¿Tiene todavía el partido un lugar en estas preguntas más amplias?”.

Cuando el sol ya caía, varixs nos dirigimos a conseguir cervezas para disfrutar el inicio de la primavera en la Plaza Brasil. Durante la breve pero intensa celebración colectiva que se armó, mientras circulaba un enorme cigarro de marihuana armado con generosos aportes de varixs de los presentes, un muchacho al que no conozco decía: “súper buena conversa, súper buen invitado, pero siempre me quedo con la misma sensación de impotencia después de estos eventos. Nos tomamos unas chelas y nos vamos para la casa, ¿y la revolución social, cuando?”. Lo mismo me preguntaba hoy al despertar temprano para salir al trabajo dejando a mi hijo camino a la escuela.

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jueves, agosto 15, 2024

“Receta: meter el pasado en una caja, con muchas mayúsculas”. Entrevista a Furio Jesi (1979). 

 


Pregunta: ¿Qué significa cultura de derechas?

Respuesta: La cultura en la que el pasado es una especie de papilla homogeneizada que se puede moldear y mantener en forma de la manera más útil. La cultura en la que prevalece una religión de la muerte o incluso una religión de los muertos ejemplares. La cultura en la que se declara que existen valores incuestionables, señalados con letras mayúsculas, sobre todo Tradición y Cultura pero también Justicia, Libertad y Revolución. En definitiva, una cultura hecha de autoridad, de certeza mitológica sobre las reglas del saber, enseñar, mandar y obedecer. La mayor parte de la herencia cultural, incluso la de aquellos que en la actualidad para nada quieren ser de derechas, es un remanente cultural de derechas. En los siglos pasados, la cultura custodiada y enseñada era sobre todo la cultura de los más poderosos y ricos, o para ser más exactos, no era, o lo era en una mínima parte, la cultura de los más débiles y pobres. Es inútil y no hay razón para escandalizarse por la presencia de estos residuos, pero sí es necesario intentar saber de donde provienen.

 Pregunta: ¿Existe una tradición cultural de derechas en Italia?

Respuesta: Elementos de la cultura de derechas, en el sentido que he indicado, se encuentran en toda la cultura desde la Ilustración hasta la actualidad, no solo en el contexto de orientaciones o regímenes políticos claramente conservadores. En Italia, tal vez en correspondencia con un escaso desarrollo de la llamada cultura de la gran burguesía, estos elementos adquieren a menudo un tono trivial y menos evidente. Pero entre el Risorgimento y 1979, ciertamente no faltaron ejemplos en Italia de la gran derecha. Me parecen fundamentales y clarificadoras desde este punto de vista las recientes consideraciones de Franco Fortini sobre Giaime Pastor, publicadas en los números 70-71 de Quaderni Piacentini y desarrollado por el Espresso en el número 23.

Pregunta: ¿Es posible distinguir una cultura de derechas de una cultura de izquierdas en la Italia de hoy?

Respuesta: Tengo algunas dudas sobre la posibilidad de aplicar la distinción entre derecha e izquierda en Italia hoy, no porque en abstracto la considere infundada, sino porque no sé exactamente qué ejemplos de izquierda citar (si la derecha es eso a lo que me refería).

 L´Espresso (número 25, 24 de junio de 1979).

Reproducida en Furio Jesi, Cultura de derechas. Traducción de Damián Queirolo, Bellaterra edicions, 2024

 

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sábado, junio 24, 2023

Otto y Alice Rühle-Gerstel: atrapados entre dos contrarrevoluciones. A 80 años de su muerte. 

Escribiendo una Presentación para la próxima edición del libro "Fascismo pardo y fascismo rojo" del comunista consejista alemán Otto Rühle por Pensamiento y Batalla, me di cuenta de que justo hoy se cumplen 80 años de su muerte, seguida pocas horas después por la de su compañera Alice, en México.

Esta "casualidad" me impulsa a compartir acá la segunda parte del borrador de mi texto.



Para entender bien la trayectoria de Otto hay que tener en cuenta que a partir de su segundo matrimonio su vida y obra es inseparable de la de su compañera Alice. Para referir esta historia de amor y lucha procedo en esta parte a destacar algunos datos biográficos tomados de uno de los escasos textos en español dedicados a la pareja: un detallado y largo artículo de Lizette Jacinto, “Desde la otra orilla: Alice Rühle-Gerstel y Otto Rühle. La experiencia del exilio político de izquierda en México 1935-1943” (1).

El matrimonio Rühle se estableció en las afueras de Dresde, donde fundaron la editorial Am andern Ufer (En la otra orilla), especializada en textos marxistas pero también en los temas pedagógicos, la psicología y el feminismo. Entre 1925 y 1926 publicaban un Periódico para la Educación Socialista. Otra publicación importante, aún no traducida al español, fue “El problema de la mujer en la actualidad –un balance psicológico”, de Alice Rühle-Gerstel.

Ante la inminente llegada al poder de los nazis en Alemania, a inicios de 1933 los Rühle se establecieron en Praga, ciudad natal de Alice. Justo a tiempo: el 5 de marzo las tropas de asalto del partido nacional-socialista (las infames “S.A.”) fueron a buscarlo a su casa para detenerlo. Después destruyeron completamente su biblioteca. En mayo de 1933 la abundante producción literaria de los Rühle fue incluida en el listado de libros prohibidos por los nazis, siendo quemados en plazas y universidades por sus grupos de choque, y después se dictó una sentencia contra ambos por “alta traición”.

En 1935, ante la negativa del gobierno checoslovaco a extenderle su visa, Otto partió a México, donde desde fines de los años 20 residía Grete, hija de su primer matrimonio con Johanna Zacharias. Su yerno, Federico S. Bach, le consiguió trabajo por un tiempo como asesor técnico en la Secretaría de Educación Pública. Otto ya conocía el país, pues como señala Lisette Jacinto, había ido en 1930 cuando su hija estaba a punto de dar a luz, permaneciendo ahí por ocho meses, viajando por el país para conocer bien su realidad. Luego de eso “preparó en 1932 el libro intitulado Imperialismus in Mexiko para la editorial alemana Fischer-Verlag, libro que nunca llegó a publicarse”.

Como técnico de la Secretaría de Educación Pública, Otto Rühle trabajó en la planificación de las escuelas rurales, trabajando en libros de texto como La escuela del trabajo (SEP, 1938) y en varios artículos sobre la educación socialista que aparecieron en la revista El Maestro Rural, entre los que destaca ““El niño proletario en México. Plan de trabajo para una investigación”.

Alice lo siguió allá un año después, consiguiendo trabajo en el recién fundado Consejo Nacional de la Educación Superior y la Investigación Científica.

En 1937 llegó exiliado a México León Trotsky, a quien Otto conocía desde 1907. Entre los que lo recibieron estaba su yerno, Federico S. Bach.  Los Rühle mantuvieron una estrecha amistad con el fundador del Ejército Rojo, a pesar de las considerables diferencias políticas entre “troskistas” y “consejistas”. En una carta de Alice a Heinz y Frieda Jacoby, fechada en abril de 1939, declara que “con nosotros los Trotskys son muy amenos pero nunca llegamos a una conversación adecuada. Se habla sobre los cactus, los conejos y las palomas, con los que el viejo ocupa su tiempo y sólo es así porque uno se siente tradicional y humanamente obligado a hacerlo y porque el viejo en persona es muy amable y bueno. Pero una opinión política o moral no sale de él”.

Además, Otto participó de la Comisión Dewey, formada en 1937 por intelectuales norteamericanos para investigar las acusaciones cintra Trotsky formuladas en los Procesos de Moscú. Todo eso les valió la dura enemistad de los terribles especímenes del estalinismo mexicano, que caracterizados por su matonaje y con la valiosa ayuda del estalinista y cónsul chileno Pablo Neruda lograron primero atentar contra Trotsky y finalmente darle muerte (2). El influyente y muy mafioso P”C” Mexicano, fiel a la línea estalinista, logró también que los Rühle perdieran sus trabajos.

En una carta a su amigo Erich Fromm, exiliado en Estados Unidos, Otto le dice: “me he convertido en el objeto del odio estalinista, quienes me toman por trotskista, para sacarme de mi puesto dentro de la SEP, porque la educación es estalinista, no por convicción sino porque los hombres que están allí así lo necesitan”. En efecto, los tiempos para experimentar con una educación socialista humanista se habían acabado, retrocediendo a una educación autoritaria tradicional, con los estalinistas mexicanos tomándose la SEP.

Los estalinistas mexicanos exigían en esos años a su aliado Lázaro Cárdenas la expulsión de Trotsky, y los Rühle quedaron etiquetados como trotskistas acérrimos. En verdad, el grupo al que se sentían mas cercanos era “Socialismo y Libertad”, que animaba el antiguo sindicalista revolucionario francés Marceau Pivert, y donde confluían Victor Serge, G. Munis, algunos anarquistas y otros revolucionarios que habían quedado atrapados entre las dos contrarrevoluciones que se imponían en esos años: la fascista y la estaliniana.

Los Rühle quedaron en una muy precaria situación económica. Abandonaron su residencia en Coyoacán y se trasladaron a un departamento en el tercer piso de un edificio en calle Villalongos con Río Balsas, comuna Cuahtémoc. Otto tuvo que dedicarse a hacer tarjetas postales con imágenes sobre las diversas actividades de los trabajadores mexicanos, firmando con el alias de Carlos Timonero. Alice las comercializaba en tiendas de souvenirs para turistas, daba conferencias, escribía artículos sobre el Día de Muertos y otras tradiciones mexicanas, mientras intentaba sin éxito publicar libros bajo el seudónimo de Bárbara Félix.

En el único capítulo de las memorias de Alice que ha sido traducido al inglés, da cuenta de una discusión en torno al bolchevismo y el capitalismo de Estado, donde Otto terminó espetándole: “¡Mi querido Trotsky! ¡Tú eres el peor estalinista de todos!” (3). La amistad se interrumpió a raíz de eso, y poco después, el 20 de agosto de 1940, Trotsky fue asesinado por Ramón Mercader, agente estalinista encubierto que lo golpeó cobardemente con un picahielo en la cabeza mientras lo visitaba en su casa en Coyoacán.

El 24 de junio de 1943, a la edad de 68 años, Otto murió de un ataque al corazón. Alice, su compañera de vida en las últimas dos décadas, al encontrarse con el cadáver de su compañero se arrojó desde el tercer piso que habitaban, muriendo en el hospital cinco horas después. En su curriculum vitae había escrito: “nacida austríaca, me convertí en checoeslovaca en 1918, en alemana en 1922 –por casarme con un alemán– en ‘sin ciudadanía’ en 1934 y en mexicana en 1939”. La depresión en que ambos habían caído a partir de 1939 ya la había hecho pensar en la solución suicida, sumado al hecho de que desde pequeña sabía que las mujeres de su familia tenían una tendencia a morir a los 49 años. En el departamento se encontró una cierta cantidad de cianuro.

En una carta no enviada a la psicoterapeuta Karen Horney había dicho: “si este es el único mundo que existe, entonces me da lo mismo (…) No quiero vivir en un mundo donde todo es tan complicado, difícil y sobre todo aburrido”. Sus papeles fueron heredados por su amigo Stephen Kalmar, de quien se despedía diciendo: “Ojalá que ustedes vivan en un mundo mejor, ¡ese por el que nosotros tanto esperamos! Sean buenos socialistas”.



Notas:

1.- Historia Mexicana, Vol, 64, N°1, julio-septiembre 2014, pp. 159-242. ¡84 páginas! ¿Quién se anima a publicarlo como librito?

2.- En sus memorias el “poeta” cuenta con orgullo como ayudó a David Siqueiros a escapar de México hacia Chile, cuando estaba detenido por haber comandado un atentado armado contra la casa de Trotsky donde éste se salvó apenas de recibir los disparos de las ametralladoras del PCM.

3.- Alice Rühle-Gerstel, No verses for Trotsky. A Diary in Mexico (1937), disponible en libcom.org  

 



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viernes, julio 01, 2022

Teoría de la revuelta/Revuelta de la teoría: x Sergio Villalobos-Ruminott 

 


Teoría de la revuelta y revuelta de la teoría:

Sergio Villalobos-Ruminott resume el tema en 25 desbordantes minutos que no tienen ningún desperdicio ni relleno retórico.

La revuelta y la revolución no constituyen una dicotomía. 

Lo que ocurre es que la noción moderna de revolución ha sido monumentalizada. 

Cuando una revolución logra crear una nueva sociedad u otro orden social, se institucionaliza y deviene lo contrario de lo que alguna vez fue. 

Para ese nuevo orden, la revolución es el mito fundacional, y como dijo Guattari, cuando se empezaron a instalar placas conmemorativas y a los niños se les hacía obligaba en las escuelas a recitar de memoria la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, era una clara señal de que la revolución francesa ya se había acabado.  Agregaría otro ejemplo: Lenin momificado en la Plaza Roja.

Pero la revolución no es solo el momento reconstructivo, sino que antes que nada el momento insurreccional: a eso se le llama revuelta, o también violencia revolucionaria (o divina, o anarquista, según Benjamin en “Para una crítica de la violencia”, 1921). Esta violencia es lo que es, y no necesita justificarse. No hay una fuera respecto a la violencia, e incluso el Derecho es violencia. 

Esta es la gran paradoja de las revoluciones modernas: tener que transitar del momento insurreccional al momento institucional, recomponiendo en ese tránsito nuevas dominaciones de clase.

La invitación de Sergio es a pensar las revueltas más allá del historicismo y de la filosofía de la historia como despliegue del capital.

Además, dado que ninguna revolución podría aspirar a quedarse sólo y eternamente en el momento insurreccional, la verdadera pregunta es: 

¿Qué instituciones podríamos crear, que no reproduzcan las relaciones de dominación?

Walter Benjamin y Furio Jesi, además de Sergio, pueden ayudarnos a pensar en este problema.

La exposición fue hecha el 14 de octubre de 2019. 

3 años después de la insurrección chilena, es un excelente material para discutir qué ha pasado desde entonces, o como dice el titular de un libro de Trotsky sobre 1905, reflexionar sobre sus "Resultados y perspectivas".


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martes, diciembre 14, 2021

La historia no se repite pero rima (Parte 2): Alemania 1918/9 


Boric ya se parece más a Aylwin que a Ebert, pero el análisis de la revolucion alemana de hace 100 años sirve para esclarecer bien cual es el rol histórico de la socialdemocracia. 

Como le comentó Horkheimer a Adorno hacia 1956, "(a los socialdemócratas) no debemos decirles: ustedes no quisieron la dictadura del proletariado, sino: ustedes traicionaron a la humanidad (A&H, Hacia un nuevo manifiesto).

Recomendaciones musicales para acompañar la lectura:

-Kurt Weill/Bertolt Brecht, Das Berliner Requiem (1928). 

-Heiner Goebbels con Alfred "23" Harth, Berlin Kudamm 12/4/81.

-Cassiber, Beauty & the Beast (1984).

EL MOVIMIENTO COMUNISTA EN ALEMANIA DE 1918 A 1922 –EXTRACTO-

(Denis Authier y Gilles Dauvé, presentación a “Ni parlamento ni sindicatos: ¡Los Consejos Obreros! Los comunistas de izquierda en la revolución alemana” )

La revolución “democrática” de noviembre de 1918

En el otoño de 1918 el proletariado alemán, inspirado en el ejemplo de los soviets rusos que habían concluido la paz desde el mes de marzo, soporta cada vez peor las dificultades materiales impuestas por la prosecución de la guerra, y esto, mientras la derrota de su país se siente como próxima. Para desactivar el movimiento, el gobierno recurre el 2 de octubre a dos ministros socialistas. Pero es demasiado tarde. El amotinamiento de los marinos de Kiel actúa como un detonador: el 4 de noviembre, éstos, después de haber rehusado librar un último combate contra la flota inglesa, se hacen dueños de los navíos. Una vez llegados a Kiel, se les unen los obreros de los arsenales y, con ellos, eligen un Consejo de obreros y de marinos que toma el poder en la ciudad. Del 4 al 9 de noviembre, las antiguas estructuras del Estado alemán dinástico y burocrático son dejadas de lado: los consejos toman el poder en todas las ciudades; Berlín cae el último. Allí, bajo la presión de una inmensa manifestación, el SPD y el USPD constituyen un Consejo de los comisarios del pueblo, destituyen al antiguo gobierno imperial, y el ministro socialdemócrata Scheidemann proclama la República. Así, el SPD toma el poder gracias a un mar de fondo que él ha tratado de impedir a toda costa y que ningún otro grupo político, por revolucionario que sea, ha previsto ni desencadenado. Por lo demás, se apresura a vigilar el mantenimiento del orden. A este efecto, se firma un armisticio con la Entente (Francia, Inglaterra), sin condiciones, desde el 11 de noviembre.

Estos consejos, llamados de obreros y de soldados, que aparecen en todas las ciudades de Alemania, son muy numerosos, alrededor de 10.000. Agrupan a las diferentes clases de la sociedad y están copiados, como hemos visto, del modelo de la revolución rusa, prestigioso incluso para los menos revolucionarios de estos demócratas. Aparecen de modo espontáneo pero, dominados muy ampliamente por los social-demócratas derechistas, se revelan en su conjunto inofensivos hacia los partidos burgueses, excluidos momentáneamente de la escena política. Equivalen a los comités de salvación nacional, que resuelven los asuntos corrientes en el lugar de un Estado que ha naufragado pero que ellos se encargarán de reflotar. Estas estructuras, que celebrarán dos congresos nacionales (diciembre de 1918, marzo de 1919) – en los que los radicales y los espartaquistas, muy poco representados, no juegan casi ningún papel – hay que distinguirlas rigurosamente de los consejos revolucionarios obreros en las empresas, de los que hablan el KAPD -1-, la AAUD -2- y otros grupos “izquierdistas”. Por lo demás, este “consejismo” desborda ampliamente al movimiento obrero: todo el mundo se pone a formar consejos, sobre cualquier base de agrupamiento social. Así, los profesores, los bomberos, los policías...

Los consejos dominados por elementos radicales o “izquierdistas” actúan esencialmente en las grandes regiones proletarias (Bremen, Hamburgo, el Ruhr, la Alemania central). Así, en Sajonia oriental (Dresde), Rühle y los obreros revolucionarios abandonan al cabo de una semana los consejos sostenidos por el SPD -3- y el USPD -4-, dándose cuenta de que estas organizaciones no quieren más que administrar los asuntos corrientes antes del restablecimiento de un “Estado normal” en el que estos dos partidos accederían al poder. Su función es impedir el desarrollo natural del curso revolucionario.

Así, los actores de la “revolución democrática” se separan casi inmediatamente en dos campos. El campo capitalista – cuyo elemento más consciente de los peligros es, como debe ser, “el partido obrero más poderoso del mundo” – quiere orientar todas las energías hacia la elección de una Asamblea constituyente. Al estar el Partido socialdemócrata en el poder, el socialismo no es, pues, más que una cuestión de tiempo y llegará al cabo de una serie de reformas cada vez más amplias. En esta concepción, los obreros deben detener toda acción violenta, desordenada, ineficaz, etc., y, por el contrario, ayudar al nuevo gobierno en su tarea de reconstrucción nacional.

Un primer paso hacia este porvenir radiante es el acuerdo conocido con el célebre nombre de Arbeitsgemenschaft (“comunidad de trabajo”), aprobado entre los sindicatos obreros y patronales (jornada de trabajo de 8 horas, reconocimiento de las secciones sindicales de empresa, institución de comités paritarios en las grandes empresas, etc.). Es, ciertamente, la aplicación del programa socialdemócrata, más precisamente el propuesto por el “revisionista” Bernstein.

Los elementos, minoritarios aunque bastante numerosos (se los puede estimar en más de un millón), que quieren efectivamente pasar de la revolución política democrática a la revolución social, serán tachados de irresponsables, lumpenproletarios, izquierdistas, tunantes, saqueadores, bárbaros, etc., y todos reunidos bajo el vocablo de “espartaquistas” en todas partes en que ocurra cualquier cosa, mientras que éstos no son más que un grupo revolucionario entre otros, y no el más radical.

Los revolucionarios, por su parte, en general bajo la consigna extremadamente imprecisa de “Todo el poder a los consejos”, combaten las elecciones a la Asamblea constituyente, entran en conflicto con la mayoría de los consejos y destruyen los sindicatos en muchos lugares -5-. El dinero cogido en las cajas es repartido entre los parados (que son cerca de un millón al acabar el año); los sindicatos mismos son suplantados (no se puede decir “reemplazados”, pues es la misma práctica sindical la que es abandonada) en las zonas revolucionarias por organizaciones de empresa del tipo AAU (Unión general obrera), efectivamente revolucionarias, es decir, que rechazan el reformismo y luchan por la dictadura del proletariado, mientras que los hombres de confianza se contentan con un sindicalismo “duro”, que no deja de ser reformismo. Los “izquierdistas” militan lo más frecuentemente en las organizaciones de tipo AAU.

El congreso de fundación del Partido comunista alemán (KPD-S)

Es convocado a iniciativa del ISD -6- (que entonces tomó el nombre de IKD -7-) y de una parte de los espartaquistas (Luxemburgo, Levi, Jogisches eran reticentes al juzgar que no estaban maduras las condiciones). Pero la mayoría de los delegados no pertenecen a ninguna de estas organizaciones. Representan a grupos locales formados espontáneamente durante la guerra y después (comités de acción en las empresas, etc.). Esencialmente, se trata de obreros, jóvenes en muchos casos, que se han hecho directamente revolucionarios sin haber pasado por la política o la acción reformista. En absoluto “revolucionarios profesionales”, representan lo que la sociedad capitalista puede producir de más radical en su descomposición.

Pero la ausencia de madurez de estos nuevos militantes y, con ella, el peso del pasado socialdemócrata, pesan con dureza sobre este congreso: la mayoría se adhiere a una dirección compuesta por los jefes espartaquistas más prestigiosos (Luxemburgo, Liebknecht, Jogiches..., social-demócratas de izquierda, de hecho, que no quieren entablar el combate revolucionario). Se adopta casi sin discusión un programa (¿Qué quiere Spartacus?) redactado por Luxemburgo que niega de hecho lo que son y lo que quieren los elementos a la cabeza del movimiento, puesto que declara que Spartacus – el Partido comunista ahora – no tomará el poder más que cuando “la mayoría de la clase obrera” esté de acuerdo conscientemente con estos fines y lo exprese claramente. Visión democrático-espontaneísta que desconoce el proceso real del agrupamiento de los revolucionarios (Ver la intervención del kapedista Sachs [Schwab]en el III Congreso de la Internacional comunista sobre el problema de la táctica, p. 240-246) y los medios por los que toman el poder.

Sin embargo, la mayoría del congreso se opuso violentamente a los jefes espartaquistas cuando se pasó a cuestiones de táctica inmediatas: ante todo, las elecciones a la Constituyente. Los delegados, que querían boicotear estas elecciones, acogieron las argucias “dialécticas” de Luxemburgo, Levi y consortes a favor de un “parlamentarismo revolucionario” con ruidosas protestas. Fue Otto Rühle quien hizo el contrainforme representando la posición del conjunto del congreso.

Las elecciones a la Constituyente se celebraron después del aplastamiento de las insurrecciones de enero en Berlín y en otras zonas de Alemania. Por lo demás, en las regiones en las que la izquierda era fuerte (Berlín, Alemania central, Sajonia, Hamburgo, el Ruhr), se constató un importante abstencionismo del proletariado en las diversas elecciones (nacionales, municipales y regionales) a todo lo largo del período 1919-1921.

Tras su fracaso sobre las elecciones, Luxemburgo maniobró para que el congreso no tomase una posición análoga sobre la cuestión sindical, que se remitió a una comisión. El KPD no tomó una resolución oficial clara sobre este tema. Esto no quita que el conjunto de los miembros del partido obró a continuación por la destrucción de los sindicatos y contribuyó a la formación de las AAU, o al desarrollo de las que ya formaba parte. Por otro lado, la izquierda desarrolló en el congreso la concepción de la Organización unitaria y de la necesidad de acabar con la separación entre organizaciones “políticas” y organizaciones “económicas” del proletariado. Para ellos, el KPD (con sus 40.000 miembros en el momento de su fundación) ya no era un “partido en el sentido tradicional”.

El enfrentamiento de enero de 1919 (primer fracaso de la revolución)

El período comprendido entre enero y abril de 1919 no es más que una sucesión de insurrecciones y tomas de poder a escala local, aplastadas muy violentamente por los restos del ejército alemán que habían escapado al torbellino de la derrota y por los “cuerpos francos”, organizaciones militares de extrema derecha sostenidas bajo cuerda por el nuevo gobierno. La represión es dirigida por el Partido socialdemócrata, que obtiene en diciembre de 1918 la confianza del Congreso de los consejos y después, en enero de 1919, la del pueblo (por las elecciones a la Constituyente).

En Berlín, la insurrección de enero (del 6 al 15) es motivada por la destitución del prefecto de policía Eichhorn, del USPD (el cual se había proclamado como tal durante los acontecimientos de noviembre). Los revolucionarios se apoderan de toda la ciudad, pero se dividen inmediatamente. El USPD, que ha formado un comité insurreccional, entabla enseguida conversaciones con el Consejo de los comisarios, que ha huido fuera de Berlín, en lugar de organizar la lucha contra él.

Al principio, Luxemburgo y la dirección comunista en su conjunto condenan la insurrección, después se unen a ella pero sin querer tomar el poder (en la línea de ¿Qué quiere Spartacus?, como queda indicado más arriba). Liebknecht, sin que lo sepa la dirección, toma parte en el comité insurreccional del USPD, después es obligado a dimitir de él. Finalmente, la izquierda (proveniente del ISD), no obstante ser fuerte, participa de modo dirigente en las diversas acciones militares pero no se decide a actuar por sí misma y a crear lo irreparable; necesitará varios meses para darse cuenta de ello. De este modo, mientras que las discusiones van a buen paso entre los insurrectos (y que sus jefes, en su conjunto, minimizan la insurrección, queriendo reducirla a un elemento de la política tradicional), la social[1]democracia (representada por el comisario del pueblo Gustav Noske) establece metódicamente su plan de reconquista de la capital. La represión ocasiona numerosos muertos (entre ellos, Luxemburgo y Liebknecht). A pesar de todo, este aplastamiento no parecerá suficiente y se asestará un nuevo golpe al proletariado berlinés dos meses después, en los combates de marzo. Estas dos acciones causarán varios miles de muertos, nada más que en Berlín. Es decir, enseguida más muertos que durante toda la revolución rusa de 1917.

Al mismo tiempo son aplastados los poderes proletarios locales: República socialista de Brunswick, República de los consejos de Bremen, así como las huelgas insurreccionales en el Ruhr y en Alemania central. En todas partes, los socialistas, a quienes los obreros revolucionarios dejan libertad de acción, los traicionan, preparando el terreno antes de la intervención de la fuerza armada. Pero durante los combates la democracia continúa a pleno rendimiento: nuevas elecciones a los consejos con vistas al II congreso pan-alemán de estos órganos en marzo de 1919, elecciones a los parlamentos locales de los diversos Esta[1]dos de que se compone el Reich alemán. Casi siempre es el SPD quien detenta la mayoría absoluta, salvo en Sajonia oriental, donde es el USPD.

Pero un solo Estado se muestra insuficiente para domeñar una Alemania en estado de revolución: Francia ocupa la orilla izquierda del Rin, y el gobierno de Berlín prefiere no intervenir en Baviera mientras el movimiento no esté lo bastante dominado. En 1871 Bismarck había ayudado a Thiers a masacrar a los comuneros, devolviendo las armas modernas a los soldados que acababa de vencer. En 1918 la Francia victoriosa le devuelve el favor.

En Baviera es el USPD el que toma el poder pero no para hasta que organiza elecciones en las que, por lo demás, no obtiene más que el 2,5% de los votos, el 12 de enero de 1919. A pesar de todo, el asesinato de su jefe, Kurt Eisner, el 21 de febrero, aclara las relaciones de fuerza: los consejos toman el poder y la Dieta burguesa acabada de elegir se dispersa ella sola. Pero los consejos vuelven a pasar el poder a la Dieta con un gobierno SPD-USPD. Una fracción de este último partido toma poco después, el 7 de abril, la iniciativa de proclamar la República de los consejos de Baviera, por arriba. El gobierno socialdemócrata huye a Bamberg y comienza la guerra civil.

Los consejos se radicalizan, se desembarazan del USPD: es la segunda República de los consejos en la que participa el KPD. Los obreros forman un ejército rojo, a expensas de los patronos, haciéndose pagar las jornadas dedicadas al entrenamiento. No intentan verdaderamente atacar las relaciones sociales capitalistas, contentándose con encargarse de la gestión de la sociedad tal cual está e imponer algunas reformas en su favor.

Son aplastados a principios de mayo de 1919.




1.- KAPD: Kommunistische Arbeiter Partei Deutschlands (Partido comunista obrero de Alemania).

2.- AAUD: Allgemeine Arbeiter Union Deutschlands (Unión general obrera de Alemania).

3.- SPD: Sozialdemokratische Partei Deutschlands (Partido socialdemócrata de Alemania).

4.- USDP: Unabhängige Sozialdemokratische Partei Deutschlands (Partido socialista independiente de Alemania, nacido en 1917 tras la exclusión, por el SPD, de su izquierda: los espartaquistas forman parte de él, pero no los “Radicales de izquierda” del Norte de Alemania).

5.- Los sindicatos, blanco de estos ataques de una parte de la clase obrera, lanzan una campaña de reclutamiento y pasan de un millón de miembros al final de 1918 a siete millones en 1920. Hasta entonces, los sindicatos, compuestos en su mayor parte por obreros de oficio cualificados (“la aristocracia del trabajo”) tenían tendencia a cerrar la puerta a la gran masa de los obreros no cualificados (del tipo “OS”, obrero especialista), multiplicados por el desarrollo de la industria moderna en Alemania (empresas gigantes con racionalización del proceso de trabajo). El desarrollo de las organizaciones de empresa autónomas crea una situación nueva en la que los sindicatos están dispuestos a recuperar todo lo que puede serlo.

6.- ISD: Internationale Sozialisten Deutschlands (Socialistas internacionales de Alemania, agrupa a los “radicales de izquierda” opuestos a la dirección socialista en 1916-1918).

7.- IKD: Internationale Kommunisten Deutschlands (organización que sucedió a los ISD en 1918).


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miércoles, marzo 17, 2021

Proto, Neo y Post /Palo Alto 

 (fascismo/marxismo/anarquismo)

("diferencia y repetición", el álbum)


En relación a otras corrientes políticas también se ha hablado de versiones neo y post. Así, en relación al “marxismo” -que en rigor es una construcción de fines del siglo XIX sistematizada primero por Engels, Kautsky y la socialdemocracia de la II Internacional, y luego por la III desde la U.R.S.S.- cuando durante el siglo XX se conocieron otras obras de Marx que discrepaban considerablemente del cientificismo positivista del marxismo oficial (en sus dos versiones: socialdemócrata y leninista), se optó por diferenciar al “joven Marx” del Marx “maduro”, y a partir de ahí al “marxismo heterodoxo” representado por la Escuela de Frankfurt y otras corrientes no dogmáticas se le denominó como “neomarxismo” (1).

Con posterioridad el derrumbe de la Unión Soviética y el “socialismo real” y de la mando de los avances del “postmodernismo”, se empezó a hablar de un “postmarxismo”, el que -como le escuché una vez decir a Ernesto Laclau en una charla en la Librería Gonzalo Rojas en calle Bulnes con Tarapacá- “sigue siendo marxismo, porque si no se llamaría ‘ex-marxismo’”.

En relación al anarquismo, un fenómeno que en rigor es mucho más antiguo que su versión “moderna” surgida como rival del marxismo en el movimiento obrero de la segunda mitad del siglo XIX, también se ha hablado de formas neo y post para explicar su “resurgimiento”. Así, Tomás Ibañez usa la expresión “neoanarquismo” para referirse a “la forma que toma el resurgir del anarquismo” (2), sobre todo a partir del siglo XXI, como un fenómeno global, asumiendo que la distancia entre el anarquismo actual y el clásico es no sólo temporal, sino que también geográfica pues tal como destaca Ibañez, ya no es sólo en Europa central y sus zonas de influencia más directa donde éste se desarrolla, sino que se presencia ahora “un impulso impresionante que se manifiesta en varias regiones del globo” (3).

En este contexto se aprecia una tendencia a que ciertos rasgos y características tradicionalmente asociadas al anarquismo ya no sean patrimonio exclusivo de un movimiento específicamente ácrata, sino que por ejemplo la apelación a métodos y formas de acción autónomas, horizontales y autogestionarias ha permeado a distintos movimientos políticos, sociales y culturales, incluyendo a algunas expresiones de la nueva extrema derecha.

Ibañez habla de “anarquismo extramuros” para referirse a “su importante expansión fuera del mundo anarquista”, y señala que en realidad el anarquismo siempre tendió a tener contornos difusos, pero que “este desbordamiento se ha amplificado de manera espectacular desde Mayo del 68 hasta los más recientes movimientos de protesta, con sus masivas ocupaciones de las plazas públicas y de las calles (Seattle, movimiento del 15-M, Occupy Wall Street, etc.)”. 

En un sentido similar, el conocido antropólogo anarquista David Graeber se ha referido a los “nuevos anarquistas” para destacar este resurgir del anarquismo en el contexto del mal llamado “movimiento antiglobalización” (según Graeber lo que en realidad se combate desde dicho movimiento es el “neoliberalismo”). En su texto “Los nuevos anarquistas” destaca a este “neo-anarquismo” en su vinculación profunda con movimientos de resistencia que ya no vienen solamente desde Europa occidental, y sobre todo con el movimiento zapatista o neozapatista del EZLN (4).

Por otra parte, el enfoque postestructuralista asociado a la influencia de figuras como Foucault y Deleuze/Guattari ha motivado también el cuestionamiento de los presupuestos más esencialistas, eurocéntricos y hasta “obreristas” del anarquismo clásico o tradicional. A esa tendencia o fenómeno Ibañez, siguiendo a otros autores en general ligados al medio académico, la designa como “post-anarquismo”.

Siguiendo de cerca su exposición, se puede señalar que ya en 1987 el concepto de post-anarquismo fue usado por el influyente “anarquista ontológico” Hakim Bey en el título de su ensayo “Post-anarchism anarchy” (que cabría traducir aproximadamente como la anarquía después del anarquismo). En todo caso, la intención de Bey en dicho texto no es la de fundar dicha corriente ni mucho menos, sino que apelar a una desideologización de un anarquismo considerado ya muerto y fosilizado, y en necesidad de una completa renovación. En cierta forma heredero de la importante y aún poco comprendida tradición de crítica de la ideología llevada a cabo sistemática e implacablemente en Europa por el grupo autodenominado como Internacional Situacionista entre 1957 y 1972, Hakim Bey considera que al devenir “ideología” -en el sentido marxiano-situacionista de pensamiento separado, siempre una forma de falsa consciencia que la teoría revolucionaria debe develar y destruir- el anarquismo deja de ser una fuerza revolucionaria. Y por eso, tal como lo resume Ibañez, hace “un llamamiento a sobrepasar el anarquismo en nombre de la anarquía” (5).

Poco después de los Comunicados de Hakim Bey, en 1989, Todd May publica un artículo llamado “¿Es anarquista la teoría política post-estructuralista?”, seguido en 1994 por el libro “La filosofía política del anarquismo post-estructuralista”. En el año 2002 Lewis Cali publica la obra adecuadamente titulada “Anarquismo posmoderno”, y en el 2003 Jason Adams inaugura la web “Post Anarchism”. A partir de ahí es que según Ibañez podemos encontrarnos con tres etiquetas en competencia para designar algo similar: anarquismo post-estructuralista, anarquismo posmoderno, post-anarquismo.

De acuerdo a estas teorías, en cercanía evidente con las ideas de Foucault, se sostendría que “más que estar reprimidos por el poder, somos producidos por este”. De ello se desprenden una serie de  consecuencias importantes en lo relativo a la noción del sujeto individual y colectivo (en el anarquismo clásico: el individuo como parte del proletariado) que se enfrenta a una dominación que ya no se podría concebir sólo como “de arriba hacia abajo” y menos como meras determinaciones externas al sujeto mismo.  Como lo explica Ibañez, “es obvio que el anarquismo participaba, en buena medida, de la creencia moderna en la existencia de un sujeto autónomo que bastaría con arrancar de las garras del poder para que pudiera realizarse finalmente, ser libre y actuar por sí mismo”. En cambio, “el postestructuralismo nos enseña que, bajo los adoquines no existe ninguna playa, que no hay un deseo que podamos liberar o un sujeto que podamos emancipar, porque lo que se vería entonces emancipado no sería un ser autónomo, sino un ser ya moldeado y constituido por relaciones de poder” (6).

La noción misma del “poder”, y de las relaciones de poder, tan central en la toma de posición anarquista clásica, es sometida a crítica, para descubrir su carácter “productivo” e “inmanente”. Así, según Ibañez, “hay que abandonar, entre otras cosas, la ingenuidad de creer que el Estado sólo ejerce su dominio de arriba hacia abajo, sobre unos sujetos cuyo único vínculo con él radicaría en el hecho de que están atrapados en sus redes y padecen su dominio”, pues en realidad: “estos vínculos son mucho más densos que los que se desprenden de una mera relación de subordinación, ya que el Estado recibe algunos de sus rasgos, de abajo hacia arriba en este caso, a partir de los efectos de poder producidos por los propios sujetos en el marco de sus relaciones. Al recibirlos de sus sujetos, es natural que los comparta con ellos sin requerir de ninguna coerción. Por lo tanto, luchar contra el Estado consiste también en cambiar las cosas «abajo», en las prácticas locales, diversas y situadas, allí donde el poder adquiere parte de sus atributos” (7).

¿Arcaísmo o modernismo?

Estas referencias a las principales características  del postanarquismo son relevantes en este texto pues en la medida que se explican por el contexto posmodernista como espíritu de época, resultan parcialmente aplicables también al postfascismo.

No obstante, mientras el anarquismo es una corriente tan antigua que su origen se pierde en diversas formas de “proto-anarquismo” (8), el fascismo aunque parece o se presenta como “arcaico”, es en realidad un fenómeno específicamente “moderno”.

Es lo que destaca la corriente comunista radical liderada por el italiano Amadeo Bordiga, tal como lo sintetizan los compañeros del Grupo Barbaria: “Frente a las concepciones de Gramsci y sobre todo Togliatti para las que el fascismo es un movimiento reaccionario de masas, para Bordiga el fascismo es una expresión moderna, progresista del capital en un momento histórico bien determinado. Un movimiento objetivo que frente a la crisis del capital la pretende domar y encauzar a través de la estatalización de sus dinámicas automáticas. Un movimiento histórico, contrapuesto al movimiento real del comunismo y que reacciona frente a él, y, por ende, objetivo que tiene paralelismos muy fuertes en su naturaleza a lo acontecido en el New Deal de Roosevelt y a los planes quinquenales del estalinismo (9).

Distinguiendo esencia de apariencia, Bordiga concluye que “este sería su carácter general e histórico, no un producto del mundo clerical o de la derecha radical y conservadora sino producto moderno de la dinámica del capital. Es eso lo que explica los orígenes izquierdistas del fascismo (véase el origen socialista de Mussolini y de buena parte de los cuadros de los Fasci di combattimento en la USI (10) anarcosindicalista italiana o la profunda influencia del futurismo italiano y de las vanguardias artísticas) y su capacidad reaccionaria y contrarrevolucionaria” (11).

La originalidad de esta posición radica en gran medida en la concepción bordiguista de la relación entre democracia y capitalismo (12). Para Bordiga la democracia no es “falsa”, sino que expresa “el ser social del capital”. 

Por eso no habría una oposición real entre democracia y fascismo, como postula en general la izquierda “antifascista”, dado que el fascismo es un producto de las necesidades modernas del capital: “El antifascismo es el peor producto del fascismo dirá Bordiga en este sentido porque ‘gracias’ a aquel el proletariado pierde sus energías anticapitalistas y antagónicas en nombre del presunto mal mayor fascista” (13). Siguiendo esa línea de reflexión, Dauvé dice que “el fascismo y el antifascismo  tienen los mismos orígenes y programa, pero el primero proclamaba que iba más allá del capital y de las clases, mientras el segundo intenta alcanzar la ‘verdadera’  democracia burguesa, que es infinitamente perfectible mediante el añadido de dosis cada vez más fuertes de democracia” (14).



1.- Para un desarrollo más detallado de este tema, ver mi texto “Marx y el Derecho”, introducción al capítulo IV de: Estruendo. La asociación ilícita terrorista en la legislación chilena a la luz del “Caso Bombas” y otros escritos sobre terrorismo y antiterrorismo, Santiago, Editorial Tempestades, 2018, págs. 171-176.

2.- Ibañez, Tomás. Anarquismo es movimiento, Talcahuano, Ediciones La Ruche, 2015, pág. 18.

3.- Ibid, pág. 11

4.- Graeber, David. “Los nuevos anarquistas”, en: New Left Review N° 13,  2002, págs. 139-151.

5.- Ibañez, op. cit., pág. 67. Este autor, muy por el contrario que Hakim Bey, defiende la inseparabilidad de las nociones de anarquía/anarquismo. Ver sobre todo el cap. 1.1: “Anarquía versus anarquismo: una dicotomía dudosa”, pág. 14 y ss.

6.- Ibañez, pág. 76.

7.- Ibañez, pág. 78/79.

8.- Se han identificado como expresiones de proto-anarquismo: las doctrinas del filósofo estoico griego Zenón, nacido el año 342 antes de Cristo y del cual Kropotkin dice que “opuso una concepción clara de comunidad libe sin gobierno a la utopía estatista de Platón”, proclamando “la soberanía de la ley moral del individuo”;  ciertas corrientes místicas orientales, o personajes como Lao-Tsé, de quien aún no se sabe con certeza si vivió en el siglo VI, V o IV antes de Cristo. También se han identificado figuras ácratas dentro del contingente de místicos chinos del siglo III, como los taoístas Xi Kiang (223-262) y el misterioso Bao Jingkan, autor de un  texto titulado “De la inutilidad de los príncipes”, al que se refiere polémicamente su adversario Ge Hong (283-343), aunque hasta se ha llegado a pensar que el texto es de autoría de este último y la “polémica” pudiera ser una forma de no asumir directamente tesis tan incendiarias como las allí planteadas (La editorial Pepitas de Calabaza publicó en español la obra de Jean Levi titulada “Elogio de la anarquía por dos excéntricos chinos del siglo III”, donde se incluye “De la inutilidad de los príncipes” y otros dos textos: “Sobre el carácter innato del gusto por el estudio” y “Sobre los efectos nocivos de la sociedad para la salud”).

9.- “Amadeo Bordiga, un dinosaurio del comunismo”, prólogo del Grupo Barbaria (España) a la edición chilena de “El principio democrático y otros textos” por Ediciones Pensamiento y Batalla, 2021. Hasta donde sabemos es la primera edición chilena de textos de Bordiga, e incluye su Informe sobre el fascismo ante el IV Congreso de la Internacional Comunista. El prólogo está disponible en: https://barbaria.net/2020/07/21/amadeo-bordiga-un-dinosaurio-del-comunismo/

10.- Unione Sindacale Italiana, fundada en 1912.

11.- Ibíd.

12.- Otra “originalidad” del comunismo bordiguista son su concepción del partido como algo “histórico” y no formal.

13.- Barbaria, op. cit. Sobre el peligro del “antifascismo” para el movimiento proletario.

14.- Gilles Dauvé, Fascismo/Antifascismo, Santiago, Pensamiento y Batalla, 2019, pág. 31.

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domingo, marzo 14, 2021

Derecha, Nueva Derecha, ultra/radical/extrema derecha 

 


José Joaquín Brunner, uno de los pioneros del “socialismo renovado” en el Chile de los 80, ha estado escribiendo para el medio El Líbero (1) columnas sobre la identidad de la derecha hoy en día. En una de ellas señala que, a diferencia de la izquierda que es fundamental y expresamente “ideológica”, “las derechas contemporáneas son de una baja—o, en cualquier caso, menor—intensidad ideológica”, lo cual se explica  por “el hecho de estar ellas habitualmente del lado del orden establecido, lo cual supone, como es bien sabido, gozar del favor de los poderes fácticos”. Así,  “antes que críticos, los partidos de la derecha son representantes ‘naturales’ del status quo; son los administradores que conocen -mejor que cualquiera otro- sus palancas secretas en la esfera económica y en la esfera del derecho”, y de ahí que “los contenidos esenciales del pensamiento de derecha, sus manifestaciones o emanaciones espontáneas, tiendan a ser la conservación del orden —la seguridad de la propiedad y la vida privada— y la libre iniciativa en la esfera de los mercados. Es decir, el orden y sus fundamentos sociales y el liberalismo de las cosas, su libre circulación e intercambio” (2).

En esto Brunner sigue la distinción tradicional entre derecha e izquierda surgida hace dos siglos con ocasión de la Revolución francesa. En la versión de Wikipedia:  “El origen histórico de esta oposición debe buscarse en un hecho fortuito, la ubicación geográfica de los delegados con diferentes orientaciones doctrinales en la Asamblea Nacional de agosto-septiembre de 1789. En efecto, en oportunidad de debatir sobre el peso de la autoridad real frente al poder de la asamblea popular en la futura constitución, los diputados partidarios del veto real (en su mayoría pertenecientes a la aristocracia o al clero) se agruparon a la Derecha del presidente (posición ligada al hábito de ubicar allí los lugares de honor). Por el contrario, quienes se oponían a este veto se ubicaron a la Izquierda autoproclamándose como “patriotas” (en su mayoría los diputados del llamado Tercer Estado)”.

Una inversión significativa ha operado con el paso del tiempo de modo que, tal como en 1920 (3), los “patriotas” actuales son los defensores del orden tradicional que se percibe amenazado por la revuelta popular. Del mismo modo, en dos siglos se han producido toda clase de desplazamientos y mescolanzas ideológicas que resulta interesante analizar. Pues a diferencia de lo que dice Brunner (o incluso Bordiga) el fascismo y el post-fascismo tienen una dimensión ideológica, aunque su “ideología” sea flexible y contradictoria, que es necesario comprender para poder neutralizar sus posibilidades de crecimiento, que es siempre una posibilidad en medio de grandes crisis sociales. 

En relación a la llamada “ultraderecha”, Cas Mudde la define en oposición a las derechas establecidas (conservadoras y liberal/libertarias), como “una derecha antisistema, hostil a la democracia liberal” (4).

Además, como señala Titelman siguiendo a Mudde, “la ultraderecha puede dividirse en derecha extrema y derecha radical: Ambas son hostiles a la democracia liberal, pero por motivos diferentes. La derecha extrema se opondría a la esencia de la democracia, como la soberanía popular y la decisión por voto mayoritario. En cambio, la derecha radical acepta la esencia democrática, pero se opone a aspectos fundamentales de la democracia liberal, esto es, derechos de minoría, el Estado de derecho y la separación de poderes” (5).

En este esquema el fascismo y nazismo serían formas típicas de extrema derecha, mientras la derecha radical se expresaría en movimientos populistas de derecha. Titelman dice que es posible extender esta definición hacia la izquierda, distinguiendo “una izquierda extrema antidemocrática y una izquierda radical antiliberal” (6).

Digresión de Extrema izquierda: democracia, anarquía y comunismo

A ello cabría agregar que sólo dentro de la posición anarquista y comunista radical es posible encontrar la especificidad de una crítica no sólo del Estado sino que de la democracia en sí misma, la que no se da en las formas estatalistas de extrema izquierda (como todos los derivados del marxismo-leninismo), ni tampoco en las formas neokeynesianas de nueva izquierda altermundialista.

Esta crítica comunista/anarquista de la democracia es mal vista en un espectro político que confunde dicha posición con la del fascismo, pero como ha señalado Dauvé “el comunismo se opone a la democracia porque es antiestatal”, mientras “el fascismo tan sólo se opone a la democracia porque es proestatal”. De esta manera, mientras para los comunistas radicales “la democracia es (…) una forma de Estado”, los reaccionarios “la ven como un régimen político que consideran demasiado débil para defender al Estado”.

Así que ambas críticas de la democracia son radicalmente diferente en su fundamento y también en sus consecuencias, pues  mientras la reacción y el fascismo denuncian “la libertad personal y el individualismo burgues para reemplazarlos por (nuevas o antiguas) formas de autoridad opresora”, la perspectiva comunista “tiene como objeto realizar las aspiraciones individuales a una libertad que es tanto personal como vivida con los demás”. Mientras la reacción quiere “menos que individuos”, el comunismo radical “quiere más que el individuo” (7).

No está demás señalar que tanto para Dauvé como para nosotros el comunismo no tiene mucho que ver con los “partidos comunistas” oficiales, que más bien expresan una forma del partido histórico de la socialdemocracia, desde la socialdemocracia radical de Lenin a los intentos de renovación post-estalinista a la manera del llamado eurocomunismo. Otra discusión que no abordaré acá es la de si el estalinismo fue una forma de “fascismo”, tesis que ha sido defendida por varios comunistas disidentes desde Paul Mattick y Herman Gorter a Wilhelm Reich, que con buenos argumentos calificaron al estalinismo de “fascismo rojo”, o si es más adecuado meterlo en el más amplio concepto del “totalitarismo” propuesto por Hannah Arendt (8).  



1.-  Que vendría siendo algo así como “El Desconcierto” de la derecha dura.

4.- Mudde, C., The Far Right Today, John Wiley & Sons, 2019. Referido en: Noam Titelman, “¿Cómo es la “ultra” de derecha, izquierda y centro?”, Ciper académico, 18 de junio de 2020.   

6.- Ibíd.

7.- Gilles Dauvé y Karl Nésic, Contribución a la crítica de la autonomía política, Mariposas del Caos, 2016, págs. 20-21.

8.- Más interesante que eso me parece la perspectiva de Fredy Perlman el “El persistente atractivo del nacionalismo”, incluido en su antología de textos publicada Lazo Negro ediciones, Rosario, 2019, bajo el título de La reproducción de la vida cotidiana.

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jueves, octubre 29, 2020

Literatura sobre la insurrección chilena y el escenario que se abre/cierra tras el plebiscito 

No podía ser de otro modo: en las librerías ya hay estantes especiales para la literatura sobre el "estallido" y para qué hablar de la Nueva Constitución y todo lo que implicaría.

Por eso en parte nos apresuramos en armar el libro "La violencia...", aunque no pudo estar listo en marzo debido a las cuarentenas, pero finalmente se editó en el invierno y su primera versión impresa ya se agotó. Se me olvidaba: en tato libro virtual, va a ser presentado en la Feria del Libro Punk de Buenos Aires, a inicios de noviembre.

El grueso de las publicaciones más o menos oficiales (o de editoriales establecidas) sobre el tema es bastante oportunista e insípido.  

Dentro de lo que ha salido destaco el libro de Rodrigo Karmy, "El porvenir se hereda", que de hecho alcanzó a salir a fines del año pasado.

Pero ya hay varias decenas de libros sobre el tema, algunos de los cuales salen reseñados acá, nada menos que por el Diario Financierohttps://sietekabezas.cl/2020/10/18/la-biblioteca-que-dejo-18-o/

Esa página es para promocionar el libro "Siete Kabezas" del arquitecto oficial (y más bien bastante momio) Iván Poduje, galardonado en 2018 con  el Premio Vicuña Mackenna y que según parece hace una especie de urbanismo reaccionario en base a la revuelta, y basta ver sus extractos seleccionados para darse cuenta de que es lo que Debord llamaba "basura y escombros": cuando habla de que "los ataques fueron muy violentos y no respetaron credos ni ideologías. Se dirigieron por igual a supermercados y almecenes de barrio. A monumentos a conquistadores y también a memoriales de detenidos desaparecidos". ¡MENTIRA! ¡Esas acciones las hicieron los fachos de la Vanguardia, tergiversador de mierda! Afirmar eso sería lo mismo que culpar a la revuelta por las violaciones de derechos humanos cometidas por los agentes del Estado.

La Fundación Jaime Guzmán también hizo un libro llamado "La insurrección de octubre desde la mirada de la FJG", con una larga y fina selección de textos reaccionarios y contra-revolucionarios de diversos autores ligados a dicha putrefacción intelectual. Muy interesante. 

En fin, este año han aparecido nuevos títulos desde el bando revolucionario (anticapitalista/antiautoritario) que cabe destacar.

Hace ya un rato apareción "Un largo octubre", del Círculo de Comunistas Esotéricos, que en noviembre 2019 ya habían publicado "Tiempos mejores".

Y hace poco apareció un número especial de Ya No Hay Vuelta Atrás llamado "La democracia es el orden del capital", y el "Reporte de una insurrección" del grupo Evade Chile.

Les dejo la presentación e índice de estos dos últimos.

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La democracia es el orden del Capital: apuntes contra la trampa constituyente

Frente a un nuevo ciclo de eventos electorales que se abre con el plebiscito del “Apruebo” y “Rechazo”, destinado explícitamente a conducir por los cauces institucionales todas las energías subversivas desplegadas intensamente desde el 18 de octubre de 2019, presentamos este material para contribuir a una crítica de la democracia como sistema político inherente a una forma de organización social basada en la explotación y la dominación. Particularmente, pretendemos aportar a la evaluación crítica de procesos promovidos por la clase capitalista como lo son los reacomodos constitucionales, que dejan intactas las categorías básicas y fundamentales de la sociedad del capital (tal es su objetivo), categorías contra las cuales, instintiva y conscientemente, se alzan las reivindicaciones y críticas prácticas de nuestra clase cuando estalla en revueltas de la magnitud que presenciamos (y que protagonizamos como proletarixs inmersos en las experiencias de lucha) hace unos meses, antes de que se desatara la crisis –y dictadura- sanitaria por la pandemia de coronavirus, y que hoy vuelve a demostrar que no está sepultada ni completamente domesticada. Trabajo, dinero, capital, Estado, propiedad privada, mercancía… son conceptos que no son letra muerta en alguna carta magna, sino elementos que organizan nuestra sociedad y su miseria.  Presentamos una revisión teórica e histórica de procesos similares al que estamos observando hoy, extractando aportes pasados relevantes y también considerando casos recientes en otros países.  Alentamos la lectura, discusión, crítica y difusión.

1. Introducción

Introducción 6

Metodología 11

2. Estado y democracia: separación, propiedad privada y lucha de clases Ideología, separación y desposesión: los fundamentos históricos de las relaciones capitalistas 14

Desposesión y trabajo asalariado, la sociedad de clases moderna y la llamada anarquía del mercado  17

Igualdad y desposesión: el derecho universal del Estado como justificación de la sociedad de clases 18

Democracia, dictadura y libertades democráticas: el derecho superior de mantener sus negocios 19

3. Socialdemocracia y luchas proletarias La democracia en el proletariado y el papel histórico de la Socialdemocracia 22

Programa socialdemócrata: conquistas sociales y disputa del poder 27

El Antifascismo y la comunidad del capital 29

4. La ilusión constituyente

 Ideología burguesa y “contrato social” 32

Persistencia en el tiempo de las ideas de democracia, república y constitución 35

Desmitificación: la historia real de violencia, conquista y saqueo como origen de este orden social 35

La creación de leyes como acto soberano es propio de la civilización capitalista occidental 37

La Constitución como “Ley suprema” 39

Constitución real y “hoja de papel” 40

Constitución y revolución: el ejemplo de 1848 41

La Asamblea de Frankfurt en 1848, descrita por un joven revolucionario desde las páginas de la “Nueva Gaceta Renana” 42

Algunas conclusiones provisionales 44

Post Scriptum: ¿Fue esto una revolución? 45

5. La ilusión constituyente y democrática en la región chilena: un camino inviable varias veces derrotado

“Procesos constituyentes desde abajo”: La Asamblea Constituyente de 1828 52

La “Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales” de marzo de 1925 52

La tercera no es la vencida 53

Los plebiscitos de 1988 y 2020: la primera vez como tragedia y la segunda como farsa 54

6. Revolución y contra revolución en Chile: catástrofe capitalista y las posibilidades del poder autónomo del proletariado

Asociacionismo proletario: reivindicación y comunidad de lucha 60

Sobre nuestros órganos de combate y el poder de la revolución en curso 63

Mirando al pasado para franquear el presente 64

Asambleas territoriales ¿Organos autónomos de combate? 66

El poder de la revolución en curso 68

7. A confesión de parte, relevo de pruebas 72

ANEXOS

1. ¿RIC o revolución? 76

2. Proceso constituyente boliviano de 2006-2009: entre el fuego en las calles y la frustración 80

3. Referendum: del cretinismo parlamentario al de la democracia directa 84


Compañerxs,

Una época llega a su fin. Romper juntos las cadenas de la competencia y el miedo del viejo mundo fue una fiesta donde no hizo falta ni líderes, ni representantes, ni vanguardias, ni partidos para que cada cual encontrara su lugar y supiera lo que quería dar. Nuestras capacidades de acción e intervención en la realidad eran tan amplias como nuestra imaginación. Y se multiplicaban a medida que nos dejábamos empapar más y más en las aguas de la revuelta. Esa experiencia aún alienta en nuestros corazones. Como se dice en estas tierras: “lo comido y lo bailado no lo quita nadie”. La estrella de la vida es nuestra.

La insurrección no se hace cargo de salvar las instituciones e institucionalizaciones de los de arriba, es una fuerza subterránea que asciende rompiendo con los obstáculos al goce inmediato y con los estrechos caminos mentales y terrenales de la destrucción planetaria comandada por la diada del Dios Dinero y el Dios Trabajo: estos son solo símbolos de nuestro despojo y de lo que nos separa de la vida. Símbolos del olvido de que somos nosotrxs quienes construimos el mundo y lo volveremos a construir a nuestro antojo si la Madre Tierra nos lo permite. Esta lucha por salvar lo que queda de vida dentro de nosotrxs no está separada de la lucha por salvar la vida que queda sobre el astro que habitamos.

¿Podrá la resaca que acompaña la borrachera democrática hacernos olvidar el sabor vital de la revuelta? Por supuesto que no. ¿Podrá quizás inaugurar un nuevo periodo de estupefacción y amnesia que postergue una vez más nuestro esfuerzo? Es posible, tampoco tenemos miedo de aceptarlo porque conocemos esa vieja rutina. Es urgente que el potencial humano despierte antes de que su sentido de derrota lo supere completamente, pero nuestro aliento no se apura: cuando la humanidad realmente despierte la celebración no tendrá fin.

Nuestra insurrección abrió otros mundos posibles y nos mostró que lo que éramos capaces de hacer es mucho más que una raya en un papel.

Nada está perdido. Sabemos bien que a veces para encontrarse hay que perderse.

¡Despierta!

En las montañas, en las costas, en los bosques, en los desiertos y hasta en las urbes derruidas, la vida nos espera.

EVADE CHILE 2020 #

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CONTENIDOS

11...   La batalla de Santiago
28...   [Primer comunicado] El derecho de vivir no se mendiga, ¡se toma!
34...   [Segundo comunicado] ¡Evade todo!
38...   [Tercer comunicado] El momento decisivo: ¡Hermanxs, tenemos derecho a la autodefensa!
41...   [Cuarto comunicado] Aviso de utilidad pública: A propósito de la agonía del viejo mundo
43...   Carta abierta a Jorge González
49...   Primera carta
61...   [Quinto comunicado] ¿Es posible salir de la espiral de la violencia?
66...   [Sexto comunicado] Cómo (no) organizarse si lo que se busca es subvertir la lógica mercantil y patriarcal del dinero
68...   [Séptimo comunicado] Hoy todo es posible
74...   [Octavo comunicado] ¡La resistencia es vida!
77...   [Noveno comunicado] ¡Nos quieren dar lecciones!
79...   Segunda carta
84...   [Décimo comunicado] Sabemos que el cambio no está en La Moneda…
87...   [Onceavo comunicado] Llamamiento de una liceana
101... El baile de lxs que sobran
145... Tercera carta
158... Todo comienza aquí y ahora
184... Unidad y diferencias en las insurrecciones de Francia y Chile
197... [Doceavo comunicado] No escucharemos más sermones
200... [Treceavo comunicado] ¡El norte de Chile aún resiste!
204... Cuarta carta
208... Quinta carta
215... [Catorceavo comunicado] El cambio no está en las urnas
218... Hacia la Comuna
227... Sexta carta
244... ¡La pandemia no detendrá la revuelta!
244...      Coronavirus: Reporte de Chile
248...      Coronavirus: Reporte de Francia
255... Séptima carta
267... Octava carta
269... Pueblos del mundo, ¡un esfuerzo más!
293... Novena carta
311... La batalla del 10%

  

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