domingo, enero 19, 2025
LOS MISTERIOS DEL ORGANISMO, O ¿QUIÉN FUE WILHELM REICH?
Este texto fue leído el miércoles 8 de enero de 2025, tras la
exhibición de la película yugoslava “WR: los misterios del organismo” (Dusan
Mayavejev, 1971) en la Cafebrería de Santiago, junto a los Comentarios de
Paloma Castillo y Nicolás Castañeda.
A Camila Farías G.
I.-
En una parte de mi libro “La religión de la muerte” (2023), que trata sobre
“viejos y nuevos fascismos”, digo lo siguiente:
A mediados del
siglo pasado el doctor Wilhelm Reich, un personaje tan creativo e iconoclasta
que tuvo el doble mérito de ser expulsado del Partido Comunista y de la
Internacional Psicoanalítica, señaló que existían en ese momento dos formas
rivales de fascismo: el fascismo negro y el fascismo rojo, anticipando así en
cierta forma el escenario de la Guerra Fría como un gran y velado conflicto
mundial inter-fascista que duró varias décadas. Tras escapar del nazismo, Reich
terminó por establecerse en Estados Unidos, donde le estaba yendo bastante bien
en sus investigaciones sobre la energía cósmica (el “orgón”), el bombardeo de
nubes para hacer llover, la orgonterapia y la función del orgasmo entre otros
audaces temas, hasta que el fascismo en versión norteamericana anticomunista se
dejó caer en su domicilio y laboratorio denominado Orgonón, en la localidad de
Maine, para encarcelarlo bajo acusaciones de fraude, por ejercer como terapeuta
sin estar autorizado oficialmente para ello y por fabricar y distribuir cajas
acumuladoras de orgón. Murió en la cárcel de Lewisburg, Pensilvania, el 3 de
noviembre de 1957. No lo olvidemos nunca.
NOTA: La cantante inglesa Kate Bush homenajeó a Reich en un
videoclip de su canción “Cloudbusting”, de 1985, que alcanzó el puesto 20 en
los rankings de Inglaterra. La canción está basada en el “Libro de los sueños”
escrito por el hijo de W.R., Peter, y en el clip se representan los
experimentos de su padre (representado por Donald Sutherland [R.I.P. 2024]: ¡el
mismo actor que interpretó al fascista Atila en la serie “Novecento”!) haciendo
llover y el momento en que aparece el FBI y se lo lleva. Peter fue enviado a un
hogar de menores y soñaba recurrentemente que su padre llegaba a rescatarlo a
bordo de un platillo volador.
En otras partes
del libro aludo a algunas de sus teorías sobre el fascismo, además de a su
caracterización del estalinismo como un fascismo rojo. Pero en lo que puse
arriba es donde trato de hacer una breve descripción del personaje lo
suficientemente interesante como para motivas a los/as lectores a conocer y
estudiar la obra de este importantísimo camarada.
II.- Hay dos formas básicas de abordar a
WR: Primero, como una interesante especie de “marxista disidente”, pionero de un marxismo
libertario en versión “freudomarxista”, dudosa etiqueta que supuestamente el
mismo WR inventó, y que en sentido amplio podría aplicarse a Fromm, Adorno y
Marcuse, a cierto Lyotard que hace “derivas a partir de Marx y Freud” y luego
escribe su “Economía libidinal”, y también a ciertos aspectos de la obra de Guattari/Deleuze
-aunque sea por la negativa-, e incluso si nos ponemos generosos podríamos
incluir al Althusser de “Freud y Lacan”, Slavoj Zizek y un largo etc. De hecho,
acabo de darme cuenta de que dentro de las cinco últimas clases que Mark Fisher
alcanzó a hacer antes de morir y que están reunidas en el libro “Deseo
post-capitalista” (2024) la clase 2 en tanto habla sobre Marcuse, y la 5, sobre
Lyotard y su “marxismo libidinal”, son buenas introducciones al
“freudomarxismo” (o marxismo freudiano).
Este Reich “marxista
heterodoxo” es el que re-aparece hacia 1968, y el que en cierta forma provee el
sustrato de uno de los niveles en que funciona la película de Mayavejev,
realizada según entiendo en un lapso de tiempo que va de 1968 y 1971 (por
cierto: el año en que nací).
Entre los más
“marxistas”, se dice que su obra fundamental y “mayor aporte al marxismo” es
“Psicología de masas del fascismo” (1933), pero en aras de promocionar al WR
marxista que todos necesitamos estudiar, yo creo que también podríamos referir o
más bien recomendar varios trabajos que datan de entre fines de los 20 y mediados
de los 30: su periodo comunista más activo en Viena y Berlín, con una intensa
actividad a la vez teórica y práctica (en este caso, una falsa dicotomía) e
incluso de poco después, cuando ya había roto con el Partido Comunista pero no
con el marxismo. Estos textos de combate son, entre otros: “La lucha sexual de
los jóvenes” (1933), “Materialismo dialéctico y psicoanálisis” (1934), y “La
revolución sexual” (que reúne textos de 1930 con otros posteriores sobre la
Unión Soviética).
Un detalle a
tener en cuenta es que la casi totalidad de la obra de WR fue editada por él
mismo, que en el frenesí de su actividad no se molestaba en hacer “ediciones
críticas” ni mucho menos: iba editando y reeditando como podía, y al hacer
nuevas ediciones de viejos clásicos como “La función del orgasmo” (1927)
modificando y agregando contenidos de manera bastante monstruosa. Por eso es
que en relación a la confusa procedencia de los textos que componen las dos
partes de “La revolución sexual” Paul A. Robinson advierte que esa obra de WR
es una verdadera “pesadilla editorial”.
En español
existen varias ediciones de todos estos trabajos, y así por ejemplo su ya
referido clásico de 1934 “Materialismo dialéctico y psicoanálisis”, un
documento que marca una ruptura con parte de lo que había venido haciendo hasta
entonces, fue editado masivamente (5.000 ejemplares) por siglo XXI de México en
1970, aparece también bajo el título de “Marxismo y psicoanálisis” en una
versión argentina de 1971 (Ediciones del siglo, 1971) y se había incluido mucho
antes en el libro “La crisis sexual”, publicado en 1936 por Pax ediciones
(Santiago de Chile, 1937). Por su parte, “La revolución sexual. Por una
estructura de carácter autónoma del hombre” existe en al menos dos ediciones: la
de Ruedo ibérico en 1978, y en la colección Obras Maestras del Pensamiento
Contemporáneo por Planeta-Agostini en 1985 (basada totalmente en la edición
anterior). También “La lucha sexual de los jóvenes” tuvo ediciones setenteras
en español cuyo detalle no conozco. Sólo sé que hace mucho tiempo tuve una en
préstamo que a su vez presté y jamás regresó. Cosas que pasan no sólo con los
libros, sino que también con la amistad de algunas personas. Ojalá lo hayan
leído en serio.
¡Consiga su
copia!
En toda la obra
de esa década WR trabaja sobre la compatibilidad y complementareidad entre las
perspectivas marxista y psicoanalítica, anticipándose a muchas de las
preocupaciones que luego serían retomadas en distintas maneras por Marcuse, los
situacionistas y el movimiento del 68. Debo decir que cuando primero oí hablar
de Wilhelm Reich debe haber sido por ahí por 1989, cachureando libros por calle
Merced junto a unos amigos trotskistas algo mayores que yo, cuando uno de ellos
llamó la atención sobre una biografía del doctor Reich señalando: “este era un
marxista que predicaba (y practicaba) el sexo libre”. Mmmm: algo imprecisa la
definición, pero no se me olvidó el nombre: tomé nota.
III.- La segunda opción es ver a WR como
un discípulo raro de Freud: un “psicoanalista herético”, un terapeuta
iconoclasta, junto a otros especímenes raros, desde Sandor Ferenczi a Georg
Groddeck (inventor de la categoría de “Ello”: ver su correspondencia con Freud
y “El libro del Ello”) y Otto Gross (toda una leyenda del anarco-comunismo más
radical y bohemio). Un texto clave para esta mirada es el “Análisis del
carácter” (originalmente publicado en 1933, con varias re-ediciones).
En esta
versión, el “WR bioenergético”, se tiende a suprimir del todo o pasar
suspicazmente por alto el “marxismo” de WR, a pesar de que se topó con él a una
edad bastante temprana y que la influencia de Marx en WR nunca cesó, y es una
parte esencial de su visión de la “economía sexual”. De hecho, más que ver a WR
como un discípulo libre de Marx y Freud, lo ven como el maestro del famoso
terapeuta Alexander Lowen (uno de los protagonistas de la parte más documental
de la película “WR: los misterios del organismo”).
Finalmente, esta
segunda visión suele dar paso a una tercera, bastante detestable: la de WR como
un estafador chiflado, charlatenesco gurú precursor de la new age y las
“terapias alternativas”. Aunque en honor a la verdad, la trayectoria de las dos
últimas décadas del doctor WR facilita este uso que muchos le dan (algunos de
formas bastante lucrativas, ya sea en dinero u otras contra-prestaciones). De
hecho, a modo de digresión recuerdo que hace década y media había una especie
de grupo reichiano con su propio gurú en torno a la carrera de Psicología de la
extinta Universidad ARCIS, que hacía unos encuentros bastante exóticos en el
campus Libertad. Qué tiempos aquellos.
Como sea, lo
importante es entregarse a la experiencia de conocer a WR sin olvidar ninguno
de sus dos polos: el marxista y el freudiano, unificados en la
“economía-sexual”.
IV.- Los datos biográficos nos dicen que
WR nació en 1897 en una parte del Imperio austro-húngaro que ahora pertenece a
Ucrania. Vivió y trabajó en Viena y en Berlín, saliendo de ahí tras el triunfo
de los nazis para residir brevemente en Dinamarca, Suecia y Noruega, antes de
pasar como tantos al Nuevo mundo en 1939. Murió en 1957 en Estados Unidos, en
las lamentables circunstancias que ya señalé al inicio, antes de las cuales
alcanzó a beneficiarse de una muy lucrativa actividad como médico y terapeuta.
La mejor
biografía que conozco es la de Myron Sharaf, “Fury on Earth”, publicada en 1983
por St. Martin´s Press/Marek, Nueva York, de 548 páginas, que una vez encontré
a siete mil pesos en un puesto del Parque Almagro, y en la que me basé para
esta presentación. Aún no ha sido traducida al español. Existe otra “Biografía
personal” escrita por su segunda esposa, Ilse Ollendorff, que aún no he
conseguido.
Un resumen
breve pero sólido de la obra de WR aparece en el libro “La izquierda freudiana.
Reich - Roheim - Marcuse”, de Paul A. Robinson (1971). A propósito de la fase
“orgonómica” del último WR, este autor dice algo que bien podría aplicarse a la
figura de Reich en sí misma:
“Prometía al
mismo tiempo una interpretación total de la realidad y una terapia total para
los males individuales”.
Además de la
destacable y curiosa película yugoslava que exhibimos hoy existen otras como
“Wilhelm Reich en el infierno” (Lance Bauscher, 2005) y los dos films del
austríaco Antonin Svoboda (“¿Quién le tiene miedo a Wilhelm Reich” de
2009 y “El extraño caso de Wilhelm Reich” de 2012).
V.- En la amplia obra de WR, que no
paró de publicar sus trabajos desde 1920 hasta el final, primero en editoriales
del movimiento psicoanalítico y del Partido Comunista y a partir de la ruptura
con ambos hacia 1933/4 en su propia casa editorial, destacan algunas ideas
centrales y aportes básicos que trataré de resumir aquí.
Desde el inicio
en su obra tiene un rol central lo que podríamos llamar su “teoría del
orgasmo”. WR pone a la sexualidad como centro de la vida social e individual, y
en eso coincide en ese momento inicial con el movimiento psicoanalítico. Como
parte del más estrecho círculo de colaboradores de Freud en los años 20,
destaca por su trabajo terapéutico, pero rápidamente se aleja de la idea
freudiana de “curación por las palabras”, para centrarse en la resistencia a la
terapia, que lo lleva a formular el concepto de “coraza” o “armadura”: que primero
WR entiende como “caracterológica” (en sus libros en inglés se le llama
“character armor”), y luego pasa a concebirla como física e incluso muscular
(en el caso de un paciente que presentaba fuertes resistencias a la terapia, tras observar un
movimiento con la pierna WR terminó alentándolo a descargarse a gritos y
patadas, lo cual resultó exitoso; en otros casos identificaba bloqueos o
tensiones musculares en la zona de la pelvis).
Veamos la
definición de “coraza” que da mi amiga Javiera Mondaca en su traducción al
español del “Libro de los placeres” de Raoul Vaneigem, editada por Traficantes
de Sueños y disponible online:
Conviene ofrecer en este punto una
breve explicación de la noción de coraza porque el autor volverá a ella a lo
largo de la obra. El término, ya sea en el reino animal o humano, apunta a
cierto mecanismo defensivo. Tal y como surgió el concepto en el terreno del
psicoanálisis de la mano de uno de sus pioneros, Wilhelm Reich, la coraza es la
suma de rasgos del carácter y tensiones musculares que forman una especie de
armadura físico-psicológica destinada a proteger al individuo de estímulos,
interiores o exteriores, que se perciben como peligrosos o amenazantes. De este
modo, inhibe, no obstante, la libre circulación de la energía sexual en el
cuerpo. Podría decirse, por tanto, que la coraza actúa como una especie de
filtro que mediante un proceso de insensibilización nos impide percibir la
realidad, interna y externa, en su totalidad.
La paradoja central
de todo este análisis freudo-reichiano es que la represión resulta en principio
necesaria para la vida social, pero tiene inevitablemente el efecto de enfermar
sistemáticamente a sus integrantes, coartándoles la “potencia orgásmica”. De
ahí que el objetivo de la terapia sea atacar al “carácter”, desbloqueando y
haciendo posible la liberación la potencia orgásmica del individuo, para que
surja el auténtico “carácter genital” propio del individuo sano, dejando atrás
el “carácter neurótico”.
A WR lo separa drásticamente
de Freud su oposición total a la teoría del “instinto de muerte”, que ve como
un pretexto del maestro para negar la dimensión revolucionaria del
psicoanálisis, y justificar un cierto conservadurismo social y político.
WR es un reformador
social, además de un revolucionario consciente, que se une al Partido
Socialdemócrata de Austria y luego al PC de Alemania, acometiendo el estudio de
la obra de Marx y encontrando grandes paralelos con el psicoanálisis freudiano:
Ambas son teorías del conflicto: una sociológica y la otra psicológica. Mientras
una estudia la lucha de clases, la otra se centra en la lucha a nivel de los
instintos. Ambas son dialécticas, y se complementan mutuamente pues mientras el
marxismo hace la crítica de la economía capitalista el psicoanálisis realiza la
crítica de la moral burguesa.
El trabajo
teórico de WR durante su fase comunista se centra en la crítica de la familia
autoritaria. Tiene una concepción antropológica algo simplista basada en
Bachofen y Malinowski, en que valora e idealiza el Matriarcado que habría
existido hasta 4 mil años antes de Cristo, e identifica en el Patriarcado el
origen de la represión sexual y el orden social autoritario (en eso se parece
al Otto Gross que analiza la simbólica comunista del paraíso). Se aleja así de
Freud en lo relativo al Complejo de Edipo, que para él no sería universal, sino
que propio de las sociedades patriarcales.
Además, muestra
ya desde ahí y hasta el final de su vida un profundo interés en la Infancia/adolescencia.
De hecho, pese a todos los cambios que ocurrieron durante su trayectoria, hay
un claro hilo conductor desde “La lucha sexual de los jóvenes” y los escritos
con Vera Schmidt sobre “Psicoanálisis y educación” a “Los niños del futuro” y
“Escucha hombrecito”. La concepción de la infancia que sostiene WR está a años
luz incluso de las tímidas reivindicaciones de los “derechos del niño” que
comenzaron a ocurrir varias décadas después. Por algo el situacionista belga
Raoul Vaneigem en alguna parte de su voluminoso Tratado del saber vivir para
uso de las jóvenes generaciones (1967) lo define como “un gran educador de la
juventud”.
Todo ese
trabajo teórico iba de la mano con una incansable actividad militante que se
expresaba en la creación de una amplia red de locales en que se otorgaba
atención gratuita en higiene sexual y salud reproductiva a los miembros de la
numerosa y empobrecida familia proletaria, así como la instalación de “jardines
de la infancia socialista”. Hacia 1930 Reich logra unificar a los grupos de
orientación comunista que trabajaban estos temas, dando lugar a la Asociación Alemana
por una Política Sexual Proletaria (Sex-Pol). Además de estas actividades
propias de su militancia marxista, WR participaba activamente en la Liga
Mundial por la Reforma Sexual, que durante la República de Weimar buscaba
aprobar reformas legales progresistas en materia de sexualidad y control de la
natalidad.
En el primer
Congreso de Sex-Pol, en Düsseldorf 1931, concurrieron representantes de ocho
organizaciones que reunían a 20.000 personas. WR presentó un programa de siete
puntos que incluía:
1.-
Distribución gratuita de anticonceptivos y propaganda masiva para el control de
la natalidad.
2.- Abolición
de las leyes contra el aborto. Aborto gratuito en clínicas públicas; resguardos
médicos y financieros para madres embarazadas y criando niños.
3.- Abolición
de toda distinción legal entre los casados y no casados. Libertad de divorcio.
Eliminación de la prostitución a través de transformaciones económicas y de
economía-sexual que erradiquen sus causas.
4.- Eliminación
de las enfermedades venéreas a través de una educación sexual integral.
5.- Prevención
de las neurosis y problemas sexuales mediante una educación afirmadora de la
vida. Estudio de los principios de la pedagogía sexual. Instalación de clínicas
terapéuticas.
6.-
Entrenamiento de doctores, profesores, trabajadores sociales y otros oficios en
todas las materias relevantes de higiene sexual.
7.- Tratamiento
antes que castigo en casos de delitos sexuales. Protección de niños y
adolescentes contra la seducción por adultos.
Poco después
del primer congreso la Sex-Pol aumentó sus afiliados a 40.000.
VI.- Entre 1930 y 1934 las intensas
actividades culminan en la ya aludida doble ruptura: primero con el Partido
Comunista alemán en 1933, y luego con la Internacional Psicoanalítica en el
Congreso de Lucerna de 1934, donde sólo se le permitió exponer como invitado su
ponencia “Contacto psíquico y corriente vegetativa”, incluido en el libro
“Análisis del carácter”.
Creo que este
período es el más merecedor de análisis, sobre todo desde nuestro tiempo,
porque en primer lugar WR llega al límite de la radicalidad que logra extraer
de ambos movimientos (psicoanálisis y marxismo), y porque es en ese momento que
realiza su peculiar análisis del fascismo.
La teoría del
fascismo que construye WR tiene alguna similitud con la que realiza por esos
años Georges Bataille en Francia, puesto que a ambos les interesa su estructura
psicológica. WR identifica la familia autoritaria y el tipo de sujeto que en
ella se forma como la raíz del fascismo, anticipándose en una década al Eric
Fromm de “El miedo a la libertad” y en dos décadas a los hallazgos de Adorno y
Horkheimer en sus estudios sobre “La personalidad autoritaria”.
Según WR, la
izquierda alemana no se tomó en serio el fenómeno de masas que era Hitler. Por
el contrario, lo menospreciaban e interpretaban como una señal de un pronto
ascenso de la revolución proletaria. Pero tal como en la terapia analítica no
necesariamente los pacientes se curaban cuando lo inconsciente se hacía
consciente, los trabajadores no necesariamente incrementaban su consciencia de
clase al enfrentar la crisis económica. Su estructura caracterológica se los
impedía, y la familia autoritaria, como el mini aparato de Estado que es, los
entrenaba en la sumisión. En “La familia autoritaria como aparato de educación”
WR dice:
“El padre es,
por así decirlo, el portavoz y representante de la autoridad estatal en la
familia. Es una especie de sargento: subordinado en el proceso de producción,
jefe en su función familiar; mira desde abajo a los superiores, se impregna de
la ideología dominante (de aquí su tendencia a la imitación) y es todopoderoso
con sus inferiores; no se limita a transmitir las ideas de la jerarquía y la
sociedad, las impone”.
El miedo a la
sexualidad se traducía en el miedo a la revolución social. Como hábil
propagandista, Hitler y su partido aprovecharon el contexto apoyando la familia
tradicional alemana pero al mismo tiempo acogiendo varias de las demandas
juveniles en contra de los mayores; así, estableció centros de reunión y de
vida colectiva para la juventud aria, y su discurso sobre la Madre Alemania y
el Padre Hitler pudo transferir los sentimientos familiares a la mística del
Jefe de la Supernación. Basta ver los documentales de Leni Riefensthal para
comprobar la satisfacción orgiástica de la gente reunida para escuchar los
discursos de Hitler: la primera estrella de rock de la era moderna.
A la vez, las
políticas raciales del nacional-socialismo movilizaban los temores sexuales de
la gente proveyéndoles un conveniente chivo expiatorio. En este sentido, la “política
sexual” de la propaganda nazi fue mucho más exitosa que la de la izquierda, donde
muchos veían con malos ojos iniciativas como las de WR y el programa de la
Sex-Pol, que en cierta forma eran el único antídoto posible contra el ascenso
del fascismo alemán.
De hecho, por
ahí empezaron los problemas de WR con el PC. Hacia 1932, WR y su esposa Annie
estaban dedicados a elaborar material de política sexual para publicar
masivamente en la prensa del partido. Trabajaron en el libro “La lucha sexual
de los jóvenes”, un panfleto escrito por Annie Reich llamado “Si tu hijo te
pregunta” (hay una edición en español en Anagrama) y un folleto de educación
sexual para niños titulado “El triángulo de tiza”. El libro iba a ser publicado
por el comité juvenil del PC alemán, pero fue revisado en Moscú, donde fue
aprobado pero se sugirió que era más efectivo que se publicara por alguna
organización o frente más amplio que el partido. El proceso de publicación fue
tan largo, que finalmente WR prefirió establecer su propia editorial: Verlag
für Sexualpolitik. A partir de ese año, todos los textos posteriores de WR
fueron auto-ediciones.
Si bien el PC
ayudó en un primer momento a distribuir estos materiales, WR cayó en desgracia
cuando en una Conferencia juvenil en Dresden a fines de 1932 apoyó una
resolución que relevaba la importancia de estimular la sexualidad juvenil
dentro del movimiento revolucionario. La reacción de los jefes del partido fue
inmediata: se le acusó de ser un contra-revolucionario que quería “convertir
nuestras asociaciones en organizaciones para promover la fornicación”, además
de sustituir la lucha de clases por la lucha entre jóvenes y adultos. A inicios
del año siguiente, tras la designación de Hitler como canciller y el amplio
triunfo electoral de los nazis, WR y su familia se fueron a Viena, y poco
después a Copenhagen.
La expulsión de
las filas del comunismo oficial no alejó a WR del marxismo. Durante algún
tiempo se mantuvo como un comunista independiente, y trató de vincularse a la
Oposición de izquierda, aunque luego concluyó que los trotskistas tampoco se
tomaban en serio la “política sexual”.
VII.- En cuanto a la ruptura con Freud y
el movimiento psicoanalítico, esta fue algo más lenta pero muy intensa. El
propio WR la he relatado en gran detalle en el volumen de entrevistas titulado
“Reich habla de Freud”, uno de los libros más “sabrosos” que he leído y que
también tuvo edición castellana en Anagrama. Sólo reiteraré acá que la
principal divergencia se dio porque WR siempre se opuso a “El malestar en la
civilización” y la teoría freudiana del “instinto de muerte”, a la que intentó
refutar en artículos y conferencias. Cabe destacar que a pesar del señalado
autoritarismo de Freud al interior de su propio movimiento, en este debate WR
no sólo no fue censurado, sino que sus textos fueron publicados en la prensa
del movimiento, aunque fuera a regañadientes. Así, se dice que para acceder a
publicar en su revista Internationale Zeitschrift “El carácter
masoquista”, Freud quería acompañarlo de la siguiente advertencia:
“Dentro del
marco del psicoanálisis, esta publicación otorga a todo autor que entrega un
trabajo para su publicación, plena libertad de opinión, y por su parte no
acepta responsabilidad alguna por tales opiniones. Pero en el caso del doctor
Reich el lector debe quedar informado de que el autor es miembro del partido
bolchevique”.
Finalmente
Freud fue convencido por psicoanalistas socialistas de no hacerlo. Según su
biógrafo Jones, Freud declaró que el artículo de Reich sobre el masoquismo
“culmina en la insensata afirmación de que lo que he denominado instinto de
muerte es un producto del sistema capitalista”.
En su
monumental biografía Myron Sharaf destaca que “en la ruptura psicoanalítica,
tal como antes en la ruptura con los comunistas, Reich sentía que no podía ser
excluido científicamente porque él representaba la verdadera tradición. Para
él, tanto los psicoanalistas como los comunistas habían abandonado el núcleo
vivo de su legado. Él quería mantenerse en el centro del mismo”.
La extensión
que ha alcanzado este texto me impide entrar en más detalles acerca de la
trayectoria posterior de nuestro héroe. A modo de resumen me remito a lo que
señalé al inicio, agregando solamente que desde la huida de Alemania y Austria,
a partir de su breve estadía en países escandinavos desde 1934 hasta 1939 la
presencia de WR nunca dejó de alertar a las autoridades ni de movilizar a su
amplio elenco de viejos y nuevos enemigos.
Lo cual parece haberle causado una fuerte dosis de paranoia, que es
fácil advertir en sus últimos escritos como “El asesinato de cristo. Primer
volumen de La plaga emocional de la humanidad” (1952).
VIII.- Culmino esta no tan breve exposición
haciendo un brevísimo punteo sobre la influencia de WR en el pop y la
contracultura del 1968/77.
Las
circunstancias de la caída en desgracia de WR y su posterior fallecimiento
privado de libertad lo convirtieron en una figura de la que se hablaba poco a
nada. A tal punto fue así, que en el Prefacio de Albert Lamb al libro “El nuevo
Summerhill” del educador alternativo A.S. Neill, se explica que a pesar de la
amistad e influencia directa de WR en Neill, en la primera edición de este
trabajo fue suprimido todo un capítulo dedicado a Reich, porque el editor
Harold Hart “lo consideraba una cuestión demasiado espinosa para los Estados
Unidos de los años sesenta”. Tres décadas después, a Lamb también le
recomendaron eliminar “la totalidad del capítulo sobre Reich (dado que este
autor es en Estados Unidos un asunto considerablemente polémico)”, sugerencia
que decidió no aceptar, en respeto a la libertad de expresión que siempre fue
defendida por Neill, quien consideraba a WR como su amigo y maestro.
Ante semejante
leyenda negra, no es de extrañar que las primeras reivindicaciones entusiastas
de la figura y obra de WR provinieran de la contracultura juvenil de fines de
los cincuenta e inicios de los sesenta, con sus primeros estandartes
norteamericanos que fueron los escritores beatniks. En particular su
influencia se hizo notar en Allen Ginsberg y muy fuertemente en William S.
Burroughs. Lo curioso es que en esta versión WR era una mezcla de científico
loco con precursor del amor libre y la experimentación con drogas, cosas por
las cuales nunca abogó. A propósito de amor libre, si me excusan una nueva
digresión, recordé que en un documental sobre el poeta y cantante Leonard Cohen
un par de testigos/sobrevivientes de los setenta decían algo así como: “en esos
años todos trataron de probar algunas formas de amor libre. Nadie lo pasó muy
bien con eso”. Ya lo creo.
En la cultura rockera post-68 el doctor
WR tiene algunas interesantes apariciones, como en la canción “Orgone acummulator” de la banda-comuna Hawkwind (Space Ritual, 1973), cuya letra no
puedo evitar referir acá, para que se hagan una idea:
Tengo un acumulador de orgones
Me hace sentir mejor
Te veré un poco después
Cuando esté con mi acumulador
No es un integrador social
Es un aislante para el sujeto solitario
Es un estimulador del cerebro posterior
Un vibrador cerebral
Este estimulador de energía
OK: ¿cierto que dan ganas de salir a
conseguirse un acumulador de orgones? De hecho, tengo un folleto en inglés que
dice ser un manual de instrucciones para construirse uno, pero cuando se lo
mostré a mi padre -que es ingeniero electrónico- me dijo: “parece una broma”.
Mejor entender que el mejor rock and roll es en sí mismo un buen acumulador de
orgones.
Otro nivel de registro más pop de WR lo
tenemos en las canciones “Birdland” de Patti Smith (Horses, 1975) y “Cloudbusting”
de Kate Bush, (Hounds of love, single, 1985 ¡Vean el video clip!). Ambas canciones
fueron inspiradas en la lectura del “Libro de los sueños” escrito por Peter
Reich (1973), que por desgracia aún no he podido conseguir. Por su parte, en el
folleto de Generic (1982), album debut del cuarteto noise-punk de California
llamado Flipper, hay alusiones a WR y una larga cita tomada de “Escucha
hombrecito” (1945).
Como se puede ver, arrinconado y
correteado por el marxismo y el psicoanálisis oficiales, fueron los “Children
of the revolution” de los sesenta y setenta quienes estuvieron en mejor
condición para apreciar el legado de WR, tal como se aprecia en la película que
acabamos de ver. Tras medio siglo de contra-revolución neoliberal, debemos volver
a rescatarlo.
IX.-
Eso es todo por hoy: muchas gracias.
Etiquetas: contra-represión, memoria negra, nada mas práctico que una buena teoría, reich, represión, sexpol
martes, septiembre 13, 2022
La Contrarrevolución del 2020, segunda parte (x Manifiesto Conspiracionista)
2.- La
recuperación del control.
Cualquiera que se ponga en la piel de alguno de los poderes
organizados con interés en mantener el orden mundial estará de acuerdo: en este
otoño de 2019 hay que soplar el silbato; se acabó el recreo. No puede
permitirse que una revuelta tan insolente contra los líderes y las «élites» se
extienda entre las gentes menos «politizadas». Todo esto no es aceptable. Sobre
todo porque lo anunciado en cuanto a la aceleración de la catástrofe climática
y ecológica, la «perturbación» del mercado laboral por las nuevas tecnologías y
la migración de poblaciones enteras, no augura nada bueno para algún oportuno
retorno a la calma. Nada en el horizonte. Todo esto está llegando demasiado
lejos. Los ratones han bailado demasiado. Es preciso tomar la iniciativa para
estar cinco pasos por delante si se quiere mantener el control de la situación.
Es hora de un great reset, como diría Klaus Schwab, el presidente
del Foro Económico Mundial.
Afortunadamente para nosotros no estamos reducidos a tener
que andar especulando sobre lo que ocurre en la mente de los poderes de este
mundo: basta con leer los informes de los innumerables think tanks,
unidades de previsión y otros centros de estudio que actúan como cerebro del
capital acumulado. En el otoño de 2019 se referían de manera provechosa a «La
era de las protestas masivas», tal y como publicaba en marzo de 2020 el Centro
de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS por sus siglas en inglés) en
Washington. El CSIS es el think tank de referencia del
complejo de seguridad nacional estadounidense. Henry Kissinger todavía tiene su
despacho allí. Zbigniew Brzezinski ocupó un asiento en la junta directiva hasta
su muerte en 2017. «El CSIS se dedica a encontrar formas de mantener la
preeminencia y la prosperidad estadounidenses como una fuerza del Bien en el
mundo», dice su sitio web. Así, si queremos tomar la medida de la zozobra que
reinaba en Washington en el otoño de 2019, hay que abrir «La era de las
protestas masivas»: «Entre 2009 y 2019, el número de manifestaciones
antigubernamentales en el mundo aumentó en 11.5 % por año […]. El 16 de junio
de 2019, 2 de los 7,4 millones de habitantes de Hong Kong participó, casi una
cuarta parte de la población de la ciudad. En el pico de las protestas en
Santiago de Chile, el 25 de octubre de 2019, las multitudes alcanzaron los 1,2
millones, nuevamente casi una cuarta parte de los 5,1 millones de habitantes de
Santiago. […] Vivimos en una era de protestas masivas globales históricamente
sin precedentes en frecuencia, alcance y tamaño. […] En 2008, en el punto álgido
de la crisis financiera mundial y antes de la Primavera Árabe, el ex asesor de
seguridad nacional de los Estados Unidos, Zbigniew Brzezinski, había
identificado un «despertar político global». Según él llegaba una nueva era de
activismo global. Escribió: «Por primera vez en la historia casi toda la
humanidad está políticamente activa, es políticamente consciente e interactúa
políticamente. […] Los gobiernos de todo el mundo no están preparados para
una marea creciente de expectativas ciudadanas que se traduce en protestas
políticas masivas y otras formas menos obvias. Responder a la creciente
desconexión entre las expectativas de los ciudadanos y la capacidad del
gobierno para cumplirlas podría ser el desafío de una generación. […] Dicho
esto, la inquietante firma de esta era de protestas masivas es el vínculo común
que las une: no tener líderes. Los ciudadanos pierden la fe en sus líderes,
élites e instituciones y salen a la calle por frustración y, a menudo, por
disgusto».
Aquí es donde estábamos, en Washington, a fines de 2019,
antes de que ocurriera la divina sorpresa de un nuevo coronavirus. Admitamos
que frente al titán que se eleva allí, con una serie de manifestaciones
antigubernamentales siguiendo una progresión exponencial, con toda esta juventud
que empezaba a protestar por todo el planeta por tener que crecer en un mundo
de sequías, olas de calor, desempleo masivo, start-ups estúpidas,
desaceleración de la Corriente del Golfo, de intoxicación de todo y muerte de
los océanos; el antiterrorismo ya no sirve de nada, más bien aburre. Se
necesitaba un nuevo instrumento capaz de congelar definitivamente todas estas
odiosas manifestaciones de masas. Como hemos visto, el nuevo no estaba tan
desvinculado del antiguo. Y como bien explica Peter Daszak, presidente de la
ONG ecologista neoyorquina EcoHealth Alliance —un ecologista curioso al que le
gusta citar a Donald Rumsfeld (*) cuando tiene tiempo para una
ONG original en la que no se tienen reparos en colaborar intensamente con los
programas de biodefensa del Pentágono— en el New York Times: «las pandemias son
como los ataques terroristas: sabemos más o menos de dónde vienen y quién es el
responsable de ellos, pero no sabemos exactamente cuándo sucederá el siguiente.
Deben tratarse de la misma manera: identificándose todas las fuentes posibles y
desmantelándolas antes de que la próxima pandemia golpee».
Lo interesante y espinoso es que este hombre que rastrea
amenazas zoonóticas «naturales» como otros rastrean la «amenaza terrorista» fue
también el que escribió e hizo que veintisiete científicos de renombre firmaran
en The Lancet del 19 de febrero de 2020 la famosa carta en la
que dictamina marcialmente: «Nos unimos para condenar enérgicamente las teorías
de conspiración que sugieren que el Covid-19 no tiene un origen natural […] y
concluimos rotundamente que este coronavirus tiene como origen la vida salvaje.
[…] Las teorías de la conspiración sólo crean miedo, rumores y daños que ponen
en peligro nuestra colaboración global para combatir este virus». A esto se le
llama tomar la iniciativa.
¡Qué decepción sentirían sus co-firmantes cuando se enteraran
poco después de que la ONG de Peter Daszak de hecho fue financiada con millones
de dólares por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos y por el Instituto
Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas del Dr. Fauci para que
realizara experimentos con coronavirus de murciélago en el Instituto de
Virología de Wuhan! Experimentos tan inocentes como el consistente en injertar
una proteína Spike en la estructura básica de un virus SARS-CoV para observar
su efecto patógeno en los pulmones de ratones «humanizados». O de una
casualidad tan anecdótica como que Peter Daszak hubiera publicado a lo largo de
quince años una veintena de estudios con científicos del Instituto Chino.
También podemos imaginar el malestar de estos cosignatarios cuando
descubrieron en septiembre de 2021, tras una misteriosa filtración, la
solicitud de financiación enviada en 2018 al DARPA por EcoHealth Alliance
para llevar a cabo un experimento consistente en insertar en la proteína Spike
de un coronavirus similar al SARS un lugar de segmentación de la proteína
furina que permite aumentar considerablemente su contagiosidad en humanos — el
mismo lugar de segmentación que ha intrigado tanto a los investigadores desde
que comenzaron a estudiar el SARS-CoV-2, ya que ninguno de los virus de su
familia, el sarbecovirus, tiene ninguno. Este programa de investigación se
denominó acertadamente: «Project DEFUSE» (proyecto Desactivación). A la elección
del instituto de Wuhan no le faltaban motivos puesto que su virólogo jefe, un
buen amigo de Peter Daszak, está asociado allí con uno de los principales
asesores en bioterrorismo del ejército popular de China. Solo podemos lamentar
que este último haya eliminado la base de datos que enumera todos los virus en
los que trabajaba el instituto de Wuhan desde septiembre de 2019. En estas
condiciones, ciertamente, era imperativo que Peter Daszak formara parte de la
comisión Lancet sobre el origen del SARS-CoV-2 así como
en la de la OMS enviada a China para investigar la cuestión, comisión que debía
concluir que «la teoría de la fuga de laboratorio [es] altamente improbable».
Después de todo, Allen Dulles (**) terminó
siendo elegido como miembro de la Comisión Warren sobre el asesinato de John
Kennedy, y fue a una comisión Rockefeller a la que, en 1975, se le asignó la
investigación de la enorme masa de «actividades ilegales» de la CIA en los
Estados Unidos en la década de 1960, tras una dolorosa serie de perturbadoras
revelaciones.
Cuán agotador debe haber sido, tanto para la DARPA como para
Peter Daszak, tener que guardar silencio durante dos años de «pandemia» sobre
el «proyecto DEFUSE». Y todo ello por puro respeto al secreto de defensa.
He aquí un hombre cuyos silencios, mentiras y denegaciones le
convienen, a la larga, para las mejores investigaciones.
Peter Daszak puede solicitar legítimamente el título del
hombre más sórdido y sospechoso de esta era.
A fines de 2019 estaba en marcha una crisis masiva de gubernamentalidad
global. Un tragaluz histórico se estaba abriendo.
En Francia, el aplastamiento bestial de los chalecos
amarillos todavía estaba en la mente de todos y la policía era casi tan odiada
como el régimen que ésta había defendido sádicamente.
La posibilidad de salirse de los rieles de un futuro de mil
demonios atrajo a pueblos enteros. Hacía falta intentar algo. Había que
recuperar el control, costara lo que costara.
Aquellos para los que una tal bifurcación significaría la
ruina han intentado sustituirla por una maquinación que les permitiera
mantenerse en el buen camino hacia su rentable apocalipsis.
Declararon cerradas las posibilidades y quisieron revertir el
signo de la ruptura histórica en curso convirtiendo la apertura revolucionaria
en una vertiginosa intensificación de su dominio.
Siendo inevitable un trastorno, trataron de hacer que
fuera el suyo.
Lo que cualquier potencia menor interesada en mantener el
orden mundial podía esperar de la estruendosa declaración de pandemia era:
— el aplacamiento brutal de un crescendo histórico a través
de un episodio «natural»;
— una restauración de todas las autoridades: policía,
ciencia, medios de comunicación, empresas, Estado;
— la sustitución de la desconfianza hacia los que gobiernan
por la de cada uno hacia todos los demás;
— el aislamiento de los seres en su «burbuja social» y la
consecuente imposibilidad de cualquier actuación masiva;
— un gigantesco hold-up contra toda
proyección en el tiempo, contra toda anticipación y organización;
— la legitimidad para controlar todas las interacciones
humanas «por el bien de todos»;
— la desrealización de toda la historia pasada frente a la
angustia hiperconectada del momento;
— el efecto túnel asociado con el miedo y la escasez, en el
que todo lo que no se relaciona con la supervivencia inmediata se desvanece —
los psicólogos de Harvard han estudiado bien la cuestión;
— el pánico que transforma el hecho de razonar en un lujo, y
que convierte en una provocación mostrar un poco de perspectiva y distancia con
la situación;
— una ruptura en el hilo de la historia incipiente y una
ruptura con toda la historia anterior.
A pesar de la persistencia de revueltas hasta en el corazón
mismo de Washington durante los disturbios de George Floyd, hay que admitir
que, en un principio, estos efectos se obtuvieron exitosamente más
allá de toda esperanza.
Así que no nos habíamos preparado en vano.
Pero ahí está, la «sociedad abierta» de los neoliberales, ni
la tierra la quiere ya.
La apuesta de estabilización por aceleración es un farol en
una mano débil.
Gráficas: Hannah Hoch
Notas (del
traductor):
*: Un cabrón de categoría, fallecido recientemente de cáncer,
y hombre de confianza de Nixon y de Bush. Fue Secretario de Defensa de los
Estados Unidos en varias ocasiones, la última de 2001 a 2006, siendo el
responsable de varias de las atrocidades más sanguinarias cometidas por dicho
Estado. Por ejemplo, estuvo detrás del uso habitual de la tortura en la cárcel
de Guantánamo y de Abu Ghraib, en Irak, tras la invasión estadounidense de
dicho país en 2003
**: Otro elemento reaccionario y siniestro: primer director
civil de la CIA, promotor de la fallida invasión contrarrevolucionaria de Bahía
de Cochinos y posiblemente el autor intelectual del asesinato de Kennedy quien
lo había destituido previamente de su puesto.
Etiquetas: reflexión, represión, tercer asalto proletario contra la sociedad de clases
jueves, septiembre 01, 2022
La violencia del orden
Falta poco para el plebiscito de salida en que la ciudadanía obligada a votar bajo amenaza de multas decidirá cual de las dos formas de implementar el acuerdo del 15 de noviembre de 2019 se impone: rechazar para reformar, o aprobar para reformar. La elección no es tan dramática como la épica apruebista trata de presentarla. En cualquier caso serán los partidos y el Congreso los que le den forma definitiva a esta renovación institucional, dejando la revuelta de octubre bien sepultada, con los verdugos en la impunidad, los presos de la revuelta bien presos, y los heridos y mutilados recibiendo en el mejor de los casos una miserable pensión.
LA VIOLENCIA DEL ORDEN. SOBRE LA REPRESIÓN ESTATAL Y EL “ESTALLIDO SOCIAL” EN
CHILE
“Octubre. Despertar. La pesadilla de la realidad se
rompe bajo el peso de un empobrecimiento vuelto insoportable. Todo el pueblo
responde al llamamiento de sus más jóvenes. Los patrones envían a sus
mercenarios”.
(Evade
Chile, Reporte de una Insurrección, 2019-2020)
Control
de Orden Público
Frente
al cuartel policial de la calle San Isidro 330 de la ciudad de Santiago, una
piedra conmemorativa explica que en ese lugar fue fundado el Grupo Móvil en
agosto de 1936 (1),
y que en noviembre de 1970 pasó a ser la Prefectura de Fuerzas Especiales.
Luego de esa explicación histórica, aparece su lema: “A LA VIOLENCIA DEL
DESORDEN, LA FUERZA DEL ORDEN LEGAL”.
Después
del 18 de octubre de 2019, jornada que desató una ola de rebelión ininterrumpida
por lo menos hasta marzo de 2020, el entonces General Director de Carabineros,
Mario Rozas, anunció que la Prefectura de las FF.EE. sería reemplazada por los
grupos COP, por “Control de Orden Público”, expresión que les parecía más
adecuada que “represión”, a la que calificó como “una palabra muy fuerte”. Casualmente
el nombre escogido coincide con la denominación coloquial de los policías en el
habla inglesa, “cop”, que podríamos traducir por “paco”, y que fue popularizada
a partir del estallido por el uso masivo en grafitis de la sigla A.C.A.B. (“all
cops are bastards”).
¿Por
qué se produce este esfuerzo de negación de la función “represiva” básica que
ejercen los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley y precisamente por
parte de su jefe máximo? Visto así, pareciera que el Estado a través de sus
agentes no puede reconocer ni siquiera gramaticalmente que el orden social que
defienden está basado en una inmensa acumulación de violencias. Pero en
momentos de rebelión social como la que esta función represiva se desnuda, pasa
al primer plano, y se revela además operando desde un profundo y largo continuo represivo en que podemos
rastrear y reconocer desde el origen del Estado de Chile los rasgos brutales y
genuinamente terroristas (en el sentido de dominación
por el terror, que señala la definición de la RAE) que están en la base de
los procesos de acumulación capitalista. Una violencia estatal y social que no empezó
en 1973 ni se acabó en 1990, que existe siempre y no sólo durante las
dictaduras cívico/militares, una violencia que incluso tiene una profunda base
cultural, que se emparenta de cerca con la violencia directa y/o simbólica de la
dominación patriarcal, racista y adultocéntrica.
Si
somos conscientes de los orígenes violentos de este orden social, en el que
siempre funciona un “mini-terrorismo de Estado” esperando a desplegarse más
intensamente en caso necesario, opera en nosotros una verdadera inversión de
perspectiva: al apreciar toda violencia acumulada frente a nosotros, aquí y
ahora, nos damos cuenta de que la única posibilidad de ponerle fin, es tratar
de interrumpir la “normalidad” arrojándonos al torbellino acéfalo de la
revuelta (2). La
respuesta que enfrentamos por la rebelión individual y colectiva es siempre la
misma: culminando en la tortura y la desaparición, el arsenal estatal parte por
la luma, la bomba lacrimógena, los atropellos, carros lanza aguas, copamientos
preventivos, controles de identidad y detenciones, las cárceles, las balas, las
golpizas generalizadas y el verdadero símbolo de la política represiva de Chile
el 2019: la lesión ocular por disparos de escopetas cargadas con un tipo de munición
“antidisturbios” prohibida por las nuevas orientaciones de Naciones Unidas
sobre “armas menos letales”.
Historia (y geografía) de la represión
La
historia de la dominación estatal es la historia de la represión, expresada en
terribles masacres como la de la escuela Santa María de Iquique (1907), San
Gregorio (1921, con Pedro Aguirre Cerda como Ministro del Interior), Ranquil
(1934), Pampa Irigoin (1969), El Salvador (1966), la sangrienta represión de la
insurrección obrera de Puerto Natales y Puerto Bories (enero de 1919), el
incendio de la Federación Obrera de Punta Arenas (1920), la Pascua Trágica de Copiapó y Vallenar
(1931), la “revolución de la chaucha” en 1949, la insurrección simultánea de
abril de 1957 en Valparaíso/Santiago/Concepción, y el golpe militar de 1973. Antes
de eso, en el siglo XIX, el Estado no sólo movilizó a los “rotos” para las
guerras con los países del norte, sino que ejecutó la “Pacificación de la
Araucanía”, y permitió el exterminio de las poblaciones originarias de Tierra
del Fuego por parte de milicias privadas de los empresarios. Pero este poder
represivo también tiene otros modos de operación más sutiles, o que por
ejercerse fuera del espacio público de las calles quedan fuera de nuestra
mirada al punto que casi no se perciben como parte de esta inmensa acumulación
de violencia (3).
Si
consideramos la evolución de la población carcelaria en Chile veremos que si
bien en 1990 la represión política disminuyó, concentrándose en unos pocos
grupos subversivos que los gobiernos concertacionistas supieron desarticular
bastante rápido, el aparato represivo de Estado dirigió una nueva guerra contra
los pobres, esta vez bajo la bandera de la “Paz Ciudadana”, logrando más que
duplicar en pocos años la población penal, que hasta el día de hoy sigue
estando en uno de los niveles más altos de América Latina y el mundo (4).
Tal
como lo explica Silvio Cuneo, “el aumento del encarcelamiento en Chile ha sido
un tendencia relativamente reciente (…) Desde 1993 la tendencia al alza ha sido
constante hasta 2009, en que el nivel baja, pero sigue siendo muy elevado en
comparación con nuestros propios niveles históricos y con otras realidades de
la región. Ya en la década de los ochenta el encarcelamiento aumenta de 136
presos por cada 100 mil personas en 1980 a 189 en el año 1989. Luego vuelve a
aumentar en la década del noventa (de 171 en 1990 a 198 en 1999) y más aún en
la primera década de la actual centuria (215 en 2000 a 313 en 2009)” (5). El nivel de encarcelamiento al que se llegó en
democracia “no tiene precedentes en nuestra historia” (6).
Por la razón o la fuerza
El
lema del Grupo Móvil parece complementar al que desde mediados del siglo XIX aparece
en el escudo nacional: “Por la razón o la fuerza”. Este lema nos advierte que
en nombre de la razón instrumental, capitalista, todo el aparato de Estado está
bien dispuesto para obligar a cada ser humano a ser subsumido por la producción
de valor, a dejar que sus cuerpos y mentes también pasen a formar parte del
circuito de producción y circulación de mercancías. Si te resistes a eso, la fuerza policial irá
hacia ti y te dejará en manos de un sistema penal a través del cual el Estado
“encierra a quien le sobra y a quien lucha contra él”, tal como decía una vieja
canción de La Polla Records.
El
mensaje es tan “belicista” que tanto el presidente Ricardo Lagos en el 2000
como el senador Nelson Ávila en el 2004 intentaron sin éxito que el Congreso
accediera a cambiarlo por: “Por la fuerza de la razón”. Sin duda calza perfecto
con la declaración de estar “en guerra contra un enemigo poderoso” hecha por el
presidente Piñera en respuesta al estallido.
El desorden público según la policía
En
un video difundido en el contexto de las protestas estudiantiles del 2011, un
instructor de Carabineros explicaba que constituye el delito de desórdenes todo
aquello que ocurra en el espacio público pero que se aparte de la idea de “normalidad”;
una ciudad en que estén asegurados los flujos de la circulación de mercancías -humanas
y no humanas-.
La
misma idea estaba tras la llamada “ley Hinzpeter”, que surgió ese año por
iniciativa de la Sociedad de Fomento Fabril y que nunca llegó a aprobarse pero daba
una buena idea de los tipos de actividad que se entienden como una grave
alteración al orden público. Su espíritu es el mismo que el de las leyes que se
han aprobado recientemente gracias a la colaboración del Congreso con este
gobierno: la Ley 21.208 (antibarricadas, saqueos y “el-que-baila-pasa”), y otras
aún pendientes de aprobar como la ley anticapuchas y la de protección
permanente de infraestructura crítica por personal de las Fuerzas Armadas (7).
Así,
para esta concepción, el desorden es en sí mismo violencia, pues interrumpe los
flujos “normales” de la circulación capitalista. Y además, por ser indicativo
de una oposición al monopolio de la fuerza (o “violencia legítima”) por el
Estado. Frente a esa violencia, la respuesta estatal no se autoproclama como “violencia”,
sino que como “fuerza”. Pero el lema del Grupo Móvil hace una afirmación que es
relevante: para ser fuerza y no violencia, debe ajustarse plenamente a lo que
le ley le señala como límite. De hecho, se dice que el respeto al principio de
legalidad hace la diferencia entre un Estado democrático y un Estado policial o
dictatorial.
El
orden social pretender ser un orden jurídico, legal, ajustado a Derecho. Y por
eso, si su alteración se produce, ahí está la “fuerza pública” para
conservarlo, mantenerlo, o restituirlo, pero en esta función el Estado (o más
bien su aparato represivo) debe ajustarse plenamente a los medios y formas de
actuación que le señala el ordenamiento jurídico. Cuando el uso de la fuerza
para controlar el orden no se ajusta a estos límites, cuando con su accionar se
producen vulneraciones a los derechos de las personas, estamos en el ámbito de
lo que técnicamente son “violaciones de derechos humanos”, que pasan a ser “crímenes
contra la humanidad” cuando -como ocurrió en Chile en 1973 y 2019- son violaciones
generalizadas o sistemáticas, es decir, una forma actualizada del terrorismo de
Estado.
El uso de la fuerza y su des-regulación en el derecho
nacional
La
Constitución Política de la República garantiza en el artículo 19 N° 13 “el
derecho a reunirse pacíficamente sin permiso previo y sin armas”. No obstante
esa proclamación, sigue vigente el Decreto 1086 de septiembre 1983, una
respuesta a las protestas nacionales contra la dictadura iniciadas en marzo del
mismo año, que obliga a solicitar autorizaciones a la Intendencia con dos días
hábiles de anticipación, señalando por escrito “quiénes organizan dicha reunión,
qué objeto tiene, dónde se iniciará, cuál será su recorrido, donde se hará uso
de la palabra, qué oradores lo harán y
dónde se disolverá la manifestación”. El derecho constitucional queda cercenado
por su regulación no a nivel legal sino que meramente administrativa, lo que
entre otras cosas logra impedir cualquier manifestación espontánea o sin
líderes.
En
coherencia con ello, la Circular de Uso de la Fuerza y nuevos Protocolos de
Control del Orden Público de Carabineros señalan que la facultad policial
consistente en el uso legítimo de la fuerza “en definitiva, obliga a todas las
personas a someterse al control policial” (8). Al regular las
manifestaciones públicas, se hace una curiosa clasificación: las
manifestaciones pueden ser lícitas cuando “se desarrolla[n] en espacios
públicos con tranquilidad, seguridad y respeto por los mandatos del autoridad,
sea que cuente con autorización previa o que se trate de una actividad
espontánea no autorizada”. Pero las manifestaciones lícitas pueden “devenir en
ilícitas”, cuando se trate de manifestaciones violentas o agresivas.
Carabineros
define de manera bastante curiosa las manifestaciones ilícitas: la
manifestación se considera violenta “cuando se contravienen las instrucciones
de la autoridad policial y los actos involucren la vulneración de derechos de
terceros, como sería la libre circulación por las vías”. Es decir, bastaría con
que no se obedezcan las instrucciones policiales relativas a retirarse la
calzada para que la manifestación sea considerada “violenta” y entonces la
fuerza pública está autorizada a disuadir, despejar, dispersar y detener a los
manifestantes.
La
manifestación se define como agresiva “cuando se generan daños o cuando se
agrede intencionalmente a las personas o la autoridad policial”, y en tal caso
procede aplicar inmediatamente las fases de dispersión y detención.
En
base a este marco no legal sino que meramente reglamentario y protocolar,
Carabineros reprime con fuerza (o “con energía” como señaló en octubre del 2019
el senador socialista José Miguel Insulza al llamar a reprimir las evasiones
masivas de liceanos, qué técnicamente ni siquiera eran infracciones del sistema
de responsabilidad penal adolescente) las manifestaciones donde no se demuestra
“sometimiento” a su control policial, y en cambio toleró sistemáticamente las
agresiones de grupos de extrema derecha que durante el 2020 en las marchas de
los partidarios de la opción “Rechazo” a una nueva constitución se dedicaron a
agredir violentamente mediante grupos de choque a los transeúntes que no
compartían su opción.
Trincheras legales dentro del derecho chileno
Además
de esta llamativa complementariedad entre la Constitución del 80, el Decreto
1086 y los nuevos Protocolos de Carabineros (9), subsisten varios cuerpos
legales que operan como verdaderas trincheras dentro del Derecho: básicamente,
la Ley de Seguridad del Estado (10), la Ley de Control de
Armas (11), y la Ley Antiterrorista (12). El repertorio legal para
combatir al movimiento social se ha complementado en nuestro tiempo con dos
importantes leyes: Aula Segura en el 2018, y el control preventivo de identidad
inventado en el 2016 y que durante el 2019 un proyecto de ley presentado por el
gobierno de Piñera y apoyado por votos de la Democracia Cristiana pretendía
hacer aplicable desde los 14 años (aunque en la votación efectuada el 16 de
octubre en la Cámara de Diputados se aprobó desde los 16 años).
Como
he explicado previamente, “Aula Segura” era una propuesta
jurídicamente absurda e innecesaria pues la respuesta sancionatoria frente a
conflictos e incluso delitos en el espacio educativo ya existe y había sido
regulada en lo medular por las leyes y reglamentos pertinentes. De todos modos
fue impulsada por la ministra Cubillos hasta ser aprobada en diciembre de 2018 mediante
la Ley 21.128. De inmediato fue entendida y aplicada como una
verdadera declaración de guerra a la juventud movilizada en sus liceos,
causando cientos de expulsiones que en muchos casos fueron luego declaradas
“arbitrarias e ilegales” por los tribunales de justicia.
Aprovechando
ese mismo impulso a su agenda represiva, el mismo Gobierno que un año antes
proclamaba “Los niños primero” decidió en marzo de 2019 reforzar los “controles
de identidad” mediante el proyecto de ley contenido en el Boletín 12.506-25.
El
control preventivo de identidad, surgido el año 2016 con motivo de la segunda
“agenda corta antidelincuencia” de la presidenta Bachelet (13), puede ser aplicado por
la policía sin necesidad de indicio ni expresión de causa, a cualquier persona
que a su juicio parezca ser mayor de 18 años. A pesar de la prohibición legal y
la “presunción de minoridad” que se establece para el caso de que exista duda
sobre la edad de la persona controlada, durante el 2018 Carabineros controló
preventivamente a más de 73 mil menores de edad.
Esta
autorización a las policías para controlar personas sin motivo alguno
constituye en sí misma una vulneración del principio de legalidad. Aparece como
un agujero negro de “no-derecho” dentro del ordenamiento jurídico chileno, que
casi no tiene precedentes o figuras equivalentes en el resto del mundo. Gracias
a su aplicación, cada vez mayor, en Chile se controló durante el 2018 a un
promedio de 255 personas por cada mil habitantes; una de cuatro personas: todo
un record mundial (14).
Justo
dos días antes del estallido social, el Gobierno con votos de la oposición
había logrado que se aprobara en la Cámara de Diputados aplicar los controles
preventivos de identidad a partir de los 16 años de edad. Luego de eso la
tramitación del proyecto no registra
ningún movimiento.
Esta
“guerra contra la juventud” librada desde el Estado influyó no poco en el
desencadenamiento de la revuelta de octubre, que en este sentido expresó una
acumulación de revueltas y experiencias previas. Las irrupciones del “proletariado juvenil” desde los
liceos no eran nuevas; ya las habíamos podido apreciar en ciclos casi exactos
de cinco años: 2001 (mochilazo), 2006 (revolución pingüina), 2011 (aunque acá estaban
algo eclipsados por los estudiantes universitarios y su futura “bancada
estudiantil”). Pero el 2019 los “pingüinos”
fueron el detonante de una explosión que, trasmitida desde las aulas a
los subterráneos del metro y hacia las calles.
Violencia conservadora y derecho de rebelión
La
respuesta a la rebelión popular en todo el país fue la exacerbación de la “violencia
conservadora”, desprovista incluso de justificación jurídica o respaldo
normativo, en defensa del orden neoliberal.
El
costo humano fue alto: una treintena de muertos -por acción directa de agentes
del Estado o por el descontrol propio de la violencia social mediante incendios
y saqueos en los primeros días-, miles de heridos incluyendo cientos de
mutilados. En cuanto a lesiones oculares, según un
estudio publicado en la revista Eye
que incluyó la comparación con episodios de traumas oculares por acción
policial en otros países, la mayor cifra comparada de trauma ocular se
situaba en el conflicto palestino-israelí, donde se registraron 154 casos en un
período de seis años (1987 a 1993). En Chile registraron 182 casos de lesión
ocular por proyectiles de impacto cinético sólo entre el 18 de octubre y el 30
de noviembre de 2019 en el Hospital del Salvador (15).
El
Ministerio Público recibió denuncias por 8.600 casos de violencia institucional.
A mediados de 2021 sólo se había dictado sentencia condenatoria en 3 casos,
respecto de 4 funcionarios policiales, aplicando a todos ellos condenas de
cumplimiento en libertad (16).
No
obstante la gran confusión sobre las cifras de los “presos de la revuelta”,
sabemos que entre el 18 de octubre de 2019 y hasta el 18 de marzo del 2020 la
represión policial y militar de las protestas dejó a aproximadamente 30 mil
personas detenidas (17),
de las cuales se formalizó a más de 5 mil y cerca de 2 mil quedaron inicialmente
sometidas a la medida de prisión preventiva. Existen suficientes argumentos
jurídicos, políticos e históricos para fundamentar la aplicación de una
amnistía o un indulto general, en relación tanto a delitos políticos
propiamente tales (del Código Penal o de leyes penales especiales) como a los
delitos conexos cometidos en el contexto de la revuelta social. Está por verse
si una iniciativa de este tipo tendrá éxito en el Congreso actualmente
existente.
Entretanto,
la Convención Constitucional aprobó por amplia mayoría una declaración que
señala que “la violencia que acompañó los hechos de Octubre fue consecuencia de
que los poderes constituidos fueron incapaces de abrirnos una oportunidad para
crear una Nueva Constitución y hoy que estamos comenzando el trabajo de la
Convención deben hacerse cargo de aquello” (18).
La
“revuelta de octubre”, como respuesta popular ante décadas de acumulación de
violencia estructural e institucional, fue así la “partera” del proceso
constituyente. Una violencia espontánea, “pura”, “anárquica”, que al irrumpir destituyó
incluso la tradicional relación entre medios y fines, y que luego, a medida que
el pueblo fue disputando y apropiándose del escenario de transformación institucional
que se logró abrir, se ha ido transformando gradualmente en violencia
“fundadora de derecho” (19).
BIBLIOGRAFÍA:
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Escritos e intervenciones de antes y durante la revolución de octubre,
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Rodríguez,
Á., Peña, S., Cavieres, I. et al. Ocular trauma by kinetic impact projectiles during
civil unrest in Chile. Eye (2020).
NOTAS:
1.- Cuerpo policial antidisturbios al que Victor Jara dedicara su
canción “Movil Oil Special” en 1968.
2.- Incluso un instrumento como la Declaración Universal de Derechos
Humanos, de 1948, reconoce en el preámbulo que estos derechos se consagran “a
fin de el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra
la tiranía y la opresión”. Además, en el art. 28 señala que todos tenemos
derecho “a que se establezca un orden social e internacional” en el que estos
derechos y libertades “se hagan plenamente efectivos”.
3.- Marx en el capítulo de El
Capital sobre acumulación originaria
dice que el sistema capitalista en su fase inicial de “acumulación originaria”
se basa abiertamente en el terrorismo privado y luego estatal, para después,
cuando ya está naturalizado en las cabezas y cuerpos de la población, reducir
cuantitativamente ese tipo de violencia gracias al acatamiento pasivo de las
relaciones sociales que impone, hasta que por circunstancias especiales resulte
necesario volver a desplegar abiertamente
la “violencia extraeconómica”, es decir, entrar a una nueva fase de
“dominación por el terror”.
4.- Sobre la formación de
la Fundación Paz Ciudadana, como una alianza derechista/concertacionista
destinada a reemplazar la doctrina de la seguridad nacional por la de la
seguridad ciudadana, y el auge del
“populismo punitivo” en Chile se recomienda consultar: Ramos, Marcela y Juan
Andrés Guzmán, La guerra y la paz
ciudadana (Santiago, LOM, 2000) y Jiménez, María Angélica y otras, Un nuevo tiempo para la justicia penal.
Tensiones, amenazas y desafíos (Santiago, Centro de Investigaciones
Criminológicas-Universidad Central, 2014). No debemos olvidar que desde su
inicio la Fundación de Paz Ciudadana era una alianza estratégica donde no sólo
se expresaba la derecha tradicional comandada por los Edwards sino que también
el mundo concertacionista (con Bitar y Jiménez de la Jara) e incluso el “mundo
de la cultura” (Nemesio Antúnez). De sus filas salió la ex Subsecretaria de
carabineros Javiera Blanco, y más recientemente dos ex imputados del Caso Penta
condenados a “clases de ética” y el ex Senador y actual constituyente Harboe,
del PPD, han llegado también al directorio de la Fundación.
5.- Cuneo, Silvio. Cárceles y
pobreza. Distorsiones del populismo penal (Santiago, Uqbar, 2018, pág.
154).
6.- Ibíd., pág. 156.
7.- Es decir, “ejércitos en las calles” sin necesidad de decretar un
estado de excepción, lo cual le da un nuevo sentido a lo que decía Walter Benjamin sobre que “el
estado de excepción en que vivimos es la regla”: estas leyes vienen a
normalizar jurídicamente la excepción, haciéndola permanente.
8.- Circular 1832 y Orden
General 2635, de 1 de marzo de 2019, adoptadas como parte de los compromisos
del Estado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el marco del
caso de Alex Lemún.
9.- Que tuvieron que ser
actualizados en cumplimiento a los compromisos adquiridos por el Estado de
Chile ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el caso de Alex
Lemún, asesinado por Carabineros mediante un perdigón de plomo en la cabeza en
noviembre de 2002.
10.- Promulgada por Ibañez
en 1958 en reemplazo de la Ley de Defensa Permanente de la Democracia o “Ley
Maldita”.
11.- Aprobada durante la
Unidad Popular, reformulada en dictadura, y luego modificada y endurecida
varias veces en democracia, por obra de los gobiernos de Lagos y Bachelet.
12.- Ley 18.314 de 1984,
modificada en su estructura básica en 1991 y luego en 2010. La Ley
Antiterrorista era aplicada a adolescentes mapuche hasta que esa posibilidad
fue impedida por la reforma del 2011.
13.- Ley N° 20.931. La primera “agenda corta”, Ley 20.253 del año 2008,
endureció drásticamente el sistema procesal penal y fue una de las principales
causas del encarcelamiento masivo que refería Cuneo. Cabe destacar que ambas
“agenda cortas” no fueron ideadas por la derecha sino que por la
“centroizquierda” (Concertación y luego Nueva Mayoría), lo cual generó que, a
diferencia de la “Ley Hinzpeter” del 2011, casi no generaron resistencias.
14.- Todos estos datos son cifras oficiales y fueron señaladas en el
debate parlamentario sobre esta iniciativa legal.
15.- Rodríguez, Á., Peña, S., Cavieres, I. et al. Ocular trauma by kinetic impact projectiles during civil unrest in
Chile. Eye (2020)
16.- En el plano de la justicia civil, el mismo Consejo de Defensa del
Estado que en algunas causas por violencia institucional interviene como
querellante, se desdobla para hacerse presente en esta arista del laberinto
judicial negando la procedencia de las indemnizaciones a las víctimas de la
acción de los agentes del Estado, sosteniendo que por regla general Carabineros
se ajustó a la normativa vigente sobre uso de la fuerza, que incluso el
correcto uso de las armas menos-letales puede producir graves lesiones, y que
en muchos casos fueron las propias víctimas quienes colaboraron en la
producción del resultado al haber optado por participar de manifestaciones no
autorizadas en que ocurrían hechos de violencia (Mujica con Fisco de Chile,
C-11.302-2020, 15 Juzgado Civil de Santiago).
17.- Según Carabineros “entre el 19 de octubre de 2019 y el 31 de marzo
de 2020 se contabilizaron 5.885 situaciones de desorden público, 4.302
manifestaciones, 1.090 saqueos y 441 cortes de rutas. A raíz de todos estos
eventos, reconoce haber realizado un total de 25.567 detenciones: 4.091 mujeres
y 21.476 hombres” Ver: Pauta.cl, Más de
4 mil manifestaciones y 25 mil detenidos: el balance del estallido social, 30
de agosto de 2020.
18.- Esta declaración de 8 de julio de 2021 demanda dar suma urgencia al
Proyecto de Ley sobre indulto general (Boletín 13.941-17), además de otras
medidas sobre reparación integral a las víctimas de la represión, el retiro de
las querellas por Ley de Seguridad del Estado, desmilitarización del Wallmapu e
indulto a los presos políticos mapuche a contar el año 2001.
19.- La distinción entre violencia fundadora y conservadora de derecho, violencia
mítica y divina, así como la violencia “pura” o anarquista, son categorías
aportadas por Benjamin hace exactamente 100 años, en Para una crítica de la violencia (1920/1), donde se refiere al
“espectáculo penoso” que en su tiempo ofrecen “los parlamentos [que] no guardan
en su conciencia las fuerzas revolucionarias a las que deben su existencia”.
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