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lunes, noviembre 29, 2021

¿El fascismo viene o ya estaba acá y lo "empoderaron" al mismo tiempo que apagaban las llamas de la revuelta?  


Buena pregunta. Me la planteé la semana pasada y envié una columna a El Porteño: "Octubre, noviembre, ¿septiembre?". 

Luego de eso las columnas sobre el tema se han vuelto sobreabundantes, así como el chantaje sobre los sectores abstencionistas, a quienes se nos echa la culpa de todo en estos casos (deja vu: 1988, 1989, 1999, 2010, 2017, y ahora 2020 y 2021). 

Asi que mejor los dejo con un interesante documento con el cual se puede dialogar y discrepar y del cual se puede aprender mucho.

Es una entrevista a Pier Paolo Pasolini incluída en el libro póstumo "Escritos Corsarios". Que la disfruten. Los subrayados son nuestros.

Se recomienda leer escuchando a Crass, de cuya colaboradora gráfica (Gee Vaucher) tomé estas  imágenes. Si ya están chatos de escuchar los discos de siempre de tan magnífico colectivo anarco-punk, entonces acudan a los 223 remixes que compilaron en "Nunca fue normal", editado el 30 de junio de este año. 

Si la anarquía de los sentidos que exploraron entre 1977/1984 aún nos hace sentido, esperen a escuchar cómo sigue reverberando en las mentes y cuerpos de quines tomaron estos materiales y les dieron nueva vida.

AMPLIACÍON DEL «BOCETO» SOBRE LA REVOLUCIÓN ANTROPOLÓGICA EN ITALIA

(11 de julio de 1974 en el «Mondo», entrevista a Pier Paolo Pasolini realizada por Guido Vergani).

*

Nosotros los intelectuales tendemos siempre a identificar la «cultura» con nuestra cultura: por lo tanto, la moral con nuestra moral y la ideología con nuestra ideología. Esto significa: 1) que no usamos la palabra «cultura» en su sentido científico, 2) que expresamos con ello un cierto e inevitable racismo hacia aquellos que viven, precisamente, en otra cultura. En realidad, dada mi existencia y mis estudios, yo siempre he podido evitar bastante caer en estos errores. Pero cuando Moravia me habla de gente (o sea en la práctica todo el pueblo italiano) que viven en un nivel pre-moral y pre-ideológico, me demuestra que ha caído por completo en estos errores. Lo pre-moral y lo pre-ideológico existen cuando se supone la existencia de una sola moral y una sola ideología históricamente justas: que sería por lo tanto la nuestra, burguesa, la de Moravia, o la mía, la de Pasolini. No existe, en cambio, pre-moral o pre-ideológico. Existe simplemente otra cultura (la cultura popular) o una cultura precedente. Es sobre estas culturas que se levanta una elección moral e ideológica: por ejemplo, la elección marxista o la elección fascista.

Ahora esta elección es esencial. Pero no es «todo». Esta elección, como Moravia mismo lo hace notar, no se resuelve por sí misma sino por sus resultados teóricos o prácticos (la transformación del mundo). ¿En qué forma, si no, algunas decisiones justas -por ejemplo un marxista maravillosamente ortodoxo- dan resultados tan horriblemente equivocados?

Exhorto a Moravia a pensar en Stalin. En cuanto a mí, no tengo dudas: los «crímenes» de Stalin son el resultado de la relación entre la elección política (el bolchevismo) y la cultura precedente de Stalin (aquello que Moravia llama con desprecio pre-moral o pre- ideológico). Por otra parte no es necesario recurrir a Stalin, a su elección justa y a su fondo popular campesino, clerical y bárbaro. Los ejemplos son infinitos. También yo, por ejemplo, según Maurizio Fenara (que en «L'Unita» me dirige la misma crítica que Moravia, es decir, me recuerda severamente el valor esencial y definitivo de la elección), he hecho una elección justa pero una aplicación errónea: debida, al parecer, a mi irracionalismo cultural, es decir, la cultura precedente en la cual me he formado.

Hoy generalizamos por míllones estos casos individuales. Millones de italianos han hecho elecciones (bastante esquemáticas): por ejemplo, muchos millones de italianos han elegido el marxismo, o por lo menos tendencias progresistas, mientras que otros millones de italianos han elegido el fascismo clerical. Estas elecciones, como siempre sucede, se han injertado en una cultura. Que es precisamente la cultura de los italianos. Cultura de los italianos que, entretanto, ha cambiado completamente. No, no en sus ideas expresadas, no en la escuela, no en los valores sostenidos conscientemente. Por ejemplo, un fascista «modernísimo», es decir, manejado por la expansión económica italiana y extranjera, lee todavía Evola. La cultura italiana ha cambiado en lo vivido, en lo existencial, en lo concreto. El cambio consiste en el hecho de que la vieja cultura de clase (con sus divisiones netas: cultura de la clase dominada, o popular, cultura de la clase dominante o burguesa, cultura de las élites), ha sido sustituida por una nueva cultura interclasista: que se expresa mediante la manera de ser de los italianos, mediante su nueva calidad de vida. Las elecciones políticas, injertándose en el viejo humus cultural, eran una cosa: injertándose en este nuevo humus cultural son otra. Un obrero o un campesino marxista de los años cuarenta o cincuenta, en la hipótesis de una historia revolucionaria, habría cambiado el mundo de una manera: hoy, en la misma hipótesis, lo cambiaría de otra manera. No quiero hacer profecías: pero no oculto que soy desesperadamente pesimista: quien ha manipulado y radicalmente (antropológicamente) cambiado las grandes masas campesinas y obreras italianas es un nuevo poder que me es difícil definir: pero estoy seguro que es el más violento y totalitario que hubo jamás: cambia la naturaleza de la gente, entra mucho más profundo en las conciencias. Por lo tanto, por debajo de las elecciones conscientes, hay una elección forzosa, «común hoya todos los italianos»: la última no puede más que deformar las primeras.

En cuanto a los otros comentarios del «Espresso», el de FacchineIli me resulta oscuro. El oráculo abusa de las «claves». Al de Colletti no contesto porque es demasiado expeditivo. No se puede discutir con una persona que demuestra claramente que quiere ser breve y no tomarte en consideración. Pienso que el breve comentario de Fortini podría ser utilizado por mí a mi favor («es posible preguntarse si aquel "no", al menos en parte, no significa también una voluntad de mirar más allá del optimismo "progresista"») y aceptar la invitación ascética a continuar trabajando también por las ínfimas minorías; o mejor esperar que las «semejanzas» de hoy se conviertan en «diferencias» mañana. En efecto, yo trabajo por las minorías ínfimas y si trabajo quiero decir que no desespero (aunque detesto todo optimismo que es siempre eufemista). Sólo que la obstinación de Fortini en querer estar siempre en el lugar más avanzado de lo que se llama la historia -haciéndolo pesar sobre los demás- me da un instintivo sentimiento de aburrimiento y de prevaricación. Yo dejaré de «decir que la historia ya no existe más» cuando Fortini deje de decirlo con el dedo levantado. En Cuanto a Sciascia le agradezco por la sinceridad (valerosa dado el linchamiento y la sospecha atroz de ser una especie de Plebe lanzada sobre mí por los miserables antifascistas del «Espresso»: pero sobre su discurso de las brigadas rojas cae la sombra de varias cartitas escritas por Sossi: cartitas que sometidas a un análisis língüístíco me han parecido de una insinceridad, de un infantilismo, de una falta de humanidad que justifican cualquier sospecha.

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Ha sido la propaganda televisiva del nuevo tipo de vida «hedonista» lo que ha determinado el triunfo del «no» en el referéndum. No hay en efecto nada menos idealista y religioso que el mundo televisivo. Es verdad que en todos estos años la censura televisiva ha sido una censura vaticana. Sólo que el Vaticano no ha entendido qué cosa debía y qué cosa no debía censurar. Debía censurar, por ejemplo, «Carosello», porque es en «Carosello», omnipotente, que estalla en todo su poder, en su carácter absoluto, en su perentoriedad, el nuevo tipo de vida que los italianos «deben» vivir. Y no se me dirá que se trata de un tipo de vida en el cual la religión cuenta algo. Por otra parte las transmisiones de carácter específicamente religioso de la televisión son de un aburrimiento, de un espíritu represivo, que el Vaticano habría hecho bien en censurarlas todas. El bombardeo ideológico televisivo no es explícito: es completamente otra cosa, completamente indirecto. Pero nunca un «modelo de vida» ha podido ser publicitado con tanta eficacia como por medio de la televisión. El tipo de hombre o de mujer que cuenta, que es moderno, que hay que imitar y realizar, no es descripto o decantado: ¡es representado! El lenguaje de la televisión es por su naturaleza el lenguaje físico-mímico, el lenguaje de la conducta. Que llega por lo tanto mimado de fuente sana, sin mediaciones, en el lenguaje físico-mímico y en el lenguaje de la conducta en la realidad. Porque es perfectamente pragmática, la propaganda televisiva representa el momento «qualunquístico» de la nueva ideología hedonística del consumo: y por lo tanto es enormemente eficaz.

Si a nivel de la voluntad y de la conciencia la televisión en todos estos años ha estado al servicio de la Democracia Cristiana y del Vaticano, en el nivel involuntario e inconsciente ha estado al servicio de un nuevo poder, que no coincide ya ideológicamente con la Democracia Cristiana ni tiene nada que ver ya con el Vaticano.

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Lo que más impresiona caminando por una ciudad de la Unión Soviética es la uniformidad de la muchedumbre: no se nota ninguna diferencia sustancial entre los transeúntes, en la manera de vestir, en la manera de caminar, en el modo de estar serios, en la manera de sonreír, en la manera de gesticular, en su manera de comportarse. El «sistema de signos» del lenguaje físico-mímico, en una ciudad rusa, no tiene variantes. Es perfectamente idéntico en todos. ¿Cuál es por lo tanto la primera proposición de este lenguaje físico- mímico? Es la siguiente: «Aquí no hay más diferencias de clase». Es una Cosa maravillosa.

A pesar de todos los errores y las involuciones, a pesar de los delitos políticos y los genocidios de Stalin (de los cuales es cómplice el universo campesino ruso en su totalidad), el hecho es que el pueblo haya ganado en 1917, de una vez para siempre la lucha de clases y haya alcanzado la igualdad de los ciudadanos, es algo que da un profundo, exultante sentimiento de alegría y de confianza en los hombres. El pueblo se ha ganado efectivamente la libertad suprema: nadie se la ha regalado. La ha conquistado.

También hoy en las ciudades de Occidente -pero quiero referirme sobre todo a Italia- caminando por las calles se advierte la uniformidad de la muchedumbre: tampoco aquí se nota diferencia sustancial entre los transeúntes (sobre todo en los jóvenes, en su manera de vestir, en su manera de caminar, en su manera de estar serios, en su manera de sonreír, en su manera de gesticular), en suma, en su manera de comportarse. Y se puede decir por lo tanto que, también como en la muchedumbre rusa, el sistema de signos del lenguaje físico- químico, no tiene más variantes, que es perfectamente idéntico en todos. Pero mientras que en Rusia ello es un fenómeno tan positivo y de acierto entusiasmante, en Occidente es, en cambio, un fenómeno negativo que arroja en un estado de ánimo que frisa en la definitiva desesperación y en el disgusto.

La primera proposición de este lenguaje físico-químico es, en efecto, la siguiente: «El poder ha decidido que nosotros seamos todos iguales.»

El ansia del consumo es un ansia de obediencia a un orden no enunciado. Nadie en Italia siente el ansia degradante de ser iguales a los demás en el consumir, en el ser felices, en el ser libres: porque ésta es la orden que ha recibido inconscientemente y a la cual «debe obedecer», a riesgo de sentirse distinto. Nunca ser distinto ha sido una culpa tan espantosa como en este período de tolerancia. La igualdad no ha sido conquistada efectivamente, sino que se trata de una «falsa» igualdad recibida de regalo.

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Una de las características principales de esta igualdad de expresarse viviendo, además de la fosilización del lenguaje verbal (los habitantes hablan como libros impresos, los muchachos del mundo han perdido toda inventiva coloquial), es la tristeza: la alegría es siempre exagerada, ostentosa, ofensiva. La tristeza física de la que hablo es profundamente neurótica. Ella depende de una frustración social. Ahora que el modelo social a realizar no es más el de la propia casa, sino el impuesto por el poder, muchos no están en situación de realizarlo. Y esto los humilla profundamente. Propongo un ejemplo muy humilde. En una época el panadero estaba siempre, eternamente alegre: una alegría verdadera, que le brillaba en los ojos. Se paseaba por las calles y diciendo bromas. Su vitalidad era irresistible. Estaba vestido mucho más pobremente que hoy: sus pantalones estaban remendados, muchas veces la camiseta era una piltrafa Pero todo ello formaba parte de un modelo que en su aldea tenía un valor, un sentido y él estaba orgulloso de ello. Al mundo de la riqueza podía oponer su propio mundo igualmente válido. Llegaba hasta la casa del rico con una sonrisa naturaliter anárquica, que desacreditaba todo: aunque fuese más bien respetuoso. Pero era precisamente el respeto de una persona profundamente singular. Y en resumen, lo que cuenta es que esta persona, este muchacho, era alegre.

¿No es la felicidad lo que importa? ¿No es por la felicidad que se hace la revolución? La condición campesina o subproletaria sabía expresar, en las personas que la vivían, una cierta felicidad «real». Hoy, esta felicidad -con el Desarrollo- se ha perdido. Ello significa que el Desarrollo no es en ningún modo revolucionario, ni siquiera cuando es reformista.

No provoca más que angustia. Hoy existen adultos de mi edad tan aberrantes como para pensar que es mejor la seriedad (casi trágica) con que ahora el panadero lleva su paquete envuelto en plástico, con cabellos largos y bigotes, que la alegría «tonta» de otros tiempos.

Creen que preferir la seriedad a la risa es un modo viril de afrontar la vida. En realidad son vampiros felices de ver convertidos en vampiros también a sus víctimas inocentes. La seriedad, la dignidad, son horrendos deberes que se impone la pequeña burguesía; y los pequeños burgueses son por lo tanto felices de ver a los muchachos del pueblo «serios y dignos». No les pasa siquiera por la cabeza el pensamiento de que ésta es la verdadera degradación: que los muchachos del pueblo estén tristes porque han tomado conciencia de su propia inferioridad social, visto que sus valores y sus modelos culturales han sido destruidos.

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Los comunistas que se ilusionan (por ejemplo, con el referéndum) porque creen que comienzan a recoger los frutos de lo que han sembrado, no advierten que la «participación» de las masas en las grandes decisiones históricas «formales» es en realidad querida por el poder. El cual tiene precisamente necesidad de un consumo de masas y de una cultura de masas. La masa «participante», además, aunque formalmente comunista o progresista, es manipulada por el poder mediante la imposición de «otros» valores y de «otras» ideologías: imposiciones que llegan en lo vivido, y en lo vivido arriba por lo tanto también la adopción.

De modo que las masas vivan nuevos valores y nuevas ideologías (el clericalismo por una parte, el carácter progresista por otra).

Desdichadamente este «momento» de inmovilismo y de oficialismo del Partido Comunista Italiano está representado perfectamente por Maurizio Ferrara en su polémica conmigo en las columnas de la «Unità». Es verdad que alcanza un grado de falta de generosidad indigno de un dirigente del más grande partido italiano. Ni siquiera el «Borghese» llegó jamás a poner en duda una cierta calidad de mi cultura, mencionando a mi propósito nombres como los de Lombroso o Carolina Invernizio. Pero ésta es una ofensa que Ferrara ha hecho más a los lectores de la «Unitá» que a mí. Y es por respeto a estos lectores que no vuelvo sobre él y su método. En conclusión, Ferrara no responde políticamente a ninguna de las preguntas que formulo. Silencio absoluto sobre mi hipótesis sobre la derrota del Partido Comunista Italiano en el referéndum, en cuanto a que las predicciones del Partido Comunista Italiano eran pesimistas, hasta e! temor sin más de la derrota. Signo de un análisis equivocado de la real situación de! pueblo italiano: y equivocada de manera imponente. Silencio absoluto sobre el vacío en que ha quedado objetivamente el mundo campesino, con sus valores negativos y positivos. Silencio absoluto sobre los nuevos valores adoptados existencialmente por las capas medias, con la consiguiente superación efectiva del clericalismo y del paIeofascismo. Silencio absoluto sobre los caracteres «escandalosos» del nuevo fascismo, que anulan al antifascismo clásico. Silencio absoluto sobre las relaciones racistas con los fascistas jóvenes y adolescentes.

La respuesta de Ferrara consiste: a) en la afirmación pura y simplemente retórica de la presencia del Partido Comunista Italiano (¡que nadie jamás ha puesto en duda!), b) en una serie de sinsentidos con relación a mis afirmaciones: consistentes antes que nada en atribuirme alevosamente añoranzas que no he sentido en absoluto. No añoro la Pequeña Italia: añoro el inmenso universo campesino y obrero anterior al Desarrollo: universo transnacional en la cultura, internacional en la elección marxista. En segundo lugar, Ferrara -sin preparación frente a la «semiología», ciencia con la cual se ha tropezado de golpe- me acusa de culturismo y de esteticismo simplemente porque yo los aludo. Son las lagunas culturales de Ferrara -que evidentemente no lee más un libro desde los tiempos de Lombroso y de Carolina Invernizio- que le hacen aparecer como experiencias estéticas todas las experiencias que sus lagunas culturales y humanas le impiden hacer. Me hace un lavado de cerebro diciéndome que no son los rostros, sino los cerebros de la gente los que cuentan. Y bien, el panadero del cual hemos hablado antes, a través de su sola presencia física, revela (como millones de otros semejantes suyos): 1) que en su cerebro se han depositado aquellos «valores» de la civilización capitalista del consumo que hacen de él un pequeño burgués impotente para realizar esos valores en la vía práctica; 2) que, en consecuencia, o acepta el desarrollo o el Partido Comunista Italiano del tout va bien; 3) su frustración y la consecuente agresividad podrían aceptar «también» las palabras revolucionarias habituales de «Lucha Continua» y «Poder Obrero», porque él ha alcanzado ya el nivel de mala conciencia y también de vulgaridad, que le consiente aceptar el mensaje extremista (en el caso de que fuera todavía lanzado por alguien).

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El fascismo es una ruina lamentable. La encuesta de Bocca y Nozza en «Giorno» es un trabajito equivocado y fastidioso. Porque de los diferentes componentes que forman hoy en Italia el mosaico fascista tienen sentimientos «únicamente» los que son manejados por la CIA y otras fuerzas del capitalismo internacional, enderezado completamente a la conquista de mercados, es decir, de naciones alegres, bastante libres, bastante tolerantes, perfectamente hedonistas, para nada militaristas y para «sanfedistas» (tendencias incompatibles con el consumo). Puede haber un caso límite como el de Chile. En este caso aparece la fuerza y un provisorio retorno al fascismo clásico. En compensación, sin embargo, hay casos como el de Portugal, que debía pasar por ser una nación severa, económica, arcaica: esto en medio del gran universo del consumo. Así probablemente Estados Unidos de América ha puesto de acuerdo a De Spínola y Caetano. Entre los dos el peor fascista «real» es De Spínola (mientras del otro me dicen que habría combatido con una formación portuguesa junto a los SS): porque yo considero peor el totalitarismo del capitalismo del consumo que el totalitarismo del viejo poder. En efecto -obsérvese - que el totalitarismo del viejo poder no ha podido siquiera arañar al pueblo portugués: el 1º de mayo lo demuestra. El pueblo portugués ha festejado el mundo del Trabajo -después de cuarenta años que no lo hacía- con una frescura, un entusiasmo, una sinceridad absolutamente intactas, como si la última vez hubiera sido ayer. Es de predecir, en cambio, que cinco años de «fascismo consumista» cambiarán radicalmente las cosas: comenzará el aburguesamiento sistemático del pueblo portugués, y no habrá espacio ni corazón para las esperanzas ingenuas y revolucionarias. Hubo ayer una conferencia de prensa de Marco Pannella. A pesar de una cincuentena de días de ayuno, hablando con maravillosa vivacidad y alegría, Pannella dijo una frase que quizá pocos oyentes han recogido: «Son paleofascistas y por lo tanto no son fascistas.» Quisiera que esta frase sirviese de epígrafe a ésta, nuestra entrevista.

 NOTAS:

1) «Qualunquístico» deriva del partido político que existió en Italia después de la Segunda Guerra Mundial, «il partito dell'uomo qualunque». Encarnaba una tendencia de despreocupación por los problemas generales, en egoísta actitud de atención de los problemas personales. Consiste, como concepto, en el contrario del «Militante». (Nota del Traductor.)

2) Marco Pannella es el líder del «Partito Radicale», pequeño pero importante, que persigue la afirmación de los derechos civiles (divorcio, aborto, feminismo, supresión del servicio militar obligatorio, etc.). (N. del T.). 

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jueves, octubre 03, 2013

Cancionero de septiembre 


Cancionero de septiembre

Para empezar, calentar el ambiente con un poco del free jazz bruto y europeísimo que hacían los dos Peter (Kowald RIP en contrabajo) y Sven-Ake en 1967/8.
1-For Adolphe sax (Peter Brotzmann).
Luego, rock en español.....No: en verdad, la canción que más he escuchado y cantado la última semana, porque León lo pide:
2-Nuestro México febrero 23. Mucho mejor (y con letra completa) que la versión de Intillimaiden. En el video se pueden apreciar carrancistas y gringos colgados de los postes por las tropas de Pancho Villa.
3-"Yesternow". Segundo track del Tributo a Jack Johnson (Miles Davis). No se acredita en el disco, pero acá tocó guitarra Sonny Sharrock además del Macloflin, aunque sólo en los minutos finales, con un Echoplex. En Right Off (el primer track) Herbie Hancock pasaba por ahí a dejar una copia de su pimer longplay cuando su jefe lo obligó a enchufar un farfisa e improvisar algo. Esa es la actitud de un líder. Un negro negrero. Pero el trabajo esclavo rinde frutos. ¿Cuanto le habrán pagado a Sonny?
4-Father can´t yell (Can). Comunismo, Anarquismo, Nihilismo. Padre, no puedo gritar. Eso. Así. Del primer album, "Monster Movie" (68/69), cuando cantaba un gringo (Malcom Mooney) que se volvió (más) loco y tuvo que regresarse a su país (como en la canción de Pancho Villa). Después de eso subieron a cantar a un japonés que encontraron cantándole al sol en una plaza. Creo que vino a Chile hace poco.
5-Paseaba el pueblo sus banderas rojas (Violeta Parra). Salió el año pasado un CD cuádruple con sus grabaciones para EMI-ODeón (1954-1966). Hasta ahí reconocen que EMI la trató bastante mal. Aguante Violeta. Ella está más allá del bien y del malo. Y muy por encima por encima de dadá y el punk.
Y para rematar, antes de abrir la cerveza de las 12:
6-Pánico (los KK). Faltaba un poco de punk rock, no es cierto? la sensación que aquí describen no parado de incrementarse en el último par de décadas.

Por último, y porque no todo es música, un videito pa subir los ánimos. Ejercicios de contrapoder pinguino proletario. Y otro más:, intitulado soldado que arranca...

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martes, junio 04, 2013

Agustín RIP. La lengua insurrecta. 

En realidad murió a fines del año pasado. Yo lo leí recién a mediados del año pasado:
"Contra la paz contra la democracia"
Dos transcripciones de conferencias pronunciadas en Barcelona entre 1991 y 1992, publicadas por VIRUS y Ediciones Orates en 1993.
a 4 lucas rebajadas a 3 en el hoy lamentablemente víctima del urbanismo capitalista posmoderno sector de Parque Almagro con San Diego, en la ya totalmente destruída Plaza Almagro, cuyos puestos de libros fueron trasladados provisionalmente a unos horribles galpones entre San Diego y Paseo Bulnes, mientras realizan las labores de destrucción urbanística planificada.

La siguiente nota y texto están tomados de la revista Etcétera, número 51, de marzo del 2013.




1 noviembre 2012. Murió por fin ¿Agustín García Calvo? El interro- gante formaba parte de su firma, pues él nunca creyó que su ser formara parte de la verdad, era tan sólo parte de una realidad imperfecta:
 «gracias a que no somos del todo lo que somos», en sus propias palabras. Él formuló la idea de la vida como administración de la muerte que el Sistema (Estado y Capital) nos depara. Mucho es lo que Agustín aportó en ideas y actos en lucha contra este sistema: Poesía, Teatro, Rítmica y Métrica, Lengua, Filología, Versiones, Enseñanza, Política, Verdad/Realidad. Estas fueron, según su propio testimonio, escrituradas en un librito que lleva por título «Cosas que hace uno», las materias a las que dedicó parte de su vida. Sus reflexiones, siempre críticas, han sido de gran ayuda para la rebeldía individual y colectiva.
De su prolongada vida él destaca, en su actividad política, los hechos acaecidos al calor de las rebeliones estudiantiles que, desde Berkeley hasta París recorrieron los principales países del mundo desarrollado en la segunda mitad de los 60. Recién llegado a Madrid para incorporarse a su cátedra de Griego en la Complutense sintió el rebullir de la rebelión que floreció en las grandes asambleas estudiantiles, a las que se incorporó activamente con graves consecuencias para su carrera académica. Fue desposeído de su cátedra, detenido en varias ocasiones hasta que optó por el exilio en Paris. De esta época dice en el citado librito: «…De aquello sigo viviendo y quede aquí el recuerdo y agradecimiento a los que en ello me acompañaron, mi agradecimiento a los que entonces eran, sean los que sean los destinos a que la trivial historia los ha llevado luego»
También a él agradecemos, los que allí estuvimos, sus enseñanzas y su valor.

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Del hablar insurrecto y la rebelión de las lenguas1 

Habla Agustín García Calvo

En cuestiones de lenguaje no voy a hacer aquí más que salir al paso de dos o tres errores de los que me parecen más divulgados. El primero se refiere a la relación del lenguaje con eso a lo que se llama Cultura: veo una tendencia a incluir de alguna manera la lengua como una parte del aparato cultural; es por tanto preciso insistir en que la relación no puede entenderse así.
La Cultura (en el sentido más amplio que incluiría cosas como las modas del vestido y hasta la agricultura) es algo, por decirlo primero cuantitativamente y con algo de metáfora, enormemente más superficial que la lengua; esta superficialidad implica que los hechos culturales son hasta cierto punto asequibles a la conciencia y a la voluntad de los pueblos y a sus dirigentes. Se puede, por disposiciones de lo alto o por renovación de convenio, alterar el estilo de las instituciones culturales, suprimirlas, sustituirlas, pero la lengua es, en lo esencial, inasequible a la conciencia y voluntad de sus usuarios. Ninguna disposición de arriba, ningún esfuerzo individual o colectivo, ninguna revolución puede hacer prácticamente nada en punto a cambiar el aparato gramatical de una lengua. Sólo las áreas más superficiales del lenguaje y especialmente la más superficial, la del vocabulario, puede padecer una cierta fuerza por obra del ingenio de un poeta, de la pedantería de un dictado académico o de la imposición de un Gobierno o de una Empresa comercial.
Hay otros modos de insistir en la diferencia de la situación de lengua y Cultura, por ejemplo, bien vemos hoy día que una Cultura prácticamente la misma, la que se llama occidental, puede imponerse y extenderse por una multitud de países sin que ello comprometa para nada la estructura de cada lengua diferente, salvo en cuanto a la participación en un cierto vocabulario y especialmente en una trama de nombres propios que son cosas que apenas atañen a la entraña del aparato de la lengua. Ésta no es ni siquiera objeto de consciencia por parte de los hablantes (está sumida en una zona que podemos llamar subconsciencia técnica) y por tanto no se presta a las manipulaciones ni a los actos de importación que a cada paso sufren las instituciones culturales.
Podrá objetarse a esto que hemos sido testigos de cómo una cierta voluntad colectiva y hasta políticamente organizada ha sido capaz de, por ejemplo, extender el latín por el Imperio o, en nuestros días, convertir en lengua hablada nacional una lengua escrita o muerta, el hebreo, o volver a imponer en áreas considerables de la población una lengua en vías de desaparición, el vasco.
Esto toca a otro de los puntos o errores de que quería hablar, a saber: que esa lengua recluida en la subconsciencia, inasequible a la voluntad, de la que hablaba, se refiere propiamente a las lenguas «naturales», es decir, no escritas y máximamente alejadas de una organización estatal. De las lenguas puede bien decirse que son del pueblo o de la gente, que es una manera de decir que no son de nadie y, consecuentemente, no aparecen nunca ni unificadas —sino mudando según se pasa de uno a otro valle—, ni limitadas a un territorio de fronteras definidas.
Pero luego están las lenguas oficiales, cuyo ejemplo más perfecto son las lenguas de los Estados nacionales; éstas, fundadas siempre sobre una lengua escrita (lo cual implica ya consciente de sí misma), pueden llegar hasta cierto punto a manipularse por obra de dirigentes académicos u organizaciones políticas y, por lo tanto, a unificarse en territorios más o menos vastos y de fronteras definidas, a fijarse, es decir, pretenderse eternas y de hecho retardar su evolución y, sobre todo y para ello, a imponerse desde arriba sobre la gente, ya convertida en Población, por medio de la Escuela, de la Academia y de una Cultura literaria establecida como clásica o modelo de lenguaje. Así que si antes las lenguas no eran de nadie, en cambio, estas lenguas oficiales, pueden con justicia decirse que pertenecen a la Institución Política, al Estado del que ellas vienen a ser el principal fundamento de unidad y permanencia; y es a este propósito revelador ver cómo la empresa de fundación de nuevos Estados no puede por menos de reproducir los procedimientos de los más viejos en cuanto a convertir una maraña de lenguas populares y mudables en una Lengua oficial única para todo el territorio, fija y sujeta a un modelo escolar y literario y sometida a los actos voluntarios, morales y políticos como siendo ya no la lengua que se habla, sino la que se debe hablar. Ya sé que todo esto requeriría más explicaciones, pero no hay sitio hoy para tanto y voy a terminar más bien refiriéndome a otro punto que me parece también un punto de confusión frecuente, que es que hasta aquí he venido hablando de lengua y de las lenguas sin distinguir, como ya desde Saussure está mandado, entre el sistema o aparato de la lengua y el acto de producción en el discurso o la conversación de cada instante; hay que hacer notar ahora que no sólo hay una diferencia entre lo uno y lo otro (la diferencia entre lo estático y lo temporal), sino que puede hablarse de una contradicción entre ambas cosas.
De un lado, por ejemplo, el sistema de la lengua, lo depositado en la subconsciencia de los hablantes, es la instancia fundamental para el establecimiento y consolidación de los conceptos, de las ideas recibidas, de las ideas fijas, pero del otro, la práctica del lenguaje, aunque muchas veces se presente como destinada a confirmar ese establecimiento —cuando se habla para demostrar la razón de ser de una idea previa o cuando se habla para llegar a una conclusión—, sin embargo nos encontramos cada día con que esa producción lingüística de la conversación o del discurso también está haciendo la obra contraria de poner en tela de juicio, volver menos preciso y más dudoso, lo que antes parecía claro y fijo y así, hablando, muchas veces se desmoronan las ideas.
De aquí se desprende —si queréis— una cierta advertencia táctica y es que generalmente los militantes (al igual en esto que los hombres de Empresa y de Estado) se muestran angustiados por la separación entre la teoría (meras palabras que dicen ellos) y aquello a lo que llaman hasta praxis los teóricos de la praxis y, en consecuencia, exigen y se exigen que si se habla sea para llegar a conclusiones determinadas que, a su vez, se conviertan en acción. Pero si este proceso es bueno para las Empresas y los Estados no puede ser bueno para los que están en contra. A ellos desearía recordarles que las conclusiones, los conceptos, las ideas fijas son la muerte de la acción de las palabras, y que las palabras cuando se están produciendo temporalmente son también acción.
Puede que sea muy desconsolador no poder estar cierto de antemano de cuál es el destino al que esa práctica lingüística vaya a conducir, pero esa incertidumbre es probablemente aquella a la que están condenados los rebeldes, las gentes que no son nadie, y al mismo tiempo es la fuente de alguna confianza en que lo que produzca la acción de la lengua y las demás acciones no sea lo que ya estaba escrito.

Zamora, julio de 1978

1. Publicado en J.A. González Sainz e I. de Llorens (eds.), Porque nunca se sabe, Laia, Barcelona, 1985, pp. 229-232.


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jueves, enero 27, 2011

La resurrección antropofágica (x Eduardo Subirats) 



El Movimiento Antropofágico transforma esta doble dialéctica colonial y poscolonial de sumisiones teológico-financieras y discursos subalternos. Es la subversión hermenéutica de la más perniciosa de las obsesiones misioneras: el prejuicio escolástico y posescolástico de que sólo un sistema racional y universal de dominación exterior y transitiva puede sostener el orden del mundo: militarmente y conceptualmente. Primero, los antropófagos hacen escarnio del dogma fundacional de la teología de de la colonización: destruir primero el paraíso e imponer acto seguido la deuda universal, la gran culpa sacramental y financiera. La Antropofagia burla esta teología de la deuda y el sacrificio: la devora, la elimina. En su lugar; celebra la comunión orgiástica de lo existente, la armonía erótica del ser, la creación infinita.

Pero es preciso recordar también lo que la Antropofagia brasileira no ha sido: una vanguardia de los trópicos. La palabra vanguardia es una fea metáfora militar. Designaba las tácticas de guerra sucia usadas por los ejércitos europeos de la era napoleónica. Lenin trasladó más tarde su significado letal a las guerras de clase contra los legados del pasado, y transformó sus viejas lanzas en las estrategias revolucionarias del nuevo Estado totalitario. Los futuristas italianos izaron finalmente la bandera beligerante de la vanguardia en nombre de un arte redefinido como máquina industrial de las guerras culturales del siglo XX.

Y dicho sea de paso: la Antropofagia no se confunde tampoco con la canibalización hibridista de los lenguajes humanos, de su memoria y sus esperanzas, de acuerdo con las normas del consumo de excrementos comodificados, de la destrucción industrial delirante y la producción administrada de simulacros escatológicos inventada por Dalí en 1929 con la bochornosa elocuencia de un triunfante payaso posmodernista, y luego manufacturada para los supermercados artísticos y académicos. La Antropofagia no significa mestizaje en el sentido que los misioneros poscoloniales y posintelectuales han dado a esta palabra: aleatoria combinación de jerarquías metafísicas, valores represivos y poderes fácticos.

La Antropofagia señala en una dirección opuesta. Los primeros antropófagos adoraban a los dioses de los misioneros para devorarlos y gozarlos, para digerirlos e incorporarlos. Los modernos antropófagos devoran los mitos de la modernidad y la posmodernidad para transfigurarlos en un proyecto humanizado de conocimiento y poder tecnológico.

Sólo ellos invirtieron la dialéctica de ruptura con el pasado y grado cero de abstracción. En su lugar, despertaron las voces remotas clausuradas por el logos colonizador. Por eso Oswald de Andrade escribía: “nunca admitimos o nascimento da lógica entre nós”; por eso repetía: “nunca fomos catequizados”.

Entre la exaltación erótica de lo existente y nuestros pasajes desolados de miseria y violencia electrónicamente administrada esta expresión culminante de la poesía americana del siglo XX afirma la mezcla de la vida y la muerte, la esencia híbrida de lo que es y no es al mismo tiempo: reino prelógico de lo que existe simplemente, esencialmente, impersonalmente, y de sus memorias colectivas. Por eso el Manifesto Antropófago avisa: “o que atropelava a verdade era a roupa”. Desnudar la palabra, emanciparla de su servidumbre logocéntrica y cristiana. La palabra devuelta al último paraíso. Poesía final.

(Eduardo Subirats, Una última visión del paraíso, FCE, 2004).

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miércoles, enero 26, 2011

Manifiesto Antropófago (x O. de Andrade) 


Manifiesto Antropófago

Oswald de Andrade

Revista de Antropofagia, Año 1, No.1, mayo 1928.


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Sólo la Antropofagia nos une. Socialmente. Económicamente. Filosóficamente.

Única ley del mundo. Expresión enmascarada de todos los individualismos, de todos los colectivismos. De todas las religiones. De todos los tratados de paz.

Tupi, or not tupi, that is the question.

Contra todas las catequesis. Y contra la madre de los Gracos.

Sólo me interesa lo que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago.

Estamos cansados de todos los maridos católicos sospechosos en situación dramática. Freud puso fin al enigma mujer y a otros temores de la sicología impresa.

Lo que obstaculizaba la verdad era la ropa, el impermeable entre el mundo interior y el mundo exterior. La reacción en contra del hombre vestido. El cine americano informará.

Hijos del sol, madre de los vivientes. Encontrados y amados ferozmente, con toda la hipocresía de la nostalgia, por los inmigrados, por los traficados y por los turistas. En el país de la gran serpiente.

Fue porque nunca tuvimos gramáticas, ni colecciones de viejos vegetales. Y nunca supimos lo que era urbano, suburbano, fronterizo y continental. Perezosos en el mapamundi del Brasil.

Una conciencia participante, una rítmica religiosa.

Contra todos los importadores de conciencia enlatada. La existencia palpable de la vida. Y la mentalidad prelógica para que la estudie el señor Lévy-Bruhl.

Queremos la Revolución Caraiba. Más grande que la Revolución Francesa. La unificación de todas las revueltas eficaces en la dirección del hombre. Sin nosotros Europa no tendría siquiera su pobre declaración de los derechos del hombre.

La edad de oro anunciada por la América. La edad de oro. Y todas las girls.

Filiación. El contacto con el Brasil Caraiba. Ori Villegaignon print terre. Montaigne. El hombre natural. Rousseau. De la Revolución Francesa al Romanticismo, a la Revolución Bolchevique, a la Revolución Surrealista y al bárbaro tecnificado de Keyserling. Caminamos…

Nunca fuimos catequizados. Vivimos a través de un derecho sonámbulo. Hicimos nacer a Cristo en Bahía. O en Belén del Pará.

Pero nunca admitimos el nacimiento de la lógica entre nosotros.

Contra el Padre Vieira. Autor de nuestro primer préstamo, para ganar su comisión.

El rey analfabeto le había dicho: ponga eso en el papel pero sin mucha labia. El préstamo se hizo. Se gravó el azúcar brasilero. Vieira dejó el dinero en Portugal y nos trajo la labia.

El espíritu se rehúsa a concebir el espíritu sin el cuerpo. El antropomorfismo. Necesidad de la vacuna antropófaga. Para el equilibrio contra las religiones del meridiano. Y las inquisiciones exteriores.

Sólo podemos atender al mundo orecular.

Teníamos la justicia codificación de la venganza. La ciencia codificación de la Magia. Antropofagia. La transformación permanente del Tabú en tótem.

Contra el mundo reversible y las ideas objetivadas. Cadaverizadas. El stop del pensamiento que es dinámico. El individuo víctima del sistema. Fuente de las injusticias clásicas. De las injusticias románticas. Y el olvido de las conquistas interiores.

Rutas. Rutas. Rutas. Rutas. Rutas. Rutas. Rutas.

El instinto Caraiba.

Muerte y vida de las hipótesis. De la ecuación yo parte del Cosmos al axioma Cosmos parte del yo. Subsistencia. Conocimiento. Antropofagia.

Contra de las élites vegetales. En comunicación con el suelo.

Nunca fuimos catequizados. Lo que hicimos fue Carnaval. El indio vestido como senador del Imperio. Fingiendo ser Pitt. O apareciendo en las óperas de Alencar lleno de buenos sentimientos portugueses.

Ya teníamos el comunismo. Ya teníamos la lengua surrealista. La edad de oro.

Catiti Catiti Imara Natiá Notiá Imara Ipejú

La magia y la vida. Teníamos la relación y la distribución de los bienes físicos, de los bienes morales, de los bienes merecidos. Y sabíamos transponer el misterio y la muerte con la ayuda de algunas formas gramaticales.

Pregunté a un hombre lo que era el Derecho. Él me respondió que era la garantía del ejercicio de la posibilidad. Ese hombre se llamaba Galli Mathias. Lo devoré.

Sólo no hay determinismo donde hay misterio. ¿Pero qué nos importa eso?

Contra las historias del hombre que empiezan en el Cabo Finisterra. El mundo no datado. No rubricado. Sin Napoleón. Sin César.

La fijación del progreso por medio de catálogos y televisores. Sólo la maquinaria. Y los transfusores de sangre.




Contra la sublimaciones antagónicas. Traídas en las carabelas.

Contra la verdad de los pueblos misioneros, definida por la sagacidad de un antropófago, el Visconde de Cairú: - Es mentira muchas veces repetida.

Pero no fueron cruzados los que vinieron. Fueron fugitivos de una civilización que estamos devorando, porque somos fuertes y vengativos como el Jabutí.

Si Dios es la conciencia del Universo Increado, Guarací es la madre de los vivientes. Jací es la madre de los vegetales.

No tuvimos especulación. Pero teníamos la adivinación. Teníamos Política que es la ciencia de la distribución. Y un sistema social planetario.

Las migraciones. La fuga de los estados tediosos. Contra las esclerosis urbanas. Contra los Conservatorios y el tedio especulativo.

De William James a Voronoff. La transfiguración del Tabú en tótem. Antropofagia.

El pater familias y la creación de la Moral de la Cigüeña: Ignorancia real de las cosas + habla de imaginación + sentimiento de autoridad ante la prole curiosa.

Es necesario partir de un profundo ateísmo para llegar a la idea de Dios. Pero la caraiba no lo necesitaba. Por que tenía a Guarací.

El objetivo creado reacciona con los Ángeles de la Caída. Después Moisés divaga. ¿Pero qué nos importa eso?

Antes de que los portugueses descubrieran al Brasil, Brasil había descubierto la felicidad.

Contra el indio de antorcha. El indio hijo de María, ahijado de Catalina de Médicis y yerno de D. Antonio de Mariz.

La alegría es la prueba del nueve.

En el matriarcado de Pindorama.

Contra la Memoria fuente de la costumbre. La experiencia personal renovada.

Somos concretistas. Las ideas se apoderan, reaccionan, queman gentes en las plazas públicas. Suprimamos las ideas y las otras parálisis. Por las rutas. Creer en las señales, creer en los instrumentos y en las estrellas.

Contra Goethe, la madre de los Gracos, y la Corte de D. Juan VI.

La alegría es la prueba del nueve.

La lucha entre lo que se llamaría Increado y la Criatura – ilustrada por la contradicción permanente entre el hombre y su Tabú. El amor cotidiano y el modus vivendi capitalista. Antropofagia. Absorción del enemigo sacro. Para transformarlo en tótem. La humana aventura. La terrenal finalidad. Pero, sólo la puras élites consiguieron realizar la antropofagia carnal, que trae en sí el más alto sentido de la vida y evita todos los males identificados por Freud, males catequistas. Lo que sucede no es una sublimación del instinto sexual. Es la escala termométrica del instinto antropófago. De carnal, él se vuelve electivo y crea la amistad. Afectivo, el amor. Especulativo, la ciencia. Se desvía y se transfiere. Llegamos al envilecimiento. La baja antropofagia aglomerada en los pecados del catecismo – la envidia, la usura, la calumnia, el asesinato. Plaga de los llamados pueblos cultos y cristianizados, es en contra de ella que estamos actuando. Antropófagos.

Contra Anchieta cantando las once mil vírgenes del cielo, en la tierra de Iracema, - el patriarca João Ramalho fundador de São Paulo.

Nuestra independencia aún no ha sido proclamada. Frase típica de D. Juan VI: - Hijo mío ¡pon esa corona en tu cabeza, antes que algún aventurero lo haga! Expulsamos la dinastía. Es necesario expulsar el espíritu de Bragança, las ordenaciones y el rapé de María de la Fuente.

Contra la realidad social, vestida y opresora, catastrada por Freud – la realidad sin complejos, sin locura, sin prostituciones y sin las prisiones del matriarcado de Pindorama.

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(Imágenes: Tarsila do Amaral, 1929).

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