jueves, agosto 13, 2026
MEMORIA SÓNICA: ACERCA DEL LIBRO “SONIC LIFE” DE THURSTON MOORE
“Esto era el punk, un
espacio acogedor donde proclamar tu identidad sexual o política, tu amor, tu
odio o tu indiferencia, sin el juicio ni el permiso de nadie. Aunque la
mentalidad de colegueo entre chicos a menudo asomaba la cabeza dentro de la
escena, en esencia el punk se definía como una celebración de la libertad. En
su universo liberado predominaba el debate, la opinión, la discusión y el
activismo. Skinheads, punks pacifistas, anarcopunks, punks arty, punks queer…todos
podíamos cohabitar y conversar entre sus sensibles muros.
Excepto los punks nazis, que
podían irse a tomar por culo”
(T. Moore)
Primera aclaración: con la
banda de rock Sonic Youth he tenido, como con varias cosas, una larga relación
de amor/odio, y también indiferencia. Supe de ellos al leer alguna referencia en
la revista argentina Cerdos & Peces, que llegaba a revisterías e incluso
kioskos del centro de Santiago a inicios de los 90. Pero sólo pude escucharlos poquito
después gracias al amigo Sebastián: un interesante sujeto que llegó a la
Escuela de Derecho desde el exilio alemán, y que no pudo traerse ningún LP pero
sí que copió en caset todo lo que pudo de lo que para nosotros parecía un nuevo
rock, dentro de varias nuevas y antiguas formas de música que íbamos
descubriendo en la era pre- internet. Como todos los sujetos más interesantes
que llegan a Pío Nono, tras un par de años se retiró, para dedicarse a algo
distinto. En su caso, el periodismo.
De sus casets escuchamos y
copiamos Daydream Nation (1988) y Goo (1990), pero además tenía algunas cosas
más antiguas, de cuando estuvieron en el sello SST, materiales que en esos años
era realmente casi imposible conseguir.
Una vez pusimos por los
altoparlantes del patio de la escuela mi copia del Goo, y justo tocó la parte
de la cinta en que estaba el momento desestructurado/noise del tema Mote. Lo
que no sabíamos es que ese pozo negro de distorsión no era tan largo en el original:
el vinilo del que Sebastián grabó su cinta, que luego todos re-copiamos, se
quedó pegado en esa parte, extendiéndose en un siniestro loop de varios minutos
de duración. Para mis amigos era un trance. El resto del alumnado protestó
hasta que hubo que ponerle STOP. Y salir a buscar cerveza en otros barrios más
céntricos. Para luego ir a la tienda La Vitrola, donde vendían casets vírgenes
y arrendaban CDs (3 días por 500 pesos). De ahí invariablemente terminábamos en
mi pieza escuchando las novedades musicales, copiando de CD a caset, y bebiendo
un poco más si alcanzaba el presupuesto. A veces no alcanzaba y veíamos tele
hasta que se acababa, bebiendo sorbos de una eterna botella de aguardiente
Lomas de Doñihue, “especial para colemono”, que uno de nosotros había sacado a
sus padres para estas ocasiones.
En fin: los sonidos de SY en
ese momento nos enamoraron. No sólo el sonido: todos amábamos a la bajista Kim
Gordon, con su belleza tan poco convencional. Incluso una vez le escribimos una
carta de amor, que afortunadamente nunca nos atrevimos a enviarle. Pero no
teníamos cómo saber que en breve estallaría el fenómeno de Nirvana y el llamado
“grunge”, y que dentro de ese gran movimiento de recuperación neoliberal de lo
poco que quedaba de la energía rebelde de la contracultura rockera, la juventud
sónica iba a jugar un rol destacado, como íconos de una juventud bastante
apática y esnob, que a través de sus sensibles acoples de guitarra pretendía
ingresar de lleno en el mundo del Avantgarde, sin darse mucho más trabajo que
eso.
Dicho lo anterior, paso a referirme
al libro. Editado en inglés el 2023, ha sido traducido al español de España (lo
cual puede ser todo un problema: ¿qué significa exactamente “colegueo” en la
cita que puse al inicio? Mientras leía tuve que consultar a amigos que viven
allá que significa “echar la pota” o “liarla parda”), siendo editado por Contra
ediciones de Barcelona el 2025.
Desde que leí “Ropa, música,
chicos” de Viv Albertine (guitarrista de las Slits) he notado que tengo una
cierta predilección por este tipo de libros autobiográficos de viejos/as cracks
del punk rock. Y este no ha sido la excepción. La parte más bella de estos
libros consiste en que logran transmitir en el relato de sus vidas los “primeros
recuerdos” musicales de la infancia, que explican el posterior fanatismo de
toda una vida dedicada al mundo del sonido: Sonic life, de hecho. Al mismo tiempo, personajes como Viv y Thurston
son alrededor de una década mayores que quien esto escribe, lo cual genera un
efecto muy interesante, pues tienen recuerdos más detallados de una época en
que ellos ya eran jóvenes mientras mi generación aún alternaba entre ir a la
escuela básica y pelusear en las calles del barrio. La TV era en blanco y negro
y había uno o dos canales. Recuerdo como a fines de los 70 en la Población La
Pampa de La Serena los más grandes tenían dibujos de Kiss en las paredes de sus
piezas compartidas con hermanos/as más chicos y nos abandonaban a cierta hora de
la tarde para ir a ver The Midnight Special.
El libro abunda en recuerdos
familiares de los 60 y 70, con viajes y traslados de unos esforzados y muy empáticos
padres. En medio de la vida adolescente en provincias alejadas de los más
grandes centros urbanos, también llegó el rock and roll, seduciendo a distintas
hordas de espinilludos con sonidos prog, heavy metal y glam…para aportar una
verdadera renovación revolucionaria hacia 1976 con el surgimiento del punk rock,
que para Morre llegó de la mano de Pattu Smith y los Ramones. Cuando los
alumnos más viejos del Instituto se burlaban de su gusto diciendo “¡El punk es
una mierda, tío, ni siquiera es música!”, su respuesta fue lapidaria: “Hey
ho, let´s go. Nunca dijimos que lo fuera”.
Thurston estuvo ahí, primero
como fanático y después también como músico, y decidió vivir de lleno el
proceso yéndose a vivir en departamentos de mala muerte en la violenta y contracultural
ciudad de Nueva York. Sus andanzas musicales y psicogeográficas aparecen
relatadas aquí, y permiten dar una mirada cercana a la escena más filosa y
extrema de las que dio la resaca post punk: la llamada “no wave”, una especie
de ultraizquierda del punk, o si se quiere, la Avantgarde dentro del
movimiento. En esa hebra se engancha la historia de Sonic Youth, sus contactos con
el guitarrista y compositor Glen Branca, Lydia Lunch, variados personajes
lumpen bohemios y un cúmulo de otras formaciones (anti) musicales de las cuales
creo que sólo los Swans pasaron a ser relativamente conocidos, dejando en el
under del under a grandes proyectos como UT, Mars, The Static, DNA, Contortions,
Mofungo o Theoretical Girls. ¡Vale la
pena escuchara todas esas bandas! Tal
como dijo Lester Bangs en su inédito “Free jazz/Punk rock”, eran de los más
refrescante que se estaba haciendo en esos años, los últimos estertores de la
oleada de creatividad radical proveniente del 68 global.
De los testimonios de la escena
Avant-punk de NY pasamos sin solución de continuidad a la prehistoria de Sonic
Youth, desde sus orígenes en formato de tres guitarras: Thurston y su novia Kim
Gordon, más Lee Ranaldo. Afinaciones inusuales en guitarras baratas destrozadas
generaban climas que dieron lugar a canciones de un tipo de punk rock que se
basaba en el ruido, y en influencias tan disímiles como el dub reggae y el
krautrock. Así surgió, por ejemplo, The Burning Spear. Tras una serie de
conciertos y giras marginales salen los primeros discos, desde la sobriedad claustrofóbica
y no wave del primer disco homónimo (1982) en Neutral Records, a Confusion is
Sex (1983), con su portada en blanco y negro, partiendo con “She is in a bad mood”
(inspirada en la peligrosamente sexy Lydia Lunch), seguida de un intenso cover
de los Stooges (“Ahora quiero ser tu perro”) cantado a alaridos por Kim, y los
experimentos caseros de Lee en guitarra percusiva. De esta misma época data el
extraordinario documento “Sonic Death-Early Sonic-1981-83”, que una vez conseguí
en la edición en CD de SST records 1988, después descontinuada y nunca más la
he visto en nuevas versiones.
Nada del sonido de SY en ese
momento podía hacer presagiar su tremendo éxito futuro como banda emblema del
alt-rock en la era MTV. Un éxito tal que incluso ahora, años después de la
disolución del combo noise, pude ver a Kim Gordon y su hija en una publicidad
gigante creo que de la tienda HM en las inmediaciones del metro Chile-España. Lo
cual no me extrañó tanto, pues años antes me topé una vez a Henry Rollins en la
vitrina de una tienda de zapatillas Vans.
Las memorias de Thurston se
extienden en detalle tanto a los más duros años iniciales de miseria y obstinación,
con una verdadera morgue de bateristas hasta que dan con Steve Shelley (de los
Crucifucks), como a lo que vino después, cuando a mediados de los 80 y desde el
denostado sello SST, ligado a la banda Black Flag, entregaran algunos de los grandes
discos de rock de esa época: Bad Moon Rising (1985), EVOL (1986) y Sister
(1987). Para algunos puristas (me incluyo), la edad de oro de SY llegó hasta
aquí nomás. Aunque no me atrevo a despreciar el doble álbum Daydream Nation de
1988, lo veo como una merecida despedida, justo antes de sumergirse en el mundo
de las multinacionales durante toda la década siguiente, cuando como el mismo
Thurston dice, generaban sólo dos tipos de reacción: adoración acrítica, o caer
mal.
El relato está plagado de anécdotas
que me parecen muy graciosas, como la historia de la canción “Flower” (incluido
en BMR): el bueno de Thurston pegó en la pared de la cocina de la casa
compartida con su novia y bajista Kim una foto de calendario de una hermosa mujer
latina en nada más que unos diminutos calzones. Para no quedar mal, le agregó a
lápiz un mensaje supuestamente pro feminista: “APOYA EL PODER DE LAS MUJERES /
UTILIZA EL PODER DEL HOMBRE / APOYA LA FLOR DE LAS MUJERES / USA LA PALABRA:
CULEAR / LA PALABRA ES AMOR” (aclaro que he chilenizado un poco estas
traducciones para efectos de esta nota). Luego, inventando un tema nuevo, Kim
cantó el texto que su novio había agregado al calendario hot, para añadir
luego:
Hay
una chica nueva en tu vida
Pelo
largo rojizo ondulado
Verdes,
verdes labios y ojos púrpura
Caderas
muy delgadas y grandes pechos morenos
Colgada
en la pared de tu casa
Un
extremo cortado, el otro rasgado.
Por si esto no fuera gracioso
en sí mismo, observen lo que a continuación reflexiona el autor: “Esperaba que
el hecho de que Kim se hubiera inspirado en mis versos, en donde había una
insinuación erótica acompañada de una declaración de unión feminista, implicara
que quedaba exonerado de cualquier agresividad que hubiera podido sugerir el
resto. Pero nunca llegamos a hablar de ello abiertamente, solo a través de la composición
de canciones”. Embarrasing, my friend. Como cada vez que un onvre se las
da -así como si nada- de aliado feminista.
También me hizo mucha gracia
que un tipo tan proclamadamente admirador de toda forma de arte de vanguardia
se viera totalmente desconcertado al ver a los anarcopunks ingleses de Crass tocando
en vivo en NY en junio de 1978, junto a un puñado de bandas no wave en un loft
en el SoHo:
“No se parecían a nada de lo
que había sonado esa noche, y mucho menos a lo que sonaba habitualmente en el
centro de la ciudad: cada miembro iba vestido con un brazalete atado a la
camisa. Procedieron a aullar y gritar con furia y gravedad.
Los pocos que estábamos en
el loft éramos artistas que vivíamos en el Bajo Manhattan. Nuestra rabia la
dirigíamos sobre todo hacia las hormigas que invadían nuestro tarro común de mantequilla
de maní. Pero aquellos tipos estaban enloquecidos, no dejaban de pegar gritos y
el guitarrista aporreaba acordes disonantes sin cejilla que sonaban ¡Whaammm! ¡Whaammm!
¡Whaammm!
Todos nos mirábamos como
diciendo: “¿Pero qué chucha es esto?”. Para nosotros, los colgados y
descontentos de la escuela de arte, aquello era algo absoluta e
incongruentemente militante”.
¿Pero cómo, Thurston!? ¡En verdad
un hombre tan avanguardista como tú no podía simplemente relajarse y disfrutar
el tupa-tupa con singalonga caótico y disonante de la buena gente de Crass? De
ser así, eso explica muchas cosas…
Lo que viene después del
final de los 80 musicalmente ya no me interesa casi nada. Dejé de escuchar la
banda después del Dirty (1992), que en su momento disfruté moderadamente y
ahora me parece insoportablemente fome. Le
di una oportunidad a Experimental Jet Set (1994), Washing Machine (1995) y NYC
Ghosts and flowers (2000, con una linda portada de William S. Burroughs), pero
nunca me afectaron demasiado. Incluso
los fui a ver en vivo en el Parque O´Higgins en marzo del 2009 junto a dos
amigos, pero lo más entretenido que pasó fue que unos carabineros en moto nos
controlaron y nos obligaron a tomarnos rápido las latas de cerveza Escudo de
medio litro que portábamos como condición para no llevarnos detenidos. La
entraba era la más barata, y desde la galería lateral se podría ver a una
multitud enardecida de jóvenes rubios que pagaron las entradas más caras celebrando
acríticamente al ensamble, que por lo demás ya no estaba en muy buena
condición, además de que nunca entendí de qué les servía tener dos bajistas
(Kim Gordon y un loco de Pavement) si apenas sonaba menos que uno. Era lindo
escuchar algunos viejos hits, pero claramente el aura de la banda, el misterio
y fascinación que generaba en los oscuros años 80, ya no existía. O al menos,
no para mí.
Thurston remata con
elegancia el libro contando discretamente el final de su relación amorosa y la
despedida de la banda con el álbum The Eternal del 2009, que jamás he escuchado
y que ahora que ya han pasado 17 años (¡toda una dictadura!) tal vez recién
me atreva a degustar.
Hey ho, let´s go.
Etiquetas: memoria negra, no wave, noise, psicogeografía, punk rock, rock (no punk)
miércoles, diciembre 31, 2025
Exposición en la Universidad de Playa Ancha el 25 de noviembre del 2025
1.- Nuevas derechas y post-fascismo
La dicotomía izquierda/derecha (o izquierdas y derechas, pues
nunca hubo una sola forma) ya cumple más de dos siglos, a lo largo de los
cuales se ha ido modificando considerablemente. Así, el liberalismo nace a la
izquierda, representando las posiciones de la “burguesía revolucionaria”
después de 1789, mientras la derecha inicialmente designaba al bando
contrarrevolucionario: monárquico y aristócrata. Cien años después, la
izquierda contenía por sobre todo a la gran familia socialista (desde la
socialdemocracia al anarquismo, y luego al comunismo como radicalización “por
izquierda” de la socialdemocracia durante la 1ra Guerra Mundial), y la derecha
consistía en una histórica alianza liberal/conservadora que en el marco de la
Guerra Fría se alineaba con la defensa del capitalismo y la “civilización
occidental”.
Mucho ha cambiado en la primera cuarta parte del siglo XXI.
Parte de la izquierda abandonó totalmente la idea de
“revolución social” que la caracterizó en los dos siglos anteriores, para
asumir una bastante posmoderna política de las identidades, o la defensa (al
menos discursiva) de una versión neokeynesiana de la socialdemocracia, que en
la práctica poco se distingue de una mera administración culturalmente
“progresista” del neoliberalismo. Otra izquierda sigue pretendiendo ser
anticapitalista o antineoliberal, pero sus modelos de sociedad alternativa son
una curiosa mezcla de nostalgia por el “socialismo real” y reivindicación de
capitalismos alternativos como el chino, liderazgos reaccionarios como el de
Putin, la multipolaridad y los BRICS.
A la derecha tradicional o convencional le han brotado una
serie de competidores por extrema derecha, desde tradicionalistas y fascistas
clásicos a libertarianos de derecha, anarcocapitalistas y variadas y ecléticas
formas de “Alt Right”.
Aparentemente la composición de clase también ha cambiado:
gran parte de la izquierda liberal/progre es burguesa o pequeño-burguesa (sin
entrar en la vieja discusión: ¿burguesía pequeña o clase intermedia entre
burguesía y proletariado?), y es evidente que el “bajo pueblo”, proletarios y
subproletarios sin consciencia de clase (ver al respecto las clases de Mark
Fisher de finales del 2016), se identifica hoy en día con los nuevos liderazgos
mesiánicos/populistas de personajes como Trump, Bolsonaro, Kaiser, Kast o
Milei. Como ha dicho el relator de la ONU sobre extrema pobreza Olivier De Schutter en su
Informe de este año “El populismo de
ultraderecha y el futuro de la protección social”, “los populistas de
ultraderecha afirman representar a la “gente corriente” frente a las “élites”.
Sin embargo, en muchos casos, ellos mismos forman parte de la élite y deben su ascenso en la
política a la riqueza de su familia o a sus conexiones sociales. Una vez en el
poder, suelen tratar de mantener los privilegios de la misma élite económica a
la que critican en sus discursos” (Párr. 40).
¿Cuál es la mayor similitud entre los fascismos del siglo XX
y estas nuevas derechas post-fascistas? Según el teórico húngaro Gaspar Miklos
Tamás, el primero que acuñó el concepto de pos fascismo hacia el año 2000, “el
posfascismo es un conjunto de políticas, prácticas, rutinas e ideologías que
pueden observarse en todas partes del mundo contemporáneo; que poco o nada
tienen que ver, excepto en Europa Central, con el legado del nazismo; que no
son totalitarias; que no son en absoluto revolucionarias; y que no se basan en
movimientos de masas violentos ni en filosofías voluntaristas e
irracionalistas, ni tampoco juegan, ni siquiera en broma, con el anticapitalismo”.
Pese a todas esas diferencias con el viejo fascismo (que en
todo caso ha seguido manifestándose dentro del amplio abanico de tendencias
actuales), este autor sigue usando la etiqueta “fascismo”, al señalar que “el
posfascismo encuentra fácilmente su nicho en el nuevo mundo del capitalismo
global sin alterar las formas políticas dominantes de la democracia electoral y
el gobierno representativo” y “hace lo que considero central en todas las
variantes del fascismo, incluida la versión postotalitaria. Sin Führer, sin
régimen de partido único, sin SA ni SS, el posfascismo revierte la
tendencia de la Ilustración a asimilar la ciudadanía a la condición humana”.
“El posfascismo no necesita tropas
de asalto ni dictadores. Es perfectamente compatible con una democracia liberal
anti-Ilustración que rehabilita la ciudadanía como una concesión del soberano
en lugar de un derecho humano universal (…) Dado que el posfascismo rara vez es
un movimiento, sino simplemente un estado de cosas, gestionado la mayoría de
las veces por los llamados gobiernos de centroizquierda, es difícil
identificarlo intuitivamente. L@s posfascistas no suelen hablar de obediencia
total y pureza racial, sino de la superautopista de la información”. (Adorno:
fascismo en democracia y fascismo contra la democracia).
Otro aspecto clave que destaca
este autor es que estamos en un contexto de “Desregulación para el capital y
regulación estricta para el trabajo”. En este escenario, “si la fuerza de
trabajo queda atrapada en la periferia, tendrá que soportar los talleres
clandestinos”. “Los intentos de luchar por salarios más altos y mejores
condiciones de trabajo no se enfrentan a la violencia, l@s rompehuelgas
o los golpes militares, sino a la fuga silenciosa de capitales y la
desaprobación de las finanzas internacionales y sus burocracias internacionales
o nacionales, que tendrán la capacidad de decidir quién merece ayuda o alivio
de la deuda. Citando a Albert O. Hirschman, la voz (es decir, la
protesta) es imposible, es más, inútil. Sólo queda la salida, el éxodo, y es
tarea del posfascismo impedirlo”.
2.- El fascismo (visto
por los fascistas)
Los estudiosos del fascismo se han dividido desde un inicio
entre quienes toman en serio su ideología y quienes sólo lo ven como una
manipulación burguesa (las dos versiones marxistas dominantes serían la teoría
de la agencia y la que lo ve como forma de bonapartismo). Según Roger Griffin,
es necesario estudiar como los fascistas se percibían a sí mismos, y en este
empeño él destaca su carácter “revolucionario”: algo que los marxistas jamás
reconocerán pues tendrían que admitir una versión rival a la de la revolución
socialista/comunista).
El jurista italiano Giorgio Locchi (muy influyente en la
Nouvelle Droite) que en “La esencia del fascismo como fenómeno europeo” afirma
que “más allá de diferencias específicas, todos los movimientos fascistas y
todas las variadas expresiones de la Revolución Conservadora (entendida aquí
como corriente espiritual) tiene una esencia común”. “Los movimientos
fascistas de la primera mitad del siglo son la expresión política, inmediata e
instintiva, de un nuevo sentimiento del mundo que circula por Europa a partir
ya de la segunda mitad del siglo XIX. Tienen el sentimiento de vivir un momento
de trágica emergencia y se precipitan a la acción obedeciendo a este
sentimiento; se movilizan políticamente pero, al contrario que otros partidos y
movimientos, no hacen referencia a alguna concreta filosofía o teoría política
y asumen más bien casi siempre un comportamiento antiintelectualista. Los
movimientos fascistas se coagulan por instinto en torno a un programa de acción
inspirado por un sistema de valores que se opone drásticamente al sistema de
valores igualitarista, que se encuentra en la base del democraticismo, liberalismo,
socialismo, comunismo. Por contra, resulta fácil constatar que, en el
seno de un mismo movimiento fascista, personalidades de primer nivel expresan y
defienden filosofías y teorías bastante diferentes, a menudo poco conciliables
entre ellas e incluso opuestas”.
Visto así, los fascismos eran
movimientos mucho más heterogéneos de lo que nos hemos acostumbrado a pensar
desde que la izquierda vio al “nazi-fascismo” como una entidad única y
homogénea. Pero a pesar de esta gran diversidad y a la retórica
seudorevolucionaria y hasta anticapitalista que caracterizaba a algunas de sus
expresiones, es su marcado anti-igualitarismo el que lo ubica siempre a la
extrema derecha del espectro político, por su marcada naturaleza
contrarrevolucionaria de larguísimo plazo. Como ellos mismos dicen: reaccionan
contra los valores de la Ilustración. Y a diferencia de lo que sostiene Locchi,
está más que demostrado que los movimientos fascistas no sólo existieron en
Europa, sino que prácticamente en todo el mundo, expresando esa misma
contrarrevolución, que a corto plazo respondía desde 1917 a la amenaza de
revoluciones socialistas.
3.- Colonialismo y
fascismo
Analizar la dimensión global (y no sólo europea) del fascismo
nos enseña cosas importantes. Entre ellas, que la modernidad capitalista no se
agota en los “valores (positivos) de la Ilustración”. Esta es también lo que no
se dice que es: oculta la violencia de la acumulación originaria y el
colonialismo. Y en gran medida los fascismos de los países centrales vinieron a
demostrar que se podían utilizar también en las metrópolis los métodos que
desde hace décadas y siglos usaban estas potencias en la periferia y el “tercer
mundo”. En este aspecto el fascismo también fue más parasitario o adaptativo
que creativo. Como destacó el comunista martinicano
Aime Cesaire en su “Discurso sobre el colonialismo” (1950):
Y entonces, un buen
día, la burguesía es despertada por un golpe formidable que le viene devuelto:
la GESTAPO se afana, las prisiones se llenan, los torturadores inventan,
sutilizan, discuten en torno a los potros de tortura.
Nos asombramos, nos
indignamos. Decimos: «jQue curioso! Pero, jbah!, es el nazismo, ya pasara!». Y
esperamos, nos esperanzamos; y nos callamos a nosotros mismos la verdad, que es
una barbarie, pero la barbarie suprema, la que corona, la que resume la
cotidianidad de las barbaries; que es el nazismo, sí, pero que antes de ser la
victima hemos sido su cómplice; que hemos apoyado este nazismo antes de
padecerlo, lo hemos absuelto, hemos cerrado los ojos frente a él, lo hemos
legitimado, porque hasta entonces solo se había aplicado a los pueblos no
europeos; que este nazismo lo hemos cultivado, que somos responsables del
mismo, y que el brota, penetra, gotea, antes de engullir en sus aguas
enrojecidas a la civilización occidental y cristiana por todas las fisuras de
esta.
Si, valdría la pena
estudiar, clínicamente, con detalle, las formas de actuar de Hitler y del
hitlerismo, y revelarle al muy distinguido, muy humanista, muy cristiano
burgués del siglo XX, que lleva consigo un Hitler y que lo ignora, que Hitler
lo habita, que Hitler es su demonio, que, si lo vitupera, es por falta de
lógica, y que en el fondo lo que no le perdona a Hitler no es el crimen en sí,
el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre en sí, sino el
crimen contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, y haber
aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora solo concernían
a los árabes de Argelia, a los coolies de la India y a los negros de África.
Y este es el gran
reproche que yo le hago al pseudohumanismo: haber socavado demasiado tiempo los
derechos del hombre; haber tenido de ellos, y tener todavía, una concepción
estrecha y parcelaria, incompleta y parcial; y, a fin de cuentas, sórdidamente
racista.
4.- ¿Qué Derechos
Humanos?
Lo que conocemos cono “DDHH” surge más o menos en la mitad
del siglo XX: post segunda guerra mundial, aliados “contra el nazismo” se
reconfiguran como enemigos en la Guerra Fría. Un bando privilegia los DCP, otro
los DESC. Surge la jerga y la institucionalidad propia del movimiento de los
DDHH: DIDH, convenciones y tratados, órganos especializados, burocracia
internacional. (Ver el texto de Douglas Kennedy: “Movimiento internacional por
los DDHH: ¿Parte de la solución o del problema?”).
Pero sus antecedentes más lejanos datan al menos de 1789 y
las “revoluciones burguesas”. Ahí surgen las “Declaraciones de Derechos”:
algunas consagran el “sentido común” y derechos ya existentes (Independencia de
EEUU) y otras más bien proponen un nuevo orden a alcanzar (Declaración francesa
de derechos del “hombre y el ciudadano”) (Ver texto de Habermas sobre Derecho
natural y revolución en “Teoría y praxis”).
El discurso de DDHH es asumido por todo el espectro político
oficial (democracia representativa). Pero ha empezado a ser cuestionado, tensionado
o resignificado por las nuevas derechas. Lo cual es similar a lo que pasa con
la idea misma de democracia: ¿Existe una sola o varias? ¿Falsa democracia en
oposición a una verdadera? ¿Democracia directa contra democracia
representativa? ¿Son los fascistas (en sus versiones neo y old fashion)
enemigos de la democracia en sí misma, o conciben otras formas de democracia,
orgánica e iliberal?
Lo que está claro es que no podremos hacer nada que valga la
pena si seguimos mirando la historia por el espejo retrovisor. No podemos
retroceder al estado keynesiano ni a los tiempos de la revolución rusa, china,
española o cubana. El capitalismo avanza, nunca retrocede. Las nuevas derechas,
como los viejos fascismos, usan una retórica conservadora y tradicionalista,
pero en otro sentido no podrían ser más modernistas o incluso aceleracionistas.
La izquierda hasta ahora ha pasado del “no la vimos venir” a campañas por el
“mal menor”, diciendo que “no pasarán” cuando en verdad el fascismo ya pasó, y
como dijo Guattari: “no deja de seguir avanzando. En evolución permanente, no
deja de atravesar mallas cada vez más finas. Parece venir de fuera, cuando en
verdad encuentra su energía en el corazón del deseo de cada uno de nosotros”.
La desfascistización debe comenzar por asumir este hecho, y
no tenerle miedo a la crítica radical de la democracia y los DDHH.
Como dijo el general Sun Tzu hace más de dos milenios, “si
conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de
cientos de batallas. Si te conoces a ti mismo pero no al enemigo, por cada
victoria que ganes también sufrirás una derrota. Si no conoces ni al enemigo ni
a ti mismo, sucumbirás en cada batalla”.
Etiquetas: derechohumanistas, fascistología, psicogeografía, reflexión, Valparaíso
lunes, abril 28, 2025
Un recuerdo de Joshua Clover
Me acabo de enterar que falleció el compañero Joshua Clover, un comunista de esos de a de veras (o sea, antiestatal) que anduvo por acá hace como un año y medio.
Rescato del archivo este resumen de un Encuentro con él en el Espacio Laura Allende. Un par de días después me lo topé en el Metro.
Aprovecho de recordar que en el 2019 Joshua causó algo de polémica cuando fue señalado por haber dicho que "Alguna gente cree que hay que reformar a la policía. Yo creo que hay que matarlos". En respuesta a la polémica así generada dijo: "El día que los policías tengan tanto miedo de un profesor de Literatura como los niños negros le tienen a la policía, definitivamente me voy a pronunciar. Hasta entonces, no tengo nada más que agregar".
Un domingo nublado de
finales de septiembre en Santiago, en que de repente se asoma el sol, recuerdo
de golpe mientras almuerzo que los colectivos Vamos hacia la vida y Vitrina
Dystópica convocaron a las 17 un encuentro en el Espacio Laura Allende,
para conversar con Joshua Clover acerca de “Revueltas y perspectiva comunista”.
Me sumerjo algo atrasado en la estación del Metro más cercana, para combinar, cambiar
de línea, salir y llegar al lugar justo cuando el invitado estaba comenzando a
hablar, diciendo algo sobre lo aburridos que le resultan los eventos académicos
y lo interesado que está en aprender acerca de la revuelta chilena del 2019.
Joshua es un tipo delgado
y canoso, con lentes, bordeando los 60 años. Sé poco de él: que participó en
las revistas Commune y Endnotes, y que se considera comunista
en el sentido fuerte y profundo del término. O sea, como los que en nuestro
medio somos llamados “comunistas raros”, por no tener nada que ver con el
partido actualmente en el gobierno que usurpa oficialmente el nombre. No tengo
muy claro cómo llegó Joshua por estos lados, pero sé que está invitado a las
jornadas organizadas en Filosofía de la Universidad de Chile bajo el título de
“La Comuna planetaria”, con la ponencia “Hacia unas estructuras para la comuna”
(miércoles 27 de septiembre a las 15:00).
Anuncia una exposición
muy breve y arranca de inmediato, con un compañero traduciendo. Esto es lo que
recuerdo, expresado muy sintéticamente, en base a mis notas:
Existe
una multitud de opresiones que son mucho más antiguas que el capitalismo:
género, raza, colonialismo…Pero el capitalismo es exitoso en subsumirlas todas
e integrarlas a su estrategia de
valorización.
Desde
hace medio siglo el capitalismo se ha volatilizado y no logra disciplinar a la
clase a través del trabajo. En este contexto, las otras opresiones parecen
autonomizarse; en Estados Unidos se ven disturbios que tienen que ver con esos
otros aspectos, sobre todo con la cuestión racial.
Es
importante no ver estas revueltas como algo separado de las luchas del
proletariado, sino que como parte de ellas. Hoy en día el comunismo no lo harán
los comunistas. La gente entra a estas luchas por distintas razones, pero no en
primera instancia como luchas obreras.
Nuestro
trabajo, la tarea de un comunista, es seguir estos movimientos, pues la
posibilidad del comunismo está en esas luchas.
En este punto, tras una
intervención de no más de 8 minutos, Joshua dice: “Y eso es todo. Ahora quiero
aprender”. Y ahí comienzan algunas preguntas e intervenciones de los alrededor
de 40 asistentes.
Por mi parte, aproveché
de celebrar que hablara abiertamente de comunismo, explicando que por tener un
fuerte Partido “Comunista” en Chile, muchos compañeros -sobre todo anarquistas-
reniegan del concepto y prefieren
regalárselo a los nietos de Stalin. Y en cuanto al estallido del 2019, mencioné
que ahí parecían confluir desde el inicio todas las luchas contra las distintas
opresiones, pero que eso duró un mes, y luego del acuerdo del 15 de noviembre,
pudimos ver que todo se separaba de nuevo, expresándose las diferentes luchas
en el lenguaje de la reforma institucional. Así, las feministas querían una
Constitución feminista, los indigenistas una Constitución plurinacional, etc. Para
peor, los mismos que en ese momento nos decían que lo más importante era
quitarse de encima la constitución actual, ahora estaban llamando a defenderla
en contra de la propuesta de nueva constitución que se está redactando ahora en
un Consejo Constitucional con mayoría de derecha. Por último señalé que en su
momento, más allá de oponernos con rabia a la canalización institucional de la
revuelta, desde nuestro bando no supimos ofrecer mucho más que “riot porn”
todos los viernes a la misma hora y en el mismo lugar, lo cual a mi juicio deja
la planteada la cuestión de cómo combinar el aspecto negativo de la revuelta con
la afirmación positiva de otras formas de relación social.
En ese punto un
anarquista me preguntó “¿Y cuál sería la pregunta?”, lo que me dejó una
sensación algo amarga puesto que yo pensaba que se trataba de una conversación.
En fin: Joshua respondió que
siempre es preferible el “riot porn” a la pornografía electoral, que nunca
jamás las elecciones son algo bueno para nosotros (¡totalmente de acuerdo en
eso!, y es curioso que en Chile tantos anarquistas insistan en buscar pretextos
para ir a votar), y que creer que hay una dicotomía entre “riot porn” versus
“la lucha real” es pura mierda, pues todo disturbio expresa una negatividad que
debemos apoyar y potenciar.
Luego siguieron más
intervenciones que no anoté en detalle, pero dialogando con ellas Clover dijo
cosas como que no existe una forma de lucha que se dé por fuera del terreno del
capitalismo; que en cada conflicto hay aspectos que podrían parecer menos
centrales que otros, pero que en cada lucha por ejemplo por cuestiones
salariales se dan al mismo tiempo luchas por la reproducción de la vida, y así
el tener que hacernos cargo de cosas como la comida y los cuidados nos plantea
algo que debe mantenerse incluso después del capitalismo. Así, un “bloqueo” es
importante, pero es parte del capitalismo, no así la cocina y la guardería que
se instalan para poder mantener una huelga, aunque no estén en el primer plano
del conflicto. Y todas estas cuestiones son parte de la misma lucha. Justo ahí
Joshua señaló que era una lástima que sólo hombres hayan hecho intervenciones
hasta ese momento. A pesar de la presencia de varias mujeres, sólo en ese punto
una habló, profundizando la cuestión de los cuidados y realizando una crítica a
la mantención de la división sexual del trabajo incluso en estos espacios y
luchas.
A lo largo de la
conversación, nuestro invitado realizó sinceras y agudas declaraciones como
“odio la democracia”, “soy por sobre todo un materialista”, “las políticas
pre-figurativas son un ‘fake’” o “no soy un buen anarquista porque no creo que
podamos eliminar completamente la representación”. Finalmente, insistió en que
la revolución es un proceso “más de sustracción que de adición”, y que la
comunización debe abolir inmediatamente la división entre el trabajo
manual/intelectual, y la división del trabajo por sexo/género, además de
abordar cuestiones relativas a la “infraestructura”, pues no basta con que el
proletariado sepa usar los barcos, oleoductos y carreteras, sino que se debe
apuntar sobre todo al “desarrollo de habilidades”, en momentos en que sabemos
que de aquí a treinta años varias ciudades quedarán sumergidas en el agua.
La cuestión del “poder”
debería plantearse de forma negativa: “el poder de destruir el poder”, y también aclaró ante una consulta que para él
la comunización no es tanto una cuestión teórica, sino que el proceso de
aplicación de “medidas comunistas”. Ante otra pregunta que ya no recuerdo bien,
Joshua dijo que como muchxs camaradas él tiene amigos muertos y amigos en
prisión, y que por eso entiende que sea atractivo para varixs tratar de hacer
cambios sociales profundos sin acudir a la lucha o el enfrentamiento armados.
Pero él cree que eso no es posible, y que el conflicto armado será inevitable.
Hasta ahí mis apuntes y
recuerdos. Mucho más preciso va a resultar escuchar el podcast de lxs compas de
Vitrina Dystópica, que se encargaron
de registrar en audio todo el evento.
Antes de irme del lugar
conversé brevemente con el invitado y adquirí dos folletos recién traducidos y
circulados por el ambiente “comunista raro” metropolitano: “Transición: fin del
debate”, de Joshua Clover, editado por Vamos
hacia la vida, que una semana antes de este encuentro lo discutió
colectivamente en una reunión virtual, y “Los fines del Estado”, de Joshua con
Jasper Bernes, editado por Reyerta &
Revolución. En el primero se aborda la superación de la idea del socialismo
como fase intermedia entre el capitalismo y el comunismo, algo que ya
resultaría imposible en las actuales condiciones del modo de producción. El
segundo texto fue publicado en la revista comunista Viewpoint el 2014,
respondiendo a una invitación colectiva para abordar algunas cuestiones del
siguiente tenor: “¿Cómo sería hoy una postura propiamente revolucionaria hacia
el poder estatal y cuáles serían las consecuencias concretas de esta postura
para una estrategia política? ¿Tiene todavía algún significado la ‘captura del
poder estatal’? ¿Tiene todavía el partido un lugar en estas preguntas más
amplias?”.
Cuando el sol ya caía, varixs
nos dirigimos a conseguir cervezas para disfrutar el inicio de la primavera en
la Plaza Brasil. Durante la breve pero intensa celebración colectiva que se
armó, mientras circulaba un enorme cigarro de marihuana armado con generosos aportes
de varixs de los presentes, un muchacho al que no conozco decía: “súper buena
conversa, súper buen invitado, pero siempre me quedo con la misma sensación de
impotencia después de estos eventos. Nos tomamos unas chelas y nos vamos para
la casa, ¿y la revolución social, cuando?”. Lo mismo me preguntaba hoy al
despertar temprano para salir al trabajo dejando a mi hijo camino a la escuela.
Etiquetas: Chantiago, comunismo, psicogeografía
lunes, noviembre 11, 2024
TRISTE DERIVA POR LO QUE QUEDA DE LA CALLE SAN DIEGO
Un día antes del último fin de semana largo fui a un
seminario en la Casa Central de la Universidad de Chile, donde exponían
exclusivamente mujeres que se desempeñan como abogadas defensoras de derechos
humanos.
Siempre me ha impresionado, las pocas veces que he hecho
ingreso a ese edificio, la tremenda soledad de sus pasillos y salas. Ni siquiera
para el “acampe” por Palestina cambió tanto esa sensación de frialdad del
espacio abierto, poblado casi exclusivamente por funcionarios y guardias.
Al terminar el evento, tras saludar algunas amigas salí sin
ningún rumbo fijo.
Miré un rato los puestos de libros ubicados en la calle. Nada
muy destacable, excepto la insistencia de los vendedores (extranjeros) en que
te lleves algo. Lo cual en mi genera el efecto contrario: ganas de irme sin
nada.
Luego caminé por San Diego hacia el sur. Recordaba cuanto me
gustaba hacer derivas por ahí cuando llegué a Santiago, a fines de los 80.
Encontraba libros marxistas y vinilos a muy bajo precio. Es curioso que ambos productos
ahora se encuentran más oficialmente, y ya no son para nada baratos.
Recordaba haber visto a mediados del 2019 en las pocas verdaderas
librerías que quedan en la Galería san Diego algunos títulos interesantes (La
escena contemporánea de Mariatégui, Una lectura política de El Capital de
Harry Cleaver, y las actas de un seminario sobre Gramsci hecho por académicos
pinochetistas en plena dictadura).
La librería en que tenían estos títulos o estaba cerrada o ya
no existe más. Me quedó la duda.
En el segundo piso, ya sólo queda la Disco Beat, que don
Simón “Tavo” Aliste atiende sólo entre 13 y 15 (o algo así: me lo encontré en
el Metro hace poco y eso recuerdo que me dijo). La otra disquería que quedaba casi al frente no
existe hace rato, pero lo peor de todo es que ya no hay librerías con libros de
verdad: sólo algunas especializadas en textos jurídicos de los más aburridos, y
otras que venden facturas e impresos varios sin valor literario alguno.
Salgo a la calle, y veo el horrible Mall Chino al frente. No
me dan ganas de ir a curiosear nada ahí.
Justo afuera de la galería San Diego hay una buena cantidad
de libros siendo rematados a 3 mil pesos cada uno. Alcanzo a ver el libro sobre
Manuel Gutiérrez, adolescente asesinado por disparos policiales durante las
barricadas de agosto del 2011. Pienso llevarlo, pero no puedo.
Sigo caminando. Trato de ver las tiendas de instrumentos
musicales. Pero no puedo. Algo me aleja, algo me repele.
Empiezo a sentir algo a lo que verdaderamente le tengo mucho
miedo: el espacio por el cual se empieza a asomar la depresión. Trato de mantenerlo
siempre lejos, pero sé que está ahí, a veces se acerca y….uno nunca se sabe a
donde te podría conducir.
A punto de salir huyendo de ahí, detecto el Masticón: un
bar/restaurant de esos que aún se parecen a como era esta calle en los 80. La pienso
dos o tres veces, y al final hago ingreso. Pido un schop Heineken y un italiano
“falso” (sin vienesa: acá claramente no ofrecen, como en otros lugares, la
opción de ponerles, papas fritas, queso o champiñones para el usuario vegetariano).
Tanto mejor.
Me pongo a leer las cartas de amor de Rosa Luxemburgo: ella
está físicamente muerta hace más de 100 años, pero en sus cartas vive y siente
y se expresa como pocos seres en este mundo.
El schop está aguado. El italiano, algo mojado y con palta de
bolsa, no real. Pido la cuenta: ni siquiera es barato: sale casi 8 lucas en
total, con propina.
Me decido: voy a ir a por el libro de Tania Tamayo sobre
Manuel Gutiérrez. Debería tenerlo en mi biblioteca, porque de hecho colaboré un
poco con la autora haciendo una lectura atenta a la terminología jurídico/judicial.
Tamayo es seria, así que no quería incurrir en los errores usuales de sus
colegas periodistas cuando escriben sobre cuestiones judiciales.
Al llegar a esos mesones, veo que un joven ya está
colocándolos masivamente en una carretilla, porque son las 20 y todo empieza a
cerrar. Le dijo que si tenía por ahí encima el libro “Todos somos Manuel Gutiérrez”.
La respuesta: “Puede que sí, puede que no, pero ya cerramos”. Me parece una
mierda, tengo las tres lucas en el bolsillo, pero por otro lado lo entiendo, y
pienso que el destino no quiso que tuviera ese libro.
Para justificar al destino a posteriori, recuerdo que cuando
compartí un panel con Tania Tamayo junto a Nancy Guzmán (otra escritora) de
moderadora, ambas me tiraron algo de
mierda por haber dicho que a diferencia de la represión “selectiva” de la
dictadura, la estrategia represiva de Piñera durante el estallido del 2019
había sido el uso de la escopeta antidisturbios como una forma de represión “aleatoria”:
de cada disparo salían 12 perdigones que dirigidos a una masa de personas,
podían impactar a cualquiera.
A esa afirmación le hicieron la siguiente crítica, ambas: “Julio,
deberías saber que la represión nunca es aleatoria. Siempre se dirige en contra
de los más marginados y desfavorecidos de esta sociedad”. OK. Creo que no
entendieron lo que dije. ¿Tal vez me expliqué mal?
Ahora sí que ya me quiero ir a la casa.
Pero me detengo en la esquina, y saco una foto.
El paisaje que desde ahí se observa me lleva a inicios de
1987. Cuando vino el papa Juan Pablo II y los militantes de las Juventudes
Comunistas íbamos casi todos los días a hacer mítines relámpago en el centro.
El edificio de la esquina con Alameda tenía un gran cartel de la AFP PROVIDA
(¡vaya nombre!). Mi Liceo (el A-67) quedaba en las Torres de Fleming, y mi
familia estaba viviendo donde amigos en San Bernardo.
Cada día debía levantarme muy temprano para llegar a tiempo a
clases, tomando dos micros repletas, pero tras tantos cambios de ciudad y
establecimiento preferí quedarme ahí a terminar el Cuarto medio. Además de las
reuniones de la jota (dos o tres por semana) teníamos reuniones de la
Coordinadora de Organizaciones de Enseñanza Media (COEM), por lo general los
lunes en el Campus Oriente de la Universidad Católica. Enjambres de pingüinos/as
usábamos libremente las salas para ampliados, reuniones de comisiones, e
incluso talleres prácticos de autodefensa, mientras las comisiones de
propaganda pintaban lienzos en los patios.
Un día que fui solo a protestar en el centro logré arrancar
de las garras policiales por escasos centímetros. Los pacos de esa época no tenían
el equipamiento actual, pero eran especialistas en dar lumazos.
La violenta arremetida verde dejó varias personas detenidas
en la primera cuadra de San Diego, las que eran ingresadas a palos a un bus
estacionado frente al edificio.
En mi desesperación casi sin darme cuenta subí corriendo al
estacionamiento del edificio, en el segundo piso. Los carabineros no me
siguieron, así que libré. Me quedé escondido por más de un cuarto de hora, y me
asomaba disimuladamente para ver qué pasaba:
Al interior del bus, jóvenes de ambos sexos eran puestos como
alfombra por el piso. Los policías les pasaban caminando por encima, dando
algunos furiosos saltos para causarles más daño, mientras los golpeaban con sus
lumas. La gente gritaba de dolor, y yo me sentía bien por haberme salvado de
esos malos tratos, y horriblemente por estar presenciando en directo los
apremios que ellos estaban sufriendo y que si hubiera corrido un poco más lento
estarían siendo aplicados también sobre mi cuerpo adolescente.
Esa esquina se ve casi igual que en esos tiempos. El recuerdo
sigue ahí. La brutalidad y el miedo incrustados en el pavimento y en el
edificio.
Me sumerjo en la estación de Metro Universidad de Chile. Alcanzo
un asiento en el tren subterráneo, y leo a Rosa, que le dice a su camarada Leo
Jogiches en una carta fechada el 20 de marzo de 1893:
“Hoy me levanté temprano y volé hacia ti, pero noté que mis conjeturas
nocturnas no eran nada más que un sueño. Así que, si no llegas el miércoles,
iré temprano a Ginebra en tren. ¡Ya verás!”
Etiquetas: Chantiago, memoria negra, memories of you, psicogeografía, violencia y control
martes, julio 02, 2024
Último lanzamiento y Entrevista sobre Barricadas a go-go
El lanzamiento de “Barricadas a go-go” en Taller 55/Esqueleto
libros el viernes 28 de junio terminó siendo un gran evento, inolvidable, gracias
al apoyo de tantas personas que me llego a emocionar. La tristeza por el cierre
del local fue sublimada en fiesta y música en vivo (Nawito Seudónica Dúo, Sin
Asilo, y cuatro temas de Disturbio Menor), comentarios (Marisol García, Tomás
Pacheco y Cristóbal Durán), vino tinto a destajo con maní salado, y hasta la
confederación de pinchadiscos. Se asomó la policía en un momento, pero se fue
luego y creo que no regresó. Me fui de ahí a las 3 AM y la fiesta no concluía.
El día anterior los compañeros de Carcaj subieron la
introducción a la cuarta edición, bajo el título de “Cascos, garrotes y bombas molotov: el 68 japonés”, con un collage en que se ve a los Zengakuren, los
Rallizes y Kaoru Abe en medio de un paisaje urbano tomado de las barricadas
parisinas de 1848: ¡notable!
Y el día posterior, apareció en La Jornada de México esta excelente nota/entrevista por Hernán Muleiro.
A continuación los dejo con la entrevista completa con
Hernán.
Banzai!
1. ¿Cómo diste con el tema
del libro? No sé exactamente como fue la historia entre movimientos
revolucionarios y rock en Chile, pero siempre me llamó la atención como en
Argentina rock y revolución, en un contexto de la dictadura de los 70s, fueron
considerados asuntos separados, cuando la versión gringa, también vista a la
distancia de la historia, parece unir a las dos.
La idea de armar un texto dedicado a ese cruce entre
agitación social y cultural, y entre subversión política y musical, provino de
un amigo argentino que me lo pidió para su fanzine Escena Obscena después
de visitarme en Santiago de Chile y escuchar un conjunto de grabaciones de rock
y jazz hecho en Japón.
Pero mi encuentro con el tema tiene una historia más larga,
pues ya desde 1984, al cumplir 13 años en plena dictadura, confluían en mi la
pasión por el heavy metal con la militancia izquierdista y posteriormente
anarquista. Tal como dices, en el Chile de los 70 y los 80 el grueso de los
izquierdistas eran tan anti-gringos que no querían saber nada de guitarras
eléctricas ni canciones en inglés: pura alienación proimperialista según ellos.
Así y todo, y tal como explico en un texto reciente sobre el black metal (1),
una minoría de jóvenes izquierdistas amábamos esos sonidos, y seguimos
explorando otros: progresivo, sicodelia, punk, dub, noise…De todos modos, hay
que destacar que antes de 1973 Víctor Jara alcanzó a grabar “El derecho de
vivir en paz” junto a la banda sicodélica nacional Los Blops y que artistas
como Angel Parra usaron guitarra eléctrica en algunos discos, así que los
prejuicios contra el volumen y la electricidad no los tenían todos sino que
sólo los izquierdistas más amargados.
La música japonesa de ese turbulento período que más o menos
encaja entre 1968 y 1977 la conocí recién a inicios de este siglo, tras leer un
texto de Alan Cummings en la revista The Wire donde se
explayaba en torno a esa escena de Shinjuku, y presentaba a artistas impresionantes
que no conocía, como el saxofonista Kaoru Abe y el guitarrista Masayuki
Takayanagi. De ahí en adelante estuve un buen rato dedicado a descargar discos
japoneses en soulseek.
Las luchas callejeras de los estudiantes japoneses y su agrupación Zengakuren las conocí a inicios de los noventa, por la observación casual en la TV de un curioso documental llamado “Días de Furia”, donde entremedio de varias cosas bien bizarras muestran mostraban imágenes de la lucha en Sanrizuka contra la construcción del aeropuerto de Narita en las afueras de Tokio, hacia 1970, y la violenta resistencia y represión que se generaban (2). La voz en off del conductor presentaba el dramático registro como una confrontación entre el mañana (construir un moderno aeropuerto) y el ayer (la lucha de los campesinos y estudiantes por impedirlo). Poco después di casualmente con el librito de Bernard Beráud sobre “La izquierda revolucionaria en el Japón” (edición mexicana de 1971), donde entremedio de las detalladas explicaciones sobre las tácticas de combate callejero y la evolución de los distintos grupos de la ultraizquierda japonesa me hice una clara idea del tipo de lucha antiimperialista y a la vez antiestalinista que se llevaba a cabo por allá.
2) ¿Qué te interesó particularmente de la historia en Japón
relacionada al Rock? Creo que por un lado está el choque que causaba la figura
del rockero-hippie en la sociedad nipona, era directamente una figura fuera de
la sociedad convencional. Por el otro el quiebre que tienen cuando pasan de los
60s más a-go go a una expresividad más propia.
Claro: la sola posibilidad de que existiera un “rock
japonés”, y lo mismo con el jazz, es el núcleo del problema. Porque es cierto
que al inicio se produce un fenómeno de imitación, primero con la manía que
causan las guitarras eléctricas y su imagen y sonido futurista, ya desde las
exitosas giras de los Ventures y los Shadows a inicios de los sesenta, los
imitadores de Elvis y luego de los Beatles, pero finalmente se aprecia el
surgimiento de una verdadera contracultura japonesa, con mucha fuerza desde el
68, que por un lado incorpora creativamente estas influencias occidentales
generando un material genuinamente nipón, y que al mismo tiempo estaba
profundamente ligado al movimiento estudiantil contra la guerra de Vietnam, y a
un cúmulo de luchas sociales que se dieron en Japón como parte de la revuelta
global de los sesenta. Esa misma adaptación del rock -que a su vez derivaba del
blues- a otros territorios y psicogeografías se da en varios lugares: los
alemanes con su “krautrock”, bandas francesas muy difíciles de encasillar como
Magma y Etron Fou Leloublan, o el movimiento abiertamente político del “Rock In
Opposition”, cuyas principales bandas producían formas totalmente únicas de
“rock”, muchas veces dialogando con el folclore, el avantgarde y lo que ahora
todos llaman “post-punk”.
En el caso de una de las formaciones más famosas del rock
japonés, la Flower Travellin’ Band, se canta en inglés y el vocalista había
participado en la versión nipona de la ópera rock “Hair”, pero la guitarra
eléctrica toca escalas orientales…incluso cuando están versionando a Black
Sabbath o a King Crimson. Por cierto, en el arte del interior de su primer
disco “Anywhere” (1970) se aprecia a dicho vocalista en la calle, tocando
armónica con su pinta de rockero y cabellera afro, mientras es observado con
una gran sonrisa por una señora de aspecto tradicional.
Muchos de los protagonistas del “free jazz japonés” se
preguntaban si era posible crear propiamente “jazz” en esas condiciones, o si
más bien se trataba de una creación propia, imposible de clasificar bajo los
parámetros usuales de la industria musical occidental. Para un detalle de estas
discusiones y actividades (no solo musicales) recomiendo el libro de
Teruto Soejima sobre el free jazz en Japón (disponible en inglés, pero aún no
en español).
3) ¿Cuál es la importancia de Rallizes en esta historia? En
un punto la historia de un grupo de rock que secuestra un avión en nombre del
comunismo revolucionario es la materialización de las pesadillas de los padres
gringos, el mito de un rock que altera las facultades políticas de la juventud
hecha realidad.
Difícil no enamorarse de una banda como Les Rallizes
Denudes…que con su sonido e imagen, mito y leyenda, concentran casi todo lo que
fue la revuelta global del 68 y sus “vidas posteriores” (por usar la expresión
de un interesante libro de Kristin Ross). Junto a la Flower Travellin’ Band son
tratados en mi libro como los ejemplos superiores del rock nipón. Ambas ya han
alcanzado hace rato un merecido estatus de culto, en gran medida gracias al
libro de Julian Cope sobre el Japrock (editado hace poco en español).
Y sí: hoy en día nos resulta difícil imaginar que los
rockeros hippies (o “futen” como se les llamó en Japón) fueron en efecto vistos
como un peligro enorme para el partido del orden, en el momento en que pasaron
a politizarse. Por eso la leyenda dice que la CIA tuvo que intervenir
enérgicamente para lograr desviar el movimiento hacia las drogas y el
entusiasmo por chamanes orientaloides y gurúes de la búsqueda interior.
En Japón, la afluencia de melenudos en las calles fue primero
tolerada, para pasar a ser fuertemente reprimida a contar de 1969. Sus tácticas
de “guerrilla folk”, basados en los Panteras Negras, los estudiantes radicales
alemanes y la experiencia de distintos grupos de acción y teatro callejero como
los Hi-Red Center, fueron demasiado lejos a los ojos de la clase política,
aunque curiosamente contaron con la simpatía de un “tradicionalista” como Yukio
Mishima, que incluso se atrevió a ir a discutir con los estudiantes de
ultraizquierda que mantenía tomado el campus de la Universidad de Tokio (3).
Y unos meses después del secuestro del avión Yogodo en que
participó el bajista de los Rallizes, Mishima intentó tomarse un cuartel
militar para hacer una proclama incitando un golpe de Estado tradicionalista,
fracasando en el intento y siendo decapitado ritualmente por sus acompañantes.
Creo que al escuchar cualquier disco de los Rallizes, toda
esa aura está presente, y por eso su obra es tan poderosa y sigue cautivando
hasta el día de hoy. Parafraseando las últimas clases del malogrado Mark
Fisher, seguimos cautivados por las formas culturales de esa época por “los
deseos no realizados que eran inherentes a esas formas y a los que esas formas
todavía les hablan”.
4) ¿Y cuál la importancia del free-jazz? Siento que está
unido a la música de rock experimental en la historia pero que fueron
movimientos que no siempre se cruzaron, más allá de los paralelos entre la
deconstrucción del jazz y del rock.
Acaba de salir un libro del argentino Mariano Peyrou sobre el
free jazz, al que califica como “la música más negra del mundo”. En esa
perspectiva el free jazz, que considero una auténtica revolución cultural del
siglo XX, aparece como indisociable de la experiencia de vida de los
afroamericanos en Estados Unidos. Pero tal como el rock terminó siendo un
lenguaje universal, el movimiento del jazz libre también se fue adaptando a
distintos contextos que a la vez que lo alejan de su origen afroamericano, enriquecen
esa tradición al hacerla dialogar con otros elementos, tal como ya era posible
apreciar en la música libre hecha en Inglaterra por gente como John Stevens y
Derek Bailey, en Alemania por Peter Brötzmann, y en Japón por una considerable
cantidad de artistas que supieron usar y desarrollar este idioma musical.
Sobre la ligazón (o falta de ligazón) con el rock, diría dos
cosas. Primero, que muchas de las bandas que llevaron el rock a sus límites en
esa época estaban acusando recibo de la poderosa influencia de la obra de
Coltrane, Taylor, Coleman y Ayler: es notorio en los casos de MC5, los Stooges
y Velvet Underground, pero -curiosamente, ¿o no tanto’- esta es algo que no
suele mencionarse al hablar de las influencias directas del punk. Y en segundo
lugar, sólo agregaría que en el caso del guitarrista Masayuki Takayanagi -un
conocido guitarrista que practicaba formas más tradicionales de jazz e incluso
bossa nova- fue el encuentro con el ruidoso y expresivo feedback de
Terry Kath en “Free Form Guitar” (pieza de 6 minutos 50 segundos incluida en el
álbum debut de Chicago Transit Authority de 1969: ¡la muy exitosa banda de
Peter Cetera!) lo que lo llevó a radicalizar su estilo abrazando la forma tan
peculiar y radical de free jazz/noise que pasó a materializar con su New
Direction Unit. Así que en base a todo eso, siempre he creído que el jazz y
el rock deben seguir cruzándose, aunque no en la horrible versión “fusionera”
de los setenta, un pastiche con que la industria lucra bastante, sino que
uniéndolos en torno a la gran marea de “ruido horrible” en que ambos son
capaces de surfear.
5) ¿Hay una continuidad de esta historia en la actualidad?
¿Encontraste historias de grupos de otros lugares que se asemejaran a las
historias de los grupos en Barricadas a go-go?
No mucho en verdad. O sea, en relación a ese período de
tiempo (68-77) creo que la vinculación entre subversión política y estética sí
existía, era propia de la contracultura, y no ha sido muy estudiada. Muchos de
sus mejores productos apenas los hemos conocido o quizás no dejaron artefacto
alguno tras de sí. Pero hablando desde la actualidad, me temo que los dos
planos se han vuelto a separar: los artistas se creen artistas que a veces
opinan de política o apoyan determinadas causas, y los subversivos políticos
parecen poco interesados en el arte en sí mismo. Veo poca conciencia de que,
como decía el poeta Maiakovsky, el arte revolucionario requiere formas
revolucionarias. Por dar un ejemplo, durante la revuelta chilena del 2019 había
muchas expresiones de arte callejero. Con unos amigos, incluyendo a dos músicos
libres mexicanos, fuimos a la calle con saxofones, trompeta y otros
instrumentos acompañando un hermosos viernes de diciembre los enfrentamientos
como “Primera Línea Arkestra” (4). Poco después se organizó la
“Barricada sonora” (5), que se repetía todos los viernes en el centro
de Santiago, pero la convocatoria ya hablaba de “músicos que hablen el lenguaje
de la improvisación” (yo participé al inicio, aunque no me considero “músico”),
y la última vez que los vi (a inicios del 2020) iban tocando mientras marchaban
hacia el Museo de Arte Contemporáneo…¡Y no precisamente para prenderle fuego!
Después se vino la pandemia…
6) ¿Que parte del proceso de escribir el libro te causó más
dificultad?
Aunque parezca paradójico, lo que más me costó fue escribir
sobre los aspectos musicales. No es fácil, y a veces creo que es más difícil
referirse a lo que te gusta, que escribir criticando lo que te disgusta (un
problema que dicen que también sufría el gran Lester Bangs). Recuerdo que
cuando creía que el texto ya estaba listo se lo envié a un buen amigo amante (y
practicante) del noise, que tras leerlo me hizo ver que casi dos tercios del
contenido se referían al contexto sociopolítico…Así que me vi forzado a
trabajar un poco más la cuestión estrictamente musical, que se supone era el
foco de la investigación. Creo que por eso el final queda un poco abrupto, y
hasta anuncia una posible parte dos, en la que recién ahora estoy trabajando.
7) Aún no tengo en mis manos la edición mexicana del libro,
¿Qué es lo que agregaste respecto a las otras ediciones?
¡Debieras conseguirla! Acá en Chile ya se agotó, y hubo que hacer una reimpresión. Diría que esta es la edición definitiva, pues además de correcciones formales del texto original del 2017 se agregaron dos nuevas presentaciones: la de la editorial, que profundiza en aspectos culturales de la relación oriente/occidente, y la mía, donde entre otras cosas refiero el origen de esta combativa construcción que llamamos barricada, y la manera en que se expandieron una vez más por Chile y el mundo en las revueltas del 2019, antes de la pandemia y la tempestad reaccionaria y neofascista que vemos ahora.
Además, esta edición trae una hermosa portada, 12 fotografías
cuidadosamente seleccionadas que cubren desde las protestas callejeras hasta
los principales héroes musicales de esta historia, y un listado de libros,
discos y películas sobre el 68 japonés y su escena musical.
NOTAS:
[1] https://carcaj.cl/el-mundo-que-enterramos-una-mirada-anticapitalista-al-black-metal/
[2] Un fragmento del documental
puede ser visto en Youtube bajo el título de “Siege of the Red Fort!”.
[3] El registro fílmico se creía
perdido, pero apareció y fue editado hace poco como “Mishima: The Last Debate”.
[4] Acá se puede
escuchar un breve fragmento: https://templosagital.bandcamp.com/track/primera-l-nea-arkestra-ataque-sonoro-2-contra-las-fuerzas-especiales-de-carabineros
[5] https://rkrause.cl/web/?page_id=5808
Etiquetas: 68, 77, Chantiago, Japo, psicogeografía
jueves, junio 20, 2024
Reporte, Tur, Invierno y Lanzamiento
En lo que va de este terrible año 2024, tenemos
en este haber la cuarta edición (ampliada) de Barricadas a go-go, publicada por
primera vez en el 2017, y en esta ocasión lanzada casi simultáneamente en Santiago, Ciudad de México
y Barcelona. Gracias a todxs por todo eso: Banzai, 2&3 Dorm, Archivo
Situacionista Hispano, a los comentaristas acá y allá y especialmente a quienes
acompañaron con su arte sonoro los eventos mexicanos. Aún quedan un par de
lanzamientos pendientes: avisaremos a tiempo.
(el manuscrito se interrumpe aquí)...
Durante fines de abril de inicios de mayo hubo
lanzamientos en Argentina: 1-2-3-4 (edición 2023) se lanzó en la galería Masao,
junto a dos libros más editados por Tren en Movimiento: Canción del cardumen
rancio Vol. II (Ilustraciones de Tomás Spicolli), y Banco de imágenes (poemas
de Gastón Carrasco y collages de Caro Lagos). Hubo dub e improvisaciones en
vivo, harta cerveza y poquita canabis. Después, varixs nos fuimos a una
excelente pizzería que aún estaba funcionando en la madrugada de martes/miércoles.
Un poema de Carrasco me llamó inmediatamente la
atención, logrando que se me erizara la piel recordando los días de revuelta en
Santiago hace menos de cinco años y que tan lejanos me parecen ahora:
La fotografía como documento social
La imagen cobra vida, la vida
te la cobra. Asciende una columna de humo que parte en dos el horizonte. Un
hombre pintado de selk’nam pasa frente a nosotros. Esquivo el daño, a
centímetros, más de las veces que quisiera. El ojo es un animal que salta en las
imágenes para cruzar el río de luz. Una molotov revienta en la mano en el peor
momento. Intento armar un mapa de guerra de imágenes. Hace días que no busco hacer fotografías, la
realidad me esquiva. Respiro y reconozco el espacio que cambia día a día. Hay
pegatinas de ángeles barrocos con frases contra el gobierno. Una chica se
mancha las manos con tinta negra pintando un stencil. El arte de prender y
fotografiar el fuego, ritual y barricada, humareda y aire enrarecido. Banderas
rojinegras. El paisaje urbano como trinchera. Un encapuchado lleva en el pecho
un tatuaje de Malcolm X. En el parque Forestal una banda toca en vivo covers de
Rage Against The Machine. Un prócer, irreconocible, está envuelto en plástico
alusa. En el parque Forestal un trío de chicas, megáfono en boca, toca “Viva la
Revolution” de los Adicts. Las camillas con heridos cruzan la escena como en
las películas de guerra. La piel arde. La garganta y los ojos se cierran. Nos
desplazamos como animales ciegos movidos por el instinto. El odio brota de manera orgánica en el cuerpo.
Los láseres se extienden como enredaderas hacia el cielo. Reconozco a alguien
por los ojos, escondida en una kufiya, como guerrera kurda. La miré aturdido
mientras ella tomaba del brazo a su compañero en dirección contraria a la
represión. Los piquetes se tomaron el espacio como hormigas o chaquetas
amarillas un trozo de carne. Grupos de diez o doce caínes. En un segundo todos
apuntaron sus armas, láseres, cámaras. La imagen queda en suspenso.
La religión de la muerte en versión de Lazo
ediciones se lanzó el jueves 2 de mayo en Biblioteca La Caldera, y el sábado 4
en la Biblioteca Ghiraldo de la ciudad de Rosario. De esta última circula el audio por ahí.
Regresando a Santiago, hice un set solista bajo
la denominación de JC Anti Ensamble en una tocata en que además estuvo mi viejo
amigo Luciérnaga, poco después con el amigo Rodrigo Karmy hicimos un
conversatorio sobre “Sionismo y fascismo” en el acampe de la casa central de la
Universidad de Chile.
El próximo lanzamiento de Barricadas a go-go será
el viernes 28 de junio en Esqueleto libros. Comentan: Cristóbal Durán y Marisol
García. Apenas tenga el afiche lo comparto.
YA: acá está toda la información sobre el lanzamiento de este viernes.
Denle likes, promocionen, vayan, lleven amigos/amigas/amantes.
Hace frío: así que lleve vino también (repartiremos un poco pero mejor que sobre).
Etiquetas: Argentina, Chantiago, fascistología, free chant, Japo, psicogeografía







