miércoles, febrero 04, 2026
ADORACIÓN DE THIN LIZZY (1970-1983)
Llevaba varios meses queriendo escribir una apología absoluta
de Thin Lizzy, por considerar que fue la última gran banda de rock and roll, con un claro origen proletario, y
porque a pesar de la fama que logró alcanzar hacia fines de los 70, sus
aventuras y legado parecen haber sido olvidados en un mundo que celebra a
bandas de mierda como Oasis, Coldplay o Green Day.
En mi caso, durante años tuve un solo disco de Lizzy: el clasicazo
indiscutido que es Jailbreak, de 1976. Pero lo veía básicamente como un
excelente disco de rock pesado. En los últimos años de Liceo (1986/7) había
escuchado el Renegade (de 1981), del cual por alguna razón sólo
recordaba la canción “Mexican blood”, con sus latinismos un poco ingenuos pero
efectivos. Un par de años atrás agregué a mi colección el doble en vivo Live
and Dangerous (1978), considerado por muchos uno de los mejores álbums de
rock en vivo, pero que al parecer tiene el mismo problema que el Unleashed
in the East que por esos mismos años pretendía mostrar a Judas Priest desatándose
en vivo en Japón: demasiados retoques que impedirían considerarlos en rigor
como registros en vivo. Pero qué importa: ¿quien es uno para criticar a estas
máquinas rockeras por tener que enchular un poquito las grabaciones en vivo?.
No todo es Free Improv o prog rock, y en el heavy metal y otros estilos del
rock es perfectamente válida y deseable la fantasía.
Como sea, fue cuando me traje a casa el Fighting de
1975 cuando me empecé a dar cuenta del verdadero poder y belleza de la banda.
En especial por la canción “Wild one”, que contiene tanto belleza poética en la
letra e interpretación vocal, como una de las primeras y mejores exhibiciones
de la técnica de la “twin guitar”, que ya había sido explorada por los Allman
Brothers en EEUU, pero que a mi juicio nadie llevó a mayor perfección expresiva
que Thin Lizzy a contar de este disco. En palabras sencillas, la twin guitar
consiste en que en vez de haber una separación clara entre una guitarra rítmica
y una guitarra solista, ambos roles se van intercalando y además, por sobre
todo, en la práctica del solo simultáneo, donde hay una cierta diferencia o
intervalo que genera un efecto a la vez melódico y armónico. “Wild One” en ese
disco, y “Waiting for an Alibi” en el tremendo álbum Black Rose de 1979 son dos de los mejores ejemplos de esta técnica, según yo. Con el agregado nada
menor de que en Black Rose se había incorporado establemente por un tiempo a la
banda el viejo amigo Gary Moore (aludido en algunas canciones como Romeo):
tremendo guitarrista que en estas canciones muestra una veta bastante fiera,
que sería difícil de creer para quienes lo conocen únicamente por su megahit multimillonario
“Still got the blues”.
Llegado a ese punto, me dediqué lento pero seguro a conseguir
y apreciar TODA la discografía de Thin Lizzy, que consiste en 12 albums de
estudio (de 1971 a 1983), dos dobles en vivo, y un sinfín de compilados.
Emilio de Gorgot, hizo una detallada revisión de todos los discos
en la página Jot Down, identificando 40 canciones favoritas que además metió a
un playlist en Spotify (¡Lo sé! Todos odian a Spotifuck y dan buenos argumentos
para boicotear dicha plataforma).
Considerando que esa pega ya está hecha, me concentraré en
una revisión más breve de la gloriosa, bella, inusual e inmortal obra de Thin
Lizzy, la mejor banda del mundo en este momento.
1970-1973: Los duros inicios y el lento despegue de la banda
como power trio
En el caso de Thin Lizzy, el trío conformado por el
guitarrista Eric Bell, Phil Lynott en bajo y voz, más Brian Downey en batería,
creo que siempre existió un elemento específicamente irlandés y
callejero/pendenciero en su sonido, desde el primer al último disco de su trayectoria
de 13 años. Ese sonido que logran los diferencia del montón de imitadores que
abundaron a partir de entonces, y por algo fue que un oído generoso y atento
como el de John Peel los apoyó desde el primer momento con apariciones en su
programa de radio en la BBC.
El nombre de la banda fue propuesto por el colorín Bell,
inspirado en el comic Tin Lizzie, aparentemente sobre una mujer robot. A
pesar de que el nombre fue considerado malo por los otros dos, se quedó. Por suerte,
porque siempre me ha parecido bueno y un poco misterioso.
Para mi sorpresa, los fans promedio de Lizzy desprecian
considerablemente los 3 discos de larga duración que dejó esta primera época. Me
he fijado que en Youtube hay varios videos donde distintos fanáticos se dedican
a ordenar de peor a mejor los albums de la banda, y por lo general ponen los 3
primeros LPs como sus menos favoritos, argumentando cosas como que esa
formación con Bell “no era todavía propiamente Thin Lizzy”, o que “todavía
estaban mirando a los sesenta y no a los setenta”, o cosas por el estilo.
A mí, por el contrario, esos 3 discos me gustan harto. El
primero, Thin Lizzy (de 1971, mi año de nacimiento, y que conseguí hace
poco a 5 lucas en una edición Decca japonesa en CD en la Disquería 54 del galpón Victor
Manuel en el Persa Biobío. Lo interesante es que andaba justo en búsqueda de
ese disco en particular, y ahí me estaba esperando para que me lo trajera a
casa) parte con el tema “The friendly ranger at Clontarf castle”, en que hay un
relato recitado con un tipo de poesía entre mística e ingenua pero no
desprovista de humor, que me recuerda vagamente al Odgens´Nut Gone Flake
de los Small Faces, o incluso al Marc Bolan de Tyrannosaurus Rex (y recordé que
una vez hace más de un cuarto de siglo me dirigí al mismo Galpón del mismo
Persa confiando en que el destino pondría en mis manos algo de Bolan/T.Rex, ¡y
así fue!). Las 14 canciones de este álbum debut expresan un lenguaje musical de
blues rock pero específicamente irlandés, que me hacen pensar que si la música
del señor Van Morrison ha sido catalogada de Celtic blues, Thin Lizzy es desde
el primer momento un caso bastante único de celtic rock (no confundir con Celtic
Frost, y pido disculpas por el chiste tan malo pero que me da tanta risa). En
todo caso, si es por hacer el vínculo black metal, debo señalar que el último
tema “Things ain´t working out down at the farm” (Las cosas no están
funcionando en la granja), que junto a “Look what the wind blew in” (Mira lo
que el viento sopló) fue incluido en las primeras sesiones de la BBC dedicadas
a Lizzy, fue también incluido en uno de los numerosos programas de radio del
bueno de Fenriz (Darkthrone, Isengard, Storm, etc.).
Así que es más que raro que un verdadero fan de Lizzy desprecie
este disco, hecho en un glorioso año en que llegaron tantas cosas buenas a este
mundo.
1972 trajo el segundo álbum, titulado Shades of a Blue
Orphanage (Sombras de un orfanato azul, aunque acá “blue” es más “triste”
que azul), también en Decca. La colección de 7 canciones acá es más etérea e
incluso experimental que el debut, con canciones largas, percusivas y bastante atípicas,
con nombres como “The rise and dear demise of the funky nomadic tribes”. Me
cuesta creer que algunos pelmazos no aprecian la originalidad y belleza de este
material, que sólo era posible en 1972, es decir, cuatro años después de la
revuelta global de 1968 y un año antes de la gran contrarrevolución mundial
neoliberal. Mi edición en CD viene engrosada por 9 canciones más, incluyendo el
curioso single en cuyo lado A venía “Black boys in the corner”, pero traía el primer
gran hit de la banda en el lado B: su hermosa versión del tema tradicional
irlandés “Whiskey in the jar”, la historia de un bandolero borracho traicionado
por su mujer, con una memorable línea de guitarra y la destacable
interpretación vocal del mulato Phil, la última gran estrella del rock and
roll.
Pese a que la canción estuvo varias semanas en los rankings,
el álbum no vendió ni mierda, y los miembros de la banda tuvieron que ganarse
los morlacos haciendo un álbum tributo a Deep Purple, bajo el nombre de Funky
Junction. El resultado es bien curioso, y está en Youtube. El problema es
que apenas puedo disfrutar las canciones de Deep Purple.
En 1973 realizan otro gran fracaso musical para Decca records,
el álbum Vagabonds of the Western World, tal vez mi más apreciado dentro
de esta verdadera trilogía del fracaso. El sonido es un poco más pesado, como
en la clásica “The rocker” o “Gonna creep up on you”, pero al mismo tiempo hay
hermosas baladas y un delicado uso de melodías vocales, como en “Little girl in Bloom”. Mi CD también incluye el single Whisky/Black boys, pero ya estoy medio confundido en relación a cual
era el listado de canciones original. No me importa. Con sus 57:19 de música,
este álbum me parece casi perfecto.
1974-1977: Thin Lizzy como cuarteto y, finalmente, el más
que merecido éxito
En 1974 aparece en Phonogram el álbum Nightlife, que
marca una evolución importantísima: a partir de ahí y hasta el final la banda
será un cuarteto, con dos guitarras. La salida de Bell es suplida por el ataque
dual de Scott Gorham y Brian “Robbo” Robertson. Mientras Gorham -un sonriente californiano
de pelo largo y liso que había llegado al viejo continente huyendo de la
adicción a la heroína- permanece hasta el fin, después de Robbo, que llega a
Lizzy con 17 años de edad y un carácter bastante fogoso, pasan al menos tres
acompañantes más, como veremos más adelante.
Lo llamativo es que el álbum Vida Nocturna no se caracteriza
por la pesadez ni por solos en estilo twin guitar. Por el contrario, es uno de
los álbums más suaves de Thin Lizzy. Con la excepción de “Sha-La-La”, que
algunos han calificado de proto-speed metal, el estilo de esta colección de canciones
es algo así como un tipo de soul, pero con instrumentación rockera. De hecho,
en temas como el propio “Night Life”, “Frankie Carroll” y “Dear heart”
hay una orquesta que matiza y suaviza aún más el resultado, que a mi me parece totalmente
encantador. Coincido con Stephen Thomas Erlewine que en allmusic dice que lo de
“vida nocturna” no se refiere a carretear de noche por las calles o bares de la
ciudad, a pesar de la portada en que se ve a una pantera negra que se parece mucho
a mi gato Albert Panterito acechando los edificios y autopistas de la gran
ciudad, sino que más bien a un momento nocturno íntimo, sea en solitario o en
pareja, porque “tiene momentos ideales para la contemplación y/o la seducción”.
O como dijo Leonard Cohen en la isla de Wight anunciando ya no recuerdo que
canción de su maravilloso álbum debut: “esta es música para hacer el amor”. Y
sí: no es por cursilería que acá cabe decir “hacer el amor” en vez de “culear”.
En fin, este disco está lleno de grandes canciones desde el
inicio con “She knows” y una impecable alternancia de solos de guitarra, la
balada “Still in love with you”, donde aparece de invitado el amigo Gary “Romeo”
Moore haciendo un solo, el hermoso homenaje a la madre de Philip, “Philomena”, el
rock pesado muscular pero para nada rápido de “It´s only money”, la suavidad sensual
y pegajosa de “Showdown”, o el delicado y breve folk blues instrumental de “Banshee”,
que anticipan de algún modo el rumbo de lo que estaba por venir.
Pero Vida Nocturna fue un nuevo gran fracaso comercial. Emilio
de Gorgot dice que este disco se grabó con apuro, y por eso hay bastante material
de relleno. Puede ser, aunque mi fanatismo por Thin Lizzy es tan grande que me
gustan todas sus canciones y no me atrevería a hablar de relleno. O mejor: si
este es material de relleno, es mucho mejor que 1000 discos de rock hechos
después de 1983.
Luego de esto ya estamos en 1975, y la misma formación de
Lizzy como cuarteto entrega el enorme album llamado Fighting. Ya la
portada es notable: los cuatro muchachos visten jeans y poleras, Robbo y Phil
muestran el torso semidesnudo, y Brian va enfundado en su chaqueta. Están
parados en una especie de callejón, y Phil sostiene un garrote con las dos
manos por sobre su cabeza. Un año antes del primer Ramones, dan una lección inolvidable
de estética street punk, la que se refuerza con la foto de contratapa, en que
están todos con chaquetas negras apoyados sobre un muro de ladrillos, y Robbo
sostiene una cadena en sus manos. En el
folleto del CD dicen que Phil estaba encantado con la sensación estridente del
disco: “estaba predicando la anarquía”. Aunque en retrospectiva se arrepentía
un poco de las fotos: “nos veíamos demasiado punky, demasiado tontitos. No me
importa ser punky, pero punk y tonto ya es demasiado”.
Perdonen que hasta acá sólo me haya centrado en la visual de
la banda, pero todos sabemos que en el rock las portadas importan tanto como la
música y los textos (de las canciones y del folleto mismo del LP, caset o CD).
Y como le dije el otro día a mi sobrino más pequeño -a sus 9 años, un gran fan
de Black Sabbath, The Clash y The Ex: “¡Recuerda!¡Lo más importante son las poleras!”, a
lo que el niño respondió: “¡Sí, y las chapitas!”.
El caso es que durante una gira por Estados Unidos -lugar
donde TL fue varias veces pero en general les pasaron puras desgracias- compartieron
escenario con el gran Bob Seger, y así fue como decidieron iniciar el álbum Peleando
con un cover de su canción “Rosalie”. Como
detalle curioso debo señalar que Víctor Jara también grabó lo que creyó ser una
versión de Seger, con “Las casitas del barrio alto”. Así lo anuncia Jara en un
disco en vivo que tengo por ahí. El problema es que en verdad la canción fue
grabada y popularizada por Seger en 1963 como “Little Boxes”, pero era una
canción de su amiga Malvina Reynolds (por cierto, usada como canción de la
serie Weeds).
Es raro iniciar un álbum con un cover, según De Gorgot la
causa de esa decisión fue la inseguridad alcanzada tras cuatro grandes fracasos
en ventas. Pero lo cierto es que “Rosalie” le da un toque bien rockero, alegre
y proletario. Y a partir de ahí se suceden 9 canciones más, que funcionan muy
bien en sí mismas y como un puente hacia el más clásico material de Thin Lizzy
que se hizo en los meses posteriores. El
segundo tema es “For those who love to live”, otra historia de un fugitivo, en
esta ocasión se trataría de un patas negras, atrapado y colgado por sus pecados.
El trabajo de las guitarras comienza a ser realmente notable, logrando una
belleza y perfección bastante inusual en medio de un mar de bandas pencas que
han poblado y arruinado el rock desde los 70.
No se sorprenderán si les cuento que el quinto álbum de Lizzy
fue el quinto fracaso comercial de la banda, que para ese entonces publicaba en
Vertigo, filial de Phonogram records.
Una lástima porque pocas veces en el rock uno se topa con
materiales tan preciosos como la ya referida “Wild One”, con una exhibición de maestría
en la twin guitar, y cuya letra podría hacerlos llorar si la escuchan luego de
ser abandonados por un ser amado con cuyo regreso al hogar sueñan aun sabiendo
que jamás ocurrirá, o “Suicide”, “Freedom song”...Hay temas más introspectivos
como “Fighting my way back”, y el rock pesado se asoma de nuevo al final con “Ballad of a hard man”, pero no sé…la verdad es que todo el disco es tan excelente que
no me gustaría perder más tiempo tratando de describir sus canciones por
separado. Y no lo había pensado antes, pero a pesar de que hay temas bien pesados,
el disco es un poquitín introspectivo y hasta algo depresivo. Pero de esos que
si escuchas varias veces durante un bajón anímico, terminan por sacarte de ahí
en algún momento indeterminado.
1976, el año en que entré a primero básico y aprendí a leer,
nos brindó el impresionante Jailbreak, imposible de sobrevalorar. Desde
el inicio con el tema homónimo y sus tres acordes básicos pero vitales, el
sexto álbum de Lizzy es finalmente el que les da la más que merecida fama y los lanza
al estrellato por varios años más. Mucha pobre gente sólo ha escuchado “Boys are back in town”, que es gloriosa y hasta fue elogiada por sesudos críticos
como Greil Marcus. Pero la magistralidad de este artefacto hace necesario
recomendarlo a cada sujeto medianamente interesado en “esa forma de arte degenerado
que es el rock” (Lester Bangs dixit, en el folleto de un disco de los Mekons).
Como no tengo palabras (no tengo cannabis hace semanas y recién
me estoy sirviendo la primera copa de vino espumante de este caluroso día), los
dejo con las de Emilio:
“Este álbum puede ser considerado ya sin ningún tipo de
tapujos como una auténtica obra maestra. Repentinamente dan un salto
cualitativo de gigantes y llegan casi al pináculo de lo que puede hacerse en su
estilo. Combinan melodías y potencia mejor que nunca, y lo hacen tan bien o
mejor que cualquier otra banda guitarrera de ese mismo momento. Las canciones
de Lynott son ahora mucho más inspiradas y sus letras rayan la perfección. Todo
suena en su sitio, y lo que es más importante, cuando escuchamos los cortes por
separado son casi invariablemente memorables, todos ellos, uno por uno. La
mini-ópera rock Jailbreak supone la explosión de la «era
clásica» de Thin Lizzy, en la que grabaron una buena parte de sus mejores
canciones. El talento de Phil Lynott estalla y deja atónitos incluso a quienes
ya le conocían bien de la escena musical británica. No hay una sola canción de
relleno. No hay un fragmento de música que no merezca la pena. Ya no suenan a
lo que hacen otros, ahora suenan únicamente a ellos mismos y para colmo ese
sonido es instantáneamente reconocible”.
En fin: disco de oro en Inglaterra y Estados Unidos. Empiezan
a comparar a Lynott como letrista con Springsteen, lo cual le mosquea un poco
porque a pesar de que respeta al Jefe como artista (¿Quién no? Ah: Donald
Trump), su verdadera inspiración era Van Morrison.
Y Emilio tiene razón: en este disco cada canción es una obra
maestra en sí misma. Pero la que lejos más me emociona de todas es “Romeo y la chica solitaria”, que relata la triste historia de Romeo (Gary Moore) quien le
dice a su novia que va a tener que dejarla (¿por ir de gira? No lo sé), y la
chica se enamora inmediatamente de otro tipo. Pobre Romeo: “Never judge lovers
by good looking covers”, que sería algo así como que no hay que juzgar a los
amantes por las apariencias, algo en lo que desde Casanova hasta yo mismo
estamos totalmente de acuerdo. El solo de guitarra de Scott Gorham en esta joya
de canción es algo que no se puede explicar: lirismo, técnica, concisión,
elegancia…todo ahí. Uno de los mejores solos de guitarra eléctrica de la historia,
más en sintonía con el mejor folk/jazz que con las explosiones fálicas del rock
pichulero a lo Zeppelin/Grand Funk.
Pero la perfección no es sólo musical: Phil ya domina a la perfección el arte de contar en sus letras conmovedoras historias de antihéroes proletarios, al punto que se dice que el mismísimo Bob Dylan declaró que "el tipo es un genio". Con razón la descripçión resumida de Thin Lizzy en allmusic.com destaca la combinación del "rugido de la twin guitar con la poesía de clase obrera de Phil Lynott".
El año 76 es tan activo para Lizzy que antes que casi de
inmediato sueltan el LP Johnny the fox, obra maestra que esta al nivel
de la anterior, al punto que recuerdo haber leído a alguno de ellos diciendo
que bien podrían haber hecho un álbum doble. ¡Me lo imagino! Hubiera sido
grandioso, porque JTF no imita a JB, sino que construye a partir de ahí hacia
otros territorios sonoros, por ejemplo con algo de funk y soul en el tema
homónimo. Alguna vez leí también que ese álbum y en particular la canción “Johnny the Fox meets Jimmy the Weed” fueron sampleados muchas veces por artistas del
hip hop en los 80. Otra de las joyas de
este disco es “Fools gold” (El oro de los tontos), que sentimentalmente suena
un poco como “Wild One”, pero acá se cuenta una historia de los pobres irlandeses
que se vieron forzados a navegar las aguas del mar en busca de mejor suerte en
el Nuevo Mundo, o sea, una versión TL del mismo tema que desarrollan
magistralmente los Pogues en “Thousands are sailing” (una de sus mejores
canciones, de entre la larga lista de himnos que nos dejó MacGowan y sus
muchachos).
Para rematar una verdadera era dorada, llega el glorioso año
de 1977 y la mejor banda de rock del mundo nos obsequia Bad Reputation,
una colección de 9 canciones perfectas, con un sonido bastante característico
aportado por la producción de Tony Visconti (colaborador de Bolan y Bowie). No
sé como habrán recibido este disco los punk rockers del 77, porque en esos
mismos años yo estaba muy ocupado disfrutando a Boney M y Village People, pero Thin
Lizzy casi en pleno más algunos miembros de los Sex Pistols formaron la super banda
The Greedies, que en 1978 hizo un single navideño apoyado por John Peel desde
la radio y con algunas apariciones televisivas que pueden rastrear en la web.
Excelente, pues esto demuestra mi teoría de que bandas como T. Rex. Motorhead y
Thin Lizzy son precursoras tanto del punk como del metal, pues en definitiva es
ni más ni menos que Maximum Rock and Roll.
En Mala Reputación destacaría la hermosa canción “Southbound”,
acerca del agotamiento de la fiebre del oro en el Nuevo Continente, y por sobre
todo la maravilla que es “Dancing in the moonlight”, cuyo adolescente protagonista
camina feliz bajo la luz de la luna después de encuentros furtivos con su
amante, teniendo que mentir a sus padres diciendo que se quedó a dormir donde
amigos. En el folleto del CD explican acertadamente que esta canción es una especie
de tributo a “Moondance” de Van Morrison, con algo del drama del amor por una
mujer mayor que expresa el gran Rod Stewart en “Maggy May” (que según mi amigo
Conselheiro fue versionada por los Pogues, los que por cierto también tienen su
propia versión de “Whiskey en un jarro”).
Este álbum llegó al cuarto lugar del ranking británico.
Como detalle curioso, en esta portada no sale Robbo, pues el pastelazo
se vio involucrado en una pelea de bar donde le rompieron los tendones con
vidrio, debiendo ser reemplazado por Moore para una gira teloneando a Queen. Se
dice que Robbo estuvo a punto de perder su puesto en la banda, pero finalmente
participó de la grabación del disco, mientras Moore se alejó para centrarse en otros
proyectos.
1978-1983: Mala reputación, decadencia, repunte y el colapso
final
Después de Bad Reputation, vino el histórico doble álbum
en vivo Live and Dangerous, que debe ser el disco más famoso de Lizzy,
con su tremenda portada en que se aprecia a Phil cantando con su bajo mientras
mantiene las rodillas al nivel del suelo y -por qué no decirlo- destaca su
entrepierna enfundada en un pantalón de cuero brillante. A los costados y en
segundo plano apreciamos a Robbo y Gorham con sus guitarras. Mientras me sirvo
una segunda copa, veo en el folleto que el material fue tomado de la gira de Johnny
the Fox en 1976 y de Bad Reputation en 1977. Las 17 canciones (al menos en la versión CD) están tomadas principalmente de ambos discos, con
alguna presencia de canciones más antiguas como “Suicide”, “Sha La La” y el
cierre con “The rocker”.
Antes del siguiente disco, Black Rose, de 1979, Robbo
definitivamente se va de la banda tras un concierto en España durante una
caótica gira. Por eso es que la Rosa Negra es el único álbum de Lizzy en que
Gary Moore es un miembro estable, que además del guitarrismo aporta con coros
que enlazan perfectamente con la voz de Phil.
Tal vez este cambio de dinámica es lo que genera un disco
bastante variado estilísticamente, con un primer tema “Do anything you want to” con
presencia de timbales y un sonido que por alguna razón me recuerda a la heroína
del glam que fue Suzi Quatro. Luego sigue “Toughest Street in town”, donde los
muchachos recuerdan sus duros orígenes callejeros y Moore se despacha un solo realmente
memorable, mientras los coros tienen algo que ya hubieran querido para sí
bandas oi! como Cocksparrer o los Cockney Rejects.
“Waiting for an Alibi” es otra lumpen historia, en esta
ocasión la de Valentino, un apostador compulsivo, y se beneficia de los mejores
solos de guitarra que recuerde, incluso en un escalafón superior a los de “Wild
One” y “Romeo and the lonely girl”. En “S&M” Phil declara sobre una estructura casi funk su amor a una
prostituta en un motel barato. Después homenajea a su hija recién nacida en “Sarah”,
y acto seguido promete abandonar las
drogas duras y el copete en “Got to give it up”. Por supuesto que no lo logró…Después
viene un tema cuyas secuencias de acordes siempre me han parecido un poco
clashianas: “ Get out of here”, a la que sucede la infaltable balada en “With
love”, que da paso al grand finale: “Roisin Dubh (Black Rose) a rock legend”,
con sus 7:06 de perfección folk rock.
La Rosa Negra llegó al número 2 del ranking británico…superado
solamente por…ABBA. Emilio dice que es la segunda gran obra maestra de la
banda, y que cuesta decidirse entre ella y Jailbreak.
Y tal vez hasta aquí llega la fase ascendente de Thin Lizzy.
Moore se fue después de este disco, y fue reemplazado por una opción más que
polémica: Scotty White, guitarrista de sesión y en vivo de…Pink Floyd…O sea, amo
a Pink Floyd con Syd Barrett, pero en los 70 la banda ya era una divina mierda,
y la opción de meter a Scotty en Lizzy nunca fue tan buena idea (mientras Moore
hacía carrera solista y Robbo se incorporó brevemente a Motorhead para grabar
el excelente Another perfect day).
Pero bueno: con White y todo, Lizzy seguía siendo Lizzy, y
suministró dos albums que están lejos de los mayores momentos de mayor gloria
pero también bastante lejos de ser discos derechamente malos. Me refiero a Chinatown
(1980) y Renegade (1981). Ambos son discos muy irregulares, pero así y
todo es puro Thin Lizzy, aunque se sabe que para la época del Renegado
había una cierta confusión de temas con los que estaba haciendo Phil para un
disco solista.
Chinatown parte con “We Will be strong” (Seremos fuertes),
una canción que denota cierto cansancio existencial, pero luego “Barrio chino”
y “Sweetheart” suben el nivel, con un sonido que es propio de la banda pero en
que se nota que ya hemos llegado a los 80. “Killer on the loose” es la más
popular del disco, rememorando las andanzas de Jack el Destripador.
Renegade ha sido casi unánimemente considerado como el peor disco de la banda. A mi me gusta bastante, desde el heavy metal
de “Angel of Death” a la canción que da título al disco, pasando por la gran
canción que es “Hollywood (Down on your luck)”, la bastante influenciada por ZZ
Top “Leave this town”, “Fats”, la ya referida “Mexican blood”, que cuenta una
trágica historia de amor, y el final bastante dramático de “It´s getting
dangerous”. De hecho, me encanta esa última canción, y por algún tiempo creía
que había sido la despedida de Thin Lizzy (como les he contado antes, escuché
este álbum en 1986, y en ese momento no sabía que hubo un álbum más después del
Renegado). No es un disco redondo, eso está claro. Pero me parece mejor
que Chinatown y lo escucho bastante. Por ahí leí a alguien que criticaba que la
canción “Renegade” se daba muchas vueltas sin llegar a ninguna parte. Pues
bien: esa es la gracia de este manifiesto, según se dice inspirado por la
visión que en un momento de la gira por Estados Unidos tuvo Phil, de un
motorista que pasó al lado del bus en la carretera, y que tenia dos grandes
parches en la espalda: Thin Lizzy y Motorhead. A mi juicio, cuando escucho
hablar del muchacho que había renegado de todo y sólo era un rey en la
carretera, Phil está hablando de sí mismo. La canción suena distinta al estilo
usual de Lizzy, y me atrevería a decir que me recuerda a…Dire Straits. Pero cuando
entran las guitarras es otra cosa: classic Lizzy, pero adaptado a la nueva
década.
Las cosas podrían haberse dejado hasta ahí. La banda ya
estaba en decadencia, y las adicciones de Lynott y Gorham estaban en su punto
más problemático. Echaron al bueno de Snowy White, y en ese punto ocurrió algo
sorprendente: incorporaron a un nuevo segundo guitarrista (John Sykes, de
Tygers of Pang Tang y posteriormente Whitesnake), además de un tecladista
(Darren Wharton, que a los 18 años ya había colaborado en Chinatown), y
la banda rejuveneció por última vez, suministrando el -ahora sí- álbum de
despedida llamado Thunder and lighting (1983). Muchos lo han visto como
un guiño a la nueva ola de heavy metal que reinaba en esos años, cuando se
empezaron a desarrollar subgéneros como el thrash, el death y el black metal. Un poco como lo que hizo Judas Priest con su Painkiller.
Y claro: tanto Priest como Lizzy habían sido una gran inspiración para las
bandas metaleras. Pero en el caso de Lizzy, yo creo que no son reducibles a etiqueta
alguna más allá de la del rock and roll. Lo cual no quita que desde la portada
(donde bajo un rayo que cae sobre una guitarra sobre un terreno pedregoso en
que asoma un puño provisto de una típica muñequera metalera) hasta el tema homónimo, la estética del heavy metal esté muy presente en este álbum de despedida.
Pero no solo eso. Una canción hermosa como “The sun goes down” es casi
ambiental, mientras que “Baby please don´t go” es un himno al desamor,
algo más rápido y metalero que las sufridas baladas que hacían en los 70.
Y este sí que fue el final de la banda, aunque hubo una gira
de despedida y un nuevo álbum doble en vivo, titulado sencillamente Life,
con apariciones de casi todos los guitarristas anteriores y un repaso por el
repertorio clásico de la banda además de muchos temas de los tres últimos
discos.
Phil Lynott murió a inicios de 1986, y con él se agotó toda
una época dorada del rock. El punk rock también estaba muriendo. Surgió la mierda
del rock alternativo, no hubo más alternativas al capitalismo neoliberal, el
bloque socialista se fue a la mierda, y acá estamos aún los que seguimos pensando
con nostalgia en la revuelta de 1968 y toda su excelente banda sonora sin igual.
Es todo.
He dicho.
Post Scriptum:
1.- Además de estos 12 albums de estudio más dobles en vivo,
siempre pueden acudir al doble CD editado en 2011 llamado Thin Lizzy at the
BBC, que reúne 33 canciones que permiten reconstruir la trayectoria de la banda
sin necesidad de acudir a todos los álbums.
2.- Pueden encontrar poleras, tazones, gorros y chapitas de
Thin Lizzy exquisitamente diseñadas en La Jaula: Victor Manuel con Placer,
Galpón 6, Local 70 B, Persa Biobío. También tienen poleras de Invunche,
Millions of Dead Cops, Ornette Coleman, Albert Ayler, y un montón de cosas realmente
trve. Además, justo en la esquina de Placer con VM venden unas excelentes
micheladas a dos lucas, con cerveza Royal Guard.
3.- A contar de "Vagabundos del mundo occidental" y hasta "Chinatown", 6 de las portadas de Thin Lizzy fueron confeccionadas por el artista visual irlandés Jim Fitzpatrick, famoso por la imagen más icónica del Che Guevara. Y acá tenemos otro vínculo black metal: Jim diseñó también la portada del Underground Resistance de Darkthrone (2013). Acá pueden ver (y conseguir) esas obras.
Etiquetas: memoria negra, memories of you, Thin Lizzy
domingo, enero 19, 2025
LOS MISTERIOS DEL ORGANISMO, O ¿QUIÉN FUE WILHELM REICH?
Este texto fue leído el miércoles 8 de enero de 2025, tras la
exhibición de la película yugoslava “WR: los misterios del organismo” (Dusan
Mayavejev, 1971) en la Cafebrería de Santiago, junto a los Comentarios de
Paloma Castillo y Nicolás Castañeda.
A Camila Farías G.
I.-
En una parte de mi libro “La religión de la muerte” (2023), que trata sobre
“viejos y nuevos fascismos”, digo lo siguiente:
A mediados del
siglo pasado el doctor Wilhelm Reich, un personaje tan creativo e iconoclasta
que tuvo el doble mérito de ser expulsado del Partido Comunista y de la
Internacional Psicoanalítica, señaló que existían en ese momento dos formas
rivales de fascismo: el fascismo negro y el fascismo rojo, anticipando así en
cierta forma el escenario de la Guerra Fría como un gran y velado conflicto
mundial inter-fascista que duró varias décadas. Tras escapar del nazismo, Reich
terminó por establecerse en Estados Unidos, donde le estaba yendo bastante bien
en sus investigaciones sobre la energía cósmica (el “orgón”), el bombardeo de
nubes para hacer llover, la orgonterapia y la función del orgasmo entre otros
audaces temas, hasta que el fascismo en versión norteamericana anticomunista se
dejó caer en su domicilio y laboratorio denominado Orgonón, en la localidad de
Maine, para encarcelarlo bajo acusaciones de fraude, por ejercer como terapeuta
sin estar autorizado oficialmente para ello y por fabricar y distribuir cajas
acumuladoras de orgón. Murió en la cárcel de Lewisburg, Pensilvania, el 3 de
noviembre de 1957. No lo olvidemos nunca.
NOTA: La cantante inglesa Kate Bush homenajeó a Reich en un
videoclip de su canción “Cloudbusting”, de 1985, que alcanzó el puesto 20 en
los rankings de Inglaterra. La canción está basada en el “Libro de los sueños”
escrito por el hijo de W.R., Peter, y en el clip se representan los
experimentos de su padre (representado por Donald Sutherland [R.I.P. 2024]: ¡el
mismo actor que interpretó al fascista Atila en la serie “Novecento”!) haciendo
llover y el momento en que aparece el FBI y se lo lleva. Peter fue enviado a un
hogar de menores y soñaba recurrentemente que su padre llegaba a rescatarlo a
bordo de un platillo volador.
En otras partes
del libro aludo a algunas de sus teorías sobre el fascismo, además de a su
caracterización del estalinismo como un fascismo rojo. Pero en lo que puse
arriba es donde trato de hacer una breve descripción del personaje lo
suficientemente interesante como para motivas a los/as lectores a conocer y
estudiar la obra de este importantísimo camarada.
II.- Hay dos formas básicas de abordar a
WR: Primero, como una interesante especie de “marxista disidente”, pionero de un marxismo
libertario en versión “freudomarxista”, dudosa etiqueta que supuestamente el
mismo WR inventó, y que en sentido amplio podría aplicarse a Fromm, Adorno y
Marcuse, a cierto Lyotard que hace “derivas a partir de Marx y Freud” y luego
escribe su “Economía libidinal”, y también a ciertos aspectos de la obra de Guattari/Deleuze
-aunque sea por la negativa-, e incluso si nos ponemos generosos podríamos
incluir al Althusser de “Freud y Lacan”, Slavoj Zizek y un largo etc. De hecho,
acabo de darme cuenta de que dentro de las cinco últimas clases que Mark Fisher
alcanzó a hacer antes de morir y que están reunidas en el libro “Deseo
post-capitalista” (2024) la clase 2 en tanto habla sobre Marcuse, y la 5, sobre
Lyotard y su “marxismo libidinal”, son buenas introducciones al
“freudomarxismo” (o marxismo freudiano).
Este Reich “marxista
heterodoxo” es el que re-aparece hacia 1968, y el que en cierta forma provee el
sustrato de uno de los niveles en que funciona la película de Mayavejev,
realizada según entiendo en un lapso de tiempo que va de 1968 y 1971 (por
cierto: el año en que nací).
Entre los más
“marxistas”, se dice que su obra fundamental y “mayor aporte al marxismo” es
“Psicología de masas del fascismo” (1933), pero en aras de promocionar al WR
marxista que todos necesitamos estudiar, yo creo que también podríamos referir o
más bien recomendar varios trabajos que datan de entre fines de los 20 y mediados
de los 30: su periodo comunista más activo en Viena y Berlín, con una intensa
actividad a la vez teórica y práctica (en este caso, una falsa dicotomía) e
incluso de poco después, cuando ya había roto con el Partido Comunista pero no
con el marxismo. Estos textos de combate son, entre otros: “La lucha sexual de
los jóvenes” (1933), “Materialismo dialéctico y psicoanálisis” (1934), y “La
revolución sexual” (que reúne textos de 1930 con otros posteriores sobre la
Unión Soviética).
Un detalle a
tener en cuenta es que la casi totalidad de la obra de WR fue editada por él
mismo, que en el frenesí de su actividad no se molestaba en hacer “ediciones
críticas” ni mucho menos: iba editando y reeditando como podía, y al hacer
nuevas ediciones de viejos clásicos como “La función del orgasmo” (1927)
modificando y agregando contenidos de manera bastante monstruosa. Por eso es
que en relación a la confusa procedencia de los textos que componen las dos
partes de “La revolución sexual” Paul A. Robinson advierte que esa obra de WR
es una verdadera “pesadilla editorial”.
En español
existen varias ediciones de todos estos trabajos, y así por ejemplo su ya
referido clásico de 1934 “Materialismo dialéctico y psicoanálisis”, un
documento que marca una ruptura con parte de lo que había venido haciendo hasta
entonces, fue editado masivamente (5.000 ejemplares) por siglo XXI de México en
1970, aparece también bajo el título de “Marxismo y psicoanálisis” en una
versión argentina de 1971 (Ediciones del siglo, 1971) y se había incluido mucho
antes en el libro “La crisis sexual”, publicado en 1936 por Pax ediciones
(Santiago de Chile, 1937). Por su parte, “La revolución sexual. Por una
estructura de carácter autónoma del hombre” existe en al menos dos ediciones: la
de Ruedo ibérico en 1978, y en la colección Obras Maestras del Pensamiento
Contemporáneo por Planeta-Agostini en 1985 (basada totalmente en la edición
anterior). También “La lucha sexual de los jóvenes” tuvo ediciones setenteras
en español cuyo detalle no conozco. Sólo sé que hace mucho tiempo tuve una en
préstamo que a su vez presté y jamás regresó. Cosas que pasan no sólo con los
libros, sino que también con la amistad de algunas personas. Ojalá lo hayan
leído en serio.
¡Consiga su
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En toda la obra
de esa década WR trabaja sobre la compatibilidad y complementareidad entre las
perspectivas marxista y psicoanalítica, anticipándose a muchas de las
preocupaciones que luego serían retomadas en distintas maneras por Marcuse, los
situacionistas y el movimiento del 68. Debo decir que cuando primero oí hablar
de Wilhelm Reich debe haber sido por ahí por 1989, cachureando libros por calle
Merced junto a unos amigos trotskistas algo mayores que yo, cuando uno de ellos
llamó la atención sobre una biografía del doctor Reich señalando: “este era un
marxista que predicaba (y practicaba) el sexo libre”. Mmmm: algo imprecisa la
definición, pero no se me olvidó el nombre: tomé nota.
III.- La segunda opción es ver a WR como
un discípulo raro de Freud: un “psicoanalista herético”, un terapeuta
iconoclasta, junto a otros especímenes raros, desde Sandor Ferenczi a Georg
Groddeck (inventor de la categoría de “Ello”: ver su correspondencia con Freud
y “El libro del Ello”) y Otto Gross (toda una leyenda del anarco-comunismo más
radical y bohemio). Un texto clave para esta mirada es el “Análisis del
carácter” (originalmente publicado en 1933, con varias re-ediciones).
En esta
versión, el “WR bioenergético”, se tiende a suprimir del todo o pasar
suspicazmente por alto el “marxismo” de WR, a pesar de que se topó con él a una
edad bastante temprana y que la influencia de Marx en WR nunca cesó, y es una
parte esencial de su visión de la “economía sexual”. De hecho, más que ver a WR
como un discípulo libre de Marx y Freud, lo ven como el maestro del famoso
terapeuta Alexander Lowen (uno de los protagonistas de la parte más documental
de la película “WR: los misterios del organismo”).
Finalmente, esta
segunda visión suele dar paso a una tercera, bastante detestable: la de WR como
un estafador chiflado, charlatenesco gurú precursor de la new age y las
“terapias alternativas”. Aunque en honor a la verdad, la trayectoria de las dos
últimas décadas del doctor WR facilita este uso que muchos le dan (algunos de
formas bastante lucrativas, ya sea en dinero u otras contra-prestaciones). De
hecho, a modo de digresión recuerdo que hace década y media había una especie
de grupo reichiano con su propio gurú en torno a la carrera de Psicología de la
extinta Universidad ARCIS, que hacía unos encuentros bastante exóticos en el
campus Libertad. Qué tiempos aquellos.
Como sea, lo
importante es entregarse a la experiencia de conocer a WR sin olvidar ninguno
de sus dos polos: el marxista y el freudiano, unificados en la
“economía-sexual”.
IV.- Los datos biográficos nos dicen que
WR nació en 1897 en una parte del Imperio austro-húngaro que ahora pertenece a
Ucrania. Vivió y trabajó en Viena y en Berlín, saliendo de ahí tras el triunfo
de los nazis para residir brevemente en Dinamarca, Suecia y Noruega, antes de
pasar como tantos al Nuevo mundo en 1939. Murió en 1957 en Estados Unidos, en
las lamentables circunstancias que ya señalé al inicio, antes de las cuales
alcanzó a beneficiarse de una muy lucrativa actividad como médico y terapeuta.
La mejor
biografía que conozco es la de Myron Sharaf, “Fury on Earth”, publicada en 1983
por St. Martin´s Press/Marek, Nueva York, de 548 páginas, que una vez encontré
a siete mil pesos en un puesto del Parque Almagro, y en la que me basé para
esta presentación. Aún no ha sido traducida al español. Existe otra “Biografía
personal” escrita por su segunda esposa, Ilse Ollendorff, que aún no he
conseguido.
Un resumen
breve pero sólido de la obra de WR aparece en el libro “La izquierda freudiana.
Reich - Roheim - Marcuse”, de Paul A. Robinson (1971). A propósito de la fase
“orgonómica” del último WR, este autor dice algo que bien podría aplicarse a la
figura de Reich en sí misma:
“Prometía al
mismo tiempo una interpretación total de la realidad y una terapia total para
los males individuales”.
Además de la
destacable y curiosa película yugoslava que exhibimos hoy existen otras como
“Wilhelm Reich en el infierno” (Lance Bauscher, 2005) y los dos films del
austríaco Antonin Svoboda (“¿Quién le tiene miedo a Wilhelm Reich” de
2009 y “El extraño caso de Wilhelm Reich” de 2012).
V.- En la amplia obra de WR, que no
paró de publicar sus trabajos desde 1920 hasta el final, primero en editoriales
del movimiento psicoanalítico y del Partido Comunista y a partir de la ruptura
con ambos hacia 1933/4 en su propia casa editorial, destacan algunas ideas
centrales y aportes básicos que trataré de resumir aquí.
Desde el inicio
en su obra tiene un rol central lo que podríamos llamar su “teoría del
orgasmo”. WR pone a la sexualidad como centro de la vida social e individual, y
en eso coincide en ese momento inicial con el movimiento psicoanalítico. Como
parte del más estrecho círculo de colaboradores de Freud en los años 20,
destaca por su trabajo terapéutico, pero rápidamente se aleja de la idea
freudiana de “curación por las palabras”, para centrarse en la resistencia a la
terapia, que lo lleva a formular el concepto de “coraza” o “armadura”: que primero
WR entiende como “caracterológica” (en sus libros en inglés se le llama
“character armor”), y luego pasa a concebirla como física e incluso muscular
(en el caso de un paciente que presentaba fuertes resistencias a la terapia, tras observar un
movimiento con la pierna WR terminó alentándolo a descargarse a gritos y
patadas, lo cual resultó exitoso; en otros casos identificaba bloqueos o
tensiones musculares en la zona de la pelvis).
Veamos la
definición de “coraza” que da mi amiga Javiera Mondaca en su traducción al
español del “Libro de los placeres” de Raoul Vaneigem, editada por Traficantes
de Sueños y disponible online:
Conviene ofrecer en este punto una
breve explicación de la noción de coraza porque el autor volverá a ella a lo
largo de la obra. El término, ya sea en el reino animal o humano, apunta a
cierto mecanismo defensivo. Tal y como surgió el concepto en el terreno del
psicoanálisis de la mano de uno de sus pioneros, Wilhelm Reich, la coraza es la
suma de rasgos del carácter y tensiones musculares que forman una especie de
armadura físico-psicológica destinada a proteger al individuo de estímulos,
interiores o exteriores, que se perciben como peligrosos o amenazantes. De este
modo, inhibe, no obstante, la libre circulación de la energía sexual en el
cuerpo. Podría decirse, por tanto, que la coraza actúa como una especie de
filtro que mediante un proceso de insensibilización nos impide percibir la
realidad, interna y externa, en su totalidad.
La paradoja central
de todo este análisis freudo-reichiano es que la represión resulta en principio
necesaria para la vida social, pero tiene inevitablemente el efecto de enfermar
sistemáticamente a sus integrantes, coartándoles la “potencia orgásmica”. De
ahí que el objetivo de la terapia sea atacar al “carácter”, desbloqueando y
haciendo posible la liberación la potencia orgásmica del individuo, para que
surja el auténtico “carácter genital” propio del individuo sano, dejando atrás
el “carácter neurótico”.
A WR lo separa drásticamente
de Freud su oposición total a la teoría del “instinto de muerte”, que ve como
un pretexto del maestro para negar la dimensión revolucionaria del
psicoanálisis, y justificar un cierto conservadurismo social y político.
WR es un reformador
social, además de un revolucionario consciente, que se une al Partido
Socialdemócrata de Austria y luego al PC de Alemania, acometiendo el estudio de
la obra de Marx y encontrando grandes paralelos con el psicoanálisis freudiano:
Ambas son teorías del conflicto: una sociológica y la otra psicológica. Mientras
una estudia la lucha de clases, la otra se centra en la lucha a nivel de los
instintos. Ambas son dialécticas, y se complementan mutuamente pues mientras el
marxismo hace la crítica de la economía capitalista el psicoanálisis realiza la
crítica de la moral burguesa.
El trabajo
teórico de WR durante su fase comunista se centra en la crítica de la familia
autoritaria. Tiene una concepción antropológica algo simplista basada en
Bachofen y Malinowski, en que valora e idealiza el Matriarcado que habría
existido hasta 4 mil años antes de Cristo, e identifica en el Patriarcado el
origen de la represión sexual y el orden social autoritario (en eso se parece
al Otto Gross que analiza la simbólica comunista del paraíso). Se aleja así de
Freud en lo relativo al Complejo de Edipo, que para él no sería universal, sino
que propio de las sociedades patriarcales.
Además, muestra
ya desde ahí y hasta el final de su vida un profundo interés en la Infancia/adolescencia.
De hecho, pese a todos los cambios que ocurrieron durante su trayectoria, hay
un claro hilo conductor desde “La lucha sexual de los jóvenes” y los escritos
con Vera Schmidt sobre “Psicoanálisis y educación” a “Los niños del futuro” y
“Escucha hombrecito”. La concepción de la infancia que sostiene WR está a años
luz incluso de las tímidas reivindicaciones de los “derechos del niño” que
comenzaron a ocurrir varias décadas después. Por algo el situacionista belga
Raoul Vaneigem en alguna parte de su voluminoso Tratado del saber vivir para
uso de las jóvenes generaciones (1967) lo define como “un gran educador de la
juventud”.
Todo ese
trabajo teórico iba de la mano con una incansable actividad militante que se
expresaba en la creación de una amplia red de locales en que se otorgaba
atención gratuita en higiene sexual y salud reproductiva a los miembros de la
numerosa y empobrecida familia proletaria, así como la instalación de “jardines
de la infancia socialista”. Hacia 1930 Reich logra unificar a los grupos de
orientación comunista que trabajaban estos temas, dando lugar a la Asociación Alemana
por una Política Sexual Proletaria (Sex-Pol). Además de estas actividades
propias de su militancia marxista, WR participaba activamente en la Liga
Mundial por la Reforma Sexual, que durante la República de Weimar buscaba
aprobar reformas legales progresistas en materia de sexualidad y control de la
natalidad.
En el primer
Congreso de Sex-Pol, en Düsseldorf 1931, concurrieron representantes de ocho
organizaciones que reunían a 20.000 personas. WR presentó un programa de siete
puntos que incluía:
1.-
Distribución gratuita de anticonceptivos y propaganda masiva para el control de
la natalidad.
2.- Abolición
de las leyes contra el aborto. Aborto gratuito en clínicas públicas; resguardos
médicos y financieros para madres embarazadas y criando niños.
3.- Abolición
de toda distinción legal entre los casados y no casados. Libertad de divorcio.
Eliminación de la prostitución a través de transformaciones económicas y de
economía-sexual que erradiquen sus causas.
4.- Eliminación
de las enfermedades venéreas a través de una educación sexual integral.
5.- Prevención
de las neurosis y problemas sexuales mediante una educación afirmadora de la
vida. Estudio de los principios de la pedagogía sexual. Instalación de clínicas
terapéuticas.
6.-
Entrenamiento de doctores, profesores, trabajadores sociales y otros oficios en
todas las materias relevantes de higiene sexual.
7.- Tratamiento
antes que castigo en casos de delitos sexuales. Protección de niños y
adolescentes contra la seducción por adultos.
Poco después
del primer congreso la Sex-Pol aumentó sus afiliados a 40.000.
VI.- Entre 1930 y 1934 las intensas
actividades culminan en la ya aludida doble ruptura: primero con el Partido
Comunista alemán en 1933, y luego con la Internacional Psicoanalítica en el
Congreso de Lucerna de 1934, donde sólo se le permitió exponer como invitado su
ponencia “Contacto psíquico y corriente vegetativa”, incluido en el libro
“Análisis del carácter”.
Creo que este
período es el más merecedor de análisis, sobre todo desde nuestro tiempo,
porque en primer lugar WR llega al límite de la radicalidad que logra extraer
de ambos movimientos (psicoanálisis y marxismo), y porque es en ese momento que
realiza su peculiar análisis del fascismo.
La teoría del
fascismo que construye WR tiene alguna similitud con la que realiza por esos
años Georges Bataille en Francia, puesto que a ambos les interesa su estructura
psicológica. WR identifica la familia autoritaria y el tipo de sujeto que en
ella se forma como la raíz del fascismo, anticipándose en una década al Eric
Fromm de “El miedo a la libertad” y en dos décadas a los hallazgos de Adorno y
Horkheimer en sus estudios sobre “La personalidad autoritaria”.
Según WR, la
izquierda alemana no se tomó en serio el fenómeno de masas que era Hitler. Por
el contrario, lo menospreciaban e interpretaban como una señal de un pronto
ascenso de la revolución proletaria. Pero tal como en la terapia analítica no
necesariamente los pacientes se curaban cuando lo inconsciente se hacía
consciente, los trabajadores no necesariamente incrementaban su consciencia de
clase al enfrentar la crisis económica. Su estructura caracterológica se los
impedía, y la familia autoritaria, como el mini aparato de Estado que es, los
entrenaba en la sumisión. En “La familia autoritaria como aparato de educación”
WR dice:
“El padre es,
por así decirlo, el portavoz y representante de la autoridad estatal en la
familia. Es una especie de sargento: subordinado en el proceso de producción,
jefe en su función familiar; mira desde abajo a los superiores, se impregna de
la ideología dominante (de aquí su tendencia a la imitación) y es todopoderoso
con sus inferiores; no se limita a transmitir las ideas de la jerarquía y la
sociedad, las impone”.
El miedo a la
sexualidad se traducía en el miedo a la revolución social. Como hábil
propagandista, Hitler y su partido aprovecharon el contexto apoyando la familia
tradicional alemana pero al mismo tiempo acogiendo varias de las demandas
juveniles en contra de los mayores; así, estableció centros de reunión y de
vida colectiva para la juventud aria, y su discurso sobre la Madre Alemania y
el Padre Hitler pudo transferir los sentimientos familiares a la mística del
Jefe de la Supernación. Basta ver los documentales de Leni Riefensthal para
comprobar la satisfacción orgiástica de la gente reunida para escuchar los
discursos de Hitler: la primera estrella de rock de la era moderna.
A la vez, las
políticas raciales del nacional-socialismo movilizaban los temores sexuales de
la gente proveyéndoles un conveniente chivo expiatorio. En este sentido, la “política
sexual” de la propaganda nazi fue mucho más exitosa que la de la izquierda, donde
muchos veían con malos ojos iniciativas como las de WR y el programa de la
Sex-Pol, que en cierta forma eran el único antídoto posible contra el ascenso
del fascismo alemán.
De hecho, por
ahí empezaron los problemas de WR con el PC. Hacia 1932, WR y su esposa Annie
estaban dedicados a elaborar material de política sexual para publicar
masivamente en la prensa del partido. Trabajaron en el libro “La lucha sexual
de los jóvenes”, un panfleto escrito por Annie Reich llamado “Si tu hijo te
pregunta” (hay una edición en español en Anagrama) y un folleto de educación
sexual para niños titulado “El triángulo de tiza”. El libro iba a ser publicado
por el comité juvenil del PC alemán, pero fue revisado en Moscú, donde fue
aprobado pero se sugirió que era más efectivo que se publicara por alguna
organización o frente más amplio que el partido. El proceso de publicación fue
tan largo, que finalmente WR prefirió establecer su propia editorial: Verlag
für Sexualpolitik. A partir de ese año, todos los textos posteriores de WR
fueron auto-ediciones.
Si bien el PC
ayudó en un primer momento a distribuir estos materiales, WR cayó en desgracia
cuando en una Conferencia juvenil en Dresden a fines de 1932 apoyó una
resolución que relevaba la importancia de estimular la sexualidad juvenil
dentro del movimiento revolucionario. La reacción de los jefes del partido fue
inmediata: se le acusó de ser un contra-revolucionario que quería “convertir
nuestras asociaciones en organizaciones para promover la fornicación”, además
de sustituir la lucha de clases por la lucha entre jóvenes y adultos. A inicios
del año siguiente, tras la designación de Hitler como canciller y el amplio
triunfo electoral de los nazis, WR y su familia se fueron a Viena, y poco
después a Copenhagen.
La expulsión de
las filas del comunismo oficial no alejó a WR del marxismo. Durante algún
tiempo se mantuvo como un comunista independiente, y trató de vincularse a la
Oposición de izquierda, aunque luego concluyó que los trotskistas tampoco se
tomaban en serio la “política sexual”.
VII.- En cuanto a la ruptura con Freud y
el movimiento psicoanalítico, esta fue algo más lenta pero muy intensa. El
propio WR la he relatado en gran detalle en el volumen de entrevistas titulado
“Reich habla de Freud”, uno de los libros más “sabrosos” que he leído y que
también tuvo edición castellana en Anagrama. Sólo reiteraré acá que la
principal divergencia se dio porque WR siempre se opuso a “El malestar en la
civilización” y la teoría freudiana del “instinto de muerte”, a la que intentó
refutar en artículos y conferencias. Cabe destacar que a pesar del señalado
autoritarismo de Freud al interior de su propio movimiento, en este debate WR
no sólo no fue censurado, sino que sus textos fueron publicados en la prensa
del movimiento, aunque fuera a regañadientes. Así, se dice que para acceder a
publicar en su revista Internationale Zeitschrift “El carácter
masoquista”, Freud quería acompañarlo de la siguiente advertencia:
“Dentro del
marco del psicoanálisis, esta publicación otorga a todo autor que entrega un
trabajo para su publicación, plena libertad de opinión, y por su parte no
acepta responsabilidad alguna por tales opiniones. Pero en el caso del doctor
Reich el lector debe quedar informado de que el autor es miembro del partido
bolchevique”.
Finalmente
Freud fue convencido por psicoanalistas socialistas de no hacerlo. Según su
biógrafo Jones, Freud declaró que el artículo de Reich sobre el masoquismo
“culmina en la insensata afirmación de que lo que he denominado instinto de
muerte es un producto del sistema capitalista”.
En su
monumental biografía Myron Sharaf destaca que “en la ruptura psicoanalítica,
tal como antes en la ruptura con los comunistas, Reich sentía que no podía ser
excluido científicamente porque él representaba la verdadera tradición. Para
él, tanto los psicoanalistas como los comunistas habían abandonado el núcleo
vivo de su legado. Él quería mantenerse en el centro del mismo”.
La extensión
que ha alcanzado este texto me impide entrar en más detalles acerca de la
trayectoria posterior de nuestro héroe. A modo de resumen me remito a lo que
señalé al inicio, agregando solamente que desde la huida de Alemania y Austria,
a partir de su breve estadía en países escandinavos desde 1934 hasta 1939 la
presencia de WR nunca dejó de alertar a las autoridades ni de movilizar a su
amplio elenco de viejos y nuevos enemigos.
Lo cual parece haberle causado una fuerte dosis de paranoia, que es
fácil advertir en sus últimos escritos como “El asesinato de cristo. Primer
volumen de La plaga emocional de la humanidad” (1952).
VIII.- Culmino esta no tan breve exposición
haciendo un brevísimo punteo sobre la influencia de WR en el pop y la
contracultura del 1968/77.
Las
circunstancias de la caída en desgracia de WR y su posterior fallecimiento
privado de libertad lo convirtieron en una figura de la que se hablaba poco a
nada. A tal punto fue así, que en el Prefacio de Albert Lamb al libro “El nuevo
Summerhill” del educador alternativo A.S. Neill, se explica que a pesar de la
amistad e influencia directa de WR en Neill, en la primera edición de este
trabajo fue suprimido todo un capítulo dedicado a Reich, porque el editor
Harold Hart “lo consideraba una cuestión demasiado espinosa para los Estados
Unidos de los años sesenta”. Tres décadas después, a Lamb también le
recomendaron eliminar “la totalidad del capítulo sobre Reich (dado que este
autor es en Estados Unidos un asunto considerablemente polémico)”, sugerencia
que decidió no aceptar, en respeto a la libertad de expresión que siempre fue
defendida por Neill, quien consideraba a WR como su amigo y maestro.
Ante semejante
leyenda negra, no es de extrañar que las primeras reivindicaciones entusiastas
de la figura y obra de WR provinieran de la contracultura juvenil de fines de
los cincuenta e inicios de los sesenta, con sus primeros estandartes
norteamericanos que fueron los escritores beatniks. En particular su
influencia se hizo notar en Allen Ginsberg y muy fuertemente en William S.
Burroughs. Lo curioso es que en esta versión WR era una mezcla de científico
loco con precursor del amor libre y la experimentación con drogas, cosas por
las cuales nunca abogó. A propósito de amor libre, si me excusan una nueva
digresión, recordé que en un documental sobre el poeta y cantante Leonard Cohen
un par de testigos/sobrevivientes de los setenta decían algo así como: “en esos
años todos trataron de probar algunas formas de amor libre. Nadie lo pasó muy
bien con eso”. Ya lo creo.
En la cultura rockera post-68 el doctor
WR tiene algunas interesantes apariciones, como en la canción “Orgone acummulator” de la banda-comuna Hawkwind (Space Ritual, 1973), cuya letra no
puedo evitar referir acá, para que se hagan una idea:
Tengo un acumulador de orgones
Me hace sentir mejor
Te veré un poco después
Cuando esté con mi acumulador
No es un integrador social
Es un aislante para el sujeto solitario
Es un estimulador del cerebro posterior
Un vibrador cerebral
Este estimulador de energía
OK: ¿cierto que dan ganas de salir a
conseguirse un acumulador de orgones? De hecho, tengo un folleto en inglés que
dice ser un manual de instrucciones para construirse uno, pero cuando se lo
mostré a mi padre -que es ingeniero electrónico- me dijo: “parece una broma”.
Mejor entender que el mejor rock and roll es en sí mismo un buen acumulador de
orgones.
Otro nivel de registro más pop de WR lo
tenemos en las canciones “Birdland” de Patti Smith (Horses, 1975) y “Cloudbusting”
de Kate Bush, (Hounds of love, single, 1985 ¡Vean el video clip!). Ambas canciones
fueron inspiradas en la lectura del “Libro de los sueños” escrito por Peter
Reich (1973), que por desgracia aún no he podido conseguir. Por su parte, en el
folleto de Generic (1982), album debut del cuarteto noise-punk de California
llamado Flipper, hay alusiones a WR y una larga cita tomada de “Escucha
hombrecito” (1945).
Como se puede ver, arrinconado y
correteado por el marxismo y el psicoanálisis oficiales, fueron los “Children
of the revolution” de los sesenta y setenta quienes estuvieron en mejor
condición para apreciar el legado de WR, tal como se aprecia en la película que
acabamos de ver. Tras medio siglo de contra-revolución neoliberal, debemos volver
a rescatarlo.
IX.-
Eso es todo por hoy: muchas gracias.
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