miércoles, diciembre 31, 2025
Exposición en la Universidad de Playa Ancha el 25 de noviembre del 2025
1.- Nuevas derechas y post-fascismo
La dicotomía izquierda/derecha (o izquierdas y derechas, pues
nunca hubo una sola forma) ya cumple más de dos siglos, a lo largo de los
cuales se ha ido modificando considerablemente. Así, el liberalismo nace a la
izquierda, representando las posiciones de la “burguesía revolucionaria”
después de 1789, mientras la derecha inicialmente designaba al bando
contrarrevolucionario: monárquico y aristócrata. Cien años después, la
izquierda contenía por sobre todo a la gran familia socialista (desde la
socialdemocracia al anarquismo, y luego al comunismo como radicalización “por
izquierda” de la socialdemocracia durante la 1ra Guerra Mundial), y la derecha
consistía en una histórica alianza liberal/conservadora que en el marco de la
Guerra Fría se alineaba con la defensa del capitalismo y la “civilización
occidental”.
Mucho ha cambiado en la primera cuarta parte del siglo XXI.
Parte de la izquierda abandonó totalmente la idea de
“revolución social” que la caracterizó en los dos siglos anteriores, para
asumir una bastante posmoderna política de las identidades, o la defensa (al
menos discursiva) de una versión neokeynesiana de la socialdemocracia, que en
la práctica poco se distingue de una mera administración culturalmente
“progresista” del neoliberalismo. Otra izquierda sigue pretendiendo ser
anticapitalista o antineoliberal, pero sus modelos de sociedad alternativa son
una curiosa mezcla de nostalgia por el “socialismo real” y reivindicación de
capitalismos alternativos como el chino, liderazgos reaccionarios como el de
Putin, la multipolaridad y los BRICS.
A la derecha tradicional o convencional le han brotado una
serie de competidores por extrema derecha, desde tradicionalistas y fascistas
clásicos a libertarianos de derecha, anarcocapitalistas y variadas y ecléticas
formas de “Alt Right”.
Aparentemente la composición de clase también ha cambiado:
gran parte de la izquierda liberal/progre es burguesa o pequeño-burguesa (sin
entrar en la vieja discusión: ¿burguesía pequeña o clase intermedia entre
burguesía y proletariado?), y es evidente que el “bajo pueblo”, proletarios y
subproletarios sin consciencia de clase (ver al respecto las clases de Mark
Fisher de finales del 2016), se identifica hoy en día con los nuevos liderazgos
mesiánicos/populistas de personajes como Trump, Bolsonaro, Kaiser, Kast o
Milei. Como ha dicho el relator de la ONU sobre extrema pobreza Olivier De Schutter en su
Informe de este año “El populismo de
ultraderecha y el futuro de la protección social”, “los populistas de
ultraderecha afirman representar a la “gente corriente” frente a las “élites”.
Sin embargo, en muchos casos, ellos mismos forman parte de la élite y deben su ascenso en la
política a la riqueza de su familia o a sus conexiones sociales. Una vez en el
poder, suelen tratar de mantener los privilegios de la misma élite económica a
la que critican en sus discursos” (Párr. 40).
¿Cuál es la mayor similitud entre los fascismos del siglo XX
y estas nuevas derechas post-fascistas? Según el teórico húngaro Gaspar Miklos
Tamás, el primero que acuñó el concepto de pos fascismo hacia el año 2000, “el
posfascismo es un conjunto de políticas, prácticas, rutinas e ideologías que
pueden observarse en todas partes del mundo contemporáneo; que poco o nada
tienen que ver, excepto en Europa Central, con el legado del nazismo; que no
son totalitarias; que no son en absoluto revolucionarias; y que no se basan en
movimientos de masas violentos ni en filosofías voluntaristas e
irracionalistas, ni tampoco juegan, ni siquiera en broma, con el anticapitalismo”.
Pese a todas esas diferencias con el viejo fascismo (que en
todo caso ha seguido manifestándose dentro del amplio abanico de tendencias
actuales), este autor sigue usando la etiqueta “fascismo”, al señalar que “el
posfascismo encuentra fácilmente su nicho en el nuevo mundo del capitalismo
global sin alterar las formas políticas dominantes de la democracia electoral y
el gobierno representativo” y “hace lo que considero central en todas las
variantes del fascismo, incluida la versión postotalitaria. Sin Führer, sin
régimen de partido único, sin SA ni SS, el posfascismo revierte la
tendencia de la Ilustración a asimilar la ciudadanía a la condición humana”.
“El posfascismo no necesita tropas
de asalto ni dictadores. Es perfectamente compatible con una democracia liberal
anti-Ilustración que rehabilita la ciudadanía como una concesión del soberano
en lugar de un derecho humano universal (…) Dado que el posfascismo rara vez es
un movimiento, sino simplemente un estado de cosas, gestionado la mayoría de
las veces por los llamados gobiernos de centroizquierda, es difícil
identificarlo intuitivamente. L@s posfascistas no suelen hablar de obediencia
total y pureza racial, sino de la superautopista de la información”. (Adorno:
fascismo en democracia y fascismo contra la democracia).
Otro aspecto clave que destaca
este autor es que estamos en un contexto de “Desregulación para el capital y
regulación estricta para el trabajo”. En este escenario, “si la fuerza de
trabajo queda atrapada en la periferia, tendrá que soportar los talleres
clandestinos”. “Los intentos de luchar por salarios más altos y mejores
condiciones de trabajo no se enfrentan a la violencia, l@s rompehuelgas
o los golpes militares, sino a la fuga silenciosa de capitales y la
desaprobación de las finanzas internacionales y sus burocracias internacionales
o nacionales, que tendrán la capacidad de decidir quién merece ayuda o alivio
de la deuda. Citando a Albert O. Hirschman, la voz (es decir, la
protesta) es imposible, es más, inútil. Sólo queda la salida, el éxodo, y es
tarea del posfascismo impedirlo”.
2.- El fascismo (visto
por los fascistas)
Los estudiosos del fascismo se han dividido desde un inicio
entre quienes toman en serio su ideología y quienes sólo lo ven como una
manipulación burguesa (las dos versiones marxistas dominantes serían la teoría
de la agencia y la que lo ve como forma de bonapartismo). Según Roger Griffin,
es necesario estudiar como los fascistas se percibían a sí mismos, y en este
empeño él destaca su carácter “revolucionario”: algo que los marxistas jamás
reconocerán pues tendrían que admitir una versión rival a la de la revolución
socialista/comunista).
El jurista italiano Giorgio Locchi (muy influyente en la
Nouvelle Droite) que en “La esencia del fascismo como fenómeno europeo” afirma
que “más allá de diferencias específicas, todos los movimientos fascistas y
todas las variadas expresiones de la Revolución Conservadora (entendida aquí
como corriente espiritual) tiene una esencia común”. “Los movimientos
fascistas de la primera mitad del siglo son la expresión política, inmediata e
instintiva, de un nuevo sentimiento del mundo que circula por Europa a partir
ya de la segunda mitad del siglo XIX. Tienen el sentimiento de vivir un momento
de trágica emergencia y se precipitan a la acción obedeciendo a este
sentimiento; se movilizan políticamente pero, al contrario que otros partidos y
movimientos, no hacen referencia a alguna concreta filosofía o teoría política
y asumen más bien casi siempre un comportamiento antiintelectualista. Los
movimientos fascistas se coagulan por instinto en torno a un programa de acción
inspirado por un sistema de valores que se opone drásticamente al sistema de
valores igualitarista, que se encuentra en la base del democraticismo, liberalismo,
socialismo, comunismo. Por contra, resulta fácil constatar que, en el
seno de un mismo movimiento fascista, personalidades de primer nivel expresan y
defienden filosofías y teorías bastante diferentes, a menudo poco conciliables
entre ellas e incluso opuestas”.
Visto así, los fascismos eran
movimientos mucho más heterogéneos de lo que nos hemos acostumbrado a pensar
desde que la izquierda vio al “nazi-fascismo” como una entidad única y
homogénea. Pero a pesar de esta gran diversidad y a la retórica
seudorevolucionaria y hasta anticapitalista que caracterizaba a algunas de sus
expresiones, es su marcado anti-igualitarismo el que lo ubica siempre a la
extrema derecha del espectro político, por su marcada naturaleza
contrarrevolucionaria de larguísimo plazo. Como ellos mismos dicen: reaccionan
contra los valores de la Ilustración. Y a diferencia de lo que sostiene Locchi,
está más que demostrado que los movimientos fascistas no sólo existieron en
Europa, sino que prácticamente en todo el mundo, expresando esa misma
contrarrevolución, que a corto plazo respondía desde 1917 a la amenaza de
revoluciones socialistas.
3.- Colonialismo y
fascismo
Analizar la dimensión global (y no sólo europea) del fascismo
nos enseña cosas importantes. Entre ellas, que la modernidad capitalista no se
agota en los “valores (positivos) de la Ilustración”. Esta es también lo que no
se dice que es: oculta la violencia de la acumulación originaria y el
colonialismo. Y en gran medida los fascismos de los países centrales vinieron a
demostrar que se podían utilizar también en las metrópolis los métodos que
desde hace décadas y siglos usaban estas potencias en la periferia y el “tercer
mundo”. En este aspecto el fascismo también fue más parasitario o adaptativo
que creativo. Como destacó el comunista martinicano
Aime Cesaire en su “Discurso sobre el colonialismo” (1950):
Y entonces, un buen
día, la burguesía es despertada por un golpe formidable que le viene devuelto:
la GESTAPO se afana, las prisiones se llenan, los torturadores inventan,
sutilizan, discuten en torno a los potros de tortura.
Nos asombramos, nos
indignamos. Decimos: «jQue curioso! Pero, jbah!, es el nazismo, ya pasara!». Y
esperamos, nos esperanzamos; y nos callamos a nosotros mismos la verdad, que es
una barbarie, pero la barbarie suprema, la que corona, la que resume la
cotidianidad de las barbaries; que es el nazismo, sí, pero que antes de ser la
victima hemos sido su cómplice; que hemos apoyado este nazismo antes de
padecerlo, lo hemos absuelto, hemos cerrado los ojos frente a él, lo hemos
legitimado, porque hasta entonces solo se había aplicado a los pueblos no
europeos; que este nazismo lo hemos cultivado, que somos responsables del
mismo, y que el brota, penetra, gotea, antes de engullir en sus aguas
enrojecidas a la civilización occidental y cristiana por todas las fisuras de
esta.
Si, valdría la pena
estudiar, clínicamente, con detalle, las formas de actuar de Hitler y del
hitlerismo, y revelarle al muy distinguido, muy humanista, muy cristiano
burgués del siglo XX, que lleva consigo un Hitler y que lo ignora, que Hitler
lo habita, que Hitler es su demonio, que, si lo vitupera, es por falta de
lógica, y que en el fondo lo que no le perdona a Hitler no es el crimen en sí,
el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre en sí, sino el
crimen contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, y haber
aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora solo concernían
a los árabes de Argelia, a los coolies de la India y a los negros de África.
Y este es el gran
reproche que yo le hago al pseudohumanismo: haber socavado demasiado tiempo los
derechos del hombre; haber tenido de ellos, y tener todavía, una concepción
estrecha y parcelaria, incompleta y parcial; y, a fin de cuentas, sórdidamente
racista.
4.- ¿Qué Derechos
Humanos?
Lo que conocemos cono “DDHH” surge más o menos en la mitad
del siglo XX: post segunda guerra mundial, aliados “contra el nazismo” se
reconfiguran como enemigos en la Guerra Fría. Un bando privilegia los DCP, otro
los DESC. Surge la jerga y la institucionalidad propia del movimiento de los
DDHH: DIDH, convenciones y tratados, órganos especializados, burocracia
internacional. (Ver el texto de Douglas Kennedy: “Movimiento internacional por
los DDHH: ¿Parte de la solución o del problema?”).
Pero sus antecedentes más lejanos datan al menos de 1789 y
las “revoluciones burguesas”. Ahí surgen las “Declaraciones de Derechos”:
algunas consagran el “sentido común” y derechos ya existentes (Independencia de
EEUU) y otras más bien proponen un nuevo orden a alcanzar (Declaración francesa
de derechos del “hombre y el ciudadano”) (Ver texto de Habermas sobre Derecho
natural y revolución en “Teoría y praxis”).
El discurso de DDHH es asumido por todo el espectro político
oficial (democracia representativa). Pero ha empezado a ser cuestionado, tensionado
o resignificado por las nuevas derechas. Lo cual es similar a lo que pasa con
la idea misma de democracia: ¿Existe una sola o varias? ¿Falsa democracia en
oposición a una verdadera? ¿Democracia directa contra democracia
representativa? ¿Son los fascistas (en sus versiones neo y old fashion)
enemigos de la democracia en sí misma, o conciben otras formas de democracia,
orgánica e iliberal?
Lo que está claro es que no podremos hacer nada que valga la
pena si seguimos mirando la historia por el espejo retrovisor. No podemos
retroceder al estado keynesiano ni a los tiempos de la revolución rusa, china,
española o cubana. El capitalismo avanza, nunca retrocede. Las nuevas derechas,
como los viejos fascismos, usan una retórica conservadora y tradicionalista,
pero en otro sentido no podrían ser más modernistas o incluso aceleracionistas.
La izquierda hasta ahora ha pasado del “no la vimos venir” a campañas por el
“mal menor”, diciendo que “no pasarán” cuando en verdad el fascismo ya pasó, y
como dijo Guattari: “no deja de seguir avanzando. En evolución permanente, no
deja de atravesar mallas cada vez más finas. Parece venir de fuera, cuando en
verdad encuentra su energía en el corazón del deseo de cada uno de nosotros”.
La desfascistización debe comenzar por asumir este hecho, y
no tenerle miedo a la crítica radical de la democracia y los DDHH.
Como dijo el general Sun Tzu hace más de dos milenios, “si
conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de
cientos de batallas. Si te conoces a ti mismo pero no al enemigo, por cada
victoria que ganes también sufrirás una derrota. Si no conoces ni al enemigo ni
a ti mismo, sucumbirás en cada batalla”.
Etiquetas: derechohumanistas, fascistología, psicogeografía, reflexión, Valparaíso
lunes, abril 28, 2025
Un recuerdo de Joshua Clover
Me acabo de enterar que falleció el compañero Joshua Clover, un comunista de esos de a de veras (o sea, antiestatal) que anduvo por acá hace como un año y medio.
Rescato del archivo este resumen de un Encuentro con él en el Espacio Laura Allende. Un par de días después me lo topé en el Metro.
Aprovecho de recordar que en el 2019 Joshua causó algo de polémica cuando fue señalado por haber dicho que "Alguna gente cree que hay que reformar a la policía. Yo creo que hay que matarlos". En respuesta a la polémica así generada dijo: "El día que los policías tengan tanto miedo de un profesor de Literatura como los niños negros le tienen a la policía, definitivamente me voy a pronunciar. Hasta entonces, no tengo nada más que agregar".
Un domingo nublado de
finales de septiembre en Santiago, en que de repente se asoma el sol, recuerdo
de golpe mientras almuerzo que los colectivos Vamos hacia la vida y Vitrina
Dystópica convocaron a las 17 un encuentro en el Espacio Laura Allende,
para conversar con Joshua Clover acerca de “Revueltas y perspectiva comunista”.
Me sumerjo algo atrasado en la estación del Metro más cercana, para combinar, cambiar
de línea, salir y llegar al lugar justo cuando el invitado estaba comenzando a
hablar, diciendo algo sobre lo aburridos que le resultan los eventos académicos
y lo interesado que está en aprender acerca de la revuelta chilena del 2019.
Joshua es un tipo delgado
y canoso, con lentes, bordeando los 60 años. Sé poco de él: que participó en
las revistas Commune y Endnotes, y que se considera comunista
en el sentido fuerte y profundo del término. O sea, como los que en nuestro
medio somos llamados “comunistas raros”, por no tener nada que ver con el
partido actualmente en el gobierno que usurpa oficialmente el nombre. No tengo
muy claro cómo llegó Joshua por estos lados, pero sé que está invitado a las
jornadas organizadas en Filosofía de la Universidad de Chile bajo el título de
“La Comuna planetaria”, con la ponencia “Hacia unas estructuras para la comuna”
(miércoles 27 de septiembre a las 15:00).
Anuncia una exposición
muy breve y arranca de inmediato, con un compañero traduciendo. Esto es lo que
recuerdo, expresado muy sintéticamente, en base a mis notas:
Existe
una multitud de opresiones que son mucho más antiguas que el capitalismo:
género, raza, colonialismo…Pero el capitalismo es exitoso en subsumirlas todas
e integrarlas a su estrategia de
valorización.
Desde
hace medio siglo el capitalismo se ha volatilizado y no logra disciplinar a la
clase a través del trabajo. En este contexto, las otras opresiones parecen
autonomizarse; en Estados Unidos se ven disturbios que tienen que ver con esos
otros aspectos, sobre todo con la cuestión racial.
Es
importante no ver estas revueltas como algo separado de las luchas del
proletariado, sino que como parte de ellas. Hoy en día el comunismo no lo harán
los comunistas. La gente entra a estas luchas por distintas razones, pero no en
primera instancia como luchas obreras.
Nuestro
trabajo, la tarea de un comunista, es seguir estos movimientos, pues la
posibilidad del comunismo está en esas luchas.
En este punto, tras una
intervención de no más de 8 minutos, Joshua dice: “Y eso es todo. Ahora quiero
aprender”. Y ahí comienzan algunas preguntas e intervenciones de los alrededor
de 40 asistentes.
Por mi parte, aproveché
de celebrar que hablara abiertamente de comunismo, explicando que por tener un
fuerte Partido “Comunista” en Chile, muchos compañeros -sobre todo anarquistas-
reniegan del concepto y prefieren
regalárselo a los nietos de Stalin. Y en cuanto al estallido del 2019, mencioné
que ahí parecían confluir desde el inicio todas las luchas contra las distintas
opresiones, pero que eso duró un mes, y luego del acuerdo del 15 de noviembre,
pudimos ver que todo se separaba de nuevo, expresándose las diferentes luchas
en el lenguaje de la reforma institucional. Así, las feministas querían una
Constitución feminista, los indigenistas una Constitución plurinacional, etc. Para
peor, los mismos que en ese momento nos decían que lo más importante era
quitarse de encima la constitución actual, ahora estaban llamando a defenderla
en contra de la propuesta de nueva constitución que se está redactando ahora en
un Consejo Constitucional con mayoría de derecha. Por último señalé que en su
momento, más allá de oponernos con rabia a la canalización institucional de la
revuelta, desde nuestro bando no supimos ofrecer mucho más que “riot porn”
todos los viernes a la misma hora y en el mismo lugar, lo cual a mi juicio deja
la planteada la cuestión de cómo combinar el aspecto negativo de la revuelta con
la afirmación positiva de otras formas de relación social.
En ese punto un
anarquista me preguntó “¿Y cuál sería la pregunta?”, lo que me dejó una
sensación algo amarga puesto que yo pensaba que se trataba de una conversación.
En fin: Joshua respondió que
siempre es preferible el “riot porn” a la pornografía electoral, que nunca
jamás las elecciones son algo bueno para nosotros (¡totalmente de acuerdo en
eso!, y es curioso que en Chile tantos anarquistas insistan en buscar pretextos
para ir a votar), y que creer que hay una dicotomía entre “riot porn” versus
“la lucha real” es pura mierda, pues todo disturbio expresa una negatividad que
debemos apoyar y potenciar.
Luego siguieron más
intervenciones que no anoté en detalle, pero dialogando con ellas Clover dijo
cosas como que no existe una forma de lucha que se dé por fuera del terreno del
capitalismo; que en cada conflicto hay aspectos que podrían parecer menos
centrales que otros, pero que en cada lucha por ejemplo por cuestiones
salariales se dan al mismo tiempo luchas por la reproducción de la vida, y así
el tener que hacernos cargo de cosas como la comida y los cuidados nos plantea
algo que debe mantenerse incluso después del capitalismo. Así, un “bloqueo” es
importante, pero es parte del capitalismo, no así la cocina y la guardería que
se instalan para poder mantener una huelga, aunque no estén en el primer plano
del conflicto. Y todas estas cuestiones son parte de la misma lucha. Justo ahí
Joshua señaló que era una lástima que sólo hombres hayan hecho intervenciones
hasta ese momento. A pesar de la presencia de varias mujeres, sólo en ese punto
una habló, profundizando la cuestión de los cuidados y realizando una crítica a
la mantención de la división sexual del trabajo incluso en estos espacios y
luchas.
A lo largo de la
conversación, nuestro invitado realizó sinceras y agudas declaraciones como
“odio la democracia”, “soy por sobre todo un materialista”, “las políticas
pre-figurativas son un ‘fake’” o “no soy un buen anarquista porque no creo que
podamos eliminar completamente la representación”. Finalmente, insistió en que
la revolución es un proceso “más de sustracción que de adición”, y que la
comunización debe abolir inmediatamente la división entre el trabajo
manual/intelectual, y la división del trabajo por sexo/género, además de
abordar cuestiones relativas a la “infraestructura”, pues no basta con que el
proletariado sepa usar los barcos, oleoductos y carreteras, sino que se debe
apuntar sobre todo al “desarrollo de habilidades”, en momentos en que sabemos
que de aquí a treinta años varias ciudades quedarán sumergidas en el agua.
La cuestión del “poder”
debería plantearse de forma negativa: “el poder de destruir el poder”, y también aclaró ante una consulta que para él
la comunización no es tanto una cuestión teórica, sino que el proceso de
aplicación de “medidas comunistas”. Ante otra pregunta que ya no recuerdo bien,
Joshua dijo que como muchxs camaradas él tiene amigos muertos y amigos en
prisión, y que por eso entiende que sea atractivo para varixs tratar de hacer
cambios sociales profundos sin acudir a la lucha o el enfrentamiento armados.
Pero él cree que eso no es posible, y que el conflicto armado será inevitable.
Hasta ahí mis apuntes y
recuerdos. Mucho más preciso va a resultar escuchar el podcast de lxs compas de
Vitrina Dystópica, que se encargaron
de registrar en audio todo el evento.
Antes de irme del lugar
conversé brevemente con el invitado y adquirí dos folletos recién traducidos y
circulados por el ambiente “comunista raro” metropolitano: “Transición: fin del
debate”, de Joshua Clover, editado por Vamos
hacia la vida, que una semana antes de este encuentro lo discutió
colectivamente en una reunión virtual, y “Los fines del Estado”, de Joshua con
Jasper Bernes, editado por Reyerta &
Revolución. En el primero se aborda la superación de la idea del socialismo
como fase intermedia entre el capitalismo y el comunismo, algo que ya
resultaría imposible en las actuales condiciones del modo de producción. El
segundo texto fue publicado en la revista comunista Viewpoint el 2014,
respondiendo a una invitación colectiva para abordar algunas cuestiones del
siguiente tenor: “¿Cómo sería hoy una postura propiamente revolucionaria hacia
el poder estatal y cuáles serían las consecuencias concretas de esta postura
para una estrategia política? ¿Tiene todavía algún significado la ‘captura del
poder estatal’? ¿Tiene todavía el partido un lugar en estas preguntas más
amplias?”.
Cuando el sol ya caía, varixs
nos dirigimos a conseguir cervezas para disfrutar el inicio de la primavera en
la Plaza Brasil. Durante la breve pero intensa celebración colectiva que se
armó, mientras circulaba un enorme cigarro de marihuana armado con generosos aportes
de varixs de los presentes, un muchacho al que no conozco decía: “súper buena
conversa, súper buen invitado, pero siempre me quedo con la misma sensación de
impotencia después de estos eventos. Nos tomamos unas chelas y nos vamos para
la casa, ¿y la revolución social, cuando?”. Lo mismo me preguntaba hoy al
despertar temprano para salir al trabajo dejando a mi hijo camino a la escuela.
Etiquetas: Chantiago, comunismo, psicogeografía
lunes, noviembre 11, 2024
TRISTE DERIVA POR LO QUE QUEDA DE LA CALLE SAN DIEGO
Un día antes del último fin de semana largo fui a un
seminario en la Casa Central de la Universidad de Chile, donde exponían
exclusivamente mujeres que se desempeñan como abogadas defensoras de derechos
humanos.
Siempre me ha impresionado, las pocas veces que he hecho
ingreso a ese edificio, la tremenda soledad de sus pasillos y salas. Ni siquiera
para el “acampe” por Palestina cambió tanto esa sensación de frialdad del
espacio abierto, poblado casi exclusivamente por funcionarios y guardias.
Al terminar el evento, tras saludar algunas amigas salí sin
ningún rumbo fijo.
Miré un rato los puestos de libros ubicados en la calle. Nada
muy destacable, excepto la insistencia de los vendedores (extranjeros) en que
te lleves algo. Lo cual en mi genera el efecto contrario: ganas de irme sin
nada.
Luego caminé por San Diego hacia el sur. Recordaba cuanto me
gustaba hacer derivas por ahí cuando llegué a Santiago, a fines de los 80.
Encontraba libros marxistas y vinilos a muy bajo precio. Es curioso que ambos productos
ahora se encuentran más oficialmente, y ya no son para nada baratos.
Recordaba haber visto a mediados del 2019 en las pocas verdaderas
librerías que quedan en la Galería san Diego algunos títulos interesantes (La
escena contemporánea de Mariatégui, Una lectura política de El Capital de
Harry Cleaver, y las actas de un seminario sobre Gramsci hecho por académicos
pinochetistas en plena dictadura).
La librería en que tenían estos títulos o estaba cerrada o ya
no existe más. Me quedó la duda.
En el segundo piso, ya sólo queda la Disco Beat, que don
Simón “Tavo” Aliste atiende sólo entre 13 y 15 (o algo así: me lo encontré en
el Metro hace poco y eso recuerdo que me dijo). La otra disquería que quedaba casi al frente no
existe hace rato, pero lo peor de todo es que ya no hay librerías con libros de
verdad: sólo algunas especializadas en textos jurídicos de los más aburridos, y
otras que venden facturas e impresos varios sin valor literario alguno.
Salgo a la calle, y veo el horrible Mall Chino al frente. No
me dan ganas de ir a curiosear nada ahí.
Justo afuera de la galería San Diego hay una buena cantidad
de libros siendo rematados a 3 mil pesos cada uno. Alcanzo a ver el libro sobre
Manuel Gutiérrez, adolescente asesinado por disparos policiales durante las
barricadas de agosto del 2011. Pienso llevarlo, pero no puedo.
Sigo caminando. Trato de ver las tiendas de instrumentos
musicales. Pero no puedo. Algo me aleja, algo me repele.
Empiezo a sentir algo a lo que verdaderamente le tengo mucho
miedo: el espacio por el cual se empieza a asomar la depresión. Trato de mantenerlo
siempre lejos, pero sé que está ahí, a veces se acerca y….uno nunca se sabe a
donde te podría conducir.
A punto de salir huyendo de ahí, detecto el Masticón: un
bar/restaurant de esos que aún se parecen a como era esta calle en los 80. La pienso
dos o tres veces, y al final hago ingreso. Pido un schop Heineken y un italiano
“falso” (sin vienesa: acá claramente no ofrecen, como en otros lugares, la
opción de ponerles, papas fritas, queso o champiñones para el usuario vegetariano).
Tanto mejor.
Me pongo a leer las cartas de amor de Rosa Luxemburgo: ella
está físicamente muerta hace más de 100 años, pero en sus cartas vive y siente
y se expresa como pocos seres en este mundo.
El schop está aguado. El italiano, algo mojado y con palta de
bolsa, no real. Pido la cuenta: ni siquiera es barato: sale casi 8 lucas en
total, con propina.
Me decido: voy a ir a por el libro de Tania Tamayo sobre
Manuel Gutiérrez. Debería tenerlo en mi biblioteca, porque de hecho colaboré un
poco con la autora haciendo una lectura atenta a la terminología jurídico/judicial.
Tamayo es seria, así que no quería incurrir en los errores usuales de sus
colegas periodistas cuando escriben sobre cuestiones judiciales.
Al llegar a esos mesones, veo que un joven ya está
colocándolos masivamente en una carretilla, porque son las 20 y todo empieza a
cerrar. Le dijo que si tenía por ahí encima el libro “Todos somos Manuel Gutiérrez”.
La respuesta: “Puede que sí, puede que no, pero ya cerramos”. Me parece una
mierda, tengo las tres lucas en el bolsillo, pero por otro lado lo entiendo, y
pienso que el destino no quiso que tuviera ese libro.
Para justificar al destino a posteriori, recuerdo que cuando
compartí un panel con Tania Tamayo junto a Nancy Guzmán (otra escritora) de
moderadora, ambas me tiraron algo de
mierda por haber dicho que a diferencia de la represión “selectiva” de la
dictadura, la estrategia represiva de Piñera durante el estallido del 2019
había sido el uso de la escopeta antidisturbios como una forma de represión “aleatoria”:
de cada disparo salían 12 perdigones que dirigidos a una masa de personas,
podían impactar a cualquiera.
A esa afirmación le hicieron la siguiente crítica, ambas: “Julio,
deberías saber que la represión nunca es aleatoria. Siempre se dirige en contra
de los más marginados y desfavorecidos de esta sociedad”. OK. Creo que no
entendieron lo que dije. ¿Tal vez me expliqué mal?
Ahora sí que ya me quiero ir a la casa.
Pero me detengo en la esquina, y saco una foto.
El paisaje que desde ahí se observa me lleva a inicios de
1987. Cuando vino el papa Juan Pablo II y los militantes de las Juventudes
Comunistas íbamos casi todos los días a hacer mítines relámpago en el centro.
El edificio de la esquina con Alameda tenía un gran cartel de la AFP PROVIDA
(¡vaya nombre!). Mi Liceo (el A-67) quedaba en las Torres de Fleming, y mi
familia estaba viviendo donde amigos en San Bernardo.
Cada día debía levantarme muy temprano para llegar a tiempo a
clases, tomando dos micros repletas, pero tras tantos cambios de ciudad y
establecimiento preferí quedarme ahí a terminar el Cuarto medio. Además de las
reuniones de la jota (dos o tres por semana) teníamos reuniones de la
Coordinadora de Organizaciones de Enseñanza Media (COEM), por lo general los
lunes en el Campus Oriente de la Universidad Católica. Enjambres de pingüinos/as
usábamos libremente las salas para ampliados, reuniones de comisiones, e
incluso talleres prácticos de autodefensa, mientras las comisiones de
propaganda pintaban lienzos en los patios.
Un día que fui solo a protestar en el centro logré arrancar
de las garras policiales por escasos centímetros. Los pacos de esa época no tenían
el equipamiento actual, pero eran especialistas en dar lumazos.
La violenta arremetida verde dejó varias personas detenidas
en la primera cuadra de San Diego, las que eran ingresadas a palos a un bus
estacionado frente al edificio.
En mi desesperación casi sin darme cuenta subí corriendo al
estacionamiento del edificio, en el segundo piso. Los carabineros no me
siguieron, así que libré. Me quedé escondido por más de un cuarto de hora, y me
asomaba disimuladamente para ver qué pasaba:
Al interior del bus, jóvenes de ambos sexos eran puestos como
alfombra por el piso. Los policías les pasaban caminando por encima, dando
algunos furiosos saltos para causarles más daño, mientras los golpeaban con sus
lumas. La gente gritaba de dolor, y yo me sentía bien por haberme salvado de
esos malos tratos, y horriblemente por estar presenciando en directo los
apremios que ellos estaban sufriendo y que si hubiera corrido un poco más lento
estarían siendo aplicados también sobre mi cuerpo adolescente.
Esa esquina se ve casi igual que en esos tiempos. El recuerdo
sigue ahí. La brutalidad y el miedo incrustados en el pavimento y en el
edificio.
Me sumerjo en la estación de Metro Universidad de Chile. Alcanzo
un asiento en el tren subterráneo, y leo a Rosa, que le dice a su camarada Leo
Jogiches en una carta fechada el 20 de marzo de 1893:
“Hoy me levanté temprano y volé hacia ti, pero noté que mis conjeturas
nocturnas no eran nada más que un sueño. Así que, si no llegas el miércoles,
iré temprano a Ginebra en tren. ¡Ya verás!”
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martes, julio 02, 2024
Último lanzamiento y Entrevista sobre Barricadas a go-go
El lanzamiento de “Barricadas a go-go” en Taller 55/Esqueleto
libros el viernes 28 de junio terminó siendo un gran evento, inolvidable, gracias
al apoyo de tantas personas que me llego a emocionar. La tristeza por el cierre
del local fue sublimada en fiesta y música en vivo (Nawito Seudónica Dúo, Sin
Asilo, y cuatro temas de Disturbio Menor), comentarios (Marisol García, Tomás
Pacheco y Cristóbal Durán), vino tinto a destajo con maní salado, y hasta la
confederación de pinchadiscos. Se asomó la policía en un momento, pero se fue
luego y creo que no regresó. Me fui de ahí a las 3 AM y la fiesta no concluía.
El día anterior los compañeros de Carcaj subieron la
introducción a la cuarta edición, bajo el título de “Cascos, garrotes y bombas molotov: el 68 japonés”, con un collage en que se ve a los Zengakuren, los
Rallizes y Kaoru Abe en medio de un paisaje urbano tomado de las barricadas
parisinas de 1848: ¡notable!
Y el día posterior, apareció en La Jornada de México esta excelente nota/entrevista por Hernán Muleiro.
A continuación los dejo con la entrevista completa con
Hernán.
Banzai!
1. ¿Cómo diste con el tema
del libro? No sé exactamente como fue la historia entre movimientos
revolucionarios y rock en Chile, pero siempre me llamó la atención como en
Argentina rock y revolución, en un contexto de la dictadura de los 70s, fueron
considerados asuntos separados, cuando la versión gringa, también vista a la
distancia de la historia, parece unir a las dos.
La idea de armar un texto dedicado a ese cruce entre
agitación social y cultural, y entre subversión política y musical, provino de
un amigo argentino que me lo pidió para su fanzine Escena Obscena después
de visitarme en Santiago de Chile y escuchar un conjunto de grabaciones de rock
y jazz hecho en Japón.
Pero mi encuentro con el tema tiene una historia más larga,
pues ya desde 1984, al cumplir 13 años en plena dictadura, confluían en mi la
pasión por el heavy metal con la militancia izquierdista y posteriormente
anarquista. Tal como dices, en el Chile de los 70 y los 80 el grueso de los
izquierdistas eran tan anti-gringos que no querían saber nada de guitarras
eléctricas ni canciones en inglés: pura alienación proimperialista según ellos.
Así y todo, y tal como explico en un texto reciente sobre el black metal (1),
una minoría de jóvenes izquierdistas amábamos esos sonidos, y seguimos
explorando otros: progresivo, sicodelia, punk, dub, noise…De todos modos, hay
que destacar que antes de 1973 Víctor Jara alcanzó a grabar “El derecho de
vivir en paz” junto a la banda sicodélica nacional Los Blops y que artistas
como Angel Parra usaron guitarra eléctrica en algunos discos, así que los
prejuicios contra el volumen y la electricidad no los tenían todos sino que
sólo los izquierdistas más amargados.
La música japonesa de ese turbulento período que más o menos
encaja entre 1968 y 1977 la conocí recién a inicios de este siglo, tras leer un
texto de Alan Cummings en la revista The Wire donde se
explayaba en torno a esa escena de Shinjuku, y presentaba a artistas impresionantes
que no conocía, como el saxofonista Kaoru Abe y el guitarrista Masayuki
Takayanagi. De ahí en adelante estuve un buen rato dedicado a descargar discos
japoneses en soulseek.
Las luchas callejeras de los estudiantes japoneses y su agrupación Zengakuren las conocí a inicios de los noventa, por la observación casual en la TV de un curioso documental llamado “Días de Furia”, donde entremedio de varias cosas bien bizarras muestran mostraban imágenes de la lucha en Sanrizuka contra la construcción del aeropuerto de Narita en las afueras de Tokio, hacia 1970, y la violenta resistencia y represión que se generaban (2). La voz en off del conductor presentaba el dramático registro como una confrontación entre el mañana (construir un moderno aeropuerto) y el ayer (la lucha de los campesinos y estudiantes por impedirlo). Poco después di casualmente con el librito de Bernard Beráud sobre “La izquierda revolucionaria en el Japón” (edición mexicana de 1971), donde entremedio de las detalladas explicaciones sobre las tácticas de combate callejero y la evolución de los distintos grupos de la ultraizquierda japonesa me hice una clara idea del tipo de lucha antiimperialista y a la vez antiestalinista que se llevaba a cabo por allá.
2) ¿Qué te interesó particularmente de la historia en Japón
relacionada al Rock? Creo que por un lado está el choque que causaba la figura
del rockero-hippie en la sociedad nipona, era directamente una figura fuera de
la sociedad convencional. Por el otro el quiebre que tienen cuando pasan de los
60s más a-go go a una expresividad más propia.
Claro: la sola posibilidad de que existiera un “rock
japonés”, y lo mismo con el jazz, es el núcleo del problema. Porque es cierto
que al inicio se produce un fenómeno de imitación, primero con la manía que
causan las guitarras eléctricas y su imagen y sonido futurista, ya desde las
exitosas giras de los Ventures y los Shadows a inicios de los sesenta, los
imitadores de Elvis y luego de los Beatles, pero finalmente se aprecia el
surgimiento de una verdadera contracultura japonesa, con mucha fuerza desde el
68, que por un lado incorpora creativamente estas influencias occidentales
generando un material genuinamente nipón, y que al mismo tiempo estaba
profundamente ligado al movimiento estudiantil contra la guerra de Vietnam, y a
un cúmulo de luchas sociales que se dieron en Japón como parte de la revuelta
global de los sesenta. Esa misma adaptación del rock -que a su vez derivaba del
blues- a otros territorios y psicogeografías se da en varios lugares: los
alemanes con su “krautrock”, bandas francesas muy difíciles de encasillar como
Magma y Etron Fou Leloublan, o el movimiento abiertamente político del “Rock In
Opposition”, cuyas principales bandas producían formas totalmente únicas de
“rock”, muchas veces dialogando con el folclore, el avantgarde y lo que ahora
todos llaman “post-punk”.
En el caso de una de las formaciones más famosas del rock
japonés, la Flower Travellin’ Band, se canta en inglés y el vocalista había
participado en la versión nipona de la ópera rock “Hair”, pero la guitarra
eléctrica toca escalas orientales…incluso cuando están versionando a Black
Sabbath o a King Crimson. Por cierto, en el arte del interior de su primer
disco “Anywhere” (1970) se aprecia a dicho vocalista en la calle, tocando
armónica con su pinta de rockero y cabellera afro, mientras es observado con
una gran sonrisa por una señora de aspecto tradicional.
Muchos de los protagonistas del “free jazz japonés” se
preguntaban si era posible crear propiamente “jazz” en esas condiciones, o si
más bien se trataba de una creación propia, imposible de clasificar bajo los
parámetros usuales de la industria musical occidental. Para un detalle de estas
discusiones y actividades (no solo musicales) recomiendo el libro de
Teruto Soejima sobre el free jazz en Japón (disponible en inglés, pero aún no
en español).
3) ¿Cuál es la importancia de Rallizes en esta historia? En
un punto la historia de un grupo de rock que secuestra un avión en nombre del
comunismo revolucionario es la materialización de las pesadillas de los padres
gringos, el mito de un rock que altera las facultades políticas de la juventud
hecha realidad.
Difícil no enamorarse de una banda como Les Rallizes
Denudes…que con su sonido e imagen, mito y leyenda, concentran casi todo lo que
fue la revuelta global del 68 y sus “vidas posteriores” (por usar la expresión
de un interesante libro de Kristin Ross). Junto a la Flower Travellin’ Band son
tratados en mi libro como los ejemplos superiores del rock nipón. Ambas ya han
alcanzado hace rato un merecido estatus de culto, en gran medida gracias al
libro de Julian Cope sobre el Japrock (editado hace poco en español).
Y sí: hoy en día nos resulta difícil imaginar que los
rockeros hippies (o “futen” como se les llamó en Japón) fueron en efecto vistos
como un peligro enorme para el partido del orden, en el momento en que pasaron
a politizarse. Por eso la leyenda dice que la CIA tuvo que intervenir
enérgicamente para lograr desviar el movimiento hacia las drogas y el
entusiasmo por chamanes orientaloides y gurúes de la búsqueda interior.
En Japón, la afluencia de melenudos en las calles fue primero
tolerada, para pasar a ser fuertemente reprimida a contar de 1969. Sus tácticas
de “guerrilla folk”, basados en los Panteras Negras, los estudiantes radicales
alemanes y la experiencia de distintos grupos de acción y teatro callejero como
los Hi-Red Center, fueron demasiado lejos a los ojos de la clase política,
aunque curiosamente contaron con la simpatía de un “tradicionalista” como Yukio
Mishima, que incluso se atrevió a ir a discutir con los estudiantes de
ultraizquierda que mantenía tomado el campus de la Universidad de Tokio (3).
Y unos meses después del secuestro del avión Yogodo en que
participó el bajista de los Rallizes, Mishima intentó tomarse un cuartel
militar para hacer una proclama incitando un golpe de Estado tradicionalista,
fracasando en el intento y siendo decapitado ritualmente por sus acompañantes.
Creo que al escuchar cualquier disco de los Rallizes, toda
esa aura está presente, y por eso su obra es tan poderosa y sigue cautivando
hasta el día de hoy. Parafraseando las últimas clases del malogrado Mark
Fisher, seguimos cautivados por las formas culturales de esa época por “los
deseos no realizados que eran inherentes a esas formas y a los que esas formas
todavía les hablan”.
4) ¿Y cuál la importancia del free-jazz? Siento que está
unido a la música de rock experimental en la historia pero que fueron
movimientos que no siempre se cruzaron, más allá de los paralelos entre la
deconstrucción del jazz y del rock.
Acaba de salir un libro del argentino Mariano Peyrou sobre el
free jazz, al que califica como “la música más negra del mundo”. En esa
perspectiva el free jazz, que considero una auténtica revolución cultural del
siglo XX, aparece como indisociable de la experiencia de vida de los
afroamericanos en Estados Unidos. Pero tal como el rock terminó siendo un
lenguaje universal, el movimiento del jazz libre también se fue adaptando a
distintos contextos que a la vez que lo alejan de su origen afroamericano, enriquecen
esa tradición al hacerla dialogar con otros elementos, tal como ya era posible
apreciar en la música libre hecha en Inglaterra por gente como John Stevens y
Derek Bailey, en Alemania por Peter Brötzmann, y en Japón por una considerable
cantidad de artistas que supieron usar y desarrollar este idioma musical.
Sobre la ligazón (o falta de ligazón) con el rock, diría dos
cosas. Primero, que muchas de las bandas que llevaron el rock a sus límites en
esa época estaban acusando recibo de la poderosa influencia de la obra de
Coltrane, Taylor, Coleman y Ayler: es notorio en los casos de MC5, los Stooges
y Velvet Underground, pero -curiosamente, ¿o no tanto’- esta es algo que no
suele mencionarse al hablar de las influencias directas del punk. Y en segundo
lugar, sólo agregaría que en el caso del guitarrista Masayuki Takayanagi -un
conocido guitarrista que practicaba formas más tradicionales de jazz e incluso
bossa nova- fue el encuentro con el ruidoso y expresivo feedback de
Terry Kath en “Free Form Guitar” (pieza de 6 minutos 50 segundos incluida en el
álbum debut de Chicago Transit Authority de 1969: ¡la muy exitosa banda de
Peter Cetera!) lo que lo llevó a radicalizar su estilo abrazando la forma tan
peculiar y radical de free jazz/noise que pasó a materializar con su New
Direction Unit. Así que en base a todo eso, siempre he creído que el jazz y
el rock deben seguir cruzándose, aunque no en la horrible versión “fusionera”
de los setenta, un pastiche con que la industria lucra bastante, sino que
uniéndolos en torno a la gran marea de “ruido horrible” en que ambos son
capaces de surfear.
5) ¿Hay una continuidad de esta historia en la actualidad?
¿Encontraste historias de grupos de otros lugares que se asemejaran a las
historias de los grupos en Barricadas a go-go?
No mucho en verdad. O sea, en relación a ese período de
tiempo (68-77) creo que la vinculación entre subversión política y estética sí
existía, era propia de la contracultura, y no ha sido muy estudiada. Muchos de
sus mejores productos apenas los hemos conocido o quizás no dejaron artefacto
alguno tras de sí. Pero hablando desde la actualidad, me temo que los dos
planos se han vuelto a separar: los artistas se creen artistas que a veces
opinan de política o apoyan determinadas causas, y los subversivos políticos
parecen poco interesados en el arte en sí mismo. Veo poca conciencia de que,
como decía el poeta Maiakovsky, el arte revolucionario requiere formas
revolucionarias. Por dar un ejemplo, durante la revuelta chilena del 2019 había
muchas expresiones de arte callejero. Con unos amigos, incluyendo a dos músicos
libres mexicanos, fuimos a la calle con saxofones, trompeta y otros
instrumentos acompañando un hermosos viernes de diciembre los enfrentamientos
como “Primera Línea Arkestra” (4). Poco después se organizó la
“Barricada sonora” (5), que se repetía todos los viernes en el centro
de Santiago, pero la convocatoria ya hablaba de “músicos que hablen el lenguaje
de la improvisación” (yo participé al inicio, aunque no me considero “músico”),
y la última vez que los vi (a inicios del 2020) iban tocando mientras marchaban
hacia el Museo de Arte Contemporáneo…¡Y no precisamente para prenderle fuego!
Después se vino la pandemia…
6) ¿Que parte del proceso de escribir el libro te causó más
dificultad?
Aunque parezca paradójico, lo que más me costó fue escribir
sobre los aspectos musicales. No es fácil, y a veces creo que es más difícil
referirse a lo que te gusta, que escribir criticando lo que te disgusta (un
problema que dicen que también sufría el gran Lester Bangs). Recuerdo que
cuando creía que el texto ya estaba listo se lo envié a un buen amigo amante (y
practicante) del noise, que tras leerlo me hizo ver que casi dos tercios del
contenido se referían al contexto sociopolítico…Así que me vi forzado a
trabajar un poco más la cuestión estrictamente musical, que se supone era el
foco de la investigación. Creo que por eso el final queda un poco abrupto, y
hasta anuncia una posible parte dos, en la que recién ahora estoy trabajando.
7) Aún no tengo en mis manos la edición mexicana del libro,
¿Qué es lo que agregaste respecto a las otras ediciones?
¡Debieras conseguirla! Acá en Chile ya se agotó, y hubo que hacer una reimpresión. Diría que esta es la edición definitiva, pues además de correcciones formales del texto original del 2017 se agregaron dos nuevas presentaciones: la de la editorial, que profundiza en aspectos culturales de la relación oriente/occidente, y la mía, donde entre otras cosas refiero el origen de esta combativa construcción que llamamos barricada, y la manera en que se expandieron una vez más por Chile y el mundo en las revueltas del 2019, antes de la pandemia y la tempestad reaccionaria y neofascista que vemos ahora.
Además, esta edición trae una hermosa portada, 12 fotografías
cuidadosamente seleccionadas que cubren desde las protestas callejeras hasta
los principales héroes musicales de esta historia, y un listado de libros,
discos y películas sobre el 68 japonés y su escena musical.
NOTAS:
[1] https://carcaj.cl/el-mundo-que-enterramos-una-mirada-anticapitalista-al-black-metal/
[2] Un fragmento del documental
puede ser visto en Youtube bajo el título de “Siege of the Red Fort!”.
[3] El registro fílmico se creía
perdido, pero apareció y fue editado hace poco como “Mishima: The Last Debate”.
[4] Acá se puede
escuchar un breve fragmento: https://templosagital.bandcamp.com/track/primera-l-nea-arkestra-ataque-sonoro-2-contra-las-fuerzas-especiales-de-carabineros
[5] https://rkrause.cl/web/?page_id=5808
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jueves, junio 20, 2024
Reporte, Tur, Invierno y Lanzamiento
En lo que va de este terrible año 2024, tenemos
en este haber la cuarta edición (ampliada) de Barricadas a go-go, publicada por
primera vez en el 2017, y en esta ocasión lanzada casi simultáneamente en Santiago, Ciudad de México
y Barcelona. Gracias a todxs por todo eso: Banzai, 2&3 Dorm, Archivo
Situacionista Hispano, a los comentaristas acá y allá y especialmente a quienes
acompañaron con su arte sonoro los eventos mexicanos. Aún quedan un par de
lanzamientos pendientes: avisaremos a tiempo.
(el manuscrito se interrumpe aquí)...
Durante fines de abril de inicios de mayo hubo
lanzamientos en Argentina: 1-2-3-4 (edición 2023) se lanzó en la galería Masao,
junto a dos libros más editados por Tren en Movimiento: Canción del cardumen
rancio Vol. II (Ilustraciones de Tomás Spicolli), y Banco de imágenes (poemas
de Gastón Carrasco y collages de Caro Lagos). Hubo dub e improvisaciones en
vivo, harta cerveza y poquita canabis. Después, varixs nos fuimos a una
excelente pizzería que aún estaba funcionando en la madrugada de martes/miércoles.
Un poema de Carrasco me llamó inmediatamente la
atención, logrando que se me erizara la piel recordando los días de revuelta en
Santiago hace menos de cinco años y que tan lejanos me parecen ahora:
La fotografía como documento social
La imagen cobra vida, la vida
te la cobra. Asciende una columna de humo que parte en dos el horizonte. Un
hombre pintado de selk’nam pasa frente a nosotros. Esquivo el daño, a
centímetros, más de las veces que quisiera. El ojo es un animal que salta en las
imágenes para cruzar el río de luz. Una molotov revienta en la mano en el peor
momento. Intento armar un mapa de guerra de imágenes. Hace días que no busco hacer fotografías, la
realidad me esquiva. Respiro y reconozco el espacio que cambia día a día. Hay
pegatinas de ángeles barrocos con frases contra el gobierno. Una chica se
mancha las manos con tinta negra pintando un stencil. El arte de prender y
fotografiar el fuego, ritual y barricada, humareda y aire enrarecido. Banderas
rojinegras. El paisaje urbano como trinchera. Un encapuchado lleva en el pecho
un tatuaje de Malcolm X. En el parque Forestal una banda toca en vivo covers de
Rage Against The Machine. Un prócer, irreconocible, está envuelto en plástico
alusa. En el parque Forestal un trío de chicas, megáfono en boca, toca “Viva la
Revolution” de los Adicts. Las camillas con heridos cruzan la escena como en
las películas de guerra. La piel arde. La garganta y los ojos se cierran. Nos
desplazamos como animales ciegos movidos por el instinto. El odio brota de manera orgánica en el cuerpo.
Los láseres se extienden como enredaderas hacia el cielo. Reconozco a alguien
por los ojos, escondida en una kufiya, como guerrera kurda. La miré aturdido
mientras ella tomaba del brazo a su compañero en dirección contraria a la
represión. Los piquetes se tomaron el espacio como hormigas o chaquetas
amarillas un trozo de carne. Grupos de diez o doce caínes. En un segundo todos
apuntaron sus armas, láseres, cámaras. La imagen queda en suspenso.
La religión de la muerte en versión de Lazo
ediciones se lanzó el jueves 2 de mayo en Biblioteca La Caldera, y el sábado 4
en la Biblioteca Ghiraldo de la ciudad de Rosario. De esta última circula el audio por ahí.
Regresando a Santiago, hice un set solista bajo
la denominación de JC Anti Ensamble en una tocata en que además estuvo mi viejo
amigo Luciérnaga, poco después con el amigo Rodrigo Karmy hicimos un
conversatorio sobre “Sionismo y fascismo” en el acampe de la casa central de la
Universidad de Chile.
El próximo lanzamiento de Barricadas a go-go será
el viernes 28 de junio en Esqueleto libros. Comentan: Cristóbal Durán y Marisol
García. Apenas tenga el afiche lo comparto.
YA: acá está toda la información sobre el lanzamiento de este viernes.
Denle likes, promocionen, vayan, lleven amigos/amigas/amantes.
Hace frío: así que lleve vino también (repartiremos un poco pero mejor que sobre).
Etiquetas: Argentina, Chantiago, fascistología, free chant, Japo, psicogeografía
martes, enero 09, 2024
Metal Oscuro: encargos y hallazgos
Le encargué a un viejo amigo que
vive en Buenos Aires que me trajera algunos discos editados o distribuidos por
Icarus en Argentina. Otro amigo que vivió por allá y ahora está en el sur, me
había dicho que al parecer Icarus llega y edita una serie de materiales que no
cree que sean muy legítimamente autorizados, pero hacen buenas ediciones.
Escogí el “Desecration of Belo Horizonte” de Blasphemy (edición brasilera, con CD y DVD): brutal. Qué más se
puede decir sobre estos Black Metal Skinheads de Canadá. Ah: una anécdota de
otro amigo señala que estuvo carreteando
con ellos, y que el vocalista (Nocturnal Grave Desecrator and Black Winds) se
metía una línea de cocaína cada 5 minutos. En fin: eso explica bastante, por
ejemplo un comentario que alguien subió a YouTube comentando un concierto de
Blasphemy en Valdivia: “más duro que infancia en Siria”. También pedí la
edición Icarus del legendario “Live in Leipzig" de Mayhem, uno de los documentos
clave con el finado Dead en las voces. El segundo de Immortal, “Pure Holocaust”,
que junto a “Battles in the North” son, en mi humilde opinión de recién llegado, uno
de los mejores testamentos del Black Metal noruego de todos los tiempos. Basta con poner play y apreciar como en el
primer tema la batería digamos “normal” dura 9 segundos, y de ahí viene un
blast beat eterno que no aminora en la poco más de media hora que dura este
clásico.
Se habían agotado el primero de
Bathory y el “Worship Him”, debut de los suizos de Samael, en edición de Del Imaginario discos.
Así que en reemplazo terminé optando por el “Plague Angel” de Marduk, también
por Del Imaginario, lo que me hizo apreciar que hacen ediciones realmente
correctas con excelentes folletos e impresión.
El viejo amigo me hizo entrega de
estos materiales en una Schopería, y después me encerré como dos días en casa a
asimilar toda esta oscuridad.
Pero quedé con la bala pasada en
cuanto al disco de Samael y con curiosidad por otras ediciones de ese misterioso sello
argentino. Paseando por el Persa Biobío me topé luego con un CD que no trae datos
de edición ni fecha ni sello ni nada, y que reúne los primeros demos de los
suizos: “Into the infernal storm of evil”. Excelente material, con un sonido
más “no fi” que “lo fi”, pero permite disfrutar la magia negra de una banda totalmente
atípica (no es rápida, no hay blast beats, no hay solos de guitarra) pero
esencial. De hecho, recuerdo haber leído en una entrevista a Deathspell Omega
que en sus inicios (“Infernal Battles” y “Inquisitors of Satan”) se sentían mucho
más influenciados por Samael que por el black metal noruego o sueco.
Después me fijé en el CD de
Marduk que Del Imaginario tenía un mail. Escribí y me respondieron rápido,
diciendo que en el local 132/133 del Sector 4 del Galpón Victor Manuel del
Persa Biobío traían cosas de su catálogo. Así que el último domingo (primero
del 2024) partí en metro tras meter a la mochila dos latas de cerveza que tenía
refrigerando desde el día anterior. Llegué al lugar indicado, que resultó ser
una disquería por la que varias veces había pasado sin notar más que rock &
pop, y me encontré con una caja llena de
ediciones Icarus y algo de Del Imaginario. Lo sorprendente fue el catálogo
(varias cosas de Mayhem, Ulver, Satyricon, Marduk, Darkthrone) y los precios:
todos los CDs costaban 6 o 7 mil pesos. Los de DT (ediciones dobles de “A blaze
in the northern sky” y “Under a funeral moon”) costaban 10 mil, pero no lejos
de ahí los había encontrado hace meses a un precio mayor: 14 mil y algo.
En esta ocasión me dejé llevar
por los estímulos visuales y mis pretensiones de investigador, y me llevé:
-Ulver, “Nattens madrigal” (1997). Conocía la deriva más experimental de esta banda, por un LP compartido con Sunno))). Sabía de su origen Black Metal, pero no había tenido el placer. Este disco es la parte final de su trilogía inicial de LPs dedicados a la licantropía. Que había partido con el excelente “Bergtatt” (1995), único en sus vocalizaciones (no gritadas ni con voz de demonio, sino que cantadas en un sentido entre folk y de ensueño), seguido del hermoso álbum totalmente acústico “Kveldssanger” (1996), y que culmina con esta gran obra en 8 partes (la obra se subtitula: "8 himnos para el lobo en el hombre", en que el estilo gélido de BM recuerda el “Transilvanian Hunger” de DT, pero con todo respeto diría que se nota más la ejecución musical (recordemos que según el mito, todos los instrumentos en TH fueron grabados por Fenriz en su pieza, y luego envió el material a Nocturno Culto para que le agregara voces) , partes casi folk y un sinfín de maravillas y sorpresas que lo han convertido de inmediato en uno de mis discos favoritos de todo el género del Metal Oscuro. Destaco el tema 6 (no tienen titulo estos himnos), que tiene una estructura casi de canción pop, sonando un poco como...los Pixies con tremolo picking y blast beat...
Lo más destacable es el sonido,
sobre todo de las guitarras, que se escuchan como un riffage doble, pero además hay algo especial en el conjunto del sonido, en el ambiente que se logra, con comienzos falsos o pruebas que se escapan del tema, y que según leí tendría explicación en que este álbum fue
grabado al aire libre en el campo.
-Emperor, "Emperor" (1993)/”Wrath of the Tyrant”(1992). Nunca me ha llamado mucho la atención el estilo del BM “sinfónico”, con predominio de teclado. Cosas que escuché de los legendarios Emperor apenas me entretuvieron un rato, y pensaba que tal vez en gran parte su fama se debe a los homicidios e incendios que mantuvieron tras las rejas en su momento a al menos un par de integrantes. Pero no pude resistirme a esta adquisición porque acá se reúne el primer demo, y el primer EP.
Bastante buenos, a pesar del precario sonido del demo, que en
rigor hace que me guste mucho más que las grabaciones posteriores. BM glacial e
intenso, especial para tomar melón con vino y cerrar las persianas. El arte de ambos artefactos está tomado de ilustraciones de Gustave Doré: la Muerte y Leviatán.
-Satyricon, “Nemesis Divina”
(1996). Se trata de su tercer álbum, el más clásicamente black metal, y con
presencia de Nocturno Culto (de Darkthrone) en la guitarra. Es un artefacto típico
del BM noruego como mejor es recordado tres décadas después: rápido, complejo,
glacial, bestial. Hasta hay un par de clips, como el de su famosa canción “Mother North” (featuring la polola de Satyr). No soy un gran fan de todo lo que
hicieron después, pero este álbum hay que tenerlo cerca, sobre todo para
contrarrestar el calor del verano.
-Mayhem, “Ordo ad Chao” (2007).
Es fácil perderse en la trayectoria de una banda que comenzó en 19854 y aún
sigue. En este álbum se reincorpora cantando el famoso húngaro Attila Csihar (que fue llamado por Euronymous para grabar las voces del album debut, y dos semanas después, de vuelta en Hungría, se enteró de su asesinato, cometido por su bajista Vikernes), y demuestra que a
pesar de los estereotipos asociados a esta banda, ellos nunca han dejado de
seguir un impulso más experimental que los hace incursionar en paisajes sonoros
desolados, casi industriales, sin tratar de replicar sus primeros discos y sin
abandonar tampoco la esencia maligna y oscura del ensamble.
A la tercera escucha diría que este álbum es realmente bueno. Me ha sorprendido gratamente y le daré play de nuevo después de cargar más pilsen.
Attila tiene un par de albums solistas, como este que editó su amigo Stephen O´Malley en el sello Ideologic Organ. Junto al australiano Oren Ambarchi, los 3 forman el excelente proyecto Ambient-Ruin: ¿qué están esperando? Volumen a esos parlantes y obséquienle todas estas joyas a sus vecinos. Si ellos no lo aprecian ahora, sus hijos lo harán alguna vez -si Lucifer quiere-.
Como dijeron los Melvins de no me acuerdo cual disco: "La gente NECESITA OIR esto!".
-Trouble, “The Skull” (1985). Del
Imaginario (los anteriores son todos Icarus). Doom metal cristiano del mejor
que se ha hecho, junto a Saint Vitus. Este segundo álbum suena casi igual que
el debut de 1984 (“Psalm 9”): suenan como Black Sabbath (*) pero trasladados a un contexto de mediados de
los 80, con el típico sonido cuasi-glam de las guitarras de esos años, y
canciones lentas, pesadas y pegadizas, que en momentos aceleran parcialmente
para dejarte cabecear más intensamente, aunque ya no te quede mucho pelo. No sé
si cabe aclarar esto pero, en tanto ateo, puedo escuchar metal satánico y
también cristiano. Al final, no es mentira que el satanismo es una mera
inversión del cristianismo.
Cosa curiosa es que supuestamente el doom metal es una reacción contra la hipervelocidad del thrash/speed metal. ¿Pero por qué no se podría combinar todo eso en un solo disco o proyecto? No lo sé. Queda bien con partes lentas y rápidas en vez de solo lo uno o lo otro.
(*): De hecho, la madre de mi hijo, que tiene un excelente oído, se confundió y pensó que estaba escuchando la voz de Ozzy.
PS: No, aun no
encuentro el primero de Samael.
Etiquetas: buenos aires, Chantiago, heavy metal, psicogeografía
jueves, agosto 24, 2023
Lanzamiento "La religión de la muerte": capítulo sobre Umberto Eco y el fascismo eterno
Umberto Eco y el ur-fascismo (o “fascismo eterno”)
Con la intención positiva de estar
alertas frente a un posible resurgimiento del fascismo, algunos intelectuales
como Umberto Eco han llegado a hablar de un ur-fascismo
o “fascismo eterno” (1), que siempre “puede volver de nuevo bajo las
vestiduras más inocentes” y por eso “nuestro deber es desenmascararlo y señalar
con el dedo cada una de sus nuevas formas –cada día, en cada rincón del
mundo-”.
Emilio Gentile ha reaccionado con
fuerza en contra de esta interpretación, que para él tendría el notorio y muy adverso
efecto de otorgarle al fascismo el don de la inmortalidad, a diferencia de
cualquier otra posición o ideología política. En efecto, a nadie se le
ocurriría hablar de un liberalismo, un trotskismo, socialcristianismo o
anarcosindicalismo eternos, pero gracias a la afirmación de Eco cualquier
neofascista podría sentirse orgulloso de unirse a la única expresión política
que existiría desde siempre, trascendiendo a todos los acontecimientos, modas
sociopolíticas y demás vaivenes de la historia. El “fascismo eterno” sería no
sólo un “enemigo poderoso” sino que más bien absolutamente invencible, que
existe desde y para siempre, profundamente enraizado en la naturaleza humana.
De todos modos, a pesar de las
críticas a la “eternidad” del fascismo, cabe destacar que incluso Enzo
Traverso, partidario en general de un uso acotado del concepto, afirmó en el
2019 que “el posfascismo está creciendo en todas partes y no sabemos el
desenlace de su proliferación”, y que “podría mantenerse en el marco de la
democracia liberal, pero también podría experimentar una nueva radicalización,
especialmente en el caso de un colapso de la Unión Europea, que es uno de sus
objetivos”. Las premisas de ambos desarrollos ya existen, así que de producirse
la segunda opción “nos veríamos compelidos a reconocer que el fascismo no fue
un paréntesis del siglo XX”, pasando así a ser un “concepto transhistórico”
(2).
Por de pronto, Traverso reitera a
propósito del actual ascenso de las “derechas radicales” en varios países que
“el concepto de fascismo parece a la vez inapropiado e indispensable para
comprender esta nueva realidad”, y esa es la razón por la que “el concepto de
posfascismo se corresponde con este paso transicional” (3).
Leyendo el texto de Eco -que
contiene recoge su intervención en la Universidad Columbia en abril de 1995, conmemorando
el cincuentenario de la “liberación” de Europa-, tengo la impresión de que la
crítica de Gentile es algo excesiva, pues más que sostener la “eternidad” del
fenómeno fascista lo que el autor intenta hacer es identificar algunos
“arquetipos” que nos sirvan como indicadores o señales de la presencia de
alguna forma de fascismo. Dentro de ellos señala el vínculo entre culto a la tradición
y sincretismo ideológico, e identifica en su rechazo de la modernidad (aunque
no necesariamente de la técnica) el elemento que le permite al fascismo
camuflarse de anticapitalista, en base a una supuesta crítica radical del modo
de vida capitalista, que constituye en realidad una reacción anti-ilustrada e
irracionalista, en contra del espíritu de 1789, descalificado como el origen
del “liberalismo”.
Otro rasgo que activaría la alerta
de Eco -y que se encuentran muy presente en la alt-right norteamericana y otras formas de nueva extrema derecha en
Chile y el mundo, incluyendo al Partido Republicano de Kast y toda la
autodenominada “fachósfera” que pulula a su alrededor-, es la obsesión por el
complot, sobre todo si este alcanza una dimensión internacional.
A esto debemos agregar algo que Eco
en 1995 no podía aún imaginar: la difusión de diversas “teorías conspirativas”
a través de las redes sociales, logrando intoxicarlas de fake news, creando trending
topics, y dando desde internet la “batalla cultural” contra el globalismo
marxista y/o liberal. Las versiones más conocidas de estas teorías del complot
han sido QAnon en Estados Unidos, y la de la “revolución molecular
disipada” dada a conocer desde Chile por Alexis López Tapia (4) y
divulgándola incluso entre las fuerzas armadas de Colombia justo antes del
estallido social ocurrido en ese país desde abril del 2021.
López Tapia tuvo un enorme minuto de
fama luego de la insurrección colombiana, puesto que no sólo suministró
argumentos a los represores para no dudar en aplastarla implacablemente, sino
que su teoría fue referida en un polémico tuit por el ex presidente Álvaro
Uribe. En brevísimos cinco puntos el derechista Uribe resumía la situación y terminaba
señalando: “Resistir Revolución Molecular Disipada: impide normalidad, escala y
copa”, y pedía fortalecer a las Fuerzas Armadas cuando ya habían asesinado a
más de 24 manifestantes. Gracias a la visibilidad así adquirida muchos
analistas dentro y fuera de Chile se volcaron a analizar la particular lectura
del concepto de “revolución molecular” de Félix Guattari, y la adaptación con
el agregado “disipada” que realiza López.
Hay que señalar que en Chile el ex
Ministro Mañalich ya había revelado a mediados del 2020 que estaba leyendo a
Guattari para entender el estallido social y el control de la pandemia (5).
Desde Europa Franco Berardi, que conoció bien a Guattari y su obra, destruyó de
manera fulminante la versión de Uribe y de López (a quien trata de “pobre
diablo”):
“La revolución molecular no tiene
absolutamente nada que ver con una táctica de combate. Esto no quiere decir que
Félix Guattari estuviera desinteresado del combate y la táctica, pero el
concepto de revolución molecular se refiere justamente a lo contrario de la
táctica. Cuando se habla de revolución molecular, se habla, de hecho, de un
proceso que no puede estar dirigido ni programado, ya que no es un efecto de la
voluntad racional, sino justamente una expresión del Inconsciente, del deseo
que no tiene nada que ver con las formas políticas establecidas ni con la
astucia de algún marxista oculto en algún sitio en el bosque” (6).
Posteriormente se supo que la teoría
de López gozó también de mucha popularidad en la Inteligencia de Carabineros.
Un reportaje de Victor Herrero en Interferencia señala que a fines del 2019
Luigi Lopresti, jefe de la DIPOLCAR, “insistía en que la explicación de todo lo
que estaba ocurriendo en las calles y plazas del país encontraba una respuesta
coherente en una teoría del neonazi chileno Alexis López Tapia”, y que “durante
varias semanas de fines de 2019 e inicios de 2020, Lopresti ordenó poner las
cerca de 15 láminas del PPT que resumía la teoría de López en una pared de las
oficinas de la Dipolcar” (7). El documento en cuestión, titulado “Crónica del
octubre rojo” vino a conocerse recién a fines de septiembre de 2022, cuando los
hacktivistas de Guacamaya liberaron miles de documentos y correos electrónicos
del Estado Mayor Conjunto de la Defensa de Chile. Adjunto a un correo cuyo
mensaje decía “Perro imprime esto para el teniente porfa” (sic) se encuentra un
texto de 36 páginas firmado por López el 8 de noviembre de 2019, anunciando una
segunda parte en desarrollo. Lo más llamativo es que además de una cronología
de los hechos que llevaron “de la evasión a la insurrección” se interpolan
análisis que atribuyen la responsabilidad de estos hechos al filósofo francés
Gilles Deleuze (fallecido en 1995), el grupo Tiqqun/Comité Invisible, algunos
chavistas venezolanos, el anarquismo insurreccionalista y los ecoextremistas.
La Revolución Molecular Disipada sería un “modelo insurreccional” que avanza a
través de las fases de Escalamiento, Copamiento y Saturación. Los grafitis en
las paredes son en realidad “órdenes de combate” para una “acción
revolucionaria horizontal”, y para estos estrategas “es imprescindible que
ocurran violaciones a los DDHH”, las que deben ser alegadas para debilitar la
“autoridad moral del Estado para imponer el orden” e inhibir el “pleno uso de
sus capacidades materiales” por parte de las fuerzas de orden y seguridad” (8).
Esta “teoría” es bastante práctica y revela una vez más la profunda simbiosis
entre fascistas y aparatos represivos: en Colombia estos últimos no se
“inhibieron”, resultando más de 42 civiles muertos (9).
NOTAS al
pie:
1.- Aunque la expresión “ur” designa, más que
la eternidad, el estado original o primitivo de un fenómeno u objeto.
2.- Enzo Traverso, “Postfascismo. Fascismo como
concepto transhistórico”. Viento Sur, 3 de diciembre de 2019.
3.- Ibid.
4.- Que ya
no se define como nacional-socialista sino que como socialista-nacional,
lo cual es equivalente de a que uno diga que no es anarcocomunista sino
que comunista anárquico. Cabe destacar que hacia 1993 Hans Magnus
Enzensberger había hablado de la “guerra civil molecular” como un nuevo tipo de
conflicto que empezaría a darse en las metrópolis.
5.- Así,
fuera de los papers científicos, por estos días el doctor busca respuestas en
el libro La revolución molecular, del fallecido filósofo y psicoanalista
francés Félix Guattari. Allí, en los 70, por primera vez se plantea que las
revoluciones venideras no serán con líderes a la cabeza, o en dos bandos como
se planteó la Guerra Fría, sino que, desde las bases, distintos colectivos, y a
raíz del malestar cotidiano. Quizás, allí -sostiene Mañalich- pudiera estar una
de las claves para el éxito del manejo de la pandemia”. En: https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/manalich-sus-dias-mas-grises-en-la-pandemia/2CWTM4K2BBDRRHJDUG2NLI7DSU/
6.- Franco
Berardi, ¡VIVA LA REVUELTA ANTI-FINA(N)ZISTA DE LXS COLOMBIANXS! Pero
esto no tiene mucho que ver con la revolución molecular. Lobo Suelto, 16 de
mayo de 2021.
8.- Alexis
López Tapia, Crónica del octubre rojo, 2019.
9.-https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Fallecidos_durante_las_protestas_en_Colombia_de_2021
Etiquetas: Chantiago, fascist pigs, fascistología, nada mas práctico que una buena teoría, psicogeografía













