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viernes, mayo 15, 2026

La Once, "Canción desconocida" (Algo records, 2026) 

 


Ocho canciones en poco menos que cuarenta minutos ofrece el álbum debut de la banda La Once, a lanzarse el 9 de mayo de este convulsionado 2026. La descripción en bandcamp del ensamble formado por tres mujeres dice que es una “Banda chilena que compone y ensaya mientras toman once, lavan platos, secan ropa, limpian el w.c. y cortan cebolla”.

Desde mi “posición de privilegio masculina”, siempre me han llamado la atención las bandas punk de mujeres, y nunca he sabido muy bien cómo explicar el por qué. ¿Es realmente distinta la música hecha por hombres que por mujeres? ¿Existe en verdad un rock típicamente masculino o incluso machista en contraste a otro femenino o inclusive feminista?

La primera banda female-punk que conocí fueron las Slits, cuya musicalidad y sobre todo sentido del ritmo me parece única y deslumbrante, y quedó plasmada tanto en sus Peel sessions (donde los muy profesionales y machirulos ingenieros de sonido de la BBC las trataron con gran condescendencia y algo de desprecio), como en los notables álbums Cut (1979) y luego Return of the Giant Slits (1981).

A diferencia de muchos congéneres míos que, partiendo por el propio DJ John Peel, aman a esta y otras bandas femeninas por su tremendo entusiasmo y carisma “ a pesar de no saber tocar sus instrumentos” (eso le dijo literalmente a Simon Reynolds mientras este confeccionaba su libro sobre el Post-Punk), siempre me ha parecido al escuchar a bandas como las Slits, las suizas de Kleenex (luego rebautizadas como Liliput, ante amenazas de demanda de la empresa de limpieza), a las latinas neoyorquinas de ESG o a las Mercenarias de Brasil, que estas formas de música pop son muy superiores a los rancios estereotipos masculinos que por desgracia algunas chicas rockeras tratan de imitar. Y es precisamente esa diferencia lo que me hace ser fan de este tipo de bandas.

En el caso de La Once, me resulta imposible no destacar algunas similitudes de estilo con dos bandas previas de una de sus integrantes: Día Catorce y Las Jonathan. No sólo en el tipo de canciones, con textos que describen gráficamente situaciones tan cotidianas como el insomnio que acarrean los cambios de horario (“Horario de verano”) o las discusiones (“El me insulta”), sino que en la práctica de cambiar instrumentos entre las tres integrantes del conjunto. Pero estamos en un nuevo contexto, donde el impulso creativo ya no proviene de la energía adolescente, el mundo se ha hecho más frío y violento, y la mujer que hace e interpreta canciones sobre la vida cotidiana tiene más experiencia y debe saber complementar su actividad musical con las inevitables y monótonas labores domésticas. 

Las canciones se estructuran por lo general en base a un texto que se canta o recita de una manera que por alguna razón me recuerda a la gran banda femenina que siempre fue Mazapán, formada por profesoras de música que lograron entretener y activar la creatividad de varias generaciones de niños/as en Chile desde hace ya cuatro décadas. Pero la instrumentación remite directamente a una de las mejores bandas de la era punk, The Raincoats (contemporáneas de las Slits aunque mucho menos conocidas, lo que siempre me ha resultado agraviantemente injusto), y rítmicamente diría que hay varios ecos del sabor entre post-punk y latino que caracterizaba a las ESG (que no en vano fue una de las bandas más sampleadas por el hip hop de los ochenta). De hecho, La Once se atreve a traducir a su propio estilo -que por ahí denominan kazoo-punk- el viejo hit bailable “Sopa de Caracol”, de la hondureña Banda Blanca, originalmente una canción garífuna popularizada por el beliceño Hernán “Chico” Ramos. El resultado es sorprendente y bello, a la vez que demuestra el refrescante sentido del humor de sus integrantes. 

Consiga el disco y vaya a los conciertos. La Once está escribiendo canciones que hablan de nuestra época y de sus vidas. Y en el proceso logran hacernos sonreír e incluso bailar.

ESCUCHAR EL DISCO AQUÍ

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miércoles, marzo 27, 2024

LA ÚLTIMA GRAN BANDA DE ROCK AND ROLL 

 


He estado escuchando como loco el álbum Black Rose (1978) de Thin Lizzy, al punto que mi hijo ya se aprendió de memoria dos temas: Toughest Street in Town, rebautizada según la ocasión  como “Brigid Street in town” o “Flaitest sreet in town”, y Waiting for an alibi.

Al principio no me gustaron tanto un par de temas: S&M (sobre su enamoramiento con una prostituta), Sarah (dedicada por Phil Lynott a su hija recién nacida), y Roisin Dubh (Black Rose) a rock legend. Pero a las finales, es un álbum perfecto, redondo, aunque nada se te queda más pegado por días y semanas que los dos temas favoritos que señalé en el párrafo anterior.

El primer tema, “Haz lo que quieras”, tiene un toque como de Suzi Quatro con Gary Glitter, así de glam, pero en versión hard rock: una maravilla, y de ahí enlaza de inmediato La calle más Brígida del pueblo, que tiene unos power chords que podrían haberlos hecho los Cockney Rejects, y de hecho hay todo un toque pub/oi! cuasi punk que lo hace adorable. Leí por ahí que Lynott apoyó totalmente el punk cuando surgió, pero que en la era punk de algún modo su banda se vio como algo anticuada: dinosaurios del rock, aunque dentro del linaje degenerado del rock and roll sostengo que Thin Lizzy debe haber sido la última verdadera gran banda, justo después del eclipse de T. Rex.

De hecho, el productor de Rosa Negra es el gran Tony Visconti, de la fama de T.Rex y Bowie, y se nota su toque mágico.


“Esperando una coartada” es pura poseía callejera típica de Phil, la que ha hecho que en allmusic lo definan como especie de Dylan/Springsteen cantando a la clase obrera en formato de rock pesado. Porque claramente la banda debe haber influenciado a gran parte del heavy metal de fines de los 70, sobre todo por esa twin guitar que es una influencia evidente en Iron Maiden. Las dos guitarras, incluyendo acá al luego muy famoso Gary Moore, se lucen y le dan un toque único. Por cierto: el solo de Moore en el segundo tema es una maravilla.

Al igual que Lemmy y Mötörhead, Phil y Lizzy pueden ser del gusto de punks y metalheads, porque lo que hacen finalmente es ni más ni menos que Maximum Rock and Roll.

Hace poco también leí que Phil y algunos miembros de Sex Pistols armaron una banda ad hoc, The Greedies, que lanzó un single navideño en 1979.


De todos modos, sólo conozco una pequeña parte de la amplia discografía de Thin Lizzy, que creo alcanza la cifra de 14 LPs (incluyendo dos dobles en vivo).   

Cuando tenía 15 años, en 1986, el profesor de música del Liceo, que además me enseñaba guitarra eléctrica, me prestaba harta música, y entremedio una vez me pasó el “Renegade”, de un par de años antes. Era el último álbum, que muchos consideran de lejos el peor. A mi me gusta todavía, con canciones como la que le da título, y “Mexican Blood”. No era el mejor momento de Lizzy, y Phil murió poco después, pero sigue siendo superior a casi todo el “rock” posterior y actual. Según un querido y viejo amigo, en este album Lizzy suena como un Dire Straits más lumpenproletario

Y por ahí por el 2014 tuve que ir varias veces por trabajo a unas audiencias judiciales en la localidad costera de Pichilemu, aún bastante averiada por el maremoto del 2010. La copada agenda del tribunal nos dejaba algunos días libres entremedio, y así casi de causalidad llegué a ver varios conciertos de Lizzy en You Tube matando el tiempo en la habitación del hostal mientras juntaba ánimo para ir pasear por la playa. Me encantaron, y después en el Persa Biobío me compré el CD del Jailbreak (no confundir con la obra de AC/DC del mismo nombre, también excelente), de 1976, producido por John Alcock, y que justo ayer cumplió 48 años.



Para muchos esa es la obra cumbre de la banda. No podría confirmarlo porque me falta escuchar como 10 discos más por lo bajo. Pero sí: es un disco maravilloso, de principio a fin. Todo el mundo debería tener una copia en su casa para homenajear al mulato irlandés. Desde “Jailbreak” hasta “Emerald” el álbum te pasea por el mundo de Lynott, hijo del fugaz encuentro de su madre irlandesa con un marinero de Martinica, anunciando un estallido del que no todos saldrán vivos, paseando entremedio por el oscuro romanticismo de “Romeo y la chica solitaria”, y en el tema seis con lo que Greil Marcus dice que es por definición un verdadero hit veraniego: “The boys are back intown”, o "los chicos están de vuelta en el pueblo",que creo hasta hoy es su canción más exitosa y conocida.   

Greil comenta:

Noten la letra cuando dice “El verano no está muy lejos ahora que los cabros están aquí de vuelta”, con la sorprendente sugestión de que con su mera presencia Los Cabros causan un cambio de estaciones!

Y concluye:

Esta canción no es el producto de la realidad sino que del mito del rock; por medio de encantamientos busca restaurar el lenguaje del rock a la simple realidad capturada sin esfuerzo por los Beach Boys en “I get around”.

That´s right, Greil, y en homenaje a todo esto, voy a abrir una lata de cerveza (siendo justo las 12 en punto; soy un hombre de principios, y (casi) nunca bebo alcohol antes de mediodía).

ADDENDUM I:

Un amigo me hizo ver que en este entrada faltaba un dato importante: esas dos portadas de TL (junto a varias más) las hizo el artista irlandés Jim Fitzpatrick, famoso por su retrato del Che Guevara, y que hizo la portada del glorioso Underground Resistance de los gloriosos Darkthrone.



ADDENDUM II:

Buenos días. Ya mataron a Jesus Christ, pero entiendo que está arreglado que mañana va a resucitar en gran estilo.

Yo tampoco.

Me di cuenta de un par de errores que cometí en mi escrito sobre el poeta Philip Lynott y su vehículo expresivo, la banda de rock pesado Thin Lizzy.

Podría ir y arreglarlos, pero no soy un nazi/estalinista en el uso de la publicidad de masas.

Prefiero ir y asumir mis errores derechamente, y ver si de ello algo se aprende.

"Rosa Negra (una leyenda del rock" no es de 1978 (cuando yo iba en tercero básico) sino de 1979 (cuarto básico, Colegio San Antonio de La Serena. dado que en nuestra insignia decía C.S.A., cuando niños/as de colegios rivales nos veían aparecer espetaban: "¡Ahí vienen los Calzones Sucios Amarillos!". Gran anécdota de infancia en La Serena).

El otro error CRASSo en que incurrí es que dije de memoria que "Renegado" era el último álbum de Thin Lizzy. la verdad es que no: es de 1981, y en 1983 salió el doble en vivo Life y su verdadero último album de estudio: "Rayo y trueno".

Otra cosa interesante es que si bien la crítica no ha tratado muy bien al "Life", y yo tendría que analizarlo antes de opinar (por lo general no me gusta hablar de cosas que no sé), conseguí hace poquito el otro album doble en vivo (me gusta ese formato algo excesivo: Kiss Alive, Gong Live etc., Double Live Gonzo!, etc.) , "Live and Dangerous", de 1978.

Muy buen documento del rock, con una banda legendaria en un buen momento, producción de Toni Visconti, último album con el guitarra Brian Robertson, esta selección de 17 temas vendió 600.000 copias en Inglaterra y llegó al número 2 de los rankings, sólo superado por la banda sonora de "Grease" (o Grease brillantina como recuerdo que le decían por acá).  

Pero así y todo, el disco suena algo cansado, y se dice que es solo 75% en vivo, y la cuarta parte restante es trabajo de retoque en estudio. Nada mal en todo caso. Como se puede apreciar en esta presentación en Australia de "Waiting for an Alibi", hacia 1978 la banda tenía un seguimiento MASIVO: Qué curioso que luego Los Cabros de Thin Lizzy hayan sido casi olvidados.

Y esta versión creo que la mejor representación visual del glamour de esta banda, interpretando, sí, una vez mas, Waiting for an Alibi, en el show de Kenny Everett (1979)..


(Mis paseos por la ciudad me hacen concluir que, dejando de lado lo que pueda o no aparecer en los galpones y pavimentos del Persa Bío Bío, los discos más variados y baratos se encuentran en las diversos locales que aún subsisten de la disquería Punto Musical: donde este CD me costó 7500. A un amigo le costó 9.900, misma edición, en la disquería Billboard. Con los 2.400 de diferencia te puedes comprar al menos dos latones de cerveza Quilmes, Cusqueña o Budweiser. Coors: no. muy aguada y con mal sabor)). 



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viernes, octubre 13, 2023

Gaye Advert y el Black Metal 

 


Gaye Advert era la joven y atractiva bajista de la banda punk inglesa The Adverts, que existió entre 1976 y 1979, dejando tras de sí excelentes himnos como “Gary Gilmore´s eyes” y “One chord wonders”, y el álbum “Cruzando el mar rojo con los Adverts”.

Los escuché en el famoso compilado “Punk Generation”, que ahora está a préstamo indefinido donde un amigo, y leí sobre ellos en el “Marcas de rouge” de Greil Marcus, libro que ahora que recuerdo presté a ese mismo amigo y nunca más regresó. Bueno: hubo varios “cambios de casa” y desalojos en esos tiempos.

No supe más de los Adverts ni de su hermosa bajista hasta que hace poco otro amigo punk obsesionado con el black metal me envió una foto en que Gaye lucía una polera de Darkthrone.

Me puse a investigar y me topé con ella declarando que lo primero que escuchó de este oscuro género fue una canción de Satyricon, “Fuel for hatred”, cuando Mary Anne Hobbs la puso en Radio One de BBC. En el programa de radio “de vez en cuando ponían algún tema de Black Metal”, así que se fue interesando cada vez más en ello, explorando en YouTube y Last FM, aunque aclara: “solamente me gustan cierto tipo de bandas de Black Metal, las guitarras afinadas muy graves son las que más me atraen”. Así que cuando la gente le dice “¿a ti te gusta el Death Metal?” siempre responde que no, que le gusta el Black Metal y “ninguna otra forma de metal”.   

Entre otras manifestaciones de amor punk por el black metal, Gaye colaboró en el libro Black Metal Para Colorear. Consíganlo y piratéenlo.




Hace un tiempo, creo que el año 2011, el sitio Louder Than War le preguntó a Gaye por su Top Ten de bandas Black Metal. Esta fue su respuesta:

1.- Gorgoroth

Gorgoroth ha tenido muchos cambios de formación y períodos en que varios miembros han estado en la cárcel, pero sus álbums han sido consistentemente buenos en los últimos 16 años, y sus presentaciones en vivo han sido muy espectaculares. Recomiendo el tema “Sign of an Open Eye”.

2.- 1349

Nombrados con el año en que la plaga llegó a Noruega, 1349 es una banda de Oslo, formada en 1997, cuya música es un bombardeo total de black metal puro desafiando al cerebro (con la excepción de “Revelations of the Black Flame” de 2009, donde se fueron en una dirección más atmosférica). Su baterista, Frost, es más conocido por tocar en Satyricon, y es posiblemente el mejor baterista que ha existido.  “Hellfire” es su mejor álbum. También son una intensa experiencia en vivo.

3.- Mayhem

Probablemente la banda más notoria del black metal. Formada en Oslo en 1984, un cantante cometió suicidio, el guitarrista fue asesinado, iglesias ardieron, y así y todo se las arreglaron para sacar el clásico álbum “De Mysteriis Dom Sathanas” y todavía tienen un punitivo programa de giras. Canción recomendada: “Deathcrush"

4.- Darkthrone

Formados en 1987, Darkthrone hizo álbumes clásicos de black metal melódico con sonido mortuorio hasta hace unos pocos años, cuando adoptaron una dirección más punk. “Transylvanian Hunger” de 1994 es un punto alto. Se han rehusado a tocar en vivo desde hace muchos años, y se oponen totalmente a las técnicas de estudio rebuscadas y a los copiones. Canción recomendada: “In the shadow of the horns”.   

5.- Ragnarok

Ragnarok se formó en 1994 pero sólo el baterista es un integrante original, la actual formación tiene sólo dos años, pero son una buena banda en vivo y el álbum del último año “Collectors of the King” es destructivo y está repleto de buenos temas. Canción recomendada: “Resurrection”.  

6.- Immortal

Immortal circula desde 1990. Sus canciones son más sobre el invierno y la guerra que los usuales motivos satánicos, y claramente tienen sentido del humor. A pesar de estar inactivos unos años post-milenio, regresaron con otro álbum excelente, “All Shall fall” en 2009. Canción recomendada: “Damned in Black”.

7.- Eastern Front

¡No son de Noruega! Eastern Front son una nueva banda de Ipswich (UK) que son impactantes de ver en vivo y acaban de sacar su primer álbum, “Blood on Snow”, que es excelente. Sus canciones conmemoran a los que lucharon y sufrieron en tiempos de guerra. Canción recomendada: “Blood on Snow”.

8.- Nifelheim

Nifelheim vienen desde 1990 y son black metal con toques thrash. Junto con Immortal representan el lado más “buena onda” del género. Tienen un tema con lo Satánico y se visten con una grotesca cantidad de remaches, cadenas y cuero negro, hasta el día de hoy. Tema recomendado: “Storm of the Reaper”.   

9.- Watain

La música de Watain es Black Metal puro, poderoso y con una atmósfera de desolación. Se formaron recién en 1998, y tienen algunas canciones ya clásicas. Recomiendo “Lawless Darkness” (2010). Tienen una fijación con la adoración del diablo y la muerte, y sus conciertos están llenos de velas, incienso, cosas en putrefacción y sangre rancia. Son una banda más escuchada que apoyada. Canción recomendada: “Reaping Death”.

10.- Taake

Taake son de Bergen, formados en 1994 y están en el lado más melódico, con el aullido desolado del cantante Hoest añadiendo atmósfera. “Nattestid Ser Porten Vid” de 1999 o su homónimo Taake de 2008 son álbumes para revisar. Otro buen número en vivo. Canción recomendada: “Velg bort Livet”

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miércoles, marzo 22, 2023

Noise rock y secuestro de aviones  

 A la espera de una nueva edición de "Barricadas a-go-go" que se espera para mitad de año, los dejo con la traducción revisada de un fragmento del libro "Japrocksampler" de Julian Cope, donde habla de los efectos que sobre la banda Les Rallizes Denudés tuvo la participación de su bajista en el secuestro de un avión por el Sekigun (Ejército Rojo) en 1970:

“Temprano en la mañana del 31 de marzo de 1970, la vida de Takeshi Mizutani cambió para siempre cuando el bajista de Les Rallizes Denudés, Moriyasu Wakabayashi, tomó parte en el infame secuestro del “Yodo-go Airplane”. Desafortunadamente para Mizutani y Les Rallizes Denudés, la acción de Wakabayashi garantizó que la banda fuera de ahí en adelante reducida a nada más que una nota al pie de aquel escándalo internacional. Poco después del secuestro, los otros miembros de los Rallizes desaparecieron de la escena y Mizutani se encontró siendo seguido a todas por agentes japoneses que nunca lo arrestaron, pero observaban sus acciones a distancia. La presencia de varios nativos de Estados Unidos a bordo del Yodo-go inevitablemente llevó a la CIA a desembarcar en Japón, y estos caballeros eran de todo menos discretos al vigilar a Mizutani. Finalmente, el líder de Rallizes se tuvo que esconder, y se quedó en el departamento de un amigo en el exclusivo distrito de Aoyama, Tokio. Pensó en embarcarse en una carrera solista, o  reformar a los Rallizes como una banda acústica, pero lo que más le freía el cerebro eran los efectos colaterales del secuestro. Probando un nuevo integrante tras otro, Mizutani invitó a sus amigos Chahbo y Fujio de Murahatchibu a que fueran su banda de soporte, ¡solo para que luego ellos se robaran el nombre de Rallizes e hicieran conciertos por su propia cuenta! Poco después fue incluido en el altamente relevante festival “Rock in Highland”, un gigantesco y prestigioso evento que tenía a bandas como Mos y Flower Travellin’ Band en la cartelera, pero le echaron la culpa a Mizutani de que solo aparecieran un centenar de espectadores en el evento: la sola presencia de Rallizes espantó al público, se decían los promotores del evento a sí mismos, y probablemente tenían razón. Este “gitano existencialista radical” estaba rápidamente transformándose en una figura humorística, un triste fracaso por del que la escena japonesa tenía que olvidarse.

En agosto de 1970, cuando Mizutani se encontró con el cantante y compositor Masato Minami mientras paseaba por el distrito de Shibuya en Tokio, los dos decidieron improvisar juntos e incluso hablaron de formar una banda mientras se armaban para tocar. Pero apenas Mizutani derribó las paredes acoplando la guitarra en su colosal phaseshifter, el impresionado Minami “se dio cuenta de que la idea era irrealizable”. Determinado a reducir en lo posible los niveles de depresión de su amigo, Minami invitó a Mizutani a contribuir con su guitarra al nuevo LP KAIKISEN (Trópico de Capricornio). Pero cuando el álbum de Minami se transformó en el altamente popular comienzo de una carrera de alto perfil, el amargado Mizutani se sintió incluso más rechazado, y continuó sin grabar ni editar nada a lo largo de toda la década.

Durante la mayor parte de 1971, Mizutani estuvo atrincherado en el departamento, aventurándose afuera sólo para comprar leche y otros abarrotes. Delirante y paranoico, a estas alturas estaba convencido de que el mundo conspiraba en su contra. Cuatro años de rock´n´roll sólo le habían garantizado estar en el la mira de la CIA, mientras todo tipo de talentos menores andaban de gira por todo Japón. Peor aún: a finales de abril del 71 incluso los más fieles de los infieles amigos de Mizutani, Fujio y Chahbo de Marahatchibu, habían navegado exitosamente las riesgosas aguas de los estudios de grabación y consiguieron la promesa de un contrato discográfico. Ocasionalmente, una versión reducida de Rallizes tocaría en el club Oz de Tokio, pero nadie iba a verlos porque el mundo ya había dado vuelta la página. Algunos conciertos solistas serían estrujados entremedio de grandes actos como  los Mops, Blues Creation, Zuno Keisatsu y Speed, Glue y Shinki, pero solo corroyeron el alma de este gran nihilista y verdugo sónico. Lentamente Mizutani fue cayendo en el olvido. Su único protector era el técnico de sonido de Oz, Doronco (Cubierto de barro *), pero incluso él tenía otras preocupaciones como publicar su propio periódico comunista gratuito. Una vez, el acólito de Mizutani, Keiji Haino intentó revivir la carrera de Mizutani al formar un power trío que solo tocaba covers de Blue Cheer, pero incluso esta idea murió antes de poder presentarlo en vivo y las cintas se perdieron. Hacia 1973, incluso el club Oz estaba en bancarrota, y Les Rallizes Denudés, ahora manejados por Doronco —el mismo, que además hacía de bajista— se encontraron sin tener dónde tocar en Tokio”.



*: Esta es la traducción que le da Cope al nombre Doronco. La versión castellana del libro prescinde de ella. Curiosamente y asumiendo que se trataría del mismo Doronco Gumo cuyo hermoso álbum “Old Punks” fue editado por Holy Mountain records en el 2020, debo destacar que la página del sello traducen su nombre como “Mud Cloud”, o sea, Nube de barro.  

Además, los dejo con algunos materiales que han aparecido recientemente en bandcamp y que se relacionan con Los Rallizes, con su amigo Doronco y con el Club Oz.  Disfruten que ya empezó el otoño. 

París Arde. 

-OZ DAYS LIVE '72​-​'73 Kichijoji: The 50th Anniversary Collection


Incluye: Les Rallizes Denudés, Masato Minami, Miyako Ochi, Acid Seven.

-The OZ Tapes, Les Rallizes Denudés.




8 temas de los Rallizes en el Club OZ. Creo que uno menos que en el compilado de arriba.


-OZ band. Recorded in Tokyo 1974.



La banda del Club Oz, con Doronco en bajo.

-Doronco Gumo, Old Punks



La versión original de Old Punks, 2008:

Vocal, Bass | Kiyohiro "Doronco" Takada
Guitar, Piano, Chorus | Hiiragi Fukuda
Trumpet, Chorus | Colin Molter
Vocal | Reina Higa
Drums, Bassoon, Chorus | Mako Hasegaw


-Doronco Gumo, Oldtribe



Doronco un poco más viejo y punk, el 2020. 

(Y Ud.?).




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martes, agosto 02, 2022

Viva la Revolution (Adicts)/ ¿Revolución? (Guattari/Rolnik) 

Primero la canción: The Adicts, "Viva la revolution" (1982).

Luego, este fragmento de Suely Rolnik y Félix Guattari, Micropolítica. Cartografias del deseo (Traficantes de sueños, 2006):

¿Revolución?

Es preciso intentar pensar un poquito qué quiere decir revolución. Ese término está tan deteriorado, tan desgastado, se ha arrastrado ya por tantos lugares, que sería preciso volver a un mínimo de definición, aunque sea elemental. Una revolución es algo de la naturaleza de un proceso, de una transformación que hace que no exista retorno al mismo punto. Algo, que paradójicamente, contradice incluso el sentido del término «revolución» empleado para designar el movimiento de un astro alrededor de otro. La revolución es una repetición que cambia algo, una repetición que produce lo irreversible. Un proceso que produce historia, que acaba con la repetición de las mismas actitudes y de las mismas significaciones. Por lo tanto, y por definición, una revolución no puede ser programada, pues aquello que se programa es siempre el déjà-là. Las revoluciones, así como la historia, siempre traen sorpresas. Son, por naturaleza, siempre imprevisibles. Eso no impide que se trabaje por la revolución, cuando se entiende ese «trabajar por la revolución», como trabajar por lo imprevisible.

Lo que estoy diciendo no es tan absurdo: un poeta o un músico implicado en un proceso productivo —si no estuviera completamente atornillado a una universidad o a un conservatorio— nunca sabrá lo que está produciendo, antes de producirlo. Su proceso de producción lo transporta, incluso más allá de lo que él esperaba. Podríamos hacer una lista de todos los creadores que fueron destruidos por su producción, hasta el punto de llegar al suicidio o a la locura.

Retomando el asunto, pienso que la idea de revolución se identifica con la idea de proceso. Producir algo que no exista, producir una singularidad en la propia existencia de las cosas, de los pensamientos y de las sensibilidades. Es un proceso que acarrea mutaciones en el campo social inconsciente, más allá del discurso. Podríamos llamar a eso un proceso de singularización existencial. La cuestión está en cómo hacer que se mantengan los procesos singulares —que están casi en la tangente de lo incomunicable— articulándolos en una obra, en un texto, en un modo de vida articulado consigo mismos o con algunos otros, o en la invención de espacios de vida, de libertad y de creación.

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Actualmente se oye sólo la calificación de «revolucionario» para diferentes situaciones o proyectos. ¿Qué quiere decir revolucionario? ¿Es que un proyecto puede ser revolucionario de forma permanente como, por ejemplo, en la concepción trotskista? Es evidente que se trata de un juego de palabras automático, ya que la revolución, por definición, no puede ser permanente: es un momento de transformación, que podríamos caracterizar como un momento de irreversibilidad en un proceso. No soy yo quien vaya a dar una clase sobre este asunto, pero el estudio de los procesos irreversibles es un problema teórico importante en las ciencias, sobre todo en el campo de la termodinámica. Podríamos llamar revolucionario a un proceso que se lanza en una vía irreversible y que por eso, deberíamos agregar, escribe la historia de manera inédita.

Lo que he acabado de decir parece muy banal, pero si lo aplicamos a ciertos clichés, las cosas se complican un poco. ¿Es que una clase puede ser revolucionaria en sí? El hecho de que una formación política y social —los sindicatos, por ejemplo— se pretenda revolucionaria durante cincuenta años, como es el caso de la Unión Soviética, es obviamente una contradicción: la revolución o es procesual o no es revolución. Cuando la Revolución Francesa terminó, y se colocaron placas en todas las intendencias, y los niños en las escuelas tenían que aprender de memoria los textos de la Declaración de los Derechos Humanos, se trataba de una revolución que ya no tenía carácter procesual.

Los microprocesos revolucionarios no tienen que ver sólo con las relaciones sociales. Por ejemplo, Modigliani veía los rostros de una manera que tal vez nadie antes se había atrevido a ver. Pinta, por ejemplo, cierto tipo de ojo azul, en un determinado momento, que cambia completamente aquello que podríamos llamar la «máquina de la facilidad» en circulación en su época. Ese microproceso de transformación, a nivel de la percepción, a nivel de la práctica, es retomado por personas que perciben que algo ha cambiado, que Modigliani no sólo ha cambiado su propio modo de ver un rostro, sino también la manera colectiva de ver un rostro. Ese proceso preserva su vitalidad, su carácter revolucionario, en un determinado campo social, en una determinada época y durante un período determinado. Más tarde, la historia de los procesos de la pintura se sigue en otro lugar: aparecen otros procesos y otras mutaciones revolucionarias que, en cierto modo, van a localizar nuevos microprocesos en estado naciente. En definitiva, la problemática de la revolución pasa también por ese tipo de cuestiones.

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No creo que exista una transformación revolucionaria, sea cual sea el régimen, si no hay también una revolución cultural, una suerte de mutación de las personas. El conjunto de las posibilidades prácticas específicas de cambio del modo de vida, con su potencial creador, es lo que constituye lo que llamo revolución molecular, condición para cualquier transformación social. Y eso no tiene nada de utópico, ni de idealista.

Hoy en día, ya no se osa pronunciar la palabra «revolucionario». Es verdad que es algo imbécil imaginar que aún pueda haber una revolución «auténtica». En Francia, actualmente, hablar de revolución es de mal gusto. Muchos intelectuales franceses descalifican las problemáticas de la lucha de clases, pero no por eso han dejado de presentarse en la historia. Lo que está sucediendo es, simplemente, que en este momento se encuentran en un impás notorio. Todos los sistemas de modelización que se pretenden revolucionarios, funcionan mucho más como algo que provoca rechazo antes que convocatoria, algo que bloquea los procesos revolucionarios. Sin embargo, esa lucha, a pesar de todo el burocratismo al que conduce, es necesaria: toda la cuestión está en no confundirla con un proceso revolucionario. Pero el hecho de no ser revolucionaria no la vuelve menos importante. Tomemos como ejemplo el problema del soporte de un tejado: la cuestión que se plantea no es la de saber si sostenerlo es o no revolucionario, sino si estamos corriendo el riesgo de que se nos caiga sobre la cabeza. Lo mismo ocurre respecto de las relaciones sociales. Es perfectamente legítimo que las clases obreras, los diferentes grupos de intereses utilicen los medios que puedan para resistir a los sistemas opresivos. Eso es una cosa. Otra es articular una política de revoluciones (en plural), de revoluciones moleculares. Y esto es importante para evitar la lógica dualista, binaria, que presenta alternativas excluyentes: marxismo/ lucha social / lucha sindical versus revoluciones moleculares.




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martes, junio 28, 2022

CRASS NOT DEAD/Retrato de Harry Partch/sucedáneos legítimos de los Residentes: Snakefinger y Renaldo & the Loaf 

 

Me cuesta creer que a alguna persona no le guste la banda Crass, pero existen y no pocas.  Por ejemplo, todos los entusiastas del “Santiago hardcore” de los 90, que lo encontraban muy ruidoso y poco eslameable (de slam, hacer slam) y por sobre todo alegaban que que tenían mucho texto. Hace poco mi amigo Rodrigo de Tensión me decía que un chico harto más joven -aunque ser más jóvenes que él o que yo es bastante fácil a estas alturas del siglo XXI- le había dicho: “escuché a Crass, y concluí que a NADIE le puede gustar eso. Si alguien dice que le gusta es por otros motivos, no musicales”. Pues bien: ¡a mi me gusta, y mucho! Aún me arrepiento de esa vez a mediados de 1994 en que me topé con su doble LP “Christ The Album” en una bandeja de usados y no lo llevé porque tras hojear un poco los insertos me topé con un texto de Gandhi, y yo en esos años me creía abiertamente violentista o sea antipacifista. Un par de años después alguien me prestó la cinta copiada del primer LP, y aún me emociono al escuchar el ruido inicial y la declamación de una severa voz femenina que parecía ser La Anarquía misma cuando concluye que: “Jesús murió por sus pecados, no por los míos”. Y ahí arremeten con “¿Nos deben una vida?”, una de las mejores canciones pogo punk de todos los tiempos.


En fin, la cosa es que Crass hizo relativamente pocos discos, y ya me los conozco todos de memoria. Entonces la gran opción que nos queda en este frío invierno 2022 es acudir a
"Nunca fue normal": los Remixes del primer álbum “The feeding of the 5000”, y seguir pogueando hasta el fin. Si no les parece, podrían mejor revisar este otro sitio: https://www.rockaxis.com/rock/revistas/ Que lo disfruten.

Y ahora, para los que se quedaron aquí, me gustaría referirme a los remedios para resolver otro gran caso de saturación por escasez de materiales nuevos: en esta ocasión, ni más ni menos que los grandiosos Residents, la banda anónima más conocida del mundo. La banda estuvo activa desde fines de los 60 hasta hace unos pocos años. El problema es que, tal como señaló Chris Cutler en el catálogo de Recommended records, joe pino que algo se perdió a inicios de los 80, después del magistral "Commercial álbum", el "Eskimo", y durante la famosa trilogía Mole. O sea, seguían siendo un excelente combo, pero la puesta en escena de "Mark of the Mole", así como los conciertos por el 13 aniversario de la banda, marcaron una especie de diferencia radical respecto a la labor previa en estudio. El grueso del material posterior no me conmueve mucho, a excepción quizá del álbum de fines de los 80 “God in 3 persons”, que a su manera es la última obra maestra que entregaron.   

En fin: no importa camaradas, los simpáticos ojos con sombrero ya se fueron a descansar, incluso alguno de ellos ya pasó al otro mundo, y lo que nos queda es su enorme obra para apreciar, comentar y criticar. Pero como ya me sé de memoria todo su “classic stuff” and more, en estos meses recientes me he concentrado en uno de los mayores antecedentes del sonido residentiano: me refiero al gran Harry Partch, de quien era casi imposible pillar discos a menos que se los encargaras a C. Cutler, pero que ahora reposa en diversos puntos de la zona virtual llamada bandcamp, sobre todo en la página de New World records.


De ahí los dejaremos con “Un retrato”, que compila obras desde 1949 a 1972. Harry inventó su propio sistema tonal, dividiendo la octava en más de 40 notas, y diseñando los instrumentos adecuados para poder operar en ese mundo sonoro único. Tal vez lo único que he escuchado que parece habitar por ahí cerca es la famosa suite “6 things to a cycle”, que los Residentes incluyeron en la versión de CD del imprescindible “Fingerprince” (1977).

Y en cuanto a obras paralelas a la de los Residents, me complazco en informar que existe abundante discografía de sus colaboradores y amigos ingleses: el guitarrista Snakefinger, y el duo Renaldo and the Loaf.  


De Snakefinger priorizaría algunos de los albums que fueron editados por los anónimos amigos radicados en San Francisco: su primer LP, “Chewing hides the sound” (1979), y “Greener Pastures” (1980).


 ¿Por esos años no fue que se cayó el Skylab? Tal vez el sonido de guitarra de Snakefinger lo desestabilizó, como cuando con láseres derribábamos drones en la plaza Dignidad y azotábamos a los COP a saxofonazos y trompetazos? Qué tiempos aquellos, que ya no volverán.

De Renaldo & the Loaf, a veces calificados como “los residentes ingleses”, toda su obra es digna de ser considerada, pero me quedo por ahora con estos favoritos personales que de hecho son los más raro de su discografía. En primer lugar PROMOS 1980: los demos que enviaron a Ralph Records, el sello asociado a los Residentes, lo que les garantizó un contrato inmediato.


Además, “Breadcrumbs”, que compila todo lo que no quedó en otros compilados de la banda, con énfasis en algunos extras de grabaciones hechas en 1984. Gran año: el realismo capitalista aún no arruinaba toda la música moderna de raíz.


Todo este material es bastante estimulante para el cerebro y queda al criterio del oyente decidir donde, con quien, como y cuando escucharlo. 

Están avisadxs.

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jueves, junio 23, 2022

Lo que entiendo por Punk Rock/The Molecules "Morokyu" (1994) 

Me costó encontrar un viejo diálogo que recordaba haber subido acá hace muchísimo tiempo. Finalmente lo conseguí: era del 2008, y no logro recordar quien era mi interlocutor. Ratifico todo lo que ahí señalo, y agrego este hermoso album de Las Moléculas, editado en 1994 por un sello japonés y luego remasterizado el 2020. La banda ha sido definida como la más épica fusión entre Faust y los Minutemen. Concuerdo, ¡eso es totalmente punk rock!, y agregaría que calzan perfecto en lo que Weasel Walter ha denominado "brutal prog". Es totalmente injusto que este ensamble sea menos conocido que Mr. Bungle. ¿Frank Zappa liderando Napalm Death? ¿Henry Cow en Báltica y neoprén? Como sea: una maravilla. Exploren sus albums que no fueron muchos y están todos ahí.




DEFENSA TEÓRICO/PRÁCTICA DE UNA NOCIÓN AMPLIA Y DINÁMICA DEL PUNK ROCK (18 de junio de 2008)

Hace poco se registró el siguiente diálogo cuando ya decrecían los desórdenes callejeros que tuvieron lugar por el sector de plaza italia:

E- Oye hueón, por qué ya casi no subís niuna hueá relativa a música en tu cagá de blog?

 J- Por diversas razones...una de ellas es que...no se trata de un sitio "musical" en realidad...

E-Ah, no? y por qué chucha entonces tiene el nombre largo e irrecordable que tiene (punk/free jazz/ dub)?

J- Bueno..la verdad es que el nombre no lo inventé yo, pero aparte de eso, creo que si hay algo que define lo que es el espíritu del sitio, y que unifica todos sus contenidos, eso vendría a ser nada menos que la noción de PUNK ROCK

E- Pero en ese caso....mi pregunta sigue siendo válida: ¿POR QUÉ CHUCHA NO COMENTAS NUNCA DISCOS, CONCIERTOS, BANDAS, ETC. ETC. ETC. DE PUNK ROCK?

J- Por una cuestión bastante dialéctica: en primer lugar el punk rock no es un tipo definido de música, sino que una actitud que se plasma en ciertas músicas. De ahí que sea 100% correcta la conclusión a que llegué hace un tiempo con mi amigo Leinad: "toda música que realmente es buena, es PUNK ROCK".

E- ??????

J- El free jazz es punk rock, el dub también, Satié y Stravinsky, Serge Gainsbourg y Jimi Hendrix tocaban distintas formas de punk rock, y así...suma y sigue

E- ?????????????????????????????????

J- Y el principal problema de nuestra época es que lo que la gente cree que es punk rock, en realidad no es PUNK ROCK....pero no es un problema tan extraño: lo mismo pasa con el concepto de comunismo

E- Bueno...supongo que algo de razón pueden tener con Leinad, pero...en efecto es una idea que a primera escucha suena arbitraria y no sé si sea correcta al 100%, como mucho en un sentido figurado o qué se yo

(Clap, Crinc, Clash, Crass!!! Pacos culiaos!!!! -distintos sonidos ambientes y carreras por el parque bustamante, persecuciones realizadas por pacos a caballo en medio de un gas lacrimógeno horripilante-).

J- Chucha, me quedé solo luego de esta arremetida policial. Pero eso no es problema. Un verdadero punk no le teme a la soledad, pese al amor que siente por la multitud manifestada activamente en pogo, acción callejera, fumatones o bebetones, orgías, etc. Prosigo sólo entonces: dado que hemos logrado sacar al espíritu PUNK de su cárcel estilístico/musical, vale la pena dar otro salto y afirmar que TODO AQUELLO QUE VALE LA PENA EN LA VIDA, TODO LO QUE NOS GUSTA, NOS MOTIVA, NOS EMOCIONA, EXCITA O CONMUEVE, ES PUNK ROCK. Y para no ser menos dialéctico que hace un rato, habría que convenir en que los aspectos negativos, penosos, desagradables, ambiguos, y vergonzosos de la vida, también son PUNK ROCK. Así como Tzara decía que DADA ES NADA, 90 años después yo digo que PUNK ES TODO (y eso incluye a DADA, por cierto). ¿Se entiende? Bueno...no sé. Tal vez estoy exagerando un poco. No he comido nada hace un buen rato, y ya estoy viejo y estas carreras y bombas lacrimógenas me han afectado más que nunca. Pero exagero menos que el Estado y su aparato represivo: 280 detenidos por la conchesumadre!!!!! Todos los detenidos, y todos los que se dedicaron gozosamente a apedrear bancos, vehículos policiales y hacer barricadas, son muy PUNK ROCK.

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E (regresando de entre el caos después de la última carga policial): - ¿Y los pacos también son PUNK ROCK?

 J- Ahí no pos hueón, eso sí que no. Me cagaste...



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jueves, abril 28, 2022

Valparaíso, colónia inmensa i gran puertó// Libro "El Despertar chileno" en Clacso Argentina 

Voy mañana con rumbo a Valparaíso, que  Zsigmond Remenyik en "Los juicios del dios Agrella" (Ediciones del Caxicóndor, 2018) denomina como "la colónia inmensa i gran puertó V."

Ahí trataré de resumir 200 páginas de investigación en 20 minutos. Deséenme éxito y poder de síntesis. Luego me quedo escuchando a Sergio Villalobos-Ruminott, me tomo un schop o tal vez dos o tres camino al terminal de buses, y me vengo durmiendo en bus hasta el Metro de los Pajaritos y desde ahí a mi domicilio a acostarme arropado escuchando algo así como el EP 1-2-3-4 de los Saints, cuyo vocalista Chris Bailey falleció a inicios de este mes que ya se va. Poco después, en otra joya discográfica del punk rock australiano de los 70, hacen una excelente versión de "Security" del semidios Otis Redding. 

Acaba de salir hace un mes un libro colectivo al cual aportamos una versión corregida de textos previos sobre la desmonumentalización.


Se descarga en CLACSO.

Acá ve el índice del mamotreto:

Prólogo. La vida en contra del neoliberalismo......................................................... 15

Geoffrey Pleyers

Presentación...........................................................................................................................27

Introducción. De fracturas políticas y condiciones de posibilidad en el Chile post revuelta de octubre. Futuros en disputa y agendas de re existencia......................................................................................................................39

Rodrigo Ganter, Raúl Zarzuri, Karla Henríquez y Ximena Goecke

Cuerpo I. Arqueologías de la revuelta

De fracturas a recomposiciones.

Interpretaciones del 18-O...................................................................................................59

Raúl Zarzuri Cortés

Subjetivación política y revuelta de los que sobran.

Digresiones en torno a la dimensión generacional del 18-O en Chile.............87

Rodrigo Ganter Solís

¡Arriba las que luchan! Feministas y discursos feministas en la revuelta.......................................................................................131

Ximena Goecke

Adhocracias y repliegues reflexivos. La calle y las introspecciones

personales en las actorías sociales del 18-O.............................................................163

Karla Henríquez

Lo que octubre se llevó. Estallido social y crisis de representación en Chile.................................................................................................................................... 181

Violeta Montero Barriga

Asambleas territoriales. Reinventando lo político en las ciudades chilenas post revuelta.......................................................................................................197

Katia Valenzuela

Violencia contra niños, niñas, adolescentes y jóvenes. 18-O, antes y durante.........................................................................................................217

Alejandro Tsukame

Haciendo caer los ídolos de barro. Apuntes sobre rebelión y desmonumentalización en Chile y en el mundo............................................... 239

Julio Cortés Morales

Cuerpo II. Viñetas del despertar

Chile despertó.......................................................................................................................255

Carlos Reyes y Augusto Mora

Cuerpo III. Revuelta y narrativas juveniles

Viviendo la revuelta en las narrativas juveniles................................................... 263

Karla Henríquez, Rodrigo Ganter, Ximena Goecke y Raúl Zarzuri

Cuerpo IV. Acción conectiva y artivismos de la revuelta chilena

Piezas artísticas y activismos. La práctica gráfica en el frontis del GAM como acción política...................... 331

Mónica Salinero

ResisteArte. El arte de disputar y okupar la ciudad durante el estallido social chileno en Concepción.................................................................361

Javiera Briones Bello

Los medios de la revuelta durante el 18-O en Chile. Reflexiones sobre el activismo virtual de estudiantes

secundarios chilenos........................................................................................................ 387

Catalina Mendoza Riquelme, Óscar Basulto Gallegos

y Sebastián Fuentealba González

El textil como soporte de identidad, memoria y resistencia feminista en La Serena..................................................................................................... 411

André Álvarez Oliva y Paula Jeria Tapia

Cuerpo V. Poemario

Poemas escritos durante el estallido...........................................................................433

Colectivx Piño Choroy

Sobre los autores y autoras............................................................................................447





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martes, febrero 08, 2022

Last Poets y los Pseudopillos: música sin instrumentos musicales  


Muchos creen que, sin un instrumento musical adecuado, ojalá de marca , con buenos amplificadores y pedales de efectos y haciendo "upgrades" cada cierto tiempo, no se puede hacer música.

Y tienen razón, pero sólo parcialmente: ellos no podrían hacer música sin toda esa parafernalia, lo cual es bastante triste, pero totalmente coherente con el largo proceso de mercantilización del sonido que se vive hace décadas.

Desmintiendo estos fetichismos tan arraigados podemos recordar y apreciar a los gloriosos Last Poets, formación norteamericana que en cierto modo inventó el rap, cuando desde un taller de poesía en la cárcel pasaron a inventar temas vocalizados con un discreto acompañamiento de percusión.

“Los negros le tienen miedo a la revolución” es claramente el mayor hit de su primer álbum, de 1970, pero todo el disco es una obra maestra de poesía urbana y que sigue los ritmos respiratorio y circulatorio de los poetas que pululan por el metro y los suburbios rimando verdades que impactan más que varios libros escritos desde la seguridad aislacionista de los escritores de escritorio.

Por cantar en inglés recomendaría leer con texto en mano. Sino sería el equivalente de escuchar a Evaristo Páramos o Víctor Jara cantando en japonés.

Después de ese notable álbum debut, hicieron otro que incluso se podría considerar que lo supera en calidad y poder: “Esto es una locura” (1971). Hasta John Coltrane hace aparición en medio de las rimas, en un tema que después fue versionado o más bien citado desde Jamaica por el gran poeta del dub reggae Big Youth, en su tema “Jim Screechie”.



Otros que no se hicieron atado por no tener más instrumentos que la percusión de palma fue la “banda” Proto-Prisioneros conocida como Los Pseudopillos.

El segundo álbum recopilatorio “Extremista!” es una genialidad de principio a fin, y comenzando por su portada plagiara del Sandinista! De los Clash. Llega a dar envidia tanta creatividad y al escucharlo con audiófonos anoche en la calle no pude evitar las carcajadas en varias ocasiones, motivadas tanto por la lírica en sí misma, como por las voces que utilizaban estos adolescentes, que llegan en momentos a oírse tan delirantes como las de los Residents.

“Mucha gente creía que yo era socialista…” Jajajaja. Insuperable. Además, es posible apreciar el acento chileno tal cual era antes de los 80, por ejemplo la pronunciación de la "ch" como "shhh". Eso cambió durante la década del ochenta, donde además se aprobó la Ley Antiterrorista (antes de eso se hablaba de "extremista" nomás).

Por si se les hace poco, escuchan además el primer álbum recopilatorio: “Let it Pillo”.

Estas grabaciones datan de 1980.

Según informa su bandcamp:

Entre 1980 y 1982, Los Pseudopillos, grabaron más de un centenar de canciones. Jorge González, Claudio Narea, Álvaro Beltrán y Rodrigo Beltrán, sin saber tocar instrumentos musicales crearon divertidas canciones, algunas de las cuales presentamos aquí.

Antes de Los Vinchukas y mucho antes de ser conocidos como Los Prisioneros, en San Miguel ya sonaban LOS PSEUDOPILLOS.

¡Qué sigan sonando!

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viernes, enero 14, 2022

MX-80 (Bruce Anderson RIP)/Edward Lear y el Sinsentido 

 

Apenas iniciado el año 2022 se nos fue Bruce Anderson: talentoso y único guitarrista, que desde 1974 se expresaba principalmente a través de la banda MX-80 (aka MX-80 Sound). Sonidos difíciles de clasificar, en una zona en que confluyen el noise, avant/free rock y no wave. Post punk diría que no, porque la formación  es más bien previa a la revolución de 1977.

En homenaje a Bruce los dejo con los dos albums editados a inicios de los 80 por Ralph Records, sello vinculado a los Residents, que por esos años también editó discos clásicos de Tuxedomoon.

 


Fuera del túnel (1980)


Control de multitudes (1981).


No tenía idea de que Pepitas de Calabaza había publicado unas traducciones de los “Sinsentidos” de Edward Lear.

Una vez me compré un libro suyo por la sencilla razón de que me gustó la portada (en la foto arriba) y la traducción la había hecho Leopoldo María Panero para la colección Visor de poesía, bajo el título de “Omnibús sin sentido”. Luego conseguimos con mi hijo una edición inglesa titulada “Comple Nonsense”, llena de cuentos, versos e ilustraciones (incluyendo el hueaso chileno que se ve acá abajo), que no sé cuánto tiempo tomará para que exista una edición completa en castellano, pero por de pronto están las ediciones de Visor y Pepitas para entretenerse mientras tanto.

Los dejo con la presentación de una de las traductoras de la edición Pepitas.



EDWARD LEAR, MAESTRO DEL NONSENSE

En un autorretrato dibujado a los veinte años, Edward Lear se veía a sí mismo como un joven larguirucho y desgarbado, corto de vista y con una nariz tremenda: “Tengo las rodillas torcidas, le decía a un amigo en una carta, mi cuello es singularmente largo, mi nariz, elefantina y tengo tendencia a tropezar con las cosas ya que estoy medio ciego…” Conforme fue cumpliendo años, el joven larguirucho se acabó convirtiendo en otro.

Un anciano circunférico, con piernas muy delgadas y panza redonda, que en sus autorretratos nos recuerda siempre a un pájaro con las plumas huecas o incluso a un insecto con caparazón. Parece ser que de mayor, Edward Lear seguía tropezando con el mundo.

Pero ¿Quién era Edward Lear?

El dibujante de pájaros y ruinas.

El amigo en permanente bancarrota.

El viajero incansable que buscaba climas cálidos que aliviaran los rigores de su salud maltrecha.

El “hijo adoptivo” de la Hermandad Pre-Rafaelita.

El artista que frecuentaba los salones de la aristocracia asombrando a todos con sus ocurrencias.

El bufón que lloraba a escondidas.

El corresponsal divertidísimo que en sus cartas intercalaba sus idas y venidas, sus preocupaciones económicas y sus poemas…con una retahíla de dibujos absurdos.

El Profesor de Dibujo de la reina Victoria.

El vejete simpático que dibujaba monigotes y garabateaba versos en los manteles para hacer reír a los chiquillos.

Todo eso era Edward Lear.

Y más cosas.

Curiosamente, lo que no pretendió nunca fue ser escritor.

Edward Lear nació en Londres, en 1812, el mismo año en que nació

Charles Dickens y Lord Byron publicaba los dos primeros cantos de Childe Harold's Pilgrimage.

Ann Lear, su madre, tuvo veintiún hijos. Edward fue el penúltimo.

Fue un niño solitario y enfermizo y vivió una infancia marcada por las dificultades económicas de la familia, en la que siempre echó en falta el afecto de su madre. Fue su hermana Ann, veinte años mayor que él, quien verdaderamente crió a Edward Lear y fue la muerte de Ann y no la de sus padres la que verdaderamente lo convirtió en huérfano muchos años después.

El talento de Edward Lear para el dibujo se reveló pronto y pronto empezó a ganarse la vida como ilustrador.

Fue un artista autodidacta, más dotado para la pintura paisajística que para el retrato, lo que hizo que se denominara a sí mismo, no sin cierta amargura, “artista topográfico”.

Sus primeros dibujos, sin embargo, los encontramos en Tratados de Zoología, así como en los Catálogos de aves y animales exóticos tan típicos de aquellos años, cuando aún estaba de moda entre ciertos aristócratas mantener pequeños zoológicos privados en los que convivían especies procedentes de todos los rincones del Imperio.

Gracias a sus primeros trabajos, Lear comenzó a ganarse una reputación como ilustrador.

En 1837 instaló su estudio en Roma y estableció la costumbre que, a partir de entonces, marcaría su existencia: pasar en Inglaterra la primavera y el verano e instalarse en el Mediterráneo durante los meses de otoño e invierno.

Así dieron comienzo sus años de “peregrinaje”. Lear fue un viajero incansable; cargado con sus cuadernos y sus pinceles recorrió medio mundo. Sus andanzas por Italia, Egipto, Grecia, Oriente Próximo o la India, produjeron seis lujosos libros de viajes, además de miles de acuarelas, estampas y grabados.

Fascinado por la luz y los colores del Mediterráneo, Lear disfrutaba de su vida nómada aunque en ocasiones también echaba en falta una existencia más convencional. En sus viajes en pos de nuevos paisajes con los que atraer a sus clientes, ávidos de viñetas exóticas con las que adornar sus salones, Lear nunca dejó de buscar, también, un lugar donde poder asentarse definitivamente. Lo encontró por fin en San Remo, donde pasó sus últimos años en compañía de su gato Floss y de su cocinero albanés.

Aunque nunca fue pobre, Edward Lear jamás estuvo libre de preocupaciones económicas. Esta inseguridad fue constante motivo de inquietud para él, aunque es verdad que tuvo un círculo de clientes fieles y amigos con los que siempre pudo contar.

A pesar de no formar parte de la alta sociedad, Lear, como muchos otros artistas, se movía con soltura en los ambientes aristocráticos. Era un buen conversador, un invitado ingenioso y divertido. Cuando se cansaba de los mayores, lo que sucedía a menudo, buscaba la compañía de los niños con los que siempre se entendió bien pues compartía con ellos una visión de la realidad más libre de prejuicios y ajena a las convenciones que constreñían el mundo de los adultos. Sin embargo, a pesar de su vitalidad y su sentido del humor, Lear era también un hombre propenso a la melancolía. A menudo rehuía la compañía de sus amigos y prefería la soledad de su habitación al bullicio de los salones.

Así pues, Lear, el encantador de serpientes, el viajero entusiasta, el vejete simpático que entretenía a niños y mayores con sus ocurrencias, podía ser también el hombre más triste del mundo.

Puede que sus poemas, sus Nonsense, fueran uno de sus remedios contra la melancolía, como lo eran, sin duda, su afición a la música o su afán por perseguir orugas en el jardín de su casa, acompañado por el gato Floss.

A pesar de la fama y el prestigio con los que contó entre sus contemporáneos, su nombre no hubiera sido sino uno más en los catálogos de paisajistas victorianos de no haber sido por sus poemas.

No está claro cómo el pintor e ilustrador Lear llegó al Nonsense, ni porqué empezó a escribir versos, ni porqué, años después, se decidió a publicarlosEdward Lear no “inventó” el nonsense, ni fue el primero en utilizar el limerick, pero es indudable que su contribución marcó un punto de inflexión en la literatura del absurdo.

Su primer libro de versos se publicó en 1846. Lo tituló A book of Nonsense y lo firmó con un seudónimo, como era costumbre en la época. Tuvo un éxito fulgurante. Curiosamente, o tal vez como correspondía a un autor de sin sentidos, Lear apenas obtuvo beneficios de las ventas de sus libros de poemas.

Desde su primera edición, en las páginas de A book of nonsense los versos aparecen ilustrados con dibujos del propio autor. Al observarlos uno se pregunta ¿qué fue antes: el texto o el dibujo? Es difícil de decir. Lo que sí podemos afirmar es que uno y otro se complementan.

Ambos, poemas y dibujos, nos permiten visitar el universo absurdo que Lear creó para sus viejitos, poblado por damas que tocaban el arpa con la barbilla y pescaban peces sin escamas y por atolondrados vejetes que portaban pelucas imposibles, leían a Homero a la pata coja o bailaban valses con moscardones.

En sus poemas, a los que llamaba sus Nonsense, sus Old people, Lear se ríe del mundo con el mismo entusiasmo con que se ríe de sí mismo.

En efecto, todos los autorretratos de Lear, tanto los escritos como los dibujados, son caricaturas. Y muchos de los protagonistas de sus poemas tienen narices kilométricas, piernas de grulla y barbas pobladas…y no solo tropiezan con el mundo, lo tienen definitivamente en contra.

El Nonsense no busca la carcajada, los limericks de Edward Lear son muy a menudo un catálogo de calamidades y desgracias, contadas, eso sí, en un tono ligero y saltarín, como el propio ritmo del poema. La música del limerick es esencialmente alegre y contrasta con las barbaridades que acaecen a sus protagonistas; ahí, precisamente, es donde está la gracia.

Los limericks de Lear no fueron sus únicos escritos, creó también Abecedarios, y Botánicas, cuentos y poemas largos; algunos como La historia del Búho y la Gatita son clásicos de la literatura infantil. En todos ellos descubrimos el mismo aire burlón, los mismos toques subversivos y rebeldes que caracterizaron la obra del autor, donde las convenciones y las ideas preconcebidas desaparecen para dar paso a un universo excéntrico y absurdo, en el que puede pasar cualquier cosa.

Cuando Julián (Pepitas) nos propuso la tarea de traducir sus versos nos proporcionó también la excusa perfecta para entrar de su mano en ese mundo patas arriba en el que uno podía viajar en tortuga y las magdalenas eran el mejor remedio contra las pesadillas.

La tarea de la traducción era nueva para los dos. Comenzamos avanzando despacio y un poco a tientas, más bien a gatas, y, después, nos fuimos atreviendo a saltar y a bailar y a jugar con las palabras como jugaba Lear. Poco a poco fuimos desentrañando los versos y tratando de darles forma en español y disfrutamos tanto que nos hemos quedado con ganas de más.

En los últimos meses hemos aprendido que berrendo, adjetivo, significa: Manchado de dos colores por naturaleza o por arte, nos hemos reído (mucho), hemos desesperado(un poco) y nos hemos vuelto locos buscando las palabras adecuadas, las que sonaban mejor, las que rimaban, las que entraban en la medida…

Finalmente, después de varios meses de trabajo, nos encontramos hoy aquí con este libro en las manos y no estamos descontentos. Hasta pensamos que, por usar una de las palabras inventadas de Lear, nos ha quedado una traducción bastante runcible. Esperamos que ustedes y los demás lectores estén de acuerdo y lo pasen tan bien con Edward Lear como lo hemos pasado nosotros.

Elvira Valgañón


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