sábado, noviembre 30, 2024
Discos del 2024: the rest of the best // Roy Haynes (1925-2024) R.I.P.
Reconozco que el listado inicial de 6.6 discos me quedó algo cargadito al "heavy metal", y lo que no era heavy metal eran bandas rosarinas. Curioso: ¿no?
(Aunque hasta esa etiqueta podría ser discutible: he notado que los metaleros realmente existentes llaman Heavy Metal a la prehistoria del género: de Black Sabbath al primer Judas Priest y por ahí. A lo demás lo llaman simplemente Metal, por lo general asociado al respectivo subgénero: thrash, death, black...).
((Pero insisto: yo no soy un metalero. Sólo soy un tipo especial de punk rocker, un amante del sonido en general, la música de los humanos, el canto de los pájaros, y las subgéneros más raros y extremos que se han desarrollado en la periferia de la industria cultural (Teddy/Max) por lo general en oposición a ella, aunque no pocas veces recuperados por el largo brazo del capitalismo musical.
En síntesis: soy sólo un Black Metal Gurú)).
Entonces, en medio de estos días finales del penúltimo mes del año, y de un viaje breve e intenso a la ciudad de Temuco...
[por cierto, nunca en mi vida vi tanta gente con poleras de Iron Maiden: en la calle, metro, micro y aeropuertos. Eran tantos y tantas que me preguntaba, si Chile es un país tan pero tan metalero trve, ¡por qué mierda en las radios y en los bares suena puro pop de mierda, electrónica punchy punchy y versiones horribles de lo-que-se-te-ocurra en bossa nova?]
...me puse a pensar qué discos se me podrían haber pasado, o peor aún, en qué músicas realmente excelentes habían sido posiblemente editadas este año, y yo por andar adorando a Bafomet, Lucifer y Vajrapani ni siquiera me había enterado.
Una amiga me recordó dos obras que yo había disfrutado este año, una de las cuales se me había olvidado del todo:
Darkthrone, con su enésimo album, "It Beckons Us All".
A estas alturas, a exactamente 1 año y 6 meses de haberme fascinado con el metal oscuro (denominación que en mi constelación de ideas y conceptos -si me perdonan la cursilería seudobenjaminiana, absolutamente innecesaria- es algo así como el black metal y +: proto, post, algunas zonas contiguas y otros derivados), mi apreciación sobre DT, la banda que me inició en este viaje, es algo más sosegada: ningún disco en su abultada discografía es realmente malo, pero lo que hace realmente ENORME su aporte es lo que ocurrió entre sus primeros demos a fines de los 80, el primer disco, y hasta Panzerfaust.
La obra cumbre sin lugar a dudas es "Under a funeral moon" (1993): después de eso, "Transilvanian Hunger" y "Panzerfaust", por excelentes que le parezcan ahora hasta al sobrino de tu vecina, son como discos solistas de Fenriz, que inventó y grabó los temas a los que luego Nocturno Culto agregó la voz.
¿Y como es el disco nuevo? La verdad, queridxs amigxs, es que no lo recuerdo. Lo escuché con entusiasmo el mismo día que salió, y luego como 4 veces más. Y nunca más. Lo cual puede hablar más mal de mí que del disco, pero es un indicio claro de por qué no llegó al listado 6.6
Otro que se me había olvidado es el que sacó Inquisition, "Veneración del misticismo medieval y la violencia cosmológica". Para los que no lo saben, esta antigua banda tuvo una primera vida en Cali, Colombia, a fines de los 80, como un ensamble interesante de thrash metal que primero se llamó Guillotina. Después se fueron hacia el lado oscuro, creando una especie de black metal que oscila entre la adoración del fuego en el centro de le tierra y la contemplación mística de la oscuridad entre la luz de las estrellas. En otras palabras, es a la vez diabólico y cósmico. En 1996 Dagon se trasladó a Estados Unidos, donde se asoció con el baterista Incubus, que son el núcleo de la banda hasta el día de hoy.
Sin ser un gran conocedor de sus obras completas, había conseguido hace poco en Cruel Wretch (tienda BM ubicada en la vereda del Galpón Victor Manuel del Persa Biobío, por calle Placer) un album llamado "Bloodshed across the Empyrean Altar beyond the celestial zenith", del 2016. Me sorprendió la calidad de la grabación. Este último también suena muy bien, lo que permite apreciar un interesante trabajo de guitarras que hasta podría pasar por alguna forma de recepción metalizada del post punk. Créanme: suena horrible en mi descripción, pero es bellísimo.
Chutas, la idea era ir en este agregado más allá del heavy metal, pero me acabo de acordar de un gran disco de Black/War metal que salió también este año: Antichrist Siege Machine, con "Venganza del Fuego Eterno".
No tenía idea de ellos pero me los recomendó un amigo luego del último lanzamiento de Barricadas a go-go, en la despedida del local de Esqueleto Libros. Después me lo topé en Deathly Domains, otro de los lugares donde puedes capturar metal oscuro en el Galpón Victor Manuel.
A mi que me impresionaba el inicio del clásico segundo album de Immortal, "Pure Holocaust" porque tras 9 segundos de un inicio a velocidad normal arrancaba un blast beat que ya no paraba en todo el resto del disco, no me podía dejar indiferente este inicio: tras dos toques de baqueta, en menos de 1 segundo, el blast beat llega con violencia supersónica y no abandona nunca más. Como decía un amigo porteño (de Valparaíso, no Buenos Aires): "hoy en día trato de seguir los principios del war metal, ahí encuentro todas las respuestas" (aunque él estaba pensando sobre todo en Conqueror y Revenge).
Lo único que me hizo desconfiar de esta banda/disco, es su afición por usar fotos glamorosas en que tratan de parecer muy malos, con armas y pintura que deben haberse hecho cuidadosamente frente a un espejo. Pero bueno, el black metal siempre ha tenido algo de glam, y como dijo Fenriz citando a alguien cuyo nombre había olvidado: "el heavy metal se supone que tiene que ser ridículo".
Ahora sí que prometo no hablar más de heavy metal.
Tras dormir casi toda la tarde escuchando el hermoso álbum solista de David Sylvian "Árboles brillantes", de 1984, me eché agua helada en la cara, aprecié frente el espejo todo lo que he envejecido en más de medio siglo, y me puse a investigar en el sello de Oren Ambarchi (otro veterano del glorioso 1971), Black Truffle records, donde me encontré con una excelente producción de este año:
"Una canción para dos madres / OCCAM IX", de Laetitia Sonami junto a su maestra Éliane Radigue.
Conocía a Éliane, a quien descubrí casualmente en Youtube (aunque se podría decir que nada es casual ahí), y cuya obra electrónica siempre me ha resultado impresionantemente enigmática y bella.
Laetitia (nacida en 1957) estudió con ella en París, y se trasladó a California en 1978, donde inventó un instrumento electrónico llamado "Guante de dama", que no les podría describir porque por más que leo la descripçión, no entiendo casi nada: es lo que me pasa con los temas técnicos de la electrónica y la música "docta". Me siento más cercano a no recuerdo cual integrante de The Clash que consultado en su tiempo sobre si sabían algo de música respondió: "Ehhhh, tiene que ver con 8 notas o algo así?".
El 2016 abandonó ese artefacto, e inventó el "Spring Sprye": 3 resortes en un circulo (lo que se ve en la FOTO de la portada), cuyo sonido al ser tocados es procesado en Max/MSP y en Wekinator y Rapidmax, "de modo que al final nunca escuchamos los resortes mismos". Ja ja ja: ¿alguien entendió algo? Yo no.
Para este disco, Laetitia incluyó una composición propia para ese instrumento, y le pidió a Éliane una composición: OCCAM IX.
Me resulta casi imposible describir la belleza y potencia del resultado. Recomiendo escucharlo dos veces al menos: una acostado, con los ojos cerrados, y otra caminando de noche, que es lo que voy a hacer ahora mismo. Ya regreso.
..
Ok: me puse a husmear en la revista The Wire online, y encontré algunas sorpresas.
Por ejemplo, que este año la querida banda holandesa The Ex cumplió 45 años de existencia y para eso sacó un single: "Great!/The Evidence". Varias veces este año me metí al bandcamp de la banda para ver si había algo nuevo, y nada. Hasta llegué a pensar que tal vez "27 pasaportes" había sido una despedida. Pero no: afortunadamente, siguen vivos y agotando ese sonido tan especial que a la vez que proviene del mejor anarco-punk de los 80, es algo totalmente único y propio de la singular forma de vida que hace casi medio siglo se ha encarnado en este colectivo.
¡Que viva The Ex!! Y gracias por seguir existiendo!!!
Además, gracias a la sección "el ambiente en la oficina" me encontré con dos grandes artistas que no conocía ni en pelea de perros. Lo cual no nos debería extrañar: aunque estemos escuchando discos todo el día, lo que alcanzamos a escuchar no es ni el 1% de toda la música que se hace en este mundo.
Uno de ellos es el compositor británico Simon Fisher Turner con "Inestabilidad de la señal".
Por no pocas razones, todos los cantantes más sensibles y creativos de la escena brit me recuerdan un poco a Robert Wyatt y a Kevin Ayers, de Soft Machine. Me pasó cuando conocí a Richard Youngs, y ahora con este señor Simón.
Según relatan en su sello, Mute records, en este álbum SFT reúne cuatro corrientes de su experimentación sónica: "Slivers, Sounds, Strings and Singing". La calidad de sonido y la composición son impresionantes. Requiere una escucha atenta, y al mismo tiempo tiene una cualidad pop pocas veces vista en una música tan creativa y experimental.
La otro gran revelación de esta noche es el japonés Akio Suzuki, con su album" KA I KI ". Un maestro del "sound art", Akio se ha especializado en encontrar lugares que producen un eco natural.
En esta ocasión, el dique o terraplén de Ushinokura Dam, en la profundidad de las montañas de Shibata City, Niigata, donde sin audiencia alguna y sin amplificación procedió a generar sonido con piedras, botellas, bambús, esponjas y su propia voz, sobre el sonido permanente del agua corriendo.
Necesitamos más música así: espontánea, natural, anti-pretenciosa y en diálogo continuo con las fuerzas del cosmos.
¡Pero también necesitamos el rock pesado!
Por eso, me van a excusar que viole la promesa que hice hace un rato, y que casi al cierre de este complemento del listado 2024 justo antes de pasar al mes de diciembre con otra recomendación black metal que me acaban de informar desde el blog hermano Discarga Directa: los finlandeses (¿o fineses?) de Oranssi Pazuzu, famosos por su peculiar mezcla de black metal con krautrock, sacaron también un disco nuevo este año: "Muuntautuja".
En el libro "Nacidos para arder. La historia del Black Metal", de Marcelo Gallardo (Jedbangers, 2022) el capítulo final se titula "El culto está vivo" (como el álbum que inauguró la fase punk/metal de Darkthrone en 2006), y lo dedica a las expresiones que surgiendo del BM lo han llevado a otros territorios sonoros. Comienza de hecho con Oranssi Pazuzu, quienes debutaron en el 2009 con el álbum "Muukalainen puhuu".
El bajista declara que en ese momento "la cuestión de la rebelión contracultural ya no estaba presente (...) el metal se estaba haciendo muy popular en Finlandia, al punto de tener espacio en televisión en horario central. Pero las bandas de black metal de los 90 fueron la antítesis total de los grupos metaleros de producción masiva, esos que yo sentía que estaban diluyendo las ideas originales. Darkthrone no sonaba como metal. Sonaba como noise, y eso me parecía asombroso". Así, se atrevieron a buscar su propio camino, que según relata Gallardo incorporaba a la influencia noruega (DT, Burzum, Satyricon) "su amor por nombres obligatorios del krautrock alemán como Can o Neu!, y hasta los escoceses alternativos Primal Scream". Bueno: eso explica este sonido tan poco tradicional, y el hecho de que ellos mismos ya no estén muy seguros de si aún se les podría clasificar como una banda de BM.
Y con esto sí termino la lista: "Sufferer´s Sound" un compilado aparecido este año del gran arquitecto del dub reggae don Dennis Bovell, famoso por haber trabajado a fines de los 70 con interesantes bandas punk como las Slits y el Pop Group, además de acompañar la destacable trayectoria musical del gran poeta Linton Kwesi Johnson.
Los tracks están tomados de sus trabajos entre 1976 y 1980: una era dorada del buen dub, que viene bien escuchar justo ahora, mientras me tomo un vaso de agua de la llave previamente refrigerada.
Como ya he señalado, leer revistas musicales en estos tiempos tiene un lado triste, pues las secciones necrológicas se han convertido en algo dominante. Mi amigo DJ Stalin dice que es porque "nuestra época está muriendo". Puede ser.
En esta ocasión me enteré de la muerte del gran baterista de jazz Roy Haynes, ocurrida el 12 de noviembre. Su trayectoria es imposible de resumir, pero para efectos de lo que yo le conozco, abarca desde colaboraciones con Monk y Coltrane a Sarah Vaughan y Chick Corea. Pueden ver un resumen en la nota que le dedicó The Wire.
Le faltaron cuatro meses para cumplir 100 años, pero no importa: su legado lo hace inmortal (Immortal?!).
Los dejo con "Después de la lluvia", último tema del album Impressions de Coltrane (1963), y una aparición televisiva de inicios de los 70 junto a Rahsaan Roland Kirk, Mingus, Archie Shepp y otros.
Etiquetas: 2024 el año que vivimos en peligro, baja filosofía, dub, heavy metal, noise, rock (no punk)
viernes, agosto 02, 2024
Fascismo estético y/o estéticas fascistas: Daudi Baldrs/Filosofem de BURZUM
Burzum, Filosofem (1993/1996)
COMENTARIO A DAUDI BALDRS, por THOM JUREK
Dead Ringer de América ha empezado
a reeditar el catálogo de Burzum, haciéndolo agenciable por primera vez en los
Estados Unidos. Mientras el embalaje es bastante lindo, nada del texto interior
ha sido traducido al inglés.
En cuanto a la música, el quinto álbum
de Burzum, alter ego musical de Varg
Vikernes, Daudi Baldrs, es una continuación de las ideas expresadas primeramente
y con gran éxito en Filosofem, pero realizadas de forma completamente digital
con teclados.
Vikernes ha abandonado musicalmente
la idea misma del black metal aquí y, tal como en el disco recién mencionado (del
cual recrea ciertos modos y temas), está intentando crear una nueva música folk
y clásica que explora sus bastante insanas y misantrópicas nociones de sociedad
y (anti) cultura.
Vikernes está preso por el
asesinato de un ex amigo y se ha convertido en un Nazi declarado que proclama
que su paganismo (la adoración de Odín) es la inspiración para sus posiciones
racistas, anti-judeo cristianas.
Dicho lo anterior, su música no puede
ser meramente descartada como la obra de un villano. Vikernes es un músico muy
serio.
Sus intentos por crear una Nueva música occidental basada en nociones primitivas de melodía y armonía son tan bellos como convincentes en su modo escogido de expresión.
Su uso de la repetición melódica y temática, progresiones dinámicas y
llenas de texturas, desde una progresión de acorde aumentado a otra, siempre organizados
en torno a una gran pero restrictiva estética, ofrece otra visión de la violencia
que su música representa, y que de hecho incluso anhela.
Hay una maldad real aquí pero, como
pasa con otras expresiones artísticas de la rabia, puede ser seductora en su sutileza y muy placentera para los
sentidos, lo que hace a Daudi Baldrs
casi una escucha obligatoria para cualquiera que esté interesado en la
evolución del black metal hacia un seudo clasicismo del siglo XX, comprendiendo
la estética del neo-nazismo que trata de promoverse como una nueva
espiritualidad new age, pero más importante que eso, para saber en qué anda el
enemigo.
Burzum, Daudi Baldrs (1997).
Etiquetas: black metal, fascistología, heavy metal, pomo, rock (no punk)
miércoles, marzo 27, 2024
LA ÚLTIMA GRAN BANDA DE ROCK AND ROLL
He estado escuchando como loco el álbum Black
Rose (1978) de Thin Lizzy, al punto que mi hijo ya se aprendió de memoria dos
temas: Toughest Street in Town, rebautizada según la ocasión como “Brigid Street in town” o “Flaitest sreet
in town”, y Waiting for an alibi.
Al principio no me gustaron tanto un par de
temas: S&M (sobre su enamoramiento con una prostituta), Sarah (dedicada por
Phil Lynott a su hija recién nacida), y Roisin Dubh (Black Rose) a rock legend.
Pero a las finales, es un álbum perfecto, redondo, aunque nada se te queda más
pegado por días y semanas que los dos temas favoritos que señalé en el párrafo
anterior.
El primer tema, “Haz lo que quieras”, tiene un
toque como de Suzi Quatro con Gary Glitter, así de glam, pero en versión hard
rock: una maravilla, y de ahí enlaza de inmediato La calle más Brígida del
pueblo, que tiene unos power chords que podrían haberlos hecho los Cockney
Rejects, y de hecho hay todo un toque pub/oi! cuasi punk que lo hace adorable.
Leí por ahí que Lynott apoyó totalmente el punk cuando surgió, pero que en la
era punk de algún modo su banda se vio como algo anticuada: dinosaurios del
rock, aunque dentro del linaje degenerado del rock and roll sostengo que Thin
Lizzy debe haber sido la última verdadera gran banda, justo después del eclipse
de T. Rex.
De hecho,
el productor de Rosa Negra es el gran Tony Visconti, de la fama de T.Rex y Bowie,
y se nota su toque mágico.
“Esperando una coartada” es pura poseía
callejera típica de Phil, la que ha hecho que en allmusic lo definan como
especie de Dylan/Springsteen cantando a la clase obrera en formato de rock
pesado. Porque claramente la banda debe haber influenciado a gran parte del
heavy metal de fines de los 70, sobre todo por esa twin guitar que es una
influencia evidente en Iron Maiden. Las dos guitarras, incluyendo acá al luego
muy famoso Gary Moore, se lucen y le dan un toque único. Por cierto: el solo de
Moore en el segundo tema es una maravilla.
Al igual que Lemmy y Mötörhead, Phil y Lizzy pueden
ser del gusto de punks y metalheads, porque lo que hacen finalmente es ni más
ni menos que Maximum Rock and Roll.
Hace poco también leí que Phil y algunos
miembros de Sex Pistols armaron una banda ad hoc, The Greedies, que lanzó un single
navideño en 1979.
De todos modos, sólo conozco una pequeña parte de la
amplia discografía de Thin Lizzy, que creo alcanza la cifra de 14 LPs (incluyendo dos dobles en vivo).
Cuando tenía 15 años, en 1986, el profesor de música
del Liceo, que además me enseñaba guitarra eléctrica, me prestaba harta música,
y entremedio una vez me pasó el “Renegade”, de un par de años antes. Era el
último álbum, que muchos consideran de lejos el peor. A mi me gusta todavía,
con canciones como la que le da título, y “Mexican Blood”. No era el mejor
momento de Lizzy, y Phil murió poco después, pero sigue siendo superior a casi
todo el “rock” posterior y actual. Según un querido y viejo amigo, en este album Lizzy suena como un Dire Straits más lumpenproletario
Y por ahí por el 2014 tuve que ir varias veces
por trabajo a unas audiencias judiciales en la localidad costera de Pichilemu,
aún bastante averiada por el maremoto del 2010. La copada agenda del tribunal
nos dejaba algunos días libres entremedio, y así casi de causalidad llegué a
ver varios conciertos de Lizzy en You Tube matando el tiempo en la habitación del hostal mientras juntaba ánimo para ir pasear por la playa. Me encantaron, y después en el
Persa Biobío me compré el CD del Jailbreak (no confundir con la obra de AC/DC
del mismo nombre, también excelente), de 1976, producido por John Alcock, y que
justo ayer cumplió 48 años.
Para muchos esa es la obra cumbre de la banda.
No podría confirmarlo porque me falta escuchar como 10 discos más por lo bajo. Pero
sí: es un disco maravilloso, de principio a fin. Todo el mundo debería tener
una copia en su casa para homenajear al mulato irlandés. Desde “Jailbreak”
hasta “Emerald” el álbum te pasea por el mundo de Lynott, hijo del fugaz
encuentro de su madre irlandesa con un marinero de Martinica, anunciando un
estallido del que no todos saldrán vivos, paseando entremedio por el oscuro
romanticismo de “Romeo y la chica solitaria”, y en el tema seis con lo que
Greil Marcus dice que es por definición un verdadero hit veraniego: “The boys are back intown”, o "los chicos están de vuelta en el pueblo",que creo hasta hoy es su canción más exitosa y conocida.
Greil comenta:
Noten la letra cuando dice “El verano no está muy lejos ahora que los cabros están aquí de vuelta”, con la sorprendente sugestión de que con su mera presencia Los Cabros causan un cambio de estaciones!
Y concluye:
Esta canción no es el producto de la realidad
sino que del mito del rock; por medio de encantamientos busca restaurar el
lenguaje del rock a la simple realidad capturada sin esfuerzo por los Beach
Boys en “I get around”.
That´s right, Greil, y en
homenaje a todo esto, voy a abrir una lata de cerveza (siendo justo las 12 en
punto; soy un hombre de principios, y (casi) nunca bebo alcohol antes de mediodía).
ADDENDUM I:
Un amigo me hizo ver que en este entrada faltaba un dato importante: esas dos portadas de TL (junto a varias más) las hizo el artista irlandés Jim Fitzpatrick, famoso por su retrato del Che Guevara, y que hizo la portada del glorioso Underground Resistance de los gloriosos Darkthrone.
ADDENDUM II:
Buenos días. Ya mataron a Jesus Christ, pero entiendo que está arreglado que mañana va a resucitar en gran estilo.
Yo tampoco.
Me di cuenta de un par de errores que cometí en mi escrito sobre el poeta Philip Lynott y su vehículo expresivo, la banda de rock pesado Thin Lizzy.
Podría ir y arreglarlos, pero no soy un nazi/estalinista en el uso de la publicidad de masas.
Prefiero ir y asumir mis errores derechamente, y ver si de ello algo se aprende.
"Rosa Negra (una leyenda del rock" no es de 1978 (cuando yo iba en tercero básico) sino de 1979 (cuarto básico, Colegio San Antonio de La Serena. dado que en nuestra insignia decía C.S.A., cuando niños/as de colegios rivales nos veían aparecer espetaban: "¡Ahí vienen los Calzones Sucios Amarillos!". Gran anécdota de infancia en La Serena).
El otro error CRASSo en que incurrí es que dije de memoria que "Renegado" era el último álbum de Thin Lizzy. la verdad es que no: es de 1981, y en 1983 salió el doble en vivo Life y su verdadero último album de estudio: "Rayo y trueno".
Otra cosa interesante es que si bien la crítica no ha tratado muy bien al "Life", y yo tendría que analizarlo antes de opinar (por lo general no me gusta hablar de cosas que no sé), conseguí hace poquito el otro album doble en vivo (me gusta ese formato algo excesivo: Kiss Alive, Gong Live etc., Double Live Gonzo!, etc.) , "Live and Dangerous", de 1978.
Muy buen documento del rock, con una banda legendaria en un buen momento, producción de Toni Visconti, último album con el guitarra Brian Robertson, esta selección de 17 temas vendió 600.000 copias en Inglaterra y llegó al número 2 de los rankings, sólo superado por la banda sonora de "Grease" (o Grease brillantina como recuerdo que le decían por acá).
Pero así y todo, el disco suena algo cansado, y se dice que es solo 75% en vivo, y la cuarta parte restante es trabajo de retoque en estudio. Nada mal en todo caso. Como se puede apreciar en esta presentación en Australia de "Waiting for an Alibi", hacia 1978 la banda tenía un seguimiento MASIVO: Qué curioso que luego Los Cabros de Thin Lizzy hayan sido casi olvidados.
Y esta versión creo que la mejor representación visual del glamour de esta banda, interpretando, sí, una vez mas, Waiting for an Alibi, en el show de Kenny Everett (1979)..
(Mis paseos por la ciudad me hacen concluir que, dejando de lado lo que pueda o no aparecer en los galpones y pavimentos del Persa Bío Bío, los discos más variados y baratos se encuentran en las diversos locales que aún subsisten de la disquería Punto Musical: donde este CD me costó 7500. A un amigo le costó 9.900, misma edición, en la disquería Billboard. Con los 2.400 de diferencia te puedes comprar al menos dos latones de cerveza Quilmes, Cusqueña o Budweiser. Coors: no. muy aguada y con mal sabor)).
Etiquetas: anti punk, heavy metal, memories of you, punk rock, rock (no punk)
miércoles, marzo 22, 2023
Noise rock y secuestro de aviones
A la espera de una nueva edición de "Barricadas a-go-go" que se espera para mitad de año, los dejo con la traducción revisada de un fragmento del libro "Japrocksampler" de Julian Cope, donde habla de los efectos que sobre la banda Les Rallizes Denudés tuvo la participación de su bajista en el secuestro de un avión por el Sekigun (Ejército Rojo) en 1970:
“Temprano en la mañana del 31 de marzo de 1970, la vida de
Takeshi Mizutani cambió para siempre cuando el bajista de Les Rallizes Denudés,
Moriyasu Wakabayashi, tomó parte en el infame secuestro del “Yodo-go Airplane”.
Desafortunadamente para Mizutani y Les Rallizes Denudés, la acción de
Wakabayashi garantizó que la banda fuera de ahí en adelante reducida a nada más
que una nota al pie de aquel escándalo internacional. Poco después del
secuestro, los otros miembros de los Rallizes desaparecieron de la escena y
Mizutani se encontró siendo seguido a todas por agentes japoneses que nunca lo
arrestaron, pero observaban sus acciones a distancia. La presencia de varios
nativos de Estados Unidos a bordo del Yodo-go inevitablemente llevó a la CIA a desembarcar
en Japón, y estos caballeros eran de todo menos discretos al vigilar a
Mizutani. Finalmente, el líder de Rallizes se tuvo que esconder, y se quedó en
el departamento de un amigo en el exclusivo distrito de Aoyama, Tokio. Pensó en
embarcarse en una carrera solista, o reformar a los Rallizes como una banda
acústica, pero lo que más le freía el cerebro eran los efectos colaterales del
secuestro. Probando un nuevo integrante tras otro, Mizutani invitó a sus amigos
Chahbo y Fujio de Murahatchibu a que fueran su banda de soporte, ¡solo para que
luego ellos se robaran el nombre de Rallizes e hicieran conciertos por su
propia cuenta! Poco después fue incluido en el altamente relevante festival
“Rock in Highland”, un gigantesco y prestigioso evento que tenía a bandas como
Mos y Flower Travellin’ Band en la cartelera, pero le echaron la culpa a Mizutani
de que solo aparecieran un centenar de espectadores en el evento: la sola
presencia de Rallizes espantó al público, se decían los promotores del evento a
sí mismos, y probablemente tenían razón. Este “gitano existencialista radical”
estaba rápidamente transformándose en una figura humorística, un triste fracaso
por del que la escena japonesa tenía que olvidarse.
En agosto de 1970, cuando Mizutani se encontró con el cantante
y compositor Masato Minami mientras paseaba por el distrito de Shibuya en
Tokio, los dos decidieron improvisar juntos e incluso hablaron de formar una
banda mientras se armaban para tocar. Pero apenas Mizutani derribó las paredes acoplando
la guitarra en su colosal phaseshifter, el impresionado Minami “se dio cuenta
de que la idea era irrealizable”. Determinado a reducir en lo posible los niveles
de depresión de su amigo, Minami invitó a Mizutani a contribuir con su guitarra
al nuevo LP KAIKISEN (Trópico de Capricornio). Pero cuando el álbum de Minami
se transformó en el altamente popular comienzo de una carrera de alto perfil,
el amargado Mizutani se sintió incluso más rechazado, y continuó sin grabar ni
editar nada a lo largo de toda la década.
Durante la mayor parte de 1971, Mizutani estuvo atrincherado
en el departamento, aventurándose afuera sólo para comprar leche y otros
abarrotes. Delirante y paranoico, a estas alturas estaba convencido de que el
mundo conspiraba en su contra. Cuatro años de rock´n´roll sólo le habían garantizado
estar en el la mira de la CIA, mientras todo tipo de talentos menores andaban
de gira por todo Japón. Peor aún: a finales de abril del 71 incluso los más
fieles de los infieles amigos de Mizutani, Fujio y Chahbo de Marahatchibu,
habían navegado exitosamente las riesgosas aguas de los estudios de grabación y
consiguieron la promesa de un contrato discográfico. Ocasionalmente, una
versión reducida de Rallizes tocaría en el club Oz de Tokio, pero nadie iba a
verlos porque el mundo ya había dado vuelta la página. Algunos conciertos
solistas serían estrujados entremedio de grandes actos como los Mops, Blues Creation, Zuno Keisatsu y
Speed, Glue y Shinki, pero solo corroyeron el alma de este gran nihilista y verdugo
sónico. Lentamente Mizutani fue cayendo en el olvido. Su único protector era el
técnico de sonido de Oz, Doronco (Cubierto de barro *),
pero incluso él tenía otras preocupaciones como publicar su propio periódico comunista
gratuito. Una vez, el acólito de Mizutani, Keiji Haino intentó revivir la
carrera de Mizutani al formar un power trío que solo tocaba covers de Blue
Cheer, pero incluso esta idea murió antes de poder presentarlo en vivo y las
cintas se perdieron. Hacia 1973, incluso el club Oz estaba en bancarrota, y Les
Rallizes Denudés, ahora manejados por Doronco —el mismo, que además hacía de bajista—
se encontraron sin tener dónde tocar en Tokio”.
*: Esta es la traducción que le da Cope al nombre Doronco. La versión castellana del libro prescinde de ella. Curiosamente y asumiendo que se trataría del mismo Doronco Gumo cuyo hermoso álbum “Old Punks” fue editado por Holy Mountain records en el 2020, debo destacar que la página del sello traducen su nombre como “Mud Cloud”, o sea, Nube de barro.
Además, los dejo con algunos materiales que han aparecido recientemente en bandcamp y que se relacionan con Los Rallizes, con su amigo Doronco y con el Club Oz. Disfruten que ya empezó el otoño.
París Arde.
-OZ DAYS LIVE '72-'73 Kichijoji: The 50th Anniversary Collection
Incluye: Les Rallizes Denudés, Masato Minami, Miyako Ochi, Acid Seven.
-The OZ Tapes, Les Rallizes Denudés.
-OZ band. Recorded in Tokyo 1974.
La banda del Club Oz, con Doronco en bajo.
-Doronco Gumo, Old Punks
La versión original de Old Punks, 2008:
Vocal, Bass | Kiyohiro "Doronco" Takada
Guitar, Piano, Chorus | Hiiragi Fukuda
Trumpet, Chorus | Colin Molter
Vocal | Reina Higa
Drums, Bassoon, Chorus | Mako Hasegaw
-Doronco Gumo, Oldtribe
(Y Ud.?).
Etiquetas: 68, 77, Ejército Rojo japonés, Japo, noise, punk rock, rock (no punk)
sábado, diciembre 10, 2022
Ranking "musical" 2022: Top 10
Como no uso spotify, no me ha llegado ningún ranking de lo que más escuché durante este año. Mi amiga Marisol escribió sobre eso en su columna de hoy en La Tercera, titulada "No eres lo que escuchas", pues concluye que lo importante es cómo lo escuchas.
Eso me inspiró a redactar mi propio ranking del año. De entrada, debo aclarar que la mayor parte de la música que escucho es en CDs y LPs, y suelen ser del período histórico que va de los 60 a los 80 del silgo pasado: la banda sonora del "segundo asalto" y su derrota, si se quiere.
La curiosidad por materiales más nuevos la satisfago a través de Bandcamp, aunque ni siquiera tengo cuenta ni nunca les he pagado un centavo. Sencillamente surfeo por encima de los discos las veces que pueda.
Cuando me acuerdo reviso el twitter de Byron Coley con sus recomendaciones, y para hallazgos más punk acudo al blog DIScarga Directa.
En fin, vamos a los favoritos del 2022, no necesariamente en orden de preferencia:
1.- OK Pirámides, "Truco menor".
No tenía idea de la existencia de esta banda, pero le creí al editor de DISCarga y me puse a escuchar este álbum. Pese a que me parece bien My Bloody Valentine, no soy un gran entusiasta del estilo que llaman "shoegaze" (entiendo que en alusión a que tocas tan drogado y concentrado que sólo atinas a mirar la punta de tus zapatos. Yo no puedo hacer eso: para tocar saxo cierro los ojos, y para tocar bajo necesito mirar el mástil y las cuerdas).
OK Pirámides es como MBV viviendo y transmitiendo en una dimensión específicamente bonaerense. Se vuelven adictivos a la segunda escucha, y tras un puñado de extrañas canciones pop te encuentras al final con un misil de drone/noise de ese que a todos nos gusta y ayuda a despejar y eliminar algunas neuronas que ya están algo gastadas.
Nada se destruye, todo se transforma. OK; denle play a ver si también les gusta. Si odian el shoegaze, mejor eviten las pirámides.
2.- Mienakunaru, "Strato Arcology".
Esto lo conocí por el bueno de Byron Coley, una persona tan pero tan sensata que casi tiene los mismos gustos que yo.
La banda es un power trio japonés dedicado a lo que esos conjuntos saben hacer mejor: una mezcla "high voltage" de rock psicodélico con improvisación ruidosa. Ideal para seres humanos cuyos apetitos se dirigen hacia una dieta habitual de platos fuertes tipo Kousokuya y Fushitsuha, aunque Mienakunaru es más tradicionalmente rockero y menos oscuro que esos próceres del japo noise.
El guitarrista Junzo Susuki sufrió una caída desde el andén del tren en enero de este año y sobrevivió aunque quedó bastante lesionado. Las ventas de este album y otras actividades van a beneficio suyo: weloveyoujunzo.bandcamp.com
3.- Kaiji Haino/Jim O´Rourke/Oren Ambarchi, "Caught in the dilemma of being made to choose" This makes the modesty wich should never been closed off itself Continue to ask itself: "Ready or not?"
Seguimos con otro power trio pero internacional, donde confluyen tres maestros que provienen respectivamente de Japón, Estados Unidos y Australia.
Ya hemos hablado de que probablemente esta sea la mejor banda del mundo en este momento. No exagero para nada. La gracia es que se juntan a tocar una vez al año en Japón, y graban todo para ir editando después, por lo general en Black Truffle, el sello de Oren Ambarchi.
La banda se caracteriza por títulos largos, y en esta ocasión creo que es el más largo de todos sus 11 discos. Ni siquiera intentaré traducirlo.
Se trata de un álbum doble que reúne colaboraciones a distancia durante el encierro pandémico, y grabaciones de un festival en 2017.
Sumérjanse profundamente en esta escucha, pues no van a encontrar casi nada mejor.
Haino-san es 100% straight edge, pero yo no, así que recomendaría escuchar resto bajo el efecto de drogas sicodélicas.
4.- Masayo Koketsu, "FUKIYA".
Seguimos en Japón. En esta ocasión, quería destacar el impresionante debut solista de la saxofonista Masayo Koketsu: un track único de 46 minjutos y medio editado por Relative Pitch records, que dice:
"Desde la visita de Coltrane a Japón en 1966 a las explosiones free jazz de Kaoru Abe, la sorprendente sesión solista de Masayo Koketsu la establece como una fuerza con la cual reconocerse".
Si creen que pueden llegara a aburrirse de 46 minutos de solo saxo alto, están equivocados. Pongan play y ahí me van a creer. La técnica, la imaginación, el sonido...todo eso se conjuga en el máximo nivel de creatividad que es posible asociar al hermoso instrumento acústico que es el saxofón en sus distintos tamaños y variedades.
En el sitio Poison Pie hicieron un reviú de esta obra que destaca 3 "reglas" implícitas en su trabajo:
-Por cada sonido, existe un opuesto equivalente de silencio.
-Por cada espasmo, existe una opuesta y equivalente relajación.
-Por cada altura, existe una opuesta y equivalente profundidad.
5.- Boris, "Heavy rocks".
Y aún estamos en Japón...
Estoy un poco perdido porque creo que ya existían al menos un par de álbums de Boris con el mismo nombre, pero de 2002 y 2011. Siendo este último su disco N° 28 es fácil perderse.
No importa: la banda japonesa titulada en honor a la mejor canción de toda la carrera de los Melvins no podía decepcionar en este año, y entregó una pieza diversa y entretenida, extremista y creativa, en que colisionan el heavy metal con el hardcore punk, elementos de hard rock setentero, psicodelia, e incluso saxos aullantes a lo Zorn.
2002/2011/2022: y nunca nos vamos a aburrir de esta banda porque lo entrega todo en vivo y en discos y es japonesa y en fin....así me gusta a mi que suene el rock en pleno siglo XX. O sea, XXI.
Me aburrí. Después sigo.
--
Ya, sigamos:
6.- Alan Licht, "Three chords and a sword: Solo cover versions 1988-2021".
(No se asusten; no es un disco japonés: Sólo al arte de tapa)
“Estoy mirando el corazón de la
oscuridad”, de Pere Ubu, interpretada en teclado y voz por Alan Licht. Más
famoso como guitarrista, y de hecho tocó en alguna fase de los Blue Humans (a
dos guitarras, con Rudolph Grey, una en cada canal). (Mission of Burma en su
momento escogió el mismo tema de los gloriosos Ubu para versionar: curioso). Después
de eso tributa desde su casa al gran Eddie Van Halen con “Jump”, su gran éxito
de 1984 junto a “Panama” y “Hot for teacher”, que gozaba en las pantallas de
Magnetoscopio Musical cada domingo, con una mano en el Betamax para grabar mis
clips favoritos y después poder verlos a voluntad
Este álbum de versiones cubre de
1988 a 2021, y salió este año llegando directo a mi Top 10. Otras versiones incluyen a Suicide (“Rocket USA”),
Sonic Youth (“Tom Violence”), y Bob Dylan (un spoken word sobre Woodie
Guthrie). Lamentablemente en la versión bandcamp no dejan escuchar la última,
que no es una versión solista sino un bonus consistente en el cover de “1970”
de los Stooges, con una gran banda que incluye a Chris Corsano en batería. Ya
pos Licht: libera la hueá! Tenemos derecho a apreciarla. Por lo menos en
Youtube.
Tres acordes y una espada.
7.- Bjork, "fossora".
No soy fan de Bjork y a veces hasta me cae mal. En Festival Primavera MADE IN BARCELONA pero versión Cerrillos preferí quedarme bebiendo todo el Aperol Spritz que pude en el Bar Abierto que ver la presentación de Bjork, aunque cuando bajó el sol fui a mirar un poco.
Eso no me impide considerar este
disco uno de los mejores del año. Ella sigue su propia visión musical desde
hace ya unas cuantas décadas, logrando un estilo a la vez totalmente personal y
profundamente “matriarcal”, un poco como lo que ha hecho Kate Bush, que este
año tuvo un repentino inesperado a la popularidad POP (valga la redundancia)
gracias a la inclusión de un viejo hit en la serie Stranger Things.
Si les parece raro que recomiende
a Bjork, les diré que lo mismo hizo hace unos años el gran maestro Robert
Wyatt, así que supongo que está bien. Ah: y Chris Corsano ha estado en la banda
de Bjork, y gracias a una visita de la diva pudo descolgarse para una
presentación solista en una cervecería de Bellavista hace ya harto tiempo. Aún
recuerdo que el 70% de la audiencia no pescaba nada del set y seguía
conversando, hasta que alguien empezó a correr la voz de que Corsano era “el
mejor baterista del mundo”. Sacos de hueas.
Leí que el álbum Incluye
canciones en homenaje a su recientemente difunta madre.
8.- Pionera, "Bolsa de piedras".
Ya hablé de este disco hace unos meses, y lo sigo recomendando. Rock and roll ain´t noise pollution, y tras el paso por Chile de Familea Miranda es bueno apreciar otros aspectos de la visión musical de Katafú.
9.- Al Karpenter, "Musik from a private hell".
Y ya que en esta revisión llegamos a España, vuelvo a recomendarles el nuevo LP de Al Karpenter, Música desde un infierno privado.
Es como Suicide haciendo dedo en la carretera cerca de Granada y no encontrando nada más que alfombras de pequeñas culebras y erizos aplastadas por vehículos y disecadas por el pesado sol.
Desolador y liberador al mismo tiempo. Con una
sensibilidad marcadamente anticapitalista/antiautoritaria, no como tanto
hueveta que he visto por estos lados dándoselas de noiser y radical y que
después termina haciendo propaganda por Boric o por el sipohapruebo.
10.- Ignorantes, "Parece que tuvimos demasiados hijitos".
En un salto final hacia Chile y Gringolandia nos quedamos con el LP de regrabaciones de ya clásicas y adorables canciones de nuestros amigos los Ignorantes, canciones sobre Bloques Rojos, Depresión nocturna, depresión de pasta base, odio al trabajo y al estudio, entre otros temas propios de su peculiar folclor urbano.
Según creo los Ignorantes aprovecharon
la pandemia para irse a USA y se quedaron por allá. Prefiero el sonido de mierda del Demo Buena
Onda y Olor a cuero rancio, vino y raja, dos piezas gigantes esenciales
en la historia del punk rock, pero bueno: ¡son los Ignorantes! y todas las canciones
están ahí esperando para iniciar el pogo, macheteos e incluso saqueos.
Tupa Tupa refuses to die!
--
Ojalá hayan disfrutado este año. El próximo será mucho peor.Etiquetas: 2022 fin del mundo tal cual lo conocíamos, free jazz, hardcore punk, heavy metal, Libre Improvisación, noise, rock (no punk), somos la vanguardia de la sociedad del ocio
domingo, septiembre 25, 2022
Pharoah Sanders (RIP)//Pionera, "Bolsa de piedras" (2022)
En primer lugar, quería informar que ayer murió uno de los grandes maestros musicales que quedaban, el saxofonista Pharoah Sanders, que inició su trayectoria en la era de la revolución del Free Jazz, tocando junto a otros maestros que ya no están como Sun Ra, Coltrane, Albert Ayler, Don Cherry y varios otros.
Requeriría más tiempo y espacio hablar de Pharoah como es debido. Ayer le mencioné su muerte a un par de punk rockers que no tenían idea de quien era. En fin: el espectáculo necesita mantener separados los nichos del punk con los del jazz, así como la anarquía del comunismo. Por de pronto los dejaré con un artefacto que compila sus primeras grabaciones, de 1963 a 1964:
"In the beginning". Se trataba de 4 CDs que reúnen 45 tracks, incluyendo entrevistas a Pharoah y a Sun Ra (que fue quien le puso el nombre de Faraón).
Su último álbum "Promises" fue editado el año pasado, junto a Floating Points y la orquesta London Symphony. Bien diferente a la furia chisporroteante del tenor con la que se hizo famoso, estos nueve movimientos meditativos quedarán para siempre como una hermosa despedida.
Entremedio de ambos puntos, no quiero dejar de destacar una de las piezas que más me han impresionado de toda la trayectoria del Faraón: su interpretación de Venus/Alto y Bajo Egipto, junto a Albert Ayler a fines de los sesenta, en un concierto junto a la Sun Ra Arkestra a beneficio de los Panteras Negras. Duelos de tenor que se elevan directamente al cielo del sonido, donde nos estarán esperando a todos quienes los hemos amado profundamente en vida. 23 minutos de puro placer auditivo.
Y bueno: hecho ya el homenaje a Sanders, los dejo con el reviú detallado del album debut de Pionera, "Bolsa de piedras", banda hispana en que el viejo amigo Katafú se desempeña en las seis cuerdas además de las cuerdas vocales, grabada por el viejo amigo Gomberoff en su Estudio Hukot. Por cierto, veremos a ambos dos viejos amigos en Chile próximamente tocando con Familea Miranda. Están avisados!
PIONERA,
Bolsa de piedras (2022).
Rock se podría traducir por roca pero también por piedra. Una
“bolsa de piedras” es una idea poderosa, una imagen de multiplicidad y dureza
potenciada por la agrupación forzada dentro del espacio de un envase que
convierte un puñado de estas armas naturales que son las piedras en un
artefacto de gran impacto y dañosidad.
De hecho, alguna vez escuché a mi padre contar que durante alguna
parte de su infancia que vivió en la zona norte de Santiago de Chile, donde no
era inusual ver a parroquianos desafiándose a pelear con bolsas de piedras. El primero
que le daba al otro un bolsazo en la cabeza ganaba, y había al menos un TEC
garantizado en la persona del perdedor.
En el caso de Pionera, la bolsa que ofrecen es una colección
de afiladas y densas piezas de rock pesado inteligente. Lo cual no es una
contradicción en sí misma: si bien el hard rock siempre tuvo una veta de
autos/chicas/glamour, también desde el inicio del sonido de las catacumbas hubo
intérpretes que reflexionaban sobre profundos temas de la existencia humana en
el planeta Tierra desde los excitantes sonidos del blues electrificado, como
por ejemplo los Blue Öyster Cult, que eran etiquetados como Heavy Metal para
sujetos pensantes.
Pionera califica más como banda post-hardcore que como alguna
forma actual de heavy metal. Pero es innegable que su sello propio es la
pesadez zeppelinesca del sonido con que interpretan sus composiciones
que en varias partes me recuerdan lo que en la década de los noventa estaban
haciendo bandas como Jawbox y varias más desde el catálogo de Dischord records,
por decir algo.
Bolsa de piedras: lo contrario de la caja de bombones góticos
que según Mark Fisher era el álbum Pornography de The Cure. Acá no se
trata de una colección de chocolatitos sino que de una excelente selección de camotazos,
con el tipo de guijarros que resultan perfectos para poner en una resortera y
hacerlos impactar contra un carro policial. Si han escuchado en directo ese
sonido, se podrán imaginar el tipo de canciones de las que estoy hablando.
El riffage muscular con que se entrelazan los temas es
efectivo y de alta precisión, por sobre él las guitarras y las voces van
entregando historias llenas de frases que se agarran al vuelo “Soy un lienzo en
blanco, una rueda en el presente” nos dicen en “Desde el accidente” (¿una
alusión al tema de Melvins de similar nombre?), donde hablan de “volver a nacer
en una vida que no es mía”. O sea, también aquí podemos detectar la crítica de
la alienación y el extrañamiento como experiencia total y común en la era de la
dominación real del capital.
La canción Pionera, que coincide con el nombre de este combo,
suena increíblemente pesada pero a la vez fresca, y funciona casi como un
homenaje a Led Zeppelin. Es la batería la que cumple acá una función de
apisonadora bonhamiana por sobre la cual la banda despliega el resto de
sus talentos. Desde los viejos tiempos de mi primera juventud, en que desde mi
pieza en el tercer piso de la vivienda familiar azotaba los parlantes con los
IV primeros volúmenes y “Houses of the Holy”, que no escuchaba algo así de
animoso, a diferencia del cúmulo de bandas que trataron de repetir la fórmula
de Zeppelin y fracasó miserablemente en el intento (aunque algunos ganando
harto dinero en el proceso).
En “Cierto Bierzo” exploran un tiempo más rápido, que
recuerda algunos momentos de Familea Miranda antes de su autoexilio español.
A lo largo del disco las voces aparecen repartidas entre los
tres integrantes de la banda: Rubén Martínez (bajo), Rodrigo Rozas (guitarra) y
Héctor Bardisa (batería). Reconozco bien la voz de Rozas, por hacerlo escuchado
antes en sus “bandas chilenas” (Supersordo -donde cantó, o más bien gritó, pero
muy poco-, Niño Símbolo, Agencia Chile del Espacio y Familea Miranda). Su
reconocible tono y estilo me siguen recordando por alguna razón a grandes
vocalistas chilenos como Pancho Sazo de Congreso, y de algún modo es posible
oír a través suyo un rastro del folclor que escuchábamos antiguamente en Chile
todos los rockeros de nuestra generación, antes de que ver a Ozzy en la tele
tocando en el US Festival 83 nos hiciera olvidar toda esa formación previa.
Mención especial para el excelente sonido de esta grabación
que será editada en vinilo. Las canciones fueran grabadas y mezcladas por Milo
Gomberoff en el estudio Hukot, en Barcelona.
En “Cachorrito” el trabajo de las voces me recuerda a algunos
experimentos del tropicalista Caetano Veloso en Araca Azul (1973), o incluso en
el tema Doideca, del álbum Livro (1998). Pero tal vez el tema en que más se
luce el sonido de toda esta obra es Droga Mosquito, con una potente voz que nos
cuenta bizarra historia mientras la banda alcanza en un momento el nirvana del
ruido más intenso, el que sorpresivamente es embellecido por un teclado que nos
saca del noise puro, para luego de un par de silencios casi absolutos
(“el silencio no existe” decía John Cage) sumergirse de nuevo en el sol negro
del “horrible noise”, y rematar con su enigmático coro de “¡Necesito hablarlo!”.
En este tema y en otros la voz me recuerda algo del escaso metal español de los
ochenta que se alcanzaba a escuchar desde Chile, o sea, Evo, Obús y Barón Rojo.
¿Melvins y Barón Rojo se encuentran con Caetano -que por
cierto estuvo exiliado en UK- asaltando el bar en el funeral de John Bonham y
se agarran a combos y peñascazos? Algo así podría decir para terminar dando una
imagen sintética aunque algo arbitraria de este disco. Pero no me tomen muy en
serio en eso. Sí deberían tomar en serio en cambio la recomendación de
conseguirlo y escucharlo atentamente, pues es un material de alta precisión y
entrega, que llega justo para hacer algo más interesante vivir en estos tiempos
de pandemia y contrarrevolución global.
Pionera: High
voltage rock´n´roll para seres pensantes y deseantes.
Etiquetas: free jazz, hardcore punk, heavy metal, memories of you, rock (no punk)
sábado, julio 30, 2022
Art Bears: las obras completas (1978/1981)
Está claro que Henry Cow fue una
de las mejores bandas del mundo durante los años setenta, y que además de eso
fueron un importante catalizador de la politización y autogestión del rock -aunque
por desgracia desde una posición cercana al PC británico e italiano, es decir,
el “eurocomunismo”, opero qué le vamos a hacer. Si fuera por eso no
escucharíamos a Victor Jara- y promovieron un acercamiento entre la música
amplificada con la vanguardia experimental y la libre improvisación que ha sido
fructífero hasta el día de hoy.
No me concentraré en los COW ahora,
aunque recomiendo conseguir el libro de Benjamin Pierut en Duke University
Press, titulado “Henry Cow. The world is a problem”, sino que en una de las
vertientes de su progenie.
Art Bears fue una de las facciones en que la banda estalló
luego del álbum Western Culture (1979), aunque venía operando desde un año
antes.
Conocí a la banda por sus dos últimos álbums:
Winter Songs (1979) y The world as it is today (1981). Son los albums
que más aprecié, y que tenía grabados en los dos lados de una de las excelentes
cintas de cromo que mi padre me compraba en un sector de La Paz conocido como “Miamicito”,
durante los años en que trabajó y vivió en Bolivia (1989/93).
El primer álbum, Hope and Fears (1978), lo conocí después y en una versión de copia de copia de caset que nunca
me permitió apreciar todo su sonido (no es que me las dé de muy delicado o
docto, pero en esos años las orejas me funcionaban muy bien, no como ahora que
quedaron irreversiblemente dañadas por la edad y por los años en que ensayábamos
en Fracaso con la costumbre a la Spinal Tap del “volumen en 11”. De hecho, una vez
me quedé dormido por casi una hora sobre el amplificador con el bajo acoplado
con Big Muff. Creo que recordar que algo me había caído mal).
Es un impresionante registro, por
fin disponible en bandcamp a partir de este año junto a los otros dos albums,
un disco de rarezas y otro de remezclas y procesamientos a cargo de artistas como los Residents,
Annie Gosfield, Chrsitian Marclay, Musci/Venosta, Biota y varios más.
Parte con una extraordinaria
versión de “Sobre el suicidio”, con texto de Brecht y música de Eisler. Luego el
álbum se desarrolla en complejos temas en que la banda parece quedar en una
zona limítrofe entre lo que quedaba de Henry Cow en ensambles ampliados con personal
proveniente de los belgas Aksak Maboul. De hecho, hay algunos temas que
aparecen en la versión CD del “Un peu de l´ame des bandits”, mi álbum favorito
de estos belgas que a su vez se confundían con otros destacadísimos combos como
Art Zoyd y Honeymoon Killers. No olvidemos que los propios Cow se mezclaron
promiscuamente con la banda Slapp Happy, con integrantes provenientes de Alemania
y colaboraciones con miembros de la emblemática banda kraut Faust.
En síntesis, un disco enorme,
pero que me cuesta apreciar como disco de Art Bears, pues como varios han dicho
parece más bien el “álbum perdido” de Henry Cow. Por cierto, una vez en los 90
soñé que encontraba una disquería ideal en medio del parque Almagro, y que tenían
un álbum inédito de los Cow. En el sueño alcanzaba a escucharlo y ….bueno…qué
mierda que no se pueda grabar lo que uno sueña. En fin. Ojalá pongan algo sobre
eso en la Nueva Constitución.
Otra cosa es lo que ocurre con Winter
Songs y The world as it is
today.
¿Por cual partimos?
Por “El mundo como es hoy en día”.
Diría que este es uno de los discos más marxianos y brechtianos que se pueda uno
topar en su vida. O sea, parte con “La canción de la expansión ultramarina del
capital”, un tema que desde el Rock In Opposition y sus derivados sólo me había
topado en la canción “Cutty Sark“ de Camberwell Now, que alguna vez tradujimos
en este blog. ¿Alguien se acuerda? Bueno: yo sí. En cierta forma la música logra reflejar la
tragedia conocida como “acumulación originaria del capital”, vinculando la “Democracia”
(otro tema del disco) con la dominación colonial y capitalista. Cutler contó en
una entrevista con Umberto Fiori que el último de los 11 temas, “Albion! Awake!”
es instrumental porque Dagmar “se opuso a la violenta naturaleza de su letra”,
con alusiones a saquear ciudades y sublevarse.
A diferencia de Henry Cow, que
sonaba como una pequeña orquesta, Art Bears en su segundo y tercer discos está
reducido a un trío con Fred Frith en cuerdas (guitarra, bajo y violín), Chris
Cutler en percusión, y Dagmar Krause (de Slapp Happy antes que Henry Cow) en
voz.
Creo que no hay nada en el mundo del
“rock” que se parezca ni de lejos al sonido que logra esta formación. Severo y austero
en algunas partes, mesiánico y visionario en momentos como la parte final de “Three
Wheels”, que cierra sus Canciones de invierno, uno de los discos que considero más
perfectos partiendo por su increíble dibujo de portada. La experimentación está
presente todo el rato pero no de manera “autónoma”. Es como si en cierta forma el
formato canción les acomodara de maneras que no eran muy posibles aún en los
tiempos de Henry Cow. “Ratas y monos” es un tema tan furioso que fue incluido en
un compilado que vi por ahí de “Avant Punk” (aunque es sabido que Cutler odia
el punk). Las 14 canciones, grabadas y mezcladas en 14 días, parecen extractos
de visiones bíblicas (de hecho, las canciones están inspiradas en pinturas de
la Catedral de Amiens), mezcladas con crudas alusiones a la guerra de clases.
¿Muntzer meets Rosa Luxemburgo?
No lo sé. Sólo sé qué nunca he escuchado ni apreciado nada similar. Y que lo
recomiendo enormemente a todx niñx sensible, a pesar de que algunos críticos
han dicho que este disco es el tercero en relevancia (“no tan abiertamente político
ni musicalmente diverso como los otros dos” dijo uno, y a su vez yo le digo: andá a laar).
Etiquetas: 77, rock (no punk), trivia musical






































