miércoles, febrero 19, 2025
TRUMP, THOMPSON Y PIÑERA COMO PERSONIFICACIONES DEL CAPITAL
I.-
DONALD TRUMP
“To trump significa
vencer, superar, abrumar, pero el sustantivo trump también
significa pedo, pedo apestoso” (Franco “Bifo” Berardi).
Para este especial F.O.R.B.E.S. pensé escribir algo sobre
Trump el apestoso, aprovechando lo que dijo Bifo en vísperas de la elección en
que el “hombre pedo” aplastó sin dificultades a Kamala Harris. No es por
casualidad que el sitio FORBES.cl se promocione como: “Noticias de negocios y
estilo de vida para los líderes de Chile”; esos líderes están disponibles para
hacer América, Argentina o Chile grandes de nuevo, en sintonía con su héroe
Donald Trump.
Su prepotente figura de viejo de mierda resulta un desagradable
dato de la realidad que nos obliga a preguntarnos sobre la relación entre el Capital
como algo impersonal (la relación social capitalista), y su encarnación en
personajes que como el difunto Piñera o Elon Musk parecen personificar el
espíritu del capitalismo en monstruosas personas de carne, hueso y botox,
respecto a las cuales es difícil no pensar con horror, y cuyas imágenes
mediáticas me hacen siempre recordar el grito de Johnny Rotten en 1977 diciendo
de la Reina de Inglaterra que “¡Ella no es un ser humano!” (1).
En “Querida arma humeante” (2) el italiano Bifo nos recuerda que Félix
Guattari en un texto fechado en 1989 (para muchos, “el 68 al revés”) ya
describía las aventuras mercantiles de hombres como el Peo Apestoso (3) “que se apoderan de barrios enteros de Nueva York, de Atlantic City,
etcétera, para ‘renovarlos’, en cuyo proceso aumentan los alquileres y expulsan
de paso a miles de familias pobres, cuya inmensa mayoría se halla condenada a
perder su hogar, siendo este caso el equivalente, a nuestros efectos, al de los
peces muertos de la ecología medioambiental” (Les trois écologies (4)).
Apenas me empezó a quedar claro que Kamala Harris y el
partido demócrata estaban haciendo todo lo posible por perder esta elección,
recordé no a Guattari sino que a Mark Fisher, que alcanzó a presenciar el
primer triunfo de Trump en el 2016, y se refirió al fenómeno esbozando una
explicación en las últimas clases que estaba dando ese fin de año y de las que
sólo alcanzó a completar 5 de 15. Las clases fueron desgrabadas y editadas en
español por Caja Negra, bajo el título de Deseo Postcapitalista. Las últimas
clases (5).
Por desgracia, Mark falleció a inicios del 2017, tras no
recibir atención médica oportuna durante una crisis depresiva. La clase 7, que
no alcanzó a hacer, iba a tratar sobre “La destrucción del socialismo
democrático y los orígenes del neoliberalismo: el caso de Chile”. Como en cada
sesión, Mark escogía dos textos para que el alumnado los leyera previamente y
algunxs voluntarixs los comentaran al inicio de la clase. Los de la clase sobre
la contrarrevolución chilena de 1973 eran un capítulo de La doctrina del
shock, de Naomi Klein, y otro del libro Revolucionarios cibernéticos,
de Éden Medina, centrada en el proyecto Synco de la Unidad Popular, escrito en
inglés y editado en español por LOM el 2013.
En sintonía con su texto inconcluso Comunismo ácido,
Fisher entendía la revuelta global desatada a partir de 1968 como la irrupción
de una verdadera interseccionalidad a partir de la lucha de clases, que se
expresa sobre todo en una contracultura que aún nos fascina, y que la izquierda
tradicional no supo valorar ni menos potenciar (6).
Fisher se pregunta: “¿Por qué todavía nos importan los sesenta? ¿Por qué deben
importarnos los sesenta? ¿Por qué nos acechan en el nivel de la iconografía y
por qué persisten sus formas culturales?”. Y responde en voz alta: “Diría que
tiene que ver con los deseos no realizados que eran inherentes a esas formas y
a los que esas formas todavía les hablan…No me gusta esta expresión, ‘hablarle
a’…Mejor dicho: los deseos no realizados para los cuales esas formas culturales
todavía son relevantes” (Clase 2: “Una revolución social y psíquica de magnitud
casi inconcebible”: la bohemia contracultural como prefiguración).
En la Clase 4 (“Poder sindical y poder del alma”) Fisher y
sus alumnxs se dedican a aplicar los conceptos lukácsianos sobre clase y
conciencia de clase estudiados en la clase anterior al contexto del escenario
abierto en 1968, cuya expresión más álgida se da en el tipo de lucha
“interseccional” desarrollado en Italia y Estados Unidos, en que por un breve
momento la lucha de clases se unió a las luchas basadas en el género y la raza,
alcanzando una inusitada intensidad. Fisher sitúa en ese momento, inicios de
los setenta, la irrupción de lo que denomina la “clase trabajadora
reaccionaria”, que le dio el triunfo a Nixon cuando los sindicatos
norteamericanos le dieron la espalda a la contracultura y la Nueva
Izquierda.
Esta clase fue efectuada el 28 de noviembre de 2016. 20 días
antes Trump había derrotado a su rival Hillary Clinton (apoyada por el grueso
de la “izquierda progresista” o “woke”), y ese dato hace a Fisher afirmar una
tesis muy interesante: Si después de la contrarrevolución neoliberal iniciada
en Chile en 1973 y extendida al resto de occidente -aunque no siempre usando
tanta violencia directa- la interseccionalidad excluyó su dimensión de clase,
pasando a centrarse en lo que ahora llamamos “política de las identidades”
(precisamente una característica definitoria de la izquierda posmoderna), lo
que se estaría viendo entonces con el triunfo de Trump era ni más ni menos que
“el retorno de la clase”, pero precisamente de esa clase trabajadora reaccionaria,
sin conciencia de clase.
Así la paradoja es que Trump “fuera capaz de jugar la carta
de la clase (de manera grotesca, en más de un sentido)”:
“¿Cómo podría hablar de clase un millonario como él? Bah, es multimillonario,
¿no? Lo que sea, Trump es un desarrollador inmobiliario, alguien que heredó su
dinero; no es que se haya hecho desde abajo… ¿Cómo podría un desarrollador
inmobiliario multimillonario ser un ventrílocuo verosímil de las preocupaciones
y angustias, de la subjetividad de los miembros de la clase trabajadora? Es una
buena pregunta, pero el hecho es que logró serlo”.
Una posible explicación que arriesga Fisher en ese momento es
“fantasmática”: la supresión de la conciencia de clase opera en parte “a través
del reclutamiento fantasioso de los subordinados en la identificación con una
carrera”, y cita un artículo del Harvard Business Review según el cual “muchos
miembros de la clase trabajadora están resentidos con los profesionales
-abogados, médicos, profesores, etc.- pero se identifican con los ricos”. Esta
operación funciona en parte porque “se alienta a las personas a creer que ya
son ricas, solo que aún no tienen dinero (…) No es que sea una tara de su
parte, o una ilusión. Se los alienta a esta identificación”.
En otras palabras, estamos acá frente al problema de lo que
en Chile suele denominarse “facho pobre”, que en el fondo remite a la aguda
observación de Wilhelm Reich en 1933, cuando hizo ver a la izquierda que el
fascismo no se le impone a la gente, sino que hay un momento en que la gente
“desea el fascismo”.
Mi impresión es que tras la derrota nunca asumida de Trump a
manos de Biden, con el consiguiente intento de sus partidarios de impedir el
cambio de mando asaltando el capitolio a inicios del 2021, y el despliegue abiertamente
guerrerista de Biden/Harris en el plano internacional, incluyendo su entusiasta
apoyo al genocidio sionista en Gaza, todo estaba servido para la inevitable
segunda venida de Trump, que logró de una manera aún más contundente que en el 2016
captar el apoyo popular a su figura y la de los multimillonarios con que ha
llenado su gabinete. El resentimiento anti-profesional de la clase trabajadora
reaccionaria/facho pobre tiene a la izquierda “woke” en su peor momento,
representando casi exclusivamente a elites con buena formación académica, en
una redefinición de la clásica dicotomía izquierda/derecha en que ahora es la
nueva extrema derecha y no la izquierda quien mejor capta y representa los
deseos y el resentimiento de los sectores populares.
En este sentido, además de tener en cuenta a W. Reich y su “Psicología
de masas del fascismo” (1933), debemos recordar el análisis que en su momento
hiciera Georges Bataille.
En “La estructura psicológica del fascismo” (también de 1933 (7)
Bataille realiza una distinción entre la parte homogénea de la sociedad: su
parte productiva o útil, de la cual “cualquier elemento inútil está excluido”,
aunque “no de la sociedad total, sino de su parte homogénea”, y las
“fuerzas heterogéneas”, que son “elementos imposibles de asimilar” (violencia,
delirio, desmesura, locura), siendo excluidas incluso del campo de la atención
científica. Este proceso de exclusión de los elementos heterogéneos por la
parte homogénea de la conciencia “recuerda de una manera formal la de los
elementos descritos (por el psicoanálisis) como inconscientes, que la censura
excluye del yo consciente”. Pese a esta
censura o represión, “los elementos heterogéneos provocan reacciones afectivas
de intensidad variable, según las personas”, pues “a veces hay atracción y
otras repulsión, y todo objeto de repulsión puede convertirse en determinadas
circunstancias en objeto de atracción, y viceversa”.
Como ejemplo de elementos heterogéneos Bataille incluye “sin
lugar a dudas” a los líderes fascistas: “enfrentados a los políticos
demócratas, que representan en los diferentes países la banalidad homogénea,
Mussolini o Hitler aparecen inmediatamente, a bulto, como enteramente
distintos”. Es más, “sean cuales fueren los sentimientos que provoca su
existencia actual en tanto que agentes políticos de la evolución, es imposible
no tener conciencia de la fuerza que les sitúa por encima de los hombres, de
los partidos e incluso de las leyes”.
Tal vez ahí está una de las claves para entender este segundo
triunfo inapelable de Donald Trump. Heterogeneidad, resentimiento,
identificación.
II.-
BRIAN THOMPSON
“Golpear a uno para educar a cien”
(Brigadas Rojas).
Di por concluidas las reflexiones sobre Donald Trump apenas
supe de un acontecimiento imprevisto que capturó la imaginación de muchxs. La
primera semana de diciembre nos enteramos de la noticia del atentado a balazos
en Estados Unidos contra un ejecutivo de la industria de los seguros de salud:
Brian Thompson, de 50 años de edad, director ejecutivo de UnitedHealthcare, compañía
filial del grupo controlador de Isapres Banmédica y Vida Tres en Chile.
La consigna de las Brigate Rosse vino a mi mente
cuando leí que varias empresas habían eliminado de sus páginas web los nombres
de los ejecutivos, y al ver que varias autoridades gringas se mostraban
indignadas por el hecho de que muchas personas no sólo no se apenaran sino que
se alegraran abiertamente por la ejecución de este agente del Capital. En pocos
días, nos enteramos de que es un CEO, y supimos que la consternación por el
hecho se vio acotada a los pares del finado, es decir, gerentes y miembros de
la clase empresarial. BBC informó acerca de “Cómo el asesinato en Nueva York de
Brian Thompson, director de la mayor aseguradora de EE.UU., revela la ira
contra el sistema de salud privado”.
De acuerdo al Network Contagion Research Institute de las
diez publicaciones más populares en X que mencionan a Thompson o UnitedHealth,
seis de ellas eran publicaciones que apoyaban implícita o explícitamente el
asesinato o criticaban a Thompson: “Algunas resaltaron comentarios que pedían
más asesinatos de directores ejecutivos y una guerra de clases; un investigador del instituto dijo que el
asesinato fue enmarcado como "un golpe inicial en una guerra de
clases" y que los elogios por el asesinato vinieron de todo el espectro
político. Después de la muerte de Thompson, la empresa matriz de
UnitedHealthcare, UnitedHealth Group, publicó una declaración en Facebook
detallando la muerte y sus condolencias oficiales. Aunque la sección de
comentarios de la publicación fue desactivada, aproximadamente 90.000 usuarios
de Facebook respondieron a la publicación con una reacción "Jaja" (o
"riendo") con solo 2.200 reacciones "Triste" al 6 de
diciembre”.
Los medios ahora informan con fingida sorpresa acerca de “la
oscura fascinación que despierta el acusado del asesinato del director de la
mayor aseguradora sanitaria de EE.UU.”. No lo señalan en ninguno de sus
reportajes, pero la solidaridad con acción del acusado Luigi Mangione nos
remite a los tiempos de los buenos y viejos magnicidios y tiranicidios, que
siempre gozaron de una amplia simpatía popular e incluso de justificaciones
morales y jurídicas en el Derecho antiguo. En el escrito que Mangione portaba
al ser detenido en un MacDonalds decía “Estos parásitos se lo merecían”.
Pero si menos del 2,4% de los usuarios de Facebook que
opinaron sobre el evento lo lamentaron, ¿cómo se puede explicar a la abrumadora
mayoría de casi 98% que lo celebraba? ¿Conciencia de clase o resentimiento? Tal
vez la situación de la salud privada en EE.UU. y el gran malestar que genera en
la población explican esta reacción anti-elite que se da al mismo tiempo que el
candidato ganador, Trump, con la ayuda de Elon Musk, repleta de multimillonarios
su gabinete.
Thompson no era exactamente un miembro de la clase
capitalista, sino una especie de profesional dedicado a la administración del
capital en uno de los sectores más inútiles y obscenos del sistema actual: la
industria que lucra con la enfermedad y la muerte de los seres humanos proletarizados
en una época en que no hay conciencia de clase entre los de abajo y la guerra
de clases suele asestar golpes exclusivamente desde arriba. Por eso sería
necesario ver a Thompson y otros agentes como un apéndice humano del Capital,
un enemigo sin duda alguna, un soldado de su numeroso ejército de capataces y
gestores, pero no al Capital en sí mismo, que según Marx es un vampiro de
trabajo muerto alimentándose de trabajo vivo.
Esta precisión es importante para no darle más espacio a
formas populistas de anti-elitismo fascistizante, cuyo anticapitalismo selectivo (como el viejo
“socialismo para imbéciles” que prontamente derivó en socialismo nacional y
nacional socialismo) es incapaz de apuntar a la superación de la totalidad de
la relación social capitalista, para entretenernos en cambio con el odio a
categorías completas de personas de carne y hueso que en cada momento son
identificadas como “parasitarias” y enemigas de la nación o el pueblo, y que
llegado el caso siempre es posible usar como chivos expiatorios para ejercer
una violencia sacrificial que jamás cuestione al capitalismo mismo.
Nancy Fraser ha explicado que el populismo de derechas y el
de izquierda tienen elementos comunes y diferencias. Así, “ambos brindan una
especie de mapa que define quiénes están arriba y quiénes abajo, quiénes pisan
las cabezas de quiénes”. Pero “en el caso del populismo de izquierda, tal como
muestra el 99% contra el 1%, se afirma que existe una oligarquía elitista o un
pequeño grupo de gente que parasita a todo el resto. Entonces la idea es
intentar movilizar a todo el mundo en contra de ese pequeño grupo”. En cambio,
“el populismo de derecha no tiene esta estructura dual. Tiene una estructura
tripartita. Hay una élite parasitaria y luego una clase baja parasitaria que ‘nos
roba lo que es nuestro’. En el populismo de derecha, al ‘pueblo’ lo conforman
quienes están atrapados en el medio. Por lo tanto, el populismo de derecha
se alza contra el 1% pero también contra los inmigrantes, contra la gente de
color, contra las minorías sexuales, etc.”.
A su vez, “el populismo de derecha define al enemigo en
términos concretos, identitarios o sustantivos. Por lo tanto, cuando definen a
quienes están arriba, siempre se trata de una conspiración internacional judía
o, si están abajo, de inmigrantes sucios o negros vagos, etc. Son distinciones
identitarias concretas que definen una categoría de persona —el enemigo— en
términos de sus características culturales o sustantivas”. Por el contrario, “el
populismo de izquierda como mucho define las características del enemigo, es
decir, no define a nadie en términos de su cultura, su identidad ni nada
concreto, sino en términos de la función que ocupa en el sistema”. El
problema es que cuando desde la izquierda se apunta a ‘Wall Street’, “históricamente
la frase puede desplazarse hacia los banqueros judíos”, porque en verdad “no
hay una barrera absoluta entre los dos populismos” (8).
Fraser agrega que desde su punto de vista “la identificación
del mundo de las finanzas con ‘el sistema’ es correcta”, pues “hoy existe una
forma de capitalismo en la cual las finanzas juegan un rol muy importante, muy
distinto del que jugaban en otras formas de capitalismo anteriores”. Y podemos
agregar que justo aquí reside el riesgo de resurgimiento de formas ya clásicas
de confusionismo fascista, que al criticar al sistema capitalista sólo por su
componente “parasitario” hacen posible pasar por anticapitalismo sus soluciones
autoritarias y posiciones racistas (hoy en día más culturales que biológicas).
Un buen ejemplo de este oportunismo es el inflado filósofo
italiano Diego Fusaro, que según informa su editorial en Chile “se considera
discípulo de Hegel, Marx, Gramsci y Gentile (9)”,
y que publica tanto en la prensa del grupo abiertamente fascista CasaPound, como
en editoriales españolas “de izquierda” tales como El Viejo Topo. En “Lucha de
clases en el siglo XXI. El señor globalista contra el siervo
nacional-populista” Fusaro se esfuerza en presentar sus posiciones neofascistas
usando una jerga marxiana e incluso pontificando con “la sociedad del
espectáculo”, pero centrándose siempre en la crítica a los “parásitos”, a “la
nueva alquimia bancaria, que cambia el papel impreso en oro”, calificándola como
una “segunda acumulación originaria, de matriz financiera”. En esta
configuración que asumiría hoy en día la lucha de clases, mientras la “elite
globalista” que está arriba tendría valores de izquierda (globalismo,
libertinismo, radicalismo libertario, eliminación de fronteras) e ideas de
derecha (competitivismo, desregulación, privatización, despolitización), el
siervo nacional-popular, desde abajo, “debería serle antitético, asumiendo
valores de derecha (arraigamiento, patria, honor, lealtad, trascendencia,
familia, eticidad) e ideas de izquierda (emancipación, derechos sociales, igual
libertad material y formal, dignidad del trabajo, socialismo democrático en la
producción y en la distribución)” (10).
O sea, el fascista Fusaro en el fondo está proponiendo esta
indigesta ensalada como la fórmula actualizada de “Tercera posición” para el
siglo XXI. Al igual que pasa con
Aleksander Dugin, estas palabras son especialmente aptas para seducir a
izquierdistas “realistas”, necesitados de “enemigos concretos”.
III.-
SEBASTIÁN PIÑERA
“Yo me muero como viví” (El necio, Silvio
Rodríguez)
En su momento, el odio a Piñera concentró el grueso de la
energía movilizada en la revuelta de octubre.
Se le insultaba de una manera muy significativa. El “hit del
verano” 2020 rezaba así: “Piñera conchetumadre, asesino, igual que
Pinochet”.
Como yo lo veo, en Chile le decimos “conchetumadre” (o en las
redes: “ctm”) a alguien de quien desearíamos que no existiera. Ese es el
sentido sublimado y profundo de la expresión “ándate a la concha de tu madre”.
Al revés de lo que cree el macho chileno tradicional, no es un insulto a la
madre, sino un deseo de aniquilación total, planteado radicalmente como para
decir: “desaparece”, “vete por donde viniste”.
El canto, que se escuchó masivamente no sólo en las calles,
sino que incluso de forma atronadora en la versión de ese año del Festival de
Viña del Mar, que por primera vez en su historia contó con barricadas y
enfrentamientos entre manifestantes y carabineros en las inmediaciones de la
Quinta Vergara, el Hotel O´Higgins y el centro de Viña, decía en su conclusión
-tras el insulto más fuerte de nuestra jerga (“ctm”)- que, al igual que
Pinochet, Piñera era un asesino.
Esta verdad es innegable y no se nos puede olvidar: el 20 de
octubre de 2019 el empresario-presidente Piñera le declaró la guerra al pueblo
por cadena nacional. Los militares y policías lo escucharon, y actuaron en
consecuencia. Esa intervención fue determinante como origen directo de las
muertes y mutilaciones que ensangrentaron las calles en esos días de revuelta,
cuyos patrones de conducta policial/militar ciertamente demuestran un nivel de
sistematicidad en su accionar. Por eso era totalmente legítimo, justo y
necesario, coronar la insurrección erótica derrocándolo. Y por es que Boric
cometió un acto criminal al evitar esa consumación natural de la revuelta mediante
el acto de estampar su firma a título individual en el documento en que se
consagró el acuerdo de toda la clase política esa madrugada del viernes 15 de
noviembre.
Pero la afirmación de la equivalencia entre Pinochet y
Piñera, entre la violencia represiva de la dictadura militar y de la democracia
capitalista, que es en esencia correcta, se ha prestado también para lecturas
bastante erróneas en las filas de la izquierda realmente existente.
Mucha gente de izquierda que no ha hecho la crítica de la
democracia necesitó decir que Piñera era un dictador, para así poder combatirlo
digamos “democráticamente”, perdiendo de vista que el régimen de los 30 años se
salvó en el momento más terrible apelando a la negociación parlamentaria y no a
la declaración de un nuevo estado de excepción. Es como si la burguesía hubiera
rectificado la historia, y en esta ocasión nos derrotaran no con tanques sino
que con negociaciones y urnas: la contrarrevolución democrática-institucional,
que tras una “vuelta larga” con dos procesos constituyentes fracasados nos dejó
más o menos donde mismo estábamos antes del 18 de octubre de 2019.
La mirada izquierdista nostálgica ni siquiera es capaz de
entender bien la especificidad del momento represivo utilizado para enfrentar
la revuelta. Muchxs sostienen que la represión “fue igual que en dictadura”,
perdiendo de vista que en esta ocasión no necesitaron romper del todo con las
reglas procedimentales de la democracia, y que el aparato represivo del Estado
no necesitaba desarticular a partidos y estructuras clandestinas como en los 70
sino que a una insurrección acéfala. La situación se parecía un poco más a las
jornadas de protesta nacional de los 80, pero acá no hubo ni MIR ni FPMR, y
tampoco CNI o DINA. La forma específica que asumió la represión del escenario
inédito que era una insurrección generalizada y permanente en todo el país fue
el uso de la mutilación masiva mediante el armamento “menos letal” de
Carabineros de Chile.
En fin, más allá del análisis de las formas represivas, quiero
destacar que el odio a Piñera tenía un doble motivo: además de su odiada gestión
política en tanto Presidente, se le odiaba también como ricachón o “piraña”,
pues en tanto empresario siempre jugó al límite de la delincuencia. Con motivo
de las filtraciones wikileaks en 2010, pudimos saber que de acuerdo a informes
de la Embajada de EE.UU. en Chile “Piñera maneja la política y sus negocios al
límite de la ética y la ley". O sea, teníamos en él a un “innovador” puro y
duro de acuerdo a la tipología de las adaptaciones con que Robert Merton
intentó explicar el “comportamiento desviado”: para acceder a las metas u
objetivos culturales (prestigio, estatus, riqueza) se saltó siempre los medios
institucionalizados (legítimos o lícitos) (11),
y en la medida que lograba el éxito económico, nadie le reprochó mucho más
después del famoso escándalo del Banco de Talca en los 80. En definitiva, como
señala Merton, “la admiración expresada a menudo en privado y a veces en
público hacia estos individuos ‘astutos, vivos y prósperos’ es producto de una
estructura cultural en que el objetivo sacrosanto justifica virtualmente todos
los medios”.
Por lo anterior es que resulta bastante ambigua una consigna
usual en el estallido, que vi hace poco grafiteada en una pared que quedó como
recuerdo de esos días de rebelión: “Evade como Piñera”. Esta invitación a evadir
el pago del transporte público imitando las “transgresiones” del
empresario/presidente puede ser leída como humorística, pero en rigor me temo
que está operando ahí también una bastante neoliberal mezcla de resentimiento e
identificación.
La muerte de Piñera fue el mejor resumen de su vida: tras
insistir en pilotear un helicóptero para un viaje de pocos minutos entre el
fundo de un amigo y el suyo propio, a pesar de las advertencias sobre las malas
condiciones climáticas, cayó sobre las aguas del Lago Ranco para salir de ahí
muerto por asfixia por inmersión. A diferencia de la leyenda que trataron de
crear sus cercanos, no salvó a nadie diciendo “salten ustedes primero” ni mucho
menos. No tuvo tiempo para nada de eso, y sus últimas palabras al parecer
fueron: “¿Qué pasó?”.
En fin: Murió como vivió. Y tuvo mucha suerte pues se mató
solo, cuando todo indica que estuvo muy cerca de haber matado también a sus
tres acompañantes. Como se dijo en esos días, las aguas del lago resultaron
milagrosas pues esta verdadera encarnación humana del Capital que era Piñera
“entró como delincuente y salió como un santo”.
Para concluir, solo diré que las personificaciones del
capital y el poder tienen un indudable valor como imágenes movilizadoras en
contra de “los de arriba”. Por eso la acción de Luigi Mangione ha suscitado
tanta admiración y apoyo, y por eso fue posible movilizarse contra Pinochet en
los 90 y contra Piñera en el 2019. Pero la lucha anticapitalista no puede
conformarse con la idea de que “bastará con derrocar al gobierno capitalista y
poner otro en su lugar” (Rosa Luxemburgo (12)),
ni limitarse a “conquistar los símbolos del poder” y a derribar cabezas como en
un tiro al blanco.
Luchar contra el capital es luchar por otras formas de vida.
(3) Quedará para otra ocasión explorar por qué de entre todos los países
hispanohablantes la lengua chilena es al parecer la única en que a esta
expresión se le extirpa la letra d, quedando sencillamente en “peo”, una
expresión que si bien no es considerada muy elegante, todo el mundo emplea
cuando se refiere al lanzamiento de gases, o en derivaciones como “irse a puro
salto y peo” o cuando se califica algo como “al peo”. En países cercanos como
Argentina y Uruguay “estar en pedo” designa la borrachera etílica. Para otras
expresiones derivadas, consultar el https://diccionariochileno.cl/
Y para una interesante exploración de la “obsesión excrementicia” y la doble
acepción original de la escatología (proveniente de éskhata y skatós)
consultar la presentación de Oyarzún a los “Poemas sucios” de Swift (Jonathan
Swift, Tulipas radiantes. Una introducción a la escatología. Ensayo de
presentación, traducción y notas de Pablo Oyarzún R., LOM, 2016).
(4) Bajo el mismo nombre de Las tres ecologías existe una conferencia en
Chile el 24 de mayo de 1991 incluida en su momento en El devenir de la
subjetividad (1998) y actualmente en el volumen titulado Las luchas del
deseo. Capitalismo, territorio, ecología, de Pólvora editorial, 2020,
Colección puntos singulares, dirigida por Cristóbal Durán. En esta versión no
se menciona a Trump al describir los procesos de gentrificación urbana.
(5) Editado en el 2024 y que ya va en su segunda edición. Alguien debería liberar
el pdf.
(6) Muy ilustrativo de este desencuentro es lo que contó el poeta norteamericano
Allen Ginsberg en una entrevista del año 1973 con la revista Gay Sunshine,
cuando explica que entre las razones por las que fue expulsado durante una
visita a Cuba en 1965 estuvo el haber propuesto a la cúpula del partido hacer
las gestiones necesarias para que los Beatles tocaran en la isla. La respuesta
que obtuvo de Haydée Santamaría fue: “No tienen ideología; tratamos de
construir una revolución con ideología”. Sumado a su defensa de la marihuana y
la homosexualidad, además de señalar públicamente que “había rumores de que
Raúl Castro era gay y que el Che Guevara era guapo”, el desencuentro le costó
la expulsión de la isla, siendo sacado a la fuerza del Hotel en que se
encontraba ante la mirada atónita del poeta chileno Nicanor Parra. Lo que le
hizo concluir a Ginsberg que la ideología a la que se refería Santamaria era
“la ideología de una burocracia policial que persigue a los maricas”.
(7) Publicado
en 1933 en “La Critique sociale”. Incluido en: Obras escogidas, Barcelona, Barral, 1974.
(9) Notable mescolanza: Giovanni Gentile fue “el filósofo” del fascismo italiano.
(11) Diego Fusaro, Lucha de clases en el siglo XXI. El señor globalista contra el
siervo nacional-populista, Ediciones Ignacio Carrera Pinto, 2021.
(11) Robert K. Merton, Estructura social y anomia: revisión y ampliación (1949). En
Fromm, Horkheimer, Parsons y otros, La familia. Introducción de Ralph Linton,
Ediciones Península, 1970.
(12) Citada por Furio Jesi, Spartakus. Simbología de la revuelta, Adriana Hidalgo
editora, 2014.
Etiquetas: fascist pigs, fascistología, lumpen burguesía, mierda humana, olor a mierda
jueves, agosto 24, 2023
Lanzamiento "La religión de la muerte": capítulo sobre Umberto Eco y el fascismo eterno
Umberto Eco y el ur-fascismo (o “fascismo eterno”)
Con la intención positiva de estar
alertas frente a un posible resurgimiento del fascismo, algunos intelectuales
como Umberto Eco han llegado a hablar de un ur-fascismo
o “fascismo eterno” (1), que siempre “puede volver de nuevo bajo las
vestiduras más inocentes” y por eso “nuestro deber es desenmascararlo y señalar
con el dedo cada una de sus nuevas formas –cada día, en cada rincón del
mundo-”.
Emilio Gentile ha reaccionado con
fuerza en contra de esta interpretación, que para él tendría el notorio y muy adverso
efecto de otorgarle al fascismo el don de la inmortalidad, a diferencia de
cualquier otra posición o ideología política. En efecto, a nadie se le
ocurriría hablar de un liberalismo, un trotskismo, socialcristianismo o
anarcosindicalismo eternos, pero gracias a la afirmación de Eco cualquier
neofascista podría sentirse orgulloso de unirse a la única expresión política
que existiría desde siempre, trascendiendo a todos los acontecimientos, modas
sociopolíticas y demás vaivenes de la historia. El “fascismo eterno” sería no
sólo un “enemigo poderoso” sino que más bien absolutamente invencible, que
existe desde y para siempre, profundamente enraizado en la naturaleza humana.
De todos modos, a pesar de las
críticas a la “eternidad” del fascismo, cabe destacar que incluso Enzo
Traverso, partidario en general de un uso acotado del concepto, afirmó en el
2019 que “el posfascismo está creciendo en todas partes y no sabemos el
desenlace de su proliferación”, y que “podría mantenerse en el marco de la
democracia liberal, pero también podría experimentar una nueva radicalización,
especialmente en el caso de un colapso de la Unión Europea, que es uno de sus
objetivos”. Las premisas de ambos desarrollos ya existen, así que de producirse
la segunda opción “nos veríamos compelidos a reconocer que el fascismo no fue
un paréntesis del siglo XX”, pasando así a ser un “concepto transhistórico”
(2).
Por de pronto, Traverso reitera a
propósito del actual ascenso de las “derechas radicales” en varios países que
“el concepto de fascismo parece a la vez inapropiado e indispensable para
comprender esta nueva realidad”, y esa es la razón por la que “el concepto de
posfascismo se corresponde con este paso transicional” (3).
Leyendo el texto de Eco -que
contiene recoge su intervención en la Universidad Columbia en abril de 1995, conmemorando
el cincuentenario de la “liberación” de Europa-, tengo la impresión de que la
crítica de Gentile es algo excesiva, pues más que sostener la “eternidad” del
fenómeno fascista lo que el autor intenta hacer es identificar algunos
“arquetipos” que nos sirvan como indicadores o señales de la presencia de
alguna forma de fascismo. Dentro de ellos señala el vínculo entre culto a la tradición
y sincretismo ideológico, e identifica en su rechazo de la modernidad (aunque
no necesariamente de la técnica) el elemento que le permite al fascismo
camuflarse de anticapitalista, en base a una supuesta crítica radical del modo
de vida capitalista, que constituye en realidad una reacción anti-ilustrada e
irracionalista, en contra del espíritu de 1789, descalificado como el origen
del “liberalismo”.
Otro rasgo que activaría la alerta
de Eco -y que se encuentran muy presente en la alt-right norteamericana y otras formas de nueva extrema derecha en
Chile y el mundo, incluyendo al Partido Republicano de Kast y toda la
autodenominada “fachósfera” que pulula a su alrededor-, es la obsesión por el
complot, sobre todo si este alcanza una dimensión internacional.
A esto debemos agregar algo que Eco
en 1995 no podía aún imaginar: la difusión de diversas “teorías conspirativas”
a través de las redes sociales, logrando intoxicarlas de fake news, creando trending
topics, y dando desde internet la “batalla cultural” contra el globalismo
marxista y/o liberal. Las versiones más conocidas de estas teorías del complot
han sido QAnon en Estados Unidos, y la de la “revolución molecular
disipada” dada a conocer desde Chile por Alexis López Tapia (4) y
divulgándola incluso entre las fuerzas armadas de Colombia justo antes del
estallido social ocurrido en ese país desde abril del 2021.
López Tapia tuvo un enorme minuto de
fama luego de la insurrección colombiana, puesto que no sólo suministró
argumentos a los represores para no dudar en aplastarla implacablemente, sino
que su teoría fue referida en un polémico tuit por el ex presidente Álvaro
Uribe. En brevísimos cinco puntos el derechista Uribe resumía la situación y terminaba
señalando: “Resistir Revolución Molecular Disipada: impide normalidad, escala y
copa”, y pedía fortalecer a las Fuerzas Armadas cuando ya habían asesinado a
más de 24 manifestantes. Gracias a la visibilidad así adquirida muchos
analistas dentro y fuera de Chile se volcaron a analizar la particular lectura
del concepto de “revolución molecular” de Félix Guattari, y la adaptación con
el agregado “disipada” que realiza López.
Hay que señalar que en Chile el ex
Ministro Mañalich ya había revelado a mediados del 2020 que estaba leyendo a
Guattari para entender el estallido social y el control de la pandemia (5).
Desde Europa Franco Berardi, que conoció bien a Guattari y su obra, destruyó de
manera fulminante la versión de Uribe y de López (a quien trata de “pobre
diablo”):
“La revolución molecular no tiene
absolutamente nada que ver con una táctica de combate. Esto no quiere decir que
Félix Guattari estuviera desinteresado del combate y la táctica, pero el
concepto de revolución molecular se refiere justamente a lo contrario de la
táctica. Cuando se habla de revolución molecular, se habla, de hecho, de un
proceso que no puede estar dirigido ni programado, ya que no es un efecto de la
voluntad racional, sino justamente una expresión del Inconsciente, del deseo
que no tiene nada que ver con las formas políticas establecidas ni con la
astucia de algún marxista oculto en algún sitio en el bosque” (6).
Posteriormente se supo que la teoría
de López gozó también de mucha popularidad en la Inteligencia de Carabineros.
Un reportaje de Victor Herrero en Interferencia señala que a fines del 2019
Luigi Lopresti, jefe de la DIPOLCAR, “insistía en que la explicación de todo lo
que estaba ocurriendo en las calles y plazas del país encontraba una respuesta
coherente en una teoría del neonazi chileno Alexis López Tapia”, y que “durante
varias semanas de fines de 2019 e inicios de 2020, Lopresti ordenó poner las
cerca de 15 láminas del PPT que resumía la teoría de López en una pared de las
oficinas de la Dipolcar” (7). El documento en cuestión, titulado “Crónica del
octubre rojo” vino a conocerse recién a fines de septiembre de 2022, cuando los
hacktivistas de Guacamaya liberaron miles de documentos y correos electrónicos
del Estado Mayor Conjunto de la Defensa de Chile. Adjunto a un correo cuyo
mensaje decía “Perro imprime esto para el teniente porfa” (sic) se encuentra un
texto de 36 páginas firmado por López el 8 de noviembre de 2019, anunciando una
segunda parte en desarrollo. Lo más llamativo es que además de una cronología
de los hechos que llevaron “de la evasión a la insurrección” se interpolan
análisis que atribuyen la responsabilidad de estos hechos al filósofo francés
Gilles Deleuze (fallecido en 1995), el grupo Tiqqun/Comité Invisible, algunos
chavistas venezolanos, el anarquismo insurreccionalista y los ecoextremistas.
La Revolución Molecular Disipada sería un “modelo insurreccional” que avanza a
través de las fases de Escalamiento, Copamiento y Saturación. Los grafitis en
las paredes son en realidad “órdenes de combate” para una “acción
revolucionaria horizontal”, y para estos estrategas “es imprescindible que
ocurran violaciones a los DDHH”, las que deben ser alegadas para debilitar la
“autoridad moral del Estado para imponer el orden” e inhibir el “pleno uso de
sus capacidades materiales” por parte de las fuerzas de orden y seguridad” (8).
Esta “teoría” es bastante práctica y revela una vez más la profunda simbiosis
entre fascistas y aparatos represivos: en Colombia estos últimos no se
“inhibieron”, resultando más de 42 civiles muertos (9).
NOTAS al
pie:
1.- Aunque la expresión “ur” designa, más que
la eternidad, el estado original o primitivo de un fenómeno u objeto.
2.- Enzo Traverso, “Postfascismo. Fascismo como
concepto transhistórico”. Viento Sur, 3 de diciembre de 2019.
3.- Ibid.
4.- Que ya
no se define como nacional-socialista sino que como socialista-nacional,
lo cual es equivalente de a que uno diga que no es anarcocomunista sino
que comunista anárquico. Cabe destacar que hacia 1993 Hans Magnus
Enzensberger había hablado de la “guerra civil molecular” como un nuevo tipo de
conflicto que empezaría a darse en las metrópolis.
5.- Así,
fuera de los papers científicos, por estos días el doctor busca respuestas en
el libro La revolución molecular, del fallecido filósofo y psicoanalista
francés Félix Guattari. Allí, en los 70, por primera vez se plantea que las
revoluciones venideras no serán con líderes a la cabeza, o en dos bandos como
se planteó la Guerra Fría, sino que, desde las bases, distintos colectivos, y a
raíz del malestar cotidiano. Quizás, allí -sostiene Mañalich- pudiera estar una
de las claves para el éxito del manejo de la pandemia”. En: https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/manalich-sus-dias-mas-grises-en-la-pandemia/2CWTM4K2BBDRRHJDUG2NLI7DSU/
6.- Franco
Berardi, ¡VIVA LA REVUELTA ANTI-FINA(N)ZISTA DE LXS COLOMBIANXS! Pero
esto no tiene mucho que ver con la revolución molecular. Lobo Suelto, 16 de
mayo de 2021.
8.- Alexis
López Tapia, Crónica del octubre rojo, 2019.
9.-https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Fallecidos_durante_las_protestas_en_Colombia_de_2021
Etiquetas: Chantiago, fascist pigs, fascistología, nada mas práctico que una buena teoría, psicogeografía
jueves, enero 12, 2023
Neofascismo tropical
Sobre la rebelión bolsonarista en Brasil y los acontecimientos del domingo pasado, escribí una columna para CIPER:
Amenaza golpista en Brasil: Bannon, Bolsonaro y el "gen fascista":
La oleada actual de ascenso de la extrema derecha en el mundo, iniciada tras la crisis financiera de 2008 y que tuvo como hitos las victorias del Brexit y de Trump en el 2016, ha ofrecido algunas figuras fascinantes que han oficiado de gurús de esta nueva forma de populismo que a falta de un mejor nombre varios califican de «posfascista» [ver columna previa del autor, en CIPER-Opinión 17.11.2022].
Entre ellos, además de personajes como el ruso Aleksandr Dugin y el francés Alain De Benoist, el norteamericano Steve Bannon, mano derecha de Trump en su campaña del 2016, destaca sobre todo por su excentricidad y capacidad articuladora de un movimiento nacional-populista a nivel internacional. Bannon estuvo al mando de Breitbart News, sitio de noticias que en coordinación con la firma británica privada de datos digitales Cambridge Analytica consiguió hace unos años aprovechar la web y las redes sociales como caja de resonancia de posiciones nacionalistas blancas de extrema derecha, a través de un creativo uso de fake-news, ataques personales a diversas figuras de la izquierda liberal y el masivo uso de la información personal de sus usuarios suministrada por Facebook. Cabe agregar que el mismo Bannon ha dicho en una entrevista reciente que fueron Bolsonaro en Brasil y Salvini en Italia quienes le aportaron a la llamada alt-right (derecha alternativa) norteamericana varias lecciones sobre el uso de redes sociales para atraer multitudes casi sin gastar dinero.
El antiglobalismo de los movimientos nacionalistas hace en principio difícil la colaboración internacional, pero Bannon ha decidido asumir el complejo desafío de tejer sistemáticamente redes entre distintos líderes y movimientos, sobre la base de tres ejes que ha definido como: soberanía, fronteras y migración. Se ha convertido así en un asesor internacional de poderosas figuras, mucho más allá de Donald Trump: Giorgia Meloni, en Italia; Marine Le Pe, en Francia; Jair Bolsonaro, en Brasil; Mauricio Macri, en Argentina; los neofascistas Demócratas, de Suecia (actualmente en el gobierno); el partido Vox, en España; y el ultraconservador Victor Orbán, en Hungría, lo han escuchado con atención y respeto. Hay quienes, incluso, han sugerido su presencia tras la campaña del Rechazo en Chile, al menos en el plebiscito de entrada [ver entrevista de Rodrigo Pulgar (Krypto)].
Después un compañero me envió este otro análisis, realmente interesante y muy crítico con las posiciones de la izquierda tradicional:
Notas sobre la Extrema derecha insurgente en Brasil, por Agnes de Oliveira/Colectivo Quilombo Invisible:
Hoy, 9 de enero, se cumplen 72 días de movilización de la extrema derecha. Una posible interpretación, es en la que insiste la izquierda institucional: desde que comenzaron las movilizaciones, estas y el propio bolsonarismo se están debilitando. Todo indica lo contrario, ya que la extrema derecha se fortalece y gana más consistencia y radicalidad en su accionar. El movimiento bolsonarista no solo ha cambiado de táctica, sino que ha ido adoptando varias simultáneamente: bloqueos de carreteras, campamentos en cuarteles, y acciones como saqueos, quema de camiones, autobuses y automóviles, destrucción de infraestructura, además de ataques armados, incluidas acciones de secuestro. Aquí hay una lista, insuficiente:
El 18 de noviembre , en Ariquemes, cerca de Porto Velho, Rondônia, hubo destrucción del depósito de agua de la ciudad. El acto se enmarcó en la Ley Antiterrorista de Dilma de 2016. En la misma ciudad hubo conflicto con la policía, ataques a camiones de una cadena de supermercados, incendio, vandalismo y saqueo de carga.
El 19 de noviembre, en la carretera entre Sorriso y Lucas do Rio Verde (Mato Grosso), un grupo armado de diez hombres invadió, disparó e incendió camiones en la base de la concesionaria Rota do Oeste. En la acción, los bolsonaristas también destruyeron peajes e incendiaron, dejando la autopista sin cobrar. La región es la misma que concentra a los empresarios agroindustriales que financiaron los bloqueos.
El 20 de noviembre, en Sinop, camiones son alcanzados por disparos en una gasolinera [1]. También hubo robo de camiones para interceptar carreteras. En Mato Grosso, dos camiones cisterna fueron colocados en la carretera e incendiados [2].
El 23 de noviembre , dos tramos de la Carretera Anhanguera, en Campinas, fueron bloqueados por bolsonaristas que dañaron camiones. Además, un empleado del Instituto Brasilero de Geografía y Estadística fue golpeado por bolsonaristas en Amparo, cuando intentaba huir de una protesta.
El 24 de noviembre, en Pará, la Policía Federal arrestó a seis presuntos golpistas y atacantes de la Policía Federal de Carreteras.
El 27 de noviembre, también en Pará, en una acción de bloqueo de carreteras, una caravana de camiones fue alcanzado por disparos en la región de Novo Progresso [3].
El 12 de diciembre, en Brasilia, 5 buses y 3 automóviles fueron quemados por bolsonaristas. También intentaron invadir la sede de la Policía Federal y rompieron vidrios en una comisaría.
El 8 de enero, los bolsonaristas invadieron el Congreso Nacional, el Palacio del Planalto y la sede del Supremo Tribunal Federal, en Brasilia. En São Paulo, bloquearon la Avenida 23 de Maio y la carretera Anhanguera [4]. En Mato Grosso, la carretera BR-163 fue bloqueada [5]. En Itajaí, Santa Catarina, la BR-101 también fue bloqueada [6].
El 9 de enero, los bolsonaristas bloquearon la Marginal Tietê en São Paulo, incendiando neumáticos y escombros.
En todas estas acciones hubo connivencia y activa colaboración por parte de las fuerzas represivas (militares, civiles, policía federal y ejército) [7]. Esto muestra una intensificación de la autonomía política de las fuerzas represivas en relación con los gobiernos, síntoma de la expansión del Estado de excepción permanente que se ha ido expandiendo incluso en gobiernos progresistas. Tal autonomización constituye, de manera elemental, el bolsonarismo, por lo tanto, cualquier intento de combatir la extrema derecha a través de la policía, el estado penal y dispositivos excepcionales (con la garantía de la ley y el orden) fracasará. El Estado Penal (Poder Judicial, Penitenciario y Policial) y la excepción no sólo son parte del problema, sino que constituyen la economía política de la extrema derecha.
De todos modos, lo más grave en este momento es la terrible situación en Perú, con el Estado policial/militar causando una masacre que se ha cobrado medio centenar de vidas para ahogar una enorme rebelión popular que no cesa. Espero poder informar sobre eso prontamente con noticias y análisis anticapitalistas/antiautoritarios.
Etiquetas: bellezas de la mierda de estado burgues policiaco, fascist pigs, fascistología, revuelta permanente
miércoles, enero 04, 2023
Kalewche: Especial 100 años de fascismo
A fines del año pasado fui invitado por los compañeros de Kalewche a colaborar en un dossier sobre fascismo.
A continuación los dejo con la introducción, y el texto aportado. El dossier completo puede ser visto AQUÍ. Por cierto, el fascista chileno Pedro Kunstmann, líder de los social-patriotas, señaló que este texto era una basura "brutalmente tendenciosa". ¡Bien!
En los últimos años, el fascismo parece haberse tornado omnipresente. Se habla de neofascismo, de posfascismo; y se discute interminablemente si Trump, Bolsonaro, Putin, Orban o Meloni son fascistas en algún sentido. Dentro de este dossier ofrecemos tres análisis de distinto tipo sobre el fenómeno. En “La sombra del fascismo”, nuestro compañero Ariel Petruccelli explora algunos costados –usualmente poco atendidos– de lo que podríamos llamar la deriva autoritaria o potencialmente fascistizante de la cultura política contemporánea. En el segundo texto, originalmente publicado por el Centro de Investigación Periodística (CIPER) de Chile el 8 de noviembre, Gonzalo Bustamante explora la vigencia del fascismo italiano a cien años de la Marcha sobre Roma (27-29 de octubre de 1922). Cerramos este dossier con un escrito de Julio Cortés Morales, que es una versión algo más extensa –generosamente facilitada por el autor– de un artículo suyo que vio la luz aquí, bajo el título “Un siglo de fascismo (1922-2022): ¿el retorno de lo reprimido?”.
1922-2022: EL RETORNO DE LO
REPRIMIDO
A cien años de la “Marcha sobre
Roma”, una admiradora de Mussolini encabeza el nuevo gobierno italiano. Contra
todos los pronósticos, Bolsonaro llega a disputar con Lula la segunda vuelta
presidencial en Brasil y pierde, pero por menos del 2% de los votos y quedando
su sector muy bien representado en el Congreso y las gobernaciones. El fantasma
de la extrema derecha y los nuevos fascismos recorre el mundo, mientras en
Chile la revancha «facho pobre» en el plebiscito de salida de la nueva
Constitución frustró los planes del progresismo y una santa jauría de
intelectuales se dedica a diagnosticar y perseguir al «octubrismo» como único
vestigio del espíritu de la revuelta chilena del 2019.
Este texto pretende dar luces
sobre estos fenómenos, claramente interconectados, respetando en principio el
temario de la ponencia presentada en un coloquio del 28 y 29 de abril de 2022.1
1. A pesar del uso
generalizado del adjetivo «fascista», un siglo después de la aparición
del fascismo histórico aún no existe mucha claridad sobre sus
principales rasgos definitorios. A pesar de la abundante producción literaria
en torno al tema, y a los mínimos consensos a los que han llegado los
estudiosos del fascismo, en el lenguaje usual «fascista» designa cualquier
forma de adhesión a un vagamente definido autoritarismo, totalitarismo o
nacionalismo. Incluso es posible detectar que se califica de fascista a
cualquiera que sostenga posiciones radicales en alguna materia, tal como cuando
se tilda de «feminazis» a las feministas radicales, o cuando se equipara a la
ultraizquierda con una forma de fascismo. Peor aún, la guerra en Ucrania nos
muestra un curioso ejemplo: mientras los opositores a la operación especial
rusa tratan a Putin de fascista, el líder ruso justifica su acción como una
cruzada para la «desnazificación» de Ucrania.
2. En mi trabajo
asumo, por un lado, que el fascismo no es eterno (como deducen muchos en base a
un conocido discurso de Umberto Eco en 1995 sobre el ur-fascismus):
como todo fenómeno social y político, el fascismo debe ser entendido como un
producto específico de su tiempo, que fue el de la derrota de las revoluciones
proletarias y la crisis del Estado liberal.2
De ahí la importancia de seguir
estudiando el surgimiento de la ideología y los movimientos fascistas, que
desde el Círculo Proudhon en Francia (1911), la Konservative Revolution alemana
y la recepción nacionalista radical de las ideas de Jorge Sorel, hasta el
triunfo de Mussolini y Hitler, la conformación del Movimiento Nacional-Socialista
de Chile y el surgimiento del peronismo argentino, nos revela la existencia de
un verdadero campo político e ideológico al que se bautizó con el nombre de su
versión italiana; pero que, mientras más examinamos ese momento, más aparece
como una heterogénea y muy diversa cantidad de formas y expresiones. Por eso
algunos expertos como Roger Griffin han acuñado el concepto de “fascismo
genérico”, donde se incluyen distintas formas de “ultranacionalismo populista y
palingenésico”.
3. Por otra parte, si
bien me parece erróneo e inexacto atribuir características de eternidad al
fascismo o entenderlo como “encarnación del Mal absoluto” o “brotación de lo
siniestro” (Oporto, 2015), creo que es posible apreciar un error simétrico en
las versiones «excepcionalistas» que intentan acotar la existencia de
movimientos y regímenes fascistas al período de entreguerras, declarando su
muerte definitiva en 1945.
El fascismo no ha abandonado la
escena como muchos creían. Después de 1945, nuevas formas de movimientos y
regímenes, desde los explícitamente neofascistas (como el Movimiento Social
Italiano en que militaba la adolescente Giorgia Meloni o el tremendamente
exitoso Frente Nacional de los Le Pen en Francia) hasta las dictaduras
latinoamericanas de los sesenta a los ochenta, han seguido expresando un
«espíritu fascista» que no siempre logra aplicar un nuevo régimen fascista,
pero cuya importancia en la conservación, reproducción y transformación de la
dominación capitalista no podría ser ignorada.
Además de los movimientos y
regímenes fascistas de ayer y de hoy, también es posible constatar que ciertas
características del fascismo histórico después de 1945 y luego de 1968 se han
incorporado al funcionamiento habitual de las democracias capitalistas
occidentales, donde ya no existe una distinción clara entre biopolítica y
tanatopolítica, estado de derecho y estados de excepción.
Ya en 1967 Debord decía que algo
del fascismo habría sobrevivido en el espectáculo triunfante, por haber sido
una de las fuerzas contrarrevolucionarias que liquidaron al viejo movimiento
obrero3. El mismo año, Adorno había dicho en una conferencia que “en
todo momento siguen vivas las condiciones sociales que determinan el fascismo”.
En un texto reciente, Lazzarato
(2020) destaca la profunda vinculación entre neoliberalismo y nuevas formas de
fascismo que se instalan como una respuesta contrarrevolucionaria al movimiento
de 1968, cumpliendo la función de «violencia fundadora» del neoliberalismo.
A partir de la crisis del 2008,
los nuevos movimientos fascistas emergen haciendo ocupación del terreno
abandonado por la izquierda (la lucha de clases), dándole un giro nacionalista
y reaccionario. Esa es la base real del actual crecimiento espectacular, y
hasta ahora imparable, de la nueva ultraderecha.
4. Con todo, la
definición a efectos taxonómicos de un «fascismo genérico», si bien nos permite
identificar las diferentes ramas de la gran familia fascista, no debería
hacernos pasar por alto sus enormes diferencias y contradicciones internas,
como tampoco la posibilidad de que, a partir de una matriz en los fascismos del
siglo XX, hoy en día varios movimientos estén derivando o mutando en
direcciones múltiples e impredecibles que aún no podemos ponderar muy bien.
Baste con considerar las derivas cuasi-izquierdistas del sector histórico de
la Nouvelle Droite de Alain de Benoist, el atractivo que
ejercen las teorías del fascista eurasiático Dugin sobre ciertos sectores de la
izquierda nacional-popular que, más que anticapitalista, es anti-EE.UU.; o el
surgimiento del etnocacerismo peruano con su programa de
racismo cobrizo que, bajo el liderazgo de Antauro Humala, bien podría calificar
de «fascismo andino decolonial».
En Chile, a una hasta hace poco
reducida familia de pinochetistas despistados (puesto que la dictadura fue
neoliberal y no nacional-corporativista), más algunos residuos
nacional-sindicalistas, pandillas de skinheads y hitleristas
esotéricospublicando revistas como Ciudad de los Césares, se han
agregado nuevas camadas como los social-patriotas de Pedro Kunstmann, Sebastián
Izquierdo y Capitalismo Revolucionario, el «Team Patriota» de
Pancho Malo, el Partido Republicano, sectores «tercerposicionistas» como el
diputado Rivas o provenientes del «fascismo agrario» del APRA como la diputada
Naveillán, ambos integrados al Partido de la Gente; e incluso duginistas como
el Círculo Patriótico Chile (Praxis Patria)4, abarcando así un
amplio espectro de posiciones neo y posfascistas, de derecha, izquierda y
«ni-ni» (ni de derecha ni de izquierda).
Como lo expresó Diego Luis
Sanromán en su tesis doctoral sobre la Nueva Derecha, “el gen fascista
ha mutado y en ocasiones no es fácil identificarlo”. Y si de entrada
este objeto de estudio ha resultado siempre confuso por lo flexible y
contradictorio de su discurso, hoy en día la complejidad se agudiza
adicionalmente por efecto de 50 años de «contrarrevolución neoliberal», que ha
logrado prácticamente borrar la memoria histórica de las revoluciones y luchas
proletarias contra las cuales el fascismo histórico surgió, y sin consideración
a las cuales no se comprende ni el tipo ni la magnitud de la tarea que cumplen
el fascismo y el «populismo de derechas» en la salvación del orden social del
capital.
5. Una dificultad
recurrente para identificar las formas actuales en que se expresa y ha mutado
este gen, es que, tal como dijo Mark Fisher, “el fascismo posmoderno es un
fascismo negado”, que sigue una estrategia de “rechazar la identificación
prosiguiendo con el programa político”, adaptándolo a las condiciones del siglo
XXI (Fisher, 2006).
La negación de la identidad o del
origen fascista es una consecuencia inevitable del estrés postraumático de
masas e intergeneracional que se produjo después de 1945 (Griffin, 2022). Pero
el procesamiento de dicha experiencia traumática corre a cuenta de la
democracia liberal. Así, resulta funcional a una visión deshistorizada del
fascismo la tendencia a entenderlo como parte de la más amplia familia del
totalitarismo, como una malévola aberración histórica, expresión de una lucha
eterna entre el bien y el mal, que es la visión que acompaña el mega-relato de
los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.
En este discurso, que podríamos
denominar como «el antifascismo de los liberales», no se problematiza la
violencia fundadora del capitalismo mismo, ni las numerosas masacres cometidas
por cada Estado de su propio bando en tiempos de paz, ni los crímenes de guerra
de los Aliados, como las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. No: el
fascismo sólo sería imputable a lo que Popper llamó los «enemigos de la
sociedad abierta».
Inevitablemente, esta mirada
excepcionalista, liberal y moralista del fascismo alimenta el mito y la
identificación profunda de sucesivas camadas de neofascistas con aquello que
«el sistema» presenta como el Mal absoluto. Mientras ninguna corriente política
(liberalismo, anarquismo, socialismo) se entiende a sí misma como «eterna», los
integrantes de CasaPound Italia, una red de okupas en
versión contracultural de ultraderecha, se autoproclaman orgullosamente
“fascistas del tercer milenio”.
Como recalca Emilio Gentile, “la
tesis del eterno retorno del fascismo puede favorecer la fascinación por el
fascismo de los jóvenes que poco o nada saben del fascismo histórico, pero se
dejan sugestionar por su visión mítica, que se vería agigantada ulteriormente
por la presunta eternidad del fascismo”, sintiéndose orgullosos de formar parte
de “un movimiento al que un gran intelectual antifascista le ha atribuido
eternidad, aunque lo haya hecho metafóricamente y para condenarlo” (Gentile,
2019: 12).
Deshistorizar el fascismo ayuda a
mitificarlo: en tanto máquina de producción mitológica, es precisamente en ese
nivel donde el fascismo se siente más a gusto y extrae toda su fuerza.
6. Historizar el
fascismo consiste en desmitificarlo para tratar de comprender las razones
objetivas y materiales de su surgimiento y las funciones objetivas y subjetivas
que cumple en la guerra de clases. En esa tarea también es necesario estudiar
la ideología fascista y sus distintas metamorfosis y modulaciones. Que el
fascismo histórico siempre haya sido más un movimiento práctico que una
elaboración teórica (existieron los fascios como forma
organizativa desde mucho antes que se empezara a hablar de «fascismo») no
impide reconocer la importancia que tuvo y sigue teniendo en su existencia la
dimensión propagandística e ideológica, medida y clave de su éxito, antes que
la forma característica de «partido-milicia» con que hizo su espectacular
aparición hace un siglo.
Una gran debilidad de la mirada
izquierdista en relación al fascismo, probablemente fruto de la contaminación
con la perspectiva demoliberal, es que tiende a verlo como una expresión
monolítica: un solo gran «nazifascismo» que produce y practica una forma
estática de pensamiento único. Nada más alejado de la realidad. Desde sus
inicios, el fascismo es una «ideología fuzzy» (Eco, 1995), capaz de
digerir y amalgamar todo tipo de influencias, desde Sorel y el sindicalismo
revolucionario al anarcoindividualismo, de Stirner y Nietzsche al futurismo y
el nihilismo. Pero como dijo Adorno en la ya aludida conferencia de 1967, no
debemos subestimar estos movimientos por su “ínfimo nivel intelectual” y “falta
de teorización”. Muy por el contrario, su éxito depende precisamente de la
extrema flexibilidad y capacidad parasitaria de su ideología.
7. Tal como ocurre
con el concepto de anarquía, que significa algo bien diferente para los
anarquistas que para el resto del mundo, captar la complejidad y especificidad
del fascismo requiere estudiar la manera en que es entendido por los propios
fascistas.
Así, la obra de Julius Evola
resulta bastante interesante, en tanto conceptualiza y observa al fascismo
desde la derecha tradicionalista. Una de las diferencias principales de Evola
con el régimen fascista italiano era que el denominado “mago negro del
fascismo” rechazaba la religión judeocristiana y reivindicaba un “imperialismo
pagano” ario y nórdico, incompatible con el catolicismo. Estas posiciones,
publicadas en títulos como Imperialismo pagano (1938) y Rebelión
contra el mundo moderno (1934), mientras era consejero de Mussolini en
materia de “romanidad”, le causaron serios problemas al régimen con una
indignada Iglesia Católica, que no vaciló en denunciar a Evola –que durante los
años veinte, en tanto poeta, había pululado por el dadaísmo y las vanguardias
para luego fundar el grupo esotérico UR– como un instrumento de Satanás. Cuando
el régimen se orientó hacia el catolicismo, Evola fundó la revista La
Torre, en cuyo n° 1, de febrero de 1930, afirmó: “Nosotros no hacemos
política… defendemos ideas y principios. En la medida en que el fascismo siga y
defienda tales principios, en esa misma medida nosotros podemos considerarnos
fascistas. Y nada más”.
En Biología del fascismo,
un detallado y certero análisis realizado en 1925, Mariátegui distingue un
“ultrafascismo” –que va “del fascismo rasista o escuadrista de
Farinacci al fascismo integralista de Michele Bianchi y Curzio Suckert”–, y una
tendencia moderada, conservadora, “que no reniega del liberalismo ni del
Renacimiento, que trabaja por la normalización del fascismo y que pugna por
encarrilar el gobierno de Mussolini dentro de una legalidad burocrática”. Más
aún, el marxista peruano señala que el fascismo no se debe a Mussolini sino que
todo lo contrario, y que si bien D’Annunzio no puede ser considerado un
fascista, el fascismo en cambio sí que se basa en la experiencia de Fiume y es
íntegramente d´annunziano5.
Lo anterior nos lleva a entender
–como hace el fascista italiano Giorgio Locchi en un homenaje a su
correligionario Adriano Romualdi, muerto en 1973– que “el fascismo pertenece a
un campo, opuesto a otro campo, el igualitarista, al cual pertenecen democracia,
liberalismo, socialismo, comunismo. Es este concepto de campo lo que permite
captar la esencia del Fascismo, del mismo modo que permite captar la esencia de
todas las expresiones del igualitarismo” (Locchi, s/f).
Para este jurista italiano que
por un tiempo fue compañero de ruta del grupo GRECE y la Nouvelle
Droite francesa, un rasgo definitorio de todo movimiento fascista es
la concepción tridimensional del tiempo, que le permite afirmarse “como
conservador (o reaccionario) y simultáneamente revolucionario (o progresista)”.
Pero dentro de este campo existe espacio para una diversidad de posturas: “en
el seno de un mismo movimiento fascista, personalidades de primer nivel
expresan y defienden filosofías y teorías bastante diferentes, a menudo poco
conciliables entre ellas e incluso opuestas”. A modo de ejemplo, “la filosofía
de un Gentile no tiene nada en común con la de Evola; Baumler y Krieck,
filósofos y catedráticos, eran nacionalsocialistas y nietzscheanos, pero el
nacionalsocialista Rosenberg, en cambio, criticaba duramente aspectos
destacados del pensamiento de Nietzsche” (ibid.). Los movimientos
fascistas de la primera mitad del siglo serían, para Locchi, “la expresión
política, inmediata e instintiva, de un nuevo sentimiento del mundo que circula
por Europa a partir ya de la segunda mitad del siglo XIX”. Este sentimiento era
el de “vivir un momento de trágica emergencia”, y por eso los fascistas “se
precipitan a la acción obedeciendo a este sentimiento; se movilizan
políticamente pero, al contrario que otros partidos y movimientos, no hacen
referencia a alguna concreta filosofía o teoría política y asumen más bien casi
siempre un comportamiento antiintelectualista” (ibid.).
8. La identificación
de los viejos y nuevos fascismos con la «extrema derecha» es, en nuestro
tiempo, casi automática.
Y si bien es cierto que
–siguiendo el esquema de Bobbio (1997)–, al ser al mismo tiempo radicalmente
anti-igualitario y autoritario, el fascismo debería ser ubicado en ese extremo
de la díada derecha/izquierda, no podemos pasar por alto que: a) el
fascismo histórico no se presenta inmediatamente como conservador/reaccionario,
sino como revolucionario e incluso anticapitalista; b) el
fascismo histórico y varios neo y posfascismos hasta el día de hoy declaran
obsoleta la distinción derecha/izquierda, cuando no asumen abiertamente estar
“más allá de izquierdas y derechas” (como Alain de Benoist, que en otros
momentos ha declarado sentirse “de derechas y también de izquierdas”, o Diego
Fusaro que reivindica “ideas de izquierda y valores de derecha”) o defienden un
“pensamiento transversal” que integra diversos elementos procedentes de las
distintas corrientes «antisistémicas»; c) desde hace al menos
cien años han existido corrientes nacional-revolucionarias que han mirado con
simpatía a la Unión Soviética, o que propusieron híbridos como el
«nacional-bolchevismo» de Niekisch (retomado en los noventa en Rusia por
Limonov y Dugin), y diversas formas de «fascismos de izquierda».
Esto, que es una realidad
histórica irrefutable, no hace ningún sentido en las mentes de los
izquierdistas promedio, que no pueden imaginar un fascismo que no sea «de
derechas», cuando en rigor la asociación más fuerte entre derecha y fascismo se
produjo después de 1945, cuando las escasas formaciones neofascistas existentes
se situaron contra la URSS y el comunismo en el escenario de la Guerra Fría.
Hoy en día, no resulta nada casual que la extrema derecha aparezca
geopolíticamente dividida entre los apoyos a Ucrania y Rusia, y que a pesar de
la fuerte presencia de agrupaciones neonazis como el movimiento Azov en
Ucrania, la mayoría de los neo y posfascistas actuales apoyen a Putin6.
9. Como señala el
barón Julius Evola, tradicionalista esotérico al que Bobbio calificó como un
“completo delirante” e “intelectual de medio pelo”, antes de la creación del
régimen demoliberal y su sistema de partidos el concepto de derecha no
tenía mucho sentido, pues lo que existía en el Antiguo Régimen era un partido
de gobierno y una oposición que actuaba “dentro del sistema” sin aspirar a
cambiarlo radicalmente. Luego de 1789, la derecha se constituye como la
antítesis de las posiciones de la izquierda.
Nunca está de más recordar que el
origen histórico de la distinción/oposición entre derecha e izquierda estuvo en
la ubicación espacial de los delegados con diferentes orientaciones doctrinales
y de clase en la Asamblea Nacional Constituyente de 1789, durante la primera
fase de la Revolución Francesa. En esa ocasión, al debatir sobre el rol de la
autoridad real frente al poder de la asamblea popular constituyente, los
delegados que eran partidarios del veto real (en general, miembros de la
aristocracia o el clero) se ubicaron a la derecha del
presidente, por ser el espacio tradicionalmente usado como lugar de honor, tal
como se dice de Jesucristo que estaría sentado “a la derecha del Dios padre”.
Por el contrario, quienes se oponían al poder de veto del rey se ubicaron a
la izquierda, y se designaron a sí mismos como «patriotas».
Algo que uno suele olvidar es que
la derecha tradicionalista y aristocrática es antiburguesa y puede presentarse
incluso como “anticapitalista” (si por capitalismo entendemos su fase o faceta
liberal). Por eso, para Evola, que como él mismo anuncia observa al
fascismo desde la derecha o más allá del fascismo,
a mediados de los 60 no existía ya una “Derecha auténtica”, con D mayúscula,
opuesta a la llamada “derecha económica” o burguesa, que incluiría a la
“derecha liberal”: un contrasentido para los tradicionalistas que creen en una
derecha “depositaria y afirmadora de valores directamente ligados a la idea del
‘Estado verdadero’”, con valores centrales superiores a la oposición entre
partidos, “según la superioridad comprendida en el concepto mismo de autoridad
o soberanía tomada en su sentido más completo” (Evola, 1964).
10. Desde 1789 hasta
ahora, la dicotomía derecha/izquierda subsiste, dado que es útil para señalar
amigos y enemigos en la arena política, pero esta permanencia no ha sido
estática, sino que muy dinámica. Así, la burguesía revolucionaria y patriota
que hace 230 años se sentaba a la izquierda pasó a ser luego de centro, o de
derecha liberal, y terminó aliándose con la derecha conservadora cuando se tuvo
que enfrentar al surgimiento de una izquierda socialista obrera y popular.
La cuestión de la vigencia u
obsolescencia de la división derecha/izquierda ha sido constantemente abordada
por Alain de Benoist, fundador del GRECE7 y principal teórico
de la llamada Nouvelle Droite.
Exponiendo en detalle la
evolución de su pensamiento, Sanromán destaca que, para De Benoist en 1994, los
tres debates históricos en que se manifestó la oposición entre derecha e
izquierda, y que entiende ya obsoletos en ese momento, fueron: a) la cuestión
de las instituciones, que enfrentó a los partidarios de la República con
los defensores de la Monarquía (constitucional o de derecho divino); b) la cuestión
religiosa, en que los partidarios de una “concepción ‘clerical’ del orden
social” se oponen a los que “abogan por una visión laica de la justicia y el
Estado; c) la cuestión social, que es el tercer y
último debate, centrado en la discusión sobre “el papel del Estado en la
regulación de la actividad económica y en el problema de la redistribución de
la riqueza”. Así, para De Benoist, a partir de la revolución soviética, ser
políticamente de izquierdas “no es ya solamente ser republicano (puesto que
todo el mundo es republicano), ni siquiera es ser laico (puesto que ya hay
católicos de izquierda). Es ser socialista o comunista” (citado por Sanromán,
2008: 173).
Con la desaparición del «bloque
socialista» a inicios de los 90, la dicotomía izquierda/derecha vuelve a mutar,
generando un cierto consenso en la gestión del poder político por parte de
derechas e izquierdas moderadas que aceptan administrar el modelo neoliberal
renunciando a la idea misma de un cambio social profundo, lo que por un lado
tiende disolver los antiguos límites entre ambos polos, y por otro genera un
terreno de indistinción que trata de ser aprovechado por nuevos fascismos y
nuevas formas de ultraderecha que han aparecido con fuerza desde la crisis del
2008, conquistando importantes cuotas de poder político y social.
11. La nueva oleada
de extrema derecha, que se expresa desde 2008 cada vez con más fuerza, causa
bastante confusión y debates. Para algunos, se trata sencillamente del viejo
fascismo bajo nuevos ropajes, o de mutaciones y adaptaciones del gen fascista
que se presenta de nuevas formas, más o menos diferentes y desplazándose en
direcciones que aún cuesta reconocer (eso es lo que intenta designar la
etiqueta de «posfascismo», tal como la explica Enzo Traverso). En la medida que
estas «nuevas derechas» son ultranacionalistas y xenófobas, no es difícil reconocer
el gen fascista. Pero también existen otras dimensiones del fenómeno que
cuadran mejor en la etiqueta de los populismos o de la «derecha radical», que
según varios expertos sería al menos respetuosa de las formas de la democracia,
lo cual las alejaría de la tentación extremista propia de la ultraderecha
«antisistémica».
Expertos como Steven Forti (2021)
llaman a no confundir todo este fenómeno con una nueva forma de fascismo,
puesto que, en primer lugar, se trataría de un reduccionismo que no nos permite
entender la complejidad de estos fenómenos en lo que tienen de realmente
nuevos; y en segundo lugar, porque etiquetar de «fascistas» a todos los que
votan por Trump, Bolsonaro, Le Pen o Meloni es contraproducente, pues puede
impulsar y reforzar la identificación de una gran cantidad de gente hacia las
expresiones más virulentas y peligrosas de la actual «derecha alternativa».
Pero como ha dicho hace poco Enzo
Traverso (2019), partidario en general de un uso acotado del concepto fascismo,
“el posfascismo está creciendo en todas partes y no sabemos el desenlace de su
proliferación”. Si bien “podría mantenerse en el marco de la democracia
liberal, también podría experimentar una nueva radicalización, especialmente en
el caso de un colapso de la Unión Europea, que es uno de sus objetivos”. Las
premisas de ambos desarrollos ya existen, así que de producirse la segunda
opción “nos veríamos compelidos a reconocer que el fascismo no fue un
paréntesis del siglo XX”, pasando así a ser un “concepto transhistórico”.
En Chile se podría decir lo
mismo: tratar de «fachos pobres» al 40% que vota por Kast o al 62% que votó
Rechazo en el plebiscito de salida de la nueva Constitución no sólo dice más
acerca del carácter cuico progre de quien formula el insulto,
sino que no nos ayuda para nada a tratar de entender con qué factores sociales
y culturales, objetivos y subjetivos, está conectando este verdadero «retorno
de lo reprimido», que a la vez que es un efecto de cincuenta años de
contrarrevolución posmoderna y neoliberal, es una horrible anticipación de un
futuro que ya está ante nuestros ojos y frente al cual sólo podemos por ahora
oponer algo de lucidez y conciencia histórica, como parte de las tareas mínimas
de lo que alguna vez Walter Benjamin designó como la “organización del
pesimismo”.
12. Hace casi un
siglo, José Carlos Mariátegui, en su Biología del fascismo, oponía
el misticismo revolucionario de los comunistas al misticismo reaccionario de
los fascistas, y concluía que “la batalla final no se librará, por esto, entre
el fascismo y la democracia”. Poco después de eso, Walter Benjamin oponía la
“politización del arte” (comunismo) a la “estetización de la política”
(fascismo). Hoy en día, como señala el subtítulo del ya referido libro de
Lazzarato, la lucha debería plantearse abiertamente como lo que es, en estos
términos: fascismo o revolución.
Julio Cortés Morales
NOTAS
1 En aquella
ocasión, la ponencia se tituló “1922-2022: ¿Al fascismo sabremos vencer?”.
Decidí modificar el subtítulo, pues en esta ocasión, a diferencia de en la
ponencia, no me referiré a la cuestión del antifascismo.
2 Cuando en 1938, al decir de Trotski, “las condiciones ya
maduras para la revolución proletaria se comienzan a pudrir”. En ese momento la
suerte ya estaba echada en España, el estalinismo había ahogado las
perspectivas revolucionarias en varios momentos decisivos y se venía encima una
nueva guerra mundial: la “medianoche del siglo”, en palabras de Victor Serge.
3 Ver la tesis 109 de La sociedad del espectáculo.
4 Este grupo llamó a votar por el estalinista Eduardo Artés en
las elecciones del 2021. Tratan de diferenciarse de lo que llaman
«rancionalismo» (el nacionalismo rancio de grupos nacionalistas reaccionarios)
y de los «patriotas» de la derecha pinochetista, y reivindican en cambio a Raúl
Pellegrin y al Frente Patriótico Manuel Rodríguez en su intento fallido de
ajusticiar a Pinochet en septiembre de 1986, pues “con máxima entrega por la
liberación de la patria, toman en sus manos las armas con las que iban a dar
fin a quienes traicionaron sus juramentos, y que saquearon, torturaron al Chile
auténtico; obrero y campesino”. El 4 de octubre del 2022 realizaron una
entrevista virtual con el «marxista hegeliano» Carlos Pérez Soto.
5 El 12 de septiembre de 1919, el poeta D´Annunzio invadió con
una pequeña columna rebelde la ciudad adriática de Fiume (perteneciente a la
actual Croacia, en ese entonces Yugoslavia). Esta experiencia fue mirada con
simpatía por Gramsci, y Lenin estuvo a punto de responder el telegrama enviado
por el poeta, evitando finalmente hacerlo para no incomodar a los socialistas
italianos. Bordiga, en un informe a la Internacional Comunista, señala que en
el momento más difícil el movimiento fascista “halló un apoyo en la expedición
de D’Annunzio a Fiume, de la que sacó una cierta fuerza moral”, pues “en esa
época se inicia su organización y su fuerza armada, aunque el movimiento de
D´Annunzio y el fascismo sean cosas distintas” (Bordiga, 1922).
6 En el caso chileno, confluyen en dicho apoyo a Rusia “contra
el orden globalista neoliberal” desde la revista Ciudad de los
Césares al Movimiento Social Patriota y los ya referidos duginistas de
Praxis Patria.
7 Grupo de Investigación y Estudios para la Civilización
Europea. Fundado en 1968. Sus principales publicaciones fueron Nouvelle
École y Eléments. Véase https://www.revue-elements.com/tag/nouvelle-droite/
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