miércoles, abril 02, 2025
Trumputinismo // Seminario // Bifo //Futurismo reaccionario.
El futurismo
del siglo XXI, que reaparece como tecno-futurismo transhumanista y supremacista,
es una utopía de Occidente en decadencia.
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El futurismo está de moda. En Italia, cuna del movimiento futurista, desde que
el fascismo está en el gobierno, se han celebrado exposiciones futuristas por
todas partes. Exponen su mercancía, aunque esté vieja y mohosa.
En lo que a mí respecta, estudio el futurismo desde los años 70, cuando la idea
de que los seguidores de Mussolini pudieran gobernar el país era una distopía
difícilmente imaginable.
Una gran retrospectiva sobre el movimiento en la Galería de Arte Moderno y
Contemporáneo de Roma en diciembre de 2024 fue el momento más significativo de
este redescubrimiento. Cien mil personas visitaron la muestra que, hasta donde
puedo juzgar, es de alta calidad. Mercancía algo vieja, pero bien expuesta.
Felicitaciones al curador, Gabriele Simongini.
Despreciando el ridículo, como corresponde a un audaz, el Ministro de Cultura
Alessandro Giuli proclama que el futurismo ha conquistado el corazón de los
italianos. El curador Gabriele Simongini introdujo la exposición con las
palabras: *El futurismo es hoy.*
Lamento decírselo, pero la verdad es otra: el Futurismo es ayer, porque hace
tiempo vivimos en una época que está *después del futuro*, un tiempo en el que
la expansión es suicidio y la civilización tiende a la extinción.
El futurismo del siglo XXI, que reaparece como tecno-futurismo transhumanista y
supremacista, es una utopía de Occidente en decadencia.
Hoy, el culto al tecno-futuro es una reacción contra la conciencia subterránea
de agotamiento que ha invadido la cultura occidental. La retórica anti-*woke*,
tan central en la revolución reaccionaria estadounidense, está dirigida contra
la conciencia feminista y contra la misma conciencia ética.
En 2024, Marc Andreessen lanzó un manifiesto del tecno-futurismo, retomando la
retórica de Marinetti. Es un texto patético, inflado de ridícula exaltación que
no puede ocultar la realidad de un panorama de agotamiento psíquico, económico
y, sobre todo, demográfico en Occidente. La tecnología puede funcionar como
prótesis y como *Ersatz*, pero no puede devolver la vida a un cuerpo
moribundo.
En estos cien años ha cambiado algo decisivo: en 1909, cuando Marinetti publicó
su *Manifiesto*, la civilización europea era joven, enérgica y expansiva,
mientras que la de hoy es una sociedad senil en términos demográficos,
psico-sexuales y geopolíticos. El nacionalismo de hoy no persigue la expansión
civilizadora y colonialista, sino la defensa de los límites de la *fortaleza
blanca* frente a la migración y la *sustitución étnica*.
El futuro se ha dado vuelta como un guante, y lo que hace cien años parecía una
enérgica amenaza de los dominadores del mundo ahora aparece como la rabiosa (y
vagamente demencial) venganza blanca contra la inevitabilidad del
declive.
El cuerpo flácido de la sociedad occidental no puede resistir la presión que
viene del sur del mundo (y de su propia implosión demográfica) sino usando la
técnica del genocidio y la destrucción.
El *trumputinismo* interpreta el oscuro sentimiento de venganza de una
civilización moribunda.
Y sin embargo, debemos reconocer que no es fácil imaginar quién podrá detener
la ofensiva reaccionaria *trumputinista*.
La democracia liberal no volverá, está enterrada. La clase trabajadora ha sido
derrotada, disgregada y sometida al nazismo, como ocurrió en la Alemania de
Hitler.
Pero eso no significa que el trumpismo haya ganado, porque su enemigo no es la
resistencia política, sino la vejez, el declive físico y mental, el *Alzheimer
sistémico*. Su enemigo es el caos mental y geopolítico que provoca y explota, y
que, al final, está destinado a hundirlo.
La raza blanca, esa entidad mitológica a la que el *trumputinismo* da una
identidad agresiva, está desapareciendo, y no será el orgullo racista lo que la
salve, porque las microplásticos reducen la capacidad reproductiva, porque la
sexualidad heterosexual está desapareciendo y porque las mujeres ya no quieren
engendrar víctimas del horror que se cierne sobre el planeta.
Patético es el futurismo de los viejos que se pavonean con sus misiles
gigantescos.
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### **El *trumputinismo*, reacción impotente ante el declive
demográfico**
El declive demográfico de Occidente (y del hemisferio norte en general,
incluida Rusia) es al mismo tiempo un síntoma y un factor de agotamiento. En
siglos pasados, los ancianos constituían una pequeña minoría de la población
global y eran considerados con cierto respeto como portadores de sabiduría.
Gracias a los avances de la medicina, hoy los ancianos representan una parte
cada vez más importante de la población. Aunque siguen al margen de la vida
cotidiana, son el símbolo de una catástrofe social inminente: el fin de la
energía psíquica mina la maquinaria social.
El agotamiento del agua y el aire es solo una parte de la historia de nuestro
tiempo. La otra parte es el agotamiento de la energía humana: este es el
corazón del movimiento reaccionario que arrasa Occidente.
Hemos entrado en una era de mutación post-antropocéntrica: el dominio humano
sobre el planeta físico y social se está desintegrando, mientras la mente
humana pierde la capacidad de gobernar la complejidad del entorno en el que
vive y se comunica.
Un conjunto de automatismos tecno-lingüísticos toma el control de la vida social,
pero la supervivencia de los organismos conscientes se vuelve cada vez más
frágil y precaria.
**El autómata gobierna el mundo moribundo,
mientras el ser vivo se hunde en el caos.**
Los seres humanos se mueven como alienígenas en un planeta desconocido cuyas
dinámicas no comprenden completamente: cataclismos climáticos, aumento del
nivel del mar, escasez de agua, guerras devastadoras con un trasfondo
psicótico.
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### **El joven simulacro y el cuerpo senescente**
En un ensayo de Laura Preston sobre las futuras aplicaciones de la inteligencia
artificial, encuentro una escena conmovedora que resume bien el sentido del
futurismo contemporáneo:
*"Tu madre es anciana y debes recordarle constantemente que tome su
medicina. ¿Por qué no dejarle esa tarea a un avatar?"*
[...]
No hay mejor descripción del futuro que nos preparan los futuristas que han
tomado el poder en Occidente.
**La verdad es senil, pero el simulacro es joven.
El autómata controla el caos del cerebro blanco en descomposición.**
La mitología supremacista blanca se agota, porque la energía psíquica se está
agotando.
Franco "Bifo" Berardi
Etiquetas: Apocalipsis ahora, fascistología
martes, abril 01, 2025
CONTRACULTURA Y REVOLUCIÓN
UNAS NOTAS BREVES SOBRE EL 68 GLOBAL Y EL 68 JAPONÉS
Un texto de un tal Miguel Ángel Cerdán subido a El Porteño hace poco se inscribe en la ya larga y lamentable
tradición de escupir sobre las revueltas de 1968 afirmando que “Mayo del 68
mató a la izquierda”. No es nada casual que dicha diatriba haya sido publicada
en España por El Viejo Topo, editorial que desde hace ya un tiempo se ha
dedicado a difundir literatura fascista rojiparda como la del nefasto
“filósofo” italiano Diego Fusaro, autodeclarado discípulo del comunista Gramsci
y del fascista Gentile, at the same time!
Para que vean lo grave y decadente
de esta deriva neofascista y “trumputinista”, debo destacar que EVT publicó una
entrevista al confusionista Fusaro realizada por Carlos X Blanco, autor
de “El marxismo no es de izquierdas”, publicado nada menos que en la Editorial
EAS, donde al igual que Fusaro y Costanzo Preve (otro rojipardo) trata de
vendernos a un Marx idealista, “más conectado e identificado con la tradición
de pensamiento de Aristóteles, del Bien Común y de lo Social, siendo más
un realista aristotélico que un idealista hegeliano”. Por supuesto la Editorial
EAS se dedica a publicar a la crema del neofascismo en versión “Nueva Derecha”.
Basta con ver su catálogo online para reconocer la fina selección de fascistas
que ahí publican.
Como varios antes que él, Cerdán (un
“Catedrático de Enseñanza Secundaria en la especialidad de Geografía e
Historia”) reduce la revuelta global de los sesenta al “mayo francés”, y
confunde el proceso revolucionario con la contrarrevolución que se activó para
neutralizarlo. En su defensa invoca a Passolini (sic) y advierte que si estás
de acuerdo con su análisis “serás un facha o un putinista o un trumpista o un
prochino, según marque la ocasión”. ¡A confesión de parte!
No tengo tiempo ni ganas de refutar
en detalle a este Catedrático anti-sesentayochista, pero además de
desenmascararlo he decidido liberar dos fragmentos iniciales de un trabajo
sobre la escena musical del 68 japonés, en un afán por situar esos agitados
tiempos en perspectiva y con altura de miras.
“Lo que guiaba a estas energías era
en parte la fuerza de la contracultura, y en ese entonces el motor de la
contracultura era principalmente la música, aunque no sólo la música. Y
podríamos decir que esa música, al igual que la política, ofrecía esta visión
de un mundo liberado. Había una especie de bucle de retroalimentación positiva.
La música alimentaba las luchas; la lucha retroalimentaba la música” (Mark
Fisher)
Premisa: el largo 68 como una revuelta global
La gran revuelta global de los sesenta ha quedado hace ya
bastante tiempo reducida a algunas manifestaciones estudiantiles en el Barrio
Latino de París en mayo de 1968, que luego inspiraron imitaciones en otras
partes del mundo. Se trata de un proceso bastante evidente de manipulación de
la memoria que quedó bien instalado ya en los años ochenta y que se ha seguido
afianzando posteriormente, logrando casi anular el acontecimiento a través de
una amnesia colectiva que se ha esforzado en eliminar de la memoria todo lo que
la revuelta de los sesenta tuvo de intempestivo y revolucionario.
En esta labor, las voces de los “ex líderes” más visibles del
movimiento -que a posteriori han destacado por su exitosa adaptación a los
nuevos roles que les depararon sus biografías cuando el 68 ya era un recuerdo
borroso- confluyen con los esfuerzos de la academia por vaciar esos eventos de
todo contenido radical, eliminando el análisis de clase para imponer una
lectura sociobiológica y culturalista de la rebelión juvenil (o estudiantil),
convirtiendo no sólo al mayo francés sino que a todo ese largo y profundo ciclo
de luchas en el mundo en una mera expresión de deseos de integración que en
cierta forma prefiguraron la gestión neoliberal de la vida que se impuso a
partir de entonces.
Al someter el proceso global a este conjunto de
reduccionismos, se oculta la dimensión global de la revuelta, para fijarse
obsesivamente sólo en el acontecimiento “mayo francés” en su expresión
parisina/estudiantil. Pero no fue por casualidad que tanto en Francia como en
el resto del mundo las protestas masivas que en varios lugares devinieron en
insurrecciones hayan sido detonadas por la oposición masiva a la guerra de
Vietnam. Por supuesto, en la versión
triunfante de este relato, a lo Lipovetsky, esta “revolución sin programa”,
hedonista e individualista, no tiene mucho que ver con las banderas rojas
(anticapitalistas), negras (antiautoritarias) y del Viet Cong (como símbolo de
la lucha anti colonial y anti imperialista) que en mayo/junio de 1968 adornaron
todas las ocupaciones de edificios, en un movimiento contestatario que estuvo
lejos de confinarse a la capital y las principales ciudades y que llegó a su
máxima intensidad con la huelga general de más 10 millones de personas en el
mes de junio.
En contra de esa versión, que sigue siendo la dominante, acá
partimos de la premisa de que lo que llamamos “68” designa una especie de
revolución mundial, a la vez cultural, social y política, que se produjo en la
segunda mitad de la década de los sesenta y reverberó incluso varios años
después de la contrarrevolución también global iniciada hacia 1973 y
consolidada plenamente a inicios de los ochenta y hasta el día de hoy (1). A partir de esa comprensión es que
intentaremos reconstruir la escena musical del 68 en Japón.
Un breve repaso a lo poco que sabemos del 68 japonés
En mi caso, tuve conocimiento de la intensidad de las
protestas japonesas de los sesenta por dos hechos fortuitos. El primero fue
toparme en la televisión abierta de trasnoche a inicios de los noventa con el
documental “Días de furia” (Fred Warshofsky, 1980), que dentro de su variopinto
y exótico contenido mostraba imágenes de la lucha de Sanrizuka contra la
construcción del aeropuerto de Narita en las afueras de Tokio, y la violenta
resistencia y represión que se generaban (2).
La voz en off del conductor Vincent Price presentaba el dramático
registro como una confrontación entre el mañana (construir un moderno
aeropuerto) y el ayer (la lucha de los campesinos y estudiantes por impedirlo).
Poco después di casualmente con el librito de Bernard Beráud sobre “La
izquierda revolucionaria en el Japón” (edición en español de 1971), donde
entremedio de las detalladas explicaciones sobre las tácticas de combate
callejero y la evolución de los distintos grupos de la ultraizquierda japonesa
me pude hacer una idea del tipo de lucha antiimperialista y a la vez
antiestalinista que se llevaba a cabo por allá. Pero no es de extrañar que en
los relatos más conocidos sobre el 68, Japón casi no aparezca. Así, en el
famoso libro editado con motivo del vigésimo aniversario del evento por una de
las estrellas más conocidas del movimiento, Daniel Cohn-Bendit, viaja a
sostener conversaciones con distintas figuras de las luchas de los sesenta, en
Nueva York, Río de Janeiro, Roma, París, Amsterdam, Saint-Nazaire, Francfort
del Meno, País Vasco, y según explica estuvo a punto de incluir a Polonia y
Chile. Pero no menciona a Japón.
Otro ejemplo son las quinientas páginas del best seller
de Mark Kurlansky sobre 1968 como “el año que estremeció al mundo”. Sólo
encontramos en el índice temático dos alusiones a Japón, aunque significativas:
en una se explica a grandes rasgos en qué consistía el movimiento estudiantil
de la Zengakuren, y en la segunda el autor refiere que el Partido Comunista
japonés (de los más grandes en esa época, junto al italiano, francés y chileno)
fue uno de los que se opuso a la invasión rusa de Checoslovaquia (3).
Ambos factores sólo son esbozados en el relato de Kurlansky, pero son
fundamentales para entender el contexto social y político de la “banda sonora”
que nos hemos propuesto describir, donde confluye esta amplia contracultura
juvenil con las posiciones de una nueva izquierda radical, anticapitalista y
antiautoritaria, que se desarrolló con fuerza en países como Japón, donde los
partidos autoritarios de la izquierda tradicional aparecían claramente como
parte del “viejo orden” a combatir. Además, la Nueva Izquierda se oponía a las
formas culturalmente reaccionarias asociadas a la vieja izquierda.
Kristin Ross tampoco dedica mucho espacio en “Mayo del 68 y
sus vidas posteriores” al contexto japonés, pues está centrada en Francia, pero
insiste en recordarnos que gran parte del movimiento ahí y en el resto del
mundo estaba centrado en la oposición a la guerra de Vietnam, lo cual tres
décadas después ya había sido suprimido de la memoria, junto con todo el
contenido anticapitalista de la revuelta, para destacar únicamente su aspecto
cultural, de liberación de las costumbres, movimiento “generacional” e incluso
como una especie de “revolución sexual”.
Ross destaca la influencia que tuvo especialmente en el
movimiento estudiantil de Estados Unidos y Francia el ejemplo de la Zengakuren,
que había aprendido en las calles que “la policía no siempre gana”. La
especificidad japonesa radicaba en que las protestas estudiantiles enlazaban
con todo un movimiento previo de oposición a las bases militares que mantenía
Estados Unidos en el archipiélago, cuya importancia geopolítica y logística
convertía a Japón en un territorio involucrado directamente en la guerra. Como
indica Ferran de Vargas, la “larga década de los 60” en Japón duró por lo menos
de 1958 a 1972, y hacia 1968/9 la relación del movimiento social con la
violencia ya había pasado por varias etapas y aprendizajes.
En el momento más álgido de esas luchas por todo el orbe, lo
que caracterizó a la “escena japonesa” fue en efecto la masividad, creatividad
y combatividad de sus luchas callejeras, que en distintas oleadas y formas
venían produciéndose desde fines de la década anterior. La novedad tecnológica
que aportó 1968 fue la incorporación en los medios de comunicación de las
transmisiones en directo por televisión satelital, lo que dio al público global
un sentido de simultaneidad de los eventos y luchas que se estaban dando en ese
momento. De esta forma, se pudo apreciar en directo escenas como las que ya en
1960 había registrado el periodista Walter Cronkite y un equipo de la CBS,
cuando el presidente Eisenhower decidió finalmente no aterrizar en Japón, dada
la presencia de decenas de miles de manifestantes de la Zengakuren en las
inmediaciones del aeropuerto. Cronkite luego relató que cuando trató de salir
del lugar no tuvo más remedio que acercarse a las filas de los manifestantes, y
unirse a ellas tomándose del brazo y gritando “Banzai! Banzai!”. “Lo estaban
pasando magníficamente”, declaró después, así que tras participar un momento y
despedirse de sus desconocidos anfitriones, recién pudo llegar al automóvil
para dirigirse al aeropuerto.
No cabe duda de la gran fascinación que causó en occidente la
transmisión televisiva y los registros fotográficos de tácticas como la “danza
de la serpiente” (4), la
construcción de fortalezas de madera por parte de los estudiantes y la comunidad
de Sanrizuka como parte de la gran lucha sostenida a partir de 1963 para
combatir contra la construcción del aeropuerto de Narita (5),
así como la llamativa indumentaria usada por los estudiantes radicales
japoneses en las manifestaciones callejeras: cascos de colores y garrotes, que
en verdad habían sido implementados primero en las peleas entre distintas
tendencias dentro de los campus universitarios antes de ser usados masivamente
para la lucha contra la policía.
John Lennon y su pareja japonesa, la artista de vanguardia
Yoko Ono, usaron los típicos cascos Zengakuren en presentaciones en vivo y, así
mismo (con casco y puño en alto) aparece el cantante en el arte de su single
“Power to the people”, lanzado en marzo de 1971. Incluso un artista en apariencia poco
politizado como Jimi Hendrix hizo en 1970 comparaciones entre la lucha de los
estudiantes norteamericanos, caracterizadas por la no-violencia al extremo de
“dejarse abrir la cabeza” por las porras de la policía, y las tácticas de lucha
callejera de los estudiantes japoneses. Mientras el comportamiento de los
jóvenes gringos le parece “masoquista”, Hendrix lo contrasta con el de “los
muchachos en Japón” que “se compran cascos, forman escuadrones y van en
bloques, así. Tienen todo lo necesario. Tienen sus escudos. Llevan soportes de
acero. Tienes que tener todas esas cosas”. Y no deja dudas acerca de sus
simpatías cuando remata con un “me gustaría ver a todos esos chavales
estadounidenses con cascos y grandes escudos romanos para hacer lo que van a
hacer. ¡Juntos de verdad! Si te vas a meter en eso, mejor que lo hagas con
otros. Toma nota, porque estoy harto de ver estadounidenses con la cabeza
abierta sin ningún motivo”.
¿Por qué todas estas anécdotas y eventos parecen hoy
totalmente olvidados?
A fines de los sesenta a nivel global la cultura musical de
los jóvenes florecía en una compleja relación entre la creación artística más o
menos genuina y la difusión comercial, explotación y “recuperación” de esas
expresiones por parte de la industria cultural, las radios y las discográficas.
Empleo esta expresión en el sentido que le daba la Internacional Situacionista,
es decir, como un proceso a través del cual el capitalismo espectacular intenta
extraer del movimiento social las energías contestatarias para neutralizarlas y
usarlas a su favor.
Si es posible advertir en las formas musicales y estéticas de
la contracultura de fines de los sesenta cómo se produce un cruce no siempre
pacífico entre alta y baja cultura, música eléctrica y acústica,
experimentación y tradicionalismo, alienación y concientización, en el caso de
Japón se sumaba a eso el hecho de que la ocupación norteamericana generaba
también una mezcla de fascinación y rechazo hacia las formas culturales propias
de la cultura percibida como invasora. Una buena demostración de este rechazo
fueron las airadas protestas de grupos nacionalistas tradicionalistas contra la
gira japonesa de los Beatles en 1966, que obligó a una fuerte presencia
policial con custodia permanente del cuarteto durante todo el evento.
Esta desconfianza hacia las formas occidentales o
norteamericanas también se producía desde la izquierda. Por esos mismos años en
Estados Unidos Bob Dylan era abucheado en el Newport Folk Festival de 1965
y tratado de “judas” por haber “traicionado”
el folk tradicional de protesta e incorporar guitarra eléctrica y banda de rock (6),
mientras en Brasil el cantante Caetano Veloso era abucheado estruendosamente
por el izquierdizado público del Tercer Festival de la Canción Popular en Sao
Paulo en junio de 1968, por haber tenido la idea de presentar la canción “E
proibido prohibir” compartiendo escenario con el conjunto sicodélico Os
Mutantes, que además de su curiosa apariencia personal también portaban
batería, guitarra y bajo eléctricos (7).
Más significativo aún en este desencuentro es lo que contó el
poeta norteamericano Allen Ginsberg en una entrevista del año 1973 con la
revista Gay Sunshine, cuando explica que entre las razones por las que
fue expulsado durante una visita a Cuba en 1965 estuvo el haber propuesto a la
cúpula del partido hacer las gestiones necesarias para que los Beatles tocaran
en la isla. La respuesta que obtuvo de Haydée Santamaría fue: “No tienen
ideología; tratamos de construir una revolución con ideología”. Sumado a su
defensa de la marihuana y la homosexualidad, además de señalar públicamente que
“había rumores de que Raúl Castro era gay y que el Che Guevara era guapo”, el
desencuentro le costó la expulsión de la isla, siendo sacado a la fuerza del
Hotel en que se encontraba ante la mirada atónita del poeta chileno Nicanor
Parra. Lo que le hizo concluir a Ginsberg que la ideología a la que se refería
Santamaría era “la ideología de una burocracia policial que persigue a los
maricas” (8).
Más allá de lo anecdótico, lo cierto es que el desencuentro
entre la izquierda y la contracultura fue clave en el desenlace
contrarrevolucionario de los setenta, pues tal como señaló Mark Fisher en su
inconcluso texto Comunismo ácido, “el fracaso de la izquierda después de
los sesenta tuvo mucho que ver con su repudio hacia los sueños desatados por la
contracultura, y con su incapacidad para implicarse en ellos”, lo que facilitó
que las “nuevas corrientes” fueran capturadas por la nueva derecha.
(El
manuscrito se interrumpe aquí)
1.- Algunxs autorxs se pronuncian en este mismo sentido, o al menos en uno similar.
El ejemplo más conocido es el de Wallerstein con Arrighi y Hopkins, que señalan
a 1968 y a 1848 como los dos únicos ejemplos de revoluciones globales, que
“fracasaron históricamente” a la vez que “transformaron el mundo”. Los
italianos Nanni Ballestrini y Primo Moroni se refieren al período 1968-1977
como una “gran ola revolucionaria y creativa, política y existencial”, y el
británico Mark Fisher -siguiendo a Ellen Willis- habla abiertamente de las
aspiraciones de la contracultura de esos años como “una revolución social y
psíquica de magnitud casi inconcebible”. Sobre el 68 latinoamericano como parte
de esa extraña “revolución mundial” que fracasó, podemos referir los trabajos
del uruguayo Raúl Zibechi. Destaquemos de paso que tanto en relación a 1848
como a 1968, la mirada ha estado hasta ahora centrada casi exclusivamente en la
dimensión europea/occidental del proceso. Así, podemos ver en pleno año 2021 a
Matt Colquhoun en su introducción a “Deseo Post-Capitalista” (publicación como
libro de las últimas clases del malogrado Mark Fisher), comentando cosas como
que el álbum “Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band” de los Beatles (1967),
celebrado por muchos como un momento revolucionario en el pop, para otros se
volvió inmediatamente redundante por “las revueltas sociopolíticas que se
sucedieron en Europa el año siguiente, en mayo de 1968” (el destacado es
mío).
2.- Un fragmento del documental puede ser visto en Youtube bajo el título de “Siege of the Red Fort!”. Sobre la lucha de Sanrizuka existen una serie de films
documentales realizados por Shinsuke Ogawa, varios de ellos disponibles online
en la plataforma MUBI.
3.- No así el PC chileno que, muy lejos de las sensibilidades de la “nueva izquierda”
inventó la pedagógica consigna de: “¡Checo, entiende, los rusos te defienden!”
4.- Esta “danza” consistía en un avance serpenteante mediante bloques de hileras
organizadas de manifestantes tomados de los brazos (el “estilo francés”) y bajo
la dirección de un encargado usando altavoz y silbato. Llegado el momento, la
columna podía aprovechar un punto débil en las líneas de la policía
antidisturbios para abrirse paso por la fuerza rompiendo el cerco represivo. La
táctica fue considerada por los Weathermen en la planificación de los “días de
furia” en Chicago en octubre de 1969.
5.- Existen varios documentales al respecto, como los de Shinsuke Ogawa disponibles
en MUBI
6.- Se
trata de la “Electric Dylan controversy”.
7.- Hay registro de eso: el track “Ambiente do festival (E proibido prohibir)”
(1968). Incluido en el compilado Caetano (Série grandes nomes Vol. 1), 1995.
8.- V/A
(1982), Cónsules de Sodoma Volumen 1. Entrevistas de Gay Sunshine a Allen
Ginsberg, John Giorno y otros, Barcelona,Tusquets editores.
Etiquetas: 1968, fascistología, Japo, perlas de la estupidez humana, revolución social
miércoles, febrero 19, 2025
TRUMP, THOMPSON Y PIÑERA COMO PERSONIFICACIONES DEL CAPITAL
I.-
DONALD TRUMP
“To trump significa
vencer, superar, abrumar, pero el sustantivo trump también
significa pedo, pedo apestoso” (Franco “Bifo” Berardi).
Para este especial F.O.R.B.E.S. pensé escribir algo sobre
Trump el apestoso, aprovechando lo que dijo Bifo en vísperas de la elección en
que el “hombre pedo” aplastó sin dificultades a Kamala Harris. No es por
casualidad que el sitio FORBES.cl se promocione como: “Noticias de negocios y
estilo de vida para los líderes de Chile”; esos líderes están disponibles para
hacer América, Argentina o Chile grandes de nuevo, en sintonía con su héroe
Donald Trump.
Su prepotente figura de viejo de mierda resulta un desagradable
dato de la realidad que nos obliga a preguntarnos sobre la relación entre el Capital
como algo impersonal (la relación social capitalista), y su encarnación en
personajes que como el difunto Piñera o Elon Musk parecen personificar el
espíritu del capitalismo en monstruosas personas de carne, hueso y botox,
respecto a las cuales es difícil no pensar con horror, y cuyas imágenes
mediáticas me hacen siempre recordar el grito de Johnny Rotten en 1977 diciendo
de la Reina de Inglaterra que “¡Ella no es un ser humano!” (1).
En “Querida arma humeante” (2) el italiano Bifo nos recuerda que Félix
Guattari en un texto fechado en 1989 (para muchos, “el 68 al revés”) ya
describía las aventuras mercantiles de hombres como el Peo Apestoso (3) “que se apoderan de barrios enteros de Nueva York, de Atlantic City,
etcétera, para ‘renovarlos’, en cuyo proceso aumentan los alquileres y expulsan
de paso a miles de familias pobres, cuya inmensa mayoría se halla condenada a
perder su hogar, siendo este caso el equivalente, a nuestros efectos, al de los
peces muertos de la ecología medioambiental” (Les trois écologies (4)).
Apenas me empezó a quedar claro que Kamala Harris y el
partido demócrata estaban haciendo todo lo posible por perder esta elección,
recordé no a Guattari sino que a Mark Fisher, que alcanzó a presenciar el
primer triunfo de Trump en el 2016, y se refirió al fenómeno esbozando una
explicación en las últimas clases que estaba dando ese fin de año y de las que
sólo alcanzó a completar 5 de 15. Las clases fueron desgrabadas y editadas en
español por Caja Negra, bajo el título de Deseo Postcapitalista. Las últimas
clases (5).
Por desgracia, Mark falleció a inicios del 2017, tras no
recibir atención médica oportuna durante una crisis depresiva. La clase 7, que
no alcanzó a hacer, iba a tratar sobre “La destrucción del socialismo
democrático y los orígenes del neoliberalismo: el caso de Chile”. Como en cada
sesión, Mark escogía dos textos para que el alumnado los leyera previamente y
algunxs voluntarixs los comentaran al inicio de la clase. Los de la clase sobre
la contrarrevolución chilena de 1973 eran un capítulo de La doctrina del
shock, de Naomi Klein, y otro del libro Revolucionarios cibernéticos,
de Éden Medina, centrada en el proyecto Synco de la Unidad Popular, escrito en
inglés y editado en español por LOM el 2013.
En sintonía con su texto inconcluso Comunismo ácido,
Fisher entendía la revuelta global desatada a partir de 1968 como la irrupción
de una verdadera interseccionalidad a partir de la lucha de clases, que se
expresa sobre todo en una contracultura que aún nos fascina, y que la izquierda
tradicional no supo valorar ni menos potenciar (6).
Fisher se pregunta: “¿Por qué todavía nos importan los sesenta? ¿Por qué deben
importarnos los sesenta? ¿Por qué nos acechan en el nivel de la iconografía y
por qué persisten sus formas culturales?”. Y responde en voz alta: “Diría que
tiene que ver con los deseos no realizados que eran inherentes a esas formas y
a los que esas formas todavía les hablan…No me gusta esta expresión, ‘hablarle
a’…Mejor dicho: los deseos no realizados para los cuales esas formas culturales
todavía son relevantes” (Clase 2: “Una revolución social y psíquica de magnitud
casi inconcebible”: la bohemia contracultural como prefiguración).
En la Clase 4 (“Poder sindical y poder del alma”) Fisher y
sus alumnxs se dedican a aplicar los conceptos lukácsianos sobre clase y
conciencia de clase estudiados en la clase anterior al contexto del escenario
abierto en 1968, cuya expresión más álgida se da en el tipo de lucha
“interseccional” desarrollado en Italia y Estados Unidos, en que por un breve
momento la lucha de clases se unió a las luchas basadas en el género y la raza,
alcanzando una inusitada intensidad. Fisher sitúa en ese momento, inicios de
los setenta, la irrupción de lo que denomina la “clase trabajadora
reaccionaria”, que le dio el triunfo a Nixon cuando los sindicatos
norteamericanos le dieron la espalda a la contracultura y la Nueva
Izquierda.
Esta clase fue efectuada el 28 de noviembre de 2016. 20 días
antes Trump había derrotado a su rival Hillary Clinton (apoyada por el grueso
de la “izquierda progresista” o “woke”), y ese dato hace a Fisher afirmar una
tesis muy interesante: Si después de la contrarrevolución neoliberal iniciada
en Chile en 1973 y extendida al resto de occidente -aunque no siempre usando
tanta violencia directa- la interseccionalidad excluyó su dimensión de clase,
pasando a centrarse en lo que ahora llamamos “política de las identidades”
(precisamente una característica definitoria de la izquierda posmoderna), lo
que se estaría viendo entonces con el triunfo de Trump era ni más ni menos que
“el retorno de la clase”, pero precisamente de esa clase trabajadora reaccionaria,
sin conciencia de clase.
Así la paradoja es que Trump “fuera capaz de jugar la carta
de la clase (de manera grotesca, en más de un sentido)”:
“¿Cómo podría hablar de clase un millonario como él? Bah, es multimillonario,
¿no? Lo que sea, Trump es un desarrollador inmobiliario, alguien que heredó su
dinero; no es que se haya hecho desde abajo… ¿Cómo podría un desarrollador
inmobiliario multimillonario ser un ventrílocuo verosímil de las preocupaciones
y angustias, de la subjetividad de los miembros de la clase trabajadora? Es una
buena pregunta, pero el hecho es que logró serlo”.
Una posible explicación que arriesga Fisher en ese momento es
“fantasmática”: la supresión de la conciencia de clase opera en parte “a través
del reclutamiento fantasioso de los subordinados en la identificación con una
carrera”, y cita un artículo del Harvard Business Review según el cual “muchos
miembros de la clase trabajadora están resentidos con los profesionales
-abogados, médicos, profesores, etc.- pero se identifican con los ricos”. Esta
operación funciona en parte porque “se alienta a las personas a creer que ya
son ricas, solo que aún no tienen dinero (…) No es que sea una tara de su
parte, o una ilusión. Se los alienta a esta identificación”.
En otras palabras, estamos acá frente al problema de lo que
en Chile suele denominarse “facho pobre”, que en el fondo remite a la aguda
observación de Wilhelm Reich en 1933, cuando hizo ver a la izquierda que el
fascismo no se le impone a la gente, sino que hay un momento en que la gente
“desea el fascismo”.
Mi impresión es que tras la derrota nunca asumida de Trump a
manos de Biden, con el consiguiente intento de sus partidarios de impedir el
cambio de mando asaltando el capitolio a inicios del 2021, y el despliegue abiertamente
guerrerista de Biden/Harris en el plano internacional, incluyendo su entusiasta
apoyo al genocidio sionista en Gaza, todo estaba servido para la inevitable
segunda venida de Trump, que logró de una manera aún más contundente que en el 2016
captar el apoyo popular a su figura y la de los multimillonarios con que ha
llenado su gabinete. El resentimiento anti-profesional de la clase trabajadora
reaccionaria/facho pobre tiene a la izquierda “woke” en su peor momento,
representando casi exclusivamente a elites con buena formación académica, en
una redefinición de la clásica dicotomía izquierda/derecha en que ahora es la
nueva extrema derecha y no la izquierda quien mejor capta y representa los
deseos y el resentimiento de los sectores populares.
En este sentido, además de tener en cuenta a W. Reich y su “Psicología
de masas del fascismo” (1933), debemos recordar el análisis que en su momento
hiciera Georges Bataille.
En “La estructura psicológica del fascismo” (también de 1933 (7)
Bataille realiza una distinción entre la parte homogénea de la sociedad: su
parte productiva o útil, de la cual “cualquier elemento inútil está excluido”,
aunque “no de la sociedad total, sino de su parte homogénea”, y las
“fuerzas heterogéneas”, que son “elementos imposibles de asimilar” (violencia,
delirio, desmesura, locura), siendo excluidas incluso del campo de la atención
científica. Este proceso de exclusión de los elementos heterogéneos por la
parte homogénea de la conciencia “recuerda de una manera formal la de los
elementos descritos (por el psicoanálisis) como inconscientes, que la censura
excluye del yo consciente”. Pese a esta
censura o represión, “los elementos heterogéneos provocan reacciones afectivas
de intensidad variable, según las personas”, pues “a veces hay atracción y
otras repulsión, y todo objeto de repulsión puede convertirse en determinadas
circunstancias en objeto de atracción, y viceversa”.
Como ejemplo de elementos heterogéneos Bataille incluye “sin
lugar a dudas” a los líderes fascistas: “enfrentados a los políticos
demócratas, que representan en los diferentes países la banalidad homogénea,
Mussolini o Hitler aparecen inmediatamente, a bulto, como enteramente
distintos”. Es más, “sean cuales fueren los sentimientos que provoca su
existencia actual en tanto que agentes políticos de la evolución, es imposible
no tener conciencia de la fuerza que les sitúa por encima de los hombres, de
los partidos e incluso de las leyes”.
Tal vez ahí está una de las claves para entender este segundo
triunfo inapelable de Donald Trump. Heterogeneidad, resentimiento,
identificación.
II.-
BRIAN THOMPSON
“Golpear a uno para educar a cien”
(Brigadas Rojas).
Di por concluidas las reflexiones sobre Donald Trump apenas
supe de un acontecimiento imprevisto que capturó la imaginación de muchxs. La
primera semana de diciembre nos enteramos de la noticia del atentado a balazos
en Estados Unidos contra un ejecutivo de la industria de los seguros de salud:
Brian Thompson, de 50 años de edad, director ejecutivo de UnitedHealthcare, compañía
filial del grupo controlador de Isapres Banmédica y Vida Tres en Chile.
La consigna de las Brigate Rosse vino a mi mente
cuando leí que varias empresas habían eliminado de sus páginas web los nombres
de los ejecutivos, y al ver que varias autoridades gringas se mostraban
indignadas por el hecho de que muchas personas no sólo no se apenaran sino que
se alegraran abiertamente por la ejecución de este agente del Capital. En pocos
días, nos enteramos de que es un CEO, y supimos que la consternación por el
hecho se vio acotada a los pares del finado, es decir, gerentes y miembros de
la clase empresarial. BBC informó acerca de “Cómo el asesinato en Nueva York de
Brian Thompson, director de la mayor aseguradora de EE.UU., revela la ira
contra el sistema de salud privado”.
De acuerdo al Network Contagion Research Institute de las
diez publicaciones más populares en X que mencionan a Thompson o UnitedHealth,
seis de ellas eran publicaciones que apoyaban implícita o explícitamente el
asesinato o criticaban a Thompson: “Algunas resaltaron comentarios que pedían
más asesinatos de directores ejecutivos y una guerra de clases; un investigador del instituto dijo que el
asesinato fue enmarcado como "un golpe inicial en una guerra de
clases" y que los elogios por el asesinato vinieron de todo el espectro
político. Después de la muerte de Thompson, la empresa matriz de
UnitedHealthcare, UnitedHealth Group, publicó una declaración en Facebook
detallando la muerte y sus condolencias oficiales. Aunque la sección de
comentarios de la publicación fue desactivada, aproximadamente 90.000 usuarios
de Facebook respondieron a la publicación con una reacción "Jaja" (o
"riendo") con solo 2.200 reacciones "Triste" al 6 de
diciembre”.
Los medios ahora informan con fingida sorpresa acerca de “la
oscura fascinación que despierta el acusado del asesinato del director de la
mayor aseguradora sanitaria de EE.UU.”. No lo señalan en ninguno de sus
reportajes, pero la solidaridad con acción del acusado Luigi Mangione nos
remite a los tiempos de los buenos y viejos magnicidios y tiranicidios, que
siempre gozaron de una amplia simpatía popular e incluso de justificaciones
morales y jurídicas en el Derecho antiguo. En el escrito que Mangione portaba
al ser detenido en un MacDonalds decía “Estos parásitos se lo merecían”.
Pero si menos del 2,4% de los usuarios de Facebook que
opinaron sobre el evento lo lamentaron, ¿cómo se puede explicar a la abrumadora
mayoría de casi 98% que lo celebraba? ¿Conciencia de clase o resentimiento? Tal
vez la situación de la salud privada en EE.UU. y el gran malestar que genera en
la población explican esta reacción anti-elite que se da al mismo tiempo que el
candidato ganador, Trump, con la ayuda de Elon Musk, repleta de multimillonarios
su gabinete.
Thompson no era exactamente un miembro de la clase
capitalista, sino una especie de profesional dedicado a la administración del
capital en uno de los sectores más inútiles y obscenos del sistema actual: la
industria que lucra con la enfermedad y la muerte de los seres humanos proletarizados
en una época en que no hay conciencia de clase entre los de abajo y la guerra
de clases suele asestar golpes exclusivamente desde arriba. Por eso sería
necesario ver a Thompson y otros agentes como un apéndice humano del Capital,
un enemigo sin duda alguna, un soldado de su numeroso ejército de capataces y
gestores, pero no al Capital en sí mismo, que según Marx es un vampiro de
trabajo muerto alimentándose de trabajo vivo.
Esta precisión es importante para no darle más espacio a
formas populistas de anti-elitismo fascistizante, cuyo anticapitalismo selectivo (como el viejo
“socialismo para imbéciles” que prontamente derivó en socialismo nacional y
nacional socialismo) es incapaz de apuntar a la superación de la totalidad de
la relación social capitalista, para entretenernos en cambio con el odio a
categorías completas de personas de carne y hueso que en cada momento son
identificadas como “parasitarias” y enemigas de la nación o el pueblo, y que
llegado el caso siempre es posible usar como chivos expiatorios para ejercer
una violencia sacrificial que jamás cuestione al capitalismo mismo.
Nancy Fraser ha explicado que el populismo de derechas y el
de izquierda tienen elementos comunes y diferencias. Así, “ambos brindan una
especie de mapa que define quiénes están arriba y quiénes abajo, quiénes pisan
las cabezas de quiénes”. Pero “en el caso del populismo de izquierda, tal como
muestra el 99% contra el 1%, se afirma que existe una oligarquía elitista o un
pequeño grupo de gente que parasita a todo el resto. Entonces la idea es
intentar movilizar a todo el mundo en contra de ese pequeño grupo”. En cambio,
“el populismo de derecha no tiene esta estructura dual. Tiene una estructura
tripartita. Hay una élite parasitaria y luego una clase baja parasitaria que ‘nos
roba lo que es nuestro’. En el populismo de derecha, al ‘pueblo’ lo conforman
quienes están atrapados en el medio. Por lo tanto, el populismo de derecha
se alza contra el 1% pero también contra los inmigrantes, contra la gente de
color, contra las minorías sexuales, etc.”.
A su vez, “el populismo de derecha define al enemigo en
términos concretos, identitarios o sustantivos. Por lo tanto, cuando definen a
quienes están arriba, siempre se trata de una conspiración internacional judía
o, si están abajo, de inmigrantes sucios o negros vagos, etc. Son distinciones
identitarias concretas que definen una categoría de persona —el enemigo— en
términos de sus características culturales o sustantivas”. Por el contrario, “el
populismo de izquierda como mucho define las características del enemigo, es
decir, no define a nadie en términos de su cultura, su identidad ni nada
concreto, sino en términos de la función que ocupa en el sistema”. El
problema es que cuando desde la izquierda se apunta a ‘Wall Street’, “históricamente
la frase puede desplazarse hacia los banqueros judíos”, porque en verdad “no
hay una barrera absoluta entre los dos populismos” (8).
Fraser agrega que desde su punto de vista “la identificación
del mundo de las finanzas con ‘el sistema’ es correcta”, pues “hoy existe una
forma de capitalismo en la cual las finanzas juegan un rol muy importante, muy
distinto del que jugaban en otras formas de capitalismo anteriores”. Y podemos
agregar que justo aquí reside el riesgo de resurgimiento de formas ya clásicas
de confusionismo fascista, que al criticar al sistema capitalista sólo por su
componente “parasitario” hacen posible pasar por anticapitalismo sus soluciones
autoritarias y posiciones racistas (hoy en día más culturales que biológicas).
Un buen ejemplo de este oportunismo es el inflado filósofo
italiano Diego Fusaro, que según informa su editorial en Chile “se considera
discípulo de Hegel, Marx, Gramsci y Gentile (9)”,
y que publica tanto en la prensa del grupo abiertamente fascista CasaPound, como
en editoriales españolas “de izquierda” tales como El Viejo Topo. En “Lucha de
clases en el siglo XXI. El señor globalista contra el siervo
nacional-populista” Fusaro se esfuerza en presentar sus posiciones neofascistas
usando una jerga marxiana e incluso pontificando con “la sociedad del
espectáculo”, pero centrándose siempre en la crítica a los “parásitos”, a “la
nueva alquimia bancaria, que cambia el papel impreso en oro”, calificándola como
una “segunda acumulación originaria, de matriz financiera”. En esta
configuración que asumiría hoy en día la lucha de clases, mientras la “elite
globalista” que está arriba tendría valores de izquierda (globalismo,
libertinismo, radicalismo libertario, eliminación de fronteras) e ideas de
derecha (competitivismo, desregulación, privatización, despolitización), el
siervo nacional-popular, desde abajo, “debería serle antitético, asumiendo
valores de derecha (arraigamiento, patria, honor, lealtad, trascendencia,
familia, eticidad) e ideas de izquierda (emancipación, derechos sociales, igual
libertad material y formal, dignidad del trabajo, socialismo democrático en la
producción y en la distribución)” (10).
O sea, el fascista Fusaro en el fondo está proponiendo esta
indigesta ensalada como la fórmula actualizada de “Tercera posición” para el
siglo XXI. Al igual que pasa con
Aleksander Dugin, estas palabras son especialmente aptas para seducir a
izquierdistas “realistas”, necesitados de “enemigos concretos”.
III.-
SEBASTIÁN PIÑERA
“Yo me muero como viví” (El necio, Silvio
Rodríguez)
En su momento, el odio a Piñera concentró el grueso de la
energía movilizada en la revuelta de octubre.
Se le insultaba de una manera muy significativa. El “hit del
verano” 2020 rezaba así: “Piñera conchetumadre, asesino, igual que
Pinochet”.
Como yo lo veo, en Chile le decimos “conchetumadre” (o en las
redes: “ctm”) a alguien de quien desearíamos que no existiera. Ese es el
sentido sublimado y profundo de la expresión “ándate a la concha de tu madre”.
Al revés de lo que cree el macho chileno tradicional, no es un insulto a la
madre, sino un deseo de aniquilación total, planteado radicalmente como para
decir: “desaparece”, “vete por donde viniste”.
El canto, que se escuchó masivamente no sólo en las calles,
sino que incluso de forma atronadora en la versión de ese año del Festival de
Viña del Mar, que por primera vez en su historia contó con barricadas y
enfrentamientos entre manifestantes y carabineros en las inmediaciones de la
Quinta Vergara, el Hotel O´Higgins y el centro de Viña, decía en su conclusión
-tras el insulto más fuerte de nuestra jerga (“ctm”)- que, al igual que
Pinochet, Piñera era un asesino.
Esta verdad es innegable y no se nos puede olvidar: el 20 de
octubre de 2019 el empresario-presidente Piñera le declaró la guerra al pueblo
por cadena nacional. Los militares y policías lo escucharon, y actuaron en
consecuencia. Esa intervención fue determinante como origen directo de las
muertes y mutilaciones que ensangrentaron las calles en esos días de revuelta,
cuyos patrones de conducta policial/militar ciertamente demuestran un nivel de
sistematicidad en su accionar. Por eso era totalmente legítimo, justo y
necesario, coronar la insurrección erótica derrocándolo. Y por es que Boric
cometió un acto criminal al evitar esa consumación natural de la revuelta mediante
el acto de estampar su firma a título individual en el documento en que se
consagró el acuerdo de toda la clase política esa madrugada del viernes 15 de
noviembre.
Pero la afirmación de la equivalencia entre Pinochet y
Piñera, entre la violencia represiva de la dictadura militar y de la democracia
capitalista, que es en esencia correcta, se ha prestado también para lecturas
bastante erróneas en las filas de la izquierda realmente existente.
Mucha gente de izquierda que no ha hecho la crítica de la
democracia necesitó decir que Piñera era un dictador, para así poder combatirlo
digamos “democráticamente”, perdiendo de vista que el régimen de los 30 años se
salvó en el momento más terrible apelando a la negociación parlamentaria y no a
la declaración de un nuevo estado de excepción. Es como si la burguesía hubiera
rectificado la historia, y en esta ocasión nos derrotaran no con tanques sino
que con negociaciones y urnas: la contrarrevolución democrática-institucional,
que tras una “vuelta larga” con dos procesos constituyentes fracasados nos dejó
más o menos donde mismo estábamos antes del 18 de octubre de 2019.
La mirada izquierdista nostálgica ni siquiera es capaz de
entender bien la especificidad del momento represivo utilizado para enfrentar
la revuelta. Muchxs sostienen que la represión “fue igual que en dictadura”,
perdiendo de vista que en esta ocasión no necesitaron romper del todo con las
reglas procedimentales de la democracia, y que el aparato represivo del Estado
no necesitaba desarticular a partidos y estructuras clandestinas como en los 70
sino que a una insurrección acéfala. La situación se parecía un poco más a las
jornadas de protesta nacional de los 80, pero acá no hubo ni MIR ni FPMR, y
tampoco CNI o DINA. La forma específica que asumió la represión del escenario
inédito que era una insurrección generalizada y permanente en todo el país fue
el uso de la mutilación masiva mediante el armamento “menos letal” de
Carabineros de Chile.
En fin, más allá del análisis de las formas represivas, quiero
destacar que el odio a Piñera tenía un doble motivo: además de su odiada gestión
política en tanto Presidente, se le odiaba también como ricachón o “piraña”,
pues en tanto empresario siempre jugó al límite de la delincuencia. Con motivo
de las filtraciones wikileaks en 2010, pudimos saber que de acuerdo a informes
de la Embajada de EE.UU. en Chile “Piñera maneja la política y sus negocios al
límite de la ética y la ley". O sea, teníamos en él a un “innovador” puro y
duro de acuerdo a la tipología de las adaptaciones con que Robert Merton
intentó explicar el “comportamiento desviado”: para acceder a las metas u
objetivos culturales (prestigio, estatus, riqueza) se saltó siempre los medios
institucionalizados (legítimos o lícitos) (11),
y en la medida que lograba el éxito económico, nadie le reprochó mucho más
después del famoso escándalo del Banco de Talca en los 80. En definitiva, como
señala Merton, “la admiración expresada a menudo en privado y a veces en
público hacia estos individuos ‘astutos, vivos y prósperos’ es producto de una
estructura cultural en que el objetivo sacrosanto justifica virtualmente todos
los medios”.
Por lo anterior es que resulta bastante ambigua una consigna
usual en el estallido, que vi hace poco grafiteada en una pared que quedó como
recuerdo de esos días de rebelión: “Evade como Piñera”. Esta invitación a evadir
el pago del transporte público imitando las “transgresiones” del
empresario/presidente puede ser leída como humorística, pero en rigor me temo
que está operando ahí también una bastante neoliberal mezcla de resentimiento e
identificación.
La muerte de Piñera fue el mejor resumen de su vida: tras
insistir en pilotear un helicóptero para un viaje de pocos minutos entre el
fundo de un amigo y el suyo propio, a pesar de las advertencias sobre las malas
condiciones climáticas, cayó sobre las aguas del Lago Ranco para salir de ahí
muerto por asfixia por inmersión. A diferencia de la leyenda que trataron de
crear sus cercanos, no salvó a nadie diciendo “salten ustedes primero” ni mucho
menos. No tuvo tiempo para nada de eso, y sus últimas palabras al parecer
fueron: “¿Qué pasó?”.
En fin: Murió como vivió. Y tuvo mucha suerte pues se mató
solo, cuando todo indica que estuvo muy cerca de haber matado también a sus
tres acompañantes. Como se dijo en esos días, las aguas del lago resultaron
milagrosas pues esta verdadera encarnación humana del Capital que era Piñera
“entró como delincuente y salió como un santo”.
Para concluir, solo diré que las personificaciones del
capital y el poder tienen un indudable valor como imágenes movilizadoras en
contra de “los de arriba”. Por eso la acción de Luigi Mangione ha suscitado
tanta admiración y apoyo, y por eso fue posible movilizarse contra Pinochet en
los 90 y contra Piñera en el 2019. Pero la lucha anticapitalista no puede
conformarse con la idea de que “bastará con derrocar al gobierno capitalista y
poner otro en su lugar” (Rosa Luxemburgo (12)),
ni limitarse a “conquistar los símbolos del poder” y a derribar cabezas como en
un tiro al blanco.
Luchar contra el capital es luchar por otras formas de vida.
(3) Quedará para otra ocasión explorar por qué de entre todos los países
hispanohablantes la lengua chilena es al parecer la única en que a esta
expresión se le extirpa la letra d, quedando sencillamente en “peo”, una
expresión que si bien no es considerada muy elegante, todo el mundo emplea
cuando se refiere al lanzamiento de gases, o en derivaciones como “irse a puro
salto y peo” o cuando se califica algo como “al peo”. En países cercanos como
Argentina y Uruguay “estar en pedo” designa la borrachera etílica. Para otras
expresiones derivadas, consultar el https://diccionariochileno.cl/
Y para una interesante exploración de la “obsesión excrementicia” y la doble
acepción original de la escatología (proveniente de éskhata y skatós)
consultar la presentación de Oyarzún a los “Poemas sucios” de Swift (Jonathan
Swift, Tulipas radiantes. Una introducción a la escatología. Ensayo de
presentación, traducción y notas de Pablo Oyarzún R., LOM, 2016).
(4) Bajo el mismo nombre de Las tres ecologías existe una conferencia en
Chile el 24 de mayo de 1991 incluida en su momento en El devenir de la
subjetividad (1998) y actualmente en el volumen titulado Las luchas del
deseo. Capitalismo, territorio, ecología, de Pólvora editorial, 2020,
Colección puntos singulares, dirigida por Cristóbal Durán. En esta versión no
se menciona a Trump al describir los procesos de gentrificación urbana.
(5) Editado en el 2024 y que ya va en su segunda edición. Alguien debería liberar
el pdf.
(6) Muy ilustrativo de este desencuentro es lo que contó el poeta norteamericano
Allen Ginsberg en una entrevista del año 1973 con la revista Gay Sunshine,
cuando explica que entre las razones por las que fue expulsado durante una
visita a Cuba en 1965 estuvo el haber propuesto a la cúpula del partido hacer
las gestiones necesarias para que los Beatles tocaran en la isla. La respuesta
que obtuvo de Haydée Santamaría fue: “No tienen ideología; tratamos de
construir una revolución con ideología”. Sumado a su defensa de la marihuana y
la homosexualidad, además de señalar públicamente que “había rumores de que
Raúl Castro era gay y que el Che Guevara era guapo”, el desencuentro le costó
la expulsión de la isla, siendo sacado a la fuerza del Hotel en que se
encontraba ante la mirada atónita del poeta chileno Nicanor Parra. Lo que le
hizo concluir a Ginsberg que la ideología a la que se refería Santamaria era
“la ideología de una burocracia policial que persigue a los maricas”.
(7) Publicado
en 1933 en “La Critique sociale”. Incluido en: Obras escogidas, Barcelona, Barral, 1974.
(9) Notable mescolanza: Giovanni Gentile fue “el filósofo” del fascismo italiano.
(11) Diego Fusaro, Lucha de clases en el siglo XXI. El señor globalista contra el
siervo nacional-populista, Ediciones Ignacio Carrera Pinto, 2021.
(11) Robert K. Merton, Estructura social y anomia: revisión y ampliación (1949). En
Fromm, Horkheimer, Parsons y otros, La familia. Introducción de Ralph Linton,
Ediciones Península, 1970.
(12) Citada por Furio Jesi, Spartakus. Simbología de la revuelta, Adriana Hidalgo
editora, 2014.
Etiquetas: fascist pigs, fascistología, lumpen burguesía, mierda humana, olor a mierda
viernes, agosto 02, 2024
Fascismo estético y/o estéticas fascistas: Daudi Baldrs/Filosofem de BURZUM
Burzum, Filosofem (1993/1996)
COMENTARIO A DAUDI BALDRS, por THOM JUREK
Dead Ringer de América ha empezado
a reeditar el catálogo de Burzum, haciéndolo agenciable por primera vez en los
Estados Unidos. Mientras el embalaje es bastante lindo, nada del texto interior
ha sido traducido al inglés.
En cuanto a la música, el quinto álbum
de Burzum, alter ego musical de Varg
Vikernes, Daudi Baldrs, es una continuación de las ideas expresadas primeramente
y con gran éxito en Filosofem, pero realizadas de forma completamente digital
con teclados.
Vikernes ha abandonado musicalmente
la idea misma del black metal aquí y, tal como en el disco recién mencionado (del
cual recrea ciertos modos y temas), está intentando crear una nueva música folk
y clásica que explora sus bastante insanas y misantrópicas nociones de sociedad
y (anti) cultura.
Vikernes está preso por el
asesinato de un ex amigo y se ha convertido en un Nazi declarado que proclama
que su paganismo (la adoración de Odín) es la inspiración para sus posiciones
racistas, anti-judeo cristianas.
Dicho lo anterior, su música no puede
ser meramente descartada como la obra de un villano. Vikernes es un músico muy
serio.
Sus intentos por crear una Nueva música occidental basada en nociones primitivas de melodía y armonía son tan bellos como convincentes en su modo escogido de expresión.
Su uso de la repetición melódica y temática, progresiones dinámicas y
llenas de texturas, desde una progresión de acorde aumentado a otra, siempre organizados
en torno a una gran pero restrictiva estética, ofrece otra visión de la violencia
que su música representa, y que de hecho incluso anhela.
Hay una maldad real aquí pero, como
pasa con otras expresiones artísticas de la rabia, puede ser seductora en su sutileza y muy placentera para los
sentidos, lo que hace a Daudi Baldrs
casi una escucha obligatoria para cualquiera que esté interesado en la
evolución del black metal hacia un seudo clasicismo del siglo XX, comprendiendo
la estética del neo-nazismo que trata de promoverse como una nueva
espiritualidad new age, pero más importante que eso, para saber en qué anda el
enemigo.
Burzum, Daudi Baldrs (1997).
Etiquetas: black metal, fascistología, heavy metal, pomo, rock (no punk)
jueves, junio 20, 2024
Reporte, Tur, Invierno y Lanzamiento
En lo que va de este terrible año 2024, tenemos
en este haber la cuarta edición (ampliada) de Barricadas a go-go, publicada por
primera vez en el 2017, y en esta ocasión lanzada casi simultáneamente en Santiago, Ciudad de México
y Barcelona. Gracias a todxs por todo eso: Banzai, 2&3 Dorm, Archivo
Situacionista Hispano, a los comentaristas acá y allá y especialmente a quienes
acompañaron con su arte sonoro los eventos mexicanos. Aún quedan un par de
lanzamientos pendientes: avisaremos a tiempo.
(el manuscrito se interrumpe aquí)...
Durante fines de abril de inicios de mayo hubo
lanzamientos en Argentina: 1-2-3-4 (edición 2023) se lanzó en la galería Masao,
junto a dos libros más editados por Tren en Movimiento: Canción del cardumen
rancio Vol. II (Ilustraciones de Tomás Spicolli), y Banco de imágenes (poemas
de Gastón Carrasco y collages de Caro Lagos). Hubo dub e improvisaciones en
vivo, harta cerveza y poquita canabis. Después, varixs nos fuimos a una
excelente pizzería que aún estaba funcionando en la madrugada de martes/miércoles.
Un poema de Carrasco me llamó inmediatamente la
atención, logrando que se me erizara la piel recordando los días de revuelta en
Santiago hace menos de cinco años y que tan lejanos me parecen ahora:
La fotografía como documento social
La imagen cobra vida, la vida
te la cobra. Asciende una columna de humo que parte en dos el horizonte. Un
hombre pintado de selk’nam pasa frente a nosotros. Esquivo el daño, a
centímetros, más de las veces que quisiera. El ojo es un animal que salta en las
imágenes para cruzar el río de luz. Una molotov revienta en la mano en el peor
momento. Intento armar un mapa de guerra de imágenes. Hace días que no busco hacer fotografías, la
realidad me esquiva. Respiro y reconozco el espacio que cambia día a día. Hay
pegatinas de ángeles barrocos con frases contra el gobierno. Una chica se
mancha las manos con tinta negra pintando un stencil. El arte de prender y
fotografiar el fuego, ritual y barricada, humareda y aire enrarecido. Banderas
rojinegras. El paisaje urbano como trinchera. Un encapuchado lleva en el pecho
un tatuaje de Malcolm X. En el parque Forestal una banda toca en vivo covers de
Rage Against The Machine. Un prócer, irreconocible, está envuelto en plástico
alusa. En el parque Forestal un trío de chicas, megáfono en boca, toca “Viva la
Revolution” de los Adicts. Las camillas con heridos cruzan la escena como en
las películas de guerra. La piel arde. La garganta y los ojos se cierran. Nos
desplazamos como animales ciegos movidos por el instinto. El odio brota de manera orgánica en el cuerpo.
Los láseres se extienden como enredaderas hacia el cielo. Reconozco a alguien
por los ojos, escondida en una kufiya, como guerrera kurda. La miré aturdido
mientras ella tomaba del brazo a su compañero en dirección contraria a la
represión. Los piquetes se tomaron el espacio como hormigas o chaquetas
amarillas un trozo de carne. Grupos de diez o doce caínes. En un segundo todos
apuntaron sus armas, láseres, cámaras. La imagen queda en suspenso.
La religión de la muerte en versión de Lazo
ediciones se lanzó el jueves 2 de mayo en Biblioteca La Caldera, y el sábado 4
en la Biblioteca Ghiraldo de la ciudad de Rosario. De esta última circula el audio por ahí.
Regresando a Santiago, hice un set solista bajo
la denominación de JC Anti Ensamble en una tocata en que además estuvo mi viejo
amigo Luciérnaga, poco después con el amigo Rodrigo Karmy hicimos un
conversatorio sobre “Sionismo y fascismo” en el acampe de la casa central de la
Universidad de Chile.
El próximo lanzamiento de Barricadas a go-go será
el viernes 28 de junio en Esqueleto libros. Comentan: Cristóbal Durán y Marisol
García. Apenas tenga el afiche lo comparto.
YA: acá está toda la información sobre el lanzamiento de este viernes.
Denle likes, promocionen, vayan, lleven amigos/amigas/amantes.
Hace frío: así que lleve vino también (repartiremos un poco pero mejor que sobre).
Etiquetas: Argentina, Chantiago, fascistología, free chant, Japo, psicogeografía
jueves, agosto 24, 2023
Lanzamiento "La religión de la muerte": capítulo sobre Umberto Eco y el fascismo eterno
Umberto Eco y el ur-fascismo (o “fascismo eterno”)
Con la intención positiva de estar
alertas frente a un posible resurgimiento del fascismo, algunos intelectuales
como Umberto Eco han llegado a hablar de un ur-fascismo
o “fascismo eterno” (1), que siempre “puede volver de nuevo bajo las
vestiduras más inocentes” y por eso “nuestro deber es desenmascararlo y señalar
con el dedo cada una de sus nuevas formas –cada día, en cada rincón del
mundo-”.
Emilio Gentile ha reaccionado con
fuerza en contra de esta interpretación, que para él tendría el notorio y muy adverso
efecto de otorgarle al fascismo el don de la inmortalidad, a diferencia de
cualquier otra posición o ideología política. En efecto, a nadie se le
ocurriría hablar de un liberalismo, un trotskismo, socialcristianismo o
anarcosindicalismo eternos, pero gracias a la afirmación de Eco cualquier
neofascista podría sentirse orgulloso de unirse a la única expresión política
que existiría desde siempre, trascendiendo a todos los acontecimientos, modas
sociopolíticas y demás vaivenes de la historia. El “fascismo eterno” sería no
sólo un “enemigo poderoso” sino que más bien absolutamente invencible, que
existe desde y para siempre, profundamente enraizado en la naturaleza humana.
De todos modos, a pesar de las
críticas a la “eternidad” del fascismo, cabe destacar que incluso Enzo
Traverso, partidario en general de un uso acotado del concepto, afirmó en el
2019 que “el posfascismo está creciendo en todas partes y no sabemos el
desenlace de su proliferación”, y que “podría mantenerse en el marco de la
democracia liberal, pero también podría experimentar una nueva radicalización,
especialmente en el caso de un colapso de la Unión Europea, que es uno de sus
objetivos”. Las premisas de ambos desarrollos ya existen, así que de producirse
la segunda opción “nos veríamos compelidos a reconocer que el fascismo no fue
un paréntesis del siglo XX”, pasando así a ser un “concepto transhistórico”
(2).
Por de pronto, Traverso reitera a
propósito del actual ascenso de las “derechas radicales” en varios países que
“el concepto de fascismo parece a la vez inapropiado e indispensable para
comprender esta nueva realidad”, y esa es la razón por la que “el concepto de
posfascismo se corresponde con este paso transicional” (3).
Leyendo el texto de Eco -que
contiene recoge su intervención en la Universidad Columbia en abril de 1995, conmemorando
el cincuentenario de la “liberación” de Europa-, tengo la impresión de que la
crítica de Gentile es algo excesiva, pues más que sostener la “eternidad” del
fenómeno fascista lo que el autor intenta hacer es identificar algunos
“arquetipos” que nos sirvan como indicadores o señales de la presencia de
alguna forma de fascismo. Dentro de ellos señala el vínculo entre culto a la tradición
y sincretismo ideológico, e identifica en su rechazo de la modernidad (aunque
no necesariamente de la técnica) el elemento que le permite al fascismo
camuflarse de anticapitalista, en base a una supuesta crítica radical del modo
de vida capitalista, que constituye en realidad una reacción anti-ilustrada e
irracionalista, en contra del espíritu de 1789, descalificado como el origen
del “liberalismo”.
Otro rasgo que activaría la alerta
de Eco -y que se encuentran muy presente en la alt-right norteamericana y otras formas de nueva extrema derecha en
Chile y el mundo, incluyendo al Partido Republicano de Kast y toda la
autodenominada “fachósfera” que pulula a su alrededor-, es la obsesión por el
complot, sobre todo si este alcanza una dimensión internacional.
A esto debemos agregar algo que Eco
en 1995 no podía aún imaginar: la difusión de diversas “teorías conspirativas”
a través de las redes sociales, logrando intoxicarlas de fake news, creando trending
topics, y dando desde internet la “batalla cultural” contra el globalismo
marxista y/o liberal. Las versiones más conocidas de estas teorías del complot
han sido QAnon en Estados Unidos, y la de la “revolución molecular
disipada” dada a conocer desde Chile por Alexis López Tapia (4) y
divulgándola incluso entre las fuerzas armadas de Colombia justo antes del
estallido social ocurrido en ese país desde abril del 2021.
López Tapia tuvo un enorme minuto de
fama luego de la insurrección colombiana, puesto que no sólo suministró
argumentos a los represores para no dudar en aplastarla implacablemente, sino
que su teoría fue referida en un polémico tuit por el ex presidente Álvaro
Uribe. En brevísimos cinco puntos el derechista Uribe resumía la situación y terminaba
señalando: “Resistir Revolución Molecular Disipada: impide normalidad, escala y
copa”, y pedía fortalecer a las Fuerzas Armadas cuando ya habían asesinado a
más de 24 manifestantes. Gracias a la visibilidad así adquirida muchos
analistas dentro y fuera de Chile se volcaron a analizar la particular lectura
del concepto de “revolución molecular” de Félix Guattari, y la adaptación con
el agregado “disipada” que realiza López.
Hay que señalar que en Chile el ex
Ministro Mañalich ya había revelado a mediados del 2020 que estaba leyendo a
Guattari para entender el estallido social y el control de la pandemia (5).
Desde Europa Franco Berardi, que conoció bien a Guattari y su obra, destruyó de
manera fulminante la versión de Uribe y de López (a quien trata de “pobre
diablo”):
“La revolución molecular no tiene
absolutamente nada que ver con una táctica de combate. Esto no quiere decir que
Félix Guattari estuviera desinteresado del combate y la táctica, pero el
concepto de revolución molecular se refiere justamente a lo contrario de la
táctica. Cuando se habla de revolución molecular, se habla, de hecho, de un
proceso que no puede estar dirigido ni programado, ya que no es un efecto de la
voluntad racional, sino justamente una expresión del Inconsciente, del deseo
que no tiene nada que ver con las formas políticas establecidas ni con la
astucia de algún marxista oculto en algún sitio en el bosque” (6).
Posteriormente se supo que la teoría
de López gozó también de mucha popularidad en la Inteligencia de Carabineros.
Un reportaje de Victor Herrero en Interferencia señala que a fines del 2019
Luigi Lopresti, jefe de la DIPOLCAR, “insistía en que la explicación de todo lo
que estaba ocurriendo en las calles y plazas del país encontraba una respuesta
coherente en una teoría del neonazi chileno Alexis López Tapia”, y que “durante
varias semanas de fines de 2019 e inicios de 2020, Lopresti ordenó poner las
cerca de 15 láminas del PPT que resumía la teoría de López en una pared de las
oficinas de la Dipolcar” (7). El documento en cuestión, titulado “Crónica del
octubre rojo” vino a conocerse recién a fines de septiembre de 2022, cuando los
hacktivistas de Guacamaya liberaron miles de documentos y correos electrónicos
del Estado Mayor Conjunto de la Defensa de Chile. Adjunto a un correo cuyo
mensaje decía “Perro imprime esto para el teniente porfa” (sic) se encuentra un
texto de 36 páginas firmado por López el 8 de noviembre de 2019, anunciando una
segunda parte en desarrollo. Lo más llamativo es que además de una cronología
de los hechos que llevaron “de la evasión a la insurrección” se interpolan
análisis que atribuyen la responsabilidad de estos hechos al filósofo francés
Gilles Deleuze (fallecido en 1995), el grupo Tiqqun/Comité Invisible, algunos
chavistas venezolanos, el anarquismo insurreccionalista y los ecoextremistas.
La Revolución Molecular Disipada sería un “modelo insurreccional” que avanza a
través de las fases de Escalamiento, Copamiento y Saturación. Los grafitis en
las paredes son en realidad “órdenes de combate” para una “acción
revolucionaria horizontal”, y para estos estrategas “es imprescindible que
ocurran violaciones a los DDHH”, las que deben ser alegadas para debilitar la
“autoridad moral del Estado para imponer el orden” e inhibir el “pleno uso de
sus capacidades materiales” por parte de las fuerzas de orden y seguridad” (8).
Esta “teoría” es bastante práctica y revela una vez más la profunda simbiosis
entre fascistas y aparatos represivos: en Colombia estos últimos no se
“inhibieron”, resultando más de 42 civiles muertos (9).
NOTAS al
pie:
1.- Aunque la expresión “ur” designa, más que
la eternidad, el estado original o primitivo de un fenómeno u objeto.
2.- Enzo Traverso, “Postfascismo. Fascismo como
concepto transhistórico”. Viento Sur, 3 de diciembre de 2019.
3.- Ibid.
4.- Que ya
no se define como nacional-socialista sino que como socialista-nacional,
lo cual es equivalente de a que uno diga que no es anarcocomunista sino
que comunista anárquico. Cabe destacar que hacia 1993 Hans Magnus
Enzensberger había hablado de la “guerra civil molecular” como un nuevo tipo de
conflicto que empezaría a darse en las metrópolis.
5.- Así,
fuera de los papers científicos, por estos días el doctor busca respuestas en
el libro La revolución molecular, del fallecido filósofo y psicoanalista
francés Félix Guattari. Allí, en los 70, por primera vez se plantea que las
revoluciones venideras no serán con líderes a la cabeza, o en dos bandos como
se planteó la Guerra Fría, sino que, desde las bases, distintos colectivos, y a
raíz del malestar cotidiano. Quizás, allí -sostiene Mañalich- pudiera estar una
de las claves para el éxito del manejo de la pandemia”. En: https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/manalich-sus-dias-mas-grises-en-la-pandemia/2CWTM4K2BBDRRHJDUG2NLI7DSU/
6.- Franco
Berardi, ¡VIVA LA REVUELTA ANTI-FINA(N)ZISTA DE LXS COLOMBIANXS! Pero
esto no tiene mucho que ver con la revolución molecular. Lobo Suelto, 16 de
mayo de 2021.
8.- Alexis
López Tapia, Crónica del octubre rojo, 2019.
9.-https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Fallecidos_durante_las_protestas_en_Colombia_de_2021
Etiquetas: Chantiago, fascist pigs, fascistología, nada mas práctico que una buena teoría, psicogeografía