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sábado, septiembre 05, 2020

¿Como ACABar con la policía? Convocatoria revista Carcaj.cl septiembre/octubre 2020 

 en vez de “te amo” di a la mierda la policía / en vez de
“los fuegos del cielo” di a la mierda la policía, no digas
“reclutamiento” no digas “trotsky” di que se joda la policía
en vez de “despertador”, di a la mierda la policía
en vez de “mi traslado diario” en vez de
“sistema electoral” en vez de “viento solar sin fin” di que se joda la policía
(ACAB: una canción de cuna, Sean Bonney)
La yuta, los pacos, los tiras, la jura, los cerdos, los tombos, ¡están por todas partes! La mayoría de nuestras experiencias sociales parecen hoy estar permeadas, contabilizadas o cuadriculadas por ellos; sus zonas de intervención, sus medios de vigilancia y sus métodos de represión se han hecho cada vez más intensos; el paqueo se ha vuelto masivo y generalizado. Tanto así que uno casi llega a olvidar que se trata de una invención reciente: la policía no siempre tuvo su lugar en la historia de las sociedades. 
¿Cómo fue que la promesa de la polis, la ciudad libre y autoorganizada, se convirtió en una pesadilla policial? ¿En qué momento se hizo más fácil imaginar una sociedad sin capitalismo que una sociedad sin policías?
¿Y qué es la policía, en todo caso? ¿Qué entendemos cuando la nombramos? ¿La violencia legítima del Estado? ¿Una banda narco-criminal institucionalizada? ¿El brazo armado de la élite, destinado a asegurar el orden de dominación y los procesos de acumulación capitalista? ¿Es una institución, una función, una técnica de gobierno sobre los cuerpos?
Una constante del pensamiento vigilado nos ha querido convencer de que la policía se justifica, de una vez y para siempre, en una función impostergable: evitar el crimen. Pero el crimen no es tanto lo que la policía viene a combatir, como su materia prima y su producto. Por eso una campaña de carabineros podía hace poco proclamar “somos la frontera entre la ciudadanía y la delincuencia”:  porque de lo que se trata, ante todo, es de asegurar que esa frontera exista. Hacerla emerger, marcarla y controlarla. Lo que cambió realmente con la aparición de la policía no fue, entonces, una verdadera disminución en la tasa del crimen, sino algo en la organización más íntima del Estado: el descubrimiento de una verdadera industria en torno a la distribución, asignación y “prevención” del delito. La ciencia de la policía es desde entonces inseparable de una demonología de las figuras del criminal, en la que la discriminación racial, la diferenciación sexual y la subordinación de clase son los marcadores fundamentales. 
No se trata simplemente de que la policía discrimine, no es solo que sea racista: la yuta es una verdadera fábrica de la segregación, una máquina de producción de abusos y desigualdades. Por eso, la violencia descontrolada, los asesinatos, violaciones, torturas; los llamados elegantemente “excesos” en el uso de la fuerza, nunca serán “hechos aislados” ni simples errores en la ejecución de algún protocolo, sino que son los efectos de una condición muy precisa que le permite a la policía desatar la violencia en múltiples formas y con total impunidad, mientras la justicia que imparta deje en claro su carácter de clase.
Por eso la cuestión decisiva, el límite de cualquier teoría revolucionaria o insurgente, quizá siga siendo en el fondo el problema de cómo defendernos. ¿Qué hacer frente al monopolio de las armas y la violencia? E incluso, ¿es posible pensar la abolición de la policía? ¿Cómo acabar con los pacos? ¿O acaso serán estas otras preguntas inútiles, y habrá que resignarse a seguir mencionando para siempre alguna que otra necesidad de reformar, desmilitarizar, o democratizar la institución policial? 
Si hasta ahora amplios sectores de la población podían vivir con la idea de que el copamiento policial no les concernía, porque no eran afroamericanos en Estados Unidos, Mapuche en Wallmapu o pobladores de la Legua, hoy se ha hecho evidente que esos territorios de presencia policial intensiva operan como grandes laboratorios de una arremetida contrainsurreccional en curso, lista para ampliarse en cualquier coyuntura crítica, ya se llame octubre, coronavirus o hambre.  
Así, como era de esperar, y en continuidad con la cacería humana que tuvo lugar como respuesta represiva a la insurrección de octubre -por la cual aún hoy hay más de 2.500 personas encarceladas y cerca de 400 mutiladxs-, un considerable reforzamiento del aparato policial ha ido teniendo lugar estos últimos meses, marcado por el gasto exorbitante en armamento y equipos de alta tecnología, un proyecto de reforma al sistema de inteligencia, leyes de protección especial a los pacos, y un gran paquete de leyes represivas que vienen tramitándose desde el año pasado. Mientras, en las calles el toque de queda se extiende noche a noche, y el peso de todas esas noches cae sobre Wallmapu llenándose de milicos; cae sobre lxs presxs, las hortaliceras, las comunidades asediadas, los territorios devastados por el extractivismo neoliberal, y cae como represión continua a toda forma de protesta u organización social, incluso contra las ollas comunes y centros de acopio que se levantan para hacerle frente al hambre en las poblaciones; cae brutalmente la noche policial sobre Alejandro Treuquil, Macarena Valdés, y todxs lxs George Floyd de las periferias del mundo, asesinadxs sin cámaras presentes ni tiempo para gritar “no puedo respirar”, que parece ser el único grito posible en un mundo de mascarillas, apestado de lacrimógenas y del olor a putrefacción del capitalismo.
La presencia policial es asfixiante; la policía misma es un monstruo de confinamiento. De ahí que el modelo privilegiado de sociedad policial sea la cárcel. Y el hecho de que el encierro domiciliario se convierta hoy en un modo de vida masivo muestra justamente la consolidación de las formas policiales de organizar el mundo. De lo que se trata para la policía es de que todo esté en su lugar; impedir la posibilidad del encuentro. Todo el discurso de la seguridad por el que llenan las ciudades de pacos, drones y de cámaras, no es sino una gran guerra contra la imprevisible química de los cuerpos que se juntan, se comunican, se organizan. 
Lo que está detrás de esa guerra preventiva es, en el fondo, el mismo presupuesto antropológico sobre el que descansa la existencia de la policía: que su presencia es necesaria para la convivencia colectiva; que si no fuera por ella nos terminaríamos matando unxs a otrxs. En ese sentido, ¿no es siempre la solución policial una especie de montaje?
Sin embargo, la idea de presencia policial, y el proyecto de una institución como cuerpo de la violencia legítima del Estado, ya ni siquiera nos da una imagen completa de lo que es la policía. Ésta se ha vuelto hipertrófica y descarnada. Primero fueron sus cuerpos los que comenzaron a acumular prótesis, más cubiertos que tortuga ninja, armados hasta los dientes, acoplados a un guanaco, una tanqueta o un zorrillo: el cuerpo de la policía comenzó a robotizarse, a vestirse cada vez más a lo robocop. Pero en nuestros días la policía se ha sofisticado hasta el punto de poder prescindir de cuerpo y de lugar físico, saltándose los protocolos de la presencia. La comisaría virtual está, de algún modo, en todas partes. Solo se necesita tener -y esto es lo fundamental- una buena conexión a internet. Todo un entramado de sistemas de televigilancia, algoritmos y plataformas arman hoy la red de una tecnopolicía en la que el dogma del orden público parece haberse aliado definitivamente con el culto del beneficio privado. 
¿Cómo es que la policía ha conseguido capturar y canalizar los deseos colectivos de justicia, protección, o castigo del crimen? ¿Cómo comenzamos por enfrentarnos al propio paco inscrito en nuestros deseos y en nuestras prácticas? ¿Qué sería a partir de allí crearse cuerpos y relaciones no policiales? ¿Qué otros horizontes posibles se abren a partir de las recientes (y las no tan recientes) experiencias de creación y posterior desmantelamiento de zonas autónomas y libres de policías?
¿Y cómo afirmar una vida colectiva contra toda policía, contra el jefe-paco, el marido-paco y el papá-paco? ¿Cómo resistir al paqueo en todas sus formas a través de otras prácticas y escrituras? 
Les extendemos estas preguntas y reflexiones, como una invitación a crear, escribir y resistir en estos tiempos de copamiento policial,
+poesía
-policía
Carcaj

Convocatoria:
Carcaj es una revista cultural abierta a participación. Recibimos artículos, ensayos, poemas, crónicas, cuentos y material gráfico. 
Las contribuciones para la presente convocatoria -«Cómo ACABar con la policía»- serán recepcionadas hasta el domingo 18 de Octubre.
Durante todo el resto del año recibimos colaboraciones no sujetas a las convocatorias temáticas.
¿Cómo colaborar?
Nuestros ejes temáticos son el arte, la literatura y el pensamiento crítico, en su relación a la cultura y la sociedad.
Los textos enviados para su publicación no deben exceder las 8 páginas (ocupando como referencia un documento Word, letra Times New Roman 12, interlineado simple) y deben ser enviados en un archivo de edición de texto (es decir, no en PDF). 
Los textos deben, idealmente, venir acompañados de una breve reseña biográfica de la o del autora/or, que no exceda las 5 líneas.
Si quieres colaborar puedes enviarnos tus textos, traducciones o imágenes a:
revistacarcaj@gmail.com
Los textos recibidos serán evaluados por el comité editorial de la revista que decidirá de su publicación

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domingo, octubre 06, 2019

Ecuador arde/Declaración de amor a J. Derrida por Scritti Politti 



En Ecuador hay una sublevación de masas, el Estado responde masacrando, y en los medios noticiosos de Chilito no veo que digan nada, excepto en el twitter de Piensa Prensa.

El doble estándar es notorio respecto a si un proceso así estuviera ocurriendo en países que nuestra clase dominante ve como “socialistas”, y que en rigor sólo representan a otra forma de gestión del mismo Capitalismo.

Si los que estuvieran aplastando gente con motos, dando palizas a personas retenidas en la vía pública, disparando a personas sin armas fueran las fuerzas policiales de “la dictadura de Maduro”, veríamos los incidentes en la portada de El Mercurio y La Segunda.


Scritti hizo su primer álbum por ahí por 1982. En Rough Trade. Green había estado enfermo, y en su recuperación decidió dar un giro abiertamente pop a la música de su banda. En “Jacques Derrida” suena como si Marc Bolan al mando de T. Rex hubiera tenido más éxito cuando trató de hacer esa especie de soul blanco que no convenció casi a nadie. La canción es bastante interesante, y las frases que quedan del texto en mi cabeza dicen cosas como declaraciones de amor al bossa nova, a la revolución, y a Jacques Derrida. ¡Sí! Derrida, uno de los marxistas de academia más apreciados en nuestro tiempo. Nunca he leído casi nada suyo, y jamás he entendido su gracia más allá de las modas académicas de este mundo. Quien lo refiere harto en sus textos musicológicos es Simon Reynolds.

La mejor parte para mi es cuando Green dice que “todavía está a favor de le revolución”, y el coro femenino responde:

“I want! I want it! I want that too! But Baby, But Baby, it´s up to you",
(La deseo! La deseo! Yo también la quiero! Pero nena/o, Pero nena/o, depende de tí!)

 ...o sea, es claramente una de las escasas canciones pop tratan explícitamente del deseo de comunismo.

Recuerdo que cuando estuvo Simon R. acá, mostró un tema antiguo de Scritti, y luego una canción total y despampanantemente pop, en un festival europeo de TV. Amé el primero. Odié el segundo. Reynolds reconocía su fascinación especial con esta banda y sus transformaciones.

Como sea, me metí de cabeza a escuchar la edición japonesa en LP de “Canciones para recordar”, detectada en cierto local al lado del galpón 2 del Biobío, y ahora recién he empezado a entender su gracia. Ya se sabe: cuando no hay ruido puro y disonancias, a veces cuesta entender de inmediato de qué se tratan las canciones pero, en fin, las canciones no son ruido, sólo son otra forma de abordar el trabajo con el sonido.

En su momento T. Rex pudo generar un impacto sociológico mayor que la Beatlemanía misma (qué chistoso escribir “beatlemanía” mientras escucho su “Something New”, el tercer LP para Capitol records), gracias no sólo al innegable sentido visual y de la moda de Marc Bolan, sino que al redescubrimiento del arte del single: una canción por lado  y sería.  Lo cual obliga a la concisión y al aprovechamiento del tiempo, pues como leí por ahí, cualquier tarado puede tocar 43 minutos y hacer un par de cosas interesantes, pero en el formato single estás obligado a ser preciso y conciso.

La fórmula fue tan exitosa que hubo un momento hacia 1971/2 en que de cada 100 discos que se vendían en el Reino Unido, 3 eran de T. Rex. Hasta los skinheads iban a verlos, previamente decorándose los ojos con brillantina.

Pero estaba hablando de Scritti. Bueno: no conozco casi la obra de Prince, pero ayer  mi amigo Lautaro me decía que la parte final de “J. Derrida” tenía algo de eso.  Le creo. Exploraré la discografía antigua de símbolo (el artista antes conocido como Prince). Me he dado cuenta de que hasta el jefe Springsteen era bueno en sus inicios.

¿Y Ud.?

En síntesis: escuchen el disco. Hasta colabora un poco Robert Wyatt, mucho menos elitista que su amigo Cutler.  
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Pregunta: “Hijo, ¿prefieres escuchar los Residents o los Beatles?”
Respuesta: “¡Pero si son lo mismo!”.

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lunes, diciembre 31, 2018

El 2018 en una imagen (y una canción sobre el último día del año) 


no sé quién sacó esta foto. la tomé de la prensa burguesa. es la imagen que mejor expresa de manera concentrada la psicogeografía metropolitana de la represión.

miles se concentran en Plaza Baquedano por el asesinato de Camilo Catrillanca, y aunque están en la vereda, la policía los agrede con armas químicas. se inicia una batalla que dura varias horas.

la policía se esfuerza en que las mercancías humanas sigan circulando en auto, metro y Transantiago.

Canon, WOM y Huawei dominan la escena desde arriba de los edificios.

el último día del año....por la Brigada Juvenil.

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jueves, abril 13, 2017

Paco ladrón/Leyendo en el metro/Fred SY/etc. 



En  metro Universidad de Chile, día miércoles, aun se respiran los gases y polvos lacrimógenos lanzados masivamente el día anterior por las Fuerzas Especiales de Carabineros. En la marcha del martes un grupo de cerca de 100 encapuchdxs se dedicó sistemáticamente a arrancar adoquines del bandejón central de la Alameda de las Delicias  y arrojarlos a las decenas de vehículos policiales que acompañaban el recorrido. El grito del día fue “PACOS LADRONES DEVUELVAN LOS MILLONES”, que parecía desmoralizarlos bastante. La verdad, desde que bajo la dirección general del general Bruno Villalobos adoptaron como lema ese de “somos la frontera entre la delincuencia y la ciudadanía”, que estaba claro que moviéndose en esa frontera bastante difusa un porcentaje no menor de funcionarios se vuelve (si es que no era de antes) abiertamente delincuente.

En la línea 4 el día de hoy, voy leyendo “El club dadá” de Raoul Hausmann. Miro a mi alrededor: un sujeto lee el suplemento “Economía y Negocios” de El Mercurio, mientras otro lee al filósofo nazi Martin Heidegger y su “Introducción a la Metafísica”. Me pregunto, ¿y si era tan re-nazi y antisemita, por qué fue amante de su estudiante judía Hannah Arendt? ¿O para su vida sexual no era tan purista como cuando se ponía el uniforme de facho? En fin. Pobre Gunther Anders.

Pero al menos se lee en el Metro. Algo es algo. Y recordé que una periodista de apellido Viera-Gallo hizo una “entrevista íntima” a Patti Smith en la revista YA (también publicada en la web por Economía y Negocios), donde entre otras cosas decía que el esposo de Patti era “Fred Sonic Youth”.

¿Fred Sonic Youth? Ah, ¡sí!: el famoso guitarrista de la banda The Smiths, donde tocaban Patti Smith, él mismo, sus hijos  y otros miembros de la familia….

Nones. Fuera de tallas, la verdad es que el sujeto en cuestión es el ya fallecido Fred Sonic Smith, uno de los dos guitarristas de los gloriosos MC5, pioneros del punk rock y de los White Panthers, que según él mismo decía, creía que la banda Sonic Youth se había puesto ese nombre en homenaje a su persona, lo cual no está muy claro pero no deja de ser chistoso…

En fin: en futbol un periodista que confunda equipos y apellidos tendría poca tribuna, pero los periodistas “musicales” pueden permitirse cualquier aberración en la prensa burguesa y da lo mismo.
Me imagino si llegara a venir efectivamente P. Smith a Chile…el festival de la estupidez babosa de los “fans” opacaría en gran medida la apreciación de la excelencia -que no discuto- del arte de esa mujer.

En estos tiempos ya es perfectamente posible ver artículos sobre el "incorregible" Guy Debord en la revista CAPITAL, y revisiones del libro de Esther Leslie sobre "el vagabundo" Walter Benjamin en Economía y Negocios. Ah: y ahora todos aman a Leonard Cohen.



Necesito un antídoto...

Hausmann dice: "el individuo dadaísta se opone radicalmente a la explotación, ¡el sentido de la explotación sólo produce idiotas y el dadaísmo odia la estupidez y ama el sinsentido! Por lo tanto, el individuo dadaísta se revela como verdaderamente real frente a la falsedad pestilente del padre de familia y del capitalismo muriéndose en el sofá".

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miércoles, febrero 17, 2016

Tildaflipers/Qué cresta hacer con la policía 

1.- Policías ayudan a los proletarios antiproletarios que trabajan de fiscalizadores, a hacer registros de pasajeros para detectar infractores, bajarlos del bus, y multarlos.

2.- Un niño anarquista arroja una botella con bencina a un policía.
3.- Tildaflipers cruza la cordillera de los Andes y  viene a agitar la ciudad con vibraciones universalesdub punk, en el mes de Marzo del 2016. "Donde no hay futuro...".

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