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sábado, noviembre 07, 2020

Masayoshi Urabe, Un bruto/Encuentros cercanos con el control de identidad 

Masayoshi Urabe tiene un impresionante album doble, A Brute. Usa el saxo alto de una manera que no tiene similitudes frmales al menos con el estilo de Kaoru Abe, pero sí que opera al mismo nivel de radicalidad, sobre todo en el uso de todo el cuerpo, y caracterizándose tal vez por la centralidad que le otorga a los silencios.

"Un bruto" no está en youtube, pero hay bastantes buenos materiales como este concierto solista en Shinjuku el 2010 o su performance "Anarquismo Dual", de 2001, junto a Mukai Chie.


Ya está lista la segunda parte del especial ACAB en revista Carcaj.

Va una contribución. ¿Para qué sirve? Si se pregunta eso, no la lea.

ENCUENTROS CERCANOS CON EL CONTROL DE IDENTIDAD

Introducción: los dos controles

Actualmente la policía cuenta con dos herramientas para poder retener a una persona en la vía pública y exigirle que se identifique.

La primera, que existe desde 1998, es el control de identidad a secas, que la policía suele denominar “investigativo” porque está regulado en el artículo 85 del Código Procesal Penal. De acuerdo a este tipo de control se puede solicitar a cualquier persona, desde los 14 años de edad en adelante, que se identifique ante ella con documentos oficiales (cédula de identidad, pasaporte, carnet de conducir). Los motivos, que no sólo autorizan sino que obligan a los funcionarios de Carabineros e Investigaciones a realizar este control, han ido aumentando en el tiempo, luego de varias modificaciones legales, y son hoy en día los siguientes: 1.- si es que consideran que hay indicios de que se podría haber cometido un delito o estar a punto de cometerlo, 2.- si creen que alguien puede suministrar informaciones sobre un delito ya ocurrido 3.- si una persona se encuentra encapuchada, y 4.- cuando tengan cualquier antecedente de que alguien podría tener órdenes de detención pendientes.

Las facultades que le entrega el Código Procesal Penal a las policías permiten no sólo el exigir documentos, sino que además mientras realizan este procedimiento pueden registrar las vestimentas, equipaje y vehículo de la persona controlada. Si la persona no colabora, sea por negarse a identificarse o a ser registrada, es posible que la conduzcan hasta un recinto policial, hasta por 8 horas, aunque la ley es clara en señalar que la persona no está detenida, así que no podría ser mantenida en calabozos ni en el mismo espacio con detenidos. Cualquier infracción de las policías a esta normativa sería constitutiva del delito del artículo 255 del Código Penal, conocido como “abuso a particulares”.

La segunda forma es el control preventivo de identidad, creado y regulado en el artículo 12 de la Ley 20.931 (la segunda “agenda corta antidelincuencia” de Bachelet, del año 2016).

Este control puede ser aplicado a cualquier persona mayor de 18 años, sin necesidad de ningún indicio ni supuesto, con el único límite de no poder revisar bolsos ni poder conducir a la persona a una comisaría. Como contrapartida, esa misma Ley obliga a las policías a crear un “procedimiento estandarizado de reclamo” y al Ministerio del Interior a publicar trimestralmente cifras detalladas para poder analizar posibles abusos y aplicación discriminatoria de estos controles. Ninguna de esas obligaciones se ha cumplido íntegramente.

Cabe destacar a pesar de su semejanza,  ni siquiera la “detención por sospecha” -regulada en el antiguo Código de Procedimiento Penal y que existió entre 1906 y 1998- era tan arbitraria como este control preventivo, pues tenía dos supuestos que aunque eran muy vagos apuntaban a cuestiones tales como andar a deshoras, en circunstancias que hagan presumir malas intenciones, con disfraz, y/o no dar una explicación razonable del comportamiento sospechoso. Por eso es que con mucha razón se ha dicho que el control preventivo es una auténtica “detención sin sospecha”.

A continuación refiero tres casos de aplicación del control de identidad propiamente tal, porque sirven para analizar las formas en que en concreto se aplica el sistema penal, y porque discutir casos podría servir para defenderse de posibles actuaciones abusivas.

Y no es que crea que en sí mismo el Derecho sirva para frenar o evitar la violencia policial, de hecho, ni siquiera es muy apto para sancionarla, pero tal como recomendó Joe Strummer, es mejor si “conoces tus derechos” (The Clash, Combat Rock, 1982).

CASO 1: VILLA FRANCIA, CONTROL SIN INDICIOS

Corría el verano del año 2014 y en la Villa Francia se realizaba una interesante actividad cultural con exposiciones, música en vivo, danza, teatro y comida. Al retirarnos con familia y amistades vemos a lo lejos a un chico y una chica que también se iban yendo, parados al lado de un radiopatrulla desde el que se había bajado un carabinero. Me acerco a preguntar qué pasa, y el funcionario me dice: “el que está cargo es él”, mientras apunta al que está al volante.

Me presento como abogado, él se baja, le consulto si están realizando un control de identidad, y responde afirmativamente. Cuando le pregunto cuál era el indicio en que se basaban para realizarlo me responde: “Ah: es que ella anda sin carnet”. Le digo: “Pero me imagino que de eso se dieron cuenta una vez que se lo pidieron. Lo que yo quiero saber es el por qué”.

El funcionario responde: “Tengo entendido que nosotros podemos realizar controles discrecionalmente, a quien queramos”.

Por suerte ando trayendo el Código Procesal Penal. La intuición fundada de que podía pasar algo así me hizo poner en mi mochila ese instrumento de trabajo. Se lo muestro muy bien subrayado en el artículo 85: “Los funcionarios policiales señalados en el artículo 83 deberán, además, sin orden previa de los fiscales, solicitar la identificación de cualquier persona en los casos fundados, en que, según las circunstancias, estimaren que existen indicios de que ella hubiere cometido o intentado cometer un crimen, simple delito o falta; de que se dispusiere a cometerlo; de que pudiere suministrar informaciones útiles para la indagación de un crimen, simple delito o falta; o en el caso de la persona que se encapuche o emboce para ocultar, dificultar o disimular su identidad”.

El policía lo lee atentamente, y al terminar me dice: “Abogado, ¿esto es así, cierto?”

Respondo: “Es lo que dice el legislador, en la versión actual del Código,  por eso quiero saber… ¿en cuál supuesto se encontraban estos dos jóvenes cuando ustedes les pidieron los carnet?”.

El funcionario guarda silencio, me pide el Código y entra al radiopatrulla, donde hay dos o tres funcionarios más. Cierran la puerta. Al rato la abre y me pregunta quién soy yo. Le paso mi carnet, cuya parte posterior indica que soy abogado, cosa que me vi obligado a hacer al renovar carnet hace mucho tiempo, dada la tendencia natural de la policía a no creer que alguien con barba y pelo largo en jeans y polera posea en efecto dicho título sagrado, cuya obtención en la Excelentísima Corte Suprema de la República de Chile está condicionada a jurar por Dios y los Santos Evangelios.

Cierran la puerta de nuevo. Se produce un largo silencio en que veo a los dos chicos y el resto de las personas muy atentas esperando el desenlace de esta defensa en terreno. Combato el leve nerviosismo que esta gestión me causa escuchando atentamente el canto de chincoles y chercanes que a esa hora de la tarde dan un hermoso concierto en los árboles de la Villa. Alcanzo a recordar que al gran jazzista Eric Dolphy (1928-1964) le gustaba tocar sus aerófonos en compañía de los cantos de estas pequeñas criaturas… La muerte de Dophy fue tan extraña como la de Hendrix (asesinado por el racismo de los enfermeros que lo atendieron y lo sentaron mal en la ambulancia) o Albert Ayler (todavía no sabemos qué fue lo que hizo que terminara flotando en el río), y podría decir que si bien no lo mató la policía, fue de todos modos una víctima del sistema: “Dolphy colapsó en el escenario en Berlín y fue llevado a un hospital. Los médicos del hospital no tenían idea de que Dolphy era diabético y con una visión estereotipada de los músicos de jazz relacionados con el abuso de drogas, pensaron que se trataba de una sobredosis. Lo dejaron en una cama de hospital para que las drogas siguieran su curso”.

Salvo esa discreta sinfonía hay un silencio absoluto.

La policía estudia el texto. Todos esperan. Todos miran.

Pasa así una pequeña eternidad cuando de repente se abre la puerta y sin bajarse del carro el policía nos dice: “Joven, abogado: aquí están sus carnets. Buenas tardes”. Aceleran y se retiran en el vehículo policial a una velocidad discreta.

La ley cambió un poco desde ese entonces: ahora el artículo 85 ahora exige que exista “algún indicio”, así que por estar en singular y no en plural bastaría con uno solo, aunque en este caso no había ninguno. Además desde el 2016 se creó además el control preventivo de identidad (artículo 12 de la Ley 20.931), que no requiere de indicios de ningún tipo y ahora sí puede hacerse de manera totalmente discrecional, como creía el policía en Villa Francia esa tarde, anticipando en cierta forma esta modificación legal que ahora se expresa en la coexistencia de los dos tipos de control.

CASO 2: ESTUDIANTES SANTIAGUINOS, CONTROL CON INDICIO DUDOSO, DERIVA EN DETENCIÓN Y ES DECLARADO ILEGAL POR JUEZ DE GARANTÍA

En marzo del 2012 se realizó una gran marcha estudiantil que daba continuidad al movimiento del 2011. Dentro de los numerosos detenidos de ese día, había tres estudiantes de una Universidad privada ubicada en pleno Santiago Centro que habían sido controlados con revisión de bolsos antes del inicio de la manifestación, encontrándoseles diversos elementos que para la policía ameritaron convertir el control de identidad en detención por flagrancia.

Lo curioso fue lo que posteriormente decidió la Fiscalía, pues tanto un estudiante que portaba una honda como una estudiante que tenía dos botellas con pintura fueron dejados en libertad después de unas cuantas horas, bajo el “apercibimiento” del artículo 26 del Código Procesal Penal (figura que se aplica cuando los delitos son tan leves que no ameritan en rigor una detención, y por eso las personas son dejadas en libertad luego de señalar un domicilio).

El tercer estudiante, a quien se le había encontrado en la mochila un envase plástico conteniendo una pequeña cantidad de amoniaco, quedó detenido para pasar al otro día al primer bloque de audiencias de control de detención en el 7° Juzgado de Garantía (Santiago Centro), bajo la imputación de haber cometido una infracción a la Ley de Control de Armas y Explosivos.

En la audiencia donde se controló la detención hicimos ver junto a mi defendido que el gas conocido como amoniaco (NH3) tiene una sola finalidad en estos contextos: inhalarlo para despejar las vías respiratorias y poder respirar en medio de la gran nube de gas lacrimógeno que usa Carabineros para disolver las manifestaciones. Así que lejos de ser una herramienta ofensiva, es un elemento meramente defensivo, mucho más eficaz por cierto que echarse agua en el rostro (lo que empeora notablemente los efectos de los gases), o comprar limones a los vendedores ambulantes que se instalan en las calles ante estas contingencias.

Pero más importante que convencer de eso al juez, que creía hasta ese momento que el amoniaco servía para hacer bombas y arrojarlas a la policía, fue dar lectura al parte policial que informaba que el control de identidad se había efectuado en razón de que estos tres estudiantes habían procedido a “gritas consignas a viva voz”, causando con eso una “alteración del orden público” en la calle en que se encontraban.

Una vez demostrado en base al mismo parte policial y otros antecedentes que los estudiantes estaban en la acera, por donde centenares de personas se desplazaban con lienzos y en medio de diversos cánticos al punto de inicio de la marcha convocada en Plaza Italia, lo que tornaba el “indicio” en algo bastante  ridículo, el juez de garantía procedió a declarar ilegal la detención, y el fiscal fue razonable y dejó las cosas hasta ahí. Destaco esto porque a partir de las modificaciones introducidas al CPP en el 2008 por la primera “agenda corta anti-delincuencia” (promovida por el primer gobierno de Bachelet) se permite a la Fiscalía formalizar cargos contra una persona a pesar de que su detención haya sido declarada ilegal).     

Como sea, a pesar de lo absurdo de las acusaciones, el estudiante –que no había tenido contacto previo con el sistema penal- estuvo detenido por más de 24 horas.

CASO 3: MERODEADORES CON ASPECTO ANARQUISTA, CONTROL CON INDICIO DUDOSO, DERIVA EN DETENCIÓN Y ES VALIDADO POR JUEZA DE GARANTÍA

En mayo del 2014 se realiza un Conversatorio en un Centro Social Ocupado de la comuna de Pudahuel. Carabineros se mantiene cerca realizando controles de identidad toda la tarde a cualquier persona que parezca ir yendo o retornando de la actividad. En uno de ellos, realizado a dos personas que iban caminando junto a sus bicicletas, encuentran dentro de la mochila de una de ellas un cortaplumas pequeño.

El control se convierte en detención por delito flagrante de “porte de arma blanca” (art. 288 bis del Código Penal). Se trata de un delito bien curioso, inventado en el año 2004, porque el propio texto legal señala que el porte está penalizado sólo si es que no se logra “justificarlo razonablemente”. La justificación en este caso no es aceptada: se usa para desmontar la cámara si resulta necesario hacer reparaciones a la bicicleta.

En la audiencia de control de detención, al otro día en la tarde, reviso el parte policial: “La Central de Comunicaciones de Carabineros fue alertada mediante un llamado anónimo de que merodeaban por el sector dos personas con bicicletas y aspecto anarquista”.

Como ya se ha quedado claro recientemente con el caso de dos personas que estuvieron encarceladas gracias a un “testigo reservado” que dijo que habían quemado un bus, todas esas actuaciones “anónimas” suelen encubrir las andanzas de la propia Inteligencia policial.

En este caso, tratamos de que se declarara la ilegalidad de la detención, cuestionando el que el andar caminando por ahí con “aspecto anarquista” puedo constituir un indicio serio de los que exige el artículo 85. Además, ¿en qué consiste ese aspecto anarquista? ¿En qué se diferencia del aspecto marxista, rastafari,  animalista, o….? No tiene ninguna lógica más allá que la de criminalizar visualmente a un conjunto de “contraculturas” que la policía y un sector de la sociedad han construido como sospechosas de disidencia política radical. Se trata ni más ni menos que de una nueva forma de detención por sospecha.

La Jueza de Garantía señala que no le gustan las denuncias anónimas, y que en efecto controlar a alguien por su aspecto es una detención por sospecha, pero que…el parte indica de todos modos que los jóvenes andaban “merodeando”, y que eso sería para ella lo que configura el indicio de que tal vez querían cometer un delito, por lo cual procedió a declarar la legalidad de la detención.

Merodear según el Diccionario es: “vagar por las inmediaciones de algún lugar”. Así que tengan cuidado si les gusta caminar a la deriva, o asegúrense de presentar un aspecto de ciudadano respetable, amante de la ley y el orden, la explotación y la dominación.




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sábado, octubre 24, 2020

Cuestiones de Hinteligencia 

Por otra parte, si en verdad quieren ir a votar y no se consideran anarquistas sino que comunistas, es mucho más fácil buscar argumentos y citas históricas que avalen su postura. Entiendo que hasta Amadeo Bordiga, el "abstencionista", acató la disciplina leninista cuando implicaba ir a votar. Mucho mejores que algo que andaba diciendo una "comunista libertaria" en cuanto a que votar o no votar no se trata de principios sino que de métodos. 

Por ejemplo Marx y Engels, en el Manifiesto Comunista (1847/8): "Resumiendo: los comunistas apoyan en todas partes, como se ve, cuantos movimientos revolucionarios se planteen contra el régimen social y político imperante.

En todos estos movimientos se ponen de relieve el régimen de la propiedad, cualquiera que sea la forma más o menos progresiva que revista, como la cuestión fundamental que se ventila.

Finalmente, los comunistas laboran por llegar a la unión y la inteligencia de los partidos democráticos de todos los países.

Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones.  Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente. Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista.  Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas.  Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar".

No sé si es tan clara hoy en dia esta cuestión, pero es evidente que ahi justifican un cierto etapismo que a mi juicio hoy no tiene mucha base social, pues aunque la mayoría hable de "oligarquía", es la burguesía la que ya domina en Chile hace muuuuuucho tiempo.


"La contra-revolución molecular" fue publicada en la revista CARCAJ, que adjuntó esa tremenda foto de una acción antifascista ejecutada solitariamente por una viejita en la ciudad sueca de Lund, donde los fascistas solían marchar una vez al año en los 90. No se pierden el fanzine de Carcaj a 1 año de Octubre

¿Es sorpresivo que en menos de 1 mes se haya detenido a 3 marinos en medio de protestas violentas? No señor/a. Un reportaje de Interferencia deja en claro el por qué. Además, los dejamos con esta columna sobre la Hinteligencia del Estado, publicada en La Voz de los que Sobran:

“Inteligencia: el proceso sistemático de recolección, evaluación y análisis de información, cuya finalidad es producir conocimiento útil para la toma de decisiones” (art. 2 letra a), Ley 19.974).

En 1986 se editó y circuló bastante un libro que no he vuelto a ver: “La Hinteligencia militar”, atribuido a Alejandro Gomabieta. El interior del llamativo artefacto o “libro-objeto” era una gran cantidad de hojas completamente en banco. En la solapa había algunos comentarios, del cual sólo recuerdo este: “Nunca se había dicho tanto con tan poco”. Ediciones posteriores, incluyendo una versión “bilingüe, corregida y aumentada” (Oxímoron, 2016), señalan como autor a Sergio Pesutic.

¿Cuánto ha cambiado la situación cuatro décadas después? ¿Poco y nada? ¿O hubo algún cambio sustantivo? Siendo dialécticos, siempre hay algo que cambia y algo que permanece.

Por ejemplo, después de la disolución de la Central Nacional de Informaciones de Pinochet y Contreras, y su posterior reemplazo por la Oficina de Seguridad Pública de Aylwin y Schilling, hubo que esperar hasta el 2004 para contar con una regulación legal del “Sistema de Inteligencia del Estado” (SIE).

Desde la ANEPE (Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos, entidad encargada de la educación superior del sistema de defensa nacional) hasta el hoy senador Schilling (PS) se quejan de que en realidad no tenemos un sistema de inteligencia, sino que varios subsistemas (inteligencia gubernamental, policial, militar y de cada rama de las FFAA y de Orden) que no comparten mucha información entre sí.

Según los “Cuadernos de trabajo” de la ANEPE referido al tema la razón para dicha “balcanización” del sistema tiene que ver con el trauma histórico de los crímenes de lesa humanidad cometidos por los servicios de inteligencia que accionaron durante la dictadura, y por eso se optó en la Ley 19.974 por crear una Agencia Nacional de Inteligencia al servicio de gobierno que se dedicara más bien a obtener y procesar información, sin “capacidad operativa” propia. Dicha Agencia coexiste con las otras formas de inteligencia externa e interna, pero hay consenso en que no hay un “sistema” pues no existe una “política de Estado” en esta materia.

Los defectos del sistema han sido públicos y notorios desde hace un buen tiempo, entre otras cosas por su escasa eficacia predictiva. Por eso es que el actual gobierno ha impulsado un proyecto de ley para “fortalecer y modernizar” la ANI y todo el sistema de inteligencia (Boletín 12204-02), en cuyo Mensaje se señala que “el Sistema de Inteligencia del Estado (SIE) vigente obedece a premisas que no responden adecuadamente a las necesidades actuales”.

Esto días hemos conocido dos tipos de informes de inteligencia en relación al estallido de octubre del 2019. Mientras la ANI sencillamente se dedicó a alertar sobre la posibilidad de que las que las evasiones convocadas por secundarios derivaran en hechos de violencia, sin advertir de una posible asonada popular en todo el país, la Dirección de Inteligencia del Ejército elaboraba una especie de “Plan Z” versión 2019, centrado en una ficticia invasión chavista desde Venezuela, muy acorde al imaginario de la derecha dura, que motivó al Presidente a hacer su desafortunada declaración de guerra ese domingo 20 de octubre. En este caso, la “toma decisiones” en base a “información de inteligencia” tuvo efectos desastrosos, escalando considerablemente los niveles de  violencia social y represiva.

Aparte de avalar malas decisiones, algo que no cambia en todo este tiempo es la tendencia inmanente del sistema a violar derechos fundamentales de las personas más allá de los límites constitucionales y legales, por lo general desde la más completa oscuridad e impunidad. Porque en general la actividad de inteligencia es secreta, y consiste no sólo en analizar información a la que se accede por “fuentes abiertas”, sino que diversas formas de espionaje e injerencias en la vida privada de las personas definidas como “blancos” de investigación.

Es totalmente lógico pensar que casos como la “Operación Huracán”, donde al alero de la Ley de Inteligencia se inventó prueba para inculpar a comuneros mapuche por “asociación ilícita terrorista” y la gran cantidad de actuaciones en relación a organizaciones sociales y políticas detectadas en la filtración “Pacoleaks” son sólo la punta de un iceberg realmente enorme cuya parte oculta no alcanzamos ni a imaginar.

A pesar de ello, otro elemento que permanece en el tiempo es el constante reclamo por parte de policías y fiscales que dicen que no cuentan con las herramientas legales adecuadas para cumplir con sus labores antiterroristas y/o de inteligencia, a pesar de que en la práctica ya cuentan con un arsenal impresionante de medias intrusivas y tecnología de punta para aplicarlas sin mayor esfuerzo, con muy débiles controles civiles y escaso respeto a la legalidad vigente. Esos reclamos se usan como evidencia “científica” de la necesidad de estas reformas legales por parte de los sectores que las promueven, que no son sólo los partidos de derecha.

El caso del Carabinero infiltrado es las ollas comunes de Lo Hermida es completamente demostrativo de cómo se hacen este tipo de actuaciones hoy en día.

En primer lugar, si bien la Ley que crea el Sistema de Inteligencia del Estado permite dentro de sus “procedimientos especiales” que se utilicen agentes encubiertos, éstos  “estarán limitados exclusivamente a actividades de inteligencia y contrainteligencia que tengan por objetivo resguardar la seguridad nacional y proteger a Chile y su pueblo de las amenazas del terrorismo, el crimen organizado y el narcotráfico” (art. 23).

No entra en este tipo de actividad las “ollas comunes”, y ya es ilegal y escandaloso en sí mismo el hecho de  que se les estime como una forma de criminalidad organizada.

En segundo lugar porque si bien los Ministros de la UDI Pérez y Bellolio (el primero proveniente de los viejos tiempos de la Hinteligencia Militar del período 1973/1990) se apresuraron en señalar que todo era “perfectamente legal”, incluso la incitación a realizar ataques incendiarios a una Comisaría, no cabe duda de que la Ley de Inteligencia no permite el uso de “agentes provocadores”, pues lo que se autoriza en su artículo 31 es que los “directores o jefes de los organismos de inteligencia militares o policiales, sin necesidad de autorización judicial, podrán disponer que uno de sus funcionarios”, siempre en el marco de las actividades señaladas en el art. 23, “oculte su identidad oficial con el fin de obtener información y recabar antecedentes que servirán de base al proceso de inteligencia a que se refiere esta ley. Para tal objetivo podrá introducirse en organizaciones sospechosas de actividades criminales”.

Así que a la ilegalidad ya señalada se agrega esta otra, aún más escandalosa, pues va mucho más allá de lo que la ley permite, siendo entonces además inconstitucional por violar el principio de legalidad (arts. 6 y 7 de la Constitución). Lo mismo pasó en la Operación Huracán, cuando la Corte de Apelaciones de Temuco le validó a la inteligencia policial diligencias intrusivas que ya habían sido efectuadas, lo cual va claramente en contra del sistema de autorizaciones judiciales previas que contempla la Ley 19.974.

En el Mensaje del Boletín N° 12.589-07, proyecto de “ley corta” presentado el 2019 con el que Piñera y Chadwick buscaban reforzar la Ley Antiterrorista, sus autores señalaban que “si bien la misma definición del delito terrorista de la ley N° 18.314 conlleva una dificultad para configurar el carácter de tal, es la falta de inteligencia policial y de herramientas de persecución lo que en gran medida ha hecho fracasar una serie de causas donde se pretendía condenar bajo la ley que sanciona conductas terroristas”.

La sola lectura de los artículos 23 y 31 de la Ley 19.974 demuestra que lo segundo es falso: la facultad de usar “herramientas” como la infiltración de agentes encubiertos en organizaciones sospechosas de terrorismo ya existe, y se aplica ampliamente, incluso en contra de los amplios requisitos y precarios límites que le impone el texto legal.

La primera afirmación, sobre falta de inteligencia, no la vamos a refutar pues, como dice el viejo refrán jurídico: a confesión de parte, relevo de pruebas.


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sábado, septiembre 05, 2020

¿Como ACABar con la policía? Convocatoria revista Carcaj.cl septiembre/octubre 2020 

 en vez de “te amo” di a la mierda la policía / en vez de
“los fuegos del cielo” di a la mierda la policía, no digas
“reclutamiento” no digas “trotsky” di que se joda la policía
en vez de “despertador”, di a la mierda la policía
en vez de “mi traslado diario” en vez de
“sistema electoral” en vez de “viento solar sin fin” di que se joda la policía
(ACAB: una canción de cuna, Sean Bonney)
La yuta, los pacos, los tiras, la jura, los cerdos, los tombos, ¡están por todas partes! La mayoría de nuestras experiencias sociales parecen hoy estar permeadas, contabilizadas o cuadriculadas por ellos; sus zonas de intervención, sus medios de vigilancia y sus métodos de represión se han hecho cada vez más intensos; el paqueo se ha vuelto masivo y generalizado. Tanto así que uno casi llega a olvidar que se trata de una invención reciente: la policía no siempre tuvo su lugar en la historia de las sociedades. 
¿Cómo fue que la promesa de la polis, la ciudad libre y autoorganizada, se convirtió en una pesadilla policial? ¿En qué momento se hizo más fácil imaginar una sociedad sin capitalismo que una sociedad sin policías?
¿Y qué es la policía, en todo caso? ¿Qué entendemos cuando la nombramos? ¿La violencia legítima del Estado? ¿Una banda narco-criminal institucionalizada? ¿El brazo armado de la élite, destinado a asegurar el orden de dominación y los procesos de acumulación capitalista? ¿Es una institución, una función, una técnica de gobierno sobre los cuerpos?
Una constante del pensamiento vigilado nos ha querido convencer de que la policía se justifica, de una vez y para siempre, en una función impostergable: evitar el crimen. Pero el crimen no es tanto lo que la policía viene a combatir, como su materia prima y su producto. Por eso una campaña de carabineros podía hace poco proclamar “somos la frontera entre la ciudadanía y la delincuencia”:  porque de lo que se trata, ante todo, es de asegurar que esa frontera exista. Hacerla emerger, marcarla y controlarla. Lo que cambió realmente con la aparición de la policía no fue, entonces, una verdadera disminución en la tasa del crimen, sino algo en la organización más íntima del Estado: el descubrimiento de una verdadera industria en torno a la distribución, asignación y “prevención” del delito. La ciencia de la policía es desde entonces inseparable de una demonología de las figuras del criminal, en la que la discriminación racial, la diferenciación sexual y la subordinación de clase son los marcadores fundamentales. 
No se trata simplemente de que la policía discrimine, no es solo que sea racista: la yuta es una verdadera fábrica de la segregación, una máquina de producción de abusos y desigualdades. Por eso, la violencia descontrolada, los asesinatos, violaciones, torturas; los llamados elegantemente “excesos” en el uso de la fuerza, nunca serán “hechos aislados” ni simples errores en la ejecución de algún protocolo, sino que son los efectos de una condición muy precisa que le permite a la policía desatar la violencia en múltiples formas y con total impunidad, mientras la justicia que imparta deje en claro su carácter de clase.
Por eso la cuestión decisiva, el límite de cualquier teoría revolucionaria o insurgente, quizá siga siendo en el fondo el problema de cómo defendernos. ¿Qué hacer frente al monopolio de las armas y la violencia? E incluso, ¿es posible pensar la abolición de la policía? ¿Cómo acabar con los pacos? ¿O acaso serán estas otras preguntas inútiles, y habrá que resignarse a seguir mencionando para siempre alguna que otra necesidad de reformar, desmilitarizar, o democratizar la institución policial? 
Si hasta ahora amplios sectores de la población podían vivir con la idea de que el copamiento policial no les concernía, porque no eran afroamericanos en Estados Unidos, Mapuche en Wallmapu o pobladores de la Legua, hoy se ha hecho evidente que esos territorios de presencia policial intensiva operan como grandes laboratorios de una arremetida contrainsurreccional en curso, lista para ampliarse en cualquier coyuntura crítica, ya se llame octubre, coronavirus o hambre.  
Así, como era de esperar, y en continuidad con la cacería humana que tuvo lugar como respuesta represiva a la insurrección de octubre -por la cual aún hoy hay más de 2.500 personas encarceladas y cerca de 400 mutiladxs-, un considerable reforzamiento del aparato policial ha ido teniendo lugar estos últimos meses, marcado por el gasto exorbitante en armamento y equipos de alta tecnología, un proyecto de reforma al sistema de inteligencia, leyes de protección especial a los pacos, y un gran paquete de leyes represivas que vienen tramitándose desde el año pasado. Mientras, en las calles el toque de queda se extiende noche a noche, y el peso de todas esas noches cae sobre Wallmapu llenándose de milicos; cae sobre lxs presxs, las hortaliceras, las comunidades asediadas, los territorios devastados por el extractivismo neoliberal, y cae como represión continua a toda forma de protesta u organización social, incluso contra las ollas comunes y centros de acopio que se levantan para hacerle frente al hambre en las poblaciones; cae brutalmente la noche policial sobre Alejandro Treuquil, Macarena Valdés, y todxs lxs George Floyd de las periferias del mundo, asesinadxs sin cámaras presentes ni tiempo para gritar “no puedo respirar”, que parece ser el único grito posible en un mundo de mascarillas, apestado de lacrimógenas y del olor a putrefacción del capitalismo.
La presencia policial es asfixiante; la policía misma es un monstruo de confinamiento. De ahí que el modelo privilegiado de sociedad policial sea la cárcel. Y el hecho de que el encierro domiciliario se convierta hoy en un modo de vida masivo muestra justamente la consolidación de las formas policiales de organizar el mundo. De lo que se trata para la policía es de que todo esté en su lugar; impedir la posibilidad del encuentro. Todo el discurso de la seguridad por el que llenan las ciudades de pacos, drones y de cámaras, no es sino una gran guerra contra la imprevisible química de los cuerpos que se juntan, se comunican, se organizan. 
Lo que está detrás de esa guerra preventiva es, en el fondo, el mismo presupuesto antropológico sobre el que descansa la existencia de la policía: que su presencia es necesaria para la convivencia colectiva; que si no fuera por ella nos terminaríamos matando unxs a otrxs. En ese sentido, ¿no es siempre la solución policial una especie de montaje?
Sin embargo, la idea de presencia policial, y el proyecto de una institución como cuerpo de la violencia legítima del Estado, ya ni siquiera nos da una imagen completa de lo que es la policía. Ésta se ha vuelto hipertrófica y descarnada. Primero fueron sus cuerpos los que comenzaron a acumular prótesis, más cubiertos que tortuga ninja, armados hasta los dientes, acoplados a un guanaco, una tanqueta o un zorrillo: el cuerpo de la policía comenzó a robotizarse, a vestirse cada vez más a lo robocop. Pero en nuestros días la policía se ha sofisticado hasta el punto de poder prescindir de cuerpo y de lugar físico, saltándose los protocolos de la presencia. La comisaría virtual está, de algún modo, en todas partes. Solo se necesita tener -y esto es lo fundamental- una buena conexión a internet. Todo un entramado de sistemas de televigilancia, algoritmos y plataformas arman hoy la red de una tecnopolicía en la que el dogma del orden público parece haberse aliado definitivamente con el culto del beneficio privado. 
¿Cómo es que la policía ha conseguido capturar y canalizar los deseos colectivos de justicia, protección, o castigo del crimen? ¿Cómo comenzamos por enfrentarnos al propio paco inscrito en nuestros deseos y en nuestras prácticas? ¿Qué sería a partir de allí crearse cuerpos y relaciones no policiales? ¿Qué otros horizontes posibles se abren a partir de las recientes (y las no tan recientes) experiencias de creación y posterior desmantelamiento de zonas autónomas y libres de policías?
¿Y cómo afirmar una vida colectiva contra toda policía, contra el jefe-paco, el marido-paco y el papá-paco? ¿Cómo resistir al paqueo en todas sus formas a través de otras prácticas y escrituras? 
Les extendemos estas preguntas y reflexiones, como una invitación a crear, escribir y resistir en estos tiempos de copamiento policial,
+poesía
-policía
Carcaj

Convocatoria:
Carcaj es una revista cultural abierta a participación. Recibimos artículos, ensayos, poemas, crónicas, cuentos y material gráfico. 
Las contribuciones para la presente convocatoria -«Cómo ACABar con la policía»- serán recepcionadas hasta el domingo 18 de Octubre.
Durante todo el resto del año recibimos colaboraciones no sujetas a las convocatorias temáticas.
¿Cómo colaborar?
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viernes, diciembre 13, 2019

13.12: A.C.A.B. internacional day 


A.C.A.B.



Tal vez la sigla más presente en las calles de Chile hoy, me ha sorprendido un poco que casi nadie sepa de donde proviene.

All coppers are bastards…

“Todos los pacos son bastardos” -que no es exactamente lo mismo que “hijos de puta” pero por ahí va- es una sigla popularizada desde que la banda de Oi! 4-Skins lanzara la canción “A.C.A.B" en su álbum de 1982 “El bueno, el malo y los 4-Skins”. El oi! es la variedad de punk callejero disfrutada sobre todo por los skinheads de fines de los 70 y los 80. Los 4-Skins (juego de palabras que mezcla 4 skinheads –los miembros de la banda- con los escrotos: foreskin), como muchas otras bandas de ese subgénero (Last Resort, Blitz, Business, Combat 84) bordeaban peligrosamente la línea del fascismo, a veces más por sus seguidores que por ellos mismos, pero la ambigüedad política del oi! siempre ha sido evidente.

En fin: este cuarteto británico logró meter en una canción de poco más de minuto y medio el odio lumpen/prole contra los pacos, de manera magistral (el oi! suele ser bastante simple y eficaz).

Por si no quieren escucharla en la versión original, hay también una de los Oppressed, banda skin pero notoriamente antifascista y antirracista.

La expresión ACAB sería en todo caso mucho más antigua que eso. Según informa Wikipedia: “Eric Partrige en su libro “Dictionary of Catch Phrases” estima que las primeras apariciones datan de 1920, siendo usado en la jerga de delincuentes, pero no fue hasta el año 1977 cuando un periodista de un periódico local de Newcastle (Reino Unido), después de una visita a la cárcel local, mencionó en un artículo que dicho término se encontraba en las paredes de las celdas”.

Lo más interesante el día de hoy, 13 de diciembre, es esto: “el número 1312 se utiliza como sinónimo de A.C.A.B. el cual resulta de la sustitución de las letras por el número que ocupan en el abecedario, siendo utilizado este término en ocasiones con el fin de utilizarlo visiblemente con cierta impunidad, al ser este término ligeramente menos conocido.

El día 13 de diciembre se considera el día “A.C.A.B.”, y todos los años se pueden ver en las redes sociales (como Twitter y Facebook) o incluso en carteles y pegatinas en las ciudades multitud de mensajes con dicho término”.

Ayer le pegaron a un paco entre varios proles juveniles de 1ra línea. La indignación de Rozas y Ubilla es tal, que resulta ofensiva. No se vió la misma indignación para informar ni menos condenar el apaleo masivo que le dieron a Alex Nuñez en Maipú los primeros días de la insurrección, que la causaron la muerte, por dar un solo ejemplo. Y lo más grotesco es que según estos genocidas no se explican el por qué alguien podría llegar a hacer  algo así…¿En verdad que no lo saben? ¿Qué harías tú si a tu amigo, hijo o hermano los pacos les sacaran los ojos a perdigonazos?

Veamos lo que dice emol hoy:

“El incidente en cuestión ocurrió en la intersección de las calles Irene Morales con Merced, cuando encapuchados atacaron por sorpresa a una sección completa de carabineros de la Escuela de Suboficiales. Fue ahí cuando Matamala quedó desprotegido y recibió diversas agresiones de parte de los manifestantes”.

O sea:
-no fue un “cobarde ataque” de varios contra uno, sino que
-los “valientes” compañeros de armas del pobre desgraciado lo dejaron tirado, solo, ergo, arrancaron.

Otra cosa digna de resaltar es que el OS-9 de los pacos "encontré" de inmediato a algunos atacantes y los detuvo.  Mientras tanto, aún no se sabe quien dejó ciegos a Gustavo Gatica y Fabiola Campillay...

En otro frente, dado que ya han usado granadas de aturdimiento y amenazan con amas acústicas, aparentemente algunxs proles juveniles estarían dándoles a priori de probar de su propia medicina:

"Tenemos otro funcionario que recibió el estallido de un fuego artificial y en estos momentos se está viendo. Tiene un trauma acústico con pérdida casi total de la audición", manifestó.

(Fuente: Emol.com - https://www.emol.com/noticias/Nacional/2019/12/12/970278/Carabineros-brutal-agresion-funcionario-Plaza.html)



Siguiendo esa misma idea, el sonido como arma, el otro día un grupo de entusiastas trataron de atacar a las Fuerzas Especiales escondidas bajo el metro con ruido de bronces (2 saxos tenores, 2 saxos altos, y 1 trompeta). He aquí un breve registro para que se hagan una idea y ojalá la práctica cunda por el territorio.

La periodista Mónica González acaba de responder una antipática carta que le envió el Alto Mando de Carabineros. Les dejo la primera parte, muy notable, y recomiendo leerla entera en CIPER Chile.

“Santiago, 11 de diciembre de 2019
Señor Mario Rozas
General Director de Carabineros:

Me dirijo directamente a usted en relación con la carta que en su representación le envió al director de CIPER, Pedro Ramírez, la persona individualizada como Jorge Parra Aguilar, de la “Defensoría Jurídica del Personal (J.2.) de Carabineros de Chile”.  En ella se intenta desmentir los hechos que aparecen consignados en el artículo “Furia desatada en Carabineros: sin control y sin piloto”, publicado por CIPER  el 12 de noviembre pasado y del que soy la autora, acusándome de “falta de rigurosidad periodística” y de hacer imputaciones “sin fundamento alguno”.

Al respecto, quisiera punto por punto mostrarle a usted que ninguno de los hechos que en el citado artículo se mencionan carece de sustento. Y que, releído con atención hoy, a la luz de los hechos de público conocimiento -y de otros que yo misma he continuado recabando desde el 12 de noviembre-, debo afirmar que la ausencia de respeto al mando que usted ejerce sobre los 60 mil hombres que componen su institución, constituye un problema mucho más grave que hace un mes para la seguridad del país y la integridad física de los ciudadanos que lo habitan.

La afirmación que vengo a sostener se sustenta en varios hechos que paso a consignar:

1-. En el informe entregado el 26 de noviembre por la ONG internacional Human Rights Watch, tras dos semanas de trabajo en terreno en el país, junto con denunciar que “Chile enfrenta una situación de extrema gravedad en el orden público”, y que los efectivos de Carabineros que son los encargados de restaurar el orden público cometen en el desempeño de esta función, “graves violaciones a los derechos humanos”, se recomienda -y con urgencia- una profunda reforma a Carabineros.

El director de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, concluyó sobre el contenido de ese informe que en Carabineros existe “una cultura de abusos sin que haya ninguna consecuencia”. Y dio ejemplos: “uso indiscriminado e indebido de armas y escopetas antidisturbios, abusos contra personas detenidas y sistemas de control interno deficientes, facilitaron que se produjeran graves violaciones de los derechos de muchos chilenos”.

Y respecto de la responsabilidad del general director de Carabineros en estos hechos, aludiendo directamente a su responsabilidad, José Miguel Vivanco afirmó:
“No es posible que la máxima autoridad de Carabineros no conozca, no sepa, cuál es la composición material de los perdigones. Me parece que es elemental de cualquier fuerza pública en el mundo que por lo menos conozca con mayor precisión no solo las consecuencias que tenga el uso de estas escopetas (antidisturbios), sino la composición y las reglas del juego para usarlas”.

No solo a José Miguel Vivanco le pareció impresentable su primera declaración pública al respecto, en la que desmintió el estudio de la Universidad de Chile que indica que los perdigones que dispara en las manifestaciones el personal bajo su mando contienen plomo, entre otros componentes que provocan daño importante en las personas, y que incluso puede ser letal; para luego tener que reconocerlo y deslindar responsabilidad en el proveedor de los perdigones, diciendo que usted desconocía su composición.

Esa actitud habla por sí sola del desconocimiento que tiene de protocolos, procedimientos y adquisiciones en áreas clave de una institución que debe garantizar el orden público y la seguridad de los habitantes de este país. Sus dos declaraciones fueron escuchadas por los cientos de miles de personas que en estos 54 días han comprobado personalmente, o a través de los testimonios de sus familiares y amigos, la violencia sin control que despliegan sus hombres contra quienes se manifiestan en forma pacífica, en contraste con la inacción que se percibe frente a grupos organizados de delincuentes o del narcotráfico.

Su actitud fue leída por muchos como la vía para endosar la responsabilidad por las más de 1.550 personas que han sido heridas y atendidas en hospitales a causa de la violación de los protocolos del uso de estas armas antidisturbios. Una actitud muy poco digna de la investidura que aún lleva.

El mismo día que se conoció el informe de Human Rights Watch, el gobierno informó -a través de su ministro del Interior- que le había solicitado al general director de Carabineros -es decir, a usted- un informe que debía ser entregado en el plazo de una semana. Y lo hizo. En ese informe de 36 páginas, usted intentó refutar los graves hechos que consigna el documento de Human Rights Watch.

Se cuestionan las cifras, específicamente la de la cuantía de heridos entre el 18 de octubre y el 22 de noviembre, que en esos días llegaba a 11.564 personas, de los cuales “más de 1.100 presentaban lesiones moderadas o graves” y “al menos 1.051 personas resultaron heridas por impacto de perdigones”. Para Carabineros, en el informe refrendado por usted, sus registros indicaban un total de 1.195 civiles lesionado hasta el 2 de diciembre, de los cuales solo 376 presentaban heridas de perdigones “cuya autoría aún no se encuentra determinada por los órganos persecutores”. También refutaron las cifras de abusos sexuales.

Sobre este último punto, en el informe de Carabineros que usted firmó, se lee: “Agrega el informe HRW (Human Rights Watch), la existencia de 74 casos relacionados con abusos sexuales en que los detenidos fueron obligados a desvestirse y hacer ‘sentadillas’ en las comisarías, sin que existan elementos de convicción que permitan sostener la efectividad de esos relatos”. Y agregó: “Por lo demás, varios de ellos han podido desvirtuarse en sede administrativa con la sola exhibición de cámaras de televigilancia existente en los cuarteles”.

Es decir, usted no reconoce ni una sola “sentadilla” en total desnudez a las que han sido obligadas menores en sus retenes, ni una sola tocación violenta en los genitales de detenidos hombres y mujeres y ni una sola violación. Y ello, a pesar de que, tal como le refutó José Miguel Vivanco el 5 de diciembre, las querellas por abusos sexuales desde el 18 de octubre llegaban en esos días a 74, las que incluyen testimonios estremecedores. No hubo ni una sola información sobre sumarios en curso. José Miguel Vivanco lo dejó en silencio. Y se entiende.

Después del informe de Human Rights Watch vino el segundo pronunciamiento sobre el uso excesivo de la fuerza policial que hizo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) desde que se iniciara el estallido social el 18 de octubre pasado. En él se expresa la preocupación por el alto número de denuncias de violaciones a los derechos humanos, las que presentan un patrón de conductas de violencia en contra de manifestantes que se repiten. Junto con llamar al gobierno al “cese inmediato del uso desproporcionado de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad del Estado”, el organismo de la OEA expresó su alarma por el alto número de acciones judiciales por abusos sexuales contra menores que se manifestaban. Usted, señor general director, guardó silencio.

También guardó silencio cuando pese a la orden que emanó del gobierno prohibiéndole al personal bajo su mando disparar perdigones, debido al alto número de heridos que habían dejado esas armas antidisturbios en el país, se siguieron registrando heridos por la misma causa. Cientos de imágenes captadas por equipos de documentalistas que recorren el país registrando cada manifestación, muestran cómo sus hombres desobedecieron las órdenes de las autoridades. Y también se aprecia como efectivos policiales bajo su mando continuaron disparando bombas lacrimógenas directo al cuerpo y a corta distancia contra personas que manifestaban de forma pacífica.

El 6 de diciembre pasado el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), cuyas cifras se han constituido en el registro de la verdad sobre la vulneración de derechos en Chile desde el 18 de octubre, ya que su sustento son las cifras oficiales que sus funcionarios recogen en hospitales y comisarías en todo el país, entregó su último recuento:

Personas heridas y atendidas en hospitales: 3.449, de las cuales 254 corresponde a niños, niñas y adolescentes.
Heridos por lesión ocular: 352.
Heridos por disparos: 1.983, de los cuales 1.554 corresponden a perdigones, 180 a balines y 51 heridos por bala.
Denuncias por Tortura: 405
Denuncias por violencia sexual: 192.

El balance del INDH fue un duro golpe. Si a esa cifra se le suman las al menos 26 víctimas fatales que se registran desde el 18 de octubre, la dimensión de las violaciones a los derechos humanos cometidas principalmente por efectivos policiales bajo su mando adquiere una dimensión inédita en estos 30 años desde la recuperación de la democracia.
Pero eso no fue todo. Al finalizar la tarde del pasado 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, cuando miles de chilenos se reunieron pacíficamente a denunciar la violación de los Derechos Humanos que tiene lugar en estos días en Chile, sus hombres volvieron a violar los protocolos dejando en el centro de Santiago a 14 personas heridas por el impacto de bombas lacrimógenas, dos de ellas -una menor de 15 años y un hombre de 35 años- con riesgo vital al haber recibido el impacto directo en la cabeza.

Esa noche, el director del INDH, Sergio Micco, después de constatar el estado de salud de los heridos y la violación de los protocolos por parte de los efectivos policiales sin que nadie responda por ello, afirmó: “Exigimos que se cumplan los protocolos. Es público y notorio que estas situaciones siguen sucediendo, el dolor y el miedo se expanden y esto le hace más daño a la sociedad chilena. Hay cientos de testimonios que indican que esto sigue ocurriendo (disparo al cuerpo)”.

Horas antes se había reunido la comisión constituida por el gobierno para diseñar la reforma de Carabineros, la que ya no habló de “modernización”, sino que se sumergió en la “reestructuración urgente” de la institución debido a la gravedad y dimensión de las reiteradas violaciones a los derechos humanos provocados por efectivos de Fuerzas Especiales de Carabineros. Y se dio un plazo de 50 días para ello. Usted nuevamente guardó silencio. En los precisos momentos en que se está ejecutando una reingeniería profunda a su institución por las graves violaciones y delitos cometidos, el hombre que está al mando guarda absoluto silencio. Y sigue en su puesto.

El mismo silencio que usted mantuvo -aunque parezca increíble- cuando en la tarde de ayer miércoles 11 de diciembre el Senado aprobó la acusación constitucional en contra de quien fuera ministro del Interior hasta el 28 de noviembre, Andrés Chadwick. Y el fundamento de esa condena política es la responsabilidad que ese ministro tiene al no haber sido capaz de parar los graves abusos que han cometidos los efectivos policiales bajo su mando.

Lo hasta aquí relatado y ocurrido en estos 54 días transcurridos desde que el 18 de octubre se iniciara el estallido social protagonizado por millones de chilenos en las calles de distintas ciudades del país, indica que su permanencia y su actitud a la cabeza de Carabineros se ha constituido en la constatación de que en Chile se violan los derechos humanos en democracia, y sin costos para sus autores. Esta suerte de impunidad representa un problema grave no solo por la violencia ejercida sobre más de tres mil ciudadanos, sino por los juicios que mantendrán ocupado al Estado de Chile en los años que vienen. En esto, ya no hay vuelta atrás”.

Así que ya saben: que tengan un muy feliz 13 de diciembre, y no se olvide a de apoyar a lxs prsxs de la revuelta (van más de 2000, mientras a los pacos asesinos solo los llaman a retiro).



-Disturbio Menor en La Calera (vea la interpretación de “Armado y sin cerebro” con nuevo coro inicial: Uno tres!! Uno dos!!!).

-Manual de Combate, Aparcoa (single diciembre 2019).

-Mini Documental: El psicópata de la escopeta, sobre el gatillo fácil de Carabineros.


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miércoles, diciembre 04, 2019

BURGUESES ASUSTADOS Y METIENDO MIEDO/Convocatorias 


BURGUESES ASUSTADOS Y METIENDO MIEDO:


2 ejemplos notables: el tecnócrata de la educación Mario Waissbluth, y el ex miembro del Frente de Estudiantes Libertarios y actual gurú a distancia de la nueva derecha, Pablo Ortúzar (con sede en Oxford si no me equivoco).

En el primer caso, es notable su intento por vincular anarquistas con narcotraficantes (narcos y anarcos) y proponerlos como enemigo interno. Además, fiel a su tono de charlatán acreditado, acusa a mucha gente de ser “ayudistas” de la primera línea.

En el segundo, además de su evocación de tardes de violencia política en los pastos del campus  Los Presidentes, llama la atención como infunde el miedo a las balas de verdad que según insiste “aún no se han disparado”, coincidiendo en eso con Waissbluth, que incluso recomienda un “toque de queda real”.

Ambos coinciden en eso con las amenazas del Gobierno y hasta de tribunales en orden a que si no se deja que los pacos usen la escopeta antidisturbios como se les antoje, entonces no les quedará otra que responder a las piedras con balas de plomo.



Dejo algunos extractos:

CHARLATÁN 1:
Aclaremos que este pequeño pero muy potente ejército de violentistas, tal vez unos 10 mil, no son lo mismo que el muy pequeño grupo de anarquistas, unos 50 o 100, cuyos propósitos son muy diferentes, así como sus compinches narcos y de barras bravas, que a su vez también incluyen a narcos y anarcos. El núcleo más turbio de la sociedad. No hay nada mejor para el negocio narco que un Estado fallido, como lo es en extensas partes de Colombia, Venezuela y México. Ellos quieren la destrucción definitiva del Estado, así lo dicen sus manuales. Los jóvenes violentistas buscan el fin de su humillación y las injusticias, lo que para nada es lo mismo. Pero esta confluencia astral es simplemente letal. A los narcoanarquistas los pactos sociales o constitucionales no les interesan, todo lo contrario, les complican su negocio.

Sin quererlo o saberlo, los jóvenes violentistas, de 16 a 25 años, están contribuyendo a la guerra narcoanarquista, iniciada en una secuencia coordinada de atentados que por su magnitud pasará a la historia mundial del anarquismo. Tan solo las 57 estaciones de Metro, de las cuales las primeras siete fueron simultáneas, son suficientes para la medalla de oro olímpica. No ha habido nada parecido en magnitud por muchas décadas, en el mundo. Pasamos de ser la capital mundial del neoliberalismo extremo a la del anarquismo nihilista extremo, y están disfrutando de su avasallador triunfo, que no ha terminado y que muy posiblemente se extenderá masivamente a la temporada de incendios forestales. Ese es el peligro inminente.

Nada impide hoy que 50 narcoanarquistas en bus (o en Mercedes Benz si son narcos) se paseen por Chile con unas cuantas cajas de fósforos, botellas de acelerante y fuegos artificiales. Tiemblo de solo pensarlo. Ya comenzó en Valparaíso. Quien crea que esta tragedia es solo una explosión natural de ciudadanos irritados, se equivoca rotundamente, y esta confusión de muchos constituye el epicentro de mi miedo y mis propuestas.


(…)
La cuarta y última propuesta, que me hace temblar la mano al escribirla, es que haya un nuevo pacto político “por la paz y la justicia en serio”, que abarque a toda la izquierda y la derecha, para devolver el monopolio de la fuerza al Estado, el único que la puede y debe tener, y que la debe aplicar de manera firme pero proporcional, justa pero eficaz.

Esto significa en primer lugar que los ayudistas de izquierda comprendan en plenitud adónde nos están llevando con sus gustitos y que comiencen a denunciar la violencia en serio. Es necesario poner a los Carabineros en la calle con todo su poder, carabinas, guanacos y zorrillos, pero con todo el apoyo político necesario para ejercer la fuerza pública con la proporcionalidad necesaria. No tengo duda alguna de que Carabineros deberá ser intervenido y reestructurado completamente, más temprano que tarde, pero eso toma tiempo y no se puede hacer en medio de este megaincendio. Y si se necesitaran militares imponiendo un toque de queda real y no de escaparate, también. A estas alturas no podemos tenerle miedo a ninguna medida relevante, ni tampoco el Gobierno.





CHARLATÁN 2:
Temo, entonces, que las balas los despierten de su sueño. Las mismas balas que ellos gritan que “se van a devolver” sin entender que todavía no las han recibido. Y, especialmente, sin entender que los que las recibirán no serán probablemente ellos, los niños educados que sienten que el mundo no puede hacerles daño, sino sus compañeros de lucha más débiles. Temo lo mismo que teme el ex canciller socialista Gabriel Valdés en su comentada intervención, y me pegunto si no habrá una mejor manera de aprender sobre el valor de la democracia, los partidos políticos y la paz. Es difícil, porque claramente nuestro sistema democrático le falló a las esperanzas populares. Pero tiene que existir alguna forma.

(…)


Aclarar, por último, que la coerción estatal deberá necesariamente subir de grado y aumentar su fuerza en contra de quienes hagan desmanes para poder terminar con los actos de saqueo e incendio. Y que esa violencia legítima tiene un respaldo transversal, en la medida en que mantenga su foco en los delincuentes y su intensidad no traspase abiertamente el umbral de los derechos humanos. Advertirle a narcos, violentistas, barrabravas y otros que, así como no habrá impunidad en cuanto a las violaciones a los derechos humanos, ellos serán perseguidos hasta el final de los días. Y castigados con toda la fuerza que la ley permita. Y que si es necesario utilizar la fuerza militar en su contra, una vez que hayan sido identificados y aislados, así se hará. Hacerles sentir que se acabaron las miradas hacia el lado.

https://ciperchile.cl/2019/11/26/violencia-derechos-humanos-y-la-salvacion-de-la-republica/



ALGUNAS CONVOCATORIAS PARA MAÑANA Y PASADO MAÑANA:



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