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lunes, abril 04, 2022

“DESERTAD” (x Franco "Bifo" Birardi). 

 


Leo las palabras de viejos compañeros 

Leo las palabras de viejos compañeros que instan a enviar armas al pueblo ucraniano que lucha contra el invasor. Como dice Gad Lerner en un discurso reciente sobre el tema, “estamos caminando descalzos sobre vidrios rotos”, así que respeto los sentimientos de esos viejos compañeros míos, pero espero no parecer cínico si los invito a reflexionar sobre el contexto y el sentido general del proceso del que la guerra de Ucrania es el catalizador. 

Parece que hoy está prohibido pensar. Hay que tomar posición, hay una guerra de agresión desatada por la Rusia stalino-zarista, y hay una resistencia que involucra a la gran mayoría del pueblo ucraniano. Lo sé y parece innegable.

Sin embargo, antes de pronunciarme, si se me permite, me gustaría conocer el contexto histórico: desde la hambruna que mató millones de ucranianos en los años de Stalin, hasta el apoyo que la mayoría de los ucranianos dieron a Hitler durante la guerra, hasta la eliminación de 1,2 millones de judíos por las SS ucranianas, hasta la política de expansión de la OTAN hacia las fronteras de Rusia.

¿Se me permite estudiar historia, se me permite comprender? O, queridos viejos compañeros que ahora son intervencionistas, ¿sólo es lícito tomar una posición, sin comprender, sin saber?

Conocí a esos compañeros míos en las ocupaciones contra la guerra estadounidense en Vietnam, juntos crecimos en la cultura del internacionalismo, creyendo que estábamos viviendo el amanecer de una época más feliz y no, como sabemos ahora, el ocaso de la civilización humana.

Juntos pensábamos que la nación era un concepto brutal y estúpido, herencia de una era bestial de la que la cultura podía emanciparnos.

Juntos pensamos que la nación era una máscara de depredadores competidores que envían a los niños a morir para obtener ganancias.

Ingenuamente juntos, pensamos que la cultura podía emancipar a mujeres y hombres de esa bestialidad. No sabíamos que la cultura estaba destinada a disolverse a raíz del darwinismo neoliberal que restauró la ley natural de la selva en la que sólo puede vivir quien sabe matar. No sabíamos que la bestia estaba destinada a resurgir como un monstruo de dos cabezas que ahora se muerden entre sí. Las dos cabezas son el globalismo capitalista y el nacionalismo soberano: de sus mordiscos proliferan pequeños monstruos nacionales.

Hace veinte años, las multitudes se unieron bajo el grito patriótico “todos somos estadounidenses”, y agitaron sus pañuelos para saludar a la gran empresa afgana que finalizó el 21 de agosto de 2021, ya sabemos cómo. Ahora, las 24 horas del día en las redes unificadas hay una demostración de heroísmo a través de terceros. La persona interpuesta es el pueblo ucraniano, incitado, instigado, exaltado por una multitud de simpatizantes emocionados que siguen agitando sus pañuelos. Pero esta vez el espectáculo puede extenderse a la audiencia, involucrar al público y aplastar lo poco que queda de la vida civil. 

Vi ‘Invierno de fuego’

Vi Invierno de fuego del director ruso-israelí Afineevsky. Una película que narra, sin dibujar el contexto nacional e internacional, la resistencia del pueblo, la solidaridad ciudadana, el orgullo nacional, la determinación implacable. Aunque me resulta difícil compartir el nacionalismo como se presenta, entiendo esto: si los ucranianos pudieron resistir la violencia brutal de los Berkuts de Yanukovych con sus propias manos, hoy, con las armas que les enviamos, podrán resistir como leones al ejército de Putin. Y morirán por miles. Y matarán a miles de soldados rusos, veinteañeros enviados a morir por la locura criminal de Putin.

Nosotros enviamos a los ucranianos al frente. Les prometimos la OTAN, Europa y la libertad. La libertad de la que goza Julian Assange, de la que disfrutan los estadounidenses negros y los trabajadores precarios de todo el mundo. Les prometimos democracia, la que vivieron los griegos en el verano de 2015.

A cambio de su libertad, les pedimos que mueran por la OTAN, aunque la llamen Unión Europea.

Pero ahora Zelenski nos llama: “Ucrania está dispuesta a morir por Europa. Veamos si Europa está lista para morir por Ucrania".

Europa está dispuesta a enviar armas, no a morir. Tampoco está preparada para encontrarse de la noche a la mañana sin calefacción y sin gasolina.

Animaremos desde las gradas.

Como en los días de los gladiadores.  

Es el momento Anders en la historia del mundo

El culto a la nación, a la raza, ha vuelto por todas partes a dominar la escena, y lo que se libra en Ucrania es una guerra de Hitler contra Hitler

Es el momento Anders en la historia del mundo. En la década de 1960, cuando la bomba atómica se apoderó de la imaginación, Günther Anders reflexionó sobre los efectos políticos y psíquicos de esa innovación tecno-militar. Judío, filósofo de educación heideggeriana, que emigró a América en los años del exterminio de su pueblo, Anders escribió, en artículos y libros que nunca tuvieron la circulación merecida, que el Tercer Reich era sólo el ensayo general de un espectáculo que (él lo dijo) verán nuestros nietos cuando el nazismo esté en todas partes. Ahora los nietos de Anders son testigos del triunfo del Nuevo Tercer Reich, el monstruo bicéfalo del supremacismo blanco que no acepta su declive.

Anders fue tratado con cierto desapego por parte de los académicos: un pesimista, decían de él los ensalzadores de las glorias de la democracia liberal.

Ahora es evidente: el culto a la nación, a la raza, ha vuelto por todas partes a dominar la escena, y lo que se libra en Ucrania es una guerra de Hitler contra Hitler. Guerra interna de exterminio en Occidente.

No es la primera vez que un poder blanco (por ejemplo los Estados Unidos de América) lanza campañas de exterminio contra poblaciones indefensas.

Gracias a las sanciones contra Irak en la primera guerra del Golfo, la mortalidad infantil pasó del 56 por mil en 1990 al 131 por mil en 1999. En 1996, el programa Sixty Minutes entrevistó a la embajadora estadounidense ante la ONU Madeleine Albright: “Parece que 500.000 niños iraquíes murieron a causa de los embargos. Es más que Hiroshima. ¿Es un precio justo a pagar?”. La respuesta fue digna del Putin que ahora vemos en acción: "Fue una elección muy difícil, pero sí, eso creemos”.

Pero esos muertos eran iraquíes, no pesaban mucho en la conciencia occidental. Los muertos de Mariupol nos impresionan particularmente porque la masacre ocurre dentro del mundo blanco, dentro de Occidente, ya que Rusia es Occidente, en el sentido de que es parte de la raza carnívora.

Lo que es Occidente no está claro. En términos geográficos, Rusia no forma parte de él. En términos políticos, Occidente es el mundo libre opuesto a la autocracia. Y, por supuesto, la geopolítica importa, y la política importa. Pero lo que más importa es la pertenencia cultural al mundo cristiano, blanco e imperialista. Desde este punto de vista, Rusia es Occidente. Occidente es la tierra del declive, la tierra del futuro que ahora está en declive. El futurismo ruso y el futurismo occidental tienen raíces diferentes pero el mismo significado: expansión. Y tienen la misma suerte: el agotamiento en que ni siquiera somos capaces de pensar, ya que el culto a la expansión nos ciega, y nos impide comprender que la expansión ha terminado y que Occidente se está extinguiendo.

Oeste es Rusia, América, Europa, un mundo de viejos que exorcizan la demencia con prótesis cognitivas e inteligencia artificial, de viejos que exorcizan la impotencia con proclamas de exterminio mutuo.

Esta es una guerra dentro de la raza carnívora que no se resigna a desaparecer, y como Sansón quiere llevarse al planeta entero al carajo. Aquí estamos en el último acto de la civilización blanca, rusa, europea americana: la destrucción de la civilización. 

Ilimitado es el poder del estúpido

Ilimitado es el poder del estúpido y se dice que ni los dioses contra él pueden hacer nada.

Macron declaró recientemente que la OTAN está en estado de muerte cerebral. Sin embargo, se ha levantado y como un zombi ha tomado el lugar de Europa, destruyendo definitivamente su misión constitutiva. Polonia es, de hecho, su vanguardia. La Polonia de Kazinski.

Biden ordenó a Alemania que rescindiera el contrato de Nord Stream. No sabemos cómo terminará la guerra en curso, pero sí sabemos que Biden ya ganó en este punto. Después de renunciar a Nord Stream, Alemania accede a armarse. Contra los rusos, de momento, quién sabe mañana.

El poder del estúpido es ilimitado, porque el estúpido está dispuesto a dañarse a sí mismo para dañar al otro.

La miseria se extenderá, ya que la sociedad tendrá que pagar los costos de un rearme general. Y el aire será cada vez más irrespirable

No está claro cómo saldremos de esta guerra. En el peor de los casos no saldremos de ella del todo: en vez de perder (todo), el Autócrata podría usar toda su fuerza y ​​destruir (todo). En el mejor de los casos, una ola de nacionalismo fragmentará el continente europeo en un mosaico de ejércitos fascistas en guerra entre sí y especialmente contra los inmigrantes no blancos. Las líneas divisorias son borrosas, porque los nacionalistas no conocen la lógica y no saben nada de universalidad.

No está claro cómo saldremos de esta guerra, pero lo cierto es que la miseria se extenderá, ya que la sociedad tendrá que pagar los costos de un rearme general. Y el aire será cada vez más irrespirable: las minas de carbón están reabriendo para satisfacer la creciente necesidad de energía. El Holocausto climático se precipitará.

Los gobiernos europeos incitarán a las mujeres a tener hijos por la patria blanca, pero el cáncer y el asma se extenderán junto con una pandemia de depresión suicida.

Sometida a una violencia ininterrumpida, la naturaleza ha recuperado el dominio: la naturaleza desatada de los mares crecientes y los fuegos devoradores, la naturaleza bélica de los humanos que han convertido la inteligencia en artificio y ahora son presa de la (il) lógica natural de la pasión por la identidad. Pasión asesina.

Pero ahora, también pasión suicida. 

En un pueblo en la frontera

Una docena de desertores llegan cada noche a un pueblo en la frontera con Polonia. No quieren quedar atrapados en una guerra de nación, quizás porque la idea de nación no les convence como no me convence a mí. Miles de jóvenes rusos huyen a Escandinavia y quién sabe dónde. No quieren ser reclutados por Putin para ir a matar a sus pares ucranianos, no quieren vivir en un país donde se persigue la libertad de expresión.

Se llevaron algunas cosas con ellos y se fueron para nunca volver. Son pocos, malditos como traidores a su patria, pero se van: quizás están enamorados y no quieren morir, quizás están asustados por el horror y no quieren matar. En todo caso, mi solidaridad, mi amistad va para ellos. Solo a ellos. Mi amistad va para todos los que desertan.

A los que desertan de la patria y de la guerra, a los que desertan del trabajo asalariado, a los que desertan de la procreación, a los que desertan de la participación política. A aquellos que han entendido que el cáncer ahora ha devorado el cuerpo y están buscando áreas de supervivencia y compartir en los márgenes de un mundo que se desintegra rápidamente.

Por todos los demás, rusos y ucranianos, estadounidenses e italianos, solo siento una compasión desesperada.

(Tomado de https://ctxt.es/es/). 

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miércoles, noviembre 03, 2021

Loa de Musci / Descomposición de la policía/ Comentario a "Evade" (JC/GC) 


Hay gente que cuando no tiene nada que decir guarda silencio. Hay otros que cuando no tienen nada que decir copian textos ajenos y tratan de hacerlos pasar por propios. 

Los materiales están ahí para ser usados. Eso es cierto. 

Pero el modo de empleo define al usuario y transforma el material para mejor o para peor. 


Parabien o paramal.




Para dar un ejemplo de manipulación creativa, podemos acudir a la sesión completa de 80 minutos del milanés Roberto Musci en 1983: The Loa of Music

En el cruce entre etnomusicología, grabando sonidos en lejanos viajes, y el montaje y modificación posterior en el estudio.

Homenajes a Wilhelm Reich y Harry Partch. El espíritu de ambos pioneros revivido en la magia del vudú sónico de la Música Musciana.

La "obra individual" queda vinculada a infinitos tiempos y espacios, logrando que el oyente viaje y viva varias vidas en cada escucha atenta.

Hay más obras del italiano y amigos como Giovanni Venosta, Luis Bacalov e incluso Ennio Morricone en el muy recomendable sello: Soave.




Recordé algo que me dijo el niño León a fines del 2018, luego de la ejecución de Camilo Catrillanca:

“al final, todo lo que la policía le dice a la gente que no haga porque está mal, lo hacen ellos igual nomás”. “Por ejemplo, matar; por ejemplo, robar”.

Redacté algo en base a ese recuerdo, que tras ser publicado en El Porteño, Radio Villa Francia y La Voz de los que Sobran, quedó acá en Carcaj, acompañado de esta notable foto de @pauloslachevsky

El conversatorio sobre ACABar con la Policía se puede ver también en su página. 



El sábado 23 de octubre se logró apenas pero bien el objetivo de estar en dos actividades la misma tarde.

Los dejo con el comentario de una vecina y compañera al libro gráfico Evade en el Día de las Asambleas Territoriales:

Evade nos hace una invitación a transitar por aquellos túneles de la memoria colectiva de los últimos dos años.

Hace un ejercicio de memoria en el que podemos cerrar los ojos y sentirnos parte de esa masa enorme que se expande y contrae, como si de sístole y diástole se tratara. Convertida en un solo cuerpo del cuál somos células marchantes

Al mismo tiempo nos sumerge en aquella profunda sensación de miedo y horror de transitar por una ciudad asediada por perros del estado.

Navegamos del odio a la alegría, de la emoción al horror, a una hermosa rebeldía teñida del pánico gris de los recuerdos de los tiempos del tirano.

La ambivalencia del deseo cumplido de ver todo arder después de 40 años, liderada por compas de jumper y vestón saltando torniquetes, de incredulidad ante trenes ardiendo a la triste comprensión de que la ley dejo de existir, solo para ellos.  

Las filas de muertos y mutilados narradas desde la primera línea de defensa legal, del terreno entre piedras, barricadas, postones y lacrimógenas nos recuerdan las protestas territoriales, donde entre barricadas, gritos y consignas, se comenzaba a constituir una organización popular sin precedentes. Las historias de las redes empezaron a tener nombres y caras conocidos- Nos acostumbramos al dolor de guata constante, a la sensación de un fierro atravesándonos las entrañas cada vez que se escuchaba ese pa-pa-pa, cerrando los ojos y esperando no escuchar un grito que alertara un herido, un mutilado, un muerto. 

Otra vez somos nosotros los que ponen su carne a las balas, en primera línea, mientras en los sectores lindos de Ñuñoa, los carnavales y música electrónica no logran apagar el ruido de las balas y el humo de las barricadas.

El 18 de octubre volvimos a existir o en el caso de las asambleas territoriales, nos reconocimos, juntamos y atrevimos a soñar con un país más digno “Hasta que la dignidad se haga costumbre decíamos” A dos años del 18 de octubre seguimos siendo nosotros los que pagamos los costes, los cabros en cana mientras la antigua y enquistada clase política celebra haber cambiado las balas por papelinas electorales. Y enterrar la movilización social entre falsos acuerdos de paz.

Finalmente, la lectura del comic nos permite cuestionarnos si realmente era posible evadir y no pagar ¿Podríamos aseverar que no pagamos los costes de la revuelta?


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miércoles, febrero 17, 2021

Vivir (y morir) en un Estado policial 

 


El “control de identidad” en manos de una policía deslegitimada y violenta como la chilena se ha transformado en una mortal pesadilla para quienes circulan por las calles y se hacen objeto de estos procedimientos.

Durante casi todo el siglo XX la policía tuvo a disposición el mecanismo de la “detención por sospecha”, autorizada por el viejo Código de Procedimiento Penal ante personas que se encontraren en circunstancias que hicieran presumir “malos designios”. Una ley aprobada en 1998, la N° 19.567, derogó esta polémica figura, identificada como causa de una permanente vulneración de derechos en desmedro de la juventud popular urbana. Al mismo tiempo esa ley incluyó en el Código Penal los delitos de apremios ilegítimos cometidos por funcionarios públicos, intentado así dar aplicación parcial a las Convenciones Internacional y Americana sobre la Tortura, de las que el Estado de Chile se había hecho parte.

Luego vino el cambio de siglo, la Reforma Procesal Penal, y con ella la regulación en el Código Procesal Penal del  nuevo “control de identidad”, concebido inicialmente como un mecanismo excepcional que habilitaba a la policía a exigir la identificación de una persona ante determinados “indicios” de comisión de delitos. Para ese entonces el “populismo penal” ya había sido adoptado transversalmente a ambos lados de la “democracia de los acuerdos”, y se hizo costumbre legislar para “dar señales” en lo que se definió como un “combate contra la delincuencia”. La mano blanda con el delito de los poderosos se compensaba con un permanente aumento de las facultades policiales en contra del común de la población. En esta campaña participaron alegremente derechistas y concertacionistas, liberales y conservadores, socialdemócratas de varios colores e incluso frenteamplistas, y gracias a ella se fueron ampliando sucesivamente los supuestos del control de identidad hasta hacerlo aplicable en base al mero criterio del funcionario policial, y extendiendo sus límites más allá de todo lo razonable hasta las 8 horas de duración.

Además, el gobierno de la Nueva Mayoría promovió y logró aprobar en el 2016 mediante la Ley 20.931 (conocida como “segunda agenda corta anti-delincuencia”) la creación de una nueva forma de control de identidad al que se llamó “preventivo”, que podía ser aplicada sin necesidad de invocar absolutamente ningún supuesto, con el único límite de no poder conducir a los controlados a recintos policiales y no ser practicado a menores de edad (1). 

El 2018 se aplicaron casi 4 millones y medio de controles preventivos, que ascendieron a más de 5 millones el año 2019, contra tan solo 300 mil controles “con indicio” (regulados en el CPP). Las cifras demuestran que a pesar de la prohibición legal expresa, cada año se aplican controles preventivos a decenas de miles de menores de edad.

En este escenario, resulta claro que la única convicción para tomar medidas en la materia es la que sintetizó muy bien la subsecretaria Katherine Martorell hace dos años al defender en el Congreso un nuevo proyecto para “fortalecer” los controles de identidad -haciendo los controles preventivos más intrusivos aún y aplicables a partir de los 14 años de edad-: “cuando una ha trabajado en este tema sabe que lo que hay que hacer es dar siempre más facultades a la policía”.

Este “fortalecimiento” avanzaba raudamente en el Congreso antes de la rebelión de octubre, gracias a votos de Demócrata Cristianos como los diputados Verdessi, Calisto y Silber, que únicamente pusieron como condición para apoyar esta ley piñerista que los controles preventivos se aplicaran a partir de los 16 años de edad en vez de a los 14. El fundamento de dicho “límite” tan generoso era, según expresaron solemnemente en la respectiva Comisión, su “humanismo cristiano”. Silber incluso llamó en su enérgica intervención en el hemiciclo el 16 de octubre de ese año a “volver a confiar en Carabineros”.

Dos días después de apoyar esta aberración jurídica en la Cámara de Diputados estallaba la revuelta del 18 de octubre, y este proyecto no volvió a ser mencionado.

El sábado 19, mientras los militares posicionaban sus tanques en la Plaza Italia, el diputado Gabriel Silber era fuertemente zamarreado por los Carabineros que custodian La Moneda mientras trataba de llegar con otros parlamentarios a entregar una Carta al Presidente Piñera. ¿Habrá cambiado de opinión, o insistirá en obsequiarle a la adolescencia la posibilidad de ser controlados por la policía sin necesidad de que exista un motivo razonable contemplado en la ley?

La nueva ley sobre fortalecimiento de los controles de identidad no siguió siendo tramitada, pero en aplicación de la normativa vigente (artículos 85 y 86 del Código Procesal Penal y artículo 12 de la Ley 20.931: por razones de “autodefensa jurídica” recomiendo tener estos textos legales siempre a mano) se han practicado innumerables detenciones ilegales, se ha torturado, apremiado y vejado a transeúntes y manifestantes (como en el emblemático caso de Arzola, “el paco nazi”, condenado junto a otro funcionario por cuatro delitos de tortura), además de usarse habitualmente después de octubre del 2019 como una forma eficaz de hostigar y sacar de circulación por un rato a manifestantes, prensa independiente, observadores de derechos humanos  y voluntarios de la salud.

Ahora un joven ha sido asesinado en Panguipulli por balas policiales en un procedimiento policial en que, bajo pretexto de controlarlo por hacer malabarismo en una esquina con machetes de utilería, se le intentó detener por no portar carnet de identidad y “resistirse al procedimiento”.

La violación de la normativa sobre detención, control de identidad y uso de la fuerza es tan flagrante y evidente que no sorprende que sólo en la franja del 22% se justifica esta verdadera ejecución extrajudicial como un acto de “legítima defensa”.

Si el “estallido social” de octubre de 2019 sirvió entre otras cosas para desnudar el terrorismo de Estado que yace siempre por debajo del Estado Policial que se ha ido construyendo hace décadas, dejando un mar de víctimas sobre el que se va lentamente pavimentando de nuevo la impunidad, el “despertar” que se ha encauzado por la vía del proceso constituyente no debería perder de vista en este momento histórico la necesidad apremiante, urgente e irrenunciable de poner fin a la violencia sistemática del Estado ejercida sobre el pueblo mediante sus aparatos armados.   

Si no es ahora, ¿entonces cuándo?

Cruzarse de brazos o entretenerse en procesos electorales varios es hacerse cómplice de un terrorismo de Estado que ya ha mutilado muchos cuerpos y destruido varias vidas y que sin duda lo seguirá haciendo si no lo detenemos ahora ya. 



( 1) Sobre las diferencias entre ambos tipos de controles y el proyecto de ley de Piñera II para fortalecerlos, ver: https://www.elciudadano.com/justicia/controles-de-identidad-perfeccionando-el-estado-policial/08/16/ . Para un análisis de casos concretos, ver: http://carcaj.cl/encuentros-cercanos-con-el-control-de-identidad/

 

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martes, octubre 20, 2020

¿POST-FASCISMO EN CHILE?: LA CONTRA-REVOLUCIÓN MOLECULAR 

 “No se ha señalado bastante que una contra-revolución era también una revolución” (Maquiavelo, Discorsi, II, XVIII).


Es un detalle que llama la atención: mientras en la izquierda (o mejor “las izquierdas”, puesto que está claro hace rato que no hay una sola) lo que aconteció desde octubre de 2019 en adelante fue un “estallido social”, una “rebelión” o “revuelta”, en la derecha más dura -que apoya la opción Rechazo para el plebiscito constitucional- identifican abiertamente este proceso como una “revolución”.

Lo más probable es que para las principales corrientes de la izquierda tradicional el concepto “revolución” quede muy grande para designar al octubre chileno, pues son herederas de una tradición “politicista” que obnubilada por ejemplos históricos como los de Francia en 1789 y Rusia en 1917 sólo considera como revoluciones propiamente tales a aquellos eventos que se ajustan al esquema de “toma” o “captura” del poder político centralizado. Si algo no incluye un equivalente de la toma de la Bastilla o el Palacio de Invierno, o en nuestro caso la réplica exacta del Palacio de La Moneda que está instalada donde mismo existió el original hasta septiembre de 1973, no es en rigor una revolución “de verdad”, sino que tan sólo una “revuelta”.

A su vez, las izquierdas posmodernistas deben encontrar el concepto muy esencialista y añejo, y lo arrojan al basurero de la historia por “trasnochado”, junto con el concepto de “clase”, la “dialéctica” y el grueso del legado del marxismo/anarquismo como corrientes centrales del ya extinto movimiento obrero clásico. En el argot del siglo XXI se escucha mucho más hablar de rizomas, flujos, biopoder e identidades de todo tipo.

Y para la socialdemocracia, casi completamente ausente en las calles al inicio del proceso pero ahora muy bien subida al carro de la victoria del Apruebo, se trató ni más ni menos que de un “despertar ciudadano”, concepto que entre otras cosas les permite deslindarse para repudiar cualquier forma de “violencia popular”.

En cambio en la extrema derecha, desde los pinochetistas tradicionales como Sergio Melnick (1) hasta las nuevas corrientes que replican a nivel nacional fenómenos como el de la “alt-right”(2) norteamericana y el “libertarianismo minarquista” entienden, correctamente a mi juicio, que estamos ante una especie de revolución social de nuevo tipo, que no se ajusta a los modelos tradicionales, pero ante la cual sienten una profunda fobia que los lleva a definirse abiertamente por la contra-revolución.


A modo de ejemplo, un tal Mario Desbandes señala que “a raíz de la insurrección anarco-comunista de octubre del año pasado en Chile, empezó a aumentar el contenido audiovisual de viejos y nuevos youtubers de derecha y libertarios”, y destaca dentro de esta totalidad a “los videos de un medio llamado RST Chile, en los que un investigador de nombre Alexis López, con mucha seguridad y, a diferencia de otros comentaristas contra-revolucionarios, empleaba tecnicismos y conceptos que parecían muy claros en cuanto a diagnóstico de lo que estaba sucediendo”(3).

La “teoría” de Alexis López es nada menos que la curiosa lectura que hace de algunos textos de Félix Guattari (coautor de “Anti-Edipo” y “Mil mesetas”, junto a Gilles Deleuze), dando con la terminología de la “revolución molecular disipada” (4). La trayectoria de López es bastante curiosa: a inicios de siglo se definía como “socialista-nacional” y estuvo detrás de un frustrado Congreso Neonazi internacional así como del intento, también fallido, de legalizar el partido político “Patria Nueva Sociedad”. La deriva actual de la conflictividad social  en Chile ha erigido a este nazi renovado en uno de los ideólogos más respetados de una nueva derecha “postfascista” (como ha señalado Enzo Traverso -5-), que acá en Chile mezcla la supuesta novedad del “libertarianismo” con el pinochetismo arcaico del “facherío” más tradicional.


Desbandes proclama estar “convencido de que los términos ocupados por López SON los correctos, y no otros”, por lo que se siente “en la obligación moral de hacer públicamente algunas distinciones y recomendaciones, dado que el investigador mencionado no solo ha sido invitado con frecuencia a instancias de conversación y formación libertarias, sino que también, y por esta misma masividad, han aparecido ya críticos de su persona y de su teoría de Revolución Molecular disipada”. Una de las ventajas tiene este modelo teórico para Desbandes es que “por nuestras raíces en las nobles escuelas liberal clásica y austríaca, estamos acostumbrados también a enfrentar el mal político, el desastre del socialismo y del Estado de Bienestar atacando, precisamente, la figura del Estado, pero no tenemos preparación alguna para enfrentar un comunismo que actúa sin Estado, desde abajo, y sin contradicciones (en un primer momento) con la economía de mercado, puesto que la usan a su favor, como forma de reproducir de manera sistemática en todo orden, un discurso revolucionario constante difundido por las marcas capitalistas más grandes y, como si esto fuera poco, presentando modos de vida insurreccionales como si fueran ‘libertades individuales’” (6).

Fácil es darse cuenta de que junto a unos pocos destellos de lucidez lo que predomina en estos análisis es delirio y confusión. Ya de entrada resulta llamativo que viejos fascistas (antiliberales) convivan ahora tranquilamente con neoliberales y “libertarios”, lo cual en parte amplifica las contradicciones internas que el propio régimen militar tuvo en los 70 entre su base nacionalista y la tendencia gremialista/”Chicago boy” (7), reconciliadas ahora en estos autodenominados “patriotas” que intentan “salvar a Chile” de esta revolución neocomunista.


Pocos días después del 18-O una integrante de la Fundación Jaime Guzmán alertaba desde las páginas de El Líbero sobre “el inicio de una revolución molecular” (8). Su momento de verdad es cuando señala que “este escenario nos ha llevado a presenciar una revolución molecular (múltiples,  pequeñas, y acéfalas  ebulliciones disipadas en la sociedad) que se aleja de aquellas del siglo pasado, en las que se podía determinar quién es el enemigo. Hoy no sabemos quién articula, ni cómo lo hace”. El delirio y la confusión vienen enseguida, cuando “identifica” tres grandes fuerzas tras todo esto: “ 1) Los movimientos sociales (destaca la horizontalidad como un elemental componente); 2) Los movimientos populares (agregan un componente de clase, como el FPMR, el PC (AP), o los troskos); y 3) Las fuerzas anarquistas (movimientos insurreccionales)”. 

Alexis López y otros paladines del Rechazo comparten la misma tendencia a explicaciones conspirativas que demostró el gobierno de Piñera cuando divulgó el ridiculizado informe “Big data”, que planteaba que incluso Ismael Serrano y los fans del K-POP estarían detrás del estallido social de octubre.

Por su comprensión autoritaria y jerárquica de la realidad no pueden captar el carácter espontáneo y acéfalo que tuvo el movimiento, problema que también presentan varios izquierdistas tradicionales a los que he oído quejarse de que este movimiento “no tuvo conducción”, ¡lo cual fue precisamente su fortaleza! Por eso se han dedicado a inventar diversos orígenes en extravagantes “mapas de la insurrección chilena” como el publicitado por el grupo + R -el brazo propagandístico del Rechazo- que incluye desde la República Popular China hasta la Asamblea General de Naciones Unidas, el Congreso Nacional y el Poder Judicial en bloque, y entremedio a Prensa OPAL, la CUT y la revista francesa Tiqqun… calificados como grupos de “guerrilla urbana” (9).

En EE.UU. la tendencia más irracionalista de la nueva extrema derecha sostiene teorías abiertamente disparatadas como la de QAnon, definida en estos términos: 

“La idea general es que hay actores liberales de Hollywood, políticos del Partido Demócrata y funcionarios de alto rango que participan en una red internacional de tráfico sexual de niños y realizan actos pedófilos; ​ y que Trump les está investigando y persiguiendo e intenta prevenir un supuesto golpe de Estado orquestado por Barack ObamaHillary Clinton y George Soros (10).

Suficiente. Esta teoría es tremendamente popular en el electorado de Trump y en la policía y fuerzas armadas, y me hace pensar en lo que dijo hace poco el guionista de cómics Alan Moore en entrevista a Headline respecto a los efectos de las megaproducciones de Hollywood sobre super-héroes, que “han arruinado el cine y hasta cierto punto la cultura”. El autor de V de Vendetta y Watchmen piensa que es “una señal realmente preocupante, que cientos de miles de adultos estuvieran haciendo fila para ver a personajes que fueron creados hace 50 años para entretener a niños de 12 años" y no descarta que sea un síntoma del mismo fenómeno que llevó a la elección de Trump y el Brexit en Gran Bretaña el 2016.

Mientras algunos amigos se extrañan de que tenga estómago como para dedicar tiempo a estudiar estas tendencias y sus expresiones en las redes sociales, yo les atribuyo cierta importancia en el mismo sentido que llevó a la Fundación Jaime Guzmán a encargar y difundir hace poco un “paper” sobre anarquismo. En él dicen que “el escenario político chileno es mucho más complejo de lo que se observa en la escena institucional. Por eso, no se debe analizar solo lo que sucede en la política formal o partidaria (de tipo vertical). Pues, en las bases sociales se han erigido una gran cantidad de agrupaciones que hacen política desde una perspectiva horizontal. Ejemplo de ello son aquellos que se organizan bajo el modelo de asambleas, sin jerarquías ni líderes” (11).

Si bien lo de la horizontalidad y asambleas sin líderes no es lo propio de la derecha nueva ni antigua, no se puede negar que las tendencias “deconstruccionistas” de esta época han afectado la tradicional forma de ser de la derecha chilena y, tal como en la “extrema izquierda”, es posible apreciar nuevas agrupaciones y corrientes que se alejan considerablemente de los grandes partidos estables que monopolizaban hasta hace poco un espectro político proveniente del siglo anterior.

Para cerrar esta columna, haré un breve mapeo de algunas de las principales corrientes de esta nueva derecha postfascista tal cual se expresan en Chile hoy. Para quienes quieran profundizar en el estudio de cómo es desde estos sectores que se promueven campañas racistas contra la migración recomiendo leer el texto de varios autores “La discusión migratoria en redes sociales: racismo abierto de hombres de extrema derecha”, publicado en CIPER (12).

“Ancaps” y “libertarios”.

A la corriente “anarcocapitalista” me he referido en mayor detalle en otra columna (13).  En síntesis diría que no tienen nada que ver con el anarquismo en tanto corriente socio-política, sino que son sencillamente defensores a ultranza del mercado totalmente libre o desregulado, entendido en su visión supuestamente “neoclásica” como la “anarquía del mercado”.

En Chile han aparecido hace relativamente poco tiempo, y ya están divididos en al menos dos formaciones: el Partido Libertario (liderado por Alvaro Concha) y el Partido Liberal Libertario (liderado por Rodrigo Pulgar, más conocido en las redes como Krypto -14-). Se consideran herederos de la “Escuela austríaca de Economía” y tienen un referente cercano en el economista argentino Javier Milei. Llama la atención que mientras el Partido Libertario de EE.UU. (fundado en 1971) es económicamente pro-capitalista pero políticamente liberal/progresista (contrario a la penalización del aborto y las drogas), sus emuladores nacionales se asumen abiertamente como “fachos” (denominación que según Sebastián Izquierdo de Capitalismo Revolucionario “en Chile no tiene nada que ver con el fascismo”, mmm).

El gusto por las novedades teóricas los ha llevado no sólo a abrazar las teorías “anarcocapitalistas” –nombre de marca del extremismo neoliberal de Hans-Herman Hoppe y Murray Rothbard-, sino que sobre todo en Rodrigo Pulgar es posible apreciar una verdadera obsesión con la obra de Foucault, Deleuze, Guattari y  Derrida (15).

 La Diestra.

Este grupo es bastante exótico, pues está liderado por un tal Francisco, de identidad desconocida, que en su momento fue un activo tuitero en favor de la campaña presidencia de José Antonio Kast. Desde el 19 de octubre de 2019 armó una nueva cuenta de twitter (16) en que se dedicó a dar a conocer a los asustados derechistas de todo Chile lo que estaba pasando en el epicentro del conflicto en Santiago, transmitiendo varias veces imágenes desde la Plaza Dignidad. En una entrevista que le escuché en youtube (pues en general no se deja ver -17-) señaló dos cuestiones interesantes: la derecha para él no tiene por qué ser “nueva”, pues en tanto “ultraconservador” y el integrante “más derechista” del grupo considera que su modelo es “la UDI de los 90”, y defiende una trayectoria filosófico-política que mientras más apunte hacia el pasado es más pura (sin falsa modestia dice que Aristóteles y Santo Tomás son sus máximos referentes). Además dice que la derecha no tendría por qué ser centralizada, sino que propone crear diversos grupos autónomos que se coordinen entre sí.

Francisco es idolatrado por los partidarios de lo que últimamente llaman “Rechazo libre”: la base social de “patriotas” y/o “fachos pobres” que se consideran traicionados por los partidos de la derecha tradicional, que según ellos asumió las banderas de la izquierda, e incluso han llegado a decir que Piñera es marxista.

Se dice que fue él quien empezó a organizar marchas del Rechazo, cuando nadie en la derecha tradicional estaba convencido de asomarse a las calles, y empezó a explicar a gente de regiones cómo hacer marchas y caravanas.

Además Francisco y la Diestra se han dedicado a reivindicar a carabineros como Claudio Crespo que han sido procesados por violaciones de derechos humanos, y a organizar periódicas donaciones de agua y otros insumos tanto a distintas comisarías de la policía uniformada así como de frazadas para que no pasen frío los “héroes de Punta Peuco”.

Esos vínculos, además de la presencia de los “Alguaciles” de Carabineros en las marchas del Rechazo (18), explican bastante bien la actitud policial hacia ellas.

¿Nazis?

Los postfascistas neoliberales suelen decir que el nazismo y el fascismo son de izquierdas, aludiendo al carácter “socialista” de la versión alemana y al origen izquierdista de Mussolini.

Pero en las marchas del Rechazo se han dejado ver personas con indumentaria que combina símbolos nazis con la araña negra de Patria y Libertad, mientras realizan saludos nazi/fascistas. Si bien desde Krypto hasta S. Izquierdo han rechazado estas apariciones, siguen ocurriendo sin que nadie los expulse, e incluso se ha visto a otros “rechazones” sacándose entusiastas fotos  junto a estos ejemplares.

Está claro que el grupo “Vanguardia” fue creado a partir de una convocatoria de Capitalismo Revolucionario y Aún Tenemos Patria, a la que adhirieron sectores como la juventud de Fuerza Nacional, el autodenominado “partido militar” formado por Raúl Meza, el abogado defensor de los criminales de Punta Peuco, e incluso algunos sujetos provenientes del Partido Republicano de JAK.

Si bien formalmente no se declaran fascistas, lo cierto es que es desde ahí donde han surgido tanto los ataques en patota (las típicas “barridas” de los neonazis) como algunos de los saludos nazis. Sin ir más lejos, uno de los que fue fotografiado haciendo el saludo el pasado sábado 10 de octubre portaba un escudo de ATP  (19). Un tuitero llamado “patriota templario” ha afirmado que “el 80% de la Vanguardia son nazis chilenos”, y que si bien son de Tercera Posición (antimarxista y anticapitalista)(20), su prioridad por ahora son los comunistas.


En conclusión: este archipiélago de grupos expresa nuevas formas de activismo de extrema derecha que no eran muy visibles antes del 18-O, y que parecen constituir expresiones de postfascismo, que en cada caso amalgaman diversos y hasta contradictorios componentes ideológicos. En algunos casos hay intentos de dotar de mayor sofisticación el discurso, y es ahí donde se revela el interés de algunos por las teorías críticas “posmodernas”. Su actividad hasta ahora va desde la difusión en redes de su curioso ideario y los ataques contra personas o imágenes que identifican con lo que Alexis López llama “la insurrección contra Chile”. La mayoría, sino todos, reivindican la necesidad de que la derecha radical tenga mayor presencia callejera.

Habrá que estar atentos a cómo evolucionan después de su inminente derrota en el plebiscito del 25 de octubre, dado que son ellos los sectores que más se han abanderizado con el Rechazo, y necesariamente tendrán que sufrir transformaciones y realizar algunos acomodos tácticos en su curiosa estrategia de “contra-revolución molecular”, ante la disyuntiva que se han planteado y que A. López y otros denominan como “Patria o caos”.  





1.- Ver su entrevista para el documental “Revolución en Chile”, de Ana Victoria Durruty (Universidad san Sebastián): http://revolucionenchile.cl/entrevista-sergio-melnick/

2.- En palabras de Marcos Reguera, de la Universidad de Euskal Herria: “La Alt Right es un heterogéneo conjunto de grupos y personalidades de la nueva extrema derecha norteamericana que a raíz de la victoria de Donald J. Trump en las elecciones presidenciales han alcanzado una gran notoriedad y popularidad entre muchas capas de población, especialmente entre los jóvenes. Al contrario que los grupos neo nazis precedentes, o del movimiento del Tea Party de la Era Obama, se trata de un grupo cuyos líderes muestran un gran refinamiento intelectual, y que a través de la colonización del discurso de la izquierda alternativa de los años 60 (en especial de la Escuela de Frankfurt), están realizando una renovación del pensamiento político de extrema derecha, transformando el discurso antiglobalización y las defensas identitarias de los movimientos progresistas en una nueva bandera del nacionalismo de extrema derecha” (https://aecpa.es/es-es/la-ideologia-de-la-alt-right-origenes-pensadores-e-ideas-de-la-nueva/congress-papers/1852/).

3.- https://www.celchile.org/post/la-teor%C3%ADa-de-la-revoluci%C3%B3n-molecular-disipada-y-lo-que-debemos-aprender-los-libertarios

4.- Profundizar en esas categorías que usó Guattari exigiría otro tipo de texto que ni siquiera creo estar capacitado para redactar, pero al menos hay que señalar que él constantemente comparaba dos formas simultáneas de relaciones de poder: molar y molecular: “Así, la materia opcional que es trabajada por los Equipamientos colectivos, antes que cualquier funcionalidad social o económica puede ser  conducida a la diferenciación y a la articulación de los viejos poderes territorializados  en dos nuevos tipos de poderes de Estado: un poder político molar y un poder semiótico molecular”, y señala este ejemplo: “el poder molar de Estado, mediante circulares del MINEDUC recomendará no dar más deberes a los niños en la casa, mientras que el poder molecular de Estado en el seno de la familia, que resulta él mismo por lo general de un compromiso altamente problemático entre el padre y la madre, exigirá profesores que los restablezcan” (Félix Guattari, Líneas de fuga. Por otro mundo de posibles, Editorial Cactus, Buenos Aires, 2013, págs. 76-78). 

5.- Italiano, autor de “Las nuevas caras de la derecha” (Siglo XXI, 2018). Sobre la categoría de “postfascismo” y sus similitudes y diferencias con los fascismos del siglo XX ver esta entrevista:  https://pasosalaizquierda.com/enzo-traverso-el-actual-post-fascismo-es-un-fenomeno-profundamente-diferente-del-fascismo-clasico/

6.- Ibíd.

7.- Se dice que la noche del 5 de octubre de 1988 ante la derrota aún no asumida en las urnas, doña Lucía mandó a llamar al nacionalista Pablo Rodríguez Grez, ex líder de Patria y Libertad, quien llegó a La Moneda diciendo que si bien los gremialistas se habían enriquecido mientras los nacionalistas hacían el trabajo sucio, estaban dispuestos a hacerlo de nuevo. Ver el libro “Los hijos de Pinochet”, de Victor Osorio e Iván Cabezas.

8.- https://ellibero.cl/opinion/daniela-carrasco-18-de-octubre-el-inicio-de-una-revolucion-molecular/

9.- https://www.reddit.com/r/chile/comments/ih6p61/mapa_de_la_insurrecci%C3%B3n_en_chile/

10.- https://es.wikipedia.org/wiki/QAnon

11.- https://www.fjguzman.cl/aproximaciones-al-anarquismo-y-su-aplicacion-en-el-escenario-chileno/

12.- https://www.ciperchile.cl/2020/10/10/la-discusion-migratoria-en-redes-sociales-racismo-abierto-de-hombres-de-extrema-derecha/

13.- https://lavozdelosquesobran.cl/la-nueva-derecha-chilena-sobre-anarcocapitalistas-y-pinochetistas-libertarios/

14.- https://twitter.com/canalchatarra

15.- A los que dedicó un programa en youtube, conversando junto a Dani Carrasco: https://www.youtube.com/watch?v=nX2dgs3Ehpg

16.- https://twitter.com/Francis25830521

17.- Esta sería una de las pocas excepciones: https://www.youtube.com/watch?v=cDu9feaAYrE

18.- https://lavozdelosquesobran.cl/los-alguaciles-la-organizacion-que-ejerce-el-poder-oculto-en-carabineros/

19.- https://twitter.com/Auntenemospatr1

21.- Grupos que en realidad adscriben a la “tercera posición”, como el Movimiento Social Patriota, han llamado a anular ambas papeletas en el plebiscito constitucional.

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sábado, septiembre 05, 2020

¿Como ACABar con la policía? Convocatoria revista Carcaj.cl septiembre/octubre 2020 

 en vez de “te amo” di a la mierda la policía / en vez de
“los fuegos del cielo” di a la mierda la policía, no digas
“reclutamiento” no digas “trotsky” di que se joda la policía
en vez de “despertador”, di a la mierda la policía
en vez de “mi traslado diario” en vez de
“sistema electoral” en vez de “viento solar sin fin” di que se joda la policía
(ACAB: una canción de cuna, Sean Bonney)
La yuta, los pacos, los tiras, la jura, los cerdos, los tombos, ¡están por todas partes! La mayoría de nuestras experiencias sociales parecen hoy estar permeadas, contabilizadas o cuadriculadas por ellos; sus zonas de intervención, sus medios de vigilancia y sus métodos de represión se han hecho cada vez más intensos; el paqueo se ha vuelto masivo y generalizado. Tanto así que uno casi llega a olvidar que se trata de una invención reciente: la policía no siempre tuvo su lugar en la historia de las sociedades. 
¿Cómo fue que la promesa de la polis, la ciudad libre y autoorganizada, se convirtió en una pesadilla policial? ¿En qué momento se hizo más fácil imaginar una sociedad sin capitalismo que una sociedad sin policías?
¿Y qué es la policía, en todo caso? ¿Qué entendemos cuando la nombramos? ¿La violencia legítima del Estado? ¿Una banda narco-criminal institucionalizada? ¿El brazo armado de la élite, destinado a asegurar el orden de dominación y los procesos de acumulación capitalista? ¿Es una institución, una función, una técnica de gobierno sobre los cuerpos?
Una constante del pensamiento vigilado nos ha querido convencer de que la policía se justifica, de una vez y para siempre, en una función impostergable: evitar el crimen. Pero el crimen no es tanto lo que la policía viene a combatir, como su materia prima y su producto. Por eso una campaña de carabineros podía hace poco proclamar “somos la frontera entre la ciudadanía y la delincuencia”:  porque de lo que se trata, ante todo, es de asegurar que esa frontera exista. Hacerla emerger, marcarla y controlarla. Lo que cambió realmente con la aparición de la policía no fue, entonces, una verdadera disminución en la tasa del crimen, sino algo en la organización más íntima del Estado: el descubrimiento de una verdadera industria en torno a la distribución, asignación y “prevención” del delito. La ciencia de la policía es desde entonces inseparable de una demonología de las figuras del criminal, en la que la discriminación racial, la diferenciación sexual y la subordinación de clase son los marcadores fundamentales. 
No se trata simplemente de que la policía discrimine, no es solo que sea racista: la yuta es una verdadera fábrica de la segregación, una máquina de producción de abusos y desigualdades. Por eso, la violencia descontrolada, los asesinatos, violaciones, torturas; los llamados elegantemente “excesos” en el uso de la fuerza, nunca serán “hechos aislados” ni simples errores en la ejecución de algún protocolo, sino que son los efectos de una condición muy precisa que le permite a la policía desatar la violencia en múltiples formas y con total impunidad, mientras la justicia que imparta deje en claro su carácter de clase.
Por eso la cuestión decisiva, el límite de cualquier teoría revolucionaria o insurgente, quizá siga siendo en el fondo el problema de cómo defendernos. ¿Qué hacer frente al monopolio de las armas y la violencia? E incluso, ¿es posible pensar la abolición de la policía? ¿Cómo acabar con los pacos? ¿O acaso serán estas otras preguntas inútiles, y habrá que resignarse a seguir mencionando para siempre alguna que otra necesidad de reformar, desmilitarizar, o democratizar la institución policial? 
Si hasta ahora amplios sectores de la población podían vivir con la idea de que el copamiento policial no les concernía, porque no eran afroamericanos en Estados Unidos, Mapuche en Wallmapu o pobladores de la Legua, hoy se ha hecho evidente que esos territorios de presencia policial intensiva operan como grandes laboratorios de una arremetida contrainsurreccional en curso, lista para ampliarse en cualquier coyuntura crítica, ya se llame octubre, coronavirus o hambre.  
Así, como era de esperar, y en continuidad con la cacería humana que tuvo lugar como respuesta represiva a la insurrección de octubre -por la cual aún hoy hay más de 2.500 personas encarceladas y cerca de 400 mutiladxs-, un considerable reforzamiento del aparato policial ha ido teniendo lugar estos últimos meses, marcado por el gasto exorbitante en armamento y equipos de alta tecnología, un proyecto de reforma al sistema de inteligencia, leyes de protección especial a los pacos, y un gran paquete de leyes represivas que vienen tramitándose desde el año pasado. Mientras, en las calles el toque de queda se extiende noche a noche, y el peso de todas esas noches cae sobre Wallmapu llenándose de milicos; cae sobre lxs presxs, las hortaliceras, las comunidades asediadas, los territorios devastados por el extractivismo neoliberal, y cae como represión continua a toda forma de protesta u organización social, incluso contra las ollas comunes y centros de acopio que se levantan para hacerle frente al hambre en las poblaciones; cae brutalmente la noche policial sobre Alejandro Treuquil, Macarena Valdés, y todxs lxs George Floyd de las periferias del mundo, asesinadxs sin cámaras presentes ni tiempo para gritar “no puedo respirar”, que parece ser el único grito posible en un mundo de mascarillas, apestado de lacrimógenas y del olor a putrefacción del capitalismo.
La presencia policial es asfixiante; la policía misma es un monstruo de confinamiento. De ahí que el modelo privilegiado de sociedad policial sea la cárcel. Y el hecho de que el encierro domiciliario se convierta hoy en un modo de vida masivo muestra justamente la consolidación de las formas policiales de organizar el mundo. De lo que se trata para la policía es de que todo esté en su lugar; impedir la posibilidad del encuentro. Todo el discurso de la seguridad por el que llenan las ciudades de pacos, drones y de cámaras, no es sino una gran guerra contra la imprevisible química de los cuerpos que se juntan, se comunican, se organizan. 
Lo que está detrás de esa guerra preventiva es, en el fondo, el mismo presupuesto antropológico sobre el que descansa la existencia de la policía: que su presencia es necesaria para la convivencia colectiva; que si no fuera por ella nos terminaríamos matando unxs a otrxs. En ese sentido, ¿no es siempre la solución policial una especie de montaje?
Sin embargo, la idea de presencia policial, y el proyecto de una institución como cuerpo de la violencia legítima del Estado, ya ni siquiera nos da una imagen completa de lo que es la policía. Ésta se ha vuelto hipertrófica y descarnada. Primero fueron sus cuerpos los que comenzaron a acumular prótesis, más cubiertos que tortuga ninja, armados hasta los dientes, acoplados a un guanaco, una tanqueta o un zorrillo: el cuerpo de la policía comenzó a robotizarse, a vestirse cada vez más a lo robocop. Pero en nuestros días la policía se ha sofisticado hasta el punto de poder prescindir de cuerpo y de lugar físico, saltándose los protocolos de la presencia. La comisaría virtual está, de algún modo, en todas partes. Solo se necesita tener -y esto es lo fundamental- una buena conexión a internet. Todo un entramado de sistemas de televigilancia, algoritmos y plataformas arman hoy la red de una tecnopolicía en la que el dogma del orden público parece haberse aliado definitivamente con el culto del beneficio privado. 
¿Cómo es que la policía ha conseguido capturar y canalizar los deseos colectivos de justicia, protección, o castigo del crimen? ¿Cómo comenzamos por enfrentarnos al propio paco inscrito en nuestros deseos y en nuestras prácticas? ¿Qué sería a partir de allí crearse cuerpos y relaciones no policiales? ¿Qué otros horizontes posibles se abren a partir de las recientes (y las no tan recientes) experiencias de creación y posterior desmantelamiento de zonas autónomas y libres de policías?
¿Y cómo afirmar una vida colectiva contra toda policía, contra el jefe-paco, el marido-paco y el papá-paco? ¿Cómo resistir al paqueo en todas sus formas a través de otras prácticas y escrituras? 
Les extendemos estas preguntas y reflexiones, como una invitación a crear, escribir y resistir en estos tiempos de copamiento policial,
+poesía
-policía
Carcaj

Convocatoria:
Carcaj es una revista cultural abierta a participación. Recibimos artículos, ensayos, poemas, crónicas, cuentos y material gráfico. 
Las contribuciones para la presente convocatoria -«Cómo ACABar con la policía»- serán recepcionadas hasta el domingo 18 de Octubre.
Durante todo el resto del año recibimos colaboraciones no sujetas a las convocatorias temáticas.
¿Cómo colaborar?
Nuestros ejes temáticos son el arte, la literatura y el pensamiento crítico, en su relación a la cultura y la sociedad.
Los textos enviados para su publicación no deben exceder las 8 páginas (ocupando como referencia un documento Word, letra Times New Roman 12, interlineado simple) y deben ser enviados en un archivo de edición de texto (es decir, no en PDF). 
Los textos deben, idealmente, venir acompañados de una breve reseña biográfica de la o del autora/or, que no exceda las 5 líneas.
Si quieres colaborar puedes enviarnos tus textos, traducciones o imágenes a:
revistacarcaj@gmail.com
Los textos recibidos serán evaluados por el comité editorial de la revista que decidirá de su publicación

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martes, diciembre 31, 2019

31 de diciembre. Revuelta/revolución. Lambi. 




“Toda revuelta es batalla, pero una batalla en que se elige participar deliberadamente (…) El concepto de revolución permanente revela –más que una duración ininterrumpida de la revuelta en el tiempo histórico- la voluntad de poder suspender en cualquier momento el tiempo histórico para encontrar refugio colectivo en el espacio y en el tiempo simbólicos de la revuelta” (Furio Jesi, Spartakus. Simbología de la revuelta).

Revuelta, insurrección, rebelión, revolución….conceptos técnicos harto mejores que el “estallido” o “crisis social”.

El fascista Kast dice en una entrevista reciente (¿notaron que tras dos meses de susto ahora todos los fascistas y reaccionarios están sacando la voz y amenazando por redes sociales?) que esto no fue un “estallido social” sino que un “estallido de violencia”. En eso el despreciable burgués que es José Antonio (vaya nombre más facho) tiene razón. Y es lo que no quieren reconocer ninguno de los sectores políticos oficiales, ni los bienpensantes ciudadanos constituyentes/constituidos e instituciones burocráticas de “derechos humanos”, que nos insisten en que sólo es legítima y protegida por el Derecho la “protesta pacífica”.

Un panfleto anarquista que vi en la zona cero la segunda semana de la revuelta lo decía bien claro: “¡sólo con violencia revolucionaria la hicimos temblar!” (entiendo que se refería a la burguesía).

Llegará un momento en que sus libros de historia nos van a tratar de hacer olvidar que el plebiscito de abril del 2020 sólo fue posible como respuesta urgente al estallido de violencia revolucionaria proletaria/popular  que empezó el 17/8 de octubre y que todavía no se ha agotado.

No hay mucho más que decir sobre el tema de la violencia revolucionaria. Si quieren perder su tiempo vean el debate entre el veterano autonomista italiano “Bifo” y la filósofa Lucy Oporto, que nos trata a todos de “lumpenconsumistas” y “escoria”.

Más interesante para un balance provisional de todo lo que hemos vivido me parece profundizar la comparación que ya algunxs han destacado entre este proceso y mayo/junio del 68 en Francia.

La Internacional Situacionista en el último N° de su revista, publicado en septiembre de 1969, hace ese balance, en un texto titulado “El comienzo de una época”.

En primer lugar, explican en breve qué fue y significó el proceso:

“La mayor huelga general que haya paralizado nunca la economía de un país industrial avanzado y la primera huelga general salvaje de la historia, ocupaciones revolucionarias y esbozos de democracia directa, la eliminación cada vez más completa del poder estatal durante más de dos semanas, la verificación de toda la teoría revolucionaria y el principio de su realización parcial aquí o allá, la experiencia más importante del movimiento proletario moderno que está en vías de constituirse en todos los países de forma acabada y el modelo a superar a partir de entonces -todo esto fue esencialmente el movimiento francés de mayo del 68, esta fue ya su victoria”.

Este proceso se vivió también en Primavera, y también se dijo que vino a hacer historia luego de 30 años de puro estancamiento:

“En marzo de 1966 escribimos en el nº 10 de Internationale Situationniste: ‘lo que hay de aparentemente osado en muchas de nuestras afirmaciones lo enunciamos con la seguridad de ver a continuación una demostración histórica de irrecusable peso’. No puede decirse mejor.

Naturalmente, nosotros no profetizamos nada. Señalamos lo que estaba ya allí: las condiciones materiales de una nueva sociedad se daban desde hacía tiempo, la vieja sociedad de clases se mantenía en todas partes modernizando considerablemente su opresión y desarrollando cada vez más contradicciones, el movimiento proletario vencido volvía para lanzar un segundo asalto más consciente y total. Muchos pensaban todo esto que la historia y el presente ponían en evidencia, y algunos lo decían, pero de forma abstracta y por tanto en el vacío: sin eco, sin posibilidad de intervención. El mérito de los situacionistas consistió sencillamente en reconocer y designar los nuevos puntos de aplicación de la revuelta en la sociedad moderna (que no excluyen en absoluto, sino que por el contrario restablecen los antiguos): urbanismo, espectáculo, ideología, etc. Debido a que esta tarea se cumplió radicalmente, estuvo en disposición de suscitar a veces, o de reforzar bastante al menos, ciertos casos de revuelta práctica. Ello no quedó sin eco: la crítica sin concesiones había tenido escasos portadores en los izquierdismos de la época anterior. Si muchas personas hicieron lo que nosotros escribimos, es porque nosotros habíamos escrito esencialmente lo negativo que habíamos vivido nosotros y muchos otros antes. Lo que salió así a la luz de la conciencia en primavera de 1968 no fue otra cosa que lo que dormía en esa noche de la "sociedad espectacular" cuyos Sonidos y Luces mostraban un eterno decorado positivo. Nosotros "cohabitamos con lo negativo" según el programa que formulamos en 1962 (cf. I.S. 7). No detallamos nuestros méritos para ser aplaudidos, sino para clarificar en la medida de lo posible a otros que vayan a actuar en el mismo sentido.

Quienes cerraban los ojos a esta "crítica en lucha" no contemplaban en la forma inquebrantable de la dominación moderna más que su propia renuncia. Su "realismo" antiutópico no era más real que una comisaría de policía, como tampoco los edificios de la Sorbona son más reales que lo que hacen con ellos los incendiarios o los "katangais". Cuando los fantasmas subterráneos de la revolución total se alzaran y extendieran su poder por todo el país, todos los poderes del viejo mundo parecerían ilusiones fantasmáticas disipándose en el gran día. Sencillamente, después de treinta años de miseria que en la historia de las revoluciones no han contado más que un mes, llegó ese mes de mayo que resume treinta años”.

Acá en Chile tampoco hubo que “profetizar” nada, pero es evidente ahora a la luz de los hechos que había anticipaciones importantes, como los dos textos de Comunidad de Lucha destacados en la edición especial sobre Revueltas en Chile y Ecuador del boletín rosarino La Oveja Negra.



La IS discute además el tema de si mayo del 68, movimiento cuya derrota proclaman abiertamente, había sido o no una revolución, teniendo para eso en cuento diversas experiencias de los siglos XIX y XX.

“Tras la derrota del movimiento de las ocupaciones, tanto los que participaron como los que tuvieron que padecerlo se han planteado a menudo la pregunta: "¿Fue una revolución?". El empleo extendido, en la prensa y en la vida cotidiana, de un término cobardemente neutral -"los acontecimientos"- señala precisamente el retroceso ante la respuesta, ante la formulación siquiera de la cuestión. Hay que enfocar tal cuestión en su verdadera perspectiva histórica. El "éxito" o el "fracaso" de una revolución, referencia trivial de periodistas y gobernantes, no puede servir de criterio por la simple razón de que aparte de las burguesas nunca ha triunfado ninguna revolución: no ha abolido las clases. La revolución proletaria no se ha hecho hasta ahora en ninguna parte, pero el proceso práctico a través del cual se manifiesta su proyecto ha producido ya al menos una decena de momentos revolucionarios de extremada importancia histórica a los que se reconoce el nombre de revoluciones. Nunca se ha expresado en ellos el contenido total de la revolución proletaria, pero se trata en cada ocasión de una interrupción esencial del orden socioeconómico dominante y de la aparición de nuevas formas y nuevas concepciones de la vida real, fenómenos diversos que sólo pueden comprenderse y juzgarse en su significación de conjunto, inseparable ella misma del devenir histórico que pueda tener. De todos los criterios parciales utilizados para reconocer o no el nombre de revolución a un período problemático del poder estatal, el más perverso es seguramente el que juzga en base a si el régimen político vigente cayó o se mantuvo. Este criterio, muy utilizado después de mayo por los pensadores de izquierdas, es el mismo que permite a los informativos calificar día a día de revolución cualquier putsch militar que haya cambiado en un año el régimen de Brasil, de Ghana, de Irak o de donde sea. Pero la revolución de 1905 no derribó al poder zarista, que sólo hizo algunas concesiones provisionales. La revolución española de 1936 no suprimió formalmente el poder político existente: surgía por lo demás de un alzamiento proletario comenzado para defender la República contra Franco. Y la revolución húngara de 1956 no abolió el gobierno burocrático-liberal de Nagy. Si tenemos en cuenta otras limitaciones dignas de ser señaladas, el movimiento húngaro fue en muchos aspectos una sublevación nacional contra una dominación extranjera, y ese carácter de resistencia nacional, aunque menos importante en la Comuna, tuvo sin embargo un papel en sus orígenes. Ésta no suplantó el poder de Thiers más que en la afueras de París. Y el soviet de San Petersburgo en 1905 no llegó siquiera a controlar la capital. Todas estas crisis, inacabadas en sus realizaciones prácticas e incluso en sus contenidos, aportaron sin embargo muchas novedades radicales y pusieron seriamente en jaque a las sociedades a las que afectaron, por lo que pueden ser calificadas legítimamente como revoluciones. En cuanto a pretender juzgar las revoluciones por la magnitud de la matanza que entrañan, esta visión romántica no merece ser discutida. Revoluciones incontestables se han afirmado con choques poco sangrientos, incluso la Comuna de París que acabaría en masacre, y muchos enfrentamientos civiles han acumulado miles de muertos sin ser en absoluto revoluciones. Generalmente no son las revoluciones las que son sangrientas, sino la reacción y la opresión que se han opuesto a ellas en un segundo momento. Es sabido que el número de muertos en el movimiento de mayo dio lugar a una polémica sobre la cual los mantenedores del orden, provisionalmente tranquilos, no dejan de insistir. La verdad oficial es que no hubo más de cinco muertos que fallecieron instantáneamente, entre ellos sólo un policía. Todos los que lo afirman añaden que es una suerte inverosímil. Lo que aumenta bastante la inverosimilitud científica es que no se admitió nunca que uno solo de los numerosos heridos graves pudiese morir en los días siguientes: esta suerte singular no se debió sin embargo a la rapidez del socorro quirúrgico, sobre todo durante la noche de Gay-Lussac. Por otra parte, si era muy conveniente en aquel momento una sencilla manipulación para subestimar el número de muertos para un gobierno en situación desesperada, lo ha seguido siendo después por razones diferentes. Pero finalmente, en conjunto, las pruebas retrospectivas del carácter revolucionario del movimiento de las ocupaciones son tan incuestionables como lo que arrojó al rostro del mundo existiendo: la prueba de que llegó a esbozar una legitimidad nueva es que el régimen restablecido en junio nunca osó perseguir, para lograr la seguridad interior del Estado, a los responsables de acciones manifiestamente ilegales que le habían despojado parcialmente de su autoridad, o sea de sus edificios. Pero lo más evidente, para aquellos que conocen la historia de nuestro siglo, es esto: todo lo que los estalinianos hicieron por combatir sin descanso el movimiento demuestra que la revolución estaba allí”.

Y por último, el paralelo más evidente. La explosión de creatividad en las calles:

“El movimiento de ocupaciones era el retorno repentino del proletariado como clase histórica, extendido a la mayoría de los asalariados de la sociedad moderna y apuntando siempre a la abolición efectiva de las clases y del salariado. Este movimiento era el redescubrimiento de la historia colectiva e individual, la asunción de una intervención posible sobre la historia y de un acontecimiento irreversible, con la sensación de que "nada sería ya como antes". La gente contemplaba divertida la existencia extrañada que había llevado ocho horas antes, su supervivencia superada. Era la crítica generalizada de todas las alienaciones, de todas las ideologías y del conjunto de la antigua organización de la vida real, la pasión por la generalización, por la unificación. En ese proceso se negaba la propiedad, cada uno se sentía en todas partes en su casa. El deseo reconocido de diálogo, de expresión integralmente libre, el placer de la verdadera comunidad habían encontrado su terreno en los edificios abiertos al encuentro y en la lucha común: el teléfono, que figuraba entre los escasos medios técnicos que aún funcionaban, y el ir y venir de tantos mensajeros y viajeros, en París y en todo el país, entre locales ocupados, fábricas y asambleas, comportaban este uso real de la comunicación. El movimiento de ocupaciones era evidentemente el rechazo del trabajo alienado; y por tanto la fiesta, el juego, la presencia real de los hombres y del tiempo. Era también el rechazo de toda autoridad, de toda especialización, de toda desposesión jerárquica; rechazo del estado, y por tanto de los partidos y de los sindicatos, así como de los sociólogos y de los profesores, de la moral represiva y de la medicina. Todos aquellos a los que el movimiento había despertado con una cadena fulminante de acontecimientos -"Rápido", decía uno de los eslóganes, tal vez el más bello, escritos en los muros- despreciaban radicalmente sus antiguas condiciones de existencia, y por tanto a quienes habían procurado mantenerlas, las estrellas de la televisión y los urbanistas. A medida que se desmoronaban las ilusiones estalinianas con sus edulcorantes diversos, de Castro a Sartre, todas las mentiras rivales y solidarias de la época caían en ruinas. La solidaridad internacional volvió a aparecer espontáneamente, muchos trabajadores extranjeros se lanzaron a la lucha y gran cantidad de revolucionarios de Europa acudieron a Francia. La participación de las mujeres en todas las formas de lucha es un signo esencial de su profundidad revolucionaria. La liberación de las costumbres dio un gran paso. El movimiento era también la crítica, todavía parcialmente ilusoria, de la mercancía (en su inepto disfraz sociológico de "sociedad de consumo") y un rechazo del arte que no se reconocía todavía como su negación histórica (en la pobre fórmula abstracta "la imaginación al poder", que ignoraba los medios para poner en práctica ese poder, para reinventarlo, y que al carecer de poder, carecía también de imaginación). El odio a los recuperadores declarado en todas partes no llegaba todavía el conocimiento teórico-práctico del modo de eliminarlos: neoartistas y neodirigentes políticos, neoespectadores del movimiento que les reclamaba. Aunque la crítica del espectáculo de la no-vida no era todavía su superación revolucionaria, la tendencia "espontáneamente consejista" de la sublevación de mayo se anticipó a casi todos los medios concretos, entre ellos la conciencia teórica y organizacional, que le hubiesen permitido traducirse en poder y ser el único poder”.



(Foto: FFEE reprimen homenaje a Mauricio Fredes y rompen la animita instalada en Irene Morales con Alameda)

Mauricio Fredes, el Lambi, fue sepultado hoy, en un hermoso y masivo funeral. Hasta siempre Lambi. Hoy el fuego de la noche se encenderá por tí, por Abel, por Alex y por todxs los que ya no están. Nada ha terminado. La lucha sigue.

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