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jueves, abril 13, 2017

Paco ladrón/Leyendo en el metro/Fred SY/etc. 



En  metro Universidad de Chile, día miércoles, aun se respiran los gases y polvos lacrimógenos lanzados masivamente el día anterior por las Fuerzas Especiales de Carabineros. En la marcha del martes un grupo de cerca de 100 encapuchdxs se dedicó sistemáticamente a arrancar adoquines del bandejón central de la Alameda de las Delicias  y arrojarlos a las decenas de vehículos policiales que acompañaban el recorrido. El grito del día fue “PACOS LADRONES DEVUELVAN LOS MILLONES”, que parecía desmoralizarlos bastante. La verdad, desde que bajo la dirección general del general Bruno Villalobos adoptaron como lema ese de “somos la frontera entre la delincuencia y la ciudadanía”, que estaba claro que moviéndose en esa frontera bastante difusa un porcentaje no menor de funcionarios se vuelve (si es que no era de antes) abiertamente delincuente.

En la línea 4 el día de hoy, voy leyendo “El club dadá” de Raoul Hausmann. Miro a mi alrededor: un sujeto lee el suplemento “Economía y Negocios” de El Mercurio, mientras otro lee al filósofo nazi Martin Heidegger y su “Introducción a la Metafísica”. Me pregunto, ¿y si era tan re-nazi y antisemita, por qué fue amante de su estudiante judía Hannah Arendt? ¿O para su vida sexual no era tan purista como cuando se ponía el uniforme de facho? En fin. Pobre Gunther Anders.

Pero al menos se lee en el Metro. Algo es algo. Y recordé que una periodista de apellido Viera-Gallo hizo una “entrevista íntima” a Patti Smith en la revista YA (también publicada en la web por Economía y Negocios), donde entre otras cosas decía que el esposo de Patti era “Fred Sonic Youth”.

¿Fred Sonic Youth? Ah, ¡sí!: el famoso guitarrista de la banda The Smiths, donde tocaban Patti Smith, él mismo, sus hijos  y otros miembros de la familia….

Nones. Fuera de tallas, la verdad es que el sujeto en cuestión es el ya fallecido Fred Sonic Smith, uno de los dos guitarristas de los gloriosos MC5, pioneros del punk rock y de los White Panthers, que según él mismo decía, creía que la banda Sonic Youth se había puesto ese nombre en homenaje a su persona, lo cual no está muy claro pero no deja de ser chistoso…

En fin: en futbol un periodista que confunda equipos y apellidos tendría poca tribuna, pero los periodistas “musicales” pueden permitirse cualquier aberración en la prensa burguesa y da lo mismo.
Me imagino si llegara a venir efectivamente P. Smith a Chile…el festival de la estupidez babosa de los “fans” opacaría en gran medida la apreciación de la excelencia -que no discuto- del arte de esa mujer.

En estos tiempos ya es perfectamente posible ver artículos sobre el "incorregible" Guy Debord en la revista CAPITAL, y revisiones del libro de Esther Leslie sobre "el vagabundo" Walter Benjamin en Economía y Negocios. Ah: y ahora todos aman a Leonard Cohen.



Necesito un antídoto...

Hausmann dice: "el individuo dadaísta se opone radicalmente a la explotación, ¡el sentido de la explotación sólo produce idiotas y el dadaísmo odia la estupidez y ama el sinsentido! Por lo tanto, el individuo dadaísta se revela como verdaderamente real frente a la falsedad pestilente del padre de familia y del capitalismo muriéndose en el sofá".

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miércoles, agosto 31, 2016

La ira de los caballos (o los caballos de la ira) 




Un caballo, en jerga carcelaria o canera es _________________ (defina Ud. mismo).

Servando Rocha, de la editorial La Felguera, recomendado hasta por el famoso "historiador oculto" de $hile lindo S.A., haría bien en leer a Marx antes de ir y escribir semejantes documentos de barbarie como el que se aprecia con claridad al referirse a la teoría marxiana del valor en las primeras líneas de este escrito fechado en el año 2009.

El problema en realidad sería, si lo leyó....Pues en este caso habria que declarar como un profundo error de los situacionistas su fórmula que decía "imbéciles, podéis dejar de serlo: lean a Marx".  

En fin, aparte de Simon Reynolds -que en su libro "Hacer mierda todo y volver a empezar"  dedica unas buenas páginas a la historia del Pop Group dentro de las numerosas y estimulantes aventuras y luchas del partido de la humanidad joven, en el plano sociosicogeográfico-musical en diversas ciudades anglohablantes, (o sea, en otras palabras, la historia del punk-postpunk) siempre comparando una pareja de bandas de cada momento/lugar: en ese caso, tratando a la vez de ellos y las Slits ((uno de los peores tarados que he conocido en mi vida iba por el mundo diciendo entre otras cosas que Slits era la peor y más ridícula banda supuestamente ponk)) (((puro machismo y mal gusto: en cambio, encontraba unas guachitas ricas a las L-7)))-, sólo conozco este texto de Rocha acerca de la banda POP. Una de las mejores en la enorme banda sonora de la revolución o lo que quedaba de ella y los que la querían tanto, a fines de los 70, justo antes de la derrota total del segundo asalto.

Va el texto (léalo, pero "con beneficio de inventario"):

-Y
-Por cuanto tiempo más toleraremos el asesinato en masa
-Todos somxs prostitutxs, todxs tenemos un precio.
-Ella está más allá del bien y del mal


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(S. Rocha sobre el Pop Group. La Felguera N° 12,
los tigres furiosos son más sabios que los caballos de instrucción)


El mundo de los objetos resulta a veces confuso. Sin entrar a describir tales objetos como la definición marxista de las “cosas” -aquellas mercancías que son tales por el hecho de que sobre éstas opera un acto de cambio- podemos extender esta transmutación al mundo de los acontecimientos. El juego de las apariencias busca esta metamorfosis. Persigue recorrer un camino. ¿Es un disturbio callejero de una performance salvaje? ¿Fueron los campos de concentración nazis la cruenta expresión en forma de gigantesco happening de un artista acomplejado como Hitler? Y la pregunta que verdaderamente nos ocupa aquí: ¿Qué papel debe atribuirse a una banda como The Pop Group en la historia del rock and roll? Me refiero a la Historia, a la memoria colectiva. Y ello si tenemos en cuenta la fecha crucial en la que emerge la banda (comienzos de 1978) y el hecho de construirse a sí misma mediante la radicalidad sonora más dura: fuertes bases de bajo, gritos y aullidos que se retorcían y que nos interrogaban diciendo: “¿Durante cuanto tiempo más toleraremos este asesinato en masa?” (tema de su mismo título), textos cuya conciencia sobre el mundo contemporáneo son difícilmente superables, y una música imposible de repetir.

Es más ... ¿Cuál debe ser nuestra perspectiva cuando introdujeron el tribalismo, el baile sincopado y la fiebre a unos ritmos que se mostraban ya agotados? En efecto, The Pop Group, con ese “idealista extremo” llamado Mark Stewart, ataviado con chaquetas funk con hombreras, pantalones anchos, camisas arrugadas y zapatos de baile, eran maestros de la alquimia. Su quehacer era el de un inconfesable rito. Su mensaje, igualmente, era demoledor: “El capitalismo es la más bárbara de todas las religiones” (de su tema “We are all prostitutes”).

Las creaciones dejan de ser del creador desde que se entregan, se dicen y se observan. A partir de ahí surge algo distinto cuyo resultado, si se plantea de una manera sorprendente y transgresora, es un experimento, algo cuyo resultado se desconoce a priori, es decir, es anárquicamente incontrolable. The Pop Group, en la línea de las vanguardias como el dadaísmo, surrealismo o fluxus, buscó el resultado inesperado.

En cierta medida, estamos ante una especie de actividad alquímica que busca la transformación de las cosas hacia estadios superiores o distintos. Esta suerte de alquimia comparte la visión que tiene la fantasmagoría, según la cual la puesta en escena de varios actores que se mueven bajo enigmáticas y grandes sombras, y las escasas luces, provocan en el espectador un efecto de perturbación, convirtiendo el acto en otra cosa. Crean la imagen distinta de algo que, al contrario, ya es porque así se percibe como tal.

A mediados de los años setenta la decadencia del rock progresivo no sólo se manifestaba en la gestación de un nuevo modo de ver la vida y el mundo, en general y de la música en particular, sino que abarcaba todo un sinfín de nuevas pautas juveniles y modos de vida que significaban ruptura. Ésta fue la generación que abrazaría lo que poco tiempo después se denominó como “punk”. Pero Bristol no era Londres. En Bristol, una generación de jóvenes imitaba con su imagen la estética de los años cincuenta y buscaba incansablemente los mejores discos de funk entre las estanterías de las tiendas de discos.

El puerto de Bristol traía aquella música producida mucho más allá, mientras en Belfast los irlandeses nacionalistas eran exterminados por el ejército británico. Era un paisaje de guerra en medio de una ciudad que carecía de una industria musical fuerte. Esa carencia de la infraestructura que sí disfrutaban Londres o Manchester tenía, como contrapartida, permitir a la gente “aislarse durante el tiempo necesario y desarrollar su sonido”.

Definitivamente, los setenta habían surgido entre pésimas noticias, justo después de abandonar los londinenses la protesta estudiantil que surgiera tras el mayo francés. Distintos hechos conmocionaron a la opinión pública. En este sentido, la Facultad de Económicas de Londres y Escuelas de Bellas Artes, como la de Guilford, habían sido ocupadas por los jóvenes. De aquello, un puñado de años después casi no quedaba rastro alguno, salvo nostálgicos retazos salpicados en la prensa underground. La calle vibraba entre las leyes anti-inmigración decretadas por el Gobierno y la protesta de los mineros. Pero no habían utopías en Inglaterra o, al menos, así lo parecía.

Ante ello, The Pop Group expresó el estado de las cosas de una manera directa, atacando a la alienación al señalar que “la tolerancia es una máscara de la apatía”, toda vez que “el agotamiento es una política diaria (...) Nuestra inacción frente a su asesinato y esclavitud es un violento crimén” (de su tema “For how much longer do we tolerate mass murder?”). Esa alienación atacada por la banda respondía a la crítica de la vida cotidiana que había surgido en los inmediatos años tras la Segunda Guerra Mundial por parte de filósofos heterodoxos como Henri Lefebvre y, posteriormente, los situacionistas, entre otros. “La tolerancia es, en efecto, falsa, porque en realidad ningún hombre ha debido ser jamás tan normal y conformista como el consumidor”. En efecto, la opresión que denunciaba la banda era la de una sociedad de consumo y sus implicaciones en orden a tener todo bajo control. Incluidos los artefactos culturales. De ahí su sentencia en torno al barbarismo capitalista, según la cual “todos tenemos un precio y tú aprenderás a vivir en la mentira. Agresión, competición, ambición, consumo fascista. Las tiendas de ropa son las nuevas catedrales y nuestros coches son los mártires de la causa” (de “We are all prostitutes”). Su mirada era, por supuesto, romántica: “La idea del amor incondicional como un arma revolucionaria (...) te daba esperanza en un mundo mejor, te daba idealismo y energía”, afirmó Stewart.

En el funk se buscaba la definitiva muerte del progresismo musical y de los años del sopor y aburrimiento impuestos por sus mayores. Al menos en cuestiones de tipo estilísticas. Sus implicaciones eran mayores. Asiduos a los clubs de funk, Mark Stewart y los futuros miembros de The Pop Group, con tan sólo catorce o quince años, bailaban las canciones de Funkadelic o T-Connection mientras que fuera, en las duras calles, se vendían tabloides repletos de malos augurios: recesión económica. “Generalmente, nosotros éramos los únicos chicos blancos en esos clubs (...) Nos pasábamos toda la noche hablando, discutiendo y fumando hierba”, según Stewart. Bajos potentes y gruesos, líneas dinámicas de batería y voces tratadas con efectos eran las cadencias que imponía el funk. En un plano subcultural, la alianza entre rastafarismo y punks se expresaba en el lugar común de ambos, el cual no era otro que la lucha contra el mundo (Babilonia), el exilio forzoso y la resistencia cultural contra la hegemonía cultural.

Las cosas empezaron a cambiar en Bristol cuando la tienda “Sex” de Malcolm McLaren abrió sus puertas en el barrio londinense de King's Road. Muchos jóvenes de Bristol aparecieron vistiendo unas ropas absolutamente extrañas para la tradición de clubs que existía en Bristol cuya banda sonora era, sin lugar a dudas, el poderoso funk con George Clinton y sus psicodélicas letras a la cabeza. Pero, para el inquieto Mark Stewart, no existían diferentes estilos y cuando a esa nueva música y estilo se le llamó punk afirmó que para él “Sly Stone y George Clinton eran punks (...) Nunca hice esa división”. Ese tipo de ropa de inspiración sadomasoquista y provocadora de “Sex” era consumida, no sólo por los chicos blancos de la ciudad, sino también por algunos negros. Todo sucedía muy rápido.
Funk y dub emergían en medio de la escena musical inglesa, una escena que había encontrado en Don Letts (el responsable de, tiempo después, convertir a John Lydon, de Sex Pistols, en un amante del reggae y dub negros) a uno de sus pioneros, al menos en Londres. En aquella ciudad, Don Letts había pasado de ser un acérrimo fan de The Beatles (uno de los pocos negros que paseaba con orgullo esa afición por Londres) a escuchar día tras día todos los vinilos de reggae que caían en sus manos. En parte, toda aquella tradición partía de los mods y skinheads que tenían las distintas recopilaciones del sello Trojan Records como uno de sus principales referencias. Una de éstas, “The Reggae Chartbusters”, había mezclado distintos artistas de ska, reggae, rocksteady y dub del momento. El reggae era la música más declaradamente rebelde de la época y jóvenes como Don Letts la abrazaron y lo hicieron en una ciudad como Bristol, el territorio más cercano a Jamaica (si omitimos Gales). El mestizaje pertenecía a la propia identidad de la ciudad, acostumbrada a renombrar un pasado que contemplaba un fuerte comercio de esclavos y que tuvo en su importante puerto uno de sus epicentros.

Pero Bristol era una ciudad distinta, aunque toda Inglaterra oliera al Frente Nacional y los choques callejeros con grupos antirracistas resonasen con violencia interrumpiendo la normalidad. La transformación de la escena de Bristol en una emergente ciudad con brillantes bandas punk estaba en marcha. Siouxsie and the Banshees y Slaughter and the dogs empezaron a sonar en los clubs y muy pronto los primeros punks comenzaron a reunirse en locales de Bristol, como el pub The Crown, en el Old Market.

The Cortinas fueron un importante precedente. La banda mantenía con Mark Stewart una muy buena amistad. The Cortinas habían tocado como teloneros de Patti Smith y, tras las pertinentes presentaciones, Stewart los acompañó para ver a The Clash en directo. Era octubre de 1976. Patti Smith recibía asombrada y sorprendida la información acerca de lo que estaba sucediendo en Londres en boca de aquellos jóvenes, porque para ella aquello era totalmente nuevo y distinto de la post beat generation que era la escena neoyorkina con Richard Hell, o ella misma, al frente, o con los ruidosos y energéticos Ramones creando escuela. Para Stewart, la visión durante esa fantástica noche de Paul Simonon, bajista de The Clash, con llamativos adhesivos en los trastes del bajo para poder tocar las canciones fue una auténtica revelación. Los diminutos adhesivos eran marcas que indicaban las notas de las canciones. Ya nada iba a ser igual, porque virtuosismo ya no era sinónimo de tocar en una banda, de hacer vibrar a un público que se comportaba como si el mundo se fuera a acabar mañana mismo, cuando se despertasen con el cuerpo totalmente molido y con una sonrisa en la cara.

Obviamente, el nombre de The Pop Group no indicaba una admiración concreta hacia el pop. De acuerdo, se tomaba la subversión pop como punto de partida cuando el punk comenzaba a arrancar, pero al comienzo el grupo realizaba versiones de Modern Lovers o T-Rex. Quizás era un distanciamiento de una escena punk que en 1978 empezaba a ser una parodia de sí misma. Para Mark Stewart (voz), John Waddington (guitarra), Bruce Smith (batería), Gareth Sager (guitarra, saxo y piano) y Simon Underwood (bajo) el rock and roll significaba “tomar conciencia con la realidad (...) Era una celebración de la conciencia”, tal y como declararon a la revista New Musical Express. Pero The Pop Group estaban llamados a destruir sistemáticamente cualquier límite a la creación, tanto en sus problemas estéticos como en los meramente musicales. En sus canciones se puede apreciar con violencia la cacofonía y deconstrucción del lenguaje del pop hacia terrenos próximos a lo tribal, al free jazz y el sonido dub. Todo ello bajo una omnipresente y radical denuncia política, a través de unos textos brillantísimos. Estas líneas son las que están impresas en un tema como “Amnesty International Report on British Army Tortures of Irish Prisioners” en donde sobre una base de free jazz Stewart pasa a leer el informe de la organización sobre los distintos y numerosos casos de abusos sobre la población norirlandesa.

Bandas como The Clash, Crisis o Tom Robinson Band habían profesado su adscripción política comunista o trotskista en distintos espacios y lugares. La prensa y, sobre todo, su participación en los multitudinarios conciertos a beneficio de la Liga Antifascista del Reino Unido, lograron crear la sensación de un tipo de punk ultramilitante. Pero aquello no fue sino el resultado lógico a lo que sucedía en las calles inglesas. The Pop Group rápidamente se colocaron en primera línea de aquellas banda políticas, incluso superándolas. Atrás quedaban los primerizos conciertos en fiestas universitarias en donde tocaban varias versiones de gente como T. Rex. No obstante, no pasaría mucho tiempo hasta que la banda fue adquiriendo su sonido característico, acompañando a bandas como Pere Ubu, lo que condujo a que la prensa musical los calificase como avant-garde.

El interés de la banda no era el viejo sonido del rock and roll, aunque lo tenían en cuenta, porque su mirada estaba en otras latitudes y épocas. Al igual que bandas afines a ellos como Cabaret Voltaire, emplearon el ruidismo y la experimentación de la música concreta de gente como Pierre Henry, un compositor francés de los años cuarenta, cuyo material reprodujeron en algunos de sus shows.

La banda hizo uso de ideas propias de los situacionistas franceses (vía Sección Inglesa de la Internacional Situacionista / King Mob), del teatro callejero o guerrillero, las distintas expresiones del agit-prop, del punk más ortodoxo, el happening y las filosofías que potenciaban la libre sexualidad y la liberación individual, como Wilhelm Reich.

En “She is beyond good and evil” (1979, Radarscope Records) se percibe esta pasión por lo rítmico y por cierta forma de primitivismo salvaje que rompe con el tópico de una África al borde de la locura o sumida en la enajenación. En estos momentos ya están plenamente presentes los nombres de sus referentes musicales: Last Poets, Sun Ra, The Clash o Miles Davis.

En 1979 la situación iba a empeorar y con aquellos vientos llegó también la hora de endurecer el discurso. El gobierno de la dama de hierro, de la ultraconservadora Margaret Thatcher, restringía los gastos sociales y sanitarios, la lucha de los mineros se endureció y comenzó un periodo de importantes huelgas.

Y, su primer disco, fue considerado como uno de los trabajos más políticos jamás creados. Es un álbum definitivo, imprescindible. Dub, disco-funk y rock a partes iguales comparten escenario en una diatriba contra la sociedad occidental, contra toda la civilización. Es, ante todo, una llamada a la movilización individual contra el gobierno, pero también contra uno mismo, algo que parece repetir la frase de 
Allen Ginsberg acerca de “derribar cualquier reserva y garabatear versos mágicos brotados de mi auténtico espíritu”. En cierta medida, el gran interés expresado por la banda acerca de las civilizaciones africanas y el tribalismo es un intento por subvertir el modo en que visionamos y contamos el mundo. Parecía una invasión cultural o un intento de hacer penetrar algo inesperado y perturbador, ante la previsibilidad del rock and roll. De hecho, “Y” perturba en su caos y versatilidad, pero de un tipo hiperviolento e hipnótico.

Su grafismo coincidió con el álbum “Cut” de sus eternas amigas The Slits. En este disco, la banda posa con el torso desnudo, como si fueran amazonas, y cubiertas de barro. En “Y” aparece una impactante foto tomada a una tribu salvaje de Nueva Guinea. En ambos casos, hay un intento de desplegar un discurso acerca del tribalismo y la vulnerabilidad de la civilización anglosajona. Lo arcaico y ritualista, el sentido de unidad y supervivencia, chocaba con lo efímero de un mundo construido en base a relaciones de consumo y, en definitiva, bajo el gobierno de la economía.

Desde el anonimato, como si se tratase de una sociedad secreta, hasta la multitud. Perdidos entre esa vasta muchedumbre (250.000 personas en Trafalgar Square) la banda se sintió ausente, incapaz de procesar lo que estaba ocurriendo mientras interpretaban un poema del romántico inglés William Blake, quien había afirmado, un siglo atrás, que “los tigres furiosos son más sabios que los caballos de instrucción”. Era el 26 de octubre de 1980 y el nombre de The Pop Group pasaba a integrarse en el interior, notablemente refugiado y resistente, de la memoria colectiva: “Se produjo una desintegración orgánica”, según Stewart.

Aún parece resonar aquella frase arrojada con fuerza, casi escupida, en “We are all prostitutes” y que nos alertaba (a todos) de que “nuestros hijos se levantarán contra nosotros”. Aún estamos a tiempo ... de elegir en una época donde tal posibilidad es un desafío, el mismo que nos obliga a escoger entre ser tigres furiosos o caballos de instrucción.

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martes, mayo 10, 2016

Racionalidad irracional o "El miedo es el mensaje"/Ack Ack Ack Ack 

SANTIAGO.- Una situación similar a la ocurrida en 2014 fue lo que arrojó la última encuesta sobre victimización de la Fundación Paz Ciudadana dada a conocer este martes. Lo anterior, porque nuevamente se produjo una baja en cuanto al número de personas y hogares que fueron víctimas de un delito durante el 2015 respecto del penúltimo año, pero se registró un aumento del nivel de temor. De acuerdo a los datos entregados por la fundación, de un 43,5% durante 2014, las personas y hogares que fueron víctimas de robos disminuyeron a 38,9% en 2015. Por su parte la sensación de temor pasó de 13,8% a un 21,1% en entre enero y diciembre del año anterior. Delitos y valoración Según el texto dado a conocer hoy, el Gran Santiago, Iquique, Curicó y Rancagua son las ciudades que tienen los índices de victimización más altos del país. Es decir, que hogares y personas han sufrido delitos como robo o intento de robo dentro y fuera de sus domicilios. Mientras que los más bajos están en las ciudades extremas como Punta Arenas y Arica, a las que también se suma Osorno. La encuesta también abordó la valoración que tienen los chilenos respecto de sus instituciones, la que presentó una baja respecto de 2014. En ese sentido todos los organismos relacionados con la seguridad del país sufrieron una disminución de cómo los ven los ciudadanos, tales como las policías, el Ministerio Público, Gendarmería, Defensoría, Poder Judicial y el Congreso Nacional. También se registró una baja en la valoración del Gobierno, principalmente en las ciudades de Viña del Mar y Rancagua

Fuente: Emol.com - http://www.emol.com/noticias/Nacional/2016/05/10/802100/Encuesta-de-Fundacion-Paz-Ciudadana-muestra-una-baja-en-victimizacion-pero-aumento-del-temor-en-2015.html



LA POLLA RECORDS, Delincuencia,
LOS PICOS, Odiolapolicía


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miércoles, abril 27, 2016

Anarquía y Anarkía según el Observatorio/UAHC este jueves: contra el terrorismo del Estado, el capital, etc. 


Yo creía que la distinción entre anarquistas (buenos) y anarkistas (malos) la había inventado la prensa burguesa chilena hacia 2009/2010, en el clímax de la histeria antiácrata, pero no: era una creación seudoacademicista del infame Erick Marín, el cual habla de sí mismo en tercera persona (y se autoelogia) en su sitio Observatorio del Anarquismo en Chile.

Vamos con su brillante distinción, no sin antes dejarlos con un clásico EP de Government Issue, Toro sin piernas, de 1981, donde se incluye el hit "Anarchy is dead" (La Anarquía está muerta: lo cual no es verdad en todo caso, pero igual el tema es brillantísimo, y de paso putean a los jipis culiaos pacifistas de CRASS, jeje: qué divertido. Hardcore para las masas).




"Esta ha sido sólo una distinción didáctica para explicar ciertas diferencias entre las redes anarquistas, permitiendo que aquellas personas ajenas al movimiento social, puedan disponer de una conceptualización básica. Esta fue desarrollada por el Psicólogo Social Erik Marín de nacionalidad chilena y colaboradores, especializado en el anarquismo de acción directa contemporáneo, en organizaciones criminales y terrorismo. Elaboró la distinción entre dos tipos de anarquismo: según indica es posible identificar dos grandes pilares anarquistas, anarquistas con “k” y anarquistas con “q” [anarkistas – anarquistas]. El primer grupo conformado por individuos pertenecientes a organizaciones culturales de corte libertario, ex integrantes de grupos subversivos, pro vida animal, veganos, ecologistas y okupas que suelen integrarse a un trabajo de tipo social cultural, suelen participar en protestas y ocupaciones, poseen una estética que los acerca al punk o al hardcore. Los segundos, anarquistas con “q”, se conforman en universidades, con redes internacionales, vinculados en algunos casos a partidos políticos de izquierda, movimientos libertarios o insurreccionales. En Chile durante los últimos años principalmente anarquistas con “q” crearon redes de participación que se orientaron al anarquismo de acción directa o expropiador, siguiendo el modelo anarquista insurreccional italiano, algunos de ellos retornados posterior al gobierno militar de Augusto Pinochet U. Estos últimos son individuos profesionales y/o universitarios de clase media y media alta, llevan una vida de trabajo o estudios y que bajo determinadas circunstancias sociales han pasado a la clandestinidad o mantienen una doble vida. Si bien en la praxis existe una fuerte interacción entre ambos tipos permite al menos distinguir de aquello que los medios han difundido como lumpen anarquista, lo cual no es más que una ridiculización mediática de un movimiento social y por lo demás no permite un análisis riguroso de los hechos acontecidos en el país y el mundo.


Su distinción la elabora a partir de la conceptualización realizada por David Graeber y Andrej Grubacic, en la cual se refieren a anarquistas con “A” mayúscula y anarquistas con “a” minúscula. Algunos de sus escritos son: Anarquismo chileno y redes tecnológicas. Estudio exploratorio de desigualdad en seguidores de ideas anarquistas. De hacker, craker y okupas en la red. Hacia una arquitectura anarquista. Anarquismo de acción directa en Chile – anarcoterrorismo [2004-2009]. Ha desarrollado también investigación [no publicado] entorno al vandalismo en obras de arte y a la reconceptualización de una obra artística después de sufrir un atentado de acción directa".



EZLN? Mmmmmmmm. OK. Ya.

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lunes, diciembre 02, 2013

Beat oriental/Concerned with the @ 

Antiguamente Music Tele Vision era un canal de video clips. Los Dead Kennedys pedían que saliera del aire (MTV get off the air), y el deseo casi como que se logró, pero a un precio elevado y extraño: ya no dan videos, pero el canal sigue ahí.

Los tiempos han cambiado. En 1983 uno era tachado de tener gustos viejos si pontificaba a Hendrix o Led Zeppelin. Y eso que Led Zeppelin había dejado de existir hace menos de 5 años. Hoy en día es normal que los púberes y prepúberes luzcan poleras de Metallica cuya gráfica homenajea álbums que ahora tienen como 30 años de antiguedad. Sus papás usan a veces los mismos artefactos.

Mi papá ve ahora a Led Zeppelin en pantalla grande. En esa época más bien me los prohibía para que no bajara mi rendimiento en el Liceo. En fin, todo eso era para justificar cierta nostalgia glam punk de los 80, de una época en que aún te podía gustar algo cuando prendías la tele:

Hanoi Rocks con "Motorvatin", del album Oriental Beat (1982). No importaba que New York Dolls ya no existiera ni que Kiss se hubiera sacado la máscara (y putas que eran feos...). Desde Finlandia venían los Hanoi Rocks, que 20 años después amenizaban todas las fiestas en una antigua casa. Pero eso ya es otra nostalgia.

Mejor os dejo con algo serio: la prensa burguesa chilena, preocupada por el anarquismo y sus "implicancias actuales", desde Melissa a Mónica:


PRENSA BURGUESA PREOCUPADA DEL ANARQUISMO EN CHILE
(4 documentos de las últimas semanas)


1.-El Mercurio

a) Editorial
Jueves 14 de noviembre de 2013
Inesperado vuelco en caso Bombas
"El consenso para enfrentar con unidad el violentismo —una característica de los primeros años de la transición— parece haberse diluido, hasta transformar el punto en un tema más de la controversia política..."
Cuando hace un año la Corte Suprema rechazó los últimos recursos de la fiscalía y el caso Bombas llegó a su fin, abundaron los cuestionamientos exaltados contra autoridades que habían tenido algún protagonismo en esa investigación. Entonces, y frente a ese clima de escarnio, este diario hizo notar un punto central: lo que aquí había habido no era simplemente el fracaso de un fiscal o de algún miembro del Poder Ejecutivo, sino algo mucho más grave, a saber, una falla de todos los actores del sistema penal involucrados. En síntesis, quedaba en evidencia la incapacidad del Estado para perseguir y sancionar a los responsables de más de un centenar de atentados explosivos cometidos a partir de 2005.

Sin embargo, la detención en España de dos chilenos vinculados a la ideología anarquista, entonces absueltos y ahora acusados de participar en la detonación de una bomba en la Basílica del Pilar, en Zaragoza, pone de relieve la magnitud de aquel fracaso, pero también permite observar aristas que en su momento resultaron algo obviadas.

Mucho se habló entonces —y con razón— de las debilidades en la indagatoria llevada a cabo por el Ministerio Público, con fallas procedimentales inexcusables. También se hizo patente la precariedad del así llamado sistema de inteligencia nacional, y en particular de la ANI, incapaz de reunir la evidencia necesaria para sostener las acusaciones.

Pero si bien eso es efectivo, no debieran olvidarse tampoco ciertas actitudes insólitas de algunos de los magistrados que conocieron del caso, cuyas expresiones descalificatorias hacia la parte acusadora no constituyeron la mejor forma de mostrar imparcialidad. Por otra parte, que dos tercios de las pruebas originalmente presentadas por la Fiscalía hubiesen sido desestimadas por el juez de garantía —que impidió que fueran invocadas en la causa— confirma tal vez las críticas a la calidad de la investigación, pero resulta indicativo también del poder que pueden llegar a tener estos magistrados para determinar el curso posterior de un juicio: precisamente fue dicha exclusión de pruebas (entre las que se encontraban un peritaje psiquiátrico o las especies incautadas en la residencia de la conviviente de uno de los acusados, cuya declaración extrajudicial había sido una de las bases de la indagatoria) la que hizo caer la imputación del delito de asociación ilícita, y con ello debilitó sustancialmente la causa del Ministerio Público.

Por último, no cabe olvidar el apoyo político recibido por los imputados. Incluso antes de iniciarse el juicio, parlamentarios opositores denunciaban “injusticia” e incluso, en algunos casos, reputados analistas de la Concertación de obvio talante democrático hablaban de “un enjuiciamiento más político que legal”.

Las noticias provenientes de España obligan a reevaluar las cosas. Desde luego, se hace evidente el abismo que separa las capacidades institucionales de ese país para enfrentar el terrorismo —producto de la amarga experiencia allí acumulada— con nuestra propia precariedad, que parte (igualmente en contraste con la situación peninsular) por el temor mismo a usar esa palabra y la legislación especial que persigue tales conductas. Peor aún, el consenso para enfrentar con unidad el violentismo —una característica de los primeros años de la transición— parece haberse diluido, hasta transformar el punto en un tema más de la controversia política. A propósito de las detenciones en la península, el ministro del Interior ha dicho que ahora algunos tribunales chilenos debieran dar explicaciones. Tal vez, más que eso, lo que corresponda sea asumir la gravedad de los atentados ocurridos a partir de 2005, dimensionar las implicancias del fenómeno anarquista y terminar con las largas condescendencias en esta materia.

b) Columnistas: Carlos Peña
Domingo 17 de noviembre de 2013
Bombas y votos
"Por un azar que podría resultar pedagógico, hoy revive el caso Bombas y culmina la elección presidencial. Así se contraponen dos maneras de concebir la convivencia: la de quienes piensan que para mejorarla hay que cortar algunas cabezas y la de quienes creen que el mejor camino es contarlas..."
El asunto más sorprendente de esta semana —al extremo que ni las elecciones de hoy debieran apagarlo— es el caso Bombas resucitado en España.
¿Por qué?

Hay varias razones para que sea relevante.

La primera es que de ser ciertas las imputaciones que se han hecho a esa pareja en España, la persecución penal en Chile quedará en muy mal pie. Es verdad que nada impide que puedan haber cometido delito allá sin hacer nada acá (y que, en consecuencia, tanto el aparato de persecución español como el chileno actúen bien, uno persiguiendo, el otro absolviendo); pero es poco probable. Este tipo de delitos (a diferencia del robo o incluso el homicidio, que suelen ser fruto del hambre, la mala costumbre o la rabia, motivos en cualquier caso circunstanciales) posee un soporte conceptual, es el resultado de una fiebre ideológica que transforma el miedo y el bombazo en actos legítimos, en formas de obrar que, para quien los ejecuta, no merecen la repulsa sino el aplauso. Nadie pone bombas como consecuencia de un trastorno emocional. Las bombas son el fruto de una decisión intelectual, el resultado de una simplificación fría y paciente de la realidad. La conclusión entonces es esta: si ellos pusieron bombas allá, es probable que las hayan puesto también acá. Y la pregunta obvia —e incómoda— es la que sigue: ¿Por qué se les persigue allá con éxito y acá no?

Como es obvio (para todos los abogados, salvo para el Gobierno) la culpa, de haberla, no es de los jueces, sino de los fiscales y de la policía. Los jueces no son los encargados de la persecución penal, sino de verificar que esa persecución se ajuste a las reglas y las garantías que el Estado de Derecho reconoce a los ciudadanos. Así, si las pruebas son impertinentes o inadmisibles o débiles, si las inferencias de los fiscales son inconducentes, el deber de los jueces es decirlo (fue lo que hicieron) y el deber de la policía y de los fiscales es corregirse (lo que es de esperar hayan hecho).

La segunda razón —para que el entusiasmo de los votos no apague el caso Bombas— es política.

Ocurre que este caso fue presentado —no solo por los defensores en sentido estricto, sino por observadores interesados también— como un montaje, un fraude deliberado en el que habrían participado Hinzpeter, entonces ministro del Interior, y algunos fiscales. Pero ahora —salvo que la detención en España resulte un fiasco y también se haya intentado un montaje allá, como si esa pareja de chilenos fuera perseguida por una maldición o por la mala suerte o quién sabe qué— la tesis del montaje, de la escenografía deliberada para perseguir y culpar, quedará convertida en una exageración sin sustento alguno.

Pero, por sobre todo, el caso Bombas recuerda, especialmente hoy, por contraste, el valor de las elecciones.

La gente que pone bombas (al margen de que los detenidos en España y absueltos en Chile sean de esos) suele descreer del valor de la democracia. Inflamados por la idea de que la libertad equivale a una franquía que las instituciones ahogan, se empeñan en recuperar la gestión directa de los asuntos comunes y en deteriorar todas las formas de representación o de mediación social. Y como suele ocurrir con quienes no trepidan en echar mano a medios violentos, están animados, las más de las veces, por gruesos y simplistas ideales que les inflaman la mirada y los inmunizan contra la crítica. Ellos creen que las bombas pueden liberar porque piensan que debajo de la piel agobiante de las instituciones —de las que piensan que no son más que una costra de corrupción y de codicia— habita una libertad natural que, si se la deja a sus anchas, produce mejores resultados. Las bombas entonces son, para ellos, profilácticos, mecanismos que previenen y desmontan todo lo que cubre y envilece a la libertad natural, instrumentos que permiten rascar el cielo del paraíso.

Todo lo contrario a quienes —como los millones que hoy día irán a las urnas— practican el voto.

Los que votan creen que mediante el voto se realizan, y no se ahogan, los valores de la igualdad y de la libertad. De la igualdad, porque al momento de votar, cada uno, al margen de toda otra consideración, su etnia, su orientación sexual, su riqueza o su talento, cuenta como uno y nada más que uno. Y de la libertad, porque mediante las elecciones las comunidades humanas se esfuerzan por formar una voluntad común que les permita autogobernarse y someterse así a los designios de su propia voluntad.

Pero, por sobre todo, la principal diferencia entre quienes ponen bombas, en Chile o en España, y los que depositan votos, deriva del hecho de que los primeros creen que tienen la verdad completamente de su lado, mientras que los segundos, los que votan, los que hoy se levantan, con rezongos o entusiasmos, poco importa, para ir a depositar su voluntad en una urna, creen que en la vida en común hay que andar a tientas y que, por eso, es más prudente contar las cabezas en vez de cortarlas.


La Tercera, 23 de noviembre de 2013
Reportajes

Las huellas de los anarquistas chilenos en el exterior
La detención en España de dos ex imputados en el caso bombas reabrió el debate por las supuestas conexiones que unen a los anarquistas chilenos con sus pares en el extranjero.
por Jaime Pinochet


L VIERNES 15, una treintena de encapuchados se instaló en las dos salidas del Campus Juan Gómez Milla de la Universidad de Chile, en Ñuñoa, sede recurrente de movilizaciones y protestas. Apenas cayó la noche, los encapuchados comenzaron a lanzar piedras y bombas molotov contra la policía, desatando un enfrentamiento que se extendería entre las calles Grecia e Ignacio Carrera Pinto.
Tras una hora y media de disturbios, la normalidad volvió al barrio universitario. Pero sólo al día siguiente la policía entendería las razones del ataque express: un comunicado que comenzó a circular por diversos canales de movimientos anarquistas daba cuenta de lo que se definió como “una acción de solidaridad internacional por los compañeros apresados en España”.
La circular aludía a la situación de Francisco Solar Domínguez y Mónica Caballero Sepúlveda, los dos chilenos que fueron detenidos el 13 de noviembre, en Barcelona, junto a otras tres personas, por su presunta responsabilidad en la colocación y activación de un artefacto explosivo en el altar mayor de la Basílica del Pilar de Zaragoza, el pasado 2 de octubre.
El Ministerio del Interior de España dijo que sus informes de inteligencia sindican a los detenidos como miembros de grupos anarquistas, “muy bien organizados y con conexiones internacionales responsables de múltiples acciones terroristas”.
Esta información copó de inmediato los principales sitios web anarquistas en español e inglés, en los que se llamó a ejercer diversas acciones de apoyo internacional. En Chile, al enfrentamiento en Ñuñoa se sumó otra acción de protesta el sábado 16, a las afueras de la embajada española, en Providencia. Así, cerca de las 13 horas, una veintena de personas se instaló en los alrededores de la sede diplomática para protestar por la detención de Solar y Caballero, con cánticos y carteles.
En la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI) montaron un seguimiento permanente a estas actividades, tanto dentro del país como en el extranjero. Los primeros reportes dan cuentan que, además de Chile, hubo actividad en Grecia y México en torno a lo que estaba ocurriendo en Barcelona. Ante esto, de acuerdo con fuentes del organismo, la agencia elaboró un informe reservado para La Moneda. En el documento se hace, además, una descripción detallada de las operaciones de Solar y Caballero en Barcelona, a partir de información obtenida personalmente por el director de la ANI, Gonzalo Yuseff, quien estuvo durante 15 días en Europa. El ex fiscal conocía muy de cerca a los imputados, ya que el Ministerio Público los individualizó como dos de las 14 personas que colocaban bombas en Santiago, antes de que la justicia los absolviera, en 2011, en el marco del bullado caso bombas.
En el escrito, la ANI recomienda levantar alertas de seguridad en sedes diplomáticas y empresas chilenas en el extranjero, por riesgos a eventuales ataques en Grecia, Italia y España, además de otros países, como México y Argentina, donde “existen colectivos anarquistas” que mantendrían nexos con Chile.
La eventualidad de contactos fue advertida por las autoridades hispanas al embajador de Chile en España, Sergio Romero, quien se reunió con el ministro del Interior de ese país, Jorge Fernández, para informarse de las operaciones de la policía y la situación de los chilenos detenidos. Según Romero, el gobierno español evidenció preocupación por los nexos chilenos con las orgánicas anarquistas en España e Italia (ver entrevista).
Las muestras de respaldo a Solar y Caballero en Barcelona no son el único atisbo de la eventual conexión de chilenos con grupos anarquistas en el extranjero.
Antes de ellos, los casos de Luciano Pitronello, alias “El Tortuga”, y Mauricio Morales también despertaron muestras de solidaridad y apoyo fuera de Chile. Pitronello, por ejemplo, quien cumple seis años de libertad vigilada por colocar una bomba en junio de 2011, fue el foco de atención de estos grupos en varios países.
El caso fue traumático: el extintor cargado con un kilo de pólvora negra le explotó en las manos antes de que terminara de depositarlo en el frontis de un banco y resultó con el 32% de su cuerpo quemado, perdió la mano derecha, tres dedos de la izquierda y parte de la visión en un ojo.
El accidente de Pitronello fue comentado, por ejemplo, en Indonesia, donde se creó el comando Luciano Tortuga. El grupo -declarado anarquista- se adjudicó diversos ataques a bancos en ese país durante el proceso judicial que condenó al joven estudiante. Su caso, además, ha desatado muestras de apoyo en Grecia y México.
Parecido es el caso de Mauricio Morales, quien falleció en 2009, luego de que explotara la bomba que trasladaba por Santiago Centro. Bajo su nombre se articularon en Sudamérica algunos grupos y su muerte motivó la redacción de una serie de documentos en español e inglés para retratar al movimiento anarquista.
La muerte de Morales fue reivindicada en diversas partes del mundo. Desde ese entonces, el anarquismo chileno cobró relevancia en las redes internacionales”, dice Erik Marín, psicólogo que intervino en las pesquisas del caso bombas.
Según fuentes de inteligencia, a partir de la muerte de Morales comenzaron a revelarse conexiones de grupos anarquistas chilenos con sus símiles de Argentina, México, Brasil y Uruguay. Los vínculos con Europa, sin embargo, sólo fueron advertidos a partir de la operación “Salamandra”, encabezada por el ex fiscal Alejandro Peña, quien detuvo a 14 personas por los más de 148 bombazos en Santiago, en el marco de esa investigación.
Nombres como el de los comandos Células de Fuego, Liberación Total, Bandera Negra Internacional y la Nueva Guerrilla Urbana, de origen extranjero, comenzaron a hacerse habituales entre los anarquistas chilenos, quienes los contactaban a través de redes sociales y sitios web. “También, anarquistas extranjeros viajaron siempre a Chile con el propósito de intercambiar información y generar mejores vínculos por las dificultades (seguimientos) de las comunicaciones”, explica Marín.
Los contactos a través de las redes sociales quedaron evidenciados una vez más en el apoyo internacional que recibieron de inmediato Francisco Solar y Mónica Caballero, tras conocerse su detención en Barcelona y su vinculación al comando denominado Mateo Morral.
El grupo al que pertenecen los chilenos detenidos se cobija bajo la Federación Anarquista Internacional (FAI) o el Frente Revolucionario Internacional (FRI) que, de acuerdo con la policía española, nació hace un año tras la unión de dos agrupaciones radicales: la Cruz Negra Anarquista y el Bloque Negro.
Morral fue el anarquista que atentó contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia, en 1906.
La presencia de los dos chilenos no es excepcional en el grupo, que está integrado principalmente por jóvenes madrileños y extranjeros. Según la investigación que lleva la justicia española, los miembros del comando Mateo Morral van rotando e incluso, pueden pertenecer a varias células de manera simultánea para que la policía no detecte un padrón de organización.
Las muestras de apoyo que recibieron Solar y Caballero tampoco escapan al tipo de comportamiento de estos grupos. Desde la ANI sostienen que los anarquistas tienen un ritual de acompañar y apoyar a los “compañeros” encarcelados.
Ello, pese a que no se conocen entre ellos o, en algunos casos, ni siquiera compartan idioma. Y es que lo que los une es una indiferencia radical por el sistema económico, social y político actual, al que se oponen a través de manifestaciones callejeras, enfrentamientos con policías o incluso, colocación de bombas en lugares previamente escogidos, como la banca y la Iglesia.
Quienes adhieren a estos grupos, en su mayoría, son jóvenes de clase media y alta, estudiantes universitarios o profesionales que estaban en proceso de radicalización. El mismo perfil que, según las pesquisas de inteligencia, coincide con las personalidades de Solar y Caballero, razón por la que -según Erik Marín- “no cabe duda que desde su llegada a territorio español estuvieron bajo la atenta mirada de los equipos especiales. Ellos tienen un amplia experiencia de seguimiento, dado lo ocurrido en Atocha y la ETA”, experiencia que terminó sellando el destino de los jóvenes chilenos en España.







La Segunda
El destape de los anarquistas: entre explosionar bombas y penetrar las organizaciones sociales
Estudiosos hablan de "los ideólogos" y "los insurreccionales". Caso "bombas" marcó un antes y un después... ahora se sienten más "libres". En el extranjero surgieron comandos con los explosivos nombres de dos chilenos: Mauricio Morales y Luciano Pitronello.  
por:  Equipo de La Segunda Sábado
sábado, 23 de noviembre de 201
El lunes de esta semana, Luciano Pitronello llegó al Centro de Justicia no como imputado, sino como público.
Asistía a la audiencia de los acusados por el crimen del cabo Moyano, ocurrido el 2007 durante el asalto de lautaristas al Banco Security.
Pitronello, que hoy es famoso en el extranjero en círculos anarquistas, tiene una larga historia de película. El año pasado lo sentenciaron a seis años de libertad vigilada, luego de ir a poner una bomba a un banco, que le estalló en sus manos. A los 17 años, escribió en internet: "Soy un anarquista de tan solo 17 años, pero creo que tengo el criterio suficientemente bien formado para tomar mis propias decisiones, a pesar de no poder hacer mucho por mejorar un mundo que evidentemente está mal..."
Erika, su madre, dijo cuando el joven quedó con el 35% de su cuerpo quemado: "El tiene que reconciliarse con la autoridad, y el padre fue la primera autoridad que tuvo". Mientras, los anarquistas colgaban a la entrada de la Posta pancartas que decían: "Libertad para Pitronello".
La experiencia no le sirvió de escarmiento: sigue vinculado a grupos duros, aquellos que la presidenta de la FECh, Melissa Sepúlveda, llama anarquistas "vanguardistas" (ver título aparte). Precisamente el triunfo, este mes, de Melissa en la FECh, sumado a la detención de dos anarquistas chilenos en España, dan cuenta del destape que viven hoy diferentes corrientes del mundo anarco en Chile.
"Hace tiempo que organismos de inteligencia siguen de cerca el fenómeno y tienen detectado el crecimiento de los anarquistas en Chile", dice una alta fuente de inteligencia.
Los encargados de monitorear a estos grupos tienen claro que no todos los anarquistas ponen bombas. Sin embargo, dicen "de la gente que hoy pone bombas en Chile, todos son anarquistas".
De acuerdo a los expertos, "el anarquismo está ocupando el lugar que dejaron los grupos de izquierda más tradicionales (radicales de tendencia marxista leninista) una vez que cayeron en el descrédito, cuando dejaron de ser alternativa posible de cambio".
Los anarquistas se ven en los grupos radicalizados de las marchas. "Ahí uno puede encontrar un buen indicador de su número. De los jóvenes que enfrentan a Carabineros, hemos visto grupos de hasta dos mil, varios son encapuchados que obedecen a la lógica anarquista: la marcha no sirve de nada si no hay una acción directa", dicen las fuentes.
Se refieren a quienes buscan la "praxis política"; no la "política retórica" (la que discute con palabras y luego busca el voto).
Los organismos de inteligencia policial calculan entre mil y dos mil el número de este tipo de anarquistas.
Presencia universitaria
El sociólogo social y asesor policial Erik Marín detalla que existe una clara diferenciación entre dos grupos. Uno, de difusión ideológica, que se definen como antisistémicos y se aglutinan en torno a universidades y a la acción política. Y otro, de inspiración violentista, que asumen posturas más radicales participando frecuentemente de protestas violentas, y en muchos casos, con antecedentes penales.
Asegura que la presencia anarquista se extiende "prácticamente en todas las universidades, desde las más tradicionales hasta las privadas y eso depende del período".
En cuanto a los anarquistas "intelectuales", este renacer se puede percibir fuertemente en la literatura en papel. En la Universidad Arcis se han realizado ciclos de "Cátedras Anarquistas", organizadas por el 'Grupo de Estudios José Domingo Gómez Rojas'. Ellos estuvieron en la última FILSA con su editorial independiente 'Eleuterio' y esta semana lanzaron un libro sobre la relación del escritor francés Albert Camus con los anarquistas, cuya cita introductoria dice que el anarquismo "es la libertad y la ley desprovistas de violencia" y "la mayoría de los movimientos anarquistas quieren alcanzar este objetivo por medios no violentos".
En el otro extremo están los grupos radicales que apoyan la idea de la 'acción directa'.
Y aunque tras el polémico cierre del Caso Bombas sin culpables, se redujo la ocurrencia de atentados con artefactos explosivos, la reciente detención en España de dos de los absueltos -Francisco del Solar y Mónica Caballero- volvió a poner la atención en estos grupos.
Los últimos blancos: templos
Otras de sus vocaciones es el internacionalismo. El rol de Chile se vio potenciado tras la muerte del joven anarquista Mauricio Morales (2009) cuando transportaba una bomba. "Chile se convirtió en referente, a tal punto que grupos insurreccionales italianos de mucha experiencia, se autodenominaron Mauricio Morales", relata Marín. Y cuenta que el mismo nombre ha sido usado en Argentina y que en España la actividad de los anarquistas chilenos es "objeto de atención permanente".
Su presencia en Santiago no desaparece. Y como en España, ahora los blancos han sido templos religiosos: la parroquia de la Veracruz (en Lastarria) y la quema de la estatua del beato Fariña en la céntrica Iglesia de las Agustinas.
"Países que antes no los consideraban -como EE.UU.- hoy están preocupados de estos fenómenos, que antes veían sólo como terrorismo casero", dice Marín.
Extremistas "reconvertidos"
Las diferentes tendencias entre los anarquistas se expresan muy bien en las páginas web (ver título aparte).
Entre los anarquistas chilenos que ponen bombas hay varios ex Mapu Lautaro, que cumplieron cárcel por asaltos y hechos de sangre tanto en las postrimerías de Pinochet como en los años 90, y se "reconvirtieron". El colectivo Kamina Libre fue su cuna. Se trata de personas que tienen 15 años de experiencia carcelaria, quienes se unen con jóvenes aproblemados como Pitronello, que son terreno expedito para sembrar la cultura del anarquismo.
Los grupos más jóvenes que están surgiendo ahora no tienen esa experiencia, y hay temor porque podrían ser más riesgosos.
La lucha de los anarquistas tiene un fin único: destruir el Estado. Su mensaje tiene ribetes de "romanticismo": hablan del fuego que libera, que purifica, del olor a la pólvora. El extintor, por ejemplo, se ha transformado en un ícono.


El anarquismo sin bombas de Melissa, la presidenta de la FECh


La recién electa presidenta de la FECh, Melissa Sepúlveda, se declaró "anarquista libertaria". En su discurso de proclamación, dijo que "este modelo debe ser desmontado desde sus raíces". Y aclaró que su disputa no es sólo educacional, sino "en contra de la totalidad de un modelo que se sostiene sobre la base de injusticias y desigualdades". En esa ocasión, dijo que "una de las herramientas principales para demostrar nuestra fuerza es a través de las movilizaciones, salir a las calles...". Hoy le preguntamos: 
-¿Qué otras formas de lucha considera válidas? -Hay una diversidad de mecanismos que tienen que ser determinados por los mismos estudiantes y sus asambleas. No puede ser una operación vanguardista, sino en el contexto. Hoy nuestra tarea es poder dotar de contenido las consignas, en virtud del contexto. Por lo tanto, el cómo se ve la movilización va a estar determinado por la decisión de los propios estudiantes. 
-¿Considera válido poner bombas como una forma de llamar la atención a sus demandas? -No. Cada acción política debe estar en función del contexto. Hay que consultar al movimiento de masas y que delibere. Precisa que "la corriente anarquista tiene muchas tendencias y el sector con el que nos podemos identificar es el comunismo libertario, que reconoce el movimiento de masas, y no posiciones vanguardistas para llamar la atención. Esa es otra corriente.




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miércoles, agosto 22, 2012

Lea Revista "Qué Pasa": ¿cómo evitar que su hijo se convierta en un maldito punk vegano anarco insurreccionalista?  


ACTUALIDAD

La ruta de Pitronello

El anarquista cuyo proceso ha sido objeto de polémica no sólo genera interés en el círculo judicial. Su caso es analizado por organismos de inteligencia como la ANI por ser un ejemplo de qué lleva a un joven a poner una bomba. Éstas son las pistas que estudian para entender ese camino.
Por Sebastián Rivas | sebastian.rivas@quepasa.cl.

La noticia, a simple vista, no tenía nada que ver con Chile. El 7 de octubre de 2011, la policía de Indonesia anunció la detención en Yogyakarta de dos jóvenes, Reyhard Rumbayan y Augusto Billy, acusados de colocar una bomba en un cajero automático del ATM Bank, uno de los bancos más importantes de ese país. Sin embargo, un dato hizo que los organismos de inteligencia chilenos, a más de 15 mil kilómetros de distancia, activaran un monitoreo del caso. Era el nombre que daban al comando que realizó el ataque: “Larga vida a Luciano Tortuga”.
“Tortuga” es el nombre con el que se conoce en los círculos anarquistas a Luciano Pitronello Schuffeneger, el joven de 23 años que el 1 de junio del año pasado intentó colocar una bomba en un banco de la avenida Vicuña Mackenna y terminó con la explosión del artefacto en su cuerpo, que le causó la pérdida de tres dedos de la mano izquierda y quemaduras en el 30% de su cuerpo. El miércoles pasado, los jueces del Cuarto Tribunal Oral de Santiago, en voto dividido, desestimaron la acusación por acto terrorista en su contra, y lo condenaron a seis años de libertad vigilada por daños, una resolución que causó una fuerte polémica a nivel político.
Pero más allá del fallo, la figura de Pitronello hoy no sólo es un referente para quienes comparten su pensamiento. Su trayectoria también es motivo de análisis en las instituciones de inteligencia chilenas. Para ellos, es un ejemplo para entender quiénes son los jóvenes que están adhiriendo a las causas anarquistas. Un “prototipo” que siguió una trayectoria similar a la de muchos otros, pero que hoy está convertido en un emblema internacional.
Es la historia de cómo Luciano se convirtió en “Tortuga”.

Libre y salvaje

Los análisis reservados que ha entregado la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI) al gobierno, las policías y los fiscales dicen que el grupo que coloca bombas es reducido y hermético: cerca de 60 personas, a los que se les denomina “anarquistas insurreccionales”, para diferenciarlos de otras formas de anarquismo que no impulsan la violencia. Éstos se dividen en dos grandes sectores. El primero está compuesto por ex militantes de movimientos subversivos, que tienen entre 30 y 40 años, y donde quienes provienen del MAPU-Lautaro reciben un reconocimiento especial, por ser uno de los pocos grupos cuyos ataques se mantuvieron durante los años de democracia. Enseñan técnicas operativas para colocar bombas y son una suerte de “padrinos ideológicos” de los jóvenes. Se los conoce como “tardoanarquistas”.
El segundo grupo es el de los “anarquistas puros”. Su reclutamiento parte entre los 14 y los 15 años, y sigue entre los universitarios. Los análisis apuntan a que tienen una fuerte preparación ideológica, y que van desarrollando una progresión de entre cuatro a cinco años antes de que pasen a la fase de colocar bombas.
El caso de Pitronello es un ejemplo perfecto. Sus primeros escritos son de 2005, con 17 años, cuando en algunos blogs se declaraba “anarquista” y llamaba a dejar de consumir Coca-Cola. En 2006, participó en las marchas “pingüinas” e integraba el colectivo que organizó el ataque al automóvil de la jueza Gloria Ana Chevesich.
Por esa época, Pitronello empezó a desarrollar un perfil ligado a la defensa de los animales. En 2007 asistió a una de las protestas frente a la embajada de Japón contra la caza de ballenas. Simultáneamente, debatía en  internet sobre temas como si, por ser anarquistas, podían o no usar el computador, e incluso otros de sus amigos lo criticaban por usar cinturón de cuero siendo un defensor de los animales.
De esos años son dos de los conceptos que hasta hoy se repiten en las páginas web de corte anarquista que aluden a Pitronello, ambos ligados a los animales: su apodo de “Tortuga” y su lema, “Libre y salvaje”, fotografiándose con grafitis que tenían esa leyenda.
Los análisis de inteligencia apuntan a que ya mostraba una tendencia. En esos círculos se definen nueve fases del anarquismo insurreccional: animalista, primitivista, anticapitalista, contracivilizatoria, antiautoritaria, antipolicial, antisocial, anticarcelaria y anticlerical. Según el análisis, hacia 2007 Pitronello adhería al menos a las cuatro primeras. Los años siguientes lo endurecerían.

Hombre en tránsito

El crecimiento de Pitronello iba de la mano con el avance del movimiento anarquista insurreccional. El análisis de la ANI indica que, aun cuando existen colectivos desde 1996 y ataques esporádicos a partir de 2000, es en 2005 cuando comienzan a asumir su fisonomía actual, con bombas en lugares simbólicos, ataques incendiarios y reivindicaciones aludiendo a referentes locales o internacionales.
Según el análisis de inteligencia, en 2008 ocurre un quiebre clave: Pitronello se va de su casa y empieza a vivir junto a colectivos okupas. Así configuró un perfil que es frecuente entre los anarquistas insurreccionales: jóvenes de clase media-alta, con problemas familiares  y cuyo círculo social quedaba reducido a sus compañeros de causa.
En esos centros, los referentes comunes eran grupos de las décadas de 1960 a 1980, como el Frente de Liberación Animal de Gran Bretaña (ALF), la RAF (Fracción del Ejército Rojo) alemana, los estadounidenses The Weather Underground y el Movimiento Ibérico de Liberación español. Otro caso que llamaba la atención era el de Ted Kaczynski, el “Unabomber” estadounidense que mandó 16 bombas a distintos objetivos entre 1978 y 1995.
Pitronello permaneció en las casas okupas en el período más álgido de las colocaciones de bombas, al menos en Santiago. Entre 2007 y 2009 hubo 54 ataques. Uno de ellos, el 22 de mayo, causó la muerte de Mauricio Morales, un joven que vivía en la casa okupa Sacco y Vanzetti y al que le explotó la bomba mientras iba en bicicleta. Pitronello vivía en la misma casa y fue investigado por su presunta colaboración.
Ese período de vida y adoctrinamiento ideológico habría derivado en que Pitronello se decidiera a colocar una bomba. En los círculos de inteligencia plantean que el patrón indica que, si bien no existe una jerarquía formal entre los anarquistas insurreccionales, sí hay organización y debate previo a llevar a cabo ese tipo de acciones.

El “Tortuga”, el ícono

“Fuerza, Tortuga”, es el rayado en que la “A” final aparece con el símbolo del anarquismo. Apareció a fines de abril en Chillán, pocos días antes de que se colocara el primer artefacto explosivo en esa ciudad. Hace dos semanas, en Antofagasta, una bomba en un cajero automático también solidarizaba con la situación de Pitronello.
Los rayados, los panfletos, las discusiones en internet y la aparición de publicaciones son los elementos que monitorean los organismos de inteligencia para determinar la presencia de grupos anarquistas insurreccionales. Aun cuando la principal actividad se ha concentrado en Santiago y Valparaíso, los últimos reportes añaden a Calama, Concepción y Puerto Montt en la lista de centros urbanos con posibles grupos de esta naturaleza.
Las publicaciones electrónicas -como blogs y sitios web- son especialmente importantes para la labor de inteligencia, porque los grupos son difíciles de infiltrar, pero tienen un gusto especial por escribir sus pensamientos.
Ese trabajo ha permitido detectar códigos. Por ejemplo, los llamados a “jornadas de solidaridad” dan pistas de que esos días ocurrirán ataques. El análisis es que existe una coordinación a través de esas herramientas.
A partir de esos datos, el diagnóstico es que Pitronello se ha convertido en un referente no sólo para las nuevas generaciones de anarquistas chilenos, sino también a nivel mundial. Como muchos usan internet de plataforma de difusión, el caso ha llevado a jornadas de protesta anarquista en países como Indonesia, Perú, México, Italia, Grecia y Argentina.
El trabajo de la ANI está concentrado en monitorear a quienes aparecen como principales líderes y estar pendientes de los lugares de reclutamiento. Esa labor, según círculos de inteligencia, ha permitido detenciones como la del sociólogo Hans Niemeyer, quien la semana pasada fue formalizado por tres bombas. Sin embargo, según los análisis, es muy complejo pensar en una desaparición total de los ataques, por el perfil ideológico de los adherentes. Y se ejemplifica con una de las cartas de Pitronello en enero de 2012, en donde reafirmaba el mismo principio que lo acompaña desde sus inicios: “Voy a luchar para vivir y vivir para luchar. Hasta ser libres y salvajes”.


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