sábado, octubre 16, 2021
La historia no se repite pero rima (parte 1): El debate sobre la revolución (x Engels, 1848)
EL DEBATE DE BERLÍN SOBRE LA
REVOLUCIÓN
[F. Engels ]
COLONIA, 13 DE JUNIO.
Por fin, la Asamblea del Pacto se ha
manifestado sin ambages. Ha desautorizado la revolución y se ha manifestado en
favor de la teoría del pacto (1).
La situación de hecho acerca de la cual debía pronunciarse
era la siguiente:
El 18 de marzo, el rey prometió una Constitución, introdujo
la libertad de prensa con fianzas y, en una serie de propuestas, se manifestó
en el sentido de que la unidad de Alemania debía llevarse
a cabo mediante la absorción de Alemania por Prusia.
Tales fueron las concesiones del 18 de marzo, reducidas a su
verdadero contenido. El
hecho de que los berlineses se declararan contentos con estas concesiones y se
congregasen ante el Palacio para dar las gracias al rey, demuestra con palpable
claridad la necesidad de la revolución del 18 de marzo. Era necesario revolucionar
no sólo al Estado, sino también a sus ciudadanos. Sólo en una sangrienta lucha
de liberación podían éstos despojarse de su condición de súbditos.
Fue el consabido “malentendido” el que provocó la revolución.
Y no cabe duda de que hubo un malentendido. El ataque de los soldados, la
prolongación de la lucha por espacio de dieciséis horas y la necesidad en que
se vio el pueblo de obligar a las tropas a replegarse, demuestran sobradamente
que el pueblo estaba completamente equivocado con
respecto a las concesiones del 18 de marzo.
Los resultados de la revolución fueron: de una parte, el armamento
del pueblo, el derecho de asociación, la soberanía del pueblo, arrancada de
hecho; de otra parte, el mantenimiento de la monarquía y el ministerio
Camphausen-Hansemann, es decir, el gobierno de los representantes de la alta
burguesía.
Así pues, la revolución llegaba a dos resultados
necesariamente contradictorios. El pueblo había vencido, había conquistado
libertades de carácter claramente democráticas; pero el poder inmediato no
estaba en sus manos, sino en las de la gran burguesía.
En una palabra, la revolución no había terminado. El pueblo
había consentido la formación de un gobierno de grandes burgueses, y los
grandes burgueses revelaron inmediatamente sus tendencias ofreciendo una
alianza a la vieja nobleza prusiana y a la burocracia. Entraron en el
ministerio Arnim, Kanitz y Schwerin.
Por miedo al pueblo, es decir, a los obreros y al sector
democrático de la población, la alta burguesía, siempre antirrevolucionaria,
selló una alianza ofensiva y defensiva con la reacción.
Los partidos reaccionarios coaligados comenzaron su lucha
contra la democracia al poner en tela de juicio la revolución. Se negó la
victoria del pueblo; se fabricó la famosa lista de los “diecisiete militares
muertos” (2) y se hizo todo lo posible por desacreditar a los combatientes de las
barricadas. Pero las cosas no pararon ahí. El gobierno reunió realmente a la
Dieta que había sido convocada antes de la revolución y construyó a posteriori
el paso legal del absolutismo a la Constitución. Con ello, negaba en redondo la
revolución. Inventó, además, la teoría del pacto, con la que volvía a negar la
revolución, negando al mismo tiempo la soberanía del pueblo.
Se ponía, pues, realmente en tela de juicio la existencia de
la revolución, cosa que podía hacerse porque ésta no era más que una revolución
a medias, el comienzo de un largo movimiento revolucionario.
No podemos entrar aquí a examinar por qué y hasta qué punto
la dominación momentánea de la alta burguesía constituye en Prusia una fase
necesaria de transición hacia la democracia y por qué la alta burguesía se
inclinó hacia la reacción inmediatamente después de entronizarse en el poder.
Nos limitamos, por el momento, a registrar el hecho.
Ahora, la Asamblea del Pacto tenía que manifestar si
reconocía o no la revolución.
Pero, en estas condiciones, reconocer la revolución equivalía
a reconocer el lado democrático de la revolución, frente a la alta burguesía,
que trataba de confiscarla.
Reconocer la revolución significaba cabalmente, en este momento,
admitir que la revolución se había llevado a cabo a medias, reconociendo por
tanto el movimiento democrático, dirigido contra una parte de los resultados de
la revolución. Significaba reconocer que Alemania se halla impulsada por un
movimiento revolucionario, en el que el ministerio Camphausen, la teoría del
pacto, las elecciones indirectas, el poder de los grandes capitalistas y los
productos emanados de la Asamblea misma, aun pudiendo ser puntos inevitables de
transición, no son en modo alguno, los resultados
finales.
Ambas partes llevaron el debate abierto en la Cámara en torno
al reconocimiento de la revolución con gran amplitud y gran interés, pero
manifiestamente con poco ingenio. Resultaría imposible leer algo más aburrido
que estos difusos debates, interrumpidos a cada paso por rumores o por sutilezas
reglamentarias. En vez de las grandes pasiones de la lucha de partidos, una
fría tranquilidad de espíritu, que amenaza con caer a cada paso en el tono de
la plática; en vez del tajante filo de la argumentación, una prolija y confusa
cháchara sobre minucias; en vez de una respuesta categórica, aburridas prédicas
éticas sobre la naturaleza y la esencia de la moral.
Tampoco la izquierda se ha distinguido gran cosa en este debate. (3) La mayoría de sus oradores se repiten unos a otros; ninguno se atreve a ir
directamente al problema y a manifestarse abiertamente en un sentido
revolucionario. Todos temen escandalizar, herir, espantar. Mal estarían las
cosas en Alemania si los combatientes del 18 de marzo no hubiesen dado pruebas
de mayor energía y pasión en la lucha que los señores de la izquierda en su
debate.
[Neue Rheinische Zeitung, núm. 14,14
de junio de 1848]
NOTAS (del traductor Wenceslao Roces):
1.- Teoría del Pacto: la burguesía, representada por Camphausen y Hansemann,
trataba, mediante un pacto con la Corona, de justificar su traición a la
revolución. Este pacto consistía en que la Asamblea Nacional prusiana,
“manteniéndose en el terreno de la legalidad”, se limitara en lo posible a la
instauración de un orden constitucional. (Notas del traductor Wenceslao Roces).
2.- Además de la cifra oficial de quince soldados y dos suboficiales muertos, se
sabía de bastantes más soldados caídos en lucha, sepultados en secreto,
tratando así de negar importancia a los enfrentamientos del 18 de marzo.
3.- Formaban parte de la izquierda en la Asamblea Nacional prusiana, entre otros,
Waldeck, Jacoby, Georg Jung y J. Berends. La Nueva Gaceta Renana criticaba con
frecuencia su actitud vacilante, animándola a proceder con mayor energía y a
recurrir a la lucha extraparlamentaria.
Etiquetas: 1848, Alemania, la historia no se repite pero rima, lucha de clases, teoría revolucionaria
miércoles, octubre 07, 2020
Ministerio Camphausen (Carlos Marx)/Recuerdos de la policía
EL MINISTERIO CAMPHAUSEN
[C. M a r x
]
COLONIA, 3 DE JUNIO. ES SABIDO QUE LA ASAMBLEA NACIONAL
francesa de 1789 fue precedida por una Asamblea de Notables, integrada por
estamentos, lo mismo que la Dieta Unificada de Prusia. En el decreto por el que
el ministro Necker convocaba a la Asamblea Nacional, se refería a la exigencia
manifestada por los Notables de que se convocara a los Estados Generales. El
ministro Necker le llevaba, así, gran delantera al ministro Camphausen. No
necesitaba esperar a la toma de la Bastilla ni al derrocamiento de la monarquía
absoluta para empalmar a posteriori, de manera doctrinaria, lo viejo a lo nuevo
y despertar así, trabajosamente, la apariencia
de que Francia había llegado a formar una nueva Asamblea Constituyente
recurriendo a los medios legales de la vieja Constitución. Contaba, además, con
otras ventajas. Era ministro de Francia, y no ministro de Lorena y Alsacia,
mientras que el señor Camphausen no era ministro de Alemania, sino de Prusia.
Y, con todas estas ventajas, el ministro Necker no logró convertir un
movimiento revolucionario en una pacífica reforma. La gran enfermedad no podía
curarse con agua de rosas y menos aún podrá el señor Camphausen cambiar el
carácter del movimiento mediante una complicada teoría que trace una línea recta
entre su ministerio y la vieja situación de la monarquía prusiana. La
revolución de Marzo y el movimiento revolucionario alemán en general no pueden
convertirse en episodios interinos
mediante un ardid artificioso más o menos importante. ¿Acaso Luis Felipe ha
sido elegido rey de los franceses por ser un Borbón? ¿O ha sido elegido aunque era
ya un miembro de la dinastía de los Borbones? Recuérdese que esta pregunta
dividió a los partidos poco después de la revolución de julio, ¿y qué venía a
demostrar dicha pregunta? Que la revolución se ponía en tela de juicio, que el
interés de la revolución no era el interés de la clase elevada al poder y de
sus representantes políticos. Pues bien, el mismo significado tiene la
declaración hecha por el señor Camphausen de que su ministerio no ha venido al
mundo por la revolución de Marzo, sino después
de ella.
[Nene
Rheinische Zeitung, núm. 4, 4 de junio de 1848]
Adolescentes y fuera pública: del dicho al hecho
La condición jurídica de niños/as y adolescentes nunca ha
sido idéntica a la de los adultos, al menos en lo relativo al tratamiento que
según las normas nacionales e internacionales debe dárseles por parte del
sistema penal.
Pocos años antes de la Convención sobre los Derechos del Niño
aprobada en noviembre de 1989, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó
las llamadas “Reglas de Beijing”, sobre la justicia de menores. Dentro de ellas
se regula el “primer contacto” del menor de edad con la policía y el sistema
judicial, señalando que el criterio clave es la necesidad de “evitar daños”.
Según el comentario
que aparece en las propias Reglas de Beijing:
“La expresión ‘evitar daño’ debe interpretarse en el sentido
amplio de reducir al mínimo el daño al menor en la primera instancia, así como
cualquier otro daño adicional o innecesario. Ello es de particular importancia
en el primer contacto con las organizaciones encargadas de hacer cumplir la
ley, que puede influir profundamente en la actitud del menor hacia el Estado y
la sociedad” (Reglas Mínimas de Naciones
Unidas para la Administración de la Justicia de Menores, Comentario a la Regla
10 sobre “primer contacto”).
Desde antes de la arremetida represiva iniciada el 18 de
octubre de 2019 y que ahora se ha vuelto a intensificar, llegando hasta el
lanzamiento de un adolescente al río Mapocho el viernes pasado, sabemos que el
“derecho normado” muchas veces no tiene nada que ver con lo que realmente
ocurre en la práctica, donde generalmente opera un “segundo código” (no
escrito) que termina siendo más determinante del trato real que se da a las
personas en el sistema policial y penal.
Hace un año que el desfase entre las normas y la práctica
parece ser cada vez mayor, y durante el invierno en pandemia además quedó claro
que la represión se ejerce sólo contra los adversarios políticos del gobierno,
siendo tolerada y justificada la violencia de otros sectores (los camioneros,
manifestantes del rechazo, o pobladas anti mapuche como las que actuaron
efectuando desalojos ilegales el 1 de agosto en Victoria, Curacautín, Traiguén
y Ercilla). Con esto la cantinela de condenar “la violencia venga de donde
venga” se revela una vez más como hipócrita y falsa.
A continuación acudo a mi propia experiencia de vida para referir cómo en los hechos se verifica este “primer contacto” de los adolescentes con la policía, tan relevante para toda la vida futura de la persona que lo sufre.
PRIMER CONTACTO (1987)
Arranqué varias veces de la policía en las calles céntricas
de Punta Arenas por ahí por los años 1984 y 1985. Nunca estuvieron muy cerca de
aprehenderme. Gracias a la velocidad propia de la pubertad y a los relatos que
había escuchado de amigos más grandes que sí habían sido detenidos y/o
golpeados por carabineros mis piernas sabían correr a tiempo para salvarme de
la represión.
Llegando a Santiago en pleno año 1986 no sólo tuve que seguir
corriendo rápido sino que aprender el
arte de picar a toda velocidad pero con los ojos bien abiertos para parar de
golpe antes de toparse con otro piquete, que por lo general en esos días de
mítines-relámpagos estaban apostados en todas las esquinas de la Alameda, entre
San Antonio y La Moneda. En el Edificio Diego Portales (hoy GAM) era habitual
ver que en los días de protesta que en una parte elevada y poco visible de la estructura
del ex edificio de la UNCTAD se instalaban militares apuntando hacia abajo con
ametralladoras.
Como quinceañero me creía un experto en esquivar a los
“cilones” (como llamábamos a las Fuerzas Especiales). Hasta que una vez a fines
de 1987, cuando ya había cumplido 16 y estaba terminando 4° Medio, al ir zafando
de ellos por Alameda con Estado y justo en el instante en que me creía a salvo,
de la nada un miembro del piquete de Fuerzas Especiales descargó con toda su
fuerza el bastón de servicio contra mi espalda. Aún veo su cara roja, inflamada
de abuso y odio, al momento de dar el golpe. En el momento aguanté el dolor y
sólo me preocupé de terminar de salir del lugar: no quería ser detenido y mucho
menos con la mochila llena de panfletos de las Juventudes Comunistas.
No les dije nada a mis padres ni hermanas, y recién al otro
día me miré la espalda en el espejo. La forma de la luma seguía ahí, muy bien
delineada en medio de un moretón en su fase inicial.
Sentí rabia. Y seguí protestando igual. En esos tiempos de
tortura y muerte me pareció que recibir un lumazo era lo de menos: “sacarla
barata” como se dice.
SEGUNDO CONTACTO (1989)
El 1 de Mayo de 1989 fui a la concentración en General
Velásquez, convocada por una recién reconstituida Central Unitaria de
Trabajadores (que definitivamente no era idéntica a la antigua Central Única de
Trabajadores de los tiempos en que la encabezaba el anarco-trotskismo de
Clotario Blest y Luis Vitale).
Miles de personas, aglutinadas por lo general en torno a las
banderas de la enorme cantidad de partidos y minipartidos de la izquierda más
la presencia siempre algo polémica de la Democracia Cristiana, escuchan a
oradores como Manuel Bustos (DC). Adelante estaba sentado Clotario Blest, que
se desmayó a causa de su avanzada edad, y murió casi un año después, el 31 de
mayo de 1990.
Al terminar el Acto, me voy marchando con la columna del Partido Socialista de los Trabajadores, sección
chilena de una de las principales corrientes trotskistas internacionales y que
poco después pasó a llamarse Movimiento
Al Socialismo -igual que la sección madre radicada en Argentina-, para
tratar de constituirse como “partido en formación”.
Casi al lado nuestro va una columna rojinegra del MIR, aunque
ahora no recuerdo de cuál de sus dos fracciones (un par de años antes hubo una
escisión entre el MIR “político” de Nelson Gutiérrez y Jécar Neghme, y el MIR
“Pascal”).
Cuando ellos llegan a la Alameda, el carro lanza-aguas se les
va encima y de inmediato empiezan los enfrentamientos. Un compañero de la
dirección de nuestro micropartido nos dice: “¡Esta hueá se ultreó! ¡Nosotros
nos vamos!”. Y dado que la cultura de ese tipo de sectas políticas incluye ir a
estos grandes eventos del movimiento obrero con toda la familia, las 50 o 60
personas que iban bajo el lienzo del partido guardaron sus cosas y se retiraron.
Todos, menos yo, y otro cabro a quien no ubicaba, con un look entre proletario y punk, de los tiempos en que el punk rock en Chile era entendido por sobre todo como una estética visual, bastante combativa por cierto.
Nos fuimos corriendo hacia las barricadas que se estaban
empezando a instalar en varias partes de la Alameda entre Las Rejas y General
Velásquez. Corríamos en grupos peleando contra los guanacos, que en esos
tiempos estaban pintados de negro y blanco. Arrancábamos hacia las barricadas y
las tratábamos de incrementar y defender con lo que hubiera a mano.
De repente se produce una enorme arremetida policial. Corro hacia
la esquina norte de Alameda con General Amengual, donde había un pequeño Servicentro,
que sigue ahí. Quiero entrar a comprar algo y así eludir a los persecutores,
¡pero es feriado!, así que me topo de frente con sus puertas cerradas.
Comprendo que es inútil seguir arrancando. Me toman entre tres o cuatro policías
y me arrojan a la entrada de un carro celular (parecido a los que ahora usan
como Traslado de Imputados) estacionado a media cuadra de ahí.
Entro como puedo mientras les dan palos a los detenidos que
suben justo después que a mí. Arriba hay dos puertas y sin pensarlo me meto
rápido por la derecha. Resulta que en ese lado están las mujeres detenidas, lo
cual es bueno porque a ellas las hostigan verbalmente pero no las golpean, a
diferencia de los palos y gritos que llegan desde el lado izquierdo. Pero me
preocupa que me descubran ahí y me saquen a golpes hacia el sector correcto,
así que me quedo quieto y espero. Varias mujeres jóvenes van botando de a poco
por las rendijas los panfletos que habían recogido en la concentración.
El carro para a cada rato para hacer más detenciones. Frena y
acelera bruscamente, causando que nos golpeemos entre nosotros y con las
paredes y el techo.
Escucho que suben a uno que grita “¡tengo derecho a una
llamada!”. La respuesta no se hace esperar, en la voz grave de un paco que le
dice: “¡eso es en las películas, ahueonao!”, y de inmediato se escucha un brutal
sonido doble: el del palo que golpea su cabeza, seguido del sonido del rebote del palo en el techo del bus. Varias
veces, hasta que el detenido se queda en silencio.
Finalmente estacionan y nos hacen descender del vehículo.
Nunca se dieron cuenta de que por error yo estaba con las mujeres. De repente ya
estamos en el patio de la Comisaría que queda en Ecuador, cerca de la Villa
Portales.
El panorama es desolador: cientos de hombres y mujeres
detenidos, a quienes se mantiene reducidos en el patio, sentados con las
piernas estiradas hacia adelante, y obligados a mantener la cabeza encima de
las rodillas. A los que no aguantan la posición y levantan la cabeza los
agreden a lumazos. “¿Viste que no es tan difícil?”, dicen mientras pegan,
muertos de la risa.
Justo cuando nos van a ordenar que nos pongamos en esa misma posición
en el suelo, alcanzo a ver a cuatro o cinco cabros como de mi edad a quienes le
dieron un tratamiento especial: los tienen apoyados de cabeza contra la pared.
Sus piernas están a cierta distancia de ella, las manos tomadas por atrás de la
espalda, y el único punto de apoyo que tienen es la parte justo arriba de la
frente, apretada contra la dura pared de madera.
En ese preciso momento les ordenan abandonar esa postura, y
que salgan caminando en fila. Los jóvenes están desorientados y adoloridos. No
pueden caminar, aunque lo intentan se caen al suelo. Los carabineros los
levantan a palos y puntapiés.
Después de un tiempo que se hizo eterno sentado con la cabeza
contra las rodillas empiezan a clasificarnos por edad. Me falta un mes y dos
semanas para cumplir 18, que es la mayoría de edad penal, así que levanto la
mano cuando preguntan por quienes eran menores de edad.
Yo cursaba el segundo año en la Escuela de Derecho, y si bien
no nos habían enseñado “Derecho de Menores”, asumí como algo obvio que el
tratamiento jurídico de los menores era menos malo que el de los adultos.
Craso error. Después de unas horas los adultos comenzaron a
ser liberados, pues los cargos eran sólo de “desorden público”. Los menores, en
cambio, fuimos llevados a un calabozo al interior de la comisaría.
Cuando ya se hizo de noche, nos sacaron esposados hacia un
furgón policial que nos trasladó a la 34° Comisaría de menores, en avenida
República.
El ingreso fue bastante duro. A los familiares que llegaron
afuera -entre ellos mi madre, que había presenciado estupefacta cómo fuimos
sacados desde la otra comisaría- les hablaron dulcemente diciendo que s fueran
a sus casas y que no se preocuparan, pues esta era una comisaría de protección
de menores, que nos iban a dar té con leche y pan con mantequilla para que
luego durmiéramos tranquilos en literas antes de pasar al otro día al tribunal.
Mientras tanto, nos obligaron a desnudarnos en una oficina a la entrada del
recinto policial. Las mujeres policías que estaban a cargo de la revisión de
una decena de jóvenes de sexo masculino se deleitaban en hacer observaciones
sobre Allende, y se burlaban de nuestros cuerpos, mientras decían cosas como:
“ese Chicho que tanto quieren ya debe estar todo podrido en el cementerio,
hasta esos bigotitos que tenía”. No olvido sus caras. Pero me daban más pena
que rabia.
Al sacarnos al patio en dirección al calabozo aparece un
policía enorme que nos da un largo y odioso discurso, y nos mostró unas heridas
de bala que tenía en la cabeza diciendo “me dispararon por la espalda porque
los delincuentes no se atreven a darme cara”, y remató anunciando que para que
reflexionáramos toda la noche sobre los graves desórdenes que habíamos causado
en la Alameda había decidido quitar todas las colchonetas del suelo y no
entregarnos frazadas, aprovechando que la noche iba a ser bastante fría.
Dormimos con dificultad,
acurrucados en un rincón todos los “protestantes”, más los niños ladrones que iban
aprehendiendo de noche y que para capear el frío se agregaban de inmediato a
nuestro montoncito. Cada cierto tiempo los carabineros iban y pateaban con toda
su fuerza la puerta metálica, para asegurarse de que no nos durmiéramos del
todo. Recuerdo a un cabro que al despertar dijo: “chuta….se me metió el ruido
en el sueño y creía que eran los del Frente que nos venían a rescatar”.
Al otro día nos hacen formar para
ir al tribunal, y nos advierten que aquellos que no sean retirados por sus
padres o adultos responsables se iban a ir directo al SENAME. Yo no sabía que
mi madre ya había sido avisada por amigos de mi detención. Un sector del
cabrerío daba por hecho que sus padres no los iban a ir a retirar, y estaban
aterrados ante la idea de ir a dar a los recintos del SENAME, que nunca
tuvieron buena fama.
En el tribunal me dejaron ir bajo
responsabilidad de mi madre, y nunca más supe de ese proceso. Los cabros que
habían sido detenidos en robos durante la noche no salieron. Llegué a la casa,
donde esperaba mi abuelo materno, muy preocupado y solidario, y me puse a
estudiar para el control de Derecho Histórico II que tenía al otro día.
EPÍLOGO
Esos dos contactos no fueron los
únicos. He seguido teniéndolos a lo largo de toda mi vida, como si el destino
me hubiera dado el encargo de comprobar que tan cierto es lo que nos enseñaron
en Derecho Constitucional cuando nos dicen que la policía existe “para dar
eficacia al derecho”.
Una vez hice un reclamo por una
detención ilegal que sufrí hacia el año 2008, y más de un año después me llegó
la respuesta a la casa en un CD-R. La conclusión era que no habían existido
irregularidades en la detención, y el fundamento de su conclusión era que no
había que tener por cierta mi denuncia porque quien la formulaba es “una
persona que tiene problemas con la figura del carabinero”.
Sólo les faltó agregar la
referencia a las Reglas de Beijing sobre los efectos a largo plazo del “primer
contacto”, absolutamente confirmadas en este autoanálisis de caso.
Etiquetas: 1848, democracia/dictadura, documentos de barbarie, ex trot, memoria negra
jueves, junio 25, 2015
Este viernes: Cine en CFT/1848
Se resiste, pese a todos los intentos de Sabat y sus policías, y este viernes nos juntamos a ver y comentar una selección de escenas fílmicas preparadas por un compañero.
Vaya, lleve lo que quiera.
Sapos y tarados: abstenerse.
Etiquetas: 1848, Chantiago, contra-represión, represión
viernes, junio 05, 2015
Taller MIL: resumen cuarta sesión
Etiquetas: 1000, 1848, teoría revolucionaria
jueves, mayo 28, 2015
Taller 1000, resumen tercera y anuncio cuarta sesión
miércoles, mayo 13, 2015
Primer sesión Taller 1000/No master´s voice
Para que no se aburra, nada mejor que escuchar por mientras un clásico del anarco-punk australiano, el cassette NO MASTER´S VOICE, de End Result, 1984.
Etiquetas: 1000, 1848, anarquia, Chantiago, comunismo, punk rock
martes, mayo 12, 2015
36+68: 1000. Comentario en "Revolución hasta el fin N° 0".
(Comentario en RHF N° 0:http://hommodolars.org/web/IMG/pdf/Revolucion-hasta-el-fin-01_.pdf )
Dentro de la historia de la lucha de clases existen bastantes opacidades. Desde la instalación de dos bloques que administraban el mundo, donde la diferencia esencial se encontraba en el color de las banderas y no precisamente en el contenido de las relaciones sociales que las constituían, se estableció un silencio respecto a las voces criticas con lo que se suponía era la realización de la critica critica: la URSS y todo el bloque del este.
Quizás a estas alturas patear en el suelo a ese capitalismo de estado que se hizo llamar “socialismo real” pueda resultar poco decoroso, casi como patear la cabeza de un perro muerto en la calle. En este lado del mundo nos enteramos bastante tarde que durante esos años en que la humanidad se preocupaba por el “dedo que apretara el botón”, existían voces que se levantaban para combatir en la practica esa falsa concepción que hasta el día de hoy se enquista en las cabezas de muchos proletarios:que el llamado bloque del Este era lo que Marx había pensado. La izquierda alemana, italiana, holandesa, el consejismo, los situacionistas, socialismo o barbarie, etc. Toda una corriente de pensamiento que los dos bloques capitalistas intentaron liquidar. Un conjuro sobre aquello que venia a desarrollar la critica al “mundo libre” y los “estados obreros”.
La riqueza de ese pensamiento no la expondremos aquí. Solo pondremos el acento en como existió un sector del proletariado que no petrificó la crítica para convertirla en ideología, sino que la siguió desarrollando. ¿Para que hablar de ellos tantas décadas después? Bueno, no nos interesa realizar un comentario sobre alguna obra de museo. La mera existencia del capitalismo en su periodo espectacular y el parto de ese engendro llamado “Socialismo del siglo XXI” hacen que este pensamiento, por su propia esencia, no pueda aquietarse para ser observado. Para eso resulta importante recuperar una memoria que lejos de ser representación de un pasado, ha de ser crítica viva de un presente que en sus formas ha cambiado pero no en lo que lo hace ser lo que es: el capitalismo como dictadura del valor. De ahí que la publicación sobre el MIL sea un potente alimento para el anti capitalismo comunista-anárquico.
Pero hay que tener cuidado. Si algo sabe hacer el capital es recuperar lo subversivo para volverlo una mera imagen inofensiva, carente de contenido y validando una forma estética que transgrede los limites precisamente establecidos para transgredir. Esta advertencia tiene que ver precisamente con el libro sobre el MIL. Existe una película llamada “Salvador”, en relación a uno de sus integrantes, en donde se los presenta como luchadores antifranquistas y todo se centra en la condena a muerte de Salvador. Muy lindo. Pero la cuestión es distinta, con sus contradicciones y aspectos lúdicos.
Quitada esa romántica visión no les vamos a dar un resumen del libro. Tampoco les diremos “léalo y guárdelo en su pieza”. No. Evite considerar lo que leerá como un “saber”, una representación externa. Piénselo, vívalo. Y planteémonos una de las grandes problemáticas que podríamos instalar: la dicotomía entre teoría y práctica. Y es que el MIL era un grupo armado, realizaba expropiaciones y con ello buscaba financiar las luchas obreras como realizar una biblioteca socialista. Pero por otro lado desarrollaba el pensar del proletariado. Es ahí donde llama la atención para la visión común que se tiene sobre los grupos armados. Análisis sobre las huelgas, la situación en Europa y demases se coronan con el texto “Revolución hasta el fin”, donde nos encontramos con una bella lucidez en el análisis del capitalismo: el desarrollo sin dogma de cuestiones tales como la “mercancía” o “el proletariado”, la publicidad y el mercado mundial; resultan cuestiones vitales para nuestra propia practica, para nuestro propio pensamiento.
Con esto no estamos afirmando que la problemática que consideramos nos invita el libro se encuentre solucionada al mencionar este aspecto de desarrollo “teórico”. Al revés. El MIL, dicho groseramente, se componía de algo así “los teóricos” y “los expropiadores”. Nuevamente aparece la separación, esta vez dentro del mismo grupo. Lo valioso claro esta, es que conformaban una unidad. Pero dentro se volvía a reproducir esta dinámica dicotómica. Entonces por una parte nos encontramos con una expresión del proletariado en la que se reunía la necesidad de la violencia política como la necesidad del desarrollo de todo un corpus categorial (para comprender y actuar sobre las relaciones capitalistas) que esta en constante movimiento. Ambas necesidades parecen petrificarse en ideología cada vez que algún sector agrupado del proletariado intenta subvertir el orden capitalista. Y es que cuando hablamos de un “desarrollo necesario” nos referimos a un devenir del ser proletariado hacia su negación.
Pero cuando anteponemos voluntades individuales que buscan “organizarse” en términos cuantitativos, esta necesidad queda abolida. Es aquí donde encontramos otro aspecto importante de la lucha del MIL: liberar la necesidad del proletariado en su negación para afirmar su libertad. Lo que en otras palabras es desarrollar una crítica practica unitaria. Pero retomemos lo anterior. El MIL como unidad es la expresión del proletariado negándose, si consideramos las necesidades ya expuestas como básicas para aquello. (Y lógicamente admitiendo la simplicidad del argumento). Pero en su interior reproducía cierta división de tareas. ¿Qué podemos pensar frente a esto? ¿Acaso todos debemos tener la capacidad de desarrollar la critica como empuñar un arma? ¿Es posible? ¿O el proletariado como clase se separa en tareas pero se mantiene unificado en su lucha, sin que esto lleve a una petrificación del todo?
No somos quienes para responder aquello, quizás si asumir una posición. Esta problemática no debe dejarnos pasar por alto un aspecto que puede derivarse de lo anterior: su auto-disolución. El grupo decide disolverse cuando se considera alejado de las luchas reales. ¿La misma “división” de tareas puede llevar a un aspecto inorgánico dentro de la agrupación que termine en esto? La auto-disolución de todas maneras resulta valiosa: cuando actuamos ya por la simple rutina del actuar y sin un compromiso con las luchas reales, terminamos justificando nuestra propia existen cia en lo que hacemos. Es ahí donde hay que dotarse de nuevas formas de lucha. EL MIL es una dislocación, como muchas otras, en la marcha triunfal del capitalismo. Pero como tal, es evidencia que las contradicciones en las que se sustenta el capital son a su vez el germen de la expresión de fuerzas que tienden a su abolición. Esta dislocación es entonces un momento de la lucha de clases, y la lucha de clases corroe toda la historia. Esta anomalía para el capital es la molesta negación en la cual se basa para mantenerse con vida pero que al mismo tiempo es la condición de su destrucción.
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jueves, mayo 07, 2015
Taller 1000
Etiquetas: 1848, anarquia, Chantiago, comunismo, teoría revolucionaria
miércoles, mayo 06, 2015
Talleres 1848, Mes de Mayo
-Consideramos que el proyecto revolucionario es el intento de extirpar de raíz toda clase de alienación, con plena conciencia de que la alienación y la separación entre valor de uso y apropiación real tiene su más profunda raíz en la cosificación, el fetichismo, etc. inherentes en el reino de la mercancía; el Capitalismo es el
reino de la mercancía llevado a su punto límite, el grado máximo de cosificación y fetichismo, el estadio supremo de la alienación humana.
-Para que el proyecto revolucionario no sea desviado ni recuperado por el viejo mundo de la mercancía, del valor de cambio, de la alienación, etc. debe adecuar sus medios al fin que se propone; no es que el fin no justifique los medios, sino que el fin juzga, en la práctica, a los medios. Ello implica:
-A nivel de pensamiento: no puede lucharse contra la alienación bajo formas alienadas (separadas, fetichistas, cosificadas...).
-A nivel político: no puede lucharse contra el Capitalismo y todo el viejo mundo desde
dentro del sistema.
-A nivel organizativo: para poder llegar a plantear realmente una etapa transitoria hacia el comunismo, hemos de ser fiel reflejo de la auténtica sociedad comunista, incluso organizativamente.
-Las consecuencias de tales afirmaciones no son abstractas sino que se nos plantean a diario de forma muy concreta. En resumen:
-Rechazamos el reformismo, todo intento de luchar contra el sistema desde dentro del sistema.
-Rechazamos igualmente toda clase de grupúsculos, vanguardias, izquierdismos verbales, etc. en la medida que constituyen formas alienadas y recuperables de luchar contra la alienación y el viejo mundo.
-Rechazamos asimismo la constitución del pensamiento revolucionario en
“especialización” o “actividad separada”, en abierto desfase con el movimiento obrero real, desvinculado de su profunda problemática.
-No planteamos, en absoluto, una posición en la que el aporte de la obra de Marx sea “dogma”; nos limitamos a considerar más contundente el realizar una crítica del Estado, de la mercancía, de la alienación, etc. desde una reinterpretación de las auténticas posiciones de Marx y Engels que no a partir de elementales e ineficaces posiciones anarquistas-Nos desentendemos por completo del Capitalismo de Estado que, bajo el nombre de “socialismo” o “comunismo” detenta el poder no sólo de los Estados del bloque del Este sin excepción, sino también el de lasburocracias político-sindicales occidentales."
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