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sábado, octubre 16, 2021

La historia no se repite pero rima (parte 1): El debate sobre la revolución (x Engels, 1848) 

 


EL DEBATE DE BERLÍN SOBRE LA REVOLUCIÓN

[F. Engels ]

COLONIA, 13 DE JUNIO. 

Por fin, la Asamblea del Pacto se ha manifestado sin ambages. Ha desautorizado la revolución y se ha manifestado en favor de la teoría del pacto (1).

La situación de hecho acerca de la cual debía pronunciarse era la siguiente:

El 18 de marzo, el rey prometió una Constitución, introdujo la libertad de prensa con fianzas y, en una serie de propuestas, se manifestó en el sentido de que la unidad de Alemania debía llevarse a cabo mediante la absorción de Alemania por Prusia.

Tales fueron las concesiones del 18 de marzo, reducidas a su verdadero contenido. El hecho de que los berlineses se declararan contentos con estas concesiones y se congregasen ante el Palacio para dar las gracias al rey, demuestra con palpable claridad la necesidad de la revolución del 18 de marzo. Era necesario revolucionar no sólo al Estado, sino también a sus ciudadanos. Sólo en una sangrienta lucha de liberación podían éstos despojarse de su condición de súbditos.

Fue el consabido “malentendido” el que provocó la revolución. Y no cabe duda de que hubo un malentendido. El ataque de los soldados, la prolongación de la lucha por espacio de dieciséis horas y la necesidad en que se vio el pueblo de obligar a las tropas a replegarse, demuestran sobradamente que el pueblo estaba completamente equivocado con respecto a las concesiones del 18 de marzo.

Los resultados de la revolución fueron: de una parte, el armamento del pueblo, el derecho de asociación, la soberanía del pueblo, arrancada de hecho; de otra parte, el mantenimiento de la monarquía y el ministerio Camphausen-Hansemann, es decir, el gobierno de los representantes de la alta burguesía.

Así pues, la revolución llegaba a dos resultados necesariamente contradictorios. El pueblo había vencido, había conquistado libertades de carácter claramente democráticas; pero el poder inmediato no estaba en sus manos, sino en las de la gran burguesía.

En una palabra, la revolución no había terminado. El pueblo había consentido la formación de un gobierno de grandes burgueses, y los grandes burgueses revelaron inmediatamente sus tendencias ofreciendo una alianza a la vieja nobleza prusiana y a la burocracia. Entraron en el ministerio Arnim, Kanitz y Schwerin.

Por miedo al pueblo, es decir, a los obreros y al sector democrático de la población, la alta burguesía, siempre antirrevolucionaria, selló una alianza ofensiva y defensiva con la reacción.

Los partidos reaccionarios coaligados comenzaron su lucha contra la democracia al poner en tela de juicio la revolución. Se negó la victoria del pueblo; se fabricó la famosa lista de los “diecisiete militares muertos” (2) y se hizo todo lo posible por desacreditar a los combatientes de las barricadas. Pero las cosas no pararon ahí. El gobierno reunió realmente a la Dieta que había sido convocada antes de la revolución y construyó a posteriori el paso legal del absolutismo a la Constitución. Con ello, negaba en redondo la revolución. Inventó, además, la teoría del pacto, con la que volvía a negar la revolución, negando al mismo tiempo la soberanía del pueblo.

Se ponía, pues, realmente en tela de juicio la existencia de la revolución, cosa que podía hacerse porque ésta no era más que una revolución a medias, el comienzo de un largo movimiento revolucionario.

No podemos entrar aquí a examinar por qué y hasta qué punto la dominación momentánea de la alta burguesía constituye en Prusia una fase necesaria de transición hacia la democracia y por qué la alta burguesía se inclinó hacia la reacción inmediatamente después de entronizarse en el poder. Nos limitamos, por el momento, a registrar el hecho.

Ahora, la Asamblea del Pacto tenía que manifestar si reconocía o no la revolución.

Pero, en estas condiciones, reconocer la revolución equivalía a reconocer el lado democrático de la revolución, frente a la alta burguesía, que trataba de confiscarla.

Reconocer la revolución significaba cabalmente, en este momento, admitir que la revolución se había llevado a cabo a medias, reconociendo por tanto el movimiento democrático, dirigido contra una parte de los resultados de la revolución. Significaba reconocer que Alemania se halla impulsada por un movimiento revolucionario, en el que el ministerio Camphausen, la teoría del pacto, las elecciones indirectas, el poder de los grandes capitalistas y los productos emanados de la Asamblea misma, aun pudiendo ser puntos inevitables de transición, no son en modo alguno, los resultados finales.

Ambas partes llevaron el debate abierto en la Cámara en torno al reconocimiento de la revolución con gran amplitud y gran interés, pero manifiestamente con poco ingenio. Resultaría imposible leer algo más aburrido que estos difusos debates, interrumpidos a cada paso por rumores o por sutilezas reglamentarias. En vez de las grandes pasiones de la lucha de partidos, una fría tranquilidad de espíritu, que amenaza con caer a cada paso en el tono de la plática; en vez del tajante filo de la argumentación, una prolija y confusa cháchara sobre minucias; en vez de una respuesta categórica, aburridas prédicas éticas sobre la naturaleza y la esencia de la moral.

Tampoco la izquierda se ha distinguido gran cosa en este debate. (3) La mayoría de sus oradores se repiten unos a otros; ninguno se atreve a ir directamente al problema y a manifestarse abiertamente en un sentido revolucionario. Todos temen escandalizar, herir, espantar. Mal estarían las cosas en Alemania si los combatientes del 18 de marzo no hubiesen dado pruebas de mayor energía y pasión en la lucha que los señores de la izquierda en su debate.

[Neue Rheinische Zeitung, núm. 14,14 de junio de 1848]



NOTAS (del traductor Wenceslao Roces):

1.- Teoría del Pacto: la burguesía, representada por Camphausen y Hansemann, trataba, mediante un pacto con la Corona, de justificar su traición a la revolución. Este pacto consistía en que la Asamblea Nacional prusiana, “manteniéndose en el terreno de la legalidad”, se limitara en lo posible a la instauración de un orden constitucional. (Notas del traductor Wenceslao Roces).

2.- Además de la cifra oficial de quince soldados y dos suboficiales muertos, se sabía de bastantes más soldados caídos en lucha, sepultados en secreto, tratando así de negar importancia a los enfrentamientos del 18 de marzo.

3.- Formaban parte de la izquierda en la Asamblea Nacional prusiana, entre otros, Waldeck, Jacoby, Georg Jung y J. Berends. La Nueva Gaceta Renana criticaba con frecuencia su actitud vacilante, animándola a proceder con mayor energía y a recurrir a la lucha extraparlamentaria.

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miércoles, octubre 07, 2020

Ministerio Camphausen (Carlos Marx)/Recuerdos de la policía 

 


EL MINISTERIO CAMPHAUSEN

[C. M a r x ]

COLONIA, 3 DE JUNIO. ES SABIDO QUE LA ASAMBLEA NACIONAL francesa de 1789 fue precedida por una Asamblea de Notables, integrada por estamentos, lo mismo que la Dieta Unificada de Prusia. En el decreto por el que el ministro Necker convocaba a la Asamblea Nacional, se refería a la exigencia manifestada por los Notables de que se convocara a los Estados Generales. El ministro Necker le llevaba, así, gran delantera al ministro Camphausen. No necesitaba esperar a la toma de la Bastilla ni al derrocamiento de la monarquía absoluta para empalmar a posteriori, de manera doctrinaria, lo viejo a lo nuevo y despertar así, trabajosamente, la apariencia de que Francia había llegado a formar una nueva Asamblea Constituyente recurriendo a los medios legales de la vieja Constitución. Contaba, además, con otras ventajas. Era ministro de Francia, y no ministro de Lorena y Alsacia, mientras que el señor Camphausen no era ministro de Alemania, sino de Prusia. Y, con todas estas ventajas, el ministro Necker no logró convertir un movimiento revolucionario en una pacífica reforma. La gran enfermedad no podía curarse con agua de rosas y menos aún podrá el señor Camphausen cambiar el carácter del movimiento mediante una complicada teoría que trace una línea recta entre su ministerio y la vieja situación de la monarquía prusiana. La revolución de Marzo y el movimiento revolucionario alemán en general no pueden convertirse en episodios interinos mediante un ardid artificioso más o menos importante. ¿Acaso Luis Felipe ha sido elegido rey de los franceses por ser un Borbón? ¿O ha sido elegido aunque era ya un miembro de la dinastía de los Borbones? Recuérdese que esta pregunta dividió a los partidos poco después de la revolución de julio, ¿y qué venía a demostrar dicha pregunta? Que la revolución se ponía en tela de juicio, que el interés de la revolución no era el interés de la clase elevada al poder y de sus representantes políticos. Pues bien, el mismo significado tiene la declaración hecha por el señor Camphausen de que su ministerio no ha venido al mundo por la revolución de Marzo, sino después de ella.

[Nene Rheinische Zeitung, núm. 4, 4 de junio de 1848]


Adolescentes y fuera pública: del dicho al hecho

La condición jurídica de niños/as y adolescentes nunca ha sido idéntica a la de los adultos, al menos en lo relativo al tratamiento que según las normas nacionales e internacionales debe dárseles por parte del sistema penal.

Pocos años antes de la Convención sobre los Derechos del Niño aprobada en noviembre de 1989, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó las llamadas “Reglas de Beijing”, sobre la justicia de menores. Dentro de ellas se regula el “primer contacto” del menor de edad con la policía y el sistema judicial, señalando que el criterio clave es la necesidad de “evitar daños”.



Según  el comentario que aparece en las propias Reglas de Beijing:

“La expresión ‘evitar daño’ debe interpretarse en el sentido amplio de reducir al mínimo el daño al menor en la primera instancia, así como cualquier otro daño adicional o innecesario. Ello es de particular importancia en el primer contacto con las organizaciones encargadas de hacer cumplir la ley, que puede influir profundamente en la actitud del menor hacia el Estado y la sociedad”  (Reglas Mínimas de Naciones Unidas para la Administración de la Justicia de Menores, Comentario a la Regla 10 sobre “primer contacto”).

Desde antes de la arremetida represiva iniciada el 18 de octubre de 2019 y que ahora se ha vuelto a intensificar, llegando hasta el lanzamiento de un adolescente al río Mapocho el viernes pasado, sabemos que el “derecho normado” muchas veces no tiene nada que ver con lo que realmente ocurre en la práctica, donde generalmente opera un “segundo código” (no escrito) que termina siendo más determinante del trato real que se da a las personas en el sistema policial y penal.

Hace un año que el desfase entre las normas y la práctica parece ser cada vez mayor, y durante el invierno en pandemia además quedó claro que la represión se ejerce sólo contra los adversarios políticos del gobierno, siendo tolerada y justificada la violencia de otros sectores (los camioneros, manifestantes del rechazo, o pobladas anti mapuche como las que actuaron efectuando desalojos ilegales el 1 de agosto en Victoria, Curacautín, Traiguén y Ercilla). Con esto la cantinela de condenar “la violencia venga de donde venga” se revela una vez más como hipócrita y falsa.

A continuación acudo a mi propia experiencia de vida para referir cómo en los hechos se verifica este “primer contacto” de los adolescentes con la policía, tan relevante para toda la vida futura de la persona que lo sufre.

PRIMER CONTACTO (1987)

Arranqué varias veces de la policía en las calles céntricas de Punta Arenas por ahí por los años 1984 y 1985. Nunca estuvieron muy cerca de aprehenderme. Gracias a la velocidad propia de la pubertad y a los relatos que había escuchado de amigos más grandes que sí habían sido detenidos y/o golpeados por carabineros mis piernas sabían correr a tiempo para salvarme de la represión.

Llegando a Santiago en pleno año 1986 no sólo tuve que seguir corriendo rápido sino que  aprender el arte de picar a toda velocidad pero con los ojos bien abiertos para parar de golpe antes de toparse con otro piquete, que por lo general en esos días de mítines-relámpagos estaban apostados en todas las esquinas de la Alameda, entre San Antonio y La Moneda. En el Edificio Diego Portales (hoy GAM) era habitual ver que en los días de protesta que en una parte elevada y poco visible de la estructura del ex edificio de la UNCTAD se instalaban militares apuntando hacia abajo con ametralladoras.

Como quinceañero me creía un experto en esquivar a los “cilones” (como llamábamos a las Fuerzas Especiales). Hasta que una vez a fines de 1987, cuando ya había cumplido 16 y estaba terminando 4° Medio, al ir zafando de ellos por Alameda con Estado y justo en el instante en que me creía a salvo, de la nada un miembro del piquete de Fuerzas Especiales descargó con toda su fuerza el bastón de servicio contra mi espalda. Aún veo su cara roja, inflamada de abuso y odio, al momento de dar el golpe. En el momento aguanté el dolor y sólo me preocupé de terminar de salir del lugar: no quería ser detenido y mucho menos con la mochila llena de panfletos de las Juventudes Comunistas.

No les dije nada a mis padres ni hermanas, y recién al otro día me miré la espalda en el espejo. La forma de la luma seguía ahí, muy bien delineada en medio de un moretón en su fase inicial.   

Sentí rabia. Y seguí protestando igual. En esos tiempos de tortura y muerte me pareció que recibir un lumazo era lo de menos: “sacarla barata” como se dice.

SEGUNDO CONTACTO (1989)

El 1 de Mayo de 1989 fui a la concentración en General Velásquez, convocada por una recién reconstituida Central Unitaria de Trabajadores (que definitivamente no era idéntica a la antigua Central Única de Trabajadores de los tiempos en que la encabezaba el anarco-trotskismo de Clotario Blest y Luis Vitale).

Miles de personas, aglutinadas por lo general en torno a las banderas de la enorme cantidad de partidos y minipartidos de la izquierda más la presencia siempre algo polémica de la Democracia Cristiana, escuchan a oradores como Manuel Bustos (DC). Adelante estaba sentado Clotario Blest, que se desmayó a causa de su avanzada edad, y murió casi un año después, el 31 de mayo de 1990.

Al terminar el Acto, me voy marchando con la columna del Partido Socialista de los Trabajadores, sección chilena de una de las principales corrientes trotskistas internacionales y que poco después pasó a llamarse Movimiento Al Socialismo -igual que la sección madre radicada en Argentina-, para tratar de constituirse como “partido en formación”.

Casi al lado nuestro va una columna rojinegra del MIR, aunque ahora no recuerdo de cuál de sus dos fracciones (un par de años antes hubo una escisión entre el MIR “político” de Nelson Gutiérrez y Jécar Neghme, y el MIR “Pascal”).

Cuando ellos llegan a la Alameda, el carro lanza-aguas se les va encima y de inmediato empiezan los enfrentamientos. Un compañero de la dirección de nuestro micropartido nos dice: “¡Esta hueá se ultreó! ¡Nosotros nos vamos!”. Y dado que la cultura de ese tipo de sectas políticas incluye ir a estos grandes eventos del movimiento obrero con toda la familia, las 50 o 60 personas que iban bajo el lienzo del partido guardaron sus cosas y se retiraron.


Todos, menos yo, y otro cabro a quien no ubicaba, con un look entre proletario y punk, de los tiempos en que el punk rock en Chile era entendido por sobre todo como una estética visual, bastante combativa por cierto.

Nos fuimos corriendo hacia las barricadas que se estaban empezando a instalar en varias partes de la Alameda entre Las Rejas y General Velásquez. Corríamos en grupos peleando contra los guanacos, que en esos tiempos estaban pintados de negro y blanco. Arrancábamos hacia las barricadas y las tratábamos de incrementar y defender con lo que hubiera a mano.

De repente se produce una enorme arremetida policial. Corro hacia la esquina norte de Alameda con General Amengual, donde había un pequeño Servicentro, que sigue ahí. Quiero entrar a comprar algo y así eludir a los persecutores, ¡pero es feriado!, así que me topo de frente con sus puertas cerradas. Comprendo que es inútil seguir arrancando. Me toman entre tres o cuatro policías y me arrojan a la entrada de un carro celular (parecido a los que ahora usan como Traslado de Imputados) estacionado a media cuadra de ahí.

Entro como puedo mientras les dan palos a los detenidos que suben justo después que a mí. Arriba hay dos puertas y sin pensarlo me meto rápido por la derecha. Resulta que en ese lado están las mujeres detenidas, lo cual es bueno porque a ellas las hostigan verbalmente pero no las golpean, a diferencia de los palos y gritos que llegan desde el lado izquierdo. Pero me preocupa que me descubran ahí y me saquen a golpes hacia el sector correcto, así que me quedo quieto y espero. Varias mujeres jóvenes van botando de a poco por las rendijas los panfletos que habían recogido en la concentración.

El carro para a cada rato para hacer más detenciones. Frena y acelera bruscamente, causando que nos golpeemos entre nosotros y con las paredes y el techo. 

Escucho que suben a uno que grita “¡tengo derecho a una llamada!”. La respuesta no se hace esperar, en la voz grave de un paco que le dice: “¡eso es en las películas, ahueonao!”, y de inmediato se escucha un brutal sonido doble: el del palo que golpea su cabeza, seguido del sonido del rebote del palo en el techo del bus. Varias veces, hasta que el detenido se queda en silencio.

Finalmente estacionan y nos hacen descender del vehículo. Nunca se dieron cuenta de que por error yo estaba con las mujeres. De repente ya estamos en el patio de la Comisaría que queda en Ecuador, cerca de la Villa Portales.

El panorama es desolador: cientos de hombres y mujeres detenidos, a quienes se mantiene reducidos en el patio, sentados con las piernas estiradas hacia adelante, y obligados a mantener la cabeza encima de las rodillas. A los que no aguantan la posición y levantan la cabeza los agreden a lumazos. “¿Viste que no es tan difícil?”, dicen mientras pegan, muertos de la risa.

Justo cuando nos van a ordenar que nos pongamos en esa misma posición en el suelo, alcanzo a ver a cuatro o cinco cabros como de mi edad a quienes le dieron un tratamiento especial: los tienen apoyados de cabeza contra la pared. Sus piernas están a cierta distancia de ella, las manos tomadas por atrás de la espalda, y el único punto de apoyo que tienen es la parte justo arriba de la frente, apretada contra la dura pared de madera.

En ese preciso momento les ordenan abandonar esa postura, y que salgan caminando en fila. Los jóvenes están desorientados y adoloridos. No pueden caminar, aunque lo intentan se caen al suelo. Los carabineros los levantan a palos y puntapiés.

Después de un tiempo que se hizo eterno sentado con la cabeza contra las rodillas empiezan a clasificarnos por edad. Me falta un mes y dos semanas para cumplir 18, que es la mayoría de edad penal, así que levanto la mano cuando preguntan por quienes eran menores de edad.

Yo cursaba el segundo año en la Escuela de Derecho, y si bien no nos habían enseñado “Derecho de Menores”, asumí como algo obvio que el tratamiento jurídico de los menores era menos malo que el de los adultos.

Craso error. Después de unas horas los adultos comenzaron a ser liberados, pues los cargos eran sólo de “desorden público”. Los menores, en cambio, fuimos llevados a un calabozo al interior de la comisaría.

Cuando ya se hizo de noche, nos sacaron esposados hacia un furgón policial que nos trasladó a la 34° Comisaría de menores, en avenida República.

El ingreso fue bastante duro. A los familiares que llegaron afuera -entre ellos mi madre, que había presenciado estupefacta cómo fuimos sacados desde la otra comisaría- les hablaron dulcemente diciendo que s fueran a sus casas y que no se preocuparan, pues esta era una comisaría de protección de menores, que nos iban a dar té con leche y pan con mantequilla para que luego durmiéramos tranquilos en literas antes de pasar al otro día al tribunal. Mientras tanto, nos obligaron a desnudarnos en una oficina a la entrada del recinto policial. Las mujeres policías que estaban a cargo de la revisión de una decena de jóvenes de sexo masculino se deleitaban en hacer observaciones sobre Allende, y se burlaban de nuestros cuerpos, mientras decían cosas como: “ese Chicho que tanto quieren ya debe estar todo podrido en el cementerio, hasta esos bigotitos que tenía”. No olvido sus caras. Pero me daban más pena que rabia.

Al sacarnos al patio en dirección al calabozo aparece un policía enorme que nos da un largo y odioso discurso, y nos mostró unas heridas de bala que tenía en la cabeza diciendo “me dispararon por la espalda porque los delincuentes no se atreven a darme cara”, y remató anunciando que para que reflexionáramos toda la noche sobre los graves desórdenes que habíamos causado en la Alameda había decidido quitar todas las colchonetas del suelo y no entregarnos frazadas, aprovechando que la noche iba a ser bastante fría. 

Dormimos con dificultad, acurrucados en un rincón todos los “protestantes”, más los niños ladrones que iban aprehendiendo de noche y que para capear el frío se agregaban de inmediato a nuestro montoncito. Cada cierto tiempo los carabineros iban y pateaban con toda su fuerza la puerta metálica, para asegurarse de que no nos durmiéramos del todo. Recuerdo a un cabro que al despertar dijo: “chuta….se me metió el ruido en el sueño y creía que eran los del Frente que nos venían a rescatar”.


Al otro día nos hacen formar para ir al tribunal, y nos advierten que aquellos que no sean retirados por sus padres o adultos responsables se iban a ir directo al SENAME. Yo no sabía que mi madre ya había sido avisada por amigos de mi detención. Un sector del cabrerío daba por hecho que sus padres no los iban a ir a retirar, y estaban aterrados ante la idea de ir a dar a los recintos del SENAME, que nunca tuvieron buena fama.

En el tribunal me dejaron ir bajo responsabilidad de mi madre, y nunca más supe de ese proceso. Los cabros que habían sido detenidos en robos durante la noche no salieron. Llegué a la casa, donde esperaba mi abuelo materno, muy preocupado y solidario, y me puse a estudiar para el control de Derecho Histórico II que tenía al otro día.

EPÍLOGO

Esos dos contactos no fueron los únicos. He seguido teniéndolos a lo largo de toda mi vida, como si el destino me hubiera dado el encargo de comprobar que tan cierto es lo que nos enseñaron en Derecho Constitucional cuando nos dicen que la policía existe “para dar eficacia al derecho”.

Una vez hice un reclamo por una detención ilegal que sufrí hacia el año 2008, y más de un año después me llegó la respuesta a la casa en un CD-R. La conclusión era que no habían existido irregularidades en la detención, y el fundamento de su conclusión era que no había que tener por cierta mi denuncia porque quien la formulaba es “una persona que tiene problemas con la figura del carabinero”.

Sólo les faltó agregar la referencia a las Reglas de Beijing sobre los efectos a largo plazo del “primer contacto”, absolutamente confirmadas en este autoanálisis de caso.


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jueves, junio 25, 2015

Este viernes: Cine en CFT/1848 




Se resiste, pese a todos los intentos de Sabat y sus policías, y este viernes nos juntamos a ver y comentar una selección de escenas fílmicas preparadas por un compañero.
Vaya, lleve lo que quiera.
Sapos y tarados: abstenerse.

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viernes, junio 05, 2015

Taller MIL: resumen cuarta sesión 



CUARTA SESIÓN TALLER 1000

La discusión sigue profundizando aspectos de la teoría de la lucha de clases, y el tema de la conciencia de clases. Cuestiones conceptuales como: ¿qué es exactamente la pequeña burguesía? ¿Una burguesía de poca monta, eslabón inferior dentro de esa clase propietaria, o una clase distinta que se ubica entre medio de ella y el proletariado? También la importante cuestión de que una cosa es el capitalismo considerado en todas sus expresiones, y otra muy distinta la existencia o no de una ”burguesía clásica”. Como en la realidad ya casi no se aprecia la figura caricaturizada del burgués del siglo XIX y XX, se tiende a usar el concepto de “burgués” de un modo demasiado amplio, casi sociocultural, que hace ver como “burgueses” a los miembros de La sociedad burguesa en bloque, olvidando que dentro de ella pueden estar integrados como clase capitalista (una ínfima minoría: la burguesía propiamente tal) o como fuerza de trabajo.
Lucha de clases existe siempre mientras subsistan las clases. Otra cosa es que a veces es abierta y declarada y las más de las veces difusa, invisible o velada. No deja de ser curioso que otras corrientes anticapitalistas y revolucionarias entiendan que estemos en un período en que ya no hay lucha de clases. Exceso de “modernismo” (o posmodernismo)? Por otra parte, se supone que el proletariado “o es revolucionario o es nada”. Será que entonces debemos entender que cuando no hay antagonismo alguno el proletariado totalmente integrado pasa a ser mero “capital variable”?
En fin, tampoco debemos perder de vista que la relación social capitalista es dinámica, y en cierta forma es como si se independizara incluso de la clase que la hizo nacer, y se ha demostrado ya en la historia como puede haber una clase dominante que gestiona el capitalismo sin ser necesariamente de acuerdo a las formas clásicamente asociadas a la burguesía de tiempos pasados: un ejemplo claro, la burocracia estalinista y sus derivados (maoísmo, castrismo, chavismo, etc.).
Se pasa al capítulo 6, la cuestión de la ideología. En el libro del 1000 hay 5 partes:
1.- La ideología como cosificación. Para ello, acudir a los manuscritos de Marx de 1844, donde desarrolla en detalle ese tema, sobre todo en el capítulo sobre “el trabajo alienado”.
2.- Las “Tesis de Feuerbach”. El MIL cita la 8 y la 11. Las leemos. Quedamos de rescatar el texto completo.
3.- Ideas separadas y poder. En este punto, se aprecia la fuerte y clara influencia situacionista. (En base a ella, consensuamos que nosotrxs no hacemos “crítica ideológica” sino que crítica de la ideología).
4.- El espectáculo de la ideología hoy. El MIL hace un repaso de las ideologías políticas de su tiempo. Recordamos que hace como 13 años un compa hizo una especie de repaso similar en nuestro medio, influenciado por el panfleto situacionista sobre “La miseria en el medio estudiantil”. Intentaremos rescatarlo de algún baúl de los recuerdos.
5.- Alternativa al mundo de la ideología.
Este punto queda pendiente para la quinta sesión (Viernes 5 de mayo, 18:30). Y de ahí, terminada la primera parte del libro, haremos el salto directo a la tercera parte, que es la que ofrece lo que podríamos decir el programa del MIL: todo el poder a los consejos obreros.
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Otros temas tratados: Ideología no etérea, y no sólo “falsa consciencia”. Ideología como fuerza material (W. Reich). Los WC de Zizek.

“Reformismo” y lucha de clases (contra la plusvalía absoluta y relativa). Sindicatos como medio “defensivo”. Imposibilidad de un “sindicalismo revolucionario”. 

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jueves, mayo 28, 2015

Taller 1000, resumen tercera y anuncio cuarta sesión 


TERCERA SESION TALLER MIL

Exposición del capitulo 4: "El concepto de proletariado", discusión en torno a la actual validez del concepto superando la concepción del marxismo vulgar (obrerismo, su "rol" en la producción material, etc...). Se comprende al proletariado en su relación antagónica con la mercancía, existe como clase porque sin explotación en el trabajo no hay producción de capital, por ende sus intereses se contraponen en los hechos a los de la clase capitalista. Esto como actividad medular de la producción de mercancías, pero no la única, se plantean las nuevas formas económicas donde no hay explotación asalariada directamente pero que no entran por eso en una relación de clase distinta (trabajadores independientes, vendedores ambulantes, pequeños "empresarios") y también la cuestión de las clases medias, o empleados con cargos administrativos: se reconoce lo difuso que es para el proletariado reconocer hasta donde llega como clase, pero como contraparte lo fácil que es para la burguesía reconocer quien no es burgués.

En ese sentido principalmente se reconoce a la extensión de la cultura burguesa y el "modo de vivir" burgués como herramienta de la clase dominante para contrarrestar el reconocimiento de las clases por parte del proletariado. Se reconoce la alienación, el aislamiento del individuo y la división social del trabajo como ejes centrales de la dominación capitalista.

En ese sentido se reconoce y apela a la actividad social misma como arma revolucionaria, romper con el aislamiento y generar formas de comunidad y lucha sigue siendo el punto de encuentro para l@s que combaten al capitalismo y al Estado.

Próximo taller (sesión 4), el viernes 29, donde siempre, a la hora de siempre:
 Capitulo 6 "La ideología es el opio del pueblo".
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Sobre el concepto de ideología, se recomienda revisar:
-Marxismo y teoría revolucionaria (  http://www.hommodolars.org/web/spip.php?article2045http://www.hommodolars.org/web/spip.php?article2045  )

-El proletariado como sujeto y representación, por Guy Debord (  http://www.sindominio.net/ash/espect4.htmhttp://www.sindominio.net/ash/espect4.htm  ).

-además de los bodriazos académicos de Zizek e Eagleton y Larraín, que a estas alturas se pueden recuperar de varios lugares. Particularmente útil el Tomo 1 del profesor J. Larraín (¡Es verdad que en este país Todo viene del MAPU!?).

“Es preciso recordar que el sentido de esta doctrina se infiere ante todo de la posición que la misma asume y ocupa enfrente de aquellas contra las cuales efectivamente se levantó, y especialmente contra todas las ideologías”. (Antonio Labriola, Del materialismo histórico, 1899).

“Hay que interpretar la célebre máxima: ‘sin teoría revolucionaria no hay acción revolucionaria’, del modo más amplio posible, y darle su verdadero significado. Lo que distingue al movimiento proletario de todos los movimientos políticos anteriores, por importantes que éstos hayan sido, es que es el primero claramente consciente de sus objetivos y de sus medios. En ese sentido, no sólo es para él la elaboración teórica uno de los aspectos de la actividad revolucionaria: es inseparable de esa actividad. La elaboración teórica ni precede ni sigue a la acción revolucionaria práctica: las dos son simultáneas, y se condicionan mutuamente (…). La teoría revolucionaria sólo puede conservar su validez si se desarrolla constantemente, si se enriquece incorporándose todas las conquistas del pensamiento científico y del pensamiento humano en general, y en particular sabe asimilar la experiencia del movimiento revolucionario, si se somete, cuantas veces sea necesario, a todas las modificaciones y revoluciones internas que la realidad le imponga. La máxima clásica sólo tiene por lo tanto sentido si se interpreta así: ‘sin desarrollo de la teoría revolucionaria, no hay desarrollo de la acción revolucionaria’” (Presentación de la revista Socialisme ou Barbarie, 1949).


La teoría revolucionaria es ahora enemiga de toda ideología revolucionaria y sabe que lo es” (Guy Debord, 1967).

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miércoles, mayo 13, 2015

Primer sesión Taller 1000/No master´s voice 



Taller 1000: resumen y acuerdos de la PRIMERA SESIÓN.

Tras aportarse datos sobre la época y contexto de surgimiento del MIL (fines de los 60, principios de los 70), y su relación con las luchas de su tiempo, leímos y comentamos el “prólogo inédito” y el primer capítulo, sobre “teoría revolucionaria”. Destacamos varias cosas al leer esas partes, pero no es ésta la ocasión de comentarlas.

Para la presentación de datos sobre el grupo 1000/GAC, nos basamos sobre todo en el texto de Sergi Rosés: “Un esbozo de la historia del MIL” (http://www.mil-gac.info/spip.php?article118 ).

Para la segunda sesión se quedó de traer leídos los capítulos 2 a 4:


- La “misión histórica” del proletariado;


 Estos capítulos serán brevemente expuestos por compañerxs y luego debatidos entre todxs.

(En el PDF subido en la página MIL/GAC, lo que hay que leer va entre las páginas 6 y 14): http://www.mil-gac.info/spip.php?page=article_es&id_article=147

Léalo y  venga con nosotrxs  este viernes  15 de mayo a las 18:30. Habrá mate, tecito y tal vez pan con palta. Para no llegar tan desenchufadx, lea al menos el texto de Rosés.



Para que no se aburra, nada mejor que escuchar por mientras un clásico del anarco-punk australiano, el cassette NO MASTER´S VOICE, de End Result, 1984.

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martes, mayo 12, 2015

36+68: 1000. Comentario en "Revolución hasta el fin N° 0". 

36+68=1000. Revolución hasta el fin y otros textos del MIL. Ediciones Pukayana. 2013.



(Comentario en RHF N° 0:http://hommodolars.org/web/IMG/pdf/Revolucion-hasta-el-fin-01_.pdf )

Dentro de la historia de la lucha de clases existen bastantes opacidades. Desde la instalación de dos bloques que administraban el mundo, donde la diferencia esencial se encontraba en el color de las banderas y no precisamente en el contenido de las relaciones sociales que las constituían, se estableció un silencio respecto a las voces criticas con lo que se suponía era la realización de la critica critica: la URSS y todo el bloque del este.

Quizás a estas alturas patear en el suelo a ese capitalismo de estado que se hizo llamar “socialismo real” pueda resultar poco decoroso, casi como patear la cabeza de un perro muerto en la calle. En este lado del mundo nos enteramos bastante tarde que durante esos años en que la humanidad se preocupaba por el “dedo que apretara el botón”, existían voces que se levantaban para combatir en la practica esa falsa concepción que hasta el día de hoy se enquista en las cabezas de muchos proletarios:que el llamado bloque del Este era lo que Marx había pensado. La izquierda alemana, italiana, holandesa, el consejismo, los situacionistas, socialismo o barbarie, etc. Toda una corriente de pensamiento que los dos bloques capitalistas intentaron liquidar. Un conjuro sobre aquello que venia a desarrollar la critica al “mundo libre” y los “estados obreros”.

La riqueza de ese pensamiento no la expondremos aquí. Solo pondremos el acento en como existió un sector del proletariado que no petrificó la crítica para convertirla en ideología, sino que la siguió desarrollando. ¿Para que hablar de ellos tantas décadas después? Bueno, no nos interesa realizar un comentario sobre alguna obra de museo. La mera existencia del capitalismo en su periodo espectacular y el parto de ese engendro llamado “Socialismo del siglo XXI” hacen que este pensamiento, por su propia esencia, no pueda aquietarse para ser observado. Para eso resulta importante recuperar una memoria que lejos de ser representación de un pasado, ha de ser crítica viva de un presente que en sus formas ha cambiado pero no en lo que lo hace ser lo que es: el capitalismo como dictadura del valor. De ahí que la publicación sobre el MIL sea un potente alimento para el anti capitalismo comunista-anárquico.

Pero hay que tener cuidado. Si algo sabe hacer el capital es recuperar lo subversivo para volverlo una mera imagen inofensiva, carente de contenido y validando una forma estética que transgrede los limites precisamente establecidos para transgredir. Esta advertencia tiene que ver precisamente con el libro sobre el MIL. Existe una película llamada “Salvador”, en relación a uno de sus integrantes, en donde se los presenta como luchadores antifranquistas y todo se centra en la condena a muerte de Salvador. Muy lindo. Pero la cuestión es distinta, con sus contradicciones y aspectos lúdicos.

Quitada esa romántica visión no les vamos a dar un resumen del libro. Tampoco les diremos “léalo y guárdelo en su pieza”. No. Evite considerar lo que leerá como un “saber”, una representación externa. Piénselo, vívalo. Y planteémonos una de las grandes problemáticas que podríamos instalar: la dicotomía entre teoría y práctica. Y es que el MIL era un grupo armado, realizaba expropiaciones y con ello buscaba financiar las luchas obreras como realizar una biblioteca socialista. Pero por otro lado desarrollaba el pensar del proletariado. Es ahí donde llama la atención para la visión común que se tiene sobre los grupos armados. Análisis sobre las huelgas, la situación en Europa y demases se coronan con el texto “Revolución hasta el fin”, donde nos encontramos con una bella lucidez en el análisis del capitalismo: el desarrollo sin dogma de cuestiones tales como la “mercancía” o “el proletariado”, la publicidad y el mercado mundial; resultan cuestiones vitales para nuestra propia practica, para nuestro propio pensamiento.

Con esto no estamos afirmando que la problemática que consideramos nos invita el libro se encuentre solucionada al mencionar este aspecto de desarrollo “teórico”. Al revés. El MIL, dicho groseramente, se componía de algo así “los teóricos” y “los expropiadores”. Nuevamente aparece la separación, esta vez dentro del mismo grupo. Lo valioso claro esta, es que conformaban una unidad. Pero dentro se volvía a reproducir esta dinámica dicotómica. Entonces por una parte nos encontramos con una expresión del proletariado en la que se reunía la necesidad de la violencia política como la necesidad del desarrollo de todo un corpus categorial (para comprender y actuar sobre las relaciones capitalistas) que esta en constante movimiento. Ambas necesidades parecen petrificarse en ideología cada vez que algún sector agrupado del proletariado intenta subvertir el orden capitalista. Y es que cuando hablamos de un “desarrollo necesario” nos referimos a un devenir del ser proletariado hacia su negación.

Pero cuando anteponemos voluntades individuales que buscan “organizarse” en términos cuantitativos, esta necesidad queda abolida. Es aquí donde encontramos otro aspecto importante de la lucha del MIL: liberar la necesidad del proletariado en su negación para afirmar su libertad. Lo que en otras palabras es desarrollar una crítica practica unitaria. Pero retomemos lo anterior. El MIL como unidad es la expresión del proletariado negándose, si consideramos las necesidades ya expuestas como básicas para aquello. (Y lógicamente admitiendo la simplicidad del argumento). Pero en su interior reproducía cierta división de tareas. ¿Qué podemos pensar frente a esto? ¿Acaso todos debemos tener la capacidad de desarrollar la critica como empuñar un arma? ¿Es posible? ¿O el proletariado como clase se separa en tareas pero se mantiene unificado en su lucha, sin que esto lleve a una petrificación del todo?

No somos quienes para responder aquello, quizás si asumir una posición. Esta problemática no debe dejarnos pasar por alto un aspecto que puede derivarse de lo anterior: su auto-disolución. El grupo decide disolverse cuando se considera alejado de las luchas reales. ¿La misma “división” de tareas puede llevar a un aspecto inorgánico dentro de la agrupación que termine en esto? La auto-disolución de todas maneras resulta valiosa: cuando actuamos ya por la simple rutina del actuar y sin un compromiso con las luchas reales, terminamos justificando nuestra propia existen cia en lo que hacemos. Es ahí donde hay que dotarse de nuevas formas de lucha. EL MIL es una dislocación, como muchas otras, en la marcha triunfal del capitalismo. Pero como tal, es evidencia que las contradicciones en las que se sustenta el capital son a su vez el germen de la expresión de fuerzas que tienden a su abolición. Esta dislocación es entonces un momento de la lucha de clases, y la lucha de clases corroe toda la historia. Esta anomalía para el capital es la molesta negación en la cual se basa para mantenerse con vida pero que al mismo tiempo es la condición de su destrucción.

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jueves, mayo 07, 2015

Taller 1000 

Taller 1000: la revolución hasta el fin
DONDE: Pedro de Oña 88. Metro Irarrázaval.
CUANDO: 8 de Mayo de 2015, y todos los viernes del mes, a las 18:30.
LA REVOLUCION HASTA EL FIN (Movimiento Ibérico de Liberación, 1970) DESCARGAR: http://www.mil-gac.info/spip.php?page=article_es&id_article=147
Primera Parte
1.-EL PROBLEMA DE LA TEORÍA REVOLUCIONARIA Adecuar los viejos conceptos a las nuevas realidades. Maximalismo y minimalismo en la interpretación de Marx. Arcaísmo y modernismo, hoy. Liberar el presente del pasado.
2.- EL CONCEPTO DE “MERCANCÍA”. El capitalismo, reino de la mercancía. El fetichismo de la mercancía. Alienación del trabajo asalariado. La lucha contra la alienación.
3.- LA “MISIÓN HISTÓRICA” DEL PROLETARIADO. ¿Un malentendido histórico? Posiciones de autojustificación. Validez actual del Manifiesto.
4.-EL CONCEPTO DE “PROLETARIADO”. Explotadores y explotados. El oportunismo en torno de las clases medias. Proletariado y teoría revolucionaria.
5.- CONCIENCIA DE CLASE Y REVOLUCIÓN. El proletariado como clase alienada. Conciencia real y conciencia posible. El proletariado como “negatividad creadora”.
6.- LA “IDEOLOGÍA” ES EL OPIO DEL PUEBLO. La ideología como “cosificación”. Las “Tesis sobre Feuerbach” de Marx. Ideas separadas y poder. El espectáculo de la ideología, hoy. Alternativa al mundo de la ideología.
Segunda Parte
7.- LA CRISIS MUNDIAL DEL CAPITALISMO. No es una crisis únicamente económica. Acumulación y reproducción del capital. La tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Métodos artificiales de supervivencia del capitalismo. ¿Puede esta agonía prolongarse indefinidamente?
8.- LA “CONTRADICCIÓN FUNDAMENTAL” DEL CAPITALISMO HOY. La “contradicción fundamental” según Marx. Contradicción fundamental y Neocapitalismo. La “racionalidad” capitalista en crisis. La publicidad: la mercancía se ha vuelto espectacular. La automatización (en el original dice “automación”): un umbral tecnológico a franquear. Automación y límite a franquear.
9.- SOCIEDAD TECNOCRÁTICA Y AUTORITARISMO. La era del Bajo Capitalismo. Bajo Capitalismo y guerra. El modelo americano: tecnocracia y fascismo. España ante el modelo tecnocrático europeo.
10.- LOS PAÍSES MAL LLAMADOS “COMUNISTAS”. Debate sobre el llamado “bloque comunista”. La dictadura del proletariado. Sobre el “modo de producción asiático”. El “modelo soviético” como Capitalismo de Estado. La “guerra fría” y la coexistencia pacífica. Perspectivas revolucionarias.
Tercera Parte
11.- LA REVOLUCIÓN MUNDIAL DE LOS CONSEJOS OBREROS. Introducción. La dictadura del proletariado. Formas de organización de la clase. La revolución mundial de los Consejos Obreros.
12.- EL PROYECTO REVOLUCIONARIO. El “Consejismo” como coartada. Los estigmas del viejo mundo. Sociedad comunista.

¿QUÉ VENDEMOS? NADA!!!

¿QUÉ QUEREMOS? TODO!!!


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miércoles, mayo 06, 2015

Talleres 1848, Mes de Mayo 

NOTA: El Taller sobre el 1000 es a las 18:30.
Consideraciones finales del libro del M.I.L. "REVOLUCIÓN HASTA EL FIN" (1971)
"Consideramos alienada toda clase de actividad separada: el pensamiento, la cultura, el arte, la política, la vida cotidiana entendida como “vida privada” separada de la vida pública, el valor de cambio, el espectáculo de la mercancía, etc.
-Consideramos que el proyecto revolucionario es el intento de extirpar de raíz toda clase de alienación, con plena conciencia de que la alienación y la separación entre valor de uso y apropiación real tiene su más profunda raíz en la cosificación, el fetichismo, etc. inherentes en el reino de la mercancía; el Capitalismo es el
reino de la mercancía llevado a su punto límite, el grado máximo de cosificación y fetichismo, el estadio supremo de la alienación humana.
-Para que el proyecto revolucionario no sea desviado ni recuperado por el viejo mundo de la mercancía, del valor de cambio, de la alienación, etc. debe adecuar sus medios al fin que se propone; no es que el fin no justifique los medios, sino que el fin juzga, en la práctica, a los medios. Ello implica:
-A nivel de pensamiento: no puede lucharse contra la alienación bajo formas alienadas (separadas, fetichistas, cosificadas...).
-A nivel político: no puede lucharse contra el Capitalismo y todo el viejo mundo desde
dentro del sistema.
-A nivel organizativo: para poder llegar a plantear realmente una etapa transitoria hacia el comunismo, hemos de ser fiel reflejo de la auténtica sociedad comunista, incluso organizativamente.
-Las consecuencias de tales afirmaciones no son abstractas sino que se nos plantean a diario de forma muy concreta. En resumen:
-Rechazamos el reformismo, todo intento de luchar contra el sistema desde dentro del sistema.
-Rechazamos igualmente toda clase de grupúsculos, vanguardias, izquierdismos verbales, etc. en la medida que constituyen formas alienadas y recuperables de luchar contra la alienación y el viejo mundo.
-Rechazamos asimismo la constitución del pensamiento revolucionario en
“especialización” o “actividad separada”, en abierto desfase con el movimiento obrero real, desvinculado de su profunda problemática.
-No planteamos, en absoluto, una posición en la que el aporte de la obra de Marx sea “dogma”; nos limitamos a considerar más contundente el realizar una crítica del Estado, de la mercancía, de la alienación, etc. desde una reinterpretación de las auténticas posiciones de Marx y Engels que no a partir de elementales e ineficaces posiciones anarquistas-Nos desentendemos por completo del Capitalismo de Estado que, bajo el nombre de “socialismo” o “comunismo” detenta el poder no sólo de los Estados del bloque del Este sin excepción, sino también el de las
burocracias político-sindicales occidentales."


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