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lunes, diciembre 04, 2023

The religion of death: 4 comentarys 


Se nos olvidaba: nuestro principal auspiciador, el susodicho, ha encontrado dos almas bondadosas que no sólo leyeron su último opúsculo/mamotreto, sino que además lo comentaron.

Uno de ellos, el compañero Carlos de Valparaíso (o Villa Alemana?), envió su comentario a CIPER.

A su vez, el compañero Miguel desde Concepción redactó algo y lo hizo llegar a Ficción de la Razón.

Finalmente, se redactó también una columna breve sobre el anarcocaquismo, o según se prefiera, ancacap, versión argentina de esta variedad de lo que el compañero Ariel llama "kakismo": si entendí bien, el fascismo des-sacralizado y por tanto tratado como la verdadera mierda que es. Con ustedes: El joker en la Casa Rosada. Clap, clap, clap. 

Un consejo de cierre: por favor, recuerden que somos punks. O sea, no escuchen tanto black metal. O al menos resérvenlo para el fin de semana. Sus familiares y vecinos se lo agradecerán.

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Después de redactar lo anterior, apareció un tercer comentario, en La Boina Ácrata, a cargo de un compañero que estuvo en el lanzamiento en Librería Proyección, junto a Sergio Grez: Mutaciones posfascistas y una crítica al antifascismo.

Y por si fuera poco, en el número 138 (diciembre 2023/enero 2024) de Ciudad de los Césares. Revista de política y cultura alternativas, disponible en algunos kioskos de Santiago centro, Guillermo Andrade realiza una detallada crítica del libro. Es decir, estamos siendo estudiados por nuestro objeto de estudio. 

Eso no está en la web, pero asumiendo que es difícil que gasten 4.000 pesos en una publicación de esa calaña, les dejo las dos páginas pertinentes acá mismo.




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domingo, julio 19, 2020

Historia de un incendio (comentario al libro de S. Rocha) 



Servando Rocha, Historia de un incendio. Arte y Revolución en los tiempos salvajes: de la Comuna de París al advenimiento del punk. Ediciones La Felguera, 2da edición, 2006. 

Casi un best seller alternativo en España, Historia de un incendio reconstruye la historia de los movimientos culturales subterráneos y de la transgresión cultural desde los Románticos y los poetas simbolistas, hasta el movimiento punk, pasando por dadaístas y futuristas (italianos y rusos), letristas y situacionistas, con excursiones a Fluxus y Maiakovsky, lo Motherfuckers norteamericanos y los King Mob de Inglaterra, el Grupo Surrealista de Chicago y los social-barbares de Francia, el punk en Tenerife y los nadaístas latinoamericanos, los provos en Holanda, las acciones armadas de grupos como los Weathermen y la Angry Brigade, etc. 

Se nota que el libro ha sido escrito por un fan: contiene grandes cantidades de material narrativo e ilustrativo. 

Escrito con un entusiasmo que se echa de menos en otros libros sobre el tema, ofrece una buena introducción/inventario a la atmósfera del terrorismo cultural del último centenar de años; pero las relaciones que establece entre los fenómenos son arbitrarias y atestiguan una falta de comprensión histórica, escaso rigor intelectual, deficiente asimilación de los aportes más radicales y decisivos de las corrientes revisadas (por ejemplo, se llega a hablar de “bases ideológicas situacionistas”, siendo que la IS despreció consistentemente sus propias posibilidades de recuperación, que operarían precisamente a través de su conversión en ideología *) y se encuentran a la largo de estas 500 páginas una gran cantidad de errores más o menos relevantes. Por ejemplo: se le da muerte a Castoriadis a mediados de los 60, siendo que podría asegurar que estuvo en Chile por ahí por 1996; se confunde a Asger Jorn con Jorgen Nash, a Woodstock con Altamont, la alienación con la alineación (este último tipo de pifias abunda, y podría explicarse tal vez por una cuestión de “tipeo”, pero el autor alude en alguna parte a que usó el trabajo de una “correctora”, entonces, no deberíamos perdonárselos). 

Con todos esos defectos, se trata de un texto sumamente interesante, que en cierta forma parodia u homenajea al libro de Greil Marcus Rastros de Carmín, y, al igual que éste, se lee muy rápido y deja al lector con ganas de seguir explorando el subsuelo sobre el que está parada la época.


*: “Quienes han leído a Marx, saben que su método es una crítica radical de la ideología; quienes en cambio se han conformado con leer a Stalin, proclaman al marxismo como la mejor de las ideologías”, IS.

Este Comentario fue incluido en revista Fakxion N° 9, Rancagua, julio-agosto de 2007. El texto en cierta forma parodia el comentario del libro “Rastros de carmín” de Greil Marcus en la “bibliografía crítica” del libro de Anselm Jappé sobre Guy Debord (en español en Anagrama, Barcelona, 1998).

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jueves, febrero 07, 2019

El sueño de la libertad según David Toop 



He aprendido mucho leyendo el enorme libro (por cantidad y calidad de la investigación) de David Toop sobre la Improvisación en Caja Negra ediciones, que en Argentina cuesta el equivalente de 9 mil pesos chilenos y acá sufre un incremento considerable hasta llegar al precio de 21 mil pesos.

Toop fija el período que le interesa explorar como algo que se da hasta los años 70. Es curioso, pero así es. De hecho el libro de titula así: “En el Maelström. Música, improvisación y el sueño de libertad antes de 1970”. ¿Podría uno concluir que ese sueño de libertad es la misma ola revolucionaria que gustamos de fijar entre 1968 y 1977? Creo que sí. Como sea, David Toop exprime una gran cantidad de datos y traza líneas de comunicación entre esa escena de la llamada Libre Improvisación y un amplio conjunto de experimentos previos a lo largo del siglo XX.  

No lo he terminado y es demasiado información como para referir aquí. De todos modos, quiero destacar algunos de los hallazgos interesantes que han ocurrido hasta ahora.

En materia de saxofonismo, descubrí acá la interesante obra de Joe Harriott, de origen jamaiquino (¿o se dice jamaicano?) que merece ser contado entre los pioneros de la improvisación en el jazz a fines de los 50 e inicios de los sesenta, destacando sus albums “FreeForm” (forma libre) y “Movement” (no confundir con el disco del mismo nombre de Joy, o sea, de New Order). Un detractor de la deriva libre de Joe dijo que no se podía confundir “la forma libre con la ausencia total de forma”.

Una década antes, el pianista Lennie Tristano junto a ensambles de discípulos que incluían al saxofonista Lee Konitz, avanzaban a tientas hacia la oscuridad de la improvisación en experimentos como Intuición y Digresión. Otras dos tomas de ese mismo evento experimental fueron destruidas por el sello (Capitol si no me equivoco). O sea, la humanidad no tuvo derecho a oírlas. Capital vs. humanidad, manifestándose hasta en estos detalles que no finalmente no son nada pequeños. Afortunadamente el sello Folkways sí que registró y dio a conocer adecuadamente las improvisaciones percusionísticas de Baby Dodds.

Pero el saxofonista que aparece en esas páginas y que más me ha impresionado hasta ahora es John Butcher, quien ha volcado sus estudios sobre física cuántica a un abordaje del instrumento centrado en la combinación de digitaciones que generan sobretonos microscópicos que trabajan sobre el sonido de una manera que realmente no había escuchado hasta hoy. Súmenle a eso que Butcher maneja perfectamente la técnica de la respiración circular, y comprenderán como sus posibilidades sonoras parecen infinitas.

Dos contradicciones o tensiones del movimiento a favor de la improvisación son destacadas por Toop:

1.- Entre quienes sostienes que la improvisación es el siguiente paso de quienes han dominado sus instrumentos y técnicas hasta el virtuosismo (Tristano y Harriott son buenos ejemplos entre varios más), y quienes por el contrario creen en la capacidad expresiva de todo ser humano y mejor aún si es que el abordaje se hace desde fuera de las tradiciones musicales ya aceptadas, en la línea del “art brut” teorizado por Jean Dubuffet, y las tendencias Fluxus manifestadas en la obra de, por ejemplo, los japoneses del Group Ongaku. Sin ánimo de chacrear en exceso estas reflexiones, lo cual siempre es un riesgo, creo que la diferencia corresponde grosso modo a la misma que hemos identificado en “Barricadas a-go-go” entre free jazz y free chant.

2.- Tensión ya clara hacia 1962-3 entre los improvisadores que desafiando la hegemonía del pop y el rock prefieren dar la batalla casi exclusivamente con instrumentos acústicos, y quienes en cambio ponen grandes expectativas en las posibilidades de la electrónica. MEV (Música Electrónica Viva) me parece un buen ejemplo de esta última tendencia.

Se me ocurre que sería interesante co-relacionar ambas tensiones, y así podríamos llegar a 4 variedades de improvisación:

-virtuosa/acústica (Ej.: Anthonny Braxton) (La influencia de Webern y su indicación “pensato”: “no toque la nota, sólo piénsela”)

-virtuosa/electro(acústica) (Ej.  Richard Teitelbaum y su moog activado por ondas cerebrales?)

-fluxus-brut/acústica (El “destruyan sus instrumentos” de Maciunas)

-fluxus-brut/electro(acústica).

Cabría acá la “terapia traumática” como abordaje violento de las posibilidades de los instrumentos, preconizada por el compositor comunista Franco Evangelini al mando del Ensamble Nuova Consonanza? No lo creo, pues ese conjunto lo único “enchufable” que usaba según entiendo era un órgano Hammond. Sí cabría acá el tipo de experimento que con tanto éxito comenzó a realizar por esos años el miembro del grupo conocido como Ennio Morricone? Tal vez. Como sea, el abordaje de Nuova Consonanza es más virtuoso que brutal…y…

No tengo tiempo para señalar nada más por ahora. Y tampoco resulta necesario luego de esta avalancha de temas.

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domingo, junio 26, 2016

Editorialismo Combativo 



Nuestro comentarista de libros había escrito y enviado esto hace más de medio año, pero bueno: Nunca es tarde, aunque bien sabemos que el tiempo corre en contra nuestra.

“El fenómeno anarquista (…) abarca tanto la alteración del orden público para todas las ocasiones que sea posible, incluidos el concepto de la oportunidad y el desborde a propósito de las marchas sociales, como los ataques incendiarios, la colocación de bombas y el editorialismo combativo” (Gonzalo Yusseff, ANI, 2012, citado en Revolución Hasta el Fin N° 0).

Ya habíamos comentado sobre “Libros para la revolución” en ANTICAPITAL N° 1. En esa ocasión, nos referimos a ediciones del momento a cargo de Viejo Topo, Lazo negro (de Argentina), y Pensamiento y Batalla. Los meses corren, y la actividad editorial subversiva no se detiene. Al contrario: se incrementa. Algunos “accionistas” separados creen que la reflexión no sirve para nada. Nosotros sabemos que “sin desarrollo de la teoría revolucionaria no hay desarrollo de la acción revolucionaria”. Juzgue Ud. mismo.

La cosa es que se han realizado recientemente ediciones de obras que durante el siglo XX, en nuestro medio, casi no circularon (con la posiblemente cuasi única excepción de cierta labor de difusión realizada por el camarada Laín Díez, que en todo caso se centró en las vinculaciones anarco-consejistas, y no se relacionó –aparentemente- con la izquierda comunista italiana)(A esa corriente de ahora en adelante les diré “bordis”, por Bordiga, tal como a otros les decimos “insus”, “estalinos” o “troskos”).

Entre ellas, tenemos por ejemplo en los puestos móviles de Quimera ediciones ejemplares bastante gruesos de la antología del camarada Karl Korsch preparada por el CICA: “K. Korsch: su visión del marxismo”. Todo adolescente proletario debería tenerlo en la cabecera y la mochila. Subrayado. 

Además, como si eso fuera poco (el anciano que esto redacta debe declarar que en toda su vida recorriendo ferias y librerías de viejo, había visto sólo dos veces “Marxismo y filosofía”, la obra emblema de Korsch: la primera vez la dejé ir, en Valparaíso, aunque costaba 800 pesos, por no conocer al autor y porque el título me sonó fome en una época juvenil más “antimarxista”), Quimera nos ofrece por una módica suma el vol. 1 de “El Apóstata”,  un trabajo sobre Korsch preparado por el ex militante del ala izquierda del PS chileno don Rafael Kries, cuyo primer tomo se subtitula “El alfaquí reclutado. Notas biográficas y preámbulos teóricos”.

En la intro Kries refiere que en los años de hegemonía estalinista con cuea podían acceder a textos de Rosa Luxemburgo. Y nada más. Nada de Korsch, nada de ningún consejista o marxista crítico y por ende herético, nada de nada de nada. Sobre la elección del título, el autor nos dice que “El Faquí o el Alfaquí, -palabra de indudable raíz árabe-, significa sabio, lector, profesor en el viejo idioma español. Me pareció un buen nombre para este primer tomo en el que se busca mostrar al hombre, su pensamiento y circunstancias”.

Ignoro si hay más tomos, y si se van a ir editando luego.

Los comunistas de consejos (en nuestra jerga de partido, CdC, sea que se refiera a los comunistas consejistas, o más mejor con “c” que con “s” para que se entienda que la idea es designar claramente un órgano: los famosos concejos proletarios que supuestamente este tipo de comunista intenta crear, y/o que mientras tanto suelen  dedicar el grueso de su tiempo a dar consejos al proletariado, a pretexto de hacer teoría comunista, y entre esos consejos que le da está el de ni siquiera intentar crear un Partido, sino que sólo concejos: jajaja, qué broma más idiota. Y me da risa igual. Si la mantengo es para demostrar que en realidad es bien imbécil decir “soy consejista”, tanto como decir “soy situacionista”, o sea, fans de la IS o del movimiento histórico real de los consejos obreros, sin estar efectivamente luchando desde el seno de alguna expresión proletaria de ese tipo, lo cual sólo será posible en el momento de la insurrección, que por definición, no es “permanente”. Por lo demás, esta broma permite plantear sencillamente algo que es verdad: los comunistas de esta variedad suelen dedicarse a una de estas actividades: propender en el seno de la clase a crear este tipo de embriones de contrapoder, o teorizar acerca de eso y tantas otras cuestiones de la teoría comunista), bueno, decía que los CdC, en cualquiera de sus dos variantes,  deben estar de fiesta porque además de contar con estos materiales que señalaba de uno de sus principales profetas, K. Korsch, las ediciones del Taller de arquitectura Praxis han ido abriendo el espacio a la negación total de la especialización “urbanística”, pasando a editar desde varios libros de Henri Lefebvre (La producción del espacio, El derecho a la ciudad, Espacio y política), a cosas de la Internacional Situacionista (de Debord, su ya clásico texto de 1967 más los Comentarios de 1989, y la proyectada y ya entendemos que en curso edición de los 3 tomos que reúnen todas las publicaciones de la revista francesa de la I.S., siguiendo la edición de Literatura Gris), a ahora dos valiosísimos libros del verdadero veterano de la corriente consejista: el camarada Anton Pannekoek. Vale detenerse acá para explicar los dos libros.

El libro “Los consejos obreros”, escrito entre 1942 y 1947 (hay una versión completa en marxists.org), podría ser a Anton Pannekoek lo que “Marxismo y filososía” a Korsch. Junto con su “Lenin filósofo” -duro ataque a una de las variedades hegemónicas de socialdemocracia que definieron y de manera contra-revolucionaria el siglo XX, publicado en Chile a fines de los 40, por Laín Díez)-, debe ser su trabajo más significativo, y el aporte fundamental a cualquier Biblioteca Socialista básica, que hasta ahora nunca ha existido (pero que quizás lo que más se le ha acercado fue el proyecto de Ediciones Mayo 37, de los compañeros del MIL/GAC).

Además de teorizar y sistematizar la experiencia hasta ese momento (mediados del siglo XX) de las organizaciones consejistas que se daba el proletariado revolucionario en lucha, acá se expone lo que vendría siendo la posición consejista clásica sobre temas como el régimen social imperante tras la revolución de 1917 en Rusia, la transición del socialismo al comunismo, y la posición a favor de la democracia obrera. En ese sentido, consejistas y libertarios efectivamente se han destacado por actuar como los defensores de la democracia real, en oposición a la mera formalidad de la democracia burguesa, tradición que como veremos después, refleja aún a nuestro juicio una visión propia de la herencia socialdemócrata en el movimiento obrero radical, y que es completamente diferente a la negación de la democracia tal como la concibe Bordiga y algunos de sus discípulos, de Camatte a Dauvé, y del GCI a  ________________________________________ (completel´oración).

El número 2 de la colección Teoría Política de los compañeros de Taller Praxis está también dedicado al profesor comunista holandés, pero es una breve antología con un bello título: “Imaginar, reflexionar, decidir y actuar”. Se trata de 5 textos breves, algunos bastante conocidos, como los que a raíz del incendio del Reichstag alemán abordan la cuestión de la violencia revolucionaria, y los actos personales (“El acto personal”, y “La destrucción como método de lucha”, ambos de 1933), y otros que abordan fenómenos como el Sindicalismo (1936), que de medio defensivo de la clase pasó a ser una forma de conciliación/dominación de la misma por la mediación de sus representantes sindicales, la Nueva Clase Media (1909), y las diferencias entre propiedad pública y común (1947).

A esos artículos, se agrega otro gran clásico: Los Consejos Obreros en Alemania, publicado en Barcelona hacia 1973 (disponible en la página del MIL/GAC), y si no me equivoco, fue el único panfleto de Pannekoek que circuló en España en los años 30, pero tendría que verificarlo en un libro que no tengo a mano en este momento.

Vean el catálogo de Praxis. Cada libro parece un ladrillo con el cual podemos ayudar a destruir las vitrinas espectaculares de esta sociedad muerta.

Para terminar, regresamos a Quimera ediciones, que acaba de fabricar un verdadero Power Trio:

1-La mistificación democrática, de Jacques Camatte, con una intro, y agregando los comentarios que en su momento hizo el GCI en la revista Comunismo.

2-La ilusión democrática, de Amadeo Bordiga. Esto sí que es relevante: nunca se había editado nada de Bordiga en Chile (si me equivoco, me avisan). Acá tenemos pocos pero importantes y diversos textos:
-Una cronología detallada de Bordiga y su tiempo, elaborada por Agustín Guillamón (autor de “Barricadas en Barcelona”, imprescindible para entender la revolución española del 36, y para una correcta formulación de la relación del proletariado con el Estado. Hay edición argentina de Lazo negro).
-El principio democrático (1922).
-Tesis de la fracción abstencionista del PSI, y Tesis sobre el parlamentarismo. Se trata de dos documentos históricos de la izquierda italiana, que obviamente la larga noche estalinista y SocioDemo ha mantenido lejos de todos nosotros por mucho tiempo.
-¡Para poner los puntos sobre las íes!, texto más tardío (1952). Muy interesante como contrapunto con tesis más “modernistas” desarrolladas al interior del PCInternacionalista y que desembocaron en una escisión. Este texto se subdivide en tesis y contratesis económicas, políticas, y filosóficas. Excelente para ejercitar lo que los letristas devenidos situacionistas llamaban boxeo dialéctico.

3.- Materiales para una crítica de la democracia (antología a cargo de Klinamen/Comunización). Esta es más o menos conocida, y reúne además de un largo y detallado texto de Dauvé (Crítica de la autonomía política), y el ya aludido texto de Camatte, materiales de publicaciones comunistas como Le Brise-Glace, Etcétera y Against Sleep and Nightmare. Esencial.


Estos 3 documentos fueron presentados en la Plaza Bogotá hace pocas semanas, en medio de una marea de incomprensión democrática y pastelismo de plaza pública metropolitana. Si se lo perdió, no importa. Consiga los libros y léalos.

Noviembre de 2015.

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miércoles, marzo 16, 2016

Comentario de libro: Historia del comunismo en Chile (Sergio Grez). 

Sergio Grez, Historia del Comunismo en Chile. La era de Recabarren (1912-1924). Lom ediciones, 2011.



Una historia del “comunismo” (en tanto movimiento social) no es lo mismo que la historia del “Partido Comunista” (en tanto institución). Hasta ahora los intentos de los historiadores iban más por el segundo aspecto, y en su mayoría habían sido escritas por funcionarios/militantes del PC de Chile, o por miembros de sectas rivales como los trotskistas. Nunca insistiremos lo suficiente en este punto: debemos tener claro que a diferencia de la posición comunista clásica (negación del capitalismo en tanto sistema de producción de mercancías y del estado en tanto encarnación del poder separado), todas las formas actuales y pasadas de “marxismo leninismo” no son sino una variedad izquierdista de socialdemocracia. Eso incluye al estalinismo, el trotskismo, el maoísmo, y distintas combinaciones y nuevas versiones de ideologías defensoras del “capitalismo de estado” (castrismo, chavismo, etc.).

La contribución de Grez es bastante relevante, por cuanto se concentra sobre todo en el rico escenario social de lucha de clases existente hace 100 años, y la manera en que la acción de varios militantes obreros se articuló en la creación primero de la organización política socialista (que cuajara muy lentamente en el Partido Obrero Socialista). No podemos perder de vista que a nivel planetario se vivía la primera gran ofensiva proletaria contra la sociedad capitalista mundial, lo que por lo general llamamos “el primer asalto”. La investigación de Grez nos muestra en detalle todo el mundo de las relaciones sociales en que se constituía el proletariado como fuerza, en general por fuera y en contra del Estado y la sociedad burguesa, en una verdadera época de oro de la lucha de clases proletaria. Tanto el POS como luego el PC tenían una ligazón profunda con la FOCH (Federación Obrera de Chile), al punto que la gran mayoría de los que entraban a ejercer trabajos en los sectores claves donde esta fuerza se construía, se afiliaba a ambos (partido y sindicato de clase).

Gran parte del hilo rojo de esta historia se centra en cómo casi sin mayores deserciones ni escisiones toda esa organización (el Partido Obrero Socialista) decide ya durante 1921 vincularse a la Internacional Comunista y pasar a ser su sección chilena, decisión que formalmente rematan en enero de 1922 en la ciudad de Rancagua una docena de delegados (no por nada, luego de un congreso de algunos días de duración celebrado ahí mismo por la FOCH). 

Ese evento –que Grez destaca tuvo más bien un carácter de consagración formal de una decisión colectiva madurada mucho antes- por décadas fue considerado “fundacional” en la historia del PC de Chile. Hace un tiempo, con la finalidad bastante discutible de poder celebrar los 100 años de su organización, decidieron agregarse también los 10 años de historia previa del POS. Más que dudoso (¡y después Teillier anda diciendo que los grupos anarquistas tienen un “origen oscuro”!). Pero en fin: se trata del PC “de Chile”, país que de entrada optó por celebrar su “independencia nacional” el 18 de septiembre, siendo que para esa fecha en 1810 no estuvo en la agenda independizarse de nadie, proceso que habría de esperar todavía 8 años y que por cierto no se decretó en el mes de septiembre sino que un 12 de febrero.

Esta investigación acude en parte importante al examen de la prensa socialista/comunista de la época, sobre todo publicaciones como El Soviet, La Llamarada y El Comunista. Leyéndolas uno confirma la impresión de que ese partido no es el mismo de los que hoy en día se autodenominan “hijos de Recabarren”. Se trata de una formación política tan idiosincrática que parece ser un fenómeno bastante local o regional, una de las expresiones del “primer asalto proletario contra la sociedad de clases” en estas latitudes, y que está a años luz de la pretendida “bolchevización” posterior. Incluso es notoria la actitud de no sometimiento a la Internacional, con la cual obviamente había intención de coordinarse, pero no de subordinarse a ella (actitud que en cambio tuvo desde el inicio el PC Argentina, que nunca tuvo ni de lejos la relevancia del comunismo en Chile, pero que por sus mayores méritos burocráticos resultó premiado por esto con fondos y con la  primera prioridad para el apoyo material y político desde Moscú). Todas esas características lo hacen una organización muy diferente a la que resultara de la reconstrucción prácticamente íntegra del aparato partidario que se asume hacia 1932, ya en plena era estalinista, y que es la que sigue existiendo formalmente hasta nuestros días. Entre 1924 y 1929 la decadencia de la organización originaria llegó hasta el extremo de dividirse en dos PC, uno de los cuales (la facción de Hidalgo, también conocida como PC disidente) terminó convirtiéndose en la Izquierda Comunista de Chile, que pocos años después se incorporó casi en su totalidad al recién formado Partido Socialista. La otra en cambio, bajo el mando de Lafferte, fue la base de la reestructuración del PC hacia 1932-3, ya totalmente estalinizado. Poco se ha estudiado sobre esta fase (1929/36) y sobre el llamado “partido comunista disidente”, cuestión que merecería una investigación especial.

Una de las mayores diferencias con el PC posterior salta a la vista en su actitud ante las elecciones. Si bien participaban en ellas desde los tiempos del POS, lo hacían con una convicción de la inutilidad de la actuación en la esfera oficial de la “Política” (burguesa), y la intención declarada era llegar a esas instancias para negarlas. Por eso decían que “un representante comunista no va al Congreso a hacer política”, sino que “a destruir, a despedazar con su crítica libre y severa, la dialéctica jesuítica y sofística de los representantes burgueses; y a iluminar, con el resplandor de la doctrina comunista, los problemas vitales que nos acosan. El representante comunista en la Cámara sigue siendo antiparlamentario, sigue combatiendo al parlamentarismo; y sus ideas no difieren de las que expresara en vísperas de elecciones, y en su vida privada, ante sus electores”. Uno podrá creerle o no a Recabarren, autor de esas líneas publicadas en La Federación Obrera en Santiago el 7 de abril de 1922, pero lo que está claro es que no se trata del mismo partido del mismo nombre que hoy en día mantiene una cierta cuota de parlamentarios y puestos en el Gobierno.

Esta concepción negativa de la política como esfera propia de la dominación burguesa es lo que parece estar a la base de la acción y campañas conjuntas que esos comunistas sostenían aún con las organizaciones anarquistas y anarcosindicalistas, todavía bastante importantes en el campo proletario de la época. En el plano organizativo, este Partido se organizaba territorialmente en base a “secciones” y “centros comunistas”, con bastante autonomía y una concepción más federalista que “centralista democrática”, nombrando de un Congreso a otro un Comité Ejecutivo Nacional (que por mucho tiempo estuvo situado en Valparaíso).

De hecho, el comunismo de esa época parece estar mucho más cerca del anarquismo que de cualquier partido burgués, aunque en la práctica siempre terminaban pactando con sectores tales como el Partido Democrático, y hasta con liberales. Otro texto de Recabarren en 1923 define al PC diciendo que “en primer lugar no es ni será jamás un partido político, puesto que no admitirá nunca relaciones políticas con la clase capitalista”. Otro comunista, Luis Hernández, escribía desde Valdivia un año antes que “el comunismo no es política y nosotros tenemos la obligación de señalar esto a los trabajadores, a fin de que no crean que queremos mantenerlos siempre bajo una dirección, como pretende mantenerlos la Democracia con aquello de un gobierno del pueblo, para el pueblo. Queremos que nadie sea dirigido y llevado por las orejas. Queremos que cada hombre se dirija por sí mismo, y que las colectividades se dirijan por intermedio de las resoluciones evacuadas de la soberana voluntad de estas mismas y sin mentores” (La Jornada Comunista, 29 de noviembre de 1922).

Esa orientación “antipolítica” resulta muy valiosa de rescatar, precisamente porque hace evidente que no es la misma organización que hoy usurpa ese mismo nombre, y nos demuestra una vez más que la verdadera autonomía proletaria es comunista y anarquista a la vez.


A pesar de ello, hay que reconocer que por otro lado la historia del comunismo chileno de esos tiempos muestra ya desde el inicio una gran debilidad en el plano teórico, donde a pesar de todo el instinto de clase que estaba detrás de lo que algunos comunistas de la época entendieron como el surgimiento de un Poder Obrero, el “marxismo” que llegó a conocerse (y practicarse) era el de la II Internacional, y luego el de la III ya hegemonizada por el bolchevismo y luego el estalinismo. Muy sintomático resulta que la primera lucha fraccional que enfrenta el partido, poco antes del suicidio de Recabarren, no parece obedecer a ninguna disensión más profunda que una cierta lucha de egos y conflicto generacional en que unos jóvenes que se sentían más proletarios y “a la izquierda” osaron tildar sus jefes de “comunistas de campañilla” (en alusión a su carácter de parlamentarios).  

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martes, noviembre 03, 2015

Lanzamiento de "La Mistificación Democrática" de Jacques Camatte, este sábado a las 18 en YO ME LIBRO (Pza. Bogotá) 


Presentación a la edición Quimera, Santiago, 2015.

1.- La democracia y su crítica

De entre todas las necesarias rupturas con el arsenal de conceptos que nos mantiene anclados al viejo mundo, hay dos que llegaron después de todas y que todavía no hacen su pleno efecto entre los partidarios de la revolución social: la crítica del progreso, y la crítica de la democracia.

La crítica del progreso ha ido llegando de a poco, de la mano principalmente de Walter Benjamin (sobre todo sus Tesis de filosofía de la historia), y luego por el surgimiento de corrientes que se denominan a sí mismas como “antidesarrollistas”.

La crítica de la democracia también se ha ido abriendo espacio muy de a poco. Y es necesario profundizar ambas para avanzar en la conformación de un campo revolucionario coherente.
Pero algo es algo. A mediados de los 80, por situarse en un pasado más o menos reciente, los revolucionarios viejos que conocí enseñaban que la batalla final ya estaba ganada, y  que el comunismo era inevitable, o mera “cuestión de tiempo”. Por otra parte, en esos años (70 y 80) claramente se luchaba por “democracia”, más que por el “socialismo”, (para eso sirve el “antifascismo”), y en el mejor de los casos, se entendía al socialismo como una “democracia popular”, “democracia social”, o incluso “democracia obrera” -concepto que por lo demás, en diversas formas concretas, es reivindicado tanto por Rosa Luxemburgo, los consejistas (o izquierda comunista germano-holandesa), y hasta por la Internacional Situacionista-.

Los situacionistas, por ejemplo, saludaban en su recuento del movimiento de las ocupaciones (mayo/junio de 1968) las banderas rojas y negras en los edificios ocupados, por simbolizar precisamente la “democracia obrera” (ver “El comienzo de una época”, en IS N° 12, septiembre de 1969).

Herederos algo distanciados de la IS como el proyecto Enciclopedia de las Nocividades (EdN), al hacer un balance de lo ocurrido después de 1968 y hasta 1981 (Historia de diez años), también acuden constantemente revelan a un uso positivo del concepto de democracia, como característica de la autoactividad proletaria, usualmente acompañado del adjetivo “total”.

Por citar otro ejemplo tomado de encima de la mesa, recientemente me encontré en un libro sobre las cárceles en la transacción democrática española que su autor (encarcelado por 8 años tras el infame montaje policial conocido como caso Scala en Barcelona 1978) se queja de que “la democracia nunca llegó a las cárceles” (Se trata del excelente libro testimonial de Xavier Cañadas, Entremuros, en Muturreko Burutazioak, editado el 2012).

Y así, hasta el día de hoy no es inusual escuchar muchísimas alusiones a que vivimos en una “falsa democracia”.

Entonces, ¿estamos nosotros, los anticapitalistas, a favor de la democracia “verdadera”? ¿puede ser visto el comunismo como una ampliación, profundización o incluso superación de la democracia?

El que nos estemos planteando estas preguntas en el año 2015 demuestra  lo anteriormente dicho: que la crítica de la democracia en general, y no solo de la “democracia burguesa”, llegó bastante tarde a nosotros, y no lo aprendimos de la IS sino que a través de los escritos de Gilles Dauvé y la obra del Grupo Comunista Internacionalista (sobre todo la revista Comunismo), los que a su vez nos descubrían los viejos textos de Amadeo Bordiga y  las posiciones de la izquierda comunista italiana.

En el medio hispanohablante, creo no equivocarme si digo que fue sólo a través del contacto directo de los compañeros del MIL con los franceses de Movimiento Comunista y la librería El Viejo Topo que estas posiciones se conocieron, a partir de los 70. Entre otros esfuerzos por dar a conocer dicha crítica, podemos mencionar  la publicación en 1977 por Etcétera-correspondencia de la guerra social de un folleto de Bordiga titulado “La ilusión democrática” (que reúne dos textos de principios de los años 20: Sobre la cuestión del parlamentarismo, y El principio democrático).

En el caso de Chile, creo que hasta hoy el tema casi no se ha discutido. Si bien la más conocida crítica de la democracia viene de la mano del anarquismo más combativo (ese que en general se plantea ya como abiertamente “antisocial”), a la vez que el anarquismo más leninoide y derechizado reivindica abiertamente la democracia directa, cuando no la democracia a secas, y hasta la soberanía de la nación, parece evidente que aún falta profundizar en la vinculación directa entre la dominación social del capital y su forma jurídico-política que es la democracia. Forma que por lo demás no sólo “esconde” sino que más bien se ajusta plenamente a la generalización de las relaciones sociales capitalistas, es decir, la imposición de la dictadura del valor.

Porque es precisamente en las sociedades que generalizan el uso del dinero donde se generaliza la democracia como forma política. Y es justamente en el capitalismo moderno donde se busca legitimidad mediante la revitalización de la vieja democracia griega, interesante truco ideológico que va a la par con el uso interesado de la mitología de la vieja república romana y la reutilización de las codificaciones de la fase final del Derecho romano, que como muchos juristas han señalado, se presta maravillosamente bien para configurar el orden público/privado de la sociedad burguesa.

Tal vez donde mejor se aprecia que la democracia es la forma política por excelencia del capitalismo moderno, es en el surgimiento de la pena de cárcel. En efecto, donde el Antiguo Régimen distinguía varios tipos de criminalidad y las asociaba a distintos tipos de penas (infamantes, corporales, pecuniarias), la Modernidad trae consigo la conversión de todas las infracciones penales a una escala temporal: a tal infracción, tal cantidad de tiempo de privación de libertad. Algo así hubiera sido imposible antes de la generalización de la producción de mercancías, y no resulta exagerado decir que esta forma la burguesía democratizó incluso las formas punitivas.

2.- Democracia, burocracia, acracia.

El Diccionario de la real Academia Española incluye dos acepciones de democracia: 1.- Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno. 2.- Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.

A estas alturas debiera ser claro que donde hay democracia no hay acracia, que es precisamente le negación de todo Estado y Gobierno, incluyendo el pretendido “gobierno del pueblo”.

Los anarquistas, al igual que los comunistas, superan y destruyen no sólo la democracia burguesa, sino que la democracia en general. La democracia obrera no basta para señalar una ruptura con la ideología dominante, y en los hechos vemos que no impide el que  finalmente siempre una burocracia usurpe el nombre y la supuesta función histórica del proletariado. Por eso debemos ser claros: cualquier forma de reivindicación de la democracia (aunque sea bajo la idea de una “democracia socialista”, nombre que hasta Bakunin eligió en un momento para denominar en su momento a su Alianza), nos impide una ruptura completa con el nefasto legado de la socialdemocracia, que no sólo es el “partido burgués para los proletarios” sino que la ideología democrática que sigue impregnando las ideas y luchas del proletariado.

Mientras los proletarios e individuos de la especie humana que se rebelan contra la dictadura del valor sigan creyendo que luchan “por la verdadera democracia”, jamás será posible romper con el viejo orden del mundo, hacia la comunidad humana reconciliada consigo misma y con el planeta.
Otra cosa muy distinta es que si tras las promesas de libertad/igualdad/fraternidad con que se inicia la fase revolucionaria de la burguesía había contenidos reales que en tanto quedaban supeditados al desarrollo de la Economía capitalista se revelaban como ilusorios o incluso como pura ideología. Lo cierto es que si en la autoactividad humana que se manifiesta embrionariamente en las luchas proletarias hay una verdadera participación y autonomía individual y colectiva, precisamente por respeto a ese contenido real emancipatorio que hasta ahora es sólo un índice de cómo será la sociedad futura es que preferimos no colgarle a eso la dudosa etiqueta de la democracia.

En el camino de esta superación crítica de la democracia, no sorprende que encontremos mejores herramientas en el arsenal del “marxismo revolucionario” o crítico que en las del anarquismo oficial, que ya en 1936 mostró de una vez y para siempre su compromiso profundo con la democracia (contracara de la identificación de su doctrina anarquista con una verdadera ideología).

Por eso es que no resulta casual que el material que presentamos a continuación provenga de un tipo particularmente preciso de “marxismo”: las posiciones defendidas desde Francia por Jacques Camatte desde la publicación “Invariance”, consideradas por algunos como una posición o agrupación “neobordiguista”, y que han sido un referente esencial para la “ultraizquierda” post68 y las posiciones comunistas revolucionarias hasta el día de hoy (influyendo incluso a ciertas corrientes anarco-primitivistas). Quien quiera adentrarse en el estudio de dicha corriente, debería acudir al excelente texto de Federico Corriente titulado “Jacques Cammate y el eslabón perdido de la crítica social contemporánea”.

La versión original del texto “La mistificación democrática” fue publicada en francés en el Número 6 de Invariance (1969). La versión en español que ofrecemos a continuación fue publicada en el número 32 (noviembre de 1992) de la revista Comunismo, del GCI, que intercalaba a cada tesis el comentario crítico del grupo. En esta ocasión volvemos a ofrecer ambos pero como textos separados.
Para seguir profundizando en el tema, recomendamos además la lectura del libro de Miriam Qarmat “Contra la democracia”, y el libro de Comunización/Klinamen “Materiales para una crítica de la democracia”.

Así que adelante compañeros: ¡un esfuerzo más, hacia la ruptura proletaria completa con el legado de la socialdemocracia! Pues ya sabemos que la revolución no puede ser parcial, sino que total, y que quienes hacen revoluciones a medias, cavan su propia tumba.

Un comunista-anárquico

Octubre de 2015


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martes, mayo 12, 2015

36+68: 1000. Comentario en "Revolución hasta el fin N° 0". 

36+68=1000. Revolución hasta el fin y otros textos del MIL. Ediciones Pukayana. 2013.



(Comentario en RHF N° 0:http://hommodolars.org/web/IMG/pdf/Revolucion-hasta-el-fin-01_.pdf )

Dentro de la historia de la lucha de clases existen bastantes opacidades. Desde la instalación de dos bloques que administraban el mundo, donde la diferencia esencial se encontraba en el color de las banderas y no precisamente en el contenido de las relaciones sociales que las constituían, se estableció un silencio respecto a las voces criticas con lo que se suponía era la realización de la critica critica: la URSS y todo el bloque del este.

Quizás a estas alturas patear en el suelo a ese capitalismo de estado que se hizo llamar “socialismo real” pueda resultar poco decoroso, casi como patear la cabeza de un perro muerto en la calle. En este lado del mundo nos enteramos bastante tarde que durante esos años en que la humanidad se preocupaba por el “dedo que apretara el botón”, existían voces que se levantaban para combatir en la practica esa falsa concepción que hasta el día de hoy se enquista en las cabezas de muchos proletarios:que el llamado bloque del Este era lo que Marx había pensado. La izquierda alemana, italiana, holandesa, el consejismo, los situacionistas, socialismo o barbarie, etc. Toda una corriente de pensamiento que los dos bloques capitalistas intentaron liquidar. Un conjuro sobre aquello que venia a desarrollar la critica al “mundo libre” y los “estados obreros”.

La riqueza de ese pensamiento no la expondremos aquí. Solo pondremos el acento en como existió un sector del proletariado que no petrificó la crítica para convertirla en ideología, sino que la siguió desarrollando. ¿Para que hablar de ellos tantas décadas después? Bueno, no nos interesa realizar un comentario sobre alguna obra de museo. La mera existencia del capitalismo en su periodo espectacular y el parto de ese engendro llamado “Socialismo del siglo XXI” hacen que este pensamiento, por su propia esencia, no pueda aquietarse para ser observado. Para eso resulta importante recuperar una memoria que lejos de ser representación de un pasado, ha de ser crítica viva de un presente que en sus formas ha cambiado pero no en lo que lo hace ser lo que es: el capitalismo como dictadura del valor. De ahí que la publicación sobre el MIL sea un potente alimento para el anti capitalismo comunista-anárquico.

Pero hay que tener cuidado. Si algo sabe hacer el capital es recuperar lo subversivo para volverlo una mera imagen inofensiva, carente de contenido y validando una forma estética que transgrede los limites precisamente establecidos para transgredir. Esta advertencia tiene que ver precisamente con el libro sobre el MIL. Existe una película llamada “Salvador”, en relación a uno de sus integrantes, en donde se los presenta como luchadores antifranquistas y todo se centra en la condena a muerte de Salvador. Muy lindo. Pero la cuestión es distinta, con sus contradicciones y aspectos lúdicos.

Quitada esa romántica visión no les vamos a dar un resumen del libro. Tampoco les diremos “léalo y guárdelo en su pieza”. No. Evite considerar lo que leerá como un “saber”, una representación externa. Piénselo, vívalo. Y planteémonos una de las grandes problemáticas que podríamos instalar: la dicotomía entre teoría y práctica. Y es que el MIL era un grupo armado, realizaba expropiaciones y con ello buscaba financiar las luchas obreras como realizar una biblioteca socialista. Pero por otro lado desarrollaba el pensar del proletariado. Es ahí donde llama la atención para la visión común que se tiene sobre los grupos armados. Análisis sobre las huelgas, la situación en Europa y demases se coronan con el texto “Revolución hasta el fin”, donde nos encontramos con una bella lucidez en el análisis del capitalismo: el desarrollo sin dogma de cuestiones tales como la “mercancía” o “el proletariado”, la publicidad y el mercado mundial; resultan cuestiones vitales para nuestra propia practica, para nuestro propio pensamiento.

Con esto no estamos afirmando que la problemática que consideramos nos invita el libro se encuentre solucionada al mencionar este aspecto de desarrollo “teórico”. Al revés. El MIL, dicho groseramente, se componía de algo así “los teóricos” y “los expropiadores”. Nuevamente aparece la separación, esta vez dentro del mismo grupo. Lo valioso claro esta, es que conformaban una unidad. Pero dentro se volvía a reproducir esta dinámica dicotómica. Entonces por una parte nos encontramos con una expresión del proletariado en la que se reunía la necesidad de la violencia política como la necesidad del desarrollo de todo un corpus categorial (para comprender y actuar sobre las relaciones capitalistas) que esta en constante movimiento. Ambas necesidades parecen petrificarse en ideología cada vez que algún sector agrupado del proletariado intenta subvertir el orden capitalista. Y es que cuando hablamos de un “desarrollo necesario” nos referimos a un devenir del ser proletariado hacia su negación.

Pero cuando anteponemos voluntades individuales que buscan “organizarse” en términos cuantitativos, esta necesidad queda abolida. Es aquí donde encontramos otro aspecto importante de la lucha del MIL: liberar la necesidad del proletariado en su negación para afirmar su libertad. Lo que en otras palabras es desarrollar una crítica practica unitaria. Pero retomemos lo anterior. El MIL como unidad es la expresión del proletariado negándose, si consideramos las necesidades ya expuestas como básicas para aquello. (Y lógicamente admitiendo la simplicidad del argumento). Pero en su interior reproducía cierta división de tareas. ¿Qué podemos pensar frente a esto? ¿Acaso todos debemos tener la capacidad de desarrollar la critica como empuñar un arma? ¿Es posible? ¿O el proletariado como clase se separa en tareas pero se mantiene unificado en su lucha, sin que esto lleve a una petrificación del todo?

No somos quienes para responder aquello, quizás si asumir una posición. Esta problemática no debe dejarnos pasar por alto un aspecto que puede derivarse de lo anterior: su auto-disolución. El grupo decide disolverse cuando se considera alejado de las luchas reales. ¿La misma “división” de tareas puede llevar a un aspecto inorgánico dentro de la agrupación que termine en esto? La auto-disolución de todas maneras resulta valiosa: cuando actuamos ya por la simple rutina del actuar y sin un compromiso con las luchas reales, terminamos justificando nuestra propia existen cia en lo que hacemos. Es ahí donde hay que dotarse de nuevas formas de lucha. EL MIL es una dislocación, como muchas otras, en la marcha triunfal del capitalismo. Pero como tal, es evidencia que las contradicciones en las que se sustenta el capital son a su vez el germen de la expresión de fuerzas que tienden a su abolición. Esta dislocación es entonces un momento de la lucha de clases, y la lucha de clases corroe toda la historia. Esta anomalía para el capital es la molesta negación en la cual se basa para mantenerse con vida pero que al mismo tiempo es la condición de su destrucción.

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