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sábado, febrero 11, 2017

Guy Debord in love/La violenza 


Nunca fui a Italia. Una vez conocí a un joven anarquista suizo de la “suiza italiana” (allá en ese lejano y carero país se hablan como 4 idiomas creo: alemán, francés, italiano y romaní). Sólo con él pude conversar sin mayor problema, una vez que estuve por esos lados hace ya hartos años, y lo hacíamos en una especie de “italiñol” -o “casteliano” si prefieren-. Debord sí que anduvo hueveando harto tiempo por esos lados. Me imagino cómo habrá disfrutado de todo. Las mejores fotos del personaje aquél creo que son esas donde sale con su segunda esposa, Alice, y Gianfranco S., tomando vino tinto en unas callejuelas de esas que cada vez hay menos.

En el Panegírico (consiga su copia en Tercer Asalto), Debord mismo cuenta una interesante anécdota que nos revela una de sus técnicas de seducción, mediante abordaje callejero. Tomen nota:

“En Italia, ciertamente no fui bien visto por todo el mundo; pero tuve la fortuna de conocer a las “sfacciate donne fiorentine” en la época en la que vivía en Florencia, en el barrio del otro lado del Arno. Estaba aquella pequeña florentina que era tan bonita. Por la tarde, ella cruzaba el río para venir a San Frediano. Me enamoré de manera muy imprevista, quizá por su hermosa sonrisa amarga. En resumen, esto fue lo que le dije: “No guarde silencio; pues yo estoy ante usted como un extranjero y un viajero. Deme algo reconfortante antes de que me vaya y ya no esté”.

Muy bien Guy-Ernest. Así se hace. No trabajes nunca. Jamás volveremos a jotear tan jóvenes.


Me acordé de la canción italiana “La Violencia”, de Alfredo Vandelli (1968):

Pero hoy he visto en la manifestación
tantas caras sonrientes
las compañeras de quince años
los obreros con los estudiantes
«El poder a los obreros
no al sistema del patrón
siempre unidos venceremos
viva la revolución».
Cuando después las camionetas
hicieron las redadas
los compañeros empuñaron
los palos de los carteles.
Y vi coches blindados
volcados y luego quemados
tantos y tantos policías
con las cabezas rotas.
La violencia, la violencia
la violencia, la revuelta
quien esta vez haya dudado
mañana luchará con nosotros.

[…]

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viernes, noviembre 04, 2016

Teresa filósofa (anónimo del siglo XVIII). Fragmento. 



Mi copia de “Teresa filósofa”, que me costó dos lucas en el Persa Bío-Bío, señala ser de un autor Anónimo del siglo XVIII, aunque en la contratapa dicen que probablemente lo escribió Diderot. En internet se dice que durante el siglo XX se comprobó que en realidad lo había escrito un tal Marqués d’Argens.

Por cierto que la mezcla de descripción de aventuras eróticas con reflexión sobre la moral y su transgresión a través de las mismas en cierta forma anticipa al Marqués de Sade. De todas formas, lo propiamente “sexual” en estos relatos está descrito de forma más sutil que la marranadas de Sade y/o Apollinaire a que uno está acostumbrado, pero tal vez por lo mismo resultan más novedosas, interesante, y excitantes.

Vamos con un ejemplo donde, para variar, el varón que protagoniza las aventuras es un sacerdote libertino. La heroína, Teresa, está espiando la escena:



-¡Haz de mí hoy lo que quieras, abate mío! Decía madama, yendo a tenderse en el diván no bien entró-. La lectura del endemoniado Portero de los Cartujos que me trajiste ayer, me ha sacado de quicio. Las láminas son admirables, llenas de arte, de gracia y de lujuria, y el texto tiene, en medio de las enormidades del relato, un prodigioso sello de realidad; con un lenguaje menos desvergonzado, sería un libro perfecto entre los de su género. ¡Anda; haz tu gusto; sí; penétrame; atraviésame; logra cuanto me estás pidiendo siempre! Hoy ardo en ganas de hacerlo todo, de probarlo todo, de correr todos los peligros por un instante de frenético placer.

-De ningún modo, cielo mío –le contestó el abate-. Por dos razones: la primera es que te amo, y soy lo suficientemente honrado para no comprometer tu reputación. La segunda es que el revoltoso y arrogante enanillo de otras veces no se halla hoy, como ves, en el brillante estado de empuje y de firmeza que requiere esa entrada triunfal. Con tus caricias del jardín le has dejado mustio y rendido al pobrecillo. Mira, no soy gascón y…

-Basta –dijo madama, haciendo un resignado y gracioso mohín-. Con esa razón sobra. Es tan convincente, que te podrías haber ahorrado la otra. Pues, ea –agregó, extendiéndose más lascivamente aun en el diván-; ven, por lo menos,  a mi lado y celebremos, como tú dices, la misa rezada, ya que no puede haber misa mayor.

-¿Ah, eso con mil amores, reina mía! –le respondió el buen eclesiástico, que, en pie junto a ella, desabrochaba lentamente el corpiño de la dama. Luego le levantó la falda y la camisa hasta el vientre blanquísimo, le separó los muslos, y le alzó por sus manos las rodillas de forma que los pies se unían muy cerca de las nalgas.

En esta lúbrica actitud, que el cuerpo del abate me iba ocultando parcialmente al palpar y al besar aquí y allí todas las regiones de cuerpo de la hermosa, madama estaba inmóvil, abstraída, como arrobada en la esperanza de los goces cuyas primicias empezaba a sentir. Tenía los ojos entornados, la punta de la lengua le asomaba entre los rojos labios, y todo su semblante denotaba la voluptuosa ansiedad.

-¡Basta, basta de besos! –suspiró-. ¿No ves que te estoy esperando? ¡No puedo más!

El hábil practicante no se hizo repetir la orden. Deslizose a los pies del diván, entre éste y la pared; pasó la mano izquierda bajo la nuca de la bella yaciente y, aproximando rostro a rostro, la besaba y la mordía en la boca y le clavaba entre los labios el puñal de su lengua con suave y diestra lentitud. La otra mano, entretanto, ejercía la fundamental tarea, acariciando delicadamente, con a delectación y la finura de quien moldea una frágil obra de arte, las partes distintivas del sexo femenino, que madama de C…tenía abundantemente provistas de una rizada y negrísima espesura. El dedo del abate desempeñaba en papel principal en la función.

Jamás cuadro ninguno fue colocado a una luz más favorable, dada la posición en que yo me encontraba. Estaba puesto el mueble de tal modo, que mi central punto de vista era el toisón de la exaltada gozadora. Debajo de él se mostraban las nalgas agitadas por un ligero movimiento convulsivo, denunciador de la fermentación anterior, y los muslos bellísimos, los más redondos, los más blancos, los más firmes que quepa concebir, hacían, de igual manera que las rodillas, oro rítmico y leve movimiento de rotación, de derecha a izquierda, que, sin duda, ayudaba al goce de la parte principal, señora de la fiesta, parte cuyos latidos medía y aceleraba con su perversa pulsación el dedo del abate, perdido entre las sombras y los rizos del negro matorral.
En vano intentaría, querido conde, deciros lo que en mi escondite pensaba. De sentir demasiado, concluí por no sentir. Maquinalmente me convertí en espejo del cuadro que veía, y mi nerviosa mano desempeñaba en mi cuerpo el mismo oficio que la del abate en el cuerpo de mi amiga, y entera yo imitaba, sin quererlo, los movimientos de la feliz mujer.

-¡Ah, me muero! –exclamó de pronto madama-. ¡Húndelo todo que entre todo, amor mío!...¡Sí!...¡Más adentro, por Dios!...¡Aprieta! ¡Aprieta!...¡Oh, qué placer!...¡Ya!...¡Ya!

Copista concienzuda del cuadro venturoso, y sin pensar en absoluto en la prohibición del confesor, me hundí a mi vez l dedo; ni la punzada de dolor que sentí me pudo contener y llegué pronto al colmo de la voluptuosidad.


(Teresa filósofa, Anónimo, Ediciones Coyoacán, Colección Reino Imaginario, 1994, pág. 55-57).  


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lunes, julio 04, 2016

La cuestión sexual (parte 1) 

(Mientras redacto algo que sirva para re-erotizar este modesto sitio, trato de apreciar a los Smiths, pero pese a todo, y tras escuchar ahora de un tirón el Hatful of Hollow (1984), no me parece una banda genial, a diferencia de lo que estoy escuchando ahora: la versión deluxe del Funhouse (1970) de los Stooges: material sagrado que una generación tras otra no ha parado de apreciar y sentirse inspirada a generar un poco de Raw Power. Igual me cayó bien que Morrissey criticara a los Buzzcocks por haber cedido una canción suya para un spot de Mac Donalds).

SEXO, PORNOGRAFÍA, EROTISMO: NO ES LO MISMO PERO…¿ES IGUAL?


Alguna gente cree que el erotismo es bello porque es “sutil” y “artístico”, a diferencia de la pornografía que es brutal, explícita, mercantil y machista. Hay corrientes feministas que odian a la pornografía en sí misma, y otras que en cambio conciben la necesidad o posibilidad de una pornografía distinta a la que ha sido usual hasta ahora.  Yo creo que la discusión es bastante inútil en esos términos, casi el equivalente de elogiar en abstracto las virtudes de la música suave versus las de la música agresiva. Hay músicas buenas y malas en todas las formas y lenguajes posibles. Y creo que algo similar ocurre con la representación de la experiencia sexual. 

Alguna vez leía que según no sé qué autor “la pornografía es el erotismo de los otros”. Lo cual dejaría a la diferencia entre erotismo y pornografía en una situación similar a la diferencia entre violencia política y terrorismo: según un autor español, “el terrorismo es la violencia política de los que están en contra nuestra”.

NATURA Y CONTRA NATURA

A un querido amigo de mi misma edad le decía hace unos cuantos años: “en el comunismo anárquico, lo normal será que todos seamos bisexuales”. Argumentaba a mi favor algunas teorías de Fleiss y Freud sobre la bisexualidad originaria de los seres humanos, estado difuso que se acaba luego mediante las virtudes de la socialización.

Mi amigo decía: “te encuentro razón pero para que nos empiecen a gustar los hombres a nosotros haría falta que nos socializaran de nuevo”.

Tenía bastante razón.

Lo interesante para mí, en una perspectiva histórica amplia, es que una vez que resulta plenamente posible abordar la actividad sexual como una actividad orientada al placer y no a la reproducción de la especie biológica, todo es posible, o en los términos atribuidos al Viejo de la Montaña, “nada es verdad, todo está permitido”. O mejor: “todo es verdad, y todo está permitido”.

SU MAJESTAD, EL CULO



Una amiga me decía que haciendo una encuesta entre amigas y conocidas llegaba a la conclusión de que a casi ninguna le gustaba el sexo anal en sí mismo. Algunas no podían dejar de asociarlo a algo sucio. Otras lo incorporaban, pero sólo a modo de “premio” para sus compañeros, pero derechamente no les gusta, e incluso además de sucio les parece doloroso. ¡Qué terrible!

Mi amiga en cambio alababa las virtudes de esa práctica como algo que si fuera correctamente abordado (y enseñado) potenciaría a niveles enormes la capacidad de goce sexual de todas. Y de todos en realidad: si hay algo que nos unifica a pesar de las diferencias “de género” es que todos tenemos un culo sobre el cual sentarnos, y al cual podemos incluir o excluir en la búsqueda del placer. Los argumentos sobre la función excretora del culo son bien idiotas, puesto que hasta ahora nade ha objetado que principalmente penes y conchas sirvan para mear, y las bocas para comer, beber, soplar instrumentos de viento, y hasta vomitar.

Yo elogiaba sus intenciones de realizar talleres teórico/prácticos sobre el tema, y hasta le recomendé alguna literatura básica (creo que los mejores y más convincentes elogios del sexo anal son los que realizan en las páginas de la Filosofía en el tocador, de Sade, los personajes Dolmancé y madame de Saint-Ange).  Pero en ese punto ella me hizo ver que mi posición era “inconsecuente” si no estaba dispuesto yo mismo a explorarlo en tanto objeto de penetración.

Yo le dije: todo bien, pero en mi caso, dadas mis predilecciones, esa exploración la puedo realizar con compañeras eventuales, porque sigue siendo efectivo para mí el que no me gustan sexualmente los hombres. Y para mejor ilustrar mi punto, ponía el ejemplo del sexo oral: en rigor, si uno está con los ojos cerrados, no tendría forma de distinguir si quien está dedicado a dar placer oral sobre el “órgano viril” es hombre o mujer, pero yendo más lejos, la indistinción podría llegar a no saber si se trata de un ser humano o animal…

En este punto es que se revela que en realidad cada uno fija su propio límite, en base a sus gustos, y por supuesto que es algo que siempre puede ser redefinido, y de eso se debería tratar una vida vivida de la manera más experimental y abierta que sea posible.

Viendo otro paralelo en relación a la consecuencia/inconsecuencia de las posiciones personales: cuando un carnívoro me reprocha el que coma queso “porque igual viene del animal”, yo le digo: “y tú que elegiste comer vacas, chanchos y pollos, ¿eres inconsecuente por no comer ratones, perros ni garrapatas?”. No creo. A cada uno lo suyo. Lo que es yo, adoro el sector conformado por muslos, culo y concha, pero muslos y culo situados al lado de un pene…paso, gracias, no es lo mío (o no ha llegado a serlo hasta ahora: nada es definitivo, supongo. Antes no me gustaban los Beatles ni Michael Jackson).

Ella no me creyó. O más bien, no estuvo de acuerdo con mi argumento e insistió en el suyo.
(Que avise cuando se haga el primer taller. Cris Corn de seguro hubiera asistido).


ÁNDATE A LA CONCHA DE TU MADRE

Nunca me ha dejado de sorprender esa expresión. En el fondo equivale a desearle a alguien que nunca haya existido. Es la forma más gráfica de decirle: “vete por donde viniste”.

El macho tradicional se ofende ante este tipo de insulto porque cree que “le sacaron la madre”. En realidad el insulto está dirigido contra el que uno desearía no hubiera nacido, y no contra su progenitora.

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lunes, octubre 12, 2015

El campo y la ciudad (Marx y Engels, La ideología alemana, 1845/6) 

La más importante división del trabajo físico e intelectual es la separación entre la ciudad y el campo. La oposición entre el campo y la ciudad comienza con el tránsito de la barbarie a la civilización, del régimen tribal al Estado, de la localidad a la nación, y se mantiene a lo largo de toda la historia de la civilización hasta llegar a nuestros días (anticorn-law-league ).



Con la ciudad aparece la necesidad de la administración, de la policía, de los impuestos, etc., en una palabra, de la organización política comunal [des Gemeindwesens] y, por tanto, de la política en general. Se manifiesta aquí por vez primera la separación de la población en dos grandes clases, basada directamente en la división del trabajo y en los instrumentos de producción. La ciudad es ya obra de la concentración de la población, de los instrumentos de producción, del capital, del disfrute y de las necesidades, al paso que el campo sirve de exponente cabalmente al hecho contrario, al aislamiento y la soledad. La oposición entre la ciudad y el campo sólo puede darse dentro de la propiedad privada. Es la expresión más palmaria del sometimiento del individuo a la división del trabajo, a una determinada actividad que le viene impuesta, sometimiento que convierte a unos en limitados animales urbanos y a otros en limitados animales rústicos, reproduciendo diariamente esta oposición de intereses. El trabajo vuelve a ser aquí lo fundamental, el poder sobre los individuos, y mientras exista este poder, tiene que existir necesariamente la propiedad privada. La abolición de la antítesis entre la ciudad y el campo es una de las primeras condiciones  para la comunidad, condición que depende, a su vez, de una masa de premisas materiales, que no es posible alcanzar por obra de la simple voluntad, como cualquiera puede percibir a primera vista. (Estas condiciones habrán de ser examinadas más adelante). La separación entre la ciudad y el campo puede concebirse también como la separación entre el capital y la propiedad sobre la tierra, como el comienzo de una existencia y de un desarrollo del capital independientes de la propiedad territorial, es decir, de una propiedad basada solamente en el trabajo y en el intercambio.



En las ciudades, que la Edad Media no heredó ya acabadas de la historia anterior, sino que surgieron como formaciones nuevas a base de los siervos de la gleba convertidos en hombres libres, el trabajo especial de cada uno de éstos era la única propiedad con que contaba, fuera del pequeño capital aportado por él y que no era otra cosa casi exclusivamente que las herramientas más necesarias. La competencia de los siervos fugitivos que constantemente afluían a la ciudad, la guerra continua del campo contra los centros urbanos y, como consecuencia de ello, la necesidad de un poder militar organizado por parte de las ciudades, el nexo de la propiedad en común sobre determinado trabajo, la necesidad de disponer de lonjas comunes para vender las mercaderías, en una época en que los artesanos eran al mismo tiempo commerçants, y la consiguiente exclusión de estas lonjas de los individuos que no pertenecían a la profesión, el antagonismo de intereses entre unos y otros oficios, la necesidad de proteger un trabajo aprendido con mucho esfuerzo y la organización feudal de todo el país: tales fueron las causas que movieron a los trabajadores de cada oficio a agruparse en gremios. No tenemos por qué entrar aquí en las múltiples modificaciones del régimen gremial, producto de la trayectoria histórica ulterior. La huida de los siervos de la gleba a las ciudades tuvo lugar durante toda la Edad Media. Estos siervos, perseguidos en el campo por sus señores, presentábanse individualmente en las ciudades, donde se encontraban con agrupaciones organizadas contra las que eran impotentes y en las que tenían que resignarse a ocupar el lugar que les asignaran la demanda de su trabajo y el interés de sus competidores urbanos, ya agremiados. Estos trabajadores, que afluían a la ciudad cada cual por su cuenta, no podían llegar a ser nunca una fuerza, ya que, si su trabajo era un trabajo gremial que tuviera que aprenderse, los maestros de los gremios se apoderaban de ellos y los organizaban con arreglo a sus intereses, y en los casos en que el trabajo no tuviera que aprenderse y no se hallara, por tanto, encuadrado en ningún gremio, sino que fuese simple trabajo de jornaleros, quienes lo ejercían no llegaban a formar ninguna organización y seguían siendo para siempre una muchedumbre desorganizada. Fue la necesidad del trabajo de los jornaleros en las ciudades la que creó esta plebe.



Estas ciudades eran verdaderas «asociaciones»  creadas por la necesidad inmediata, por la preocupación de defender la propiedad y de multiplicar los medios de producción y los medios de defensa de los diferentes vecinos. La plebe de estas ciudades hallábase privada de todo poder, ya que se hallaba formada por un tropel de individuos extraños los unos a los otros y venidos allí cada uno por su cuenta, frente a los cuales se encontraba un poder organizado, militarmente pertrechado, que los miraba con malos ojos y los vigilaba celosamente. Los oficiales y aprendices de cada oficio se hallaban organizados como mejor cuadraba al interés de los maestros; la relación patriarcal que les unía a los maestros de los gremios dotaba a éstos de un doble poder, de una parte mediante su influencia directa sobre la vida toda de los oficiales y, de otra parte, porque para los oficiales que trabajaban con el mismo maestro éste constituía un nexo real de unión que los mantenía en cohesión frente a los oficiales de los demás maestros y los separaba de éstos; por último, los oficiales se hallaban vinculados a la organización existente por su interés en llegar a ser un día maestros. Esto explica por qué, mientras la plebe se lanzaba, por lo menos, de vez en cuando, a sublevaciones y revueltas contra toda esta organización urbana, las cuales, sin embargo, no surtían efecto alguno, por la impotencia de quienes las sostenían, los oficiales, por su parte, sólo se dejaran arrastrar a pequeños actos de resistencia y de protesta dentro de cada gremio, actos que son, en realidad, parte integrante de la existencia del propio régimen gremial. Las grandes insurrecciones de la Edad Media partieron todas del campo, pero, igualmente resultaron fallidas, debido precisamente a su dispersión y a la tosquedad inherente a la población campesina.



El capital, en estas ciudades, era un capital natural, formado por la vivienda, las herramientas del oficio y la clientela tradicional y hereditaria; capital irrealizable por razón del incipiente intercambio y de la escasa circulación, y que se heredaba de padres a hijos. No era, como en los tiempos modernos, un capital tasable en dinero, en el que tanto da que se invierta en tales o en cuales cosas, sino un capital directamente entrelazado con el trabajo determinado y concreto de su poseedor e inseparable de él; era, por tanto, en este sentido, un capital de estamento.



La división del trabajo entre los distintos gremios, en las ciudades, era todavía [completamente primitiva] , y en los gremios mismos no existía para nada entre los diferentes trabajadores. Cada uno de éstos tenía que hallarse versado en toda una serie de trabajos y hacer cuanto sus herramientas le permitieran; el limitado intercambio y las escasas relaciones de unas ciudades con otras, la escasez de población y la limitación de las necesidades no permitían que la división del trabajo se desarrollara, razón por la cual quien quisiera llegar a ser maestro necesitaba dominar todo el oficio. De aquí que todavía encontremos en los artesanos  medievales cierto interés por su trabajo especial y por su destreza para ejercerlo, destreza que puede, incluso, llegar hasta un sentido artístico limitado. Pero a esto se debe también el que los artesanos medievales viviesen totalmente consagrados a su trabajo, mantuviesen una resignada actitud de vasallaje con respecto a él y se viesen enteramente absorbidos por sus ocupaciones, mucho más que el obrero moderno, a quien su trabajo le es indiferente.

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viernes, abril 08, 2011

Comunicado Huelga de Hambre 




Comunicado de Huelga de Hambre:
Al cumplirse 45 días de nuestra movilización con características de Huelga de Hambre contra el absurdo montaje represivo, creado y avalado por el ministerio público y ministerio del interior, como también por el fin de la ley antiterrorista, instrumento jurídico utilizado desde el estado para perseguir y aniquilar a todxs quienes organizan el descontento social; podemos manifestar que nuestros cuerpos comienzan a evidenciar notorios cambios, como por ejemplo:
Baja de peso promedio entre 11 y 13 kilos.
Alteración de los signos vitales (presión alta).
Calambre.
Arritmias cardiacas.
Cefaleas prolongadas en el tiempo.
Sequedad de la piel.
Dolores musculares y de articulaciones.
Mareos.
Cansancio físico.

Es un hecho que con el pasar de las semanas los problemas físicos irán aumentando, pero somos conscientes de lo trascendental de esta lucha en el anhelo de pisar nuevamente las calles. Por esto que la huelga de hambre la hemos asumido indefinidamente.

Reconocemos que en esta acción, que poco a poco,, trasciende las rejas y fronteras, no solo está en juego terminar con las pretensiones del estado, en la figura del fiscal Peña, de mantenernos secuestrados por largos años al interior de sus siniestras mazmorras, sino también pretende poner en alerta a todxs lxs organizadxs por la liberación de los pueblos, a lxs antiautiritarixs y anarquistas, a estudiantes y trabajadorxs enfrentadxs al modelos de dominación por mejoras en sus derechos, que la campaña del terror, política y comunicacional continuará despiadada y sin ética hacia toda resistencia al sistema de explotación y depredación capitalista; y las armas a utilizar por el estado de derecho serán las mentiras policiales (evidencias) y la ley antiterrorista.

Con nuestra detención el poder sentenció un mensaje descarado para promover escarmiento en aquellxs que dudan en sus compromisos de apoyo mutuo, como así también, debilitar proyectos de emancipación. Es la misma cara de la moneda que el lunes 4 de abril mostro el terrorista Peña y sus secuaces al asistir con toda parafernalia mediática, de la que es actor principal, al mal de la justicia con el objeto de entregar según él “numerosas pruebas en 600 fojas que permiten continuar con el proceso condenatorio. Son más de 7000 evidencias, 800 testigos (cuatro de ellxs sin rostro), todas pruebas contundentes para acreditar la existencia de una asociación ilícita terrorista”, que al parecer solo opera en la retorcida cabeza del fiscal. Incluso este personaje se dio el lujo de manifestar que con esto “se cierran cinco años de investigación”. Resultan sorprendentes estos dichos cuando se nos acusa de la colocación de 29 de los más de 120 bombazos que se han puesto en el país.

Su espectáculo, sus penas del infierno que van desde los 10 años a presidio perpetuo, ya no nos sorprenden, ni atemorizan, somos conscientes de que hasta ahora este ha sido un juicio político en el en el cual diversos poderes facticos permitieron y justifican todo este show, armado a semanas de la destitución del fiscal Javier Armendáriz, quien con las mismas pruebas y evidencias jamás pudo comprobar ilícito alguno.

Estamos esperanzados que todas esta farsa se vendrá abajo gracias a nuestras defensas y sobre todo producto del compromiso solidario de todxs aquellos que no se dejan amedrentar con el hostigamiento policial, que hacen de la calle un espacio concreto para tensionar a los individuos a contagiarse por recuperar la memoria de lucha. Esta intencionalidad comprometida debe ayudarnos a despertar, potenciar y multiplicar las redes de apoyo necesarias para enfrentar el actual momento.

Nuestras fuerzas y ánimos están firmes. Cada acción de protesta, marcha, mitin, toma de embajada, declaración pública ante lo justo de nuestra reivindicación de libertad inmediata y lo que asca en compromiso fraterno con la huelga de hambre es un alimento estimulante para seguir adelante en nuestro objetivo. Nada nos amedrenta. Solo queremos pisar pronto la calla, orgullosos de nuestra historia.

¡¡SOLIDARIDAD CONCIENTE Y COMPROMETIDA CON LA HUELGA DE HAMBRE!!

¡¡FIN AL ESTADO TERRORISTA!!

¡¡HASTA DESTRUIR TODAS LAS JAULAS!!

Prisioneros imputados de llamado cado bombas. Modulo de máxima seguridad, Santiago 5 de abril del 2011.

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sábado, octubre 10, 2009

Para el equipo de traductores 

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