Delirio Místico: "A mon seul désir" (Según mi solo deseo)
"La discusión sobre el comunismo no es académica. No es un debate sobre lo que se hará mañana.
Desemboca en, y forma parte de un conjunto de tareas inmediatas y lejanas de las que no es más que un aspecto, un esfuerzo de comprensión teórica" (Gilles Dauvé)
lunes, diciembre 26, 2022
¿Alguien dijo Traición?
"Deep down inside
I know the reasons, reasons
In faces I see lies
While they try to hide their eyes
Man, it hurts inside
It's like treason, treason, treason, treason" (Naked Raygun)
“En Derecho, la traición se
refiere al conjunto de crímenes que engloban los actos más extremos en contra
del país de cada uno. Familiarmente, la traición consiste en defraudar a
familia, amigos, grupo étnico, religión u otro grupo al cual pueda pertenecerse,
haciendo lo contrario a lo que los otros esperan” (Wikipedia).
“Estos son mis principios. Si no
le gustan, tengo otros” (Groucho Marx).
“Cada hombre, cada mujer, tiene
una manera de traicionar la revolución. Esta es la mía” (Leonard Cohen).
Los traidores siempre han sido
bastante odiados en la historia de la humanidad.
Con todo, no cualquiera es un
traidor. Tanto para cometer traición como para abandonar los principios se
requiere de convicciones y principios a los cuales entregarse, para luego volverse
en contra. En cierta forma el traidor se niega a sí mismo, y por eso es que
genera tanto odio como lástima.
Otro caso muy diferente es el de
las personas que por no haber tenido nunca principios ni compromisos ni
convicciones profundas en relación a nada se dejan arrastrar por todas las corrientes
y contracorrientes en diferentes direcciones.
Estas personas generan más pena
que rabia. Lo cual no quita que puedan
hacer bastante daño y/o que no puedan unirse al enemigo actuando como los
mejores traidores al servicio de su nueva clase, partido o causa.
¿Qué nombre podemos dar a estas
personas? No lo sé. Pero en el Diccionario quedaría más o menos entre la D de
desclasado y la A de arribista.
Nunca olvidaré el momento exacto
en que apareció el amigo Monki en mi vida: octubre de 1997, en la casa en el
barrio Palermo en que nos quedamos después del concierto de Disturbio Menor, Ácidos
populares y Fun People en All Boys. Al levantarnos con Mogles (batería de DM,
Donfango, Intimate Stranger) aparece este personaje que no habíamos visto hasta
ese momento de nuestra aventura trasandina, nos saluda alegremente y nos
pregunta si queríamos ir con él a comprar “facturas” para desayunar. No teníamos
idea de qué era eso: para nosotros las facturas son un tipo de boleta.
Fuimos, conversamos, desayunamos,
nos encantaron los dulcecitos, y poco después lo volvía ver en un legendario concierto en el club
Continuará…al frente de la formación Delmar, junto a Eterna Inocencia y un par
de bandas más. El slam/pogo era tan alegre y entusiasta que incluía pasos de
tango por un piso completamente mojado por sudor y condensaciones varias de fluidos
corporales: calor humano, que le llaman. Nunca olvidaré como podía patinar en
el suelo bailando con varios amigos mientras Monki agarraba su termo con café
negro y arremetían con “Pervert” de los Descendents. Una imagen de felicidad
pura.
Nunca dejé de estar en contacto
con él, tomando nota de sus diversos proyectos musicales posteriores: 7
Magníficos, Camuflaje, Tildaflipers,
varias formaciones más, y ahora es primera vez que lo escucho en su faceta
solista. Además hay que destacar la labor (fea palabra pero no se me ocurre
otra) de Monki a nivel gráfico, destacando su excelente fanzine Escena Obscena,
y la enorme y hermosa colección de afiches editada por Tren en Movimiento
titulada “Canción del cardumen rancio”.
El lenguaje musical de Monki es
el dub puro, con una sólida base instrumental en que hay bastante protagonismo
de la melódica. Por alguna razón esta colección de temas me recuerda un poco el
“Pick a dub” de Keith Hudson, de 1974,
que fue uno de los primeros álbum de dub (antes de eso el dub era más bien el
tratamiento instrumental de un tema relegado al lado B del single), y que tuvo un gran éxito
en el mercado discográfico de Jamaica. En
ese disco está presente todo el rato la reconocible melódica del gran Augustus
Pablo.
El disco comienza con “Entierro”,
en que sobre una base de bajo de dos notas que pulsan como una arteria
importante, una voz grave nos entrega un mensaje oscuro: “Hay un entierro hoy en
el barrio, se fue un otario, magia y misterio no tiene horario”. Es gracioso
pero no conocía la palabra otario, que en portugués designaría a un estúpido o
tarado, hasta esta misma mañana, en que un brazuca respondió un comentario mío
en youtube tratándome de otario. Mi comentario estaba hecho en la canción “El culo del mundo” de Caetano Veloso , donde habla de Brasil como una nación de
linchadores de niños, y yo puse hace un año más o menos que el que comanda la
tropa de linchadores ahora es el fascista Bolsonaro. Un sujeto me respondió: "SABE DE NADA, OTARIO”(en mayúsculas). Escuchando a Monki espero que su funeral sea pronto:
“Uno a uno/Vamos aenterrarlos/¿Cuánto abuso vas a soportar? ¿No
fue suficiente hasta acá? Cosas que no podes negar/Sube la caca /Un día te
va a tapar”.
Y la mierda ya nos está tapando,
con cerca de la mitad de la población mundial en cuarentena. Y antes de eso, en
Chile todo estalló desde los subterráneos de Santiago el penúltimo viernes de octubre
del año pasado. Nadie soportaba más, y una de las consignas espontaneas que más
circuló fue: “No más abusos”. ¿En qué quedó toda ese energía de la revuelta? ¿Nada se pierde y todo se transforma?
Los temas que vienen son
derivaciones en base a la misma insistente línea de bajo. En algunos se agregan
voces, masculinas y femeninas, que flotan en el espacio recordando un poco ciertas
grabaciones de los Tildaflipers.
“Collie Dub”, “Magia y misterio”.
Se superponen voces y ecos de la melódica. Una pequeña pausa y vienen: “Una
versión mejor”, “Siempre Dub”. El bajo se queda casi sol, y la superficie de la
canción se queda como gradualmente derretida en distintas capas de sonido.
Percusiones se acercan y se van. Toma cuerpo un pequeño solo de un instrumento
de lengüeta que Monki una vez trajo a Chile y que entiendo sigue ahí en el
Estudio Ercilla, la Black Ark porteña donde esto fue grabado.
“Versión visible”. El dub parece
ser un mundo sonoro en que es posible “ver” el sonido, en sus distintas capas,
superponiéndose y tomando turnos. La
vibración se siente en el cuerpo, se procesa en la mente, y hay partes visibles
e invisibles dentro de la experiencia del sonido, que a veces queda
completamente desnudo.
“Visible”. Al final, escuchar un
disco como este es abrazar la luz del sol con todo el cuerpo para ir luego cerrando
los ojos y aceptar la idea de que tenemos que volver a refugiarnos en esta
oscuridad.
Nos ha llegado el DÉCIMO COMUNICADO de EVADE Chile:
Compañerxs,
Los sátrapas que nos dominan se reagrupan, asocian y
coordinan para arremeter con más fuerza. Quieren sacarnos de la calle y
obligarnos a volver a su miserable normalidad, donde agachados decimos
"amén" a sus sermones genocidas. Pero no daremos paso atrás:
¡NEWEN PEÑI KA LAMNGEN!
EVADE CHILE 2019 #
Sabemos que el cambio no está en La Moneda...
Quizá ninguna otra expresión concentra tan bien el sentido más profundo de la
política como aquella que circula por todo Chile desde el último viernes: #picoenelojo.
Con esta última jugada del Cartel Piñera, los políticos están dando una señal
de estar recuperando su viejo entusiasmo: dramáticas jornadas de trabajo
acompañadas de discursos y abrazos nunca antes vistos. Los mequetrefes
que hace unos pocos años profitaban como “dirigentes” del movimiento
estudiantil contra el lucro, hoy le soban el lomo a los mismos que hicieron
posible el saqueo de la educación. Son las vueltas de la vida
política: quienes un día son las víctimas, otro son los victimarios y al
siguiente todos hermanxs.
Pero conocemos bien el show de la democracia. La famosa “clase política” es el
teatro más elaborado, perverso y destructivo de la historia humana. La
crisis que denuncian sus dirigentes, y que no se trata más que del hecho de que
ya nadie les cree ni compra su drama, es para nosotrxs una oportunidad. Hemos
aprendido a distinguir entre lo que nos impone una sociedad de depredadores y
el deseo de un mundo nuevo que late en nuestros corazones.
Por eso no nos sorprenden los golpes físicos y mediáticos que la politiquería
está dando hoy. Están desesperados intentando contener la masa de millones y
millones de humanxs que se les viene encima buscando tomar de una vez por todas
la vida que les robaron. Los carceleros se defienden con todas las armas que
tienen a su alcance: el monopolio de la violencia también incluye todo un
casting de actores que hacen lo que sea por garantizar la vigencia de su
inmaculada normalidad. Pero hoy parecen estar sobrepasados, y cada semana que
pasa sus artimañas son tanto más elaboradas y grotescas.
¡La política agoniza frente a nosotrxs y quiere arrastrarnos en su caída! “Por
la razón o la fuerza”, señaló ayer el máximo representante de la dictadura
burocrático-militar en su discurso pacificador. Querían matarnos, pero
prefirieron elaborar un nuevo pacto: no es rentable exterminar a todas las
bestias de carga.
Sus acuerdos y agendas, ¡ejercidos en nuestro nombre y en contra de nosotrxs!,
no podrán sofocar nunca nuestro deseo de vida. Este descontento no se satisface
con nada, exige algo mucho más grande: la nueva constitución, el plebiscito, la
oferta de un aumento en la repartición de las miserias, se han vuelto
totalmente superficiales. La llama de nuestra insatisfacción se ha
convertido en una gran pasión. Esa pasión es inteligencia. La hemos visto
desplegarse en las calles. Produce en la mente una cualidad de
profundo e instantáneo discernimiento en las cosas, y la acción proviene de ese
discernimiento.
¡Abajo la dictadura de los muertos-vivos que creen gobernarnos! A
pesar del cansancio, prevalece el desarrollo de la conciencia humana contra las
mentiras de la normalidad que intentan imponernos. Nos corresponde a nosotrxs
acabar con sus limitaciones burocráticas, legales y policiales rompiendo su
control sobre el territorio, ahí donde estamos, ahí donde nos asfixia. Somos
lxs que se rebelaron contra la arrogancia de su saqueo. Ya no nos darán
órdenes, no nos ladrarán más. Nuestro proyecto es construir la
comunidad humana que rompe la dictadura del lucro que devasta nuestra
existencia y la del planeta.
Reproduzco acá la columna de Karmy, pues creo que puede aportar en la
fase actual para tener claridad y no dejarse atrapar en la gran operación de
re-legitimación del Estado/Capital en que está incurriendo la casi totalidad de
la casta política. Además recomiendo leer su columna “El asalto concertacionista”, que nos deja en claro que nuestro enemigo no sólo es Piraña
y la derecha:
MOMENTO DESTITUYENTE
El asalto al capital que comenzó
con una revuelta popular desde los subterráneos de la ciudad catalizada por
estudiantes secundarios ha devenido un “momento destituyente”. En él, la
imaginación popular inunda las calles, rebalsa los cuerpos, lazos inéditos
nutren de erotismo y se inventan nuevas prácticas que abren nuevos caminos. El
momento destituyente no se cristaliza en un “poder”, sino que se mantiene
irreductible en el registro de la “potencia”, creando los contornos de un
pueblo que no existe de suyo, sino que sólo adviene en el instante de su
irrupción. El momento destituyente tampoco tiene una estrategia
política clara que le permita interlocutar con los representantes del Ancien
Règime para instaurar uno nuevo (pues no se define por instaurar o conservar
un orden), pero si goza de la potencia imaginal que ha sido legada por la
ráfaga de revueltas que ha terminado por horadar a la maquinaria estatal.
El “momento destituyente” sin
duda define a un proceso imaginal en curso irreductible a un “poder” preciso
(un “poder constituyente”, por ejemplo) y, por tanto sustraído de la figura del
Estado. Heredero de las diferentes luchas populares que atravesaron al
Chile después del derrocamiento de la Unidad Popular, el “momento destituyente”
desajusta los cuerpos respecto del control capilar que mantenía la
gubernamentalidad neoliberal pues su potencia sobrevive como un resto a la
implosión total de su sistema político. Basado en la violencia pinochetista
desencadenada en 1973, consolidada en la violencia “legal” de su Constitución
aprobada fraudulentamente en 1980 y consumada en la violencia “transicional” de
la democracia neoliberal, el Estado subsidiario instaurado por la violencia
guzmaniana ha terminado de golpe. Comenzó igual a como
terminó: con militares en las calles: 1973 se condensa en 2019, cuando Piñera
declara el Estado de Excepción Constitucional y los militares dan curso a la
cacería más veloz y eficaz después de la dictadura.
En su estructura subsidiaria, el
Estado chileno no es nada más que “trabajo muerto”: un cadáver habitado por
muertos que prometen discursos muertos. Porque el “momento destituyente” yace
pletórico de una vida común. No necesita de los “políticos” porque sabe que la
política la hacen siempre los cualquiera; tampoco del congreso
porque se llena de asambleas y conversaciones cotidianas; el profesionalismo
político característico de un régimen representacional enteramente restringido
como el chileno jamás fue “político” porque, sea con la dictadura o con la
mentada democracia, siempre fue dominado por burócratas preocupados de
gestionar de la mejor manera la máquina guzmaniana antes que poner en juego la
potencia de la invención: política designa la invención de otras formas de
vida, no administrar la cárcel legada por Pinochet. Y, justamente, en
Chile, esas formas de vida han tenido lugar a espaldas de la dimensión estatal.
Esta última no inventa nada, no pudo jamás inventar nada más que técnicas de
gobierno sobre los cuerpos. La imaginación fue confiscada a favor de la
violencia militar primero, y luego la violencia gubernamental. Esta última
violencia se condensó en esta semana cuando Piñera gestiona un Estado en
quiebra y, al declarar el Estado de Excepción, termina por profundizar la
quiebra del Estado.
Sin repertorio político, y donde
el enorme capital financiero no puede traducirse ya en capital político. Si esa
fue precisamente la “gracia” del artefacto guzmaniano (esa extraña combinación
de catolicismo y neoliberalismo, entre ejercicio soberano y economía
financiera), la historia de las luchas populares de los últimos 30 años terminó
por abrir una grieta imposible de suturar, al punto de llevar a la máquina
guzmaniana trenzada entre la alianza conservadora (Chile Vamos) y la
progresista neoliberal (ex –Nueva Mayoría), a su completa implosión, al desgaje
de escombros que firman su ruina.
En términos políticos no
existe más el Estado subsidiario porque la política está en la calle, en su
“momento destituyente”. Se pudrió el Estado, pero sobrevivió el pueblo. Porque
si el Estado no es más que un conjunto de mecanismos gubernamentales que sólo
pueden funcionar si penetran y confiscan la superficie de los cuerpos, el
momento destituyente en que vivimos expresa exactamente lo contrario: los
cuerpos han sido liberados de los dispositivos que los docilizaban, la potencia
ha sido emancipada del poder y no pretende restituirlo: un encapuchado sube un
poste sobre la multitud y con su pie aplasta una cámara de seguridad: la
multitud le aclama. El capucha ha destituido la mirada del poder.
Los viejos pastores que nos
enseñaban las buenas costumbres devinieron desesperados cazadores que pretenden
ametrallarnos con milicos salvaguardando el último estertor del Pacto
Oligárquico de 1973, completado en 1980 y consumado entre 1988 y 2005. Si ese Pacto
se cristalizó en la máquina guzmaniana, hoy día sufre un impasse irreversible
que puede formularse bajo este término: momento destituyente o, si se quiere,
democracia radical.
Habrá que aferrar el presente y
sostener la multiplicidad de luchas en este momento extático en el que los
cuerpos ven restituida su imaginación. Hemos dejado el momento de “gobernar” y
hemos dado paso al momento de “inventar”. El “momento destituyente” no es
más que el estallido de imaginación popular que ocupa las diferentes calles,
pero que no calza jamás con su espacio ni con su tiempo: no tiene lugar en los
mapas vigentes (el pueblo como potencia no aparece consignado por la
Constitución), ni tampoco habita la época en la que acontece, porque promete
una enteramente nueva. En este sentido, no puede más que arremeter enteramente
intempestivo.
Ráfaga imaginal que desata los
cuerpos del miedo que les había sido incrustado y posibilita una danza
insospechada de nuevos ritmos que comienzan a colmar las plazas. Destitución
del miedo, de los militares, de los policías, de las AFPs, de los toques de
queda: todo el régimen ha saltado por los aires.
Porque si bien un pueblo jamás
existe de antemano como sustancia, no es cierto que esta revuelta carezca de
discurso, pero ellos son múltiples o moleculares: feminismos, mapuches,
ecologistas, comunistas, anarquistas, toda la indiada converge
en la misma intensidad: el momento destituyente que ha dado a luz a un
pueblo. “Chile despertó” de una larga pesadilla que comenzó en 1973. Pero
que haya despertado significa que antes tuvo otro momento de vigilia y que, por
tanto, el Chile presente se enlaza íntimamente con el del pasado. “Chile
despertó” indica la abertura de un lugar de enunciación que había estado
ausente, donde una voz diferente interrumpe la elegante comida de los
poderosos.
Sin embargo, el “despertar” de
Chile, lejos de ser un final feliz, ha de ser pensado como un “comienzo”
radical que resta del final de un modelo de Estado (el subsidiario) y donde la
fuerza transformativa de la imaginación está dispuesta a luchar, cuerpo a
cuerpo, contra los ejércitos de los dueños de Chile.
Rodrigo Karmy Bolton
Nunca he sido muy cercano al Comité Invisible, pero en estos días
recordaba que al final de “La insurrección que viene” hablaban de un panorama
post-insurreccional que en parte podía servir para describir el momento en que
estamos. No tengo el libro, pero un camarada buscó u y encontró esa parte:
“En el
metro,ya
no se
encuentran huellas de las
molestas pantallas que
dificultan habitualmente los movimientos
de
lospasajeros.
Los desconocidos se hablan, ya no
se
abordan. Una banda en conciliábulo en la esquina
de
una calle.
Aglomeraciones mayores por los
bulevares que discuten
gravemente. Los ataques se
responden de una a
otra
ciudad, de un día
para
otro.
Un
nuevo
cuartel ha sido
saqueado y quemado después. Los habitantes de
una
casa
desahuciada han desistido de tratar
con
el
ayuntamiento: la habitan. En
un
acceso de lucidez, un directivo
acaba
de
liquidar,
en
plena
reunión, a un puñado de colegas. Ficheros que contienen la
dirección personal de todos
los policías ygendarmes
así como el
de los
empleados de la administración
penitenciaria
acaban de filtrarse, provocando
unaola de
mudanzas
precipitadas sin precedentes. A la vieja
cantina
del
pueblo,
se trae
el
excedente de lo producido ynos procuramos lo
que
nos
falta. También
nos
reunimos aquí para
discutir sobre la situación general y sobre el
materialnecesario para el taller
mecánico.
La
radio
informa a los
insurgentes de la retirada
de
las
fuerzas gubernamentales.Un proyectil acaba
de
destripar lamuralla de la prisión de Clairvaux.Es imposibledecir si
pasó un mes o
varios años desde quecomenzaron los‘acontecimientos’. ElPrimer Ministro
parece muy solo en
sus
llamadas a la calma”.
El domingo hubo una tocata para
recaudar insumos de autodefensa. Hoy a las 19 en Alameda con Portugal se repartirán
antiparras. Vaya por la suya. Sapos y curiosos, abstenerse.
Acá se puede ver la presentación de Disturbio Menor en Villa Portales, también por insumos médicos y de autodefensa, el 9 de noviembre.
Resumen del mes de rebelión y los acontecimientos de la
última semana, incluyendo el asesinato de Abel en Plaza de la Dignidad: blog
Hacia la Vida.
-Leyendo sobre “Rasta y resistencia. De Marcus Garvey a
Walter Rodney”, un tema del que sabía casi nada, en su edición cubana del 2016,
me topé con referencias a este texto más o menos clásico a estas alturas, “Capitalismo
y esclavitud”, de Eric Williams.
En ambos textos por lo visto se trata ni más ni menos que de
analizar en concreto cómo operó la “acumulación originaria de capital” en
África, Norteamérica, Centroamérica, El Caribe. La fase en que la recién nacida
criatura, el Modo de Producción Capitalista, llega al mundo chorreando sangre
por todos los poros, según la descripción bastante “gore” que hace Karl Marx.
En el primero, se trata de hacer una especie de
interpretación marxiana de las condiciones que determinaron el surgimiento de
una extraña mezcla de consciencia de clase a través de la consciencia de raza, y
cómo los “rastas” o “dreads” representaban una forma mística pero avanzada de
consciencia y resistencia a la opresión “blanca o negra o del color que sea”.
[EL ajusticiamiento de policías negros era visto como correcto por muchos de
estos grupos “etíopes”]. Además, traza un detallado recorrido por la
resistencia física y espiritual de los esclavos, y los movimientos que
sucedieron luego en la fase Postcolonial. Un año clave en insurrecciones en
Jamaica parece haber sido 1938.
¿Recuerdan el marxismo africano? He aquí un buen ejemplo. Lo
ideal sería poder seguir investigando la relación entre formas de resistencia a
nivel de consciencia, y prácticas sociales, políticas y estéticas en que dicha consciencia
se expresa y refuerza. De las canciones de los esclavos en las plantaciones al
blues, los spirituals, el free jazz, reggae, soul y funk.
El libro, originalmente publicado en 1981, no está
disponible online. En internet circula un trabajo de H. Campbell en inglés cuyo
título en español es “Bob Marley y la Resistencia a la Guerra: de la vindicación a la
emancipación y la salud espiritual”, en Cuadernos del Caribe, Vol. 12, N° 20, 2015.
Crecimiento de las grandes ciudades británicas con puertos
de mar
Las mercancías en el tráfico triangular
Lana
Manufacturas de algodón
El refinado de azúcar
La destilación del ron
Pacotilla
Las industrias metalúrgicas
4. El interés de las Antillas
5. La industria británica y el tráfico triangular
La inversión de los beneficios en el comercio triangular
Operaciones bancarias
La industria pesada
Seguros
El desarrollo de la industria británica hasta 1783
6. La Revolución Norteamericana
7. El desarrollo del capitalismo británico 1783-1833
8. El nuevo orden industrial
¿Protección o laissez faire?
El desarrollo del anti-imperialismo
El crecimiento mundial de la producción de azúcar
9. El capitalismo británico y las Antillas
Los manufactureros de algodón
Los patrones del hierro
La industria algodonera
Liverpool y Glasgow
Los refinadores de azúcar
El transporte naval y los marineros
10. El «sector comercial de la nación» y la esclavitud
11. Los «santos» y la esclavitud
12. Los esclavos y la esclavitud
Conclusión
Bibliografía
-Tocata en la calle mañana. ¿Prohibido el trap?
-Un afiche en el Metro: “Cazzote, el espacio donde convergen
músicos y emprendedores”. Charla: “Cómo vender música”, a cargo de dos
expertos: un agente de Universal Music Group y otro que no recuerdo.
Salgo a la calle. Un afiche pegado en la caja adosada a un
poste: “Ceratti Sinfónico: música para volar”. Más de 50 músicos sobre el escenario.
¿Y cuantos operarios más? ¿Cuánto costará este show? Acá sí que había alguien
que sabía “como vender”música.
-Dos estudiantas de post-doctorados en un restaurant
vegano/vegetariano. Una: “En la UNAM
todo era Full Marx. O sea, seis semestres de Marx, un 20% de teoría de-colonial
y feminismo, y un 10% de todo lo demás. ¡Y mi tesis era en todo lo demás! Si no
estás de acuerdo con Marx te tratan de ‘positivista’”.
RAHSAAN/IGNORANTES EN SANTIAGO/CORAZÓN DE CHANCHO/1970/SLF: Los Clash de Irlanda del Norte?
UNO.- Justo que estaba pensando en qué otra música de Rahsaan
Roland Kirk podía subir aquí, y mientras pensaba que como álbum en estudio
recomendaría el “Rip, Rig & Panic” (de 1965) y como registro en vivo el “Volunteered
Slavery”, me meto a La Tercera hoy y veo que en su suplemento “cultural” subieron hoy un artículo dedicado al Gran Maestro y su “música clásica negra”. Recomiendo leerlo, pues hay bastante información valiosa sobre el personaje y su época.
3 días después que nosotros. ¡Muy bien! PUNKFREEJAZZDUB: 16
años marcando tendencia.
Como dato anecdótico: una banda post-punk inglesa con gente de
las Slits y el Pop Group se llamaba “Rip, Rig & Panic”.
En “Esclavitud voluntaria”, editado en 1969, Kirk demuestra además de su forma única de expresión musical, su amor por las melodías
más poperas: mete líneas de “Hey Jude” de los Beatles en el tema homónimo,
toca una versión de “Say a Little prayer” pero metiendo entremedio partes de “A
love supreme”…En el lado B toca un hermoso medley de temas de Coltrane,
después de decir que fumó tanto que “estaba ciego” cuando llegó a tocar ahí.
Gran sentido del humor, pues Kirk era ciego desde niño.
Los dejo con un fragmento de esa nota de Andres Panes:
Kirk despreciaba el término “jazz”. Decía que lo suyo era
“música clásica negra”. En su corazón no había más que amor para todo lo que
fuese afroamericano. Una de sus composiciones más célebres, “Blacknuss”, se
toca en piano usando solamente las teclas negras. Aburrido de la hegemonía
cultural blanca, encabezó un movimiento llamado Jazz & People para exigir
más espacio en los medios de comunicación. Su forma de protesta consistía en
interrumpir programas televisivos colándose entre el público con flautas y
pancartas con mensajes como “paren el blanqueo” o “Tom Jones se hizo famoso con
canciones de negros”.
Temeroso de que boicotearan su show, el famoso Ed Sullivan
decidió invitar a Rahsaan Roland Kirk y pedirle que interpretara la hermosa
balada “My cherie amour” de Stevie Wonder. La canción cumplía con el requisito
de ser afroamericana, pero no se refería a los temas que el Jazz & People
Movement quería abordar. Una vez prendidas las cámaras, Kirk dijo “la verdadera
música negra será oída esta noche”, gritó en swahili y tocó el politizado
instrumental “Haitian fight song” de Charles Mingus, presente como
contrabajista de la banda.
II.- Cuando tocamos con Varukers vi a uno de los cabros de 10
Botellas con una polera de Ignorantes, y le comenté acerca de que sería bueno
que vinieran a tocar a Santiago. Me dijo que tenía entendido que los cabros no
estaban interesados en venir a estas hermosas y resecas tierras a tocar…
Como sea, tengo el placer de anunciar que una de las bandas
punk favoritas del momento va a venir a tocar el 12 de enero del 2019 en
Espacio perro negro. Buen lugar. Hay botillerías bien cerquita.
Tocan además de ellos: Cain , Enfermos Terminales y Tokik Riot.
3.- Me hicieron llegar esta portada del N° 2 de Corazón de
Chancho, fanzine editado en Santiago por ahí por 1995 a 1998. Salieron 5
número, y no conservo absolutamente ninguno. ¿Alguien tiene uno? Que avise.
En el N° 2 (mayo de 1996) salían canciones de The Ex, Dead Kennedys, Upright Citizens, Fugazi, Millions of Dead Cops, Youth of Today, Gorilla Biscuits y Youth Brigade. Notas/entrevistas a BBs Paranoicos, The Business y Dischord records, y textos sobre: Hazlo tú mismo, El mito del rock nacional, Skinheads: la verdadera historia y La inevitabilidad de la delincuencia.
IV.- “Si sale Allende nos casamos” decía una consigna de la
campaña de la Unidad Popular. La pareja de esta foto la siguió al pie de la
letra, y se casó el 17 de diciembre de 1970 en el Registro Civil de Valparaíso.
Tuvieron 1 hijo (dentro del vientre materno y listo para nacer 6 meses después)
y 2 hijas. 1 nieta y 3 nietos.
5.- Crass decía que CBS apoyaba a los Clash, pero no por la
revolución, sino que por el “CASH” (lucas, billete, efectivo, morlacos, etc.).
Cuando Mayo Thompson (de Red Krayola/Crayola y por un
momento Pere Ubu) produjo el primer LP de los irlandeses Stiff Little Fingers, “Material Inflamable”, dijo: “Los Fingers demostraron que no era necesario que The Clash
se fueran con CBS”.
Ahora, mi pregunta es simple: ¿Pueden ser considerados los
SLF como los Clash irlandeses?
Juzgué Ud. mismx en base a esta versión en vivo de “Gotta Getaway” en 1980.
La División del Trabajo, 3 discos nuevos/Italia 1977: Proletariado juvenil y rechazo del trabajo
2 cosas en esta ocasión (no 3):
1.- El organismo musical itinerante autodenominado la División del Trabajo, que ya había debutado con un disco que me hacía pensar en un viajero de estos tiempos que llevaba a modo de equipaje una guitarra y unos cuantos libros, además de mucho John Fahey/Derek Bailey en la imaginación, acaba de dar a conocer desde el Campo de Bandas 3 trabajos nuevos (sí: 3!!!), que vieron la madurez en el mes de mayo de este año tras un proceso de algunos meses entre diseñar y ejecutar las sesiones, y luego trabajarlas para cortar de ahí los temas que ordenan estas 3 obras.
Los dejo con Homo sapiens como corpus delicti, consistente en 5 tracks cargados al drone rock fushitsushizado y con eventuales injertos de free chant, o dicho de otro modo, una especie de combo free rock a lo Blue Humans pero en que en vez de haber reclutado a viejas glorias de la Fire Music afroamericana se hubieran conformado con reclutar a una tropa de viejos y no tan viejos punk/postpunk city rockers (incluyendo a un infante).
Como dijera Víctor Jara alguna vez: "My chant is a free chant".
2.- A propósito del trabajo y el rechazo del trabajo, extracté esta parte del capítulo sobre Automomía Obrera y Lucha Armada en el libro La Horda de Oro (1968/1977), compilado por Ballestrini/Moroni, y lo acompaño con fotos del período 1976/77 y la escena de los Círculos del Proletariado Juvenil. Entre otras cosas, además de servir para ilustrar bien lo que parece haber sido la última gran ofensiva del Segundo Asalto, sirve también para entender las algo complejas nociones "operaístas" de composición/recomposición de clase.
El rechazo al trabajo
En la propia
fórmula del «rechazo al trabajo» es necesario subrayar dos significados
distintos y dos perspectivas diferentes de funcionamiento teórico-práctico.
Rechazo al
trabajo significa: a) un esquema interpretativo de todo el proceso en el cual
se entrecruzan las luchas obreras y el desarrollo capitalista, la
insubordinación y la reestructuración tecnológica; b) una conciencia
generalizada, un comportamiento social anti-productivo, una defensa de la
propia libertad y de la propia salud: una conciencia que se ha vuelto muy
fuerte y que prácticamente constituye la base inatacable de la resistencia
obrera contra los intentos de reestructuración capitalista hasta mediados de la
década de los setenta.
Veamos más
analíticamente el sentido de estas dos diferentes perspectivas en las que se
puede comprender la fórmula del rechazo al trabajo. Antes que nada el rechazo
al trabajo es una forma de comportamiento inmediato de los proletarios que,
insertos en el circuito de la producción industrial avanzada, sin haber sufrido
la larga y deformante reducción perceptiva, existencial y psicológica que
constituye la historia de la modernización industrial, se rebelan casi
instintivamente.
El piamontés
educado en considerar el trabajo en la Fiat como un destino familiar, criado en
el culto de los valores del industrialismo, podía soportar quizás el constante
aumento de la explotación que se demostraba en aquellos años del boom de la
producción automotriz. Pero para un calabrés criado al borde del mar y a la luz
del sol aquella vida de mierda le parecía enseguida insoportable. La percepción
del calabrés era naturalmente la justa, recogía la posibilidad de emancipación
de aquel embrutecimiento. Desde esta perspectiva, el rechazo al trabajo era una
reacción inmediata, pero también la conciencia refinada y previsora de quien
decía: no sólo esta esclavitud es inhumana para los obreros, también es inútil
para la sociedad.
Y aquí pasamos a
la otra perspectiva del rechazo al trabajo, es decir, al horizonte del rechazo
al trabajo como modelo de interpretación de las dinámicas sociales y de la
transformación histórica. Toda la historia del devenir científico, tecnológico,
productivo, puede ser leída como la historia del rechazo de los hombres a
prestar su atención, su esfuerzo, su habilidad y su creatividad en la
reproducción material. Este rechazo ha producido la división de clases (algunos
rechazan el trabajo y hacen trabajar a otros en su lugar, esclavizándolos).
Pero el principio del rechazo al trabajo, controlado y dirigido por la
inteligencia social colectiva podría realizar en cambio un uso de la técnica y
de la maquinaria capaz de liberar a los hombres de la esclavitud del trabajo
asalariado.
La reflexión
sobre la técnica, sobre su uso determinado para el beneficio, sobre su
finalidad como control político o agresión militar — sobre la estructura del
saber científico— deviene central en el debate político y filosófico de los
primeros años setenta. Esta reflexión se liga a la problemática del salto
tecnológico y de la composición de clase, dos expresiones sustancialmente
nuevas en el pensamiento revolucionario y en el ámbito del marxismo.
La noción de
composición de clase expresaba las formas sociales, políticas, organizativas a
través de las cuales el proletariado construye su propia identidad subjetiva y
su propia conciencia en función de la estructura determinada del sistema
productivo, en función de la relación entre trabajo vivo y trabajo muerto, en
función de las condiciones tecnológicas y organizativas del proceso de trabajo.
En definitiva, con la expresión composición de clase se hacía referencia a la
elaboración subjetiva y consciente de las condiciones objetivas de la relación
productiva.
En cierta
medida, la noción de composición de clase encuentra su raíz filosófica en el
pensamiento de la izquierda marxista de los años veinte y en particular en la
noción de Luckács de «ontogénesis de la conciencia social». ¿Cómo se forma la
conciencia social? ¿Cuáles son los procedimientos a través de los cuales una masa
de personas individualizadas, separadas, fragmentadas en el proceso productivo
y en su condición económica y social logra transformarse en un movimiento
activo, que produce un punto de vista político común, que elabora estilos de
comportamiento y horizontes de conciencia que son sustancialmente comunes,
aunque respetuosos con las diferencias de sensibilidad y de formación?
¿Cómo se produce
este milagro por el cual la fuerza-trabajo se transforma en clase obrera, la
disciplina de fábrica se transforma en rebelión organizada, y la separación de
los ámbitos sociales se transforma en movimiento revolucionario, una onda
incontenible que sumerge y arrastra el estado de cosas presentes?
Se buscaba una
respuesta a estas preguntas con la formulación del proceso de «recomposición de
clase» a partir de determinadas condiciones tecnológicas del proceso de
trabajo. De ahí entonces que la noción de composición de clase, como
subjetividad consciente y organizada de los comportamientos colectivos de una
comunidad implicada en el proceso laboral masificado, conlleva una
consideración profunda del sistema tecnológico, de la relación entre
tecnologías y actividad social productiva, actividad consciente, atención,
percepción, memoria, imaginación.
Por ejemplo,
¿cómo se da que ciertas condiciones tecnológicas y organizativas del proceso
productivo correspondan con una cierta conciencia, una cierta organización
política, una cierta ideología y una cierta imaginación social? ¿Por qué la
estructura tecno-productiva de las primeras décadas del siglo daba forma a
modelos de tipo consejista? Es necesario comprender el proceso de recomposición
de clase dentro de las condiciones de la fábrica mecánica pre-taylorista, es
necesario comprender las características del trabajo individualizado y
cualificado del obrero profesional. Es necesario comprender las condiciones de
socialidad posibles en la fábrica de 1920, una fábrica en la que los obreros
tenían una esfera de socialidad y de autonomía productiva, en la que la
relación hombre máquina estaba individualizada y relativamente personalizada,
en la cual la habilidad estaba diferenciada.
Y entonces
comprenderemos también porque los obreros de aquel período reivindicaban con
orgullo su función productiva, reivindicaban el derecho a gestionar, controlar
y organizar el trabajo, su destino social, su utilidad. Pero en los años
sesenta nada de esto existía ya en las grandes fábricas. El taylorismo y la
introducción de las técnicas automatizadas, la cadena de montaje, la
estandarización de los ritmos y de las cadencias de trabajo, todo esto, había
convertido la fábrica en un lugar absolutamente asocial, en el que las
comunicaciones entre un trabajador y otro eran casi imposibles debido a la
distancia, al rumor, a la separación física. Y el lugar de trabajo era
despersonalizado y estructurado de manera despótica, repetitiva, concebido para
imponer tiempos, movimientos, gestos, reacciones a un operador cada vez menos
humano, cada vez más mecánico.
La recomposición
de clase de los obreros de las líneas de montaje parte justamente de esta
deshumanización. La revuelta del obrero masa es la revuelta del hombre
mecanizado que toma al pie de la letra su mecanización y dice: si debo ser
completamente inhumano, si no debo tener alma, pensamiento, una individualidad,
lo seré hasta el fondo, decididamente, ilimitadamente, impúdicamente. Ya no
participaré con la mente al proceso de trabajo. Seré extraño, frío, distante.
Seré brutal, violento, inhumano como el patrón ha querido que lo sea. Pero lo
seré hasta el punto de ya no conceder siquiera un miligramo de mi inteligencia,
de mi disponibilidad, de mi intuición al trabajo, a la producción.
Lo que los
filósofos habían descrito como la alienación sufrida por el obrero se
transforma, aquí entonces, en una extrañamiento deseado, organizado,
intencional, creativo. Extrañamiento quiere decir: ni siquiera un gramo de
humanidad hacia la producción. Toda la humanidad hacia la lucha. Ninguna
comunicación y socialidad para la producción. Toda la comunicación y la
socialidad para el movimiento. Ninguna disponibilidad para la disciplina. Toda
la disponibilidad para la liberación colectiva. Recomposición de clase, por lo
tanto, quería decir, simple y consecuentemente: sabotaje, bloqueo, destrucción
de las mercancías y de las instalaciones, violencia contra los controladores de
las cadencias esclavistas
La inteligencia
obrera rechazó ser inteligencia productiva y se expresó completamente en el
sabotaje, en la construcción de ámbitos de libertad anti-productiva. La vida
comenzó a florecer precisamente allí donde más había sido radicalmente
cancelada y extinguida, entre las líneas, en las secciones, en los baños, donde
los jóvenes proletarios comienzan a liarse porros, a hacer el amor, a esperar a
los carroñeros, a los jefes de sección con el fin de tirarles a la cabeza
algunas tuercas. La fábrica estaba concebida como un lugar inhumano y comenzó a
convertirse en un lugar de estudio, de discusión, de libertad y de amor. Éste
era el rechazo al trabajo. Ésta era la recomposición de clase.
Pero al lado de
la cuestión de la recomposición y del rechazo al trabajo se plantea, ya lo
hemos dicho, la problemática de la re-estructuración productiva y del salto
tecnológico. ¿Qué significa reestructuración? Significa reorganización de un
sistema, readquisición de la funcionalidad y de la performatividad final de un
sistema, en respuesta a algunos factores distorsionadores (internos o externos
al sistema mismo) que perturbaron, trastocaron o convulsionaron completamente
el funcionamiento y la estructura.
A finales de los
años sesenta la lucha obrera había trastocado completamente el sistema
disciplinario de la fábrica social y el sistema económico de beneficio; dentro
de este terremoto, precisamente en aquellos años, la gran patronal, los
economistas, el cerebro organizativo del capital buscaba reactivar algunas
funciones fundamentales de la reproducción capitalista. Sobre todo se debía
reactivar la productividad —puesta en crisis drásticamente por la
insubordinación, el absentismo— y la disciplina, a su vez puesta drásticamente
en crisis por el igualitarismo y el clima anti-autoritario. Pero para hacer
esto, el cerebro capitalista sabía bien que no podía contar con la fuerza
bruta. Si se recurría a la fuerza bruta, en aquellos años, se obtenía una respuesta
terriblemente dura y adaptada. Lo había demostrado Corso Traiano, lo había
demostrado vía Larga, lo demostraban centenares de piquetes y fuertes
manifestaciones en todas las ciudades italianas.
Era necesario,
por lo tanto, dar vida a una reestructuración de amplias proporciones, capaz de
reducir sustancialmente el peso cualitativo de la fuerza de trabajo en la
producción (es decir modificar la composición orgánica del capital, aumentando
el peso de la maquinaria, de las tecnologías labor-saving) y por consiguiente
capaz de reducir el peso cualitativo de la clase obrera consciente. La
inteligencia planificadora del capitalismo internacional (y particularmente la
italiana) se aplicó seriamente a este proyecto durante toda la primera parte de
la década —y a mediados de los años setenta, en efecto, los primeros resultados
de esta ofensiva y de esta reestructuración comienzan a hacerse ver, para
manifestarse posteriormente de manera rupturista en la segunda mitad de los
años setenta y a lo largo de todos los años ochenta, pero este es otro
capítulo.
Mientras tanto,
en 1969, se empezaba a percibir la perspectiva desde la que el proceso debía
desarrollarse, se comenzaba a hablar de salto tecnológico, se comenzaba a
delinear la posibilidad de una transformación postindustrial de la sociedad
entera, de la producción. El capital debía aprovechar el rechazo al trabajo,
debía transformar el rechazo obrero en ahorro organizado mediante la
automatización. El pensamiento revolucionario comenzó a reflejar estas cuestiones
y formuló la categoría de salto tecnológico, preparando las modalidades
culturales necesarias para hacerle frente.
El salto
tecnológico constituye una de las fecundas obsesiones que perseguía la
corriente «obrerista» revolucionaria en el bienio 1968-69. «El propio capital
es quien nos ofrece los plazos. En la medida en que la preparación del salto
tecnológico reproduce en su totalidad la realidad de la clase, no puede dejar
de representar para nosotros las condiciones de un enfrentamiento general. El progreso
tecnológico, como violencia de los patrones y de su Estado, no es y no puede
ser un elemento negociable. Sobre esta base queremos una ruptura anticipada,
con el fin de batir al patrón y construir la unidad que consolide y relance
nuestra organización política».39 Organización política contra salto
tecnológico. ¿Pero qué significaba salto tecnológico, en la imaginación y en la
previsión de los revolucionarios y en las vanguardias obreras? ¿Y por qué era
necesario oponerse al mismo como el peor enemigo?
En realidad aquí
encuentra su origen y su raíz una bifurcación que se definirá en la teoría y en
la práctica de los movimientos obreros en el transcurso de los años ochenta, de
una forma predominantemente inconsciente. Aquí toca fondo la ambivalencia irresuelta
de los movimientos en relación con la innovación capitalista, la continua
revolución tecnológica y simbólica que el capital introduce en la sociedad,
manipulando continuamente los contornos y las identidades, descomponiendo las
formas organizadas y trastocando las identidades sociales y políticas.
El rechazo al
trabajo estaba concebido como un resorte fundamental del desarrollo
capitalista. Sin luchas obreras, sin sustracción obrera a la explotación, sin
sabotaje, sin absentismo, no habría ningún desarrollo. El desarrollo es
esencialmente el hurto de la innovación obrera, hurto capitalista de la
invención del obrero que por fumarse tranquilo un cigarrillo encuentra la
manera de hacer su parte lo más rápido posible. La innovación tecnológica es
esencialmente la forma necesaria de ahorrar trabajo, es la respuesta patronal
al rechazo al trabajo. Pero entonces ¿debe ser considerada la reestructuración,
la innovación, el salto tecnológico, como un enemigo? ¿No está quizás en la
reestructuración la premisa de la libertad, la condición para reducir la
dependencia de la vida al trabajo? La cuestión es vista en toda su complejidad.
Efectivamente, la intención del patrón, cuando transforma un taller o
automatiza un segmento de trabajo, es la de maximizar el beneficio en su
totalidad, eliminar bolsas de insubordinación, realizar un control mecánico más
estrecho sobre el trabajo humano. El uso capitalista de la tecnología se puede
resumir así: plegar la estructura de la máquina, del instrumento de trabajo y
también la estructura cognoscitiva, científica necesaria para producir la
máquina; plegarla a una finalidad de control, de sumisión cada vez más
perfecta, cada vez más total, cada vez más sofocante. El uso capitalista de la
tecnología —y la reestructuración como revolución capitalista de la maquinaria,
del sistema tecnológico— permea las propias estructuras, la forma y la función
de los objetos, e indirectamente permea las mentes, las relaciones sociales, el
mundo productivo.
El pensamiento y
la práctica obrerista revolucionaria se encuentran rápidamente frente a una
contradicción. Y en cierta medida permanecerán presa de la misma. La intensa
revolución tecnológica que se despliega en el curso de los años setenta y que
alcanza su madurez a finales de esta década manifestándose en auténticas
oleadas de despidos en masa, es la causa de la crisis de la autonomía obrera;
pero en realidad es también la causa de la tendencial disolución de la clase
obrera de fábrica y de la industria como sistema de producción predominante. La
reestructuración y la innovación tecnológica son la respuesta al rechazo al
trabajo, pero son también su realización. Mediante la reestructuración, en
efecto, se realiza el objetivo obrero de reducir el trabajo necesario, pero las
condiciones sociales y políticas dentro las cuales se determina este
desplazamiento están dominadas por el interés capitalista, destinadas al
dominio y al beneficio, no a la utilidad social.
Y es aquí,
entonces, donde el efecto de la reestructuración es una mayor explotación, una
mayor dependencia, una división políticamente ruinosa entre ocupados y
desocupados. Pero esto se comprueba en el curso de los años setenta, porque el
movimiento revolucionario no logra llevar hasta el fondo su programa de
dirección obrera sobre todo el proceso de transformación productiva, porque
sobre este punto, la mediación sindical y el extremismo se enfrentan sin que se
logre encontrar un punto de salida: la reducción generalizada del horario de
trabajo, la redistribución social del tiempo de trabajo socialmente necesario.
En definitiva, el poder obrero sobre las condiciones de transición
postindustrial, sobre las condiciones de la reindustrialización y de la
transformación del mundo de la producción en su conjunto.
Pero aquí no es
el lugar para desarrollar este tipo de argumento. Aquí nos ocupamos de
reconstruir las líneas generales de un proceso que se inicia con el estallido
de las luchas espontáneas del ‘68, con la confluencia entre movimiento
estudiantil y organismos obreros de base y que alcanza su generalización en el
otoño de 1969. En este proceso se preparan los elementos que reencontraremos,
con un grado bien distinto de densidad y de mezcla, durante el estallido de la
autonomía obrera, en el transcurso de los años setenta.