Delirio Místico: "A mon seul désir" (Según mi solo deseo)
"La discusión sobre el comunismo no es académica. No es un debate sobre lo que se hará mañana.
Desemboca en, y forma parte de un conjunto de tareas inmediatas y lejanas de las que no es más que un aspecto, un esfuerzo de comprensión teórica" (Gilles Dauvé)
domingo, octubre 21, 2018
No existe/Conversa en Valpo./Comercio Atlético
"La música (separación imaginaria entre el oído y los demás sentidos) no existe".
Vamos bien mañana mejor
(otro fragmento del libro Disturbio Menor, agotado en su primera versión, en camino una segunda).
“It's getting better all the time”.
—Los Beatles
“Nosotros somos partidarios del olvido. Olvidamos nuestro pasado y
olvidaremos nuestro presente. No nos reconocemos contemporáneos de quienes se
contentan con poco“.
—La nostalgia por debajo de todo,
Internacionale Situationniste Nº2 (2-XII-58)
Por alguna razón, más o menos conocida, los seres humanos nos
acostumbramos excepcionalmente rápido a situaciones y eventos excepcionales. No
hace falta filosofar al respecto, es un comentario que puede salir con mucha
naturalidad en la hora punta del metro entre un par de pasajeros, de un esposo
a su esposa cuando revisa la última cuenta del agua, una víctima de abusos, o
cualquier trabajador o trabajadora a su colega: “el hombre es animal de
costumbre”. Incluso los expertos de la ciencia se empeñan en demostrarlo.
Resulta bastante práctico poner este cliché del sentido común en
contraste con el hecho de que todo cambia, y mucho más rápido de lo que muchas
veces alcanzamos a notar. La ciudad de Santiago, por ejemplo, no es la misma
hoy que la que era 20 años atrás. Pero lo que es obvio en ciertos niveles, no
lo es tanto en otros. El nivel de la vida cotidiana es uno en el que se
confunden con bastante facilidad aquello que cambia y aquello que no. Se dice,
de hecho, que es el nivel en que la realidad se enmascara de ideología. Por
decirlo de otra forma, no hay ninguna duda de que no vivimos igual que hacia
fines de los noventa, ¿pero qué es exactamente lo que ha cambiado? Internet
concentra la vida social y en los recitales los amplificadores son más grandes
y más caros; hay más bandas y escenas de todos los tipos y el metro sigue
subiendo exponencialmente de precio; la gente mira al suelo más que nunca y
Piñera es presidente de Chile (por segunda vez). Es recién un comienzo, la
lista no se agotaría nada de rápido. 20 años no pasan en vano.
Pero si aún no está clara la dirección en qué la que intentamos
apuntar puede ser útil considerar, por ejemplo, la diferencia que existe entre
el año 1967 y 1987. Y dicen que todo
siempre va más rápido, ¡imagínense! En los sesenta el mundo civilizado vivía
paranoico por la idea de una guerra nuclear, en los 80 Sun Ra cantaba “Nuclear
War? Yeah…”, en los noventa los santiaguinos juntaban firmas contra los ensayos
nucleares franceses, y hoy, bueno… ya nos acostumbramos.
¿Qué le decía el hardcore de los 80 al rock de los 60? ¿Qué le
dice la música de hoy a la música de los noventa? Esto último no queda
demasiado claro. El mensaje se disuelve en una sopa de opiniones tecleadas a velocidad-smartphone. Lo que si conocemos es lo que
los rockeros de los noventa le tenían que decir al mundo, y por suerte entre
esos había algunos que no estaban encandilados con el espectáculo de la
democracia: “nos está quedando chica Sudamérica, el próximo año nos vamos pal
norte”. ¿Quién se va? En los noventa no había un muro como el que hoy se está
construyendo entre Estados Unidos y México (unas de las fronteras más
custodiadas del mundo, casi a la altura de Gaza), y no había campos de
detención/concentración para niños que buscan asilo humanitario. Los nazis
separaban niños de sus familias en los 40, los gringos separan niños de sus
familias hoy. Unos son los buenos un día, los malos otro, y entremedio de la
confusión no tenemos idea qué cambia y que no. Muy por el contrario, tenemos
una desesperante sensación de que todo solamente empeora.
Si los proto-punks que empezaban a sonar con fuerza hacia fines de
los sesenta intentaban anunciar un cambio de época del que la humanidad se
tenía que hacer cargo y usar a su favor, tan solo un par de décadas después sus
herederos asumían con amargura y rabia el “no future”. El año de Orwell pesaba
como una maldición: “we've got a bigger problem now / ahora tenemos un problema más grande”. Hay quienes dicen —contra
todo pronóstico— que la tercera guerra mundial no empezó nunca, y hay quienes
dicen que no considerar lo que vemos hoy y desde hace rato a lo largo y ancho
del planeta como una guerra mundial es un absurdo.
Cada grupo de música o anti-música es producto de su época y algo
tiene que decirle también. El mensaje de Disturbio Menor
no era el más optimista y cuestionaba a su época con decepción, frustración,
rabia y mucha energía. ¿Donde quedó esa energía? Había una especie de cultura
que la sustentaba, que le daba forma, una especie de comunidad, escena, lo que
se prefiera. A 20 años de su extinción, su época los cuestiona de vuelta. ¿Nos
traen mejores noticias? Es altamente probable que no, y eso es quizá lo más
importante de este salto de tigre al pasado: si creemos que DM logró tomar la
temperatura de su tiempo con precisión no hay ninguna razón para pensar que hoy
no tienen la misma capacidad para hacerlo. Esperemos que su feedback llegue fuerte y claro a quienes no tuvieron
oportunidad de asistir al espíritu de la época que los vio nacer. Y quizá
incluso, que los contagie de algo nuevo.
El análisis marxista tradicional
tiene el mérito de haber hecho hincapié en que la democracia ofrece
posibilidades que sólo se hacen realidad para aquellos que pueden emplearlas:
en una sociedad de clases, los miembros de la clase dominante estarán siempre
en una posición más ventajosa para hacerlo. (Casi) todo el mundo es libre de
publicar un periódico, pero los anuncios necesarios para financiar un diario o
una revista no van a ir a la prensa anticapitalista. La papeleta electoral de
Henry Ford cuenta como un voto, tal y como la de uno de sus trabajadores, pero
el señor Ford tendrá un mayor dominio sobre los asuntos públicos que cualquiera
de sus obreros e, incluso, más que miles de ellos.
Como algunas de las anteriores,
esta crítica se dirige hacia una característica fundamental de la democracia,
pero su defecto estriba en que trata las formas democráticas como si carecieran
de realidad, mientras que son reales, tienen una realidad propia.
Se dice a menudo que las
libertades permitidas en un régimen democrático son tan sólo cosméticas: esto
es cierto, pero es tan sólo una parte de la verdad. Todo el mundo sabe que la
libertad de expresión favorece al abogado de negocios más que a su criada. En
una sociedad desigual el conocimiento, la cultura, la política y el acceso a la
escena pública son también desiguales. Pero, hoy como ayer, al utilizar y
ampliar lo que les estaba permitido, los trabajadores, la gente común ha sido
capaz de mejorar su situación y, de este modo, le han dado algún contenido a
las libertades, que dejan de ser cáscaras vacías. Cierto, esta mejora ha sido
causada más por medio de la acción directa, a menudo violenta, que por la
democracia propiamente dicha. No obstante, las uniones legales, los juicios,
así como las autoridades locales, los diputados o incluso los gobiernos
favorables a los trabajadores, han ayudado a canalizar estas demandas,
moderándolas e impulsándolas al mismo tiempo. La democracia y el reformismo
llevan unos 150 años de matrimonio, aunque a menudo hayan sido extraños compañeros
de cama.
Explicar que la papeleta de un
obrero vale formalmente lo mismo que la de su jefe, tan sólo prueba que la
autodenominada igualdad política no hace la igualdad social. Pero los
reformistas nunca han dicho lo contrario. Ellos dicen: “Dado que la papeleta
del Sr. Ford vale un millón de veces lo que la de uno de sus trabajadores,
reunamos los votos de millones de trabajadores y seremos más fuertes que la
familia Ford. Haremos verdadero el aparente poder que la burguesía nos ha
concedido”. Contra el poder del capital, el trabajo tiene la fuerza del número:
hablar en público, poseer periódicos independientes de la prensa burguesa,
organizarse en el lugar de trabajo, reunirse y manifestarse en la calle, son
cosas que después de todo se pueden hacer más fácilmente en democracia, tal y
como han experimentado los explotados y oprimidos. En general, la masa de la
población tiene más medios para mejorar sus condiciones de trabajo y de vida
con Adenauer que con Hitler, con De Gaulle que con Pétain, con Allende que con
Pinochet, con Felipe González que con Franco, etc.
Si el parlamento fuera tan sólo
una farsa y la libertad de expresión no fuera más que un engaño, no habría
ciertamente más de un siglo de régimen democrático debe haber servido para
desengañarse...) La democracia no es un espectáculo -no es solamente un
espectáculo.
¿Así que Churchill estaba en lo cierto... ?
Este breve análisis parece
dejarnos tan sólo una opción, resumida por W. Churchill en la Cámara de los
Comunes el 11 de noviembre de 1947: “La democracia es la peor forma de gobierno
-exceptuando el resto de formas, que se han probado a lo largo del tiempo”.
Es significativo que la mejor
definición conocida de la democracia se base en una paradoja, incluso en un
juego de palabras. De hecho, a todo el mundo le hace gracia la cita de
Churchill, y sin embargo todo el mundo la acepta, con una reserva: cada uno
piensa que tiene la solución para realmente sacar lo mejor de este mal menos
malo.
Es también significativo que el
famoso hombre de estado británico añadiera cinismo al pragmatismo en otra cita:
“El mejor argumento contra la democracia es una conversación de cinco minutos
con el votante medio”. Esta segunda frase se cita mucho menos: el desdén que
muestra por los actores -extras sería más apropiado- de la democracia podría
desacreditar la primera definición.
Volvamos a la palabra.
Westminster no es la Acrópolis
Si situamos en su lugar, es
decir, en la historia, esta realidad comúnmente llamada democracia, nos
percatamos de lo pobremente que se ha adaptado esta palabra a lo que se ha
referido durante un par de siglos.
Los tiempos modernos han dado un
uso completamente nuevo al concepto nacido en la Antigua Grecia. En nuestros
días, tanto el hombre de la calle como el académico o el activista político
utilizan la palabra democracia para referirse tanto a la Atenas del siglo V
a.C. como a Italia o Suecia en el siglo XXI. Gente que no se atrevería a hablar
de la “economía” o el “trabajo” prehistóricos de los miembros de una tribu en
Nueva Guinea, no ve ningún anacronismo en aplicar el mismo término para un
sistema donde la ciudadanía supone una capacidad (teórica pero también
parcialmente efectiva) de gobernar y ser gobernado, un sistema en el que, para
el 99 por ciento de los ciudadanos, la ciudadanía se presenta en forma de
derecho a ser representado.
Este vacío se admitía más
fácilmente en los primeros tiempos. James Madison, uno de los padres fundadores
de la Constitución estadounidense, diferenciaba entre la democracia, donde “la
gente se encuentra y ejercita su gobierno en persona”, y la república (un
término de origen romano, no griego), en la cual la gente “se reúne y
administra la sociedad mediante sus representantes”. Con el paso del tiempo y
el auge del Estado burocrático moderno (al que se oponía Madison), la
democracia se ha convertido en un mero sinónimo del poder conferido al pueblo.
El sentido común lamenta los
límites de una democracia griega cerrada a las mujeres, esclavos y extranjeros,
y alaba la apertura de la democracia moderna a sectores más amplios de la
población. El ideal de los demócratas radicales es una demos que recibe a todos
los seres humanos que viven en un territorio dado. Olvidan que aquellos en la
Antigua Atenas suficientemente afortunados para disfrutar de la ciudadanía, no
eran ciudadanos por su condición de seres humanos, sino porque eran
copropietarios de la polis: terratenientes, grandes o pequeños. El sistema
democrático surgió como un modo de administrar lo menos problemáticamente
posible las contradicciones propias de una comunidad de cabezas de familia,
inexorablemente dividida por una distribución de la riqueza cada vez más
desigual.
Se debe tan sólo a que estaba
limitada a un grupo que compartía algo vital (una posición social superior,
aunque minada por las diferencias monetarias) que la democracia griega podía
permitirse ser participativa (lo cual no la salvaba de crisis periódicas). En
Europa o Estados Unidos en la actualidad, nada puede compararse a la demos de
los tiempos de Pericles 13. Cuando se aplica a sociedades en las que rige la
relación capital-trabajo, la palabra “democracia” nos dice menos de la realidad
que de lo que estas sociedades piensan de sí mismas.
¿Una cuestión de palabras?
Si queremos apegarnos a la
palabra comunismo y rechazar la democracia, no es por tradición, sino por
motivos históricos. A pesar de sus imperfecciones, la palabra comunismo expresa
el esfuerzo de los explotados y de la especie humana por liberarse a sí misma.
La palabra y la idea tuvieron significado (esto es discutible y discutido) en
1850 o 1900. La revolución fracasada en Rusia, y más tarde el estalinismo,
cargaron el término de un significado totalmente diferente. Tal y como la
Internacional Situacionista explicó en su momento, las palabras cautivas se
convierten en prisioneras sometidas a trabajos forzados: a ellas también se las
obliga a trabajar en beneficio de quienes las han capturado. El comunismo no es
burocrático por naturaleza.
Por el contrario, la palabra
democracia se ha distorsionado desde su retorno a la boca de los
revolucionarios burgueses desde el siglo XVIII en adelante, y de la mayoría
(pero no todos) los socialistas de los siglos XIX y XX. Esta distorsión no
consiste en un engaño descarado como las descripciones maoístas de la vida en
China, sino en un desplazamiento mental de la realidad: dado que identifica los
parlamentos modernos con las ágoras de la Antigüedad y el ciudadano del siglo
XXI con el ciudadano ateniense del siglo V a.C., y dado que asume que el
ciudadano moderno tiene mucho más poder, comprime la historia y nos confunde.
(Gilles Dauvé, Crítica de la
autonomía política, 2008. Traducción de Carlos Lagos. Publicada en “Materiales
para la crítica de la democracia”, Klinamen, 2009).).
“En resumen:
el final del “Rock’n’Roll” – como actitud, como forma de conocimiento, y como
una manera de hacer ruido, amablemente considerado música. El Rock and Roll es
para lameculos. El Rock and Roll y ahora el Pop están infectados por una
enfermedad terrible y terminal: la inevitabilidad de su obsolescencia en tanto
forma”.
DOS MINI REVIÚS EN UNO: Black Sabbath y Eno (x LC)
A punto de hacer dormir al
infante terrible, prendo el equipo de música y desde los parlantes SONY que en
edad andan por ahí con quien suscribe -esto es, más cerca del medio siglo que otra
cosa- y que aún funcionan excelentemente (cosa que no sé si se puede decir de
quien suscribe) brotan a buen volumen las sirenas iniciales de “War Pigs” y los gloriosos power chords de Toni Iommi acompañado por sus muchachos (Ozzy,
Geezer y Bill). Es decir, estaba puesto desde la mañana el hermoso álbum “Paranoid”,
de Black Sabbath, su segundo LP, de 1970.
El cabro chico, que ya estaba en
hora de cerrar los ojitos y ponerse a soñar, grita: “¡ESTO ES HEAVY METAL PUNK ROCK!!!!!”.
“Muy adecuada descripción”, le digo, “pero
lo voy a sacar porque no es música para dormir”. Me refuta diciendo: “esta
música sí sirve para dormir…la que no sirve es esa de las ranitas que siempre
me ponían cuando era más chico”.
(Claramente se estaba refiriendo
al Ambiente 4, On Land, de Brian Eno, que en uno de los tracks finales, Unfamiliar Wind (Leeks Hills), usa los
sonidos de ranas grabadas creo que en Costa Rica por el fotógrafo chileno Felipe
Orrego (Corrección: ¡en Honduras!). Recuerdo que en los tiempos en que el niño era bastante más pequeño con
su madre lo hacíamos dormir en base a los 3 ambientes de Eno que hay en casa
(1, 2 y 4), además de su Discreet Music y el Thursday Afternoon. Lo dejamos de hacer una vez que me
dijo: “esa música no me da sueño, me da susto”, lo cual me dio mucho que pensar
en términos de que sin quererlo tal vez lo habíamos estado asustando
innecesariamente todas las noches…en fin…que no se entere el SENAME ni los
Jueces de Familia. Pero antes de eso una vez se quedó dormido en la alfombra,
como le gustaba hacerlo siempre en verano, y diciendo: “¡las ranitas me están cantando a mí!”, con una gran sonrisa celestial para pasar segundos después al mundo de
los sueños).
Ante eso le pregunto, “¿por qué
dices que ese disco de las ranitas no es sirve para quedarse dormido?”, y me
responde: “esa es música para despertarse”.
Toda la razón. Entonces no cambié
el disco, y hacia “Planet Caravan” (el tercer tema) el infante terrible ya estaba roncando. Mientras tanto, pensaba en una vez que dejé de ver a Cristóbal C. por unos cuantos meses, y a su regreso cuando visitó mi casa nos dijo que había estado pegado con Black Sabbath, y particularmente con esta canción. Así que ahora cuando la escucho me imagino que es él quien va viajando entremedio de los planetas, por todo el cosmos, en una caravana eterna donde tarde o temprano nos volveremos a encontrar. En medio de ese viaje me quedé yo también profundamente dormido.
Estoy sentado en la casa tratando
de repasar comparativamente dos traducciones distintas de El Capital, la de
Roces (FCE) y la de Fazio (LOM), centrado
en el capítulo XXIV (“La llamada acumulación originaria”), cuando aparece mi
hijo y me reprocha estar estudiando algo así, diciéndome “¡estudia algo más natural,
papá!”.
Le pregunto qué cosa sería “más
natural”. Va a su pieza y regresa con un Atlas del Instituto Geográfico Militar,
y me dice: “estudia este Atlas mejor”. Le digo: “Pero ese Atlas no es
totalmente natural. También tiene un montón de ideología escondida…Por ejemplo,
las fronteras entre los países: ¡En realidad no existen! Es un invento de los
Estados para que les demos más poder…”. Y me responde, cerrando con eso la
conversación: “Bueno, pero y si sabes que no existen, ¿entonces de qué te
preocupai?!”.
Fotogramas: ¿Votó en
las últimas elecciones de su país?
RWF: No, estoy contra
las instituciones, del tipo que sean.
Fotogramas: ¿Pero qué
va a hacer? No existen alternativas...
RWF: Es cierto, pero
incluso cuando no hay alternativas esto no quiere decir que tengas que defender
las estructuras existentes, porque uno no pueda cambiarlas, porque uno no pueda
de la noche a la mañana implantar una sociedad anárquica, que es mi ideal político,
sobre todo ahora que el Oeste está confundiendo anarquía con terrorismo. Son
cosas que no tienen nada en común. Una sociedad anarquista es una sociedad
libre de opresiones.
Fotogramas: ¿Una
sociedad sin reglas?
RWF: Sí, bueno, no
del todo... hay reglas pero son, cómo podría decirlo... son reglas naturales.
Una sociedad sin violencia, sin jerarquías.
Fotogramas: ¿Tendría
unas fuerzas del orden?
RWF: ¿Para qué? ¿Por
qué?
Fotogramas: Suponga
que asesinan a alguien...
RWF: No van a
asesinar a nadie. ¿Por qué iba alguien, en una sociedad así, a desarrollar la
agresión y querer matar a alguien? Todos podrían tenerlo todo. La humanidad
aprendería a no desear obtener todos los bienes materiales de la sociedad de
consumo y considerarlos esenciales. La humanidad aprendería a desear a Bach.
--
OTRA DE RAOUL HAUSMANN:
“Cuando las academias lo
petrifican, el lenguaje huye hacia los niños y los poetas ‘locos’”.
--
2 EXCELENTES GRAFITIS DE MAYO DEL
68 (que se pueden ver fotografiados en la edición Castellote de “Enragés y
situacionistas en el movimiento de las ocupaciones”. Encargue su copia a amorfatibiblioteca@gmail.com y
olvídese de las consignas más taquilleras y vacías como “La imaginación al
poder”):
“Una organización, sí! Una
autoridad o un partido, no!” Bonnot and Clyde.
“ABAJO LA CARROÑA
ESTALINISTA! y los grupúsculos
recuperadores”.
Nunca fui a Italia. Una vez conocí a un joven anarquista
suizo de la “suiza italiana” (allá en ese lejano y carero país se hablan como 4 idiomas creo:
alemán, francés, italiano y romaní). Sólo con él pude conversar sin mayor
problema, una vez que estuve por esos lados hace ya hartos años, y lo hacíamos en una especie de “italiñol” -o “casteliano” si prefieren-. Debord sí
que anduvo hueveando harto tiempo por esos lados. Me imagino cómo habrá
disfrutado de todo. Las mejores fotos del personaje aquél creo que son esas
donde sale con su segunda esposa, Alice, y Gianfranco S., tomando vino tinto en unas
callejuelas de esas que cada vez hay menos.
En el Panegírico (consiga su copia en Tercer Asalto), Debord mismo cuenta una interesante anécdota que nos revela una de sus técnicas de
seducción, mediante abordaje callejero. Tomen nota:
“En Italia, ciertamente no fui bien visto por todo el mundo;
pero tuve la fortuna de conocer a las “sfacciate
donne fiorentine” en la época en la que vivía en Florencia, en el barrio
del otro lado del Arno. Estaba aquella pequeña florentina que era tan bonita.
Por la tarde, ella cruzaba el río para venir a San Frediano. Me enamoré de
manera muy imprevista, quizá por su hermosa sonrisa amarga. En resumen, esto
fue lo que le dije: “No guarde silencio; pues yo estoy ante usted como un
extranjero y un viajero. Deme algo reconfortante antes de que me vaya y ya no
esté”.
Muy bien Guy-Ernest. Así se hace. No trabajes nunca. Jamás volveremos
a jotear tan jóvenes.
Me acordé de la canción italiana “La Violencia”, de Alfredo
Vandelli (1968):
Bakunin para niños. Parte 1: Don Mijail les enseña la Biblia para demostrar como la rebeldía es parte esencial de lo que nos hace humanidad./Residents: Fingerprince (1976)
Como buenos niños ateos, dos
seres que conozco me reprochaban el otro día mantener una Biblia dentro de la
colección de libros del hogar. Me costó bastante explicarles que tenía un enorme
interés incluso para nosotros los que no tenemos dioses revisar esos mitos. No
me creían. Me decían: “ahhhh, jajaja: en el fondo crees en Dios y no lo quieres
reconocer”. Así que terminamos escuchando Godsong, la canción de los Residents en su álbum
Fingerprince (1976) sobre creer o no creer (que termina con el cantito: "creer en dios, no creer en dios, creer en dios, no creer en dios...yo creo que él preferiría mucho más creer en dios, pero no estoy tan seguro...").
Días después, el más pequeño, mi
compañero de casa, se interesó en que le leyera el Génesis antes de dormir. Escuchaba
con mucha atención. De repente, ya roncaba.
Y me quedé pensando ahora en que
es bueno leer la Biblia de la mano de grandes maestros libertarios. Por
ejemplo, ya hemos hablado de la lectura comunista anárquica y antipatriarcal
que le daba el querido (anti)doctor Otto Gross en “El origen comunista en lasimbólica del paraíso”. Otro ejemplo interesante es la lectura que hace del
mito de la expulsión del paraíso el camarada Mijail Bakunin en su manuscrito
inconcuso publicado bajo el bello nombre de “Dios y el Estado”, dentro del
capítulo sobre el Principio de Autoridad:
"La Biblia, que es un libro muy
interesante y a veces muy profundo cuando se lo considera como una de las más
antiguas manifestaciones de la sabiduría y de la fantasía humanas que han
llegado hasta nosotros, expresa esta verdad de una manera muy ingenua en su
mito del pecado original. Jehová, que de todos los buenos dioses que han sido
adorados por los hombres es ciertamente el más envidioso, el más vanidoso, el
más feroz, el más injusto, el más sanguinario, el más déspota y el más enemigo
de la dignidad y de la libertad humanas, que creó a Adán y a Eva por no sé qué
capricho (sin duda para engañar su hastío que debía de ser terrible en su
eternamente egoísta soledad, para procurarse nuevos esclavos), había puesto
generosamente a su disposición toda la Tierra, con todos sus frutos y todos los
animales, y no había puesto a ese goce completo más que un límite. Les había
prohibido expresamente que tocaran los frutos del árbol de la ciencia. Quería
que el hombre, privado de toda conciencia de sí mismo, permaneciese un eterno
animal, siempre de cuatro patas ante el Dios eterno, su creador su amo. Pero he
aquí que llega Satanás, el eterno rebelde, el primer librepensador y el
emancipador de los mundos. Avergüenza al hombre de su ignorancia de su
obediencia animales; lo emancipa e imprime sobre su frente el sello de la
libertad y de la humanidad, impulsándolo a desobedecer y a comer del fruto de
la ciencia.
Se sabe lo demás. El buen Dios,
cuya ciencia innata constituye una de las facultades divinas, habría debido
advertir lo que sucedería; sin embargo, se enfureció terrible y ridículamente:
maldijo a Satanás, al hombre y al mundo creados por él, hiriéndose, por decirlo
así, en su propia creación, como hacen los niños cuando se encolerizan; y no
contento con alcanzar a nuestros antepasados en el presente, los maldijo en
todas las generaciones del porvenir, inocentes del crimen cometido por
aquellos. Nuestros teólogos católicos y protestantes hallan que eso es muy
profundo y muy justo, precisamente porque es monstruosamente inicuo y absurdo.
Luego, recordando que no era sólo un Dios de venganza y de cólera, sino un Dios
de amor, después de haber atormentado la existencia de algunos millares de
pobres seres humanos y de haberlos condenado a un infierno eterno, tuvo piedad
del resto y para salvarlo, para reconciliar su amor eterno y divino con su
cólera eterna y divina siempre ávida de víctimas y de sangre, envió al mundo,
como una víctima expiatoria, a su hijo único a fin de que fuese muerto por los
hombres. Eso se llama el misterio de la redención, base de todas las religiones
cristianas. ¡Y si el divino salvador hubiese salvado siquiera al mundo humano!
Pero no; en el paraíso prometido por Cristo, se sabe, puesto que es anunciado
solemnemente, que o habrá más que muy pocos elegidos. El resto, la inmensa
mayoría de las generaciones presentes y del porvenir, arderá eternamente en el
infierno. En tanto, para consolarnos, Dios, siempre justo, siempre bueno,
entrega la tierra al gobierno de los Napoleón III, de los Guillermo I, de los
Femando de Austria y de los Alejandro de todas las Rusias.
Tales son los cuentos absurdos
que se divulgan y tales son las doctrinas monstruosas que se enseñan en pleno
siglo XIX, en todas las escuelas populares de Europa, por orden expresa de los
gobiernos. ¡A eso se llama civilizar a los pueblos! ¿No es evidente que todos
esos gobiernos son los envenenadores sistemáticos, los embrutecedores
interesados de las masas populares?
Me he dejado arrastrar lejos de
mi asunto, por la cólera que se apodera de mí siempre que pienso en los
innobles y criminales medios que se emplean para conservar las naciones en una
esclavitud eterna, a fin de poder esquilmarlas mejor, sin duda alguna. ¿Qué
significan los crímenes de todos los Tropmann del mundo en presencia de ese
crimen de lesa humanidad que se comete diariamente, en pleno día, en toda la
superficie del mundo civilizado, por aquellos mismos que se atreven a llamarse
tutores y padres de pueblos? Vuelvo al mito del pecado original.
Dios dio la razón a Satanás y
reconoció que el diablo o había engañado a Adán y a Eva prometiéndoles la
ciencia y la libertad, como recompensa del acto de desobediencia que les había
inducido a cometer; porque tan pronto como hubieron comido del fruto prohibido,
Dios se dijo a sí mismo (véase la Biblia): “He aquí que el hombre se ha
convertido en uno de nosotros, sabe del bien y del mal; impidámosle, pues,
comer del fruto de la vida eterna, a fin de que no se haga inmortal como
nosotros.”
Dejemos ahora a un lado la parte
fabulesca de este mito y consideremos su sentido verdadero. El sentido es muy
claro. El hombre se ha emancipado, se ha separado de la animalidad y se ha
constituido como hombre; ha comenzado su historia y su desenvolvimiento
propiamente humano por un acto de desobediencia y de ciencia, es decir, por la
rebeldía y por el pensamiento.
Tres elementos o, si queréis,
tres principios fundamentales, constituyen las condiciones esenciales de todo
desenvolvimiento humano, tanto colectivo como individual, en la historia: 1ºla
animalidad humana; 2º el pensamiento, y 3º la rebeldía. A
la primera corresponde propiamente la economía social y privada; la
segunda, la ciencia, y a la tercera, la libertad".
The Residents, Fingerprince.El cuarto álbum de los misteriosos y anónimos Residentes se iba a llamar "Torniquete de rosas" y era tan largo que ocupaba 3 lados de LP. Reducido a una duración normal de dos lados, fue rebautizado y editado como "Fingerprince", en 1976, o sea, cuando yo tenía 5 añitos y estaba recién estudiando el Silabario Hispanoamericano en la Escuela Santa Julia de la población la Pampa en la ciudad de La Serena. Norte chico. Los sobrantes que no entraron al LP: la delirante miniopera "Walter Westinghouse" y la larga y divertida pieza -bastante a-lo-Harry Partch- de "Six things to a cycle" fueron usadas en compilados de distinta naturaleza. Hoy en dia gracias al formato CD la obra tal cual fue concebida puede experimentarse de corrido.
Los dejo con el argumento central de "6 cosas":
"El hombre, representado como un humanoide primitivo, es consumido por el ambiente que él mismo creó sólo para ser reemplazado por una nueva criatura, todavía primitiva, todavía defectuosa, pero destinada a gobernar el mundo así de pobremente".
Teresa filósofa (anónimo del siglo XVIII). Fragmento.
Mi copia de “Teresa filósofa”, que me costó dos lucas en el Persa Bío-Bío, señala ser de un autor Anónimo
del siglo XVIII, aunque en la contratapa dicen que probablemente lo escribió
Diderot. En internet se dice que durante el siglo XX se comprobó que en
realidad lo había escrito un tal Marqués d’Argens.
Por cierto que la mezcla de descripción de aventuras eróticas
con reflexión sobre la moral y su transgresión a través de las mismas en cierta
forma anticipa al Marqués de Sade. De todas formas, lo propiamente “sexual” en
estos relatos está descrito de forma más sutil que la marranadas de Sade y/o
Apollinaire a que uno está acostumbrado, pero tal vez por lo mismo resultan más
novedosas, interesante, y excitantes.
Vamos con un ejemplo donde, para variar, el varón que
protagoniza las aventuras es un sacerdote libertino. La heroína, Teresa,
está espiando la escena:
-¡Haz de mí hoy lo que quieras,
abate mío! Decía madama, yendo a tenderse en el diván no bien entró-. La lectura
del endemoniado Portero de los Cartujos que me trajiste ayer, me ha sacado de
quicio. Las láminas son admirables, llenas de arte, de gracia y de lujuria, y
el texto tiene, en medio de las enormidades del relato, un prodigioso sello de
realidad; con un lenguaje menos desvergonzado, sería un libro perfecto entre
los de su género. ¡Anda; haz tu gusto; sí; penétrame; atraviésame; logra cuanto
me estás pidiendo siempre! Hoy ardo en ganas de hacerlo todo, de probarlo todo,
de correr todos los peligros por un instante de frenético placer.
-De ningún modo, cielo mío –le contestó
el abate-. Por dos razones: la primera es que te amo, y soy lo suficientemente
honrado para no comprometer tu reputación. La segunda es que el revoltoso y
arrogante enanillo de otras veces no se halla hoy, como ves, en el brillante
estado de empuje y de firmeza que requiere esa entrada triunfal. Con tus
caricias del jardín le has dejado mustio y rendido al pobrecillo. Mira, no soy
gascón y…
-Basta –dijo madama, haciendo un
resignado y gracioso mohín-. Con esa razón sobra. Es tan convincente, que te
podrías haber ahorrado la otra. Pues, ea –agregó, extendiéndose más
lascivamente aun en el diván-; ven, por lo menos, a mi lado y celebremos, como tú dices, la
misa rezada, ya que no puede haber misa mayor.
-¿Ah, eso con mil amores, reina
mía! –le respondió el buen eclesiástico, que, en pie junto a ella, desabrochaba
lentamente el corpiño de la dama. Luego le levantó la falda y la camisa hasta
el vientre blanquísimo, le separó los muslos, y le alzó por sus manos las rodillas
de forma que los pies se unían muy cerca de las nalgas.
En esta lúbrica actitud, que el
cuerpo del abate me iba ocultando parcialmente al palpar y al besar aquí y allí
todas las regiones de cuerpo de la hermosa, madama estaba inmóvil, abstraída,
como arrobada en la esperanza de los goces cuyas primicias empezaba a sentir.
Tenía los ojos entornados, la punta de la lengua le asomaba entre los rojos
labios, y todo su semblante denotaba la voluptuosa ansiedad.
-¡Basta, basta de besos! –suspiró-.
¿No ves que te estoy esperando? ¡No puedo más!
El hábil practicante no se hizo
repetir la orden. Deslizose a los pies del diván, entre éste y la pared; pasó
la mano izquierda bajo la nuca de la bella yaciente y, aproximando rostro a
rostro, la besaba y la mordía en la boca y le clavaba entre los labios el puñal
de su lengua con suave y diestra lentitud. La otra mano, entretanto, ejercía la
fundamental tarea, acariciando delicadamente, con a delectación y la finura de
quien moldea una frágil obra de arte, las partes distintivas del sexo femenino,
que madama de C…tenía abundantemente provistas de una rizada y negrísima
espesura. El dedo del abate desempeñaba en papel principal en la función.
Jamás cuadro ninguno fue colocado
a una luz más favorable, dada la posición en que yo me encontraba. Estaba
puesto el mueble de tal modo, que mi central punto de vista era el toisón de la
exaltada gozadora. Debajo de él se mostraban las nalgas agitadas por un ligero
movimiento convulsivo, denunciador de la fermentación anterior, y los muslos
bellísimos, los más redondos, los más blancos, los más firmes que quepa
concebir, hacían, de igual manera que las rodillas, oro rítmico y leve movimiento
de rotación, de derecha a izquierda, que, sin duda, ayudaba al goce de la parte
principal, señora de la fiesta, parte cuyos latidos medía y aceleraba con su
perversa pulsación el dedo del abate, perdido entre las sombras y los rizos del
negro matorral.
En vano intentaría, querido
conde, deciros lo que en mi escondite pensaba. De sentir demasiado, concluí por
no sentir. Maquinalmente me convertí en espejo del cuadro que veía, y mi
nerviosa mano desempeñaba en mi cuerpo el mismo oficio que la del abate en el
cuerpo de mi amiga, y entera yo imitaba, sin quererlo, los movimientos de la
feliz mujer.
-¡Ah, me muero! –exclamó de pronto
madama-. ¡Húndelo todo que entre todo, amor mío!...¡Sí!...¡Más adentro, por
Dios!...¡Aprieta! ¡Aprieta!...¡Oh, qué placer!...¡Ya!...¡Ya!
Copista concienzuda del cuadro
venturoso, y sin pensar en absoluto en la prohibición del confesor, me hundí a
mi vez l dedo; ni la punzada de dolor que sentí me pudo contener y llegué
pronto al colmo de la voluptuosidad.
Primero, no creo que Anselm Jappé
sea en sí mismo un “recuperador” de las ideas y prácticas de la Internacional
Situacionista. Mis diferencias políticas con el personaje, que de haberlas las
hay, no impiden reconocer su aporte en la difusión de varias cuestiones
interesantes, como el libro sobre G. Debord, su famoso estudio sobre “El fin
del arte en Debord y Adorno”, y en realidad, es poco más lo que conozco de su
obra. Mi gran objeción fundamental a la “Nueva Crítica del valor”, es que me
parece que si ya estaba por lo menos en Marx y Lukács, y Debord, no es tan “nueva”
en realidad, salvo que a uno le guste sentirse “pionero” y ayudar a la elaboración
y difusión de “modas teóricas”.
Segundo: lo que sí me pareció chocante,
máxime al pillarme desprevenido, fue ver por primera vez en mi vida el nombre “INTERNACIONAL
SITUACIONISTA” al lado del logo del Gobierno de Chile, y que la conferencia “Otra
ciudad para otra vida” sea en un hermoso inmueble del barrio alto al que creo
que ningún Situacionista ni pro-situ que se precie hubiera asomado ni la nariz a
menos que fuera para robarse libros o practicar actos de vandalismo.
¿Qué sentido tiene posicionar a
la IS dentro de las Universidades? A mí me parece que ninguno, o muy poco, si
es que la pretensión es fortificar una Teoría revolucionaria que por definición
se hace y se hará por fuera y en contra de las instituciones educativas. Por el
contrario, para los academicistas y “fans del ‘situacionismo’”, que a medida
que pasan los años son legión, tiene todo el sentido del mundo. El sentido de
la recuperación, neutralización y banalización de la teoría, convirtiéndola en
ideología cultural radical muy atractiva de consumir y ostentar.
En mi caso, si bien he hecho y
sigo haciendo una que otra clase en universidades, y en algunos años el
sustento mío y de mi núcleo familiar obedeció casi 100% a mi salario de
profesor, conscientemente he optado por no mezclar las cosas y ceñirme más o
menos a los temas por los que se me paga para enseñar, cuidándome muy bien de
meter a Dadá o la IS o la Hermandad del Libre Espíritu dentro de esos contenidos,
no así cuando se me invita a hablar en actividades autogestionadas por el
alumnado y/o a establecimientos que en ese momento están en toma o movilizados.
Pero cada uno define su propio límite…y siempre habrá alguien que “mea más a la
izquierda” y critique tus métodos por amarillos, reformistas, recuperadores,
etc. A todos nos toca.
¿Que así y todo valga la pena ir
a ver a Jappé en esta y otras actividades? Puede que sí, puede que no. Decida Ud.
mismx. No me cabe duda de que Anselm tendrá cosas muy inteligentes e informadas
para decir sobre su objeto de estudio. Pero yo no tengo muchas ganas de ir, y
no sé que otro tipo de ganas me podrían brotar una vez que ya estuviera ahí in
situ. Me sigue amargando profundamente la idea de que finalmente la IS termine
en un podio construido por puros admiradores de toda idea relativamente curiosa
y superloquita, y si eso llega a pasar, habría que destruir el homenaje, tal
cual sería completamente justo y necesario derribar una estatua a Bakunin si
algún día llegaran a construir una.
“Si la contrarrevolución se
apropia de las ideas revolucionarias no es
porque sea maligna y manipuladora, o por falta de ideas, sino porque las
ideas revolucionarias se refieren a problemas reales que la
contrarrevolución también tiene que afrontar. Es absurdo lanzar acusaciones
contra el enemigo por su utilización de temas y nociones revolucionarias.
Hoy en día todos los términos, todos los conceptos están pervertidos. El
movimiento subversivo sólo se los reapropiará mediante su propio desarrollo
teórico y práctico. Desde fines del siglo XIX, el capitalismo y el
movimiento obrero han engendrado una multitud de pensadores que toman las
ideas revolucionarias sólo para vaciarlas de su contenido subversivo y
adaptarlas al capital. Uno de los canales naturales de esta evolución es la
universidad, pues el aparato del que forma parte respalda una parte
considerable de las investigaciones sobre la modernización del capital".
(Jean Barrot, Crítica de la I.S.)
Cumplo con confirmar, para posibles interesadxs, sobre todo
de la Quinta región que Ansem Jappé estará además en estas actividades:
LUNES 8 DE AGOSTO:
18:00 A 21:00 CLASE ABIERTA SOBRE
“EL SUJETO MODERNO, ENTRE FETICHISMO DE LA MERCANCÍA Y PULSIÓN DE MUERTE”. 1)
EL CONCEPTO DE ‘FORMA-SUJETO’Y SU HISTORIA ENTRE DESCARTES, KANT, SADE Y EL
PENSAMIENTO SEL SIGLO XIX.
MARTES 9 DE AGOSTO:
10:30 A 12:00 TALLER ABIERTO
SOBRE TEORÍA SOCIAL CRÍTICA Y CRÍTICA DEL VALOR.
18:00 A 21:00 CLASE ABIERTA SOBRE
“EL SUJETO MODERNO, ENTRE FETICHISMO DE LA MERCANCÍA Y PULSIÓN DE MUERTE”. 2) EL CONCEPTO DE NARCISISMO. SU DEFINICIÓN EN LOS
CLÁSICOS DEL PSICOANÁLISIS SU EVOLUCIÓN DURANTE EL SIGLO XX.
JUEVES 11 DE AGOSTO:
12:00 A 13:30 CONFERENCIA INAUGURAL
DEL COLOQUIO ‘CAPITALISMO, CRISIS Y SUBJETIVIDAD’: ‘”NARCISISMO Y FETICHISMO DE
LA MERCANCÍA: ALGUNAS OBSERVACIONES A PARTIR DE DESCARTES, KANT Y MARX”.
MARTES 16 DE AGOSTO:
10:30 A 12:00 TALLER ABIERTO
SOBRE TEORÍA SOCIAL CRÍTICA Y CRÍTICA DEL VALOR.
18:00 A 21:00 CLASE ABIERTA SOBRE
“EL SUJETO MODERNO, ENTRE FETICHISMO DE LA MERCANCÍA Y PULSIÓN DE MUERTE”. 3)
LAS FORMAS EXTREMAS DE DESTRUCTIVIDAD Y LA VIOLENCIA AUTOTÉLICA COMO FORMAS DE
NARCISISMO
MIÉRCOLES 17 DE AGOSTO:
10:30 A 12:00 TALLER ABIERTO SOBRE TEORÍA
SOCIAL CRÍTICA Y CRÍTICA DEL VALOR.
18:00 A 21:00 CLASE ABIERTA SOBRE
“EL SUJETO MODERNO, ENTRE FETICHISMO DE LA MERCANCÍA Y PULSIÓN DE MUERTE”. 4) EL
‘ESPECTÁCULO’ EN EL SENTIDO DE GUY DEBORD COMO DESCRIPCIÓN DE LA CONSTITUCIÓN
NARCISISTA, O EL MUNDO REDUCIDO A UNA ILUSIÓN.
Todas dichas actividades se
llevarán a cabo en el salón auditorio profesor Sergio Flores Farías de la
facultad de humanidades de la Universidad de Valparaíso, Serrano 546.
(Mientras redacto algo que sirva
para re-erotizar este modesto sitio, trato de apreciar a los Smiths, pero pese
a todo, y tras escuchar ahora de un tirón el Hatful of Hollow (1984), no me parece una
banda genial, a diferencia de lo que estoy escuchando ahora: la versión deluxe
del Funhouse (1970) de los Stooges: material sagrado que una generación tras otra no
ha parado de apreciar y sentirse inspirada a generar un poco de Raw Power.
Igual me cayó bien que Morrissey criticara a los Buzzcocks por haber cedido una
canción suya para un spot de Mac Donalds).
SEXO, PORNOGRAFÍA, EROTISMO: NO
ES LO MISMO PERO…¿ES IGUAL?
Alguna gente cree que el erotismo
es bello porque es “sutil” y “artístico”, a diferencia de la pornografía que es
brutal, explícita, mercantil y machista. Hay corrientes feministas que odian a
la pornografía en sí misma, y otras que en cambio conciben la necesidad o posibilidad
de una pornografía distinta a la que ha sido usual hasta ahora. Yo creo que la discusión es bastante inútil en
esos términos, casi el equivalente de elogiar en abstracto las virtudes de la música
suave versus las de la música agresiva. Hay músicas buenas y malas en todas las
formas y lenguajes posibles. Y creo que algo similar ocurre con la
representación de la experiencia sexual.
Alguna vez leía que según no sé
qué autor “la pornografía es el erotismo de los otros”. Lo cual dejaría a la diferencia
entre erotismo y pornografía en una situación similar a la diferencia entre violencia
política y terrorismo: según un autor español, “el terrorismo es la violencia política
de los que están en contra nuestra”.
NATURA Y CONTRA NATURA
A un querido amigo de mi misma
edad le decía hace unos cuantos años: “en el comunismo anárquico, lo normal
será que todos seamos bisexuales”. Argumentaba a mi favor algunas teorías de
Fleiss y Freud sobre la bisexualidad originaria de los seres humanos, estado
difuso que se acaba luego mediante las virtudes de la socialización.
Mi amigo decía: “te encuentro
razón pero para que nos empiecen a gustar los hombres a nosotros haría falta
que nos socializaran de nuevo”.
Tenía bastante razón.
Lo interesante para mí, en una
perspectiva histórica amplia, es que una vez que resulta plenamente posible
abordar la actividad sexual como una actividad orientada al placer y no a la
reproducción de la especie biológica, todo es posible, o en los términos
atribuidos al Viejo de la Montaña, “nada es verdad, todo está permitido”. O
mejor: “todo es verdad, y todo está permitido”.
SU MAJESTAD, EL CULO
Una amiga me decía que haciendo
una encuesta entre amigas y conocidas llegaba a la conclusión de que a casi
ninguna le gustaba el sexo anal en sí mismo. Algunas no podían dejar de
asociarlo a algo sucio. Otras lo incorporaban, pero sólo a modo de “premio”
para sus compañeros, pero derechamente no les gusta, e incluso además de sucio
les parece doloroso. ¡Qué terrible!
Mi amiga en cambio alababa las
virtudes de esa práctica como algo que si fuera correctamente abordado (y
enseñado) potenciaría a niveles enormes la capacidad de goce sexual de todas. Y
de todos en realidad: si hay algo que nos unifica a pesar de las diferencias “de
género” es que todos tenemos un culo sobre el cual sentarnos, y al cual podemos
incluir o excluir en la búsqueda del placer. Los argumentos sobre la función
excretora del culo son bien idiotas, puesto que hasta ahora nade ha objetado
que principalmente penes y conchas sirvan para mear, y las bocas para comer, beber, soplar instrumentos de viento, y
hasta vomitar.
Yo elogiaba sus intenciones de
realizar talleres teórico/prácticos sobre el tema, y hasta le recomendé alguna
literatura básica (creo que los mejores y más convincentes elogios del sexo
anal son los que realizan en las páginas de la Filosofía en el tocador, de Sade,
los personajes Dolmancé y madame de Saint-Ange). Pero en ese punto ella me hizo ver que mi
posición era “inconsecuente” si no estaba dispuesto yo mismo a explorarlo en
tanto objeto de penetración.
Yo le dije: todo bien, pero en mi
caso, dadas mis predilecciones, esa exploración la puedo realizar con
compañeras eventuales, porque sigue siendo efectivo para mí el que no me gustan
sexualmente los hombres. Y para mejor ilustrar mi punto, ponía el ejemplo del
sexo oral: en rigor, si uno está con los ojos cerrados, no tendría forma de
distinguir si quien está dedicado a dar placer oral sobre el “órgano viril” es
hombre o mujer, pero yendo más lejos, la indistinción podría llegar a no saber
si se trata de un ser humano o animal…
En este punto es que se revela
que en realidad cada uno fija su propio límite, en base a sus gustos, y por supuesto
que es algo que siempre puede ser redefinido, y de eso se debería tratar una
vida vivida de la manera más experimental y abierta que sea posible.
Viendo otro paralelo en relación a
la consecuencia/inconsecuencia de las posiciones personales: cuando un carnívoro
me reprocha el que coma queso “porque igual viene del animal”, yo le digo: “y tú
que elegiste comer vacas, chanchos y pollos, ¿eres inconsecuente por no comer
ratones, perros ni garrapatas?”. No creo. A cada uno lo suyo. Lo que es yo,
adoro el sector conformado por muslos, culo y concha, pero muslos y culo
situados al lado de un pene…paso, gracias, no es lo mío (o no ha llegado a
serlo hasta ahora: nada es definitivo, supongo. Antes no me gustaban los Beatles
ni Michael Jackson).
Ella no me creyó. O más bien, no
estuvo de acuerdo con mi argumento e insistió en el suyo.
(Que avise cuando se haga el
primer taller. Cris Corn de seguro hubiera asistido).
ÁNDATE A LA CONCHA DE TU MADRE
Nunca me ha dejado de sorprender
esa expresión. En el fondo equivale a desearle a alguien que nunca haya
existido. Es la forma más gráfica de decirle: “vete por donde viniste”.
El macho tradicional se ofende
ante este tipo de insulto porque cree que “le sacaron la madre”. En realidad el
insulto está dirigido contra el que uno desearía no hubiera nacido, y no contra
su progenitora.
Nuestro comentarista de libros había escrito y enviado esto hace más de medio año, pero bueno: Nunca es tarde, aunque bien sabemos que el tiempo corre en contra nuestra.
“El fenómeno anarquista (…)
abarca tanto la alteración del orden público para todas las ocasiones que sea
posible, incluidos el concepto de la oportunidad y el desborde a propósito de
las marchas sociales, como los ataques incendiarios, la colocación de bombas y
el editorialismo combativo” (Gonzalo Yusseff, ANI, 2012, citado en Revolución
Hasta el Fin N° 0).
Ya habíamos comentado sobre
“Libros para la revolución” en ANTICAPITAL N° 1. En esa ocasión, nos referimos
a ediciones del momento a cargo de Viejo Topo, Lazo negro (de Argentina), y
Pensamiento y Batalla. Los meses corren, y la actividad editorial subversiva no
se detiene. Al contrario: se incrementa. Algunos “accionistas” separados creen
que la reflexión no sirve para nada. Nosotros sabemos que “sin desarrollo de la
teoría revolucionaria no hay desarrollo de la acción revolucionaria”. Juzgue
Ud. mismo.
La cosa es que se han realizado
recientemente ediciones de obras que durante el siglo XX, en nuestro medio,
casi no circularon (con la posiblemente cuasi única excepción de cierta labor
de difusión realizada por el camarada Laín Díez, que en todo caso se centró en
las vinculaciones anarco-consejistas, y no se relacionó –aparentemente- con la
izquierda comunista italiana)(A esa corriente de ahora en adelante les diré “bordis”,
por Bordiga, tal como a otros les decimos “insus”, “estalinos” o “troskos”).
Entre ellas, tenemos por ejemplo
en los puestos móviles de Quimera ediciones ejemplares bastante gruesos de la
antología del camarada Karl Korsch preparada por el CICA: “K. Korsch: su visión
del marxismo”. Todo adolescente proletario debería tenerlo en la cabecera y la
mochila. Subrayado.
Además, como si eso fuera poco
(el anciano que esto redacta debe declarar que en toda su vida recorriendo
ferias y librerías de viejo, había visto sólo dos veces “Marxismo y filosofía”,
la obra emblema de Korsch: la primera vez la dejé ir, en Valparaíso, aunque
costaba 800 pesos, por no conocer al autor y porque el título me sonó fome en
una época juvenil más “antimarxista”), Quimera nos ofrece por una módica suma
el vol. 1 de “El Apóstata”, un trabajo
sobre Korsch preparado por el ex militante del ala izquierda del PS chileno don
Rafael Kries, cuyo primer tomo se subtitula “El alfaquí reclutado. Notas
biográficas y preámbulos teóricos”.
En la intro Kries refiere que en
los años de hegemonía estalinista con cuea podían acceder a textos de Rosa
Luxemburgo. Y nada más. Nada de Korsch, nada de ningún consejista o marxista crítico
y por ende herético, nada de nada de nada. Sobre la elección del título, el
autor nos dice que “El Faquí o el Alfaquí, -palabra de indudable raíz árabe-,
significa sabio, lector, profesor en el viejo idioma español. Me pareció un
buen nombre para este primer tomo en el que se busca mostrar al hombre, su
pensamiento y circunstancias”.
Ignoro si hay más tomos, y si se
van a ir editando luego.
Los comunistas de consejos (en
nuestra jerga de partido, CdC, sea que se refiera a los comunistas consejistas,
o más mejor con “c” que con “s” para que se entienda que la idea es designar
claramente un órgano: los famosos concejos proletarios que supuestamente este
tipo de comunista intenta crear, y/o que mientras tanto suelen dedicar el grueso de su tiempo a dar consejos
al proletariado, a pretexto de hacer teoría comunista, y entre esos consejos
que le da está el de ni siquiera intentar crear un Partido, sino que sólo
concejos: jajaja, qué broma más idiota. Y me da risa igual. Si la mantengo es
para demostrar que en realidad es bien imbécil decir “soy consejista”, tanto
como decir “soy situacionista”, o sea, fans de la IS o del movimiento histórico
real de los consejos obreros, sin estar efectivamente luchando desde el seno de
alguna expresión proletaria de ese tipo, lo cual sólo será posible en el
momento de la insurrección, que por definición, no es “permanente”. Por lo
demás, esta broma permite plantear sencillamente algo que es verdad: los
comunistas de esta variedad suelen dedicarse a una de estas actividades:
propender en el seno de la clase a crear este tipo de embriones de contrapoder,
o teorizar acerca de eso y tantas otras cuestiones de la teoría comunista), bueno,
decía que los CdC, en cualquiera de sus dos variantes, deben estar de fiesta porque además de contar
con estos materiales que señalaba de uno de sus principales profetas, K.
Korsch, las ediciones del Taller de arquitectura Praxis han ido abriendo el
espacio a la negación total de la especialización “urbanística”, pasando a
editar desde varios libros de Henri Lefebvre (La producción del espacio, El
derecho a la ciudad, Espacio y política), a cosas de la Internacional
Situacionista (de Debord, su ya clásico texto de 1967 más los Comentarios de
1989, y la proyectada y ya entendemos que en curso edición de los 3 tomos que
reúnen todas las publicaciones de la revista francesa de la I.S., siguiendo la
edición de Literatura Gris), a ahora dos valiosísimos libros del verdadero
veterano de la corriente consejista: el camarada Anton Pannekoek. Vale
detenerse acá para explicar los dos libros.
El libro “Los consejos obreros”,
escrito entre 1942 y 1947 (hay una versión completa en marxists.org), podría ser
a Anton Pannekoek lo que “Marxismo y filososía” a Korsch. Junto con su “Lenin
filósofo” -duro ataque a una de las variedades hegemónicas de socialdemocracia
que definieron y de manera contra-revolucionaria el siglo XX, publicado en
Chile a fines de los 40, por Laín Díez)-, debe ser su trabajo más
significativo, y el aporte fundamental a cualquier Biblioteca Socialista
básica, que hasta ahora nunca ha existido (pero que quizás lo que más se le ha
acercado fue el proyecto de Ediciones Mayo 37, de los compañeros del MIL/GAC).
Además de teorizar y sistematizar
la experiencia hasta ese momento (mediados del siglo XX) de las organizaciones
consejistas que se daba el proletariado revolucionario en lucha, acá se expone
lo que vendría siendo la posición consejista clásica sobre temas como el
régimen social imperante tras la revolución de 1917 en Rusia, la transición del
socialismo al comunismo, y la posición a favor de la democracia obrera. En ese
sentido, consejistas y libertarios efectivamente se han destacado por actuar
como los defensores de la democracia real, en oposición a la mera formalidad de
la democracia burguesa, tradición que como veremos después, refleja aún a
nuestro juicio una visión propia de la herencia socialdemócrata en el
movimiento obrero radical, y que es completamente diferente a la negación de la
democracia tal como la concibe Bordiga y algunos de sus discípulos, de Camatte
a Dauvé, y del GCI a
________________________________________ (completel´oración).
El número 2 de la colección
Teoría Política de los compañeros de Taller Praxis está también dedicado al
profesor comunista holandés, pero es una breve antología con un bello título:
“Imaginar, reflexionar, decidir y actuar”. Se trata de 5 textos breves, algunos
bastante conocidos, como los que a raíz del incendio del Reichstag alemán
abordan la cuestión de la violencia revolucionaria, y los actos personales (“El
acto personal”, y “La destrucción como método de lucha”, ambos de 1933), y
otros que abordan fenómenos como el Sindicalismo (1936), que de medio defensivo
de la clase pasó a ser una forma de conciliación/dominación de la misma por la
mediación de sus representantes sindicales, la Nueva Clase Media (1909), y las
diferencias entre propiedad pública y común (1947).
A esos artículos, se agrega otro
gran clásico: Los Consejos Obreros en Alemania, publicado en Barcelona hacia
1973 (disponible en la página del MIL/GAC), y si no me equivoco, fue el único
panfleto de Pannekoek que circuló en España en los años 30, pero tendría que
verificarlo en un libro que no tengo a mano en este momento.
Vean el catálogo de Praxis. Cada
libro parece un ladrillo con el cual podemos ayudar a destruir las vitrinas
espectaculares de esta sociedad muerta.
Para terminar, regresamos a
Quimera ediciones, que acaba de fabricar un verdadero Power Trio:
1-La mistificación democrática,
de Jacques Camatte, con una intro, y agregando los comentarios que en su
momento hizo el GCI en la revista Comunismo.
2-La ilusión democrática, de
Amadeo Bordiga. Esto sí que es relevante: nunca se había editado nada de
Bordiga en Chile (si me equivoco, me avisan). Acá tenemos pocos pero
importantes y diversos textos:
-Una cronología detallada de
Bordiga y su tiempo, elaborada por Agustín Guillamón (autor de “Barricadas en
Barcelona”, imprescindible para entender la revolución española del 36, y para
una correcta formulación de la relación del proletariado con el Estado. Hay
edición argentina de Lazo negro).
-El principio democrático (1922).
-Tesis de la fracción
abstencionista del PSI, y Tesis sobre el parlamentarismo. Se trata de dos
documentos históricos de la izquierda italiana, que obviamente la larga noche
estalinista y SocioDemo ha mantenido lejos de todos nosotros por mucho tiempo.
-¡Para poner los puntos sobre las
íes!, texto más tardío (1952). Muy interesante como contrapunto con tesis más
“modernistas” desarrolladas al interior del PCInternacionalista y que
desembocaron en una escisión. Este texto se subdivide en tesis y contratesis
económicas, políticas, y filosóficas. Excelente para ejercitar lo que los
letristas devenidos situacionistas llamaban boxeo dialéctico.
3.- Materiales para una crítica
de la democracia (antología a cargo de Klinamen/Comunización). Esta es más o
menos conocida, y reúne además de un largo y detallado texto de Dauvé (Crítica
de la autonomía política), y el ya aludido texto de Camatte, materiales de
publicaciones comunistas como Le Brise-Glace, Etcétera y Against Sleep and
Nightmare. Esencial.
Estos 3 documentos fueron presentados en la Plaza Bogotá
hace pocas semanas, en medio de una marea de incomprensión democrática y
pastelismo de plaza pública metropolitana. Si se lo perdió, no importa. Consiga
los libros y léalos.
El capitalismo ha alcanzado su cenit, ha traspasado el umbral a partir del cual las medidas para preservarlo aceleran su autodestrucción. Ya no puede presentarse como la única alternativa al caos; es el caos y lo será cada vez más. Durante los años sesenta y setenta del pasado siglo, un puñado de economistas disconformes y pioneros de la ecología social constataron la imposibilidad del crecimiento infinito con los recursos finitos del planeta, especialmente los energéticos, es decir, señalaron los límites externos del capitalismo. La ciencia y la tecnología podrían ampliar esos límites, pero no suprimirlos, originando de paso nuevos problemas a un ritmo mucho mayor que aquél al que habían arreglado los viejos. Tal constatación negaba el elemento clave de la política estatal de posguerra, el desarrollismo, la idea de que el desarrollo económico bastaba para resolver la cuestión social, pero también negaba el eje sobre el que pivotaba el socialismo, la creencia en un futuro justo e igualitario gracias al desarrollo indefinido de las fuerzas productivas dirigidas por los representantes del proletariado. Además, el desarrollismo tenía contrapartidas indeseables: la destrucción de los hábitat naturales y los suelos, la artificialización del territorio, la contaminación, el calentamiento global, el agujero de la capa de ozono, el agotamiento de los acuíferos, el deterioro de la vida en medio urbano y la anomia social. El crecimiento de las fuerzas productivas ponía de relieve su carácter destructivo cada vez más preponderante. La fe en el progreso hacía aguas; el desarrollo material esterilizaba el terreno de la libertad y amenazaba la supervivencia. La revelación de que una sociedad libre no vendría jamás de la mano de una clase directora, que mediante un uso racional del saber científico y técnico multiplicase la producción e inaugurara una época de abundancia donde todos quedaran ahítos, no era más que una consecuencia de la crítica de la función socialmente regresiva de la ciencia y la tecnología, o sea, del cuestionamiento de la idea de progreso. Pero el progresismo no era solamente un dogma burgués, era la característica principal de la doctrina proletaria. La crítica del progreso implicaba pues el final no sólo de la ideología burguesa sino de la obrerista. La solución a las desigualdades e injusticias no radicaba precisamente en un progresismo de nuevo cuño, en otra idea del progreso depurada de contradicciones. Como dijo Jaime Semprun, cuando el barco se hunde, lo importante no es disponer de una teoría correcta de la navegación, sino saber cómo fabricar con rapidez una balsa de troncos. Aprender a cultivar un huerto como recomendó Voltaire, a fabricar pan o a construir un molino como desean los neorrurales podría ser más importante que conocer la obra de Marx, la de Bakunin o la de la Internacional Situacionista. Eso significa que los problemas provocados por el desarrollismo no pueden acomodarse en el ámbito del saber especulativo y de la ideología porque son menos teóricos que prácticos, y, por consiguiente, la crítica tiene que encaminarse hacia la praxis. En ese estado de urgencia, el cómo vivir en un régimen no capitalista deja de ser una cuestión para la utopía para devenir el más realista de los planteamientos. Si la libertad depende de la desaparición de las burocracias y del Estado, del desmantelamiento de la producción industrial, de la abolición del trabajo asalariado, de la reapropiación de los conocimientos antiguos y del retorno a la agricultura tradicional, o sea, de un proceso radical de descentralización, desindustrialización y desurbanización debutando con la reapropiación del territorio, el sujeto capaz de llevar adelante esa inmensa tarea no puede ser aquél cuyos intereses permanecían asociados al crecimiento, a la acumulación incesante de capital, a la extensión de la jerarquía, a la expansión de la industria y a la urbanización generalizada. Un ser colectivo a la altura de esa misión no podría formarse en la disputa de una parte de las plusvalías del sistema sino a partir de la deserción misma, encontrando en la lucha por separarse la fuerza necesaria para constituirse.
Al final de la era fordista, tras la subida de precios del petróleo como consecuencia del cenit de la producción en Estados Unidos, conocemos la salida que buscó la clase dirigente para preservar el crecimiento: un desarrollismo de nuevo tipo, neoliberal, basado primero en el fin del Estado-nación, la privatización de la función pública, el abandono del patrón oro, la energía nuclear, la eliminación de las trabas aduaneras, el abaratamiento del transporte, la globalización de los mercados, la expansión del crédito y la desregulación del mundo laboral. Una segunda fase, algo más keynesiana, rentabilizaría la destrucción acumulada mediante un desarrollismo llamado sostenible, integrando el punto de vista ecologista en un capitalismo “verde”. El Estado recuperaría un tanto su papel de impulsor económico que tenía en la época anterior de capitalismo nacional financiando dicha modernización y forzando el reciclaje de la población en el consumo de mercancía labelizada. También conocemos las alternativas progresistas neokeynesianas que en el marco del orden establecido reivindicaron “otra” globalización en donde las cargas estuvieran mejor distribuidas, o lo que viene a ser lo mismo, una mundialización tutelada por los Estados que respetara los intereses de la burocracia obrerista y el estatus de las clases medias. Esta propuesta descansaba en la falsa suposición de que el Estado era un instrumento neutral frente al capitalismo, y no la adecuada expresión política de sus intereses. Como quiera que fuera, ambas políticas –la neoliberal conservadora y la neokeynesiana socialdemócrata– fracasaron al tropezar el capitalismo con sus límites internos. La liquidación de las economías locales arruinó poblaciones enteras que se fueron acumulando en las periferias de las metrópolis, dando vida a inmensos poblados de chabolas. Innumerables masas emigraron a los países “desarrollados”, extendiendo las consecuencias de la crisis demográfica a las zonas privilegiadas del turbocapitalismo. Esta nueva mutación del capital creaba una nueva división social: los integrados y los excluidos del mercado. La contención de la exclusión quedó fundamentalmente en manos del Estado, en absoluto neutro, obligado a desarrollar para la ocasión políticas represivas de control de la inmigración y extenderlas a cualquier forma de disidencia. Por otro lado, el carácter eminentemente especulativo de los movimientos financieros internacionales y las políticas estatistas clientelares, tras una década de euforia, condujeron a la bancarrota general del 2008, agravada por las deudas que los Estados no habían podido rembolsar, precipitando una vuelta al neoliberalismo mucho más dura. Las medidas draconianas son necesarias para traspasar la crisis provocada por los Bancos y los Estados a la población asalariada, mayoritariamente hipotecada. La pauperización material de un tercio de la población se suma a una pauperización moral vieja de años, pero la incapacidad irremediable de crecer lo suficiente de los Estados Unidos y la Unión Europea si no es compensada con una demanda emergente, china o india, proporcionará un marco crítico duradero donde podrá invertirse el proceso de anomia. Potencialmente, y por mucho tiempo, el espectro de Grecia –las condiciones griegas—asediará la conciencia de los dirigentes. La venganza o la voluntad de desquite dominarán en los primeros momentos con toda la secuela de conflicto y violencia, pero para construir habrá de darse en las masas vapuleadas un sentimiento de dignidad a la par que el desarrollo de una conciencia verdaderamente subversiva.
Paradójicamente, en la fase actual de descomposición del sistema dominante, las contradicciones internas ocultan las externas. El drama de la exclusión, el paro, la precariedad, los recortes, los desahucios y el empobrecimiento de las clases medias asalariadas, al poner por delante sus intereses inmediatos todavía ligados al mantenimiento de un estilo de vida urbano, artificial y consumista, han oscurecido momentáneamente la cuestión esencial, el rechazo del credo del progreso, y, por consiguiente, el del modelo social y urbano que le es inherente. En consecuencia, la creciente “huella ecológica” y la insostenibilidad intrínseca de la supervivencia bien o mal abastecida bajo el capitalismo no se han tenido en consideración, por lo que las exigencias desindustrializadoras y desurbanizadoras parecen fuera de lugar. La protesta urbana, obrera o populista, rechaza pagar la factura de la gestión desarrollista anterior y así se contenta con exigir “otra” política, “otra” banca u “otro” sindicalismo, a lo sumo, “otro” capitalismo, pero jamás se planteará seriamente la ruralización o la desaparición de las metrópolis, es decir, otra manera de convivir, otra sociedad u otro planeta. La mayoría de los habitantes de las conurbaciones solamente busca o aspira a encontrarse con la naturaleza los fines de semana, en tanto que consumidores de relax y paisaje, por lo que una crítica antidesarrollista tiene serios problemas para darse a conocer fuera de estrechos círculos, ya que la mentalidad urbana es incapaz de asumirla y los desertores del asfalto son todavía pocos. Por otra parte, la población campesina, residual, sufre un deterioro mental aún peor, fruto de su suburbanización, y las más de las veces reproduce estereotipos ideológicos urbanos. La crítica antidesarrollista no cuaja pues, ni en el medio rural, que debía ser el suyo, ni en el medio urbano, mucho menos propicio. Por eso la materialización en la práctica del antidesarrollismo como defensa del territorio se ve sometida a multitud de inconsecuencias y limitaciones. El carácter específicamente local de dicha defensa juega en su contra. Apenas se conforma una oposición contra una nocividad particular, surgen acompañantes municipalistas, verdes o nacionalistas, que tratan de confinarla como “nimby” en la localidad, exprimirla políticamente y empantanarla en marismas jurídicas y administrativas. Solamente en los casos en que ha conseguido aliados de las conurbaciones gracias precisamente a los irregulares de la post ciudad, ha podido formularse un interés general y desarrollarse un conflicto de envergadura (p. e. contra trasvases, contra las líneas MAT, contra el TAV, contra autopistas, centrales eólicas, etc.). Resumiendo, la defensa del territorio está lejos mostrarse como el único conflicto realmente anticapitalista, ya que, debido a las condiciones hostiles que debe afrontar, no consigue constituir una comunidad de lucha estable y suficientemente consciente que contribuya con eficacia a incrementar el número de renegados de la urbe. Todavía no ha logrado transformar la descomposición urbana en fuerza creativa rural, ni la oposición al desarrollismo territorial en barrera contra la urbanización total.
Será necesaria otra vuelta de tuerca en la crisis para que la cuestión urbana –el problema de desmontar la conurbación– aparezca en el centro de la cuestión social. En efecto, la conurbación es la forma ideal de la organización del espacio por el capitalismo; una gran concentración de consumidores hecha posible por la abundancia hasta ahora ilimitada de combustible fósil barato y de agua potable. Es de suponer que un encarecimiento del combustible conduciría a una crisis energética que pondría en peligro la agricultura industrial, el sistema de vida urbano y la existencia misma de las conurbaciones. Igual sucedería con una sequía prolongada que exigiera la construcción de numerosas desaladoras funcionando con petróleo. Ese es el horizonte que perfila a corto plazo la gran demanda de los países emergentes y el cenit de la producción petrolífera a medio: el fin de la era de la energía barata. No hay remedio posible puesto que la energía nuclear y las llamadas “renovables” son caras, necesitan igualmente para su puesta en marcha ingentes cantidades de combustible fósil cada vez menos al alcance y el ritmo de su producción nunca podrá satisfacer las exigencias de un consumo creciente. El capitalismo verde es una falacia y la globalización está entrando en su fase terminal; las innovaciones tecnológicas no podrán salvarla. La perspectiva de un declive de la producción industrial de energía pinta de negro el futuro de las conurbaciones, puesto que un encarecimiento del transporte paralizará los suministros y las volverá inviables. Los bloques de viviendas, los rascacielos, los centros comerciales, los adosados residenciales, los polígonos logísticos, las autopistas y demás se deteriorarán a gran velocidad. Entonces, los sofisticados materiales de construcción, el aire acondicionado, los electrodomésticos, los ordenadores, la calefacción central, la telefonía móvil y los automóviles serán cosas del pasado. Además, el calentamiento global es imparable puesto que el consumo de energías contaminantes es imposible de aminorar, y, en pocos años, cuatro o cinco, desbocará el cambio climático y entonces los daños provocados serán irreversibles. El decaimiento de la agricultura industrial –esclava del fuel, de los abonos y herbicidas petroquímicos—junto con las secuelas del calentamiento –incremento del efecto invernadero, deforestación, erosión, salinización y acidificación de los suelos, desertificación, sequías e inundaciones– desembocarán en una crisis alimentaria de graves consecuencias. La mayoría de la población urbana quedará desabastecida, viéndose impelida violentamente a buscar comida y combustible fuera, desperdigándose por un campo esquilmado. El que este proceso de expulsión del vecindario se efectúe de forma caótica y terrorista o transcurra positivamente dependerá de la capacidad integradora de las comunidades de lucha surgidas de la deserción y la defensa del territorio. Si éstas son débiles no podrán enfrentarse a la avalancha de una población hambrienta y transformar su desesperación en fuerza para el combate por la libertad y la emancipación. La desagregación del turbocapitalismo daría lugar entonces a un reguero de formaciones capitalistas primitivas defendidas por poderes locales y regionales autoritarios. Será inevitable que la sociedad se contraiga y se vuelva intensamente localista, pero lo pequeño no siempre es hermoso. Puede ser horrible si la necesaria ruralización que habrá de afrontar las consecuencias de una superpoblación repentina y brutal, no discurre por vías revolucionarias, es decir, si se limita a una producción centralizada y privilegiada de comida y energía en lugar de orientarse hacia la creación de comunidades libres y autónomas capaces de resistir a la depredación post urbana. En definitiva, si el proceso ruralizador no respira esa atmósfera de libertad que antaño se atribuía a las ciudades.
A fin de no caer en profecías apocalípticas y evitar que la ciencia ficción se adueñe de los análisis futuristas postulando retornos al paleolítico o a la barbarie de género cinematográfico, conviene considerar la crisis energética como un marco general y un horizonte temporal que condicionará cada vez más el acontecer social con el chantaje consabido de ‘o la energía o el caos’ sin por lo tanto determinarlo completamente. La especulación novelesca es deudora de la actitud contemplativa frente a la catástrofe, típica de la religión –o de su equivalente secular, la ideología historicista– que considera lo que adviene como resultado forzoso y no como una posibilidad entre muchas, un desenlace en el tiempo fruto de múltiples variables: la conciencia del momento, la inteligencia de los cambios, la configuración de fuerzas independientes, la habilidad en captar las contradicciones que se manifiestan y en aprovechar las ocasiones que se presentan... Ni el resultado explica enteramente el proceso, ni el proceso, el resultado. El cenit no precede necesariamente a la extinción. Entre los dos interviene el juego dialéctico de la táctica y de la estrategia entre contrincantes con fuerzas desiguales, a corto y medio plazo. El juego de la guerra social. Las esperanzas de los sectores aferrados a la conservación del capitalismo de Estado en un decrecimiento paulatino, pacífico y voluntario serán prontamente desmentidas por la brutalidad de las medidas de adaptación a escenarios de escasez y penuria y la dinámica social violenta que van a originar. Si bien el colapso catastrófico no va a producirse en fecha fija, inminente, tampoco va a ser inevitable la entronización de un régimen ecofascista; sin embargo, la probabilidad más o menos cercana de ambos fenómenos puede servir para llevar la acción por derroteros consecuentes, lográndose así en las sucesivas confrontaciones una salida favorable al bando de los partidarios de un cambio social radical y libertario. Nada está decidido, por lo que todo es posible, incluso las utopías y los sueños. ______________________________________
Charlas de Pineda de Mar organizada por la sección local de la CNT en Can Comas (30 de junio de 2011), de Segorbe, en el Ateneo Libertario Octubre del 36 (2 de julio), de La Llagosta, en les Jornades de l’autogestió de Can Piella (24 de julio), de Lleida, en el CSA La Maranya (30 de julio), de Valladolid, en las Jornadas Agroecológicas del BAH, (6 de noviembre) y de Madrid, en las Jornadas de Critica al Progreso organizadas por la Federación de Estudiantes Libertarios