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jueves, enero 26, 2023

Cuando las feministas alemanas se pitearon a Teddy Adorno 

 Había escuchado algunas versiones sobre este acontecimiento ocurrido en 1969, pero no en el nivel de detalle que da Manuel Sacristán. Lo que yo había escuchado era que las feministas en topless boicotearon su clase diciendo "la institución Adorno ha muerto". La versión de Sacristán enfatiza en el juego de palabras entre Theodor Adorno, alias "Teddy", y "Teddy bear": osito de peluche.

Los dejo con el relato compilado por Salvador López Arnal dentro de una Antología de Sacristán sobre la Escuela de Frankfurt, disponible en rebelion.org :


Manuel Sacristán sobre Adorno y Horkheimer

En «Sobre Lukács» (en M. Sacristán, Seis conferencias, op. cit), a propósito de un comentario a la crítica de Gyorgy Lukács del utopismo irracionalista, Sacristán hizo un comentario sobre Th. W. Adorno, a quien tradujo y de quien siempre admiró su estilo intelectual y su inmensa erudición marxiana. Señalo que Lukács, en El asalto a la razón, había criticado la ideología de los pensadores, supuestamente de izquierda, que practicaban el pesimismo histórico. En su opinión, el filósofo húngaro se estaba refiriendo claramente a Adorno. A lo que añadió:


«Otro de esos pensadores de contrabando que mucha gente que se cree de izquierda lo tiene como autor de cabecera y de izquierda no tiene nada, más que el saberse a Marx, se sabe a Marx muy bien. Adorno se sabía a Marx así… Yo muchas veces he admirado como se sabía Adorno a Marx. Sólo que, como Gramsci dijo muy bien, según se lea El Capital puede ser un libro de cabecera de burgueses, como ocurrió en la Rusia anterior a la revolución y ése es el caso de Adorno manifiestamente. No digo en su juventud; en su juventud, Adorno era un marxista idealista, por así decirlo, pero con muchos elementos de marxismo. Después de su largo exilio en Estados Unidos, porque era judío y tuvo que huir de Alemania, cuando volvió, era un conservador.


Cuando el 68, sus estudiantes -entre otros, individuos de tanto talento como Dutschke, Hermann Ckark, que fue uno que se mató en un accidente de automóvil, en el 68 mismo, corriendo de Hamburgo a Berlín a una manifestación se pegó un trastazo que murió en las puertas de Berlín-, cuando estos estudiantes de Adorno decidieron que había llegado el momento de hacer algo, de hacer algo en la práctica, Adorno -y disculpar este paréntesis pero es que vale la pena porque son cosas importantes no sólo para la historia de Europa, sino también para las precauciones ideológicas que debe tener uno- contestó que la revolución nunca, que de ninguna manera la revolución. Como ellos insistieron se marchó a su casa, volvió al cabo de un par de semanas, confiando en que ya no estarían los revolucionarios, los cuales no estaban, pero estaban las chicas feministas que se habían quedado. Entonces las chicas feministas le hicieron un espectáculo terrible, bastante cruel. Adorno, no sé si habéis visto una figura suya, era un hombre gordo, bajito, casi redondito, muy… así, muy blandito, un poco fofo, entonces las chicas se desnudaron de cintura para arriba y empezaron a decir «Adorno es un oso de peluche», que era una burla muy cruel, muy terrible. El hombre se marchó desesperado a su casa y murió 48 horas después…Yo creo que murió de muerte psíquica.


Las muertes psíquicas son más frecuentes de lo que podéis pensar siendo jóvenes. Este hombre se encontró con que lo que era la raíz de su vida, que era un enorme prestigio entre los estudiantes de izquierda, se hundió de la noche a la mañana, cuando se encontró con la práctica, cuando no bastaba con decir frases muy críticas de la cultura burguesa mientras se recibía dineros de la fundación ésta y de la fundación otra, y perdonad la brutalidad con que hablo. Hablar mucho contra la cultura burguesa mientras estaba sirviendo a la economía burguesa y a la política burguesa. Su maestro y colega Horkheimer era consejero personal de Adenauer y resulta que ahora me lo presentan como marxista. Y [la editorial] Taurus lo publica como un gran marxista muy importante. Ese sí que no era dogmático, ¡qué iba a ser dogmático! Era todo lo contrario claro, era un consejero personal de Adenauer. Menos dogmático que eso…».



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sábado, enero 07, 2023

Femócratas, pinkwashing, Zizek y la cancelación del hombre heterocis  

 


Por supuesto que no hay un solo feminismo, tal como nunca hubo un solo marxismo, anarquismo o fascismo. Pero tal como las ideas dominantes en cada momento son las de la clase dominante, el feminismo actualmente hegemónico es totalmente funcional a las necesidades de la acumulación capitalista y los procesos de subjetivación neoliberal que esta requiere.

Sólo así se explican campañas como la de la Red de Metro y Transantiago que básicamente señalan que los actos de rebelión (o “vandalismo”) atentan contra las mujeres, el feminismo Falabella y la decoración LGBTI+ de vehículos policiales.

Hace poco mi hijo me preguntaba que era un “hombre heterocis”. Aparentemente alguien le había reprochado serlo. Luego de explicarle reaccionó enojado: “Pero si yo soy hombre y me gusta ser hombre y no quiero “transicionar a otro género”, ¿cuál es el problema?”. No hay problema -le dije-, eres libre de sentirte y definirte como quieras. Pero es verdad que para algunos sectores del feminismo y la disidencia que creen en efecto que nosotros somos EL problema.

[Al contarle esa anécdota a unos amigos, ninguno tenía idea de que significaba ser “cis”. Los dejo con Wikipedia: “Cisgénero (a veces cisexual o abreviado como cis) es una palabra utilizada para describir a una persona cuya identidad de género y sexo asignado al nacer son el mismo.​ La palabra cisgénero es el antónimo de transgénero”].

Por lo demás, muchas de estas combativas feministas neoliberales excluyen de todos sus espacios a los “hombres heterocis” pero no tienen problema alguno en dedicarse a combatir la heteronorma junto a “disidentes” que provienen de la alta burguesía y/o se han enriquecido gracias a actos de corrupción sistemática, pues en la medida que en sus espacios ABC1 no lleguen estos odiados hombres, son espacios seguros "ricos para vivir" y para seguir reproduciendo las diferencias de clase pero en clave rosa. Pinkwashing se llama eso según he leído por ahí.

Complejas dinámicas de clase y de identidad sexual han ido generando un acercamiento de parte del mundo gay o de la “diversidad sexual” a la extrema derecha, apreciándose una notoria adhesión al etnonacionalismo y a la xenofobia, propulsada por el temor a la islamización de las sociedades europeas y “blancas” y la posibilidad de que el “gran reemplazo” de la población original por pueblos no blancos vaya acompañado de oleadas de homofobia que hagan retroceder los niveles de tolerancia e inclusión alcanzados tras tanto tiempo. 

En la misma tendencia han incurrido algunos sectores del feminismo asimilacionista, dando lugar al fenómeno del “feminacionalismo”, muy bien analizado en un libro de Sara R. Farris que, a partir del notable éxito electoral de la ultraderecha en el Parlamento Europeo en las elecciones del 2014, explica el surgimiento de un “nacionalismo feminista y femocrático” que incluye tanto “la explotación de las temáticas feministas por parte de nacionalistas y neoliberales en sus campañas contra el islam (pero también en contra de la inmigración), como a la participación de ciertas feministas y femócratas en la estigmatización de los hombres musulmanes bajo el estandarte de la igualdad de género”.  La autora denomina como femócratas a “las burócratas de primera línea de las agencias estatales por la igualdad de género” (Sara R. Farris, En nombre de los derechos de las mujeres. El auge del feminacionalismo, Madrid, Traficantes de sueños, 2021).

Toda esa “intro”, más larga que algunas que se dan en el mundo del heavy metal, es para presentar este texto del filósofo esloveno Slavoj Zizek, del cual no soy fan, que se refiere al problema de la izquierda “despierta” (woke), forma actual que asume el reformismo socialdemócrata pero en clave posmodernista, y la “cancelación” del hombre heterosexual blanco. Interesante análisis, que por supuesto ya fue denunciado como machista y racista por los Wokes del mundo uníos. 

El texto fue publicado a fines de diciembre por El País como columna, y sólo se puede leer si estás suscrito. Agradezco a mi amiga MG por habérmelo copiado y enviado.

Bienvenido el debate.

Abajo la burguesía, aunque se vista de lila o rosa.

 


La cancelación de la ética: por qué la exclusión del hombre blanco heterosexual es injustificable

La llamada izquierda ‘woke’ defiende la aceptación de todas las identidades sexuales y étnicas salvo una: la del hetero occidental

SLAVOJ ZIZEK

El avance ético produce una forma benéfica de dogmatismo. Una sociedad normal y sana no discute sobre la aceptabilidad de la violación y la tortura, porque la gente, de forma “dogmática”, acepta que son inadmisibles. Asimismo, una sociedad cuyos dirigentes hablan de “violación legítima” (como en cierta ocasión hizo un excongresista republicano en Estados Unidos) o de casos en que la tortura es tolerable es una sociedad que exhibe señales claras de decadencia ética, en la que actos que antes eran inimaginables pueden volverse posibles en muy poco tiempo.

Piénsese en la Rusia actual. En un vídeo no verificado que empezó a circu­lar este mes se acusa a un exmercenario del Grupo Wagner (vincu­lado con el Kremlin) de haberse pasado de bando para “combatir contra los rusos”; a continuación, un verdugo no identificado le rompe la cabeza de un mazazo. Cuando se le pidió a Yevgeny Prigozhin (fundador del Grupo Wagner y estrecho aliado de Vladímir Putin) su opinión sobre el vídeo (al que en su publicación se lo denominó “el mazo de la venganza”), Prigozhin dijo que era “una muerte de perro para un perro”. Como muchos han observado, hoy Rusia se comporta igual que el Estado Islámico.

Piénsese también en el aliado cada vez más cercano de Rusia, Irán, donde arrestan a chicas por protestar contra el régimen y hay denuncias de que se las casa a la fuerza con sus carceleros para ser violadas, con el argumento de que es ilegal ejecutar a una menor de edad si es virgen.

Piénsese también en Israel, que, aunque se enorgullece de presentarse como una democracia liberal, se está pareciendo cada vez más a algunos de los otros países del vecindario donde impera el fundamentalismo religioso. La última prueba de esta tendencia ha sido la noticia de que Itamar Ben Gvir será parte del nuevo Gobierno de Benjamin Netanyahu. Antes de dedicarse a la política, Ben Gvir tenía en su sala de estar un retrato del terrorista israelí-estadounidense Baruch Goldstein, que en 1994 masacró a 29 musulmanes palestinos e hirió a otros 125 en Hebrón.

Netanyahu, el primer ministro israelí que más tiempo estuvo en el cargo hasta su reemplazo en junio de 2021, está plenamente implicado en esta decadencia ética. En 2019, según informa The Times of Israel, pidió “combatir” el creciente antisemitismo musulmán y de izquierda en Europa, horas después de que el Gobierno [israelí] publicara un informe que decía que la mayor amenaza para los judíos en el continente era la ultraderecha”. ¿Por qué omite Netanyahu el antisemitismo de ultraderecha? Porque lo necesita. Aunque la nueva derecha de Occidente sea antisemita en casa, también es una firme defensora de Israel, al que ve como una de las últimas barreras contra una invasión musulmana.

Por desgracia, esto es solo una cara de la moneda. También existe una decadencia ética cada vez más visible en la izquierda woke, que se ha vuelto cada vez más autoritaria e intolerante en su defensa de la aceptación de todas las formas de identidad sexual y étnica menos una. El sociólogo Duane Rousselle caracteriza la nueva “cultura de la cancelación” como “racismo en tiempos de los muchos sin el Uno”. El racismo tradicional vilipendia al intruso que plantea una amenaza a la unidad del Uno (el endogrupo dominante); por su parte, la izquierda woke pretende hacer lo mismo con quienquiera que no haya abandonado por completo las viejas categorías de género, sexualidad y pertenencia étnica del Uno. Ahora, todas las orientaciones sexuales e identidades de género son aceptables a menos que usted sea un hombre blanco cuya identidad de género coincide con su sexo biológico al nacer. A los integrantes de este colectivo cisgénero se les manda sentir culpa por lo que son (por estar “cómodos en su piel”); a todos los demás (incluidas las mujeres cisgénero) se los alienta a ser lo que sientan.

Este “nuevo orden woke” es discernible en ejemplos cada vez más absurdos. Este mismo mes, el Centro de Recursos sobre Género y Sexualidad en el Gettysburg College de Pensilvania quiso patrocinar un evento organizado por estudiantes dirigido a todas las personas que estuvieran “cansadas de los hombres cis blancos”. Se invitaba a los participantes a “pintar y escribir” sobre sus frustraciones en relación con los hombres blancos que se sienten “cómodos en su piel”. Tras el escándalo y las acusaciones de racismo, el evento se pospuso.

Hay una paradoja en el modo en que la fluidez no binaria woke coincide con la intolerancia y la exclusión. En París, la prestigiosa École Normale Supérieure está debatiendo una propuesta de crear en los dormitorios corredores reservados a personas que hayan elegido una identidad sexual diversa (mixité choisie), con exclusión de los hombres cisgénero. Las reglas propuestas son estrictas: quien no cumpla los criterios tendrá prohibido incluso poner un pie en esos corredores. Y, por supuesto, las reglas abren la puerta a restricciones incluso más estrictas. Por ejemplo, si una cantidad suficiente de personas define su identidad en términos aún más estrechos, es de suponer que podrán exigir un corredor propio.

Esta propuesta tiene tres aspectos destacables: solamente excluye a los hombres cisgénero (no a las mujeres cisgénero); no se basa en ningún criterio o clasificación objetivos, sino en una autodesignación subjetiva, y da lugar a nuevas subdivisiones clasificatorias. Este último punto es crucial porque demuestra que, por mucho que se hable de plasticidad, elección y diversidad, el resultado final no es más que un nuevo tipo de apartheid: una red de identidades fijas y esencializadas.

Así que la ideología woke ofrece un ejemplo paradigmático del modo en que la permisividad se convierte en prohibición: en un régimen woke, nunca sabemos si uno de nosotros terminará cancelado por algo que ha hecho o dicho (los criterios son dudosos) o por el mero hecho de haber nacido dentro de la categoría prohibida.

En vez de oponerse a las nuevas formas de barbarie (como proclama), la izquierda woke participa plenamente en ellas, al promover y practicar un discurso indisimuladamente opresivo. Aunque defienda el pluralismo y promueva la diferencia, su lugar de enunciación subjetivo (el lugar desde el cual habla) es despiadadamente autoritario y no tolera que se discutan sus intentos de imponer exclusiones arbitrarias que antes, en una sociedad tolerante y liberal, se hubieran considerado inadmisibles.

Dicho lo cual, debemos tener presente que toda esta confusión se limita ante todo al estrecho mundo académico (y a diversas profesiones intelectuales como el periodismo); el resto de la sociedad va más bien en la dirección opuesta. En Estados Unidos, por ejemplo, 12 senadores republicanos votaron este mes con la mayoría demócrata para proteger por ley el derecho al matrimonio de las parejas homosexuales.

La cultura de la cancelación, con su paranoia implícita, es un intento desesperado (y obviamente contraproducente) de compensar la violencia y la intolerancia, muy reales, que las minorías sexuales sufrieron tanto tiempo. Pero es una retirada al recinto de una fortaleza cultural, un falso “espacio seguro” cuyo fanatismo discursivo solo refuerza la resistencia de la mayoría.

 

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miércoles, octubre 05, 2022

El auge del feminacionalismo (x Sara R Farris). 

 


FEMINACIONALISMO, x Sara R. Farris (traducción de Elena Fernández-Renau, Traficantes de Sueños, 2021)

 (Fragmento de la INTRODUCCIÓN: EN NOMBRE DE LOS DERECHOS DE LAS MUJERES)

Creo que nos enfrentamos a mujeres muy enfermas [es decir, mujeres musulmanas que llevan velo completo] y no creo que su patología tenga que definirnos.

Élizabeth Badinter, filósofa feminista francesa

El islam [...] expulsa a los judíos y a los gays y tira por el retrete décadas de derechos de las mujeres.

Geert Wilders, líder del partido neerlandés de extrema derecha Partido por la Libertad

No puede haber una regularización para aquellos [migrantes] que entraron ilegalmente, para aquellos que violen a una mujer o roben un chalet; pero a la hora de regularizar, sin duda tendremos en cuenta todas esas situaciones que provocan un gran impacto social, como es el caso de las [mujeres] migrantes cuidadoras.

Roberto Maroni, exlíder del partido de extrema derecha italiano Liga Norte

El éxito de la extrema derecha en las elecciones de 2014 al Parlamento Europeo atrajo la atención internacional. Por todo el continente, vimos cómo partidos nacionalistas de extrema derecha ganaban un número de escaños sin precedente o consolidaban su ya significativo apoyo popular (1). Estos logros electorales, junto con la dureza de los eslóganes antiislam que caracterizaron sus campañas, desataron el temor del regreso del fascismo. Aun así, uno de los rasgos más llamativos que distingue a los partidos nacionalistas europeos contemporáneos de sus homólogos del pasado es la reclamación de la igualdad de género (y en ocasiones de los derechos lgbt) dentro de su retórica, por lo demás, xenófoba. Es más, a pesar de su falta de preocupación por elaborar políticas concretas de igualdad de género y su estilo de política masculinista, estos partidos promueven cada vez más sus programas antiislam en nombre de los derechos de las mujeres. Desde Geert Wilders en los Países Bajos a Marine Le Pen en Francia y Mateo Salvini en Italia (los impulsores clave de la «internacional parda» en la que se centra este libro), uno de los tropos principales al que han apelado estos partidos es el grave peligro que constituyen los hombres musulmanes para las sociedades europeas, debido, ante todo, al trato opresivo que dispensan a las mujeres (2).

Algunos investigadores han descrito el acercamiento por parte de los nacionalistas a las cuestiones sobre la igualdad de las mujeres como un intento por modernizar sus programas y aumentar su electorado femenino (3). Otros han trazado una conexión entre Europa y Estados Unidos, por los políticos conservadores que plantearon las guerras imperialistas tras el 11-S en Oriente Próximo como misiones para liberar a las mujeres musulmanas de los hombres musulmanes (4). A pesar de todo, los nacionalistas de extrema derecha no son los únicos que agitan la bandera de la igualdad de las mujeres de formas que parecen contradictorias con su ideología y políticas esenciales. Al otro lado del espectro político, ciertas feministas reputadas y sin pelos en la lengua también se han sumado al coro antiislam. Durante los años dos mil, la filósofa feminista francesa de fama internacional, Élizabeth Badinter, la política feminista Ayan Hirsi Ali y la famosa «feminista ocasional» italiana Oriana Fallaci denunciaron que las comunidades musulmanas eran excepcionalmente sexistas en comparación con los países occidentales, lugares donde las relaciones de género eran «superiores» (5). De igual manera, tanto las organizaciones de mujeres, como las burócratas de primera línea de las agencias estatales por la igualdad de género (a las que a menudo me referiré como femócratas) señalaron las prácticas religiosas islámicas como especialmente patriarcales y defendieron que no cabían en la esfera pública occidental (6). En consecuencia, todas respaldaron propuestas legislativas como la prohibición del velo, que retratan a las mujeres musulmanas como víctimas pasivas que necesitan ser rescatadas y emancipadas. De esta manera, este frente heterogéneo feminista y antiislam presenta el sexismo y el patriarcado como de dominio casi exclusivo de ese Otro musulmán.

No obstante, el peculiar encuentro de la agenda antiislam y la retórica emancipatoria sobre los derechos de la mujer no queda restringido a nacionalistas y feministas. Los defensores del neoliberalismo que, por lo demás, son antinacionalistas, también han hecho un uso cada vez mayor de representaciones antiislam en nombre de los derechos de las mujeres (7). Buen ejemplo de ello son los programas de integración civil para «nacionales de terceros países» que, como explicaré más adelante, son un referente del neoliberalismo. Diseñados para promover la inclusión de los migrantes en el tejido de las sociedades europeas, estos programas han logrado que la residencia a largo plazo de los migrantes dependa de un compromiso certificado por aprender el idioma, la cultura y los valores del país de destino. Instan a los migrantes tanto a reconocer los derechos de las mujeres como valor central de Occidente, como a integrarse en las prácticas culturales occidentales, que se presentan como más civilizadas y avanzadas. Lo que también resulta sorprendente es que las políticas de integración civil tienden a generalizar la supuesta misoginia inherente a las comunidades musulmanas y las aplican a todos los migrantes no occidentales.

Así, tres actores políticos bien distintos (nacionalistas de extrema derecha, ciertas feministas y agencias por la igualdad de las mujeres y los neoliberales) recurren a los derechos de las mujeres para estigmatizar a los hombres musulmanes y así promover sus propios objetivos políticos. Pero, ¿por qué estos distintos movimientos recurren al mismo tropo e identifican a los hombres musulmanes como una de las mayores amenazas para las sociedades occidentales? ¿Acaso los partidos de extrema derecha no «traicionan» sus políticas antifeministas, las feministas sus políticas de emancipación y los neoliberales sus políticas antinacionalistas cuando todos ellos recurren a los derechos de las mujeres contra los sujetos musulmanes masculinos? ¿Quiénes representan exactamente las fuerzas nacionalistas, feministas y neoliberales que oponen la igualdad de género al islam y cuáles son sus argumentos concretos? ¿Asistimos al auge de una nueva alianza impía, o este aparente consenso que atraviesa el arco político es simplemente fortuito y circunstancial? Y, por último, ¿por qué las mujeres musulmanas reciben ofertas de «rescate» en un contexto de creciente islamofobia y sentimiento antinmigración, en particular en lo que respecta al empleo y al bienestar?

Tal y como planteo en las siguientes secciones, varios académicos han explicado la nueva centralidad de la igualdad de género y a veces la del colectivo homosexual dentro de los programas antiislam como consecuencia del giro a la derecha y de la guerra del terror que marcó los años dos mil en Europa y Estados Unidos, en particular tras el 11-S. Así, enfatizan las lógicas de seguridad de las narrativas contemporáneas que definen a las mujeres musulmanas como víctimas e interpretan estas narrativas fundamentalmente como constelaciones políticas que caracterizan el actual espíritu neoliberal y nacionalista de la época.

En su lugar, este libro defiende que se han ignorado gran parte de dimensiones político-económicas importantes que subyacen a estas paradójicas intersecciones en Europa occidental. Además, defiendo que las formas en que las campañas antiislam en nombre de la igualdad de género promueven y definen ideologías e instituciones racistas y antinmigración de carácter más diverso no han recibido la atención que merecen. En nombre de los derechos de las mujeres pretende proponer nuevos vínculos, conceptualizaciones y categorías para el análisis con el objetivo de descifrar las razones de la sorprendente intersección entre nacionalistas, feministas y neoliberales. Para nombrar esta intersección y enmarcar la lógica político-económica que lo sostiene, propongo la noción de feminacionalismo.

Esta forma abreviada de «nacionalismo feminista y femocrático», feminacionalismo, se refiere tanto a la explotación de las temáticas feministas por parte de nacionalistas y neoliberales en sus campañas contra el islam (pero también, como expongo más adelante, en contra de la inmigración), como a la participación de ciertas feministas y femócratas en la estigmatización de los hombres musulmanes bajo el estandarte de la igualdad de género. El feminacionalismo, por lo tanto, describe, por un lado, el intento de los partidos de Europa occidental, neoliberales y de la derecha, de promover políticas racistas y xenófobas al pregonar la igualdad de género; y, por otro, captura la implicación de varias feministas y femócratas reputadas y muy visibles en la actual representación del islam como la religión y la cultura misógina por excelencia. Para definir y mapear el feminacionalismo, este libro se centra en tres contextos nacionales específicos (Países Bajos, Francia e Italia durante los años 2000-2013) y tres actores y agendas políticas concretas: 1) los partidos nacionalistas de derechas (el Partij voor de Vrijheid [pvv, Partido por la Libertad] de los Países Bajos, el Front National [fn, Frente Nacional] de Francia y la Lega Nord [ln, Liga Norte] de Italia); 2) políticas e intelectuales feministas notables, organizaciones de mujeres y femócratas de los tres países; y 3) políticas neoliberales dirigidas a migrantes no occidentales dentro de programas de integración civil.

Llegados a este punto, es preciso realizar dos aclaraciones. En primer lugar, debería recalcar que, a diferencia de los partidos nacionalistas de derechas que instrumentalizan la igualdad de género en campañas antinmigración más amplias, las feministas, las organizaciones de mujeres y las femócratas que señalo han dirigido sus principales críticas contra los musulmanes y no contra los migrantes en general. Sin embargo, este libro detalla la implicación de algunas de estas feministas, organizaciones de mujeres y femócratas en la elaboración y puesta en marcha de algunos de los elementos de los programas de integración civil dirigidos a mujeres migrantes no occidentales en general (8). Así, muestro cómo la retórica antiislam ha permeado los mecanismos institucionales dirigidos a la población migrante no occidental en general. En nombre de los derechos de las mujeres intenta aclarar este complejo entramado al afirmar que, a pesar de que la retórica antimusulmana se haya convertido en la retórica dominante antiOtro, en ciertos puntos y en ciertos lugares y discursos coincide con la retórica antinmigración. Para explicar este entramado, por un lado, desarrollo cómo la conexión entre las políticas antiislam y antinmigración se da mediante la presunción de que los hombres y mujeres musulmanes son los principales representantes del binomio opresor y víctima. A continuación, este binomio se proyecta y se generaliza a los migrantes no occidentales del Sur global de forma generalizada (como sucede con las políticas de integración civil). Por otro lado, debato cómo el binomio opresor y víctima que se usa hoy para presentar a los musulmanes alimenta especialmente las representaciones y los estereotipos instalados desde la época colonial en los tres países y que son parte integrante de un repertorio racista más amplio.

En segundo lugar, mi crítica del retrato europeo de las mujeres musulmanas como las víctimas por excelencia del patriarcado no occidental no implica en ningún caso que niegue la desigualdad o la represión a la que estas mujeres (igual que aquellas que tengan cualquier otro origen cultural, social o nacional) puedan estar sometidas dentro de sus sociedades. Aun así, este libro se centra ante todo en las representaciones y conceptualizaciones del imaginario cultural de Europa occidental y en las formas en las que dichas representaciones y conceptualizaciones se alimentan de (y por lo tanto alimentan) estereotipos racistas profundamente arraigados, así como intereses y prácticas económicas que afectan también a otras mujeres (migrantes) no occidentales.

En definitiva, En nombre de los derechos de las mujeres se propone introducir un marco teórico más robusto para analizar el uso de la igualdad de género en campañas xenófobas. Lo hace de un modo que va más allá de la lente «política» que en gran medida ha dominado el análisis de este fenómeno. Insisto en la necesidad de descifrar el entramado que tejen el nacionalismo de derechas, ciertas capas del feminismo y el neoliberalismo en nombre de los derechos de las mujeres mediante la revelación de sus modelos de funcionamiento político-económicos. Por lo tanto, al proponer la noción de feminacionalismo quiero aportar un concepto teórico que capture el programa político-económico que alimenta esa interpelación a los derechos de las mujeres a la que se suman toda una serie de actores diversos. Esta interpelación, bajo mi punto de vista, está íntimamente ligada al profundo temor al Otro y, dada nuestra coyuntura histórica actual, a la islamofobia. En consecuencia, propongo que el feminacionalismo debe entenderse como una ideología que surge de un modo de encuentro específico, o como prefiero llamarlo, de una convergencia entre distintos proyectos políticos que se produce por, y a su vez produce, una lógica específicamente económica. Las siguientes secciones las dedico a aclarar las tres dimensiones teóricas del feminacionalismo: feminacionalismo como convergencia, como formación ideológica y como economía política neoliberal.

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NOTAS:

1 Tres partidos nacionalistas de extrema derecha aparecieron por primera vez en sus respectivos países: el Partido Popular Danés obtuvo el 25 por ciento (+18,7) de los votos, el fn obtuvo el 26,6 por ciento (+11,8) y el Partido de la Independencia del Reino Unido el 27,5 por ciento (+11,4). En general, los partidos de extrema derecha obtuvieron sus mejores resultados en los países occidentales europeos (con la excepción de Hungría). Para un enfoque en mayor profundidad de estos resultados, consúltese el análisis de Cas Mudde, «The Far Right in the 2014 European Elections: Of Earthquakes, Cartels and Designer Fascists» de 30 de mayo de 2014 en el Washington Post.

2 Véase el artículo de Thanasis Kampagiannis «The “Brown International” of the European Far Right», Left Flank, 12 de enero de 2014.

3 Bartlett et al., «Populism in Europe»; Mayer, «From Jean-Marie to Marine Le Pen»; Akkerman y Hagelund, «“Women and Children First!”»; Towns et al., «Equality Conundrum».

4 La invasión de Afganistán tras los ataques terroristas contra las Torres Gemelas en Nueva York se presentó ante el público internacional como una misión para liberar a las mujeres afganas de su opresión bajo el mandato talibán, en la misma medida que se planteaba como un acto de defensa y de represalia contra quienes habían perpetrado los ataques; y así lo respaldó la opinión pública. Desde entonces, las imágenes de mujeres musulmanas con velo como cuerpos prisioneros han entrado en nuestro inconsciente colectivo occidental junto con las de hombres musulmanes con barba que aparentemente planean ataques terroristas contra objetivos occidentales. Por todo Occidente, no solo las fuerzas nacionalistas y conservadoras de extrema derecha, sino también ciertas organizaciones feministas de la izquierda y algunas figuras públicas han respaldado el retrato de las mujeres musulmanas como víctimas a las que salvar. En Estados Unidos, la Feminist Majority Foundation, una de las voces feministas líderes en el país, respaldó activamente la invasión de Afganistán por considerarla necesaria para liberar a las mujeres afganas del «apartheid de género» (Russo, «Feminist Majority Foundation’s Campaign to Stop Gender Apartheid»). Al otro lado del Atlántico, el icono feminista alemán Alice Schwarzer ha sido una de las opositoras más firmes al islam por considerarlo una religión y una cultura misóginas, ideas de las que se hicieron eco una amplia gama de fuerzas políticas tanto de izquierda como de derecha. Esta actitud está tan extendida en el país que según una encuesta realizada por la agencia de sondeos Allensbach en 2012, el 83 por ciento de las mujeres alemanas asociaban la palabra «islam» con «opresión de las mujeres». En Suecia y Noruega, se ha dado una convergencia entre las feministas y los partidos de la derecha y antinmigración, como son el Sverigedemokraterna (Demócratas de Suecia) y el Fremskrittspartiet (Partido del Progreso), en nombre de la igualdad de género contra las comunidades inmigrantes no occidentales (romanís y musulmanes en particular). Si miramos a otros países occidentales, la situación no es tan distinta. Tras los disturbios raciales de Sídney de 2005, en Cronulla, en los que australianos blancos asaltaron a hombres de color durante días acusándoles de ser violadores, el primer ministro Carl Scully afirmó que estaba «preocupado por que un pequeño número de hombres de Oriente Próximo parecía tener un problema para respetar a las mujeres» (Ho, «Muslim Women’s New Defenders»).

5 Oriana Fallaci no se definió como feminista, aunque se la asocia con el feminismo liberal por su participación activa en la lucha por el derecho al aborto y al divorcio durante los años setenta.

6 Aquí uso la definición de femócratas de Inside Aligators de Hester Eisenstein como «feministas que participan en la burocracia estatal». Para un debate en profundidad sobre la noción de femócrata y de feminismo de Estado desde una perspectiva transnacional, véase Haussman y Sauer, Gendering the State in the Age of Globalization. Véase también McBride y Mazur, Politics of State Feminism.

7 El neoliberalismo se suele asociar con doctrinas político-económicas que promueven la globalización. Se asume por lo tanto que trasciende las fronteras nacionales y que rechaza las ideologías nacionalistas. El capítulo 3 desafía esta visión mayoritaria. Para una visión general de estos debates, en especial dentro del ámbito de la economía política internacional, véase Harmes, «The Rise of Neoliberal Nationalism».

8 Algunos de los argumentos que recientemente han utilizado ciertas feministas y femócratas para estigmatizar a los hombres musulmanes y retratar a las mujeres musulmanas como víctimas a las que rescatar replican las representaciones estereotipadas de la supuesta victimización de las mujeres no occidentales que, al menos desde los años setenta en adelante, ha caracterizado el relato europeo occidental de las mujeres migrantes. Además, las políticas de integración civil que algunas feministas, organizaciones de mujeres y femócratas han apoyado o directamente implementado sobre la base de su perspectiva antiislam no solo afectan a migrantes de Oriente Próximo, el norte de África y el sur de Asia, sino también a africanos en general, albanos, rusos, serbios, chinos y demás (en resumen, a migrantes no europeos/no occidentales). Por esta razón, a lo largo de este libro me refiero a hombres y mujeres migrantes musulmanes y no occidentales, a no ser que el contexto exija hacer referencia a nacionalidades o filiaciones religiosas específicas. En concreto, destacaré cómo la mayoría de mujeres musulmanas (migrantes y no migrantes por igual) y la mayoría de mujeres que migran a Europa desde el Sur global y desde algunos de los países del bloque postsocialista se ven afectados al menos por algunas de las políticas y procesos que resumo en este libro.

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domingo, septiembre 20, 2009

Sexo Grupal/Circulo de Pajeros 


Circle Jerks: juntarse a masturbasre en grupo. Es una actitud comunista.

La duda son los límites del sexo: ¿el sexo oral es sexo? ¿y el sexo virtual? ¿el sexo "contra natura"?

Johnny Rotten, antes de hacer propagandas de mantequilla, decía que el sexo era fome: unos segundos de humedad y ruiditos. Fome Fome. Fome. Para el que dura unos pocos segundos.

¿Por qué justo hoy tengo que tomar un CD por azar y resulta ser justo la obra maestra de los Pajeros, "Group Sex"?

Las dos veces que en mi vida he estado a punto de tener sexo grupal, me han expulsado "en el acto", o justo antes. Una vez por celos de un huevón. La segunda por celos de una mina. Como decía Marx corrigiendo a Hegel: La histeria se repite dos veces...La primera vez es tragicómica, la segunda palpico.

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Pasando las mierdas patrias 

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No es tan difícil. Aislarse de todo con "La guerra civil en Francia" de Marx, la "Introducción al psicoanálisis" de Freud, un frasco de clonazepam y el último cogollo. Dormir, soñar y leer. Cagar y mear. Dormir, soñar, leer. No comer casi nada. Redactar notas sobre lo que venga a la mente en ese momento.

Después de eso, al regresar a casa, el único disco capaz de fortalecer a un ser humano en estas tristes circunstancias: "Loose Nut", la bola perdida.

Fragmentos de un sueño: bajando de noche desde el cerro Cordillera hacia el plan. Hay algo siniestro ahí, pero no se asoma claramente.
Luego, hay tres gatos, se pierde el "gato celeste", pero primero se llama "Félix" y después "Nerón". Lo busco y no lo encuentro. Doy con unas playas aparentemente brasileras.
Debo viajar con mi primo Ernesto, pero no aparece en el aeropuerto a la hora convenida. Alcanzo a hacer la mitad del viaje, y en la escala, me devuelvo. Ahí recién aparece Ernesto, pero sin mis pasajes (él los había reservado), y me entrega una caja que contiene unas zapatillas transparentes a modo de regalo.


Una cosa es tener problemas controlando la libido. Otra cosa diferente es la
CRUELDAD SEXUAL

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PRACTIQUE LA CRUELDAD SEXUAL, DE PREFERENCIA CON EL ENEMIGO DE CLASE.

Y cuéntele sus sueños a sus hijos (sobrinos, alumnos...)

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¿Cómo hacer un balance de las noches dedicadas al vandalismo?

5 vidrieras de banco y/o automotrices. Varios focos de la Municipalidad del fascista ex-torturador de Labbé. Banderas chilenas...la bandera en sí no es tan fea, pero sólo si se usa sólo la mitad inferior: BANDERA ROJA (a poto pelao).

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Soñar todo el rato con estar semidesmayado, desvaneciéndose. Tratar de llamar a alguien por ayuda y no poder pronunciar casi nada.

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Golpeo la pared con el puño, puedo sentirlo cuando cierro los ojos, esto es bueno, esto es bueno...(Black Flag, "Esto es güeno, supergüeno").


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El buen viejo Sigmund, mi profesor y terapeuta Freud, me confirma que tengo razón cuando digo que las mujeres celosas lo son nada más que por mala conciencia. "El mecanismo de desplazamiento participa siempre en la génesis de los celos obsesivos", y cuenta un interesante caso concerniente a una señora que celaba a su marido porque no se atrevía a reconocerse que estaba enamorado del yerno, que otro día les detallo.

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(Censurado)

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"Ahora ella es negra" grita Henry.
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(censurado)

Guajaja.

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jueves, septiembre 17, 2009

Toda la vida está relatada en canciones de Black Flag/"Su moral y la nuestra". 


Por ejemplo, el "Desastre de Rancagua" tiene su banda sonora perfecta con "Spray paint the walls", "Police Story", "Gimmie gimie gimmie", "Six Pack", "Rise Above" y "Depression".

El texto de Mattick subido recién es notable: debería ser incluido en algún dossier sobre "La izquierda (del Capital)". Junto a él, se debería incluir "El renegado Kautsky y su discípulo Lenin", de Jean Barrot.

Ventajas del feminismo chanta que practica un gran porcentaje de mujeres en Chile: Las infracciones a la monogamia son gravísimas y absolutamente si las comete el hombre. Cuando ellas las infringen, muy por el contrario, siempre hay alguna causa justificada (despecho, experimentación, alcohol, etc.).

Escucho entrar por la ventana los gritos de un ebrio dando vivas a la "independencia de Chile. ¿Qué significa eso exactamente?

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