jueves, enero 26, 2023
Cuando las feministas alemanas se pitearon a Teddy Adorno
Había escuchado algunas versiones sobre este acontecimiento ocurrido en 1969, pero no en el nivel de detalle que da Manuel Sacristán. Lo que yo había escuchado era que las feministas en topless boicotearon su clase diciendo "la institución Adorno ha muerto". La versión de Sacristán enfatiza en el juego de palabras entre Theodor Adorno, alias "Teddy", y "Teddy bear": osito de peluche.
Los dejo con el relato compilado por Salvador López Arnal dentro de una Antología de Sacristán sobre la Escuela de Frankfurt, disponible en rebelion.org :
Manuel Sacristán sobre Adorno y
Horkheimer
En «Sobre Lukács» (en M.
Sacristán, Seis conferencias, op. cit), a propósito de un comentario a la
crítica de Gyorgy Lukács del utopismo irracionalista, Sacristán hizo un
comentario sobre Th. W. Adorno, a quien tradujo y de quien siempre admiró su
estilo intelectual y su inmensa erudición marxiana. Señalo que Lukács, en El
asalto a la razón, había criticado la ideología de los pensadores, supuestamente
de izquierda, que practicaban el pesimismo histórico. En su opinión, el
filósofo húngaro se estaba refiriendo claramente a Adorno. A lo que añadió:
«Otro de esos pensadores de contrabando que mucha gente que se cree de
izquierda lo tiene como autor de cabecera y de izquierda no tiene nada, más que
el saberse a Marx, se sabe a Marx muy bien. Adorno se sabía a Marx así… Yo
muchas veces he admirado como se sabía Adorno a Marx. Sólo que, como Gramsci
dijo muy bien, según se lea El Capital puede ser un libro de cabecera de
burgueses, como ocurrió en la Rusia anterior a la revolución y ése es el caso
de Adorno manifiestamente. No digo en su juventud; en su juventud, Adorno era
un marxista idealista, por así decirlo, pero con muchos elementos de marxismo.
Después de su largo exilio en Estados Unidos, porque era judío y tuvo que huir
de Alemania, cuando volvió, era un conservador.
Cuando el 68, sus estudiantes -entre otros, individuos de tanto talento como
Dutschke, Hermann Ckark, que fue uno que se mató en un accidente de automóvil,
en el 68 mismo, corriendo de Hamburgo a Berlín a una manifestación se pegó un
trastazo que murió en las puertas de Berlín-, cuando estos estudiantes de
Adorno decidieron que había llegado el momento de hacer algo, de hacer algo en
la práctica, Adorno -y disculpar este paréntesis pero es que vale la pena
porque son cosas importantes no sólo para la historia de Europa, sino también
para las precauciones ideológicas que debe tener uno- contestó que la
revolución nunca, que de ninguna manera la revolución. Como ellos insistieron
se marchó a su casa, volvió al cabo de un par de semanas, confiando en que ya
no estarían los revolucionarios, los cuales no estaban, pero estaban las chicas
feministas que se habían quedado. Entonces las chicas feministas le hicieron un
espectáculo terrible, bastante cruel. Adorno, no sé si habéis visto una figura
suya, era un hombre gordo, bajito, casi redondito, muy… así, muy blandito, un
poco fofo, entonces las chicas se desnudaron de cintura para arriba y empezaron
a decir «Adorno es un oso de peluche», que era una burla muy cruel, muy
terrible. El hombre se marchó desesperado a su casa y murió 48 horas después…Yo
creo que murió de muerte psíquica.
Las muertes psíquicas son más frecuentes de lo que podéis pensar siendo
jóvenes. Este hombre se encontró con que lo que era la raíz de su vida, que era
un enorme prestigio entre los estudiantes de izquierda, se hundió de la noche a
la mañana, cuando se encontró con la práctica, cuando no bastaba con decir frases
muy críticas de la cultura burguesa mientras se recibía dineros de la fundación
ésta y de la fundación otra, y perdonad la brutalidad con que hablo. Hablar
mucho contra la cultura burguesa mientras estaba sirviendo a la economía
burguesa y a la política burguesa. Su maestro y colega Horkheimer era consejero
personal de Adenauer y resulta que ahora me lo presentan como marxista. Y [la
editorial] Taurus lo publica como un gran marxista muy importante. Ese sí que
no era dogmático, ¡qué iba a ser dogmático! Era todo lo contrario claro, era un
consejero personal de Adenauer. Menos dogmático que eso…».
Etiquetas: 1968, Adorno, feminismo, feminismo chanta, Frankfurt, perlas de la estupidez humana
miércoles, octubre 05, 2022
El auge del feminacionalismo (x Sara R Farris).
FEMINACIONALISMO,
x Sara R. Farris (traducción de Elena Fernández-Renau, Traficantes de Sueños,
2021)
(Fragmento de la INTRODUCCIÓN: EN NOMBRE DE
LOS DERECHOS DE LAS MUJERES)
Creo que nos enfrentamos a mujeres
muy enfermas [es decir, mujeres musulmanas que llevan velo completo] y no creo
que su patología tenga que definirnos.
Élizabeth Badinter, filósofa feminista francesa
El islam [...] expulsa a los judíos y
a los gays y tira por el retrete décadas de derechos de las mujeres.
Geert Wilders, líder del partido neerlandés de extrema
derecha Partido por la Libertad
No puede haber una regularización
para aquellos [migrantes] que entraron ilegalmente, para aquellos que violen a
una mujer o roben un chalet; pero a la hora de regularizar, sin duda tendremos
en cuenta todas esas situaciones que provocan un gran impacto social, como es
el caso de las [mujeres] migrantes cuidadoras.
Roberto Maroni, exlíder del partido de extrema derecha
italiano Liga Norte
El éxito de la extrema derecha en las elecciones de 2014 al
Parlamento Europeo atrajo la atención internacional. Por todo el continente,
vimos cómo partidos nacionalistas de extrema derecha ganaban un número de
escaños sin precedente o consolidaban su ya significativo apoyo popular (1).
Estos logros electorales, junto con la dureza de los eslóganes antiislam que
caracterizaron sus campañas, desataron el temor del regreso del fascismo. Aun
así, uno de los rasgos más llamativos que distingue a los partidos nacionalistas
europeos contemporáneos de sus homólogos del pasado es la reclamación de la
igualdad de género (y en ocasiones de los derechos lgbt) dentro de su retórica,
por lo demás, xenófoba. Es más, a pesar de su falta de preocupación por
elaborar políticas concretas de igualdad de género y su estilo de política
masculinista, estos partidos promueven cada vez más sus programas antiislam en
nombre de los derechos de las mujeres. Desde Geert Wilders en los Países Bajos
a Marine Le Pen en Francia y Mateo Salvini en Italia (los impulsores clave de
la «internacional parda» en la que se centra este libro), uno de los tropos
principales al que han apelado estos partidos es el grave peligro que
constituyen los hombres musulmanes para las sociedades europeas, debido, ante
todo, al trato opresivo que dispensan a las mujeres (2).
Algunos investigadores han descrito el acercamiento por parte
de los nacionalistas a las cuestiones sobre la igualdad de las mujeres como un
intento por modernizar sus programas y aumentar su electorado femenino (3).
Otros han trazado una conexión entre Europa y Estados Unidos, por los políticos
conservadores que plantearon las guerras imperialistas tras el 11-S en Oriente
Próximo como misiones para liberar a las mujeres musulmanas de los hombres musulmanes
(4). A pesar de todo, los nacionalistas de extrema derecha no son los únicos que agitan la bandera de
la igualdad de las mujeres de formas que parecen contradictorias con su
ideología y políticas esenciales. Al otro lado del espectro político, ciertas
feministas reputadas y sin pelos en la lengua también se han sumado al coro
antiislam. Durante los años dos mil, la filósofa feminista francesa de fama
internacional, Élizabeth Badinter, la política feminista Ayan Hirsi Ali y la
famosa «feminista ocasional» italiana Oriana Fallaci denunciaron que las
comunidades musulmanas eran excepcionalmente sexistas en comparación con los
países occidentales, lugares donde las relaciones de género eran «superiores» (5).
De igual manera, tanto las organizaciones de mujeres, como las burócratas de
primera línea de las agencias estatales por la igualdad de género (a las que a
menudo me referiré como femócratas) señalaron las prácticas religiosas
islámicas como especialmente patriarcales y defendieron que no cabían en la
esfera pública occidental (6). En consecuencia, todas respaldaron propuestas
legislativas como la prohibición del velo, que retratan a las mujeres
musulmanas como víctimas pasivas que necesitan ser rescatadas y emancipadas. De
esta manera, este frente heterogéneo feminista y antiislam presenta el sexismo
y el patriarcado como de dominio casi exclusivo de ese Otro musulmán.
No obstante, el peculiar encuentro de la agenda antiislam y
la retórica emancipatoria sobre los derechos de la mujer no queda restringido a
nacionalistas y feministas. Los defensores del neoliberalismo que, por lo
demás, son antinacionalistas, también han hecho un uso cada vez mayor de
representaciones antiislam en nombre de los derechos de las mujeres (7). Buen
ejemplo de ello son los programas de integración civil para «nacionales de
terceros países» que, como explicaré más adelante, son un referente del
neoliberalismo. Diseñados para promover la inclusión de los migrantes en el
tejido de las sociedades europeas, estos programas han logrado que la
residencia a largo plazo de los migrantes dependa de un compromiso certificado
por aprender el idioma, la cultura y los valores del país de destino. Instan a
los migrantes tanto a reconocer los derechos de las mujeres como valor central
de Occidente, como a integrarse en las prácticas culturales occidentales, que
se presentan como más civilizadas y avanzadas. Lo que también resulta
sorprendente es que las políticas de integración civil tienden a generalizar la
supuesta misoginia inherente a las comunidades musulmanas y las aplican a todos
los migrantes no occidentales.
Así, tres actores políticos bien distintos (nacionalistas de
extrema derecha, ciertas feministas y agencias por la igualdad de las mujeres y
los neoliberales) recurren a los derechos de las mujeres para estigmatizar a
los hombres musulmanes y así promover sus propios objetivos políticos. Pero,
¿por qué estos distintos movimientos recurren al mismo tropo e identifican a
los hombres musulmanes como una de las mayores amenazas para las sociedades
occidentales? ¿Acaso los partidos de extrema derecha no «traicionan» sus
políticas antifeministas, las feministas sus políticas de emancipación y los
neoliberales sus políticas antinacionalistas cuando todos ellos recurren a los
derechos de las mujeres contra los sujetos musulmanes masculinos? ¿Quiénes
representan exactamente las fuerzas nacionalistas, feministas y neoliberales
que oponen la igualdad de género al islam y cuáles son sus argumentos
concretos? ¿Asistimos al auge de una nueva alianza impía, o este aparente consenso
que atraviesa el arco político es simplemente fortuito y circunstancial? Y, por
último, ¿por qué las mujeres musulmanas reciben ofertas de «rescate» en un
contexto de creciente islamofobia y sentimiento antinmigración, en particular
en lo que respecta al empleo y al bienestar?
Tal y como planteo en las siguientes secciones, varios
académicos han explicado la nueva centralidad de la igualdad de género y a
veces la del colectivo homosexual dentro de los programas antiislam como
consecuencia del giro a la derecha y de la guerra del terror que marcó los años
dos mil en Europa y Estados Unidos, en particular tras el 11-S. Así, enfatizan
las lógicas de seguridad de las narrativas contemporáneas que definen a las
mujeres musulmanas como víctimas e interpretan estas narrativas
fundamentalmente como constelaciones políticas que caracterizan el actual
espíritu neoliberal y nacionalista de la época.
En su lugar, este libro defiende que se han ignorado gran
parte de dimensiones político-económicas importantes que subyacen a estas
paradójicas intersecciones en Europa occidental. Además, defiendo que las
formas en que las campañas antiislam en nombre de la igualdad de género
promueven y definen ideologías e instituciones racistas y antinmigración de
carácter más diverso no han recibido la atención que merecen. En nombre de los
derechos de las mujeres pretende proponer nuevos vínculos, conceptualizaciones
y categorías para el análisis con el objetivo de descifrar las razones de la
sorprendente intersección entre nacionalistas, feministas y neoliberales. Para
nombrar esta intersección y enmarcar la lógica político-económica que lo
sostiene, propongo la noción de feminacionalismo.
Esta forma abreviada de «nacionalismo feminista y
femocrático», feminacionalismo, se refiere tanto a la explotación de las
temáticas feministas por parte de nacionalistas y neoliberales en sus campañas
contra el islam (pero también, como expongo más adelante, en contra de la
inmigración), como a la participación de ciertas feministas y femócratas en la
estigmatización de los hombres musulmanes bajo el estandarte de la igualdad de
género. El feminacionalismo, por lo tanto, describe, por un lado, el intento de
los partidos de Europa occidental, neoliberales y de la derecha, de promover
políticas racistas y xenófobas al pregonar la igualdad de género; y, por otro,
captura la implicación de varias feministas y femócratas reputadas y muy
visibles en la actual representación del islam como la religión y la cultura
misógina por excelencia. Para definir y mapear el feminacionalismo, este libro
se centra en tres contextos nacionales específicos (Países Bajos, Francia e
Italia durante los años 2000-2013) y tres actores y agendas políticas
concretas: 1) los partidos nacionalistas de derechas (el Partij voor de
Vrijheid [pvv, Partido por la Libertad] de los Países Bajos, el Front National
[fn, Frente Nacional] de Francia y la Lega Nord [ln, Liga Norte] de Italia); 2)
políticas e intelectuales feministas notables, organizaciones de mujeres y
femócratas de los tres países; y 3) políticas neoliberales dirigidas a
migrantes no occidentales dentro de programas de integración civil.
Llegados a este punto, es preciso realizar dos aclaraciones.
En primer lugar, debería recalcar que, a diferencia de los partidos nacionalistas
de derechas que instrumentalizan la igualdad de género en campañas
antinmigración más amplias, las feministas, las organizaciones de mujeres y las
femócratas que señalo han dirigido sus principales críticas contra los
musulmanes y no contra los migrantes en general. Sin embargo, este libro
detalla la implicación de algunas de estas feministas, organizaciones de
mujeres y femócratas en la elaboración y puesta en marcha de algunos de los
elementos de los programas de integración civil dirigidos a mujeres migrantes
no occidentales en general (8). Así, muestro cómo la retórica antiislam ha
permeado los mecanismos institucionales dirigidos a la población migrante no
occidental en general. En nombre de los derechos de las mujeres intenta aclarar
este complejo entramado al afirmar que, a pesar de que la retórica
antimusulmana se haya convertido en la retórica dominante antiOtro, en ciertos
puntos y en ciertos lugares y discursos coincide con la retórica
antinmigración. Para explicar este entramado, por un lado, desarrollo cómo la
conexión entre las políticas antiislam y antinmigración se da mediante la
presunción de que los hombres y mujeres musulmanes son los principales
representantes del binomio opresor y víctima. A continuación, este binomio se
proyecta y se generaliza a los migrantes no occidentales del Sur global de
forma generalizada (como sucede con las políticas de integración civil). Por
otro lado, debato cómo el binomio opresor y víctima que se usa hoy para
presentar a los musulmanes alimenta especialmente las representaciones y los
estereotipos instalados desde la época colonial en los tres países y que son
parte integrante de un repertorio racista más amplio.
En segundo lugar, mi crítica del retrato europeo de las
mujeres musulmanas como las víctimas por excelencia del patriarcado no
occidental no implica en ningún caso que niegue la desigualdad o la represión a
la que estas mujeres (igual que aquellas que tengan cualquier otro origen
cultural, social o nacional) puedan estar sometidas dentro de sus sociedades.
Aun así, este libro se centra ante todo en las representaciones y conceptualizaciones
del imaginario cultural de Europa occidental y en las formas en las que
dichas representaciones y conceptualizaciones se alimentan de (y por lo tanto
alimentan) estereotipos racistas profundamente arraigados, así como intereses y
prácticas económicas que afectan también a otras mujeres (migrantes) no
occidentales.
En definitiva, En nombre de los derechos de las mujeres
se propone introducir un marco teórico más robusto para analizar el uso de la
igualdad de género en campañas xenófobas. Lo hace de un modo que va más allá de
la lente «política» que en gran medida ha dominado el análisis de este
fenómeno. Insisto en la necesidad de descifrar el entramado que tejen el
nacionalismo de derechas, ciertas capas del feminismo y el neoliberalismo en
nombre de los derechos de las mujeres mediante la revelación de sus modelos de
funcionamiento político-económicos. Por lo tanto, al proponer la noción de
feminacionalismo quiero aportar un concepto teórico que capture el programa
político-económico que alimenta esa interpelación a los derechos de las mujeres
a la que se suman toda una serie de actores diversos. Esta interpelación, bajo
mi punto de vista, está íntimamente ligada al profundo temor al Otro y, dada
nuestra coyuntura histórica actual, a la islamofobia. En consecuencia, propongo
que el feminacionalismo debe entenderse como una ideología que surge de un modo
de encuentro específico, o como prefiero llamarlo, de una convergencia entre
distintos proyectos políticos que se produce por, y a su vez produce, una
lógica específicamente económica. Las siguientes secciones las dedico a aclarar
las tres dimensiones teóricas del feminacionalismo: feminacionalismo como convergencia,
como formación ideológica y como economía política neoliberal.
(…) DESCARGAR PARA SEGUIR LEYENDO (...)
NOTAS:
1 Tres partidos nacionalistas de extrema derecha aparecieron
por primera vez en sus respectivos países: el Partido Popular Danés obtuvo el
25 por ciento (+18,7) de los votos, el fn obtuvo el 26,6 por ciento (+11,8) y
el Partido de la Independencia del Reino Unido el 27,5 por ciento (+11,4). En
general, los partidos de extrema derecha obtuvieron sus mejores resultados en
los países occidentales europeos (con la excepción de Hungría). Para un enfoque
en mayor profundidad de estos resultados, consúltese el análisis de Cas Mudde,
«The Far Right in the 2014 European Elections: Of Earthquakes, Cartels and
Designer Fascists» de 30 de mayo de 2014 en el Washington Post.
2 Véase el
artículo de Thanasis Kampagiannis «The “Brown International” of the European
Far Right», Left Flank, 12 de enero de 2014.
3 Bartlett et
al., «Populism in Europe»; Mayer, «From Jean-Marie to Marine Le Pen»; Akkerman
y Hagelund, «“Women and Children First!”»; Towns et al., «Equality Conundrum».
4 La invasión de Afganistán tras los ataques terroristas
contra las Torres Gemelas en Nueva York se presentó ante el público
internacional como una misión para liberar a las mujeres afganas de su opresión
bajo el mandato talibán, en la misma medida que se planteaba como un acto de
defensa y de represalia contra quienes habían perpetrado los ataques; y así lo
respaldó la opinión pública. Desde entonces, las imágenes de mujeres musulmanas
con velo como cuerpos prisioneros han entrado en nuestro inconsciente colectivo
occidental junto con las de hombres musulmanes con barba que aparentemente
planean ataques terroristas contra objetivos occidentales. Por todo Occidente,
no solo las fuerzas nacionalistas y conservadoras de extrema derecha, sino
también ciertas organizaciones feministas de la izquierda y algunas figuras
públicas han respaldado el retrato de las mujeres musulmanas como víctimas a
las que salvar. En Estados Unidos, la Feminist Majority Foundation, una de las
voces feministas líderes en el país, respaldó activamente la invasión de
Afganistán por considerarla necesaria para liberar a las mujeres afganas del
«apartheid de género» (Russo, «Feminist Majority Foundation’s Campaign to Stop
Gender Apartheid»). Al otro lado del Atlántico, el icono feminista alemán Alice
Schwarzer ha sido una de las opositoras más firmes al islam por considerarlo
una religión y una cultura misóginas, ideas de las que se hicieron eco una
amplia gama de fuerzas políticas tanto de izquierda como de derecha. Esta
actitud está tan extendida en el país que según una encuesta realizada por la
agencia de sondeos Allensbach en 2012, el 83 por ciento de las mujeres alemanas
asociaban la palabra «islam» con «opresión de las mujeres». En Suecia y
Noruega, se ha dado una convergencia entre las feministas y los partidos de la
derecha y antinmigración, como son el Sverigedemokraterna (Demócratas de
Suecia) y el Fremskrittspartiet (Partido del Progreso), en nombre de la
igualdad de género contra las comunidades inmigrantes no occidentales (romanís
y musulmanes en particular). Si miramos a otros países occidentales, la
situación no es tan distinta. Tras los disturbios raciales de Sídney de 2005, en
Cronulla, en los que australianos blancos asaltaron a hombres de color durante
días acusándoles de ser violadores, el primer ministro Carl Scully afirmó que
estaba «preocupado por que un pequeño número de hombres de Oriente Próximo
parecía tener un problema para respetar a las mujeres» (Ho, «Muslim Women’s New
Defenders»).
5 Oriana Fallaci no se definió como feminista, aunque se la
asocia con el feminismo liberal por su participación activa en la lucha por el
derecho al aborto y al divorcio durante los años setenta.
6 Aquí uso la definición de femócratas de Inside Aligators de
Hester Eisenstein como «feministas que participan en la burocracia estatal».
Para un debate en profundidad sobre la noción de femócrata y de feminismo de
Estado desde una perspectiva transnacional, véase Haussman y Sauer, Gendering
the State in the Age of Globalization. Véase también McBride y Mazur, Politics
of State Feminism.
7 El neoliberalismo se suele asociar con doctrinas
político-económicas que promueven la globalización. Se asume por lo tanto que
trasciende las fronteras nacionales y que rechaza las ideologías nacionalistas.
El capítulo 3 desafía esta visión mayoritaria. Para una visión general de estos
debates, en especial dentro del ámbito de la economía política internacional,
véase Harmes, «The Rise of Neoliberal Nationalism».
8 Algunos de los argumentos que recientemente han utilizado
ciertas feministas y femócratas para estigmatizar a los hombres musulmanes y
retratar a las mujeres musulmanas como víctimas a las que rescatar replican las
representaciones estereotipadas de la supuesta victimización de las mujeres no
occidentales que, al menos desde los años setenta en adelante, ha caracterizado
el relato europeo occidental de las mujeres migrantes. Además, las políticas de
integración civil que algunas feministas, organizaciones de mujeres y
femócratas han apoyado o directamente implementado sobre la base de su
perspectiva antiislam no solo afectan a migrantes de Oriente Próximo, el norte
de África y el sur de Asia, sino también a africanos en general, albanos,
rusos, serbios, chinos y demás (en resumen, a migrantes no europeos/no
occidentales). Por esta razón, a lo largo de este libro me refiero a hombres y
mujeres migrantes musulmanes y no occidentales, a no ser que el contexto exija
hacer referencia a nacionalidades o filiaciones religiosas específicas. En
concreto, destacaré cómo la mayoría de mujeres musulmanas (migrantes y no
migrantes por igual) y la mayoría de mujeres que migran a Europa desde el Sur
global y desde algunos de los países del bloque postsocialista se ven afectados
al menos por algunas de las políticas y procesos que resumo en este libro.
Etiquetas: fascistología, feminismo, feminismo chanta, nada mas práctico que una buena teoría, reflexión
domingo, febrero 27, 2022
"Tierra sin hombres" (Izumi Suzuki)
Extracto de “Terminal Boredom” (Verso, 2021), primera publicación en inglés de la ficción especulativa de la japonesa Izumi Suzuki (1949-1986). Suzuki es un ícono contracultural de los setenta y ochenta, cuya vida ha sido retratada parcialmente en la película “Endless Waltz” (1995) de Koji Wakamatsu, centrada en la relación con su pareja el saxofonista de free jazz e improvisación Kaoru Abe, con quien se casó en 1973 y tuvo una hija en 1976. Abe murió por una sobredosis de tranquilizantes en 1978. Escritora desde 1969, trabajó como desde 1970 como actriz en films eróticos bajo el alias de Naomi Asaka, fue dama de compañía y modelo de desnudos para revistas y sesiones con fotógrafos como Nobuyoshi Araki, además de participar en la compañía de teatro de vanguardia Tenjo Sajiki. Publicó su primera historia corta, “Trial Witch”, en la revista japonesa de ciencia ficción S-F en 1975. En 1986 se suicidó ahorcándose en su casa.
Traducción propia.
Esta mañana un niño pasó cerca de mi casa.
Cuando le conté a mi hermana Asako, me dijo, ‘Tonta, tú sabes
bien que no hay chicos por acá”.
Estaba en lo correcto.
Mucho tiempo atrás, la Tierra sólo estaba poblada por
mujeres. Ellas vivían en paz hasta que un día cierta mujer dio a luz a una criatura
como nunca antes se había visto: su cuerpo era deforme, era rudo y descuidado
en todo lo que hacía, y provocaba un montón de problemas para todos antes de
producir un poco de descendencia y luego morir. Así fue el advenimiento del
hombre. A partir de ahí, el número de hombres se incrementó sostenidamente. Fueron
ellos quienes inventaron la guerra y sus implementos obligatorios. Peor aún,
ellos empezaron a jugar con nociones como las de revolución, trabajo, y arte,
desperdiciando su energía en todo tipo de propósitos abstractos. Incluso
tuvieron la audacia de proclamar que esa era la más grande
característica de la humanidad – su celosa búsqueda de aventura, romance, todas
cosas que eran completamente inútiles en la vida cotidiana. Aunque los hombres
fueran adultos seguían siendo niños, aparentemente complejos, pero tan simples
como podían serlo; eran criaturas absolutamente inmanejables.
Las mujeres tenían algo también, algo llamado “amor”, pero
eso era algo mucho más concreto. Era tratar con un bebé llorando, cambiar sus pañales,
aunque estuvieras exhausta. Era compartir cualquier alimento que encontraras
con pequeños y frágiles seres a tu cuidado. Pero no con los extraños. Porque si
lo hacías, tú y tu linaje no sobrevivirían.
A medida que crecía el número de hombres, las mujeres
tuvieron que mantenerse alertas respecto a todos y cada uno de ellos. Esta
tarea era realmente onerosa, pero la mayoría de las mujeres parecían tener la
habilidad para hacerla. Tenían que resguardar su hogar y su familia.
Con el paso de muchos largos años, los hombres llegaron a
dominar la sociedad a través de la violencia y la astucia, y luego no hacían
nada más que la guerra. Parecían encontrar su razón de ser en grandes y
pequeños conflictos. La guerra se introdujo en la vida cotidiana, y así
nacieron las “guerras del tráfico” y las “guerras de admisión”. Dichos términos
se volvieron tan comunes que la palabra “guerra” perdió todo su
significado. Esta deplorable situación
fue obviamente responsabilidad de los hombres. Y, cuando el ruido del tráfico y
las competencias para entrar a la universidad se volvieron tan terribles que la
gente apenas podía soportarlas, reemplazaron la palabra “guerra” por
“infierno”, acuñando frases como el “infierno del tráfico” y el “infierno de
los exámenes”.
Las fábricas seguían operando, y la era resonaba con himnos
de progreso y harmonía. Pero entonces, en la última mitad del siglo XX, una
cosa extraña sucedió: la tasa de natalidad de hombres empezó a declinar. Esto
aparentemente se debió a algo llamado polución. Los hombres que inventaron la
máquina de vapor probablemente nunca esperaron activar una cadena de eventos
que terminaría por poner fin a su propia especie.
En todo caso, los hombres se volvieron escasos. Por alguna
razón las mujeres habían desarrollado el hábito de encontrar un hombre en
particular para amar, así que estaban terriblemente tristes por esto. Así y
todo, el número de hombres continuó disminuyendo.
Hoy en día, no había forma de que posaras los ojos sobre uno
a menos que visitaras la Zona de Ocupación Terminal de la Exclusión de Género.
‘¿No estarías viendo cosas?’
Asako sirvió un poco de té. Mi confianza se evaporó delante
de su pregunta.
‘Tal vez. Pero después revisé un libro, y las ropas que tenía
eran bastante parecidas a las de los chicos de fines del siglo XX. Su pelo era
corto y llevaba pantalones’.
‘Igual que yo.’
El pelo de Asako en verdad estaba rapado. Llevaba un par de
pantalones de campana de algodón ligero. Y su pecho era plano como una tabla.
‘También hay mujeres así, lo sabes.’
‘Su onda era muy diferente. Era muy sólido y alto, como un
resorte al caminar. Había algo…intenso en él’.
‘Guau. Pareciera que tienes todas las respuestas, sin importar
el hecho de que nunca hayas visto antes a un hombre. El año que me gradué del liceo fuimos en un
paseo a la Zona de Ocupación, pero los hombres no resultaron ser para nada como
yo esperaba. Eran lampiños y olían divertido, y me ponían los pelos de punta.
Quizás es porque están recluidos en ese lugar, pero parecían todos tan flojos.
Lo entenderás cuando vayas y los veas. Son horribles. Pero me dijiste que viste
uno en un libro. ¿Dónde viste tú un libro como ese?’
La publicación de material relativo a los hombres está
estrictamente prohibida.
‘En la casa de una amiga.’
‘Guau. ¿Y cómo llegó ahí?’
‘Supongo que su mama trabaja en el Buró de Informaciones. Mi
amiga no lo sabe bien tampoco. Abrió la
puerta de su estudio con un pinche de pelo y me dijo que podía ver cualquier
libro que quisiera.’
‘Qué pequeña delincuente’.
‘Había un montón de películas también’.
‘Si eso se supiera, sería un verdadero problema. Yuko, sé que
tú en realidad no lo entiendes, pero ese es el tipo de cosas que conduce la
sociedad al caos. Quiero recordarte esto: el orden es lo más importante. Obedecer
las reglas. Si todas lo hacemos, la humanidad puede evitar su destrucción.’
Dio esta lección gentilmente, como una hermana mayor.
Le eché un poco de leche a mi té. ‘¿Por humanidad te refieres
a las mujeres?’
‘Por supuesto. ¿No te enseñaron eso en la escuela?’
‘Claro.’
‘Bueno, ahí lo tienes.’
‘¿Y los hombres?’
‘Los hombres descienden de la humanidad también, pero son una
tendencia desviada. Son “freaks”’.
‘Pero hubo una época en que florecían, ¿cierto?’
No nos enseñan mucho sobre eso en la escuela. Sólo aprendes
sobre esos temas tabú en las conversaciones susurradas entre amigos. Dos o tres
años atrás alguien publicó un panfleto titulado Sobre los hombres, y una
amiga me lo mostró. Luego la policía allanó y destruyó todas las copias. Las
culpables fueron rápidamente identificadas y llevadas a centros de detención.
Los titulares noticiosos la etiquetaron como una publicación
peligrosa porque “estimulaba la curiosidad”.
Etiquetas: 77, feminismo, Izumi Suzuki, Japo, machismo, memories of you
lunes, diciembre 13, 2021
FEMale EX-tatic: Mette, Haco, Lindsay, Dagmar.
“Por supuesto, los surrealistas intentaban rescatar esa figura de la disciplina psiquiátrica para reinsertarla como heroína del movimiento, como un parangón de la figura del artista (junto con otras ‘féminas extáticas’: la anarquista Germaine Barton, la parricida Violette Noziére, las hermanas asesinas Papin, todas sujetos de testimonios en las revistas surrealistas. Pero esta atracción, ¿constituía ‘una nueva visión de la femineidad, una nueva modernidad?” (Hal Foster, Belleza compulsiva).
Cuando Mette arremete en “Capital
Horse” con su saxofón desde los registros más graves y cavernosos, no pude
evitar recordar a su colega Mats Gustaffson, también escandinavo, y pensar en
que el suelo del Norte, que fue uno de los primeros lugares en que Albert Ayler
encontró algo de recepción positiva a su obra, el legado no se había perdido
pues la semilla cayó en un terreno helado pero fértil.
Tras el inicio cuasi black metal,
muy bien acompañada en guitarra por Tashi Dorji en este registro en Quebec el 2016, la saxofonista va explorando
otras ideas y sonoridades, a lo largo de cinco temas en que ambas imaginaciones
vuelan y se incitan mutuamente a ir incluso más lejos.
El trabajo conjunto de guitarra
eléctrica y saxo es un viejo estilo de diálogo en que yo señalaría como grandes
momentos los famosos encuentros entre Evan Parker y Derek Bailey -que siguieron
produciéndose esporádicamente incluso cuando ya no se soportaban personalmente
el uno al otro y ni siquiera se dirigían la palabra. Pues no importa: la música
es más importante que el ego-, y también los legendarios encuentros grabados
entre Kaoru Abe y Masayuki Takayanagi.
Pero acá estamos hablando de mujeres ecstáticas, así que de Mette la danesa me paso al territorio de Haco, la japonesa. Quien haya visto alguna vez el documental sobre Fred Frith titulado “Step across the border”, tiene que haberse fijado en ella tocando al piano la canción “After Dinner”, que era el nombre de su banda en el Lejano Oriente.
After Dinner hacia una curiosa
mezcla de música tradicional japonesa con psicodelia y música concreta. De algún
modo llegaron a oídos de Ferdinand Richard bajista de Etron Fou Leloublan -banda pilar del llamado Rock In Opposition- y
organizador del Festival MIMI (movimiento internacional de músicas innovadoras),
que los invitó a tocar allí en la versión 1987.
Gracias a eso los conocemos, pues
Chris Cutler (baterista de Henry Cow/Art Bears/News from Babel/Cassiber/The
Work/Pere Ubu…¿algo más?) los editó en CD por Recommended Records y yo almorcé
pan con queso varios días seguidos para poder adquirir un ejemplar que aún
tengo acá.
En esta ocasión presentaré un
trío de artefactos que incluyen su primer single, el primer LP, Glass Tube (1984) y un registro
en vivo en caset-souvenir de la gira que aprovecharon de hacer gracias a la invitación
de don Ferdinand.
Y por si eso fuera poco, les ofrezco
también un álbum solista de Haco: Jardín secreto, del 2015.
Sin salirnos del universo RIO al que hemos entrado casi sin darnos cuenta, la siguiente Female Extatic que quiero homenajear hoy es la gran Lindsay Cooper, que tocaba vientos en Henry Cow, News from Babel, el Grupo de Improvisación Feminista y varios proyectos más. En los viejos tiempos yo tenía el CD Rec Recs que incluía las obras maestras Rags y The Golddiggers, enormes trabajos de memoria histórica de las luchas proletarias y en especial de las mujeres trabajadoras. Perdí el disco en algún momento. Lindsay ya murió.
Este disco es un excelente compilado
de “Rarezas” (vol. 1 y 2) que nos permiten recordarla cuando queramos.
Y para terminar el recorrido de hoy, dirigimos la atención a la cantante alemana Dagmar Krause, que tras trabajar con Slapp Happy, Henry Cow, Art Bears y News from Babel se dio en 1983 el tiempo para colaborar en el minialbum "Commuters" con dos holandeses (Harold Schellinx en textos y Ronald Heiloo al piano) creando estas diez miniaturas indescriptibles que vale la pena escuchar leyendo atentamente cada texto.
"Las breves historias de Schellinx se combinan con densas piezas para piano que toman elenentos de Erik Satie, Charles Ives, y Kurt Weill. La voz de Krause entrega los textos en melodías angulares que recuerdan su trabajo en News from Babel ( en el album "Work resumed on the tower"). Estas piezas en parte cabaret y en parte atonales de entre 60 y 120 segundos son todo lo completas que pueden y el auditor sale de ellas como si la experiencia hubiera tomado una hora".
Etiquetas: 68, 77, brutal prog, feminismo, Japo, rock (no punk), surrealismo
miércoles, agosto 11, 2021
La morada oculta: lanzamiento de un "clásico olvidado" de Leopoldina Fortunati
Estos materiales quedaron sin ser usados hace un par de años o más bien tres: la "explosión feminista" del 2018, para el 50 aniversario de la revolución mundial del 68.
Vienen al caso ahora que esperamos el lanzamiento mañana en la tardecita de la edición local de "El arcano de la reproducción", de Leopoldina Fortunati. No sé si pueda existir en verdad algo así como un clásico olvidado o desconocido, pero al menos yo sí entiendo a qué me refiero. Algo es algo.
EL CAPITAL CONTRA LA HUMANIDAD: LA “MORADA OCULTA” DEL SISTEMA DE PRODUCCIÓN/REPRODUCCIÓN CAPITALISTA.
Al abrirse paso contra todas las fuerzas del viejo mundo, el segundo
asalto proletario global contra la sociedad de clases (1968/1977), fue
redescubriendo y desarrollando su propia teoría, visibilizando y radicalizando
varias zonas donde se ejercía el dominio de lo humano al servicio de la
cosificación, que quedaban ocultas en la visión progresista, masculina y
productivista propia de todo el Movimiento Obrero clásico. Así, al “obrerismo” tradicional de las dos
ideologías rivales (marxismo vs. anarquismo), se le confrontó una mirada mucho
más amplia y crítica, que exhibió cómo los mecanismos fundamentales de la
conservación del sistema se manifestaban en todo el espacio social, y muy
centralmente en los mecanismos de la familia y la escuela autoritarias. A la
vieja y rancia dupla del Estado/Capital le acompañaban además el Patriarcado y
el Adultocentrismo como viejos y reactualizados modelos de sumisión.
Dentro de la teoría suministrada por el movimiento revolucionario de las mujeres cabría destacar las elaboraciones ligadas al “Movimiento por el Salario Doméstico” en los 70 (entre ellas Mariarosa Balla Costa), las investigaciones de Silvia Federici, y posteriormente las de Maya González (por ejemplo en sus artículos para la revista Endnotes ). Destacamos esta obra porque a diferencia de los feminismos liberales y socialdemócratas que se aprecian a nivel de ideología dominante, se planten siempre desde una posición comunista y antiestatal, haciendo ver como la situación socialmente subordinada de la mujer constituye una condición para la afirmación y perpetuación de la dominación capitalista. La violencia específica, estructural y cotidiana a la que las mujeres se enfrentan (discriminación, abusos, violaciones) no se entienden como meros “resabios” de sociedades retrógradas, sino expresión y fundamento del desarrollo actual del capital.
“Desde Marx, ha sido claro que el capital
domina y se desarrolla a través del salario, esto es, que el fundamento de la
sociedad capitalista era el trabajador asalariado y, hombre o mujer, la
explotación directa de éste. Lo que no ha estado claro, ni lo han supuesto las
organizaciones del movimiento de clase obrera, es que precisamente a través del
salario se ha organizado la explotación del trabajador no asalariado. Esta explotación
ha sido aún más efectiva porque la falta de un salario la ocultaba. Es decir,
el salario controlaba una cantidad de trabajo mayor que la que aparecía en el
convenio de la fábrica. En lo que respecta a las mujeres, su trabajo parece un
servicio personal fuera del capital. La mujer parecía sufrir únicamente el
chauvinismo masculino y era mal tratada porque el capitalismo significaba
"injusticia" general y "conductas malas e irrazonables";
los pocos (hombres) que lo advirtieron nos convencieron de que esto era
"opresión" pero no explotación. Pero la "opresión" ocultaba
otro aspecto más penetrante de la sociedad capitalista. […] La mujer está
siempre en servicio porque no existe la máquina que haga niños y se preocupe de
ellos. La mayor productividad del trabajo doméstico mediante la mecanización
únicamente puede relacionarse con servicios específicos como, por ejemplo,
lavar y limpiar. La jornada de trabajo de la mujer es interminable no porque
carezca de máquinas sino porque está aislada.”
(Las mujeres y la subversión de la comunidad. Mariarosa Dalla Costa. 1971).
"Puesto que la revolución como
comunización debe abolir todas las divisiones en la vida social, también debe
abolir las relaciones de género, no porque el género sea inconveniente u
objetable, sino porque es parte de la totalidad de relaciones que diariamente
reproducen el modo de producción capitalista. El género, también, es parte de
la contradicción central del capital, y por tanto, debe ser desmantelado en el
proceso de la revolución. No podemos esperar hasta después de la revolución
para que el problema del género se resuelva. Su relevancia respecto a nuestra
existencia no se va a transformar lentamente ya sea por medio de una
obsolescencia planeada o una deconstrucción lúdica, o a través de la igualdad
de los distintos géneros o la proliferación de una multitud de diferencias. Por
el contrario, para que haya revolución,
la comunización debe destruir el género en su propio curso, inaugurando las
relaciones entre individuos definidos en su singularidad."
(La comunización y la abolición del género. Maya González y Jeanne Neton, Endnotes, 2013. Disponible en La lógica del género y la comunización: ediciones.dosytresdorm.org).
“Estoy convencida de que nuestra unión como
mujeres y como feministas es un paso positivo, una precondición incluso para
superar la marginación. Las mujeres del movimiento estudiantil no deberían
dejar intimidarse por la acusación de “divisionismo”. Más que dividir, la
creación de espacios autónomos es necesaria, por un lado, para sacar a la luz
un amplio listado de relaciones de explotación que nos impiden actuar, y por
otro, para exponer ciertas relaciones de poder que, si no se cuestionan, sólo
acabarían por propiciar el fracaso del movimiento.
Reconocer aquellos aspectos de la experiencia
de las mujeres que fundamentan su subordinación a los hombres, y confrontar al
mismo tiempo las diferencias de poder que existen entre las propias mujeres, es
hoy, al igual que en el pasado, uno de los principales desafíos de las
feministas y de las activistas en todo movimiento social. Esta identificación,
desde luego, también entraña riesgos. El más insidioso, acaso, es la
idealización de las relaciones entre mujeres, ya que nos expone a desilusiones
muy dolorosas. Este es un problema al que las mujeres de mi generación éramos
especialmente vulnerables. El feminismo se nos presentaba como una suerte de
tierra prometida, como el hogar añorado, como un ámbito de protección en el que
nada podía afectarnos. Pues bien, lo que hemos descubierto es que realizar
trabajo político con mujeres, como mujeres, no nos preserva de luchas por el
poder y de actos de “traición” que tan a menudo hemos encontrado en
organizaciones dominadas por hombres. Cuando nos acercamos a los movimientos,
traemos con nosotras todas las cicatrices que la vida bajo el capitalismo
imprime a nuestros cuerpos y a nuestras almas, y éstas no desaparecen
simplemente porque trabajemos entre mujeres”.
(Las mujeres y las luchas contra la mercantilización de la universidad. Silvia Federici. Entrevista realizada en 2011. Disponible en http://www.sinpermiso.info)
“Una vez que a un grupo de individuos, las mujeres, se les define como “quienes tienen hijos” y una vez que esta
actividad social, “tener hijos”, se
constituye estructuralmente como una discapacidad, las mujeres son definidas
como las que van al mercado de trabajo con una desventaja potencial. Esta
distinción sistemática —a través del riesgo determinado por el mercado que se
identifica como el “potencial” de concebir un niño— mantiene ancladas a la
esfera indirectamente mediada por el mercada a quienes encarnan el significante
“mujer”. Por lo tanto, debido a que el capital es una abstracción “sexualmente
neutral”, castiga concretamente a las mujeres por tener un sexo, aunque esa
“diferencia sexual” es producida por las relaciones sociales capitalistas y es
absolutamente necesaria para la reproducción del capitalismo[...] De manera
aparentemente contradictoria, una vez que la diferencia sexual se define y
reproduce estructuralmente, la mujer como portadora de fuerza de trabajo con un
costo social mayor se convierte en su opuesto: la mercancía fuerza de trabajo
con un precio menor.”
(La lógica del género. Maya Gonzalez
& Jeanne Neton, Endnotes Collective, 2013. Disponible en La lógica del género y la comunización:
ediciones.dosytresdorm.org)
Etiquetas: critica de la economía política, feminismo, revolución social, teoría revolucionaria
viernes, noviembre 30, 2018
TOCATAS. PARTE 2: Matucana 100 versus Centro Cultural Alameda
Etiquetas: Chantiago, feminismo, free chant, free jazz, hardcore punk, rock pichulero, violencia y control
viernes, mayo 18, 2018
La lógica del género y la comunización (Endnotes/2&3 DORM)
Etiquetas: 2&3 DORM, comunidades de lucha, comunismo, Endnotes, feminismo, teoría revolucionaria










