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jueves, enero 26, 2023

Cuando las feministas alemanas se pitearon a Teddy Adorno 

 Había escuchado algunas versiones sobre este acontecimiento ocurrido en 1969, pero no en el nivel de detalle que da Manuel Sacristán. Lo que yo había escuchado era que las feministas en topless boicotearon su clase diciendo "la institución Adorno ha muerto". La versión de Sacristán enfatiza en el juego de palabras entre Theodor Adorno, alias "Teddy", y "Teddy bear": osito de peluche.

Los dejo con el relato compilado por Salvador López Arnal dentro de una Antología de Sacristán sobre la Escuela de Frankfurt, disponible en rebelion.org :


Manuel Sacristán sobre Adorno y Horkheimer

En «Sobre Lukács» (en M. Sacristán, Seis conferencias, op. cit), a propósito de un comentario a la crítica de Gyorgy Lukács del utopismo irracionalista, Sacristán hizo un comentario sobre Th. W. Adorno, a quien tradujo y de quien siempre admiró su estilo intelectual y su inmensa erudición marxiana. Señalo que Lukács, en El asalto a la razón, había criticado la ideología de los pensadores, supuestamente de izquierda, que practicaban el pesimismo histórico. En su opinión, el filósofo húngaro se estaba refiriendo claramente a Adorno. A lo que añadió:


«Otro de esos pensadores de contrabando que mucha gente que se cree de izquierda lo tiene como autor de cabecera y de izquierda no tiene nada, más que el saberse a Marx, se sabe a Marx muy bien. Adorno se sabía a Marx así… Yo muchas veces he admirado como se sabía Adorno a Marx. Sólo que, como Gramsci dijo muy bien, según se lea El Capital puede ser un libro de cabecera de burgueses, como ocurrió en la Rusia anterior a la revolución y ése es el caso de Adorno manifiestamente. No digo en su juventud; en su juventud, Adorno era un marxista idealista, por así decirlo, pero con muchos elementos de marxismo. Después de su largo exilio en Estados Unidos, porque era judío y tuvo que huir de Alemania, cuando volvió, era un conservador.


Cuando el 68, sus estudiantes -entre otros, individuos de tanto talento como Dutschke, Hermann Ckark, que fue uno que se mató en un accidente de automóvil, en el 68 mismo, corriendo de Hamburgo a Berlín a una manifestación se pegó un trastazo que murió en las puertas de Berlín-, cuando estos estudiantes de Adorno decidieron que había llegado el momento de hacer algo, de hacer algo en la práctica, Adorno -y disculpar este paréntesis pero es que vale la pena porque son cosas importantes no sólo para la historia de Europa, sino también para las precauciones ideológicas que debe tener uno- contestó que la revolución nunca, que de ninguna manera la revolución. Como ellos insistieron se marchó a su casa, volvió al cabo de un par de semanas, confiando en que ya no estarían los revolucionarios, los cuales no estaban, pero estaban las chicas feministas que se habían quedado. Entonces las chicas feministas le hicieron un espectáculo terrible, bastante cruel. Adorno, no sé si habéis visto una figura suya, era un hombre gordo, bajito, casi redondito, muy… así, muy blandito, un poco fofo, entonces las chicas se desnudaron de cintura para arriba y empezaron a decir «Adorno es un oso de peluche», que era una burla muy cruel, muy terrible. El hombre se marchó desesperado a su casa y murió 48 horas después…Yo creo que murió de muerte psíquica.


Las muertes psíquicas son más frecuentes de lo que podéis pensar siendo jóvenes. Este hombre se encontró con que lo que era la raíz de su vida, que era un enorme prestigio entre los estudiantes de izquierda, se hundió de la noche a la mañana, cuando se encontró con la práctica, cuando no bastaba con decir frases muy críticas de la cultura burguesa mientras se recibía dineros de la fundación ésta y de la fundación otra, y perdonad la brutalidad con que hablo. Hablar mucho contra la cultura burguesa mientras estaba sirviendo a la economía burguesa y a la política burguesa. Su maestro y colega Horkheimer era consejero personal de Adenauer y resulta que ahora me lo presentan como marxista. Y [la editorial] Taurus lo publica como un gran marxista muy importante. Ese sí que no era dogmático, ¡qué iba a ser dogmático! Era todo lo contrario claro, era un consejero personal de Adenauer. Menos dogmático que eso…».



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miércoles, octubre 05, 2022

El auge del feminacionalismo (x Sara R Farris). 

 


FEMINACIONALISMO, x Sara R. Farris (traducción de Elena Fernández-Renau, Traficantes de Sueños, 2021)

 (Fragmento de la INTRODUCCIÓN: EN NOMBRE DE LOS DERECHOS DE LAS MUJERES)

Creo que nos enfrentamos a mujeres muy enfermas [es decir, mujeres musulmanas que llevan velo completo] y no creo que su patología tenga que definirnos.

Élizabeth Badinter, filósofa feminista francesa

El islam [...] expulsa a los judíos y a los gays y tira por el retrete décadas de derechos de las mujeres.

Geert Wilders, líder del partido neerlandés de extrema derecha Partido por la Libertad

No puede haber una regularización para aquellos [migrantes] que entraron ilegalmente, para aquellos que violen a una mujer o roben un chalet; pero a la hora de regularizar, sin duda tendremos en cuenta todas esas situaciones que provocan un gran impacto social, como es el caso de las [mujeres] migrantes cuidadoras.

Roberto Maroni, exlíder del partido de extrema derecha italiano Liga Norte

El éxito de la extrema derecha en las elecciones de 2014 al Parlamento Europeo atrajo la atención internacional. Por todo el continente, vimos cómo partidos nacionalistas de extrema derecha ganaban un número de escaños sin precedente o consolidaban su ya significativo apoyo popular (1). Estos logros electorales, junto con la dureza de los eslóganes antiislam que caracterizaron sus campañas, desataron el temor del regreso del fascismo. Aun así, uno de los rasgos más llamativos que distingue a los partidos nacionalistas europeos contemporáneos de sus homólogos del pasado es la reclamación de la igualdad de género (y en ocasiones de los derechos lgbt) dentro de su retórica, por lo demás, xenófoba. Es más, a pesar de su falta de preocupación por elaborar políticas concretas de igualdad de género y su estilo de política masculinista, estos partidos promueven cada vez más sus programas antiislam en nombre de los derechos de las mujeres. Desde Geert Wilders en los Países Bajos a Marine Le Pen en Francia y Mateo Salvini en Italia (los impulsores clave de la «internacional parda» en la que se centra este libro), uno de los tropos principales al que han apelado estos partidos es el grave peligro que constituyen los hombres musulmanes para las sociedades europeas, debido, ante todo, al trato opresivo que dispensan a las mujeres (2).

Algunos investigadores han descrito el acercamiento por parte de los nacionalistas a las cuestiones sobre la igualdad de las mujeres como un intento por modernizar sus programas y aumentar su electorado femenino (3). Otros han trazado una conexión entre Europa y Estados Unidos, por los políticos conservadores que plantearon las guerras imperialistas tras el 11-S en Oriente Próximo como misiones para liberar a las mujeres musulmanas de los hombres musulmanes (4). A pesar de todo, los nacionalistas de extrema derecha no son los únicos que agitan la bandera de la igualdad de las mujeres de formas que parecen contradictorias con su ideología y políticas esenciales. Al otro lado del espectro político, ciertas feministas reputadas y sin pelos en la lengua también se han sumado al coro antiislam. Durante los años dos mil, la filósofa feminista francesa de fama internacional, Élizabeth Badinter, la política feminista Ayan Hirsi Ali y la famosa «feminista ocasional» italiana Oriana Fallaci denunciaron que las comunidades musulmanas eran excepcionalmente sexistas en comparación con los países occidentales, lugares donde las relaciones de género eran «superiores» (5). De igual manera, tanto las organizaciones de mujeres, como las burócratas de primera línea de las agencias estatales por la igualdad de género (a las que a menudo me referiré como femócratas) señalaron las prácticas religiosas islámicas como especialmente patriarcales y defendieron que no cabían en la esfera pública occidental (6). En consecuencia, todas respaldaron propuestas legislativas como la prohibición del velo, que retratan a las mujeres musulmanas como víctimas pasivas que necesitan ser rescatadas y emancipadas. De esta manera, este frente heterogéneo feminista y antiislam presenta el sexismo y el patriarcado como de dominio casi exclusivo de ese Otro musulmán.

No obstante, el peculiar encuentro de la agenda antiislam y la retórica emancipatoria sobre los derechos de la mujer no queda restringido a nacionalistas y feministas. Los defensores del neoliberalismo que, por lo demás, son antinacionalistas, también han hecho un uso cada vez mayor de representaciones antiislam en nombre de los derechos de las mujeres (7). Buen ejemplo de ello son los programas de integración civil para «nacionales de terceros países» que, como explicaré más adelante, son un referente del neoliberalismo. Diseñados para promover la inclusión de los migrantes en el tejido de las sociedades europeas, estos programas han logrado que la residencia a largo plazo de los migrantes dependa de un compromiso certificado por aprender el idioma, la cultura y los valores del país de destino. Instan a los migrantes tanto a reconocer los derechos de las mujeres como valor central de Occidente, como a integrarse en las prácticas culturales occidentales, que se presentan como más civilizadas y avanzadas. Lo que también resulta sorprendente es que las políticas de integración civil tienden a generalizar la supuesta misoginia inherente a las comunidades musulmanas y las aplican a todos los migrantes no occidentales.

Así, tres actores políticos bien distintos (nacionalistas de extrema derecha, ciertas feministas y agencias por la igualdad de las mujeres y los neoliberales) recurren a los derechos de las mujeres para estigmatizar a los hombres musulmanes y así promover sus propios objetivos políticos. Pero, ¿por qué estos distintos movimientos recurren al mismo tropo e identifican a los hombres musulmanes como una de las mayores amenazas para las sociedades occidentales? ¿Acaso los partidos de extrema derecha no «traicionan» sus políticas antifeministas, las feministas sus políticas de emancipación y los neoliberales sus políticas antinacionalistas cuando todos ellos recurren a los derechos de las mujeres contra los sujetos musulmanes masculinos? ¿Quiénes representan exactamente las fuerzas nacionalistas, feministas y neoliberales que oponen la igualdad de género al islam y cuáles son sus argumentos concretos? ¿Asistimos al auge de una nueva alianza impía, o este aparente consenso que atraviesa el arco político es simplemente fortuito y circunstancial? Y, por último, ¿por qué las mujeres musulmanas reciben ofertas de «rescate» en un contexto de creciente islamofobia y sentimiento antinmigración, en particular en lo que respecta al empleo y al bienestar?

Tal y como planteo en las siguientes secciones, varios académicos han explicado la nueva centralidad de la igualdad de género y a veces la del colectivo homosexual dentro de los programas antiislam como consecuencia del giro a la derecha y de la guerra del terror que marcó los años dos mil en Europa y Estados Unidos, en particular tras el 11-S. Así, enfatizan las lógicas de seguridad de las narrativas contemporáneas que definen a las mujeres musulmanas como víctimas e interpretan estas narrativas fundamentalmente como constelaciones políticas que caracterizan el actual espíritu neoliberal y nacionalista de la época.

En su lugar, este libro defiende que se han ignorado gran parte de dimensiones político-económicas importantes que subyacen a estas paradójicas intersecciones en Europa occidental. Además, defiendo que las formas en que las campañas antiislam en nombre de la igualdad de género promueven y definen ideologías e instituciones racistas y antinmigración de carácter más diverso no han recibido la atención que merecen. En nombre de los derechos de las mujeres pretende proponer nuevos vínculos, conceptualizaciones y categorías para el análisis con el objetivo de descifrar las razones de la sorprendente intersección entre nacionalistas, feministas y neoliberales. Para nombrar esta intersección y enmarcar la lógica político-económica que lo sostiene, propongo la noción de feminacionalismo.

Esta forma abreviada de «nacionalismo feminista y femocrático», feminacionalismo, se refiere tanto a la explotación de las temáticas feministas por parte de nacionalistas y neoliberales en sus campañas contra el islam (pero también, como expongo más adelante, en contra de la inmigración), como a la participación de ciertas feministas y femócratas en la estigmatización de los hombres musulmanes bajo el estandarte de la igualdad de género. El feminacionalismo, por lo tanto, describe, por un lado, el intento de los partidos de Europa occidental, neoliberales y de la derecha, de promover políticas racistas y xenófobas al pregonar la igualdad de género; y, por otro, captura la implicación de varias feministas y femócratas reputadas y muy visibles en la actual representación del islam como la religión y la cultura misógina por excelencia. Para definir y mapear el feminacionalismo, este libro se centra en tres contextos nacionales específicos (Países Bajos, Francia e Italia durante los años 2000-2013) y tres actores y agendas políticas concretas: 1) los partidos nacionalistas de derechas (el Partij voor de Vrijheid [pvv, Partido por la Libertad] de los Países Bajos, el Front National [fn, Frente Nacional] de Francia y la Lega Nord [ln, Liga Norte] de Italia); 2) políticas e intelectuales feministas notables, organizaciones de mujeres y femócratas de los tres países; y 3) políticas neoliberales dirigidas a migrantes no occidentales dentro de programas de integración civil.

Llegados a este punto, es preciso realizar dos aclaraciones. En primer lugar, debería recalcar que, a diferencia de los partidos nacionalistas de derechas que instrumentalizan la igualdad de género en campañas antinmigración más amplias, las feministas, las organizaciones de mujeres y las femócratas que señalo han dirigido sus principales críticas contra los musulmanes y no contra los migrantes en general. Sin embargo, este libro detalla la implicación de algunas de estas feministas, organizaciones de mujeres y femócratas en la elaboración y puesta en marcha de algunos de los elementos de los programas de integración civil dirigidos a mujeres migrantes no occidentales en general (8). Así, muestro cómo la retórica antiislam ha permeado los mecanismos institucionales dirigidos a la población migrante no occidental en general. En nombre de los derechos de las mujeres intenta aclarar este complejo entramado al afirmar que, a pesar de que la retórica antimusulmana se haya convertido en la retórica dominante antiOtro, en ciertos puntos y en ciertos lugares y discursos coincide con la retórica antinmigración. Para explicar este entramado, por un lado, desarrollo cómo la conexión entre las políticas antiislam y antinmigración se da mediante la presunción de que los hombres y mujeres musulmanes son los principales representantes del binomio opresor y víctima. A continuación, este binomio se proyecta y se generaliza a los migrantes no occidentales del Sur global de forma generalizada (como sucede con las políticas de integración civil). Por otro lado, debato cómo el binomio opresor y víctima que se usa hoy para presentar a los musulmanes alimenta especialmente las representaciones y los estereotipos instalados desde la época colonial en los tres países y que son parte integrante de un repertorio racista más amplio.

En segundo lugar, mi crítica del retrato europeo de las mujeres musulmanas como las víctimas por excelencia del patriarcado no occidental no implica en ningún caso que niegue la desigualdad o la represión a la que estas mujeres (igual que aquellas que tengan cualquier otro origen cultural, social o nacional) puedan estar sometidas dentro de sus sociedades. Aun así, este libro se centra ante todo en las representaciones y conceptualizaciones del imaginario cultural de Europa occidental y en las formas en las que dichas representaciones y conceptualizaciones se alimentan de (y por lo tanto alimentan) estereotipos racistas profundamente arraigados, así como intereses y prácticas económicas que afectan también a otras mujeres (migrantes) no occidentales.

En definitiva, En nombre de los derechos de las mujeres se propone introducir un marco teórico más robusto para analizar el uso de la igualdad de género en campañas xenófobas. Lo hace de un modo que va más allá de la lente «política» que en gran medida ha dominado el análisis de este fenómeno. Insisto en la necesidad de descifrar el entramado que tejen el nacionalismo de derechas, ciertas capas del feminismo y el neoliberalismo en nombre de los derechos de las mujeres mediante la revelación de sus modelos de funcionamiento político-económicos. Por lo tanto, al proponer la noción de feminacionalismo quiero aportar un concepto teórico que capture el programa político-económico que alimenta esa interpelación a los derechos de las mujeres a la que se suman toda una serie de actores diversos. Esta interpelación, bajo mi punto de vista, está íntimamente ligada al profundo temor al Otro y, dada nuestra coyuntura histórica actual, a la islamofobia. En consecuencia, propongo que el feminacionalismo debe entenderse como una ideología que surge de un modo de encuentro específico, o como prefiero llamarlo, de una convergencia entre distintos proyectos políticos que se produce por, y a su vez produce, una lógica específicamente económica. Las siguientes secciones las dedico a aclarar las tres dimensiones teóricas del feminacionalismo: feminacionalismo como convergencia, como formación ideológica y como economía política neoliberal.

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NOTAS:

1 Tres partidos nacionalistas de extrema derecha aparecieron por primera vez en sus respectivos países: el Partido Popular Danés obtuvo el 25 por ciento (+18,7) de los votos, el fn obtuvo el 26,6 por ciento (+11,8) y el Partido de la Independencia del Reino Unido el 27,5 por ciento (+11,4). En general, los partidos de extrema derecha obtuvieron sus mejores resultados en los países occidentales europeos (con la excepción de Hungría). Para un enfoque en mayor profundidad de estos resultados, consúltese el análisis de Cas Mudde, «The Far Right in the 2014 European Elections: Of Earthquakes, Cartels and Designer Fascists» de 30 de mayo de 2014 en el Washington Post.

2 Véase el artículo de Thanasis Kampagiannis «The “Brown International” of the European Far Right», Left Flank, 12 de enero de 2014.

3 Bartlett et al., «Populism in Europe»; Mayer, «From Jean-Marie to Marine Le Pen»; Akkerman y Hagelund, «“Women and Children First!”»; Towns et al., «Equality Conundrum».

4 La invasión de Afganistán tras los ataques terroristas contra las Torres Gemelas en Nueva York se presentó ante el público internacional como una misión para liberar a las mujeres afganas de su opresión bajo el mandato talibán, en la misma medida que se planteaba como un acto de defensa y de represalia contra quienes habían perpetrado los ataques; y así lo respaldó la opinión pública. Desde entonces, las imágenes de mujeres musulmanas con velo como cuerpos prisioneros han entrado en nuestro inconsciente colectivo occidental junto con las de hombres musulmanes con barba que aparentemente planean ataques terroristas contra objetivos occidentales. Por todo Occidente, no solo las fuerzas nacionalistas y conservadoras de extrema derecha, sino también ciertas organizaciones feministas de la izquierda y algunas figuras públicas han respaldado el retrato de las mujeres musulmanas como víctimas a las que salvar. En Estados Unidos, la Feminist Majority Foundation, una de las voces feministas líderes en el país, respaldó activamente la invasión de Afganistán por considerarla necesaria para liberar a las mujeres afganas del «apartheid de género» (Russo, «Feminist Majority Foundation’s Campaign to Stop Gender Apartheid»). Al otro lado del Atlántico, el icono feminista alemán Alice Schwarzer ha sido una de las opositoras más firmes al islam por considerarlo una religión y una cultura misóginas, ideas de las que se hicieron eco una amplia gama de fuerzas políticas tanto de izquierda como de derecha. Esta actitud está tan extendida en el país que según una encuesta realizada por la agencia de sondeos Allensbach en 2012, el 83 por ciento de las mujeres alemanas asociaban la palabra «islam» con «opresión de las mujeres». En Suecia y Noruega, se ha dado una convergencia entre las feministas y los partidos de la derecha y antinmigración, como son el Sverigedemokraterna (Demócratas de Suecia) y el Fremskrittspartiet (Partido del Progreso), en nombre de la igualdad de género contra las comunidades inmigrantes no occidentales (romanís y musulmanes en particular). Si miramos a otros países occidentales, la situación no es tan distinta. Tras los disturbios raciales de Sídney de 2005, en Cronulla, en los que australianos blancos asaltaron a hombres de color durante días acusándoles de ser violadores, el primer ministro Carl Scully afirmó que estaba «preocupado por que un pequeño número de hombres de Oriente Próximo parecía tener un problema para respetar a las mujeres» (Ho, «Muslim Women’s New Defenders»).

5 Oriana Fallaci no se definió como feminista, aunque se la asocia con el feminismo liberal por su participación activa en la lucha por el derecho al aborto y al divorcio durante los años setenta.

6 Aquí uso la definición de femócratas de Inside Aligators de Hester Eisenstein como «feministas que participan en la burocracia estatal». Para un debate en profundidad sobre la noción de femócrata y de feminismo de Estado desde una perspectiva transnacional, véase Haussman y Sauer, Gendering the State in the Age of Globalization. Véase también McBride y Mazur, Politics of State Feminism.

7 El neoliberalismo se suele asociar con doctrinas político-económicas que promueven la globalización. Se asume por lo tanto que trasciende las fronteras nacionales y que rechaza las ideologías nacionalistas. El capítulo 3 desafía esta visión mayoritaria. Para una visión general de estos debates, en especial dentro del ámbito de la economía política internacional, véase Harmes, «The Rise of Neoliberal Nationalism».

8 Algunos de los argumentos que recientemente han utilizado ciertas feministas y femócratas para estigmatizar a los hombres musulmanes y retratar a las mujeres musulmanas como víctimas a las que rescatar replican las representaciones estereotipadas de la supuesta victimización de las mujeres no occidentales que, al menos desde los años setenta en adelante, ha caracterizado el relato europeo occidental de las mujeres migrantes. Además, las políticas de integración civil que algunas feministas, organizaciones de mujeres y femócratas han apoyado o directamente implementado sobre la base de su perspectiva antiislam no solo afectan a migrantes de Oriente Próximo, el norte de África y el sur de Asia, sino también a africanos en general, albanos, rusos, serbios, chinos y demás (en resumen, a migrantes no europeos/no occidentales). Por esta razón, a lo largo de este libro me refiero a hombres y mujeres migrantes musulmanes y no occidentales, a no ser que el contexto exija hacer referencia a nacionalidades o filiaciones religiosas específicas. En concreto, destacaré cómo la mayoría de mujeres musulmanas (migrantes y no migrantes por igual) y la mayoría de mujeres que migran a Europa desde el Sur global y desde algunos de los países del bloque postsocialista se ven afectados al menos por algunas de las políticas y procesos que resumo en este libro.

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domingo, febrero 27, 2022

"Tierra sin hombres" (Izumi Suzuki) 

 


Extracto de “Terminal Boredom” (Verso, 2021), primera publicación en inglés de la ficción especulativa de la japonesa Izumi Suzuki (1949-1986). Suzuki es un ícono contracultural de los setenta y ochenta, cuya vida ha sido retratada parcialmente en la película “Endless Waltz” (1995) de Koji Wakamatsu, centrada en la relación con su pareja el saxofonista de free jazz e improvisación Kaoru Abe, con quien se casó en 1973 y tuvo una hija en 1976. Abe murió por una sobredosis de tranquilizantes en 1978. Escritora desde 1969, trabajó como desde 1970 como actriz en films eróticos bajo el alias de Naomi Asaka, fue dama de compañía y modelo de desnudos para revistas y sesiones con fotógrafos como Nobuyoshi Araki, además de participar en la compañía de teatro de vanguardia Tenjo Sajiki.  Publicó su primera historia corta, “Trial Witch”, en la revista japonesa de ciencia ficción S-F en 1975. En 1986 se suicidó ahorcándose en su casa. 

Traducción propia.



Esta mañana un niño pasó cerca de mi casa.

Cuando le conté a mi hermana Asako, me dijo, ‘Tonta, tú sabes bien que no hay chicos por acá”.

Estaba en lo correcto.

Mucho tiempo atrás, la Tierra sólo estaba poblada por mujeres. Ellas vivían en paz hasta que un día cierta mujer dio a luz a una criatura como nunca antes se había visto: su cuerpo era deforme, era rudo y descuidado en todo lo que hacía, y provocaba un montón de problemas para todos antes de producir un poco de descendencia y luego morir. Así fue el advenimiento del hombre. A partir de ahí, el número de hombres se incrementó sostenidamente. Fueron ellos quienes inventaron la guerra y sus implementos obligatorios. Peor aún, ellos empezaron a jugar con nociones como las de revolución, trabajo, y arte, desperdiciando su energía en todo tipo de propósitos abstractos. Incluso tuvieron la audacia de proclamar que esa era la más grande característica de la humanidad – su celosa búsqueda de aventura, romance, todas cosas que eran completamente inútiles en la vida cotidiana. Aunque los hombres fueran adultos seguían siendo niños, aparentemente complejos, pero tan simples como podían serlo; eran criaturas absolutamente inmanejables.   

Las mujeres tenían algo también, algo llamado “amor”, pero eso era algo mucho más concreto. Era tratar con un bebé llorando, cambiar sus pañales, aunque estuvieras exhausta. Era compartir cualquier alimento que encontraras con pequeños y frágiles seres a tu cuidado. Pero no con los extraños. Porque si lo hacías, tú y tu linaje no sobrevivirían.

A medida que crecía el número de hombres, las mujeres tuvieron que mantenerse alertas respecto a todos y cada uno de ellos. Esta tarea era realmente onerosa, pero la mayoría de las mujeres parecían tener la habilidad para hacerla. Tenían que resguardar su hogar y su familia.

Con el paso de muchos largos años, los hombres llegaron a dominar la sociedad a través de la violencia y la astucia, y luego no hacían nada más que la guerra. Parecían encontrar su razón de ser en grandes y pequeños conflictos. La guerra se introdujo en la vida cotidiana, y así nacieron las “guerras del tráfico” y las “guerras de admisión”. Dichos términos se volvieron tan comunes que la palabra “guerra” perdió todo su significado.  Esta deplorable situación fue obviamente responsabilidad de los hombres. Y, cuando el ruido del tráfico y las competencias para entrar a la universidad se volvieron tan terribles que la gente apenas podía soportarlas, reemplazaron la palabra “guerra” por “infierno”, acuñando frases como el “infierno del tráfico” y el “infierno de los exámenes”.

Las fábricas seguían operando, y la era resonaba con himnos de progreso y harmonía. Pero entonces, en la última mitad del siglo XX, una cosa extraña sucedió: la tasa de natalidad de hombres empezó a declinar. Esto aparentemente se debió a algo llamado polución. Los hombres que inventaron la máquina de vapor probablemente nunca esperaron activar una cadena de eventos que terminaría por poner fin a su propia especie.

En todo caso, los hombres se volvieron escasos. Por alguna razón las mujeres habían desarrollado el hábito de encontrar un hombre en particular para amar, así que estaban terriblemente tristes por esto. Así y todo, el número de hombres continuó disminuyendo.

Hoy en día, no había forma de que posaras los ojos sobre uno a menos que visitaras la Zona de Ocupación Terminal de la Exclusión de Género.

‘¿No estarías viendo cosas?’

Asako sirvió un poco de té. Mi confianza se evaporó delante de su pregunta.

‘Tal vez. Pero después revisé un libro, y las ropas que tenía eran bastante parecidas a las de los chicos de fines del siglo XX. Su pelo era corto y llevaba pantalones’. 

‘Igual que yo.’

El pelo de Asako en verdad estaba rapado. Llevaba un par de pantalones de campana de algodón ligero. Y su pecho era plano como una tabla.

‘También hay mujeres así, lo sabes.’

‘Su onda era muy diferente. Era muy sólido y alto, como un resorte al caminar. Había algo…intenso en él’.

‘Guau. Pareciera que tienes todas las respuestas, sin importar el hecho de que nunca hayas visto antes a un hombre.  El año que me gradué del liceo fuimos en un paseo a la Zona de Ocupación, pero los hombres no resultaron ser para nada como yo esperaba. Eran lampiños y olían divertido, y me ponían los pelos de punta. Quizás es porque están recluidos en ese lugar, pero parecían todos tan flojos. Lo entenderás cuando vayas y los veas. Son horribles. Pero me dijiste que viste uno en un libro. ¿Dónde viste tú un libro como ese?’

La publicación de material relativo a los hombres está estrictamente prohibida.

‘En la casa de una amiga.’

‘Guau. ¿Y cómo llegó ahí?’

‘Supongo que su mama trabaja en el Buró de Informaciones. Mi amiga no lo sabe bien tampoco.  Abrió la puerta de su estudio con un pinche de pelo y me dijo que podía ver cualquier libro que quisiera.’

‘Qué pequeña delincuente’.

‘Había un montón de películas también’.

‘Si eso se supiera, sería un verdadero problema. Yuko, sé que tú en realidad no lo entiendes, pero ese es el tipo de cosas que conduce la sociedad al caos. Quiero recordarte esto: el orden es lo más importante. Obedecer las reglas. Si todas lo hacemos, la humanidad puede evitar su destrucción.’

Dio esta lección gentilmente, como una hermana mayor.

Le eché un poco de leche a mi té. ‘¿Por humanidad te refieres a las mujeres?’

‘Por supuesto. ¿No te enseñaron eso en la escuela?’

‘Claro.’

‘Bueno, ahí lo tienes.’

‘¿Y los hombres?’

‘Los hombres descienden de la humanidad también, pero son una tendencia desviada. Son “freaks”’.

‘Pero hubo una época en que florecían, ¿cierto?’

No nos enseñan mucho sobre eso en la escuela. Sólo aprendes sobre esos temas tabú en las conversaciones susurradas entre amigos. Dos o tres años atrás alguien publicó un panfleto titulado Sobre los hombres, y una amiga me lo mostró. Luego la policía allanó y destruyó todas las copias. Las culpables fueron rápidamente identificadas y llevadas a centros de detención.

Los titulares noticiosos la etiquetaron como una publicación peligrosa porque “estimulaba la curiosidad”.



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lunes, diciembre 13, 2021

FEMale EX-tatic: Mette, Haco, Lindsay, Dagmar. 

 “Por supuesto, los surrealistas intentaban rescatar esa figura de la disciplina psiquiátrica para reinsertarla como heroína del movimiento, como un parangón de la figura del artista (junto con otras ‘féminas extáticas’: la anarquista Germaine Barton, la parricida Violette Noziére, las hermanas asesinas Papin, todas sujetos de testimonios en las revistas surrealistas. Pero esta atracción, ¿constituía ‘una nueva visión de la femineidad, una nueva modernidad?” (Hal Foster, Belleza compulsiva).



Cuando Mette arremete en “Capital Horse” con su saxofón desde los registros más graves y cavernosos, no pude evitar recordar a su colega Mats Gustaffson, también escandinavo, y pensar en que el suelo del Norte, que fue uno de los primeros lugares en que Albert Ayler encontró algo de recepción positiva a su obra, el legado no se había perdido pues la semilla cayó en un terreno helado pero fértil.

Tras el inicio cuasi black metal, muy bien acompañada en guitarra por Tashi Dorji en este registro en Quebec el 2016, la saxofonista va explorando otras ideas y sonoridades, a lo largo de cinco temas en que ambas imaginaciones vuelan y se incitan mutuamente a ir incluso más lejos.

El trabajo conjunto de guitarra eléctrica y saxo es un viejo estilo de diálogo en que yo señalaría como grandes momentos los famosos encuentros entre Evan Parker y Derek Bailey -que siguieron produciéndose esporádicamente incluso cuando ya no se soportaban personalmente el uno al otro y ni siquiera se dirigían la palabra. Pues no importa: la música es más importante que el ego-, y también los legendarios encuentros grabados entre Kaoru Abe y Masayuki Takayanagi.


Pero acá estamos hablando de mujeres ecstáticas, así que de Mette la danesa me paso al territorio de Haco, la japonesa. Quien haya visto alguna vez el documental sobre Fred Frith titulado “Step across the border”, tiene que haberse fijado en ella tocando al piano la canción “After Dinner”, que era el nombre de su banda en el Lejano Oriente.

After Dinner hacia una curiosa mezcla de música tradicional japonesa con psicodelia y música concreta. De algún modo llegaron a oídos de Ferdinand Richard bajista de Etron Fou Leloublan  -banda pilar del llamado Rock In Opposition- y organizador del Festival MIMI (movimiento internacional de músicas innovadoras), que los invitó a tocar allí en la versión 1987.


Gracias a eso los conocemos, pues Chris Cutler (baterista de Henry Cow/Art Bears/News from Babel/Cassiber/The Work/Pere Ubu…¿algo más?) los editó en CD por Recommended Records y yo almorcé pan con queso varios días seguidos para poder adquirir un ejemplar que aún tengo acá.

En esta ocasión presentaré un trío de artefactos que incluyen su primer single, el primer LP, Glass Tube (1984) y un registro en vivo en caset-souvenir de la gira que aprovecharon de hacer gracias a la invitación de don Ferdinand.

Según Julian Cope "escuchar After Dinner es como sumergirse en el agua para ir a dormir, tocando a Kate Bush en un reproductor de CD y música tradicional japonesa en el otro".

Y por si eso fuera poco, les ofrezco también un álbum solista de Haco: Jardín secreto, del 2015.


Sin salirnos del universo RIO al que hemos entrado casi sin darnos cuenta, la siguiente Female Extatic que quiero homenajear hoy es la gran Lindsay Cooper, que tocaba vientos en Henry Cow, News from Babel, el Grupo de Improvisación Feminista y varios proyectos más.  En los viejos tiempos yo tenía el CD Rec Recs que incluía las obras maestras Rags y The Golddiggers, enormes trabajos de memoria histórica de las luchas proletarias y en especial de las mujeres trabajadoras. Perdí el disco en algún momento. Lindsay ya murió.

Este disco es un excelente compilado de “Rarezas” (vol. 1 y 2) que nos permiten recordarla cuando queramos.


Y para terminar el recorrido de hoy, dirigimos la atención a la cantante alemana Dagmar Krause, que tras trabajar con Slapp Happy, Henry Cow, Art Bears y News from Babel se dio en 1983 el tiempo para colaborar en el minialbum "Commuters" con dos holandeses (Harold Schellinx en textos y Ronald Heiloo al piano) creando estas diez miniaturas indescriptibles que vale la pena escuchar leyendo atentamente cada texto. 

"Las breves historias de Schellinx se combinan con densas piezas para piano que toman elenentos de Erik Satie, Charles Ives, y Kurt Weill. La voz de Krause entrega los textos en melodías angulares que recuerdan su trabajo en News from Babel ( en el album "Work resumed on the tower"). Estas piezas en parte cabaret y en parte atonales de entre 60 y 120 segundos son todo lo completas que pueden y el auditor sale de ellas como si la experiencia hubiera tomado una hora".    

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miércoles, agosto 11, 2021

La morada oculta: lanzamiento de un "clásico olvidado" de Leopoldina Fortunati 

Estos materiales quedaron sin ser usados hace un par de años o más bien tres: la "explosión feminista" del 2018, para el 50 aniversario de la revolución mundial del 68.

Vienen al caso ahora que esperamos el lanzamiento mañana en la tardecita de la edición local de "El arcano de la reproducción", de Leopoldina Fortunati. No sé si pueda existir en verdad algo así como un clásico olvidado o desconocido, pero al menos yo sí entiendo a qué me refiero. Algo es algo. 


EL CAPITAL CONTRA LA HUMANIDAD: LA “MORADA OCULTA” DEL SISTEMA DE PRODUCCIÓN/REPRODUCCIÓN CAPITALISTA.

Al abrirse paso contra todas las fuerzas del viejo mundo, el segundo asalto proletario global contra la sociedad de clases (1968/1977), fue redescubriendo y desarrollando su propia teoría, visibilizando y radicalizando varias zonas donde se ejercía el dominio de lo humano al servicio de la cosificación, que quedaban ocultas en la visión progresista, masculina y productivista propia de todo el Movimiento Obrero clásico.   Así, al “obrerismo” tradicional de las dos ideologías rivales (marxismo vs. anarquismo), se le confrontó una mirada mucho más amplia y crítica, que exhibió cómo los mecanismos fundamentales de la conservación del sistema se manifestaban en todo el espacio social, y muy centralmente en los mecanismos de la familia y la escuela autoritarias. A la vieja y rancia dupla del Estado/Capital le acompañaban además el Patriarcado y el Adultocentrismo como viejos y reactualizados modelos de sumisión.

Dentro de la teoría suministrada por el movimiento revolucionario de las mujeres cabría destacar las elaboraciones ligadas al “Movimiento por el Salario Doméstico” en los 70 (entre ellas Mariarosa Balla Costa), las investigaciones de Silvia Federici, y posteriormente las de Maya González (por ejemplo en sus artículos para la revista Endnotes ). Destacamos esta obra porque a diferencia de los feminismos liberales y socialdemócratas que se aprecian a nivel de ideología dominante, se planten siempre desde una posición comunista y antiestatal, haciendo ver como la situación socialmente subordinada de la mujer constituye una condición para la afirmación y perpetuación de la dominación capitalista. La violencia específica, estructural y cotidiana a la que las mujeres se enfrentan (discriminación, abusos, violaciones) no se entienden como meros “resabios” de sociedades retrógradas, sino expresión y fundamento del desarrollo actual del capital.

“Desde Marx, ha sido claro que el capital domina y se desarrolla a través del salario, esto es, que el fundamento de la sociedad capitalista era el trabajador asalariado y, hombre o mujer, la explotación directa de éste. Lo que no ha estado claro, ni lo han supuesto las organizaciones del movimiento de clase obrera, es que precisamente a través del salario se ha organizado la explotación del trabajador no asalariado. Esta explotación ha sido aún más efectiva porque la falta de un salario la ocultaba. Es decir, el salario controlaba una cantidad de trabajo mayor que la que aparecía en el convenio de la fábrica. En lo que respecta a las mujeres, su trabajo parece un servicio personal fuera del capital. La mujer parecía sufrir únicamente el chauvinismo masculino y era mal tratada porque el capitalismo significaba "injusticia" general y "conductas malas e irrazonables"; los pocos (hombres) que lo advirtieron nos convencieron de que esto era "opresión" pero no explotación. Pero la "opresión" ocultaba otro aspecto más penetrante de la sociedad capitalista. […] La mujer está siempre en servicio porque no existe la máquina que haga niños y se preocupe de ellos. La mayor productividad del trabajo doméstico mediante la mecanización únicamente puede relacionarse con servicios específicos como, por ejemplo, lavar y limpiar. La jornada de trabajo de la mujer es interminable no porque carezca de máquinas sino porque está aislada.”

(Las mujeres y la subversión de la comunidad. Mariarosa Dalla Costa. 1971).

"Puesto que la revolución como comunización debe abolir todas las divisiones en la vida social, también debe abolir las relaciones de género, no porque el género sea inconveniente u objetable, sino porque es parte de la totalidad de relaciones que diariamente reproducen el modo de producción capitalista. El género, también, es parte de la contradicción central del capital, y por tanto, debe ser desmantelado en el proceso de la revolución. No podemos esperar hasta después de la revolución para que el problema del género se resuelva. Su relevancia respecto a nuestra existencia no se va a transformar lentamente ya sea por medio de una obsolescencia planeada o una deconstrucción lúdica, o a través de la igualdad de los distintos géneros o la proliferación de una multitud de diferencias. Por el contrario, para que haya revolución, la comunización debe destruir el género en su propio curso, inaugurando las relaciones entre individuos definidos en su singularidad."

 (La comunización y la abolición del género. Maya González y Jeanne Neton, Endnotes, 2013. Disponible en La lógica del género y la comunización: ediciones.dosytresdorm.org).

“Estoy convencida de que nuestra unión como mujeres y como feministas es un paso positivo, una precondición incluso para superar la marginación. Las mujeres del movimiento estudiantil no deberían dejar intimidarse por la acusación de “divisionismo”. Más que dividir, la creación de espacios autónomos es necesaria, por un lado, para sacar a la luz un amplio listado de relaciones de explotación que nos impiden actuar, y por otro, para exponer ciertas relaciones de poder que, si no se cuestionan, sólo acabarían por propiciar el fracaso del movimiento.

Reconocer aquellos aspectos de la experiencia de las mujeres que fundamentan su subordinación a los hombres, y confrontar al mismo tiempo las diferencias de poder que existen entre las propias mujeres, es hoy, al igual que en el pasado, uno de los principales desafíos de las feministas y de las activistas en todo movimiento social. Esta identificación, desde luego, también entraña riesgos. El más insidioso, acaso, es la idealización de las relaciones entre mujeres, ya que nos expone a desilusiones muy dolorosas. Este es un problema al que las mujeres de mi generación éramos especialmente vulnerables. El feminismo se nos presentaba como una suerte de tierra prometida, como el hogar añorado, como un ámbito de protección en el que nada podía afectarnos. Pues bien, lo que hemos descubierto es que realizar trabajo político con mujeres, como mujeres, no nos preserva de luchas por el poder y de actos de “traición” que tan a menudo hemos encontrado en organizaciones dominadas por hombres. Cuando nos acercamos a los movimientos, traemos con nosotras todas las cicatrices que la vida bajo el capitalismo imprime a nuestros cuerpos y a nuestras almas, y éstas no desaparecen simplemente porque trabajemos entre mujeres”.

(Las mujeres y las luchas contra la mercantilización de la universidad. Silvia Federici. Entrevista realizada en 2011. Disponible en http://www.sinpermiso.info)

“Una vez que a un grupo de individuos, las mujeres, se les define como “quienes tienen hijos” y una vez que esta actividad social, “tener hijos”, se constituye estructuralmente como una discapacidad, las mujeres son definidas como las que van al mercado de trabajo con una desventaja potencial. Esta distinción sistemática —a través del riesgo determinado por el mercado que se identifica como el “potencial” de concebir un niño— mantiene ancladas a la esfera indirectamente mediada por el mercada a quienes encarnan el significante “mujer”. Por lo tanto, debido a que el capital es una abstracción “sexualmente neutral”, castiga concretamente a las mujeres por tener un sexo, aunque esa “diferencia sexual” es producida por las relaciones sociales capitalistas y es absolutamente necesaria para la reproducción del capitalismo[...] De manera aparentemente contradictoria, una vez que la diferencia sexual se define y reproduce estructuralmente, la mujer como portadora de fuerza de trabajo con un costo social mayor se convierte en su opuesto: la mercancía fuerza de trabajo con un precio menor.”

(La lógica del género. Maya Gonzalez & Jeanne Neton, Endnotes Collective, 2013. Disponible en La lógica del género y la comunización: ediciones.dosytresdorm.org)



Entiendo que la edición de Tiempo Robado es una versión corregida de la traducción de JM ya publicada en España por Traficantes de Sueños (descargar acá).  

Este es el índice:

Primera parte 
1. Producción y reproducción: La aparente antítesis del modo de producción capitalista 
2. El «reino de la naturaleza», o la reproducción del individuo como fuerza de trabajo 
3. La forma capitalista de la relación hombre/mujer 
4. Amas de casa, prostitutas y obreros: sus intercambios 
5. En la esfera de la circulación... 
6. El laboratorio secreto. El proceso laboral doméstico como proceso de valorización 
7. Sobre la tasa de plusvalor. O el mapa revisado y corregido de la explotación 

Segunda parte 
8. El trabajo de reproducción es productivo 
9. El doppelcharakter del trabajo de reproducción 
10. Esa extraña forma de plusvalor absoluto… 
11. La familia como forma de desarrollo del capital 
12. Acumulación capitalista y población 
13. Por una historia obrera de la reproducción 

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viernes, noviembre 30, 2018

TOCATAS. PARTE 2: Matucana 100 versus Centro Cultural Alameda 




“Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros” (Groucho Marx)

Siempre he despotricado harto contra M100, desde que supe quiénes son sus dueños y cómo la obtuvieron. Una vez toqué ahí con el Colectivo No, después de un ensamble de Edén Carrasco. O era un dúo? No recuerdo muy bien. Fue el 2016, creo. También andaba por ahí Raúl Ulra Díaz. En esa ocasión llevé un saxo soprano. Qué difícil instrumento es ese. Kaoru Abe le sacaba un buen nivel de ruido. Tocando con la tremenda cara de curao, pero así era él: muy  intenso.

La otra vez tocamos ahí con Disturbio Menor. No me parecía a priori que fuera un buen lugar para tocar, pero la primera sorpresa fue que nos dijeron que podíamos ingresar todo el alcohol que quisiéramos, y no había que estar preocupado de pasar piola ni de que te lo quitaran los guardias. De hecho, no había guardias.

La sala pequeña que tienen (no esa grande donde tocó el gran maestro Peter Brötzmann hace poco: ¡qué concierto!) es ideal para combos de punk rock.  Tocó la banda nueva de Emilio Asamblea, Angara, y al final Zaherir. Ya no me acuerdo de quien toco segundo y tercero, si Enfermos o DM, y no por exceso de cerveza (aunque teníamos muchas) sino que por exceso de tocatas. O una mezcla de ambos excesos, puede ser…la cosa es que todo sonaba bien, la gente que había estaba muy atenta, Emilio bailaba pero no se atrevió a hacer coros, por más que hubiera sido genial que lo hiciera. Olea me acercó el micrófono en la parte final de “No soy cómplice”, que es la única parte en que me gusta hacer coros porque no me distrae de la ejecución del cuatro cuerdas.

Había una fotógrafa punk rock, Manuela González, y sacó unas excelentes tomas., como esta:



Así que M 100 no estuvo mal en definitiva. Puede que se deba a que tenemos amigos que trabajan ahí.

Un día después voy en el metro con mi maltrecho saxo tenor (que alguna vez perteneció al gran instrumentista Diego Manuschevic, que por lo muy poco que he sabido de él ahora se dedica por sobre todo el clarinete bajo. Acá lo vemos tocando hace un par de años tocando un tema de Thelonious Monk con un soprano). Llego al CCA a la hora señalada por Negro Duchamp: pasadito las 22:00.

Craso error: una vez dentro de ese lugar, los guardias no te dejan salir. Me embronqué tanto con un automovilista el otro día, por no respetar el paso peatonal, que no quiero pelear con guardias así que me quedo adentro hasta que la tocata empieza recién a eso de las 00:00

(Es un defecto personal: me dejo aplastar muchas veces, por timidez, y cuando me enojo y reacciono, tiendo a sobre reaccionar…La discusión con el automovilista terminó conmigo dándole un cadenazo al parabrisas. Mi hijo se sorprendió un poco: “Papá, por qué hiciste eso?”).

Pero adentro me convidaron algunas cervezas los amigotes, escuché desde abajo a los ZATs y vi desde el costado a Gangrena Surf, y al final llegó Cris Pintoi y entre los dos emulando a los Hermanos Ayler chillamos con tenor y trompeta acompañando a Marcel Duchamp en “Sistemática” y otro tema previa que no sé cómo se llama.

Eso fue como a las 4 de la mañana, segunda vez en mi vida que toco tan tarde….¿o debería decir tan temprano?

Pero no era de eso de lo que quería hablar ahora, sino que de la irrupción de algunas mujeres durante el set de Marcel Duchamp, reclamando a viva voz contra el pogo/slam excesivamente testosterónico que se estaba dando, con puros machos adelante y las chicas desplazadas hacia los costados o hacia atrás.

Les encontré bastante razón, y recordé que en los viejos tiempos noventeros para nosotros era toda una lucha el que el pogo fuera un espacio enérgico pero amigable, ayudando a los caídos y evitando excesos de fuerza bruta, para que todos pudieran sumarse: chicos y chicas, altos y bajos, grandes y pequeños, adultos y adolescentes.

Cuando tocaron los Crudos en el Cimarrón ese verano del 98 Martín era insistente en ironizar con los muchos machos que se tomaban el espacio frente al escenario: “Ay pero qué rudos que son! Qué machos! Por qué no dejan que las chicas y los niños presentes bailen también?”. No surtía mucho efecto, o tal vez sí, pero sólo por un momento.  Ahueonaos picados a Hardline y algunos machocores seguían aforrándose duro y haciendo del espacio un lugar de mierda…Algunos mientras practicaban su karate hacían la señal de la cruz con las manos y gritan el nombre de una banda bastante horrible para mí, que era un verdadero emblema de esa actitud patotera, y que empezaba con la letra A.

Fin del flashback….

Regreso al sábado pasado.

Pero…¿qué se puede hacer? Los hombres en general reaccionaron haciendo gestos que invitaban a las chicas a pasar adelante, pero…no me gustaba mucho el gesto. Se veía un tanto paternalista y hasta sobreprotector. Yo pensaba: “si estuviera ahí, daría un paso al costado”.

Tampoco se trata de reprimir la espontaneidad del baile….En fin….

Joako trata de presentar un tema hablando de las ciudades como un espacio de control….La voz femenina sale de nuevo y señala algo acerca de que el espacio se lo toman siempre los machos….Joako se ve un poco descolocado, y como que no sabe bien qué hacer, pero luego dice “estoy hablando de otra cosa”. Tocan un tema más, y las quejas siguen, así que ofrece la palabra.

Una mujer joven, con falda de mezclilla, sube al escenario y toma el micrófono que Joako Duchamp le alcanza. Y dice más o menos esto: que a diferencia de los hombres, que da lo mismo sin son feos o ricos, pues pueden caminar tranquilos por las calles, las mujeres no pueden porque los hombres las agreden. Que todos los hombres que están ahí presentes dándoselas de punk son iguales que el resto de los agresores, que en muchas tocatas a las mujeres les agarran el poto, y que por eso muchas no se atreven a estar ahí adelante

Marcel Duchamp sigue tocando, la tensión al final baja, aunque de vez en cuando se escuchan gritos antimacho. Algunos hombres responden: “somos todos seres humanos”. Es verdad pero…ante lo señalado por esta chica, proclamar la igualdad formal es una manera de no hacerse cargo del problema tampoco…que sí es un problema real.

Quedo bastante confundido. Debería solidarizar con ellas e irme de ahí? Debería preguntarle a esa chica qué medidas propone para hacer del evento algo agradable para hombres y mujeres? El set de Marcel avanza a toda velocidad.

Tocamos “Sistemática”, donde en una parte se dice “el sistema somos nosotros, el problema a somos nosotros”. Y pienso que es cierto, que con nuestras actitudes no podemos ir y replicar inercialmente lo mismo que hace el sistema, y que no sé cómo resolver este problema.

Al terminar nuestra colaboración free chant, trato de decir algo al micrófono, que es cierto que adelante hay mucho macho, y ante los reclamos que acabamos de oír algo se podría hacer para corregir eso…Se escuchan un par de aplausos, pero todo sigue casi igual. En el pogo nunca veo a más de dos mujeres al mismo tiempo. Todo el resto son hombres.

Antes de irme no veo a esa chica por ningún lado, pero le comento el tema a una conocida, y me dice que discutió con ella, que no está para nada de acuerdo con cómo planteó las cosas, y tampoco con su discurso del miedo: “yo quiero caminar sin miedo por las calles, y este discurso me trata de asustar”. Le digo que si bien yo no comparto la ideología anti-hombre, no puedo dejar de encontrarle cierta razón a los reclamos de esa chica.

A las 4:30 me voy. Y en el camino recuerdo la tocata en Puerto Montt: el pogo era una masa humana de hombres y mujeres, y pese a su entusiasmo no era violento.

¿Qué hacer?

No me parece un tema menor.

Veamos como se da la cosa en Talca este fin de semana.



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viernes, mayo 18, 2018

La lógica del género y la comunización (Endnotes/2&3 DORM) 

Finalmente ya está en línea el cuarto cuadernillo de la serie excursos de 2&3 DORM. Pronto (?!) en papel.




Notas introductorias

Los defensores del orden afirman que la prostitución es el trabajo más viejo del mundo, para nunca decir que la más vieja prostitución del mundo es el trabajo. —Boletín La Oveja Negra

Nadie es otra cosa que su patrimonio, sus ingresos, su posición y sus oportunidades. La máscara económica y lo que hay tras ella coinciden en la conciencia de las personas hasta en los pliegues más sutiles. Cada cual vale lo que gana, cada cual gana lo que vale. Experimenta lo que es en las alternativas de su vida económica. No se conoce como otra cosa. —Adorno y Horkheimer

En 1846 se publicó un poco conocido trabajo de Marx llamado Peuchet: acerca del suicidio en la revista renana Gesellschaftsspiegel. Se trata de una traducción comentada de una serie de casos extraídos de los archivos policiales de Peuchet, funcionario de la restauración francesa. Tres de las cuatro historias recogidas en el texto refieren a mujeres. Se presenta el caso de una joven costurera que se arroja al Sena como resultado de la cólera de sus padres luego de pasar la noche en casa de la familia de su novio; la historia de una joven casada que se mata después de estar sometida al encierro violento administrado por un marido herido por su repentina deformidad; y el caso de una joven huérfana rica que, embarazada de su tío y sin poder abortar, prefiere saltar a un pozo. En cada caso, el suicidio se convierte en el recurso más extremo contra los males de la “vida privada” a la que estaban condenadas las mujeres en tanto propiedad de sus maridos y padres. En la reseña de estos casos Marx pone de manifiesto el carácter social del impulso autodestructivo que atraviesa a los individuos sometidos a los imperativos y restricciones específicas de la comunidad del trabajo asalariado.

Según los análisis de Marx, lo que diferencia a la sociedad capitalista moderna de otras sociedades no capitalistas es que en ella el trabajo se constituye como forma de mediación social. Se trata de una nueva forma de interdependencia social donde las personas no consumen lo que producen, ni sus productos son distribuidos de acuerdo a las normas de la tradición, relaciones de parentesco o de dominación personal, sino que el trabajo mismo, más concretamente, la venta de la capacidad para trabajar, se transforma en la condición esencial para el acceso a los medios de vida. El que las relaciones sociales se constituyan por el trabajo es una cuestión única desde el punto de vista histórico y genera formas de dominación impersonales y abstractas que abarcan la totalidad de la existencia social. Los textos que presentamos a continuación se abocan a la tarea de desentrañar la naturaleza históricamente específica de la relación hombre/ mujer en el capitalismo.

Estos textos buscan entender cómo la división antagónica de la humanidad en hombres y mujeres —sobre la base de una diferencia anatómica que determina roles sociales específicos y atributos subjetivos peculiares— sirve a la reproducción del orden social basado en la acumulación del (supuesto) (1) valor que el trabajo asalariado produce.

A lo largo del siglo xx, distintos movimientos feministas han apuntado a diferentes aspectos de la sociedad capitalista donde se objetiviza el lugar subordinado de las mujeres: la asignación naturalizada del trabajo doméstico y reproductivo, la violencia misógina, la feminización de la pobreza, la desigualdad salarial, etc. Sin embargo, ninguno de estos aspectos considerados de manera aislada puede ayudarnos a entender por qué aquellos asignados al destino mujer ocupan un lugar “especial” para el Capital ni menos por qué la categorización de la humanidad en hombre/mujer, o el género como categoría esencial de existencia social, es necesario para la expansión del modo de producción centrado en la extracción de trabajo. Creemos que esta cuestión debe ser abordada por la crítica anticapitalista para que nuestra lucha en actos termine de una vez por todas con la totalidad de las condiciones que enajenan cotidianamente nuestras fuerzas vitales y someten la satisfacción de nuestras necesidades al cálculo de la ganancia. Hoy es más importante que nunca realizar esta tarea crítica, pues asistimos a la más profunda crisis de reproducción de la relación capital-trabajo. Por todas partes los síntomas de la desintegración se dejan ver: tanto en la creciente velocidad de destrucción de la base natural de las sociedades, como en las epidemias de las masacres masivas y la soledad allí donde el capitalismo se ha desplegado de forma más total (2).

 El texto que abre este dossier, La comunización y la abolición del género, ofrece un primer recuento sobre la génesis de la cuestión del género al interior de la corriente comunizadora. Sin ánimo de hacer proselitismo político ni de abanderarnos por tal o cual teoría, nos parece importante publicar este texto, pues, a diferencia de otros análisis, la teoría de la comunización recupera la perspectiva de una tradición de lucha centrada en la abolición concreta e inmediata de las relaciones capitalistas en las que los trabajadores se reproducen a sí mismos como trabajadores. Según esta corriente, la revolución adquiere esta forma particular, pues el propio desenvolvimiento de la relación capital-trabajo, al exacerbar las diferencias entre los miembros de la clase trabajadora, ya no le permite a los proletarios afirmar su identidad como tales y organizar su lucha sobre esta base. Por lo tanto, la abolición de todas las divisiones de la vida social se presenta como la única alternativa posible para superar la creciente desintegración. Esta abolición solo puede ser llevada a cabo de manera directa por quienes están sometidos a la relación de clase y supone acabar con todas las categorías de socialización que articulan la totalidad capitalista (mercancía, trabajo, dinero, valor, Estado, etc.). En este sentido, nos parece importante el aporte de este texto, pues elabora, entre otras cosas, al respecto de la necesaria abolición de la relación de género, junto con la clase, en la praxis revolucionaria.

En cuanto al segundo texto, El circuito basado en el género: Leer El Arcano de la Reproducción, se trata de una revisión de las ideas centrales de un trabajo desechado por la tradición marxista que responde a la importante pregunta de cómo llega la fuerza de trabajo lista para ser consumida por el Capital al mercado de trabajo. Nos parece necesario incluir este texto, puesto que sirve como una primera aproximación a las categorías que luego serán desarrolladas en extenso, aunque con algunos cambios, en La lógica del género. Como veremos, la teorización que se expone en este trabajo apócrifo permite situar, por primera vez, la esfera del trabajo reproductivo no-pagado —como una necesaria condición de existencia del trabajo asalariado— dentro del circuito de reproducción del capital, al distinguir entre un tipo de actividades directamente productivas y otras que no lo son y de las cuales los hombres han sido tradicionalmente relevados a través de la estructura de la familia. De este modo, el Capital asigna a la clase trabajadora en general, y a las mujeres en particular, el costo de la reproducción generacional del proletariado.

Finalmente, el texto que cierra el dossier, La lógica del género, realiza la importante labor de criticar los términos binarios heredados del discurso feminista (productivo/reproductivo, pagado/no-pagado, público/privado, sexo/género) que, careciendo de especificidad histórica, no permiten entender las transformaciones en la relación de género a partir de los cambios estructurales de los años 70 (3). Nos parece necesario publicar este texto no solo por su importante labor esclarecedora, sino que también por su aporte a la comprensión de la lógica procesual de la reproducción capitalista. En este sentido, este texto propone dos categorías que permiten comprender el vínculo dinámico entre la producción de valor, la relación de género y la reproducción de la fuerza de trabajo: la esfera directamente mediada por el mercado y la esfera indirectamente mediada por el mercado. Lo que distingue a estas esferas es la reproducción mercantilizada: mientras que las actividades llevadas a cabo en la esfera directamente mediada por el mercado son reconocidas socialmente como trabajo mediante el salario, aquellas que ocurren en la esfera indirectamente mediada por el mercado no cuentan con tal reconocimiento social aunque son fundamentales para la reproducción del sistema basado en la extracción de la capacidad para trabajar.

Lo interesante de esta teorización es que demuestra que la reproducción del Capital ocurre en esferas duales dentro del mismo modo de producción basado en el trabajo asalariado. La separación de las esferas mencionadas anteriormente se deduce a partir del análisis de la esencial contradicción capitalista entre el valor de uso y el valor de cambio de la mercancía fuerza de trabajo. Como veremos, puesto que el valor (de cambio) de la fuerza de trabajo equivale solo al tiempo necesario para producir los medios de subsistencia que entran en el proceso de su reproducción, el trabajo que transforma esos medios de subsistencia en capacidad viva de trabajo es vuelto estructuralmente no-trabajo. Así pues, la producción de valor, cuya fuente reside en el consumo del valor de uso de la fuerza de trabajo, presupone la separación de las esferas directamente e indirectamente mediadas por el mercado.

Con respecto al género, este se define como el anclaje de cierto grupo de individuos a una esfera específica de actividades sociales (la esfera indirectamente mediada por el mercado). Este proceso ha operado históricamente de maneras diversas: primero, en la distinción de ciudadano/otro —que distinguía entre aquellos individuos que podían vender su fuerza de trabajo directamente (trabajadores libres) y aquellos condenados a hacerlo indirectamente a través de los que gozaban de la libertad capitalista (libertad de los medios de producción y libertad para venderse)— y, una vez que la diferenciación estructural fue inscrita en los cuerpos “biológicos” de los individuos, como una etiqueta de precio menor para la fuerza de trabajo de aquellos asignados al destino mujer.

Para finalizar, quisiéramos hacer un alcance con respecto a un proceso característico de aquellas sociedades industrializadas donde el Estado de bienestar está en crisis y que es descrito en La lógica del género como la “emergencia del abyecto”. Este proceso refiere al hecho de que las actividades reproductoras de la fuerza de trabajo, que antes eran provistas por el Estado como servicios, ahora son privatizadas bajo las demandas de la austeridad y se convierten en la carga del proletariado y sus mujeres. Creemos que en las sociedades que no conocieron un Estado de bienestar desarrollado este proceso puede observarse como una continua precarización de los pocos servicios que todavía son financiados (parcial o totalmente) por el Estado. Un ejemplo de lo anterior es el caso de Chile que durante la época de la dictadura militar en los años 70 atravesó un intensivo proceso liberalización y privatización de los servicios sociales. En este lugar se observa un sostenido deterioro en la calidad de servicios tales como la salud y educación pública. A raíz de esto podemos observar todo tipo de intentos por organizar colectivamente esas labores reproductivas y de cuidados. Sin negar el potencial transformador que puede estar contenido en estas formas de autoorganización, este proceso usualmente tiende a reafirmar el género, procurando las condiciones para la mantención cada vez más precaria de la fuerza de trabajo en la época de la crisis.

Si puede servir de aliento para quienes enfrentan estos textos por primera vez basta decir que este material es necesario para la crítica anticapitalista porque desarrolla un lenguaje común con el que nombrar las relaciones que dan forma a nuestra condición. Si la contribución de estos textos se redujera solo a eso sería, sin lugar a dudas, tremenda, considerando el grado de confusión que reina —también— entre los que estamos tratando de entender la catástrofe humana y planetaria en la que estamos inmersos.
Invierno de 2018, Galaxidi


1.- Decimos “supuesto valor” para señalar que nuestra actividad práctica produce objetos, servicios, conocimientos… no valor. El valor es la forma que adquiere nuestra actividad bajo la dictadura capitalista, es una abstracción social que determina el consumo de nuestra capacidad para trabajar, pero no un producto directo de esta. Quizás lo más correcto sería decir que solo en la sociedad capitalista el trabajo “produce” valor.

2.- A propósito, quisiéramos ofrecer algunos ejemplos bastante ilustrativos de la dimensión de la miseria. En Estados Unidos los jóvenes enfrentan la muerte en masa en las escuelas: según algunas estadísticas oficiales, en las primeras 6 semanas del 2018 hubo 18 tiroteos masivos en diferentes escuelas a lo largo del territorio, lo que arroja, en promedio, una matanza escolar cada 60 horas en lo que va del año. Por otro lado, en Japón la gente muere sola. La primera vez que este fenómeno llamó la atención de la llamada “opinión pública” fue el caso de un hombre de 69 años cuya muerte pasó desapercibida por tres años. Y es que en la miseria capitalista nadie nota la muerte de un solitario que sigue pagando las cuentas mediante transferencias electrónicas automáticas. Sin embargo, cuando los ahorros del cadáver se agotaron en el 2000, las diligentes autoridades se aparecieron en el departamento solo para encontrarse con un esqueleto tumbado en el piso de la cocina.

3.- A partir de esta década se observa la creciente importancia del sector de los servicios para la acumulación capitalista. Según un estudio realizado por la UNCTAD, entre 1980 y 2015, el peso de los servicios en el producto interno bruto aumentó a nivel global de manera excepcional. En las llamadas “economías desarrolladas” este aumento fue del 61% al 76%, mientras que en las “economías en desarrollo” fue del 42% al 55%. Así mismo, se estima que a nivel global el sector de los servicios emplea al 49% de la población. Particularmente, el 75% del total de los trabajadores de las economías desarrolladas se encuentra empleado en el sector de los servicios, mientras que en las economías en desarrollo alcanza un 44%. Este giro ha sido denominado por algunos como el “giro feminizador” de la economía porque esta tendencia ha incorporado masivamente a las mujeres a la explotación capitalista. A propósito, según otro estudio realizado por la OIT, en el 2010 el 75.5% de las mujeres ocupadas en Latinoamérica y el Caribe lo hacía en el sector de los servicios concentrándose en dos ramas particularmente: el comercio (mujeres: 25.6%, hombres: 19.1%) y los servicios comunales, sociales y personales (mujeres: 42.3%, hombres: 16.7%).



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