jueves, diciembre 08, 2011
El cénit y el ocaso (x el profesor Amorós)

El capitalismo ha alcanzado su cenit, ha traspasado el umbral a partir del cual las medidas para preservarlo aceleran su autodestrucción. Ya no puede presentarse como la única alternativa al caos; es el caos y lo será cada vez más. Durante los años sesenta y setenta del pasado siglo, un puñado de economistas disconformes y pioneros de la ecología social constataron la imposibilidad del crecimiento infinito con los recursos finitos del planeta, especialmente los energéticos, es decir, señalaron los límites externos del capitalismo. La ciencia y la tecnología podrían ampliar esos límites, pero no suprimirlos, originando de paso nuevos problemas a un ritmo mucho mayor que aquél al que habían arreglado los viejos. Tal constatación negaba el elemento clave de la política estatal de posguerra, el desarrollismo, la idea de que el desarrollo económico bastaba para resolver la cuestión social, pero también negaba el eje sobre el que pivotaba el socialismo, la creencia en un futuro justo e igualitario gracias al desarrollo indefinido de las fuerzas productivas dirigidas por los representantes del proletariado. Además, el desarrollismo tenía contrapartidas indeseables: la destrucción de los hábitat naturales y los suelos, la artificialización del territorio, la contaminación, el calentamiento global, el agujero de la capa de ozono, el agotamiento de los acuíferos, el deterioro de la vida en medio urbano y la anomia social. El crecimiento de las fuerzas productivas ponía de relieve su carácter destructivo cada vez más preponderante. La fe en el progreso hacía aguas; el desarrollo material esterilizaba el terreno de la libertad y amenazaba la supervivencia. La revelación de que una sociedad libre no vendría jamás de la mano de una clase directora, que mediante un uso racional del saber científico y técnico multiplicase la producción e inaugurara una época de abundancia donde todos quedaran ahítos, no era más que una consecuencia de la crítica de la función socialmente regresiva de la ciencia y la tecnología, o sea, del cuestionamiento de la idea de progreso. Pero el progresismo no era solamente un dogma burgués, era la característica principal de la doctrina proletaria. La crítica del progreso implicaba pues el final no sólo de la ideología burguesa sino de la obrerista. La solución a las desigualdades e injusticias no radicaba precisamente en un progresismo de nuevo cuño, en otra idea del progreso depurada de contradicciones. Como dijo Jaime Semprun, cuando el barco se hunde, lo importante no es disponer de una teoría correcta de la navegación, sino saber cómo fabricar con rapidez una balsa de troncos. Aprender a cultivar un huerto como recomendó Voltaire, a fabricar pan o a construir un molino como desean los neorrurales podría ser más importante que conocer la obra de Marx, la de Bakunin o la de la Internacional Situacionista. Eso significa que los problemas provocados por el desarrollismo no pueden acomodarse en el ámbito del saber especulativo y de la ideología porque son menos teóricos que prácticos, y, por consiguiente, la crítica tiene que encaminarse hacia la praxis. En ese estado de urgencia, el cómo vivir en un régimen no capitalista deja de ser una cuestión para la utopía para devenir el más realista de los planteamientos. Si la libertad depende de la desaparición de las burocracias y del Estado, del desmantelamiento de la producción industrial, de la abolición del trabajo asalariado, de la reapropiación de los conocimientos antiguos y del retorno a la agricultura tradicional, o sea, de un proceso radical de descentralización, desindustrialización y desurbanización debutando con la reapropiación del territorio, el sujeto capaz de llevar adelante esa inmensa tarea no puede ser aquél cuyos intereses permanecían asociados al crecimiento, a la acumulación incesante de capital, a la extensión de la jerarquía, a la expansión de la industria y a la urbanización generalizada. Un ser colectivo a la altura de esa misión no podría formarse en la disputa de una parte de las plusvalías del sistema sino a partir de la deserción misma, encontrando en la lucha por separarse la fuerza necesaria para constituirse.
Al final de la era fordista, tras la subida de precios del petróleo como consecuencia del cenit de la producción en Estados Unidos, conocemos la salida que buscó la clase dirigente para preservar el crecimiento: un desarrollismo de nuevo tipo, neoliberal, basado primero en el fin del Estado-nación, la privatización de la función pública, el abandono del patrón oro, la energía nuclear, la eliminación de las trabas aduaneras, el abaratamiento del transporte, la globalización de los mercados, la expansión del crédito y la desregulación del mundo laboral. Una segunda fase, algo más keynesiana, rentabilizaría la destrucción acumulada mediante un desarrollismo llamado sostenible, integrando el punto de vista ecologista en un capitalismo “verde”. El Estado recuperaría un tanto su papel de impulsor económico que tenía en la época anterior de capitalismo nacional financiando dicha modernización y forzando el reciclaje de la población en el consumo de mercancía labelizada. También conocemos las alternativas progresistas neokeynesianas que en el marco del orden establecido reivindicaron “otra” globalización en donde las cargas estuvieran mejor distribuidas, o lo que viene a ser lo mismo, una mundialización tutelada por los Estados que respetara los intereses de la burocracia obrerista y el estatus de las clases medias. Esta propuesta descansaba en la falsa suposición de que el Estado era un instrumento neutral frente al capitalismo, y no la adecuada expresión política de sus intereses. Como quiera que fuera, ambas políticas –la neoliberal conservadora y la neokeynesiana socialdemócrata– fracasaron al tropezar el capitalismo con sus límites internos. La liquidación de las economías locales arruinó poblaciones enteras que se fueron acumulando en las periferias de las metrópolis, dando vida a inmensos poblados de chabolas. Innumerables masas emigraron a los países “desarrollados”, extendiendo las consecuencias de la crisis demográfica a las zonas privilegiadas del turbocapitalismo. Esta nueva mutación del capital creaba una nueva división social: los integrados y los excluidos del mercado. La contención de la exclusión quedó fundamentalmente en manos del Estado, en absoluto neutro, obligado a desarrollar para la ocasión políticas represivas de control de la inmigración y extenderlas a cualquier forma de disidencia. Por otro lado, el carácter eminentemente especulativo de los movimientos financieros internacionales y las políticas estatistas clientelares, tras una década de euforia, condujeron a la bancarrota general del 2008, agravada por las deudas que los Estados no habían podido rembolsar, precipitando una vuelta al neoliberalismo mucho más dura. Las medidas draconianas son necesarias para traspasar la crisis provocada por los Bancos y los Estados a la población asalariada, mayoritariamente hipotecada. La pauperización material de un tercio de la población se suma a una pauperización moral vieja de años, pero la incapacidad irremediable de crecer lo suficiente de los Estados Unidos y la Unión Europea si no es compensada con una demanda emergente, china o india, proporcionará un marco crítico duradero donde podrá invertirse el proceso de anomia. Potencialmente, y por mucho tiempo, el espectro de Grecia –las condiciones griegas—asediará la conciencia de los dirigentes. La venganza o la voluntad de desquite dominarán en los primeros momentos con toda la secuela de conflicto y violencia, pero para construir habrá de darse en las masas vapuleadas un sentimiento de dignidad a la par que el desarrollo de una conciencia verdaderamente subversiva.
Paradójicamente, en la fase actual de descomposición del sistema dominante, las contradicciones internas ocultan las externas. El drama de la exclusión, el paro, la precariedad, los recortes, los desahucios y el empobrecimiento de las clases medias asalariadas, al poner por delante sus intereses inmediatos todavía ligados al mantenimiento de un estilo de vida urbano, artificial y consumista, han oscurecido momentáneamente la cuestión esencial, el rechazo del credo del progreso, y, por consiguiente, el del modelo social y urbano que le es inherente. En consecuencia, la creciente “huella ecológica” y la insostenibilidad intrínseca de la supervivencia bien o mal abastecida bajo el capitalismo no se han tenido en consideración, por lo que las exigencias desindustrializadoras y desurbanizadoras parecen fuera de lugar. La protesta urbana, obrera o populista, rechaza pagar la factura de la gestión desarrollista anterior y así se contenta con exigir “otra” política, “otra” banca u “otro” sindicalismo, a lo sumo, “otro” capitalismo, pero jamás se planteará seriamente la ruralización o la desaparición de las metrópolis, es decir, otra manera de convivir, otra sociedad u otro planeta. La mayoría de los habitantes de las conurbaciones solamente busca o aspira a encontrarse con la naturaleza los fines de semana, en tanto que consumidores de relax y paisaje, por lo que una crítica antidesarrollista tiene serios problemas para darse a conocer fuera de estrechos círculos, ya que la mentalidad urbana es incapaz de asumirla y los desertores del asfalto son todavía pocos. Por otra parte, la población campesina, residual, sufre un deterioro mental aún peor, fruto de su suburbanización, y las más de las veces reproduce estereotipos ideológicos urbanos. La crítica antidesarrollista no cuaja pues, ni en el medio rural, que debía ser el suyo, ni en el medio urbano, mucho menos propicio. Por eso la materialización en la práctica del antidesarrollismo como defensa del territorio se ve sometida a multitud de inconsecuencias y limitaciones. El carácter específicamente local de dicha defensa juega en su contra. Apenas se conforma una oposición contra una nocividad particular, surgen acompañantes municipalistas, verdes o nacionalistas, que tratan de confinarla como “nimby” en la localidad, exprimirla políticamente y empantanarla en marismas jurídicas y administrativas. Solamente en los casos en que ha conseguido aliados de las conurbaciones gracias precisamente a los irregulares de la post ciudad, ha podido formularse un interés general y desarrollarse un conflicto de envergadura (p. e. contra trasvases, contra las líneas MAT, contra el TAV, contra autopistas, centrales eólicas, etc.). Resumiendo, la defensa del territorio está lejos mostrarse como el único conflicto realmente anticapitalista, ya que, debido a las condiciones hostiles que debe afrontar, no consigue constituir una comunidad de lucha estable y suficientemente consciente que contribuya con eficacia a incrementar el número de renegados de la urbe. Todavía no ha logrado transformar la descomposición urbana en fuerza creativa rural, ni la oposición al desarrollismo territorial en barrera contra la urbanización total.
Será necesaria otra vuelta de tuerca en la crisis para que la cuestión urbana –el problema de desmontar la conurbación– aparezca en el centro de la cuestión social. En efecto, la conurbación es la forma ideal de la organización del espacio por el capitalismo; una gran concentración de consumidores hecha posible por la abundancia hasta ahora ilimitada de combustible fósil barato y de agua potable. Es de suponer que un encarecimiento del combustible conduciría a una crisis energética que pondría en peligro la agricultura industrial, el sistema de vida urbano y la existencia misma de las conurbaciones. Igual sucedería con una sequía prolongada que exigiera la construcción de numerosas desaladoras funcionando con petróleo. Ese es el horizonte que perfila a corto plazo la gran demanda de los países emergentes y el cenit de la producción petrolífera a medio: el fin de la era de la energía barata. No hay remedio posible puesto que la energía nuclear y las llamadas “renovables” son caras, necesitan igualmente para su puesta en marcha ingentes cantidades de combustible fósil cada vez menos al alcance y el ritmo de su producción nunca podrá satisfacer las exigencias de un consumo creciente. El capitalismo verde es una falacia y la globalización está entrando en su fase terminal; las innovaciones tecnológicas no podrán salvarla. La perspectiva de un declive de la producción industrial de energía pinta de negro el futuro de las conurbaciones, puesto que un encarecimiento del transporte paralizará los suministros y las volverá inviables. Los bloques de viviendas, los rascacielos, los centros comerciales, los adosados residenciales, los polígonos logísticos, las autopistas y demás se deteriorarán a gran velocidad. Entonces, los sofisticados materiales de construcción, el aire acondicionado, los electrodomésticos, los ordenadores, la calefacción central, la telefonía móvil y los automóviles serán cosas del pasado. Además, el calentamiento global es imparable puesto que el consumo de energías contaminantes es imposible de aminorar, y, en pocos años, cuatro o cinco, desbocará el cambio climático y entonces los daños provocados serán irreversibles. El decaimiento de la agricultura industrial –esclava del fuel, de los abonos y herbicidas petroquímicos—junto con las secuelas del calentamiento –incremento del efecto invernadero, deforestación, erosión, salinización y acidificación de los suelos, desertificación, sequías e inundaciones– desembocarán en una crisis alimentaria de graves consecuencias. La mayoría de la población urbana quedará desabastecida, viéndose impelida violentamente a buscar comida y combustible fuera, desperdigándose por un campo esquilmado. El que este proceso de expulsión del vecindario se efectúe de forma caótica y terrorista o transcurra positivamente dependerá de la capacidad integradora de las comunidades de lucha surgidas de la deserción y la defensa del territorio. Si éstas son débiles no podrán enfrentarse a la avalancha de una población hambrienta y transformar su desesperación en fuerza para el combate por la libertad y la emancipación. La desagregación del turbocapitalismo daría lugar entonces a un reguero de formaciones capitalistas primitivas defendidas por poderes locales y regionales autoritarios. Será inevitable que la sociedad se contraiga y se vuelva intensamente localista, pero lo pequeño no siempre es hermoso. Puede ser horrible si la necesaria ruralización que habrá de afrontar las consecuencias de una superpoblación repentina y brutal, no discurre por vías revolucionarias, es decir, si se limita a una producción centralizada y privilegiada de comida y energía en lugar de orientarse hacia la creación de comunidades libres y autónomas capaces de resistir a la depredación post urbana. En definitiva, si el proceso ruralizador no respira esa atmósfera de libertad que antaño se atribuía a las ciudades.
A fin de no caer en profecías apocalípticas y evitar que la ciencia ficción se adueñe de los análisis futuristas postulando retornos al paleolítico o a la barbarie de género cinematográfico, conviene considerar la crisis energética como un marco general y un horizonte temporal que condicionará cada vez más el acontecer social con el chantaje consabido de ‘o la energía o el caos’ sin por lo tanto determinarlo completamente. La especulación novelesca es deudora de la actitud contemplativa frente a la catástrofe, típica de la religión –o de su equivalente secular, la ideología historicista– que considera lo que adviene como resultado forzoso y no como una posibilidad entre muchas, un desenlace en el tiempo fruto de múltiples variables: la conciencia del momento, la inteligencia de los cambios, la configuración de fuerzas independientes, la habilidad en captar las contradicciones que se manifiestan y en aprovechar las ocasiones que se presentan... Ni el resultado explica enteramente el proceso, ni el proceso, el resultado. El cenit no precede necesariamente a la extinción. Entre los dos interviene el juego dialéctico de la táctica y de la estrategia entre contrincantes con fuerzas desiguales, a corto y medio plazo. El juego de la guerra social. Las esperanzas de los sectores aferrados a la conservación del capitalismo de Estado en un decrecimiento paulatino, pacífico y voluntario serán prontamente desmentidas por la brutalidad de las medidas de adaptación a escenarios de escasez y penuria y la dinámica social violenta que van a originar. Si bien el colapso catastrófico no va a producirse en fecha fija, inminente, tampoco va a ser inevitable la entronización de un régimen ecofascista; sin embargo, la probabilidad más o menos cercana de ambos fenómenos puede servir para llevar la acción por derroteros consecuentes, lográndose así en las sucesivas confrontaciones una salida favorable al bando de los partidarios de un cambio social radical y libertario. Nada está decidido, por lo que todo es posible, incluso las utopías y los sueños.
______________________________________
Charlas de Pineda de Mar organizada por la sección local de la CNT en Can Comas (30 de junio de 2011), de Segorbe, en el Ateneo Libertario Octubre del 36 (2 de julio), de La Llagosta, en les Jornades de l’autogestió de Can Piella (24 de julio), de Lleida, en el CSA La Maranya (30 de julio), de Valladolid, en las Jornadas Agroecológicas del BAH, (6 de noviembre) y de Madrid, en las Jornadas de Critica al Progreso organizadas por la Federación de Estudiantes Libertarios
Etiquetas: ¿quien educará a los educadores?, post-situs, pro-situs
sábado, diciembre 03, 2011
De la servidumbre moderna
Cuando vi "De la servidumbre moderna" pensé que era útil como actualización del "estilo" de la crítica situacionista usando el cine como arma. Eso y no mucho más, pero ya es algo, no es poco, y se agradece. Eso sí, no me gustó para nada que finalizara con una canción de RATM (Rage Against The Machine, aka Ratas Artistoides Tratando de Mercantilizar): el estilo de la crítica debe incluir la crítica del estilo, y decepciona que los autores de este artefacto "destiñan" disociando el aspecto político del estético, dando lugar por esa vía a una nueva separación de una crítica que debería ser total.
En el link del sitio (ver al costado izquierdo) se puede entrar tanto al texto como al film en varios idiomas.
---
“ Toda verdad atraviesa tres estadios:
en primer lugar se le ridiculiza;
en segundo lugar se le oponen violentamente;
finalmente se le acepta como si fuese una evidencia.”
Schopenhauer
De la servidumbre moderna es un libro y un documental de 52 minutos producidos de manera totalmente independiente; el libro (y el DVD que contiene) es distribuido gratuitamente en algunos sitios alternativos de Francia y de América Latina. El texto fue creado en Jamaica en octubre de 2007 y el documental fue terminado en Colombia en Mayo de 2009. Existe de él una versión en francés, en inglés y en español. La película ha sido elaborada a partir de fragmentos malversados de películas de ficción y de documentales.
El objetivo central de esta película es poner al día la condición del esclavo moderno en el marco del sistema totalitario mercantil y dar a conocer las formas de mistificación que ocultan esta condición servil. Fue concebida bajo la única intención de atacar de frente la organización dominante del mundo.
En el inmenso campo de batalla de la guerra civil mundial, el lenguaje constituye una de nuestras armas. La intención es llamar las cosas por su nombre y revelar la esencia escondida de la realidad a través de la manera como es llamada. La democracia liberal, por ejemplo, es un mito ya que la organización dominante del mundo no tiene nada de democrático ni de liberal. Es, entonces, urgente sustituir el mito de la democracia liberal por su realidad concreta de sistema totalitario mercantil; se trata de divulgar esta nueva expresión a modo de una línea de pólvora dispuesta a incendiar las mentes con el desenmascaramiento de la naturaleza profunda de la dominación presente.
Algunos querrán encontrar aquí soluciones o respuestas preconcebidas del género “¿Cómo hacer la revolución?”. Este no es el propósito de esta película. Se trata más bien de hacer la crítica precisa de la sociedad a la que debemos combatir. Esta película es ante todo una herramienta militante cuyo propósito es hacer que la mayoría se cuestione y que la crítica se propague allí donde no tiene acceso. Las soluciones y los elementos del programa debemos construirlos juntos a través de la práctica. No necesitamos un gurú que venga a explicarnos cómo debemos actuar: la libertad de acción debe ser nuestro rasgo característico. Quienes desean continuar siendo esclavos esperan su mesías o la obra que bastaría seguir al pie de la letra para lograr ser libre. Ya hemos visto muchas de esas obras o de esos hombres en la historia del siglo XX que se propusieron constituir la vanguardia revolucionaria y conducir al proletariado hacia la liberación de su condición; los resultados de esa pesadilla hablan por sí mismos.
Por otro lado, condenamos todas las religiones ya que son generadoras de ilusiones que nos invitan a aceptar nuestra sórdida condición de dominados y nos mienten o des-racionalizan casi todo. Pero también condenamos toda estigmatización de cualquier religión en particular. Los adeptos del complot sionista o del peligro islamista son mentes mistificadas que confunden la crítica radical con el odio y el desdén. Solo son capaces de producir lodo. Si algunos de ellos se llaman revolucionarios es más con respecto a las revoluciones nacionales de los años 1930 – 1940 que con respecto a la verdadera revolución liberadora a la que aspiramos. La búsqueda de un chivo expiatorio, en función de su religión o de su pertenencia étnica, es vieja como la civilización y no es más que el producto de las frustraciones de aquellos que buscan respuestas rápidas y simples para el mal que nos agobia. No puede haber ambigüedad en la naturaleza de nuestra lucha. Estamos de parte de la emancipación de la humanidad entera, y en contra de toda forma de discriminación. Todo para todos es la esencia del programa revolucionario al que nosotros adherimos.
Las referencias que inspiraron este trabajo, y en general mi vida, están explícitas en esta película: Diógenes de Sinope, Etienne de la Boétie, Karl Marx y Guy Debord. No las escondo ni pretendo haber descubierto que el agua moja. Se me reconocerá simplemente el mérito de haberme servido de ella para limpiarme de la propaganda del sistema.
Aquellos que dirán que esta obra no es lo suficientemente revolucionaria o realmente radical o incluso una incitación a la violencia, que propongan su propia visión del mundo en el que vivimos. Entre más difundamos estas ideas, más podrá surgir la posibilidad de un cambio radical.
La crisis económica, social y política ha revelado el fracaso patente del sistema totalitario mercantil. Una brecha se ha abierto. Ahora se trata de atreverse (lanzarse) sin miedo pero de manera estratégica. Sin embargo hay que reaccionar rápidamente ya que el poder, perfectamente informado sobre el estado de la radicalización de las contestaciones, prepara un ataque preventivo sin precedentes. La urgencia de los tiempos nos impone la unidad más que la división ya que lo que nos une es más profundo que lo que nos separa. Es siempre muy cómodo criticar lo que hacen las organizaciones, los individuos o los diferentes grupos inspirados por la revolución social, pero, en realidad, estas críticas provienen de la voluntad inmovilista que intenta convencernos de que nada es posible. No hay que equivocarse de enemigo. Las viejas discusiones bizantinas en el campo revolucionario deben dar lugar a la unidad de acción de todas nuestras fuerzas. Hay que dudar de todo, incluso de la duda.
El texto y la película están libres de derechos, y pueden ser copiados, difundidos y proyectados sin la menor duda. Son además gratuitos y no pueden ser vendidos ni comercializados bajo ninguna circunstancia. Sería incoherente proponer una crítica de la omnipresencia de las mercancías con otra mercancía. La lucha contra la propiedad privada, intelectual u otra, es nuestra fuerza de ataque contra la dominación presente.
Esta película, difundida por fuera de cualquier circuito legal o comercial, no puede existir sin el apoyo de las personas que organizan la difusión o la proyección. No nos pertenece, pertenece a quienes quieran tomarlo para lanzarlo a la línea de fuego.
Jean-François Brient y Victor León Fuentes
Etiquetas: malestar en la civilización, pro-situs, tercer asalto proletario contra la sociedad de clases
sábado, noviembre 12, 2011
Introducción a la Obra Cinematográfica Completa de Guy Debord (x Ken Knabb)

Si alguna vez salimos de este lío y logramos crear una sociedad sana y liberada, las generaciones futuras volverán la vista a Guy Debord como la persona que contribuyó a esta liberación más que nadie en el siglo XX.
Guy Debord (1931-1994) fue la figura más influyente en la Internacional Situacionista, el conocido grupo que jugó un papel clave en la catálisis de la revuelta de mayo de 1968 en Francia. El impacto de sus escritos ha sido profundo, y lo suficientemente evidente para aquellos que saben mirar detrás de las apariencias superficiales. Sus películas igualmente notables, sin embargo, han sido mucho menos conocidas, al menos hasta ahora.
Esto se debe al hecho de que apenas se ha tenido acceso a ellas. Las tres primeras películas raras veces fueron exhibidas, aunque la primera provocó unos breves escándalos en la década de los 50. Las tres últimas se mostraron algo más extensamente en París en la década de los 70 y principios de los 80, pero pocas personas en otros lugares han tenido la oportunidad de verlas. Entonces en 1984 el amigo y editor de Debord, Gérard Lebovici (que también había financiado sus últimas tres películas) fue asesinado. Enojado por la respuesta de la prensa francesa, que esparció rumores sobre supuestos “socios en las penumbras” de Lebovici y, en algunos casos, incluso insinuó que el mismo Debord podría haber tenido algo que ver con el asesinato de su amigo, Debord sacó a todas sus películas de circulación. A excepción de una pocas proyecciones privadas nadie volvio a ver ninguna de ellas hasta 1995, cuando dos de las películas (junto con un video terminado recientemente) fueron transmitidas por un canal de cable francés poco después de la muerte de Debord. Las copias piratas de estas tres obras han circulado desde entonces, pero las películas reales permanecieron inaccesibles hasta el año 2001, cuando Alice Debord, su viuda, inició el proceso de su relanzamiento.
Técnica y estéticamente, las películas de Debord se encuentran entre las obras más brillantemente innovadoras en la historia del cine. Pero en realidad son más provocaciones subversivas que “obras de arte”. En mi opinión, son las películas radicales más importantes que se hayan hecho, no sólo porque expresan la perspectiva radical más profunda del siglo pasado, sino porque no han tenido competencia real en el mundo del cine. Muchas películas han expuesto a tal o cual aspecto de la sociedad moderna, pero las de Debord son las únicas que encarnan una crítica consistente del sistema global en su conjunto. Muchos cineastas radicales se han llenado la boca hablando de la noción de Brecht de provocar a los espectadores a pensar y actuar por sí mismos en lugar de absorberlos en una identificación pasiva con héroes o argumentos, pero Debord es prácticamente el único que realmente ha logrado este objetivo. Con la excepción parcial de unas pocas obras menores influenciadas por Debord, sus películas son las únicas que han hecho un uso coherente de la táctica situacionista del desvío: la utilización de elementos culturales ya existentes hacia nuevos fines subversivos. El desvío ha sido ampliamente imitado, pero por lo general sólo de manera confusa y semi-consciente o para fines puramente humorísticos. El desvío no significa la mera yuxtaposición al azar de elementos incongruentes, sino (1) la creación, a partir de esos elementos, de una nueva totalidad coherente (2) que critica tanto al mundo existente como su propia relación con ese mundo. Algunos artistas, cineastas, e incluso diseñadores de anuncios han utilizado superficialmente yuxtaposiciones similares, pero la mayoría están lejos de cumplir (1), mucho menos (2).
Las obras de Debord no son ni discursos filosóficos desde una torre de marfil ni protestas militantes viscerales, sino exámenes despiadadamente lúcidos de las tendencias y contradicciones más fundamentales de la sociedad en que vivimos. Esto significa que deben ser re-leídas (o en el caso de las películas, re-vistas) muchas veces, pero también significa que siguen siendo tan pertinentes como siempre, mientras que un sinnúmero de modas radicales e intelectuales han ido y venido. En las décadas transcurridas desde la publicación original de La sociedad del espectáculo (1967), el espectáculo se ha vuelto más penetrante que nunca, hasta el punto de reprimir virtualmente cualquier conocimiento de la historia pre-espectáculo o de las posibilidades anti-espectaculares. “La dominación espectacular ha tenido éxito en educar a una generación entera sometida a sus leyes” (Comentarios sobre la sociedad del espectáculo).
Como resultado de este nuevo desarrollo, las afirmaciones de Debord que solían ser desestimadas por extravagantes o incomprensibles ahora son, con igual superficialidad, desestimadas por triviales y obvias; la gente que solía decir que la oscuridad de las ideas situacionistas demostraba su insignificancia ahora afirma que su notoriedad demuestra su carácter obsoleto. Pero aquellos que piensan que los situacionistas han sido cooptados porque algunos fragmentos de sus obras han sido expuestos en museos, disecados en las universidades o discutidos en los medios de comunicación, probablemente no se han molestado en re-leerlos en los últimos tiempos.
Nuestros agitadores han difundido ideas que una sociedad de clases no puede digerir. Los intelectuales al servicio del sistema — cuyo declive es aún más obvio que el del mismo sistema — ahora están investigando cautelosamente a estos venenos con la esperanza de descubrir algunos antídotos; pero no lo conseguirán. Solían intentarlo tanto como para ser ignorados — pero igualmente en vano, tan grande es el poder de una verdad dicha en su tiempo... No preguntes ahora qué tan buenas eran nuestras armas: permanecen clavadas en la garganta del reinante sistema de mentiras. [In girum imus nocte et consumimur igni]
Me atrevo a decir que lo mismo probará ser cierto respecto a las películas de Debord, a pesar de todos los intentos de neutralizarlas.
Como el diagnosticador más penetrante de la época actual, no es de extrañar que Debord se haya vuelto cada vez más conocido, ni que esta notoriedad consista en gran medida de rumores hostiles sobre su vida personal e ideas falsas y absurdas acerca de sus proyectos y perspectivas. Afortunadamente, él es muy capaz de explicarse y defenderse por sí mismo, así que no creo que haya ninguna necesidad para que yo trate de hacerlo en su lugar aquí. Me tomaré, sin embargo, la libertad de citarle una vez más con el fin de refutar una de las falsificaciones más groseras y prevalecientes, que lo presenta como un artista o un estilista de la literatura que pasó por una fase radical, pero más tarde supuestamente se desilusionó y resignó:
Desde el principio me he dedicado a derrocar a esta sociedad, y he actuado en consecuencia. Asumí esta posición en un momento en que casi todo el mundo creía que esta sociedad despreciable (en su versión burguesa o burocrática) tenía el futuro más prometedor. Y desde entonces no he, como tantos otros, cambiado de opinión una o varias veces con el cambio de los tiempos; más bien han sido los tiempos los que han cambiado de acuerdo con mis opiniones. Esta es una de las principales razones que han provocado tal animosidad por parte de mis contemporáneos. [In girum]
Incluso aquellos que se quejan de la “oscuridad” de Debord deberían ser capaces de entender esta declaración con bastante facilidad. No afirmo que Debord esté más allá de toda crítica, sino simplemente que la mayoría de las críticas que se le han hecho hasta el momento han sido erróneas o irrelevantes. No debería hacer falta decir que venerar pasivamente a Debord va en contra de todo en lo que él creía. Se trata de asimilar lo que él tiene que decir, usar lo que parece pertinente, e ignorar lo que no. La verdadera cuestión planteada en estas películas no es lo que Debord hizo con su vida, sino lo que tú vas a hacer con la tuya.
KEN KNABB
Abril de 2003
Etiquetas: I.S., Ken Knabb, pro-situs, teoría revolucionaria
viernes, diciembre 24, 2010
"Una máquina, un culo" (A classe operaria va in paradiso)

Sociedad Dada: Organo de difusión del instituto de vandalismo comparado
Vista Normal MARC ISBD
Series: Colección Literaturas Subterráneas Detalles físicos: 4p.
Tema(s) LITERATURA | LITERATURA HISPANOAMERICANA | LITERATURA SUBTERRÁNEA | CONTRACULTURA | FANZINE | COLECCIÓN | Libro
Reteniendo ( 1 ) DescripcionesComentarios Localización Número Estado
Sección principal - Colecciones Lit.Subterráneas/868/L776l/v.2 Disponible
http://200.87.98.202/cgi-bin/koha/opac-detail.pl?biblionumber=7242
Etiquetas: Chantiago, Losno Venta, pro-situs, reflexión, tiempo histórico, vandalismo comparado
miércoles, diciembre 15, 2010
Críticas de la IS

(PUNK IS DEAD?!)
No es que crea que la crítica no deba ser en todos los casos destructiva. (¿Lapidaria?, eso ya es otra cosa). Y no encuentro "gracioso" este texto, sino su título: Del situacionismo al abismo. Para varios, a la IS le podemos reprochar de todas formas su herencia: el "situacionismo", y debemos ser implacables con administradores de una herencia, sobre todo si estos de han distinguido por una actividad predominantemente teórica y una vida más bien apacible en la casita o en un huerto. No lo niego, y por eso subo fragmentos de este texto. Sirve al debate. Pero no deja de llamar la atención que una crítica tan bien fundada deba recurrir de paso a argumentos del tipo: los enciclopedistas pro-situ y/o post- situ reunidos al alero de Semprún, le prenden velas a Gunther Anders, quien fuera esposo de Hanah Arendt, que alguna vez se entretuvo sobre un catre con el profesor nazi Martin Heidegger en calidad de amante, bla bla bla, etc.
De todas formas, creo que incluso el "pensamiento derrotado", cuando trata de ser más o menos coherente y aborda sectores interesantes de ser criticados, debe ser conocido y estudiado -y a su vez, criticado, labor que supone las anteriores-. Como dicen que dijo don Juan Barrote en los años de plomo (y a propósito, algunos plomazos no han dudado en invocar como argumento contra J.B. -tambien conocido como Gil es Dauvé- el que su padre haya sido un famoso hombre de Estado, más precisamente, un importante policía): aunque un comunista ande puro teorizando y no haga nada más, si lo hace más o menos bien, ya es algo.
BAh, no encontré la frase de Dauvé que quería citar, pero sí estotra que más o menos dice lo mismo:
Nuestra propia respuesta a esta situación no consiste
evidentemente en exhortar a las amplias masas o a las minorías
esclarecidas a que desplieguen más radicalidad. Dejemos a
otros que se empleen en intentar elevar el nivel de la lucha de
clases. La única cosa que podemos hacer es contribuir a una
crítica “unitaria” del mundo.
Ya: Tercera Parte del texto "Del situacionismo al abismo":
--
CLAVES para una crítica de Guy Debord y del situacionismo.
"Las sectas del capricho son muchas y el hombre cuerdo debe huir de todas ellas. Hay gustos exóticos que siempre se casan con todo aquello que los sabios repudian. Viven muy pagados de cualquier extravagancia, y aunque los hace muy conocidos, es más a causa de la risa que de la reputación. Aun como sabio no debe destacar el prudente, mucho menos en aquellas ocupaciones que hacen ridículos a los que las practican"
Baltasar Gracián.
1.- El espectáculo para Debord es el dominio tiránico de la sociedad por la economía capitalista, que rige la vida de los hombres no sólo durante el proceso de producción, sino en todos los momentos de su vida. El dominio de la economía capitalista abarca también las horas de ocio y todas las relaciones humanas. La economía capitalista no sólo controla y programa las horas de trabajo, sino también las horas "libres" de asueto y distracción. El hombre es un ser de una sola dimensión: la económica. En lo que pasa a llamarse en los años sesenta, engañosa y generalizadamente, "sociedad de consumo", el dominio de la economía penetra en la esfera privada de todos los individuos, invadiendo y condicionando los menores aspectos de la propia intimidad, sin dejar hueco alguno. La economía alcanza una autonomía propia. Los enciclopedistas transferirán esa autonomía también a la tecnología.
2.- El concepto de espectáculo es inseparable del de la alineación del hombre en el capitalismo. El espectáculo es el capital en un grado tal de acumulación que se transforma en imagen (tesis 34 de "La sociedad del espectáculo") sólo en la fantasía de Debord y de los situacionistas, pero nunca en el planeta Tierra para el resto de mortales.
3.- El proletariado deja de ser la CLASE SOCIAL sin propiedades ni medios de producción que se ve forzada a vender su fuerza de trabajo (Marx), que se paga con un salario, para convertirse en una etiqueta sociológica abstracta que se pone a todo aquel que no tiene poder de decisión sobre su vida (Debord), "y lo sabe".
4.- El capital no es ya una RELACIÓN SOCIAL entre el proletariado que necesita vender su fuerza de trabajo para sobrevivir, y los capitalistas que necesitan comprar la fuerza de trabajo para obtener una plusvalía. Debord contempla la mercancía sólo en la esfera de la circulación. Ha desaparecido el concepto de plusvalía y de valorización del capital. Ha desaparecido el motor, el ciclo de valorización del dinero D-M-D´ y la finalidad del capital. Debord sólo atiende a la mercancía en el momento de su consumo, nunca en la esfera de la producción. Ha desaparecido el modo de explotación específico del capitalismo basado en la obtención de una plusvalía. Debord sólo contempla el trabajo muerto (capital constante), y no dice nada del trabajo vivo (capital variable), ni de la relación de producción que el capital establece entre ambos de forma prodigiosamente eficaz.
5.- Ante la ausencia de los conceptos de proletariado como clase desposeída y forzada a vender su fuerza de trabajo por un salario, y por ello potencialmente revolucionaria, y el de capital como una relación social entre clases sociales antagónicas; la teoría de Debord se reduce a una dialéctica idealista, que no puede oponer más que lo que "debería ser" (en la cabeza de Debord) a lo que realmente es (la actividad real, social e histórica del proletariado). Del mismo modo los planteamientos históricos de Debord (los Consejos Obreros) se sitúan fuera de la realidad social de su época para enfrentarse a los reales de la sociedad en que vive.
De ahí el desencanto de la IS con el proletariado, al que lo situacionistas ponen ya bajo sospecha desde 1972, y al que sus epígonos pro-situs, los enciclopedistas, acabarán negando en los noventa pan, sal y existencia.
Tanto la IS como la EdN ignoran que el proletariado es una relación histórica, que no es estática, ni estadística, ni estable. El proletariado no son sólo los obreros (o los asalariados), ni tampoco es sólo quien produce la riqueza para el capital y la miseria para sí mismo; es sobre todo la relación histórica (dinámica, inestable y social), que se establece en la lucha de clases entre capital y clase obrera, y que sólo con la revolución comunista pondrá fin a la existencia de las clases sociales.
6.- La ideología de la IS pretende no serlo, pero sabe que lo es. La ideología de la IS pretende ser la teoría crítica de su tiempo, aunque sabe que no lo es. Pero lo pretende, y por eso llama "izquierdistas" al resto de teorías críticas del capitalismo. La crítica del espectáculo de Debord es a su vez espectacular y alienada. Y como le falta además aplicación práctica alguna, la convierte en mera filosofía, que Debord acabará degradando hasta convertirla en la mera expresión de la opinión individual del "genial Debord", que suele ser tan interesante como las verdades de Monsieur de La Palice [nota de la traductora: algo así como Pero Grullo].
7.- La pretensión fracasada, pero "espectacularmente" exitosa, de expresar una teoría crítica en "La sociedad del espectáculo" se ha convertido en paranoia persecutoria en "Los comentarios", para degenerar en una teosofía del fin del mundo con sus epígonos enciclopedistas.
8.- Debord no hace distinción alguna entre trabajo y fuerza de trabajo. Marx hizo una crítica de la economía política. Debord y los situacionistas propagan una ideología antieconomicista y antindustrialista que nace de una absoluta incomprensión de las categorías económicas fundamentales del capitalismo: fuerza de trabajo, capital constante y variable, valor de uso y de cambio, plusvalía, capital como relación social entre clases antagónicas, etc...
9.- El capitalismo sólo puede ser comprendido en su necesidad histórica y en sus características si se analiza desde el punto de vista de su superación y negación por el proletariado revolucionario, en el comunismo. Es decir, desde una teoría que se elabora y realiza en la práctica. La práctica de una clase revolucionaria que niega el capitalismo y se niega a si misma con la destrucción del Estado y la supresión de todas las clases.
10.- La filosofía de Debord utiliza una jerga marxista que falsifica los conceptos fundamentales de Marx. Habla de forma abstracta e idealista de unos consejos obreros inexistentes, sin referencia a situación histórica o social alguna. Aunque se pretende impulsora de una teoría del proletariado, la IS es sólo expresión de la desesperación de las clases medias ante el rápido e inevitable proceso de su proletarización en la sociedad francesa de los años cincuenta y sesenta.
Debord crea un lector (no proletario) fascinado por la inteligencia, la sensibilidad y la audacia con la que trata una NUEVA problemática, candente en la sociedad moderna (en 1957-1972): el poder de manipulación de los medios de comunicación, la mal llamada "sociedad de consumo", la plena sumisión del trabajador al capital no sólo durante las horas de trabajo sino también en las de ocio, el carácter económico unidimensional del hombre moderno y su completa alienación. Desde 1972 Debord, en "La verdadera escisión", abre la crítica a la polución y la destrucción de los recursos naturales que ponen en peligro el futuro de la humanidad, que la EdN ampliará de la irradiación nuclear a la manipulación genética, las catástrofes ecológicas, etcétera.
Pero es precisamente ahí, en esa ansia voraz por analizar las espectaculares novedades del mundo moderno, donde nace la falsificación teórica de la realidad que hacen los situacionistas, cuando pretenden sustituir el análisis del capitalismo elaborado por Marx en el siglo XIX, por las novedades teóricas de pretendida raíz marxista, mal asimiladas y aplicadas en el análisis que hace Debord en "La sociedad del espectáculo" del capitalismo del siglo XX. Siguiendo los pasos de sus maestros situacionistas, los enciclopedistas han dado un gran salto mortal en el vacío, sustituyendo el proceso de acumulación del capital, teorizado por Marx, por una acumulación de nocividades que culpan del deterioro y envenenamiento masivos de la naturaleza no al desarrollo capitalista que, movido únicamente por la obtención del máximo beneficio, desemboca en esa destrucción aberrante, inicua y gratuita de los recursos naturales; sino al progreso y desarrollo industrial, considerado como un productivismo ciego, cuyo objetivo final no sería ya el beneficio capitalista, sino las nuevas aplicaciones científicas y técnicas, que se convierten (como la economía en Debord) en un ser autónomo, independiente y omnipotente, que además tiene voluntad propia e incluso un programa político concreto: la destrucción de la humanidad.
Etiquetas: comunismo, I.S., pro-situs, teoría revolucionaria