Delirio Místico: "A mon seul désir" (Según mi solo deseo)
"La discusión sobre el comunismo no es académica. No es un debate sobre lo que se hará mañana.
Desemboca en, y forma parte de un conjunto de tareas inmediatas y lejanas de las que no es más que un aspecto, un esfuerzo de comprensión teórica" (Gilles Dauvé)
viernes, junio 18, 2021
El arcaísmo técnicamente equipado/World as Will
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El movimiento obrero revolucionario fue aniquilado entre las dos guerras por la acción conjugada de la burocracia estalinista y del totalitarismo fascista, que había adoptado su forma de organización como partido totalitario experimentado en Rusia.
El fascismo ha sido una defensa extremista de la economía burguesa amenazada por la crisis y la subversión proletaria, el estado de sitio en la sociedad capitalista, por el que esta sociedad se salva y se aplica una primera racionalización de urgencia haciendo intervenir masivamente al Estado en su gestión.
Pero tal racionalización está ella misma gravada por la inmensa irracionalidad de su medio.
Si el fascismo se alza en defensa de los principales aspectos de la ideología burguesa convertida en conservadora (la familia, la propiedad, el orden moral, la nación) reuniendo a la pequeña burguesía y a los parados aterrados por la crisis o desilusionados por la impotencia de la revolución socialista, él mismo no es fundamentalmente ideológico.
Se presenta como lo que es: una resurrección violenta del mito que exige la participación de una comunidad definida por seudo-valores arcaicos: la raza, la sangre, el jefe.
El fascismo es el arcaísmo técnicamente equipado.
Su ersatz descompuesto del mito es retomado en el contexto espectacular de los medios de condicionamiento e ilusión más modernos.
Así, es uno de los factores en la formación del espectáculo moderno, del mismo modo que su participación en la destrucción del antiguo movimiento obrero hace de él una de las potencias fundadoras de la sociedad presente; pero como el fascismo resulta ser también la forma más costosa del mantenimiento del orden capitalista, debió abandonar normalmente el primer plano de la escena que ocupan las grandes representaciones de los Estados capitalistas, eliminado por formas más racionales y más fuertes de este orden.
(Guy Debord, La sociedad del espectáculo, "El proletariado omo sujeto y como representación")
World as will, por Tetsuo Furudate y Zbigniew Karkowski, Staalplaat records, 2020.
"Todo comienza aquí y ahora": carta de Raoul Vaneigem para la región chilena
Todo comienza aquí y ahora
Hasta ahora el capitalismo solo ha vacilado debido a sus crisis de
desarrollo interno, a sus flujos de crecimiento y decrecimiento. Ha progresado
de quiebra en quiebra. Solo hemos logrado derribarlo en ocasiones muy breves en
las que el pueblo se ha hecho cargo de su propio destino.
Afirmarlo no es jugar a los profetas: hemos entrado en una
era donde la coyuntura histórica favorece el desarrollo del devenir humano, el
renacimiento de una vida ebria de libertad.
¡Basta de muros de lamentos! Son demasiados los himnos
fúnebres que socavan silenciosamente el discurso anticapitalista y le dan un
trasfondo de derrota.
No niego el interés de los observatorios del desastre. El
repertorio de luchas se inscribe en la voluntad de romper la globalización
financiera y establecer una internacional del género humano. Solo espero que se
añadan los avances experimentales, los proyectos de vida y las contribuciones
científicas, cuya poesía individual y colectiva marcan demasiado discretamente
sus territorios.
Reivindicar los derechos de la subjetividad es un acto
solitario y solidario. Nada es más estimulante que ver a los individuos
liberarse de su individualismo cuando el ser se libera del tener. ¿Tomará
tiempo? Sin duda, pero aprender a vivir es aprender a romper la línea de tiempo
y a desterrar del presente el retorno del pasado donde se profundizan los
abismos del futuro.
Un devenir mantenido en estado fetal durante diez mil años
resurge como un objeto del pasado que vemos elevarse desde las profundidades de
la tierra.
Es una brizna de paja en la carreta de heno del oscurantismo
universal. Una chispa ínfima le ha prendido fuego. El mundo entero está en
llamas.
Es suficiente para mi júbilo ver afirmarse en esta
insurrección plebeya una radicalidad cuya conciencia no he dejado de afinar. Es
una cuestión de mi propia vida añadir unas gotas de agua al océano de
solidaridad festiva que bate bajo mis ventanas. Porque el pueblo ya no es una
muchedumbre ciega, sino un grupo de individuos decididos a escapar del
embrutecimiento individualista; es una mayoría de anónimos protegida de la
reificación por su estatus de sujeto. Han revocado su condición de objetos, han
desertado del rebaño cuantitativamente manipulable por los tribunales de
derecha e izquierda.
Una vez escribí: «La vida es una ola, su reflujo no es la
muerte, es la reanudación de su impulso, el soplo de su vuelo». De esta
manera manifestaba mi rechazo a la influencia mortífera que tan servilmente
consentimos. Invito aquí a reflexionar sobre las implicaciones que reviste la
observación para las prácticas de autodefensa que aplican la creciente potencia
poética de las insurrecciones mundiales.
La tierra es nuestro territorio. Ese territorio tiene las
dimensiones de nuestra existencia personal. Es local y es global, pues no pasa
ni un solo instante sin que intentemos desentrañar, en nosotros y en el mundo,
las alegrías que nos caen y las desgracias que nos agobian. Estamos
constantemente moviéndonos entre lo que nos hace vivir y lo que nos mata.
Solo en el individualista (ese cretino convertido de sujeto
en objeto) la preocupación por sí mismo se convierte en mirarse el ombligo, el
cálculo egoísta prevalece sobre la generosidad solidaria, la libertad ficticia
se enrola en las cohortes de la servidumbre voluntaria y la resignación
resentida.
Ocupar el territorio de nuestra existencia es aprender a
vivir no a sobrevivir. De ahí la pregunta: ¿cómo vivir sin romper el yugo de
las multinacionales de la muerte?
Coger la afición de la insurrección permanente. Los
tiempos de la vida no son los de la economía. El capitalismo ha caído en la
trampa de la rentabilidad a corto plazo. Nuestra determinación vital juega a
largo plazo.
Resistir, azotar las finanzas con golpes repetidos,
multiplicar las zonas de gratuidad forman parte de una guerrilla de
hostigamiento que requiere más ingenio que violencia (como lo demuestra el
levantamiento de los peajes de las autopistas, el libre paso en las cajas de
los supermercados, el bloqueo de la economía).
El Estado fuera de la ley. El capitalismo y su
policía estatal no nos darán un regalo. Combatirán el surgimiento de las zonas
donde se desterrará la opresión estatal y la reificación mercantil. Saben que
lo sabemos y creen que nos harán arrastrarnos débilmente bajo la amenaza de sus
grandes batallones.
Sin embargo, su jactancia los ciega. Lo que nos dan es, en
efecto, un regalo. Nos entregan nada menos que una razón que anula la razón de
Estado. El gobierno recurre a la dictadura para reformar, para remodelar la
democracia con golpes de garrotes y de mentiras. Así pone en contra de sí el
derecho inalienable a la dignidad humana. Justifica la desobediencia civil como
un recurso legítimo contra la inhumanidad.
Sí, nuestro derecho a vivir ahora garantiza la legitimidad
del pueblo insurgente.
Este derecho proscribe la ley del Estado que lo ignora.
La autodefensa es parte de la auto-organización. Ella
nos pone frente a una alternativa: dejarla desarmada es un acto suicida,
militarizarla la mata. Nuestro único recurso es innovar, superar la dualidad de
los contrarios, la oposición entre el pacifismo y la guerrilla. El experimento
está en marcha, acaba de empezar.
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), como
cualquier ejército, tiene una estructura vertical. Sin embargo, su función es
garantizar la libertad y horizontalidad de las asambleas en las que los
individuos toman colectivamente las decisiones que se consideran mejores por
todos y para todos. Las mujeres han obtenido, por voto democrático, la garantía
de que el EZLN intervendrá solo a título defensivo, nunca con fines ofensivos.
La mera presencia de una fuerza armada ha sido suficiente hasta la fecha para
disuadir al gobierno de aplastar a los zapatistas mediante el uso del ejército
y los paramilitares. Nada ha sido jugado, todo se juega constantemente.
La situación de Rojava es diferente. La guerra librada por
la internacional del lucro ha condenado a la resistencia popular a responder en
el terreno del enemigo, con sus armas tradicionales. Era un estado de
emergencia. Sin embargo, el lugar preponderante de las mujeres, la voluntad de
fundar comunas liberadas del comunitarismo, el rechazo de la política
empresarial y la primacía otorgada al ser humano auguran una renovación radical
de los modos de lucha.
Evidentemente, estos ejemplos no son un modelo para
nosotros, pero podemos aprender lecciones de su carácter experimental.
Federar las luchas. Lo que más cruelmente falta en las insurrecciones
que se están extendiendo gradualmente sobre nuestra tierra, que está amenazada
por todas partes, es una coordinación internacional. Si el nacimiento del
movimiento zapatista no fue sofocado en el acto, esto se debió a una
movilización inmediata de las conciencias. Una onda de choque sacudió la apatía
general.
Aunque el movimiento de los chalecos amarillos arrancó a la
inteligencia popular de un largo letargo, el alboroto mediático, el martilleo
del discurso estereotipado, de la neolengua que invierte el significado de las
palabras, han recuperado la ventaja y han aumentado considerablemente la
eficacia de la máquina de cretinización. Se podría haber asumido que una ola de
indignación y protesta global —un «Yo acuso» universal— habría liberado a
Julien Assange y protegido a los denunciantes. El espesor del silencio ha
demostrado que la era de los asesinos se está instalando discretamente. El
cementerio es el modelo social programado. ¿Vamos a tolerarlo?
¡Ni triunfalismo ni derrotismo! La vida ha
emitido un grito que no se extinguirá. Solo necesitamos propagar su conciencia
por los cuatro rincones del mundo. Poseemos una potencia creadora inagotable.
Tiene el poder de suplantar, con los ritmos de la vida recién descubierta, la
aburrida danza macabra donde se pudre lo vivo.
Al despojarnos de nuestros medios de existencia, el Estado
ya no nos protege del crimen, es el crimen. Nuestra legitimidad es derribarlo.
La defensa de la vida, de la naturaleza, del sentido humano lo implica.
¿Abatirlo? No. Cuando el proyecto se concibe de esta manera
se empaña con una connotación militar y fanfarrona cuyos ejemplos pasados nos
llaman a ser cautelosos. ¿No sería mejor vaciarlo desde adentro, para recoger y
hacerse cargo de este bien público1 cuyas conquistas se suponía que debía
garantizar y que ha vendido a los intereses privados? De eso se trata la
Comuna. ¿No?
Cada cual es libre de diseccionar desde arriba al Estado y
al sistema mafioso del cual es el brazo opresivo. Bajo el bisturí de la
precisión analítica, hemos visto multiplicarse una serie de revelaciones y
denuncias que desnudan al rey hasta el extremo de su inhumanidad
transhumanista.
Estas señalan con el dedo las obras bajas urdidas en los
bastidores dorados del teatro elíseo. Muestran cómo la realidad forjada por los
explotadores tiende, por la enormidad de su mentira, a reemplazar la realidad
que viven los explotados. Cómo somos reclutados a la fuerza en un mundo al
revés donde solo somos peones manipulados por cretinos.
Estas son acusaciones implacables contra el Estado, pero el
Estado las empujará con el pie hasta que no se lo cortemos.
El gobierno legisla sin tener en cuenta el sufrimiento del
pueblo de la misma manera que los aficionados a las corridas
de toros omiten el dolor animal. Por mi parte, solo puedo rebelarme frente a la
inocencia oprimida. Siempre he optado por erradicar la miseria de la
experiencia —empezando por la mía— para abolir, atacándolo desde abajo, el
sistema que la causa desde arriba.
¡Bajemos a nuestra tierra! El escándalo no está
ahí arriba, donde los consternados sociólogos y economistas examinan la
acumulación de inmundicias, sino aquí, en la base de la pirámide, está en el
hecho de que estamos dejando en manos de incompetentes y estafadores áreas que
nos afectan de cerca: la educación, la salud, el clima, el medio ambiente, la
seguridad, las finanzas, los transportes, la difícil situación de los
desfavorecidos y de los migrantes.
Nuestro empobrecimiento paga el precio de las guerras del
petróleo, las incursiones de depredación de cobre, de tungsteno, de tierras
raras, de plantas capturadas por patentes farmacéuticas. ¿Vamos a seguir
financiando con nuestros impuestos y contribuciones la extracción de nuestros
recursos y la prohibición de gestionar su uso?
Las cifras de negocios y sus administradores se burlan de
las escuelas igual que de las camas y los tratamientos que necesita el
hospital. Aquí estamos boquiabiertos frente a la infame inhumanidad que los
gobernantes cubren en el cilicio acolchado de su arrogancia. ¿Qué debemos hacer
con sus discursos contra la violencia, la violación y la pedofilia ahora que la
depredación, base de la economía, se predica en todas partes y se le propina a
los niños con el palmetazo de la competencia comercial y la pugna?
¿A qué grado innoble de esclavitud consentida debe descender
un pueblo para aceptar que los ricos administradores de su miseria lo despojen
de esta existencia, de esta familia, de este ambiente que es capaz de
administrar por sí mismo? La bancarrota del Estado es la victoria pírrica de
las multinacionales del «lucro a pura pérdida». Depende de nosotros jugar, y
jugar a favor de la vida es dejarla ganar.
¿Qué debemos hacer con sus ministerios y burocracias cuya
misión es demostrar que el enriquecimiento de los ricos mejora la condición de
los pobres; que el progreso social consiste en reducir las pensiones, los
subsidios de desempleo, las estaciones, los trenes, las escuelas, los
hospitales, la calidad de los alimentos?
¿Cuándo vamos a reapropiarnos de lo que pertenece a la
humanidad y está a nuestro alcance? Dado que este bien público es el que nos
toca más de cerca, es parte de nuestra existencia, de nuestra familia, de
nuestro entorno.
En oposición a las instituciones pretendidamente
dirigentes, erigimos como exigencia absoluta que la libertad humana revoque las
libertades del lucro, que la vida importe más que la economía, que el objeto
manipulado ceda el paso al sujeto, que el trabajador, producto y productor
de la desgracia, aprenda a convertirse en el creador del mundo creando su
propio destino.
Los contaminadores e incendiarios del planeta utilizan la
ecología como detergente para lavar el dinero sucio. Mientras tanto, en el bar
de la mentira cotidiana, los consumidores brindan por las medidas a favor del
clima, mientras que a diez metros de casa luchan contra los pesticidas, contra
las industrias (Seveso), contra los perjuicios del lucro. ¿Cómo no podemos ver
esto como una prueba de que nuestras luchas son locales e internacionales?
El pueblo, el barrio, la región no necesitan de un
ministerio para promulgar una prohibición de las empresas tóxicas desde el
momento en que basan en nuevas prácticas y experimentos, como la permacultura,
la reinvención de productos útiles, agradables y de calidad.
Promover los transportes gratuitos es una respuesta
plausible a la privatización de los ferrocarriles y los entramados viales por
medio de la estafa gubernamental.
La autoconstrucción es capaz de echar por tierra la
especulación inmobiliaria. La estimulación de la búsqueda de fuentes de
energías no contaminantes (¿central solar?) Es capaz de eliminar el
petróleo, la energía nuclear y el gas de esquisto. En cuanto al ministerio de
la educación concentracional, no resistirá a las escuelas de la vida que las
iniciativas individuales y familiares propagan por todas partes.
No es nuestro problema dejar el mercantilismo fuera o no
del euro. La verdadera cuestión es prever la desaparición del dinero y diseñar
cooperativas que promuevan el intercambio de bienes y servicios ya sea que
utilicen o no una moneda no acumulable. El hecho de que estas soluciones, que
son practicables en entidades pequeñas, luego se federen a nivel regional e
internacional, marcará un punto de inflexión decisivo en el curso de la
organización tradicional de las cosas.
Hasta ahora ha sido privilegiada la cantidad. El único
razonamiento fue en términos de los grandes grupos. El reino de la mayoría, de
las cifras, de las estadísticas impuso un desorden en las multitudes gregarias
donde el orden represivo aparecía ilusoriamente como un factor de equilibrio.
Vivir la Comuna. La Comuna autogestionada es el
poder del pueblo por el pueblo. Así como la estructura familiar patriarcal fue
la base del Estado, sagrado o profano, la Comuna y sus asambleas
autogestionadas harán latir el corazón de la generosidad individual. Así como
la religión fue una vez el falso corazón de un mundo sin corazón, ahora la vida
humana imprime su ritmo al mundo nuevo. Abandona el viejo a la agotadora
taquicardia de las especulaciones bursátiles.
La insurrección pacífica es una guerra de guerrillas
desmilitarizada. Debe tener como base y objetivo la auto-organización de las
comunas autónomas. Antes que la autoridad del amo nuestro enemigo más
temible es la resignación de los esclavos. La abolición del Estado como órgano
de represión requiere el creciente desarrollo de la desobediencia civil. La
resistencia, la obstinación y el ingenio de los chalecos amarillos me
sugirieron que la determinación para enfrentar la violencia de la represión
estatal y para mantenerse firme sin caer en el izquierdismo paramilitar, el
retro-bolchevismo y otras palinodias guevaristas debería llamarse «pacifismo
insurreccional» o «insurrección pacífica».
Evitar los encuentros cara a cara con el poder represivo del
enemigo implica nuevos ángulos de enfoque en el tratamiento de los conflictos.
Hasta ahora, el enfoque más efectivo es la resolución firme y fluctuante de los
chalecos amarillos. Es su manera de intervenir donde no se espera, de golpear,
de acosar, de aparecer, de alejarse y de ser omnipresente. Una inventiva
inusual y sorprendente es lo que los convierte en un «cuchillo sin mango cuya
hoja ha desaparecido». Como lo expresó poéticamente un insurgente: «No
disparamos con un arma, disparamos con nuestra alma».
Raoul Vaneigem
12 de enero de 2020
Notas
1.Es importante que precise lo que en Francia se entiende por “bien público”.
El bien público es lo que en latín se llama res publica, de donde
procede la palabra “república”. Pero lo importante no reside aquí. El “bien
público” forma parte de una fase histórica del desarrollo capitalista, en la
época en la que era todavía capaz de apaciguar al pueblo lanzándole migajas.
Es preciso saber que el movimiento de resistencia que había luchado contra la
ocupación nazi representaba un peligro una vez obtenida la victoria contra
Alemania. Para evitar la amenaza de una revolución, el Estado francés otorgó al
“Consejo de la resistencia” una serie de medidas para desactivar el riesgo de
conflagración: subsidio de desempleo, seguridad social que permitía el acceso a
los cuidados médicos, garantía de una jubilación hacia los 50 años, subsidios
familiares, salarios regulados, derecho de huelga, relativa libertad de
expresión. A lo que hay que añadir un funcionamiento correcto de los
transportes, de los hospitales, etc. Todas estas reformas mejoraron la
supervivencia de la clase popular al mismo tiempo que mantenían su sumisión.
Son estas conquistas sociales, obtenidas al precio de luchas reivindicativas,
que hoy en día forman este “bien público” y es precisamente este bien público
el que el Estado, mano derecha de las multinacionales, está vendiendo al sector
privado. Es todo un sistema de supervivencia que se ve amenazado. La lucha
contra la liquidación del sistema de las pensiones de jubilación constituye un
detalle emblemático. Nos recuerda que la existencia de la mayoría consiste en
trabajar hasta la muerte y morir buscando trabajo. Esto es algo que ya no
queremos. Y recuerda también de qué manera se adquirió esta miserable reforma.
Por un movimiento de resistencia que hostigó al ocupante nazi y que se había
prometido hostigar al capitalismo pretendidamente demócrata que había cogido la
delantera. Lo que este movimiento de resistencia no hizo en la segunda parte de
los años 40 del pasado siglo, lo puede hacer hoy. No con los fusiles de una
guerrilla urbana, cuyos resultados ya conocemos, sino mediante un hostigamiento
clandestino del enemigo, mediante los golpes infligidos a la máquina de
triturar que el lucro pone en movimiento contra nosotros. Es la poesía
insurreccional, individual y colectiva, la que destruirá a los zombis que nos
gobiernan perforando la billetera que tienen en lugar de corazón.
“Toda revuelta es batalla, pero una batalla en que se elige participar
deliberadamente (…) El concepto de revolución permanente revela –más que una
duración ininterrumpida de la revuelta en el tiempo histórico- la voluntad de
poder suspender en cualquier momento el tiempo histórico para encontrar refugio
colectivo en el espacio y en el tiempo simbólicos de la revuelta” (Furio
Jesi, Spartakus. Simbología de la
revuelta).
Revuelta, insurrección, rebelión,
revolución….conceptos técnicos harto mejores que el “estallido” o “crisis
social”.
El fascista Kast dice en una
entrevista reciente (¿notaron que tras dos meses de susto ahora todos los
fascistas y reaccionarios están sacando la voz y amenazando por redes sociales?)
que esto no fue un “estallido social” sino que un “estallido de violencia”. En
eso el despreciable burgués que es José Antonio (vaya nombre más facho) tiene
razón. Y es lo que no quieren reconocer ninguno de los sectores políticos
oficiales, ni los bienpensantes ciudadanos constituyentes/constituidos e instituciones
burocráticas de “derechos humanos”, que nos insisten en que sólo es legítima y
protegida por el Derecho la “protesta pacífica”.
Un panfleto anarquista que vi en
la zona cero la segunda semana de la revuelta lo decía bien claro: “¡sólo con
violencia revolucionaria la hicimos temblar!” (entiendo que se refería a la
burguesía).
Llegará un momento en que sus
libros de historia nos van a tratar de hacer olvidar que el plebiscito de abril
del 2020 sólo fue posible como respuesta urgente al estallido de violencia
revolucionaria proletaria/popular que
empezó el 17/8 de octubre y que todavía no se ha agotado.
No hay mucho más que decir sobre
el tema de la violencia revolucionaria. Si quieren perder su tiempo vean el
debate entre el veterano autonomista italiano “Bifo” y la filósofa Lucy Oporto,
que nos trata a todos de “lumpenconsumistas” y “escoria”.
Más interesante para un balance
provisional de todo lo que hemos vivido me parece profundizar la comparación
que ya algunxs han destacado entre este proceso y mayo/junio del 68 en Francia.
La Internacional Situacionista en
el último N° de su revista, publicado en septiembre de 1969, hace ese balance,
en un texto titulado “El comienzo de una época”.
En primer lugar, explican en
breve qué fue y significó el proceso:
“La mayor huelga general que haya
paralizado nunca la economía de un país industrial avanzado y la primera huelga
general salvaje de la historia, ocupaciones revolucionarias y esbozos
de democracia directa, la eliminación cada vez más completa del poder estatal
durante más de dos semanas, la verificación de toda la teoría revolucionaria y
el principio de su realización parcial aquí o allá, la experiencia más
importante del movimiento proletario moderno que está en vías de constituirse en
todos los países de forma acabada y el modelo a superar a
partir de entonces -todo esto fue
esencialmente el movimiento francés de mayo del 68, esta fue ya su
victoria”.
Este proceso se vivió también en
Primavera, y también se dijo que vino a hacer historia luego de 30 años de puro
estancamiento:
“En marzo de 1966 escribimos en el nº 10 de Internationale Situationniste: ‘lo
que hay de aparentemente osado en muchas de nuestras afirmaciones lo enunciamos
con la seguridad de ver a continuación una demostración histórica de irrecusable
peso’. No puede decirse mejor.
Naturalmente, nosotros no profetizamos nada. Señalamos lo que estaba ya allí: las condiciones
materiales de una nueva sociedad se daban desde hacía tiempo, la vieja sociedad
de clases se mantenía en todas
partes modernizando considerablemente su opresión y desarrollando
cada vez más contradicciones,
el movimiento proletario vencido volvía para lanzar un segundo asalto más
consciente y total. Muchos pensaban todo esto que la historia y el presente
ponían en evidencia, y algunos lo decían, pero de forma abstracta y por tanto
en el vacío: sin eco, sin posibilidad de intervención. El mérito de los
situacionistas consistió sencillamente en reconocer y designar los nuevos
puntos de aplicación de la revuelta en la sociedad moderna (que no excluyen en
absoluto, sino que por el contrario restablecen los antiguos): urbanismo,
espectáculo, ideología, etc. Debido a que esta tarea se cumplió radicalmente,
estuvo en disposición de suscitar a veces, o de reforzar bastante al menos,
ciertos casos de revuelta práctica. Ello no quedó sin eco: la crítica sin concesiones había tenido
escasos portadores en los izquierdismos de la época anterior. Si muchas
personas hicieron lo
que nosotros escribimos,
es porque nosotros habíamos escrito esencialmente lo negativo que habíamos
vivido nosotros y muchos otros antes. Lo que salió así a la luz de la conciencia
en primavera de 1968 no fue otra cosa que lo que dormía en esa noche de la
"sociedad espectacular" cuyos Sonidos y Luces mostraban un eterno decorado positivo.
Nosotros "cohabitamos con lo negativo" según el programa que
formulamos en 1962 (cf. I.S. 7).
No detallamos nuestros méritos para ser aplaudidos, sino para clarificar en la
medida de lo posible a otros que vayan a actuar en el mismo sentido.
Quienes cerraban los ojos a esta "crítica en lucha" no
contemplaban en la forma inquebrantable de la dominación moderna más que su
propia renuncia. Su "realismo" antiutópico no era más real que una
comisaría de policía, como tampoco los edificios de la Sorbona son más reales
que lo que hacen con ellos los incendiarios o los "katangais". Cuando
los fantasmas subterráneos de la revolución total se alzaran y extendieran su
poder por todo el país, todos los poderes del viejo mundo parecerían ilusiones
fantasmáticas disipándose en el gran día. Sencillamente,
después de treinta años de miseria que en la historia de las revoluciones no
han contado más que un mes, llegó ese mes de mayo que resume treinta años”.
Acá en Chile tampoco hubo que “profetizar”
nada, pero es evidente ahora a la luz de los hechos que había anticipaciones
importantes, como los dos textos de Comunidad de Lucha destacados en la edición especial sobre Revueltas en Chile y Ecuador del boletín rosarino La Oveja
Negra.
La IS discute además el tema de
si mayo del 68, movimiento cuya derrota proclaman abiertamente, había sido o no
una revolución, teniendo para eso en cuento diversas experiencias de los siglos
XIX y XX.
“Tras la derrota del movimiento de las ocupaciones, tanto los que
participaron como los que tuvieron que padecerlo se han planteado a menudo la
pregunta: "¿Fue una revolución?". El empleo extendido, en la prensa y
en la vida cotidiana, de un término cobardemente neutral -"los
acontecimientos"- señala precisamente el retroceso ante la respuesta, ante
la formulación siquiera de la cuestión. Hay que enfocar tal cuestión en su
verdadera perspectiva histórica. El "éxito" o el "fracaso"
de una revolución, referencia trivial de periodistas y gobernantes, no puede
servir de criterio por la simple razón de que aparte de las burguesas nunca ha triunfado ninguna revolución:
no ha abolido las clases. La revolución proletaria no se ha hecho hasta ahora
en ninguna parte, pero el proceso práctico a través del cual se manifiesta su
proyecto ha producido ya al menos una decena de momentos revolucionarios de
extremada importancia histórica a los que se reconoce el nombre de
revoluciones. Nunca se ha expresado en ellos el contenido total de la revolución proletaria, pero se trata
en cada ocasión de una interrupción esencial del orden socioeconómico dominante
y de la aparición de nuevas formas y nuevas concepciones de la vida real,
fenómenos diversos que sólo pueden comprenderse y juzgarse en su significación
de conjunto, inseparable ella misma del devenir histórico que pueda tener. De
todos los criterios parciales utilizados para reconocer o no el nombre de
revolución a un período problemático del poder estatal, el más perverso es
seguramente el que juzga en base a si el régimen político vigente cayó o se
mantuvo. Este criterio, muy utilizado después de mayo por los pensadores de
izquierdas, es el mismo que permite a los informativos calificar día a día de
revolución cualquier putsch militar
que haya cambiado en un año el régimen de Brasil, de Ghana, de Irak o de donde
sea. Pero la revolución de 1905 no derribó al poder zarista, que sólo hizo
algunas concesiones provisionales. La revolución española de 1936 no suprimió
formalmente el poder político existente: surgía por lo demás de un alzamiento
proletario comenzado para defender la República contra Franco. Y la revolución
húngara de 1956 no abolió el gobierno burocrático-liberal de Nagy. Si tenemos
en cuenta otras limitaciones dignas de ser señaladas, el movimiento húngaro fue
en muchos aspectos una sublevación nacional contra una dominación extranjera, y
ese carácter de resistencia nacional, aunque menos importante en la Comuna,
tuvo sin embargo un papel en sus orígenes. Ésta no suplantó el poder de Thiers
más que en la afueras de París. Y el soviet de San Petersburgo en 1905 no llegó
siquiera a controlar la capital. Todas estas crisis, inacabadas en sus
realizaciones prácticas e incluso en sus contenidos, aportaron sin embargo
muchas novedades radicales y pusieron seriamente en jaque a las sociedades a
las que afectaron, por lo que pueden ser calificadas legítimamente como
revoluciones. En cuanto a pretender juzgar las revoluciones por la magnitud de
la matanza que entrañan, esta visión romántica no merece ser discutida.
Revoluciones incontestables se han afirmado con choques poco sangrientos,
incluso la Comuna de París que acabaría en masacre, y muchos enfrentamientos
civiles han acumulado miles de muertos sin ser en absoluto revoluciones.
Generalmente no son las revoluciones las que son sangrientas, sino la reacción
y la opresión que se han opuesto a ellas en un segundo momento. Es sabido que
el número de muertos en el movimiento de mayo dio lugar a una polémica sobre la
cual los mantenedores del orden, provisionalmente tranquilos, no dejan de
insistir. La verdad oficial es que no hubo más de cinco muertos que fallecieron
instantáneamente, entre ellos sólo un policía. Todos los que lo afirman añaden
que es una suerte inverosímil. Lo que aumenta bastante la inverosimilitud
científica es que no se admitió nunca que uno solo de los numerosos heridos
graves pudiese morir en los días siguientes: esta suerte singular no se debió
sin embargo a la rapidez del socorro quirúrgico, sobre todo durante la noche de
Gay-Lussac. Por otra parte, si era muy conveniente en aquel momento una sencilla manipulación para subestimar
el número de muertos para un gobierno en situación desesperada, lo ha seguido
siendo después por
razones diferentes. Pero finalmente, en conjunto, las pruebas retrospectivas
del carácter revolucionario del movimiento de las ocupaciones son tan
incuestionables como lo que arrojó al rostro del mundo existiendo: la prueba de que llegó a
esbozar una legitimidad nueva es que el régimen restablecido en junio nunca osó
perseguir, para lograr la seguridad interior del Estado, a los responsables de
acciones manifiestamente ilegales que le habían despojado parcialmente de su
autoridad, o sea de sus edificios. Pero lo más evidente, para aquellos que
conocen la historia de nuestro siglo, es esto: todo lo que los estalinianos
hicieron por combatir sin descanso el movimiento demuestra que la revolución estaba
allí”.
Y por último, el paralelo más
evidente. La explosión de creatividad en las calles:
“El movimiento de ocupaciones era el retorno repentino del proletariado
como clase histórica, extendido a
la mayoría de los asalariados de la sociedad moderna y apuntando siempre a la
abolición efectiva de las clases y del salariado. Este movimiento era el
redescubrimiento de la historia colectiva e individual, la asunción de una intervención posible sobre la historia y de un
acontecimiento irreversible, con la sensación de que "nada sería ya como
antes". La gente contemplaba divertida la existencia extrañada que había llevado ocho
horas antes, su supervivencia superada. Era la crítica generalizada de todas las alienaciones, de todas
las ideologías y del conjunto de la antigua organización de la vida real, la
pasión por la generalización, por la unificación. En ese proceso se negaba la
propiedad, cada uno se sentía en todas partes en su casa. El deseo reconocido de diálogo,
de expresión integralmente libre, el placer de la verdadera comunidad habían
encontrado su terreno en los edificios abiertos al encuentro y en la lucha
común: el teléfono, que figuraba entre los escasos medios técnicos que aún
funcionaban, y el ir y venir de tantos mensajeros y viajeros, en París y en
todo el país, entre locales ocupados, fábricas y asambleas, comportaban este uso
real de la comunicación. El movimiento de ocupaciones era evidentemente el
rechazo del trabajo alienado; y por tanto la fiesta, el juego, la presencia
real de los hombres y del tiempo. Era también el rechazo de toda autoridad, de
toda especialización, de toda desposesión jerárquica; rechazo del estado, y por
tanto de los partidos y de los sindicatos, así como de los sociólogos y de los
profesores, de la moral represiva y de la medicina. Todos aquellos a los que el
movimiento había despertado con una cadena fulminante de acontecimientos
-"Rápido", decía uno de los eslóganes, tal vez el más bello, escritos
en los muros- despreciaban radicalmente sus antiguas condiciones de existencia,
y por tanto a quienes habían procurado mantenerlas, las estrellas de la televisión
y los urbanistas. A medida que se desmoronaban las ilusiones estalinianas con
sus edulcorantes diversos, de Castro a Sartre, todas las mentiras rivales y
solidarias de la época caían en ruinas. La solidaridad internacional volvió a
aparecer espontáneamente, muchos trabajadores extranjeros se lanzaron a la
lucha y gran cantidad de revolucionarios de Europa acudieron a Francia. La participación de las mujeres en todas
las formas de lucha es un signo esencial de su profundidad revolucionaria. La
liberación de las costumbres dio un gran paso. El movimiento era también la
crítica, todavía parcialmente ilusoria, de la mercancía (en su inepto disfraz
sociológico de "sociedad de consumo") y un rechazo del arte que no se
reconocía todavía como su negación histórica
(en la pobre fórmula abstracta "la imaginación al poder", que
ignoraba los medios para poner en práctica ese poder, para reinventarlo, y que
al carecer de poder, carecía también de imaginación). El odio a los recuperadores declarado en todas
partes no llegaba todavía el conocimiento teórico-práctico del modo de
eliminarlos: neoartistas y neodirigentes políticos, neoespectadores del
movimiento que les reclamaba. Aunque la crítica del espectáculo de la no-vida
no era todavía su superación revolucionaria, la tendencia "espontáneamente
consejista" de la sublevación de mayo se anticipó a casi todos los medios
concretos, entre ellos la conciencia teórica y organizacional, que le hubiesen
permitido traducirse en poder y ser el único poder”.
(Foto: FFEE reprimen homenaje a Mauricio Fredes y rompen la animita instalada en Irene Morales con Alameda)
Mauricio Fredes, el Lambi, fue sepultado hoy, en un hermoso y masivo funeral. Hasta siempre Lambi. Hoy el fuego de la noche se encenderá por tí, por Abel, por Alex y por todxs los que ya no están. Nada ha terminado. La lucha sigue.
Carta de Chile x Raoul Vaneigem/Canciones y Postales/ Villa Portales
Lo que está pasando ha sido tan
hermoso. Ya van dos semanas del levantamiento que nos ha permitido sacudirnos
el miedo, la indolencia y la frustración de vivir bajo la dictadura del dinero
y encontrarnos como seres humanos, más allá de todas las identificaciones que
nos habían mantenido separados.
La insurrección y su
generalización espontánea desde el comienzo expresó en actos su crítica al modo
de vida capitalista expropiando y destruyendo los símbolos del capitalismo y el
Estado (supermercados, farmacias, bancos, comisarías, edificios de
municipalidades, etcétera). Las demandas son muchísimas, tantas, que todos
saben que lo que se necesita aquí es un cambio estructural. En las calles se
escucha “ya nada volverá a ser igual”. El deseo de vivir de todos ha renacido
en la aventura de la lucha anti-sistémica.
La precarización que se vive en
este territorio, y contra la que este movimiento se alza, no es producto de
medidas de austeridad, aquí nunca hubo tal cosa como un Estado de bienestar,
sino que es el resultado del saqueo a manos del Estado-capital. Chile, como
seguramente sabes, es una de las cunas del neoliberalismo. El dictador Pinochet
vendió todo: el agua, la salud, las jubilaciones, la educación, las carreteras,
el mar, etcétera. Y la democracia que vino después consolidó este sistema
social y económico.
Pero a costa de haber sufrido
continuas humillaciones y abusos a manos de los políticos y empresarios, se ha
ido agudizando la conciencia de todos. Uno de los eslóganes de la insurrección
es “No son 30 pesos [el incremento del boleto del metro que desató este
levantamiento fue de 30 pesos, es decir, de un 4%], son 30 años” en alusión a
la época de la “transición a la democracia” [1989 es el año del primer
presidente de la democracia luego de la dictadura]. Esta frase -que los mapuche
han hecho suya diciendo “No son 30 pesos, son más de 500 años”- expresa la
conciencia de que la dictadura de Pinochet y el régimen democrático
corresponden a dos caras de la dictadura del capital de la cual el Estado, y
los políticos y especialistas que pululan en torno a él, no son más que meros
ejecutores.
Por eso, otra de las
características de este movimiento es la total ausencia de partidos políticos.
Aunque quienes detractan el movimiento, llegan a decir cosas tan ridículas como
que Rusia, Venezuela o Cuba nos están dando órdenes a través de la facción
izquierdista de acá, lo cierto es que en las protestas solo se ven banderas de
Chile, banderas de pueblos indígenas y banderas de equipos de fútbol. Desde el
gobierno están desesperados por fabricar a los representantes del movimiento,
las voces autorizadas con las que pueda negociar. Están buscando entre las
organizaciones sindicales y sociales y también convocando asambleas ciudadanas.
Hasta ahora nadie se ha atrevido a ponerse en ese rol. La masividad y
diversidad de este movimiento es un antídoto contra cualquier intento de
recuperación.
Ya van más de 4000 detenidos
(entre ellos más de 400 infantes y adolescentes) y más de 1300 personas heridas
por armas de fuego. Hay más de 100 querellas por torturas y una veintena por
violencia sexual de parte de la policía. Según las cifras oficiales, hay 23
muertos y más de 140 personas que presentan algún tipo de lesión ocular. 26 de
ellos perdieron la visión de un ojo. (Cuando leí en el texto censurado
por Le Monde que en Francia también la policía había estado
sacando ojos me sorprendió mucho darme cuenta de que comparten técnicas de
represión).
Apenas habían pasado algunas
horas de la insurrección -que le costó muy caro a los grandes capitalistas,
aunque no se compara con el monto de sus robos- el Estado declaró “estado de
excepción”, lo que le permitió imponer toques de queda y sacar a los militares
a las calles a reprimir junto con la policía. Hace una semana que el estado de
excepción se levantó, pero eso no ha hecho decaer la represión. La policía
sigue usando armas antidisturbios en las protestas (eso solo fue implementado
en estas manifestaciones) y continuan haciendo detenciones masivas y
selectivas.
Desde todos los sectores
políticos y la televisión nos dicen que podemos manifestarnos “siempre y cuando
sea pacífico”. (Algunos buenos ciudadanos se han apropiado de los chalecos
amarillos que se usaron en las protestas en Francia para distinguirse como
aliados de la policía y tienen sus propias técnicas para mantener el orden).
Pero incluso cuando las personas se manifiestan de la manera menos ofensiva y
más cultural, la policía reprime con fuerza. Tienen pavor a que pasemos mucho
tiempo juntos…
El Estado tiene las manos llenas
de sangre y nos dice que lo hace para darnos paz. Son muy pocos quienes le
creen y, a pesar de la enorme violencia que ha usado, nadie le tiene miedo. De
hecho, han proliferado núcleos que practican de manera extendida la violencia
ofensiva y la autodefensa contra las “fuerzas del orden” en las
manifestaciones.
Y es que la mayoría sentimos que
no tenemos nada que perder. Por todos lados vemos que no hay futuro en esta
sociedad. Por una parte, la televisión no deja de inundarnos con noticias sobre
la catástrofe ambiental que luego nos quiere hacer olvidar mostrándonos
publicidad de cosas que no podemos comprar. Por otra, vemos que ser anciano en
este Chile es un infierno. La gente puede trabajar toda su vida y jubilarse con
una pensión miserable. De hecho, los ancianos tienen que seguir trabajando
hasta morir y no estoy exagerando. Hace 5 años atrás hizo noticia un caso de un
jardinero que trabajaba frente al Palacio de La Moneda (sede del presidente) y
que murió sentado en una banca en la misma plaza que se había pasado limpiando
los últimos años de su vida. Tenía 80 años.
Hay quienes quieren encauzar esta
irrupción en la creación de una nueva constitución. La que tenemos viene de la
época de Pinochet y es la que avala el saqueo. La demanda de una asamblea
constituyente para generar la nueva constitución es algo que resuena cada vez
más entre ciertos grupos. A veces temo que si se concediera eso se terminaría
secando la potencia de este movimiento. Pero, por otro lado, pienso que tal
constitución, si realmente respondiera a las múltiples demandas del pueblo,
implicaría tal modificación del orden de cosas que sería otro Chile donde tal
vez la propia constitución ya no tendría sentido de existir: esta revuelta está
cuestionando intuitivamente los cimientos de la estructura social capitalista.
Este momento parece ser la única
tierra fértil. Y por unos días todo ha parecido posible. Han aparecido muchas
asambleas autoconvocadas en los vecindarios. Ciertas ciudades golpeadas por la
contaminación de las industrias extractivistas han confrontado a los grandes
capitales y detenido sus faenas, etcétera. Ver brotar esa organización
espontánea ha sido muy apasionante.
Las manifestaciones continuan
siendo masivas y parecen una fiesta. La gente se ve más contenta en las calles
tomadas, las personas bailan, cantan, comparten ideas, comidas, sonrisas. Nadie
sabe cómo irá a seguir esto. Por el momento, seguimos disfrutando de habernos
encontrado, apostando por la potencia de vernos y sentirnos.
¿Qué hace falta para avanzar en
la destrucción de este orden que parece que se viene a abajo sin nuestra
intervención? ¿Solo se trata de vivir nuestras vidas a contracorriente de las
demandas del capital? ¿No intentar derrocar el sistema en su conjunto, sino que
dedicarnos a construir, entre estas ruinas, nuestra organización, aquí y ahora,
con todos los límites y potenciales de las circunstancias?
Debord y la Zengakuren/Perros Policías/Quelentaro/MDC a Punta Arenas
LA INTERNACIONAL SITUACIONISTA Y LAZENGAKUREN
En la nota 24 de “Barricadas
a-go-go” se dice que:
“…la LCR (o Kakkyodo) era al
menos inicialmente una organización trotskista, surgida como escisión de
izquierda del P”C”J tras la invasión de Hungría por los rusos en 1956, y que de
hecho a fines de los 60 e inicios de los 70 estaba dividida en dos grandes corrientes
que se odiaban entre sí: Chukaku (Grupo del núcleo central) y Kakumaru (Grupo
marxista revolucionario), siendo este último el grupo mayoritario en la
Zengakuren, con fama de sectario, mientras los Chukaku junto a otros grupos de
la izquierda socialista, maoístas y otras variedades de troskos daban forma a
una alianza, Sampa Rengo, y se generaba otra estructura de lucha: la Zenkyoto,
o Comité de Lucha Interfacultades. Ignoro a cuál de las dos facciones de la LCR
le declaran Mustapha Khayati y la I.S. toda su simpatía…aunque en el libro Los
situacionistas y la anarquía (Muturreko burutazioak, Bilbao, 2010) Miguel
Amorós refiere una “Respuesta de la I.S. a las preguntas de la Liga Comunista
Revolucionaria del Japón (Fracción marxista)” —lo cual suena a Kakumaru más que
a Chukaku, ¿o no?—, fechada en octubre de 1966. Ver nota 17, pág. 29. Según Ken
Knabb en una nota a la edición en inglés de “La miseria…”, el juicio de la IS
sobre la LCR era equivocado en algunos puntos, y así por ejemplo quedó claro que
no había una sola Zengakuren, sino que los distintos grupos formaban a su vez
su propia fracción de la Zengakuren. Knabb agrega que: ‘A inicios de los 60 la
facción Zengakuren que formó la LCR tenía de hecho varias de las
características positivas que la IS le atribuía: tenía una plataforma política
distinta a la izquierda del Trotskismo, participaba militantemente en luchas
políticas en varios frentes, y parecía tener un enfoque más experimental en
cuestiones tácticas y organizativas. En 1963 envió algunos delegados a Europa
que se reunieron con los situacionistas, y después tradujeron unos pocos textos
situacionistas al japonés. Pero al menos hacia 1970, cuando un delegado de la
IS (René Viénet) visitó Japón, la LCR había retomado una posición principalmente
leninista y resultó no ser muy distinta de las sectas izquierdistas de
cualquier otro lugar’”.
En Not Bored tienen dentro de la
correspondencia de Guy Debord unas cartas enviadas a Toru Tagaki, de la
Zengakuren y parte de la Liga Comunista Revolucionaria, hacia 1963. En estas
cartas queda claro que al menos en esos años el contacto de la IS era la
fracción “Chukaku” y no la “Kakumaru”.
Va la carta, escrita en “inglés
básico”, traducida por primera vez al español:
A Toru Tagaki
19 de Agosto de 1963
Querido Toru:
Tu artículo fue publicado en France-Observateur,
pero con muchas supresiones y una introducción que compara tu posición con el
Trotskismo. La semana siguiente, los editores no publicaron una carta que
señalaba estas supresiones pero, por el contrario, publicaron una carta de un
estudiante japonés que está en favor de la unidad de las fuerzas democráticas,
¡unidad que se ve amenazada por los aventureros extremistas de la Liga
Comunista Revolucionaria de Japón! (De hecho, ciertas críticas en esta carta no
son aplicables a tu artículo, sino que solamente a la nueva versión creada por
elFrance-Observateur).
Edouard [Taube] me ha pedido resumirte una carta que Kuroda envió a Socialisme
ou Barbarie, que causalmente cayó en sus manos antes que las de Barjot
[Cornelius Castoriadis].
En esta carta, escrita a finales de Julio, Kuroda dice que él, Sigeru
Mori y Atsushi Kurokawa fueron excluidos del Buró Político por “una mayoría de
siete burócratas”. Kuroda revela estas divergencias. Primero, los “burócratas”
quieren disolver el Partido en el movimiento de masas, mientras él quiere, por
sobre todo, reforzar el Partido. Segundo: Kuroda quiere mantener las luchas
anti-imperialistas y anti-estalinistas en el mismo plano; en cambio el
“auto-denominado grupo del Buró Político” quiere elevar la lucha
anti-imperialista al primer plano y dejar la lucha anti-estalinista en un nivel
inferior.
Kuroda ha organizado a sus partisanos en una “sección Marxista
revolucionaria” de la LCR, que pretende tener el apoyo de la gran mayoría de
los militantes de base de la LCR, de todos los líderes de la Zengakuren (pero
no menciona el nombre de Takagi), y de los camaradas trabajadores de las líneas
de tren y las oficinas de correo. El grupo SMR pide a Socialisme ou Barbarie
que escriba directamente a Kuroda, ¡porque las cartas a la Zenshinsha (cuartel
general de la LCR) pueden ser interceptadas por los burócratas! Kuroda declara
que puede reforzar los vínculos y relaciones con el grupo de Barjot (y anuncia
la próxima publicación de traducciones al japonés de sus textos). Así que creo
que las críticas francesas a las posiciones teóricas de Barjot pueden ser
también usadas en Japón para la polémica contra la tendencia de Kuroda, que las
acepta más o menos conscientemente.
Espero que ya estés de regreso en Japón cuando llegue esta carta; y que
tengamos noticias tuyas muy pronto.
Amistosamente
Guy
Por cierto, ya casi no quedan
copias de la tercera edición de “Barricadas a-go-go”. Reserve la suya, o vaya a
comprarla a Persa Libros en el Bíobío (Víctor Manuel 2298, Sector 5, Local
112/3), donde de regalo le darán además un ejemplar del N° 1 de 2&3 DORM.
PERROS POLICIALES, CHANCHOS Y
MILITARES
“Se prohíbe a los responsables de
mascotas o animales de compañía el adiestramiento dirigido a acrecentar y
reforzar su agresividad. Lo dispuesto en este inciso no será aplicable en el
caso de perros pertenecientes a las Fuerzas Armadas, a las de Orden y Seguridad
Pública y a Gendarmería de Chile” (Ley “Cholito”, art. 11 inc. 1).
UNA ANÉCDOTA OCHENTERA CON
QUELENTARO
Cuando llegué a vivir a Santiago
en 1986 me uní a una formación llamada “Vientos del Pueblo”, donde primero
tocaba flauta traversa, pero dado que perdí el instrumento luego de que
entraron a robar en la casa familiar en septiembre del mismo año, tuve que
pasarme a la guitarra acústica. Me sabía los acordes básicos mirando cuando mi
padre y hermana del medio tenían clases de guitarra en Punta Arenas. Y para las
series de acordes y ritmos miraba las manos de mis compañeros. Todos
militábamos en las Juventudes Comunistas de Chile y éramos alumnos del Liceo
A-67 (“Alexander Fleming”). Algunos hasta soñaban con pasarse al FPMR, cuando
de repente éste se dividió, en 1987 si mal no recuerdo.
El 87 ya casi no quedaba nadie en
el Fleming: muchos salieron de 4to medio, y otros fueron expulsados tras graves incidentes por un intento frustrado de
toma el año anterior. Pero seguimos ensayando, en la casa de uno de los
nuestros en la Villa La Reina.
Una vez fuimos a tocar a un local
que no tengo idea donde quedaba, pero no muy lejos de ahí. ¿José Arrieta? No lo
sé. Apenas ubicaba la metrópolis en ese entonces. Tocamos nosotros y otra
formación “neo-folklórica”/andina. De repente alguien nos advierte que en el público
están los de Quelentaro.
En efecto, estaba Gastón con un
acompañante. Observaban con atención a ambas formaciones.
Después, divagando en torno a
varios vinos tintos y navegados, en un momento agarré la guitarra y sentado
cerca de una mesa me puse a repasar los acordes de….”Escalera al cielo”. Sí:
amaba a Led Zeppelin y el profesor de música del Liceo me hacía clases de
guitarra eléctrica, y le pedí aprender bien esa canción.
En un momento el acompañante de
Gastón saltó de su asiento y se dirigió hacia mi declamando algo sobre: “¿Quién
pulsa una guitarra?”. Luego me indicó que hiciera arpegios en base a tres
acordes básicos, posiblemente Re, La y Mi, y que me mantuviera firme tocando
esa misma secuencia. Sobre esos acordes se puso a recitar una historia bastante
larga que ya olvidé. Al terminar aludió a “la canción encachá que aprendió este
cabro”.
Gastón miraba todo desde una
cierta distancia, y no lo vi hablar mucho con nadie.
Ayer murió. En su memoria
escucharé “Leña Gruesa”, de 1969, el disco que mis padres tenían grabado en un
caset y que solíamos escuchar en la primera mitad de los 80.
NO TENGO IDEA DE COMO TOCAR Y AQUÍ ESTOY, TOCANDO
Sí. Y nos vamos a tocar a Punta Arenas con Manual de
Combate, sábado en Pizzería Antisocial, y domingo en el centro social At-Atatoja,
Población 18 de septiembre. Aguante el Punk rock con saxofones!!!
El concierto del sábado coincidirá con el 30 aniversario del crimen de Estado en contra de Marcelo Barrios. El 5 y 6 de septiembre habrán algunos homenajes a Marcelo en Punta Arenas.
preciso abandonarla enseguida, esta ciudad que fue para
nosotros
Continuación de las
vistas de París.
tan libre, pero que va a caer totalmente en manos de
nuestros enemigos. A ello se aplica ya sin remedio su ley ciega, que vuelve a
hacerlo todo a su semejanza, es decir, según el modelo de una especie de
cementerio: "¡Ay qué miseria! ¡Ay qué dolor! París tiembla."Será preciso abandonarla, pero no sin haber
intentado por una vez tomarla abiertamente; será preciso en fin abandonarla,
después de tantas otras cosas, para seguir la vía que determinan
Travelling sobre un
"Kriegspiel" donde se enfrentan dos ejércitos.
las necesidades de nuestra extraña guerra, que tan lejos nos
ha llevado.Ya que nuestra intuición
no fue otra que la de hacer aparecer, en la práctica, una línea de demarcación
entre los que aún quieren lo que existe y los que ya no.Diversas épocas tuvieron así su gran
conflicto, conflicto que
Panorámicas sobre un mapa del viejo mundo, del Imperio
romano al Imperio chino.
no escogieron, pero en el que tuvieron que escoger su campo.
Es la empresa de una generación, por la cual se fundan o se deshacen los
imperios y sus culturas. Se trata de conquistar Troya; o bien de defenderla. En
cierto aspecto, se asemejan todos estos
Al inicio de la guerra de Secesión, los cadetes de West
Point van a separarse.
Se les lee el texto de un
instantes en que van a separase los que combatirán en campos
juramento de fidelidad a la Unión.
enemigos, y ya no se verán más.
El coronel que manda la Escuela: "Que todo oficial o
cadete que honestamente se considere incapaz de inclinarse ante los términos de
este juramento, se alinee a al derecha del batallón." Un oficial avanza a
caballo y ordena: "Señores del Sur, ¡romped filas!" Los Sudistas
corren a formar detrás suyo. El coronel manda cerrar filas a los cadetes
restantes, y hace tocar "Dixie", al tiempo que desfilan los que van a
partir.
Bonito momento éste en que se pone en movimiento un asalto
La Brigada Ligera, formada tras sus estandartes, empieza su
famosa carga en "El Valle de la Muerte", en
contra el orden del mundo.
Balaklava.
En su principio
casi imperceptible, se sabe ya que, muy pronto, pase lo que pase, nada volverá
a ser igual a lo que fue.Se trata de
una carga que pasa despacio, acelera en la carrera, pasa el punto a partir del
cual ya no hay retirada posible, e irrevocablemente va a estallar sobre aquello
que parecía inexpugnable; aquello que era tan sólido y tan defendido, pero que
estaba destinado sin embargo a ser sacudido y deshecho. He aquí pues lo que
hicimos cuando salimos de la noche, desplegamos, aún otra vez, la bandera de la
"buena y vieja causa", y avanzamos bajo el fuego del tiempo.
Crítica musical/Comunismo N° 67/Sigue la tontera del "situacionismo"/Definiciones
Crítica musical:
Siempre me causó gracia una viñeta
de Pedro Pico y Pico Vena, los okupas punk y skin –respectivamente- del
dibujante Azagra, en que tenían un programa de “crítica musical” en una radio,
y luego de poner un hit tras otro de punk, ska, heavy metal y hardcore, que
ocasionaban reiterados elogios y muestras de felicidad en sus comentarios al
aire, ponían un tema de Alejandro Sanz, horrible como es Alejandro Sanz, y
cuando uno de ellos le preguntaba al otro para qué había elegido torturarlos
con esa mierda, el otro respondía: “¡Es que en algo tenía que notarse que es un
programa de crítica musical!”.
Bueno: siguiendo ese mismo
espíritu, el otro día me atreví a escuchar un tema que vi referido elogiosamente en El Desconcierto, y que expresaría un peak de creación musical chilena a cargo de un cierto saxofonista.
El tema era tan vomitivo que no pude escucharlo entero. Y lo que menos
destacaba era precisamente el saxo. Se supone que era una especie de fusión
jazz/hip hop, pero no se reconocían ningún elemento de referentes como Coltrane
o los Last Poets sino que…sencillamente era algo imposible de escuchar.
Quedé tan desagradado que tuve
que acudir a un antídoto poderoso: un solo inédito de Kaoru Abe registrado en
1973, en saxo alto. Gracias Kaoru: tu fuego purificador fue una verdadera
sanación, equivalente al agua fresca después de haber comido chatarra.
Leninismo y contra-revolución
parte III:
Por fin salió el N° 67 de larevista Comunismo. Este especial es la parte III de la serie sobre Leninismo.
Su lectura puede causar graves indigestiones y cagaderas a todas las variedades
de socialdemócratas leninoides que subsisten: trotskistas, maoístas,
estalinistas, castristas, guevaristas, kim-il-sungistas, y un largo etc. de sectas
con nombre de hombre.
Se subdivide en dos grandes
capítulos: La mentira de la revolución leninista, y El terrorismo capitalista
del Estado bolchevique.
Un siglo de mentiras
Nada de lo que se reproduce
como «noticias» es verdad. Resulta una banalidad de base repetir que todo está
manipulado. La realidad se confecciona en base a mentiras. Ayer se
redirigían revueltas para liquidar la revolución social. Hoy se confeccionan y
modelan revueltas para que los estallidos sean dirigidos desde su nacimiento.La
burguesía busca impedir así que las revueltas proletarias, que la catástrofe
del sistema produce, se generalicen y afirmen nuevamente su contenido revolucionario.
Pero todo ese entretejido de
construcciones mediáticas e ideológicas se cimentan en verdaderos pilares
fundamentales de la falsificación generalizada.
Si dichos pilares existen
desde la existencia misma de las sociedades de clase, si la explotación y
dominación de unos hombres por parte de otros solo puede existir en base a
sólidas construcciones ideológicas, si la sumisión requiere creer en las
bondades y la necesidad histórica de su propia explotación (progreso,
democracia, trabajo), en el siglo xx se conformó otro gigantesco pilar
ideológico de la dominación del proletariado mundial: el de la
«Revolución rusa que cambió el mundo», el de los «países socialistas».
Dicho mito, consolida
una nueva y sólida base ideológica del capital mundial. Del mismo
emergen infinitos mensajes tentaculares, apenas perceptibles, como también
emergen de los otros pilares más viejos: la democracia, la religión, el trabajo
como sinónimo de bienestar. Todo el sistema social de mitos y creencias está
dirigido a reproducir, para siempre, la sociedad burguesa.
La contrarrevolución real se
vende como «el socialismo real». El modelo leninista de
«socialismo» con persistencia de la mercancía y en general del trabajo
asalariado, mucho autoritarismo estatal y represión, fue el modelo idealizado
de la izquierda burguesa. Para el proletariado todo fue igual, o peor, en
nombre de un mundo futuro que sería todavía «más socialista» y hasta
«comunista».
¡«Ese» es el cambio! ¡Esa es
la «revolución» a la que los explotados y dominados del mundo pueden aspirar!
Si el socialismo ha sido realizado y «es lo que es», ¿para qué ir más lejos o
intentar otro cambio?
Peor: para que «el
socialismo» marche bien, se requiere más esfuerzo. ¡Más de lo mismo!: más
trabajo, más progreso y, sobre todo, que sea más democrático.
Ese siglo de
mentiras, basadas en la absurda ideología de quela
«Revolución rusa» ha cambiado el mundo, se cierra con un broche ideológico
«encantador» para la dominación capitalista mundial, un verdadero calabozo en
donde no entra ya ni un rayito de sol: «Lo que más le faltó al socialismo
fue la democracia», que recitan los escribas del sistema y repiten las
masas sumisas.
El calabozo está
profundamente enterrado bajo la mitología de ese «cambio» y... de su progreso.
Salvo las expresiones aisladas de los grupos de militantes revolucionarios, ya
no llega hasta las actuales generaciones de proletarios ni un resplandor de
aquella gran revuelta internacional del proletariado mundial por la
revolución social, que se expandió por el mundo en las primeras dos
décadas del siglo xx. Es por eso que estamos en el mejor de los mundos
posibles... para la explotación, la opresión y la catástrofe de la
humanidad.
Y sigue la tontera y producción de ideología acerca del encuentro
pifiado entre Lacan y un situacionista:
Donde la IS hablaba clara y
simplemente de “construcción de situaciones”, un ejército de posmos se pajea
hasta el cansancio con su retórica de la “performatividad” y otras mierdas.
Un nuevo comentario sobre el
famoso libro aquel se inicia así. Tome nota y aprenda a hablar en posmoderno
(puede ser bastante rentable en estos tiempos):
Comentar un libro basándose en algo que para algunos/as puede parecer
marginal responde a una formación historiográfica, la cual suele otorgar un
valor trascendental y habitualmente fetichizado a la “fuente”, la cual compone,
en la disciplina histórica, la parte más importante de un aparato crítico. La
fuente parece portar siempre la verdad de la escritura, la cual, como un
añadido en el tiempo presente, se limitaría a periodizar, ordenar, describir,
explicar y, tan sólo a veces, interpretar la verdad del pasado presuntamente
contenida en ellas. En suma, a otorgar sentido –otorgarle, supuestamente, su sentido– a aquello que parece
haber estado hasta entonces en el más pasivo reposo de la espera significante
por la significación.
Sostener un comentario en semejante paratexto, no responde por cierto a tamaña ilusión objetivista
sino, fundamentalmente, al intento de leer en ese pliegue, en ese archivo que
es el paratexto, aquello que, tal vez más próximo a la enunciación, sostiene, siempre
arrestada y elusivamente, el texto principal y sus múltiples hipótesis.
(…)
He allí el poder del
disturbio: un “accionar imprevisto”, a partir del acto del situacionista
que, al verter el líquido de la jarra, al dar vida a los objetos y objetualizar
intempestivamente a los sujetos, y especialmente al Sujeto supuesto Saber de la
escena, a Lacan, la transforma inevitable e irrecuperablemente, a pesar de los
esfuerzos de Lacan.
OK. Suficiente. ¿Por qué mejor no
hacen un libro sobre el encuentro entre Música Sepúlveda y la ministra de
educación, a través del lanzamiento del contenido de un jarro de agua?
Definiciones:
Situación construida:
Momento de la vida construido concreta y deliberadamente para la organización
colectiva de un ambiente unitario y de un juego de acontecimientos.
Situacionista: Todo lo
relacionado con la teoría o la actividad práctica de la construcción de
situaciones. El que se dedica a construir situaciones. Miembro de la
Internacional situacionista.
Situacionismo: Vocablo
carente de sentido, forjado abusivamente por derivación de la raíz anterior. No
hay situacionismo, lo que significaría una doctrina de interpretación de los
hechos existentes. La noción de situacionismo ha sido concebida evidentemente
por los antisituacionistas.