Delirio Místico: "A mon seul désir" (Según mi solo deseo)
"La discusión sobre el comunismo no es académica. No es un debate sobre lo que se hará mañana.
Desemboca en, y forma parte de un conjunto de tareas inmediatas y lejanas de las que no es más que un aspecto, un esfuerzo de comprensión teórica" (Gilles Dauvé)
viernes, noviembre 10, 2023
Black Metal libre: dos discos de Abruptum (1993-1994)
Mi exploración profunda y exhaustiva del "metal oscuro" me ha tomado ya medio año, y no piensa terminar. Hay demasiadas bandas, demasiados estilos y subestilos, y tengo la impresión de que -a diferencia de otras formas musicales que ya están agotadas- en este mundo las cosas están en pleno movimiento y dinamismo. (Si no me creen, escuchen el disco nuevo de Khanate).
Estaba pesando hacer una especie de abecedario de bandas. El problema es que el listado provisional ya asciende a más de 120 ensambles. Un viejo amigo que sabe de estas cosas me decía que hoy en día hay más bandas de black metal que de jazz en el mundo.
Mi duda es, ¿existen o han existido bandas que se atrevan a trabajar en el cruce de esos mundos musicales? O sea, ¿algo así como black metal con improvisación libre?
Difícil, considerando el desprecio de los metaleros por la improvisación, y viceversa. Aunque los verdaderos improvisadores son mucho más abiertos que cualquier subcultura de fans de la música.
En fin: escuchando anoche mientras paseaba a mi perro bajo la lluvia el programa dedicado a la banda sueca Marduk en "El sauna del hype" (curioso nombre, pues para nada sugiere que es un podcast dedicado al black metal) me di cuenta de que se reían de unos invitados porque no odiaban a la banda Abruptum (también sueca), que les parecía una completa mierda. Tanto así que un participante del erudito programa se justificaba diciendo que le gustaban un poco, pero que no le encantaban.
Así que apenas llegué a mi casa busqué algo de ellos, y di con dos joyas absolutas que paso a compartir acá, que a mi juicio suenan como un ensayo de Fushitsusha con resaca (difícil porque el jefe Haino-san no toma alcoholes ni fuma nada).
Traduzco -algo tarzanescamente como siempre- lo que sobre esta banda y su obra inicial se dice en el bandcamp del sello lituano Inferna Profundus records. Especial para esta tarde lluviosa.
"1994-1995 cuando el black metal alcanzó la cima de su esplendor y esencia - en estos años aparecieron las mejores obras maestras de bandas como Darkthrone, Mayhem, Marduk y más. Entre estas realidades estaban los suecos de Abruptum que decidieron concebir el black metal de una forma completamente diferente, incluso más oscura y maligna que el género que estaba surgiendo. Dos conocidos miembros de la escena escandinava (It, fundador de la "verdadera horda satanista" y Evil, más conocido como Morgan -miembro fundador de los poderosos Marduk) unieron fuerzas para dar nacimiento a dos obras maestras de pura oscuridad caótica -"Obscuritatem Advoco Amplectere Me" (1993, grabado en 1992) y "In Umbra Malitiae Ambulabo, n Aeternum in Triumpho Tenebrarum" (1994, grabado en 1993). Euronymous de Mayhem comprendió inmediatamente el carácter único y la autenticidad de Abruptum y decidió incluir al dúo sueco en su histórico sello "Deathlike silence productions" editando los dos albums.
En esos dos albums Abruptum parece deconstruir y demoler el black metal alcanzando su esencia primordial - no hay reglas ni estructura musical, no hay cánones, ni canciones, ni riffs, ni estrofas, podríamos y deberíamos dudar incluso acerca de si esto podría ser llamado música. De hecho, la esencia de Abruptum no es la forma musical sino la atmósfera y el aura que son capaces de evocar y transmitir - un viaje claustrofóbico a una pesadilla sin fin - incómodo, impredecible, mórbido y frío. El sonido arrastrado de batería, guitarra y teclado parece un lento lamento cacofónico que tortura el alma de aquellos que se atreven a entenderlo. No hay cantos aquí - más bien gritos agónicos y esquizofrénicos que rebotan en la oscuridad. Los dos álbums de Abruptum no permiten mucha interpretación ni retórica - las únicas sensaciones que transmiten en casi dos horas de muralla de sonido son: malestar, oscuridad y caos. Puedes odiarlo, puedes amarlo, pero no puedes permanecer indiferente. No es causal que Euronymous definiera la "música" de Abruptum como "la esencia auditiva de la pura maldad oscura". Estos dos discos son un ejemplo admirable de lo que el black metal debería ser - libertad de ser y hacer lo que quieras. Hoy en día muy pocos pueden hacerlo...
Una aguda observación sobre el
problema del orden ha sido desarrollada por el historiador Alfredo Jocelyn-Holt
en su libro El peso de la noche. Nuestra frágil fortaleza histórica.
Refiriéndose a la famosa carta del 16 de julio de 1832, que Diego Portales
dirige a Joaquín Tocornal y en la que escribe: «El orden social se mantiene en
Chile por el peso de la noche y porque no tenemos hombres sutiles, hábiles y
cosquillosos» (1). A partir de la expresión el «peso de la
noche», Jocelyn-Holt plantea la tesis de que Portales pondría en juego la
dictadura desde el Estado para salvaguardar la sociedad.
Así, la expresión el «peso de la
noche» designa un tipo de «orden fáctico» —dice Jocelyn-Holt—, que indica la
inercia de una masa, una suerte de «orden residual» que pertenecería a la
otrora «sociedad señorial», que cimentó una forma de orden social que no pasó
por la formalidad normativa de las leyes y las constituciones. Antes que un
«orden ideal» y por tanto normativo, como propondría el proyecto liberal e
ilustrado, la expresión el «peso de la noche» exhibe la falta de cualquier
perspectiva axiológica por parte de Portales para pensar el orden, de cualquier
deber ser que permitiera ontologizarlo. En rigor, la expresión el «peso de la
noche», sostiene Jocelyn-Holt, define un «orden social eficaz», que contrasta
con el orden ideal de tipo estatal que proponen las leyes y las constituciones.
Según el historiador, la
enigmática expresión utilizada por el ministro en su carta a Tocornal podría
«hermanarse» con la noción de «razón de Estado», que permite salvaguardar a la
sociedad «a través, precisamente, de los mecanismos de fuerza que el mismo
Estado proporciona» (2). Se trata de «mecanismos de fuerza»
proporcionados por el Estado y dirigidos a inmunizar a la sociedad de la
siempre amenazante autosuficiencia del Estado: «De esta forma, el autoritarismo
social —el peso de la noche— se erige, en la visión de Portales, en un
contrapeso del Estado y de sus pretensiones monopólicas» (3).
Es clave aquí la noción «autoritarismo
social» como correlativo técnico del «peso de la noche». Tal pesantez, su
inercia (es el término que usa el historiador), designa el efecto del ejercicio
del poder estatal —la dictadura— o, lo que es igual, identifica a la propia
razón de Estado que, sin embargo, se pondrá al servicio de la sociedad.
Que Portales haya entrado a la
política justamente después de su propio fracaso empresarial, en la medida en
que lo atribuye a la falta de orden proveído por el Estado, no sería un dato
casual, sino el marco de toda esta racionalidad: el Estado debe resguardar a la
sociedad, generar dispositivos de fuerza que permitan que el peso de la noche
persista. Pero este singular «peso», ¿resulta innato al devenir de la sociedad,
es parte connatural de sus movimientos o es necesario producirlo?
Según Jocelyn-Holt, todo
pareciera indicar que la dictadura portaliana no sería otra cosa que dicho
peso, en el que el orden residual viene a recordar a las demás formas de orden
que este despunta como el último, el fáctico, el punto cero de todos los demás
órdenes. El peso de la noche se desvela como arché, un principio que es, a su vez, una forma específica de
gobierno. Un arché cuya fuerza
atraviesa los demás órdenes que se superponen y a los que expone en su más
irremisible fragilidad. El peso de la noche puede ser entendido como el orden
de todo orden, el orden trascendental de Chile (en el sentido de ser condición
de), cuya desnuda facticidad apuntala cualquier otro tipo de orden. Cualquier
«ideario» de orden estará radicalmente atravesado por dicho arché, cuyo fundamento y solidez solo se
mide por la intensidad de la dictadura, por la fuerza que él mismo pone en
juego al actualizarse.
La observación de Jocelyn-Holt en torno a la
expresión el «peso de la noche», se anuda al problema de cómo Portales
manifestaría el singular movimiento de una oligarquía que «no niega el cambio,
pero tampoco quiere perder sus prerrogativas» (4) o, como argumentaremos en este ensayo, de si Portales será el dispositivo capaz
de introyectar el orden de la muerta
monarquía en la nueva modalidad dictatorial que reserva para la república. En
este sentido, el peso de la noche remite a un orden propiamente fáctico, que
anuda a la difunta sociedad con la nueva, al momento imperial hispano de la
monarquía con el republicano, a la égida colonial con la poscolonial. Es la
sobrevivencia de dicho peso, la permanencia de tal inercia donde el arché colonial —el trauma que, como se
sabe, solo operará après coup—
seguirá desgarrando, más allá del Imperio hispano, al ordenamiento poscolonial.
De ahí que, según Jocelyn-Holt, la oligarquía «no niega el cambio», pero solo
al precio de no «perder sus prerrogativas». Así, Portales constituirá el intérprete
de una oligarquía cuyos movimientos remiten a una extraña aufhebung, en que el nuevo orden solo superará al viejo al precio
de conservarlo. Si se quiere, una suerte de complexio
oppositorum en que la nueva república deviene el fantasma del imperio
muerto. A esta luz, la dinámica histórica que se fragua en el portalianismo
consiste en la yuxtaposición de dos tiempos antinómicos en uno solo: el
colonial y el poscolonial en una sola república.
Precisamente por la singular complexio que el portalianismo pone en
juego aquí, a la luz de la expresión el «peso de la noche», es que, como bien
subraya Jocelyn-Holt, toda la glorificación del orden por parte del imaginario chilensis, cuya aclamación resalta su
carácter sólido, estable y fuerte, en realidad no es más que el síntoma de su
fragilidad: así como la república arrastra consigo a la antigua monarquía en la
forma del gobierno fuerte y centralizador, el orden que se esgrime, este
verdadero cuerpo portaliano en realidad es al mismo tiempo signo de una fortaleza
y de una fragilidad: fortaleza, porque remite a un orden puramente fáctico que
parece pervivir más allá de los gobiernos, épocas y modernizaciones de turno; y
fragilidad, porque todo orden construido sobre el residual peso de la noche se
verá siempre horadado, marcado y remitido a este último, como puntal de su propia
facticidad, de su misma perpetuidad. Digámoslo de otra forma: la monarquía es
la plusvalía de la república que, sin embargo, esta requiere para instaurarse.
Así, la fatalidad del nuevo orden
republicano es que, por más liberal o ilustrado que sea, no podrá prescindir de
dicho peso que, silenciosa y oscuramente, le garantizará su permanencia. La
razón de Estado ofrece la facticidad necesaria para que todo orden nuevo sea
suficientemente frágil como para recurrir siempre al arché del orden de todo orden, que espera su momento oportuno para
incidir. Mas no para destruir al nuevo orden, sino para reforzarlo,
institucionalizarlo vía la aplicación del fuerte gobierno, en cuyo extremo se
hallaría la ferocidad excepcionalista de la dictadura.
A esta luz, de ninguna manera habría que
considerarlo como un orden simplemente dado o natural, sino como uno cuya
tecnicidad reside en la repetición infinita del fantasma y en la forma de la
remisión permanente a la facticidad del poder. No serán las leyes ni las
constituciones las que garanticen el orden, sino el peso de la noche, la
inercia social que asoma como repetición fantasmática de la dictadura, la
singular monarquía introyectada en el nuevo orden de la república. En otros
términos, tal peso no existe de hecho, sino que será producido en virtud de la
fuerza fantasmática que funciona como el pivote crucial de todo orden —el arché de todo orden— cada vez que otras
fuerzas irrumpan amenazando el edificio oligárquico del poder: «Lo que nosotros
insistimos en llamar erróneamente orden histórico en Chile —señala
Jocelyn-Holt— no es más que esa bestia
feroz que aún hacemos nuestra, que periódicamente idealizamos y de la cual
paradójicamente nos sentimos orgullosos aun cuando impide el auténtico, el
verdadero orden que espera nuestra resolución. Orden auténticamente histórico
por cuanto hace de lo brutal algo todavía pendiente» (5).
La aguda genealogía trazada por
Jocelyn-Holt en torno a la cuestión del orden en Chile vía la expresión
portaliana el «peso de la noche», en rigor, trata de mostrar la pervivencia de
una suerte de prehistoria en el seno de la historia de ese orden de manufactura
histórico-social de tipo fáctico y dictatorial que parece terminar imponiéndose
siempre frente al orden jurídico-institucional de tipo legal y racional.
El peso de la noche señalado por
Portales constituiría una suerte de ley histórica que operaría bajo las
prerrogativas de la fuerza, no del derecho, en una intensidad subterránea que,
como un inconsciente de lo político, asoma en los bajos fondos como una «bestia
feroz». Justamente, la transvaloración de los valores que advierte Jocelyn-Holt
por parte de los chilenos tiene que ver con haber hecho de tal facticidad un
motivo de orgullo y de idealización que, por supuesto, la historiografía
conservadora se encargó de sistematizar. En este sentido, a diferencia de
Jocelyn-Holt, para quien la facticidad del peso de la noche necesariamente
parece oponerse al derecho, me atrevería a sostener que, en último término, esa
bestia feroz ha posibilitado la mantención del derecho, pues constituye su nudo
mítico más profundo.
Así, el peso de la noche sería
por cierto una formación histórico-social que, sin embargo, fortalece a toda
formación jurídico-institucional en la medida en que esta necesariamente ha de
portar el nudo mítico que le permitirá instaurar su propia fortaleza en medio
de su necesaria fragilidad. El peso de la noche consiste, entonces, en una
«violencia conservadora de derecho», en el sentido en que la caracteriza Walter
Benjamin, que ofrece la denominada «fuerza-de-ley» de toda ley, su capacidad
para inscribirse en los cuerpos y evitar así que la ley haga del gobierno un
poder enteramente vacío e impotente (6).
De esta forma, la ley nunca se inscribirá desde el ejercicio deliberante de la
razón —no habrá jamás asambleas constituyentes en las que el pueblo pueda
trazar su orden constitucional—, sino más bien desde el sangriento y
militarista régimen de la fuerza. Como veremos más adelante, esto inspirará la
lectura bélica que hizo Zenteno en 1832 de los dos animales que aparecen en el
escudo nacional: la razón y la inteligencia (huemul) solo podrán presentarse como
emblemas al precio de estar al servicio de la guerra y el militarismo (el
cóndor) o, si se quiere, de la temible facticidad de la dictadura que liderará
Portales.
En estos términos, Portales sin
duda constata la existencia del peso de la noche, pero, en rigor, él es el
dispositivo performático por el cual dicha pesantez fáctica tiene lugar como
reverso excepcional del propio orden jurídico-estatal. El poder dictatorial —y
para Portales solo habrá acumulación de poder y nunca necesariamente legalidad
que valga—, que devendrá necesariamente constitutivo del legal en cuanto
violencia conservadora de derecho, deberá estar al servicio de la sociedad y el
fortalecimiento del Capital. A esta luz, no podemos sino yuxtaponer la
operación portaliana a la escena de la dictadura de Pinochet: la fuerza
político-estatal termina puesta al servicio de la sociedad que se instala bajo
la nueva (vieja) premisa neoliberal. En este sentido, todo el portalianismo
parece residir en un orden atávico pero constitutivo del orden legal, que
dispone la política al servicio de la economía: el empresario fracasado ingresa
al Estado para, a través de él, apuntalar mejor los circuitos del Capital. Así,
el peso de la noche sería nada más ni nada menos que lo que Marx denominó
«acumulación originaria», una violencia constitutiva y necesariamente
productora del Capital, que requiere de un conjunto de dosis variables de
violencia que se encuentran en la gradación con la que opera la facticidad de
la fuerza dictatorial que jamás puede dejar de funcionar (7).
Del mismo modo que en Thomas
Hobbes el estado de naturaleza remite a una ficción que necesariamente ha de
contemplarse en la realidad misma del orden legal, también el peso de la noche
constituye el devenir inercia de una fuerza —un trauma, si se quiere— que solo
podrá identificarse no en un estadio evolutivo antropológicamente inferior, como
pretendería el ideario progresista, sino en la yuxtaposición con un mismo
presente político desde el que opera.
En este sentido, diremos que el peso de la
noche no solo define un infraorden, sino, ante todo, una verdadera fuerza
frenante que el propio Carl Schmitt, en sus indagaciones en torno a la «Carta a
los tesalonicenses» de Pablo, calificaba bajo el término katechón (8).
Como tal, sin embargo, hemos de introducir una diferencia con Jocelyn-Holt: el
peso de la noche es la expresión portaliana para designar la facticidad del
poder (el Imperio hispano muerto), el arché
del orden jurídico-político. Pero, como tal, no se trata de algo que esté simplemente ahí (no es simplemente el
peso de la costumbre), sino del efecto del ejercicio gubernamental (social y no
estatal) sobre los cuerpos: la transfiguración de la fuerza en inercia, de la
irrupción de los pueblos en la parálisis de una masa, muestra el efecto
inmediato de esta singular técnica gubernamental, remanente de la muerta
monarquía hispana y su sociedad señorial, que sobreviven fantasmáticamente en
el seno de la nueva república. A esta luz, el peso de la noche —esa singular
razón de Estado que fortalece a la sociedad y no al Estado— será precisamente
el dispositivo katechóntico que retendrá y gobernará, una y otra vez, el
advenimiento del deseo popular marcando a fuego la pertenencia autoritaria de
nuestro frágil y problemático orden político.
NOTAS:
1.- Diego
Portales, «Carta del 16 de julio de 1832», en Adán Méndez, Cartas personales de
Diego Portales. Estudio y antología. Santiago, Ediciones Universidad Diego
Portales, 2020, p. 219 (énfasis mío).
2.-Jocelyn-Holt, El peso de la noche. Nuestra frágil fortaleza histórica. Santiago, Debate,
2014 , p.
169.
3.- Ibid.,
p. 168.
4.- Ibid.,
p. 183
5.- Ibid.,
p. 218.
6.- Walter
Benjamin, «Para una crítica de la violencia», en Para una crítica de la
violencia y otros ensayos. Iluminaciones IV. México D. F., Taurus, 2001.
7.- Karl
Marx, El capital. Crítica de la economía política, tomo iii. México D. F., FCE,
1971
8.- Carl
Schmitt, El nomos de la tierra en el derecho de gentes del «ius publicum
europeaum». Buenos Aires, Struhart y Cía., 2005.
Valparaíso, colónia inmensa i gran puertó// Libro "El Despertar chileno" en Clacso Argentina
Voy mañana con rumbo a Valparaíso, que Zsigmond Remenyik en "Los juicios del dios Agrella" (Ediciones del Caxicóndor, 2018) denomina como "la colónia inmensa i gran puertó V."
Ahí trataré de resumir 200 páginas de investigación en 20 minutos. Deséenme éxito y poder de síntesis. Luego me quedo escuchando a Sergio Villalobos-Ruminott, me tomo un schop o tal vez dos o tres camino al terminal de buses, y me vengo durmiendo en bus hasta el Metro de los Pajaritos y desde ahí a mi domicilio a acostarme arropado escuchando algo así como el EP 1-2-3-4 de los Saints, cuyo vocalista Chris Bailey falleció a inicios de este mes que ya se va. Poco después, en otra joya discográfica del punk rock australiano de los 70, hacen una excelente versión de "Security" del semidios Otis Redding.
Acaba de salir hace un mes un libro colectivo al cual aportamos una versión corregida de textos previos sobre la desmonumentalización.
Introducción. De fracturas políticas y condiciones de
posibilidad en el Chile post revuelta de octubre. Futuros en disputa y agendas de
re existencia......................................................................................................................39
Rodrigo Ganter, Raúl Zarzuri, Karla Henríquez y Ximena
Goecke
Cuerpo I. Arqueologías de la revuelta
De fracturas a recomposiciones.
Interpretaciones del
18-O...................................................................................................59
Raúl Zarzuri Cortés
Subjetivación política y revuelta de los que sobran.
Digresiones en torno a la dimensión generacional del 18-O en
Chile.............87
Rodrigo Ganter Solís
¡Arriba las que luchan! Feministas y discursos feministas en
la revuelta.......................................................................................131
Ximena Goecke
Adhocracias y repliegues reflexivos. La calle y las
introspecciones
personales en las actorías sociales del
18-O.............................................................163
Karla Henríquez
Lo que octubre se llevó. Estallido social y crisis de
representación en Chile....................................................................................................................................
181
Violeta Montero Barriga
Asambleas territoriales. Reinventando lo político en las
ciudades chilenas post revuelta.......................................................................................................197
Katia Valenzuela
Violencia contra niños, niñas, adolescentes y jóvenes. 18-O,
antes y
durante.........................................................................................................217
Alejandro Tsukame
Haciendo caer los ídolos de barro. Apuntes sobre rebelión y
desmonumentalización en Chile y en el
mundo............................................... 239
Viviendo la revuelta en las narrativas
juveniles................................................... 263
Karla Henríquez, Rodrigo Ganter, Ximena Goecke y Raúl
Zarzuri
Cuerpo IV. Acción conectiva y artivismos de la revuelta
chilena
Piezas artísticas y activismos. La práctica gráfica en el
frontis del GAM como acción política...................... 331
Mónica Salinero
ResisteArte. El arte de disputar y okupar la ciudad
durante el estallido social chileno en
Concepción.................................................................361
Javiera Briones Bello
Los medios de la revuelta durante el 18-O en Chile. Reflexiones
sobre el activismo virtual de estudiantes
El textil como soporte de identidad, memoria y resistencia feminista
en La
Serena.....................................................................................................
411
André Álvarez Oliva y Paula Jeria Tapia
Cuerpo V. Poemario
Poemas escritos durante el estallido...........................................................................433
Colectivx Piño Choroy
Sobre los autores y
autoras............................................................................................447
En relación a otras corrientes
políticas también se ha hablado de versiones neo y post. Así, en relación al
“marxismo” -que en rigor es una construcción de fines del siglo XIX
sistematizada primero por Engels, Kautsky y la socialdemocracia de la II
Internacional, y luego por la III desde la U.R.S.S.- cuando durante el siglo XX
se conocieron otras obras de Marx que discrepaban considerablemente del
cientificismo positivista del marxismo oficial (en sus dos versiones:
socialdemócrata y leninista), se optó por diferenciar al “joven Marx” del Marx
“maduro”, y a partir de ahí al “marxismo heterodoxo” representado por la
Escuela de Frankfurt y otras corrientes no dogmáticas se le denominó como “neomarxismo” (1).
Con posterioridad el derrumbe de
la Unión Soviética y el “socialismo real” y de la mando de los avances del
“postmodernismo”, se empezó a hablar de un “postmarxismo”, el que -como le
escuché una vez decir a Ernesto Laclau en una charla en la Librería Gonzalo
Rojas en calle Bulnes con Tarapacá- “sigue siendo marxismo, porque si no se
llamaría ‘ex-marxismo’”.
En relación al anarquismo, un
fenómeno que en rigor es mucho más antiguo que su versión “moderna” surgida
como rival del marxismo en el movimiento obrero de la segunda mitad del siglo
XIX, también se ha hablado de formas neo y post para explicar su
“resurgimiento”. Así, Tomás Ibañez usa la expresión “neoanarquismo” para
referirse a “la forma que toma el resurgir del anarquismo” (2),
sobre todo a partir del siglo XXI, como un fenómeno global, asumiendo que la
distancia entre el anarquismo actual y el clásico es no sólo temporal, sino que
también geográfica pues tal como destaca Ibañez, ya no es sólo en Europa
central y sus zonas de influencia más directa donde éste se desarrolla, sino
que se presencia ahora “un impulso impresionante que se manifiesta en varias
regiones del globo” (3).
En este contexto se aprecia una
tendencia a que ciertos rasgos y características tradicionalmente asociadas al
anarquismo ya no sean patrimonio exclusivo de un movimiento específicamente
ácrata, sino que por ejemplo la apelación a métodos y formas de acción
autónomas, horizontales y autogestionarias ha permeado a distintos movimientos
políticos, sociales y culturales, incluyendo a algunas expresiones de la nueva
extrema derecha.
Ibañez habla de “anarquismo
extramuros” para referirse a “su importante expansión fuera del mundo
anarquista”, y señala que en realidad el anarquismo siempre tendió a tener
contornos difusos, pero que “este desbordamiento se ha amplificado de manera
espectacular desde Mayo del 68 hasta los más recientes movimientos de protesta,
con sus masivas ocupaciones de las plazas públicas y de las calles (Seattle,
movimiento del 15-M, Occupy Wall Street, etc.)”.
En un sentido similar, el
conocido antropólogo anarquista David Graeber se ha referido a los “nuevos
anarquistas” para destacar este resurgir del anarquismo en el contexto del mal
llamado “movimiento antiglobalización” (según Graeber lo que en realidad se
combate desde dicho movimiento es el “neoliberalismo”). En su texto “Los nuevos
anarquistas” destaca a este “neo-anarquismo” en su vinculación profunda con
movimientos de resistencia que ya no vienen solamente desde Europa occidental,
y sobre todo con el movimiento zapatista o neozapatista del EZLN (4).
Por otra parte, el enfoque
postestructuralista asociado a la influencia de figuras como Foucault y
Deleuze/Guattari ha motivado también el cuestionamiento de los presupuestos más
esencialistas, eurocéntricos y hasta “obreristas” del anarquismo clásico o
tradicional. A esa tendencia o fenómeno Ibañez, siguiendo a otros autores en
general ligados al medio académico, la designa como “post-anarquismo”.
Siguiendo de cerca su exposición,
se puede señalar que ya en 1987 el concepto de post-anarquismo fue usado por el
influyente “anarquista ontológico” Hakim Bey en el título de su ensayo
“Post-anarchism anarchy” (que cabría traducir aproximadamente como la anarquía
después del anarquismo). En todo caso, la intención de Bey en dicho texto no es
la de fundar dicha corriente ni mucho menos, sino que apelar a una
desideologización de un anarquismo considerado ya muerto y fosilizado, y en
necesidad de una completa renovación. En cierta forma heredero de la importante
y aún poco comprendida tradición de crítica de la ideología llevada a cabo
sistemática e implacablemente en Europa por el grupo autodenominado como
Internacional Situacionista entre 1957 y 1972, Hakim Bey considera que al
devenir “ideología” -en el sentido marxiano-situacionista de pensamiento
separado, siempre una forma de falsa consciencia que la teoría revolucionaria
debe develar y destruir- el anarquismo deja de ser una fuerza revolucionaria. Y
por eso, tal como lo resume Ibañez, hace “un llamamiento a sobrepasar el
anarquismo en nombre de la anarquía” (5).
Poco después de los Comunicados
de Hakim Bey, en 1989, Todd May publica un artículo llamado “¿Es anarquista la
teoría política post-estructuralista?”, seguido en 1994 por el libro “La
filosofía política del anarquismo post-estructuralista”. En el año 2002 Lewis
Cali publica la obra adecuadamente titulada “Anarquismo posmoderno”, y en el
2003 Jason Adams inaugura la web “Post Anarchism”. A partir de ahí es que según
Ibañez podemos encontrarnos con tres etiquetas en competencia para designar
algo similar: anarquismo post-estructuralista, anarquismo posmoderno,
post-anarquismo.
De acuerdo a estas teorías, en
cercanía evidente con las ideas de Foucault, se sostendría que “más que estar
reprimidos por el poder, somos producidos por este”. De ello se desprenden una
serie de consecuencias importantes en lo
relativo a la noción del sujeto individual y colectivo (en el anarquismo
clásico: el individuo como parte del proletariado) que se enfrenta a una
dominación que ya no se podría concebir sólo como “de arriba hacia abajo” y
menos como meras determinaciones externas al sujeto mismo. Como lo explica Ibañez, “es obvio que el
anarquismo participaba, en buena medida, de la creencia moderna en la
existencia de un sujeto autónomo que bastaría con arrancar de las garras
del poder para que pudiera realizarse finalmente, ser libre y actuar por sí
mismo”. En cambio, “el
postestructuralismo nos enseña que, bajo los adoquines no existe ninguna
playa, que no hay un deseo que podamos liberar o un sujeto que podamos
emancipar, porque lo que se vería entonces emancipado no sería un ser autónomo,
sino un ser ya moldeado y constituido por relaciones de poder” (6).
La noción misma del “poder”, y de las relaciones de poder, tan central
en la toma de posición anarquista clásica, es sometida a crítica, para
descubrir su carácter “productivo” e “inmanente”. Así, según Ibañez, “hay que
abandonar, entre otras cosas, la ingenuidad de creer que el Estado sólo ejerce
su dominio de arriba hacia abajo, sobre unos sujetos cuyo único vínculo con él
radicaría en el hecho de que están atrapados en sus redes y padecen su dominio”,
pues en realidad: “estos vínculos son mucho más densos que los que se
desprenden de una mera relación de subordinación, ya que el Estado recibe
algunos de sus rasgos, de abajo hacia arriba en este caso, a partir de los
efectos de poder producidos por los propios sujetos en el marco de sus
relaciones. Al recibirlos de sus sujetos, es natural que los comparta con ellos
sin requerir de ninguna coerción. Por lo tanto, luchar contra el Estado
consiste también en cambiar las cosas «abajo», en las prácticas locales,
diversas y situadas, allí donde el poder adquiere parte de sus atributos” (7).
¿Arcaísmo o modernismo?
Estas referencias a las
principales característicasdel
postanarquismo son relevantes en este texto pues en la medida que se explican
por el contexto posmodernista como espíritu de época, resultan parcialmente
aplicables también al postfascismo.
No obstante, mientras el
anarquismo es una corriente tan antigua que su origen se pierde en diversas
formas de “proto-anarquismo” (8), el
fascismo aunque parece o se presenta como “arcaico”, es en realidad un fenómeno
específicamente “moderno”.
Es lo que destaca la corriente
comunista radical liderada por el italiano Amadeo Bordiga, tal como lo
sintetizan los compañeros del Grupo Barbaria: “Frente a las concepciones de
Gramsci y sobre todo Togliatti para las que el fascismo es un movimiento
reaccionario de masas, para Bordiga el fascismo es una expresión moderna,
progresista del capital en un momento histórico bien determinado. Un movimiento
objetivo que frente a la crisis del capital la pretende domar y encauzar a
través de la estatalización de sus dinámicas automáticas. Un movimiento
histórico, contrapuesto al movimiento real del comunismo y que reacciona frente
a él, y, por ende, objetivo que tiene paralelismos muy fuertes en su naturaleza
a lo acontecido en el New Deal de
Roosevelt y a los planes quinquenales del estalinismo” (9).
Distinguiendo esencia de
apariencia, Bordiga concluye que “este sería su carácter general e histórico,
no un producto del mundo clerical o de la derecha radical y conservadora sino
producto moderno de la dinámica del capital. Es eso lo que explica los orígenes
izquierdistas del fascismo (véase el origen socialista de Mussolini y de buena
parte de los cuadros de los Fasci di combattimento en la USI (10) anarcosindicalista italiana o la profunda influencia del futurismo italiano y
de las vanguardias artísticas) y su capacidad reaccionaria y
contrarrevolucionaria” (11).
La originalidad de esta posición
radica en gran medida en la concepción bordiguista de la relación entre
democracia y capitalismo (12).
Para Bordiga la democracia no es “falsa”, sino que expresa “el ser social del
capital”.
Por eso no habría una oposición real entre democracia y fascismo,
como postula en general la izquierda “antifascista”, dado que el fascismo es un
producto de las necesidades modernas del capital: “El antifascismo es el
peor producto del fascismodirá Bordiga en este sentido porque
‘gracias’ a aquel el proletariado pierde sus energías anticapitalistas y
antagónicas en nombre del presunto mal mayor fascista” (13).
Siguiendo esa línea de reflexión, Dauvé dice que “el fascismo y el
antifascismotienen los mismos orígenes
y programa, pero el primero proclamaba que iba más allá del capital y de las
clases, mientras el segundo intenta alcanzar la ‘verdadera’democracia burguesa, que es infinitamente
perfectible mediante el añadido de dosis cada vez más fuertes de democracia” (14).
1.- Para un desarrollo más detallado de este tema, ver mi texto “Marx y el
Derecho”, introducción al capítulo IV de: Estruendo. La asociación ilícita
terrorista en la legislación chilena a la luz del “Caso Bombas” y otros
escritos sobre terrorismo y antiterrorismo, Santiago, Editorial Tempestades,
2018, págs. 171-176.
2.-Ibañez, Tomás. Anarquismo es
movimiento, Talcahuano, Ediciones La Ruche, 2015, pág. 18.
3.- Ibid, pág. 11
4.- Graeber, David. “Los nuevos anarquistas”, en: New Left Review N° 13,2002, págs. 139-151.
5.- Ibañez, op. cit., pág. 67. Este autor, muy por el contrario que Hakim Bey,
defiende la inseparabilidad de las nociones de anarquía/anarquismo. Ver sobre
todo el cap. 1.1: “Anarquía versus anarquismo: una dicotomía dudosa”, pág. 14 y
ss.
6.- Ibañez, pág. 76.
7.- Ibañez, pág. 78/79.
8.-Se han identificado como
expresiones de proto-anarquismo: las doctrinas del filósofo estoico griego
Zenón, nacido el año 342 antes de Cristo y del cual Kropotkin dice que
“opuso una concepción clara de comunidad libe sin gobierno a la utopía
estatista de Platón”, proclamando “la soberanía de la ley moral del individuo”;ciertas corrientes místicas orientales, o personajes
como Lao-Tsé, de quien aún no se sabe con certeza si vivió en el siglo
VI, V o IV antes de Cristo. También se han identificado figuras ácratas dentro
del contingente de místicos chinos del siglo III, como los taoístas Xi Kiang
(223-262) y el misterioso Bao Jingkan, autor de untexto titulado “De la inutilidad de los
príncipes”, al que se refiere polémicamente su adversario Ge Hong (283-343),
aunque hasta se ha llegado a pensar que el texto es de autoría de este último y
la “polémica” pudiera ser una forma de no asumir directamente tesis tan
incendiarias como las allí planteadas (La editorial Pepitas de Calabaza publicó en español la obra de Jean Levi
titulada “Elogio de la anarquía por dos excéntricos chinos del siglo III”,
donde se incluye “De la inutilidad de los príncipes” y otros dos textos: “Sobre
el carácter innato del gusto por el estudio” y “Sobre los efectos nocivos de la
sociedad para la salud”).
9.- “Amadeo Bordiga, un dinosaurio del comunismo”, prólogo del Grupo Barbaria
(España) a la edición chilena de “El principio democrático y otros textos” por
Ediciones Pensamiento y Batalla, 2021. Hasta donde sabemos es la primera
edición chilena de textos de Bordiga, e incluye su Informe sobre el fascismo
ante el IV Congreso de la Internacional Comunista. El prólogo está disponible
en: https://barbaria.net/2020/07/21/amadeo-bordiga-un-dinosaurio-del-comunismo/
10.- Unione Sindacale Italiana, fundada en 1912.
11.- Ibíd.
12.- Otra “originalidad” del comunismo bordiguista son su concepción del partido
como algo “histórico” y no formal.
13.- Barbaria, op. cit. Sobre el peligro del “antifascismo” para el movimiento
proletario.
Fascismo y antifascismo/Crímenes de Estado en las cárceles-empresa
Ganó Bolsonaro en Brasil y una vez
más los demócratas del mundo y de Chile se asustan, porque encuentran
perfectamente tolerable el capitalismo cuando el Gobierno queda a cargo de la
socialdemocracia, pero creen que es el fin del mundo cuando gana la ultra
derecha. Incluso viejxs amigxs que rara vez se han asomado a una urna, ya empezaron
con la cantinela de que por culpa de nosotros los que nunca hemos votado, es
posible que gane Kast en las próximas elecciones del….¿cuándo son? No tengo
idea.
Como si cambiara mucho las cosas
en un orden global totalmente sometido al sistema capitalista el que un país
sea dirigido por tal o cual representante electo. Como si en Chile las leyes
más represivas del último tiempo no hubieran sido dictadas por obra de la
Concertación/Nueva Mayoría. Como si la policía pegara más suave cuando la
intendenta es la Tohá en vez de Monga. Como si a Mauricio Hernández no lo
hubiera torturado todo este tiempo en la cárcel brasileira el PT, antes que Bolsonaro….En
fin, se vienen tiempos duros en cuanto a cretinismo democrático-electorero, y por
supuesto que Barrot tenía razón: el peor producto del fascismo, es el
antifascismo!
(Otro paralelo: como se ha
revelado en estos días a raíz de un documental, la dictadura prohibió la visita
de Queen a Chile, porque las viejas de mierda que oficiaban de primeras damas
en la Junta Militar de Gobierno encontraron que “promovía la homosexualidad en
la juventud”. Lo chistoso es que poco después, en la democracia de Aylwin, prohibieron la entrada de Iron Maiden,
a sugerencia del asesor canuto de ese gobierno, el sociólogo “experto en sectas”
Humberto Lagos, que estimó que promovían a Satanás!!! ¿Qué es más absurdo? Juzgue
Ud.).
Sobre este supuesto “ascenso” del
fascismo se han hecho varios artículos en la web, entre ellos los de Felipe
Ramírez y Rodrigo Karmy en El Desconcierto. Pero lo único realmente lúcido que
he leído es este breve y contundente texto firmado por Atopos Blaidd, que
obviamente sacó ronchas entre todos los demócratas izquierdistas.
La ultraderecha nunca ha accedido al poder político para derrotar a la
clase trabajadora e impedir que haga la revolución. Cada vez que la
ultraderecha ha llegado al poder, es porque la clase trabajadora ya había sido
derrotada. ¿Por quién? Por la democracia. Por el progresismo. Por la izquierda.
Si Bolsonaro ganó las elecciones, es porque antes de su llegada tres
gobiernos sucesivos del Partido de los Trabajadores se encargaron de aplastar
cualquier rastro de fuerza propia y combatividad que pudiera quedarle a la
clase trabajadora de Brasil. Al igual que en 1970 Allende inició su mandato
garantizándole a la burguesía chilena que sus intereses no serían amenazados,
asimismo Lula da Silva empezó a gobernar en 2003 prometiéndole a los grandes
empresarios y banqueros internacionales que ninguno de sus intereses en Brasil
correría riesgo alguno.
En efecto, Lula gobernó para garantizar el pago de la deuda pública,
asegurando al capital un piso mínimo de estabilidad fiscal que le permitiese
invertir con seguridad. Ninguno de los gobiernos del PT alteró en nada las
condiciones de la explotación social y la acumulación capitalista en Brasil.
Muy por el contrario, tales gobiernos fueron el soporte de una “amplia
negociación nacional” destinada a garantizar que la explotación capitalista
pudiese proseguir sin contratiempos.
Para cumplir su cometido, a lo largo de sus tres períodos de gobierno
el PT cooptó y puso bajo su control a la mayoría de las dirigencias sindicales
y sociales, transformando a los líderes populares en ministros, asesores de
mercado, administradores de fondos de pensión e inversionistas.
Simultáneamente, con tal de preservar las bases de su poder, el PT se puso a sí
mismo bajo control de las fuerzas más reaccionarias representadas por el
capital agrario, el empresariado de la industria nacional e internacional, el
sistema financiero y la teocracia evangélica.
Mientras gobernaba para los propietarios de Brasil, el PT se las
arregló para anestesiar el descontento social con una calculada combinación de
programas sociales y terror represivo. Cuando Lula aceptó dirigir la Misión de
ocupación de Haití en 2004, no sólo le demostró a EEUU que era un aliado
confiable para aplastar democráticamente la protesta social en el continente.
Al llevar al ejército brasileño a los barrios pobres de Haití, le proporcionó a
las tropas un laboratorio para intervenir en las favelas de Río de Janeiro, tal
como ocurrió durante las masivas agitaciones populares en contra del Mundial de
Fútbol del 2014.
Durante los gobiernos del PT la producción de alimentos en Brasil
disminuyó en más de 35%, con el consiguiente aumento de los precios cobrados a
la clase trabajadora, debido a las facilidades dadas a las multinacionales
agrarias para introducir monocultivos. 200 mil campesinos fueron desplazados
mientras que 4 millones perdieron sus tierras a manos de las grandes empresas
agropecuarias. Fue bajo los gobiernos del PT, y no bajo gobiernos fascistas,
que la deforestación de la Amazonía alcanzó el "punto de no retorno".
Fue el gobierno de Dilma Rousseff, y no uno fascista, el que recalificó
los cortes de carreteras y las tomas de tierras como delitos terroristas. Fue
bajo esos gobiernos progres, y no bajo el fascismo, que los comandos de la
muerte sembraron el terror entre los más desposeídos de los desposeídos en las
grandes urbes del Brasil. Fue bajo gobiernos socialdemócratas, y no de derecha,
que las cárceles de Brasil batieron los récords mundiales de hacinamiento y
degradación de las condiciones de "vida" de los reclusos. Fue bajo
esos gobiernos de izquierda que la clase trabajadora y los oprimidos de Brasil
conocieron el umbral más bajo de la humillación y la vergüenza. Al proletariado
de Brasil lo derrotó la democracia, no la dictadura.
Lo cual, por cierto, no es ninguna novedad. Mussolini accedió al poder
cuando el proletariado italiano ya había sido derrotado por los compromisos
electorales de los "partidos obreros y populares". Hitler fue
designado como canciller por el presidente Hindenburg, quien había recibido el
apoyo de los socialistas que veían en él un baluarte de la democracia contra el
nazismo. En 1973 Allende, en vez de poner en los ministerios clave a
representantes de los trabajadores, puso a los militares, mientras los partidos
de la UP votaban una Ley de Control de Armas para desarmar a la clase
trabajadora y entregársela en bandeja a las tropas pinochetistas. Quince años
después, fue la Junta Militar la que organizó la transición democrática,
cumpliendo al pie de la letra la doctrina formulada por Jaime Guzmán, quien fue
al mismo tiempo el más democrático de los fascistas y el más fascista de los
demócratas.
Como todos los fascistas, Bolsonaro ha llegado simplemente a ordenar
los negocios después que la democracia progre sacó del juego al proletariado de
Brasil, reduciéndolo a nada.
Tengan esto en cuenta cuando se pongan de nuevo a lloriquear por
"la llegada del fascismo". Estos lamentos llegan demasiado tarde.
Tendrían que haberse lamentado así, tendrían que haber entrado en pánico y
haberse indignado cuando la izquierda socialdemócrata desarmó al proletariado,
lo maniató y le hizo adicto a las comodidades, a la anestesia y a las mentiras.
El lloriqueo asustado que se deja oír por todas partes hoy, es patético. Sólo
demuestra que quienes gimen habían estado durmiendo, viviendo en una fantasía,
rehusándose a ver la sangre que brotaba frente a sus narices y la mierda en la
que se hundían poco a poco, al son de elecciones y batucadas.
En realidad, la llegada del fascismo nunca es tan mala como parece a
primera vista. Al menos, ofrece la oportunidad de desengañarse, madurar y
hacerlo un poco mejor de aquí en adelante.
Hablando de las leyes represivas
de la socialdemocracia chilensis, la agenda corta del año 2008 generó el más
alto incremento en la población penal que se conociera hasta ese momento,
llegando a casi 50 mil presos. No olvidemos que previo a ello el socialista
Lagos inventó el negocio de las cárceles concesionadas, que son el mayor
matadero de carne proletaria que exista en Chile hasta el día de hoy. Sea en
manos de gendarmes, o de otros presos, se trata por supuesto de verdaderos
Crímenes de Estado, que demuestran que la fase terrorista de la dominación no
se acabó con la acumulación originaria ni los genocidios de pueblos
originarios, sino que sigue día tras día hasta hoy.
Consideremos además las
modificaciones a la Ley de Control de Armas que hicieron hace pocos años no los
fascistas de Kast, sino que la democracia socialista de Bachelet, y veremos que
en comparación a meras amenazas como la “ley Hinzpeter” en el primer gobierno
de Piraña los hijos de la II Internacional continúan siendo enemigos claros de cualquier
emancipación humana.
¡Pero los progres e izquierdistas se movilizaron contra la Ley Hinzpeter, y dejaron pasar sin rechistar las agendas cortas y demases paquetes represivos de Lagos/Bachelet! Y mientras más se acerquen las elecciones más van a seguir hinchando para que vayamos y votemos por el "mal menor"....
Un ejemplo muy evidente de la cobardía
represiva del Estado conducido por el partido que sea es el reciente asesinato
de Kevin Garrido en la cárcel-empresa Santiago 1. Pero veamos bien este hecho:
a Kevin se la encarceló por poner dos bombas de noche, sin víctimas, contra
emblemas del sistema represivo.
Al momento de cometer tales delitos, tenía 18
años de edad, y lo condenaron a nada menos que 17 años de cárcel, sin necesidad
de invocar el fantasma del terrorismo ni las complejidades de la Ley 18.314, sino que usando exclusivamente la Ley de
Control de Armas, la misma ley que la UP usó para desarmar a los Cordones Industriales,
reformada ahora por enésima vez, por la Nueva Mayoría. Si hubiera tenido 17 y
no 18, ni siquiera se hubiera ido a una cárcel como esa, sino que a las del
SENAME.
Recordemos que a Manuel Contreras
por la colocación de una bomba en Washington que mató a dos personas (Letelier
y Moffit), se le condenó a …..¡6 años de cárcel!
A Kevin lo enviaron a una muerte
segura en estas cárceles de mierda, a manos de otro preso, pero con la
complicidad evidente de los custodios. La responsabilidad del Estado es
evidente.
Hoy salen a la calle desde sus jaulas educativas estudiantes desde 7° básico, conmovidos y enrabiados por este asesinato
de Estado, y el Estado aprovecha la ocasión para disimular el “estancamiento
del crecimiento económico” arremetiendo en una guerra declarada contra la juventud
antisistémica, urgiendo al resto del Estado para aprobar ya su ley de “Aula Segura”.
No podría ser de otro modo.
“Para la sociedad, en su favor,
no quiero inventar algún dispositivo nuevo con el objeto de que ella se
proteja. Confío en ella: ella sabrá bien, sola, cuidarse del gracioso peligro
que son los niños criminales. Es a ellos a los que hablo. Les pido que no se
avergüencen jamás de lo que hicieron, que conserven intacta en ellos la
rebeldía que los ha hecho tan bellos” (Jean Genet, El niño criminal).
Extracto de un diálogo sostenido anoche en medio de algo de cerveza y sánguches vegetarianos:
Amigo 1 : No sé si vaya a la marcha del jueves, por lo visto, tengo la impresión de que los que ahora somos llamados "hombres CIS" no seremos bienvenidos...
Amiga 1: En efecto, la idea es que los hombres no vayan, y que se queden en la casa cuidando críos o haciendo labores que por lo general no hacen.
Amiga 2: No estoy muy de acuerdo con eso...yo soy anarquista, y me interesan las personas, no los géneros, y creo que por supuesto que ser anarquista incluye ser antipatriarcal, y antiracista, y antiadultocéntrica...¿no estamos acaso contra todas las formas de dominación? Y por supuesto que en la lucha contra la dominación nos vamos a enfrentar a otras mujeres: policías, explotadoras, políticas, etc., y esa lucha la damos todos los anarquistas juntos.
Amigo 1: Lo triste es que algunas compañeras prefieran marchar junto a las mujeres del Frente Amplio, y de la Nueva Mayoría, porque son mujeres, y que hagan actividades donde incluso sería bienvenido un gay aunque vote por Lucho Larraín de la Fundación Iguales (o sea, gays de derecha), pero estemos vedados los que antes eramos todos parte del mismo bloque negro, que en rigor ya no existe. El anarquismo posmoderno terminó derivando en: ex-anarquistas que ahora hacen política estatal en el FA; ex anarquistas-feministas que ahora son antihombre, y ex anarquistas insurreccionalistas que ahora son antihumanos...El pantano posmoderno hizo mierda al neoanarquismo poquito después de su gran resurrección. No necesitó ser aplastado por el Estado/Capital, sino que su propia mescolanza ideológica de mierda y alergia a Marx lo mató.
Amigo 2: Yo soy hombre y en tanto tal me siento privilegiado...entonces, me parece bien el separatismo de las compañeras.
Amigo 1: ¿Y entonces, está bien que las compañeras (o ex compañeras) separatistas marchen codo a codo con mujeres privilegiadas en tanto burguesas o dominadoras? ¿O que hagan eventos donde algunas compañeras querrían ir con sus crías, y no pueden ir si es que tuvieron la desgracia de tener hijos con gónadas masculinas?
--
Texto tomado del Boletín la Oveja Negra:
Algunas reflexiones en torno al 8M 2018
Este 8 de marzo parece ser distinto a los de algunos años atrás: se reivindican algunas recientes conquistas consideradas fundamentales y se prometen otras tantas, nuevas y briosas. Es cierto que hace menos de una década la sociedad se hallaba rememorando esta efeméride como una celebración de la femineidad tradicional, alentando al consumo y a la reafirmación del estereotipo de la mujer cosificada y sumisa mediante regalos frívolos y demás artilugios mercantilistas. En aquel entonces nos hallábamos muy lejos de un llamado al cese de actividades productivas, como impulsa la consigna de este año, pero ¿realmente queremos que este sistema siga, ya sea con o sin nosotras? Nos parece muy necesario, dada la importancia del movimiento social que se generó para cambiar las condiciones de vida de las mujeres, repensar y criticar el contenido de estas luchas. No por el gusto de la crítica en sí, sino para que el movimiento tome fuerza y se profundice, para no caer en las viejas canalizaciones de la ideología dominante, en las reformas que cambian algo para que todo siga igual. Nos queremos enfocar entonces en el contenido que está en el fondo de la movilización y el paro internacional de mujeres.
Cuando se llama a producir sin nosotras para visibilizar nuestro “valor”, se pasa por alto la obscena facticidad de las cosas: que se nos considera valiosas, básicamente, en términos productivos y reproductivos de este sistema de muerte. Esta consigna no solo deja de lado un cuestionamiento fundamental –¿por qué debiéramos siquiera tener asignado un valor? –, sino que alienta a la perpetuación de las actuales relaciones económicas y productivas de modo irreflexivo y conformista. La ausencia de una crítica al sistema que somete a la totalidad de la humanidad a sus perversas instituciones (en este caso, el trabajo asalariado) es alarmante, y debiera advertirnos sobre la peligrosa tibieza del contenido de consignas similares, tan fervorosamente enarboladas para esta fecha.
Era de esperar… “el feminismo” ha llegado a los medios: los programas con el más alto rating (y la mayor tradición misógina) invitan a sus paneles a las representantes del movimiento a debatir (y sobre todo a banalizar) la despenalización del aborto y otros temas que verdaderamente nos preocupan e importan. La democracia funciona. El enemigo quiere hacer las paces y, en señal condescendiente, nos abre la puerta al mundo del espectáculo.
Ante los continuos y crecientes daños a todos aquellos que se reconocen por fuera del género masculino heterosexual, se pide mayor intervención estatal: más legislaciones, más programas gubernamentales de contención, más seguridad, más trabajo, más punición, más control. Lo que no se ve es que donde «el Estado está ausente» es donde más está el Estado. ¿No es ya lo suficientemente clara la vinculación entre la violencia de género y el monstruoso aparato ideológico que la produce y reproduce cada día, bajo las más variadas formas? ¿Qué es lo que hace falta para hacer estallar finalmente estas insoportables tensiones que nos atraviesan?
Sabemos que las condiciones a las que nos enfrentamos no son nada sencillas y nos movilizan a preguntarnos muchas cosas. Que quede claro: queremos mejorar nuestras condiciones en lo inmediato. No queremos ser encarceladas por abortar, tratadas como cuerpos–objetos a los que violar y traficar, usadas para publicitar mercancías y otras tantas aberraciones. Pero, ¿para qué nos sirve pedirle al sistema que nos reduce a estos roles, nos encarcela y subyuga que cambie esta situación? ¿Por qué no pensar en la posibilidad de superar de raíz este estado de cosas? Esto también lo tenemos que pensar mientras nos encontramos en la calle, a esto nos referimos cuando proponemos profundizar la lucha. Fundamentalmente, para no desperdiciar tantos esfuerzos de compañeras del pasado que, como nosotras hoy, pararon y salieron a la calle masivamente, logrando parciales avances que por sus límites no cambiaron la situación de la mujer, porque es imposible que se transforme sin transformar todo, porque nuestra lucha se opone prácticamente a este sistema cosificador y valorizador de nuestras vidas.
Las diversas expresiones de bronca, el aliento a la venganza o al escrache público, en respuesta a hechos de violencia de género son necesarias, pero devienen en medidas ineficientes por ser aisladas. Debemos atacar las relaciones sociales de las que nace la violencia de género en primer lugar. Cuando una gran cantidad de energía se ve dedicada a resolver problemas de tipo legal o procedimental (qué hacer con el abusador, cómo castigar al violador, cómo deben redactarse protocolos institucionales contra la violencia machista) se está perdiendo de vista la causa fundamental de la problemática: la violencia general y sistemática en nuestra sociedad, por qué se genera y cómo destruirla. Identificarla es necesario para terminar de una vez por todas con las condiciones materiales que la posibilitan y que reducen nuestra vida a un producto aprovechable o prescindible según las circunstancias, que instrumentalizan nuestros cuerpos y los someten a las necesidades de este sistema que nos deshumaniza y atomiza hasta la muerte.
La lucha que ahonde en la raíz del problema no bregará por la igualdad de derechos en un sistema que nos oprime y aliena a todos los desposeídos por igual, sino por la verdadera emancipación de la mujer, entendida como parte fundamental de la lucha por la emancipación total de la especie humana. Para ello es necesario salir a la calle y formar lazos por fuera del Estado y la política, no permitiendo que estos intervengan y transformen el contenido de la lucha para su conveniencia y para la continuación de nuestra explotación. Pero también, dejando de externalizar los problemas, haciéndonos cargo de lo que nos toca: como parte de esta sociedad capitalista la reproducimos, aun sin querer. Hablando en los propios términos que el enemigo (los de la reforma), reduciendo nuestras perspectivas revolucionarias a una lucha por una ley o por un salario más justo, aferrándonos a lo inmediato y dejando para nunca lo que es urgente desde hace tanto tiempo: la destrucción de lo que nos destruye y la creación de un mundo nuevo.
Son estas condiciones de existencia siempre contradictorias las que nos impulsan a luchar y es en la lucha donde vamos encontrándonos e inventando algunas respuestas. Hoy nos movilizamos, no para exigir que se nos considere y se nos visibilice en tanto que víctimas, ciudadanas y productoras y reproductoras serviles de esta sociedad. Estamos en la calle porque creemos y luchamos por un cambio sin vuelta atrás.
FREE FORM: de Chicago a Masayuki Takayanagi pasando por los viajeros del Taj Mahal
“El arte revolucionario requiere
formas revolucionarias”. Creo que Maiakovski dijo eso. (Antes de suicidarse, of
course).
--
Leo que Masayuki Takayanagi
abandonó su banda de bossa nova y su estatus de músico respetado y respetable a
fines de los 60, no por obra y gracia de haber entrado en contacto con las
radicales innovaciones que desde el idioma del jazz hacia fines de los 50
estaban haciendo Ornette Coleman, Cecil Taylor, Steve Lacy y Don Cherry entre
otros, sino que nada menos que por un track en particular dentro de un álbum de
Chicago –sí: Chicago-, de 1969, “FreeForm Guitar” donde el guitarrista Terry Kath se dedica a azotar y hacer aullar
su guitarra eléctrica con harto feed back,
por espacio de unos 7 minutos.
Lo dice Julian Cope en Japrocksampler y parece absolutamente
cierto dado a) el título del álbum Free Form Suite de Masayuki Takayanagi New
Direction for the Arts, de 1972 y b) el estilo de uso/abuso del feed back que remite al oído tanto a la
escuela de guitarras sub sub sub Hendrix
que Lester Bangs ya identificaba en Blue Cheer, como a los estilos de Sonny
Sharrock y Rudolph Grey, por mencionar dos de los pocos guitarristas eléctricos
que ha dado el free jazz (por contraste con la avalancha de bateristas,
contrabajistas y sobre todo saxofonistas que ha dado).
--
Anoche mientras audicionaba a
buen volumen el álbum doble de Taj Mahal Travellers, August 1974, durante el
primer track (disco 1) puse al mismo tiempo desde el teléfono celular el track
de Terry Kath “Free form suite”. Los sonidos combinaban perfectamente. Mientras
los Travellers parecían estar explorando el océano cerca de la zona del polo
sur, removiendo mucho mar y topándose con algunas ballenas cantantes, el
guitarrista de Chicago ululaba con la guitarra que al decir de George Harrison “gently
weeps”, en una zona que no tenía mucho que ver ni con los Beatles ni con el Art
Ensamble of Chicago. El resultado de esa cuasi-casual experiencia sónica de medianoche
iba variando según uno se acercara a uno u otro lado de la sala de estar.
Agarré la grabadora y probé varias posiciones, y después escuché eso sin que de
fondo dejara de sonar, ahora el track 2 de los Taj Mahal Travellers.
Soy tan ingenuo que la primera
vez que escuché “Renault Fuego” de Las Ligas Menores, topándome de sorpresa con
la canción mientras en la casa de un compa en Magallanes buscaba el álbum 2001
de DIOS para mostrárselo, al ver la imagen asumí que la canción se trataba de o
hacía alusión a quemar autos, y de preferencia un Renault. Esa idea me impactó
tanto que anoté el nombre de la banda y la canción para explorarla después.
Cuando finalmente la volví a
escuchar, me di cuenta de cuan equivocado estaba. La alusión al “Renault Fuego”
era claramente marquera, y además hablaba de “pantalones courderoy”, que hasta
el día de hoy no tengo idea de qué son…
La letra dice así: “Un sweater
violeta y un pantalón de corderoy la pasó a buscar en su auto nuevo Renault
Fuego sonaban Los Planetas y la furia de la autopista de pronto ya estaba en el
auto y sin apuro preguntó... "Ey, ¿dónde me llevás y cuánto más vas a
tardar? es que necesito volver a casa para cenar".
No es muy brillante, ¿cierto? Lo
curioso es que, pese a que nunca he sido muy fan del llamado “indie noise” o “inde
pop”, y además que está claro que hoy en día lo que alguna vez era o pretendía ser
“independiente” dejó de serlo hace mucho tiempo, y además en tanto estilo ha
llegado a ser a veces la corriente dominante…
(DIGRESIÓN: Recuerdo que hacia el
año 1992 en donde estudiaba había una casetera para poner música en los
recreos, y una vez pusimos un caset con el Goo de Sonic Youth, que al ser
grabado desde un vinilo que tenía un rayón justo en la parte final de RUIDO de
la canción “Mote” generó un drone eterno por espacio de unos 8 minutos antes de
que el que grababa dicho artefacto se diera cuenta y le pegara a la aguja…la
gente lo odió y nos apagaron el caset por la fuerza. 20 años después en cambio
se cuentan por centenares las personas que lucen poleras del Goo y SY es parte
del gusto dominante de todos los tarados de Chile y el mundo….FIN de la
digresión).
A pesar de todo eso, la canción
me gustó y no podía parar de escucharla. Como POP me parecía encantador y casi
perfecto. Sobre todo me gustó la parte final cuando dicen: “Puede que no haya
un auto y que casi todo sea inventado pero es mejor inventar un buen final para
no poder pensar en... Ey, ¿dónde te fuiste y cuánto más vas a tardar? es que
necesito decirte que en verdad me gustas Ey, ¿dónde te fuiste y cuánto más vas a
tardar? es que necesito decirte que en verdad me gustabas que en verdad me
gustabas”.
Puede que haya influido el que en ese momento tenía el
corazón destrozado por partida doble, y me intrigaba ese paso sutil del “en
verdad me gustas” a “en verdad me gustabas”. Trataba de identificar ese momento
exacto en que uno siente que el mal de amor ya se pasó, y que la persona ya no
te gusta, que te da lo mismo lo que haga con su vida, que te da lo mismo que
haya elegido a una pila de mierda en reemplazo de tu compañía. En fin.
Pero generalmente es una falsa
sensación: el mal de amor vuelve una y otra vez, y lo único que cambia es que
uno ya está resignado y acostumbrado al dolor, y pierda la sensibilidad. Y se
caga en el amor. Y no quiere saber de romances nunca más y se vuelve un
nihilista del amor romántico.
En síntesis: La cancioncita me
sigue gustando. Pero ya no me hace lagrimear.
Una nueva conmemoración del 8 de marzo nos muestra los
significados que va adquiriendo desde hace años esta fecha: mercancías
“femeninas” para regalar y regalarnos, descuentos en restaurants y
perfumerías, con suerte, un discurso de la ONU por la igualdad de derechos, y
una marcha de la izquierda para reclamar al gobierno por medidas legales contra
los femicidios y demás inequidades de género.
Como ocurre con tantas otras esferas de nuestras vidas, el Capital no duda en
utilizar e inventar lo que sea con tal de seguir expandiéndose, generando así
más y más capital, más y más valor. Esto no nos sorprende, es un proceso
continuo que comenzó con los orígenes mismos de este sistema.
Contra él se alzaron las obreras textiles de Nueva York un 8 de marzo de 1857.
Cada vez más mujeres, en Estados Unidos, se incorporaban a la producción,
especialmente en la rama textil, donde eran mayoría absoluta. Las extenuantes
jornadas de más de 12 horas a cambio de salarios miserables despertaron la
rebeldía de las proletarias neoyorquinas. Esta no fue ni la primera ni la
última vez que las textiles se movilizarían. Medio siglo más tarde, en marzo de
1908, 15.000 obreras marcharon por la misma ciudad por aumento de salario y
mejores condiciones de vida. Y, al año siguiente —también en marzo—, más de 140
jóvenes mujeres murieron calcinadas en la fábrica textil Triangle Shirtwaist de
Nueva York. En ese trágico día, las trabajadoras tuvieron que sortear muchas
áreas cubiertas por el fuego, para luego intentar salir por una puerta cerrada,
la misma donde día tras día las requisaban los guardias de seguridad de la
fábrica.
De ahí en adelante, estos episodios sirvieron de referencia para el 8 de marzo,
Día Internacional de la Mujer, cuya primera convocatoria tuvo lugar en 1911 en
Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza extendiéndose, desde entonces, a numerosos
países. La propuesta original, discutida por algunas secciones de la
socialdemócrata Segunda Internacional, concebía un día específico de lucha de
las mujeres trabajadoras por reivindicaciones sufragistas, igualdad civil y
derechos laborales.
En 1977 la Asamblea General de la ONU proclamó el 8 de marzo como Día
Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.
UNA HISTORIA EXTENDIDA
El Capital no sólo se apropia del “día de la mujer”, ella ha sido explotada y
subordinada desde un principio de acuerdo a las diversas necesidades que en
cada época tuvo este sistema de producción.
Durante el surgimiento del sistema capitalista —o proceso de acumulación
primitiva del Capital— se desató un ataque y persecución específica contra las
mujeres —parteras, curanderas, madres, amantes, educadoras y reproductoras— a
través de lo que se conoce popularmente como caza de brujas (1). Caza que,
entre otras cosas, intentó destruir el control natural que las mujeres podían
ejercer sobre la reproducción de la especie.
Esta persecución fue tan importante para el desarrollo del capitalismo como la
colonización de las Américas y la expropiación de tierras al campesinado
europeo. Supuso: el desarrollo de una nueva división social del trabajo, que
sometió el trabajo femenino y la función reproductiva a la reproducción de la
fuerza de trabajo; la construcción de un nuevo orden patriarcal, basado en la
exclusión de las mujeres del trabajo asalariado; y la mecanización del cuerpo
de las mujeres en la producción de nuevos trabajadores.
Por otro lado, esta campaña de terror contra las mujeres debilitó la capacidad
de resistencia del campesinado europeo ante el ataque lanzado en su contra por
la aristocracia terrateniente y el Estado, en una época en que la comunidad campesina
comenzaba a desintegrarse bajo el impacto de la privatización de la tierra, el
aumento de impuestos y la extensión del control estatal sobre todos los
aspectos de la vida social.
La definición de las mujeres como seres demoníacos y las torturas atroces a las
que muchas de ellas fueron sometidas destruyeron todo un mundo de prácticas
femeninas, relaciones colectivas y sistemas de conocimiento que habían sido la
base del poder de las mujeres en la Europa precapitalista, así como la
condición necesaria para su resistencia en la lucha contra el feudalismo.
Una vez que las mujeres fueron derrotadas, la imagen de la feminidad construida
en este período fue descartada y una nueva y domesticada ocupó su lugar.
Mientras que durante la caza de brujas las mujeres eran retratadas como seres
salvajes, rebeldes e insubordinados, a finales del siglo XVIII el canon se
había invertido. Las mujeres pasaron a ser retratadas como seres pasivos,
lánguidos, angelicales y moralmente mejores que los hombres, capaces de ejercer
una influencia positiva sobre ellos.
De la imagen de la mujer–bruja en la hoguera, se pasó a la mujer como
encarnación de “la libertad”. La Estatua de la Libertad, fue un regalo de parte
de Francia a Estados Unidos. Desde su inauguración en 1886 fue la primera
visión que tenían los inmigrantes europeos al llegar a la prometedora nación en
crecimiento tras su travesía por el océano Atlántico, la que quizás tuvieron
las trabajadoras textiles, en su mayoría italianas y judías, antes de perder la
vida en la fábrica de camisas.
LA MÁS VIEJA PROSTITUCIÓN
Pese al nuevo aire progresista, bajo el cual las mujeres pueden trabajar “a la
par” de los hombres y hasta pueden ser presidentas, sabemos que las mujeres no
somos ni más iguales ni más libres y más aún, que estas consignas ni siquiera
nos pertenecen (2). Seguimos siendo esclavas de nuestras necesidades, para
vivir debemos vender nuestro cuerpo, nuestras energías y nuestras fuerzas.
Aquellos famosos derechos por los que deberíamos luchar contienen la obligación
violenta de trabajar para vivir y obedecer la ley de quien la otorga.
Resulta evidente cómo la mayoría de las reformas introducidas en la sociedad
capitalista responden a sus propias necesidades y nada tienen que ver con una
verdadera emancipación humana. En el caso de la mujer, gran parte de los
“derechos adquiridos” no son más que cambios necesarios en la dinámica de
explotación capitalista. Cada vez que el Estado nos hace hablar en su lenguaje,
nos hace hablar de derechos y libertades democráticas, logra traficar el
verdadero origen de nuestras necesidades y deseos.
Los defensores del orden afirman que la prostitución es el trabajo más viejo
del mundo, para nunca decir que la más vieja prostitución del mundo es el
trabajo. La democracia, con sus fragmentaciones y falsificaciones otorga
derechos particulares que no permiten ver la totalidad del problema.
La mujer como cuerpo–objeto, los roles y las formas de relacionarnos impuestos
por siglos de explotación siguen intocables a pesar de tanta reforma. Tanto es
así que ni siquiera se frenan los excesos y las miserias más terribles.
Un gran número de mujeres son esclavas de un mercado en continuo crecimiento,
alimentado por el tráfico de mujeres y niños. Se calcula que hay cuatro
millones de personas traficadas por año, obligadas mediante engaño y coacciones
a alguna forma de servidumbre. Sólo hacia Europa occidental son traficadas 500
mil mujeres por año.
Por poner otro ejemplo, 66 mil mujeres son asesinadas cada año en el mundo. Eso
representa el 17% del total de muertes violentas (y las cifras no incluyen
casos de violencia psicológica, económica o de discriminación laboral, que no
suelen ser denunciados).
En Argentina un total de 295 mujeres perdieron la vida por “violencia de
género” durante el 2013, lo que arroja un promedio de una mujer muerta cada 30
horas.
Los cuerpos de las mujeres han constituido y constituyen lugares privilegiados
para el despliegue de técnicas y relaciones de poder, desde el control sobre la
función reproductiva de las mujeres hasta las violaciones, los maltratos y la
imposición de la belleza como una condición de aceptación social.
El lugar que históricamente el sistema capitalista de producción fue
imponiendo a la mujer según sus necesidades de valorización no hizo más que
quebrantar cada vez más la solidaridad entre quienes sufren la misma
explotación. Sea un oficinista jodiendo sobre lo ajustado que le queda el
uniforme a su compañera que se encuentra a dos escritorios de distancia o el
obrero de la construcción que grita y denigra a quien limpia la casa al lado de
la obra, que bien podría ser la casa de su jefe. O un ejemplo más extravagante:
los diez “cafiolos” (proxenetas) en San Lorenzo que hicieron un piquete el fin
de semana del 7 de marzo porque la municipalidad cerró los últimos burdeles que
existían, reclamando porque los dejaban sin trabajo.
El sistema y sus ejecutores, representantes y falsos críticos, se alimentan de
estas divisiones, se aprovechan de ellas para sostenerse en pie, sostener la
desigualdad, la violencia que implica la separación de la sociedad en dos
clases, la de quienes poseen los medios de producción y la de quienes sólo
cuentan con sus fuerzas y energías para sobrevivir.
La única lucha posible contra la violencia que sufren las mujeres es la lucha
contra la más vieja prostitución del mundo: el trabajo. Es la lucha
contra el Capital y su sistema, que impone sus necesidades de más y más Capital
a costa de la vida humana. Es la lucha de mujeres y hombres por la destrucción
del capitalismo y por la construcción de una verdadera comunidad humana, sin
propiedad privada, sin Estado y sin roles de género impuestos.
Notas:
Recomendamos
el libro de Silvia Federici, «Calibán y la bruja», Editorial Tinta limón,
2011. Disponible
tambien en la web.
Recomendamos
ampliar el tema con el texto De la libertad, contenido en el libro «Contra
la Democracia» de Miriam Qarmat, colección Rupturas. Disponible
tambien en la web.