Delirio Místico: "A mon seul désir" (Según mi solo deseo)
"La discusión sobre el comunismo no es académica. No es un debate sobre lo que se hará mañana.
Desemboca en, y forma parte de un conjunto de tareas inmediatas y lejanas de las que no es más que un aspecto, un esfuerzo de comprensión teórica" (Gilles Dauvé)
viernes, noviembre 10, 2023
Black Metal libre: dos discos de Abruptum (1993-1994)
Mi exploración profunda y exhaustiva del "metal oscuro" me ha tomado ya medio año, y no piensa terminar. Hay demasiadas bandas, demasiados estilos y subestilos, y tengo la impresión de que -a diferencia de otras formas musicales que ya están agotadas- en este mundo las cosas están en pleno movimiento y dinamismo. (Si no me creen, escuchen el disco nuevo de Khanate).
Estaba pesando hacer una especie de abecedario de bandas. El problema es que el listado provisional ya asciende a más de 120 ensambles. Un viejo amigo que sabe de estas cosas me decía que hoy en día hay más bandas de black metal que de jazz en el mundo.
Mi duda es, ¿existen o han existido bandas que se atrevan a trabajar en el cruce de esos mundos musicales? O sea, ¿algo así como black metal con improvisación libre?
Difícil, considerando el desprecio de los metaleros por la improvisación, y viceversa. Aunque los verdaderos improvisadores son mucho más abiertos que cualquier subcultura de fans de la música.
En fin: escuchando anoche mientras paseaba a mi perro bajo la lluvia el programa dedicado a la banda sueca Marduk en "El sauna del hype" (curioso nombre, pues para nada sugiere que es un podcast dedicado al black metal) me di cuenta de que se reían de unos invitados porque no odiaban a la banda Abruptum (también sueca), que les parecía una completa mierda. Tanto así que un participante del erudito programa se justificaba diciendo que le gustaban un poco, pero que no le encantaban.
Así que apenas llegué a mi casa busqué algo de ellos, y di con dos joyas absolutas que paso a compartir acá, que a mi juicio suenan como un ensayo de Fushitsusha con resaca (difícil porque el jefe Haino-san no toma alcoholes ni fuma nada).
Traduzco -algo tarzanescamente como siempre- lo que sobre esta banda y su obra inicial se dice en el bandcamp del sello lituano Inferna Profundus records. Especial para esta tarde lluviosa.
"1994-1995 cuando el black metal alcanzó la cima de su esplendor y esencia - en estos años aparecieron las mejores obras maestras de bandas como Darkthrone, Mayhem, Marduk y más. Entre estas realidades estaban los suecos de Abruptum que decidieron concebir el black metal de una forma completamente diferente, incluso más oscura y maligna que el género que estaba surgiendo. Dos conocidos miembros de la escena escandinava (It, fundador de la "verdadera horda satanista" y Evil, más conocido como Morgan -miembro fundador de los poderosos Marduk) unieron fuerzas para dar nacimiento a dos obras maestras de pura oscuridad caótica -"Obscuritatem Advoco Amplectere Me" (1993, grabado en 1992) y "In Umbra Malitiae Ambulabo, n Aeternum in Triumpho Tenebrarum" (1994, grabado en 1993). Euronymous de Mayhem comprendió inmediatamente el carácter único y la autenticidad de Abruptum y decidió incluir al dúo sueco en su histórico sello "Deathlike silence productions" editando los dos albums.
En esos dos albums Abruptum parece deconstruir y demoler el black metal alcanzando su esencia primordial - no hay reglas ni estructura musical, no hay cánones, ni canciones, ni riffs, ni estrofas, podríamos y deberíamos dudar incluso acerca de si esto podría ser llamado música. De hecho, la esencia de Abruptum no es la forma musical sino la atmósfera y el aura que son capaces de evocar y transmitir - un viaje claustrofóbico a una pesadilla sin fin - incómodo, impredecible, mórbido y frío. El sonido arrastrado de batería, guitarra y teclado parece un lento lamento cacofónico que tortura el alma de aquellos que se atreven a entenderlo. No hay cantos aquí - más bien gritos agónicos y esquizofrénicos que rebotan en la oscuridad. Los dos álbums de Abruptum no permiten mucha interpretación ni retórica - las únicas sensaciones que transmiten en casi dos horas de muralla de sonido son: malestar, oscuridad y caos. Puedes odiarlo, puedes amarlo, pero no puedes permanecer indiferente. No es causal que Euronymous definiera la "música" de Abruptum como "la esencia auditiva de la pura maldad oscura". Estos dos discos son un ejemplo admirable de lo que el black metal debería ser - libertad de ser y hacer lo que quieras. Hoy en día muy pocos pueden hacerlo...
PASIÓN MELÓMANA Y REVOLUCIÓN: SOBRE EL LIBRO “DISCO PUNK”
-¿Qué cree usted que define al
punk?
-Es el espíritu de libertad, de autodescubrimiento, de inmersión en tu
propia historia. El punk es un vehículo que empuja a la gente a validarse a sí
misma. Lo que hace el punk, según yo lo veo, es exigirte que hables por ti
mismo. Y te entrega una forma poética o musical, de arte visual o de escritura,
para que lo hagas. Cuando escuchas buenos discos punk, te dicen: ¿te gusta
esto? Okey, ¿y ahora qué dices tú? Te exigen una respuesta. Y entonces la gente
continúa respondiendo hasta hoy de diferentes maneras. Algunas veces forman
bandas, otras veces se vuelven escritores.
Acaba de ser lanzado este maravilloso artefacto co-escrito
por Ricardo Vargas y Emilio Ramón, y editado por Santiago Ander. Recibí mi copia
el viernes en la noche, leí en desorden y terminé sus cerca de 270 páginas durante
la tarde del lunes.
Lo más gracioso en relación a este artefacto es cómo me fui
enterando de a poco de su existencia.
Durante un ensayo post-cuarentena de mi vieja
y resucitada banda Disturbio Menor Olea nos dijo que habían enviado un
cuestionario “para un libro sobre el Hardcore”. Lo reenvió por correo y no tuve
tiempo de verlo en varias semanas, hasta que un día Olea nos escribió avisando
que se acababan los plazos, así que entremedio de mi teletrabajo me dí unos
quince minutos para responderlas sintéticamente, imponiéndome de alguna manera
la obligación de no ser muy reiterativo respecto de una entrevista detallada que dimos en el 2018 a Gustavo Aracena y el librito sobre DM que editamos con
ocasión de nuestro retorno ese mismo año. Craso error, jaja: esta era
precisamente la ocasión para entrar en detalles.
Poco después mi hermana Susana me comentó que había
respondido preguntas para un texto sobre su antigua banda Díacatorce.
Nos tomó un par de días darnos cuenta de que
era para el mismo libro, y sólo unas cuantas semanas después supe que el
proyecto tenía dos autores, uno de los cuales era Ricardo Vargas, viejo
compañero de un power trío muy intenso que existió hace década y media y que no
mencionaré por respeto al bajo perfil que en cuanto a esa trayectoria este
autor mantiene tanto en el libro mismo como en lo que pude ver de su
lanzamiento virtual (en los datos que salen en el libro sobre él dice “fue
guitarrista y vocalista de algunas desaparecidas bandas punks”, y yo creo que
podría armarse un libro sólo con esas hazañas).
Finalmente llegó mi copia (hicieron 80 entrevistas y a cada
entrevistado le enviaron una), y el resultado no me sorprende por su calidad
pues conozco la pluma y creatividad general de RV, y ya había visto los
capítulos sobre DM y Díacatorce, escritos por la no menos virtuosa pluma (o
tecla) de Emilio.
Lo que si me sorprendió fue la gran belleza física del
artefacto, con su amarillo casi fosforescente y la gran portada que hizo Katafú
otro viejo compañero de andanzas etílico-melómanas, con quien además de una
gran amistad pude compartir experiencias tan desconocidas y significativas como
tocar en Niño Símbolo (con Giorgio exSupersordo en batería), Agencia Chilena
del Espacio (con Joselo en las baquetas) y Miedito (el más horrible y ruidoso
de los proyectos, donde el sillín lo ocupaba Hugo Manuschevic). Además, Malla
de Políticos Muertos realizó en cada uno de los 20 capítulos un dibujo a lápiz
de cada una de las 20 portadas del caset o disco en cuestión. Así, el
envoltorio resulta tan atractivo como el contenido, como debería ser siempre pero
casi nunca se da.
En el lanzamiento virtual RV explicó que la idea era hacer
las entrevistas presencialmente, en torno a algunas cervezas. Me llega a dar
miedo imaginar esas 20 entrevistas y tratar de calcular la cantidad de litros
que se hubieran volcado sobre las sedientas gargantas de los viejos punk rockers,
lo que de seguro hubiera sido cubierto por la editorial Santiago Ander y se
hubiera podido descontar de las ganancias que de seguro tendrán (el libro en
pre-venta se ofrece a 14 mil pesos).
Me entregué frenéticamente a la lectura, partiendo en orden,
pues a pesar de haber conocido a algunos miembros de Fiskales y a todos los BBS
en pleno no conocía los detalles de sus inicios ni de la grabación de los
discos escogidos para este libro. Luego de eso leí en desorden, y dejé a
Machuca para el final pues es un capítulo largo y la banda nunca me había
gustado ni un poco.
Aprendí un montón de cosas, me reí, viajé al pasado, y como
ya estoy algo mayorcito puedo recordar varias décadas. Como llegué a Santiago
en 1986 pero me uní a las huestes punk ya iniciados los 90 hay varias historias
que sólo conocía muy de oídas, o había misterios totales como quienes eran los
Caos o por qué los Pinochet Boys dejaron tan pocas grabaciones.
Me maravilló el capítulo sobre los Jorobados, de quienes
siempre escuché referencias a inicios de los 90 por parte de mi amigo y colega
Lucho Venegas, mencionado acá de pasada junto a su pareja Gladys (que nos
impresionaba en esos años por haber colaborado en la revista argentina Cerdos
& Peces). Por ellos pude conocer al famoso Gatica, y además en esos años
noventeros fui a ver varias veces a la Agrupación Ciudadanos, que compartía
percusionista con los Jorobados.
Decía que dejé Machuca para el final pues nunca me gustaron. De
hecho, recuerdo como una tortura haber tenido que apreciar su set teloneando a
los Sex Pistols en la gira del lucro indecente. Pero tras leer este capítulo
toda mi vieja opinión se fue a la mierda, y de hecho entendí por qué tantos
punk rockers callejeros nos odiaban y nos veían sencillamente como una manga de
cuicos culiaos engrupíos con la anarquía y los fanzines en inglés. Luego de cerrar el libro busqué el primer demo
de ellos, “Si tapas tus oídos” y ahí realmente entendí de qué iban. Difícil no
impactarse por una canción como “Yo aspiro pegamento”, grabada casi sin
instrumentos reales y con una batería programada y así y todo alcanzando altos estándares
en materia de velocidad e intensidad HC punk.
Tal vez lo más impresionante en los relatos que forman el
libro es la manera en que reconstruye el particular contexto que se dio en los
90, cuando tras el mega-estrellato de Nirvana y la fiebre del rock alternativo
a EMI, BMG y otros sellos se les abrió el apetito de Avida Dollars y realizaron
toda una campaña de conquista del sonido para promocionar bandas de “rock
nacional”. Por supuesto que en esos años los punk rockers que entendíamos al
punk como una opción por sobre todo política odiamos por principio todos esos
coqueteos y nos dedicamos a armar nuestros propios fanzines y sellos, cuestionando a los que se entregaban a las multinacionales.
La historia vista por dentro es brutal: desde los mil dólares en efectivo que
le dieron a los Peores de Chiley su
rápido y espectacular estrellato que los dejó sin derechos de autor sobre sus
propios himnos, hasta la cantidad de tiempo y dinero que se invirtió en hacer
sonar más “pop” a una banda callejera como Machuca, ablandando científicamente su
sonido original por obra de los Carlos (Fonseca y Cabezas).
Muchos personajes se repiten en estas aventuras, desde el
ingeniero en sonido Pelao Corral al mismísimo Katafú, actualmente domiciliado
en el viejo continente, y así a la largo de dos o tres décadas se va tejiendo un denso
entramado de redes, relaciones, ideas, influencias, canciones, letras, etc.
En cierta forma este libro es una Historia y Geografía de
Chile de los 80 a nuestro tiempo (aunque la única banda más “nueva” son los Ignorantes),
percibido desde el lente de la contracultura punketa.
Los relatos intercalan las impresiones de los dos autores con
los testimonios de los 80 entrevistados con divagaciones filosóficas que de
la nada acuden a ideas de Debord y Foucault, por mencionar a los dos que
recuerdo ahora, para ilustrar como "Síndrome Camboya" hablaba de la sociedad del espectáculo, y Pánico luchaba por liberar los cuerpos de la sociedad disciplinaria.
Otra de las cosas que son centrales en el enfoque de los
autores del libro es una especie de nostalgia por la época en que la música no
estaba a un clic de distancia y era necesario recorrer toda la ciudad para
tratar de conseguir una grabación en caset del disco que el amigo de un amigo
se acababa de conseguir. Hay todo un análisis de la economía política de la
reproducción musical al inicio del libro, que vale la pena masticar.
En conclusión: consigan el libro y léanlo. Pero no se queden
en eso: este debiera ser el primer puntapié y una especie de modelo para seguir
escribiendo estas historias. 20 bandas y 20 discos fueron seleccionados, y es difícil
no sentirse orgulloso de haber llegado a ese panteón. Creo que cualquier
entusiasta del punk rock podría fácilmente mencionar 20 o 40 bandas y discos
más que merecerían un tratamiento similar,
pero como se ha dicho desde 1977 por lo menos y como reiteraron Emilio y Ricardo
el viernes: HÁGALO UD MISMX!!!!
PS 1: ¿por qué
aludo en este título al concepto de revolución? Porque creo que el punk es en
sí mismo una revolución, y porque tal cual dijo Ricardo en el lanzamiento, “estamos
viviendo un proceso revolucionario”, en el cual -agrego- la entidad que
conocemos como “el punk” ha tenido y sigue teniendo una función muy importante.
Cuando murió Kurt Cobain a los 27
años, yo tenía o estaba por cumplir 23. No supe muy bien qué pensar...
[Nunca fui
muy fan de Nirvana, pero el tipo no me caía del todo mal. Vi entero el “1991:
the Year Punk Broke”. Varias veces, de hecho, puesto que solían pasarlo por la
tele cable y abierta. No muy buen material. La vida en tour de Nirvana y sus
amigos de Sonic Youth parecía bastante tediosa. Y hasta lo proclamaban. TEDIUM.
Con decir que la mejor parte del film debe ser cuando cantan en una feria de
diversiones “Needles and Pins”, o cuando cachureando encuentran el LP “Kings of
Punk”, de Poison Idea].
Bueno. Me dio pena. Estaba en Malmö,
sur de Suecia. Poco antes o poco después, no recuerdo bien, había visto todo el
“Nirvana Unplugged” con mi tía Tencha, que ya no está. Desde que ella murió
hace unos años, se me hace indisociable de mi recuerdo de Kurt Cobain. Raro,
no? Recuerdo bien todo el set, incluso cuando aparecen los hermanos Kirkwood de
los Meat Puppets, y la risa que a ella le dio el tema final, cover del
legendario guitarrista Leadbelly: “¡Dime donde dormiste anoche!”, y le agregaba
“donde y con quien CTM!”. Jajaja. Qué risa. Y ahora creo que fue justo
después del suicidio, pasado en MTV Europa como homenaje nocturno. A mi tía le
gustó harto.
Escopetazo en la cara. Otro Suicidio
el rocanrol pero…¿qué pasó aquí? Podía sentir la angustia de Kurt. Y me
horrorizaba la perspectiva de nuevo ídolo generacional que se venía rápido
encima.
El mismo día de la noticia fui a una
disquería no muy vistosa en el centro de Malmö, donde había visto una copa
usada barata del “Bleach”. Con un esticker de Sub Pop que en rigor no
corresponde a este disco sino a uno del vocalista de Screaming Trees.
Me devuelvo al departamento donde viven mis
tíos y primos, los Etchechury/Cortés, familia chileno-uruguaya que también
consideraba como hija a una lorita que revoloteaba por toda la casa, y
realmente se enojaban si abrías las ventanas o entrabas dejando mucho rato la
puerta abierta. Pedaleaba por las largas y verdes ciclovías de la ciudad costera en la bicicleta rosada que pusieron a mi disposición y
que meses antes un tío de visita no quiso usar debido a su color “femenino”.
Pongo el disco y vomita amargura desde el inicio.
“Negative creep” me impresiona bastante. Pero por sobre todo me gustan “Floydthe barber” y “Paper cuts”, los dos temas en que la batería es ejecutada por el
Melvin Dale Crover. Pobre Kurt. Alzo unos vasos de cerveza por él, lamentablemente
la que se compra en los minimarkets de los suburbios escandinavos es muy suave
y solo sirve para eructar y enguatarse. Pobre Kurt, parece que en realidad no
pudo soportar el haber sido convertido en una “estrella”. A su manera, destruyó
el sistema por dentro, pero más bien exhibió en público lo que el sistema le
puede hacer a los que se las dan de doble agentes. [Cuando supo de la muerte de
Kurt, el gerente de su sello, Geffen records, lo primero que hizo fue instruir:
impriman más discos de Nirvana] [Mi copia del Bleach, único disco de Nirvana que
tengo, es previa a esa orden, y es Sub Pop, no Geffen, hecho en Francia y distribuido
en Inglaterra por Tupelo Recording Company. Por alguna razón, en la foto de portaba se ven dos o tres chascones tocando, pero no se ven los rostros, y me recuerdan más a Mudhoney que la imagen usual de Nirvana que luego se formó a nivel masivo].
Eso fue en 1994. Ahora escuchaba
el “Warehouse: canciones e historias” (sólo está entero de corrido el disco 1: bien para empezar!), testamento final en formato de LP doble
de los Hüsker Dü, 1987, ya no en SST sino que en Warner, tal como el anterior “Candy
Apple Grey”. Cuando brota “Parado bajo la lluvia” las lágrimas asoman desde lo
más hondo de mis recuerdos de juventud, sintiendo casi la brisa lluviosa de
esos largos paseos en la bici rosada, disolviendo las fronteras de mi
personalidad en las calles medievales transformadas de a poco por el urbanismo
capitalista en estilo nórdico. Me doy cuenta que Warehouse es el reverso del
Zen Arcade, 2xLP de 1984. En 1994 eran historia reciente, aunque no me daba
cuenta de eso. En esos 4 vinilos (o 2 CDs) es posible registrar y recordar todo
lo que ocurrió en la década de 1980, o específicamente entre 1984-87. Si en 1984 la historia detrás del album doble era la de un chico que abandona su hogar y se ve involucrado en diversas aventuras y desventuras, la idea tras las canciones e historias de 1987 parecer ser la de ir "madurando" a pesar de todo y de cierto cansancio vital, y termina con la maravillosa invitación "Puedes vivir en casa". Termina ese disco y siento que con él se acababa toda una época. 10 años de punk rock. Y ahora, ¿a
dónde me lleva todo esto? A secarse las lágrimas, a servir el desayuno, y subirme
a una bicicleta negra, para ir a trabajar.
“Estoy total y absolutamente a favor de: la homosexualidad, el
consumo de drogas como forma de experimentación (aunque yo sea la prueba
viviente de los resultados perniciosos de la excesiva permisividad en este
sentido), la antiopresión (entendiendo por opresión la religión, el racismo, el
sexismo, la censura y el patriotismo), la creatividad a través de la música, el
arte, el periodismo, el amor, la amistad, la familia, los animales y la
revolución a gran escala organizada de forma violenta y alimentada por el
terrorismo.
No se puede desprogramar a los codiciosos.
Estaría bien que los codiciosos llegaran a ser perseguidos con tal asiduidad
que al final acabaran sometiéndose al modo de proceder contrario al suyo o
estuvieran tan cagados de miedo que no salieran nunca de casa.
John Lennon ha sido mi ídolo toda la vida pero con respecto a la revolución
está rematadamente equivocado.
Siéntate en tu culo y que te golpeen.
¡Huevadas!
Ármate, búscate un representante de la codicia o de la opresión y
vuélale la tapa de los sesos al muy hijo de puta. Elabora manifiestos con
ideas, contactos, adeptos, haz oír tu voz, asume el riesgo de la cárcel o el
asesinato, busca un empleo relacionado con tu objetivo para infiltrarte con más
facilidad en el sistema y dedícate a corromper lentamente los mecanismos del
imperio”.
Un
momento clave en mi vida, digamos, “política”, que debe haber ocurrido hacia
1991-2, fue cuando decidí que mi capucha negra en la cual tenía pintado en rojo
el símbolo de la Cuarta Internacional (la hoz y el martillo apuntando en
sentido inverso al del símbolo del PC oficial, y con un 4 entre medio de ambas
herramientas de trabajo) no volvería a ser usada de esa forma, así que por el
otro lado le pinté a la altura de boca una enorme A circulada, en blanco sobre
el fondo negro. Adherir a las filas negras llenó el enorme vacío existencial
mezclado con depresión tardo-adolescente que sentías tras abandonar la
militancia trotskista y, con ella, una historia casi ininterrumpida de
militancia “izquierdista” iniciada a los 12 años y medio, primero en la JS, y luego
ya en Santiago en las JJCC, gracias a cuya cosmovisiónpude incluso en medio de los años más oscuros
del Terror estatal con que se reaccionó a las protestas desde 1983, mantener la
fe en el destino socialista/comunista de la Humanidad -así, con mayúsculas-…Ahora,
en cambio, solo sentía vacío, odio, rabia y un profundo desprecio por los dos
principales bandos de la “transición”, además de un ya cultivado odio contra
todos los tipos de estalinistas –puros y /o reciclados-. “Rabia e
insatisfacción”, como decíamos en “Escape”). Tuve que esperar unos pocos años,
y al descubrimiento vía Greil Marcus del legado de la Internacional
Letrista/Situacionista para reconciliarme con Karl Marx, que en verdad no tuvo
culpa alguna por lo que hicieron sus epígonos durante buena parte del siglo XIX
y todo el siglo XX. Además, si la anarquía es el anti-estado, el comunismo bien
entendido es el anti-capitalismo ya realizado, la sociedad sin amos ni
esclavos.
Como
el punk, la anarquía tampoco era tomada muy en serio por nadie. Más que de “los
anarquistas” se hablaba despectivamente de “los anarca”. Pero para el puñado de
ultrones que quedábamos dando vueltas alrededor de las sillas, cuando todos los
demás se había sentado, la bandera negra tenía todo el sentido del mundo, y si
los “izquierdistas” no lo entendían, peor para ellos. Mal que mal, ellos
seguían venerando el emblema tricolor, mientras nosotros no perdíamos ocasión
de despreciarlo y/o ultrajarlo. (Quien quiera saber qué pasó la primera vez que
en Macul con Grecia se le prendió fuego a una bandera chilena, que lea el
relato “Banderas y capuchas”, del camarada Conselheiro. Lo que es yo, recuerdo
bien cuando vi en La Segunda, tras unos enormes disturbios en el centro de
Santiago -en una época en que los más grandes ocurrían en marchas por presos
políticos y además ante las negociaciones en materia de violaciones de derechos
humanos, en momentos en que los tribunales aún negaban la existencia del
terrorismo de Estado y ya se empezaban a encontrar cadáveres, como en Pisagua-,
al entonces Intendente regional señalando: “Son anarquistas que solo buscan el
caos”).
Cuando
se formó una Coordinadora Anarquista Estudiantil, por ahí por 1992, reuniendo a
núcleos pequeños pero entusiastas de Derecho, Psicología e Ingeniería de la
Universidad de Chile, gente de la Universidad de la República, y el Pedagógico,
pasó poco tiempo hasta que llegaron algunos estudiantes secundarios, que
provenían de un colectivo que agitaba contra el servicio militar (“COSMO”). Un
par de ellos estaban claramente enamorados del punk rock, y a partir de ahí se
fue consolidando la amalgama entre política radical libertaria/música y
contracultura punk. No sin críticas importantes de los otros sectores
libertarios autopercibidos como más “serios”, que al final lo que querían hacer
era ni más ni menos que una especie de partido libertario, con pretensiones
horizontales y anti-jerárquicas, pero cautivos de la lógica tradicional que tal
como escinde lo privado de lo público instala esferas separadas entre la
política y la estética.
A
partir de esos ambientes se generó el fanzine El Duende Negro, que pasó de ser un puñado de fotocopias a un
impreso con bastante tiraje, y posteriormente el vínculo entre punk y anarquía
llevó a tener un breve puesto en el Persa Bío Bío, con casets copiados y
propaganda escrita, y poco después –ya no recuerdo bien el año- a la creación
del sello Masapunk, aun en pie. Para
todos nosotros era un salto importante, pues era a través de la autogestión
como entendíamos esa conexión, puesto que si se trataba de tomar en tus manos
la acción necesaria para despertar y agitar en contra de toda la vieja mierda,
no entendíamos por qué en la escena punk realmente existente nadie editaba sus
propios casets, había pocas publicaciones, y además, enormes conflictos de
pandilla entre tales o cuales piños territoriales, en vez de una acción conjunta
contra nuestros viejos enemigos (el Estado, el Capital, la Religión),
administrados ahora por la dominación democrática.
Transición
Uno
de los integrantes del CAE (no recuerdo que en esos años habláramos de
“militancia”) tenía una banda con compañeros de curso. Se llamaban Canutos Presos. Hacían punk rock. Habían
tocado poco en vivo, y creo que no habían editado demos. Para el vocalista,
llegado hace poco desde Chillán, habían sido su vehículo de expresión y
desarrollo en esos años duros de adolescencia provinciana transplantada de
golpe a la metrópolis.
Lo
mismo me había pasado a mí en 1986, “el año decisivo”, cuando las protestas
llegaron a su peak y decayeron y
fracasó por un maldito rocket el atentado a Pinochet. Habiendo vivido en
Valparaíso, La Serena y Punta Arenas, tuve que desembarcar en la enorme y
hostil ciudad de Santiago a punto de cumplir 15, y sin otros vehículos de
expresión que las organizaciones políticas en que milité y una que otra
intervención musical en conjuntos acústicos (tales como el ensamble Vientos del Pueblo, formado por
militantes de la jota del Liceo A-67 y un par más de la Villa La Reina), con
una flauta traversa que, tras desaparecer luego del robo a mi casa en
septiembre de 1986, tuve que reemplazar por una guitarra de palo -aunque tenía
una eléctrica en la que tocaba “Escalera al cielo” y que nunca fuera de la
intimidad de mi pieza de primogénito y único hijo varón, o del “living” si no
había nadie más en la casa.
Años
después la cambié por un bajo Yamaha, rojo, modesto pero eficaz, y aprendí
entre esas cuatro paredes a tocar por la vía de acompañar el “Damaged”/“Jealous
Again” de Black Flag y el CD con la
discografía completa de Minor Threat.
Un
día a finales del año 1995 fui invitado a probar como sonaba el bajo con la voz,
batería y guitarra de Canutos Presos.
Tras buscar varios pretextos para no ir, me di cuenta de que en rigor me
inundaba una sensación muy similar al miedito, pero pensé que en realidad no
tenía ningún motivo para negarme a la posibilidad de probar qué se sentía
tocando en una banda de verdad, y no acompañando unilateralmente a Greg Ginn,
Toni Iommi (nunca me dejó de gustar Black
Sabbath) y Lyle Preslar en la pieza.
Llegando
al ensayo, recuerdo haberles mostrado el esqueleto de la canción que pasó a ser
“Tiempo razonable”. Nunca he confesado esto antes pero…cuando inventé esas dos
partes y las junté en la intimidad de mi pieza tenía en mente para la primera
parte como referencia vaga el estilo de una mis conjuntos favoritos de toda la
vida, los adoradosHüsker Dü, y para la segunda me inspiré bastante directamente en el
final de una canción de…Total Chaos!!!
(Epitaph records, puaj), aunque en el proceso la idea original quedó totalmente
modificada. ¿Así se hacía una canción punk? No lo sabía. Y todavía no lo sé. Lo
importante es que al final, tocada con 3 personas más, sonaba a nosotros
mismos, y punto.
Ellos
(Lautaro, Mauricio y Olea) a su vez me mostraron una canción a medio hacer, que
pasó a ser “Fuego”, y a la que tuve que meterle unas líneas de bajo que todo el
mundo encontraba inspiradas en The Cure,
para mi gran molestia pues en esos años la sobreexposición de los muchachos de
Robert Smith me había llegado a saturar, y encontraba que como banda eran nada
en comparación a Joy Division. (Olea
tenía siempre a mano una libreta, y no le costaba casi nada de tiempo meterle
letra a cualquier construcción musical que hiciéramos, a veces improvisando
hasta dar con partes que nos gustaran, o muchas veces en base a ideas que ya
había trabajado Lautaro por su lado y que el baterista y el bajo
complementábamos).
En
fin, desde el primer momento era evidente que la cosa resultaba bastante bien,
y en este terreno las cosas o resultan o no resultan nomás, así que entre los
cuatros decidimos espontáneamente formar una nueva banda, con un nuevo
repertorio, y un nuevo nombre.
Y
las cosas se vinieron bastante rápido para la nueva formación, dado que con muy
pocas canciones aún fuimos invitados el Primer Festival Hardcore, idea de los BBs Paranoicos que se concretó con la
ayuda del puñado de nuevas bandas que estaban saliendo, de las cuales la más
veterana era Silencio Absoluto.
(Había habido un festival previo, de bandas que recién se estaban conociendo
-incluyendo a Canutos, Silencio, Don
Fango y Octopus, agregándose sobre
la misma Submongo- en el Galpón donde
ensayaba Lautaro en La Florida, arribita del cerro. Ya había conocido a
Jerónimo, de Silencio, y de una Flipside
que me prestó tomé la imagen de Elvis en skate para hacer un rudimentario
afiche, cuya estética de recorta y fotocopia y pega aún me sigue gustando mucho
más que 20 afiches diseñados en computador.Llegó tal cantidad de gente que apenas cabía, y se sentía una energía
colectiva empezando su proceso de ebullición. Aunque sin que lo supiera en ese
momento, ya había tensiones con el elemento nacionalista, que no comulgó para
nada con las arengas anti-patriotas del vocalista de los Canutos).
Dar
con el nombre Disturbio Menor no fue
tan difícil, aunque ahora no lo recuerdo muy bien, pero creo que en definitiva era
una mezcla de dos factores: la pasión por el hardcore punk de los 80, antes de
la era del NYHC –que en rigor nunca nos gustó mucho, pues parecía más rap/metal
que otra cosa-, y sobre todo sus inicios, bien expresados en “Minor
Disturbance”, el primer EP de los Teen
Idles, la banda pre-Minor Threat,
aunque el inglés que manejábamos nos daba para discernir que en rigor
“disturbance” tiene una acepción más en la línea de “molestia” que de
“revuelta”, que en inglés se designa más bien con la palabra “riot”.
Y
ahí viene el segundo factor: los anarquistas de esos años teníamos la idea de
que estábamos en malos momentos para la rebelión, dado el contexto global
posmoderno y neoliberal y la manera en que se expresaba en Chilito, este
paraíso poblado de “jaguares” (como destacaban los Enfermos Terminales), laboratorio psicosocial del capitalismo
global. Los entusiastas del partido del Orden hasta proclamaban que habíamos
llegado al “fin de la historia”, y que se había acabado ¡al fin! la era de las
grandes revueltas y agitaciones sociales.
A
eso apuntaba, por ejemplo, la letra de “Fuego”, cuando diagnostica amargamente
que “se van vaciando las barricadas y se va alejando el modo de empezar de
nuevo” (Además, esa canción le pasa la cuenta al fenómeno de los “socialistas
renovados”). Y en efecto, mi generación pasó de enormes barricadas de
centenares de personas, a gestos estéticos similares a barricadas,
protagonizados por escuálidos puñados de encapuchados. Los socialistas por su
parte, y tal como dice un orador anarquista en la serie “Belin Alexanderplatz”
de Fassbinder (siguiendo al pie de la letra la novela de Alfred Döblin): no
conquistaron la política, sino que la política los conquistó a ellos.
En
fin: si había algo a lo que no íbamos a renunciar, era a la protesta expresada
precisamente en barricadas y “salidas” a cortar la calle. En tiempos de gran
confusión, y un estado de ánimo colectivo derrotista y/o conformista, era casi
nuestra única certeza (y como decía La
Polla Records: “información y agitación son una parte de razón/ladrillos,
piedras, gasolina…completan la ración”). Así que había una convicción
minoritaria pero profundamente identitaria: nos íbamos a dedicar rabiosamente a
eso, aunque se tratara, como decían los medios, de “incidentes aislados” o de
“un disturbio menor”.
1.- Aclaración: El descubrimiento de estas carátulas lo hizo
Joe Molina, quien se las entregó a Claudio.
2.- 100 copias del caset re-editado y remasterizado se están
distribuyendo, en disquería Tres Oídos, que queda entremedio de las Torres de Tajamar,
cerca del puterío VIP de Passapoga, y que sólo abre jueves y viernes de 16 a
20, y sábado -no recuerdo el horario- (o sea que con razón siempre que paso por
ahí está cerrada).
SUPERSORDO, “Supersórdido”, caset, 1992.
Me cuentan que debido al
afortunado hallazgo de una caja con carátulas por Claudio (que era el vocalista
de la formación noventera conocida como Supersordo), habrá una reedición
remasterizada en caset de esta vieja gloria. Buen momento para comentarla
entonces, en base a la escucha de los audios ya trabajados por el maestro
sónico, el ingeniero Gomberoff. Excelente hallazgo en todo caso: me hizo
recordar que gracias a uno de Mick Jones hace unos cuantos años pudimos conocer
como sonaban originalmente las canciones del “London Calling” (la verdad es que
sonaban harto más pobres sin toda esa producción de Guy Stevens, pero en fin:
¡son materiales sagrados y uno quiere saber cómo fueron evolucionando!).
Antes de poner play recordé que
yo tenía este caset, pero lo dejé ir. Mi memoria retrocede, 25 años y…llego
hacia esos extraños y primero abúlicos años que ahora llaman de
“postdictadura”. La transición, o transacción, que nunca acababa, y aún al día
de hoy tengo dudas de si alguna vez en realidad acabó.
Lo cierto es que para ese
entonces yo recién me había separado de una larga militancia izquierdista (dos
años en la JS, 1 año en las JJCC, y 4 años en el trotskismo), me atraía el
anarquismo que recién se estaba empezando a reorganizar tras décadas de
ausencia, y uno de los amigotes anarcos que al igual que casi todos amaba a
bandas como La Polla Records y también estaba bastante pendiente de la
actividad de Fiskales y otras bandas locales, llegó diciendo que había visto
junto a Fiskales una banda nueva realmente diferente a todo el resto, que se
llamaba Supersordo. Tomé nota, y el nombre me llamó mucho la atención….poco
tiempo después andaba perdiendo mi adolescente tiempo (ese año de 1992 cumplí
21 años de edad, lo que hasta ese entonces era la “mayoría de edad”…y justo en
ese momento modificaron las leyes y la bajaron a 18: o sea, me perdí como 3
años de mayoría de edad, pero no se preocupen: he tratado de recuperarlos hasta
ahora, y creo aun ser más o menos fiel a lo que fui entre los 18 y los 21
años). Bueno: estaba yo perdiendo el tiempo en Eurocentro…deben tener en cuenta
que en esos años no existía internet, nadie había visto ni un celular ni un
computador, y la música sólo la podías encontrar buscándola en disquerías,
caseterías, o en las piezas de los amigos…Aparece en vitrina el caset, todo
amarillo con unos dibujos en negro, bajo el sello de Toxic records (o no
recuerdo si sólo hacían la distribución) y un precio razonable que también ya
olvidé pero debe haber sido algo así como dos lucas.
Lo compré, y el tipo de la tienda
me dijo algo que luego hablando con los miembros de la banda nunca pude
verificar de a dónde sacó: un tipo rapado al cero con una polera que decía
S.S., así como en el estilo de letras usada por la famosa organización nazi,
era quien los distribuía, y decía que SS era por Super Sordo. ¿Mito urbano? La
cosa es que ninguno de los cuatro integrantes tenía puta idea de a quién se
refería, ni de la existencia de una tal polera. El dato era bastante exótico,
pues en esos tiempos ya pululaban varios skinheads nazis por ahí, aparecían en
incursiones punitivas anti punk en varias tocatas, generalmente con éxito
rotundo por el miedo que generaban, y hasta tuvieron encuentros con miembros de
Supersordo, aunque en uno que me fue relatado y que habría ocurrido por ahí por
el Bellas Artes, los fachos salieron trasquilados…En el suelo quedaron trozos
de un bate de béisbol que según cuentan tenía esvásticas dibujadas con lápiz
pasta…Poco glamorosos los nietos de Hitler y Serrano.
En su momento puse play al lado
A, que parte con un extraño instrumental con aullido llamado “Represión
espacial”, y re-escuchando ahoratengo
la misma sensación de que en base a ese puro tema no da aún para hacerse una
idea de lo que iba a ofrecer este combo durante su destacable existencia. Más
clara queda la cosa cuando pasan a “Terrorismo terrestre”. Si bien “la crítica”
hablaba entonces y ahora de las influencias de Sonic Youth y Black Flag, a mí
me parece que la más notoria era la de Scratch Acid/Jesus Lizard, tanto
instrumental como vocalmente hablando. Pero lo más llamativo era la lírica: hoy
en día no es nada excepcional toparse con rayados tipo “HUMANX PLAGA” o “+
GATXS, - PERSONAS”, y hasta ha surgido toda la derivación “ecoextremista” del
anarquismo insurreccional, que defiende el atentado indiscriminado contra
personas, y que celebra terremotos y nevazones como manifestación de “la
naturaleza salvaje”. Pero en ese entonces no había nada de eso, y por eso
sorprendía tanto que después de referirse a una represión en el espacio, SS
diera expresión a la revancha de la Tierra contra los humanos: “tú la estás
tratando de matarrrrrrrr, pero ella se sabe defenderrrrrrrr” y “muchas veces
pagan aquellos que no deberían hacerlo” grita Claudio, con su chillido
característico y la banda insiste e insiste en un riff que incluye un poderoso
efecto de “bajón” al ir descendiendo en la escala de notas y del sonido hacia
las catacumbas sónicas de esta extraña forma de rock de los 90.
El tercer tema, “Rompe el hielo”,
me imagino que era una especie de declaración de principios juveniles del
momento, y siempre me pareció un poco inocente, al menos políticamente. El
vocalista se pregunta “cuando acabaremos con la irracionalidad y construiremos
en vez de destruir”, y además anuncia que “llevaremos flores a los muertos por
ideología”. Yo y mis amigos en cambio creíamos que era necesario destruir
primero, y quedaba (sigue quedando) mucha labor de demolición por hacer (tanto
en la crítica teórica como en la crítica práctica). En esos años el
encapuchamiento y las “salidas” (a la calle) seguían siendo una actividad
central, no tan minoritaria aún, y a todos nos encantaba. Nos gustaba tanto que
al menos en Macul con Grecia, cerca de mi casa, se practicaba puntualmente
todos los jueves. Demostrábamos nuestra energía vital en continuidad con los 80
y marcando así nuestro rechazo y profundo asco por Pinochet, Aylwin, la
transición, democretinos, sociolistos, el P”C”, etc. Y nos preocupaban nuestros
muertos (no eran pocos) pero ciertamente que no queríamos homenajear a todos
los “muertos por ideologías”, que en rigor deberían haber incluido en la lista
al senador Jaime Guzmán y a otro puñado de fascistas que de una u otra forma
fueron ajusticiados en esos años…Tampoco nos gustaba mucho esa canción ska de
los BBs Paranoicos donde hablaban de los “rojos populares” y los fachos como
equivalentes, aunque estábamos claros en que morir por la patria era propio de
sacos de huevas (“Muere por la patria sacoehuea!”. Esa parte sí que nos
gustaba).
Pero tal vez desde el punto de
vista de SS se estaban refiriendo a algo muy diferente. Pues en efecto en esos
años la “escena punk” era bastante poco creativa. Se dedicaba más a venerar un
par de bandas/pandillas locales, y a pelear con las bandas/pandillas rivales (y
por lo general, a huir juntos entre todos cuando se asomaban los nazis o la
policía). Habían pocos fanzines. Muchas bandas no editaban casi nada de
material, y menos aún se les ocurría hacerlo de manera autogestionada. La onda
punk, que llegó a Chile como una moda visual antes que con los contenidos
políticos a ella asociados, vegetaba en actitud autodestructiva, y en ese
sentido es que cuando el cantante irrumpe con “Rompe el hielo, hazte escuchar,
grita grita grita!!! tal vez estaba en realidad llamando a tomar las armas de
la creatividad.
En fin: esta canción sonaba un
poco “grunge”, y eso era peligroso porque en esos tiempos fue cuando se puso de
moda el “rock alternativo” y todos sus apestosos derivados. SS podía ser metido
en ese saco por publicaciones de mierda como la Zona de Contacto (redefinida en
general en la jerga callejera como la “Zorra de contacto”), aunque por supuesto
eran un animal muy diferente, y eso quedaba claro a poco andar.
(El manuscrito se interrumpe
aquí, por varias semanas…)
Seguimos…(putas que cuesta
sentarse a escribir algo y terminarlo en un tiempo razonable (¿“Tiempo
razonable”? jajajaja: ni me acordaba de esa vieja canción hardcore)):
OK, seguimos con el lado A de la
cinta. Luego del tema anterior que como ya dije no es lo mejor del álbum, viene
una de sus joyas: “El patio, el limón y las hormigas”. Supersordo abandona el
terreno generacional más macrosocial/político para centrarse en un particular
microcosmos: el mundo en que alguien puede ser “dios de las hormigas orinando
desde un árbol”. Esa pequeña gran historia se entrega en formato de mini canción
hardcore, no sonando para nada como Descendents o Minutemen pero en cierta
forma en el mismo espíritu de crear universo entero a gran velocidad y dentro
de muy pocos segundos de duración. Además, ¿qué ebrio o volado o simplemente
contemplativo ser no se ha dedicado a pensar en cosas tales como la diferencia
de escala y cosmovisión entre los humanos y los insectos, y los efectos en el
entorno ambiental del “agüita amarilla”, generalmente propulsada por la ingesta
de grandes cantidades de cerveza, cuando no queda otra que dejarla salir y caer
en el mundo natural o artificial en que habitamos.
Después de esa miniatura tan
disfrutable viene otro de los momentos clásicos de este álbum: el hit “Mi
padre”, que en cierta forma es un equivalente más siniestro del gran himno de
Descendents “My dad sucks”, pero en lenguaje ya no de HC punk rápido, sino que
mucho más viscoso y oscuro. “Tengo miedo de mi familia, sobre todo de mi padre”.
No es raro: de hecho, “famulus” designaba originalmente a un grupo de esclavos,
y el pater familias de la antigua
Roma era el único sujeto libre del grupo familiar, quedando todos los demás
integrantes sometidos a sus diversos poderes (sobre la mujer, sobre los hijos,
hijas y esclavos/as). Siniestro, ¿no? Y el mérito de SS es que en esos años
todavía no era un tema tan central como ahora la cuestión de la llamada
“violencia doméstica”. El Código Civil hacía todavía distinciones entre hijos
legítimos e ilegítimos, y facultaba a los padres para “corregir y castigar
moderadamente” a sus retoños. Pero criticar a la familia no era bien visto, y
puedo declarar como testigo de oídas lo que me contaron diversos compañeros
acerca de cuándo Supersordo tocó en el patio de la Escuela de Derecho de la
Universidad de Chile en el contexto de unas pretenciosas semanas de “Arte en
Derecho” que se hacían una vez al año. Mientras la banda se entregaba al arte
del rock and roll oscuro interpretando este gran tema, les cortaron la energía
eléctrica y hasta ahí nomás llegó su arte en derecho. Las malas lenguas decían
que la iniciativa de ir a exigir que la cortaran (literalmente) con esto habría
provenido de una chica hija de un famoso periodista, que ahora es la esposa del
famoso opinólogo C. Warnken. Puede ser, puede ser…en esos tiempos yo ya me
asomaba pocazo a ese antro leguleyo y prefería visitar los pastos del
Pedagógico, donde la gente era mucho más interesante y se veía más y mejor lo
que se choreaban entre todos en el supermercado de la esquina. Recuerdo en todo
caso que esa chica usaba en su mochila el feo símbolo de la falange
democristiana.
Así, casi sin darnos cuenta, a la
canción “Mi padre” le sucede casi de inmediato “Inocente”, que si mal no
recuerdo era el momento en que el bajista tomaba el rol de voz cantante, y en
el coro le dice a una niña: “quieres ser dominada, aplastada, pisoteada…hasta
el fondo, eso te gusta!”. No suena muy feminista para los estándares actuales,
pero en fin: un texto es lo que es, y queda a uno interpretarlo como
apologético o crítico o meramente descriptivo. (Nadie diría que “Corazones” de
los Prisioneros es machista, o que los Dead Kennedys eran fascistas por haber
hecho la canción “Maten a los pobres”, pero bueno: hay algún porcentaje de
tarados que toma todo al pie de la letra y podría no entender bien estos mensajes.
No es mi problema).
Y por si fuera poco, para
terminar el lado A agregan las “Herbosas praderas del Tíbet septentrional”, que
a mi juicio es uno de los puntos más altos a que llega la banda en toda su
trayectoria, tanto musical como líricamente. O sea…cuantos otros ejemplos tiene
uno de canciones que empiecen diciendo cosas como “Querida, por favor, dile a
los chicos, que bajen a buscar un balón de gasssssssss”, y de ahí todo se
sumerja en las profundidades del sonido que a estas alturas ya es SS en estado
puro, un microcosmos de caos/orden siempre en tensión, y en donde finalmente
interpelan al Padre Eterno que sería Dios preguntándole “¿por qué me has
abandonado, si serví a la patria con tanto amor?”. Ahora uno escucha esto y
piensa en los vejetes criminales de lesa humanidad apilados en el confort de la
cárcel especial de Punta Peuco, pero en los 90, en esos años….¿en quién o en
qué se pensaba? No lo sé, o simplemente no me acuerdo.
Ahora es cuando habría que dar
vuelta el caset, y ponerle PLAY al lado B.
El lado B parte con “Avión a
Cuba”. En otro texto reciente (“Barricadas a-go-go”, publicado autónomamente
por 2&3 DORM Excursos, y junto a otros 3 escritos dentro del libro
“1-2-3-4” de Ercilla ediciones, Buenos Aires) me he referido a la verdadera moda
de secuestrar aviones para irse a lugares que en la Psicogeografía de la época
eran vistos como centros revolucionarios. En Chile el año 1969 dos adolescentes
“con gusto a leche” (como dijo la prensa) lograron desviar un avión hasta el
norte de Chile, pero no llegaron a Cuba pues fueron reducidos por el propio
personal aeronáutico y encerrados luego en una cárcel de menores. En Japón en
1970 un comando del autodenominado Ejército Rojo secuestró una aeronave y logró
llevarla hasta Corea del Norte, donde todavía están, incluyendo al famoso ex
bajista de Les Rallizes Denudes, Moriaki Wakabayashi. En fin: en el Chile de
esos años por lo que recuerdo los únicos que pidieron “un avión a Cuba” fueron
los asaltantes de una tienda de videos en Santiago centro, en el famoso
incidente que diera lugar al film “Johnny Cien Pesos”. No les resultó, y fueron
detenidos por la poco gloriosa y muy cerda policía uniformada de la República
de Chile. Pero SS hizo esta canción, aunque nunca he entendido muy bien de qué
se trata, y tal vez es mi imaginación ultraizquierdista nunca bien apagada la
que me hace ligarla a estos eventos: “yo, me voy, con una condición, un avión a
Cuba….desesperaaaaadameeeente”. Gran material.
Tras el paso del avión, llega
“Come, trabaja, duerme”. Tal vez un título así encierra la mayor dosis de
crítica social que uno podría dirigir a un sistema que en efecto consiste en
nacer, estudiar, ver tele, trabajar, carretear, tener resaca, enamorarse varias
veces, y después morir. (De hecho, la otra vez quería grafitear esa consigna en
una pared cerca de mi casa, donde están construyendo algo que debe ser un
edificio de mierda pero aún no sabemos. Los grafiteros de nuestro tiempo rara
vez ponen algún contenido de algún tipo que valga la pena, y por lo general se
limitan a marcar su “tag” tal cual un perro o gato marca la calle con sus
meados. Finalmente no lo hice nunca, y ahora está rayado: “Tía Valeria, la
extrañamos un montón”. ¡No se puede negar que hay un cierto mensaje allí! Pero
no sé si valga la pena hacerle eso a una pared ya de por sí bien fea). El lado
más existencial de las letras de SS asoma acá, para ser sucedido por más
líricas interesantes en “Morir de amor”, canción con un riff que era un clásico
instantáneo, y que no tiene mucho que ver con el hit del mismo nombre de Miguel
Bosé. Amor y desamor mueven al mundo, y acá escuchamos al cantante decir: “Y
sin embargo, tu amor es sólo un pretexto. La culpa fue de la inquieta
angustia”. Mmmmm, no sé por qué, al releer esa frase me acordé de la lírica de
King Gordo, que por cierto me atrevería a afirmar que debe haber bebido de esta
influencia, aunque tampoco estaría 100% seguro de ello.
La “critica de la ideología”
vuelve a ser tema en “Ismo”. Una nueva dosis de HC punk a lo Supersordo, donde
en sintonía con una época que proclamaba el “fin de las ideologías” se
despachan a varias, una tras otra: fascismo, terrorismo, nazismo, estupidismo, fisicoculturismo.
Como ahora sabemos, finalmente la época aquella fue la más ideológica de todas:
se proclamó la muerte de las ideologías más exóticas, para salvar la ideología
en sí misma, que sólo triunfa completamente cuando ya no se le reconoce como
tal, y se impone en tanto falsa conciencia como algo natural a todo el mundo.
Nunca entendí mucho, eso sí, la parte donde dice “mamas de una ideología
extranjera, que no encaja en el lugar donde tienes tus pies”. Me recuerda un
poco la curiosa similitud entre el rechazo de Pinochet al “marxismo
internacional” y los señalamientos de grupos mapuche radicales como la CAM y la
RAM que rechazan al marxismo y el anarquismo como “ideologías revolucionarias
europeas” (es decir, son críticos con los aportes del movimiento obrero
clásico, pero no así con el concepto de “nación”, que de hecho reivindican a
fondo). Como no soy ni nacionalista ni internacionalista sino que me considero
un ser humano y punto, la cuestión de la “procedencia” de las tendencias,
ideologías o modas me da un poco lo mismo (por ejemplo, he conocido
izquierdistas que odian el jazz por ser “gringo”. No sé si frente a eso
preferirían escuchar a los Huasos Quincheros…).
La quinta canción del lado B,
“Posición de altura”, es una de mis menos favoritas. No sabría decir por qué….
“Yo no sé por qué hay gente que se siente superior. Yo no sé por qué será así”.
Una vez más, la letra me parece de un candor algo ingenuote (no es una ofensa:
así mismo he calificado a Les Rallizes Denudes, aunque no por las letras sino
por ciertas estructuras melódicas que usan a veces, por ejemplo, en “The night
of the assasins”). Y la música no está mal, pero no es el SS más denso que
todos aprendimos a amar.
Sí que lo es en cambio, “Tan”, el
tema final del lado y de la obra que estamos comentando (aunque en youtube veo
que se llama “6 tan”. ¿Seitán? Estoy confundido….). Da la impresión de que SS trabajaba
en los límites de la definición misma del “rock” en tanto forma estética, pero
sin salirse totalmente de dicha entidad (o sea, no hay pretensiones de
“post-rock”), sino que más bien dedicándose a hostigarla por distintos lados.
Escuchando esto vuelvo a comprobar que es Scratch Acid su mayor inspiración o
influencia, conceptos casi sinónimos, pero no totalmente: uno puede
“inspirarse” por algo sin que necesariamente el resultado denote dicha
influencia…en fin…es complicado…tengo calor, tengo sed, quiero dejar de sacar
la vuelta en mi trabajo e irme a mi casa a fumar algo, huir de la luz solar, y
sumergirme en un mar de ruido del tipo que alguna vez el guitarrista de esta
formación denominó como “rock desgraciado”.
Un recuerdo final que asomó en lo
que me queda de memoria: carreteando en 1994 con unos catalanes que había
conocido en Granollers y el pueblo vecino de La Roca, sobre un auto escuchamos
mi copia del caset a buen volumen, acompañados de una botella de champán que
como no teníamos plata uno de los nuestros tuvo que ganar en una feria, en el
tiro al blanco. Les gustó harto, así que me pareció justo dejárselos, para
retribuir el que hayan sido tan buenos anfitriones que incluso me hicieron
copias de dos albums esenciales del rock que yo no conocía todavía: “Raw power”
de los Stooges y el primero de MC5. Así da gusto. ¿Qué será de toda esa gente?
Uno de los mayores entusiastas de Magma y la zeuhl music que he conocido fue el famoso Chandía, que junto con un inseparable amigo y también melómano, Andrés, recorrían las tiendas de discos y calles de Santiago grabando como podían todo lo que se podía y apreciándolo lo mejor que se podía (alcohol y drogas siempre ayudaban). A veces hasta hacían excursiones al cerro, en un auto que Andrés conseguía, y se dedicaban a profundas audiciones musicales en contexto sicodélico.
Nadie tenía mucha plata en esos tiempos. Por lo mismo, el que conseguía algo, sea en CD o LP o caset, le avisaba al resto, y nos juntábamos generalmente en mi casa a piratear. En mi casa había un buen equipo pequeño para reproducir CDs y copiarlos en caset, un regalo de mi padre mientras vivía y trabajaba en Bolivia. Funcionó maravillosamente por años, y satisfizo a tantos amigos melómanos, pero luego murió. Aún está en mi bodega, me da pena botarlo por todo lo que vivimos (oímos) juntos.
Ambos, Chandía y su inseparable amigo Andrés, que una vez casi se mataron al chocar con una micro yendo a mi casa, y yo ni me enteré hasta unas semanas después, pusieron una disquería en un caracol doble de Providencia, creo que ya a inicios de los 90. Nunca les fue muy bien vendiendo, en parte gracias a sus técnicas de hostilización de clientes. Por ejemplo, entra un pendejo con polera de Nine Inch Nails preguntando por Naked City, y le dicen: “no, tu todavía no podís escuchar esto”. Nunca ganaron plata, pero al principio se encargaron de contar con un catálogo impecable, del cual se sentían orgullosos. A la larga tuvieron que transar un poco con el mercado (por ejemplo, vendiendo hasta cosas de Peter Gabriel), pero al final quebraron, tras unos cuantos años de “resistencia” (durante la cual incluso fueron visitados por los sumos pontífices del Rock In Opposition, Fred Frith y Chris Cutler, que según se contaba, tras revisar el lugar les dijeron: “efectivamente, ustedes están locos”).
Una vez que Chandía estaba de cumpleaños, con otro amigo partimos a visitarlo en su disquería, que en homenaje a todo esto se llamaba Zebehn Discos (un nombre obviamente magmiano), y le llevamos una botella de mescal. Una vez que los caracoles ya habían cerrado, permanecimos ahí bebiendo y escuchando música a niveles que en ninguna casa se podrían haber conseguido, lo que valió un par de visitas del guardia del edificio.
Además del Torture Garden de NAKED CITY, lo que más sonó fue una especie de disco doble (creo) de OFFERING, proyecto más suave y espiritual de C. Vander, que nunca más he vuelto a escuchar, pero recuerdo que en la volá del mescal y todo nuestro entusiasmo juvenil, encontramos grandioso.
Chandía (Andrés no estaba en esa ocasión) se dedicó entre otras cosas a contar anécdotas de cuando era más pendejo y era según él un maestro en el arte de hacerle perro muerto a los taxistas.
A mi amigo esas historias le llamaron mucho la atención. Otro estudiante de Derecho de esos años, bien atípico para el ambiente de la escuela, era el chico Alfredo Peña, destacado bajista de heavy metal, conocido por su aporte en la legendaria banda Pentagram, y que tenía un oído curioso para otras formas de música (recuerdo haberle prestado el Camembert Electrique de Gong, y lo disfrutó harto). Chico Alfredo una vez llegó todo moreteado a la escuela de Derecho, por hacer perro muerto en taxi y ser perseguido y golpeado por una tropa de taxistas furiosos que tras ser contactados por radio acudieron a apoyar a su defraudado colega.
Me dio pena hablar de Alfredo, porque me caía muy bien, pero no llegamos a ser tan amigos, y repentinamente supimos de su suicidio, y nunca me quedó claro que le pasó. Pero en fin…razones para querer irse de este circo antes de tiempo no faltan. De hecho, siempre sobran. Y uno sigue acá porque sabe que después inexorablemente volverá a la hermosa y vacía NADA de la cual provenimos.
En fin…cuando nos fuimos de la tienda Zebehn discos ya eran como las 2 AM. No pasaba ninguna micro, y en eso mi amigo le dice a Chandía: “¿Y si eras tan buen para hacer perro muerto, por qué no lo hacemos ahora y nos vas a dejar a nosotros y luego te vas a tu casa?”. Sin dudarlo Chandía aceptó el desafío: “¡Ya!”, e hizo parar inmediatamente un taxi.
En esa época casi todos mis amigos vivían en mi casa, dado que mis padres vivían en Bolivia. Nos dirigimos hacia allá primero, y nos bajamos como dos cuadras antes. En el camino Chandía procedió a mostrarnos la selección musical que había hecho para lo que quedaba de noche (todos sufríamos de insomnio en esos años): la caja cuádruple de Coltrane en vivo en Japón, el preciado objeto que era el único CD que en mi vida he visto de Offering, y como 3 o 4 cosas más que no recuerdo.
Al otro día fui con otro amigo a visitar la tienda de discos, y nos encontramos a Chandía muy deprimido y echado sobre su escritorio. Nos contó en breve que el desarrollo urbano había arruinado su perro muerto: al llegar la esquina donde siempre hacía el truco, le dijo “chao” al chofer, y se bajó corriendo, para dar la vuelta a un edificio donde siempre había logrado despistar a los taxistas y luego escabullirse hacia el otro lado. El problema es que habían construido un muro que no estaba en sus años mozos. Tuvo que meterse dentro de un arbusto y esperar. El taxista notó que por ahí estaba, y se quedó alumbrando el matorral con las luces del auto. Chandía decidió esperar lo que fuera necesario, pero cuando ya la espera se le hacía eterna no pudo evitar salir corriendo. El taxista lo persiguió a pata. Chandía se escondió entre unos autos, y de repente vio al taxista al lado suyo, blandiendo un fierro con el cual amenazaba golpearlo en la cabeza.
Chandía le dijo: “no, si te pensaba pagar igual, pero tengo la plata en la casa”. Y empezaron a avanzar. Él creía que hacia su casa. El taxista tomó el bolso, y Chandía pensó que era razonable que lo hiciera, como garantía de que él no saldría corriendo de nuevo. Pero el que empezó a avanzar más rápido, casi al trote, fue el taxista, con bolso y todo, hacia su auto, que tenía el motor prendido.
El taxista se fue, con Offering, Coltrane, variadas formas de Rock In Opposition, free jazz y zeuhl music.
Nunca más he vuelto a escuchar a Offering. Ni a saber de Chandía, que creo desde hace muchos vive en Europa. Pero sí conseguí el cuádruple disco de Coltrane en Japón, en una tienda de Montevideo. En homenaje a esos tiempos le cambié la etiqueta y me costó algo menos que 5 lucas.
"Bandera y capuchas". Recuerdos de Macul con Grecia en los 90. Tomado de por ahí...
Impresionantemente bien escrita cobertura de uno de los sucesos más memorables que recuerde de mi juventud. Así se hace. Escribir para no olvidar, y de paso desmitificar todo. Acá les va. Disfrutar con una buena bebida a mano:
Bandera y capuchas.
[No era fácil ser adolescente en
el chile de los 90s. Tenías inquietudes políticas pero la mayoría prefería la
política de los consensos de la transición donde víctimas y victimarios se
abrazaban para celebrar la maravillosa democracia. A fines de cuentas eran siempre
las mismas familias que seguían siendo dueñas de todo, hermanos y primos que se
peleaban entre sí por años pero después se volvían a reconciliar. No era fácil
ser adolescente en el chile de los 90s. Lo que quedaba de resistencia a la
dictadura y al capitalismo era asesinada o encarcelada… tampoco lográbamos
entender las enredadas siglas de la cada vez más atomizada ultraizquierda…
Decidir ser rebelde era ser huérfano de toda dirección política y militante…
mirábamos con desconfianza también a algunos hippies que volvían del exilio
diciendo ser anarquistas. No era fácil ser adolescente en los 90s, cuando toda
la cultura de izquierda estaba impregnada de ese folclore de mierda desteñido,
de zampoñas, bombos, charangos y guitarras, que veían como expresiones del
imperialismo todo lo que fuera ruido de guitarras eléctricas, bajos y baterías,
sea hxcpunk, metal o rock’n’roll en general… que era lo que más nos gustaba.]
-Y ahora que hacemo’? – dijo
Vicho después de escupir el último amargo sorbo de “yugoslavo”. Así llamaban al
brebaje que tomaban, mezcla de cerveza y vino blanco.
-Vamos a cachar si encontramo’
una we’a abierta!- respondió uno que se encontraba más despabilado que el
resto.
Corría el mes de septiembre de
año 1993 en Santiago. Era una noche de ese regado mes y Vicho se encontraba
chupando con sus amigos, en un populoso barrio de la capital. Eran pasadas las
doce y al acabárseles el copete decidieron salir en busca de una botillería
abierta o algún clandestino donde poder saciar su infinita sed. Al recorrer el
barrio, un barrio de casa bajas y muchos sitios eriazos, vieron un gran trapo
tricolor que colgaba del mástil de una de ellas. Envalentonado por el vino,
Vicho, que era el más liviano, se subió arriba de los hombros del Kamon, el más
corpulento de sus amigos. Se colgó de la bandera que cayó al suelo con mástil y
todo. Se salvaron de que no les pegara en la cabeza o en otra parte del cuerpo
pero provocó un ruido que despertó a los dueños de casa. Un gordito de rulos
los salió persiguiendo con los restos del mástil, en piyama y con pantuflas de
patas de tigre, por lo que nunca pudo alcanzarlos. Los vieron alejarse, escucháronse
sus risas burlonas, brincando como babuinos en estampida.
Aún
estaban en el colegio y no les gustaba ningún deporte en especial. En cambio,
una de las cosas que más les gustaba hacer era encapucharse. Eso que en ese
tiempo era considerado una locura: salir a la calle a enfrentarse a los pacos
con botellas llenas de bencina, aserrín y aceite quemado y prender neumáticos.
No era cosa fácil, ni se podía hacer en cualquier lugar. Sus gustos
estaban lejos de ser el pasatiempo de una generación intoxicada en la estupidez
de las nuevas ondas de la democracia. Lo de ellos era considerado fuera de
lugar, de gente que se había quedado en el tiempo de la dictadura, que no
correspondía en el nuevo país que de la transición que buscaba “cerrar heridas”
y entrar de lleno en el siglo XXI. Era el país de los acuerdos, mientras en las
canas se encerraba a lo mejor de la juventud, perseguida por los aparatos de
seguridad ahora en manos de socialistas y demócratas cristianos, una evidencia
más de que esa transición era una pura pantomima. La gente “alternativa”
esperaba que ocurriera el famoso destape y que hubiera un gran auge cultural,
cosa que nunca ocurrió. La mayoría de la gente estaba embobada viendo la basura
que llegaba del país del norte. Sólo un puñado reducido compartía los gustos de
nuestros amigos.
Unos días antes del 12 de octubre
se haría una “salida a la calle” en unas de las pocas universidades donde aún
seguían habiendo disturbios: El Pedagógico. Aquel día Vicho y Kamon se habían
hecho la cimarra. Se fueron con ropa de cambio y con la bandera en la mochila
en dirección al Peda. Sabían que si había algo que realmente hería la
sensibilidad del común de la gente era tocar un sentimiento que alcanzaba a
casi todos: el patriotismo. También, a su corta edad había entendido que la
patria chilena se había levantado sobre el aplastamiento de otros pueblos y
culturas, por lo que consideraba muy apropiado quemar una bandera tricolor para
ese día en repudio a esa celebración pro blanca (en ese tiempo aun le decían el
"día de la raza", nunca se supo a qué raza se referían). Llegaron a
la esquina de Macul con Grecia, entraron al campus y se cambiaron de ropa antes
de juntarse con sus secuaces. Todos ellos eran más grandes y ya habían salido
de la secundaria y no todos eran universitarios, ellos eran los únicos que
andaban con uniforme. Esto último les costaba la burla de sus mayores.
Comenzaron a juntar el material
para salir a la calle: neumáticos, piedras, restos del mobiliario del campus y
el tronco que servía para romper el muro que separa el campus de la calle
Grecia. También, fabricaron molos y bombas de pintura. En ese momento de su
vida aún no se atrevían a lanzar molos. Quizás por eso me preocuparon más del
“acto simbólico”. Tenían la bandera guardada para sacarla en el momento
adecuado, asunto que ya había sido conversada con el resto del grupo. Se
asomaron por arriba del muro y se hacían señales con los que estaban en la
facultad del otro lado de la calle. Hicieron el maldito agujero del muro, lo
que les llevó un rato ya que la universidad se dedicaba a reforzar la muralla
después de cada disturbio en que se hacia el famoso hoyo (Muro de mierda! con
el tiempo comenzó a parecerse al que está en Gaza). Salieron a la calle e
hicieron barricadas. Después de un rato, llegaron los pacos y la prensa
televisiva y escrita. Comenzó el tira y afloja con la policía, mientras la
prensa filmaba y sacaba fotos. Lacrimógenas y balines venían, molos y piedras
iban.
En el momento en que estaba la
tele filmando decidieron sacar la bandera y prenderle fuego. Antes de eso se
había prendido fuego a una bandera yanqui y española, lo que había generado
gritos antimperialista e insultos anti 500 años. Cuando vino su momento
rociaron de bencina la bandera chilena y cuando se acercaba el
encendedor a la tela comienzan a increparlos un grupo que también estaba en las
barricadas. Todos sus integrantes estaban uniformados bajo una capucha roja y
negra muy bien cocida. En cambio, el grupo de Vicho y Kamon todos tenían
capuchas hechas de poleras rotosas.
- ¡Es la bandera por la que murió
Miguel Enríquez!- gritaba el que parecía el jefe de esa cuadro de
pseudoguerrilleros. El resto también les gritaba cosas que no lograban
entender.
Algún insulto irreverente se escuchó
de vuelta, junto con alientos para que le prendieran fuego de una vez y la cosa
se armó.
Trataron de quitarles la bandera.
Comenzó el intercambio de patadas voladoras y cachetazos entre los dos bandos.
Por un lado estaban los capuchas bonitas y, por el otro, los capuchas feas.
Bueno… para los pacos, la tele, y la gente que pasaba por el lugar, todos eran
feos. Pero ganaron los capuchas feas y pudieron seguir con su acto de
desprecio, sin antes recibir feroces amenazas que alumbraban fierros y la
prohibición de entrar a un famoso barrio de izquierda, terminando con un
“¡¡esto no se va quedar así!!”. La bandera en manos de nuestros amigos y ardió
en pocos segundos. El bando de capuchas bonitas se replegó al lado por donde
habían salido los que prendieron la bandera, por lo que no podían volver por
ese lado ya que los otros estaban realmente enojados. Tuvieron que aperrar y
cruzar la avenida Grecia hasta la otra universidad, cosa que no era tan fácil
cuando disparan balines y lacrimógenas al cuerpo. Por suerte ese día salieron
todos ilesos pero con más enemigos que antes.
Por la noche, ya en sus casas
familiares, esperaban expectantes que apareciera lo ocurrido en las noticias.
Sólo apareció una breve nota de disturbios provocados por encapuchados en las
inmediaciones del ex pedagógico. La teleaudiencia no pudo ver ni la pelea, ni
el acto iconoclasta de los adolescentes.
"Esto se vio cristalizado, sólo por citar los ejemplos más evidentes, en el aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso y la agudización de la concertación de la riqueza ocurrida durante los 20 años de gobiernos de la concertación mediante la consolidación del modelo exportador de materias primas y el gran peso de los grupos financieros en la nueva estructura de poder". No es necesario acudir a Freud: Concentración (del Capital) = Concertación (alianza de la socialdemocracia histórica con la fracción "democrática" de los partidos burgueses). Por algo socialdemos como Salazar la denominan "Concertraición". Seguir leyendo: http://www.hommodolars.org/web/spip.php?article4759