Delirio Místico: "A mon seul désir" (Según mi solo deseo)
"La discusión sobre el comunismo no es académica. No es un debate sobre lo que se hará mañana.
Desemboca en, y forma parte de un conjunto de tareas inmediatas y lejanas de las que no es más que un aspecto, un esfuerzo de comprensión teórica" (Gilles Dauvé)
sábado, noviembre 30, 2024
Discos del 2024: the rest of the best // Roy Haynes (1925-2024) R.I.P.
Reconozco que el listado inicial de 6.6 discos me quedó algo cargadito al "heavy metal", y lo que no era heavy metal eran bandas rosarinas. Curioso: ¿no?
(Aunque hasta esa etiqueta podría ser discutible: he notado que los metaleros realmente existentes llaman Heavy Metal a la prehistoria del género: de Black Sabbath al primer Judas Priest y por ahí. A lo demás lo llaman simplemente Metal, por lo general asociado al respectivo subgénero: thrash, death, black...).
((Pero insisto: yo no soy un metalero. Sólo soy un tipo especial de punk rocker, un amante del sonido en general, la música de los humanos, el canto de los pájaros, y las subgéneros más raros y extremos que se han desarrollado en la periferia de la industria cultural (Teddy/Max) por lo general en oposición a ella, aunque no pocas veces recuperados por el largo brazo del capitalismo musical.
En síntesis: soy sólo un Black Metal Gurú)).
Entonces, en medio de estos días finales del penúltimo mes del año, y de un viaje breve e intenso a la ciudad de Temuco...
[por cierto, nunca en mi vida vi tanta gente con poleras de Iron Maiden: en la calle, metro, micro y aeropuertos. Eran tantos y tantas que me preguntaba, si Chile es un país tan pero tan metalero trve, ¡por qué mierda en las radios y en los bares suena puro pop de mierda, electrónica punchy punchy y versiones horribles de lo-que-se-te-ocurra en bossa nova?]
...me puse a pensar qué discos se me podrían haber pasado, o peor aún, en qué músicas realmente excelentes habían sido posiblemente editadas este año, y yo por andar adorando a Bafomet, Lucifer y Vajrapani ni siquiera me había enterado.
Una amiga me recordó dos obras que yo había disfrutado este año, una de las cuales se me había olvidado del todo:
A estas alturas, a exactamente 1 año y 6 meses de haberme fascinado con el metal oscuro (denominación que en mi constelación de ideas y conceptos -si me perdonan la cursilería seudobenjaminiana, absolutamente innecesaria- es algo así como el black metal y +: proto, post, algunas zonas contiguas y otros derivados), mi apreciación sobre DT, la banda que me inició en este viaje, es algo más sosegada: ningún disco en su abultada discografía es realmente malo, pero lo que hace realmente ENORME su aporte es lo que ocurrió entre sus primeros demos a fines de los 80, el primer disco, y hasta Panzerfaust.
La obra cumbre sin lugar a dudas es "Under a funeral moon" (1993): después de eso, "Transilvanian Hunger" y "Panzerfaust", por excelentes que le parezcan ahora hasta al sobrino de tu vecina, son como discos solistas de Fenriz, que inventó y grabó los temas a los que luego Nocturno Culto agregó la voz.
¿Y como es el disco nuevo? La verdad, queridxs amigxs, es que no lo recuerdo. Lo escuché con entusiasmo el mismo día que salió, y luego como 4 veces más. Y nunca más. Lo cual puede hablar más mal de mí que del disco, pero es un indicio claro de por qué no llegó al listado 6.6
Otro que se me había olvidado es el que sacó Inquisition, "Veneración del misticismo medieval y la violencia cosmológica". Para los que no lo saben, esta antigua banda tuvo una primera vida en Cali, Colombia, a fines de los 80, como un ensamble interesante de thrash metal que primero se llamó Guillotina. Después se fueron hacia el lado oscuro, creando una especie de black metal que oscila entre la adoración del fuego en el centro de le tierra y la contemplación mística de la oscuridad entre la luz de las estrellas. En otras palabras, es a la vez diabólico y cósmico. En 1996 Dagon se trasladó a Estados Unidos, donde se asoció con el baterista Incubus, que son el núcleo de la banda hasta el día de hoy.
Sin ser un gran conocedor de sus obras completas, había conseguido hace poco en Cruel Wretch (tienda BM ubicada en la vereda del Galpón Victor Manuel del Persa Biobío, por calle Placer) un album llamado "Bloodshed across the Empyrean Altar beyond the celestial zenith", del 2016. Me sorprendió la calidad de la grabación. Este último también suena muy bien, lo que permite apreciar un interesante trabajo de guitarras que hasta podría pasar por alguna forma de recepción metalizada del post punk. Créanme: suena horrible en mi descripción, pero es bellísimo.
Chutas, la idea era ir en este agregado más allá del heavy metal, pero me acabo de acordar de un gran disco de Black/War metal que salió también este año: Antichrist Siege Machine, con "Venganza del Fuego Eterno".
No tenía idea de ellos pero me los recomendó un amigo luego del último lanzamiento de Barricadas a go-go, en la despedida del local de Esqueleto Libros. Después me lo topé en Deathly Domains, otro de los lugares donde puedes capturar metal oscuro en el Galpón Victor Manuel.
A mi que me impresionaba el inicio del clásico segundo album de Immortal, "Pure Holocaust" porque tras 9 segundos de un inicio a velocidad normal arrancaba un blast beat que ya no paraba en todo el resto del disco, no me podía dejar indiferente este inicio: tras dos toques de baqueta, en menos de 1 segundo, el blast beat llega con violencia supersónica y no abandona nunca más. Como decía un amigo porteño (de Valparaíso, no Buenos Aires): "hoy en día trato de seguir los principios del war metal, ahí encuentro todas las respuestas" (aunque él estaba pensando sobre todo en Conqueror y Revenge).
Lo único que me hizo desconfiar de esta banda/disco, es su afición por usar fotos glamorosas en que tratan de parecer muy malos, con armas y pintura que deben haberse hecho cuidadosamente frente a un espejo. Pero bueno, el black metal siempre ha tenido algo de glam, y como dijo Fenriz citando a alguien cuyo nombre había olvidado: "el heavy metal se supone que tiene que ser ridículo".
Ahora sí que prometo no hablar más de heavy metal.
Tras dormir casi toda la tarde escuchando el hermoso álbum solista de David Sylvian "Árboles brillantes", de 1984, me eché agua helada en la cara, aprecié frente el espejo todo lo que he envejecido en más de medio siglo, y me puse a investigar en el sello de Oren Ambarchi (otro veterano del glorioso 1971), Black Truffle records, donde me encontré con una excelente producción de este año:
Conocía a Éliane, a quien descubrí casualmente en Youtube (aunque se podría decir que nada es casual ahí), y cuya obra electrónica siempre me ha resultado impresionantemente enigmática y bella.
Laetitia (nacida en 1957) estudió con ella en París, y se trasladó a California en 1978, donde inventó un instrumento electrónico llamado "Guante de dama", que no les podría describir porque por más que leo la descripçión, no entiendo casi nada: es lo que me pasa con los temas técnicos de la electrónica y la música "docta". Me siento más cercano a no recuerdo cual integrante de The Clash que consultado en su tiempo sobre si sabían algo de música respondió: "Ehhhh, tiene que ver con 8 notas o algo así?".
El 2016 abandonó ese artefacto, e inventó el "Spring Sprye": 3 resortes en un circulo (lo que se ve en la FOTO de la portada), cuyo sonido al ser tocados es procesado en Max/MSP y en Wekinator y Rapidmax, "de modo que al final nunca escuchamos los resortes mismos". Ja ja ja: ¿alguien entendió algo? Yo no.
Para este disco, Laetitia incluyó una composición propia para ese instrumento, y le pidió a Éliane una composición: OCCAM IX.
Me resulta casi imposible describir la belleza y potencia del resultado. Recomiendo escucharlo dos veces al menos: una acostado, con los ojos cerrados, y otra caminando de noche, que es lo que voy a hacer ahora mismo. Ya regreso.
..
Ok: me puse a husmear en la revista The Wire online, y encontré algunas sorpresas.
Por ejemplo, que este año la querida banda holandesa The Ex cumplió 45 años de existencia y para eso sacó un single: "Great!/The Evidence". Varias veces este año me metí al bandcamp de la banda para ver si había algo nuevo, y nada. Hasta llegué a pensar que tal vez "27 pasaportes" había sido una despedida. Pero no: afortunadamente, siguen vivos y agotando ese sonido tan especial que a la vez que proviene del mejor anarco-punk de los 80, es algo totalmente único y propio de la singular forma de vida que hace casi medio siglo se ha encarnado en este colectivo.
¡Que viva The Ex!! Y gracias por seguir existiendo!!!
Además, gracias a la sección "el ambiente en la oficina" me encontré con dos grandes artistas que no conocía ni en pelea de perros. Lo cual no nos debería extrañar: aunque estemos escuchando discos todo el día, lo que alcanzamos a escuchar no es ni el 1% de toda la música que se hace en este mundo.
Por no pocas razones, todos los cantantes más sensibles y creativos de la escena brit me recuerdan un poco a Robert Wyatt y a Kevin Ayers, de Soft Machine. Me pasó cuando conocí a Richard Youngs, y ahora con este señor Simón.
Según relatan en su sello, Mute records, en este álbum SFT reúne cuatro corrientes de su experimentación sónica: "Slivers, Sounds, Strings and Singing". La calidad de sonido y la composición son impresionantes. Requiere una escucha atenta, y al mismo tiempo tiene una cualidad pop pocas veces vista en una música tan creativa y experimental.
La otro gran revelación de esta noche es el japonés Akio Suzuki, con su album" KA I KI ". Un maestro del "sound art", Akio se ha especializado en encontrar lugares que producen un eco natural.
En esta ocasión, el dique o terraplén de Ushinokura Dam, en la profundidad de las montañas de Shibata City, Niigata, donde sin audiencia alguna y sin amplificación procedió a generar sonido con piedras, botellas, bambús, esponjas y su propia voz, sobre el sonido permanente del agua corriendo.
Necesitamos más música así: espontánea, natural, anti-pretenciosa y en diálogo continuo con las fuerzas del cosmos.
¡Pero también necesitamos el rock pesado!
Por eso, me van a excusar que viole la promesa que hice hace un rato, y que casi al cierre de este complemento del listado 2024 justo antes de pasar al mes de diciembre con otra recomendación black metal que me acaban de informar desde el blog hermano Discarga Directa: los finlandeses (¿o fineses?) de Oranssi Pazuzu, famosos por su peculiar mezcla de black metal con krautrock, sacaron también un disco nuevo este año: "Muuntautuja".
En el libro "Nacidos para arder. La historia del Black Metal", de Marcelo Gallardo (Jedbangers, 2022) el capítulo final se titula "El culto está vivo" (como el álbum que inauguró la fase punk/metal de Darkthrone en 2006), y lo dedica a las expresiones que surgiendo del BM lo han llevado a otros territorios sonoros. Comienza de hecho con Oranssi Pazuzu, quienes debutaron en el 2009 con el álbum "Muukalainen puhuu".
El bajista declara que en ese momento "la cuestión de la rebelión contracultural ya no estaba presente (...) el metal se estaba haciendo muy popular en Finlandia, al punto de tener espacio en televisión en horario central. Pero las bandas de black metal de los 90 fueron la antítesis total de los grupos metaleros de producción masiva, esos que yo sentía que estaban diluyendo las ideas originales. Darkthrone no sonaba como metal. Sonaba como noise, y eso me parecía asombroso". Así, se atrevieron a buscar su propio camino, que según relata Gallardo incorporaba a la influencia noruega (DT, Burzum, Satyricon) "su amor por nombres obligatorios del krautrock alemán como Can o Neu!, y hasta los escoceses alternativos Primal Scream". Bueno: eso explica este sonido tan poco tradicional, y el hecho de que ellos mismos ya no estén muy seguros de si aún se les podría clasificar como una banda de BM.
Y con esto sí termino la lista: "Sufferer´s Sound" un compilado aparecido este año del gran arquitecto del dub reggae don Dennis Bovell, famoso por haber trabajado a fines de los 70 con interesantes bandas punk como las Slits y el Pop Group, además de acompañar la destacable trayectoria musical del gran poeta Linton Kwesi Johnson.
Los tracks están tomados de sus trabajos entre 1976 y 1980: una era dorada del buen dub, que viene bien escuchar justo ahora, mientras me tomo un vaso de agua de la llave previamente refrigerada.
Como ya he señalado, leer revistas musicales en estos tiempos tiene un lado triste, pues las secciones necrológicas se han convertido en algo dominante. Mi amigo DJ Stalin dice que es porque "nuestra época está muriendo". Puede ser.
En esta ocasión me enteré de la muerte del gran baterista de jazz Roy Haynes, ocurrida el 12 de noviembre. Su trayectoria es imposible de resumir, pero para efectos de lo que yo le conozco, abarca desde colaboraciones con Monk y Coltrane a Sarah Vaughan y Chick Corea. Pueden ver un resumen en la nota que le dedicó The Wire.
Le faltaron cuatro meses para cumplir 100 años, pero no importa: su legado lo hace inmortal (Immortal?!).
Los dejo con "Después de la lluvia", último tema del album Impressions de Coltrane (1963), y una aparición televisiva de inicios de los 70 junto a Rahsaan Roland Kirk, Mingus, Archie Shepp y otros.
Abajo el "situacionismo", parte 8 1/2///M. Amorós contra el "pensamiento débil"
Huyendo del calor entré a la librería
de la casa central de la Universidad de Chile. Recordaba haber visto en esos
estantes una interesante edición/reedición de la traducción chilena de “La
sociedad del espectáculo” que hizo en los 90 Rodrigo Vicuña, directo del francés, y traté de pillarla,
pero no. Tampoco pregunté por ella: si aparece bien, y si no…por algo será.
Mis ojos se toparon con un libro
sobre el “encuentro pifiado” entre Lacan y “un situacionista”.
Lacan…Lacan…hace una década me
dio por estudiar a Freud. Leí bastante y fue una experiencia muy instructiva.
Sólo leyendo a Freud pude comprender mejor a Reich. Y a Marcuse. En fin: cuando
traté de leer a Lacan, la experiencia fue muy distinta. Si leer a Freud era en
parte similar a leer a Marx, a Durkheim o a otros “clásicos” (buen estilo, y
explicaciones complejas pero sólo cuando resultan inevitables, y en general,
muy por el contrario, uso de un lenguaje directo y claro), leer a lacan era
bastante crítico, y muchas veces abiertamente incomprensible.
El “situacionista”. Mmmmmm. Hice
memoria de cuando en la extinta web hommodolars subieron un video de un
estudiante que trataba de boicotear una clase de Lacan, y en que lo que más llamaba
la atención era la forma en que champurreaba a alta velocidad un rosario de
conceptos “pro-situ”, muy graciosamente dada su juventud, y la expresión de
Jacques L. y las risas del público….Lo que me parecía bastante claro es que se
trataba del típico estudiante pro-situ que se puso de moda después del 68, una
de las formas más conocidas de “fans del ‘situacionismo’ (sic)”pero en ningún
caso de un situacionista genuino, es decir, un miembro de la Internacional
Situacionista. Por lo demás, dicho grupo estaba en sus tiempos finales reducido
básicamente a Debord y el italiano Sanguinetti, y de hecho fue disuelto en
1972. O sea, durante este tan famoso “encuentro”
ya no existía.
Pero todos se apresuraron a
calificar a dicho pajarón (Jean-Louis Lippert se llamaba) como “situacionista”
y la anécdota del boicot a Lacan se hizo famosa. Tan famosa que en Chile
editaron un libro dedicado a ella, y que tras hojearlo brevemente mientras
capeaba el calor esa tarde de verano en Santiago centro no me dieron ganas ni
de comprarlo ni de leerlo. Muy por el contrario, tanto en la presentación como
en el texto mismo abunda una pesada jerga academicista posmoderna post-psicoanalítica/post-filosófica
que hace que a su lado Debord parezca Jonathan Swift y Marx o Benjamin verdaderos “educadores populares” en la senda
de Paulo Freire.
Veamos como lo presentaron en un
sitio web, como para que se hagan una idea:
“el autor más que inscribirse en
una u otra disciplina, atiende a la acción singular de la situación o, incluso,
se podría decir que se deja accionar por la situación misma, como otro
participante más de la producción de este “encuentro pifiado”; “para el autor,
este episodio no finaliza con la conferencia, ni tampoco en su reproducción,
sino que, en rigor, el “encuentro” seguirá aconteciendo en la obra de Lacan. El
intempestivo carácter de este libro radica en que cada vez que pareciera
describir la escena en sus insignificantes realizaciones, esta se transforma en
una clave que permite entender una exterioridad histórico-política de la
escena, para comunicarla contingentemente con otros encuentros”; “de esta
manera, el libro permite redefinir un potencial de acción del situacionismo más
allá de la dialéctica hegeliano-marxista, conectándolo con la performance y una
perspectiva objetualista” (http://www.elmostrador.cl/cultura/2018/02/03/performatividad-politica-a-proposito-de-lacan-y-un-situacionista-de-rodrigo-gonzalez/).
Y un extracto escogido del libro,
tomado de ahí mismo:
“En la escena de Lovaina, entre
Lippert, los objetos, el conferencista, el público y auditorio, no hay un
sentido común, o dicho concisamente, el punto referencial de lo común se
desestabiliza respecto a la figura de un Otro ordenado que garantiza la
intersubjetividad de la escena, y se visibiliza el fuera-de-sentido entre los
distintos participantes de la escena” (págs. 73 y 74).
Me recuerda un gracioso texto
extractado de un libro de espíritu similar, y que fuera destacado por la
revista Resquicios bajo el título (tomado del susodicho libro) “esquizofrenizar
los códigos, ¿qué dirían los anti-edípicos?”.
Ay señor…hace una década creía que
estábamos saliendo del pantano posmodernista. Ahora veo que no: nos hemos
hundido aún más en su arena movediza.
Salgo rápido de la librería y camino por A. Prat, hasta que encuentro cervezas de medio litro en lata. He desarrollado el arte de beberlas en dos o tres sorbos, en la calle, para eludir la acción de las policías. Además, la verdad es que ya no hay mucho que degustar...
Antídoto: este breve texto de Amorós
que un camarada recomendó (gracias!). Los subrayados son nuestros.
PS: His hero: avisaré por esta vía cuando lleguen los 1-2-3-4!!!
En proa al mal francés.
Crítica al posmodernismo
filosófico y a sus efectos en el pensamiento crítico y la práctica
revolucionaria
M. Amorós
El retroceso teórico originado
por la desaparición del movimiento obrero clásico ha permitido la hegemonía de
una curiosa filosofía, la primera que no nace del amor a la verdad, objeto
primordial del saber. El pensamiento débil (o filosofía de la posmodernidad)
relativiza este concepto, que hace derivar de una mezcla de convenciones,
prácticas y costumbres inestable en el tiempo, algo “construido”, y, por
consiguiente, artificial, sin ningún fundamento. Y junto con él, toda idea
racional de realidad, naturaleza, ética, lenguaje, cultura, memoria, etc. Es
más, diversas autoridades del mundillo posmoderno no han dudado en calificar
algunas de ellas de “fascistas.” En verdad, tal demolición sistemática de un
pensamiento que nace con la Ilustración y clama por la constitución de la
libertad, y que, más adelante, al producirse la lucha de clases moderna, dará
lugar a la crítica social, tiene toda la apariencia de una desmistificación
radical llevada a cabo por verdaderos pensadores incendiarios, cuya finalidad no
sería otra que el caos liberador de la individualidad exacerbada, la
proliferación de identidades y la derogación de cualquier norma de conducta
común. Al día siguiente de tal bacanal deconstructiva, no quedaría ningún valor
ni ningún concepto universal en pie: el ser, la razón, la justicia, igualdad,
solidaridad, comunidad, humanidad, revolución, emancipación… serán tachados
todos de “esencialistas”, o sea, de pecados nefandos “pro natura.” Sin embargo,
el extremismo negador de los posfilósofos muestra a nivel espiritual
sospechosas coincidencias con el capitalismo de ahora. Un radicalismo de tal
magnitud contrasta no solamente con las vidas y opciones políticas de sus
autores, harto académicas las unas, y convencionales las otras, sino que se
acopla perfectamente a la fase actual de globalización capitalista,
caracterizada por la colonización tecnológica, el presente perpetuo, la anomia
y el espectáculo. Es un complemento para el que todo son facilidades. Nadie les
molestará en sus cátedras. Gracias a la prioridad otorgada por la dominación al
conocimiento instrumental, y en consecuencia, gracias a la escasa importancia
que la mentalidad dominante concedía a las “humanidades”, en la universidad
pudieron darse sin trabas “burbujas especulativas” trasgresoras totalmente
ajenas a la realidad.
La loa posmoderna a la
trasgresión normativa se corresponde en cierto modo con la desaparición de la
sociabilidad en los aglomerados urbanos. De acuerdo con la nueva debilidad en
materia filosófica, nada es original, todo está construido, y por consiguiente
todo se asienta en un pedestal de barro. La economía política, las clases, la
historia, el tejido social, la opinión… todo. Entonces, si no hay relación
social que valga, ni liberación colectiva verdadera, ni dialéctica, ni criterio
definitivo a tener en cuenta a ese respecto ¿qué sentido tienen las normas, los
medios y los fines? Se parte de la nada para llegar a la nada. Tampoco debe
extrañar que el encomio de la deshumanización típico de los deconstructores
corra parejo con la apología de la técnica. El pensamiento débil, entre otras
cosas, celebra la hibridación del hombre con la máquina. ¿Acaso no es superior
una naturaleza mecánica, libre de constricciones, que una naturaleza humana,
esclava de las leyes naturales? El nihilismo inherente a la lógica mecánica
refleja y responde a la abolición de la historia, la supresión de la
autenticidad y la liquidación de las clases; es pues un producto de la cultura
tardocapitalista, si es que a eso todavía se le puede llamar cultura, y su
función no sería otra que la adaptación ideológica al mundo de la mercancía tal
como éste ha llegado a ser. La filosofía posmoderna es en relación con lo
existente una filosofía de la legitimización.
Aquello que había nacido como reacción a la revuelta de Mayo del 68,
fue recibido en las universidades americanas como paradigma de la profundidad
crítica, y desde allá la “French Theory” irradió a todos los
laboratorios pensantes de la sociedad capitalista, descendiendo a los guetos
juveniles en forma de moda intelectual rompedora. Dado su carácter
ambivalente y maleable, los silogismos líquidos de la posmodernidad han llenado
el cajón de las herramientas y el utillaje de toda clase de ideólogos
nuevaoleros, tanto de los ciudadanistas más camaleónicos, como de los
anarquistas más al día en lo que respecta a las novedades. Incluso un nuevo tipo de anarquismo, nacido de la quiebra de los
valores burgueses históricos, centrado en la afirmación subjetivista, el
activismo sin objeto ni plan y la desmemoria, sustituye en la mayoría de
espacios al antiguo, hijo de la razón, originado en la lucha de clases,
forjador de una ética universal y cuya labor revolucionaria estaba fuertemente
anclada en la historia. En la French Theory, o mejor, en el “morbus
gallicus”, del que el posanarquismo es hijo bastardo, las referencias no
cuentan; revelan nostalgia del pasado, algo muy condenable en un
deconstructivista. La cuestión social se
disuelve en una multitud de cuestiones identitarias: cuestiones de género,
sexo, edad, religión, raza, cultura, nación, especie, salud, alimentación,
etc., que ocupan el centro del debate y dan lugar a una peculiar corrección
política que se traduce en una ortografía torturada y un discurso relleno de
latiguillos y barullos gramaticales. Un muestrario de identidades
fluctuantes sustituye al sujeto histórico, pueblo, colectivo social o clase, su
afirmación absolutista obvia la crítica de la explotación y la alienación y,
por consiguiente, un juego “interseccional” de minorías oprimidas desplaza la
resistencia colectiva al poder establecido. La liberación vendrá de una
trasgresión lúdica de las reglas que traban aquellas identidades y oprimen a
dichas minorías, y no de una “alternativa” global o un proyecto revolucionario
de cambio social, algo tenido sin duda por totalitario, puesto que una vez
“constituido” originaría nuevas reglas, más poder y por lo tanto, más opresión.
El comunismo libertario, desde ese punto de vista, no sería sino la plasmación
de una dictadura. El análisis critico y
el mismo anticapitalismo, gracias a la anulación de cualquier referencia
histórica, ceden el sitio al cuestionamiento de la normatividad, a la
contorsión del idioma y a la obsesión por la diferencia, la multiculturalidad y
la singularidad. Que no se traiga a colación la coherencia porque la categoría
de la contradicción ha sido relegada. Construir o deconstruir, esa es la
cuestión.
Definitivamente, el proletariado
no “realizó” la filosofía, tal como deseaba Marx, es decir, no llevó sus
anhelos liberadores a la práctica y hoy pagamos las consecuencias. Cierto que,
en el desarrollo de la lucha de clases, se manifestó un pensamiento crítico que
situaba a la clase obrera en el centro de la realidad histórica, y que fue
calificado de marxista, anarquista o simplemente socialista. Realmente, se
trataba de captar la realidad con la mayor exactitud, para así elaborar las
estrategias con las que derrotar al enemigo de clase. Se suponía que la
victoria final estaba inscrita en la historia misma. A pesar de todo, los asaltos
proletarios a la sociedad de clases no llegaron a buen puerto. Y a medida que
el capitalismo superaba sus crisis, las contradicciones devoraban los
postulados de dicho pensamiento y se requerían nuevas formulaciones. Las
aportaciones fueron múltiples y no ha lugar a enumerarlas. Lo que
caracterizaría a todas ellas sería la claridad añadida en la perspectiva del
combate liberador, pero inmersa en un contexto de retroceso, luego distanciada
progresivamente de la práctica. No obstante, su lectura reforzaba la convicción
de que una sociedad libre era posible, que la lucha servía para algo y no había
que doblegarse nunca, que la solidaridad entre resistentes nos hacía mejores y
la formación nos volvía lúcidos… La lucha de las minorías, lejos de desmantelar
la crítica social, contribuía a enriquecerla. Las cuestiones de identidad,
lejos de ser secundarias, adquirían una importancia cada vez mayor conforme el
capitalismo penetraba en la vida cotidiana y dinamitaba las estructuras
tradicionales. Denunciaban aspectos de la explotación hasta entonces poco
tenidos en cuenta. En un primer momento,
universalidad e identidad convergían; no se concebía la solución a la
segregación racial, la discriminación sexual, el patriarcado, etc.,
separadamente, sino en la perspectiva de una transformación revolucionaria
global. Nadie podría imaginar deseable un racismo negro, una sociedad de
amazonas, un capitalismo gay o un estado de excepción vegetariano. La
revolución social era el único lugar donde todas las cuestiones podían realmente
plantearse y resolverse. Fuera de ella, no quedaba otra que la especialización
elitista, el sectarismo del gueto, el narcisismo activista y el estereotipo
militante. Esa fue la vía abierta por los posmodernos.
El pensamiento débil explotaba
igualmente el filón de la crisis ideológica, recuperando autores e ideas, pero
con efectos y conclusiones opuestas. Una
vez neutralizado el sujeto revolucionario en la práctica, había que suprimirlo
en la teoría, con lo que las luchas permanecerían aisladas, marginales e
incomprensibles, envueltas en una verborrea cretinizante y autorreferencial
apta solamente para iniciados. Esa ha sido la tarea de la French Theory.
Se iniciaba una escalada en la confusión sofisticada y críptica que consagraba
como magos privilegiados a la casta intelectual y como pueblo elegido a las
huestes seguidoras, principalmente universitarias. El “mal francés” ha
sido la primera filosofía ligada a un modo de vida pasablemente remunerado y
con razón: su revisión de la crítica social del poder y la impugnación de la
idea revolucionaria han prestado magníficos servicios a la causa de la
dominación. La noción de poder como una éter omnipresente que lo abarca todo,
condena cualquier práctica colectiva en pos de un ideal por considerarse
renovación o reconstrucción del mismo poder, una especie de pez que se muerde
la cola. El poder no está al parecer encarnado en el Estado, el Capital o los
Mercados como cuando el proletariado era la clase potencialmente
revolucionaria. El poder ahora lo somos todos; es el todo. La revolución
quedaría así redefinida como añagaza del poder para rehacerse en casos extremos
a partir de nuevos valores y normas tan arbitrarios como los que ella misma
relegaría. El descrédito de la revolución social resulta más útil para el poder
real en tiempos de crisis, por cuanto una oposición subversiva organizada que
trate de formarse (un sujeto social que intente constituirse) se verá
denunciada inmediatamente como poder excluyente. En definitiva, un mal
“relato”, igual que el de la lucha de clases. El rechazo de la noción de clase
trasluce involuntariamente también un odio de clase, herencia de la dominación
pasada activa en el imaginario posracional. En fin, se abandona toda veleidad comunista revolucionaria por la
trasmigración de géneros, el poliamor, la transversalidad y el régimen vegano.
Solucionada de este modo la problemática individual, el camino queda entonces
despejado para una oposición colaboradora y participativa, dispuesta entrar en
el juego y por supuesto a votar, a ocupar espacios de poder y a gestionar desde
ellos el orden vigente con un discurso radicalmente identitario, y de rebote,
un discurso radicalmente ciudadanista que hace furor no sólo en la
neoizquierda, sino en la izquierda integrada de toda la vida.
El panorama crítico, presa del
morbo galo, es pues desolador, como desoladora es la vida en el mundo
occidental y urbano plagado de capitalismo. Es el fin de la razón, la clausura
espiritual de un mundo periclitado donde la resistencia al poder era posible,
la evaporación de la conciencia histórica de clase, la apoteosis de la
relatividad, el triunfo absoluto del bluff, el reino acabado del espectáculo…
Al fenómeno se le podrá llamar como se guste, pero es ante todo el efecto
intelectual de la derrota histórica del proletariado durante los setenta y
ochenta, y, en consecuencia, de la desaparición de un par de generaciones
enteras de combatientes sociales y de la incapacidad de éstos de trasmitir sus
experiencias y conocimientos a las nuevas generaciones, librándolos a la
psicosis posmodernista y a su jerga ininteligible. Existe una línea de ruptura
generacional clara que coincide más o menos con la aparición del “milieu”
o gueto juvenil a finales de los ochenta y una relación de ésta con los
procesos de gentrificación de los centros urbanos; por último, puede
establecerse con total evidencia una relación entre la extensión del morbo
posmoderno con el desarrollo de las nuevas clases medias. El descalabro del
movimiento social revolucionario y la catástrofe teórica son dos aspectos de un
mismo desastre, y, por consiguiente, del doble triunfo, práctico e ideológico,
de la dominación capitalista y estatista. A pesar de todo, la debacle nunca es
definitiva, porque los antagonismos proliferan mucho más que las identidades, y
la voluntad de liberarse en común es más fuerte que el deseo narcisista de
destacarse. La lucha de clases reaparece en la crítica al mundo de la
tecnología y en la defensa del territorio, en los proyectos comunitarios de
salida del capitalismo y en las batallas que las clases campesinas libran
contra la agricultura industrial y la mercantilización de la vida.
Probablemente, en los países turbocapitalistas estos conflictos no consigan
zafarse de enfoques “interseccionales”, tratamientos “de género” y demás
reduccionismos identitarios, perfectamente compatibles con una casuística
reformista originada en la “economía social”, pero allá donde cristalice un
auténtico frente de lucha de masas, tales nimiedades darán vueltas sobre sí
mismas y se consumirán en el fuego de la universalidad.
Lo mejor para un veterano melómano es cuando de vez en cuando alguien te presenta toda una veta de materiales que uno por distintas razones desconocía completamente.
Luego de una larga, interesante y hasta impresionantemente sorprendente en sus resultados Deriva realizada ayer desde las 12 a las 23:00 aprox., desde la Plaza de Armas hasta el corazón de la Población 18 de Septiembre, me quedé dormido escuchando a DIOS (2001), y me di cuenta que existía un album de 1995, que al parecer existió en ese entonces como cassette. Un par de canciones se repiten, y el sonido tiene un toque un poquitín más "industrial" si me preguntan, en comparación a ese sonido cuasi post-Joy Division del album de 2001. Pocas veces he escuchado mejores letras en español.
Lo único malo de la Deriva es que en algún lugar perdí mi valiosa libreta de apuntes, casi llena. Desperté varias veces pensando "donde estará?" DIOS me ayude a encontrarla, y si no...bueno...la Humanidad ha sufrido pérdidas más lamentables. Sin esa libreta me costará enormemente escribir acerca de las derivas por Buenos Aires, Rosario y Punta Arenas...Pero tampoco es imposible, dado que tengo apoyos fotográficos.
(Excepto la de ayer!!! Que en parte puede haber sido la mejor de todas precisamente porque no acarreaba sobre mi ninguna forma de tecnología, sólo técnicas: lápiz, hoja, botella, papel).
Tal vez perderla es el precio que me impuso el destino para hacer una verdadera ruptura con mi vida anterior, a partir de ahora, y/o el precio del reencuentro histórico enorme e imprevisto que tuve ayer, y sobre el cuál habrá que escribir en otro momento.
ESCUCHEN ESTO, VARIAS VECES, NO SE ARREPENTIRÁN, CAMBIARÁ SUS VIDAS:
Charged GBH Sex-Cohen en babilonia//Fuiste claro alguna vez?
Las peores enfermedades sexuales son las psicológicas.
Un niño me pregunta: ¿Qué enfermedades son las peores, pero
que no te matan?”………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….
La versión de Hope que me parece que expresa mejor lo que
quería decir ayer es esta otra: Esperanza (de ser el Único -¿y su Propiedad?-)(Max
Stirner: más invocado que leído y comprendido).
Jugo a mil en las esquinas adyacentes a metro Salvador.
Policía a veces sí, a veces no. Imponiéndose por presencia,
obligación de registro, y una que otra detención.
Receptadores del mundo, uníos!!! Ustedes son el germen de
una nueva pequeña lumpen burguesía!
¡Me imagino cuando tengan dos tipos de control de identidad,
el “normal” (art. 85 CPP, que obligaba a la policía inventar “indicios” de
alguna hueá) y el “preventivo” (art. 12 de la nueva agenda corta).
Los dos principales hombres de la represión desde lo alto
del Estado: Harboe (PPD) y Espina (RN).
Harboe era un montajista más carerraja que el mismísimo
Chico Peña. Pero casi se acuerda de su incautación de machetes de utilería de
una grupo universitario de danzas Africanas.
Pregunta: no están
muy viejos los Descendientes pa´ seguir cantando las mismas hueás mamonas de
siempre sobre egos heridos y amores derrotados?
Respuesta: vos mismo.
Y en todo caso, si es por viejos estándares insuperables de “punk
rock melódico”, los Dickies fueron de los mejores, y es raro que casi nadie los
recuerde. Además, su guitarrista tenía la chaqueta que lució Iggy Pop en la
contratapa del “Raw Power”. Testify my Friends, testify. Acá los podemos
apreciar en un concierto en que abrían para GBH, homenajeando a una chica jorobada.
(Cuando Leonard Cohen le preguntó a un amigo íntimo y patas
negras suyo, por qué sus conquistas amorosas eran cada vez más feas, el amigo
respondió:
¿Y quién soy yo para despreciar al Universo?” (Beutiful
Losers, aka Los Hermosos perdedores).
Se trataba en ese caso, precisamente, de una enana jorobada
que el amigo del protagonista había conocido en un orfanato.
L. Cohen, el poeta, era tan noble ( zen) que hasta dedicó una de
sus más bellas canciones a un patas negras al que llama Hermano, asesino.
Artículo 1º.- La actividad penitenciaria se regirá por las normas establecidas en el presente Reglamento y tendrá como fin primordial tanto la atención, custodia y asistencia de detenidos, sujetos a prisión preventiva y condenados, como la acción educativa necesaria para la reinserción social de los sentenciados a penas privativas de libertad o sustitutivas de ellas.
Artículo 2º.- Será principio rector de dicha actividad el antecedente que el interno se encuentra en una relación de derecho público con el Estado, de manera que fuera de los derechos perdidos o limitados por su detención, prisión preventiva o condena, su condición jurídica es idéntica a la de los ciudadanos libres.
Artículo 3º.- Para los fines del presente Reglamento, las expresiones ''Administración Penitenciaria'' y ''Administración'' se entenderán referidas a Gendarmería de Chile.
Artículo 4º.- La actividad penitenciaria se desarrollará con las garantías y dentro de los límites establecidos por la Constitución Política de la República, los tratados internacionales ratificados por Chile y vigentes, las leyes y sus reglamentos y las sentencias judiciales.
Los funcionarios que quebranten estos límites incurrirán en responsabilidad, de acuerdo con la legislación vigente.
La ley actual debe ser modificada para que la colocación de un artefacto explosivo sea considerada como un acto terrorista.
La Tercera, 26/07/2014
LA SEGUIDILLA de atentados explosivos que han tenido lugar en Santiago -que incluso han afectado lugares de muy alta concurrencia, como el Metro, iglesias e incluso un jardín infantil- ha motivado reacciones de la ciudadanía y del gobierno, por el evidente riesgo que representan este tipo de ataques. La forma en que se han sucedido estos atentados, con objetivos precisos y planificados, sugiere que están operando grupos con capacidad de articularse y dispuestos a infundir temor y daño en la población, lo que inequívocamente constituye terrorismo. Si la actual legislación que sanciona este tipo de conductas contiene vacíos o exigencias probatorias que hacen difícil su aplicación, es el momento de corregirla para que su aplicación sea efectiva y disuada, lo que hoy no ocurre.
Es valorable que el Ministerio del Interior haya invocado la Ley Antiterrorista en la querella interpuesta por el atentado que afectó al Metro, pero es necesario que la autoridad muestre consistencia y no introduzca distingos o matices que sirven indirectamente de aliciente para que los grupos violentistas sigan actuando, pues éstos ven facilitado su actuar cuando la propia institucionalidad se muestra dubitativa. Es inexplicable, por ejemplo, la decisión de no invocar la Ley Antiterrorista en los atentados ocurridos en La Araucanía, en circunstancias que los propios tribunales ya han acreditado la ocurrencia de ataques de este tipo en la zona. En los países con democracias sólidas no se admite que los atentados a las personas o a la propiedad sean utilizados como medios para defender cualquier demanda “social”, independientemente del mérito que ella pueda tener.
La recurrencia de atentados explosivos en el país -desde 2008 a la fecha se contabilizan un total de 320-, y la escasa cantidad de personas sancionadas por estos hechos -apenas tres condenados, ninguno por conducta terrorista- revela debilidades en toda la cadena institucional, que incluye a las policías, el Ministerio Público, el Poder Judicial y el Ministerio del Interior como entidad a cargo de garantizar la seguridad y el orden público. La insuficiente respuesta que se ha visto hasta ahora -prueba de lo cual es que no ha sido posible desactivar a estos grupos- exige una impostergable revisión del enfoque que se ha seguido para enfrentar el terrorismo, y asumirlo como un tema de la máxima relevancia.
La actual ley antiterrorista, si bien goza de plena legitimidad democrática, ha sido objeto de fuerte controversia y en casos graves algunos sectores políticos han buscado injustificadamente restar legitimidad a su aplicación. El ministro del Interior ha reiterado que se estudian perfeccionamientos para hacerla más eficaz y lograr condenas. En ese sentido, la reciente recomendación del Comité de DD.HH. de la ONU para que Chile modifique esta ley, instando a que “no se aplique en contra de los mapuches”, sólo aporta confusión y se hace eco de un diagnóstico ideologizado, pues la ley sanciona actos cometidos por individuos, con independencia de cualquier otra consideración. Por lo demás, es llamativo que se discuta la aplicación de una ley vigente, que no cabe sino cumplirla.
Se ha visto la dificultad para probar en tribunales la figura de “temor justificado” a ser víctima de delitos de la misma especie, requisito esencial para configurar un delito terrorista. Ciertamente ello se facilitaría si la legislación presumiera que la colocación de un artefacto explosivo constituye un delito terrorista, invirtiendo así el peso de la prueba para el que alegue otro propósito y dando una señal de lo gravísimo que resulta un acto de esta naturaleza.
A veces miro los CDs para elegir cual poner, y me digo a mi
mismo: pura mierda. Nada decente. Donde está la buena música que ha hecho la
humanidad a pesar de todo hace varios cientos de estaciones desde que hay grabadoras?
Y a veces me deprimo y no pongo nada. Porque aunque tenga una inmensa
acumulación de mercancías, de espectáculos, de dolores de cabeza, y de tiempo
vivo devenido muerto en un pedazo de plástico cuyo valor casi nunca baja de
quina y a veces llega hasta casi diez lucrecias (o un Arturito si prefieren),
de las que a veces no logre decidirme a escuchar ninguna, siempre es mejor
escuchar alguno de estos discos o no escuchar nada que ir a sintonizar una
radio. En rigor, no sintonizo nada desde “tiempo contemporáneo” y otro par de
prog ramas en la segunda mitad de los 80, y la radio Moscú “escucha chile” en
la primera.
El otro día me dí cuenta que en realidad “NYC ghosts and flowers”
de SY es un buen álbum. Pero puedo apreciarlo realmente como a lao 5 escucha.
Y hoy me decidí a escuchar “Güochin machín”, de 1995 (te
acuerdas? Gobernaba Frei y yo acababa de regresar de un paseo largo y extraño).
No tengo una opinión clara aún, debo escucharlo al menos 3 veces más. Pero me
gustó. Y….¿cuál es el sentido de venir a apreciar algo positivamente como 20
años después? No sé. La relación con la música (y sus envases) es así.
Mark Prindle
decía que SY es como Motorhead y AC/DC: the song remains the same.
De ahí me paso a Television, Adventure (1978) (por lo menos
este disco SIEMPRE me ha gustado, sobre todo en invierno), y de nuevo mi viejo
toca discos compactos sony funciona pero (de nuevo) hay que aforrarle un poco
para que no rechace los discos. Hace como 15 años un idiota me dijo: “un
melómano que se preciara tendría mejor equipamiento”. No puedo estar más de
acuerdo.
Sería inaceptable que en una misma zona del país terminen confluyendo y confundiendo su actuar grupos que por diversas razones pretenden desafiar al Estado...
Se ha vuelto lamentablemente habitual que en esta época del año recrudezca la agitación en La Araucanía. En ello influyen las condiciones del período estival -que facilitan acciones como el incendio de campos- y la instrumentalización de ciertas fechas (como el aniversario de la muerte del joven Matías Catrileo, baleado por Carabineros durante el desalojo de una toma). Hace un año, la situación pareció llegar a un punto límite con el asesinato del matrimonio Luchsinger-Mackay, pero aunque no se ha vuelto a registrar un hecho de esa gravedad, los ataques se han incrementado durante las últimas semanas.
Peor aún, el fenómeno adquiere nuevas y preocupantes aristas, ya sea que se trate de la directa provocación que significa la quema de un helicóptero mientras era custodiado por la policía uniformada, o de la llegada de la violencia al radio urbano de Temuco, con la detonación de artefactos explosivos. Una facción de aparente inspiración anarquista se habría atribuido la autoría de este último hecho, lo que introduce mayor complejidad al problema, ante el riesgo -obviamente inaceptable para la autoridad- de que en una misma zona del país terminen confluyendo y confundiendo su actuar grupos que, por razones diversas, pretenden desafiar al Estado, el cual aparecería así fracasando en su función básica de garantizar la seguridad de las personas.
Sucesivos gobiernos han intentado abordar este problema, pero sin que pueda exhibirse algún éxito. Por ejemplo, en algunos de los lugares objeto de atentados se han encontrado panfletos con consignas alusivas a que "si no hay tierras, habrá guerra". Sin embargo, las políticas de compra de campos y su entrega a comunidades no han producido los efectos esperados, dando origen, por el contrario, a nuevos conflictos.
Los delitos contra la propiedad y los ataques incendiarios son realizados por grupos minoritarios, pero alimentan un clima de desconfianza y crispación muy perjudicial para el desarrollo de la zona, contribuyendo así a lo que parece uno de los objetivos del violentismo: inviabilizar el normal funcionamiento de una región. Por eso, la presencia de Carabineros -cuestionada burdamente por quienes acusan una supuesta "militarización de La Araucanía"- es necesaria, y lo que cabe es asegurar eficacia en su actuar, particularmente en el terreno de la inteligencia policial, en que se verifica un fracaso sin atenuantes, que hace imposible la prevención.
Lo anterior no significa desconocer que el problema también presenta aristas políticas, económicas y culturales que deben abordarse con mayor decisión y con una estrategia coherente de largo plazo. Hay una situación de extrema pobreza que requiere combatirse. Hay instrumentos en aplicación que son interesantes, pero cuyos recursos son insuficientes. La política de tierras es muy defectuosa. Hay un valor cultural en ella, pero no puede diseñarse para reproducir un modo de vida de hace cinco siglos. Eso lleva a un congelamiento de la realidad mapuche, artificialmente sustentado por crecientes transferencias de recursos públicos que, a la postre, deslegitiman la preservación de la cultura de las etnias originarias.
Reconocer la identidad de estas etnias no significa, como a veces piden algunas voces, darles un estatuto especial. Detrás de las reivindicaciones de tierras se esconden muchas veces pseudonacionalismos autonómicos conceptualmente auspiciados desde el exterior, que, de aceptarse, crearían una suerte de estados dentro del Estado, rompiendo la unidad de Chile. Sí se puede hacer mucho para reconocer su aporte cultural y, desde luego, para recuperar con más decisión su lengua, elemento muy valorado por ellas. http://www.elmercurio.com/blogs/2014/01/03/18331/Araucania-Mas-aristas-de-la-violencia.aspx
En realidad murió a fines del año pasado. Yo lo leí recién a mediados del año pasado:
"Contra la paz contra la democracia"
Dos transcripciones de conferencias pronunciadas en Barcelona entre 1991 y 1992, publicadas por VIRUS y Ediciones Orates en 1993.
a 4 lucas rebajadas a 3 en el hoy lamentablemente víctima del urbanismo capitalista posmoderno sector de Parque Almagro con San Diego, en la ya totalmente destruída Plaza Almagro, cuyos puestos de libros fueron trasladados provisionalmente a unos horribles galpones entre San Diego y Paseo Bulnes, mientras realizan las labores de destrucción urbanística planificada.
La siguiente nota y texto están tomados de la revista Etcétera, número 51, de marzo del 2013.
1 noviembre 2012. Murió por fin ¿Agustín García Calvo? El interro- gante formaba parte de su firma, pues él nunca creyó que su ser formara parte de la verdad, era tan sólo parte de una realidad imperfecta:
«gracias a que no somos del todo lo que somos», en sus propias palabras. Él formuló la idea de la vida como administración de la muerte que el Sistema (Estado y Capital) nos depara. Mucho es lo que Agustín aportó en ideas y actos en lucha contra este sistema: Poesía, Teatro, Rítmica y Métrica, Lengua, Filología, Versiones, Enseñanza, Política, Verdad/Realidad. Estas fueron, según su propio testimonio, escrituradas en un librito que lleva por título «Cosas que hace uno», las materias a las que dedicó parte de su vida. Sus reflexiones, siempre críticas, han sido de gran ayuda para la rebeldía individual y colectiva.
De su prolongada vida él destaca, en su actividad política, los hechos acaecidos al calor de las rebeliones estudiantiles que, desde Berkeley hasta París recorrieron los principales países del mundo desarrollado en la segunda mitad de los 60. Recién llegado a Madrid para incorporarse a su cátedra de Griego en la Complutense sintió el rebullir de la rebelión que floreció en las grandes asambleas estudiantiles, a las que se incorporó activamente con graves consecuencias para su carrera académica. Fue desposeído de su cátedra, detenido en varias ocasiones hasta que optó por el exilio en Paris. De esta época dice en el citado librito: «…De aquello sigo viviendo y quede aquí el recuerdo y agradecimiento a los que en ello me acompañaron, mi agradecimiento a los que entonces eran, sean los que sean los destinos a que la trivial historia los ha llevado luego»
También a él agradecemos, los que allí estuvimos, sus enseñanzas y su valor.
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Del hablar insurrecto y la rebelión de las lenguas1
Habla Agustín García Calvo
En cuestiones de lenguaje no voy a hacer aquí más que salir al paso de dos o tres errores de los que me parecen más divulgados. El primero se refiere a la relación del lenguaje con eso a lo que se llama Cultura: veo una tendencia a incluir de alguna manera la lengua como una parte del aparato cultural; es por tanto preciso insistir en que la relación no puede entenderse así.
La Cultura (en el sentido más amplio que incluiría cosas como las modas del vestido y hasta la agricultura) es algo, por decirlo primero cuantitativamente y con algo de metáfora, enormemente más superficial que la lengua; esta superficialidad implica que los hechos culturales son hasta cierto punto asequibles a la conciencia y a la voluntad de los pueblos y a sus dirigentes. Se puede, por disposiciones de lo alto o por renovación de convenio, alterar el estilo de las instituciones culturales, suprimirlas, sustituirlas, pero la lengua es, en lo esencial, inasequible a la conciencia y voluntad de sus usuarios. Ninguna disposición de arriba, ningún esfuerzo individual o colectivo, ninguna revolución puede hacer prácticamente nada en punto a cambiar el aparato gramatical de una lengua. Sólo las áreas más superficiales del lenguaje y especialmente la más superficial, la del vocabulario, puede padecer una cierta fuerza por obra del ingenio de un poeta, de la pedantería de un dictado académico o de la imposición de un Gobierno o de una Empresa comercial.
Hay otros modos de insistir en la diferencia de la situación de lengua y Cultura, por ejemplo, bien vemos hoy día que una Cultura prácticamente la misma, la que se llama occidental, puede imponerse y extenderse por una multitud de países sin que ello comprometa para nada la estructura de cada lengua diferente, salvo en cuanto a la participación en un cierto vocabulario y especialmente en una trama de nombres propios que son cosas que apenas atañen a la entraña del aparato de la lengua. Ésta no es ni siquiera objeto de consciencia por parte de los hablantes (está sumida en una zona que podemos llamar subconsciencia técnica) y por tanto no se presta a las manipulaciones ni a los actos de importación que a cada paso sufren las instituciones culturales.
Podrá objetarse a esto que hemos sido testigos de cómo una cierta voluntad colectiva y hasta políticamente organizada ha sido capaz de, por ejemplo, extender el latín por el Imperio o, en nuestros días, convertir en lengua hablada nacional una lengua escrita o muerta, el hebreo, o volver a imponer en áreas considerables de la población una lengua en vías de desaparición, el vasco.
Esto toca a otro de los puntos o errores de que quería hablar, a saber: que esa lengua recluida en la subconsciencia, inasequible a la voluntad, de la que hablaba, se refiere propiamente a las lenguas «naturales», es decir, no escritas y máximamente alejadas de una organización estatal. De las lenguas puede bien decirse que son del pueblo o de la gente, que es una manera de decir que no son de nadie y, consecuentemente, no aparecen nunca ni unificadas —sino mudando según se pasa de uno a otro valle—, ni limitadas a un territorio de fronteras definidas.
Pero luego están las lenguas oficiales, cuyo ejemplo más perfecto son las lenguas de los Estados nacionales; éstas, fundadas siempre sobre una lengua escrita (lo cual implica ya consciente de sí misma), pueden llegar hasta cierto punto a manipularse por obra de dirigentes académicos u organizaciones políticas y, por lo tanto, a unificarse en territorios más o menos vastos y de fronteras definidas, a fijarse, es decir, pretenderse eternas y de hecho retardar su evolución y, sobre todo y para ello, a imponerse desde arriba sobre la gente, ya convertida en Población, por medio de la Escuela, de la Academia y de una Cultura literaria establecida como clásica o modelo de lenguaje. Así que si antes las lenguas no eran de nadie, en cambio, estas lenguas oficiales, pueden con justicia decirse que pertenecen a la Institución Política, al Estado del que ellas vienen a ser el principal fundamento de unidad y permanencia; y es a este propósito revelador ver cómo la empresa de fundación de nuevos Estados no puede por menos de reproducir los procedimientos de los más viejos en cuanto a convertir una maraña de lenguas populares y mudables en una Lengua oficial única para todo el territorio, fija y sujeta a un modelo escolar y literario y sometida a los actos voluntarios, morales y políticos como siendo ya no la lengua que se habla, sino la que se debe hablar. Ya sé que todo esto requeriría más explicaciones, pero no hay sitio hoy para tanto y voy a terminar más bien refiriéndome a otro punto que me parece también un punto de confusión frecuente, que es que hasta aquí he venido hablando de lengua y de las lenguas sin distinguir, como ya desde Saussure está mandado, entre el sistema o aparato de la lengua y el acto de producción en el discurso o la conversación de cada instante; hay que hacer notar ahora que no sólo hay una diferencia entre lo uno y lo otro (la diferencia entre lo estático y lo temporal), sino que puede hablarse de una contradicción entre ambas cosas.
De un lado, por ejemplo, el sistema de la lengua, lo depositado en la subconsciencia de los hablantes, es la instancia fundamental para el establecimiento y consolidación de los conceptos, de las ideas recibidas, de las ideas fijas, pero del otro, la práctica del lenguaje, aunque muchas veces se presente como destinada a confirmar ese establecimiento —cuando se habla para demostrar la razón de ser de una idea previa o cuando se habla para llegar a una conclusión—, sin embargo nos encontramos cada día con que esa producción lingüística de la conversación o del discurso también está haciendo la obra contraria de poner en tela de juicio, volver menos preciso y más dudoso, lo que antes parecía claro y fijo y así, hablando, muchas veces se desmoronan las ideas.
De aquí se desprende —si queréis— una cierta advertencia táctica y es que generalmente los militantes (al igual en esto que los hombres de Empresa y de Estado) se muestran angustiados por la separación entre la teoría (meras palabras que dicen ellos) y aquello a lo que llaman hasta praxis los teóricos de la praxis y, en consecuencia, exigen y se exigen que si se habla sea para llegar a conclusiones determinadas que, a su vez, se conviertan en acción. Pero si este proceso es bueno para las Empresas y los Estados no puede ser bueno para los que están en contra. A ellos desearía recordarles que las conclusiones, los conceptos, las ideas fijas son la muerte de la acción de las palabras, y que las palabras cuando se están produciendo temporalmente son también acción.
Puede que sea muy desconsolador no poder estar cierto de antemano de cuál es el destino al que esa práctica lingüística vaya a conducir, pero esa incertidumbre es probablemente aquella a la que están condenados los rebeldes, las gentes que no son nadie, y al mismo tiempo es la fuente de alguna confianza en que lo que produzca la acción de la lengua y las demás acciones no sea lo que ya estaba escrito.
Zamora, julio de 1978
1. Publicado en J.A. González Sainz e I. de Llorens (eds.), Porque nunca se sabe, Laia, Barcelona, 1985, pp. 229-232.