domingo, octubre 06, 2013
El 5 y 6 de octubre de 1988 tal cual lo recuerdo hoy
Etiquetas: democracia/dictadura, izquierda del capital, Loso Chenta, memories of you, trivia ultraizquierdista
sábado, noviembre 05, 2011
Utilidad pública: Karl Kautsky
"...dentro del campo marxista, otros importantes líderes como Karl Kautsky criticaron el carácter “terrorista” del régimen soviético, señalando que a diferencia del Terror francés en 1793, que constituyó “el intento de una población revolucionaria asustada y hasta desesperada por defenderse de su aniquilación inminente por parte de un enemigo contrarrevolucionario” (*)y que “alcanzó su punto culminante, zozobró y fue derrocado justamente en el momento en que dejó de ser necesario para hacer la guerra” , el Terror en Rusia, tras una situación inicial que era comparable a la francesa, pasó de ser una medida provisional justificable por la situación de guerra, a un elemento permanente y estable, un método de gobierno. Es más, Kautsky señala que una vez alcanzada la paz, en 1921, “el régimen de la Cheka no se ha suavizado, sino que más bien se intensificó”(**) , pasando a atacar a otras variedades de socialistas, y luego a disidentes al interior del mismo partido bolchevique".
* Karl Kautsky, “Terrorismo y comunismo. Una contribución a la historia natural de la revolución”, Prólogo a la segunda edición (1924) de su libro Terrorismo y comunismo, en: Peter Lübbe (compilador), Kautsky contra Lenin, México, Nueva Imagen, 1985, pág. 91.
** Ibíd., pág. 92.
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domingo, mayo 29, 2011
Más sobre la VOP (fragmento de El Clarín)
El asesinato de Edmundo Pérez Zujovic es una de las operaciones más importantes, sangrientas y exitosas que la CIA pudo realizar durante su ofensiva desestabilizadora del gobierno popular.
Durante la primera mitad de 1971 las cosas no podían ir mejor para el gobierno popular. En las recientes elecciones municipales de abril había obtenido más del 50% de los votos.
La ampliación del consumo a sectores pobres de la población no había causado inflación, sino por el contrario ésta bajaba. El desempleo había caído a la mitad en pocos meses, el producto interno crecía. La tesis de que la industria tenía una enorme capacidad ociosa quedaba verificada a cabalidad.
Ninguna de las predicciones sobre el supuesto totalitarismo se había cumplido, las libertades públicas se respetaban y ampliaban de manera no conocida en nuestra sociedad.
Sectores significativos, aunque no mayoritarios de la DC, mostraban su aprobación a las medidas gubernamentales.
La derecha y la DC no habían llegado a crear un frente común y que eso ocurriera era un de los peligros políticos más importantes, que de momento, se enfrentaba.
El gobierno temía que desde las sombras se pudiera desatar un atentado terrorista en contra de algún personero representativo de la DC, y luego acusar al gobierno, así se puso protección policial a Eduardo Frei y al cardenal Raúl Silva Henríquez. La previsión general era correcta, pero no se acertó en cuanto a la víctima.
La Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP), era un grupo que operaba al margen de la izquierda histórica y que tenía una mezcla ideológica entre ultra izquierda y anarquismo, a partir de la tesis de que los obreros se habían aburguesado integrándose al sistema, buscaba su representatividad en los que no tenían ningún vínculo con éste. El sujeto histórico para ellos estaba en la marginalidad. Reflejaban el odio de clases sociales mortificadas por años. Muchos de sus integrantes venían de la Población La Faena de Santiago.
No apoyaron a Allende, no formaban parte de la Unidad Popular, tampoco mantenían relaciones políticas con ésta. No se sabe de relaciones políticas con algún grupo revolucionario de otro país.
Uno de sus principales dirigentes, Ronald Rivera Calderón, había sido indultado junto a otros presos políticos por el Presidente Allende al asumir el gobierno.
Su militancia no pasaba de algunas decenas. Algunos venían desde la juventud comunista y otros desde el MIR. No participaban de las enormes manifestaciones de masas de la izquierda y carecían de un trabajo social detectable, ya fuera en sindicatos o centros estudiantiles, al parecer sólo tenían algunas simpatías mediatas en el Pedagógico de Santiago. Su empeño principal habían sido las expropiaciones. Una suerte de nihilismo terrorista de un lado sumado a una marginalidad social de otro. Eran presa fácil para una maniobra encubierta. De ellos podía surgir cualquier cosa.
La mañana del 8 de junio de 1971 la VOP daba muerte en Santiago al ex ministro del interior de Frei e importante dirigente DC Edmundo Pérez Zujovic, se le disparó con armas automáticas cuando viajaba en su automóvil, sin escolta, a pocas cuadras de su casa en Santiago.
El hecho conmocionó fuertemente al Partido Demócrata Cristiano y a Chile.
Si se quería acusar a la izquierda el blanco estaba muy bien elegido. Pérez Zujovic había sido ministro del Interior del gobierno de Frei y se le imputaba ser responsable de una matanza de pobladores en Pampa Irigoin, en las cercanías de Puerto Montt. Víctor Jara había compuesto una famosa canción - "Puerto Montt" - en repudio a su persona. La izquierda lo señalaba como la figura emblemática de la represión durante el gobierno freísta. No costaba nada acusar a la izquierda. Eso hizo de inmediato la prensa derechista.
El gobierno actuó con máxima prontitud y eficacia. A las 5.30 de la tarde la Dirección General de Investigaciones informó que se había identificado a uno de los atacantes y que éste era Ronald Rivera Calderón, quien actuaba bajo el nombre de "Mario Campillay" y era el máximo dirigente de la VOP.
Sin embargo, la Democracia Cristiana emitió rápidamente una declaración, en la que se lee:
"Exigir al gobierno la inmediata disolución de todos los grupos armados que actúan al margen de la ley...
Se entregue la dirección de todas las diligencias indagatorias a los servicios de inteligencia del Ejército y exponer su confianza en la actual jefatura de Investigaciones" (Puro Chile, 9 de junio 1971).
La declaración destila un afán de manipulación en pos de sacar provechos políticos del hecho de sangre.
En efecto, la exhortación al gobierno a disolver de todos los grupos armados que actuaban al margen de la ley, era:
En primer lugar una imputación gratuita respecto a una supuesta conducción o amparo del gobierno a estos grupos;
Segundo, se busca dar la imagen de una actuación generalizada de grupos armados ilegales, lo que claramente no se corresponde con la realidad de aquellos días;
Tercero, el afán de involucrar al Ejército en la disputa política es evidente;
Cuarto, pedir la intervención del Ejército en la investigación y reiterar la confianza en la jefatura de Investigaciones es una tesis contradictoria y de monumental de hipocresía, la policía de investigaciones esta llamada por ley a perseguir los autores del crimen, si se confía en ella para que pedir lo ilegal que es entregar la investigación a los servicios de inteligencia militares;
Quinto, la invitación a la intervención de las Fuerzas Armadas era una muestra de desconfianza hacia el gobierno, por medio de la cual se buscaba reiterar la imputación tácita de complicidad.
La Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, controlada por el gremialismo en el cual funge como ideólogo Jaime Guzmán Errázuriz que será años después el arquitecto político de la institucionalidad dictatorial, emite una declaración, firmada por su presidente Tomás Irarrázabal, en la que señala:
"Llamamos a las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile a ejercer prontamente las facultades constitucionales que les asisten en orden a restablecer la confianza de los chilenos que desde hace un tiempo tiende a desvanecerse" (Puro Chile, 9 de junio 1971)".
La incitación a la intervención militar en el proceso político es abierta. El fin de esa intervención se disfraza bajo el eufemismo de “restablecer al confianza de los chilenos”. Que las fuerzas armadas tengan “facultades constitucionales” para actuar en política no tiene sustento jurídico alguno.
De otra parte, el parlamentario del Partido Nacional Víctor García Garzena, ya sin fundamento ni recato alguno acusa al gobierno del crimen.
Los afanes por aprovecharse políticamente del asesinato no guardan el menor tapujo.
En la misma noche un grupo de alrededor de 200 jóvenes democratacristianos instigados por el ex intendente de Chiloé de Eduardo Frei, el también DC Octavio Burotto apedrean La Moneda bajo las consignas "asesinos, asesinos" y "gobierno incapaz". El gobierno da orden de no reprimir a los agresores. Octavio Burotto tiene gran cercanía política con el que en democracia será alcalde de Chaitèn Josè Miguel Fritis, que públicamente reconocerá haber trabajado par la CIA en la guerra contrainsurgente de El Salvador en los años ochenta.
¿Entonces, espontánea manifestación de dolor o maniobra urdida para explotar y profundizar la ruptura DC-UP que empieza a producirse?.
El gobierno declaró Zona en Estado de Emergencia y toque de queda entre la 1 y 6 de la mañana.
El PC perdiendo su habitual mesura rompió las conversaciones que desde hacía medio año llevaba con el MIR y aprovechó la ocasión de reprocharle su participación en las tomas de fundos en el sur del país. La izquierda se llenaba de complicaciones.
Frei volvió de inmediato de Europa. A pesar de toda la evidencia del origen del crimen, las emprendió contra el gobierno.
El atentado fue en verdad un pretexto que sirvió en grado extremo a los sectores que al interior de la DC bregaban por un acuerdo con la derecha; desde este momento se hicieron hegemónicos.
Un pretexto, pues la ubicación de un partido en un lugar determinado del acontecer político, precisamente en un momento histórico de esta naturaleza, no está determinado por hechos accidentales, sino por una representatividad social definida, por sus orígenes, sus vínculos nacionales e internacionales. La DC era apadrinada por el estado norteamericano en su anticomunismo, como hemos ya visto en documentos oficiales, apoyo muy rentable y cuantioso.
¿Qué había detrás de un hecho que tan perjudicial resultaba para la Unidad Popular?
A este respecto Hernán Coloma, dirigente socialista, recuerda:
"Inmediatamente después que asesinaron a Edmundo Pérez, se reunió a la Comisión Política del PS, de la que yo formaba parte, se señaló que era un golpe mortal a cualquier entendimiento con la Democracia Cristiana y que Eduardo Paredes, director de Investigaciones y militante socialista, decía tener fuertes antecedentes de que la CIA estába detrás de esto. Paredes quiere investigar, pero teme que la Brigada de Homicidios (BH) de la policía tenga también infiltración de la CIA.
"Se plantea que es necesario ayudar a Paredes y se sugiere mi nombre. Me instalo en una pequeña oficina, con algunos compañeros. Le pedí a un compañero del sector norte de Santiago que tenía relaciones con la ultraizquierda, que se dejara reclutar por la VOP, que ya lo había intentado. El aceptó.
"Esto fue muy rápido, él me informó, que un miembro de la dirección de la VOP, ex Mapu, estaba aterrorizado y que le había contado de sus sospechas de infiltración de la CIA. Hacía cuatro o cinco meses se habían incorporado refuerzos extranjeros, instructores, un japonés-americano, un panameño, preparado en la Escuela de las Américas, una mujer argentina y un argentino. El dirigente le comenta que desde que éstos participan en la planificación operativa, básicamente expropiaciones, la forma de la planificación lleva directamente a muertos y heridos.
"Otro día me da una dirección en calle Manuel Montt y fuimos con unos walkie tolkie; teníamos medios muy primitivos. Uno de los nuestros entró y nos fue dando la información. En una maleta encontró algo mayor, era el plan operativo del asesinato de Edmundo Pérez. Estaba dentro de una maleta. En eso llegaron los ocupantes de la casa, recogieron algunas cosas entre ello la maleta y partieron en un auto, tratamos de seguirlos y los perdimos.
"Nuestro hombre nos indicó el lugar a donde se habían cambiado y nos hizo un plano. Con esa información fui donde Paredes y le dije que era urgente tomar a esta gente y comprobar por lo menos una influencia exterior. En esta conversación estaba presente el periodista Carlos Jorquera.
"Eduardo Paredes me señaló que el jefe de la Brigada de Homicidios a cargo de la investigación tiene todos los medios ocupados y me pregunta si yo era capaz de detenerlos. Le planteé que era muy delicado, yo era de la Comisión Política del PS, él me dijo que no hay otra solución. Le pedí armas, eran tipos preparados, el japonés era una especie de James Bond, el otro preparado en Panamá, le insistí en que necesitaba algunos policías, él decidió ayudarme con su secretario, Jorge Aravena, y con el secretario de Investigaciones.
"Con ellos dos partimos en dos vehículos, era una noche de luna llena, difícil, era una explanada y en el medio una casita de madera. Decidí esperar la salida del sol cuando durmieran todos. Partimos con el Station hasta un 50 metros, botamos la puerta con el auto y estaban durmiendo todos. Estaba ahí un chileno que le decían el 'Ho Chi Min', éste me conoce, cuando me ve me dice que soy un traidor de mierda y yo le respondo que él es un 'guevon imbécil', que están infiltrados hasta los huesos, que se vaya, que hablemos otro día, se va por entre unas plantaciones de choclo, esto era en Lampa.
"Controlada la situación encontramos la maleta que contenía el plan operativo. Estamos en eso cuando vemos aparecer una enorme cantidad de funcionarios de Investigaciones, en sus vehículos, eran no menos de 90, el jefe de la Brigada de Homicidios, baja de su auto y se dirige a mí, señalando: "¿Qué hace un civil con un arma de Investigaciones?". Yo le respondo. "¿Qué hace un funcionario preguntando esto si aquí están los que planificaron la muerte de Pérez Zujovic?". El policía parecía enterado de todo. El se llevó los detenidos y la maleta con el plan.
"Me fuì a un teléfono y le avisé a Paredes de las detenciones y que lo más importante era el plan operativo que estaba en la maleta. Llegaron los detenidos, pero no la maleta. Estuvieron detenidos 24 horas, el juez les dio la libertad -el japonés se negó en todo momento a declarar- y se fueron inmediatamente del país.
"Después, durante la detención de los hermanos Rivera Calderón, Paredes y Toro (subdirector de Investigaciones) gritaron: "¡No disparen!". Los militares dispararon, la orden de fuego que implicó la muerte de todos los buscados, la dio el militar Jefe de Plaza que era Augusto Pinochet Ugarte".
Muchas interrogantes surgen de inmediato.
Los integrantes del VOP eran personas de condición humilde de una organización muy pequeña. ¿Cómo se hacen los contactos con estos extranjeros que no vienen de ninguna organización revolucionaria conocida?.
¿Por qué la estridente prensa derechista que ve guerrilleros marxistas por todos lados nada dice de la partida de estos extraños personajes, qué motiva ese silencio, qué oculta ese silencio?.
¿Por qué Augusto Pinochet da tan perentoria orden de ejecución?.
¿Qué podían contar los hermanos Rivera Calderón, líderes del grupo, que Pinochet sólo quiere sus cadáveres?.
¿Cómo se las arreglan los extranjeros para obtener de inmediato su libertad en circunstancias que su detención, a lo menos por cinco días, era algo judicialmente obvio?.
¿Por qué el jefe de la Brigada de Homicidios llega sin la maleta con el plan operativo?.
¿Por qué el director de Investigaciones desconfía en grado tal de sus subordinados que encarga la investigación a una estructura que no es parte de la policía?.
¿Hasta dónde está metida la CIA en la Policía de Investigaciones?.
Son muchas las interrogantes. Hace falta un trabajo de investigación específico sobre este grave hecho.
Etiquetas: izquierda del capital, lucha armada, represión, trivia ultraizquierdista, volverse loco, VOP
viernes, octubre 16, 2009
Daniel De León, por G. Munis

Una vez más,
gracias a quien?
a LA BATALLA SOCIALISTA!
COMO DICE QUE DICEN?:
Por el Marxismo Vivo
y la Democracia Obrera.
Amén..
--
Daniel de León es uno de los teóricos más valiosos del movimiento revolucionario mundial. Su pensar es hondo, vasto, certero, fluye de un gran respaldo histórico, de un conocimiento minucioso de la lucha de clases coetánea y alcanza un futuro sólo por él oteado, el de nuestro tiempo. Lo descubrirá el propio lector en la presente obrita, que data de 1902.
Y sin embargo, Daniel de León fue desconocido en cuanto teórico, sigue siéndolo hoy, y su propia calidad de hombre militante está en la penumbra.
No son muchos, en efecto, los datos estrictamente biográficos que de él pueden darse, quizás porque guardaba, al parecer, excesiva discreción tocante a si mismo. Hijo de padres hispano-americanos, vio la luz el 14 de diciembre de 1852 en Curaçao, pequeño islote de las Antillas bajo dominio holandés, cerca de la costa venezolana. A la edad de 14 años, sus padres lo enviaron a Alemania por razones de salud y de estudios. Tras examen médico fue puesto bajo vigilancia facultativa, en un colegio de montaña, en Hildesheim, ciudad del Hanover. Residió y estudió allí durante cuatro años consecutivos, hasta el estallido de la guerra fanco-prusiana, en 1870. Fue entonces a terminar sus estudios en Holanda, Universidad de Leyden, durante dos años.
Vuelve a América en fecha indeterminada, pero no para instalarse en Curaçao, ni en Venezuela, sino en Nueva York. Durante dos años enseña latín, griego y matemáticas en un colegio de Westchester, Estado de Nueva York, mientras por su propia cuenta se entrega al estudio del Derecho romano, conocimiento que tan útil le sería, más tarde, para descubrir las trapacerías de los líderes “obreros” modernos. De sus proclividades ideológicas entonces, da idea su colaboración periodística en publicaciones de los refugiados políticos cubanos, en agitación contra el dominio de España.
Estudia derecho en la Universidad de Colombia y obtiene el primer premio al mejor ensayo sobre Historia y Derecho constitucionales, más un segundo premio por otro ensayo sobre Derecho Internacional. Catedráticos y autoridades académicas le predicen un porvenir brillante, con todos los destellos áureos que el término tenía en Estados Unidos, entonces aún más que hoy. Los diplomados de su promoción hicieron, en efecto, carrera y amasaron grandes fortunas. Daniel de León vivió siempre al día y murió pobre.
Trabajó en la misma Universidad de Columbia como adjunto a la cátedra de Derecho Internacional. Tenía allí asegurado el puesto de catedrádico titular y una situación económica muy privilegiada. Pero, hacia 1886, su incorporación al movimiento socialista americano era notoria, lo que le valió la enemiga del medio docente en que se encontraba, superlativamente gazmoño, y en particular la de las autoridades académicas. Sin vacilar, Daniel de León dimitió para consagrarse por entero a la causa revolucionaria de la clase trabajadora.
Las circunstancias en que se encontraba el Partido Socialista Obrero, en el momento en que Daniel de León se incorporó a él, eran más propias para inspirar recelo que atracción, aunque para conocerlas bien era preciso actuar en su seno. Por aquellas fechas, el Partido en cuestión, más buena parte del movimiento obrero americano, los dominaban emigrados políticos alemanes. Llegaron éstos a Estados Unidos durante el período de gran dinamismo, prosperidad y expansión subsiguiente a la guerra entre Norte y Sur. El torbellino de los negocios fáciles y del aburguesamiento sorbía a cuantos no habían hecho de la revolución algo indispensable a su existencia y a su propia dignidad personal. Sabido es que incluso trabajar como obrero entonces era, con frecuencia, una etapa provisional, de paso a la pequeña burguesía, y de ahí en adelante en no pocos casos. Los refugiados políticos alemanes dominantes en el Partido Socialista Obrero empezaron su metamorfosis en burgueses disimuladamente, tomando el Partido por base y pantalla de un negocio editorial privado. Tenían constituida una cooperativa que publicaba un diario y un semanario en alemán y otro semanario en inglés, The People. Aparentemente se trataba de órganos de expresión socialista, pero ninguno pertenecía en propiedad al Partido, de manera que los señores de la compañía estaban en condiciones de imponerles legalmente su voluntad. Engels decía de ellos despreciativamente, en carta a Sorge : “Esos caballeros pueden estar satisfechos … su negocio debe encontrarse floreciente”.
Mientras los tales emigrados iban camino derecho a la burguesía, Daniel de León marchaba a contrasentido de ellos, entregándose en cuerpo y alma a la revolución social. La suerte quiso entonces, mediando carencia de hombres aptos, que fuese nombrado subdirector de The People, y que al poco se hiciese cargo de la dirección, abandonada por el director anterior. El conflicto entre él y los propietarios del periódico no tardaría en estallar, bajuno, innoble por parte de éstos, que a partir de ese momento no vacilaron en arrojar sobre él falsas acusaciones. Daniel de León se propuso dar al periódico y al Partido neta expresión revolucionaria, que estaban lejos de tener. Reclamó, en consecuencia, la plena propiedad de la publicación para el Partido, condición previa de la independencia política del Partido mismo. Los propietarios “socialistas” liquidaron el problema despidiendo pura y simplemente a Daniel de León, como hace un patrono cualquiera con un empleado díscolo.
Fue esa primera batalla política, y un choque rudo con los líderes obreros oficiales, probable germen de la idea desarrollada más tarde comparando esa especie moderna con la antigua, los Tribunos y líderes de la plebe romana. De todos modos y a despecho de los emigrados alemanes convertidos en negociantes, el saldo de esa lucha fue un éxito importante para el Partido socialista y para de León personalmente. La organización consiguió tener un órgano de expresión en propiedad suya y forjar libremente ideas y temple revolucionarios. De León dirigiría The Daily People hasta el fin de sus días.
Su integridad personal, su fuego revolucionario y su capacidad teórica le valieron insistentes campañas de calumnias, no sólo por parte de politicastros capitalistas, lo que es siempre de esperar, sino también, y preponderantemente por momentos, por parte de líderes dichos socialistas. Medio siglo antes de que Stalin, recogiendo lo escrito en un folleto por el Estado Mayor zarista, acusáse a Trotsky y tantos otros revolucionarios, de espionaje, venta al capitalismo y mil calumnias más, líderes “obreros” y plumíferos burgueses estadunidenses cargaron contra Daniel de León con idénticas patrañas, sin que faltase la de espionaje. Los reaccionarios tienen entre sí reflejos defensivos similares, por mucho que los separen el tiempo e intereses privados.
Sin dejarse impresionar por nada, ni enmudecer ante los golpes más pérfidos, de León prosiguió el trabajo de formación del Partido Socialista Obrero, al mismo tiempo que estudiaba las condiciones del capitalismo y el papel desempeñado por los líderes obreros cerca de la clase trabajadora.
Su obra práctica, organizativa, aunque menos duradera que su obra teórica, tuvo un mérito raro debido a las circunstancias de su realización. En medio de un capitalismo próspero como ningún otro, cuando todavía numerosos obreros encontraban ocasión de salir de su clase hacia la burguesía, esperanza que muchos de ellos abrigaban, el Partido Socialista Obrero fué reforzándose gracias en gran parte a de León, y adquirió contornos netamente proletarios. El testimonio mayor de ésto fue su actitud internacionalista frente a la primera guerra mundial, supremo trance demostrativo, pues cualquier partido que blandee ante las añagazas nacionales se exluye de la revolución.
Testigo de una industrialización acelerada, ya por grandes unidades de producción y por zonas extensas de Estados Unidos, que inclinaba decisivamente la preponderancia demográfica del lado proletario, Daniel de León comprendió, desde finales del siglo XIX, que la tan repetida “emancipación del proletariado por el proletariado mismo”, encontraba en el conjunto de esas células de producción, y a partir de cada una, el fundamento orgánico de su puesta en práctica. ¿Cómo? Tomando posesión los trabajadores de todas las unidades de producción, centros distributivos incluidos y reorganizando la producción ajustándola a criterios de consumo, no mercantiles, mediante representantes electivos nombrados en las unidades de producción mismas. A eso le llamaba de León “República Socialista”. Así, lo que Marx preveía como “fase inferior del comunismo” adquiría un punto de apoyo funcional concreto, y tan certero, que hoy mismo no se columbra otra manera de acometer la supresión de las clases.
La idea se desprendía de las obras económicas y revolucionarias de Marx. Incluso se encuentra indirectamente expresada en ellas. Lo que hace de León es señalar el instrumento de transformación de la teoría en realidad cotidiana. Se lo sugirió, por un lado, el vertiginoso desarrollo industrial que estaba presenciando en Estados Unidos, país el más cabalmente capitalista del mundo, porque exento de los detritus europeos de formaciones sociales anteriores ; por otra parte, la sugerencia procedía, inequívoca, de la pujanza potencial de un proletariado en plena expansión numérica.
Esto último y la gran industria generalizada representaban para la revolución una facilidad objetiva superior a cuanto ofrecían entonces los países de Europa. Pero existía una contrapartida importante, un obstáculo mayor a vencer. Lo señaló con netitud y fuerza excepcionales la bien focalizada lucidez de Daniel de León. Vió que entre el proletariado y la posesión de los instrumentos de trabajo, entre la clase revolucionaria y la revolución, levantaban pétrea barrera los “líderes obreros”. Sin quitarlos de en medio, imposible acabar con el capitalismo. La certidumbre de ello fue madurando durante años en la reflexión teórica de de León, fechorías sindicales mediante, y su conocimiento de la civilización antigua -ascensión y decadencia- le permitió trazar el perspícuo parangón entre los líderes de la plebe en Roma y los líderes políticos y sindicales modernos a continuación editado.
Ese parangón constituye, sin la menor duda, el acierto de mayor alcance, el mérito hoy indiscutible de Daniel de León. Líderes y tribunos de la plebe no constituían en realidad parte de esa plebe, sino por un atavismo jurídico frecuente en la evolución humana. El derecho original patricio los clasificaba dentro de la plebe ; sus haberes y su género de vida los distanciaba de ella totalmente. Eran en realidad advenedizos sin la legalidad noble de la vieja clase patricia. Hablando en nombre de la plebe, arrastrándola a menudo mediante reivindicaciones fútiles, iban sacando adelante sus propios intereses económicos y políticos, sin que la plebe dejase de ser plebe desposeida y maltratada. La victoria de los líderes cerró el camino a toda transformación positiva de la sociedad, la civilización antigua se abismó en la corrupción decadente que desembocaría en las invasiones bárbaras, el retroceso cultural, el desmembramiento… y un milenio de marasmo humano, hasta la recuperación sobre otras bases.
Los líderes modernos son falsos representantes de la clase obrera, cualquier designación que se cuelguen. Van también a lo suyo, como los de Roma y no tienen nada mejor que ofrecer a los supuestos representados ni a la sociedad en general. Diciéndolo con palabras de Daniel de León:
“Así como los Tribunos de la plebe constituían una base estratégica de particular importancia para el patriciado y perjudicial para el proletariado, los líderes obreros actuales son, por razones similares, un reducto camuflado desde el cual la clase capitalista puede planear lo que sin él sería imposible: su obra de esclavización y de degradación paulatina de la clase obrera…”
Haber alcanzado esa visión, hoy innegable y mundialmente válida, en 1902, revela una aguda penetración analítica y una capacidad de síntesis histórica preciosas para el movimiento revolucionario. Tanto más increible parece que hayan permanecido casi universalmente ignoradas. Apenas si algunos bolcheviques tuvieron, tarde, conocimiento de de León. Sirva la presente edición, la primera en español que yo sepa, no tan sólo para rendir justicia al teórico, muerto prematuramente en vísperas de la revolución rusa, sino para alertar al proletariado y ayudar al renacimiento de la teoría, en estos tiempos de tal carencia que cualquier palabreante se cree un cerebro innovador, cualquier pistolero un Espartaco.
G. Munis
Junio 1979
Etiquetas: comunismo, De León, difusión comunista, lucha de clases, trivia ultraizquierdista
viernes, octubre 02, 2009
Quien chucha fue Grandizo Munis?

Gentileza: Antorcha Socialista, que su vez agradece la gentileza de BALANCE y autoría de Agustín Guillamón.
fraC mento de G. MUNIS, UN REVOLUCIONARIO DESCONOCIDO
La Lutte Ouvrière, que durante todo el año l938 había dado noticia de los
pormenores de la detención, juicio y prisión de los militantes de la SECCION BOLCHEVIQUE LENINISTA de ESPAÑA, publicó en sus números del 24-2-39 y 3-3-39 una entrevista con "Munis" sobre la caída sin resistencia de Barcelona en manos fascistas, que él achacaba al previo aplastamiento de los revolucionarios en la represión posterior a mayo de 1937. A fines de 1939, gracias a su nacionalidad mexicana, consiguió embarcar con destino a México, pero los intentos de conseguir refugio en ese país para sus camaradas fracasaron, ante la oposición de los estalinistas a la concesión del visado para los trosquistas. Estableció una asidua relación personal con León Trotsky y su mujer Natalia Sedova. Trotsky le encargó la dirección de la sección mexicana. En mayo de 1940 participó en la llamada conferencia de "alarma" de la IV Internacional.
En agosto de 1940, tras el asesinato de Trotsky, en cuyos funerales tomó la palabra intervino repetidamente en el proceso incoado contra su asesino (Mercader) como
representante de la parte acusadora. Se enfrentó decididamente contra los parlamentarios estalinistas, así como contra la campaña de la prensa estalinista mexicana, que acusaba a "Munis", "Víctor Serge", "Gorkin", Regler y Pivert de agentes de la Gestapo. Pese a la amenaza de muerte realizada por los estalinistas, "Munis" retó a los diputados mexicanos que les calumniaban a renunciar a la inmunidad parlamentaria para enfrentarse a ellos ante un tribunal.
A partir de 1941 se unió a Benjamin Péret, también exiliado en México, y a Natalia
Sedova, en las críticas al Socialist Workers Party (SWP), la organización trotskista
estadounidense, que tomaba partido por uno de los bandos de la guerra imperialista
(Segunda guerra mundial), esto es, por el antifascismo.
Las divergencias se acentuaron ante la crítica del Grupo Español en México a los
partidos francés e inglés, apoyados por la dirección de la IV Internacional, que tomaban posiciones favorables a la participación en las distintas resistencias nacionales contra losnazis. El inmenso mérito de "Munis", Péret y Natalia radicaba en la denuncia de la política de defensa del Estado "obrero degenerado" de la URSS, conjuntamente con el rechazo al apoyo de las resistencias nacionales antifascistas. El bando militar de los aliados, fueranéstos rusos, americanos, franceses o ingleses, no era mejor ni peor que el nazi. Abandonar la tradicional posición marxista de neutralidad en la guerra imperialista, esto es, optar poruno de los bandos burgueses en lucha, suponía abandonar toda perspectiva revolucionariade lucha de clases y de transformación de la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria. El avance de las tropas rusas no suponía ningún avance de la revolución,sino por el contrario la expansión del estalinismo, esto es, de la contrarrevolucióntriunfante en Rusia, que en su política exterior había ya ahogado la revolución española, yque reprimía en su conquista militar cualquier manifestación revolucionaria en Polonia,Checoslovaquia, Rumania, Alemania, Hungría o Bulgaria.
Las discrepancias entre el Grupo español y la dirección de la IV Internacional
fueron cada vez más amplias e insalvables. Las posiciones de "Munis", Péret y Natalia
Sedova hallaron eco en varias secciones de la IV Internacional: en Italia el Partito Operaio Comunista (POC) dirigido por Romeo Mangano, en Francia la tendencia Pennetier-Gallienne del Parti Communiste Internationale (PCI), así como la mayoría de las secciones inglesa y griega.
El Grupo español en México de la IV Internacional editó dos números de 19 de
julio, y desde febrero de l943 una publicación de carácter teórico, titulada Contra la corriente, destinada a defender los principios del internacionalismo marxista, que a partir de marzo de 1945 fue sustituida por una nueva publicación, de carácter más práctico y combativo, titulada Revolución. En la editorial mexicana de mismo nombre "Munis" y Péret, este último bajo el seudónimo de "Peralta", publicaron varios folletos en los que desarrollaron sus teorías sobre la naturaleza del Estado ruso, que es definido como capitalismo de Estado, sobre la guerra imperialista y el papel de los revolucionarios, sobrela guerra civil española y el papel contrarrevolucionario jugado por el estalinismo, así como sus críticas a la Cuarta Internacional.
En junio de l947 "Munis", Péret y Natalia Sedova iniciaron un proceso de ruptura
con el trosquismo oficial con dos textos que criticaban duramente a la dirección de la Cuarta: la carta abierta al partido comunista internacional, sección francesa de la IV Internacional, y "La Cuarta Internacional en peligro", preparado para la discusión interna del Congreso mundial.
En l948, ya establecidos "Munis" y Péret en Francia, se produjo la ruptura
definitiva con el trosquismo en el II Congreso de la IV Internacional. El congreso se negó a condenar la participación de los revolucionarios en la defensa nacional, esto es, en la resistencia, y aprobó una resolución en la que se presentaba la rivalidad USA-URSS como la principal contradicción mundial. Esto, unido a la consigna de la defensa incondicional de Rusia, porque pese a todo era considerada como un Estado obrero degenerado, suponía defender el estalinismo. Y lo que era aún mucho más grave: suponía sustituir la contradicción marxista fundamental de la lucha de clases entre burguesía y proletariado, por la nacionalista de apoyo a la URSS en su rivalidad con USA. "Munis" calificó estas posiciones del II Congreso de la IV Internacional de aberrantes y elaboró un documento de ruptura con el trosquismo por parte de la sección española, en el que profundizaba y confirmaba la definición de Rusia como capitalismo de Estado, sin vestigio socialista alguno, y como potencia imperialista.
Con la llegada a Francia del Grupo español en México y la ruptura con el
trosquismo, se impuso un cambio de nombre de la organización, que tomó el de Grupo
comunista internacionalista de España (GCI). La reorganización del grupo en Francia era el primer paso para el inicio de la lucha clandestina en España. El grupo consiguió establecer una mínima infraestructura en Barcelona y Madrid. Publicaron y difundieron algunos folletos y octavillas en los que se denunciaba los horrores y la auténtica naturaleza del estalinismo español y de la dictadura fascista de Franco. En marzo de 1951, durante la huelga general de tranvías en Barcelona, el grupo lanzó octavillas en las que se defendía el carácter espontáneo del movimiento, frente a una propaganda franquista que lo atribuía a los consabidos masones y comunistas pagados por el oro de Moscú.
A causa de esas octavillas, y de los folletos que denunciaban la política
contrarrevolucionaria de los estalinistas en España, "Munis" fue condenado a diez años de prisión, Jaime Fernández a ocho años, y diversos camaradas del GCI a un año. Habían sido detenidos aproximadamente un año después de la huelga de tranvías.
A su salida de la cárcel en 1957 "Munis" reanudó en Francia su actividad política.
En 1958 fundó con Benjamin Péret, el poeta surrealista francés, con Jaime Fernández, y otros antiguos camaradas de lucha, el grupo FOR (Fomento Obrero Revolucionario), en el que militó hasta su muerte, y que desde 1959 publicaba Alarma como órgano del citado grupo. Benjamín Peret falleció en 1959.
Al no obtener documentación de residencia en Francia, "Munis" viajaba a Italia
para luego poder regresar a Francia. Residió, pues, de forma intermitente, durante algunos meses en Milán, donde entró en contacto con los grupos e ideas de la Izquierda comunista italiana. Sostuvo amplias y profundas discusiones con Onorato Damen, el dirigente del grupo "Battaglia Comunista", de las que surgieron una mutua simpatía y respeto. Las tesis de FOR fueron difundidas en Italia por la revista Azione Comunista. En Milán escribió y fechó dos de sus textos teóricos más importantes: Los sindicatos contra la revolución en 1960 y Pro Segundo Manifiesto Comunista en 1961.
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