Delirio Místico: "A mon seul désir" (Según mi solo deseo)
"La discusión sobre el comunismo no es académica. No es un debate sobre lo que se hará mañana.
Desemboca en, y forma parte de un conjunto de tareas inmediatas y lejanas de las que no es más que un aspecto, un esfuerzo de comprensión teórica" (Gilles Dauvé)
jueves, septiembre 19, 2024
Lejano Oriente y deseo de revolución.
(Presentación
a El movimiento
estudiantil radical japonés y el Zenkyōtō (1945-1970), de Tomás
Pacheco Márquez, Editorial Banzai/Pensamiento & Batalla, 2024).
“La forma
se presta para expresar el movimiento de la revolución la forma es la
revolución” (J.F. Lyotard)
I
La
historia de la revuelta global de los sesenta ha sido hace ya bastante tiempo reducida
a ciertas manifestaciones estudiantiles en el Barrio Latino en París ocurridas en
mayo de 1968. En esta operación de amnesia histórica, se ha logrado hacer olvidar
la dimensión global e internacionalista de un momento revolucionario acéfalo y
multidireccional que logró por un momento poner en jaque al viejo orden del
mundo a ambos lados de la cortina de hierro, en el norte y en el sur del
planeta.
En el
relato que se ha instalado como oficial, jamás se menciona que en Francia los
hechos de mayo gatillaron hacia el mes de junio una huelga general salvaje de
millones de personas en todo el país, de la cual a veces pareciera que nadie se
acuerda, y que fue posible a pesar de la fuerte oposición del aparato sindical
dominado por los estalinistas del P“C” francés. Y a partir de ahí, se suprime también
de la memoria de esos años la centralidad de la lucha de clases, en que por un
breve y hermoso momento el anticapitalismo proletario coincidió con otras
luchas emancipatorias en torno a raza y género, con el movimiento por los
derechos civiles y las luchas de liberación nacional en los antiguos países
coloniales. No por casualidad la chispa que encendió la pradera en muchas
partes del planeta, también en Francia, fueron las acciones en solidaridad con la
resistencia antiimperialista del pueblo de Vietnam.
Pese a
ello, la mayoría de los libros y discursos académicos nos hablan sólo del mayo
de los estudiantes y no del de los obreros, campesinos, dueñas de casa, niños y
niñas, oficinistas y artistas varios que en ese momento se sumaron a esta
crisis total del funcionalismo, en que por varias semanas ya nadie quiso seguir
cumpliendo el rol social asignado. Los situacionistas sabían de eso cuando tan
temprano como en julio de 1968 publicaron su propio relato sobre lo que
llamaron el “movimiento de las ocupaciones” de mayo/junio, anticipando que en
pocos meses se publicarían tantas toneladas de basura sociológica sobre la
“revuelta de los jóvenes” que al cabo de unos cuantos años la dimensión
verdaderamente subversiva del acontecimiento sería prácticamente suprimida de
la memoria colectiva.
La
maniobra fue tan exitosa que hace poco escuché en un conversatorio que cuando
el expositor, un muchacho mexicano que hablaba de las luchas en el Kurdistán,
preguntó a la asistencia qué pasaba en Chile hacia 1968, la repuesta fue clara:
“¡Nada!”. Me retiré luego pensando en que para ese público tan de izquierdas el
crecimiento del MIR, el nacimiento de la VOP, el cúmulo de luchas obreras,
campesinas y estudiantiles que se dieron y la dura represión policial del
gobierno de Frei Montalva no significaban nada de nada: el verdadero y único
acontecimiento para ellos fue la elección de Allende en 1970 y, mil días
después, el golpe de Estado de Pinochet.
Por todo esto
es que recobrar la memoria colectiva de todas esas luchas es una tarea esencial
para quienes nos negamos a sucumbir ante el imperio capitalista de la muerte en
vida, y estamos ya más que aburridos de la mirada ahistórica y derechamente
mitológica de la izquierda tradicional. Este libro de Tomás Pacheco es un
aporte mayúsculo en este sentido, concentrándose en la historia del movimiento
estudiantil desde 1945 (final de la segunda guerra mundial, con la derrota
japonesa e inicio de la ocupación norteamericana), y llegando hasta los momentos
decisivos de la lucha estudiantil en el contexto del “68 japonés”. En efecto,
hasta ahora existen muy pocos libros en español dedicados a analizar el
movimiento revolucionario en Japón de ese período, y predominan visiones acerca
de un exotismo inocente propio de los japoneses y su tendencia a imitar las
formas culturales de occidente, en medio de una sociedad pacífica y conformista
en que no existirían ni revueltas ni
antagonismo social, las que habrían sido totalmente desterradas luego del
destacable “milagro japonés”.
Si hablamos
del “68 japonés” no es de ninguna manera para contribuir a reducir las luchas
de este ciclo solamente a lo que ocurrió en ese año en algunos lugares,
incluyendo la poco conocida historia de lo que pasó en este país asiático. La
denominación “68” funciona para nosotros a estas alturas no tanto como un dato
cronológico sino que más bien como un símbolo que condensa toda la época de lo
que algunos han llamado el “segundo asalto proletario contra la sociedad de
clases”. Este ciclo de luchas que se concentran en el “68” en rigor comenzó
hacia 1965/6, medio siglo después del “primer asalto” de 1917/9 y dos décadas
después del final de la segunda guerra mundial. Alcanzó su punto culminante
entre 1969 y 1971, y ya visiblemente en 1973 genera su propia contrarrevolución,
que comienza muy violentamente con el golpe de Estado en Chile, seguido de la
arremetida global del denominado “neoliberalismo” como fase o modelo actual del
capitalismo occidental, caracterizado en el plano socioeconómico por la
intensificación abierta de las relaciones sociales capitalistas en todos los
planos, y en el plano ideológico y cultural por un “realismo capitalista” que nos
enseña que no hay alternativas a este orden, y que se expresa tanto a nivel de
“sentido común” como en las distintas variedades de posmodernismo academicista
de derecha y de izquierda que hemos sufrido hasta hoy.
En fin: cuando
decimos “68” o incluso “mayo del 68” es un poco en el mismo sentido que las
alusiones que se hacen en Chile a “Octubre del 2019”: un mes y un año cuyo
recuerdo aterroriza tanto a los defensores de este orden que pretenden
conjurarlo condenando al “octubrismo” por todos los medios a su disposición,
que no son pocos. Parafraseando al viejo Debord, jamás volverá a pasar un mes
de mayo (u octubre) sin que se acuerden de nosotros.
II
En mi
caso, siendo un hijo del 71, tuve conocimiento de la intensidad de las
protestas japonesas de los sesenta por dos hechos fortuitos. El primero fue
toparme en la televisión abierta de trasnoche a inicios de los noventa con el
documental “Días de furia”, que dentro de su variopinto y exótico contenido
mostraba imágenes de la lucha de Sanrizuka contra la construcción del
aeropuerto de Narita en las afueras de Tokio, y la violenta resistencia y
represión que se generaban. La voz en off del conductor presentaba el
dramático registro como una confrontación entre el mañana (construir un moderno
aeropuerto) y el ayer (la lucha de los campesinos y estudiantes por impedirlo):
como diría Walter Benjamin, “la catástrofe es el progreso, el progreso es la
catástrofe”.
Poco
después, aún en la primera mitad de los noventa, di casualmente con el librito
de Bernard Beráud sobre “La izquierda revolucionaria en el Japón” (edición mexicana
de 1971), donde entremedio de las detalladas explicaciones sobre las tácticas
de combate callejero y la evolución de los distintos grupos de la
ultraizquierda japonesa me hice una clara idea del tipo de lucha
antiimperialista y a la vez antiestalinista que se llevaba a cabo por allá. Si
no fuera por esos hallazgos, no sé cuándo me hubiera enterado de toda la
expresión nipona de las luchas del segundo asalto, pues no es de extrañar que
en los relatos más conocidos sobre el 68 Japón casi no aparece.
Por ejemplo, a lo largo de las
quinientas páginas del best seller de Mark Kurlansky sobre 1968 como “el
año que estremeció al mundo”, sólo encontramos en el índice temático dos
alusiones a Japón, aunque bastante significativas: en una se explica a grandes
rasgos en qué consistía el movimiento estudiantil de la Zengakuren, y en la
segunda se refiere que el Partido “Comunista” japonés (de los más grandes en
esa época, junto al italiano, francés y chileno) fue uno de los que se opuso a
la invasión rusa de Checoslovaquia (no así el P”C” chileno, que inventó la
pedagógica consigna de “checo, entiende, los rusos te defienden”). Ambos
factores sólo son esbozados en el relato de Kurlansky, pero son fundamentales
para entender el contexto social y político que nos hemos propuesto describir,
pues confluyen en la existencia de una amplia contracultura juvenil de
izquierda radical, a la vez anticapitalista y antiautoritaria (la base cultural
de la llamada “Nueva Izquierda”), que se desarrolló con fuerza en algunos de
los países en que los P”C”s y otras expresiones de la izquierda tradicional
socialdemócrata y/o autoritaria aparecían no sólo como parte del “viejo orden”,
sino que también como culturalmente reaccionarias. Gran parte de este nuevo
movimiento surge de la radicalización de las posiciones en contra de la
intervención imperialista en Vietnam, y en el caso japonés, estas protestas
enlazaban con todo un movimiento previo de oposición a las bases militares que
mantenía Estados Unidos en el archipiélago, desde las cuales ahora se
intervenía directamente en esa guerra.
En este sentido, Kristin Ross -que
tampoco dedica mucho espacio en su excelente libro “Mayo del 68 y sus vidas
posteriores” al contexto japonés-, nos recuerda que gran parte del movimiento
en Francia y el resto del mundo estaba centrado en la oposición a la guerra de
Vietnam, lo cual tres décadas después ya había sido suprimido de la memoria,
junto con todo el contenido anticapitalista de la revuelta, para destacar en
cambio únicamente suaspecto cultural,
de liberación de las costumbres, en tanto movimiento “generacional”. Ross
destaca la influencia que tuvo en el movimiento estudiantil de Estados Unidos y
Francia el ejemplo de la Zengakuren, que había aprendido que “la policía no
siempre gana”. Y en efecto, en un momento sus tácticas fueron replicadas (con
variantes, obviamente) por los estudiantes de varias ciudades del mundo, lo
cual creo que se explica en gran medida por efecto de la circulación de
imágenes televisivas de las protestas, con su efecto contagioso que
posteriormente la prensa y TV oficiales se han cuidado de evitar.
En efecto, la especificidad de la
“escena japonesa” en el contexto del 68 global fue la masividad, creatividad y
combatividad de las luchas callejeras. En rigor, estas ya se habrían expresado
en gran estilo ya desde inicios de la década, pero la novedad tecnológica que
aportó 1968 fue la incorporación en los medios de comunicación de las
transmisiones en directo por televisión satelital, lo que dio al público un
sentido de simultaneidad de los eventos y luchas que se daban en todo el globo.
De esta forma, se pudo apreciar en directo y en todo el mundo escenas como las
que ya en 1960 había registrado el periodista Walter Cronkite y un equipo de la
CBS, cuando el presidente Eisenhower decidió finalmente no aterrizar en japón,
dada la presencia de decenas de miles de manifestantes de la Zengakuren.
Cronkite luego relató que cuando trató de salir del lugar no tuvo más remedio
que acercarse a las filas de los manifestantes, para acto seguido unirse a
ellos tomándose de los brazos y gritando “Banzai! Banzai!”. “Lo estaban pasando
magníficamente” y tras despedirse, recién pudo llegar a su automóvil y
dirigirse al aeropuerto.
No cabe duda de la gran fascinación que
causó en occidente la transmisión televisiva y registros fotográficos de
tácticas como la “danza de la serpiente”, la construcción de fortalezas de
madera para combatir contra la construcción del aeropuerto de Narita, y la
indumentaria propia de los estudiantes radicales japoneses (cascos de colores y
garrotes, que en verdad habían sido implementados primero en las peleas entre
distintas tendencias dentro de los campus universitarios antes de ser usados
masivamente para la lucha contra la policía).
John Lennon y Yoko Ono usaron los
típicos cascos Zengakuren en presentaciones en vivo y fotografiados así mismo
(con casco y puño en alto) aparecen en una famosa entrevista en el periódico
trotskista Red Mole y en el arte de portada del single “Power to the people” de
Lennon, lanzado en marzo de 1971.
Incluso un artista tan aparentemente
poco politizado como Jimi Hendrix, hizo en 1970 comparaciones entre la lucha de
los estudiantes norteamericanos, caracterizadas por la no-violencia al extremo
de “dejarse abrir la cabeza” por las porras de la policía, y las tácticas de
lucha callejera de los estudiantes japoneses. Mientras el comportamiento de los
jóvenes gringos le parecía masoquista, Hendrix lo contrastaba con el de “los
muchachos en Japón” que “se compran cascos, forman escuadrones y van en
bloques, así. Tienen todo lo necesario. Tienen sus escudos. Llevan soportes de
acero. Tienes que tener todas esas cosas”. Y no deja dudas acerca de sus
simpatías cuando remata con un “me gustaría ver a todos esos chavales
estadounidenses con cascos y grandes escudos romanos para hacer lo que van a
hacer. ¡Juntos de verdad! Si te vas a meter en eso, mejor que lo hagas con
otros. Toma nota, porque estoy harto de ver estadounidenses con la cabeza
abierta sin ningún motivo”.
III
Dentro de este escenario, la
investigación de Pacheco parte por explorar el ambiente político a partir de
1945, y la influencia que en ese escenario tiene el Partido “Comunista”
Japonés, la organización política que más peso tiene en el origen del movimiento
estudiantil de posguerra, y que presenta en ciertos momentos de su historia una
deriva a favor de la lucha armada.El
rol del P”C” es realmente importante, y en eso el 68 japonés comparte algunas
características con su equivalente francés, italiano e incluso chileno: países
en que el antiguo partido estalinista tiene una gran influencia política,
social y cultural, a la vez que aparece cada vez más como parte integrante del
“partido del orden”, lo que motiva ya desde fines de los cincuenta el surgimiento
de nuevas corrientes a su izquierda, que oscilan entre el marxismo-leninismo trotskista
o maoísta y las posiciones anti-autoritarias propias de la Nueva Izquierda, y
que terminan fraccionando y disputándose la dirección de la Zengakuren.
El movimiento estudiantil japonés tuvo
un largo proceso de crecimiento y maduración, que no pierde de vista la
vinculación con la lucha de clases, lo que lo constituye en un precursor del
movimiento global que se hace visible a contar del 68, lo cual contrasta notoriamente
con las visiones reduccionistas y eurocéntricas que plantean poco menos que los
movimientos en el resto del mundo imitaban la revuelta del mayo estudiantil francés.
Muy por el contrario, luego de una
larga trayectoria de luchas que incluyó la gran batalla contra la renovación
del tratado de cooperación y seguridad mutua (Anpo) con Estados Unidos en 1960,
a la reactivación de las movilizaciones que se produce desde fines de 1966, las
dos masivas confrontaciones con la policía en las inmediaciones del aeropuerto
de Haneda en octubre y noviembre 1967 (en que se trataba de impedir viajes al
exterior del primer ministro Sato), y las ocupaciones de campus que paralizaron
completamente el sistema universitario durante 1968 y 1969, que fueron en su
momento consideradas como la revuelta estudiantil más grande del mundo. Por eso
es que toda esta historia debería ser bien conocida en un país como Chile, cuyo
movimiento estudiantil ha logrado varias veces sacudir los cimientos del orden
social, tal como destaca Pacheco en su Introducción.
En su detallada revisión, después de
repasar la historia del P”C”J y el surgimiento de la Nueva Izquierda, Pacheco se
concentra sobre todo en el momento a fines de los sesenta en que surge un nuevo
tipo de organización en los campus universitarios. La ya antigua Zengakuren,
desgastada por la lucha de fracciones entre los distintos partidos y sectas de
ultraizquierda, no está a la altura de los nuevos desafíos de la lucha, y en
ese contexto surge el Zenkyoto, un movimiento más asambleario y horizontal organizado
en asambleas de campus, inspirado inicialmente en las ideas de la estudiante
Mitsuko Tokoro, que antes de fallecer prematuramente a inicios de 1968 dejó
escrito el influyente texto “La organización por venir” (1966).
Ferrán de
Vargas, autor del único libro que hasta ahora se ha dedicado en detalle a la
izquierda revolucionaria japonesa en el período que va desde la posguerra a
1972, señala que en ese momento parece haber surgido una “nueva ‘nueva
izquierda’”, que es la que se expresa con fuerza en la llamada “época de la
política” (1966-1971), el momento más álgido de esta historia, cuando la
izquierda revolucionaria movilizaba a alrededor de 300.000 personas en la calle.Y es también en esa época cuando en
vinculación con toda esa agitación social se desarrolla la contracultura
japonesa más interesante, que ha obsesionado a varios melómanos del mundo, como
Julian Cope -que le dedicó el libro Japrocksampler- y a mí mismo -que dediqué
el libro Barricadas a go-go a la escena musical desarrollada en el archipiélago
nipón entre 1968 y 1977. Cuando digo que esta movida era interesante, me
refiero sobre todo a sus formas -y no solo las musicales-, porque John y Yoko
podían ponerse cascos y Hendrix recomendar el uso de escudos y garrotes
mientras los Rolling Stones homenajeaban al “Street fighting man”, pero ¿en qué
otro país un miembro de una banda de rock se unió al Ejército Rojo para
secuestrar un avión?
El final de
esta historia coincide con el inicio de la contrarrevolución neoliberal, cuyo
hito fundacional fue el golpe de Estado en Chile en septiembre de 1973. Para
ese entonces el ciclo de luchas en Japón se había agotado y la nueva izquierda
en sus distintas variedades entró en decadencia, no volviendo a gozar nunca más
del nivel de simpatía y masividad de los tiempos que cubren estas
investigaciones. El “segundo asalto” fue derrotado, y la larga
contrarrevolución con que se le respondió sigue produciendo sus efectos entre
nosotros. Pero esa ya es otra historia.
EL POST-68 A NIVEL GLOBAL (Capítulo ¿2? de Barricadas A-Go-Go)
Se acabo el mes de Mayo. No se subió acá nada referente a Mayo de 1968. No importa. En cierta forma,es casi de lo único que hablamos acá. Según nuestros propios deseos....
CONTEXTO: EL POST-68
A NIVEL GLOBAL (Capítulo ¿2? de Barricadas A-Go-Go)
“Tan sólo ha habido dos revoluciones mundiales. La primera se produjo
en 1848. La segunda en 1968. Ambas constituyeron un fracaso histórico. Ambas
transformaron el mundo. El hecho de que ninguna de las dos estuviese planeada y
fueran espontáneas en el sentido profundo del término, explica ambas
circunstancias: el hecho de que fracasaran y el hecho de que transformaran el
mundo” (Arrigi, Hopkins y Wallerstein, 1968:
El gran ensayo, en “Movimientos antisistémicos”).
Al igual que en el resto del
mundo, el 68 trajo en Japón lo que en referencia a Italia algunos llamaron “la
gran ola revolucionaria y creativa, política y existencial”[1].
La perspectiva más opuesta a la
que puede percibir el 68 como una revolución mundial, es esa otra tan popular
que nos habla de unos cuantos mega-eventos sociales (o culturales, o políticos,
según qué énfasis se quiera dar o que sector del conocimiento parcelado está
emitiendo opinión): como la anunciaba un evento de recuperación a gran escala en
el 2008, en la Biblioteca Nacional, Santiago centro, de lo que se trataba era
de ver cómo el “Mayo de los estudiantes franceses” (pues en esta lectura la
huelga general salvaje de 10 millones de trabajadores, llevada adelante en
contra del poderoso aparato contra-revolucionario del Partido “Comunista” Francés[2], no
cuenta) encandiló con su ejemplo al mundo. Pura historiografía socialdemócrata
al servicio del espectáculo integrado. Grez (que decía que daba lo mismo si
hubo una protesta estudiantil o una huelga salvaje de 10 millones de obreros,
porque “cada uno ve lo que quiere ver”), Richards (que describía a la IS como
“una revista de crítica cultural”), Cuadra (para quien el evento parisino
estaba lejos de Marx pero cerca de “el surrealismo”), Sohr (que estuvo allí y
en retrospectiva valoraba a los grupos de patriotas que arrojaban papas con
gillette a los estudiantes, y hasta exhibió una cicatriz que le quedó!) y un
par más, incluyendo a un “intelectual francés”, en un evento denominado Repercusiones universales de mayo de 1968 y
vigencia de su legado en Chile actual[3].
Todos ellos beben de la tradición estalinianana del “socialismo en un solo
país”, si es que no eran o han devenido abiertamente socialdemócratas[4], y
así, para ellos es la suma de las realidades locales lo que agregado
matemáticamente en una maravillosa y positivista suma, aunando así el trabajo
de muchos expertos separados, se llega a vislumbrar como la “dimensión global”,
que en este caso consistiría en el megaevento parisino, que después “repercute”
en el resto del mundo... Así de “afrancesados”…Tan anclados en ese paradigma
están todos los expertos del mundo izquierdista y académico que desde hace más
de diez años sigue siendo para ellos novedoso hablar de la “globalización” como
un fenómeno reciente. O sea, nunca leyeron en serio el capítulo final del libro
1 de El Capital[5]
(o lo leyeron con los ojos de Althusser, Harnecker o los manuales rusos).
Otros “intelectuales” posmodernos
van más allá y hasta llegan a plantear la interrogante acerca de si alguna vez
existió ese “mayo del 68”. Así superan lo que por décadas se había hecho
tragar: una hostia denominada como “materialismo histórico”. En fin…mejor no
hablar de ciertas cosas.
Como contrapartida a dicha
literatura, tenemos la memoria proletaria de esos tiempos, y así, tal cual lo
comenta un ex miembro del 1000
(Movimiento Ibérico de Liberación) y la OLLA
(Organització de Lluita Armada), Ricard de Vargas-Golarons -en una intervención
en Madrid en marzo del año 2010, en un Seminario sobre Autonomía Obrera y
Antagonismo, que luego fuera recogida como en el libro El 1000 y la OLLA, editado por Klinamen el 2014-, en esos años se
combatía en cada rincón del planeta. Y por eso es que hablamos del ciclo
histórico abierto hacia 1968 y que se prolongó intensamente a lo menos hasta
1977, como del “segundo asalto proletario contra la sociedad de clases”. El
primer asalto fue el que ocurrió aproximadamente
entre 1917 y por lo menos hasta 1922/3, entre la revolución mexicana, la rusa y
la derrota definitiva de la revolución alemana, aunque uno se vea tentado de
ver en España 1936/7 su último acto…pese a cierto desfase temporal que hizo que
ese enorme movimiento se produjera cuando en el resto del mundo el primer
asalto ya había sido derrotado[6]. Hoy
en día suena algo extraño recordar que en esos tiempos no se concebían las
revoluciones locales o nacionales como eventos aislados, sino que el
proletariado revolucionario lucha abiertamente por la Revolución Mundial[7].
Veamos lo que nos dice ese viejo
militante, bajo el subtítulo de “Inminencia de la revolución” (páginas 32 a 34):
“Por aquellas fechas la revolución parecía estar al cabo de la calle.
Cataliza en una serie de cambios radicales: de la vida cotidiana, de la
familia, de la sociedad. Se evidencia que no se puede combatir la alienación
desde posiciones alienadas –entre las cuales se incluye la alienación que
supone acatar servilmente el partido-. El mundo se sacude en la efervescencia.
Para pulsar el derrotero global de la época, no precisaremos fechas, y sólo
ordenaremos los hechos a partir de un escueto criterio geográfico. Entre el 71
y 73, Chile intenta una vía pacífica hacia el socialismo, pero lo que marca el
tono de América Latina es la lucha armada; desde Argentina hasta El Salvador combaten
las guerrillas, tanto las rurales en diversos países de Centroamérica, como las
urbanas, menos conocidas, pero más interesantes para nosotros: las de Carlos
Mariguella en diversas ciudades brasileñas, los Montoneros y el Ejército Revolucionario
del Pueblo (ERP) en Buenos Aires, o los Tupamaros en Montevideo. En Oriente próximo,
Septiembre Negro, Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), Organización
para la Liberación de Palestina (OLP) y
Al Fatah. Los yanquis sufren una derrota en toda regla en el Vietnam, Camboya y
Laos. En África, el Frente de Liberacao de Mocambique (FRELIMO) en Mozambique ,
el Partido Africano para a Independencia da Guiné e Cabo Verde (PAIGC) en
Guinea Bissau y el Movimiento Popular de Libertacao de Angola (MPLA) en Angola
acorralan el imperialismo luso. En Sudáfrica combaten con armas, African National Congress (ANC), South
African Communist party (SACP) y Umkhonto we Sizwe. Yemen y Etiopía
devienen estados que se reclaman del socialismo. Pero también el centro del
capitalismo siente el zarpazo de la revuelta. En los EEUU, se sublevan los
guetos negros , combate el Symbionese Liberation Army (SLA), Black Panther
Party, Weathermen (Weather Underground Organization – Weathermen) (WUO),
Venceremos (sic, en castellano). En Canadá, se mueve el izquierdista Front de
Liberation du Quebec (FLQ). En Polonia, Italia y Francia, hay huelgas salvajes
que descolocan los sindicatos reformistas, en línea –pero sin poderse confundir
en modo alguno- con lo que sucedió con el movimiento de los consejos obreros
que triunfó momentáneamente con el colapso de la Gran Guerra europea. La llama
de la lucha armada se alza más alta que nunca. A horcajadas de los dos decenios
separados por el año 70, en Italia llegan a actuar hasta dieciséis grupos
armados de los que mencionaremos tan solo sus nombres: Brigate Comuniste (BC),
Brigate Rosse (BR), Collettivi Politici Veneci (CPV), Comitate Comunisti
Rivoluzionari (CiCoRi), Formazioni Comuniste Armate (FCA), Gruppo d´Azione
Partigiana (GAP), Gruppo XXII Octobre (XXII Octobre), Volante Rossa Martiri
Partigiani (Volante Rossa), Movimento Comunista Rivoluzionario (MCR), Nuclei
Armati Proletari (NA), Nuclei Comunisti Territoriale (NCT), Fronte Armato Rivouzionario
Operaio (FARO), Pantere Rosse (PR), Guistizia Proletaria (GP), Nuclei Operari
di Resistenza Armata (NORA)…En Alemania luchan la Rote Armee Fraktion, Bewegung
2. Juni, Tupamaros München, Tupamaros West-Berlin, Revolutionären Zellen,
Sozialistisches Patientenkollektiv (SPK)…En Inglaterra combate la Angry Brigade;
en Francia, Groupe d´Action Révolutionnaire Internationaliste (GARI), Noyaux
Armés pour l´Autonomie Populaire (NAPAP), Action Directe (AD), Mouvement du 22
Mars, Gauche Prolétarienne y Nouvelle Résistence Populaire (NRP). En el Estado
español actúan los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre
(GRAPO), el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), Acción
Revolucionaria Unida (ARU), grupo escindido en 1969 del PCE (ml) en Madrid. En
el 74, la revolución de los Claveles en Portugal induce un proceso de clase en
todo el Estado, remontan las luchas obreras particularmente en Cataluña,
Madrid, Euskadi y Asturias. Emerge un movimiento de barrios, también bajo el
impulso de las Comisiones Obreras. Hay agrupaciones de solidaridad. Parecía que todo era posible, que el
capitalismo se hundía en un naufragio...”.
Se trata sin duda de un largo y
valioso listado que cabría complementar y también criticar…pues por cierto que
se incluyen ahí varias “formas de lucha” que no sólo eran en sí mismas formas
de alienación, sino que también a fuerzas que actuaban bajo la bandera del
viejo mundo. Además, dados los fines de su exposición (una historia en primera
persona del MIL y la OLLA, no exclusivamente pero en gran medida en tanto
grupos armados de la era del segundo asalto), el listado refiere organizaciones
más que procesos sociales, y así es como en relación a Chile se describe más
bien la superestructura jurídico-política (el intento de transformación
socialista pacífica dentro del Estado conducida por los dos partidos obreros (P”C”
y PS) en alianza con otros sectores de la socialdemocracia y la política
burguesa, y no se menciona ni sus grupos
armados (de la VOP al MIR y pasando por un buen puñado más,
menos conocidos como el Movimiento Revolucionario Manuel Rodríguez o “MR2” y el Grupo Ranquil) ni tampoco los cordones industriales ni los brotes
tímidos pero significativos de autonomía obrera a la chilena[8].
Así y todo, Vargas es claro en
afirmar que en realidad en esos tiempos no se estuvo ni por lejos ante la
posibilidad real de una revolución, y en cuanto a eso discrepa abiertamente con
otros expositores en el mismo encuentro, entre ellos Amorós y Santiago López
Petit[9]. Pero
ya en 1969 la IS nos recuerda que una revolución que no consigue triunfar sigue
siendo pese a ello una revolución[10]. Así,
por ejemplo, el hecho de que en 1848 las revoluciones proletarias no hayan
triunfado no impide que se considere que fueron revoluciones en toda regla. Y en
ese mismo sentido los situacionistas afirmaban que el movimiento de las
ocupaciones de mayo/junio 68 en Francia también lo fue, abriendo paso a toda
una nueva época[11].
[1]
Ver el libro La Horda de oro, de Nanni Ballestrini y Primo Moroni, editado en
español por Traficantes de Sueños.
[2]
Aclaro de una vez y para siempre por qué en estos casos pongo “comunista” entre
comillas: porque si comunista es quien lucha por la sociedad sin clases y sin Estado,
no merecen ese nombre quienes se dedican a gestionar la sociedad de clases
desde el Estado.
[3]
Esa fría noche asistimos junto a AZ y VJ, provistos de unas cuantas petacas de
whisky barato, y ganas de aportillarles un poco la fiesta. El camarada VJ tiene
un registro en video de la intervención cuestionadora que hicimos (y las
pelotudeces extremas con que los panelistas se defendieron). Algún día se dará
a conocer.
[4]
Estoy usando las expresiones “socialdemócrata” y “estalinista” en sentido
usual, es decir, como si fueran opciones diferentes. En rigor, tanto la
socialdemocracia de derecha como las diversas variedades de leninismo o
socialdemocracia radical (incluyendo a trotskistas, maoístas, guevaristas y
demás sectas con nombres de persona) constituyen diversos aromas de la misma
mierda, así como todas las expresiones
históricas y actuales del “izquierdismo”: la pata izquierda de la sociedad del
Estado/Capital.
[5]
Adecuadamente titulado “Moderna teoría de la colonización”.
[6]
Al respecto no cabe sino recomendar ardorosamente la lectura de la primera
parte de la investigación del Grupo Comunista Internacionalista sobre la
“Revolución y contrarrevolución en la región española. Años treinta”, publicada
recientemente en el N° 66 de su revista Comunismo. Una sola cita resulta
suficientemente ilustrativa del enfoque que estamos comentando acerca de la
dialéctica entre lo global y lo local: “Para nosotros, hay sólo una cosa realmente particular en España, y es el
desfase con el que llega la confrontación con respecto a la lucha de clases en
otros países. Como afirmábamos más arriba, el proletariado había sido derrotado
en todo el mundo, cuando en la década del 30, en España, éste hace temblar el
orden burgués. Esa es, para nosotros, la única excepción. Contrariamente a todo
lo que se dice, la lucha de clases en España es igual que en todas
partes, una lucha entre el capital y el proletariado y todo lo demás
es una gigantesca mentira”.
[7]
En los Estatutos de la Internacional Comunista (o Tercera internacional),
fundada en 1919 y que de intento de Partido Mundial de la revolución proletaria
a poco andar se convertiría en un mero órgano de expresión política
internacional del imperialismo ruso, se señalaba expresamente que: “La Internacional comunista se fija
como objetivo la lucha armada por la liquidación de la burguesía internacional
y la creación de la república internacional de los soviets, primera etapa en la
vía de la supresión total de todo régimen gubernamental. La Internacional comunista
considera la dictadura del proletariado como el único medio disponible para
sustraer a la humanidad de los horrores del capitalismo. Y la Internacional
Comunista considera al poder de los Soviets como la forma de dictadura del
proletariado que impone la historia”. Por su parte, el mismo año, los dadaístas
alemanes proclamaban entre sus exigencias centrales: “La unión internacional y
revolucionaria, fundada sobre un comunismo radical, de todos los hombres y
mujeres creadores e intelectuales” (“Qué es el dadaísmo y qué quiere en
Alemania?”, en Raoul Hausmann, Correo Dadá (una historia del movimiento
dadaísta contada desde dentro), Acuarela & A. Machado, 2011, pág. 207).
[8]
Para una perspectiva general de la lucha de clases en Chile en ese período
recomendamos el Dossier publicado en la revista Revolución hasta el Fin N° 0 el
año 2014 y el libro de Helios Prieto “Los gorilas estaban entre nosotros”, publicado
por Viejo Topo el mismo año en su serie Combate por la Historia. Algunos de los
documentos contenidos en el dossier mencionado fueron además editados por la
Biblioteca y Archivo Histórico-Social Alberto Ghiraldo, de Rosario, Argentina,
en septiembre de 2015.
[9]
“No es cierto –contra lo que afirman López Petit o Miguel Amorós- que se
hubiera alcanzado una fuerza tan tremenda que desafiase al Estado” dice en la
pág. 68. “La literatura de la época, en la medida que tenía que insuflar
coraje, glorificaba sistemáticamente los hechos, con lo que el actual lector
desavisado puede llegar a confundir lo enunciado con lo sucedido”.
[10]
En “El comienzo de una época” (IS N° 12, septiembre de 1969) se señala: “Tras la derrota del movimiento de
las ocupaciones, tanto los que participaron como los que tuvieron que padecerlo
se han planteado a menudo la pregunta: "¿Fue una revolución?". El
empleo extendido, en la prensa y en la vida cotidiana, de un término
cobardemente neutral -"los acontecimientos"- señala precisamente el
retroceso ante la respuesta, ante la formulación siquiera de la cuestión. Hay
que enfocar tal cuestión en su verdadera perspectiva histórica. El
"éxito" o el "fracaso" de una revolución, referencia
trivial de periodistas y gobernantes, no puede servir de criterio por la simple
razón de que aparte de las burguesas nunca ha triunfado ninguna
revolución: no ha abolido las clases. La revolución proletaria no se ha
hecho hasta ahora en ninguna parte, pero el proceso práctico a través del cual
se manifiesta su proyecto ha producido ya al menos una decena de momentos
revolucionarios de extremada importancia histórica a los que se reconoce el
nombre de revoluciones. Nunca se ha expresado en ellos el contenido
total de la revolución proletaria, pero se trata en cada ocasión de
una interrupción esencial del orden socioeconómico dominante y de la aparición
de nuevas formas y nuevas concepciones de la vida real, fenómenos diversos que
sólo pueden comprenderse y juzgarse en su significación de conjunto,
inseparable ella misma del devenir histórico que pueda tener. (…)La revolución
española de 1936 no suprimió formalmente el poder político existente: surgía
por lo demás de un alzamiento proletario comenzado para defender la República
contra Franco. Y la revolución húngara de 1956 no abolió el gobierno
burocrático-liberal de Nagy. Si tenemos en cuenta otras limitaciones dignas de
ser señaladas, el movimiento húngaro fue en muchos aspectos una sublevación
nacional contra una dominación extranjera, y ese carácter de resistencia
nacional, aunque menos importante en la Comuna, tuvo sin embargo un papel en
sus orígenes. Ésta no suplantó el poder de Thiers más que en la afueras de
París. Y el soviet de San Petersburgo en 1905 no llegó siquiera a controlar la
capital. Todas estas crisis, inacabadas en sus realizaciones prácticas e
incluso en sus contenidos, aportaron sin embargo muchas novedades radicales y
pusieron seriamente en jaque a las sociedades a las que afectaron, por lo que
pueden ser calificadas legítimamente como revoluciones (…) Pero lo más evidente, para aquellos que conocen la historia de nuestro
siglo, es esto: todo lo que los estalinianos hicieron por combatir sin descanso
el movimiento demuestra que la revolución estaba allí”.
[11]
En el mismo número ya referido de la revista Comunismo, se señala algo en que
estamos muy de acuerdo: “Nosotros,
como Marx, consideramos que la revolución y la contrarrevolución se desarrollan
contradictoria y simultáneamente; que los niveles más altos de revolución
mundial fueron destruidos por los niveles más desarrollados de
contrarrevolución mundial. Nuestra visión se encuentra también aquí en las
antípodas de la metafísica (dominante en todo el socialismo burgués), que
imagina que en la oposición entre ambas, cuando una se fortifica un poco, se
debilita la otra y recíprocamente, o que cree que hay como autopistas y cuando
se toma la de la guerra la revolución desaparece, y cuando se toma la de la
revolución la de la guerra desaparece. Toda la experiencia histórica muestra a
la revolución surgiendo y desarrollándose en los períodos más profundos de
contrarrevolución, como sucede precisamente la guerra imperialista (en donde la
consigna clave de los revolucionarios es precisamente la transformación de esa
guerra interburguesa en guerra contra la burguesía). De la misma manera que la
respuesta, por excelencia, del Estado a la lucha del proletariado es la
transformación de la guerra revolucionaria de clases en guerra interburguesa,
es decir en guerra imperialista entre países o dentro de un país
(fascismo-antifascismo, por ejemplo)”.
El cielo por asalto: lanzamiento en Valparaíso/Más "heavy" que una muerte en la familia (Les Rallizes Denudés)
Buen momento para huir del calor y agobio metropolitanos. Rumbo a Valparaíso. A las 16 en Lecheros se presenta el libro "El cielo por asalto".
De la intro del libro:
"El relato que tienes en tus
manos surge como parte de una investigación a una de las guerrillas urbanas más
olvidadas y difamadas por todos los sectores: La Vanguardia Organizada del
Pueblo, organización gestada durante agosto de 1968, que decide seguir operando
luego de la victoria electoral de Salvador Allende.
El recorrido de la VOP es
sin duda una historia compleja repleta de capítulos en paralelos, de
contradicciones, silencios, confusiones y difamaciones; pero también y sobre
todo es una historia de hombres y mujeres inclaudicables, repleta de decisiones
y arrojo que los llevo a seguir en combate aun teniendo absolutamente todo en
contra, solamente armados con los medios que tuvieran a su alcance.
Hoy nos volvemos a embarcar
en una ambiciosa tarea para traer al presente historias y vivencias borradas
por las versiones oficiales que buscaron imponer la amnesia para estos tan
molestos e irreconciliables sujetos. Hoy construimos una colección con
distintos trozos de esta historia, realizando este libro en formato novela con
un 95% de datos concretos y reales, para dejar el resto a la ficción literaria
que nos permita articular los hechos contados sin falsificar la historia
poniendo el acento justo en lo que nos interesa: La autonomía y voluntad de
continuar el combate.
El primer tomo de esta
colección: El Cielo por Asalto narra
una historia única y audaz, que como continuidad histórica tiende a ser
minimizada, infantilizada, patologizada y difamada en consenso por los distintos
sectores sociales, incluyendo los “revolucionarios” de la época. El primer
secuestro aéreo en Chile fue protagonizado por un futuro miembro de la VOP,
quien a su corta edad decide empuñar las armas para decidir el rumbo que tomen
sus vidas arriesgando el todo por el todo, superando las medias tintas y las
rutinas revolucionarias. Este es solo el principio de varios caminos de
negación al dominio impuesto".
"Heavier than a death in the family". Uno de los mejores discos de Les Rallizes Denúdes. Ideal para leer este libro. 1.- Más profundo que la noche. 2.- Coleccionistas de la noche. 3.- La noche de los asesinos. 4.- Entra en el espejo. 5.- La gente puede elegir. 6.- Fuego de hielo.
Frente al mar en la todavía no absolutamente destruida por el desarrollo urbanístico capitalista ciudad de Puerto Montt, me veo motivado a aclarar al camarada Benavente de Rosario y a todos los posibles interesados, que según relata Julian Cope en Japrocksampler, lo de la participación del bajista de Les Rallizes Denudés, Moriyasu Wakabayashi en el secuestro del Boeing está absolutamente comprobado, y de hecho arruinó la hasta entonces promisoria carrera musical de la banda, generándole una funa enorme, pocas invitaciones a tocar, y una cola permanente de la CIA y la policía al bueno de Mizutani.
Al escoger y comentar brevemente 50 discos de Japrock, Cope dice en relación a un excelente artefacto de los Rallizes (el compilado Yodo-Go-A-Go-Go) que en el día del juicio final, donde se juzgue lo que cada uno ha hecho y lo que no ha hecho, en la fila de los que siguieron "No-carreras intuitivas" estarán entre otros Scott Walker, y Takeshi Mizutani. Este último "estará aún culpando a su bajista por el secuestro y al ingeniero de grabación que hizo de su debut en el estudio una pesadilla".
Cabe referir que en efecto hacia los inicios de la banda en 1969, cuando Mizutani creía que entre otras razones el 68 era el año cero por haberse editado el debut de Blue Cheer y el "Luz Blanca/Calor blanco" de Velvet Underground, se asomaron a un estudio y tanto el proceso como los resultados fueron desastrosos y llevaron a nuestro héroe a decidir no meterse nunca más a uno.
De hecho, según Cope, Mizutani definió 4 reglas muy sencillas como fórmula eterna de la banda:
1.- Nunca grabar en un estudio.
2.- Tocar sólo con músicos para los que la más ligera variación respecto del riff resulte ciertamente calamitosa.
3.- Nunca editar discos (nunca jamás).
4.- Persistir por tres décadas hasta que el mundo externo se entere.
El secuestro del avión fue conocido en Japón como "el secuestro de Yodogo", y así mismo se titula este hermoso e imprescindible compilado que todx niñx sensible debería usar como canciones de cuna para soñar con un universo sonoro más hermoso que este en que estamos metidos hasta el cogote.
Volumen, volumen, y más volumen. Cerrar los ojos. Y ya.
De la entrada de Wikipedia para "Vuelo 351 de Japan Airlines":
El vuelo 351 de Japan Airlines fue un avión Boeing 727 con registro JA8315 "YODOGO" secuestrado por nueve miembros de la facción Liga-Roja comunista japonesa (precursor del Ejército Rojo Japonés) el 31 de marzo de 1970 mientras que volaba de Tokio a Fukuoka, es un incidente designado generalmente en japonés como el secuestro de Yodogo (よど号ハイジャック事件Yodogō Haijakku Jiken?).
Los secuestradores tomaron a 129 rehenes (122 pasajeros y siete miembros de equipo), llevándolos al Aeropuerto de Fukuoka y el Aeropuerto Internacional de Gimpo de Seúl. Entonces procedieron al Aeropuerto de Mirim de Pyongyang, en donde se entregaron a las autoridades norcoreanas, que ofrecieron el asilo al grupo entero. Yoshimi Tanaka fue arrestado en Tailandia y repatriado a Japón en marzo de 2000. Sin embargo, los otros secuestradores permanecen en Corea del Norte, según la policía de Japón
“Nuestra nación un día
recuperará la tierra, pero todavía es una nación muy débil” (Leonard Cohen)
“No pasará un mes de
mayo sin que se acuerden de nosotros” (Guy Debord)
1.- Como suele suceder, el proletariado se manifiesta
en actos cuando nadie lo espera, y cuando desde todos lados ya se han
proclamado abiertamente, llorado y/o
celebrado sus funerales. Todos,
hecha excepción de un pequeñito
puñado de comunistas anárquicos que reunidos en virtud de un conjuro proclaman
desde ayer, hoy y siempre la negación del Capital y la destrucción del Estado,
actos que sólo pueden llevarse a efecto plenamente cuando el viejo topo haya
cavado túneles suficientes como para el edificio de la dominación social se
empiece a tambalear una vez más. Túneles que de una u otra forma sigue cavando
igual, siempre, aunque hace décadas que no veamos la salida.
Nosotros miramos al cortejo de enterradores del
proletariado, muchos de los cuales están situados supuestamente de este lado de
la barricada. Y nos llama la atención que más que negar a las “clases” en
general, se dediquen con tanta obstinación a negar la existencia precisamente
de la única clase secretada por este tipo de sociedad: la de los vendedores de su fuerza de trabajo, la
última clase, la que podría ejercer finalmente la venganza por todas las
anteriores generaciones de antepasados oprimidos y explotados. Proclamadas las
exequias por el proletariado, los humanos debemos entonces agachar la cabeza y
reconocer el triunfo final del capitalismo.
Pero no. Pese a todas las apariencias de paz
social, sin embargo, el subsuelo, la tierra, insisten en moverse bajo nuestros
pies. En esas apariciones súbitas, relampagueantes, nosotros sabemos reconocer
la cabeza del proletariado que se asoma una vez más.
2.- Algo así sucedió la noche del jueves 28 de
mayo del 2015, cuando el centro de Santiago fue copado ya no sólo con acciones
de minorías encapuchadas que cuasi ritualísticamente interrumpen la normalidad
capitalista de maneras ya demasiado previsibles[1],
sino que con una caravana de proletarios descascarando alegre y violentamente
el horrible decorado con que el urbanismo neoliberal ha concretado físicamente
la dominación real del Capital en el centro de lo que antes era conocido como
la ciudad de Santiago.
A diferencia de las megamarchas de día a que se
ha acostumbrado el movimiento estudiantil domesticado, esta vez todo fue
distinto. Cualitativamente diferente.
La “violencia política” proletaria se manifestó
a la vez espontánea y organizadamente, una vez más, en las grandes alamedas
destruidas por la ya referida urbanización capitalista que algunos gustan de
apellidar “neoliberal” (y que para nosotros, habiendo leído el Cap. VI inédito
del Libro I de El Capital, y algo (más bien poquito) de la revista Invariance, entendemos como el
capitalismo ya maduro de la fase de “dominación real”. Intuimos que no es
diferente a lo que los situs entendían por “espectáculo integrado”. La cuestión
pareciera ser no tan importante, pero lo es: cuando se usa el concepto
“neoliberalismo” como si fuera algo diferente del capitalismo realmente
existente hoy en día, se está remando del lado de la socialdemocracia, que
sueña con “otro mundo posible” pero dentro de este, sin cuestionar nada de lo
esencial del modo de producción mercantil)-. En esa memorable noche las hordas
de proles expresaron su existencia revolucionaria en actos, por la vía de la
destrucción de todos los símbolos del Capital que aparecieron en su recorrido, y
llegando hasta la expropiación de drogas legales depositadas en farmacias, y
otras mercancías disponibles en el circuito céntrico, para ser sacados del
circuito normal de distribución de mercancías, sea para destruirlas físicamente
o para ser usadas en tanto mero valor de uso, saboteando así por vías de hecho
el eterno proceso de valorización del valor, haciendo que se agote ahí mismo.
3.- Para que no se crea que sólo afiebrados
como nosotros nos dimos cuenta de a enorme relevancia de ese evento, invito a
que lean los comentarios y análisis hechos en sitios tan diversos como
Hommodolars en “El día que el centro
de la capital fue iluminado por las llamas del proletariado (esto no es una
crónica)”[2]
, y El Ciudadano -que tras la muerte de nuestro camarada Cristóbal Cornejo, que
trabajó a veces como periodista/corresponsal para dicho medio, ya no tiene
ninguna posibilidad de irrupción de anticapitalismo antiautoritario puro y
duro, y así y todo, tuvo que destacar la presencia del fuego en “Variaciones sobre el fuego en Santiago de
Chile”, con fotos[3]-.
-Nuestro Cristóbal
fue el gran ausente en esta bella jornada que quisiéramos relacionar para
siempre con él. No por nada, sino que porque en todo el tiempo que este joven
de provincias se dedicó a habitar en la metrópolis santiaguina, nunca dejó de estar
presente vez que el fuego se tomaba las calles. Por eso lo recordamos dando a
conocer la autoría de sus impresiones sobre la revuelta de 2011 en el número
2/3 de Comunismo Difuso, cuando desde la capital nos contaba que “se encontró
un auto cerca del Parque Almagro, se dio vuelta y se encendió”, y que en “una
zona liberada por largo rato” se “inspiró para escribir unas líneas poéticas y
declamarlas al viento”, mientras “se escuchaban himnos anarquistas”, de esos
que nunca se aprendió-.
La caravana destruía
la superficie de esta mierda de aglomeración urbanística que han ido acumulando
como una suma de cadáveres de hormigón por donde antes había una ciudad que sin
ser demasiado hermosa por lo menos vivía. ¿Cuándo murió esta ciudad?
Posiblemente en 1986, o en 1988. Lo cierto es que no llegó viva a la década de
los 90.
El Ciudadano destaca
que esa noche “vimos quemarse
las esquinas y los locales comerciales como no habíamos visto antes”. El
periodista que firma dicha nota cuenta que ve como se queman “lentamente” una
farmacia, un banco y una casa comercial. No le gusta mucho lo que ve. Pero lo
comprende: “son esas tres cosas, precisamente, lo que nos tiene de rodillas con
sus créditos y saldos pendientes”. Así, puede finamente decir que siente y
recuerda “esa pequeña mecha que significaban, esa noche, los plásticos que se
prendían llevando de a poco la llamarada al interior de las sucursales que
terminaban por reducirse a bolas de masa chamuscada que en alguna parte solo
dejaba ver el descuento ratón con que amordazan a la gente pobre”.
Se entiende que un periodista ciudadano no vea lo mismo que nosotros en
estos hechos. Como dijo Marx, “nosotros no embelleceremos la violencia”. La
destrucción es en realidad una acción de rechazo de un orden profundamente absurdo
y violento, es legítima defensa contra un mundo al revés. Ni la glorificamos ni
le hacemos asco cuando hay que emplearla como lanza en el asalto del viejo
orden del mundo.
Contra una psicogeografía del orden en la fase de la tecnovigilancia y la
tecnorepresión, el proletariado juvenil en las calles del centro de Santiago
abolía la distinción campo/ciudad a la vez que se ejercitaba en un tipo de arte
que en poco tiempo más todos necesitaremos manejar para sobrevivir: abolir esta
forma de vida, dejar que estas anticiudades se hundan en el fango de la
civilización.
La calle seguía siendo tan fea como antes del incendio poético, pero algo
había cambiado: los signos del poder, del dinero, de la esclavización moderna
que sufren todos y no solamante “la gente pobre” como decía el periodista,
habían sido todos humillados, y la afrenta había sido tan fuerte que
simbolizaba su destrucción de una vez y para siempre.
La Poética antiespectacular del vandalismo comparado es un arma del
proletariado salvaje en su lucha total contra el capital.
Y si Ud. me pregunta ¿Qué
es lo que afloraba en y por debajo por debajo de lo destruido? Ni la playa ni
nada paradisíaco, ni el buen salvaje ni el superhombre (o supermujer), pero sí
la fuerza de unos centenares de proletarios salvajes desafiando el tiempo
muerto en el territorio totalmente acondicionado por los mercachifles.
4.- Lo llamativo es
que luego de sucesos tan gloriosos como los antedichos, indignada y hasta
furibunda delante de cámaras y micrófonos y grabadoras, Michele, la presidenta de todos los chilenos, doctora
Bachelet, al condenar estos actos que objetivamente no son sino formas de
reapropiación proletaria y juvenil de las calles, no vacila en decir que son
hechos del todo condenables por tratarse de “actos de destrucción de la
ciudad”.
¿Eso dijo la Presi?
¿La Gordis? Sí: Destrucción de la
Ciudad. Con todas sus letras.
E inequívocamente,
acá no podemos dejarnos engañar: los comunistas/anarquistas nunca hemos sido ni
seremos fervientes defensores de las ciudades, pero tampoco nos dejamos pasar
gato por liebre. Estas enormes plastas de cemento en que vivimos ya no son ciudades.
Son algo muy distinto. Sería como decir
que la “Escudo” en lata que estoy tomando es realmente una cerveza. (Ya Debord
en su Panegírico diagnosticó la muerte del vino, la cerveza y todos los viejos
buenos licores, que los seres humanos nunca más íbamos a poder probar, gracias
al desarrollo eterno del capitalismo mundial que no solo valoriza sino que a la
vez que valoriza el valor de cambio empobrece constantemente los valores de uso,
y todo por economía de materiales y la ley de la tendencia decreciente de la
tasa de ganancia. Exija libros sobre eso en su Bibliometro más cercano).
Porque es indudable
que estamos plagados de ciudadanas y ciudadanos, pero hasta a nivel académico o
de “conocimiento experto” parece también un hecho indiscutible que lo que la
humanidad precapitalista conoció bajo el nombre de “ciudades” ha cambiado tanto
que estas aglomeraciones urbanísticas en que sobrevivimos mal parecen merecer
ese nombre. Y no es por nostalgia del pasado, sino que por una mínima
conciencia de la degradación de todo que ha ido operando con el capitalismo a
medida que éste se desarrolla.
Miro por mi ventana,
y veo que mi antiguo y no tan feo barrio fue hecho mierda no por el vandalismo
de los jóvenes de ninguna clase, sino que por los negocios de los funcionarios
municipales con las inmobiliarias, y creo que sólo una antorcha y siglos de desarrollo
de una nueva vegetación neosalvaje podrán limpiar este fea mancha comunal que
es Ñuñoa (por si Ud. no lo sabía, cuna de la V.O.P. en sus tiempos) en el
paisaje terrestre.
5.- Hagamos una breve incursión “academicista”
(aunque tan sólo sirva como intento de avalar cierta seriedad mínima de los
postulados defendidos penosamente a lo largo de este panfleto):
Según el historiador francés Philippe Ariés, en la “evolución” registrada
de los siglos XVIII al XX “cada vez se
puede hablar más de población urbanizada y menos de ciudad”.“La privatización de la vida familiar, la
industrialización y la urbanización del siglo XIX, no lograron ahogar las
formas espontáneas de la sociabilidad urbana, aun cuando, en ciertos casos,
ésta se manifestara de otro modo. Habrá que esperar hasta mediados del siglo
XX, es decir, mucho después de la época de la industrialización, para que esta
se desintegre, al mismo tiempo que la ciudad”. Esta “anticiudad”, una
aglomeración urbana donde ya casi no existe el espacio social comunitario, se
ha privatizado en extremo, al punto que entre sus funciones esenciales se
encuentra la del desplazamiento de vehículos motorizados que constituyen una
prolongación del espacio privado.
En Santiago de Chile, a 15 años de iniciado el siglo XXI, consumada ya la
fase de dominación real del capital sobre todo el cuerpo y el espacio social,
la destrucción de la ciudad parece más que evidente, y prácticamente
irreversible.
6.- Ciudadanos sin ciudades. Algo así de monstruoso sólo podía ser
aportado por el desarrollo cuantitativo y cualitativo de la alineación. El
monstruo de mierda de la Mercancía. Un contundente triunfo de la Ideología.
7.- Ante la destrucción real y estratégica de la Ciudad, lo que los
subversivos hacen cada vez que pueden, es denunciar esa destrucción con
acciones visibles. Tal como el procedimiento marxista de la crítica de la
ideología suele operar rasgando los velos del discurso formal y
superestructural de la vertiente jurídico/política/ideológica de la totalidad
de la forma de vida bajo el dominio del Capital, en el espacio urbano la
irrupción proletaria en las calles destruye todo producto artificialmente
inflado por el urbanismo capitalista, incendiándolo, y señalando así en
términos evidentes lo que Benjamin definía como función de la utopía política:
“iluminar el sector de lo que merece ser destruido”.
Bajo los adoquines: las cloacas.
Bajo las adoquines: la playa.
¡Raspar con violencia la cáscara social de mierda cristalizada en lo que
antes era una ciudad! Tal es la dialéctica de la destrucción de la superficie
urbana para reencontrar por debajo de ella las calles para la insurrección, el
entorno urbano donde la lucha de barricadas y los explosivos dirigidos a todos
los núcleos de la dominación (Iglesias, Comisarías, Cárceles, Bancos, Escuelas,
Farmacias) comiencen a construir recién el camino para salir de la prehistoria
de la dominación hacia el horizonte genuino de existencia dela comunidad
humana.
8.- Recordando el París que definitivamente dejó de existir tras el último
intento de defensa en Mayo del 68, Debord decía que:
Las casas del centro no
estaban desiertas ni habían sido revendidas a espectadores de cine que nacieron
en otros lugares, bajo otras vigas a la vista. La mercancía moderna no había
llegado a enseñarnos todo lo que puede hacerse de una calle. Nadie estaba
obligado, a causa de los urbanistas, a ir a dormir lejos.
No se había visto aún
oscurecerse el cielo y desaparecer el buen tiempo por culpa del gobierno, ni la
bruma postiza de la contaminación cubrir permanentemente la circulación
mecánica de las cosas en este valle de desolación. Los árboles no habían muerto
ahogados, y el progreso de la alienación no había apagado las estrellas[4].
9.- El 28 de mayo
del 2016 debe ser conmemorado por los proletarios, en grupos pequeños o
grandes, de preferencia bien coordinados.
2001/2006/2011…¡2016!
10.- Finales de
Mayo del 2016 debería ser tan recordado como el 2 de abril de 1957[5]:
fiesta del proletariado juvenil metropolitano.
[1] Gran cantidad de comunicados de adjudicación de hechos que
deberíamos esforzarnos en ver como violencia subversiva proletaria parten por
proclamar que, como ya es usual, a ciertos días y horas en ciertos puntos de la
ciudad de Santiago, es usual que un pequeño grupo de encapuchados “interrumpa
la cotidianeidad capitalista”. Se inflama el pavimento unos segundos, y se hace
más largo el viaje de regreso a casa para una enorme cantidad de proletarios
que van viajando en Transantiago de vuelta de sus pegas. “¡Malditas ovejas!”
Dirán algunos jóvenes rebeldes mientras recorren a campo traviesa un campus
universitario. “Malditos universitarios” dirán cientos sino miles de
proletarios en micro mientras bostezan y miran de lejos un poquito de fuego y
respiran nubes de gases lacrimógenos.