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domingo, marzo 14, 2021

Derecha, Nueva Derecha, ultra/radical/extrema derecha 

 


José Joaquín Brunner, uno de los pioneros del “socialismo renovado” en el Chile de los 80, ha estado escribiendo para el medio El Líbero (1) columnas sobre la identidad de la derecha hoy en día. En una de ellas señala que, a diferencia de la izquierda que es fundamental y expresamente “ideológica”, “las derechas contemporáneas son de una baja—o, en cualquier caso, menor—intensidad ideológica”, lo cual se explica  por “el hecho de estar ellas habitualmente del lado del orden establecido, lo cual supone, como es bien sabido, gozar del favor de los poderes fácticos”. Así,  “antes que críticos, los partidos de la derecha son representantes ‘naturales’ del status quo; son los administradores que conocen -mejor que cualquiera otro- sus palancas secretas en la esfera económica y en la esfera del derecho”, y de ahí que “los contenidos esenciales del pensamiento de derecha, sus manifestaciones o emanaciones espontáneas, tiendan a ser la conservación del orden —la seguridad de la propiedad y la vida privada— y la libre iniciativa en la esfera de los mercados. Es decir, el orden y sus fundamentos sociales y el liberalismo de las cosas, su libre circulación e intercambio” (2).

En esto Brunner sigue la distinción tradicional entre derecha e izquierda surgida hace dos siglos con ocasión de la Revolución francesa. En la versión de Wikipedia:  “El origen histórico de esta oposición debe buscarse en un hecho fortuito, la ubicación geográfica de los delegados con diferentes orientaciones doctrinales en la Asamblea Nacional de agosto-septiembre de 1789. En efecto, en oportunidad de debatir sobre el peso de la autoridad real frente al poder de la asamblea popular en la futura constitución, los diputados partidarios del veto real (en su mayoría pertenecientes a la aristocracia o al clero) se agruparon a la Derecha del presidente (posición ligada al hábito de ubicar allí los lugares de honor). Por el contrario, quienes se oponían a este veto se ubicaron a la Izquierda autoproclamándose como “patriotas” (en su mayoría los diputados del llamado Tercer Estado)”.

Una inversión significativa ha operado con el paso del tiempo de modo que, tal como en 1920 (3), los “patriotas” actuales son los defensores del orden tradicional que se percibe amenazado por la revuelta popular. Del mismo modo, en dos siglos se han producido toda clase de desplazamientos y mescolanzas ideológicas que resulta interesante analizar. Pues a diferencia de lo que dice Brunner (o incluso Bordiga) el fascismo y el post-fascismo tienen una dimensión ideológica, aunque su “ideología” sea flexible y contradictoria, que es necesario comprender para poder neutralizar sus posibilidades de crecimiento, que es siempre una posibilidad en medio de grandes crisis sociales. 

En relación a la llamada “ultraderecha”, Cas Mudde la define en oposición a las derechas establecidas (conservadoras y liberal/libertarias), como “una derecha antisistema, hostil a la democracia liberal” (4).

Además, como señala Titelman siguiendo a Mudde, “la ultraderecha puede dividirse en derecha extrema y derecha radical: Ambas son hostiles a la democracia liberal, pero por motivos diferentes. La derecha extrema se opondría a la esencia de la democracia, como la soberanía popular y la decisión por voto mayoritario. En cambio, la derecha radical acepta la esencia democrática, pero se opone a aspectos fundamentales de la democracia liberal, esto es, derechos de minoría, el Estado de derecho y la separación de poderes” (5).

En este esquema el fascismo y nazismo serían formas típicas de extrema derecha, mientras la derecha radical se expresaría en movimientos populistas de derecha. Titelman dice que es posible extender esta definición hacia la izquierda, distinguiendo “una izquierda extrema antidemocrática y una izquierda radical antiliberal” (6).

Digresión de Extrema izquierda: democracia, anarquía y comunismo

A ello cabría agregar que sólo dentro de la posición anarquista y comunista radical es posible encontrar la especificidad de una crítica no sólo del Estado sino que de la democracia en sí misma, la que no se da en las formas estatalistas de extrema izquierda (como todos los derivados del marxismo-leninismo), ni tampoco en las formas neokeynesianas de nueva izquierda altermundialista.

Esta crítica comunista/anarquista de la democracia es mal vista en un espectro político que confunde dicha posición con la del fascismo, pero como ha señalado Dauvé “el comunismo se opone a la democracia porque es antiestatal”, mientras “el fascismo tan sólo se opone a la democracia porque es proestatal”. De esta manera, mientras para los comunistas radicales “la democracia es (…) una forma de Estado”, los reaccionarios “la ven como un régimen político que consideran demasiado débil para defender al Estado”.

Así que ambas críticas de la democracia son radicalmente diferente en su fundamento y también en sus consecuencias, pues  mientras la reacción y el fascismo denuncian “la libertad personal y el individualismo burgues para reemplazarlos por (nuevas o antiguas) formas de autoridad opresora”, la perspectiva comunista “tiene como objeto realizar las aspiraciones individuales a una libertad que es tanto personal como vivida con los demás”. Mientras la reacción quiere “menos que individuos”, el comunismo radical “quiere más que el individuo” (7).

No está demás señalar que tanto para Dauvé como para nosotros el comunismo no tiene mucho que ver con los “partidos comunistas” oficiales, que más bien expresan una forma del partido histórico de la socialdemocracia, desde la socialdemocracia radical de Lenin a los intentos de renovación post-estalinista a la manera del llamado eurocomunismo. Otra discusión que no abordaré acá es la de si el estalinismo fue una forma de “fascismo”, tesis que ha sido defendida por varios comunistas disidentes desde Paul Mattick y Herman Gorter a Wilhelm Reich, que con buenos argumentos calificaron al estalinismo de “fascismo rojo”, o si es más adecuado meterlo en el más amplio concepto del “totalitarismo” propuesto por Hannah Arendt (8).  



1.-  Que vendría siendo algo así como “El Desconcierto” de la derecha dura.

4.- Mudde, C., The Far Right Today, John Wiley & Sons, 2019. Referido en: Noam Titelman, “¿Cómo es la “ultra” de derecha, izquierda y centro?”, Ciper académico, 18 de junio de 2020.   

6.- Ibíd.

7.- Gilles Dauvé y Karl Nésic, Contribución a la crítica de la autonomía política, Mariposas del Caos, 2016, págs. 20-21.

8.- Más interesante que eso me parece la perspectiva de Fredy Perlman el “El persistente atractivo del nacionalismo”, incluido en su antología de textos publicada Lazo Negro ediciones, Rosario, 2019, bajo el título de La reproducción de la vida cotidiana.

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martes, abril 30, 2019

El capitalismo chino/1° de mayo contra el trabajo 


La foto lo dice todo.


Y pensar que:

-todavía quedan izquierdistas que creen que China es “comunista”. No da ni para rebatirlos. Crean la estupidez que quieran.

-en las elecciones del 2009 la socialdemocracia llamaba a todos a votar por Frei Ruiz-Tagle, para evitar que saliera elegido Piñera. Y ahora ambos capitalistas andan juntos haciendo negocios a gran escala, uno llevando incluso a sus hijos-empresarios, y el otro promocionando un vino tinto que cuesta 900 mil pesos. Recuérdenlo bien cuando una vez más nos llamen desesperados a votar por “el mal menor”.

El espectáculo de la Guerra Fría versión siglo XXI sigue con nuevos episodios como el de hoy. Leopoldo López se escondió en la Embajada chilena. Piraña llamó a derribar la dictadura de Maduro usando la “fuerza pacífica”, pocos días después de decir en China que cada país “tiene el sistema político que quiere”.

Sobre China, Natalia Sedova (viuda de Trotsky) era bastante más clara que el 99% de los izquierdistas (incluidos los “trotskistas”) al señalar en su última declaración en 1961:

“Considero al actual régimen chino, así como al régimen ruso o cualquiera otro levantado sobre este mismo modelo, tan alejado del marxismo y la revolución proletaria como el de Franco en España”.
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Primero de Mayo. Los dejo con un texto incluido en Comunidad de Lucha N° 9.
¿CONTRA EL TRABAJO?

Sí, estamos contra el trabajo. Esto no quiere decir que no nos guste dedicar nuestros mejores esfuerzos a la actividad humana libre y consciente, activa y creativa, inseparable de nuestro estar en el mundo como animales humanos. Pero esa actividad humana no es el “trabajo”. Trabajo es una imposición histórica que bajo la primera gran forma de esclavitud reinó en la Antigüedad, y ha subsistido de diversas formas hasta nuestro tiempo.  Desde la Modernidad capitalista esta esclavitud se presenta de una forma al mismo tiempo más sutil, pero también más generalizada. La burguesía al conquistar con su poder de clase el Estado libera a la humanidad de las “servidumbres” medievales, y nos convierte con su varita mágica en “trabajadores libres” a todos los seres humanos que no venimos al mundo con una herencia consistente en propiedades y Capital. “Libres” de ser explotados, ya sea autoexplotándote o escogiendo en lo posible a tu empleador, y si es que nada de eso es posible o deseable, somos “libres” de morir de hambre si no nos dejamos explotar.

Trabajo viene de “tripalium”: un viejo instrumento de tortura. Acá le decimos “la pega”. Por algo será. Huimos de ella cuando podemos. La clase se inventó como pudo sus san lunes y san viernes,  evadió el tiempo productivo tomando “once” (por las 11 letras del A G U A R D I E N T E) y con una serie de valiosas técnicas para sacar la vuelta y expropiar, que constituyen una verdadera sabiduría subterránea de los oficios populares.

Lxs proletarixs que lucharon y murieron en Chicago hace siglo y medio no buscaban alargar nuestras cadenas para someter la raza humana a las imposiciones de la dictadura de la acumulación de valor. Todo lo contrario: reduciendo el tiempo de trabajo buscaban alargar el tiempo de vida. Ese mismo es el objetivo de la Revolución Social, terminar con la Esclavitud moderna destruyendo el Estado, el sistema de clases, y el trabajo asalariado/doméstico. Construir la comunidad humana basada en el libre juego de las pasiones y la auto actividad creativa de la especie. El comunismo. La anarquía.

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miércoles, septiembre 12, 2018

Postales/Esperma 



-Dos postales del 11.

Villa Olímpica. Un sector de la comunidad recuerda el 11. Hay conversatorios, viejos compañeros que hablan de la experiencia de los cordones industriales, teatro, niños/as jugando en la cancha de fútbol. Se exhibe un documental sobre la Villa y las maneras en que sus vecinos/as apoyaron a personas perseguidas por el Terror estatal, y cómo algunas de ellas desaparecieron posteriormente en manos de la represión. En una pequeña feria de publicaciones están los Cuadernos de Negación, varios títulos de Pukayana, Anarquía & Comunismo. El acto termina hacia las 21, momento en que se asoman dos pacos en moto para provocar. Nadie los pesca mucho ni les invita un café.

Caminamos hacia el Estadio Nacional. El ambiente es totalmente distinto. Hay al menos dos escenarios con esa fea música sub-Illapu/Sol y Lluvia que tanto gusta a los izquierdistas culturales y que parece manifiestamente empobrecida comparada con los estándares de la Nueva Canción de los 60 y 70. Lo mismo su discurso, ¿no?

Uno de los nuestros dice: “no me gusta esto”. Otra señala: “me recuerda a Jesús y  los mercaderes del templo”. En efecto: hay puestos de venta de todo tipo de simbología izquierdista, banderas rojas e iconografía allendista junto al pesado olor de los sánguches de potito, pizzas, bebidas y hasta cerveza en lata.

Dado que vamos con un infante, queremos mostrarle la parte del Estadio que es un sitio de memoria, pero se hace casi imposible ingresar en medio de una marea humana que provoca un enorme calor ídem. Al final el infante se interesa más por los murciélagos que revolotean capturando polillas en los focos del Estadio.

Nos vamos.

En las paredes de afuera, miembros de un grupúsculo uniformados con pañuelos rojo y negro están rayando: “Por un 11 anti-imperialista”. Ayayay. O sea, luchando contra el imperialismo siempre se han apoyado distintos capitalismos nacionales y alianzas inter-clasistas. ¿Para qué? ¿No bastaría con una posición claramente anticapitalista (y por añadidura anti-imperialista, antifascista, etc.)?

La noche ya cayó, la gente se va bajo tierra, entrando al Metro nuevo.

Sensación  amarga.

El 11 como resistencia vs. el 11 como espectáculo.



-Bebiendo mi propia esperma. Alvaro Peña, 1977. 


Pálido sol...

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jueves, octubre 12, 2017

Don Otto en Rusia. Parte 1. 

MOSCÚ Y NOSOTROS (Otto Rühle, 18 de septiembre de 1920)


La Primera Internacional era la Internacional del despertar.  Su papel era el de llamar al proletariado mundial a despertarse; era el de dar la gran consigna del socialismo.  Su tarea era propia del dominio de la propaganda.  La Segunda Internacional era la Internacional de la organización.  Su papel era el de reunir, formar, preparar para la revolución las masas que se habían despertado a la conciencia de clase.     Su tarea era propia del dominio de la organización.  La Tercera Internacional es la Internacional de la revolución. Su papel consiste en poner en marcha las masas y desencadenar su actividad revolucionaria; consiste en realizar la revolución mundial e instaurar la dictadura proletaria.  Su tarea es una tarea revolucionaria. La Cuarta Internacional será la Internacional del comunismo.  Su papel es instaurar la nueva economía, organizar la nueva sociedad, realizar el socialismo. Es desmantelar la dictadura, disolver el Estado, dar nacimiento a la sociedad sin dominación, ¡finalmente libre!  Su tarea es la realización de la idea comunista.  

II 
La III Internacional se califica como Internacional comunista. Quiere ser más de lo que puede. Es la Internacional revolucionaria, ni más ni menos. En esto se sitúa en la posición más alta hasta ahora en la escala graduada de las Internacionales y realiza la tarea más elevada que debe cumplir y que es posible cumplir hoy.  Se la podría llamar la Internacional rusa. Su creación procedía de Rusia. Tiene su sede en Rusia. Está dominada por Rusia. Su espíritu es un condensado perfecto del espíritu de la revolución rusa, del Partido comunista ruso.  Por esta razón precisamente no puede ser ya la Internacional comunista. Lo que atrae las miradas del mundo sobre Rusia – miradas de espanto o de admiración – no es todavía el comunismo.  Es la revolución, es la lucha de clase del proletariado contra la burguesía, llevada con una resolución, un heroísmo y una perseverancia formidables, es la dictadura.  Rusia está todavía lejos, a leguas, del comunismo. Rusia, el primer país que ha llegado a la revolución y que la ha llevado victoriosamente hasta el final, será el último país que llegará al comunismo.  ¡No y no, la III Internacional no es una Internacional comunista! 

III 
Los bolcheviques han llegado al poder en Rusia no tanto gracias al combate revolucionario por la idea socialista como por un golpe pacifista.  Han prometido la paz al pueblo.  Y la tierra – la propiedad privada – a los campesinos.  De este modo es como han tenido el conjunto del pueblo detrás de ellos.  Y el golpe ha triunfado.  Han saltado toda una época, el período del desarrollo del capitalismo.  Por un fabuloso salto peligroso, han entrado en el socialismo saliendo del feudalismo, cuyo hundimiento, que había comenzado en 1905, la guerra ha acelerado y acabado. Se figuraban al menos que la toma del poder político por los socialistas bastaría para abrir una época socialista.  Lo que debe crecer y madurar lentamente como producto de un desarrollo orgánico, ellos creían poder colmarlo de una manera voluntarista.  Revolución y socialismo eran para ellos, en primer lugar, un asunto político. ¿Cómo podían marxistas tan excelentes olvidar que aquellos son, sobre todo, un asunto económico?  La producción capitalista más madura, la técnica más desarrollada, la clase obrera más educada, el rendimiento productivo más elevado son condiciones previas – por no citar más que esas – sine qua non de la economía socialista y, por ahí mismo, del socialismo en general.  ¿Dónde se han encontrado estas condiciones previas en Rusia?   La extensión rápida de la revolución mundial podrá colmar esta falta. Los bolcheviques han hecho todo lo posible por provocarla. Pero hasta el presente no ha tenido lugar.  De esta manera ha nacido un vacío.  Un socialismo político sin fundamento económico.  Una construcción teórica. Un reglamento burocrático. Una colección de decretos que sólo existen sobre el papel. Una frase que anima la agitación. Y una decepción espantosa.  El comunismo ruso está suspendido en el aire. Y así permanecerá hasta que la revolución mundial haya creado las condiciones de su realización en los países más desarrollados en el sentido capitalista, los más maduros para el socialismo. 

IV  
La avalancha revolucionaria está en movimiento. Se desata sobre Alemania. Pronto habrá alcanzado otros países.  En cada país encuentra relaciones económicas distintas. Distinta estructura social. Distintas tradiciones. En cada país, el grado de desarrollo político del proletariado es diferente; diferente su relación con la burguesía, con los campesinos; diferente en esto también su método de lucha de clases.  En cada país, la revolución toma su propia fisonomía. Crea sus propias formas. Desarrolla sus  propias leyes.  Aunque se despliega como un asunto internacional, la revolución es, en primer lugar, un asunto que concierne a cada país, a cada pueblo en sí.  Por muy preciosas que sean las experiencias revolucionarias de Rusia para el proletariado de un país, por muy agradecido que esté por los consejos de su hermano y el apoyo de su vecino, la revolución misma es su asunto; debe ser autónomo en sus combates, libre en sus resoluciones, y no influenciado y estorbado en la evaluación y explotación de la situación revolucionaria. ¡La revolución rusa no es la revolución alemana, no es la revolución mundial! 

V  
En Moscú se es de otra opinión.  Allí se tiene el esquema revolucionario standard.  La revolución rusa se ha desarrollado supuestamente según este esquema.  Los bolcheviques han librado sus combates según este esquema.  Por consiguiente, la revolución debe desarrollarse también en el resto del mundo según este esquema.  Por consiguiente, los partidos de los demás países deben también librar sus combates según  este esquema.  Nada más fácil y simple que esto.  En tal sitio tenemos una revolución..., tenemos un partido revolucionario..., ¿qué hay que hacer?  Sacamos del bolsillo el esquema revolucionario standard (marca Lenin), lo aplicamos... ¡hurra! Esto funciona... y ¡crac! ¡La revolución ha triunfado!  Y ¿a qué se parece este prodigioso esquema standard?

“La revolución es asunto de partido. El Estado es asunto de partido. La dictadura es asunto de partido. El socialismo es asunto de partido”.  Y además: “El partido es la disciplina. El partido es la disciplina de hierro. El partido es el poder de los jefes. El partido es el centralismo más riguroso. El partido es el militarismo. El partido es el militarismo de hierro, absoluto, el más riguroso.”  Traducido concretamente, este esquema quiere decir: Arriba los jefes, abajo las masas.  Arriba: la autoridad, el burocratismo, el culto a la personalidad. La dictadura de los jefes. El poder del cuartel general.  Abajo: la obediencia ciega. La subordinación. El ¡firmes!  Un aparato de bonzos multiplicado.  Una Central del KPD al superlativo.  

VI  
No es posible aplicar por segunda vez en Alemania el sistema Ludendorff1, aunque tomase el uniforme bolchevique.  El método ruso de la revolución y del socialismo no es aceptable para Alemania, para el proletariado alemán.  Lo rechazamos. Absolutamente. Categóricamente. Sería un desastre.  Más que esto, sería un crimen.  Llevaría la revolución a su perdición.  Por esta razón no queremos, y no podemos, tener nada en común con una Internacional que acaba por imponer, incluso por la fuerza, el método ruso al proletariado mundial. 

Debemos conservar una libertad y una autonomía completas. 


El proletariado alemán hará su revolución alemana, como el proletariado ruso ha hecho su revolución rusa.  Ha llegado más tarde a la revolución.  Debe luchar más difícilmente.  Pero llegará al comunismo más pronto y de manera más segura.

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domingo, octubre 06, 2013

El 5 y 6 de octubre de 1988 tal cual lo recuerdo hoy 


Estoy seguro que hace 4 años, en el famoso año 2009, escribí algunos recuerdos e impresiones acerca del aniversario del “triunfo del No”. Y estaban anunciados como “Parte 1”. De hecho, la prueba de que alguna gente lee esto me llegó cuando durante una tocata de Malgobierno en una calurosa tarde de noviembre o diciembre de ese mismo año alguien me dijo que estaba esperando la segunda parte. Prometí escribirla alguna vez. Y para que sea más espontánea y fresquita, la escribiré ahora sin releer la parte 1. 

Los recuerdos ahora me vienen gatillados por la cantidad de basura que la “industria cultural” ha producido estos últimos tiempos en relación tanto a los 40 años del golpe como a la “recuperación de la democracia”. Necesitaría un análisis detallado en sí mismo todo el carácter de esta maniobra, la curiosa pero esperable manera interesada e ideológica (y recuerden que la ideología es siempre servidora de la clase dominante) que nos reescribe y configura ahora la versión en definitiva oficial acerca de la historia no tan reciente. Por supuesto que en este esfuerzo se trata a la historia de una manera en que las luchas de clases y la violencia permanente entre dominadores y dominados brilla por su ausencia, y lo que pasa a primer plano es cualquier otra cosa. Por ejemplo, en la película “No”, que aún NO he visto, aparentemente y tal como dijo hace poco en un texto Héctor Kol, la gran ausente es la generación que entregó lo mejor de su adolescencia y juventud perdiendo el miedo y saliendo a la calle con las tremendas consecuencias en cuanto a sangre, represión, tortura y muerte que implicó el enfrentarse al aparato de dominación capitalista por el terror de los milicos, y los protagonistas de la versión cienematográfica de esta historia son una variedad de empresas capitalistas conocidas como “agencias de publicidad” y sus funcionarios. En fin, no me explayaré aquí ahora sobre todo eso, que de hecho merece ser puesto en el tapete, sino que me centraré en los recuerdos del 5/6 de octubre de 1988, gatillados en parte por la contemplación de algunas imágenes de archivo en los noticieros de la tele.

Tal cual todos han dicho, la gente ese día fue a votar temprano, porque flotaba en el ambiente la idea de que Pinochet no iba a reconocer el triunfo del No, y que por ende iba a haber fraude para decir que ganaba el Sí, o un autogolpe. Curiosamente, y revelando la pila de mierda que tenían en la cabeza el grueso de los izquierdistas autoritarios de distinto signo que abundaban en esos tiempos, ese escenario gustaba a quienes apostaban por la posibilidad de conducir una rebelión popular que los pusiera al fin al frente del poder estatal/gubernamental. Todos los rábanos estaban acuartelados, y los días previos se les había visto haciendo a viva voz comentarios acerca de los cursillos recibidos y detalles tales como la manera correcta de apagar el napalm casero ante un accidente en que uno saliera lesionado (no con agua sino que apretando el lugar del cuerpo en que te hubiera saltado esa ingeniosa pasta encendida resultante de la mezcla de bencina con plumavit). Algunos ultrones más trasnochados y seudo-blanquistas (y que me disculpe don Luis Augusto Blanqui) creían que lo mejor era derechamente ir y votar Sí “para agudizar las contradicciones”.

En una sensatez que rara vez he vuelto a demostrar, yo creía que tanto el capitalismo global como la clase dominante nacional necesitaban ir bajando la velocidad del tipo de terrorismo que necesitaron imponer por algo más de década y media, y que en cierta forma necesitaban “democratizar” las formas para dominar más y mejor. También creía que votar era una trampa mortal, puesto que en ese acto se legitimaba irrevocablemente la Constitución guzmanista/pinochetista. Pero era una hipótesis...la verdad es que nada estaba garantizado y por eso el ambiente previo a esos días lo recuerdo como de gran nerviosismo, discusiones y dudas. Lo más significativo para mi generación, en todo caso, era el hecho del enorme cambio del tipo de hegemonía dentro de la izquierda realmente existente, donde la percepción hasta un año antes (86/87) era que la mayoría de los jóvenes de izquierda estábamos a favor de una ruptura insurreccional y no veíamos otra manera de derribar a Pinocho, pero donde desde fines del 87 y a duras penas al inicio una tienda tras otra empezaron a llamar a inscribirse en los registros electorales y luego a votar No (¡como sería de impopular y doloroso que no hacían los dos llamados de una vez!). Todo cambió después de eso, y la hegemonía de los reformistas duró dos décadas y aún no se acaba. Aún recuerdo cómo a fines del 87 en la USACH un lote enorme de la fauna que hasta el día de hoy quedamos referidos como “ultraizquierdistas” le gritábamos a socialistas almeydistas y jotosos esta bonita consigna: “¡Aunque duela la verdad, inscribirse es claudicar!”. En las filas de la ultraizquierda quedamos a partir de ahí  cada vez más pocos, y la mayoría deliraron hasta el punto de apoyar tesis huevonas como la de que era mejor si ganaba el Sí: Nótese que esa tesis es tan electorera como la otra, y parte de la base de que la gente es irremediablemente imbécil así que merece ser engañada.

Otra cosa que recuerdo muy bien es que tampoco era cosa de llegar y despreciar los efectos que generó la campaña por el No a nivel masivo. Bastó con la primera noche de franja televisiva y miles y miles de personas perdieron el miedo y salieron a las calles...lamentablemente, con la idea de que bastaba con sacarse a Pinocho de encima y de que había que “recuperar” la misma vieja y podrida forma de dominación contra la que generaciones enteras de proletarios habían luchado en las décadas anteriores. Borrachera democrática decían mis jefes trotskistas. Y hasta ellos se emborracharon, con el agravante de llegar tarde y mal y tomarse apurados y hasta el fondo los peores copetes (Digresión troskológica: La sección chilena de la Liga Internacional de los Trabajadores- Cuarta Internacional) se había mantenido al margen del proceso electoral, hasta que CUANDO YA ESTABAN CERRADOS LOS REGISTROS ELECTORALES por intervención directa de unos jefes argentinos que nos visitaron se llamó a votar No, “para no aislarse de las masas”. OK.).(Al menos los estalinistas de mierda del PC-AP tuvieron mejor olfato y llamaron muy luego a votar No, adelantándose incluso al otro “PC”, decisión que en un momento hasta los hizo “simpáticos” a los ojos de la prensa democrática y concertacionista).

El 5 de octubre progresó con la oreja pegada a la radio, y yendo al estadio nacional a ver en terreno qué pasaba. Viendo el conteo de votos, daba la impresión que la cosa estaba peleada, pero que ganaba el No. Más tarde me junté con unos vecinos de la JRME. Nos dejábamos alegrar parcialmente por el ambiente y actitud de familiares y amigos, pero con una sensación amarga. Aprovechamos de salir a rayar con unos espray que nunca faltaban en esos años. En avenida Grecia con Ezequiel Fernández, importante bastión de lucha en los años previos, un solo encapuchado solitario trató de prender un neumático, sin mucho éxito, y una vieja le gritaba: “Anda a acostarte cabro hueón antes de que te maten”. Mi amiga mirista rayó: “A pesar de todo, venceremos”.

Unas fumadas, unos sorbos, y a acostarse algo tarde. Hasta el día de hoy mi viejo dice que vió pasar tanquetas a medianoche por los 3 Antonios.

Al otro día temprano, parto con otros troskos que vivían cerca al centro. Llegamos a la escuela de Ingeniería en Beaucheff. Mucha gente. Hegemonía total del izquierdismo democrático universitario, en actitud no combativa sino festiva. Marchamos a Alameda. Los pacos se asoman pero no reprimen directamente al principio. De todas formas, no hay neumáticos ni molotovs ni hondas. Pura felicidad sociodemorabanita, entregados a la consigna favorita del día: "Lo cagamos con un lápiz".

En la Alameda transcurre la mañana, la tarde, y empieza a llegar cada vez más gente. Una marea humana que no para de crecer. Todos decimos “A La Moneda”, como si el poder del capital/Estado pudiera situarse justo ahí. Pero en realidad no, estoy puro hueveando: en esos tiempos no ví nunca a nadie que pensara en esos términos. Todos tenían tenían (teníamos) marcado el chip Dictadura/democracia. Con distintos apellidos. 

En un momento, en Ahumada, unos giles con la oreja en una radio comienzan a decir “¡renunció, renunció!”. Mar de abrazos. Pero era una falsa alarma. En todo caso, en esos momentos esa era obviamente la idea para muchos: concentrarse ahí miles y miles hasta que el dictador asesino se fuera pa la casa. En ese contexto hasta podría haberse intentado (y resultado) “sin odio, sin violencia”, a la manera que cacareaban los no violentos de la desobediencia civil, porque la verdad es que casi nadie estaba en actitud violenta: patéticamente la gente abrazaba a los pacos y hasta les entregaba flores. Con tanta sangre derramada por los verdes era un espectáculo muy chocante y triste de ver. Y pese a esos gestos, los pacos culiaos insistían en huevear a la gente y disolver la concentración espontánea que por cierto ningún partido convocó.

¿Y qué es lo que ocurre entonces? Troncoso, un bastante conocido dirigente del “PC” del ambiente de los trabajadores de la construcción se sube a un Huáscar (el lanzaaguas blanco y negro del momento, algo más grande que el viejo Guanaco, pero bastante pequeño en comparación a las bestias que vinieron después a engrosar las filas del armamento policial antidisturbios), y desde arriba, usando los altavoces de los pacos, ¡comienza a llamar a toda la multitud a hacer abandono del lugar e irse pacíficamente a celebrar el triunfo en sus hogares! Pese a que a mi corta edad de 17 años ya esperaba cualquier cosa de esa organización jerárquica, socialdemócrata de izquierda, y autodenominada “marxista”, esa imagen me impresionó. ¿No eran estos mismos rábanos los que estaban acuartelados pocas horas antes cruzando los dedos para que estallara la rebelión? En fin...¿qué habrán hecho con todo el napalm casero? Ciertamente que no llevaron a la Alameda.

Eso sería en relación a esa histórica jornada. Anoche soñé que estaba hablando con Aylwin (¡puaj! ¡qué le pasa a mi inconsciente?) y le decía: “Sigo creyendo que no había que votar, que era una trampa, que se legitimó para siempre la arquitectura institucional pinochetista”, y él me decía, “¿Y qué había que hacer entonces según tú?”, y yo le decía: “Por lo menos, no ayudar a legitimar los planes de la dictadura, y seguir apostando por la insurrección”, a lo que él replicó: “Pero esa insurrección hubiera sido necesariamente violenta”. Y yo le decía: “No necesariamente tan violenta como lo que vino después”. Ayayay. En mis sueños sigo siendo un demócrata de izquierdas.


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sábado, diciembre 24, 2011

Retrato de la alienación 



El maoísmo, el hoxismo y el kim-il-sungismo constituyen las variedades más exóticas de lo que podríamos llamar como "estalinismo místico", una forma de cretinismo que surge al unir el despotismo oriental con el marxismo-leninismo y administrarlo desde el Estado.

En Chile tiene algunos seguidores tanto en el P"C" de Chile (el oficial) como en la totalidad del autodenominado P"C" chileno (AP) ("AP" es supuestamente por "Acción Proletaria", si bien como partido estalinista forman parte inconfundible dela izquierda del capital. Su máximo dirigente, Eduardo Artés, es una clara muestra de la crisis de la educación en Chile: pese a ser profesor -o gracias a ello- es incapaz de redactar un comunicado decente, como se puede apreciar en el valioso documento incorporado más abajo).

Su mitología y ceremonias son indistinguibles del fascismo místico defendido en estas tierras por delirantes oportunistas como Miguel Serrano y Cristian Warnken...

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AGENCIAS

"Según los informes, una intensa tormenta de nieve se detuvo y el cielo comenzó a volverse rojo alrededor del monte Paektu, considerado sagrado por las tradiciones coreanas, minutos antes del deceso del gobernante.

Las versiones de la prensa norcoreana, transmitidas a una población todavía conmocionada por el deceso de Kim, añadieron que el hielo sobre el lago Chon, en la cumbre de la montaña, se partió con un rugido profundo.

En la ciudad de Hamhung, según los medios -rígidamente controlados por el Gobierno-, una grulla manchuriana voló en círculo alrededor de la estatua de Kim Il-sung, padre del líder fallecido, antes de descender sobre un árbol con la cabeza encorvada. Luego voló en dirección a la capital norcoreana, Pyongyang".

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"A las 9.50 de la mañana del 28 de febrero, cuando sentí los truenos y relámpagos que caían sobre la cordillera, mientras él partía, no pude dejar de sentir que nuestra geografía (esa novia mística, hermosa, potente y frágil que tanto amó) le daba el adiós que él hubiera querido escuchar, más que la gloria literaria, que nunca buscó y que él mismo se encargó de arruinar con su adhesión y lealtad a lo imposible"

(C. Warnken, "Serrano y el misterio de Chile), en El Mercurio del martes 3 de marzo de 2009).

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Al Comité Central del Partido del Trabajo de Corea


Estimados camaradas:

El 17 de diciembre ha fallecido del camarada Kin Jong IL, máximo dirigente y líder de del Partido del Trabajo de Corea, de la República Popular Democrática de Corea y del pueblo de Corea, su deceso consista diversos comentarios y especulaciones antojadizas y maliciosas de las agencias de noticias reaccionarias e imperialistas e incluso las maquinarias de guerra de Japón, EEUU y de Corea del Sur se ponen en "máxima alerta" y claro como ya es costumbre, no solo los abiertamente reaccionarios e imperialistas vierten su veneno, también los falsos izquierdistas y falsos anti imperialistas sacan la voz para referirse al fallecimiento del camarada Kin Jong IL, como la muerte de un "dictador", de un "stalinista", para los comunistas nunca ha sido una ofensa, al contrario es honor que nos nombren "stalinista". Todos con morbosa expectación buscan "signos de descontento popular", para así reafirmar sus reaccionarios designios y a última hora, justificar hasta una agresión militar imperialista.
Para quienes desde el marxismo leninismo, asumimos la lucha por la liberación nacional, por la democracia popular y el socialismo, el fallecimiento del camarada Kin Jong IL, es motivo de verdadero y profundo pesar. Corea popular bajo su dirección supo encarar las maniobras agresivas del imperialismo yanqui y de los títeres de sur Corea, siempre busco el apoyo y apoyo a quienes se atrevían a caminar con sus propios pies y a usar sus propias cabezas, a quienes no se someten a la hegemonía imperialista, son muchos los combates resueltos y en todos los terrenos con los cuales la RPDC bajo la dirección del camarada King Jong IL, ha dado muestra de la dignidad, valor y de estar junto a quienes luchan y defienden la autodeterminación, el anti imperialismo y el socialismo.
El camarada Kin Jong IL, dando muestra de un gran coraje revolucionario e internacionalista, no se dejo abatir por la traición revisionista que restauro el capitalismo en la ex URSS y en los demás países de Europa del este, al contrario con apego científico y ardor revolucionario, la desenmascaro como traición a la clase obrera, a los pueblos y su sistema, el socialismo, sosteniendo con toda claridad que la causa principal se encuentra en el hecho de que los dirigentes de esos países se alejaron y renegaron de la ideología de la clase obrera, de Marx, Engels, Lenin y Stalin.
En estos momentos solo nos queda unirnos al dolor de los trabajadores y del pueblo de Corea y junto a ellos honrar la memoria del camarada Kin Jong IL, siendo fieles luchadores por la autodeterminación de los pueblos, por la soberanía nacional, por el socialismo, solo así podremos imponer la verdad de los trabajadores y de los pueblos sobre las manipulaciones, falsificaciones y mentiras de los reaccionarios e imperialistas, solo así ¡venceremos!..

¡Honor y gloria al camarada Kin Jong IL!

Eduardo Artés
Primer Secretario del Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria)
PC(AP)

18 de diciembre del 2011

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martes, diciembre 20, 2011

Stalin not dead? 


El P"C" de Chile se caracteriza, entre otras cosas, por ser uno de los P"Cs" del mundo que jamás hizo siquiera un intento que pareciera mínimamente serio por "desestalinizarse". Ni necesidad que tenían de hacerlo tampoco.....
Por ahí por inicios de los 90 pasaron en pocos meses de elogiar a Gorbachov a elogiar el golpe militar antiperestroiko. Y bueno....de un día para otro pasaron de la "Rebelión popular de masas" al entusiasma cretinicio por un terreno electoral donde recién 20 años después lograron algunos parlamentarios...Pero bueno. Nada nuevo bajo el sol, el estalinismo siempre fue muy oportunista zigzagueante en sus orientaciones concretas: nuestros rábanos son los hijos de Lafferte y Corvalán (más que de don Reca diría yo). No se puede esperar de ellos inteligencia ni coherencia.
En fin.

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Recuerdo un rayado que se veía a veces en los 80, y nunca se supo muy bien de donde provenía: PINOCHET = STALIN.

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PARTIDO COMUNISTA DE CHILE

COMITÉ CENTRAL

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Santiago de Chile, Diciembre de 2011.





Camarada

Kim Jong Un

República Popular Democrática de Corea





El Partido Comunista de Chile expresa al pueblo de la República Popular Democrática de Corea, al Partido del Trabajo y en particular a Usted y su familia nuestras condolencias por el fallecimiento del compañero Kim Jong Il.



En este momento de dolor para los trabajadores y todo el pueblo de la República Popular Democrática de Corea, el Partido Comunista de Chile está convencido que la lucha por la construcción de una próspera sociedad socialista, por la reunificación del país, la defensa de los intereses del pueblo coreano en contra de las maniobras del imperialismo norteamericano continuarán siendo impulsadas firmemente por quien lo reemplace en los cargos de la dirección del Partido y el Estado.



PARTIDO COMUNISTA DE CHILE

Guillermo Teillier del Valle
Presidente
Partido Comunista de Chile

Carlos Insunza Rojas
Encargado de Relaciones Internacionales
Partido Comunista de Chile

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viernes, diciembre 16, 2011

Sobre los "indignados". II (Proletarios Internacionalistas) 

La explosión de rabia que se constata en todo el mundo, no parte de ciudadanos jubilosamente indignados, respetuosos del estado de derecho, que se podrían permitir el lujo de la no violencia..., sino, bien por el contrario, de proletarios hartos de explotación y opresión, llenos de bronca y odio contra las condiciones de sobrevivencia, cada vez más insoportables, que nos impone el capitalismo.

¡No estamos indignados, impactados, sorprendidos…!

Lo que hoy queda en evidencia (y ya no es ninguna novedad) son horrores inherentes al sistema capitalista. Las recetas que impone la burguesía son las de ayer, hoy y siempre contra nosotros.

¡La continuidad del sistema actual sólo puede realizarse a expensas de nuestra clase!

¿Porqué indignarse de los excesos del capitalismo y no luchar contra el capitalismo mismo? ¿Porqué indignarse del enriquecimiento de los bancos y no cuestionar su existencia misma, dado que su objetivo es enriquecerse? ¿Cómo indignarse de las dificultades de nuestra clase social, sin poner en cuestión la existencia misma de clases sociales?

Pero tampoco estamos resignados

De manera global y general la correlación de fuerzas favorece a la burguesía que detenta los medios para continuar explotándonos, reprimiéndonos y desapareciéndonos…Sin embargo frente a la flagrante e inocultable incapacidad del sistema capitalista para disminuir la catástrofe que el mismo engendra y la consecuente agravación de todos los problemas humanos las revueltas proletarias se generalizan. Contra dichas revueltas, la burguesía utiliza toda su potencia y todos sus medios para cantonarlas en meros movimientos pacifistas, ciudadanistas, legalistas, apolíticos...buscando encerrarlas en el modelo “socialmente admitido”, en la democracia. Por el contrario nuestro objetivo es superar/reventar todos esos límites establecidos en los cuales quieren encerrar nuestro movimiento.

Estamos profundamente convencidos…

de que el futuro de la humanidad no se jugará en el terreno de las indignaciones multiformes, ni de las causas humanitarias, o los combates individuales...; sino por la conjunción de fuerzas que permitan eliminar este sistema mortífero. Los proletarios están forzados a destruir el capitalismo de raíz si no quieren que este destruya todo nuestro mundo.

¡Estamos en guerra de clases!

Todo lo que se quiere imponer como “indignados” (libros, plataformas, manifiestos, contenidos…) no representa para nada el movimiento de protesta generalizada contra el capitalismo, sino que es, por el contrario, un verdadero chaleco de fuerza que el capitalismo, la democracia quiere imponer para sujetar a los proletarios e impedir el verdadero movimiento y su desarrollo hasta la destrucción del capitalismo.

rompamos con todos los límites “indignados”, ciudadanistas, democráticos…

REAFIRMEMOS LA GUERRA DE NUESTRA CLASE, PARA ELIMINAR POR COMPLETO EL SISTEMA SOCIAL BURGUÉS MUNDIAL.

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Sobre los denominados "Indignados". I (Pedro García Olivo). 

No me gusta escribir contra la praxis de mis amigos, contra la acción de las personas que más estimo. Pero, si hablamos del 15-M, he de hacerlo...

Creo, de corazón, que ese movimiento, en su conjunto, en su componente dominante, está del lado del Poder y contribuye a la “reparación” de la Democracia. Lo valoro como una estrategia del Capital para aplacar protestas “menos educadas”, como las que se han dado recientemente en Reino Unido y habrán de repetirse a lo largo del viejo, y moribundo, Continente.

El 15-M sostiene un discurso central que cabe perfectamente en la inmensa mentira del Estado de Derecho. Habla, sin rubor, valga el ejemplo, de una “reforma de la ley electoral”... Quiero decir que estamos ante el “reformismo” de siempre, pero un poco más perverso, pues pretende “representar” la contestación social y, ciertamente, no la representa. Representa, eso sí, a los indignados de la clase media deprimida, de la clase media amenazada en su tan sucio “bienestar”, de las capas privilegiadas de los trabajadores, de los estudiantes semiacomodados, de la pequeña burguesía que aspira a más y se encuentra con menos,...

No es trivial que acepte un título de origen infame (“la indignación”), derivado de una obra en absoluto subversiva y de ningún modo revolucionaria.

Contra los indignados, cabe apostar por los los desesperados; contra los “niños buenos pacifistas”, por los “diablos del robo
y de la violencia”; contra los que quieren “mejorar” la Democracia, por los que pretenden abolirla.

No, compañeros, no estoy del lado del 15-M, aunque sí me siento cerca de las personas que siguen luchando “desde dentro” de ese movimiento para darle otro aire. Pero creo que su esfuerzo es vano: así como jamás se le conseguirá conferir “rostro humano” al Capitalismo, nunca veremos a la gente del 15-M tentar las vías de la transformación social. El 15-M simboliza hoy la Desobediencia Inducida, el Ilegalismo Útil, la Falsa Lucha. Cosa de señoritos

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viernes, noviembre 11, 2011

Regla de vida política (x Max Horkheimer) 


Para el ciudadano pacífico hay una buena norma política que le puede ayudar en los escollos de la lucha de clases: ¡No te enemistes con la reacción! Si se produce el caso de que los obreros alcanzan el poder, siempre habrá tiempo de aparecer ante ellos como un leal. Si de hecho tú no te has destacado como líder político de la reacción, sino que sólo te has llevado bien con ella, entonces no tienes nada que temer durante la revolución. Si, por el contrario, durante el tiempo de paz interna has simpatizado con el proletariado, o bien has descuidado hacer saber a tus conocidos lo contrario, entonces podría ocurrir fácilmente, en caso de guerra civil, que te asesinen. Para el ciudadano listo, cuidadoso de la vida de los suyos y de la suya propia, especialmente para los intelectuales, esta regla es guía segura en tiempos movidos. Quien tiene dinero tampoco se tiene que preocupar de esto. Se puede permitir tranquilamente un pensamiento de izquierdas, pero sólo si puede escapar a tiempo al extranjero.

(Max Horkheimer, Ocaso, 1926-1931).

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sábado, noviembre 05, 2011

Utilidad pública: Karl Kautsky 

Alguien preguntaba por unas citas de kautsky usadas en un texto subido hace tiempo por estos lados. Luego de consultar a su autor, me respondió lo siguiente:

"...dentro del campo marxista, otros importantes líderes como Karl Kautsky criticaron el carácter “terrorista” del régimen soviético, señalando que a diferencia del Terror francés en 1793, que constituyó “el intento de una población revolucionaria asustada y hasta desesperada por defenderse de su aniquilación inminente por parte de un enemigo contrarrevolucionario” (*)y que “alcanzó su punto culminante, zozobró y fue derrocado justamente en el momento en que dejó de ser necesario para hacer la guerra” , el Terror en Rusia, tras una situación inicial que era comparable a la francesa, pasó de ser una medida provisional justificable por la situación de guerra, a un elemento permanente y estable, un método de gobierno. Es más, Kautsky señala que una vez alcanzada la paz, en 1921, “el régimen de la Cheka no se ha suavizado, sino que más bien se intensificó”(**) , pasando a atacar a otras variedades de socialistas, y luego a disidentes al interior del mismo partido bolchevique".

* Karl Kautsky, “Terrorismo y comunismo. Una contribución a la historia natural de la revolución”, Prólogo a la segunda edición (1924) de su libro Terrorismo y comunismo, en: Peter Lübbe (compilador), Kautsky contra Lenin, México, Nueva Imagen, 1985, pág. 91.

** Ibíd., pág. 92.

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domingo, octubre 30, 2011

Chile: el fin de la UP y la reemergencia del proletariado (x Revista COMUNISMO N° 13, GCI, junio de1983) 


La Unidad Popular y el golpe de setiembre de 1973

Pocos días antes del “golpe” de setiembre de 1973 los Cordones Industriales, dirigían una carta a Allende en la que se le decía que de continuar la línea política aplicada hasta el momento, “será responsable de llevar al país, no a una guerra civil que ya está en pleno desarrollo, sino a la masacre fría, planificada de la clase obrera” (1).

Sin más, eso fue lo que sucedió en 1973. No fue una guerra de clases la que hubo luego de septiembre, sino la masacre de un proletariado desorganizado, desarmado, desorientado. La guerra de clases, la burguesía ya la había ganado. En efecto lo decisivo en la guerra, había sido aquella desorganización, y no la ejecución de los desarmados que –como luego de septiembre de 1973- es siempre una consecuencia inevitable.

El reparto del trabajo entre los distintos componentes del Estado burgués (Democracia Cristiana, Unidad Popular, Ejército...) había sido perfecto, salvo casos marginales, no hubo ataque frontal y organizado contra el Estado del capital.

Sin embargo, la Unidad Popular (2) había cumplido su función histórica, había sido decisiva en la preparación de la masacre, pero lamentablemente para ella, el proletariado lo había sentido, intuido y en algunos casos comprendido explícitamente. El hecho de que se le gritase abiertamente al “compañero Allende” que su política preparaba el camino, no para la guerra civil, sino para la masacre planificada de la clase obrera, indicaba al mismo tiempo que la hora había llegado para los de la Unidad Popular: su juego había quedado al descubierto.

Para realizar la masacre, el capital prefirió a los pinochetistas, lo que permitiría enviar las otras fracciones políticas de la burguesía e intentar una cura de credibilización en la oposición.


La paradoja de la “resistencia”


El golpe no sorprendió a nadie, todas las clases sociales y todas las fuerzas políticas conocían sus preparativos. El proletariado no había estado en condiciones de atacar al estado burgués, en su momento de máxima fuerza y autonomía a fines de 1972 y en la primera mitad de 1973; muchísimo menos estaba en condiciones de resistir la matanza cuando ya había sido severamente golpeado (3) y se encontraba en plena desorganización. Por eso el proletariado como clase no resistió y no hubo como en otras circunstancias históricas caracterizadas por el avance militar de la derecha, levantamientos armados de proletarios en respuesta (como por ejemplo en España en 1936), ni tampoco una verdadera huelga general que hiciera temblar a los administradores del Estado (como había sucedido unos meses antes en el caso del Uruguay). Los pinochetistas avanzaron sin grandes obstáculos y hasta sorprendidos por falta de resistencia (4). Todo se limitó a trágicas resistencias totalmente sectoriales o individuales, que constituyeron mucho más el pataleo desesperado de quien recibe el mazazo final, que una verdadera resistencia político-militar. Es decir que incluso las batallas limitadas que libró en algunas partes el proletariado, no lo hizo como clase, como sujeto militar que decide en combate, sino obligado como objeto y víctima principal de la represión criminal planificada durante años y desatada por el Estado.

En cuanto a la Unidad Popular el panorama fue diferente. Muchos de sus cuadros no comprendieron, que al menos por el momento habían cumplido su función y que el Estado no los necesitaba más en la administración, sino en su oposición. Esto, sumado a la contraposición de los intereses fraccionales del capital (el proyecto económico de la Unidad Popular contenía la última tentativa del capital de mantener, proteger el viejo aparato industrial incapaz de resultar competitivo internacionalmente y además una parte de ese frente popular representa en Chile los intereses de otro bloque capitalista internacional) determinó en muchos aquellos cuadros, comenzando por Allende mismo, una voluntad real de resistencia.

Por lo tanto Pinochet se encontró frente a la doble sorpresa: a) Una resistencia que superaba las previsiones en lo que respecta al personal de la izquierda; así por ejemplo no resultaba demasiado agradable para un régimen en constitución el tener que matar a un presidente legalmente elegido y en todos los casos históricos similares las cosas se habían arreglado por las buenas, otorgándole un salvoconducto para dejar al país. B) Una pasividad general de la población, ante el avance del ejército y las ejecuciones sumarias practicadas que hacía inútil y desproporcionada en la mayoría de los casos, el enorme despliegue de fuerzas militares.

Pero como es evidente, la Unidad Popular no podía resistir sin utilizar como carne de cañón (de sus intereses fraccionales) el proletariado. En efecto, su fuerza principal y su acceso al gobierno del Estado burgués, se debía precisamente al hecho de que constituía la fracción burguesa con mayor capacidad de controlar, de encuadrar (es decir estructurar para impedir la lucha autónoma contra el Estado) al proletariado. Por eso muchos dirigentes de la Unidad Popular llamaban desde días antes a organizar la resistencia armada, a transformar a Chile en un “nuevo Vietnam heroico” (Altamirano del P.S.).

Hay sectores que acusan de cinismo e inconsecuencia a todos estos dirigentes que hacían esos llamados a la resistencia ejemplar y que unos días después, poblaban las embajadas en búsqueda de asilo abandonando al proletariado a su propia suerte. Nosotros creemos que no son simplemente cínicos, sino que efectivamente estaban dispuestos a dar batalla en función de sus intereses y que su inconsecuencia se debe a que efectivamente creían que el proletariado iba a lanzarse en esa resistencia, sirviéndole de carne de cañón y que les llevó un cierto tiempo (dentro de Chile sólo algunos días) para comprender su aislamiento. Es decir que poco tiempo antes del golpe e inmediatamente después, estos imbéciles creían que aún quedaban proletarios para hacerse matar por ellos, y bajo su dirección (como veremos este mito que la realidad chilena destruyó rápidamente, pudo ser reproducido por varios años más en el exilio); que no sabían hasta que punto el proletariado los consideraba responsable de esa masacre.

Lo más paradójico de la cuestión, fue que los mismos ministros y dirigentes de los partidos, que habían condenado las luchas obreras, que habían denunciado como haciéndole el juego a la derecha todas las tentativas de acción directa del proletariado, le iban a pedir a esos mismos obreros que “resistieran” en su nombre. Más aún, los que sistemáticamente habían perseguido a todos los grupos que no aceptaban la disciplina capitalista de la Unidad Popular, los que habían denunciado sus huelgas como provocadas por la CIA, los que habían apoyado los ataques militares contra las poblaciones, y hasta los mismos militares y torturadores democráticos que habían requisado, organizado operaciones rastrillo en búsqueda de armas en manos del proletariado, venían ahora a ofrecerles “resistir”. SI, SI, sin ningún tipo de matices desde el General Prat, pasando por los ministros socialistas y comunistas, hasta sus brazos ejecutores, torturadores abiertos, como el Coco Paredes, fueron exactamente los mismos que en base a la violencia y represión habían enfrentado toda tentativa de armamento autónomo de la clase obrera, los que llamaban a los obreros a resistir, a armarse y hasta en algunos casos, les ofrecían directamente armas.

Esos fueron los “héroes” que murieron al costado de Allende o en su misma trayectoria hasta que fueron comprendiendo que el exilio era el mejor negocio. Muchos de esos siniestros personajes, días después del golpe, se apersonaban en lugares de tradicional combatividad obrera, no sólo a contar fantásticas historias sobre la resistencia que estaban organizando y los batallones que se preparaban, o que dirigidos por los “militares democráticos” avanzaban de tal a tal lado..., sino a proponer, a ofrecer “armas para la resistencia”. La negativa a dejarse utilizar una vez más, fue expresada muchas veces con violencia por parte de los obreros. Lamentablemente al respecto se sabe muy poco, porque los principales interesados en divulgar esos hechos, es decir los proletarios mismos, se encontraban demasiado dispersados y destructurados como clase para que ello constituyera una posición explícitamente asumida y además porque incluso en la oposición y el exilio los personeros de la Unidad Popular siguieron constituyendo una fuerza esencialmente represiva, incluso en lo referente a toda tentativa de reconstituir la información sobre los hechos. Recién ahora, a casi 10 años de esos acontecimientos, circula alguna información al respecto y en distintos barrios de Santiago se cuenta con orgullo como tal o tal dirigente de la Unidad Popular fue enviado a la mierda ante sus historias sobre la resistencia.

La unidad popular comienza en el exilio

Pero, ello no quiere decir que la Unidad Popular, inmediatamente después del golpe, haya quedado reducida a un conjunto de dirigentes. En efecto, a pesar de que una parte importante de los proletarios que habían confiado en ella se encontraban entonces en ruptura, la Unidad Popular (como cualquier otro frente o partido burgués) no es sólo un grupo de dirigentes, un programa de canalización de los intereses proletarios en beneficio del Estado capitalista, y un montón de tipos engañados. Es además una estructura, un aparato. La Unidad Popular se había constituido como tal, en base a toda una red de partidos, tendencias, "dirigentes” medios, promesas electorales, matones de barrio, sindicalistas, convencidos..., interesados... En su pasaje por el gobierno, como todo frente constituido por partidos de clientela, su aparato se había desarrollado enormemente en base por ejemplo al control y crecimiento de las fuerzas de investigaciones y otras fuerzas represivas, en base a los interventores nombrados por el gobierno en las empresas públicas y las nacionalizadas, interventores acompañados sin excepción de un mar de adulones, carneros e informantes; en base por fin a muchas promesas realizadas en términos de puestos burocráticos (nunca antes --con Pinochet ha sido peor aún-- el Estado había empleado tanto inútil), promesas en vías de realización en términos de viviendas económicas (4). Una buena parte de este aparato que cuando el golpe, intento sin éxito, canalizar a su favor al proletariado, y que era reprimida también, emprendió más o menos rápidamente el camino del exilio. Todos los dirigentes importantes que no fueron alcanzados por la represión, o que pudieron comprar su "libertad" y la salida del país se encontraron rápidamente en el exilio. También una gran parte de todo ese aparato de "dirigentes" medios y bajos; así como todos los comprometidos y favorecidos por ese régimen, siguieron ese camino. El resultado fue que en términos cualitativos, lo decisivo de la Unidad Popular se encontró afuera muy rápidamente y en términos cuantitativos lo quedó una minoría en "el frente" (SIC).

El MIR, constituyó una excepción temporal al respecto. Sus dirigentes consideraban que el golpe había confirmado su tesis, que lo que había fracasado era el camino pacifico al socialismo y que el golpe abría la fase decisiva y revolucionaria. En el fondo el MIR, nunca tuvo un proyecto estratégico diferente, al socialismo burgués de la Unidad Popular; consideraba que ahora había quedado claro que había que defender ese proyecto con las armas, que ellos eran los únicos consecuentes, que no había que exilarse, que los que abandonaban "el frente" traicionaban. Dirigentes de la primera hora y militantes de base, lucharon y murieron defendiendo tales ideas, hasta que el pequeño aparato militar (en base a la tortura, la cárcel, ... la desaparición) del que disponían fue desarticulado y los dirigentes más consecuentes liquidados. La resaca del MIR vendió su subsistencia al apoyo interesado del bloque ruso y Cuba, sus dirigentes mucho menos comprometidos con el pasado de lucha, contraposición y denuncia del P”C” y los estados del bloque del Este, se apresuraron en integrar el exilio organizado y terminaron siendo una especie de grupo militar del P”C”.

Por todas partes, el aparato de la Unidad Popular fue bien recibido. En Estados Unidos, Rusia, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Checoslovaquia, Cuba, México... los dirigentes de la Unidad Popular encontraron los brazos abiertos de sus pares, socialdemócratas, "comunistas". Inmediatamente organizaron sendos aparatos de recepción de los refugiados, mediante los cuales se seleccionaban a quienes se apoyaba, como se apoyaba, qué se le daba, etc. De esta manera en poquísimo tiempo se había reconstituido, en base a las mismas reglas, los mismos "dirigentes", los mismos tipos de acomodos, de favoritismo, de "pititos"... una impresionante estructura, un aparato del exilio organizado, en cada uno de los países de recepción de refugiados (1). Que la gente de aparato se complacía en encontrar las cosas tan igual que en su casa no nos cabe la más mínima duda; el problema fue que en base a ese mismo tipo de estructura de clientela, de promesas, de presiones, intentaban una vez más someter, hacer dependiente, a todos los que llegaban perseguidos por el pinochetismo, incluso a los que habían roto con la Unidad Popular, o a aquellos proletarios que nunca se habían adherido a ese proyecto.

La mitología de la resistencia y la solidaridad

Esa reconstitución de los aparatos de la Unidad Popular en el Exilio, fue alimentada y cementada por una enorme mitología a de la “resistencia" que se desarrolló entre los años 1973 y 1980, precisamente en el período en el cual el pinochetismo se desarrolló con menos obstáculos. "Pinochet caería de un momento a otro'', "se trataba únicamente de algunos oficiales traidores'', "el régimen no tenía base social", "todo el pueblo estaba con la Unidad Popular", "la mayor parte del ejército era patriota y demócrata", "Chile se hundía económicamente y no llegaba al próximo invierno", "la resistencia crecía", "los sindicatos se organizaban", "se preparaban acciones"... Era imposible encontrar algún chileno del aparato que se considerase a si mismo como un militante de base, sin mucha perspectiva de lucha inmediata; todos eran "dirigentes", todos estaban preparando la resistencia, todos estaban realizando tareas esenciales en coordinación con el "frente" como si se estuviese en plena guerra de resistencia contra el fascismo, hasta ese punto rotundamente paranoico y alejado de la realidad, había llegado la tentativa de mimetismo con respecto al antifascismo y la resistencia durante la segunda guerra.

Nunca hubo tanta gente diciendo que se preparaban acciones y nunca hubo tan poca acción, nunca hubo tanta colecta para la "resistencia" y nunca hubo menos "resistencia", nunca hubo tantos crédulos en la caída del Pinochet y nunca Pinochet estuvo más fuerte, nunca hubo tantos dirigentes tomando importantísimas resoluciones, discutiendo programas, planes y alianzas y nunca hubo menos consecuencias reales... Existirán millones de anécdotas acerca de esa resistencia que siempre se preparó y que nunca se realizó; de esa resistencia con la que se engañó a tanta gente en todo el mundo, nosotros nos limitaremos a ver brevemente el desarrollo de ese mito y su utilidad interna y externa a la Unidad Popular.

El mito era una necesidad interna y externa de la Unidad Popular, coherente con su ideología burguesa antifascista, y que le permitía mantener su aparato y continuar apareciendo como un interlocutor importante frente a otras fuerzas internacionales (gobiernos, partidos, sindicatos...) del capital.

Internamente, había que mantener o intentar mantener, no ya a aquella parte del aparato directamente interesada en el mismo, sino a aquellos militantes que realmente pretendían luchar por lo que llamaban "socialismo". Al llegar a los países de destino de los exilados, estos --incluso cuando eran independientes o totalmente críticos con respecto a la Unidad Popular-- se encontraban atraídos, no sólo por una dependencia administrativa y económica imposible de evitar (sólo los aparatos de la Unidad Popular estaban en condiciones de solucionar los mínimos problemas de subsistencia, legalidad, visa, alojamiento, permisos de trabajo, becas... que encontraba todo recién llegado), sino porque era –creían-- la única llave de contacto con los que habían quedado luchando en condiciones terribles, y con los que querían solidarizarse. De una u otra forma esta subordinación y dependencia, los transformaba en agentes de una mentira gigantesca que, en los "países de acogida" se transformaba en un arma al servicio de toda burguesía nacional.

Los intereses de la burguesía en cada nación, en recibir bien a sus pares de la Unidad Popular pero también en fomentar y desarrollar el mito de la resistencia chilena al fascismo, es evidente. Otra vez, frente a los movimientos de clase que anunciaban la crisis del 74-75, se volvía a intentar la polarización burguesa fascismo-antifascismo que tantos resultados le había dado. Los PS, los P”C”, trotskistas, maoístas, anarcosindicalistas... pero también sectores de la democracia cristiana internacional e incluso clásicos sectores liberales y conservadores; comprendieron que la mejor forma de rehacerse una buena imagen frente a sus clases obreras respectivas, era presentándose como los antifascistas. Ellos no eran los que reprimían a la clase obrera, sino que por el contrario eran solidarios con los reprimidos, con los perseguidos, por la maldad en sí, encarnada ahora por un nuevo y gran chivo expiatorio: la junta chilena, sus campos de concentración y Pinochet. No debemos olvidar que las banderas del antifascismo, la democracia, la resistencia, son las del campo imperialista triunfante en la última guerra mundial capitalista. ¡Qué mejor para la burguesía del mundo entero que recibir a los jefes de la "resistencia contra el fascismo!.

Esto se comprende bien, es algo así como el ABC, ellos se entienden, tienen los mismos intereses. Lo indignante es el constatar como ese mito de la resistencia al fascismo chileno difundido en el mundo, enganchaba aún a sectores de obreros, que renunciando a su clase apoyaban cuanto acto, movilización, discurso, colecta, manifestación, se hacía en nombre de la “resistencia chilena". Que la burguesía mundial esté dispuesta a dar dinero para mantener ese mito, para financiar los cientos de viajes de los hombres del negocio chileno de la resistencia, los congresos, reuniones, armas... es totalmente lógico. Lo que calienta a un muerto es el succionar permanente de las escasas fuerzas obreras y que hasta los miserables ahorros de miles de obreros en el mundo entero hayan ido a engrosar las cajas de la tan cacareada Resistencia (?).

Desde nuestro punto de vista, es decir desde el punto de vista del proletariado en lucha por la destrucción del mundo capitalista, ello constituye una evidente debilidad. Fueron centenas de miles de proletarios en todo el mundo, que querían expresar su solidaridad con sus hermanos en Chile, que estaban dispuestos a luchar por ello. Pero no hubo ni una orientación clasista de esa solidaridad, ni una centralización internacionalista de la misma y como pasa siempre que el proletariado no se dota de sus propias orientaciones y de su propia dirección, es su enemigo histórico, la burguesía, quien lo encuadra y orienta al servicio de sus intereses. Por ello la inexistencia de una solidaridad clasista, condujo a que la voluntad de solidaridad fuese canalizada hacia intereses antagónicos a los del proletariado y lo que sucedió en la práctica fue que obreros en distintas partes del mundo consideraban que se solidarizaban con sus hermanos chilenos, en base a la unión sagrada con los partidos burgueses partidarios de la "resistencia chilena”, y que colaboraban con aquella. Como si la mejor solidaridad con los proletarios chilenos no es precisamente la lucha contra "su" propia burguesía, sus estados, sus partidos. El asunto Chile se transformó así, especialmente en Europa, en un arma formidable contra la lucha del proletariado, pues estaba exactamente del otro lado de la barricada de los intereses reales del proletariado y de su lucha contra toda la burguesía "fascista y antifascista".


El derrumbe del mito


Tal vez hayan sido muy pocos, los dirigentes que sabían realmente como eran las cosas, que el proletariado no los seguía y que sin él, todos los partidos unidos de la Unidad Popular no eran capaces de hacer ninguna resistencia, que en el fondo la resistencia era un mito. La propia estructura, en la que a cada uno se le hace creer que dirige algo, en la que cualquier tarado se considera “dirigente de la resistencia”, realizando importantísimas tareas en función de los “compañeros del frente" contribuye a mantener el mito. Cada "dirigente" infla sus resultados particulares y hace creer a su "dirigente superior" (en realidad cuadro medio bajo) que en su sector las cosas avanzan, éste agrega un poco más a las versiones de cada uno de sus subordinados..., hasta que cuando llegan arriba, las cosas se han multiplicado por 100. Sería por lo tanto exagerado el culpar de todo a las cúspides de los partidos respectivos, cada uno de los aparatos partidarios, cada uno de los escalones se complacen del mito y viven gracias a él.

Al mito lo fue carcomiendo el tiempo y la propia realidad del mundo capitalista en todas partes. Los del aparato de la Unidad Popular tenían que inventar historias cada vez más fantásticas, para que por ejemplo los "fascistas" de Pinochet pudieran seguir superando con sus bárbaros crímenes (sólo así podían continuar siendo las estrellas del antifascismo), a las atrocidades y secuestros realizados en la "democracia argentina" de la última fase peronista (1974-76), a la represión que la burguesía francesa dirigía en Marruecos, a la horrible realidad de los campos de prisioneros de la primera “república socialista del mundo”, o las condiciones de vida que le son impuestas al proletariado en Palestina, a la escalofriante guerra "entre países socialistas".

En Chile mismo, en los años 1975-76 eran muy pocos los que podían creer en la tan cacareada resistencia. Saltaba a los ojos la desproporcionalidad entre todo lo que se decía que se organizaba y se hacia, en contraposición con la pobre realidad en donde en forma totalmente aislada y sin perspectiva de ninguna especie se batían algunos militantes del MIR con fuerzas miles de veces superiores y sin ningún tipo de escrúpulo (torturas, asesinato...). Por otra parte dentro de los límites de la crisis generalizada del capital mundial, Pinochet había logrado una cierta reconstitución de la economía, gracias al aumento de la tasa de explotación y ganancia, y Chile, luego de muchos años volvía a situarse por encima de la media, en lo que respecta a ritmos de crecimiento de América Latina. Esa consolidación evidente del régimen, que no encontraba ninguna oposición fuerte, hubiese por si mismo tirado abajo el mito, sino fuese por el fervor casi religioso, especialmente en el exterior, de todo exilado de la Unidad Popular.

Pero de una forma u otra esa "realidad chilena", que era la única en función de la cual los militantes de la Unidad Popular concebían su vida y el mundo (¡nunca el nacionalismo y el chovinismo habían llegado a tales extremos como en el Exilio chileno organizado!), llegaba a los sectores menos implicados, lo que producía choque cada vez más violentos con la historia tal como se hacia al interior de la Unidad Popular.

Luego se sumaron un conjunto de elementos que deterioraron aún más el mito. Presos salidos de Chile, declaraban que nunca habían recibido ninguna ayuda del exterior cuando estaban en la cárcel. Y ello, cuando los militantes de los distintos aparatos habían hecho miles de "colectas para los presos de Chile".

Poco a poco a los fantásticos cuentos sobre "el frente" se le empezaron a superponer "soluciones más pragmáticas" como que Pinochet renunciaba y habría un gobierno de transición... o muchas otras, al mismo tiempo que a las "victorias obtenidas" se le comenzaron a superponer las innumerables versiones sobre las luchas entre grupos de interés al interior de cada uno de los partidos, en donde cada versión acusaba a los rivales de horribles traiciones, de inconsecuencia, de robar dinero de la resistencia para uso personal... Todo esto olía fuerte a rotundo fracaso... y además por más crédulo que pueda ser uno... Pinochet continuaba incólume.

En el Exilio, la gran mayoría de los militantes del aparato habían organizado su vida alrededor del mito de la resistencia, y quién más quién menos pensaba volver rápido a Chile en triunfador. En muchos casos la profesión de los militantes era, aunque hoy pueda resultar de humor negro, la de "resistentes". Entre otros problemas (como los impresionantes traumas o comportamientos psicópatas ante la intuición de la realidad), ello implicaba un costo demasiado grande; en "profesionales" que no se justificaba y que llegado un límite no pudo ser soportado. Todo ello fue debilitando: el aparato y sus mitos.

Las "discrepancias”, que en general era una forma de cubrir políticamente verdaderas luchas de intereses frustraciones, mentiras, negociados, fueron dividiendo y pudriendo cada uno de los aparatos de la famosa "resistencia". Así se llega a una situación de putrefacción generalizada de los aparatos, en los últimos 4 años de la década del 70, en donde a pesar de lo que dicen los grandes jefes, radio Moscú u otras emisoras fieles, los aparatos se vaciaron, la gente se desbandó. Si bien se han dado casos de rupturas políticas con toda la Unidad Popular, sin que hasta ahora exista a nuestro conocimiento ningún balance serio de su historia al servicio de la contrarrevolución, la gran mayoría de los antiguos militantes han optado por una solución de aislamiento, muchas veces de búsqueda individual de una "solución" y en muchos casos han pasado de la más religiosa credulidad en sus políticos, a la incredulidad total en toda transformación socio-política.

Mientras ese proceso se consumaba fundamentalmente en "el exterior", en Chile, los límites de la fase de acumulación inicia da en 1975 comenzaron a hacerse sentir, y poco a poco el "milagro chileno" cedió paso a una nueva crisis generalizada. Con ella comenzaron de nuevo todos los problemas que habían quedado suspendidos, y en especial el que más nos interesa: la reemergencia del proletariado, vanguardizado una vez más por el proletariado minero. Se podría pensar que este hecho, hubiese inflado nuevamente la camiseta de los de la Unidad Popular, pues por fin había una verdadera resistencia a Pinochet. En realidad, ello no fue así, ni podía ser así, pues por razones históricas muy concretas la Unidad Popular ha sido el antagonismo vivo de las luchas del proletariado minero. El hecho de que justamente la verdadera lucha contra Pinochet, haya escapado por completo a la estructuración de la Unidad Popular (y que precisamente por ello sea una lucha del proletariado contra la burguesía), que la clase obrera recomience a manifestarse como clase, como fuerza autónoma, en un sector de la clase obrera que tradicionalmente la Unidad Popular no solo no controla, sino que históricamente ha condenado y reprimido, fue el elemento decisivo del derrumbe del mito de la resistencia Unidad Popular y lo que terminó de pudrir los sectores de la Unidad Popular que aún podrían creer.

El proletariado minero

Como lo hemos explicado en otras oportunidades (6), el proletariado minero que en el mundo entero ha estado a la vanguardia de las luchas, es en países como Bolivia, Chile, Perú... el núcleo de la lucha del proletariado. Núcleo en el sentido fuerte de la palabra, como centro, como puntal a través del cual todo el proletariado concentra sus energías y ejerce su fuerza contra el enemigo, pues sabe que ahí su correlación de fuerzas (importancia estratégica del sector en la economía nacional) es más favorable. Esto se ha confirmado históricamente, siempre en todos estos países.

En Chile desde tiempos inmemoriales las grandes batallas de clase contra clase, tuvieron como núcleo del proletariado a los mineros. Últimamente todos y cada uno de los gobiernos (Frei, Allende, Pinochet), encontraron el talón de Aquiles de su política económica en la respuesta clasista del proletariado minero.

Hasta el gobierno de Allende las respuestas burguesas, habían sido las tradicionales, el garrote y la zanahoria. El gobierno de Allende fue el primero que intentó incluso eliminar la zanahoria. Cuando ante la baja del poder adquisitivo de los salarios los mineros comenzaron a solicitar aumentos, el gobierno de Allende respondió diciendo que ya ganaban mucho, que Chile era pobre, que ganaban más que los otros obreros, que eran la aristocracia obrera... y como si todo eso fuera poco que "ahora el cobre es chileno".

Para los mineros, como para cualquier otro sector de la clase obrera, la absurda cuestión filosófica sobre la nacionalidad de las materias brutas o las máquinas con las que tratan, le tienen sin cuidado; trabajar para una sociedad anónima de otro país o para el Estado, es exactamente lo mismo. Su interés es mejorar sus condiciones de vida y de trabajo, trabajar menos, cobrar más, es decir luchar por imponer a la burguesía una tasa de explotación (tiempo de trabajo en el que producen para el capital dividido el tiempo de trabajo en el que producen valores correspondientes a sus medios de vida) lo menor posible.

Frente a esto el aparato de la Unidad Popular esgrimía su teoría kautskísta-leninista, diciendo que los obreros eran economicistas, tradeunionistas, aristocracia obrera, que las faltaba politizacíón... Lo que le proponían era abandonar su interés "económico" en nombre de su supuesto interés político: "un gobierno de los trabajadores", y la "nacionalización del cobre".

Tal vez muchos de los militantes de la Unidad Popular hayan leído "El Capital" y los trabajadores de las minas no. Sin embargo no nos cabe la más mínima duda de que la esencia de la lucha de clases, del lado proletario, tal como la describe Marx en su obra, ha sido perfectamente comprendida por los mineros y no por los de la Unidad Popular. Nada más normal que los trabajadores luchen por imponer una tasa de explotación menor.

Pero aquí no se encuentra sólo el interés ''económico" de los mineros, sino contrariamente a lo que dicen los de la Unidad Popular también su interés general, histórico y político (7), pues la lucha por una menor explotación los fortifica en la lucha contra todo el Estado burgués y además porque por otro lado un régimen proletario se caracteriza, primeramente por la apropiación por parte del proletariado del producto (y la reducción del tiempo de trabajo, de su intensidad, etc.) lo que implica en términos inmediatos de disloque general de la tasa de explotación, la liquidación de la plusvalía la transformación del trabajo excedente en un fondo social, etc.

Por lo tanto, aún ignorando todo el resto de 1o que fue la Unidad Popular, hubiese, bastado esa sola argumentación contra las reivindicaciones mineras, hubiese sido suficiente el rechazo y la represión con la que la Unidad Popular respondió a los mineros de El Teniente para caracterizar a dicho frente popular y al gobierno correspondiente como antiproletario y contrarrevolucionario.

No podemos aquí entrar en el detalle de las diferentes luchas que opusieron al proletariado nucleado por el proletariado minero contra todo el capital en Chile, representado por la Unidad Popular. Digamos simplemente que este gobierno, utilizó principalmente el enfrentamiento y la denuncia frontal y utilizando el mito de que el cobre era chileno el argumento de que ganaban más que otros sectores de la clase obrera, intentó (y logró parcialmente) movilizar a otros sectores obreros (que renunciaban claro está a los intereses de su clase) contra los mineros. Como todo esto y la represión no fue suficiente para acallar la lucha de los proletarios del cobre, éstos fueron acusados de agentes de la CIA, de hacerle el juego a la democracia cristiana, al fascismo, a la derecha (8).

De ahí que haya sido tan molesto para la Unidad Popular el hecho indiscutible de que hayan sido precisamente los proletarios mineros de El Teniente, y de Chuquicamata la verdadera vanguardia de la lucha contra Pinochet.

En la época más oscura de la contrarrevolución, en los años más tenebrosos del triunfo pinochetista, por 1977-78, cuando en la resistencia ya se creía menos, y la Unidad Popular se derrumbaba, cuando en Chile el asociacionismo obrero estaba en su punto más bajo y solo existían los sindicatos fieles y promocionados por el régimen, los mineros volvieron a anunciar su existencia. Se trataba de los primeros pasos reorganizativos y el pretexto inmediato consistió en un conjunto de reivindicaciones en la mina de El Teniente referentes a la comida, los turnos, etc. Hubo algunas medidas de lucha, el régimen no se atrevió a utilizar la represión, se lograron algunas mejoras.

Luego vino el 81, año en el que la crisis vuelve a manifestarse en Chile y en las emergentes luchas de clase, el proletariado minero volvió a encontrarse a la cabeza. La situación se sigue desarrollando en 1982 y 1983, hasta llegar a la situación actual, de reemergencia del proletariado (no sólo en Chile sino en toda la región) en donde el carácter de vanguardia indiscutido del proletariado minero nadie será capaz de ponerla en duda.

Cuando terminamos este texto (15 junio 1983), se viven jornadas heroicas de lucha de clase contra clase y los mineros constituyen el núcleo central del proletariado. Recordemos una vez más que lo que está a la cabeza de todo el proletariado, son esos mineros que la Unidad Popular decía de derecha, la aristocracia obrera, los economicistas. Que sirva esto de lección terminante no sólo para condenar a todas las fuerzas que en esas circunstancias se pusieron del lado de la Unidad Popular, sino a todas esas teorías kauskistas que constituyen la quintaesencia del pensamiento de la izquierda en el mundo entero.

Al respecto un elemento más. La Unidad Popular consideraba que lo decisivo en la “resistencia" era la "conciencia política", que equivale a un pensamiento de "izquierda". Los hechos vienen a confirmar una vez más el ABC de la teoría de Marx contra todos sus revisores, el proletariado reemprende la lucha no en base a la "conciencia” sino contra las condiciones de explotación, el proletariado minero se ve forzado a enfrentarse con todo el Estado chileno, no gracias al aporte de conciencia de la izquierda burguesa!!! (los sectores obreros con mayor tradición P“C” como lo que queda de la industria textil, o como sectores de la transformación industrial del cobre, son los que más les cuestan plegarse a la lucha que se vive hoy), sino aferrándose a sus intereses llamados “económicos", en realidad aferrándose a sus intereses a secas. Y frente a estos intereses todos los programas de democratizaciones, socializaciones, liberación nacional, no tienen nada que aportar, sin que sean su propia negación. De ahí que la contraposición entre todas esas reformas del capital y la lucha revolucionaria del proletariado no sea sólo un problema estratégico, un problema para otra etapa de la lucha (como pretende la izquierda burguesa), sino que esa contraposición se encuentra en la base misma de la vida y de la lucha del proletariado.

Debilidad y fuerza del proletariado: Perspectiva

Sin lugar a dudas, el hecho de que el proletariado no respondiera como clase en 1973 al ataque de la derecha, fue un signo objetivo e indiscutible de debilidad. Sin embargo, el hecho de que no se dejase arrastrar a una respuesta como furgón de cola de la resistencia de la Unidad Popular, es dentro de aquel cuadro general, una reacción importante y válida de autoconservación y en última instancia, un primer indicador de la fuerza que podía tener cuando remergiera como clase. Hacerse matar por intereses que no son los de ellos, es un error que la historia no perdona, como lo demuestra el millón de muertos que al proletario en España le costó el dejarse arrastrar hacia la guerra intercapitalista y haberse sometido a la dirección de la burguesía.

En última instancia, pues el proletariado chileno, tuvo al menos la "inteligencia” de no dejarse arrastrar a una guerra --entre izquierda y derecha del capital-- que no era la suya y en la cual no tenía, ni tiene, nada que ganar. Si no hubiese sido por eso --que es válido para todo el Cono Sur-- contaríamos los muertos, no por miles, sino seguramente por cientos de miles y el proletariado como clase hubiese sido barrido de la historia, no por 8, 10 o 15 años, sino (como en España!) por 30, 40 años o más. Peor aún, la generación de proletarios que se reconstituiría como clase habría perdido toda ligazón histórica, teórico-práctica, con la generación que vivió y sufrió, la derrota (como en España..., como en el mundo entero!) y sería sumamente difícil asegurar la memoria colectiva de la clase. Hoy, en 1983, cuando la reemergencia del proletariado como clase, comienza a hacerse sentir, a pesar de lo limitado de las fuerzas de las organizaciones revolucionarias, el proletariado en Chile (y en otros países de la zona), cuenta con un elemento a su favor, del que carece en otras regiones: haber vivido en carne propia la ola revolucionaria y la contrarrevolución (y no hace 2 o 3 generaciones como sucede en Europa occidental o Rusia) y el contar aún en sus filas con miles de hombres y mujeres, que no han olvidado, ni olvidaron y que conocen por su propio sufrimiento, que todos los partidos populares, así como los que se dicen obreros constituyeron los aliados objetivos y reales de los que son abiertamente de derecha. En forma más consciente o menos, esos proletarios sienten en lo más profundo de sus tripas, que cualquiera que sean los programas, escisiones, alianzas que propongan, seguirán siendo sus enemigos y que no se puede contar más que con las propias fuerzas.

Hoy, en mayo-junio 1983, las primeras batallas de una nueva fase de lucha de clases comienzan a librarse. El proletariado, con su acción está confirmando su propia teoría, solidarizándose con las luchas del proletariado minero y contraponiéndose a todo el Estado del capital, hoy todavía con Pinchote a la cabeza. Mañana esa misma lucha seguirá, contra otros administradores, que el Estado del Capital pondrá en su lugar. Para eso está ultrapreparada la democracia cristiana e intentar prepararse sobre bases algo cambiadas los viejos partidos de la izquierda del capital. Es lo que sucede con la llamada, "convergencia Socialista". En efecto si bien es cierto que ella es el producto mismo de la crisis de la Unidad Popular, del fracaso de su programa y de su incapacidad de continuar controlando al proletariado, si bien es en este sentido un reflejo de éste, de su reaparición en la escena social y que hay sectores del proletariado en lucha que se reconocen en ella; no es en absoluto el proletariado mismo constituyéndose en fuerza, sino que la “convergencia socialista” con grandes choques y contradicciones se va constituyendo como una nueva canalización burguesa que responde y en muchas de sus expresiones, como carece de la vieja y contrarrevolucionaria izquierda chilena. Ello se refleja en el hecho de que si bien hay una cierta crítica al estalinismo, demasiado quemado ante los ojos del proletariado así como a otras expresiones de la ideología “marxista-leninista” y una voluntad evidente de prestar más oídos a lo que “surge de la base”; la mencionada convergencia, es precisamente la “convergencia” de la reemergencia de la discusión, la movilización y la agitación en las bases obreras con la posibilidad (el stalinismo encuentra mayores dificultades para seguir el tren de la historia) y necesidad de parte de la vieja estructura de la Unidad Popular de renovarse, vestirse de nuevo, para no perder el tren, reencuadrar al movimiento obrero y continuar su viejo política socialoide; lo que se expresa a su vez en que todas las expresiones formales (direcciones, escritos, llamados...) son características del socialismo burgués y del cretinismo democrático.

Ello no debe ni alarmarnos, ni debemos considerar esta situación como catastrófica. El renacimiento del proletariado como clase no puede hacerse de un día para el otro en forma pura y autónoma. Por un lado el proletariado está obligado a conquistar su autonomía en largas y duras batallas, por el otro es totalmente normal que la burguesía (clase que tiene como secreto de su dominación el encuadrar una parte de sus esclavos y utilizarlos contra otra parte de sus esclavos) intente no perder el tren y se readapte, e intente controlar y desvirtuar cada una de sus estructuras y organismos en que el proletariado intente forjar su autonomía.

Sin embargo, la clave de los resultados de la lucha de clases futura, que hoy se reinicia en Chile, está precisamente en esa puja entre la autonomía, es decir la separación del proletariado como fuerza de todas las fuerzas del capital, y la subordinación, es decir la capacidad de la burguesía de someter, dirigir y en última instancia anular toda autonomía de clase, liquidando al proletariado en una nueva reconstitución del pueblo, de la unidad popular, de un frente popular.

Por ello hoy todas las fuerzas sinceras del proletariado en la lucha cada vez más abierta contra él régimen, tienen como tarea central el empujar a esa separación, a esa autonomía, no aportando ninguna consciencia externa y contraria a lo que surge del movimiento, (como pretende tanto “leninista”), sino, por el contrario, en la lucha misma contra la explotación y sus condiciones, haciendo explícita la ruptura que existe en la realidad, propagandeando y agitando la historia misma de la clase, haciendo consciente la ruptura que existe en el movimiento mismo, denunciando cualquier tentativa de supeditación de los intereses del proletariado al viejo programa populista y por lo tanto denunciando tanto a todos los viejos dirigentes de la Unidad Popular que intentan no perder el tren, como a los programas de socialismo burgués que tratan de canalizar la lucha; en fin, gritando que el proletariado solo construirá su camino aferrándose a sus intereses, enfrentándose con toda la democracia y el socialismo burgués, constituyéndose en fuerza real e internacional de clase, para ejercer su propia dictadura y, abolir, la sociedad mercantil, el Estado, las clases sociales...

Muera Pinochet y su régimen de miseria y opresión

Mueran todas las fuerzas del capital que se aprestan a sustituirlo

Viva la lucha del proletariado minero; viva la lucha del proletariado en Chile; viva la lucha del proletariado internacional

Por su reorganización en fuerza comunista mundial


NOTAS

(1) Ver Memoria Obrera: Chile septiembre 1973 en Comunismo nº 4.

(2) Cuando mencionamos la Unidad Popular a secas debe comprenderse incluido al MIR, que en realidad desde que la Unidad Popular asumió el gobierno, no fue otra cosa que su apéndice radical.

(3) Diferentes documentos y declaraciones de los golpistas atestiguan dicha sorpresa.

(4) Debe recordarse que la Unidad Popular se caracterizó por una defensa extrema de las asignaciones legales de habitaciones y casas y que fue por eso que se vio confrontada a reprimir muy severamente las ocupaciones realizadas por los "sin casa" que pretendían apropiarse, cuando ese Gobierno asumió, de las viviendas asignadas a agentes de las fuerzas represivas.

(5) Acerca del Exilio organizado, ver nuestro texto: "Exilio: Revolución y Contrarrevolución" en Comunismo nº 2.

(6) Ver por ejemplo "Bolivia, aperturas democráticas, plomo y metralla contra un proletariado indomable pero sin dirección revolucionaria" en COMUNISMO nº 5.

(7) Hemos explicado en muchas oportunidades que no existen separaciones, ni autonomía entre tipos de intereses del proletariado. Nosotros utilizamos la terminología vulgar que contiene en sí la falsa oposición (económicos-políticos, inmediatos-históricos) sólo para criticarla y contraponerle los intereses a secas, globales.

(8) De más está decir que en la lucha interburguesa, una lucha como esta no podía dejar se ser utilizada y es evidente que la derecha, la democracia cristiana, intentó infiltrarse y dirigir la lucha de los mineros. Pero este elemento es totalmente marginal y no permite explicar nunca la contradicción fundamental que estaba en juego: ¡reivindicaciones proletarias contra el Estado patrón!

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