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jueves, diciembre 13, 2018

Los celos/Adicto al orgasmo: RIP/ Balance del Antiterrorismo en Valparaíso 






-Un poco de punk ibérico?


Claro, por qué no. Aprovecho de contar que hace muy poco, escuchando el “Héroes de Nadie” de los Stiff Little Fingers, me di cuenta de que una de mis canciones favoritas de Kortatu, “Hay algo aquí que va mal” era en realidad un cover de los Specials pero que ya habían versionado estos cabros de Irlanda del Norte. Qué puedo decir?….Pues que les quedó bastante bien, aunque en verdad es como si hubieron hecho la misma versión de STF pero en castellano.


Hace poco no podía dejar de escuchar “Autosuficiencia” de Parálisis Permanente en mi radio mental. Gracias a una nota sobre PP que hizo un melómano en youtube, llegué a conocer a otro emblema oculto del “siniestrismo” español: Los Seres Vacíos, de los cuales dejo aquí su maravillosa canción “Los celos se apoderan de mi” (¿A Ud. no le ha pasado? Si la respuesta es negativa,  no le creo).




Murió Pete Shelley, de los Buzzcocks. Escuché por primera vez a esa banda con el tema “Qué consigo yo”. Dentro del compilado “Héroes de 3 minutos”. Me impresionó el solo de guitarra. Comparado con mis héroes previos en las 6 cuerdas (Zappa, Fripp, Frith) su estilo era mucho más económico, pero también más eficaz.


-Sabía Usted que…..?

Según las cifras del Ministerio Público, las personas imputadas por delitos de terrorismo entre el 2001 y 2016 fueron 127, en 21 procesos penales. Sólo 9 de ellas resultaron condenadas, y de ese total hay que restar a 8 personas, cuyas condenas fueron dejadas sin efecto por sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Las dos condenas restantes recaen sobre una misma persona: el ya aludido Castro Antipán, informante de la DIPOLCAR. En la primera de estas sentencias, relativa a su participación en los hechos conocidos como “Peaje Quino”, ocurridos el 10 y 11 de octubre del 2011, el tribunal señala que “es posible concluir que efectivamente un grupo de individuos, entre los cuales formaba parte el acusado de autos, se concertó para cometer ilícitos con armas de fuego; así entonces, actuando premeditadamente y en forma organizada, cortaron árboles para interrumpir las vías de tránsito de la carretera, dispararon a vehículos que circulaban por éstas, atacaron a sus pasajeros, ocasionaron daños a un peaje atacando al encargado de este y cometieron delitos de robo, todo ello con el claro propósito de materializar sus objetivos, principalmente quemar camiones y así demandar reivindicaciones sociales relacionadas con el ‘Conflicto Mapuche’ ocasionando gran temor a las víctimas y a toda la población en especial a los habitantes de la IX Región”. Se le declara culpable de los delitos de asociación ilícita terrorista, en grado de consumado; de Homicidio Frustrado Reiterado terrorista, en grado de frustrado, en perjuicio de las víctimas de iniciales R.N.Z.C, R.I.S.A, G.V.M.R y su hija menor de edad; y del delito de Incendio de cosa mueble. Así y todo, gracias a que se acogió a la figura de arrepentimiento eficaz (art. 4 de la Ley Antiterrorista) no se le condena a una pena efectiva sino que se le otorga el beneficio de libertad vigilada.

En la segunda sentencia, por el caso “Tur-Bus”, se le condenó como autor de los delitos consumados de infracción al artículo 2 Nº2 de la Ley Antiterrorista (atentado contra medio de transporte), y del delito de amenazas terroristas contemplado en el artículo 7 inciso 2º de la misma Ley, además de tres delitos de daños simples. Tampoco fue condenado a pena efectiva en el juicio abreviado, sino que se le concedió el beneficio de remisión condicional de la pena.

Recién en el 2017 hubo una condena más, a Juan Flores, por la bomba en el Metro Estación Militar ocurrida en septiembre del 2014. En la calificación del carácter terrorista de uno de los delitos que se le imputaron, la bomba en Metro Escuela Militar, se tuvo en cuenta que “si bien se trata de un artefacto explosivo a base de pólvora negra, de fabricación casera o artesanal, en las circunstancias particulares de día, hora y lugar en que se desarrollaron los hechos, éstos tuvieron consecuencias altamente lesivas e indiscriminadas para la integridad física y la salud de las personas, así como también dañosas o destructivas para las cosas”. Así, “para poder llegar a la calificación de la acción contenida en el N° 4 del artículo 2 de la Ley de Conductas Terroristas, dado el especial elemento subjetivo exigido por el legislador, se ha debido considerar dentro de los efectos del medio empleado las lesiones producidas a los transeúntes y personas que estaban en el lugar de los hechos y los daños causados a locales comerciales, mobiliario del sub centro y obras de arte en exposición”. La pena impuesta por ese delito terrorista fue de 15 años de presidio mayor en su grado medio, pena que por su magnitud necesariamente se cumple con prisión efectiva, a diferencia de Castro Antipán que no estuvo ni un solo día en la cárcel, a pesar de haber sido condenado por cuatro delitos terroristas.

De todo este balance vamos a conversar el próximo jueves en Valparaíso.

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jueves, julio 19, 2018

España: 19 de julio 1936-2018 

-Por supuesto: Otis es más punk que el punk. Y si antes dije que todo es PUNK, ahora diría más bien que todo es SOUL.

-Pensamiento y Batalla lanzó la semana pasada un libro con textos bastante difíciles de pillar del camarada Camillo Berneri, anarquista italiano ultra inteligente y anti cretinista, enemigo de todos los dogmatismos, quien fuera asesinado por los estalinistas luego de los sucesos de Mayo del 37. Se titula "Llamada a los anarquistas y otros textos". Se vende a 4 mil pesos.

-Además, la misma editorial está a punto de lanzar un libro de Agustín Guillamón sobre Josep Rebull y la izquierda del POUM en la guerra de España.

Los dejo con la presentación de dicho texto, habiendo subido las notas al pie para dejarlas dentro del texto, como si de una pontificación verbal se tratase.

¡Salud!


LAS MINORÍAS REVOLUCIONARIAS EN LA EXPRESIÓN ESPAÑOLA DEL PRIMER ASALTO GLOBAL CONTRA LA SOCIEDAD DE CLASES: JOSEP REBULL Y EL P.O.U.M.



España 1936 sin mitología

¿Cómo podemos acceder los seres humanos de este siglo al conocimiento de los eventos históricos que marcaron la lucha de clases y la historia del mundo hace 50, 70, 100 o 200 años? ¿Es posible realizar tal ejercicio destruyendo mitos pero sin construir otras mitologías alternativas o de recambio?
La historia de las revoluciones es a la vez la historia de las contra-revoluciones. Ambas se enfrentan codo a codo en los momentos más álgidos de la historia humana, y dado que nuestros enemigos (el Capital y el Estado) no han dejado de vencer, la ideología dominante se encarga de ocultar y/o deformar sistemáticamente los hechos, neutralizando así su potencial inspirador para las revueltas de las nuevas generaciones.  Las mitologías izquierdistas no se quedan atrás en el afán por cercenar el nudo o nervio central de la memoria histórica, y así, frente a cada gran evento de la lucha de clases del pasado nos encontraremos con la versión oficial, elaborada por la historiografía burguesa, y con las sub-versiones elaboradas por las distintas capillas de la izquierda más o menos reformista o con pretensiones revolucionarias, y hechas tragar a su militancia y entorno de influencia.

No nos acercaremos a estos hechos históricos, sean cuales sean (la Comuna de París en 1871, la Revolución rusa en 1917 o la Guerra de España en 1936-9), tomando partido por tal o cual historiografía en particular, sino que intentando hacer saltar por los aires el inmenso cúmulo de mistificaciones que se han construido entre ellos y nosotros, y por eso es que es en los trabajos acometidos con dicho objetivo en mente en los que encontramos los insumos necesarios para trabajar en sentido contrario al de la ideología y el pensamiento muerto.

En el caso específico de la “Guerra de España”, ya desde la denominación dada al proceso se denotan claramente las posiciones políticas de quienes las usan: mientras para la socialdemocracia y el estalinismo (o “seudo-comunismo oficial”) se trató de una “guerra civil” entre la democracia y el fascismo, entre la República y Franco con sus aliados internacionales (la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler) (La historiografía democrática/estalinista tradicional no dudó nunca en calumniar a la FAI y el POUM señalando que eran “agentes de Hitler y Mussolini”. Ver por ejemplo el repugnante panfleto titulado 986 días de lucha, escrito por dos estalinistas españoles y publicado por la Editorial Progreso, del Partido Comunista de la Unión Soviética, en 1965, sobre todo el subcapítulo “Falsas revoluciones” (pág. 96 y ss.)), el campo supuestamente revolucionario representado por el trotskismo en sus infinitas variedades y el anarquismo más tradicional (CNT/FAI/AIT y derivados) proclaman sin lugar a dudas que se trató de una Revolución Social, con todas sus letras, aunque se haya frustrado, o a lo menos de una “situación revolucionaria” o de “doble poder” (Una denominación inclusiva de ambos aspectos del proceso es la que hace el historiador trotskista Pierre Broué en su famosa obra en dos tomos, La Revolución y la guerra de España, coescrito con Emile Témime. Traducción de Francisco González Aramburo, FCE, Buenos Aires, 1989).

Tal como en los 100 años que han transcurrido desde la revolución rusa ha abundado la mitología bolchevique y su iconografía de grandes hombres dirigiendo a las masas y haciendo Historia a lo grande, todavía es posible ver a algunos anarquistas obsesionados acríticamente con 1936, incluso vistiéndose a la usanza de lo que en fotos y películas se conoce de las milicias de la CNT/FAI. En ambos casos, estos folklorismos se constituyen en un impedimento para acercarse a los hechos a la manera que recomendaba Walter Benjamin, es decir, “pasándole a la historia el cepillo a contrapelo”.

Un primer elemento a tener en cuenta es la dimensión global del período revolucionario iniciado en 1917 (Sobre este “primer asalto” global del proletariado contra la sociedad de clases, ver el número 10 del boletín Anarquía & Comunismo, disponible en:  https://anarquiaycomunismo.noblogs.org/numeros/), del cual el proceso revolucionario en España -bastante evidente a partir de 1931, con el poco conocido episodio de la insurrección de Asturias en octubre de 1934-, es su última expresión, y tal vez la más intensa, desde la respuesta “espontánea” de la clase obrera y otros sectores populares en contra del alzamiento militar franquista el 17 de julio de 1936, y que culmina clara y dramáticamente en las jornadas de Mayo de 1937, cuando en Barcelona el Estado republicano encabezado por la unificación socialista/“comunista” (PSUC: Partido Socialista Unificado de Cataluña, sigla que no por casualidad es casi idéntica al del Partido Comunista de la Unión Soviética) monta una provocación para arrebatar el edificio de la Telefónica a la CNT, y en que la respuesta inmediata del proletariado, sin esperar órdenes de arriba, fue la construcción de barricadas por toda la ciudad e incluso más allá, para finalmente ser desmovilizadas por los esfuerzos notables de las direcciones de la CNT y el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Luego de eso, la confrontación pasó a ser exclusivamente una guerra entre dos fracciones de la burguesía, con el proletariado como vagón de cola de una de ellas, a través de sus representaciones políticas y sindicales. Cabe destacar que fue en ese momento exacto cuando la “Tercera Internacional” se suma al legado histórico de la Segunda, combatiendo abiertamente del lado de la burguesía (Dos excelentes libros sobre las jornadas de Mayo son: Agustín Guillamón, Barricadas en Barcelona. La CNT de la victoria de Julio de 1936 a la necesaria derrota de mayo de 1937, editado en Argentina el 2013 por Lazo ediciones, y García, Piotrowski y Rosés (editores), Barcelona, mayo 1937. Testimonios desde las barricadas, Alikornio, Barcelona, 2006).

En segundo lugar, es necesario tener en cuenta el sorprendente nivel de maduración de la conciencia revolucionaria en el proletariado urbano y rural español, sobre todo en Catalunya y Aragón, fruto de una acumulación de experiencias previas, entre las cuales debemos destacar una vez más la de Asturias en 1934. Si a alguien sorprenden el nivel de “espontaneidad” en la respuesta obrera y popular frente al alzamiento fascista, cuando ante la bancarrota política y militar de la burguesía republicana las bases anarcosindicalistas junto a otras fuerzas revolucionarias no esperaron ninguna señal desde arriba para pasar a expropiar armas y derrotas a los militares sublevados en  la mayor parte del territorio, lo más probable es que no se tenga a la vista que poco más de veinte meses antes de esta gesta el proletariado revolucionario asturiano había dejado abandonado a su propia suerte por sus representantes, teniendo que asumir por sí solo el costo de la lucha, bajo la consigna histórica de “Uníos Hermanos Proletarios” (U.H.P.). La lección fue clara, y confirmaba una vez más la vieja divisa de los tiempos de la Asociación Internacional de los Trabajadores: “la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos” (Sobre esta insurrección se recomienda consultar (¡y en lo posible reeditar!) el completísimo libro de Ignacio Díaz, Asturias Octubre 1934 La revolución sin jefes, editado el 2012 por Muturreko Burutazioak).  

Hemos escrito espontaneidad entre comillas, porque es un concepto que merece una aclaración. Pues, en primer lugar, parece obvio que una revolución social requiere un enorme trabajo de organización y centralización, las cuales en ningún caso van a caer del cielo. De ahí la necesidad de la organización revolucionaria.

Pero tal como dijo Marx, “el partido proletario nace espontáneamente del suelo histórico de la sociedad moderna”. Obviamente que este partido espontáneo e histórico nada tiene que ver con el Partido-institución que la social-democracia tradicional y luego la radicalizada o leninista han legado a la historia, en una concepción que ha llegado ser dominante en la que se contraponen “espontaneidad” y “consciencia”. El movimiento proletario revolucionario es, en efecto, “espontáneo”, pero no sólo en el sentido de que cuando se manifiesta (Rusia 1917 o España 1936) es una revolución sin jefes, que no espera órdenes de arriba, sino que además en el sentido de que “estos movimientos del proletariado están totalmente determinados por la situación que esta clase ocupa en el conjunto de las relaciones sociales fundamentales de la sociedad moderna, y por una coyuntura particular que, durante un período dado, le proporciona la ocasión de intervenir en la escena” (Danis Authier, Prefacio a León Trotsky, Informe de la delegación siberiana. Trotsky contra Lenin, Ediciones Espartaco Internacional, Madrid, 2002, pág. 13). La consciencia no se opone a esta espontaneidad -al contrario de lo que creen desde a II Internacional Kautsky, y desde la III su discípulo Lenin, con la tesis de la “consciencia externa” (La mitología leninista enfatiza la “ruptura” de Lenin con su viejo maestro, a quien tilda en un panfleto de “renegado”. De tal modo tratan de que se pierda de vista la innegable y enorme influencia de Kautsky en todos los marxistas de su tiempo, y sobre todo en Lenin. Reconocer dicha influencia nos muestra en plenitud la gran continuidad que existe entre la socialdemocracia histórica más tradicional, y su derivación “radical” en Rusia. Al respecto, se recomienda leer el texto de Jean Barrot, “El renegado Kautsky y su discípulo Lenin”)-, sino que “el proletariado adquiere, porque lo necesita, la consciencia de sí mismo, es decir, la representación clara de su situación, de sus relaciones con las otras clases y de su papel” y “por su situación en las relaciones de producción capitalista, la clase obrera es la única clase portadora, en tanto que clase, de la consciencia socialista” (Authier, pág. 14, concluyendo: “Todo lo demás no es más que ideología, visión invertida de la realidad”).



El comunismo disidente en España

La existencia misma de la organización conocida como Partido Obrero de Unificación Marxista desafía en gran medida esas simplificaciones. Un partido “trotskista” o a lo menos “trotskistizante” para sus enemigos, sobre todo del campo del seudocomunismo oficial, pero un partido “centrista” para Trotsky y sus discípulos, muy enojados por el hecho mismo de su formación, dado que no era lo que el viejo había recomendado a la sección española de su Oposición de Izquierda.

De un siglo XX que finalmente se decantó por la contra-revolución en diversas expresiones (estalinismo, socialdemocracia, fascismo, etc.), ha quedado superficialmente la idea de que el movimiento obrero estaba dividido entre una izquierda reformista y una revolucionaria, y además entre sectores autoritarios y libertarios. Mientras los izquierdistas revolucionarios solían adherir al leninismo en sus principales derivaciones/oposiciones (primero estalinismo y trotskismo, y después se agregaron el maoísmo y el castro-guevarismo)(En rigor la etiqueta de “marxismo-leninismo” es una invención de Stalin, adoptada por todo el movimiento  “comunista” oficial. En vida de Trotsky, sus discípulos preferían llamarse a sí mismos “bolcheviques-leninistas”, y curiosamente –o no tanto- con el tiempo pasaron a reivindicar también el engendro del “marxismo-leninismo”. Los maoístas a su vez, se perciben como los verdaderos M-L, criticando a los pro-rusos, a partir de la muerte de Stalin, por su naturaleza “revisionista”), la mayoría de los anarquistas se definían por oposición al marxismo en general, y a su versión rusa o leninista en particular.

En verdad lo que ocurrió fue que en España el proletariado revolucionario se encontró casi siempre “a la izquierda” de sus supuestas representaciones políticas y/o sindicales, incluyendo a la CNT/FAI.
En eso la situación española no difería de lo que se verificó en los distintos puntos del planeta en que hacia 1917/1923 estalló el llamado Primer asalto proletario contra la sociedad de clases: a pesar de la mitología bolchevique sobre la “conducción” ejemplar del proceso revolucionario -con Lenin y Trostsky a la cabeza, o Lenin y Stalin, según a qué versión mitológica se adhiera- las supuestas “vanguardias” se vieron constantemente superadas en los hechos por la autoactividad proletaria y de masas, que los obligaba a radicalizarse, tratando de copar la dirección del movimiento.

Así, una vez más fue la espontaneidad de las masas la que generó sus propios órganos de poder, los consejos obreros (“soviet” en ruso sería la traducción de consejo), y en Rusia los bolcheviques no sólo no los inventaron, sino que ya en 1905 cuando primero aparecieron estos órganos, les dieron un ultimátum para aceptar su programa y someterse a su disciplina…¡o disolverse! (Ver: Agustín Guillamón, La revolución rusa, una interpretación crítica y libertaria. En: http://kaosenlared.net/la-revolucion-rusa-una-interpretacion-critica-y-libertaria/).

De esta forma, es posible verificar que en pocos años se pasó de una afirmación directa del comunismo, reivindicado en los hechos por distintos grupos revolucionarios que rompían por la izquierda con la socialdemocracia y la Segunda Internacional, a una usurpación del concepto de comunismo por parte de los bolcheviques, que lograron bajo la apariencia de convocar al Partido Mundial de la revolución comunista crear la Tercera Internacional como una forma radicalizada de socialdemocracia, encargada de operar en todo el mundo bajo el modelo ruso, neutralizando y/o aplastando a todas las expresiones que eran fieles al programa revolucionario proletario. A este respecto es famoso el panfleto de Lenin contra el “ultraizquierdismo”, al que se califica de infantil.

En ese esquema no hay grandes novedades hasta la gran pelea entre Stalin y Trotsky por el control del partido/Estado ruso, a partir de la cual surge la Oposición de Izquierda, el trotskismo y la Cuarta Internacional. Pero la verdad es que la hegemonía leninista no se impuso sin contrapesos ni resistencias, en un proceso en que tal vez las únicas posiciones que aparecen como rencarnando un comunismo diferente son las de los llamados “consejistas” (sobre todo en Alemania y Holanda, con figuras como Pannekoek, Korsch, Gorter y Mattick) (La posición de los distintos personajes y grupos asociados al “comunismo de consejos” en relación a la Guerra de España se encuentra reunida en el libro Expectativas fallidas (España 1934-1939). El movimiento consejista ante la guerra y revolución españolas, Adrede, Barcelona, 1999), y en menor medida la izquierda comunista italiana (encabezada por el “ultraleninista” Bordiga, para quien el estalinismo era el “centrismo”).

Incluso en Chile cabría destacar que el Partido Comunista (fundado en 1922, y no en 1912 como pretenden desde hace un tiempo los miembros del P“C” de Chile)(Pongo la C entre comillas, para denunciar un fraude de etiquetas: si el comunismo es la sociedad sin clases y sin Estado, comunistas son quienes luchas por ella. Un partido que, se llame como se llame y tenga los años que tenga, se ha dedicado a administrar la sociedad de clases desde el Estado, es socialdemócrata y no comunista) estalló en dos fracciones hacia 1929, una de las cuales, la encabezada por Lafferte se alineaba con Stalin y la zigzagueante línea oficial con sede en Moscú, y la otra, encabezada por Hidalgo y Zapata, simpatizaba con la Oposición de Izquierda. Dicho Partido Comunista disidente, que no cabría calificar en propiedad de “trotskista”, se convirtió en la Izquierda Comunista de Chile hacia 1932/3, tras el fracaso de un intento de reunificación con la otra fracción (La fracción estalinista de Elías Lafferte, a partir de la cual es prácticamente reconstituido el PC a partir de esos años, ya bajo la intervención directa del Komintern, y exhibiendo primero un furioso ultraizquierdismo que incluso denunciaba la nefasta influencia de Recabarren, a quien se veía como un “demócrata vulgar”. El P“C” actual es en rigor el producto de esta reconfiguración, y así es como en realidad su fecha de fundación no debería ser ni 1912, ni 1922, sino que más bien entre 1929/1932. Al respecto, consultar la Tesis de Grado de Gabriel Muñoz, titulada “Disputa por el comunismo en Chile: estalinistas y oposicionistas en el partido de Recabarren”, Universidad de Chile, 2014), y pese a la relativa relevancia conquistada (a través de su semanario “Izquierda”, y la elección de un senador y un diputado: Manuel Hidalgo y Emilio Zapata), decidió en 1936 integrarse en bloque al joven Partido Socialista (Con la excepción de un pequeño sector que pasó a llamarse Partido Obrero Revolucionario, liderado por Luis Vitale y Humberto Valenzuela, que 3 décadas después fue uno de los grupos que concurrieron a la formación del MIR (en 1965, en Santiago, y no en Concepción –que es lo que quiere hacer creer la mitología miguel-enriquista-)).

En España también se dio este fenómeno del comunismo disidente, el que se expresó fundamentalmente en la existencia de dos grupos: el Bloc Obrer y Camperol, fundado en 1930 (Bloque Obrero y Campesino, liderado por Joaquín Maurín, en su momento una escisión “de derecha” respecto del comunismo oficial -en momentos en que el estalinismo seguía su desastrosa línea “ultraizquierdista”- y en general bastante pro-catalanista) y la Izquierda Comunista de España (sección española de la Oposición de Izquierda, con Andreu Nin a la cabeza, y responsables de la muy prestigiosa publicación teórica “Comunismo”). Contra las instrucciones expresas de Trotsky, que consistían en acoger el llamado que unas radicalizadas bases juveniles socialistas dirigían desde la insurrección de Asturias en 1934 a la ICE para ingresar al partido y “bolchevizarlo”, la gran mayoría de esta sección española de la Oposición de Izquierda Internacional prefirió fusionarse con el BOC, dando así nacimiento al POUM (Tildado por los “comunistas” rusos de amalgama “trosko-bujarinista”, en alusión a que correspondía a una unificación de corrientes que provenían tanto de la oposición de derecha como de izquierda a la línea oficial del partido y la Internacional), en el año de 1935. Es decir, casi en el mismo momento histórico, mientras la Izquierda Comunista de Chile se disuelve en el PS, en España optaron por el camino de crear otro partido junto a otra expresión del comunismo disidente.

¿Qué era el POUM?

Disipada ya la leyenda del POUM como un partido trotskista, cabría tratar de concluir qué era en definitiva esta organización. Al respecto, podemos señalar que en cierta forma era una expresión del comunismo leninista de esos tiempos (no olvidemos que su fuerza militar se concentraba en el famoso Cuartel Lenin), tanto a nivel teórico como de relaciones internacionales (el partido siempre mantuvo una posición de defensa critica de la URSS, y jamás llegó a identificarla como un régimen de capitalismo de Estado). Pero por otra parte, tanto el BOC como la ICE constituían fuerzas reales, no con la masividad de la CNT o el PS, sólidamente ancladas en bases obreras y populares que se agregaban a estas organizaciones para incidir activa y eficazmente en la lucha de clases.

A pesar de una serie de indefiniciones o aspectos abiertamente reformistas o centristas de su dirigencia proveniente de ambas organizaciones previas, el POUM fue en los hechos una organización con una base proletaria revolucionaria, y fue ese elemento el que le dio una importancia crucial en los sucesos de 1936 y 1937, producto de los cuales la organización fue severamente reprimida por la mezcla de legalidad burguesa republicana y estalinista, aplastándola casi en perfecta sincronía con el incremento del carácter contra-revolucionario y terrorista del estalinismo en la madre patria, con los famosos procesos de Moscú. 

Por estas razones es que sin dejar de criticar implacablemente los errores y vacilaciones de la dirección del POUM, en el N° 66 de la revista Comunismo, editada por el Grupo Comunista Internacionalista, se concluye que “es correcto afirmar que el proletariado (a falta de grandes organizaciones revolucionarias) también estructuró su lucha en el POUM” (además de en la FAI/CNT).



Relación del POUM con el anarquismo

Ha quedado instalada en la memoria colectiva reciente, gracias sobre todo a la película de Ken Loach “Tierra y Libertad”, la idea de que anarquistas y poumistas colaboraron estrechamente en el bando revolucionario de la guerra de España, en contra de las maniobras y retrocesos orquestados por el Estado y el reformismo (PS y PCE). El lado bueno contra el lado malo.

Resulta curioso que en una entrevista a la protagonista de este film, ella señala haber interpretado a una “miliciana anarquista”, en circunstancias que se trataba ¡de una milicia del POUM!, lo cual grafica a mi juicio el fuerte nivel de confusión que aún existe en esta materia. De hecho, para la mayoría de la izquierda oficial, los grandes partidos históricos y tradicionales (PS y PC) han coexistido con todas las rarezas posibles a su izquierda: anarquismos, trotskismos, maoísmos, autonomismos, etc. De ahí que ya sea como “ultraizquierda” o “nueva izquierda” lo que define a esta área es la tendencia al híbrido y las mescolanzas de todo tipo: la bola de gatos anarco-trosko-maoísta que ha obsesionado a los partidos tradicionales desde 1968, y a la cual le dedicaron varios manuales denunciando su “revolucionarismo pequeño-burgués” (Entre ellos destaca por su mala fe y estupidez el del estalinista Boris Leibzon intitulado Revolucionarismo pequeño burgués. Anarquismo, trotskismo, maoísmo).

Lo cierto es que si bien la contra-revolución se expresaba claramente a través del PCE/PSUC (un partido pequeño al inicio de la guerra, que logró crecer en número y relevancia administrando el “apoyo soviético” e insertándose en el Estado y el Ejército republicanos), el PSOE y los partidos de la burguesía republicana, y el proletariado revolucionario se encontraba afiliado al POUM y la CNT/FAI, fue a través de minorías dentro de dichas organizaciones como se expresó a duras penas una política consciente y coherente: entre ellas, los Bolcheviques Leninistas de Grandizo Munis (G. Munis pasó posteriormente a adoptar posiciones antileninistas, más cercanas a la izquierda comunista de inspiración consejista. Pensamiento y Batalla editó en el 2017 su monumental libro Jalones de derrota, promesa de victoria, que en sus más de 500 páginas se dedica al análisis de lo que su autor llamó Crítica y teoría de la revolución española (1930-1939)”), Jaime Balius y Los Amigos de Durruti (Pensamiento y Batalla editó el 2014 un texto de Balius editado originalmente en 1938, llamado “Hacia una nueva revolución”), y los intentos por encauzar al POUM hacia una política revolucionaria, que condujo en su momento, sin mucho éxito, Joseph Rebull, a quien se dedica este libro.  

Contra la tentación de entender que el campo revolucionario de esa época consistió en el POUM y el anarquismo, entre los cuales innegablemente hubo bastante colaboración (A veces miembros del POUM fueron invitados a reuniones de la CNT a explicar sus posiciones, y en el célebre panfleto distribuido por Los Amigos de Durruti en Mayo del 37 se saludaba a los camaradas del POUM “con quienes hemos confraternizado en las barricadas”. Por su parte, en sus últimos discursos y escritos antes de ser secuestrado, torturado y asesinado por agentes de la policía secreta estalinista, Nin insistía en que la revolución dependía de que anarquistas y poumistas se pusieran de acuerdo en la cuestión del poder, aplastando el poder burgués y consolidando el poder obrero, para lo cual estaba incluso dispuesto a renunciar a la etiqueta, repugnante para los anarquistas, de “dictadura del proletariado”), hay que excavar un poco más en profundidad para darse cuenta de que ese encuentro se dio más bien a nivel de las bases, y de las corrientes disidentes dentro de cada fuerza política, en oposición a sus direcciones que con distintos argumentos buscaron la forma de frenar el proceso y sumarse al estado burgués a través del Frente Popular.

Estudiar las minorías revolucionarias


Hasta ahora, se ha enfatizado en la dimensión “espontánea” de los logros del proletariado español en este último episodio del Primer Asalto: la lucha armada contra el Ejército sublevado, el control obrero, la autogestión y las colectivizaciones. Toda aquella obra que en gran medida fue más extensa y profunda incluso que los logros de la revolución rusa (Según el revolucionario situacionista Guy Debord, en la tesis 94 de La sociedad del espectáculo (1967), “en 1936, el anarquismo condujo efectivamente una revolución social, y el esbozo más avanzado de un poder proletario que haya existido”), y que por ello fuera sistemáticamente neutralizada y saboteada en el propio campo republicano por una burguesía liberal que por su debilidad política se expresó sobre todo en el PCE/PSUC como la mejor defensa de sus intereses contra-revolucionarios. Pero poco sabemos acerca de la manera en que a nivel de consciencia los proletarios pudieron tener alguna claridad sobre sus tareas, y lo que estaba en juego en esas jornadas. De ahí la importancia de estudiar a dichos grupos, a estas minorías revolucionarias, no por erudición ultraizquierdista, sino que para clarificar cual es el verdadero programa de la revolución social, y a eso contribuye enormemente este texto.  

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martes, octubre 03, 2017

"Para acabar con el trabajo", x Tortilla Flat Unlimited (1979). 

Una importante reedición, en formato PDF potlacht/don, está circulando gracias a editorial ni tiempo ni ganas. Se trata de "Para acabar con el trabajo", un documento de enorme importancia para la teoría revolucionaria, eslabón perdido entre los textos iniciales sobre la comunización, en los 70.

Los dejo con algunos fragmentos de la presentación a este edición, y un fragmento sobre el comunismo.

No fue malo leerlo escuchando a Musica Elettronica Viva, Abandona la ciudad/Comunión Cósmica.



- Este libro que tiene en su pantalla fue editado, casi con total seguridad, en el año 1979, por la editorial Tortilla Flat Unlimited. Como relatan en la introducción fue escrito por dos franceses, uno de ellos vivía en España. Poco más puedo decir sobre la primera edición del texto. Se ha intentado mantener, en la medida de lo posible la maquetación original, incluyendo las fotografías, comics desviados y respetando los textos insertados en el bloque del texto principal.

(...)

Se de buena tinta que se intentó, por lo menos un par de veces, editar por estas moradas del norte por el colectivo Llar/Agitazión; e incluso por mediación del colectivo Etcétera se llegó a contactar con uno de los autores para que realizase una introducción al texto. Al final todo quedó en nada; los golpes represivos, el triunfo de la contrarrevolución, el desarreglo completo de todos los sentidos, la megalomanía, el devenir de la historia… a lo que hay que añadir, como causa principal, una pereza natural (¡y de convicción!).
(...)
Lo ideal hubiese sido expropiar un banco y con el dinero realizar una edición para regalar a las diferentes bibliotecas y colectivos pero dicha empresa me parece demasiado trabajo, muy arriesgada y poco fructífera a tenor del dinero que se podría conseguir con ello. O quizá hubiese sido mejor financiar la edición con el atraco a una okupa después de una fiesta y reivindicarlo haciendo una crítica en actos del mantenimiento del ciclo de acumulación de Capital en los espacios “liberados”, al uso del dinero dentro de los mismos.
(...)
En cuanto al etiquetamiento del libro se podría decir que es un texto escrito por dos revolucionarios, dos compañeros, que rechazan toda ideología y buscan en las diferentes teorías revolucionarias lo que consideran válido para la Revolución Social. Sus fuentes están ahí en el texto: Jean Barrot, Guerre Sociale, Marx, Fourier… Se podría decir, entonces, que entran dentro de la “corriente comunizadora” o comunización que surge a principios de los años 70. Esta apreciación, creo que es la que más se ajusta al espíritu del texto, pero dejaré a l@s profesionales de la hermenéutica revolucionaria dicho análisis.
(...)
El contenido se divide en cuatro partes diferenciadas: El mundo del trabajo y su lenta y cruel agonía, panorama de una derrota, la ofensiva democrática del Capital en España y algunas recetas para la olla de la historia.
Además incluyen como suplemento “Abundancia e indigencia en las sociedades primitivas”, un artículo que apareció por primera vez en el primer número de la revista “Guerre Sociale” en 1977 y que republicó como suplemento en el cuarto número de la misma en 1982.
(...)
No quiero extender más esta introducción, no tengo ni tiempo ni ganas, solo espero que agite el espíritu a más de un@ y por lo menos les haga reflexionar sobre la supervivencia superequipada en la que estamos para poder salir, de una vez por todas, de la prehistoria.

Vigilancia: ¡L@s recuperadores están entre nosotr@s!

¡Por la Anarquía! ¡Por el Comunismo!

¡Abolición de la mercancía y del trabajo asalariado!

¡Abajo la sociedad de clases!

¡Descansad!

Desde algún lugar en el entorno rural de la región asturiana.

Pierre Françoise Lacenaire

-Llamamos comunismo…

“Ya no está lejos el tiempo en el que los hombres se considerarán como miembros de una sola y misma familia, y trabajarán juntos en comunidad. Si la industria moderna no hubiera estado ahí para sacudir primero esta sociedad egoísta, y para después darle en tanto que sociedad comunista su excedente de fuerzas productivas, no hubiéramos recibido la idea del comunismo, y mucho menos hubiéramos creído que su realización fuera posible.” (Moses Hess, en un mitin comunista en Renania, en 1845)

La historia del capitalismo es la historia del hombre produciendo su sociedad en condiciones radicales de separación del productor y del producto. El fundamento, y el resulto de estas condiciones es la división de la sociedad en clases: una asegura la producción material, y la otra, a través de la propiedad privada, asegura que lo que es producido materialmente sea la misma sociedad a una escala aumentada: dicho de otra manera, que perpetua la pobreza de una clase y su sumisión. El modo de esta producción es el trabajo, es decir la especialización de una parte del tiempo para producir más de lo que es inmediatamente necesario. La relación humana que se concretiza en esto es el salariado, el intercambio mercantil generalizado.
En cada época, la resistencia del proletariado a esta sumisión, la tentativa de abolir el salariado, (consigna de la “liga de los comunistas”, de los primeros sindicatos, de la A.I.T.), pasa por la lucha económica contra las bases materiales de esta sumisión, (la miseria, el salario apenas suficiente para reproducirse, la propiedad privada de las máquinas y de las tierras), por la lucha política contra la clase que trata de dominar esta sociedad (la burguesía, al menos en un principio), y su Estado; implica la disolución de las relaciones sociales que han llegado a ser intolerables a consecuencia del desarrollo de las posibilidades humanas, y la construcción de una sociedad cuya meta sea la vida humana. Como trataremos de ilustrar, esto significa una conmoción profunda de toda la actividad, y del empleo humano del tiempo, de la naturaleza, del hombre mismo.

La teoría revolucionaria no es más que la expresión abstracta, la visión de un momento determinado de la lucha, de la sociedad que se quiere construir; es decir el análisis de las relaciones que se han creado en este momento de la guerra de clases, y de esta misma realidad que vuelve a servir como modelo general de quienes la utilizan, de aquello para lo que la utilizan, de las condiciones en las que la utilizan.

“Llamamos comunismo al movimiento real que suprime el actual estado de cosas”, es decir la lucha de los proletarios para cambiar radicalmente las relaciones sociales, y las relaciones aparecidas en esta lucha que crean las condiciones de la vida humana, de la dominación de su propia actividad. El comunismo no es un programa a realizar o a hacer realizar, sino un movimiento social. Si la memoria histórica de nuestra clase ha sido cuidadosamente obliterada por los defensores del orden, el mayor peligro viene del seno del movimiento obrero, y no solo del oficial. El Capital ha sabido  superar cada plazo que le imponemos, remodelando el mundo, reestructurando la producción y a nosotros mismos, adaptándose por necesidad vital a la desenfrenada carrera que le impone la lucha de clases. ¿Y nosotros, revolucionarios pretenderíamos guardar formas de lucha que ya fueron vencidas en su tiempo? Esto no es serio.

Es necesario ante todo reconocer qué situación específica vivimos, qué opresión moderna sufrimos; y, para esto, esclarecer, a través de la historia de las luchas que nos han hecho lo que somos, lo que es constante y lo que está superado.

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lunes, abril 03, 2017

Miseria situ y pro-situ/Grandes conciertos: Cramps en el manicomio y TG en el Liceo 


-Acabo de releer “Los situacionistas y la anarquía”, de M. Amorós. Muy interesante. Sobre todo llama la atención (o no tanto en realidad) la reacción histérica de la Iglesia Anarquista de Francia ante los riesgos de contaminación marxistizante  de los jóvenes libertarios por entrar en contacto con la obra de la I.S. Hasta acá en Chile vi casos en esa misma línea a inicios de siglo. El anarquismo oficial puede ser tanto o más reaccionario que el marxismo ídem.

En Anábasis han subido la entrevista a un español, Javier Urdanibia,  que colaboró con la I.S. hacia 1970, es decir, en su última fase.


-Otro concierto que podría estar entre los mejores del mundo: los Cramps en el Hospital Mental de Napa, documento que existe gracias a Target Video. ¡Qué tiempos aquellos! El punk rock era realmente excitante en esos años, y basta ver la expresión facial de los internos para captar que su goce del mismo era mucho más directo y total que el de los fans acostumbrados a los rituales de la música rock, que pasaba de una moda a otra, hasta agotarse por completo hacia mediados de los 80.

Alguna vez leí que Throbbing Gristle tenía un registro así de interesante y radical, de cuando tocaron en un Liceo. No estoy seguro que éste sea el registro, porque no veo a ningún liceano/liceana, pero peor es nada… 

Escolares y locos: el mejor ambiente para que el rock and roll se exprese en su máxima potencia.


Lollapalooza: un lugar que merece ser bombardeado por aire con bombas de racimo.

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jueves, marzo 23, 2017

Ectétera 56 en la calle con Víctor Jaque y Kenneth Rexroth 



Cuando uno recibe una copia de la revista COMUNISMO y la lee en dos o tres días, justo llega a tus manos una nueva edición en papel de la revista Etcétera. Correspondencia de la Guerra Social, en su número 56 fechado en diciembre del 2016, pero que recién hace pocas semanas subieron a su página web: https://www.sindominio.net/etcetera/REVISTAS/NUMERO56/numero56.html

En esta ocasión el tema central es el de los migrantes y las dinámicas de represión y resistencia a esa represión que se están produciendo sobre todo en España. Así presentan este número los compañeros:

Escribimos en este número de Etcétera acerca de las migraciones, en contra de este horror que tiene su lógica en la correlación fatal entre la acumulación del capital y la acumulación de la miseria. Refugiados que huyen del hambre y de la guerra que el occidente cristiano y capitalista les impone en nombre de la democracia, destruyendo pueblos y territorios. Nunca en nombre de perseguir el bien se ha propagado tanto el mal.

Nos fijamos pues en estas páginas en distintos aspectos de este andar migratorio en esta época de guerra, desde sus razones económicas y geoestratégicas hasta su correlato mediático, anotando también la réplica que desde abajo se da a la brutal represión ejercida por el Estado en la región española. Traducimos un amplio análisis -“L´industrie du migrant”- de H.S. que leímos en el n° 154 de Échanges. Y como siempre la reseña de los  libros que hemos recibido.

Índice:
- Las migraciones y su relato
- De dominio público


Cabe destacar que en esta ocasión la revista Etcétera incorpora algunas láminas de nuestro querido compañero y amigo Víctor Jaque, que anduvo a fines del año pasado por esas tierras dando a conocer sus trabajos gráficos de anti artista e ilustrador callejero, una selección de los cuales fue publicada en el librito “El sentido está en la calle”, por el Centro de Documentación Crítica. Por supuesto, ese libro no ha sido editado en Chile, porque “nadie es profeta en su tierra” y el comunismo, sobre todo el de carácter difuso, es altamente profético.

No logro abrir la versión pdf de la revista, pero ahí Ud. encontrará la versión que incluye los trabajos del camarada Jaque: https://www.sindominio.net/etcetera/ETC56.pdf

Comentaremos en una próxima ocasión el libro de Jaque. Por de pronto, Ud. puede conseguirlo en Traficantes de Sueños.



Finalmente, agregamos acá el comentario de un libro recibido por Etcétera que nos llamó profundamente la atención:

Kenneth Rexroth: Novela autobiográfica. Pepitas de calabaza ed., 2015. (770 páginas)



Un simple llamamiento a su lectura: esta es la pretensión de estas líneas. Imposible pretender en un par de páginas volcar la exuberante riqueza de la vida narrada en esta novela autobiográfica. Narración que te sumerge en un mundo casi olvidado que te asombra por su radical libertad y que te reconcilia contigo mismo y con lo más humano que hay en nosotros, humanidad con más cosas a admirar que a menospreciar. Novela, que no quita certeza autobiográfica, pues si a veces Kenneth Rexroth desdibuja las fronteras entre realidad y ficción y pone nombres distintos a personajes reales es sólo para prevenir litigios judiciales.

Kenneth Rexroth nace en el estado de Indiana en 1905 y muere en California en el año 1982. Hijo de una familia de librepensadores, abolicionistas queda huérfano de padre y madre a los 12 años, ya en Chicago, donde la familia se había mudado. Aquí vivirá su adolescencia, en la calle con las luchas sociales que sacudieron la sociedad americana de principios del siglo XX. Viajará por los Estados Unidos, viajará a Europa hasta que ya en los años 30 llegará a San Francisco donde desplegará una vida cultural, mística, revolucionaria, poética. En todo este recorrido nos da a conocer la vida intelectual, bohemia, política, religiosa, artística, jazzística, emocional, familiar, erótica… 

En estas 800 páginas nos da a conocer, en todos sus pormenores, la exuberante vida intelectual norteamericana (Chicago, San Francisco) de los años 20 y 30, a partir de su vasto itinerario intelectual tan bien detallado. Itinerario que no por ser apabullante empequeñece el del lector, antes bien lo estimula y alimenta.

Nos da a conocer, igualmente, la prolija vida erótica, expresión de la natural desinhibición sexual infantil y de la espontanea libertad sexual adulta. Estas 800 páginas quizás sean insuficiente soporte para anotar todo lo que ha leído, ¡todo!, y aquí todo no es una metáfora sino que apunta a una realidad. Él mismo afirmaba haber leído la Britannica varias veces entera. Autodidacta, escolarizado sólo durante 5 años, conoce toda la literatura (llegará a tener una biblioteca de 16.000 volúmenes), traduce poesía de siete idiomas. Posee pues una cultura sin par que nada tiene de erudita.

Desde el entorno libertario, con Berkman, Emma Goldman... denuncia el derrotero de la revolución rusa, después de Makhno, de Kronstadt, de los procesos de Moscú. En 1927 se vincula al medio sindicalista revolucionario afiliándose al Industrial Workers of the World (IWW).

Cercano, pero crítico con la generación beat a quienes reprocha su nihilismo, aunque sin dejar de ayudarlos, por ejemplo en la causa judicial contra Ginsberg por su poema Howl acusado de obscenidad. Para Rexroth la contracultura es una forma de vida y no una mera novedad artística.


Poeta. Quizás esta palabra bastaría para definir o para anudar su inmensa actividad en los ámbitos más dispares. Poeta, que para Rexroth quiere decir ser enemigo de la sociedad actual en la que vive, actividad como crítica simbólica a sus valores. Para Kenneth Rexroth la revolución es moral antes que política.

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martes, marzo 14, 2017

Revista COMUNISMO N° 66: El ABC de la "cuestión española" 



Cuando uno ya piensa que no volverá a leer nada decente en un buen tiempo, suele aparecer el nuevo número de la revista COMUNISMO: En esta ocasión, el N° 66 (febrero de 2017), que contiene la Primera Parte de “Revolución y Contrarrevolución en la región española. Años treinta”.

En medio de un verdadero mar de mistificaciones y tergiversaciones de mierda, estos “ABC” se agradecen y merecen todo nuestro esfuerzo de difusión.

Por supuesto que se recomienda leerla entera, pero por de pronto extracto una breve pero contundente parte que aparece casi al inicio:

EL ABC SOBRE LA CUESTIÓN ESPAÑOLA

Insistir sobre el "abc de la cuestión española", que en realidad es exactamente lo mismo que el "abc de la lucha de clases", implica combatir todas las ideologías que han pretendido ver en España contradicciones particulares, condiciones únicas en el mundo o especificidades debidas al supuesto atraso o a la falta de desarrollo capitalista.

Para nosotros, hay sólo una cosa realmente particular en España, y es el desfase con el que llega la confrontación con respecto a la lucha de clases en otros países. Como afirmábamos más arriba, el proletariado había sido derrotado en todo el mundo, cuando en la década del 30, en España, éste hace temblar el orden burgués. Esa es, para nosotros, la única excepción. Contrariamente a todo lo que se dice, la lucha de clases en España es igual que en todas partes, una lucha entre el capital y el proletariado y todo lo demás es una gigantesca mentira.

Dada la complejidad aparente con la que la cuestión española es presentada, este criterio de clase es indispensable, para no enredarse en las mil y unas cuestiones personales, de fracciones, de posiciones y grupos, que ha hecho escribir, a más de uno, que la "cuestión española" es un laberinto inextricable.

La complejidad misma es crucial en la falsificación. Partamos pues de lo que es más simple para nosotros, proletarios, y descubriremos la clave de todo el proceso. El punto de vista del proletariado es siempre el de sus intereses materiales e históricos, el de su antagonismo general con toda la sociedad del capital, el de su necesidad de contraponerse al capital y su Estado. Esta es la tendencia "natural" del proletariado cuando actúa como clase. Sin embargo, en el proceso de asociacionismo, en la organización proletaria en contraposición a la propiedad privada y todos sus defensores, aparecen un conjunto de ideologías, de "teorías socialistas que los intelectuales introducen en la clase", según las cuales "es demasiado prematura la lucha por la revolución social", "lo que hay que hacer ahora es apoyar a tal gobierno progresista", "hay que hacer una alianza con tal o cual sector de la burguesía", "el enemigo principal es el fascismo, el feudalismo, el atraso o, lo que sea". No es que en España dichas teorías fuesen originales (a pesar de la pretensión de algunos de los autores); sino que por el hecho de que toda la burguesía mundial (con sus respectivas expresiones "nacionales") intenta transformar esa lucha revolucionaria en guerra imperialista, se produce la presencia simultanea de multitud de expresiones ideológicas que se encaminan a desdibujar aquella simplicidad de las contradicciones de clase, que caracteriza todo el capitalismo, y a confundir todo en un enjambre confuso de ideologías. La confusión es enorme, llegando en algunos casos al extremo de explicar esa formidable lucha en España como producto de un conflicto ideológico. Hasta algunos de sus protagonistas presentan lo sucedido sin tener en cuenta en absoluto la contraposición de clases, como si en España se hubiesen enfrentado "ideas", o principios "estatistas" versus "anarquistas", o según otros "la reacción" y "el progreso", o diferentes tipos de "socialismos": "socialismo libertario" versus "socialismo autoritario".

Es totalmente lógico que quienes presentan las cosas de tal manera, se alineen necesariamente, como sucedió prácticamente, en uno de los lados de la guerra imperialista, sea a favor del franquismo, sea del antifranquismo; es decir que pongan todas sus fuerzas en la lucha para liquidar al proletariado como clase, como fuerza y transformarlo en simple masa de maniobras o más concretamente en carne de cañón.

Desde el punto de vista de nuestra clase, las cosas son simples, transparentes: el proletariado se enfrenta al capital y al Estado burgués, exactamente igual que en cualquier otra parte. Esa es la contradicción real, profunda, total, que determina, como en cualquier otra parte, a todas las demás. Las "dos Españas", "el atraso no permite...", el feudalismo y el capitalismo", "las tareas democrático burguesas", la "revolución burguesa incompleta", las "necesidades de la guerra", "la lucha contra el fascismo", son, sin excepción, ideologías, anzuelos de la burguesía para ensartar al proletariado, abombarlo y arrastrarlo para mejor servirse de él.

Desde el punto de vista del proletariado, no puede haber absolutamente ninguna duda, se trata de una cuestión de vida o muerte, o se fortifica como clase o se lo destruye transformándolo en base de apoyo de las distintas fracciones burguesas, enviándolo al frente, transformándolo en ejército (industrial y militar.) Y en el ejército republicano o franquista, en la lucha fascista/antifascista, dígase lo que se diga, el proletariado no es clase, no se afirma a sí mismo, sino que da su vida, sus tripas, su sudor y su sangre en beneficio de los (éstos sí) complejos intereses de la ganancia capitalista, del reparto del mundo entre potencias burguesas afincadas en España y al mismo tiempo internacionales. El proletariado no entra en la guerra capitalista (fascismo-antifascismo) como clase, sino como carne de cañón, como negación negativa del proletariado.

Comprendidas las cosas precisamente así, en toda su simplicidad (1), toda alianza interclasista o renuncia a esa simplicidad, es un abandono de la posición proletaria. Es totalmente transparente que las organizaciones que se decían obreras, como el PSOE o el PCE (o el PCUS), afirmaban claramente que no había que hacer la revolución social sino la guerra, que el enemigo no era el capitalismo y la burguesía, sino el fascismo. Siempre fueron, coherentes, en fortificar el Estado burgués para ello, en desarmar el "caos" proletario y armar el orden y el ejército ("todas las armas al frente").

En cambio, otras organizaciones como la CNT, la FAI o el POUM oscilarán con respecto a esa simplicidad durante toda su existencia, en función de la oportunidad, de los períodos, de las estructuras, de los"programas"y/o dirigentes. Sin embargo las especulaciones sobre "las particularidades de la cuestión española", sobre "el enemigo principal", sobre el hecho de que "la derecha es peor" conducirán a dichas organizaciones, de especulación en especulación, a renunciar a todas las posiciones de clase que se habían expresado en su seno. Dichas estructuras perderán así su carácter contradictorio desde la adopción misma de las tesis frentepopulistas de "primero la guerra, luego la revolución" e implicarán su alineamiento total en la guerra interburguesa, constituyéndose en parte fundamental del Estado burgués, impulsando, desde entonces, el encuadramiento y la militarización del proletariado. En definitiva, esas organizaciones, dentro de las cuales se habían asociado proletarios en su lucha y a pesar de sus tendencias tantas veces dominantes (socialdemócratas y sindicalistas), liquidarán totalmente esta posibilidad y se afirmarán como actores principales para la reorganización del orden burgués.

Todo lo que en España parece complicado, sobre el qué hacer, sobre las consignas, es fruto del abandono fundamental de ese simple análisis de clase que indica: el enemigo es la burguesía y el Estado, no hay un gobierno mejor que otro, no hay una burguesía mejor que otra, la posición del proletariado, frente a la policía y al ejército, es simplemente la de su destrucción. En cambio el POUM y la CNT argumentarían todo lo contrario: "que hay que hacer la guerra", que "el enemigo es el fascismo", "que el gobierno de la república es pequeño burgués", "el carácter excepcional, popular, de las organizaciones burguesas de izquierda" (2)...

Sin embargo, si, en ruptura con la historia oficial se corre el velo de las superficialidades ideológicas, se constata enseguida que la clave es la contraposición de clases, el antagonismo entre necesidades humanas y el Estado burgués. A ese nivel fundamental, es clarísimo que el fascismo y el antifascismo son dos mandíbulas de la misma jeta sanguinaria, dos discursos del mismo monstruo. En efecto, cuando no se olvida nunca el carácter burgués del Estado, y se tiene en cuenta que su objetivo es, como siempre, liquidar la revolución, reventar al proletariado autónomo, desarmar los grupos de proletarios que no aceptan someterse a la disciplina estatal (por ejemplo ante la militarización)..., todo lo ideológico queda clarísimo. Así cada discurso oficial de la República, cada llamado a "renunciar a todo menos a la victoria", "dejar de lado las desavenencias en la retaguardia" sea hecho por Azaña, Companys, Federica Montseny, Andrés Nin, Juan Negrín o Abad de Santillán, adquiere su real significado.

¡Cuánto más simple son las cosas si, contra todos los elementos ideológicos, contra todos los pretextos y mentiras, no olvidamos nunca que el Estado burgués, cualquiera sea su forma, es el capital constituido en fuerza y el órgano vital de opresión del proletariado! ¡Cuánto más transparente resulta cada hecho, y cada figura histórica, si dejamos de lado lo que esos individuos dicen de sí mismos, y vemos si dicha figura luchó por el proletariado o se puso al servicio del Estado!
¡Cómo también quedan claros los discursos de ambos lados del frente de batalla para llamar a la reorganización sindical del trabajo y la marcha hacia la guerra, si no perdemos de vista que de los dos lados de la guerra se impulsan la misma reorganización del capital!

A lo largo de nuestra exposición, veremos la tragedia en la que se sumerge la lucha proletaria en España, en donde los dirigentes fundamentales de su lucha histórica irán pasando a integrar los cuadros del Estado burgués, y le pedirán, al proletariado, que abandone su lucha clasista, hasta desarmarlo y derrotarlo. Veremos que para ello se irán liquidando aquellas bases instintivas y simples de lucha contra la propiedad privada y el Estado que, durante décadas, había caracterizado la lucha del proletariado en esa región, y se construirán complejas explicaciones y teorías para justificar esas claudicaciones.

Notas:
1. Aquí, como en otros dominios, la clave teórica y metodológica está en romper con esa confusa representación ideológica (concreto representado), que aparece en la superficie de la sociedad, haciendo abstracción de todos los elementos ideológicos y propagandísticos que le dan potencia a esa representación (como el cuco del fascismo o cualquier otra fórmula de propaganda partidaria) y concentrarse en los intereses antagónicos de las clases en pugna y los proyectos históricos que de los mismos se derivan. Esta abstracción, que nos permite captar la realidad en toda su simplicidad, es equivalente a la que nos permite, por ejemplo, comprender las formas más simples del valor, así como el desarrollo de ellas (hasta las formas más complejas) y el proceso mismo de valorización; es decir concebir el capital como sujeto general de esta sociedad y poner en evidencia la necesidad y la posibilidad histórica de abolirlo.

2. "Los centristas y reformistas de cada país subrayan siempre el carácter excepcional, popular, de las organizaciones burguesas de izquierda de cada país", decía Moulin, militante que se definía como trotskista o mejor dicho bolchevique leninista, en un artículo de denuncia contra el POUM por su participación gubernamental titulado "El POUM se convierte en partido gubernamental". Moulin fue desaparecido y torturado a muerte por los lenino/estalinistas.

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miércoles, marzo 02, 2016

Afiches. Pancho y Mónica. Jornadas contra la devastación del territorio. 


Finalmente, empieza el juicio por "terrorismo" en contra de los compas Francisco y Mónica.

Un trofeo en manos de los cerdos franquistas/PSOEistas/Pinocho-concertacionistas + P"C" de ambos mundos.

En Chile, el subsecretario de Interior (un viejo izquierdista) amenaza con que la respuesta del Estado será "brutal" (sic), frente a la "violencia a favor de alguna causa". O sea, al estado le molesta mucho menos la violencia ciega y amorfa, sin dirección política (desde charchazos en los estadios a violencia intrafamliar), o violencia al servicio de la acumulación (ilegal) de capital, que la violencia altruísta, revolucionaria, y/o subversiva. Para la delincuencia "normal", basta con una mezcla de mano dura y puerta giratoria, carcel pública del siglo XIX y XX con la concesionada del siglo XXI, Unidad Especial de Alta Seguridad (UEAS, sic)  y Hotel Punta Peuco. 

Y todo eso porque, ¡una bomba explosivo/incendiaria en un banco finalmente sí explotó! ¡No se chingó!

Como efectivamente la bomba hizo "pum" y causó daños considerables a la propiedad privada, esta vez don Luis Correa Blueas decidió "invocar" (qué chistoso suena: la ley se "invoca", ¿como en el espíritu de las leyes...?) la ley antiterrorista en vez de la de cintrol de armas y explosivos. Interesante problema de concurso aparente de leyes penales.

Parece que la prensa ha hablado harto de esto.No me consta. Uy, Qué miedo. Se viene un Caso Bombas 4 1/2?


Estas jornadas serán en Valparaíso, puerto principal. Se sabe donde empieza, pero no donde termina.

Sobre la cuestión de los territorios y la dialéctica global/local, ver un fragmento de "A nuestros amigos, el libro nuevo del Comité Invisible, parte 3: del capítulo "Nuestra única patria la infancia").

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jueves, octubre 29, 2015

Golpe represivo contra el anarquismo en España 

Tomado de : alasbarricadas.org

El día después de que lxs presxs de Chile que llevan más de dos años encerradxs sin juicio, Mónica y Francisco, hicieran su declaración en la Audiencia Nacional, se está produciendo una serie de registros de domicilios y ateneos también ordenados por la Audiencia y ejecutados por el cuerpo de Mossos d'Esquadra. La escena es casi idéntica a las anteriores operaciones Pandora y Piñata (aún esperamos el nombre del actual operativo): 7 de la mañana, un dispositivo policial desproporcionado corta una calle e irrumpe en un Ateneo, en este caso se trata del Ateneu Llibertari de Sants, luego en un domicilio en Sants, otro el barrio de Gràcia, luego varios en Sant Andreu y otros dos también en Manresa y finalmente el Centro Social La Revoltosa del barrio del Clot y otra vivienda en el mismo barrio.
Aunque aún están bastantes detalles por confirmar se han producido un total de 10 registros y 9 detenciones. Enseguida se ha activado la solidaridad, sobretodo hacia el Ateneu de Sants, ya que al poco de producirse el registro ya había numerosas personas concentradas. Ahora mismo (9:30h) están cortando la principal arteria del barrio en solidaridad con las personas detenidas y en protesta por esta nueva absurda caza de brujas. En Sant Andreu también está teniendo lugar a estas horas otra concentración solidaria.
En todo caso este hecho se produce curiosamente también al día siguiente de la declaración solemne en el Parlament catalán, que hablaba de desconectarse del estado español. Ya vemos que no hablaban de desconectarse de la Audiencia Nacional. Los mossos están comunicando que se trata de personas pertenecientes a un "grupo criminal anarquista".

 
#NoTenimPor

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jueves, octubre 01, 2015

La lección de los acontecimientos de España (BILAN, 1936). 

Interesante texto de la corriente "bordiguista" en que analizan los acontecimientos españoles de 1936, con el ojo crítico que por lo general no tienen los sectores anarquistas para analizar la participación nefasta de su CNT/FAI en el gobierno republicano, equivalente para los comunistas de BILAN a la traición histórica de la socialdemocracia en 1914. Tomado de: http://es.internationalism.org/libros/1936/cap1/1_leccion


La lección de los acontecimientos de España

La lucha de clases es el único motor de los acontecimientos actuales.
El problema que preocupa a los que se reclaman del marxismo revolucionario es el siguiente: la tragedia española ¿arroja luz al desarrollo histórico actual?, ¿se puede considerar ya como el punto central de un periodo en el cual el capitalismo mundial intenta evitar la catástrofe de una guerra entre estados, para desatar en el interior de cada país un ataque contra el proletariado bajo las formas de una lucha entre democracia y fascismo?. Para nosotros que defendemos la tesis de que el motor de las guerras, así como de las revoluciones, se encuentra en la evolución de la lucha de clases;  que se trata de dos salidas que de las dos clases fundamentales de la sociedad capitalista oponen a la contradicción irresoluble que arrojan las fuerzas productivas y las relaciones mezquinas y condenadas del mecanismo económico de la sociedad actual; para nosotros que como marxistas pretendemos examinas la evolución histórica, nos interesa más su sustancia real que las formas que adopta.
Por medio de la guerra imperialista, la burguesía de todos los países pretende anonadar cualquier forma de supervivencia de la única clase que puede acabar para siempre con todos los regímenes basados en la explotación del hombre por el hombre. En 1.914 se da el caso de que la lucha de clases no había alcanzado el momento culminante –momento que se dará después de la guerra- y es únicamente a ello que el capitalismo debe la posibilidad de un sincronismo en la masacre de los proletarios. También aquí se encuentra la explicación de la apariencia de una vasta competición imperialista que revistió la guerra de 1.914 para numerosos marxistas.
La fase actual en que la burguesía ha llegado a destruir en sus fundamentos, por el empleo sistemático de la violencia fascista y de la corrupción democrática el más gigantesco de los ataques revolucionarios que el proletariado ha lanzado –el de la revolución rusa- y que, sin embargo, su victoria es puesta en duda continuamente por el estallido de las contradicciones inherentes a la sociedad capitalista, ¿por qué proclamar antimarxista la opinión que volverá a defender para la burguesía la posibilidad de localizar los conflictos imperialistas, pasando seguidamente a la masacre de los proletarios allí donde las contradicciones de clase exijan una solución inmediata?. La tragedia española nos ofrece una imagen dolorosa que debe hacernos reflexionar acerca de estas cuestiones, con una gran fuerza capaz de librarnos de los prejuicios y esquemas caducos para que el proletariado, aún frente a semejante perspectiva, tenga la posibilidad de mantener sus posiciones de clase y de continuar su lucha por la revolución comunista.
En España vivimos un momento de la guerra capitalista –la única que la historia ha puesto al desnudo- en donde, bajo la bandera de Azaña por un lado y de Franco por otro, los proletarios son arrojados a una carnicería que la burguesía necesita para los fundamentos de su régimen. El único medio que el capitalismo ha encontrado para quemar con el hierro rojo de la guerra a los obreros y campesinos pobres de la península Ibérica ha sido hacer del levantamiento obrero de Barcelona, Madrid y tantas otras localidades, la señal de una guerra entre democracia y fascismo. Para ello había que dar a los obreros la impresión de que el frente antifascista era también su frente de clase, al igual que en 1.914 se tuvo que dar a los obreros franceses la impresión de que luchaban contra el militarismo prusiano y a los obreros alemanes la de que luchaban contra el zarismo ruso.
Debemos aprender de los acontecimientos que se desarrollan ante nuestros ojos sin limitarnos al verbalismo revolucionario, teniendo ante todo el coraje de mantener –a pesar y en contra de todos, frente a la cortedad de los fanáticos, contra la corriente- las nociones fundamentales del marxismo, verificadas y confirmadas por la sangre que tan generosamente vierten los proletarios españoles por una causa que no es la suya. Si es cierto que ya vivimos la guerra capitalista, localizada en diferentes zonas donde la tensión entre las clases y la explosión de las contradicciones de la sociedad capitalista tienen más fuerza, no es menos cierto que el intervencionismo en España equivale al intervencionismo de 1.914 y que el desarrollo de los acontecimientos en los otros países no conocerá otra cosa.
En estas condiciones se comprenderá inmediatamente la importancia programática que puede adquirir la determinación de las posiciones proletarias ante los acontecimientos de España. Pero aunque el desarrollo histórico fuera repentinamente segado por la eclosión de una guerra imperialista a nivel mundial, generalizada a todos los países, no sería menos cierto que los acontecimientos de España, en lugar de haber representado un paso atrás en esta dirección, habrían sido un elemento de aceleración.
Pero también esto habrá que explicarlo, no con palabras “revolucionarias”, sino por medio de un análisis que no podrá disimular que la estabilización de la lucha en España entre dos frente militares –el del antifascismo y el del fascismo- ha permitido no solo la masacre de los obreros españoles sino la movilización de los proletarios de otros países hacia la consecución de una monstruosa hecatombe.
Sin querer basar nuestro trabajo de investigación en simples hipótesis, reivindicamos no obstante el derecho a interpretar los acontecimientos actuales según el método de análisis del marxismo. Y cuando constatamos que la repercusión mundial de los sucesos en España conducen fundamentalmente al mecanismo internacional de la lucha de clases antes que a una agravación de las contradicciones interimperialistas, no hacemos sino confirmar un postulado esencial de la doctrina marxista. Si en Francia, Bélgica y en menor medida Inglaterra, el frente del antifascismo se ha solidificado en la sangre de los obreros españoles, tanto de un lado como de otro; y si para Italia y Alemania, a pesar de la intensidad de la represión, la noción de Frente Popular se alimenta con el martirio de los trabajadores españoles; esto significa que el capitalismo internacional arriesga en la misma medida la eventual destrucción de las fuerzas de la producción y de la masa improductiva de capitales mediante el choque sangriento entre derecha e izquierda  burguesas, fascismo y antifascismo, para impedir con ellos la mínima explosión proletaria ante las explosiones de los contrastes mortales de la sociedad burguesa.
Contra la tentativa de las clases dominantes de encorsetar la lucha de clases en la camisa de fuerzas del pseudo-dilema  “antifascismo-fascismo”; contra su tentativa de hacer de cada estallido de las contradicciones entre las clases la señal de una guerra capitalista; contra su tentativa de evitar el abismo de una guerra imperialista mundial en donde zozobren simultáneamente todas sus fuerzas de dominación y de donde surgiría la ola internacional del proletariado hacia la revolución comunista, luchan hoy los núcleos marxistas que sienten en su propio seno las dificultades de la fase actual y expresan el curso accidentado y sinuoso que sigue la lucha de clases. Estos núcleos oponen hoy a los demagogos, a los renegados y a los traidores, las armas ideológicas antes de pasar mañana al asalto por las armas, como habrá que hacer sin duda cuando el proletariado haya encontrado su camino de clase, y nada nos hará retroceder en la defensa de posiciones contra las que se movilizan con rabia histérica el antifascismo y sus aliados.
Aún al margen de cualquier perspectiva internacional, los sucesos de España representan para nosotros un momento de la guerra capitalista que, en esencia, significa la destrucción de las fuerzas vivas de la clase obrera, último recurso para evitar que los antagonismos de la sociedad capitalista no encuentren su expresión en un programa de la revolución proletaria.
Nadie duda que vivimos una tragedia histórica en la Península Ibérica. Aún así, los gigantescos esfuerzos de los obreros de Barcelona y Madrid el 19 de Julio, sus ilusiones cuando creían entusiasmadamente que ofrecían su vida por la revolución proletaria, no pueden borrar ni por un instante la monstruosa confusión entre las clases, la realización de una Unión Sagrada, la transformación inmediata de la revuelta obrera en una batalla militar  entre antifascismo y fascismo, lo que en último análisis no es sino el mejor medio para ahogar  los intereses de las masas proletarias para pasar a su destrucción física.
Sin la aniquilación de los proletarios más avanzados, nunca hubiéramos vivido semejante tragedia. Nunca hubieran llegado a localizar y ahogar la batalla de España para transformarla en una guerra capitalista. Porque hay que decirlo abiertamente: en España no existían las condiciones para transformar los embates de los proletarios españoles en la señal del despertar mundial del proletariado, aún cuando existieran seguramente unos contrastes en las condiciones económicas, sociales y políticas, más profundos y exacerbados que en otros países. Incluso sin mediar análisis alguno –que realizaremos más adelante- la posibilidad que han tenido las fuerzas social-centristas de todos los países para trasformar y desnaturalizar la significación de los acontecimientos en España a un ritmo mil veces más rápido que el de las organizaciones obreras implantadas en Cataluña, por ejemplo, prueba que el capitalismo mundial no se ha equivocado en su apreciación y que ha comprendido inmediatamente que podría proceder a masacrar a los obreros de España.
No obstante de la fase actual se desprenden unas enseñanzas de inapreciable riqueza. Hay que armar a los proletarios de todos los países para las batallas, que no siendo ya meras revueltas, debe para poder triunfar tomar la vía de la revolución comunista. Ni los fusiles, ni las ametralladoras, ni los sacrificios sublimes y sangrientos de los obreros pueden reemplazar una visión histórica y programática de la situación, y dicha visión no se adquiere espontáneamente sino que es el resultado del análisis de las bases y del mecanismo mismo de la lucha de clases.
Nuestra fracción ha intentado aportar su contribución a los hechos de España, contribución de naturaleza política y dirigida hacia la defensa de las posiciones que puedan dar a los obreros españoles conciencia de la naturaleza de su lucha y de las posiciones de clase que, a nuestro entender –y en esto somos portadores de una horrible experiencia de guerra civil- hacen posible encontrar el camino de la revolución proletaria. El lector encontrará aquí el producto de nuestra intervención.
La sociedad española es capitalista.
En “BILAN” ha sido ya expuesta la idea de que la burguesía española pertenecía a las viejas burguesías de Europa, y que era completamente erróneo hablar de revolución burguesa, incluso con respecto a una estructura económica donde subsisten profundos anacronismos. Hemos defendido la tesis de que  la burguesía española, en vez de avanzar a base de un desarrollo industrial dirigiéndolo en una lucha a muerte contra el feudalismo, se desarrolló por el contrario en base a la inversión de capital en los inmensos territorios coloniales mientras se adaptaba a la estructura del feudalismo, al que intentaba acomodar a sus necesidades. La pérdida de las colonias y la revolución industrial que inauguraba la era de la revolución mundial del capitalismo, lanzaba a España a las convulsiones sociales con las que el capitalismo se veía imposibilitado a encontrar una salida, al mismo tiempo que una solución al desarrollo económico, necesitando para ello un cambio total en la configuración de la economía.
Nos limitaremos aquí a poner en evidencia los elementos de la evolución histórica que confirman plenamente nuestra apreciación, reservándonos para volver más tarde sobre el proceso de formación y evolución económica del capitalismo en España.
Con el cambio social determinado por la revolución francesa, y gracias a la guerra de la Independencia contra la dominación francesa, la burguesía intenta dotarse de una constitución liberal. La Junta Central era quien debía conducir a la Constitución de Cádiz de 1.812, en la que el elemento predominante desde el punto de vista ideológico era evidentemente la burguesía liberal. A partir de este momento aparecerá un fenómeno que una y otra vez encontraremos a lo largo de la evolución española, puesto que el desarrollo económico de la estructura de la sociedad española no contiene los fundamentos que permiten asentar las bases del estado capitalista moderno (según el modelo inglés o francés);  es a través de la violencia, del ejército, como  los liberales intentaron instaurar el régimen “del pueblo”, al igual que por medio del ejército serán aplastados tanto el propio liberalismo como los movimientos sociales que se desencadenaron en reacción a sus tentativas.
De 1.812 a la República democrática actual, España ha conocido más de cien constituciones, sin contar con la efímera República de Pí y Margall. A lo largo de este accidentado desarrolló histórico encontraremos el mismo esquema, cada vez más acentuado por la creciente intervención del proletariado. Cada paso de la burguesía para conformar su desarrollo al del capitalismo de los otros países chocará con la imposibilidad de cambiar la estructura económica y, de una manera sistemática, al liberalismo sucederá la reacción más negra, de modo que la formación y el crecimiento del proletariado ibérico discurrirá en el seno de estos antagonismos insolubles.
Desde 1.840, la aparición del movimiento obrero en Cataluña, las huelgas de los obreros del textil hicieron comprender a la burguesía la imposibilidad de una transformación pacífica de los sectores anacrónicos de su economía y la necesidad de pasar previamente a la masacre de los obreros, única condición para acceder a una transformación de su sistema sin estremecer sus propios fundamentos. Por eso a las primeras huelgas en Cataluña les sigue la masacre del General Espartero y a las diversas fases constitucionales la masacre de los obreros. España abordará la fase mundial del imperialismo en un estado de convulsiones internas en que los movimientos sociales brotan por doquier chocando con las tentativas del capitalismo por instaurar una estructura de democracia burguesa sin disponer para ello de las bases económicas indispensables. La lamentable guerra con América por el dominio de Cuba aporta por otra parte la demostración aplastante del carácter senil del capitalismo español. A partir de esa época España debe a la intervención del capitalismo mundial su propio desarrollo industrial. Inglaterra, Francia y Alemania son las que se encargan de poner en explotación las ricas minas de mercurio, plomo, cobre y minerales de hierro en España, y desde entonces se estabilizará una estructura económica que consagrará la instauración de la monarquía de Alfonso XIII, en 1.902, y que no se modificará en lo fundamental en el curso de la guerra y la posguerra.
Las zonas económicas industriales serán la textil en Cataluña, una industria mecánica que se desarrollará sobre todo durante la guerra del 14, Vizcaya con los minerales de hierro, Asturias y el Norte de León con las minas de carbón, Murcia y Jaén con las de plomo. Hecho característico: estas empresas que estaban en gran parte bajo control de capital extranjero se limitan a extraer el mineral que será transformado en Inglaterra, Francia y Alemania, no en España que permanecerá esencialmente como zona de extracción.
Por el contrario, Aragón, Valencia, Extremadura, Castilla la Nueva y Castilla la Vieja, Andalucía y Galicia quedarán como zonas principalmente agrícolas, donde junto a las tierras de baldío, no cultivable o de pasto, se yuxtaponen formas de explotación del tipo más diverso y opuesto. En Cataluña domina la pequeña y mediana propiedad. En Valencia hay empresas agrícolas dotadas de medios de explotación modernos. En Extremadura y Andalucía dominan grandes latifundios con medios de explotación ultra primitivos.
La guerra mundial ha sacudido en gran medida el edificio económico y social de España pero ha respetado los caracteres esenciales y el flujo de capitales extranjeros que durante este periodo ha determinado un alza en la industrialización, no en el sentido de la transformación de la economía, sino desarrollando determinadas zonas. Las grandes huelgas de 1.917-18, los movimientos sociales que han seguido a la guerra hasta 1.923, obligaron al capitalismo a recurrir a la dictadura de Primo de Rivera que, bajo un feroz terror militar, debía impedir que el movimiento proletario consiguiera el desmoronamiento del sistema económico burgués. Solamente a este precio la burguesía pudo dirigir los beneficios realizados durante la guerra hacia el desarrollo de la red bancaria, de los medios de comunicación y de la electrificación. Y nuevamente, el ejercito no tuvo otra función que la de sustituir la violencia militar por las deficiencias de un aparato incapaz de, simultáneamente, canalizar el movimiento proletario y permitir a la burguesía mantener y desarrollar sus beneficios de clase dominante.
El desarrollo del proletariado español no podía dejar de resentirse a causa de las contradicciones que acompañaban el desarrollo de la burguesía.
Pero si la burguesía llegaba, a través del ejército, a recomponer las partes desperdigadas de su economía y a mantener una centralización de las regiones  más opuestas desde el punto de vista de su desarrollo, el proletariado por el contrario, bajo el impulso de las contradicciones de clase tendía a localizarse en sectores en los que dichas contradicciones se expresaban violentamente. El proletariado de Cataluña fue arrojado a la arena social, no en función de una modificación del conjunto social de la economía española, sino en función del desarrollo de Cataluña. El mismo fenómeno se verificó para las otras regiones comprendiendo a las regiones agrarias.
Aquí se encuentra, a nuestro entender, la explicación del triunfo de la ideología anarquista en todas las regiones de la periferia ya que sólo ella correspondería a ese federalismo de la lucha de clases[1], a la imposibilidad de armonizar los esfuerzos del proletariado para llegar así a la constitución de un partido de clase. Sólo en Madrid fue donde el  marxismo pudo instalarse, aunque forzosamente de modo artificial ya que, en lugar de expresar un proceso económico en alza por la concentración industrial y la aparición de un proletariado unido, expresaba la centralización bastarda que la burguesía intentó efectuar alrededor de Madrid entre sectores opuestos de su economía. La falta de un Partido Socialista poderoso antes de la guerra en España y la imposibilidad de extender las bases de un partido comunista después de la revolución rusa, a pesar de los grandes movimientos sociales de los obreros de la península Ibérica, afectaron en su raíz el desarrollo de la lucha de clases en España, las condiciones de la formación del proletariado y las condiciones históricas particulares en que se desarrolló la burguesía.
Puesto que los obreros reaccionaban siempre bajo el motor de los antagonismos de clase sin llegar nunca a coordinar sus esfuerzos para llegar a una visión unitaria de su finalidad, no debe asombrarnos que sea en las organizaciones sindicales, basadas en la ideología federativa de los anarquistas, donde el movimiento obrero toma amplitud. No obstante esto prueba también que los movimientos sociales en España no han tenido la fuerza suficiente para sobrepasar el estado de revuelta y alcanzar el estado de la revolución y que, abandonado a su suerte, el proletariado español no puede llegar a crear los cimientos que, no brotando del mecanismo de la lucha de clases, sean tan violentos que puedan convertirse en erupciones sociales.
No son los fusiles de los proletarios los que permiten remontar los obstáculos reales para la configuración de un partido de clase, de la misma forma que la burguesía no puede llegar nunca a solucionar los antagonismos insolubles de su mecanismo económico y la imposibilidad de alcanzar el centralismo armonioso de su economía, mediante la violencia y la centralización por la fuerza militar. El proletariado español debe recibir ayuda de los proletarios más avanzados que, sin haber vivido todas las explosiones sociales que aquel ha vivido a los largo de un siglo, han podido no obstante tener unas condiciones más favorables de la lucha de clases y adquirir una visión programática de los instrumentos y de las posiciones que pueden conducir al proletariado mundial hacia su emancipación.
La victoria del Frente Popular y los acontecimientos de Julio.
El advenimiento de la República en 1.931 no modificó en nada la estructura de la sociedad española, si no es porque obligó a la burguesía a adaptar la estructura política al desarrollo económico verificado desde 1.923. La crisis económica mundial del capitalismo conducía a la burguesía española a unas convulsiones que su nueva estructura “democrática” fue incapaz de contener en su seno, debido al doble enfrentamiento de contradicciones inherentes a sus bases caducas y de las contradicciones propias de un sistema nuevo, que desde el punto de vista mundial estaba llegando al término de su papel histórico.
Es por esto que el advenimiento de la “República de los trabajadores” iba a abrir de hecho una época gigantesca de masacres de obreros: única solución que el capitalismo pudo encontrar para limar las contradicciones de su régimen. Las funciones del ejército y de la Guardia Civil no se alteraron durante esa fase “democrática”, ya que el capitalismo no podía trastocar la estructura económica, resultado de una evolución histórica particular, y no podía tampoco transformar los instrumentos indispensables para ahogar los enfrentamientos sociales que brotaban de esta situación. Por esta razón, de la misma forma que los proyectos agrarios quedaban en letra muerta, la reforma del ejército no podía ser más que una comedia. Porque, tanto el problema de la tierra como el del ejército, no se relacionaban con el carácter inacabado de la revolución burguesa, sino con la incapacidad orgánica de la burguesía española de imitar los trazos de otras burguesías que habían tomado el poder después de que el feudalismo hubiera sufrido una profunda transformación en el plano económico y social.
En efecto, la burguesía española se encontró con la posibilidad de invertir capital en enormes territorios coloniales sin efectuar un cambio industrial en su economía, y cuando perdió sus colonias se encontró con la imposibilidad de modificar su estructura, ya que el problema de la tierra por ejemplo, lejos de ser un problema de reparto, constituía un problema de roturación e industrialización agrícola, lo que implicaba una inversión de grandes capitales poco rentables en comparación con el beneficio que se obtenía de la explotación de las minas. Tan sólo el 50% de las tierras estaban cultivadas y, aún así, hay que tener en cuenta que el porcentaje de tierras fértiles era muy bajo ya que en todos los sitios existía el problema de la irrigación y el de los abonos.
El problema del ejército proviene de su intervención en el sistema económico para mantener a cualquier precio la cohesión que el centralismo de Madrid, fuertemente burocratizado, no puede asegurar. Los movimientos separatistas, lejos de ser instrumentos de l a revolución burguesa, son en este caso expresiones de las contradicciones irresolubles e inherentes a la estructura de la sociedad capitalista española, que realizó la industrialización en toda su periferia mientas que las mesetas centrales quedaban en un estado de estancamiento económico. El separatismo catalán, como cualquier otro, en lugar de tender a una independencia total, queda atrapado en la estructura de la sociedad española, haciendo que las formas extremas en que se manifiesta vayan en función de las necesidades de canalizar el movimiento proletario.
Esta claro que, en lo esencial, nada podía modificar la República de 1.931, que tenía ante todo como fin permitir al capitalismo realizar la máxima resistencia frente al asalto de las fuerzas de la producción y al estallido de sus contradicciones particulares.
Los rasgos fundamentales de esta época nos parece que son los siguientes: a través de la Izquierda burguesa y con el apoyo de la UGT, la burguesía se opone a las huelgas y aplasta el asalto del proletariado y de los campesinos conjugando la maniobra democrática con una represión sangrienta, cuyo nuevo instrumento será la Guardia de Asalto constituida por la República. La victoria de las Derechas en 1.933 coronará dicha práctica y, puesto que la perspectiva mundial del sistema capitalista no suministrará ya ningún periodo de calma a la burguesía española, la práctica de la represión en los enfrentamientos sociales irá creciendo a lo largo de 1.934, en que vemos a las derechas con Lerroux y Gil Robles pasar a la ofensiva, mientras que las izquierdas intentan paralizar a los trabajadores y velan para que el estallido de los antagonismo sociales, que surgen con renovada fuerza en una o otra región, no pueda romper el marco de la dominación burguesa.
De la misma forma con que a la burguesía le fue posible amordazar al movimiento popular en 1.931 con la proclamación de la República, podrá nuevamente controlar la batalla de Asturias gracias a la modificación del gabinete Lerroux, y las repercusiones de esta batalla con la exacerbación de los enfrentamientos sociales por medio de las elecciones de Febrero de 1.936.
La violencia de estos acontecimientos no debe inducirnos a error en la valoración de su naturaleza. Todos provienen de la lucha a muerte entablada por el proletariado contra la burguesía, pero prueban también la imposibilidad de reemplazar solo por la violencia –que es un instrumento de lucha y no un programa de lucha- una visión histórica que el mecanismo de la lucha de clases no tiene capacidad para fecundar. Puesto que los movimientos sociales no tienen la fuerza de fecundar una visión finalista de los objetivos proletarios, y puesto que no confluyen con una intervención comunista orientada en esta dirección, aquel caerá finalmente dentro de la órbita del desarrollo capitalista, arrastrando en su quiebra a las fuerzas sociales y políticas que hasta entonces representaban de una manera clásica las escaramuzas de clase de los obreros: los anarquistas.
Cuando llega el momento de Febrero de 1.936, todas las fuerzas actuantes en el seno del proletariado se encontraban en un solo frente: la necesidad de alcanzar la victoria del Frente Popular para desembarazarse del dominio de las derechas y obtener la amnistía. Desde la Social-democracia al Centrismo, hasta la CNT y el POUM, sin olvidar a todos los partidos de izquierda republicana, se estaba de acuerdo en orientar el estallido de las contradicciones de clase hacia la arena parlamentaria. Y aquí se encontraba inscrita con letras flamantes la incapacidad de los anarquistas y del POUM, así como la función real de todas las fuerzas democráticas del capitalismo. El Gobierno de Azaña, en primer lugar, y después el de Casares Quiroga se vieron llevados inmediatamente a atacar a un proletariado que tanto en el campo como en las ciudades intentaba imponer sus reivindicaciones de clase. Nos encontramos pues ante un periodo de confusión sin parangón. La debilidad económica del capitalismo no le permite maniobrar ampliamente en lo que se refiere a dar concesiones a los obreros. Por otra parte, a pesar de las reformas agrarias escritas sobre el papel, no se puede cambiar tampoco su economía campesina. Se hace pues necesario pasar a la represión violenta de los movimientos campesinos (Yestes), precipitar la contrarrevolución de los centristas, inducir a la UGT a romper violentamente las huelgas, cercar a la CNT e inducirla a compromisos vergonzosos. Objetivamente la burguesía pronto se da cuenta de la imposibilidad de alcanzar verdaderos resultados sin un ataque frontal y violento contra los obreros, y el Frente popular velará por desintegrar el movimiento de las masas, dejando prepararse al movimiento de militares que cuidarán a su vez de unirse a la reacción social, fecundada por la represión del Frente Popular.
Desde Febrero de 1.936 a Julio, el desarrollo de las batallas entre las clases seguirá esta trayectoria.
En su Congreso de Zaragoza, en Mayo de 1.936, la CNT propondrá una alianza sindical con la UGT, alianza que ésta rechazará para seguir con la línea de desintegración directa de los movimientos huelguistas. A raíz de la huelga de pescadores en Málaga surgirán disputas violentas entre la UGT y la CNT, que permitirán al Gobierno del Frente Popular lanzar su represión sobre esta última. En Barcelona, serán los centristas los que intervendrán directamente para romper la huelga de camareros. En Madrid, en Junio, se desencadenará la gran huelga de la construcción en donde intervendrán la UGT y la CNT, que pedirán como reivindicaciones esenciales la semana de 36 horas y un salario de 16 pesetas. Aquí el hecho curioso será el referéndum de la UGT en plena huelga para decidir la entrada al trabajo (referéndum del que la CNT se desinteresará) que concluyó con la vuelta al trabajo de los miembros de la UGT. Esta huelga continuará hasta el 19 de Julio solo con los miembros de CNT, que a pesar de la aceptación del estado de cosas por su organización, ocupará violentamente las obras. También aquí surgieron violentos incidentes entre la UGT y la CNT, lo que permitió a la policía cerrar los locales de la CNT y detener a varios de sus militantes hasta el 19 de Julio.
Es en esta situación de efervescencia proletaria en las ciudades, cuando las fuerzas del Frente Popular se empeñan en desintegrar las luchas obreras y reprimirlas violentamente, cuando la CNT se esfuerza desesperadamente sin poder dar una dirección a las luchas reivindicativas, y cuando se desencadenará el movimiento de Franco en Marruecos.
Los acontecimientos del 19 de julio.
Nos importa ante todo poner claramente a la luz algunos elementos del hecho en sí. Cuando el movimiento del 19 de Julio en Marruecos fue conocido en Madrid y Barcelona, la primera preocupación del capitalismo fue escuchar las reacciones del proletariado para orientarse en una u otra dirección.
Ante todo, como ya apuntábamos en el penúltimo número de “BILAN”, el Gobierno de Casares Quiroga fue sustituido por el de Martínez Barrio, con el fin de intentar completar la conversión pacífica de la izquierda a la derecha.
Pero ante la amplitud del levantamiento obrero en Cataluña y Madrid, dicha tentativa fracasa lamentablemente y Giral accede al poder mientras Martínez Barrio parte hacia Valencia donde intentará, en nombre del Gobierno, legalizar la revuelta obrera.
El desarrollo de los acontecimientos a partir del 17 de Julio confirma nuestra apreciación: el 17 de Julio el sindicato del Transportes Marítimos de Barcelona se había apoderado de las armas halladas en los buques “Manuel Arnús”, “Argentina”, “Uruguay” y “Marques de Comillas” (150 fusiles y municiones), y las había transportado a su local. El 18, vísperas del levantamiento militar, la policía se lleva una parte de las armas.
Cuando después del 17, los jefes de los diversos partidos obreros fueron a pedir armas a Companys, ya que era públicamente notorio que los militares saldrían a la calle el domingo al amanecer, el presidente de la Generalitat les tranquilizó explicando que la Guardia Civil y la Guardia de Asalto bastarían y que, en todo caso, si aquellos no retrocedieran los obreros no tendrían más que coger los fusiles de los muertos para intervenir. Según Companys lo mejor que podían hacer los obreros el sábado por la tarde y el domingo era quedarse en casa y esperar a que acabara la batalla.
Pero la efervescencia del proletariado se encontraba en pleno auge. El domingo por la mañana el proletariado, dotado con toda suerte de medios y en su mayoría sin armas, está en las calles. A las 5 se desata la batalla. Rodeados por los obreros, la Guardia de Asalto y una parte de la Guardia Civil deban marchar contra los militares. De inmediato, el coraje y el heroísmo de los obreros, de entre los que particularmente se distinguen los militantes de la CNT y de la FAI, demuestran la razón de los puntos de vista esenciales de la sublevación, ya que en todas partes los soldados fraternizan con los proletarios, como ocurre en el cuartel de Tarragona. Esa misma tarde los militares son derrotados y el General Goded capitula. A partir de ese momento el proletariado se va armando cada vez más.
En cuanto a la Generalitat, se oculta miedosa ante el arrojo de los obreros pero, sin embargo, no teme que aquellos que le habían pedido las armas, ahora que los obreros las han cogido por la fuerza, las vuelvan contra ella.
El lunes día 20, la CNT y también la UGT, lanzaron la consigna de huelga general en toda España. No obstante los obreros se encuentra ya en la calle por doquier. Cogen las armas y plantean, al mismo tiempo, sus reivindicaciones de clase. El antiguo desacuerdo entre la CNT y la UGT, en cuanto a la semana de 36 ó 40 horas; el problema de los salarios, todo esto va surgiendo en el transcurso de la lucha ya que los obreros empiezan a ocupar numerosas empresas. El mismo día 20 aparecen y se constituyen las milicias que limpian Barcelona. El día 21 se publica un decreto de la Generalitat afirmando: “Primero: se han creado milicias ciudadanas para la defensa de la República y la lucha contra el fascismo y la reacción”.
El Comité Central de las milicias incluirá un delegado del Consejo de la Gobernación, un delegado del Comisario General de Orden Público y la representación de todas las fuerzas obreras o políticas que se encuentren luchando contra el fascismo.
Es así como la Generalitat intenta, desde el día 21, no solo imprimir su sello en las iniciativas de los obreros armados, sino encorsetarlas en el cuadro de la legalidad burguesa.
El día 24 sigue la huelga general y el POUM (Partido de Unificación Marxista) propone continuarla hasta que el fascismo sea completamente aplastado. Pero la CNT, que controla Barcelona lanza ese mismo día la consigna de vuelta al trabajo en las industrias de alimentación y servicios públicos. El POUM publica el aviso sin criticarlo. Sin embargo se continúa hablando de reivindicaciones de clase. Los obreros expropian la Compañía de Tranvías, el Metro, y todos los medios de transporte incluido el ferrocarril.
También aquí la Generalitat interviene y legaliza la situación tomando la expropiación por su cuenta. Más tarde tomará la delantera en algunas empresas y las expropiará antes que los obreros.
El mismo día, el Front d’Esquerres, que agrupa a los partidos burgueses de izquierda, recibe una carta del POUM en la que acepta la invitación de Comapnys a colaborar con todos los partidos contra el fascismo pero rehusa, previa deliberación con su C.E, colaborar en un Gobierno de Frente Popular.
Parece pues que a partir del día 24, bajo la presión de la Generalitat, la mayor parte de las organizaciones obreras intentan frenar el movimiento reivindicativo. Los Socialistas de Barcelona están en contra de la prolongación de la huelga, la CNT ha dado la orden de vuelta al trabajo, el POUM se esfuerza por mantener su programa reivindicativo pero no dice nada sobre si aprueba o no la vuelta al trabajo.
A partir del día 24 se organiza la partida de columnas de milicianos hacia Zaragoza. Es necesario que los obreros partan con la sensación de haber obtenido alguna satisfacción en lo concerniente a sus reivindicaciones. La Generalitat lanza un decreto: los días de huelga serán retribuidos. No obstante, en la mayoría de las fábricas los obreros han obtenido ya, armas en mano, satisfacciones particulares. Puesto que gracias a los partidos y organizaciones sindicales que se reclaman del proletariado la burguesía ha conseguido parar la huelga general, y que en las empresas ocupadas por los obreros la llamada jornada de 36 horas se ha sustituido ipso facto, el 26 de Julio la Generalitat promulga un decreto instaurando la semana de 40 horas con un aumento de salarios del 15%.
Así mientras la Generalitat se esfuerza en controlar el estallido de las contradicciones sociales, llegamos al 28 de Julio que marca ya un cambio importante en la situación. El POUM, que controla a través de la POUS el “sindicato mercantil”[2]y algunas pequeñas empresas, lanza la orden de continuación del trabajo a los obreros que no están en las milicias. Es necesario crear la mística de la marcha sobre Zaragoza. ¡Tomemos Zaragoza!, se dirá a los obreros, después ya arreglaremos las cuentas a la Generalitat y a Madrid.
El POUM expresará claramente con esta consigna de ingreso, el cambio de la situación y el acierto de la maniobra burguesa encaminada a terminar con la huelga general, lanzando después decretos para evitar las reacciones de los obreros y colocando por fin a los proletarios fuera de las ciudades, encaminados hacía el cerco de Zaragoza.
Pero en Zaragoza continúa la huelga general con sus fases de retroceso y aceleración, y no será hasta más tarde cuando los obreros cederán ante el ultimátum de Cabanellas de elegir entre volver al trabajo o la masacre total.
A partir de entonces su temor no se centrará en un rebrote de las batallas huelguísticas sino en la victoria de las fuerzas gubernamentales, y Cabanellas podrá organizar su feroz y sanguinaria represión.
“La Batalla”, órgano del POUM, en su edición del 29 de Agosto destaca que los obreros de Zaragoza hayan mantenido la huelga general durante 15 días. He aquí lo que dice este periódico: “El domingo por la mañana, el 19 de Julio (cuando los militares salieron a la calle) los obreros organizaron inmediatamente la resistencia y la lucha duró numerosos días. La huelga fue absolutamente general hasta 15 días más tarde, y los tiros en las barricadas obreras duraron mucho más tiempo”. Siempre había “algunos héroes irreductibles que preferían perder la vida que aceptar la dominación fascista”.
A partir del 28 de Julio cambia el aspecto del movimiento en Cataluña. Se continúa expropiando a las empresas, nombrando consejos obreros, pero ya todo este se hace de acuerdo con los delegados de la Generalitat que, evidentemente, no manifiestan ninguna resistencia a los obreros armados pero que saben que, por necesidades de la guerra en la que se enrola al grueso del proletariado, obtendrán lo que quieren.
Se perfilan ya los contornos precisos del ataque del capitalismo español. En las regiones agrícolas en las que no existe un proletariado fuerte, el problema agrario se resolverá por el aplastamiento feroz y sanguinario de Franco, que en lo que a esto respecta no tendrá nada que envidiar a Mussolini o Hitler. En los centros industriales, sobre todo en Cataluña, donde no existe el problema agrario, se hace preciso enfrentar al proletariado de perfil, lanzarlo a un ghetto casi militar, debilitar su frente interior, para así poco a poco llegar a aniquilarlo. En Madrid será el Frente Popular quien se encargará de esto. En Cataluña, la Generalitat llegará en el terreno de la gestión económica y de la dirección política, a cambio de concesiones formales y nos sustanciales, a enfeudarse a la CNT y al POUM, partido oportunista del Buró de Londres en el que hoy uno de sus jefes, el extrotsquista Nin es Ministro de Justicia.
En Madrid después del 19 de Julio la huelga general no será sino la prolongación de la gran huelga de la construcción, que duraba desde Junio, y no terminará hasta algunos días después de que acabara en Cataluña.
Mientras que en Barcelona han sido aplastados ya los militares, en Madrid los obreros salen a la calle únicamente el lunes. El Gobierno de Martínez Barrio ha durado algunas horas, y Giral que le sucede promete todo lo que le piden excepto las armas que le reclaman las organizaciones obreras. Sin armas los proletarios madrileños se dirigen el lunes hacia el Cuartel de la Montaña y lo asaltan. A partir de entonces los cuarteles de Madrid se ponen de acuerdo y se lleva a cabo una breve lucha en los alrededores de Madrid, desde donde los militares querían marchar sobre la ciudad. El martes los obreros que están en huelga general buscan a sus enemigos y, puesto que todo el mundo desde la CNT a los Socialistas han proclamado que el Gobierno del Frente Popular es un aliado, el brazo vengador del proletariado armado, los trabajadores se dispersan en la provincia de Madrid y encuentran a los militares en el Guadarrama y después de una lucha sangrienta y confusa de una y otra parte, aquellos se retiran a sus posiciones mientras que el grueso de los obreros volverán a Madrid en donde en ese momento será lanzada la consigna de acabar tanto con la huelga como con la organización de las columnas.
Tanto en Barcelona como en el resto de España los obreros, que desde Febrero de 1.936 habían sido inducidos a considerar al Frente Popular como un aliado seguro, cuando se lanzaron a la calle el 19 de Julio no pudieron dirigir sus armas en la dirección que les hubiera permitido acabar con el Estado capitalista y eliminar a Franco. Dejaron a los Giral en Madrid y  los Companys en Barcelona a la cabeza del aparato del Estado, concentrándose en quemar iglesias, “limpiar” instituciones capitalistas como la Dirección General de Seguridad, policía, Guardia Civil y Guardia de Asalto. Los obreros expropiaron en Cataluña las armas fundamentales de la producción con el mismo funcionamiento capitalista que antes.
De todos modos estos elementos serán examinados ulteriormente de forma minuciosa sobre una base documentada.
Del 19 al 28 de Julio la situación hubiera permitido a los obreros armados, al menos en Barcelona, tomar íntegramente el poder, aunque ciertamente de forma confusa pero que habría representado sin embargo una experiencia histórica formidable. La marcha hacía Zaragoza salvó a la burguesía. “La Batalla” órgano del autodeterminado partido “marxista” proclamaba que alrededor de Zaragoza se encontraba la atención mundial revolucionaria. Pero ya a partir del 27 de Julio la burguesía bate el terreno prudentemente. En Figueras, militantes de la CNT son desarmados por Guardias Civiles y milicianos del Frente Popular después de vencer a los fascistas. La CNT publica entonces un llamamiento a las masas en que recomienda emprenderla a tiros contra los que intentes desarmarlos. La Generalitat está dividida pero se las arregla por otros medios.
El 2 de Agosto, la Generalitat, tras una nueva tentativa de legalizar organizadamente la situación, decide hacer un llamamiento a unificar bajo un mando único las diversas clases de armas. Los soldados no quieren ir a otro sitio que no sean las milicias. La CNT toma partido inmediatamente: “Milicianos ¡Si!, Soldados ¡No!”. El POUM pide la disolución, no la eliminación, del ejército.
Por otra parte la composición del CC de las Milicias Antifascistas será el siguiente: 3 delegados de la CNT, 3 delegados de la UGT, 1 delegado de Izquierda Republicana, 2 Socialistas Unificados, 1 de la Lliga dels Rabassaires (pequeños campesinos bajo la influencia de la izquierda catalana), 1 delegado de la coalición de partidos republicanos, 1 del POUM y 4 representantes de la Generalitat (el Consejero de Defensa, Coronel Sandino, el Comisario General de Orden Publico, Gobernador de Barcelona y dos delegados de la Generalitat sin cargo fijo).
Desde el punto de vista de la evolución política al proletariado de Madrid se le coloca rápidamente sobre una plataforma abiertamente burguesa, mientras que en Barcelona serán necesarias algunas semanas de guerra y maniobras para llegar a esto.
En Madrid La Pasionaria declara, desde el 30 de Julio, que se trata de defender la revolución burguesa y acabar de completarla. El 1 de Agosto, la policía permanecerá activa en Madrid y “Mundo Obrero”, ante la tentativa de Giral de extender la orden de arresto a las milicias, hablará de la “confusión” que es preciso disipar convenciendo al Frente Popular de la ordenación de las milicias.
El 3 de Agosto “Mundo Obrero” proclama que defiende la propiedad privada de los amigos de la República, y añadirá: “¡No a las huelgas en la España democrática!, ¡Ningún obrero ocioso en la retaguardia!”. Todo su programa se resume en:“primero acabar con el fascismo y después de haber acabado con él, la izquierda republicana habrá aprendido la lección y la situación anterior al 19 de Julio no volverá a repetirse”.
El 8 de Agosto, Jesús Hernández aplaudía en un discurso de gran resonancia la lucha de los obreros por la República democrática burguesa y sólo por ella, y el 18 de Agosto los centristas podían decir que la lucha en España se ha convertido en una guerra nacional, en una guerra por la independencia de España. Para éstos será necesario crear un nuevo ejército del pueblo con los viejos oficiales y las milicias, y a partir de aquí se convertirán en partidarios de una severa disciplina.
Desde la constitución del gabinete Giral, los Largo Caballero y los Prieto pedirán la constitución de una comisión del Frente Popular adjunta al Ministerio de la Guerra, en donde ellos mismos participarán. De este modo serán Ministros “oficiosos”.
Mientras tanto en Barcelona, una vez se entra en la nueva fase de guerra para tomar Zaragoza, condición primordial para “resolver” (¿?) el problema social, la “Solidaridad Obrera” saludará desde el 1 de Agosto la nueva era y el comienzo de la fase tendente hacia el comunismo libertario.
Cuando se produce la constitución del Gobierno de Casanovas (después de la salida del Gobierno de los delegados del PSUC) la CNT, aunque afirmando que dicho Gobierno no concretaba en la realidad que los obreros habían conquistado, le concede sin embargo su total apoyo.
Durante la primera semana de Agosto la CNT movilizará a las armas en torno a la partida hacia el Frente de Aragón, insistiendo en que no se trata de un ejército regular sino de batallones de milicianos voluntarios en donde cada oficial del antiguo ejército debía ser vigilado por un miliciano. En resumidas cuentas, la CNT pone en evidencia una noción totalmente desconocida hasta entonces por los anarquistas: la disciplina militar.
Pero la CNT está abocada de esta forma a la necesidad de controlar las iniciativas de los obreros en el terreno económico con el fin de mantenerlos dentro de una línea que obtenga mayores rendimientos para la guerra.
El 14 de Agosto la “Solidaridad Obrera” escribirá abiertamente que también en el terreno económico existen relaciones de guerra.
Pero este aspecto del problema lo examinaremos separadamente cuando analicemos las relaciones económicas de los nuevos órganos surgidos en el terreno social y político en Cataluña.
Nos falta todavía señalar la posición del POUM que, lejos de ser un partido evolucionado hacia posiciones revolucionarias, representa una amalgama de tendencias oportunistas (socialista de izquierda, comunistas de extrema derecha, trotskistas) que es un obstáculo más para la clarificación revolucionaria.
El esquema según el cual intervino el POUM en los acontecimientos fue más o menos este: los bolcheviques lucharon primeramente contra el zarismo, después contra la burguesía y sus agentes mencheviques. Sin el ejército rojo no se hubiera podido vencer a los enemigos, tanto exteriores como interiores, (“La Batalla”, 4 de Agosto)... Así pues, el POUM luchará primeramente contra el fascismo y después contra la burguesía olvidando que Lenin, en contra de Stalin y Kamenev, llevó en Abril de 1.917 un programa de lucha contra todas las formas de dominación de la burguesía. ¡Como si no fuera posible luchar contra el fascismo sin llevar a delante una lucha contra el conjunto del sistema capitalista!.
Las nuevas instituciones y su significado.
Ante todo queríamos poner en evidencia el elemento central sobre el cual los acontecimientos proyectan su luz. En el momento en que el ataque capitalista se desencadena con el levantamiento de Franco, ni el POUM ni la CNT sueñan con llamar a los obreros a ocupar la calle, sino que organizan delegaciones alrededor de Companys para obtener armas. El 19 de Julio, los obreros salen espontáneamente a la calle, y cuando la CNT y la UGT lanzan la consigna de huelga general no hacen más que consagrar una situación de hecho.
Puesto que los Companys y Giral son considerados de inmediato como aliados del proletariado, como personas que debían facilitar las llaves para abrir las puertas de los depósitos de armas, es natural que, cuando los obreros tomaron las armas después de haber aplastado a los militares, nadie soñó ni por un instante en plantear el problema de la destrucción del Estado que, con Comanys a su cabeza, quedó intacto. Se trató entonces de acreditar la utopía que afirma que es posible hacer la revolución expropiando a las empresas y tomando las tierras sin mover el aparato del Estado capitalista ni su sistema bancario.
La constitución de un Comité Central de las milicias debía dar la impresión del inicio de una fase de poder proletario y la constitución del Consejo Central de Economía la ilusión de que se entraba en una fase de gestión de una economía proletaria.
Sin embargo, lejos de ser organismo de dualidad de poder, se trataba de organismos con una naturaleza y función capitalista ya que, en lugar de constituirse sobre la base del impulso del proletariado buscando formas de unidad de la lucha para plantearse el problema del poder, fueron desde su comienzo órganos de colaboración con el Estado capitalista.
El CC de las Milicias de Barcelona será por otra parte un conglomerado de partidos obreros y burgueses, y de sindicatos, y no un organismo del tipo de los Soviets que surge de un planteamiento de clase, espontáneamente y en donde se puede verificar la evolución de la conciencia de los obreros. Este organismo se unirá a la Generalitat para luego desaparecer por simple decreto cuando se constituya, en Octubre, el nuevo Gobierno de Cataluña.
El CC de Milicias representará el arma inspirada por el capitalismo para arrastrar a los proletarios, por medio de la organización de las milicias, fuera de las ciudades y de sus lugares hacia los frentes territoriales donde fueron despiadadamente masacrados. Representará también el órgano que restablece el orden en Cataluña, no con los obreros que han sido dispersados en los frentes sino contra ellos. Es cierto que el ejército regular fue prácticamente disuelto, pero será reconstituido gradualmente con las columnas de milicianos donde el Estado Mayor se conserva netamente burgués con los Sandino, los Villalba y consortes. Las columnas fueron voluntarias y pudieron conservarse así hasta el momento en que desapareció la embriaguez y la ilusión de la revolución y reapareció la realidad capitalista. Entonces se caminará a grandes pasos hacia el restablecimiento oficial del ejército regular y el servicio obligatorio.
Lejos de ser un embrión del Ejército Rojo, las columnas se constituyeron en un territorio y una dirección no pertenecientes al proletariado. Para que esto no hubiera sucedido hubiera hecho falta tomar el poder destruyendo el estado capitalista, o por lo menos que los obreros volvieran sus armas contra el Estado. Y las columnas de milicianos no se constituyeron en esa dirección, en cambio se trataba de marchar sobre Zaragoza y Huesca por lo que respeta a Cataluña, y hacia Toledo y el Guadarrama en cuanto a Madrid. Los obreros armados fueron arrojados al antifascismo y no ha una  lucha contra el conjunto de las formas del capitalismo. En estas condiciones todas las formas democráticas que en un primer momento se manifestaron en el seno las columnas no tuvieron más que una importancia insignificante. Lo que importaba era la dirección seguida por las milicias y esta era, francamente, la del Frente Popular: la lucha antifascista respetando los órganos de dominación capitalista, y aún reforzándolos, por medio del apoyo que le dieron los anarquistas y el POUM participando en los ministerios.
En Madrid las milicias estarán prácticamente bajo el control del Departamento de Guerra de Largo Caballero, que suministrará los grados a las diferentes organizaciones, pasando después a la formación de las columnas.
En definitiva, así como el grueso del ejército regular pasó a Franco, el Frente Popular y sus aliados intentó trasladar a los obreros, por medio de la organización de las milicias, del territorio social al terreno de la formación de un nuevo ejército regular, esto explica porqué los obreros a pesar de su valor fueron aplastados. En el terreno militar Franco obra con certeza, mientras que los Companys, Largo Caballero y compañía desplegaron una estrategia más social que militar, consistiendo en favorecer la masacre de los obreros que por su incorporación al nuevo ejército no tuvieron la fuerza de reencontrar el camino mediante el cual vencieron a los militares en Barcelona y en Madrid el 19 de Julio.
Pasemos ahora al examen de los otros instrumentos de la dominación capitalista. La Guardia Civil  célebre por las masacres de obreros en la época de la Monarquía, fue transformada en Guardia Nacional Republicana. Cierto que en Barcelona la CNT procedió a una limpieza de ésta ultima, pero la institución quedó en pie embellecida por la entrada de militantes anarquistas en su seno.
En Madrid la Guardia Civil quedó intacta guardando celosamente las cajas fuertes del capitalismo: los bancos. Solo en Valencia desapareció la Guardia Civil en donde los obreros de la Columna de Hierro (CNT) ejerciendo el acuerdo tomado por su organización de pedir a la Guardia Civil la devolución de sus fusiles, volvieron al frente para, con la amenaza de  sus ametralladoras, desarmar completamente a los guardias civiles e ir quemando los archivos de la policía.
Madrid comprendió por otra parte que en este punto valía más retirar a la Guardia Civil y a la Guardia de Asalto y dejar que se constituyeran bajo la dirección del Comité Ejecutivo Popular (una especie de Frente Popular) una G.P.A. (Guardia Popular Antifascista) que mantuviera firmemente el orden en la retaguardia.
La Guardia de Asalto que los obreros soportaron bajo la República quedó intacta y ha sido fuertemente armada en Barcelona  actualmente.
Por lo que concierne a la Dirección General de Seguridad se procedió a una simple limpieza de la institución que, por lo demás, quedó intacta. En Francia Blum renueva los funcionarios por decreto y democratiza el Estado: en España se ha renovado a los funcionarios con fusiles para “proletarizar” las instituciones capitalistas. Los anarquistas toman la Dirección general de Seguridad en Barcelona, primeramente bajo la forma de la sección de investigación del C.C. de Milicias, hoy bajo la forma de Departamento de seguridad en donde el militante de la CNT Fernández es Secretario General.
En Madrid a principios de Octubre, después de la promulgación del decreto sobre la militarización, todas las secciones de vigilancia de las organizaciones políticas o sindicales estuvieron sometidas al Departamento de la Dirección General de Seguridad. Ni en Barcelona ni en Madrid se publicaron las listas de los confidentes empleados por la policía política en las organizaciones obreras: estos resulta significativo.
Los tribunales fueron restablecidos rápidamente en su funcionamiento con la ayuda de la antigua magistratura y la participación de las “organizaciones antifascistas”. Los tribunales populares de Cataluña, tanto la primera versión como la posteriormente la versión “extremistas” (decreto del Ministro del POUM, Nin) parten siempre de la colaboración con los magistrados profesionales y los representantes de todos los partidos, aunque Nin los ha innovado suprimiendo el jurado popular. En Madrid el porcentaje de magistrados profesionales será más alto que en Barcelona pero, desde Octubre, Largo Caballero dispondrá de decretos para simplificar el procedimiento durante el curso de los juicios a fascistas, poniéndose de esta forma a la altura de Nin.
Sólo una institución será barrida seriamente en Cataluña: la iglesia y, puesto que no se trata de un elemento esencial en la dominación capitalista, dará a las masas la impresión de un cambio general mientras que es fácil reconstruir iglesias y poblarla de nuevos curas cuando el régimen capitalista subsiste en sus fundamentos.
Por otra parte si se toma otro hecho, se comprenderá inmediatamente que la iglesia no es el nudo del problema. Toda la Banca y el Banco de España quedaron intactos, y por doquier se tomaron medidas de precaución para impedir (aun con la fuerza de las armas) que las masas se inmiscuyeran. Con lo dicho acerca de la demolición de iglesias y la pasividad ante los bancos, se encuentra el hilo de los acontecimientos en el curso de los cuales las masas se vieron impelidas a demoler aquello que estuviera al margen del sistema capitalista pero no el propio sistema.
Examinemos ahora dos géneros de organismos que fueron constituidos en oposición los unos a los otros. Los Consejos de fábrica y el Consejo de Economía de Cataluña. Cuando los obreros reemprendieron el trabajo allí donde los patronos habían huido o fueron fusilados por las masas, se constituyeron Consejos de Fábrica que fueron la expresión de la expropiación de dichas empresas por los trabajadores. Aquí intervinieron rápidamente los sindicatos para establecer normas con el fin de constituir una representación proporcional de los miembros de la CNT y de la UGT. En fin, al tiempo que se efectúa la vuelta al trabajo con la petición de los obreros de la semana de 36 horas y el aumento de salarios, los sindicatos intervienen para defender la necesidad de trabajar a pleno rendimiento para la organización de la guerra sin respetar demasiado una reglamentación del trabajo y del salario.
Ahogados de inmediato, los comités de fábrica y los comités de control de las empresas donde la expropiación no se realizó (en consideración al capital extranjero o por otras razones) se transformaron en órganos para activar la producción y, por eso mismo, fueron desdibujados en cuanto a su significado de clase. No se trata ya de organismos creados en el curso de una huelga insurreccional para derribar al Estado sino de organismos orientados hacia la organización de la guerra, condición esencial para permitir la supervivencia reforzamiento de dicho Estado.
Controlados enseguida por los sindicatos y movilizados para la guerra antifascista desde el 11 de Agosto, los comités de fábrica fueron adheridos al Consejo de Economía quien, después del decreto oficial fue el organismo deliberador para establecer acuerdos en materia económica entre las diversas organizaciones representadas (3 Estado Republicano Catalán, 3 CNT, 2 FAI, 1 POUM, 3 UGT, 1 Acción Catalana, 1 Unión Republicana) y el Gobierno de la Generalitat, que ejecutará los acuerdos que resulten de sus deliberaciones.
En adelante, los obreros en el seno de las fábricas que habían creído conquistar sin destruir el estado capitalista se convertirán en los prisioneros de éste último y pronto, en Octubre bajo el pretexto de trabajar para una nueva era y ganar la guerra, se militarizará a los obreros de las fábricas. El Consejo de Economía desde su constitución se pondrá a trabajar para el socialismo de acuerdo con los partidos republicanos y la Generalitat. Ni más, ni menos. Quien realizará –sobre el papel- este “primer paso del capitalismo al socialismo será el Sr. Nin que elaborará los 11 puntos del Consejo. En Septiembre, el nuevo ministro “obrero” de la Generlitat será el encargado de realizar ese “primer paso” pero para entonces el engaño y la mistificación serán muy evidentes.
El hecho más interesante en este terreno es el siguiente: a la expropiación de las empresas en Cataluña, a su coordinación efectuada por el Consejo de Economía en Agosto, al decreto del Gobierno en Octubre dando las normas para pasar a la “colectivización”, sucedieron cada vez nuevas medidas para someter a los proletarios a una disciplina en las fábricas, disciplina que nunca hubiera sido tolerada viniendo de los antiguos patronos.
En Octubre la CNT lanzará sus consignas sindicales por medio de las cuales prohibirá las luchas reivindicativas de cualquier tipo y hará del aumento de la producción el deber más sagrado del proletariado. Aparte del hecho que hemos rechazado ya frente al engaño que consiste en asesinar físicamente a los proletarios en nombre de la “construcción de un socialismo” que nadie atisba aún, ¡declaramos abiertamente que, a nuestro entender, la lucha en las empresas no cese un momento mientras subsista la dominación del Estado capitalista!. Es verdad que los obreros deberán hacer sacrificios después de la revolución proletaria, pero un revolucionario nunca podrá predicar el fin de la lucha reivindicativa para llegar al socialismo. De la misma forma no levantaremos ante los obreros el arma de la huelga después de la revolución, pero cuando el proletariado no tiene el poder –y este es el caso en España- la militarización de las fábricas equivale a la militarización de las fábricas en no importa que Estado capitalista en guerra.
Para llegar a ser armas revolucionarias los Consejos de Fábrica hubieran debido permitir a los obreros expandir su lucha contra el Estado, pero dado que sus organizaciones se alinearon con la Generalitat esto era imposible so pena de dirigirse contra la CNT, UGT, etc. Es inútil pues hablar al respecto de dualidad de poder frente al Estado en Cataluña. Es evidente que ni en Valencia ni, con mayor razón aún, en Madrid encontramos estas formas de intervención obrera. Pero nos falta espacio para examinar con más detenimiento las iniciativas obreras en estas dos ciudades.
Antes de reemprender el análisis de los acontecimientos queríamos decir algunas palabras sobre el problema agrario. Es verdad que este terreno se produjeron numerosas innovaciones. En Cataluña fue decretada la “sindicalización” obligatoria de diversas actividades agrícolas (venta de productos, compra de material agrícola, seguros,…). Por otra parte es evidente que desde el 19 de Julio los rabasaires (pequeños propietarios) se descargaron de una serie de rentas y servidumbre, al tiempo que cuando las tierras pertenecían a propietarios sospechosos de simpatías hacia el fascismo se pasó al reparto de las mismas bajo la égida de los comités antifascistas. Pero enseguida, primero el Consejo de Economía y después el Consejo de la Generalitat de Octubre, se pusieron manos a la obra para encuadrar estas iniciativas y dirigirlas hacia las necesidades de la economía de guerra que se ponía en marcha.
El punto 11 del programa del Consejo de Economía decía ya en el mes de Agosto: “colectivización de la gran propiedad agraria, que será explotada por los sindicatos campesinos con la ayuda de la Generalitat…”. Enseguida, más concretamente en Septiembre y Octubre, la consigna de la CNT y de otras organizaciones fue la siguiente: “Nosotros respetaremos la pequeña propiedad campesina. ¡Campesinos, poneos a trabajar!”. En fin, se estará en contra de la colectivización forzosa y el Consejo de Agricultura velará para tranquilizar a los campesinos que simplemente se verán afectados en las medidas generales concernientes a la venta de productos y a la compra de material, mientras que se pondrá en evidencia que “la colectivización de la tierra debía limitarse a las grandes propiedades agrícolas confiscadas”.
Por lo que concierne a la provincia de Valencia también aquí, con el reflujo de los acontecimientos, se tenderá a construir comités de explotación de naranjas, arroz, cebollas, etc, mientras que las tierras pertenecientes a propietarios fascistas serán confiscadas por los campesinos quienes mantendrán un carácter colectivo en las explotaciones a causa de las propias necesidades del cultivo (problemas de irrigación).
En Madrid, Uribe,  Ministro comunista de Agricultura promulgará un decreto en el mes de Octubre en donde se especificará “que se autoriza la expropiación sin indemnización a favor del Estado de las propiedades agrícolas cualquiera que sea su extensión y tipo pertenecientes, el 18 de Julio de 1.936 a personas naturales o jurídicas que intervinieran de forma directa o indirecta en el movimiento insurreccional contra la República”.
En el fondo no se trata más que de medidas de guerra que en cualquier Estado burgués se toman “contra el enemigo”. La única diferencia es que los Uribe y consortes debieron tener en cuenta la intervención de las masas campesinas que, después del 19 de Julio fueron mucho mas lejos que sus decretos.
Pero, aún admitiendo que una “revolución agraria” se hubiera efectuado en España habría que probar que aquella fuera el eje de la situación y no el reforzamiento del Estado capitalista en las ciudades, que precisamente hace ilusorio toda cambio profundo y duradero en las relaciones económicas y de las bases de la agricultura en el sentido revolucionario. No pensamos zanjar todos estos problemas con la breve enunciación que debemos limitarnos a efectuar aquí.
En otro estudio profundizaremos con la documentación precisa.
La masacre de obreros.
Durante el mes de Agosto la precipitación hacia los frentes prosigue en medio del entusiasmo de los proletarios. “Amenazamos Huesca, marchamos triunfalmente sobre Zaragoza, el cerco a Teruel se lleva a cabo”. Tales serán las consignas que los obreros oirán durante meses repetidas por todas las organizaciones. Pero paralelamente cada organización intervendrá para sustituir las iniciativas de los obreros en la retaguardia por las iniciativas y decisiones tomadas en común.
El 19 de Agosto, el POUM intervendrá con un editorial en la que el sentido central es el siguiente: “los órganos regulares creados por la revolución son los únicos órganos encargados de administrar la justicia revolucionaria”.
Poco más o menos al mismo tiempo “La España antifascista”, edición de Barcelona, publicará una entrevista a Companys en donde ésta pondrá en evidencia que la CNT y la FAI son hoy los representantes del orden y que la burguesía catalana no es una burguesía capitalista (sic), sino humanitaria y progresista[3].
El 22 bajo la consigna de “Hasta el final” se organizará la expedición a Mallorca donde serán arrojados millares de obreros catalanes, de los cuales una gran parte deberán ser evacuados enseguida a Barcelona ante el silencio más completo de todos los frentes antifascistas. Esta experiencia, que probará claramente la voluntad de la burguesía “humanitaria” catalana de arrojar a los proletarios a las masacres militares, tendrá su repercusión en un mayor ligamen entre el comité de guerra del Comité Central de Milicias y el departamento de guerra de la Generalitat.
El 25, la agravación de la situación militar repercutirá en las relaciones entre las diversas organizaciones. El POUM se hará eco pidiendo que la cordialidad de los milicianos en el frente se manifieste también en la retaguardia. Respecto a la CNT, el POUM dirá que la convergencia entre el esfuerzo revolucionario de aquella y el suyo se completa, y que la unidad de acción de las masas se debe mantener a cualquier precio.
Pero, desde el 25, “Solidaridad Obrera” escribirá que en su ultimo pleno la CNT ha adoptado acuerdos concluyentes respecto al desarme del 60% de los milicianos pertenecientes a los diferentes partidos. Estos aplicarán por si mismos dichas medidas que en caso de no llevarse a cabo será la CNT quien se encargue de hacerlas adoptar por sus propios medios. La consigna central del pleno era: todas las armas al frente.
De este modo la CNT daba a entender que en lo que a ella concernía la lucha violenta en la retaguardia –en las ciudades- se había terminado y que no quedaba más que un frente en el que los obreros debían batirse: el frente militar.
Todos los partidos compartieron esta opinión y el 29 se publica un decreto del CC de Milicias: los que poseen armas deben entregarlas inmediatamente o irse al frente. A partir de entonces Companys pudo frotarse las manos con satisfacción.
Al mismo tiempo se precisará la comedia de la no-intervención. Todos los estados capitalistas y Rusia se pondrán de acuerdo para facilitar el creciente envío de armas pesadas a Franco y la expedición de columnas de obreros extranjeros a Companys y Largo Caballero. Todos los Estados velarán por intervenir en España para activar la masacre de los proletarios según el acuerdo de “no-intervención”. Italia y Alemania suministrarán armas a Franco. Blum facilitará la formación de “legiones extranjeras proletarias” (según “Solidaridad Obrera”) vigilando al mismo tiempo el envío de armas.
Desde entonces el POUM y la CNT concebirán la ayuda del proletariado internacional como una presión sobre los respectivos Gobiernos para obtener “aviones para España”. Dichos aviones vendrán de Rusia una vez la militarización haya sido aplicada y los obreros españoles se encuentren ya en la imposibilidad de escapar a la masacre de Franco. Pero examinaremos esto más a delante.
El 1 de Septiembre el Sr. Nin, en un mitin del POUM, defenderá la tesis de que“nuestra revolución es más profunda que la efectuada en Rusia en 1.917”. ¿Será esta la razón por la que en España se incitará a las masas a hacer la revolución sin echar por tierra el Estado capitalista?. Para Nin la originalidad de la revolución española consistirá en que la dictadura del proletariado será ejercida por todos los partidos y organizaciones sindicales (incluidos los partidos de la izquierda burguesa del Sr. Companys). Pero el 1 de Septiembre cuando se entraba en la fase de la caída de Irún, los periódicos de Barcelona, y “La Batalla” en primer lugar, lanzaban el grito de júbilo –“la caída de Huesca es inminente”, y al día siguiente se gritará“estamos en las primeras casas de Huesca”, pero los días y las semanas pasarán sin resultados y finalmente se cuchicheará que el comandante en jefe de las fuerzas gubernamentales es un traidor y que es por su culpa que... El día 2, el POUM “profundizará” la revolución liquidando su organización sindical dentro de la UGT so pretexto de inyectar a ésta una dosis revolucionaria. Pero la derrota de Irún llegará pronto y con ella la traición de elementos del Frente Popular. En “La Batalla” y la “Soli” se desencadenará una campaña contra los que, como Prieto, desearían realizar un compromiso con los fascistas.
¿Qué ha pasado en Badajoz?, ¿qué pasa en San Sebastián? Preguntará el POUM. Y él mismo se contestará diciendo: hace falta un Gobierno obrero.
La CNT y los social centristas de Barcelona reaccionaron frente a la aventura de Mallorca y la traición de Badajoz e Irún desencadenando una fuerte campaña por el mando único de las milicias y la centralización de las mismas. Pero en ese momento la atención de las masas se volverá hacia Huesca y por todas partes se dirá “se ha completado el último cerco a Huesca y su caída es inminente”.
Entonces es cuando debuta el Gobierno de Largo Caballero que se presentará como un “programa constitucional” y propondrá como tarea el mando único de la guerra. Badajoz e Irún serán pronto olvidadas cuando los nacionalistas vascos entreguen San Sebastián a las tropas de Franco, se constituirá un departamento vasco en el Gobierno de Largo Caballero que elaborará un estatuto jurídico para el Estado libre del país vasco.
Largo Caballero, que ha intentado arrastrar a la CNT a su ministerio se contenta con el sostén técnico de la misma y,  pasará a la organización de la derrota de Toledo y de la caída de Madrid.
Antes de esto el POUM había saludado el Gobierno de Largo Caballero como un Gobierno progresista en relación con Giral, pero había declarado que para ser verdaderamente obrero debía incorporar a todos los partidos obreros y, en primer lugar, a la CNT y la FAI (y, del mismo modo, también al POUM).
Por estas razones mantenía su consigna de una Gobierno obrero apoyado en una Asamblea Constituyente de obreros y soldados. “Mundo Obrero”, el órgano de los centristas madrileños, con varios ministros en el Gobierno lanzará la consigna de “todo para el Gobierno y por el Gobierno”.
El día 12 se está todavía “ante las primeras casas de Huesca”. Pero el 13, aun no se había tomado Huesca, será necesario intentar normalizar la situación en Cataluña en previsión de una guerra larga. La CNT se dirigirá a los campesinos para afirmar que no quería colectivizar más que las grandes propiedades mientras que respetaba la pequeña propiedad: “¡al trabajo campesinos!” será su consigna. El POUM expresará públicamente su acuerdo y continuará arrastrándose de forma lamentable detrás de la CNT, a la que tirará flores regularmente pese a que ésta se dedica a despreciarlas públicamente.
El día 20 partirá en Madrid una campaña a favor del restablecimiento de un ejército regular, siendo los centristas quienes la empiecen. El POUM aceptará el principio de un ejército rojo. La CNT se callará desdeñosamente y pasará a la organización del pleno nacional de sus regionales en Madrid.
Las decisiones de éste ultimo fueron las siguientes: comenzar la campaña para obtener la creación de un Consejo Nacional de Defensa, apoyado por Consejos Regionales, cuya finalidad será la lucha contra el fascismo y la construcción de unas nuevas bases económicas. La composición del Consejo Nacional de Madrid deberá ser: 5 representantes de la UGT, 5 de la CNT y 4 de partidos republicanos. La presidencia del Consejo será para Largo Caballero mientras que Azaña quedará a la cabeza de la República. Su programa comportaba el mando único y la supresión de las milicias voluntarias, etc.
En torno a estas posiciones se desencadenaron inmediatamente vivas polémicas. Pero había dos hechos esenciales que se daban por supuestos: los anarquistas participarían en los ministerios a condición de que estos cambiaran sus nombres, lo que no es muy difícil, dirá “Claridad” órgano de Largo Caballero. En definitiva, los mismos que el día 2 de Agosto recomendaban a los obreros de Barcelona que rehusaran hacerse soldados para ser milicianos del pueblo, aceptaban ahora el principio de la militarización.
Entre tanto la situación militar se agrava. Toledo está a punto de claudicar y, en contrapartida, se seguirá estando “en las primeras casas de Huesca”. Se precisa ya la amenaza sobre Madrid.
El 26 se abre la crisis del Gobierno de la Generalitat. Al día siguiente se constituye un nuevo Gobierno en el que participan la CNT, el POUM y los social-centristas. El programa de este “Gobierno obrero”, en el que los partidos de izquierda burguesa participan como expresión de la pequeña burguesía, comporta el mando único, la disciplina, la supresión de los voluntarios, etc.
Algunos días después Largo Caballero estima que ha llegado el momento para promulgar el famoso decreto sobre la militarización de las milicias y la aplicación del código militar en este nuevo ejército regular. En Madrid el decreto será aplicado a partir del 10 de Octubre; en las regiones periféricas, donde será necesario durante un tiempo maniobrar frente al proletariado, se aplicará a partir del 20. La constitución del nuevo Consejo de la Generalitat y el decreto de Caballero, llegarán a tiempo para impedir que el proletariado plantease estas dos cuestiones: ¿Qué ha pasado en Toledo?, ¿Por qué estamos siempre “en las primeras casas de Huesca”?, ¿por qué Oviedo  que había sido tomada por los mineros pudo ser ganada tan fácilmente por las tropas fascistas?, ¿por qué y para quien nos hacemos masacrar?. Los Largo Caballero, Sandino, Companys, Villalba, el gran Estado Mayor, a los que se unían los Grossi, Durruti, Ascaso ¿no son los mismos que en 1.931, 1.932, 1.934 hicieron con los cadáveres de obreros una alfombra para la llegada de las derechas?, ¿podemos conocer otra cosa que no sean derrotas y masacres habiendo traidores en la dirección de las operaciones militares?.
Los obreros no tienen tiempo para platearse estos problemas que significarían el abandono de los frentes y el desencadenamiento de la lucha armada tanto contra Largo Caballero como contra Franco. Los proletarios no tienen tiempo de entrever este camino, que sería el único donde podrían encontrar una posibilidad de acabar con el fascismo habiendo acabado también con el capitalismo. El nuevo Consejo de la Generalitat los detiene en Cataluña y el decreto sobre la militarización de Madrid interviene en las demás regiones con la amenaza de graves sanciones.
Los acontecimientos se suceden ahora con rapidez. En Cataluña un simple decreto disuelve el Comité Central de Milicias (que conservaba un aspecto revolucionario frente a las maniobras del capitalismo) porque, dirá García Oliver, delegado de la CNT, “ya estamos representados en el Consejo de la Generalitat”. Todos los comités antifascistas fueron disueltos y remplazados por los Ayuntamientos. Ninguna institución del 19 de Julio sobrevivirá, y un segundo decreto precisará que toda tentativa de reconstruir organismos al margen de los ayuntamientos constituye un acto delictivo.
El 14 de Octubre aparecerán las consignas sindicales de la CNT: decreto de movilización y militarización en Cataluña. Ese mismo día en que el buque soviético “Zanjarin” hará escala en el puerto de Barcelona para remarcar pomposamente que la URSS había roto la política de “no-intervención” y corría por fin en ayuda de los obreros españoles.
Las consignas de la CNT tendieron a prohibir absolutamente “mientras estemos en guerra” las reivindicaciones sobre las nuevas bases de trabajo, sobre todo si venían a agravar la situación económica. Dichas consignas afirmaban que en las producciones que tuvieran una relación directa o indirecta con la lucha contra el fascismo no se podrá exigir que sean respetadas las bases del trabajo, ni en salarios ni en jornada. En fin, los trabajadores no podían pedir remuneraciones por las horas extra efectuadas en las producciones útiles para la guerra antifascista y debían aumentar la producción respecto al periodo anterior al 19 de Julio.
Los sindicatos, los comités y delegados de taller y obra, serán los encargados de aplicar dichas consignas con “la ayuda de los revolucionarios”.
La militarización de las milicias sustituirá la captación de proletarios y campesinos, para dejarlos en el frente en nombre de la guerra por el “socialismo”, por el llamamiento a las clases y luego a toda la población con el fin de oponer al fascismo la “nación armada” en “lucha por la libertad”.
El POUM y la CNT tendrán que maniobrar para cegar a las masas y disfrazar la militarización como una “necesidad vital” que su “constante vigilancia de clase” (¿?) impedirá que se transforme en un instrumento de estrangulamiento de los obreros. Pero el caso es que la militarización se aplicará estrictamente. En el fondo mostrará como el capitalismo llega a crucificar al proletariado en los frentes, en donde Largo Caballero y sus aliados “revolucionarios” prepararán minuciosamente las catástrofes militares. En adelante la masacre de los obreros en España tomará la forma de una guerra principalmente burguesa en  la cual, con dos ejércitos regulares: el “democrático” y el fascista, serán masacrados los obreros.
El mismo día en que el decreto se aplicó en Barcelona atracó el Zanjarin, buque ruso que remarcó simbólicamente la vuelta de Rusia hacia España. La URSS intervendrá aportando armas y técnicos, sólo después de que la constitución del ejército regular de Largo Caballero dijera abiertamente que se trataba de una guerra burguesa. No olvidemos que al comienzo de los acontecimientos Rusia asesinaba a Zinoviev-Kamenev y a tantos otros. Ahora podrá pasar directamente al asesinato de los obreros españoles, para los cuales sus aviones y sus tanques serán un argumento de peso para su aceptación o para la aceptación de su incorporación en un ejército burgués dirigido por personas hábiles en la masacre de proletarios.
En Madrid hasta el momento de la constitución del nuevo Ministerio (o Consejo, como lo llamaban los anarquistas) la CNT más bien se oponía a la militarización. Aún en el “Frente Libertario” (órgano de las milicias confederadas de la CNT en Madrid) del 27 de Octubre encontramos esta posición: “Milicias o Ejército nacional. ¡Para nosotros, milicias populares!”. Pero también aquí de la posición de la CNT se desprende un vergonzoso oportunismo ya que, a pesar de no tener actividad en el seno del Gobierno y de no poder controlar las operaciones militares, mantendrá una posición huraña.
Como se ve Largo Caballero mata dos pájaros de un tiro reajustando su gabinete 8 días antes de su huida a Valencia. Los anarquistas entran en el “Consejo” dando de esta forma, no solamente el visto bueno a la militarización y a la creación de un ejército regular, sino también a toda la maniobra de Largo Caballero quien después de la caída de Toledo ha permitido, si no facilitado, el camino de los fascistas hacia Madrid. La burguesía dará por cada derramamiento de sangre proletaria un paso hacia la extrema izquierda. De Giral a Largo Caballero en Madrid, de Casanovas a Fábregas-Nin en Barcelona; hoy García Oliver es ministro y los representantes de las juventudes socialistas y libertarias han entrado en la Junta de Defensa madrileña.
A este ritmo se sucederán los acontecimientos. En Cataluña bajo la bandera del Consejo “revolucionario” de la Generalitat la alianza de los anarquistas con los social-centristas trata de impedir que los obreros luchen por sus reivindicaciones de clase y de mantenerlos bajo la lluvia mortífera de balas y bombas. En Madrid Largo Caballero parte hacia Valencia, pero hasta el último de los proletarios se hará matar pagando así el precio de la trágica aberración que les hizo confiar su suerte a los agentes del capitalismo y a los traidores. ¡Ah!, el General Mola tenía razón cuando decía: “Tengo 5 columnas que van a tomar Madrid, 4 alrededor y una en la propia ciudad”. La quinta columna, la de Largo Caballero y sus consortes ha acabado su obra, y se dispone a continuarla unida fraternalmente con la CNT y el POUM en las regiones. Después de Madrid será el proletariado de Barcelona y Valencia a los que el capitalismo atacará con furia.

Debemos concluir aquí nuestro análisis de los acontecimientos en España, aunque somos conscientes de la insuficiencia del análisis del periodo calificado por nosotros de “masacre de proletarios”. Volveremos sobre este periodo en el próximo número de “BILAN”. Ahora nos interesa sobre todo acabar con una breve enunciación de las posiciones que nuestra Fracción opone a la mistificación del antifascismo.
Nos dirigimos con vehemencia a los proletarios de todos los países para que no acrediten, con el sacrificio de su vida, la masacre de los obreros en España. Para que se nieguen a ir a España en las Columnas Internacionales, y en cambio comprometan su lucha de clase contra su propia burguesía. El proletariado español no debe mantenerse en el frente por la presencia de obreros extranjeros que le den la impresión de que luchan por una causa internacional.
En cuanto a los proletarios de la península ibérica no tienen ahora más que una salida, la misma que el 19 de Julio: huelga en todas las empresas, sean de guerra o no, tanto del lado de Companys como del lado de Franco; contra los jefes de sus organizaciones sindicales y del Frente Popular, y por la destrucción del régimen capitalista.
Que los obreros no se espanten de que les digan que actuando de esa manera le hacen el juego al fascismo. Sólo los charlatanes y los traidores podrán pretender que luchando contra el capitalismo, que se encuentra tanto en Sevilla como en Barcelona, se hace el juego al fascismo. El proletariado revolucionario debe permanecer fiel a su idea de clase, a sus armas de clase, y todo sacrificio que hoy haga en esa dirección será fructífero para las batallas revolucionarias de mañana.
BILAN Nº 36 octubre-noviembre 1936

[1] Excepto Asturias y Vizcaya donde el desarrollo de la industria pesada y minera ha minado las bases de la ideología anarquista.
[2] Sindicatos de empleados.
[3] Pregunta: El papel cotidiano preponderante de la CNT en Cataluña ¿No será nocivo para el Gobierno democrático?
Respuesta de Companys: No la CNT ha tomado para si los deberes abandonados por la burguesía y los fascistas que han huido: establece el orden y defiende la sociedad..., la CNT es ahora la fuerza, la legalidad, el orden.
Pregunta: ¿No cree Ud. que una vez aplastado el fascismo el proletariado revolucionario examinará a su vez a la burguesía.
Respuesta: No olvide que la burguesía catalana difiere de la burguesía de ciertos países democráticos de Europa. El levantamiento fascista ha sido su suicidio. Nuestro Gobierno, aunque burgués no defiende intereses financieros de ningún tipo, defiende a las clases medias. Hoy caminamos hacia un orden proletario. Es posible que nuestros intereses se resientan algo pero tenemos el deber de ser útiles aún en el proceso de transformación social. No queremos dar privilegios exclusivos a las clases medias. Queremos crear un derecho democrático-individual sin coacciones sociales o económicas.

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