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miércoles, enero 18, 2017

UN SONIDO DE NACIMIENTO Y DE MUERTE: BREVE DIGRESIÓN SOBRE EL FREE JAZZ JAPONÉS DE LOS 60/70 


El free jazz se desarrolla en Japón desde los años 60, y en general podría decirse que va de la mano con la radicalización y hastío con los límites del jazz tradicional por parte de una camada de músicos profesionales muy bien entrenados.

(DIGRESIÓN dentro de la digresión: Creo que en rigor sólo en esos casos podemos hablar de “free jazz”, en los otros es más bien “free chant”, puesto que a pesar de toda la inspiración, nada puede suplir la formación técnica y maestría en el instrumento que alcanzan quienes agotan el jazz desde dentro hasta quedar situados en este límite extremo…).

La figura principal del movimiento es el guitarrista Masayuki Takayanagi (alias “Jojo”), que ya en 1962 funda un colectivo inspirado en la AACM (Asociación para el Avance de la Música Creativa) de Chicago, con el nombre de New Century Music Research Workshop (empleo el nombre que da A. Cummings en el texto “Érase una vez en Shinjuku”, contenido en el N° 261 de la revista inglesa The Wire, nov. de 2005 , y que podríamos traducir como "Taller de Investigación de la Música del Nuevo Siglo"), e inició una serie de conciertos de día viernes en un local llamado Gin Paris. Poco después hay un receso dada su detención por porte de drogas, pero hacia 1969 se produce una ferviente actividad. Su banda New Directions, formada además por el bajista Motoharu Yoshizawa y el baterista Yoshisaburo Toyozumi (alias “Sabu”) graba su álbum debut, Independence-tread on sure ground, y se suceden las tocatas en un nuevo local, el New Jazz Hall. Un cuarteto formado por Jojo, Yoshizawa, el baterista Masahiko Togashi más el saxo tenor de Mototeru Togashi graba el álbum We now create.

Ese mismo año 1969 se lanza un film del director Masao Adachi, Renzoku Shasatsuma (Serial Gunman), cuya banda sonora está a cargo de Togashi y Takagi, editada bajo el nombre Isolation, y New Directions alcanza a sacar un álbum en vivo: Free Form Suite, para seguir en 1970 con dos importantes piezas más: Call in question, y Live Independence. Hace años había que vender un riñón para conseguir algo de esto. Ahora circula “libremente” por todas partes.

El sobreviviente baterista Sabu recuerda que en el primer ensayo Takayanagi llegó dando las siguientes “reglas”: “Tocar fortissimo, no repetir nunca una misma frase, no escuchar lo que los demás están tocando”. A esa modalidad de improvisación la denominaba Mass Projection. La modalidad más calma y silenciosa era llamada Gradually Projection.

En las partituras que Jojo Takayanagi llevaba, había partes en que todo el pentagrama estaba marcado con plumón negro grueso. Eso quería decir: “llenar todo el espacio”. Consultado por la prensa acerca del ensordecedor volumen a que tocaba su ensamble New Directions, el guitarrista contestó que “mientras más información uno quiere transmitir, se necesita mayor amplificación”.


Hacia mediados de 1970 la actitud de Jojo denunciando a los que se subían al carro del free jazz por moda le había causado problemas con demasiada gente, e incluso con los otros dos miembros de New Directions. En ese momento fue que se produjo lo que probablemente sea el clímax más hermoso de esta historia: las colaboraciones con el joven saxofonista alto Kaoru Abe (que en el bello año de 1969 tenía recién la hermosa edad de 20 años), tal vez la única alma gemela capaz de hacerle el peso a Masayuki Takayanagi (harto más viejo: nacido en 1932), y quien a diferencia de todo el resto de ese puñado de músicos, no tenía estudios musicales formales y se había formado de manera totalmente autodidacta en su Kawasaki natal, practicando entre la orilla del río y una ruidosa autopista. Él decía que se sentía como una especie de hijo bastardo de Billie Holiday y Eric Dolphy. La imagen de Kaoru Abe interpretado por él mismo ensayando al lado del río fue llevada a la pantalla grande por Koji Wakamatsu en 1978 -el mismo año en que Abe murió-, en el film Jusannin Renzoku Bokoma, sobre un violador serial de 13 años.

El productor/escritor Aquirax Aida, personaje clave en toda esta escena (entre otras hazañas, logró llevar a territorio nipón a grandes exponentes de la música libre como Milford Graves, Derek Bailey y Steve Lacy), juntó a los dos titanes en un día de mayo del año 1970. El resultado fue un set de 4 horas y media donde ninguno de los dos aflojó ni por un segundo: el enfoque Mass projection a tope, que en este caso sólo culminó cuando el dueño del local desconectó la electricidad. Kaitaiteki Kokan es uno de los álbums que mejor documenta este encuentro, así como hay otros en DIW que es difícil nombrar, pero que registran un Massprojection del 28 de junio de 1970 (DIW 415), más un Gradually Projection (DIW 425) en que Kaoru toca además del saxo alto un clarinete bajo y harmónica, son de los artefactos que al menos a quien esto escribe mejor le permiten hacerse una idea de lo que estaba en juego en esos encuentros.

Si, como hace ver Cummings, el debut de New Directions parecía más emparentado con la improvisación europea tipo AMM o Spontaneous Music Ensemble que “con los violentos éxtasis de la ‘fire music’ americana”, creo que los albums posteriores, pero sobre todo los dúos entre Abe y Takayanagi son, por el contrario, violencia y éxtasis, fuego y hielo en estado puro, o, como una vez dijo Abe: “un sonido que viene de la muerte y del nacimiento”.

Kaoru Abe murió el 9 de septiembre de 1978, por una sobredosis de tranquilizantes (97 pastillas brovarin).  Koji Wakamatsu hizo años después una película sobre Kaoru Abe llamada Endless Waltz, donde se puede apreciar su recreación de este ambiente, aunque centrado tanto en la música como en la tormentosa relación de Kaoru con su esposa: la hermosa escritora, modelo y actriz erótica Izumi Suzuki.


En mi caso, fue gracias a la observación de un fragmento de dicha película que pude conocer a la gloriosa banda Fushitsusha, que aparece en un breve pero intenso momento.

Poco después, en diciembre del mismo año, muere Aquirax Aida, cuya relevancia como promotor de esta escena y como escritor podría ser comparada a la de Lester Bangs y Amiri Baraka

Takayanagi por su parte siguió tocando y siendo bastante odiado por el medio musical japonés. Recuerdo que una vez el guitarrista gringo Henry Kaiser (si los punk rockers no lo ubican estamos en problemas, pues editó varios de sus albums en SST records) contó como anécdota que cuando fue a Japón le preguntaron acerca de sus gustos e influencias niponas, y mencionó a Jojo: como resultado varios periodistas y músicos le aplicaron la ley del hielo.


Entre sus ensambles posteriores se cuenta uno dedicado a la música de guitarras latinoamericana: Loco Takayanagi y los Pobres (¡y a uno que le extrañaba que Ground Zero versionara “El derecho de vivir en paz” de Victor Jara!) También es de destacar su intervención solista grabada y editada como Action Direct (1985). Murió en 1991, por problemas en un órgano muy importante: el hígado.

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miércoles, diciembre 28, 2016

Contribuciones a la crítica de la economía política: otro capítulo/Kaoru Abe, Mort á crédit (1975) 

En estos días de calor y confusión mental generalizada, nada mejor que no tomar sol, y quedarse a la sombra de lo que se pueda estudiando las antiguas revistas COMUNISMO para manejar bien el ABC de todo anticapitalismo serio: la crítica de la economía política. Siguiendo el ejemplo de los grandes maestros, recomiendo refrescarse el gaznate con cerveza. Si Ud. no sigue a los grandes maestros (Engels, Marx, Bakunin...) y es abstemio o "straight edge", puede leer igual (aunque dudo de que vaya a comprender todo bien: demasiadas neuronas estorban), pero tómese entonces un buen jarro de agua de la llave. Es más barato, y además las bebidas y jugos sintéticos son pura mierda y hacen peor que una cerveza, por más degradada que esté la mayoría de las marcas que se consiguen hoy en día. Como banda sonora de esta exploración, nada mejor que "Mort á crédit", el album doble de grabaciones solistas de Kaoru Abe en saxo alto y sopranino, producido por el gran Aquirax Aida en 1975.



CO21.1.2 Contribuciones a la crítica de la economía: Primera serie de textos: delimitación de nuestra crítica de la economía: Objeto y método, su relación dialéctica.

Economía política y economía vulgar: Definición
En este parte de nuestro trabajo realizamos un conjunto de definiciones necesarias, en cuya contraposición se define la crítica de la economía política y que como tales son sus presupuestos. Se trata de precisar las grandes concepciones acerca de la realidad económica (de la «economía») que la sociedad presente produce como su propia afirmación (economía política y economía vulgar), y de especificar sus características principales: su objeto, su método y su función social (8).
Por las mismas razones ya expuestas en el primer texto, acerca de las dificultades de la exposición, la que se realiza en esta parte del texto sólo adquiere su significado total y por lo tanto se comprende su necesidad con la definición de la crítica a la economía.

2.1. Distinción entre economía política y economía vulgar

Hace más de un siglo Marx establecía la distinción fundamental entre economía política y economía vulgar, definiendo a una en oposición a otra:
«Entiendo por economía política clásica toda la economía que desde W. Petty investiga la concatenación interna del régimen burgués de producción, a diferencia de la economía vulgar que no sabe más que hurgar en las concatenaciones aparentes, cuidando tan sólo de explicar y hacer gratos los fenómenos más abultados, si se nos permite la frase, y mascando hasta convertirlos en papilla para el uso doméstico de la burguesía los materiales suministrados por la economía científica desde mucho tiempo atrás y que por lo demás se contenta con sistematizar, pedantizar y proclamar como verdades eternas las ideas banales y engreídas que los agentes del régimen burgués de producción se forman acerca de su mundo, como el mejor de los mundos posibles.» (9)
La distinción sigue siendo totalmente válida, pertinente y de gran utilidad en la crítica de las doctrinas económicas, aunque ella no se traduzca en absoluto por una separación neta de «escuelas» (10) como se ha pretendido. Aunque hoy, como el propio Marx lo había explicado y pronosticado (11), la economía política haya dejado de existir como expresión orgánica con características totalmente propias y diferentes como habían sido los escritos de Smith, Ricardo y otros, dado que incluso sus mejores expresiones actuales (keynesianos, neoricardianos, marxistas) oscilan permanentemente y se inclinan hacia la economía vulgar, sin que se pueda básicamente distinguir en tal o tal autor a que concepción de base pertenece; la distinción entre éstas sigue siendo fundamental, dado que no se trata de encasillar a tal o tal autor, sino comprender el tipo de concepción posible y la determinación de éstas como producto de las relaciones de producción. Así por ejemplo es fundamental comprender el cambio necesario de concepción que debe realizar el economista estalinista y postestalinista que pasa de la economía política a la vulgar. En efecto, este define la economía como lo hacía la economía política, tiene básicamente su misma teoría del valor (teoría que denomina del “valor trabajo”), busca el mismo tipo de leyes en la economía (objetivas, sociales...), incluso acepta la lucha de clases... pero olvida todo esto cuando se trata de analizar su propia sociedad mercantil. Si bien no llega hasta la religiosa fórmula trinitaria, niega la lucha de clases pretendiendo que ha desaparecido a pesar de la existencia inocultable del salario, del dinero...; sustituye la búsqueda de leyes objetivas y sociales por una lógica de la elección; considera incluso que el valor de una mercancía puede determinarse por la utilidad social, aceptando por lo tanto una concepción subjetivista del valor en una sociedad mercantil. Realiza además la apología del mundo de la mercancía y su armonía («Ley de desarrollo armonioso de la economía nacional»), redefine la economía, como cualquier economista vulgar, como una ciencia al servicio de la optimización en la utilización de ciertos medios escasos para la realización de fines múltiples.
Para caracterizar adecuadamente las diferencias básicas entre economía política y economía vulgar, se requiere exponer brevemente el objeto y el método de cada una de las dos grandes concepciones. Sin embargo una aclaración previa se impone. Varios autores han intentado clasificar las escuelas de economía y cuando se dicen marxistas tienen necesariamente que hablar de la «economía política» y de la «economía vulgar». Pero lo que termina desnaturalizando totalmente ambas categorías, como concepciones totalizadoras, es cuando a esas dos «corrientes» se le agrega una tercera «escuela»... ¡y hasta una cuarta!
Es el ejemplo de Oskar Lange, en La economía en las sociedades modernas, que en la explicación de las teorías económicas burgueses, luego de exponer la economía política y la economía vulgar, agrega primero lo que llama escuela histórica, que a su vez divide en «vieja escuela histórica» (Rocher, Hildebrandt, Knies...), joven escuela histórica (de Schomoller, Bucher y Lujo Brentano...), más otros autores como Sombar y Weber; y segundo el institucionalismo (Veblen, Mitchell, Comons... y más tarde Hobson).
Con esto lo único que hace Lange es demostrar que no comprendió en absoluto lo que es una concepción general en «economía», dado que las categorías «economía vulgar» y «economía política» no existen para enumerar las tendencias, las opiniones, las escuelas, sino que caracterizan una real concepción del mundo y que como tales, y al interior de la economía política, sólo hay dos concepciones posibles.
Así, se puede tener una teoría objetiva del valor, se puede adoptar una subjetiva y en la mayoría de los casos las doctrinas económicas mezclan ambas, pero la pretensión de inventar una teoría del valor de un tipo esencialmente diferente es un absurdo y necesariamente recurrirá a los elementos objetivos del valor (independientemente de la voluntad de los hombres) y/o se reconocerá en la ideología subjetivista (dependiente de la utilidad que un objeto brinda).
Escuelas, opiniones, tendencias, existirán decenas, cientos o miles, según el criterio de clasificación utilizado, pero la contradicción economía vulgar-economía política no puede tener tres polos, ni cuatro, sino necesariamente dos, aunque (y esto constituye el abc de la dialéctica) la síntesis de ambos constituya una tesis que dé origen a una nueva antítesis (crítica de la economía). En realidad es tan absurdo pretender encontrar una nueva concepción, una tercera concepción en economía, como pretender que además del idealismo y del materialismo podría existir en la filosofía otra concepción. El hecho de que tal o tal tendencia, escuela, autor... no mantenga todas las características de las concepciones de base, y que se vea que ellas oscilan entre una y otra, y hasta a veces toman lo peor de cada una (por ejemplo el idealismo lógico-formal), lejos de suponer la inutilidad o la superación de la contradicción fundamental de concepciones, confirma toda su validez.
Claro está que para caracterizarlas brevemente como haremos aquí es necesario referirse a las escuelas más representativas de cada una de las concepciones. Por lo dicho anteriormente para caracterizar la economía política debemos referirnos a los economistas clásicos y para caracterizar la concepción vulgar de la economía tomaremos a los subjetivistas (que son algo así como los vulgarizadores de la economía vulgar) en su variante dominante: la escuela neoclásica.

2.2. Objeto y método de la economía política

La economía política parte del análisis de la realidad económica, de la existencia y de las contradicciones de clase, y a partir de esto delimita su objeto. Su máximo exponente, David Ricardo, delimita así el objeto de la economía política: «Los productos de la tierra, es decir todo lo que se retira de su superficie a través de los esfuerzos combinados del trabajo, de las máquinas y de los capitales, se reparten entre las siguientes tres clases de la comunidad, a saber: los propietarios terratenientes, los poseedores de fondos de los capitales necesarios para el cultivo de la tierra y los trabajadores que la cultivan. Cada una de estas clases tendrá sin embargo, según el estado de la civilización, una parte muy diferente del producto total de la tierra bajo el nombre de renta, ganancia del capital y salarios, y esta parte dependerá en cada época de la fertilidad de la tierra, del crecimiento del capital y de la población, del talento, de la habilidad de los cultivadores, en fin de los instrumentos empleados en la agricultura. Determinar las leyes que rigen esta distribución, he ahí el principal problema de la economía política.» (12)
Sin embargo, teniendo en cuenta el conjunto de la obra de todos los autores clásicos, nos parece totalmente pertinente considerarlos también parte del objeto de la economía política, determinar las leyes que rigen la producción de lo que será distribuido. En efecto, de hecho estudian las leyes que regulan la producción y distribución en la sociedad. Esto último concuerda con la definición que da Engels de la economía política: «La economía política [...] es la ciencia de las leyes que rigen la producción y el cambio de los medios materiales de subsisten en la sociedad humana» (13).
Lo más decisivo e importante de la economía política, lo que la hacía erigirse en tanto que ciencia, en la época del apogeo del materialismo y el positivismo, es ese reconocimiento de que la realidad objetiva obedece a determinadas regularidades, que pueden ser investigadas, analizadas y enunciadas en tanto que leyes de la economía política (14). El análisis propiamente dicho de esa realidad económica llevó a la economía política, como paso analítico primero y fundamental a establecer que el trabajo es la fuente de todas las riquezas de las naciones y a considerar la teoría del valor-trabajo como la piedra principal de la economía política.
En cuanto al método del conocimiento de la economía política es el resultante de trasladar el de las ciencias naturales al de las ciencias sociales, es básicamente materialista y positivista, parte de la observación experimental para el estudio de la realidad y procede en base a la descomposición analítica de la realidad, a la que intenta reproducir por vía del pensamiento. Utiliza la abstracción, el aislamiento de las categorías fundamentales, la concretización e intenta verificar la teoría en la realidad. Intenta por lo tanto elaborar leyes objetivas, en tanto que reproducción de las existentes en la realidad económica (en el objeto) y social. Como tal es propiamente una ciencia social.
Para terminar esta breve exposición acerca del objeto, el método y la función social de la economía política mencionaremos algunas características centrales que sólo podremos ir especificando cuando vayamos abordando la crítica a la economía política:
- es esencialmente ahistórica;
- corresponde fundamentalmente a la burguesía y específicamente a las fracciones que se denominan normalmente como «progresistas», es decir a las que intentan reformas profundas.

2.3 Objeto y método de la economía vulgar

Para llegar a los economistas vulgares actuales, los neoclásicos monetaristas, entre los cuales Friedman hace figura de representante, los economistas hicieron un largo camino, en el que se fueron separando idealmente, en nombre de la armonía y la libertad de elegir (15), de toda explicación de la sociedad capitalista cuyo desarrollo se manifestaba objetivamente como sinónimo del desarrollo de sus contradicciones y de sus catástrofes: «Cuanto más se va acercando la economía a su pleno desarrollo y más se va revelando como un sistema hecho de contradicciones, más va levantándose frente a ella su elemento vulgar, nutrido con las materias que a su manera se va asimilando, hasta convertirse en un sistema especial que acaba encontrando su expresión más genuina en una amalgama desprovista de todo carácter. A medida que la economía va ganando en profundidad tiende a expresar sus propias contradicciones y paralelamente con ello se va perfilando la contradicción con su elemento vulgar, a la par que las contradicciones reales se desarrollan en el seno de la vida económica de la sociedad. Al paso con esto, la economía vulgar, deliberadamente va volviéndose más apologética y pugna por hacer que se esfumen a todo trance las ideas en que se manifiestan aquellas contradicciones». (16)
La economía vulgar, cuyos orígenes pueden encontrarse en la economía política vulgarizada, ha tenido un conjunto de representantes hasta llegar a sus formulaciones propias. En este eslabón intermedio encontramos por ejemplo a los economistas J.B. Say, Th. Malthus, Carey, Bastiat, Dühring, J. Mill, J.S. Mill, Senior, Jevons y otros. Menger, que es conceptuado como el fundador de la concepción subjetivista, define como objeto de la economía «la utilidad como significación del objeto para el bienestar». Sus representantes más conocidos en esa época son Walras, Pareto, Böhm-Bawerk... Con Alfred Marchall la concepción toma la forma precisa de la escuela neoclásica actual, que pregonan L. Robins, E. Scheider, P. Samuelson y tantos otros.
Todos los neoclásicos modernos se identifican con esta definición de Lionel Robbins del objeto de la economía: «La ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre fines y medios limitados que tiene diversa aplicación» (17). Así, la de E. Schneider, aunque trata de ser más completa, no contiene ningún cambio sustancial: «El dominio de la ciencia económica es aquel sector de la actividad del hombre consistente en actos de disposición de medios escasos para la realización de fines humanos que resultan de necesidades y deseos».
Como resulta de estas definiciones, no se trata de estudiar una esfera particular de la sociedad (esfera económica: producción, distribución... como es el caso en la economía política) tal como ésta es, sino de situarse en la toma de decisiones y de determinar cual sería la más «racional» en la asignación de recursos con el objetivo de obtener fines alternativos.
De ello se desprende ya que el tipo leyes que intentará determinar esa doctrina económica no son objetivas, sociales (de hecho se desconoce todo carácter social de la economía), sino subjetivas y praxeológicas, y que la economía así entendida puede ser aplicada a cualquier tipo de conducta humana que suponga la renuncia a algunas cosas para obtener tales y tales fines: puede aplicarse tanto a decisiones económicas, como religiosas, políticas, ideológicas, de utilización del tiempo libre, etc.
Dicha búsqueda de la decisión racional parte de un postulado especulativo fundamental, a saber que el hombre por naturaleza (en cualquier tipo de sociedad) busca maximizar cierta cosa (cuya denominación moderna es la utilidad). Esta concepción antropológica que se encontraba ya presente en la economía clásica, especialmente en David Ricardo, según el cual la naturaleza humana se movería por el interés personal que llevaría a la maximización de la ganancia, es el verdadero principio económico de dicha escuela. Con Senior dicho principio es definido como la obtención de riquezas suplementarias con el mínimo de sacrificio posible (o maximización de ingresos con minimización de esfuerzos), mientras que con Jevons la relación se cosifica totalmente y se define el objetivo del hombre como la obtención del máximo placer en su relación con los objetos con el mínimo de desplacer. Marshall considera que el hombre busca maximizar el bienestar material, que según él se logra mediante la posesión de bienes.
A la economía, tal como estos señores la entienden, no le interesa en absoluto el explicar dicho principio económico. El cómo es posible que el hombre tenga como objetivo dicha maximización le tiene sin cuidado, queda totalmente fuera del objeto de la economía, de ahí el carácter de postulado especulativo. Con más fuerte razón aún el hombre mismo, la génesis histórica de ese hombre que imaginan esos señores como eterno y universal, constituye un dato a priori que la economía no debe tratar. El Hombre, con gran H, es el homus economicus, el que busca maximizar la utilidad.
La utilidad es toda magnitud susceptible de ser realizada en diversos grados por lo que es susceptible de ser maximizada. Esta magnitud cuando posee contenido religioso se denomina salvación, cuando tiene contenido político se llama poder, cuando su contenido es material se transforma en ganancia, salario o ingreso, y cuando su contenido es psicológico se denomina placer... La economía se transforma por consiguiente en una ciencia formal, que se ocupa de la actividad racional encaminada a maximizar cualquier especie de magnitud.
Se renuncia por completo a la teoría del valor trabajo, y la concepción subjetiva del valor y de los precios como resultante de la teoría del consumidor y de la demanda de un lado y de la teoría de la empresa y la oferta del otro toma su lugar. En todos los casos, dado que se trata de darle la espalda a las reales y contradictorias relaciones sociales-económicas, considerando exclusivamente la relación hombre-cosa (o la relación del hombre consigo mismo en tanto que diferentes alternativas de utilidad), es exactamente lo mismo que ese «hombre» sea un agricultor medieval, un empresario industrial, un obrero explotado, un especulador de bolsa o un desocupado. Pero como cuando el economista vulgar está en pleno proceso deductivo con su homus economicus, con su hombre ideal, no quiere ser molestado por la bajeza de la realidad cotidiana del hombre real (18), imagina siempre al hombre aislado, fuera de la sociedad haciendo «la economía», lo que como Marx ha señalado es tan absurdo como imaginarse el lenguaje sin la sociedad. De ahí las robinsoneadas, que siguen incursionando con tanto éxito en las universidades y que constituyen la quintaesencia de las teorías del equilibrio.
Ya Bastiat en sus Armonías económicas escribe: «Las leyes económicas actúan según el mismo principio, bien se trata de una numerosa aglomeración de hombres, de dos individuos o incluso de uno solo, condenado por la fuerza de las circunstancias a vivir aisladamente. Este individuo si pudiera subsistir al lado durante algún tiempo sería a la vez capitalista, empresario, obrero, productor y consumidor. Toda la evolución económica se cumpliría en él» (19). La sociedad es siempre esa sociedad fantasma que resulta de la suma de «hombres» económicos, de «hombres» esencialmente aislados. Bujarin hace una rápida recapitulación de los ejemplos de esos «Robinsones económicos» (20), que aparecen en los economistas vulgares más conocidos en su época: Bühm-Bawerk y Menger. Dice así (citando en cada caso la referencia correspondiente):
«Böhm-Bawerk elige sus ejemplos para exponer sus puntos de vista: "Un hombre se encuentra cerca de una fuente de la que mana en abundancia una excelente agua potable". Con esas palabras comienza el análisis de la teoría del valor de Böhm-Bawerk. Después aparecen en escena un viajero en el desierto, un agricultor aislado del mundo entero, un colono "en su cabaña aislado en medio de la selva virgen", etc. Pueden encontrarse en Menger ejemplos del mismo tipo: "los habitantes de un oasis", "un individuo que padece de miopía en una isla desierta", "un agricultor trabajando aisladamente", etc.»
Incluso en nuestros días, los más claros representantes de la economía vulgar, no sienten ningún inconveniente en proclamar el carácter natural y universal de su ciencia; así por ejemplo Samuelson presentará los «problemas fundamentales de toda sociedad económica» en la siguiente forma:
«Toda sociedad, sea un Estado comunista (sic-sic-sic) totalmente colectivizado, sea una tribu de polinesia, sea una nación industrial capitalista, sea una familia de Robinsones suizos o Robinsones Crusoes (y hasta casi podríamos agregar un panal de abejas) debe resolver de alguna manera tres problemas económicos fundamentales, a saber:
1. ¿Qué bienes ha que producir y en qué cantidades? O dicho de otra forma: ¿Cuáles de las múltiples mercancías (21) y servicios deben ser producidos y en qué proporciones?
2. ¿Cómo deben ser producidos esos bienes? O dicho de otra forma: ¿Por quién, con qué recursos y con qué tipo de procedimientos técnicos?
3. ¿Para quién esos bienes deben ser producidos? O dicho de otra forma: ¿Quién será habilitado para beneficiarse con las mercancías y servicios procurados por el aparato de producción? O para expresar la cuestión en términos diferentes: ¿Cómo el producto nacional total debe ser repartido entre los diferentes individuos y familias? (22)
Estas tres cuestiones son fundamentales y comunes a todos los sistemas económicos».
El método de la economía vulgar está totalmente determinado en tanto que lógica formal de la elección. Sus procedimientos principales son los de la lógica formal, la inducción y la deducción (con claras preferencias por el aspecto matemático de esta última). Pero en todos los casos el verdadero punto de partida es un conjunto de postulados especulativos que en forma inconsciente o consciente son el resultado de inducir, generalizar ahistórica y asocialmente, una cierta observación. La observación, la experimentación... no constituyen nunca lo que le da vida a la exposición, sino que en todos los casos se parte de supuestos (23), postulados, y luego a través del procedimiento lógico deductivo se elaboran las leyes a las que el comportamiento de los sujetos económicos debiera amoldarse. La economía vulgar no se preocupa de explicar cómo llega a aquellos supuestos, ni siquiera es totalmente consciente del proceso observación-inducción que sin embargo opera, sino que tanto la investigación como la exposición comienzan con el razonamiento deductivo, y considera la ciencia como sinónimo de la deducción, y la verificación como idéntico a la coherencia interna del modelo, «verificación» a la que la matemática, la econometría, etc. le daría mayores garantías. Es bastante conocida esa religiosidad cuantitativa ‑lógico formal‑ que domina la «ciencia económica contemporánea»; ha sido también criticada la irrealidad de los supuestos que asume; pero ha sido menos criticado el método inductivo de elaboración de tales supuestos, lo que objetivamente le hace el juego a la economía vulgar, al criticar sólo la parte que ésta decide exponer. Por otra parte es precisamente en este procedimiento donde aparece más claramente la real vinculación de la economía con la realidad, en tanto que teoría de una clase social específica, la burguesía; en la defensa de un modo de producción especifico, el capitalismo.
Basta preguntarse de dónde salen todos los supuestos especulativos de los economistas vulgares para encontrar en este mundo su respuesta. ¿De dónde sale ese postulado que recorre toda la economía vulgar en más de un siglo de existencia, de que el objetivo del hombre es el de maximizar la utilidad, el de poseer el máximo bienestar material, etc.? Ni más ni menos que del capitalista real, de carne y hueso. La inducción opera precisamente en general en forma inconsciente, tanto para el capitalista como para su economista, que se imaginan que el mundo funciona y funcionó siempre a su imagen y semejanza, que él es la naturaleza del hombre realizándose. Con ese salto de lo particular a lo general, de ese tipo particular y limitado, de una sociedad particular y limitada, se construye el hombre general, el hombre por naturaleza, y la sociedad general y natural.
De la misma manera se procede con todos y cada uno de los otros grandes postulados especulativos: la existencia de un determinado marco institucional jurídico político, la existencia de una escala de preferencias para el consumidor (denominada también función de utilidad), las estructuras técnicas dadas (sobre la base de las cuales se elaboran lo que se denominan funciones de producción). Por lo tanto los postulados especulativos no son solamente ideales e incapaces de reflejar la realidad, como se ha insistido muchas veces, sino que expresan esa realidad caricaturizada como resultado de la idealización que hace el capital de sí mismo.
Las leyes de la economía vulgar son pues básicamente formales y praxeológicas, obtenidas por la idea y la razón pura, no admiten ninguna contrastación con la realidad económica; son asociales, ahistóricas y como además se obtienen básicamente a partir de postulados especulativos son especulativas. La función social es básicamente la de trasladar al lenguaje de la ciencia las ideas que los agentes de la producción burguesa se hacen de la sociedad, ocultar los antagonismos reales, realizar la apología de la misma al igualarla a su polo positivo (24) y representa básicamente los intereses de la fracción de la burguesía que se considera conforme con el statu quo, con la que se denomina normalmente conservadora, reaccionaria (25). Es a esta fracción propietaria de empresas «públicas y privadas» que esta economía brinda sus mejores servicios, no sólo como justificación, defensa, apología, sino también como instrumental técnico deductivo para la asignación de recursos en forma coherente con la maximización de la tasa de ganancia y en general para la administración de los negocios. Este último punto es demasiadas veces despreciado por la economía política, que contenta de poder ridiculizar por su desvinculación total con la realidad social a los economistas neoclásicos, no comprende la validez técnica (precisamente no como ciencia, sino como lógica formal de la elección) de la economía neoclásica. Sin embargo esta última se sigue demostrando como mucho más apta para la toma de decisiones empresariales y estatales en coherencia con las necesidades del capital (lo que constituye su verdadero objetivo), mientras que la economía política como concepción prosigue su plena decadencia y termina siempre haciendo entrar por la ventana lo que expulsa por la puerta: critica hasta el cansancio a la economía vulgar hasta que le toca administrar al capital y en este caso se vulgariza totalmente. Una confirmación irrefutable de dicha tesis es la importancia siempre creciente de la enseñanza de una «economía» cada vez más neoclásica en los países cuya doctrina de Estado es la economía política: Rusia, Polonia, Cuba...

2.4. Oposición fundamental entre economía política y economía vulgar

Esquemáticamente y sin pretender ser exhaustivos podríamos señalar los siguientes aspectos como los fundamentales de la oposición economía política y economía vulgar, lo que servirá al mismo tiempo de síntesis del capitulo:
1. Mientras la economía política estudia la realidad trata de poner al descubierto las leyes sociales que regulan la producción, la distribución y el consumo, lo que la lleva a aceptar la existencia de contradicciones sociales y de la lucha de clases en su propia teoría; la economía vulgar ni siquiera tiene por objeto el estudiar el ser de las cosas, sino que estudia las reglas que debiera adoptar la actividad humana para maximizar cierta magnitud considerada el fin de la actividad económica (utilidad). Cuando se refiere a la realidad económica y a la lucha de clases, lo hace saliéndose de su propio objeto de estudio y considera dichas realidades no como algo inherente a la sociedad del capital, sino como ciertas alteraciones (es así que se introducen los monopolios ‑«competencia imperfecta»‑, los sindicatos, etc.) con respecto a ese mundo de Robinsones y competencia perfecta donde elabora sus categorías y realiza sus elucubraciones deductivas.
2. El tipo de leyes que elabora la economía política pretenden ser objetivas ‑sociales e históricas (26)‑ en un doble sentido, en el de reflejar las leyes que existen en la realidad misma de las cosas (27) y en el de reconocerlas como ajenas a la voluntad de los hombres; mientras que por el contrario las de la economía vulgar parten precisamente de la voluntad de los hombres, de la motivación individual (28) e intentan «racionalizar» el comportamiento económico de los hombres, es decir asegurar la maximización del fin perseguido; esas leyes son por lo tanto praxeológicas.
3. Esta oposición en el carácter de objetivo y subjetivo de ambas concepciones en sus categorías y en la concatenación de esas categorías, es decir en las leyes, aparece notablemente concentrada en esa piedra fundamental de toda doctrina económica que es la teoría del valor de las mercancías: la economía política tiene una concepción objetiva del valor, mientras que para la economía vulgar el valor es una magnitud íntegramente subjetiva. Es decir para la economía política el valor está básicamente determinado por el tiempo de trabajo incorporado en las mercancías (29), magnitud social objetiva que no depende en absoluto de la voluntad, el placer, el desplacer, la motivación de los individuos; para la economía vulgar, que desconoce el estudio de las relaciones objetivas entre hombres y lo suplanta por las relaciones subjetivas entre hombre y cosa, el valor se va a confundir con el precio confluencia entre oferta y demanda, determinadas a su vez subjetivamente por su valor de uso, por la utilidad que experimenta un hombre de poseer esa cosa.
4. Las diferencias metodológicas están implícitas en los puntos anteriores: la economía política es esencialmente materialista y positivista, parte de la observación y la experiencia, estudia la realidad, la descompone analíticamente, vuelve a comparar esas conclusiones con la realidad, tratando siempre de aproximarse asintóticamente a la realidad por vía del pensamiento; mientras que por el contrario la economía vulgar es esencialmente idealista-especulativa, la realidad como tal no entra en el análisis, ni éste trata de reflejar aquélla (aunque sea en última instancia esa realidad la que le dicta al apologista las hipótesis, los supuestos), sino que éste procede a partir de un conjunto de postulados especulativos a partir de los cuales se opera la deducción y por lo tanto dicha economía no es más que una lógica de elección en donde se procura definir lo «racional» en concordancia con lo que se define como el principio económico.
5. Mientras que la economía política puede criticar la sociedad presente en muchos de sus aspectos y critica también su visión idealizada, la economía vulgar es básicamente una proposición de administración eficiente.
He aquí expresada sintéticamente la oposición. En los textos siguientes veremos hasta qué punto ambos polos forman una unidad, contra la cual se levanta la crítica a la economía.
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«La religión, la familia, el Estado, el derecho, la moral, la ciencia, el arte... no son otra cosa que formas especiales de la producción, hallándose sometidas a su ley general. Por tanto la superación positiva de la propiedad privada apropiándose de la vida humana (es decir el comunismo NDR) es superación positiva de toda enajenación, o sea el retorno del hombre desde la religión, la familia, el Estado... a su existencia humana, es decir social».
Marx, 1844
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Notas
8. El conjunto coherente de estos elementos esenciales, objeto, método, función social, es lo que llamamos concepción. El hecho de que esos elementos sean asumidos o no como una totalidad por los autores o que estos lo ignoren totalmente no nos interesa aquí.
9. K. Marx, El capital, FCE I, p. 45. Ver también «Teorías de la plusvalía»,Comunicación T. II, p. 392 a 398.
10. Marx señalaba ya en su tiempo que los economistas clásicos caían seguido en las aberraciones de la economía vulgar, incluso en su expresión más caricatural: la fórmula trinitaria. Ver por ejemplo El capital, FCE III, p. 768.
11. Ver «De Ricardo a la economía vulgar», en «Teoría de la plusvalía», Comunicación, T. II, p. 97 a 398.
12. Ricardo, David, Des principes de l'economie politique et de l'impot.
13. Engels, F., Anti-Dühring.
14. Es cierto, sí, que este materialismo, como todo el materialismo vulgar, estaba a su vez basado sobre un conjunto de ideas cuya relación con la realidad no se intentaba establecer, sino que se consideraba como postulado previo al análisis. Es el caso de la «visión clásica» (que fuera por primera vez expuesta sistemáticamente por Adam Smith), que consiste en concebir la economía como un mecanismo ordenado resultante de un conjunto de decisiones individuales que operan en base al mecanismo de prueba, error y rectificación y según la cual a pesar de que cada individuo al tomar tales decisiones actúa movido por su propio interés (lo que constituye el principio económico-antropológico de toda la concepción clásica) éstas se compatibilizan en el mercado como si una mano invisible orientara esas decisiones individuales en el sentido de la totalidad. Esta visión no forma arte del análisis de la realidad económica propiamente dicha, no deriva de una contrastación minuciosa teoría-realidad, no deriva de forma exclusiva de la observación de la realidad misma, sino que es un acto cognoscitivo preanalítico.
15. «Libertad de elegir» es el nombre de la última apología panfletaria efectuada por Friedman.
16. Marx, «Teorías de la plusvalía», op. cit., T. III, p. 394.
17. Robbins, L., Naturaleza y significación de la ciencia económica.
18. La economía vulgar es así el correspondiente a un hegelianismo sin dialéctica.
19. Citado por Bujarin, N., en Economía política del rentista.
20. Es curioso constatar que incluso ese «hombre económico», que es capaz de decisiones económicas, de la libertad de elegir de un Friedman, que pretende representar a todos los hombres y hasta el «H»ombre en general, sea siempre y sistemáticamente Robinson y no Viernes. He aquí la pista de la verdadera vinculación con la realidad de la economía vulgar, es una economía de los que son «libres para elegir», es una «economía de los capitalistas» y se trata de buscar las mejores formas de administrar.
21. Obsérvese bien hasta que punto la universalización y la naturalización no tiene ningún punto de partida natural y universal, sino el limitado y estrecho horizonte del burgués medio, es decir que todo parte de imaginarse como eterno, general y hasta más universal que la especie humana (¡las abejas!) lo que no es más que una forma social e histórica especifica: la producción de mercancías.
22. Obsérvese de pasada que para el economista vulgar su mundo universal y natural contiene siempre: individuo, familia, nación, y porqué no, Estado nacional.
23. Los postulados fundamentales de la concepción (como por ejemplo la concepción antropológica del hombre en cualquier época y de cualquier clase buscando la máxima utilidad) se encuentran en general implícitos y ni siquiera se considera necesario explicarlos. Sólo se hacen explícitos algunos postulados de segunda categoría (no por esto más próximos de la realidad, como por ejemplo la competencia perfecta).
24. «Idealización que hace el capital de si mismo» e «igualar la sociedad en la idea a su polo positivo» son expresiones que adquirirán todo su significado en el transcurso posterior de la exposición.
25. Sin embargo no nos parece pertinente la tesis de Bujarin que la asocia exclusivamente a la fracción del capital que se retira de la actividad empresarial para vivir de rentas.
26. Sin embargo nunca lo son en su totalidad. La economía política renuncia permanentemente al carácter histórico de las leyes económicas. Marx observará que para los economistas clásicos hubo historia pero ya no la hay más. El capitalismo (o mejor dicho el polo positivo del capitalismo) es para la economía política la estación final de la historia, y para defender esa posición la economía política no renuncia sólo al carácter histórico del análisis del capitalismo, sino al análisis del pasado: todas las categorías actuales parecen existir desde siempre en la economía política. Por lo tanto si señalamos aquí que las leyes pretenden ser históricas es para señalar una contraposición real con la economía vulgar, pues la economía política se ocupa de la evolución histórica de la sociedad, pero téngase presente que este objetivo es siempre traicionado en la práctica, que en el análisis histórico se liquida siempre la historia como globalidad aunque se mantenga a veces algunos de sus episodios (por ejemplo la crítica a la sociedad feudal).
27. A estas leyes se las denomina generalmente «leyes de la economía política». Para la economía vulgar esta distinción, dado que no se trata de reproducir la realidad por vía del pensamiento, no tiene sentido: todas las leyes son leyes de la economía.
28. Sombart, resumiendo el subjetivismo, dice: «La motivación del acto económico ‑individual‑ se halla siempre en el centro mismo del sistema». Citado por Bujarin, N.

29. El hecho de que los clásicos incluso Ricardo, D., renuncien seguido a esa posición y se aproximen, a través de la teoría del «costo de producción» y de la oferta y la demanda, a las concepciones subjetivistas sólo confirma lo que señalábamos al principio del capítulo: incluso los clásicos se salen de su propia concepción, la economía política, y adoptan aspectos fundamentales de la economía vulgar.

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miércoles, diciembre 21, 2016

Escuelas de Verano: este viernes, Introducción a la Crítica de la Economía Política/Kaoru Abe (Partitas, 1973) 


Habría que estudiar todo el año y más o menos eso uno hace, en la medida de lo posible. Pero el verano suele dar oportunidades de aprender junto a más camaradas, y eso siempre es enriquecedor y debe ser estimulado y ampliado.

El viernes pasado ya fue la primera sesión de esta iniciativa. Y ahora viene la segunda patita: Introducción a la crítica de la Economía Política, más una exposición sobre el concepto de Subsunción.

Si tuviera que rehacer mi vida, o fuera preceptor de alguna persona joven, recomendaría leer estos textos de Karl Marx en el siguiente orden:

-Contribución a la crítica de la Economía Política
-Grundrisse 1 y 2
-El Capital, Libro I.
-El Capital, Capítulo VI inédito.

Como ya no lo hice así, ni soy preceptor ni educador de nadie, recomendaría ir este viernes, y tratar de leer previamente por lo menos la serie que en su momento (mediados de los 80) publicaba la revista COMUNISMO del GCI, partiendo por esto (recomendando encarecidamente escuchar mientras se lee este notable album solista del gran saxofonista japonés Kaoru Abe: Partitas, de 1973, que en sí mismo opera como una poderosa crítica de la alienación):



CO21.1.0 Presentación de la rubrica
"Contribuciones a la crítica de la economía"

«Toda la mierda de la economía política desemboca en la lucha de clases.»
Marx

Los escritos que siguen inauguran en Comunismo una sección específica con el objetivo de contribuir a la crítica de la economía. Hasta el momento en Comunismo, al lado de los artículos sobre distintos aspectos de la lucha de clases, de afirmación programática, hemos tendido –con mayor o menor regularidad– a ir creando un conjunto de rúbricas como «Memoria obrera», «Subrayamos», «Perlas de la burguesía»...

En qué medida la problemática de la crítica de la economía no es algo separado de la lucha revolucionaria contra el capital, en qué medida no es algo teórico en oposición a la práctica de la guerra social, quedará sumamente clarificado en la primera serie de textos de esta rúbrica, que tienen por objeto la delimitación de nuestra crítica de la economía: objeto y método, su relación dialéctica. Quedará también claro que todas las tentativas de hacer una «economía marxista» son parte de la ideología contrarrevolucionaria, que la praxis de la crítica de la economía es la lucha revolucionaria en su conjunto y que el sujeto de la misma no es tal o tal teórico o reformador del mundo, sino el proletariado en su contraposición práctica con la economía; o mejor dicho aún, el proletariado en tanto que fuerza de abolición del orden social capitalista mundial, es decir en tanto que partido.

Pero ello no implica en absoluto desconocer la importancia de la fase teórica de la crítica de la economía, ni la de las principales contribuciones a dicha crítica (que para nosotros siguen siendo fundamentalmente las obras de Marx y Engels al respecto), sino asumir la misma como parte indisociable de la guerra revolucionaria de nuestro partido histórico contra toda la sociedad actual (lo que incluye muy especialmente la crítica de todas las doctrinas económicas, de toda la economía política, y particularmente de la parte de la misma que se autodenomina economía marxista).

Que se desengañe pues el lector que pretenda encontrar en nuestra revista textos de economía, o de polémicas acerca de la «teoría de las crisis», pues es exclusivamente en el sentido que hemos expuesto que consideramos válida la realización de una rúbrica particular sobre la crítica de la economía, en la que subrayaremos la importancia de las contribuciones fundamentales de nuestro partido al respecto e iremos publicando textos elaborados por nuestro grupo (GCI) o por compañeros que hoy se sitúan objetiva, pero también voluntaria y conscientemente, en nuestra misma línea histórica de organización de la comunidad internacional de lucha del proletariado contra el capital mundial.

Antes que nada en esta rúbrica publicaremos textos que retoman el ABC de la crítica iniciada por Marx y Engels, como por ejemplo esta primera serie de textos que definirán los elementos claves de la crítica de la economía, para luego comenzar en la forma mas sistemática y sintética posible a exponer una comprensión –totalmente contrapuesta a todas las doctrinas económicas– global, histórica y substancial de la economía mundial en tanto que totalidad, es decir en tanto que capital como modo exclusivo de producción y de reproducción mundial. Dichos ejes son decisivos en la necrología de la sociedad actual, necrología que constituye a la vez el punto nodal de nuestra crítica y la clave general de la ruptura con el análisis que hace el capital de sí mismo: la economía política no es ni más ni menos que la ciencia del capital autoanalizándose, como iremos sucesivamente poniendo en evidencia.

Además, y/o conjuntamente, con contribuciones que consisten principalmente en subrayar o revalorizar aspectos ya expuestos, anteriormente a nosotros, de ese ABC (para lo cual el criterio central es siempre lo que las mayores fases de revolución y contrarrevolución, de afirmación práctica del programa revolucionario y de revisionismo reformista, han determinado como centrales), en esta rúbrica habrá aportes, es decir clarificaciones y análisis teóricos que pongan en evidencia elementos del programa nunca antes tratados a fondo. Al respecto, tal vez con mayor necesidad que en otras rúbricas, debemos destacar que este tipo de materiales de partido no pueden considerarse como materiales cerrados, acabados, sino que por las características mismas de su elaboración (exposición efectuada por uno, a lo máximo un equipo pequeño de compañeros en un momento histórico dado, pero resultante de la lucha y el esfuerzo colectivo de toda la lucha histórica contra el trabajo) muchos de ellos serán esbozos, bosquejos... En efecto, en todas las épocas una parte esencial, decisiva, del trabajo de restauración programática ha adoptado esta forma de contribuciones inacabadas, textos semielaborados, que, a pesar de ello, lejos de caer en el inmediatismo han sido fundamentales en la comprensión histórica del programa comunista como totalidad. Pensamos evidentemente en materiales como los de Marx y Engels, que si hubieran esperado a publicar su obra cuando la hubiesen terminado no conoceríamos nada de ellos porque, casi sin excepción, todos los textos decisivos quedaron en el estado de notas, manuscritos o publicaciones de partes de textos que nunca se terminaron, pero también en los de muchos otros militantes revolucionarios menos conocidos.

Ello implica desde el punto de vista de nuestro grupo el asumir explícitamente, contra toda visión democratista, que en la prensa revolucionaria deben reproducirse textos no asumidos aún por el conjunto de compañeros, contribuciones particulares sobre problemas aún no discutidos o incluso –dentro del cuadro programático global– posiciones contradictorias sobre una misma cuestión, que reflejan las discusiones existentes en el seno del grupo (¡y si no hay ese tipo de posiciones contradictorias no se trata de un organismo vivo de la clase revolucionaria, sino de un cadáver!).

Si bien desde el origen del GCI esto forma parte de nuestra comprensión, en las primeras fases de nacimiento y conformación de nuestro grupo, en las de elaboración y confección de nuestras Tesis de orientación programática (que traducen siete años de trabajo y la existencia de más de una decena de versiones sucesivas y en distintos idiomas), hemos tendido a que los materiales publicados sean el resultado más colectivo posible de nuestro grupo (1) pues la prensa era un elemento decisivo de nuestra centralización efectiva (interna y en relación a otros compañeros próximos de nuestras posiciones). En efecto, la publicación de materiales no asumidos por todos los compañeros del grupo o de materiales contradictorios puede constituir un elemento de descentralización, de desorganización, si no va acompañado de una centralización política más profunda. Es decir que es la centralización política efectiva, la solidez en la defensa de las mismas posiciones globales –especialmente en una organización como la nuestra que publica en varios países e idiomas diferentes y que busca la máxima descentralización geográfica posible– la que permite asumir correctamente la publicación de textos semielaborados, de contribuciones puntuales de un compañero, o equipo de compañeros, sin pretender que todos ni una mayoría de los compañeros del grupo asimilen, y/o acuerden con la totalidad de aportes y posturas contenidos en ellos. Internamente hemos dado pasos importantes en la homogenización y centralización política y por lo tanto creemos poder asumir la publicación de ese tipo de materiales en buenas condiciones. Con relación a nuestros lectores, simpatizantes, colaboradores... nos parece fundamental que la publicación de ese tipo de materiales sea comprendida como simultánea y convergente con la de otros que reflejan nuestra unicidad de posiciones internacionales e internacionalistas, nuestra centralización política efectiva. Al respecto en forma creciente hemos tendido a que todas nuestras publicaciones reflejen ese centralismo efectivo existente en base a afirmaciones programáticas idénticas en todas las lenguas o países en los que actuamos: mismo epígrafe en todas las publicaciones internacionales indicando sintéticamente nuestro programa (“Dictadura del proletariado para la abolición del trabajo asalariado”), publicación de una pequeña síntesis de nuestras posiciones en todas las revistas centrales (ver Comunismo nº 19, pág. 22), y sobre todo un gran esfuerzo en la traducción cada vez más frecuente de diferentes textos entre nuestras revistas centrales (francés, español, árabe, inglés, portugués). Con esa misma inquietud realizaremos una unificación de los títulos de nuestras publicaciones (todas las revistas centrales se llamarán de la misma manera y habrá una homogeneización de los títulos de las revistas locales), seguiremos multiplicando las traducciones y además daremos a conocer públicamente en todas las lenguas que podamos la versión que hemos alcanzado de nuestras Tesis de Orientación Programática (2).

Específicamente en cuanto a nuestra sección de «Crítica de la economía» usamos el mismo criterio. Por un lado es el resultado global y general del desarrollo de nuestro grupo y en especial de un conjunto de clarificaciones operadas en función de la crítica colectiva al texto aparecido en francés “La nature catastrophique du capitalisme”, que hoy consideramos no sólo que tuvo más errores que aportes, sino que globalmente no supo delimitar la ruptura con la economía política y que resta aún prisionero de una visión economicista de la obra de Marx. Por el otro, los materiales disponibles existentes, en esa misma línea, en los distintos idiomas (principalmente francés y español) no son simples traducciones, sino contribuciones de diferentes compañeros que escriben en su lengua materna. Hemos decidido pues empezar con la publicación de algunas contribuciones de base en este sentido. Aunque los temas y los textos no coincidan en francés y en español, en una etapa posterior habrá, como es lógico, traducciones en ambos sentidos.

La mayoría de los materiales de base con los que se realiza esta primera serie de textos en español, que explican lo que es la crítica de la economía y delimitan el objeto y el método de la misma, se lo debemos a nuestro simpatizante y colaborador R.A., quien desde Argentina nos hiciera llegar el borrador de parte de su libro (creemos que aún inédito): El capital y su necrología.

Para terminar esta presentación de nuestra rúbrica de crítica de la economía queremos subrayar que nuestra contribución a este eje invariante de la lucha revolucionaria lo comenzamos modestamente, porque nuestras fuerzas son modestas, pero el trabajo que tenemos por delante es inmenso e indispensable. Por lo tanto, esto debe considerarse como un llamado más a contribuir a nuestro esfuerzo. Toda contribución real a la crítica de la economía será muy bienvenida.

Notas
1. Ello no ha impedido sin embargo que la publicación de ciertos textos planteara interna y externamente problemas muy grandes por los desacuerdos evidenciados tanto antes como después de su publicación. De las distintas publicaciones de nuestro grupo, nuestra revista central en francés Le Communiste es la que ha concentrado más este tipo de problemas (hay que tener en cuenta que dicho idioma es por el momento, con respecto a otros idiomas, el comprendido por el número mayor de compañeros), en especial en los primeros números. Fueron necesarios varios años de polémicas, de fortificación de la centralización, de rupturas contra resabios leninistas y con la ideología de la economía política para que se hayan criticado abiertamente algunos textos publicados en esa época y que hoy el GCI no reconoce como suyos, como «Pour un front de classe» (Le Communiste nº 3) o «La nature catastrophique du capitalisme» (Le Communiste nº 7).
2. Si insistimos tanto en las versiones sucesivas y las que todavía vendrán es para luchar por anticipado contra el mito de tomar este tipo de plataforma como un texto sagrado. Se trata, ni más ni menos, de una presentación global y sintética del conjunto de posiciones fundamentales que orienta nuestra actividad y como tal refleja un momento del trabajo colectivo permanente de restauración programática en la línea invariante: de profundizar cada vez más precisamente las implicaciones programáticas de las determinaciones permanentes de la lucha comunista.


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miércoles, octubre 19, 2016

Gilles Dauvé critica "Calibán yla Bruja", de Silvia Federici, mientras uno escucha la última grabación de Kaoru Abe. 



Creo en la liberación humana, lo que incluye la de las mujeres y niños/as por cierto. Y creo que esa autoliberación nos impone deberes hacia el mundo animal.

Gilles Dauvé se ha referido a esas cuestiones en varios de sus escritos. Pero este que dejo acá no lo conocía, aunque algo me lo habían referido creo que unos compas en Rosario. ¡Los compas de Rosario! Qué buenos recuerdos. Había uno que nunca supe como se llamaba, que usaba una polera (aka remera) de parálisis permanente. Algún día nos toparemos de nuevo...Bueno: no perdamos el hilo: Dauvé se refiere a las críticas de Federici a Marx, en este interesante texto tomado de alasbarricadas.

La mejor compañía sonora creo que es la última grabación de Kaoru Abe, el 29 de agosto de 1978.


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Federici contra Marx

Por Gilles Dauvé. 

Calibán y la bruja (1) presenta un interés innegable: un análisis de los movimientos sociales y de la crisis de la Europa medieval, una puesta en evidencia de la dimensión sexual y de trato de las mujeres en la formación del capitalismo, y el rol de la maquinización de los cuerpos masculinos y femeninos, principalmente. Pero este libro expone también una visión del pasado y del presente capitalistas tan criticable como la perspectiva política de la que deriva.
Los orígenes del capitalismo según Silvia Federici
Numerosos lectores encuentran en Calibán y la bruja una mejora de El Capital, concretamente de su VIIIª sección. Federici escribe:
“Mi descripción de la acumulación originaria incluye […] una serie de fenómenos que están ausentes en Marx y que, sin embargo, son extremadamente importantes para la acumulación capitalista. Éstos incluyen: i) el desarrollo de una nueva división sexual del trabajo que somete el trabajo femenino y la función reproductiva de las mujeres a la reproducción de la fuerza del trabajo; ii) la construcción de un nuevo orden patriarcal, basado en la exclusión de las mujeres del trabajo asalariado y su subordinación a los hombres; iii) la maquinización del cuerpo proletario y su transformación, en el caso de las mujeres, en una máquina de producción de nuevos trabajadores.” (p.20)
Pero nos equivocaríamos al no ver aquí más que lagunas (graves e insalvables para unos, menores para otros) que la autora se empeñaría en subsanar. Federici hace mucho más: su análisis de la acumulación originaria expresa nada menos que una concepción del capitalismo en definitiva opuesta a la de Marx.
Para explicar el surgimiento del capitalismo, ella privilegia la opresión específica soportada por unos grupos sociales, las mujeres en particular. Ahí está su sujeto de estudio y su aportación, pero la autora no se queda ahí. Ya que da preeminencia a ciertos factores y desprecia otros:
En el siglo XVII, se tasaba el coste del trabajo en las manufacturas de algodón en las Indias a 1/7 del que era en Europa. La Compañía de las Indias Orientales importaba y revendía en Europa tales volúmenes de tejidos indios que los industriales ingleses del textil, incapaces de resistir a esa competencia, reclamaban políticas de aranceles proteccionistas.(2) A mediados del siglo XIX, la mitad de los algodones producidos en el mundo provenían del norte de Inglaterra, y los más atentos se maravillaban o se alarmaban con el apogeo de Manchester, apodada Cotonnopolis, tanto como nuestros contemporáneos lo hacen con la zona de Shenzhen o Shanghai hoy. Durante este tiempo,“los huesos de los tejedores de algodón hacen blanquear las llanuras de la India”.(3)
¿Cómo, en dos siglos los burgueses ingleses habían invertido la correlación de fuerzas? Reduciendo los costes de trabajo en su país. Incluso militarmente, la superioridad europea no se convierte en efectiva hasta el siglo XIX, gracias a la revolución industrial que da a Occidente para mucho tiempo la ventaja de las armas, la cuál supone el advenimiento de la manufactura y del trabajo asalariado modernos. Las causas históricas del proceso son múltiples. Entre ellas, la desposesión -particularmente la relegación de las mujeres al hogar- es una condición necesaria y no suficiente. El hecho decisivo, es el establecimiento del trabajo productivo.
Al contrario, para Federici, sin el trabajo “mitificado” (oculto, invisible) de las mujeres, no hay acumulación posible, no hay capitalismo. Lejos de completar El Capital, la explicación de la acumulación originaria expuesta en Calibán y la bruja está en las antípodas, y se mueve en otra definición del capitalismo.
El capitalismo según Silvia Federici
Calibán y la bruja: bonito título, que resume la tesis: el capitalismo se construiría sobre la esclavitud y la subordinación de las mujeres y desde entonces, bajo otras formas, se perpetuaría. En este marco, el esclavo y la mujer ocupan un lugar más importante que el obrero o la obrera, y la obrera un rol más crucial por su rol en casa que por el que tiene en el taller. Desposesión y disolución de prácticas comunes tendrían prioridad cronológica y lógica sobre el trabajo asalariado propiamente dicho, que no sería más que un efecto. Federici convierte una condición histórica necesaria en la naturaleza profunda del capitalismo. La prioridad otorgada a la esclavitud y a la subordinación de las mujeres no se corresponde a los hechos. La esclavitud comienza a finalizar en el momento en que se desarrolla la industrialización, e Inglaterra, corazón de la revolución industrial, es un país de los más activos en la abolición de la trata de esclavos que, aunque sigue existiendo, se convierte en muy marginal (4). En cuanto a la desigualdad sexual, sin desaparecer, declina en los países más modernos. Mientras continúa discriminando a las mujeres, el capitalismo las introduce cada vez más en el mundo del trabajo, incluidos los empleos tradicionalmente masculinos, y los puestos dirigentes. Que el capitalismo no emancipa a la mujer, es cierto, pero de los sistemas sociales, es en el que parece haber menos desigualdad entre hombres y mujeres.
El análisis histórico de Federici reposa sobre una presuposición. Necesita situar la emergencia del modo de producción capitalista en la transición entre la Edad Media y el Renacimiento, así que antes de la revolución industrial, ve el nacimiento del capitalismo en la exclusión de las mujeres del trabajo, del trabajo llamado productivo, valorizado, y su relegación a la esfera “reproductiva” alrededor de los siglos XV-XVI, y finalmente al trabajo industrial peor pagado.
La autora pretende comprender el trabajo asalariado no a partir de lo que es, sino de lo que le es exterior y lo haría posible, método justificado por ella por su tratamiento de la reproducción, concepto completamente pertinente pero que pierde su pertinencia cuando se extiende a todo, mezclando reproducción de la población, del capital a través de sus ciclos, de la relación capital/trabajo asalariado, y de la reproducción de toda la sociedad.
[…] las mujeres han producido y reproducido la mercancía capitalista más esencial: la fuerza de trabajo […] el trabajo no-pagado de las mujeres en el hogar fue el pilar sobre el cual se construyó la explotación de los trabajadores asalariados, “la esclavitud del salario”, así como también ha sido el secreto de su productividad.” (pp. 10-11)
¿Qué es en definitiva para ella el capitalismo? Desposesión y sometimiento. Al igual que el movimiento de los enclosures (cercamientos) privaba a los campesinos de los medios de subsistencia, las mujeres eran desposeídas de sus saberes y destrezas tradicionales. Pero esta condición indispensable no da la definición de capitalismo.
El trabajo según Silvia Federici: la teoría del trabajo “reproductivo”
Calibán y la bruja fue escrito para probar históricamente una tesis. La primera versión (1984) “se esforzaba en repensar el análisis marxiano de la acumulación originaria desde una perspectiva feminista” (p. 12). En la segunda (2004), ya disponible en francés, Silvia Federici explica querer “fundar teóricamente e históricamente la idea de que el trabajo doméstico no es la herencia o el residuo de una era precapitalista, sino una actividad específica en la que las relaciones sociales han sido forjadas por el capital. […] el trabajo de cuidados, el trabajo doméstico y en conjunto las actividades complejas vía las cuales la vida se reproduce, constituyen de hecho un trabajo esencial en la organización capitalista de la producción. […] [se trata de] el trabajo más productivo en el seno del capitalismo. Sin este trabajo, ninguna otra forma de producción sería posible. […]Queríamos mostrar que se trataba de un trabajo central […]”(5)
“[…] uno de los mayores aportes de la teoría y de la lucha feminista es redefinir el trabajo, y reconocer el trabajo reproductivo no pagado de las mujeres como una fuente determinante de la acumulación capitalista. Redefiniendo el trabajo de cuidados como TRABAJO […] las feministas han actualizado un nuevo terreno esencial de explotación completamente ignorado por Marx y la teoría marxista.”(6)
Esta posición fundó una de las bases de la Autonomía y del feminismo radical italianos en los años 1960-80, expuesta desde 1970 por Revolta femminile en su Manifiesto:
“Identificamos en el trabajo doméstico no retribuido la prestación que permita al capitalismo, privado o de Estado, subsistir.”(7)
Según esta tesis, el trabajo doméstico hace bajar el coste de la fuerza de trabajo: si el obrero tuviera que cenar en un restaurante o comprar platos preparados, llevar su ropa a la lavandería, etc., gastaría más que si una mujer hiciera en su casa y para él comida, colada, etc. Gracias a la actividad no pagada de esta mujer, el patrón hace realidad la economía. De donde viene la idea de considerar esta actividad como un trabajo del que se beneficia gratuitamente el capital para el cual es una de sus fuentes vitales y permanentes de valorización.
Si esto fuera cierto, el obrero (o la obrera) soltero costaría más caro y el patrón debería pagarle más que al obrero (o la obrera) que viva en pareja. No es el caso. Es odioso que el marido ponga los pies sobre la mesa, pero una familia no es asimilable a un taller de fábrica. Se puede llamar a muchas cosas trabajo, pero el único que reproduce el capital es el trabajo asalariado efectuado por una empresa.
Que las tareas de cuidados sean igualmente compartidas (el caso menos frecuente), o que el marido se “beneficie” de su mujer, no cambia en nada la reproducción del capital, ya que no asistimos aquí a un beneficio empresarial. La pareja no es por lo demás más que una de la diversas formas de existencia del asalariado, hombre o mujer, que puede vivir en familia, solo o sola, en dormitorio compartido, en un inmueble o conviviendo con parejas y solteros, etc. Fueran los hombres o los robots los que hicieran las faenas cotidianas, el beneficio del patrón no se vería modificado. El trabajo doméstico femenino no es una estructura necesaria sin la cual el capitalismo no podría existir.(8)
En el fondo, Federici desdobla la teoría del valor: la plusvalía no resulta solamente del trabajo productivo en la empresa (hecho tratado por Federici como algo adquirido a lo que no otorga más que un rol secundario), sino también (y sobre todo) del trabajo de cuidados.
Todo reside en el cambio de sentido de las palabras, en particular producción y reproducción.
“La producción de plusvalía es de entrada social. No es nunca el producto de una actividad o de una persona en particular. […] la producción de valor nunca es exactamente fruto de una unidad social particular, es un producto social. En otros términos, podemos imaginar como una gran cadena de montaje la escala social, donde todos los eslabones son necesarios para producir plusvalía. Existe una fábrica social que va más allá de la fábrica misma. […] para las mujeres, la casas constituye la fábrica, es ese el lugar de la producción. Por ello queremos que se pague como tal.”(9)
“[…] el cuerpo ha sido para las mujeres en la sociedad capitalista lo que la fábrica ha sido para los trabajadores asalariados […]” (p.28).
Las mujeres produciendo niños sin los cuales no habría ni sociedad ni capitalismo, se ven atribuidas por esta teoría a un rol productivo de igual modo que todo factor de (re)producción social, y de hecho un rol determinante. Reproducción engloba a todos y cada uno, el capital, las clases, la población, la fuerza de trabajo, la burguesía, el y la proletaria… concepto útil pero, contrariamente a lo que cree Federici, toda reproducción no es una “fuente de creación de valor” (p.10). Su razonamiento por analogía funciona por extensión sistemática de conceptos. Ella amplia elplustrabajo (la parte de la jornada de trabajo que va más allá del trabajo necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo, por tanto “gratuita” y origen del beneficio patronal) al“trabajo de cuidados no pagado”. Producción, trabajo, explotación, valor, salario, cada vez el concepto se extiende hasta el punto de recibir todos los sentidos posibles: todo es explotación, todo es trabajo, todo crea valor.
Todo, pero primeramente el trabajo “reproductivo” femenino. Esto que quiere demostrar Calibán y la bruja ayudándose de cambiar el sentido de los términos, es que el modo de producción capitalista reposa sobre la subordinación de las mujeres. Federici feminiza el marxismo, lo que sin duda le agrada.
El “salario doméstico”, eslogan político
Si un movimiento social fuera lo suficientemente fuerte para lograr que las mujeres fueran de una manera u otra pagadas por su actividad doméstica, lo celebraríamos como un éxito de toda reivindicación que mejore la condición proletaria, femenina o masculina. Pero los defensores del “Salario para el trabajo doméstico” no se quedan ahí.
Para algunos, el pago del trabajo doméstico es un tipo de posicionamiento radical. Los autónomos italianos lo encontraban como algo que, mejor que las reivindicaciones salariales stricto sensu, unificaría y movilizaría todas las categorías de explotados más allás del “mundo del trabajo”. Militar por el “salario político”, era pedir que fuera pagado el parado, el ama de casa, el estudiante o el enfermo como el trabajador con empleo. Frente a un capitalismo que no da los medios para vivir más que a la minoría a la que paga un salario, esta reivindicación supuestamente revelaría lo absurdo del capitalismo: como este sería incapaz de satisfacer semejante demanda, la presión social para obtenerlo haría estallar al sistema. Inventar la palanca que levantará a las masas es una constante del comportamiento militante… condenada al fracaso. Puesto que si millones se echaran a la calle para exigir ser remunerados, estarían ya más allá de pedir dinero para todos y todas, y empezarían a formular la pregunta: ¿cómo pasar a un mundo sin dinero?
Para otros, asalariar a los/as no asalariadas se inscribiría por encima de todo en una lucha feminista, a veces radical, a veces reformista, como la de Selma James, que desde hace mucho tiempo interviene ante la ONU y los gobiernos con el fin de obtener el reconocimiento oficial y el pago del trabajo doméstico.(10)
Silvia Federici teórica de los “comunes”
Calibán y la bruja expone un programa político. Federici establece explícitamente el vínculo entre su visión de la historia y su aportación a las teorías de los “bienes comunes”. Para ella, la resistencia de los “comunes” contemporáneos contra la mundialización enlaza con la lucha de los “comunes” en otro tiempo vencidos por los enclosures.
Uno de los objetivos de Calibán y la bruja es restaurar el rol de la violencia en la historia, subestimado por Marx según Federici: en la transición al capitalismo, la fuerza y el sometimiento habrían sido más decisivas que la capacidad de la burguesía de organizar las fuerzas productivas: “la violencia misma se convierte en la principal fuerza productiva” (p. 30). (Nosotros diríamos más bien que la violencia estaba al servicio de esta transformación histórica.) Lo que subyace en el libro, es el postulado de que la evolución humana sería antes que nada una cuestión de poder, ya sea con el control de unos sobre otros, o al contrario con la autoorganización colectiva, y por tanto que el cambio social consiste en crear o recrear nuevos espacios y formas de poder. Poco importa la naturaleza profunda del capitalismo: a nada que fueran gestionados colectivamente, el dinero, el trabajo o el valor cambiarían completamente.
Si el capital es sometimiento, basta salir de él y actuar libremente. Si el capital es desposesión, reapropiémonos juntos de lo existente, y esta reposesión común lo transformará (11).
Cuando Federici habla de clase, la noción es tan elástica que ya no existen proletarios, solamente seis mil millones de comuneros, es decir, de seres humanos oponiendo al capitalismo (¿pero qué sentido le queda a este término?) su solidaridad y necesidades colectivas.
La revolución es sustituida por la alternativa, supuesta ya a lo largo de toda la obra bajo la progresión de viejas prácticas comunitarias todavía no asimiladas por el capitalismo, o que escaparían de él gracias a nuevas formas de trabajo (software libre, mutualización…).
¿Superación del marxismo?
Si el marxismo ha sido la teoría del movimiento obrero que afirma el trabajo en el capitalismo, ya sea en cogestión con la burguesía (versión socialdemócrata), ya se sustituyendo a la burguesía (versión leninista), el marxismo se ha encontrado desarmado en los años 70 bajo la lucha de rechazo al trabajo de los proletarios, o más bien de ciertas minorías definidas. Aún no terminamos de sufrir los efectos de esta crisis teórica. La sacudida social del momento reveló las carencias del pensamiento revolucionario sin tener la fuerza suficiente para superarlo, y no pudo más que hacer brechas en ciertas certidumbres obsoletas.
Silvia Federici forma parte del amplio abanico de semi-críticos que prosperan sobre estas carencias, especialmente sobre lo que inevitablemente falta en Marx. El autor de El Capital insistía en el hecho esencial de la acumulación originaria: la separación del productor respecto a los medios de producción. Ingoraba a la mujer, la sexualidad, la racionalización y mecanización de la naturaleza y de la sociedad, la desposesión del cuerpo, el rol del lenguaje, el trato de los animales…(12)
Hay una crítica por hacer a Marx. No la podemos esperar de Federici, que prolonga una de las expresiones más blandas de la profunda contestación social de los años 70 en Italia. En vez de profundizar lo que este entendía por trabajo, y especialmente de volver al comienzo de El Capital (13), las feministas de la Autonomía han dilatado el concepto para exigir un reconocimiento de la mujer como trabajadora. Es decir, ser un verdadero trabajador, como el obrero (hombre), que está verdaderamente asalariado, verdaderamente explotado, como si fuera un privilegio o un título de nobleza por ser un sujeto revolucionario. En lugar de criticar el trabajo, se generaliza, creyendo sin duda que reivindicar para todos la condición de trabajador acabaría con el trabajo. En vez de críticar la fábrica, se la extiende a la sociedad, y como vemos también al hogar. Era un límite de la época, y la deriva actual de Silvia Federici hace pensar que esta época no ha finalizado.
G.D., octubre de 2015
(1) Silvia Federici, Caliban et la Sorcière. Femmes, corps et accumulation primitive, coedición Senonevero-Entremonde, 2014. Los números de página remiten a esta obra.
(2). J. Darwin, After Tamerlan. The Rise & Fall of Global Empire 1400-2000, Bloomsbury Press, 2008, capítulos 3 y 4.
(3) El Capital, Sección IV, capítulo XV, § 5
(4) O. Peté-Grenouilleau, Les Traites négrières. Essai d’histoire globale, Gallimard, 2004.
(5) Aux origines du capitalisme patriarcal: entretien avec Silvia Federici (Contretemps, traduit du podcast Black Sheep, 2013).
(6) Silvia Federici, extraido de Precarious Labor and Reproductive Work, 2006 (caring labor: an archive, 2010). El subtítulo del sitio (Power to the caregivers adn therefore to the class) explica el programa político: la clase es asimilada a ellos, o más bien a ellas que se ocupan del care.
(7) M. Tari, Autonomie! Italie les années 1970, La Fabrique, 2011, p.138 (texto completo en inglés: columbia-edu/itc/architecture/ockman/pdfs/feminism/manifesto.pdf)
(8) Si Engels escribió: “Dans la famille, l’homme est le bourgeois; la femme joue le rôle du prolétariat” (L’Origine de la famille, de la proprieté et de l’État, 1884, capítulo II, § 4), no hay ninguna razón para transformar en teoría lo que no era más que una analogía, reanudación de Flora Tristan: la femme “est le prolétaire du prolétaire” (Les Pérégrinations d’une paria, 1837).
(9) Aux origines du capitalisme patriarcal…, op. Cit.
(10) S. James & Mariarosa Della Costa: The Power of Women & the Subversion of the Community, 1972. S. James: Sex, Race & Class, 1975, disponibles en libcom.org: “género+clase+raza”, fórmula mágica de la radicalidad del siglo 21, ya era expuesta hace cuarenta años. Estas dos autoras son las mayores referencias de Federici (p.10), que no expresa ninguna objeción a las actividades de S. James. Hay que precisar que reformismo no es para nosotros un insulto, sino simplemente una constatación, y una constatación necesaria, salvo para aquellos que consideran la diferencia reforma/revolución como una antigualla.
(11) Federici, Feminism & the Politics of the Commons, 2011 (thecommoner.org).
(12) Sin hablar de Engels, para el que la salarización masiva contendría el germen del fin de la jerarquía sexual.

(13) Como lo hace Bruno Astarian en el primer capítulo de su Feuilleton sur la valeur.

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