Delirio Místico: "A mon seul désir" (Según mi solo deseo)
"La discusión sobre el comunismo no es académica. No es un debate sobre lo que se hará mañana.
Desemboca en, y forma parte de un conjunto de tareas inmediatas y lejanas de las que no es más que un aspecto, un esfuerzo de comprensión teórica" (Gilles Dauvé)
lunes, julio 15, 2019
Rasta y acumulación originaria/Varios
-Leyendo sobre “Rasta y resistencia. De Marcus Garvey a
Walter Rodney”, un tema del que sabía casi nada, en su edición cubana del 2016,
me topé con referencias a este texto más o menos clásico a estas alturas, “Capitalismo
y esclavitud”, de Eric Williams.
En ambos textos por lo visto se trata ni más ni menos que de
analizar en concreto cómo operó la “acumulación originaria de capital” en
África, Norteamérica, Centroamérica, El Caribe. La fase en que la recién nacida
criatura, el Modo de Producción Capitalista, llega al mundo chorreando sangre
por todos los poros, según la descripción bastante “gore” que hace Karl Marx.
En el primero, se trata de hacer una especie de
interpretación marxiana de las condiciones que determinaron el surgimiento de
una extraña mezcla de consciencia de clase a través de la consciencia de raza, y
cómo los “rastas” o “dreads” representaban una forma mística pero avanzada de
consciencia y resistencia a la opresión “blanca o negra o del color que sea”.
[EL ajusticiamiento de policías negros era visto como correcto por muchos de
estos grupos “etíopes”]. Además, traza un detallado recorrido por la
resistencia física y espiritual de los esclavos, y los movimientos que
sucedieron luego en la fase Postcolonial. Un año clave en insurrecciones en
Jamaica parece haber sido 1938.
¿Recuerdan el marxismo africano? He aquí un buen ejemplo. Lo
ideal sería poder seguir investigando la relación entre formas de resistencia a
nivel de consciencia, y prácticas sociales, políticas y estéticas en que dicha consciencia
se expresa y refuerza. De las canciones de los esclavos en las plantaciones al
blues, los spirituals, el free jazz, reggae, soul y funk.
El libro, originalmente publicado en 1981, no está
disponible online. En internet circula un trabajo de H. Campbell en inglés cuyo
título en español es “Bob Marley y la Resistencia a la Guerra: de la vindicación a la
emancipación y la salud espiritual”, en Cuadernos del Caribe, Vol. 12, N° 20, 2015.
Crecimiento de las grandes ciudades británicas con puertos
de mar
Las mercancías en el tráfico triangular
Lana
Manufacturas de algodón
El refinado de azúcar
La destilación del ron
Pacotilla
Las industrias metalúrgicas
4. El interés de las Antillas
5. La industria británica y el tráfico triangular
La inversión de los beneficios en el comercio triangular
Operaciones bancarias
La industria pesada
Seguros
El desarrollo de la industria británica hasta 1783
6. La Revolución Norteamericana
7. El desarrollo del capitalismo británico 1783-1833
8. El nuevo orden industrial
¿Protección o laissez faire?
El desarrollo del anti-imperialismo
El crecimiento mundial de la producción de azúcar
9. El capitalismo británico y las Antillas
Los manufactureros de algodón
Los patrones del hierro
La industria algodonera
Liverpool y Glasgow
Los refinadores de azúcar
El transporte naval y los marineros
10. El «sector comercial de la nación» y la esclavitud
11. Los «santos» y la esclavitud
12. Los esclavos y la esclavitud
Conclusión
Bibliografía
-Tocata en la calle mañana. ¿Prohibido el trap?
-Un afiche en el Metro: “Cazzote, el espacio donde convergen
músicos y emprendedores”. Charla: “Cómo vender música”, a cargo de dos
expertos: un agente de Universal Music Group y otro que no recuerdo.
Salgo a la calle. Un afiche pegado en la caja adosada a un
poste: “Ceratti Sinfónico: música para volar”. Más de 50 músicos sobre el escenario.
¿Y cuantos operarios más? ¿Cuánto costará este show? Acá sí que había alguien
que sabía “como vender”música.
-Dos estudiantas de post-doctorados en un restaurant
vegano/vegetariano. Una: “En la UNAM
todo era Full Marx. O sea, seis semestres de Marx, un 20% de teoría de-colonial
y feminismo, y un 10% de todo lo demás. ¡Y mi tesis era en todo lo demás! Si no
estás de acuerdo con Marx te tratan de ‘positivista’”.
Escuelas de Verano: este viernes, Introducción a la Crítica de la Economía Política/Kaoru Abe (Partitas, 1973)
Habría que estudiar todo el año y más o menos eso uno hace, en la medida de lo posible. Pero el verano suele dar oportunidades de aprender junto a más camaradas, y eso siempre es enriquecedor y debe ser estimulado y ampliado.
El viernes pasado ya fue la primera sesión de esta iniciativa. Y ahora viene la segunda patita: Introducción a la crítica de la Economía Política, más una exposición sobre el concepto de Subsunción.
Si tuviera que rehacer mi vida, o fuera preceptor de alguna persona joven, recomendaría leer estos textos de Karl Marx en el siguiente orden:
-Contribución a la crítica de la Economía Política
-Grundrisse 1 y 2
-El Capital, Libro I.
-El Capital, Capítulo VI inédito.
Como ya no lo hice así, ni soy preceptor ni educador de nadie, recomendaría ir este viernes, y tratar de leer previamente por lo menos la serie que en su momento (mediados de los 80) publicaba la revista COMUNISMO del GCI, partiendo por esto (recomendando encarecidamente escuchar mientras se lee este notable album solista del gran saxofonista japonés Kaoru Abe: Partitas, de 1973, que en sí mismo opera como una poderosa crítica de la alienación):
CO21.1.0 Presentación de la rubrica
"Contribuciones a la crítica de la economía"
«Toda la mierda de la economía
política desemboca en la lucha de clases.»
Marx
Los escritos que siguen inauguran
en Comunismo una sección específica con el objetivo de
contribuir a la crítica de la economía. Hasta el momento en Comunismo,
al lado de los artículos sobre distintos aspectos de la lucha de clases, de
afirmación programática, hemos tendido –con mayor o menor regularidad– a ir
creando un conjunto de rúbricas como «Memoria obrera», «Subrayamos», «Perlas de
la burguesía»...
En qué medida la problemática de
la crítica de la economía no es algo separado de la lucha revolucionaria contra
el capital, en qué medida no es algo teórico en oposición a la práctica de la
guerra social, quedará sumamente clarificado en la primera serie de
textos de esta rúbrica, que tienen por objeto la delimitación de nuestra
crítica de la economía: objeto y método, su relación dialéctica. Quedará
también claro que todas las tentativas de hacer una «economía marxista» son
parte de la ideología contrarrevolucionaria, que la praxis de la crítica de la
economía es la lucha revolucionaria en su conjunto y que el sujeto de la misma
no es tal o tal teórico o reformador del mundo, sino el proletariado en su
contraposición práctica con la economía; o mejor dicho aún, el proletariado en
tanto que fuerza de abolición del orden social capitalista mundial, es decir en
tanto que partido.
Pero ello no implica en absoluto
desconocer la importancia de la fase teórica de la crítica de la economía, ni
la de las principales contribuciones a dicha crítica (que para nosotros siguen
siendo fundamentalmente las obras de Marx y Engels al respecto), sino asumir la
misma como parte indisociable de la guerra revolucionaria de nuestro partido
histórico contra toda la sociedad actual (lo que incluye muy especialmente la
crítica de todas las doctrinas económicas, de toda la economía política, y
particularmente de la parte de la misma que se autodenomina economía marxista).
Que se desengañe pues el lector
que pretenda encontrar en nuestra revista textos de economía, o de polémicas
acerca de la «teoría de las crisis», pues es exclusivamente en el sentido que
hemos expuesto que consideramos válida la realización de una rúbrica particular
sobre la crítica de la economía, en la que subrayaremos la importancia de las
contribuciones fundamentales de nuestro partido al respecto e iremos publicando
textos elaborados por nuestro grupo (GCI) o por compañeros que hoy se sitúan
objetiva, pero también voluntaria y conscientemente, en nuestra misma línea
histórica de organización de la comunidad internacional de lucha del
proletariado contra el capital mundial.
Antes que nada en esta rúbrica
publicaremos textos que retoman el ABC de la crítica iniciada por Marx y
Engels, como por ejemplo esta primera serie de textos que definirán los
elementos claves de la crítica de la economía, para luego comenzar en la forma
mas sistemática y sintética posible a exponer una comprensión –totalmente
contrapuesta a todas las doctrinas económicas– global, histórica y substancial
de la economía mundial en tanto que totalidad, es decir en tanto que capital
como modo exclusivo de producción y de reproducción mundial. Dichos ejes son
decisivos en la necrología de la sociedad actual, necrología que
constituye a la vez el punto nodal de nuestra crítica y la clave general de la
ruptura con el análisis que hace el capital de sí mismo: la economía política
no es ni más ni menos que la ciencia del capital autoanalizándose, como iremos
sucesivamente poniendo en evidencia.
Además, y/o conjuntamente, con
contribuciones que consisten principalmente en subrayar o revalorizar aspectos
ya expuestos, anteriormente a nosotros, de ese ABC (para lo cual el criterio
central es siempre lo que las mayores fases de revolución y contrarrevolución,
de afirmación práctica del programa revolucionario y de revisionismo
reformista, han determinado como centrales), en esta rúbrica habrá aportes, es
decir clarificaciones y análisis teóricos que pongan en evidencia elementos del
programa nunca antes tratados a fondo. Al respecto, tal vez con mayor necesidad
que en otras rúbricas, debemos destacar que este tipo de materiales de partido
no pueden considerarse como materiales cerrados, acabados, sino que por las
características mismas de su elaboración (exposición efectuada por uno, a lo
máximo un equipo pequeño de compañeros en un momento histórico dado, pero
resultante de la lucha y el esfuerzo colectivo de toda la lucha histórica
contra el trabajo) muchos de ellos serán esbozos, bosquejos... En efecto, en
todas las épocas una parte esencial, decisiva, del trabajo de restauración
programática ha adoptado esta forma de contribuciones inacabadas, textos
semielaborados, que, a pesar de ello, lejos de caer en el inmediatismo han sido
fundamentales en la comprensión histórica del programa comunista como
totalidad. Pensamos evidentemente en materiales como los de Marx y Engels, que
si hubieran esperado a publicar su obra cuando la hubiesen terminado no
conoceríamos nada de ellos porque, casi sin excepción, todos los textos
decisivos quedaron en el estado de notas, manuscritos o publicaciones de partes
de textos que nunca se terminaron, pero también en los de muchos otros
militantes revolucionarios menos conocidos.
Ello implica desde el punto de
vista de nuestro grupo el asumir explícitamente, contra toda visión
democratista, que en la prensa revolucionaria deben reproducirse textos no
asumidos aún por el conjunto de compañeros, contribuciones particulares sobre
problemas aún no discutidos o incluso –dentro del cuadro programático global–
posiciones contradictorias sobre una misma cuestión, que reflejan las
discusiones existentes en el seno del grupo (¡y si no hay ese tipo de
posiciones contradictorias no se trata de un organismo vivo de la clase
revolucionaria, sino de un cadáver!).
Si bien desde el origen del GCI
esto forma parte de nuestra comprensión, en las primeras fases de nacimiento y
conformación de nuestro grupo, en las de elaboración y confección de nuestras Tesis
de orientación programática (que traducen siete años de trabajo y la
existencia de más de una decena de versiones sucesivas y en distintos idiomas),
hemos tendido a que los materiales publicados sean el resultado más colectivo
posible de nuestro grupo (1) pues la prensa era un elemento decisivo de nuestra
centralización efectiva (interna y en relación a otros compañeros próximos de
nuestras posiciones). En efecto, la publicación de materiales no asumidos por
todos los compañeros del grupo o de materiales contradictorios puede constituir
un elemento de descentralización, de desorganización, si no va acompañado de
una centralización política más profunda. Es decir que es la centralización
política efectiva, la solidez en la defensa de las mismas posiciones globales
–especialmente en una organización como la nuestra que publica en varios países
e idiomas diferentes y que busca la máxima descentralización geográfica
posible– la que permite asumir correctamente la publicación de textos
semielaborados, de contribuciones puntuales de un compañero, o equipo de
compañeros, sin pretender que todos ni una mayoría de los compañeros del grupo
asimilen, y/o acuerden con la totalidad de aportes y posturas contenidos en
ellos. Internamente hemos dado pasos importantes en la homogenización y
centralización política y por lo tanto creemos poder asumir la publicación de
ese tipo de materiales en buenas condiciones. Con relación a nuestros lectores,
simpatizantes, colaboradores... nos parece fundamental que la publicación de
ese tipo de materiales sea comprendida como simultánea y convergente con la de
otros que reflejan nuestra unicidad de posiciones internacionales e
internacionalistas, nuestra centralización política efectiva. Al respecto en
forma creciente hemos tendido a que todas nuestras publicaciones reflejen ese
centralismo efectivo existente en base a afirmaciones programáticas idénticas
en todas las lenguas o países en los que actuamos: mismo epígrafe en todas las
publicaciones internacionales indicando sintéticamente nuestro programa
(“Dictadura del proletariado para la abolición del trabajo asalariado”),
publicación de una pequeña síntesis de nuestras posiciones en todas las
revistas centrales (ver Comunismo nº 19, pág. 22), y sobre
todo un gran esfuerzo en la traducción cada vez más frecuente de diferentes
textos entre nuestras revistas centrales (francés, español, árabe, inglés,
portugués). Con esa misma inquietud realizaremos una unificación de los títulos
de nuestras publicaciones (todas las revistas centrales se llamarán de la misma
manera y habrá una homogeneización de los títulos de las revistas locales),
seguiremos multiplicando las traducciones y además daremos a conocer
públicamente en todas las lenguas que podamos la versión que hemos alcanzado de
nuestras Tesis de Orientación Programática (2).
Específicamente en cuanto a
nuestra sección de «Crítica de la economía» usamos el mismo criterio. Por un
lado es el resultado global y general del desarrollo de nuestro grupo y en
especial de un conjunto de clarificaciones operadas en función de la crítica
colectiva al texto aparecido en francés “La nature catastrophique du
capitalisme”, que hoy consideramos no sólo que tuvo más errores que aportes,
sino que globalmente no supo delimitar la ruptura con la economía política y
que resta aún prisionero de una visión economicista de la obra de Marx. Por el
otro, los materiales disponibles existentes, en esa misma línea, en los
distintos idiomas (principalmente francés y español) no son simples
traducciones, sino contribuciones de diferentes compañeros que escriben en su
lengua materna. Hemos decidido pues empezar con la publicación de algunas
contribuciones de base en este sentido. Aunque los temas y los textos no
coincidan en francés y en español, en una etapa posterior habrá, como es
lógico, traducciones en ambos sentidos.
La mayoría de los materiales de
base con los que se realiza esta primera serie de textos en español, que
explican lo que es la crítica de la economía y delimitan el objeto y el método
de la misma, se lo debemos a nuestro simpatizante y colaborador R.A., quien
desde Argentina nos hiciera llegar el borrador de parte de su libro (creemos
que aún inédito): El capital y su necrología.
Para terminar esta presentación
de nuestra rúbrica de crítica de la economía queremos subrayar que nuestra
contribución a este eje invariante de la lucha revolucionaria lo comenzamos
modestamente, porque nuestras fuerzas son modestas, pero el trabajo que tenemos
por delante es inmenso e indispensable. Por lo tanto, esto debe considerarse
como un llamado más a contribuir a nuestro esfuerzo. Toda contribución real a
la crítica de la economía será muy bienvenida.
Notas
1. Ello no ha impedido sin
embargo que la publicación de ciertos textos planteara interna y externamente
problemas muy grandes por los desacuerdos evidenciados tanto antes como después
de su publicación. De las distintas publicaciones de nuestro grupo, nuestra
revista central en francés Le Communiste es la que ha
concentrado más este tipo de problemas (hay que tener en cuenta que dicho
idioma es por el momento, con respecto a otros idiomas, el comprendido por el
número mayor de compañeros), en especial en los primeros números. Fueron
necesarios varios años de polémicas, de fortificación de la centralización, de
rupturas contra resabios leninistas y con la ideología de la economía política
para que se hayan criticado abiertamente algunos textos publicados en esa época
y que hoy el GCI no reconoce como suyos, como «Pour un front de classe» (Le
Communiste nº 3) o «La nature catastrophique du capitalisme» (Le Communiste nº
7).
2. Si insistimos tanto en las
versiones sucesivas y las que todavía vendrán es para luchar por anticipado
contra el mito de tomar este tipo de plataforma como un texto sagrado. Se
trata, ni más ni menos, de una presentación global y sintética del conjunto de
posiciones fundamentales que orienta nuestra actividad y como tal refleja un
momento del trabajo colectivo permanente de restauración programática en la
línea invariante: de profundizar cada vez más precisamente las implicaciones
programáticas de las determinaciones permanentes de la lucha comunista.
1.- En la foto, una estalinista llora en el Parlamento del Estado de Chile, y es consolada por dos políticos burgueses, uno de ellos miembro del Opus Dei.
2.- SWANS en Chile, hoy: Y no tendré nada que decir, porque perdí las entradas que tenía para verlos. Nada que hacer, salvo quedarse en la casa escuchando "Cop", Filth" y "Soundtracks for the blind".
3.-Otro extracto del libro de M. Khayati sobre "Los marxismos":
Las ideologías de la Segunda Internacional
La ortodoxia del Kautskismo
1. En 1883, el mismo año de la muerte de Marx, Karl Kautsky (nacido en 1855)
funda una revista teórica, Die Neue Zeit, que durante años se
convierte en tribuna internacional del socialismo marxista. Convertido en
institución, el marxismo se equipara entonces a una "ciencia". Su
"alma revolucionaria" se apaga dejando paso al "rigor" y a
la "objetividad". Ya no es "la teoría del movimiento real",
el análisis crítico de "lo que acontece ante nuestros ojos", sino la
"ciencia" que el movimiento obrero debe aprender y aplicar
rigurosamente para alcanzar sus metas. El socialismo bautizado científico es
una cosa mientras que el movimiento obrero es otra: su coincidencia será la
obra de los especialistas de la socialdemocracia.
2. Según Kautsky, el marxismo no es tanto una teoría revolucionaria del
desarrollo de la lucha proletaria sino más bien un método científico aplicado a
todos los ámbitos de la actividad humana. De ahí dos direcciones para la
investigación o, mejor dicho, para su aplicación : práctica en el mundo
político, el partido obrero en el seno de la sociedad de la burguesía ; teórica
empleándose en colmar todas las lagunas que las obras de Marx y Engels no
pudieron abordar.
3. Desde 1891, el Partido socialdemócrata alemán había adoptado en el Congreso
de Erfurt un programa marxista, obra esencialmente de Kautsky. Pero a medida
que se convierte oficialmente en marxista, el movimiento obrero parece alejarse
cada vez más de la vía revolucionaria adoptando un reformismo a la vez sindical
y parlamentario. La fidelidad proclamada hacia Marx no impide unas prácticas a
menudo opuestas al pensamiento de Marx. El Kautskismo es la ideología de los
jefes del partido obrero alemán, la primera ideología de una "burocracia
obrera".
4. En los países donde esa burocracia todavía no se ha formado y donde el
movimiento obrero es todavía organicamente débil, la "ortodoxia"
sigue fiel a la intención revolucionaria de Marx. En Rusia, Plekhanov (apodado
el padre del marxismo ruso), encabeza la lucha contra el populismo y enseña el
pensamiento de Marx a toda una generación de jóvenes revolucionarios rusos.
Fundó el primer partido socialdemócrata ruso. En Italia, es sobre todo Antonio
Labriola quien introdujo el marxismo despojado de todo rastro ideológico
(economismo y cientismo).
Bernstein y el revisionismo
1. Alumno de Engels (y también su ejecutor testamentario), Eduard Bernstein era
el maestro de Kautsky. Co-autor del programa de Erfurt, también es el autor de
numerosas obras históricas (en particular sobre los orígenes del cristianismo y
sobre la Revolución inglesa). Pero la obra que le hizo célebre - tanto por las
críticas como por los elogios que recibió - es un conjunto de artículos
escritos entre 1896 y 1899, recopilados bajo el título de Socialismo teórico y
socialdemocracia práctica, obra que le convirtió en el jefe de fila de la
corriente "revisionista".
2. Bernstein fue el primero en querer sacar las consecuencias de las últimas
lecciones teóricas y prácticas de las experiencias de la socialdemocracia
alemana. Apoyando su análisis sobre el ejemplo inglés y sobre la situación real
del partido alemán, emprende una amplia "revisión" del pensamiento
marxista a la luz de los últimos desarrollos del capitalismo. Denunciando las
flagrantes contradicciones entre la ideología revolucionaria de su partido y su
práctica absolutamente reformista, Bernstein apela sus camaradas a tener la
valentía de "aparecer como lo que son en realidad, de dejar de lado una
fraseología superada por los hechos y aceptar de ser un partido de reformas
socialistas y democráticas".
3. Reclamándose del "testamento" de Engels, Bernstein y después sus
discípulos alemanes y rusos ponen en tela de juicio las teorías marxistas del
valor, de la concentración de capitales, del valor añadido y de la
pauperización. En el plano político, rechazan la idea de dictadura del
proletariado y encuentran que está plagada de "blanquismo".
4. A pesar de las fuertes protestas contra el revisionismo de Bernstein en toda
la socialdemocracia internacional, los partidos obreros continúan con su
práctica reformista ; es más, esta es cada vez más plausible. La ortodoxia
"revolucionaria" se ve limitada a repetir mecánicamente fórmulas sin
contenido.
Sorel y el sindicalismo revolucionario
1. Varios historiadores consideran que la verdadera introducción del marxismo
en Francia no se produjo ni con Paul Lafargue, ni con Jules Guesde, fundadores del
primer partido marxista obrero (el PDF, en 1879) y autores de algunos libros de
propaganda socialista y de vulgarización del "materialismo
histórico", ni incluso con Gabriel Deville, autor del resúmen más claro y
más fiel del primer libro del Capital (según Engels). El penamiento de Marx fue
conocido y utilizado en Francia a través de dos revistas de corta duración : L'Ere
nouvelle (1893-1894) y Le Devenir Social (1895-1898).
Un joven filósofo era uno de los principales animadores ; se trata de Georges
Sorel.
2. Partiendo del rechazo total de la política reformista de los partidos
socialdemócratas, Sorel propone de restablecer la idea fundamental del marxismo
: la lucha de clases. Encerrados en el parlamentarismo y la ilusión de
conquistar algún día el Estado, los socialistas, dice Sorel, han renunciado a
la vía revolucionaria proletaria. De ahí que el parlamentarismo no sólo sea
"utópico" sino completamente contrarrevolucionario. El heredero de la
política marxista de la lucha de clases sólo puede ser el "sindicalismo
revolucionario".
3. Según Georges Sorel, el proletariado no puede de ninguna forma emanciparse
de la explotación capitalista si se constituye "tomando por modelo
antiguas clases sociales, tomando el modelo de la burguesía". Si, como
dijo Marx, los proletarios sólo pueden apropiarse de las fuerzas productivas
aboliendo "el modo de apropiación en vigor", "¿ cómo se puede
admitir que puedan conservar la quintaesencia del modo de apropiación burgués,
es decir, las formas de gobierno tradicional ?" Las únicas fuerzas
organizadas y desarrolladas capaces de impedir "el retorno del
pasado" son los sindicatos. Estos organismos puramente obreros - y que
deben "seguir siendo exclusivamente obreros" - deben
"arrancarles al Estado y a la comuna, una por una, todas sus atribuciones
para enriquecer los organismos proletarios que se están constituyendo."
Dentro de la sociedad capitalista, los sindicatos son ya los núcleos de la
futura sociedad socialista.
4. "Para resumir mi pensamiento en una fórmula, diría que todo el porvenir
del socialismo reside en el desarrollo autónomo de los sindicatos
obreros." Ese es el leitmotiv que recorre toda la obra de Sorel, desde El
Porvenir socialista de los sindicatos hasta Descomposición del
Marxismo y las Reflexiones sobre la violencia.
El marxismo revolucionario alemán
1. Hacia finales de siglo, una corriente de izquierdas se desarrolla dentro
de la socialdemocracia alemana. Sin embargo, su primera afirmación teórica la
hace en respuesta a Bernstein. En 1899, Rosa Luxemburg publica Reforma
o Revolución, donde preconiza la caída violenta del sistema capitalista y
rechaza la "teoría de la adaptación al capitalismo". Según ella, sólo
la lucha de clases, junto al desarrollo de las contradicciones internas del
sistema podrán desembocar en la "crisis general" y facilitar así el
"paso al socialismo" por medio de una revolución. Resumiendo su
teoría, retoma la famosa frase de Bernstein y la pone al revés : "El
movimiento no es nada, la meta final lo es todo."
2. Es esa corriente "luxemburguista" que tras la noche del 4 de
agosto de 1914 y después de la adhesión de la socialdemocracia alemana al
programa de guerra del Segundo Reich, levanta la bandera del
"internacionalismo proletario" y lucha por levantar a la clase
obrera. Rosa Luxemburg, Clara Zetkin, Karl Liebknecht y Franz Mehring crean con
ciertos grupos revolucionarios alemanes el "Spartakusbund" (Liga
Espartaquista) y apelan a que se constituya el poder de los consejos obreros y
de los soldados, proclamando que la revolución proletaria sólo puede resultar
de "la acción de las grandes masas que están llamadas por millones a
cumplir su misión histórica y a transformar la necesidad histórica en
realidad."
3. Fiel a su idea de la autoemancipación de los trabajadores, Rosa Luxemburg,
después de haber criticado duramente la concepción "ultracentralista"
de la organización leninista, saluda a la Revolución rusa de 1917, pero
sometiéndola a la crítica (La Revolución rusa, 1918). Unos cuantos meses
más tarde, es víctima junto a Liebknecht de la represión socialdemócrata
dirigida por Noske contra los espartaquistas insurrectos en Berlín en enero de
1919. Pero esas tendencias en el seno del proletariado alemán no serán
aniquiladas, y el "marxismo revolucionario alemán" reaparece ya en
los años 20.
El marxismo revolucionario ruso
1. En 1902, con ¿ Qué hacer ?, Lenin abre un importante debate en el seno de la
socialdemocracia rusa, debate que acaba en 1903 en una escisión del POSDR en
dos fracciones : los bolcheviques (mayoritarios) dirigidos por Lenin, y los
mencheviques (minoritarios) dirigidos por Plekhanov y Martov. A pesar de que
dicha escisión se haya producido acerca de "la cuestión de la organización",
las dos tendencias van a discrepar cada vez más sobre el sentido mismo de la
revolución en Rusia y sobre la interpretación del marxismo. Su separación es
definitiva cuando estalla la guerra de 1914.
2. En paralelo a la corriente de izquierda alemana, se desarrolla en Rusia una
corriente hostil al reformismo y a los compromisos con la burguesía liberal. A
pesar de la indecisión de Lenin, Trotsky defiende las tesis de la
"revolución permanente". Según él, los obreros son los únicos que
pueden llevar a cabo un levantamiento revolucionario en Rusia. Al ser la
burguesía rusa demasiado débil, le corresponde al proletariado dirigir el
movimiento contra la autocracia zarista. "La idea que la dictadura
proletaria depende en algún modo automáticamente de las fuerzas y medios
técnicos de un país, es un prejuicio de un materialismo económico simplificado
al extremo. Tal idea no tiene nada en común con el marxismo" (Trotsky, Resultados
y Perspectivas).
3. Lenin se limitó a retomar esas tesis cuando en abril de 1917 proclama :
"Todo el poder a los Soviets." Después de recordar los análisis
marxistas sobre la cuestión primordial del Estado contra lo que él considera
como deformaciones oportunistas de los jefes de la Segunda Internacional, el
autor de El Estado y la Revolución, olvidándose de su teoría del
partido, emprende la lucha por la conquista del poder a través de los consejos
obreros y campesinos. Pero, ya en 1918, Lenin vuelve a la primacía del partido
sobre la clase, y le toca a la "oposición" el seguir defendiendo el
principio de la autonomía obrera (que estará en el centro de todas las nuevas
corrientes marxistas no ortodoxas, mientras que la ortodoxia marxista-leninista
se desarrolla como ideología oficial de la internacional comunista dirigida
desde entonces por Stalin).
"El capitalismo" (x Racaille N° 1/Cuadernos de Negación N° 10)
“Las épocas son orgullosas. Cada una pretende ser
única. El orgullo de la nuestra es el haber realizado la colisión histórica de
una crisis ecológica planetaria, una crisis política generalizada de las
democracias y una inexorable crisis energética, todo ello coronado por una
crisis económica mundial rampante, aunque “sin equivalentes desde hace un
siglo”. Y esto halaga, esto agudiza, nuestro deleite de vivir una época como
ninguna otra” (El Comité Invisible, A nuestros
amigos, 2014).
(BALANCE, extractos)
...Intentamos ir de
lo general a lo particular: desde la visión más abarcativa posible del
desarrollo del Estado chileno y la dominación capitalista sobre estas
poblaciones y territorios, todo ello inserto –claro está- en la dinámica global
de la expansión del Capital.
Este desarrollo
del modo de producción capitalista necesita aún de los estados nacionales para
dominar el planeta, pero se expresa claramente como tendencia dominante en
tanto imposición de nuevas relaciones sociales basadas en el trabajo asalariado
y la mercancía ya desde hace 5 siglos. Sólo desde esa perspectiva general,
observando la transformación profunda de la fase de dominación formal a
dominación real del capital es como se comprenden todos los desarrollos
específicos y particularidades locales.
Afirmando lo
contrario (por ejemplo, que la colonización de América latina fue
“feudal”), reformistas y estalinistas de
distintas variedades han intentado justificar “teóricamente” su política de
colaboración de clases con sectores progresistas de la burguesía y formas
nacionales o locales de capitalismo. Fieles a una concepción lineal de la
historia y del progreso como progreso de la producción mercantil y la
alienación que conlleva, reconocían en el desarrollo capitalista algo
necesario, inevitable, y ciertamente “progresivo”, y en fidelidad a esa
concepción trataron de integrar al proletariado como parte esencial y orgullosa
de ese mismo desarrollo, sólo a partir del cual, y a su imagen y semejanza,
concebían el paso al Socialismo.
Desde ese nivel histórico más general, tomamos íntegramente un texto de la publicación Racaille N°1, que fuera
reproducido en Cuadernos de Negación N°10 -Contra la enajenación de la vida-, que sirve para describir al capitalismo en la forma más general posible...
-El capitalismo.
1. El
capitalismo hunde sus raíces en la disolución de la comunidad primitiva, en la
aparición de la mercancía (y más concretamente del valor) como resultado de la consolidación
del intercambio de ciertos productos y por tanto la creciente producción para
las necesidades, no humanas, sino del intercambio. Este acontecimiento se va
desarrollando, subsumiendo cada vez más aspectos y elementos, conduciendo a las
comunidades primitivas a su ocaso, abriendo paso a una época oscura marcada por
el desarrollo del valor con la consecuente aparición de las clases y el Estado.
2. El
capitalismo es el corolario de todo el desarrollo histórico de la mercancía, la
conformación del mercado mundial, del sometimiento de todo lo que hay sobre el
planeta a la lógica de la dictadura del valor, de la tiranía de la economía. Un
corolario al que se llega con sangre y fuego, tras siglos de luchas y
resistencias en las diversas sociedades de clases (esclavitud, feudalismo…). Su
resultado a nivel global es la separación brutal del ser humano de todos sus medios
de vida, de la privación de la tierra y de todos los elementos que en ella
existen que son acumulados como capital en manos de la burguesía.
Por otro lado,
toda esa otra acumulación de la desposesión, de privación, conforma una clase
social empujada a luchar, a organizarse, a desarrollar su contraposición radical
al capitalismo, como única alternativa para no perecer: hablamos del
proletariado.
3. El
capitalismo no es otra cosa que una imparable carrera para la valorización del
valor, para acumular capital.
Para
valorizarse, el capital se ve forzado a asumir diversas formas, pero ante todo
a adentrarse en el proceso de producción, donde se encuentra la fuente de su
existencia: el trabajo asalariado. De las entrañas de ese tenebroso proceso, mediante
su propio desdoblamiento en capital constante (materias primas, maquinaria) y
capital variable (fuerza de trabajo), surge el plusvalor, la base material de
la ganancia como resultado del intercambio del trabajo muerto por el trabajo
vivo. La contradicción que atormenta al capital desde su origen, y que solo el
proletariado puede llevar hasta sus últimas consecuencias, es que la propia
dinámica de la valorización utiliza medios que acaban creando siempre una
desvalorización. Las medidas que contrarrestan esta contradicción (aumentar el
grado y la intensidad de la explotación, multiplicar el capital ficticio…), no
hacen sino agravarlas a mediano plazo y lo que es más importante, espolear al
proletariado a organizarse para tumbar esta sociedad.
4. Quienes
comprenden el capitalismo, sea como una esfera particular de la sociedad
sometida a ciertas leyes separadas de las otras, por ejemplo la económica, sea como
un modo de gestión, o como una política particular, no solo falsifican la
esencia de esta sociedad sino también su supresión revolucionaria.
Efectivamente, el capitalismo solo puede ser comprendido bajo su esencia universal
y totalizadora que se ha apoderado del mundo, de todo cuanto en él sucede,
mercantilizando todas las relaciones sociales, impidiendo cualquier otra
comunidad que no sea su propia comunidad de muerte: la comunidad del capital.
Incapacitados de
entender el capital en sus múltiples determinaciones y formas de manifestarse
(mercancía, dinero, trabajo asalariado, medios de producción, burguesía, Estado,
relación social, sujeto histórico…) todas estas corrientes, por muy radicales
que se presenten, acaban manifestándose como fuerzas de conservación del
capital y no de su destrucción. Algunos quieren destruir el dinero conservando
la podrida mercancía, otros acabar con la explotación enarbolando la bandera
del trabajo, también hay quienes quieren abolir el Estado a golpes de
democracia, quien piensa acabar con el racismo o el patriarcado aislándolo de
la totalidad de la que emergen, o quien se cree que vive al margen del
capitalismo por irse al “monte” con un taparrabos… Es decir, echan a patadas
por la puerta a su enemigo sin percibir que regresa por la ventana. Y lo que es
peor, se transforman en ideología, difundiéndola a gritos por esa misma
ventana, generalizándola y creando confusión entre los que luchan.
5. La
incapacidad de entender el capitalismo está indisolublemente ligada a la
incapacidad de entender el movimiento de su supresión, es decir el comunismo, así
como la incapacidad de comprender el sujeto de ese movimiento, el proletariado.
Pero esta incapacidad, como incapacidad generalizada, como ideología dominante (expresada
fundamentalmente por la socialdemocracia) es uno de los productos más valiosos
del capital. Si la mistificación reproducida por esta sociedad consigue incluso
que los explotados vivan su propia explotación de una forma tan natural como la
fecundación entre el espermatozoide y el óvulo que da origen a la vida, el círculo
se cierra cuando consigue que la ruptura de esa mistificación —es decir, cuando
los explotados se lanzan a reventar sus cadenas— se cambie por otra, a saber,
que el comunismo es el capitalismo con banderas rojas, hoces y martillos.
Bajo esta
mistificación, por comunismo, por revolución, se entiende cualquier cosa menos
lo que realmente es: el movimiento de supresión y superación de las condiciones
existentes. No debe extrañarnos entonces que por comunismo se comprenda a la
sumo la reforma de lo existente, preservando el trabajo asalariado, el dinero,
el Estado, la explotación, las clases, es decir, la preservación de la sociedad
capitalista. De la misma forma que no debe extrañarnos la cantidad de
falsificaciones que hay en torno a la esencia del proletariado.
Toda esta
mistificación es el producto más preciado del proceso de producción, así se
consolida la socialdemocracia desplegando todas sus variantes ideológicas
indispensables para el mantenimiento del orden burgués. Se habla de tomar el
poder del Estado para aplicar políticas socialistas, de gestión obrera, de
autogestión, de contrapoder, de cambiar el mundo sin insurrección y toda una
serie de concepciones que niegan los elementos más fundamentales del comunismo
y de la revolución social.
6. Afirmar y
enfrentarse al capitalismo como una totalidad, asumir la crítica unitaria de
este mundo basado en la explotación del hombre por el hombre,
reconocerse como una clase mundial con las mismas penurias y los mismos
intereses y, sobre todo y consecuentemente con ello, asumir la organización de
nuestra clase para abolir el capitalismo, abolir su condición de clase y todas
las clases existentes.
Magallanes (parte 1). De la obra en progreso "Memorias de un cuarentón".
LOS OCHENTA.
Primera mitad: 80/85[1]: "PUNTA ARENAS, PUNTA ARENAS, EL QUE COME CALAFATE HA DE VOLVER…"
El avión da unas vueltas sobre el Estrecho de Magallanes y
veo por vez primera a la hermosa ciudad de Punta Arenas, al borde del mar,
entre los cerros y el Río de las Minas, frente a la mucho más pequeña localidad
de Porvenir.
Nunca había viajado en avión. Todas nuestras cosas venían
arriba de un camión que demoró varias semanas más en llegar: tantas que la
empresa de mudanzas tuvo que indemnizarnos.
Primero nos quedamos en el Hotel Savoy, en pleno centro de
la ciudad, y del cual no recuerdo donde quedaba ni sé si todavía existe. Mi
padre entraba de inmediato a trabajar en Televisión Nacional, como Jefe
Técnico, tras ser trasladado desde La Serena, donde habíamos vivido desde 1974,
y donde yo había cursado mis cuatro primeros años de enseñanza básica.
Nunca me molestó el clima frío. Al contrario. Lo que no he
soportado nunca bien es el calor.
Me molestó en cambio el que los autitos matchbox, que coleccionaba
y cuidaba con pasión, costaran más del doble que en el norte[2].
Era una molestia menor comparada con las conversaciones que escuchaba en el
Hotel Savoy en la noche: mi madre, que siempre odió el frío, le informaba a mi
padre con horror el alto precio y mala calidad de las pocas frutas y verduras que llegaban por estos lados. En
esos tiempos, más que ahora, Magallanes era una tierra ideal para comedores de
cordero, y sobre todo en su variedad más barata, el capón, que dejaba
impregnadas a las casas y a sus moradores. Un aroma tan feo que sin duda debe
haberme influido en mi decisión veinteañera de hacerme vegetariano.
“El norte”.
En Magallanes prácticamente todo queda más al
norte. Los chilotes que conocí, y que abundaban en la zona, decían siempre “yo
vengo del norte”, y a los cuatro miembros de mi familia en ese entonces, todos
nacidos en Valparaíso, nos daba risa el relativismo geográfico…pero ellos
tenían razón: estábamos realmente en el extremo sur del mundo, y al saberlo, la
sensación de estar en un lugar único creo que nos acompañó todos esos años. Un
poco más al norte: la pampa, con sus avestruces (o ñandúes) y camélidos
(guanacos). Un poco más al sur: bosques, campos minados (producto tanto de la
prepotencia militar fascista como de la casi guerra con Argentina un par de
años antes), Puerto de Hambre y el Fuerte Bulnes. Tremendas historias las de
esos dos lugares, ubicados tan lejos temporalmente, pero tan cerca el uno del
otro[3].
La ciudad, esta ciudad, no era en ese entonces todavía
antagonista del campo. El campo brotaba en los patios, en los sitios eriazos
frente a las poblaciones. En todas partes. Eramos también dominados por el
viento, y por el fenómeno de las “cuatro estaciones en un día”. Nombre
inadecuado en realidad, porque muchas veces solían ocurrir las cuatro
estaciones en una hora. Con ese dinamismo telúrico, nadie se complicaba
mayormente en cuanto a dejar de hacer cosas porque el día estuviera “feo”: toda
esa variación era hermosa en sí misma, y al menos las personas de 9 años de
edad, como yo, disfrutábamos todo lo que Wuatauinewa
(el dios eterno yagán, que está “desde el principio del tiempo”) nos enviaba a través de
los vientos.
Cuando finalmente llegamos a la casa asignada, en Mardones
0409, casi esquina con Punta Dungenes, la sensación der ser un niño de la selva austral no me
abandonaba. Pocos árboles, pero mucho territorio libre para explorar. Calle
Zenteno, Argentina, villas pobrísimas un poco más arriba, donde pocos años dspués hacíamos las primeras barricadas antidictatoriales, toda la
población ubicada en el ex cerro de los ladrones, y por algo todos decían que
allí penaban. El cerro de los ladrones era un sitio legendario tratándose de
una ciudad que durante gran parte del siglo XIX fue una colonia penal. Me
imagino que luego de una rebelión enorme sobre la cual escribió el señor
Bunster, lo que llamamos usualmente como “la delincuencia” (concepto algo unilateral,
porque sabemos que la verdadera y más grave delincuencia siempre está
enquistada en el poder, en el Estado) se retiró hacia los cerros, y desde allí
seguía operando en las sombras, en una ciudad que sin temor a exagerar sigo
creyendo que es única en el mundo.
Aparte de los ladrones muertos en los motines decimonónicos
y luego refugiados en el cerro, y los colones españoles que se murieron de
hambre en el Puerto de triste memoria, esperando refuerzos de colonización que
nunca llegaron, las presencias fantasmales abundaban por todas partes. Recién
ahora me doy cuenta de que se trataba de
un complejo de culpa colectivo por el asesinato masivo y planificado de indios,
al sur y al norte del estrecho. Hasta hay fotos de eso: mercenarios que según
un estudiante posmoderno serían una especie digna de investigar, masacrando sin
piedad a todos esos subhumanos que les estorbaban a los patrones el cultivo de
animales-mercancía (ovejas), y que por lo mismo eran baleados en masa para
luego recortar sus orejas y cobrar el precio convenido. Lástima que Karl Marx no
alcanzó a incluir esos ejemplos en su obra maestra dentro de la obra maestra,
el capítulo sobre acumulación originaria en El Capital.
Hasta Darwin anduvo por acá observando todos esos procesos.
Y no olvidemos que Marx envió a Darwin una copia de El Capital con dedicatoria.
También a Bakunin.
(CONTINUARÁ...)
[1] El
único disco no tan horrible de Bad Religion se llama así: 80/85. No es una
mierda, a diferencia de todo lo que hicieron después, pero palidece
notoriamente en comparación con a lo menos
50 bandas mejores que ellos, de las cuales voy a mencionar las primeras 10 que
se me vienen a la cabeza: Black Flag, Dils, Nuns, Descendents, Suicide Commandos,
Bad Brains, Government Issue, Circle Jerks, Minor Threat, Hüsker Dü, No Trend,
Stickmen with Rayguns, Naked Raygun, Youth Brigade (los 2 YB: el de Washington y el californiano), Really Red,
Proletariat, Reagan Youth, Urinals, Germs, Saccharine Trust, Minutemen,
Dickies, Millions of Dead Cops, The Last, Flipper, Dead Kennedys, Jody Foster
Army, Dicks, Big Boys, y… mierda, ya llevo como 30. ¿Entienden a lo que me
refiero? Y eso que ni siquiera se me
ocurrieron de entrada bandas tan famosas como los Misfits, los Replacements TSOL,
Vandals, DI´s o Adolescents. Hasta en películas huevonas como “Suburbia: la
rebelión de los punks” se puede ver a algunas de estas últimas en vivo, y siendo
mucho mejores que los sobrevalorados Bad Religion, que vinieron a tocar al
último Cuicopalooza, y al ser entrevistado su vocalista en no sé qué diario,
dijo que nunca olvidó su primera visita a Chile, porque fue ahí que usó por vez
primera su “guitarra azul”. ¡Gracias huevón! ¡tremendos recuerdos! Hasta Julio
Iglesias mentía mejor a la hora de decir que este país de mierda le importaba
mucho.
[2]
Esos autos fueron mi segundo coleccionismo, después de las revistas Kalimán y
Tamakún, dos héroes enmascarados de la India que llegaban a los kioskos en los
70. En realidad creo que las revistas eran mexicanas, y sólo Kalimán se
encapuchaba (no estaba prohibido en esa época).
[3]
Para escuchar una versión musicalizada de esas gestas habría que conseguir el
primer LP del Taller Alturas, “Canto a Magallanes”, de 1976.
Para empezar, calentar el ambiente con
un poco del free jazz bruto y europeísimo que hacían los dos Peter
(Kowald RIP en contrabajo) y Sven-Ake en 1967/8.
Luego, rock en español.....No: en
verdad, la canción que más he escuchado y cantado la última
semana, porque León lo pide:
2-Nuestro México febrero 23. Mucho
mejor (y con letra completa) que la versión de Intillimaiden. En el
video se pueden apreciar carrancistas y gringos colgados de los
postes por las tropas de Pancho Villa.
3-"Yesternow". Segundo track del Tributo a Jack Johnson (Miles Davis).
No se acredita en el disco, pero acá tocó guitarra Sonny Sharrock
además del Macloflin, aunque sólo en los minutos finales, con un
Echoplex. En Right Off (el primer track) Herbie Hancock pasaba por ahí a dejar una copia de su
pimer longplay cuando su jefe lo obligó a enchufar un farfisa e
improvisar algo. Esa es la actitud de un líder. Un negro negrero.
Pero el trabajo esclavo rinde frutos. ¿Cuanto le habrán pagado a
Sonny?
4-Father can´t yell (Can). Comunismo,
Anarquismo, Nihilismo. Padre, no puedo gritar. Eso. Así. Del primer album, "Monster Movie" (68/69), cuando cantaba un gringo (Malcom Mooney) que se volvió (más) loco y tuvo que regresarse a su país (como en la canción de Pancho Villa). Después de eso subieron a cantar a un japonés que encontraron cantándole al sol en una plaza. Creo que vino a Chile hace poco.
5-Paseaba el pueblo sus banderas rojas
(Violeta Parra). Salió el año pasado un CD cuádruple con sus
grabaciones para EMI-ODeón (1954-1966). Hasta ahí reconocen que EMI la trató bastante mal. Aguante Violeta. Ella está más allá del bien y del malo. Y muy por encima por encima de dadá y el punk.
Y para rematar, antes de abrir la
cerveza de las 12:
6-Pánico (los KK). Faltaba un poco de
punk rock, no es cierto? la sensación que aquí describen no parado de incrementarse en el último par de décadas.
¿Somos marxistas? ¿Existen marxistas? Tú sola, estupidez, eres eterna. Esa cuestión resucitará probablemente estos días, con ocasión del centenario, y consumirá ríos de tinta y de estulticia. La vana cháchara y el bizantinismo son herencia inmarcesible de los hombres. Marx no ha escrito un credillo, no es un mesías que hubiera dejado una ristra de parábolas cargadas de imperativos categóricos, de normas indiscutibles, absolutas, fuera de las categorías del tiempo y del espacio. Su único imperativo categórico, su única norma es: "Proletarios de todo el mundo, uníos". Por tanto, la discriminación entre marxistas y no marxistas tendría que consistir en el deber de la organización y la propaganda, en el deber de organizarse y asociarse. Demasiado y demasiado poco: ¿quién no sería marxista?
Y, sin embargo, así son las cosas: todos son un poco marxistas sin saberlo. Marx ha sido grande y su acción ha sido fecunda no porque haya inventado a partir de la nada, no por haber engendrado con su fantasía unaoriginal visión de la historia, sino porque con él lo fragmentario, lo irrealizado, lo inmaduro, se ha hecho madurez, sistema, conciencia. Su conciencia personal puede convertirse en la de todos, y es ya la de muchos; por eso Marx no es sólo un científico, sino también un hombre de acción; es grande y fecundo en la acción igual que en el pensamiento, y sus libros han transformado el mundo así como han trasformado el pensamiento.
Marx significa la entrada de la inteligencia en la historia de la humanidad, significa el reino de la conciencia.
Su obra cae precisamente en el mismo período en que se desarrolla la gran batalla entre Tomás Carlyle y Heriberto Spencer acerca de la función del hombre en la historia.
Carlyle: el héroe, la gran individualidad, mística síntesis de una comunión espiritual, que conduce los destinos de la humanidad hacia orillas desconocidas, evanescentes en el quimérico país de la perfección y de la santidad.
Spencer: la naturaleza, la evolución, abstracción mecánica e inanimada. El hombre: átomo de un organismo natural que obedece a una ley abstracta como tal, pero que se hace concreta históricamente en los individuos: la utilidad inmediata.
Marx se sitúa en la historia con el sólido aplomo de un gigante: no es un místico ni un metafísico positivista; es un historiador, un intérprete de los documentos del pasado, pero de todos los documentos, no sólo de una parte de ellos.
Este era el defecto intrínseco a las historias, a las investigaciones acerca de los acaecimientos humanos: el no examinar ni tener en cuenta más que una parte de los documentos. Y esa parte se escogía no por la voluntad histórica, sino por el prejuicio partidista, que lo sigue siendo aunque sea inconsciente y de buena fe. Las investigaciones no tenían como objetivo la verdad, la exactitud, la reconstrucción íntegra de la vida del pasado, sino la acentuación de una determinada actividad, la valoración de una tesis apriórica. La historia era dominio exclusivo de las ideas. El hombre se consideraba como espíritu, como conciencia pura. De esa concepción se derivaban dos consecuencias erróneas: las ideas acentuadas eran a menudo arbitrarias, ficticias. Y los hechos a los que se daba importancia eran anécdota, no historia. Si a pesar de todo se escribió historia, en el real sentido de la palabra, ello se debió a la intuición genial de algunos individuos, no a una actividad científica sistemática y consciente.
Con Marx la historia sigue siendo dominio de las ideas, del espíritu, de la actividad consciente de los individuos aislados o asociados. Pero las ideas, el espíritu, se realizan, pierden su arbitrariedad, no son ya ficticias abstracciones religiosas o sociológicas. La sustancia que cobran se encuentra en la economía, en la actividad práctica, en los sistemas y las relaciones de producción y de cambio. La historia como acaecimiento es pura actividad práctica (económica y moral). Una idea se realiza no en cuanto lógicamente coherente con la verdad pura, con la humanidad pura (la cual no existe sino como programa, como finalidad ética general de los hombres), sino en cuanto encuentra en la realidad económica justificación, instrumento para afirmarse. Para conocer con exactitud cuáles son los objetivos históricos de un país, de una sociedad, de un grupo, lo que importa ante todo es conocer cuáles son los sistemas y las relaciones de producción y cambio de aquel país, de aquella sociedad. Sin ese conocimiento es perfectamente posible redactar monografías parciales, disertaciones útiles para la historia de la cultura, y se captarán reflejos secundarios, consecuencias lejanas; pero no se hará historia, la actividad práctica no quedará explícita con toda su sólida compacidad.
Caen los ídolos de sus altares y las divinidades ven cómo se disipan las nubes de incienso oloroso. El hombre cobra conciencia de la realidad objetiva, se apodera del secreto que impulsa la sucesión real de los acaecimientos. El hombre se conoce a sí mismo, sabe cuánto puede valer su voluntad individual y cómo puede llegar a ser potente si, obedeciendo, disciplinándose a la necesidad, acaba por dominar la necesidad misma identificándola con sus fines. ¿Quién se conoce a sí mismo? No el hombre en general, sino el que sufre el yugo de la necesidad. La búsqueda de la sustancia histórica, el fijarla en el sistema y en las relaciones de producción y cambio, permite descubrir que la sociedad de los hombres está dividida en dos clases. La clase que posee el instrumento de producción se conoce ya necesariamente a sí misma, tiene conciencia, aunque sea confusa y fragmentaria, de su potencia y de su misión. Tiene fines individuales y los realiza a través de su organización, fríamente, objetivamente, sin preocuparse de si su camino está empedrado con cuerpos extenuados por el hambre o con los cadáveres de los campos de batalla.
La comprensión de la real causalidad histórica tiene valor de revelación para la otra clase, se convierte en principio de orden para el ilimitado rebaño sin pastor. La grey consigue conciencia de sí misma, de la tarea que tiene que realizar actualmente para que la otra clase se afirme, toma conciencia de que sus fines individuales quedarán en mera arbitrariedad, en pura palabra, en veleidad vacía y enfática mientras no disponga de los instrumentos, mientras la veleidad no se convierta en voluntad.
¿Voluntarismo? Esa palabra no significa nada, o se utiliza en el sentido de arbitrariedad. Desde el punto de vista marxista, voluntad significa conciencia de la finalidad, lo cual quiere decir, a su vez, noción exacta de la potencia que se tiene y de los medios para expresarla en la acción. Significa, por tanto, en primer lugar, distinción, identificación de la clase, vida política independiente de la de la otra clase, organización compacta y disciplinada a los fines específicos propios, sin desviaciones ni vacilaciones. Significa impulso rectilíneo hasta el objetivo máximo, sin excursiones por los verdes prados de la cordial fraternidad, enternecidos por las verdes hierbecillas y por las blandas declaraciones de estima y amor.
Pero la expresión "desde el punto de vista marxista" era superflua, y hasta puede producir equívocos e inundaciones fatuamente palabreras. Marxistas, desde un punto de vista marxista...: todas expresiones desgastadas como monedas que hubieran pasado por demasiadas manos.
Carlos Marx es para nosotros maestro de vida espiritual y moral, no pastor con báculo. Es estimulador de las perezas mentales, es el que despierta las buenas energías dormidas que hay que despertar para la buena batalla. Es un ejemplo de trabajo intenso y tenaz para conseguir la clara honradez de las ideas, la sólida cultura necesaria para no hablar vacuamente de abstracciones. Es bloque monolítico de humanidad que sabe y piensa, que no se contempla la lengua al hablar, ni se pone la mano en el corazón para sentir, sino que construye silogismos de hierro que aferran la realidad en su esencia y la dominan, que penetran en los cerebros, disuelven las sedimentaciones del prejuicio y la idea fija y robustecen el carácter moral.
Carlos Marx no es para nosotros ni el infante que gime en la cuna ni el barbudo terror de los sacristanes. No es ninguno de los episodios anecdóticos de su biografía, ningún gesto brillante o grosero de su exterior animalidad humana. Es un vasto y sereno cerebro que piensa, un momento singular de la laboriosa, secular, búsqueda que realiza la humanidad por conseguir conciencia de su ser y su cambio, para captar el ritmo misterioso de la historia y disipar su misterio, para ser más fuerte en el pensar y en el hacer. Es una parte necesaria e integrante de nuestro espíritu, que no sería lo que es si Marx no hubiera vivido, pensado, arrancado chispas de luz con el choque de sus pasiones y de sus ideas, de sus miserias y de sus ideales.
Glorificando a Carlos Marx en el centenario de su nacimiento, el proletariado internacional se glorifica a sí mismo, glorifica su fuerza consciente, el dinamismo de su agresividad conquistadora que va desquiciando el dominio del privilegio y se prepara para la lucha final que coronará todos los esfuerzos y todos los sacrificios.