Delirio Místico: "A mon seul désir" (Según mi solo deseo)
"La discusión sobre el comunismo no es académica. No es un debate sobre lo que se hará mañana.
Desemboca en, y forma parte de un conjunto de tareas inmediatas y lejanas de las que no es más que un aspecto, un esfuerzo de comprensión teórica" (Gilles Dauvé)
viernes, marzo 16, 2018
Crítica musical/Comunismo N° 67/Sigue la tontera del "situacionismo"/Definiciones
Crítica musical:
Siempre me causó gracia una viñeta
de Pedro Pico y Pico Vena, los okupas punk y skin –respectivamente- del
dibujante Azagra, en que tenían un programa de “crítica musical” en una radio,
y luego de poner un hit tras otro de punk, ska, heavy metal y hardcore, que
ocasionaban reiterados elogios y muestras de felicidad en sus comentarios al
aire, ponían un tema de Alejandro Sanz, horrible como es Alejandro Sanz, y
cuando uno de ellos le preguntaba al otro para qué había elegido torturarlos
con esa mierda, el otro respondía: “¡Es que en algo tenía que notarse que es un
programa de crítica musical!”.
Bueno: siguiendo ese mismo
espíritu, el otro día me atreví a escuchar un tema que vi referido elogiosamente en El Desconcierto, y que expresaría un peak de creación musical chilena a cargo de un cierto saxofonista.
El tema era tan vomitivo que no pude escucharlo entero. Y lo que menos
destacaba era precisamente el saxo. Se supone que era una especie de fusión
jazz/hip hop, pero no se reconocían ningún elemento de referentes como Coltrane
o los Last Poets sino que…sencillamente era algo imposible de escuchar.
Quedé tan desagradado que tuve
que acudir a un antídoto poderoso: un solo inédito de Kaoru Abe registrado en
1973, en saxo alto. Gracias Kaoru: tu fuego purificador fue una verdadera
sanación, equivalente al agua fresca después de haber comido chatarra.
Leninismo y contra-revolución
parte III:
Por fin salió el N° 67 de larevista Comunismo. Este especial es la parte III de la serie sobre Leninismo.
Su lectura puede causar graves indigestiones y cagaderas a todas las variedades
de socialdemócratas leninoides que subsisten: trotskistas, maoístas,
estalinistas, castristas, guevaristas, kim-il-sungistas, y un largo etc. de sectas
con nombre de hombre.
Se subdivide en dos grandes
capítulos: La mentira de la revolución leninista, y El terrorismo capitalista
del Estado bolchevique.
Un siglo de mentiras
Nada de lo que se reproduce
como «noticias» es verdad. Resulta una banalidad de base repetir que todo está
manipulado. La realidad se confecciona en base a mentiras. Ayer se
redirigían revueltas para liquidar la revolución social. Hoy se confeccionan y
modelan revueltas para que los estallidos sean dirigidos desde su nacimiento.La
burguesía busca impedir así que las revueltas proletarias, que la catástrofe
del sistema produce, se generalicen y afirmen nuevamente su contenido revolucionario.
Pero todo ese entretejido de
construcciones mediáticas e ideológicas se cimentan en verdaderos pilares
fundamentales de la falsificación generalizada.
Si dichos pilares existen
desde la existencia misma de las sociedades de clase, si la explotación y
dominación de unos hombres por parte de otros solo puede existir en base a
sólidas construcciones ideológicas, si la sumisión requiere creer en las
bondades y la necesidad histórica de su propia explotación (progreso,
democracia, trabajo), en el siglo xx se conformó otro gigantesco pilar
ideológico de la dominación del proletariado mundial: el de la
«Revolución rusa que cambió el mundo», el de los «países socialistas».
Dicho mito, consolida
una nueva y sólida base ideológica del capital mundial. Del mismo
emergen infinitos mensajes tentaculares, apenas perceptibles, como también
emergen de los otros pilares más viejos: la democracia, la religión, el trabajo
como sinónimo de bienestar. Todo el sistema social de mitos y creencias está
dirigido a reproducir, para siempre, la sociedad burguesa.
La contrarrevolución real se
vende como «el socialismo real». El modelo leninista de
«socialismo» con persistencia de la mercancía y en general del trabajo
asalariado, mucho autoritarismo estatal y represión, fue el modelo idealizado
de la izquierda burguesa. Para el proletariado todo fue igual, o peor, en
nombre de un mundo futuro que sería todavía «más socialista» y hasta
«comunista».
¡«Ese» es el cambio! ¡Esa es
la «revolución» a la que los explotados y dominados del mundo pueden aspirar!
Si el socialismo ha sido realizado y «es lo que es», ¿para qué ir más lejos o
intentar otro cambio?
Peor: para que «el
socialismo» marche bien, se requiere más esfuerzo. ¡Más de lo mismo!: más
trabajo, más progreso y, sobre todo, que sea más democrático.
Ese siglo de
mentiras, basadas en la absurda ideología de quela
«Revolución rusa» ha cambiado el mundo, se cierra con un broche ideológico
«encantador» para la dominación capitalista mundial, un verdadero calabozo en
donde no entra ya ni un rayito de sol: «Lo que más le faltó al socialismo
fue la democracia», que recitan los escribas del sistema y repiten las
masas sumisas.
El calabozo está
profundamente enterrado bajo la mitología de ese «cambio» y... de su progreso.
Salvo las expresiones aisladas de los grupos de militantes revolucionarios, ya
no llega hasta las actuales generaciones de proletarios ni un resplandor de
aquella gran revuelta internacional del proletariado mundial por la
revolución social, que se expandió por el mundo en las primeras dos
décadas del siglo xx. Es por eso que estamos en el mejor de los mundos
posibles... para la explotación, la opresión y la catástrofe de la
humanidad.
Y sigue la tontera y producción de ideología acerca del encuentro
pifiado entre Lacan y un situacionista:
Donde la IS hablaba clara y
simplemente de “construcción de situaciones”, un ejército de posmos se pajea
hasta el cansancio con su retórica de la “performatividad” y otras mierdas.
Un nuevo comentario sobre el
famoso libro aquel se inicia así. Tome nota y aprenda a hablar en posmoderno
(puede ser bastante rentable en estos tiempos):
Comentar un libro basándose en algo que para algunos/as puede parecer
marginal responde a una formación historiográfica, la cual suele otorgar un
valor trascendental y habitualmente fetichizado a la “fuente”, la cual compone,
en la disciplina histórica, la parte más importante de un aparato crítico. La
fuente parece portar siempre la verdad de la escritura, la cual, como un
añadido en el tiempo presente, se limitaría a periodizar, ordenar, describir,
explicar y, tan sólo a veces, interpretar la verdad del pasado presuntamente
contenida en ellas. En suma, a otorgar sentido –otorgarle, supuestamente, su sentido– a aquello que parece
haber estado hasta entonces en el más pasivo reposo de la espera significante
por la significación.
Sostener un comentario en semejante paratexto, no responde por cierto a tamaña ilusión objetivista
sino, fundamentalmente, al intento de leer en ese pliegue, en ese archivo que
es el paratexto, aquello que, tal vez más próximo a la enunciación, sostiene, siempre
arrestada y elusivamente, el texto principal y sus múltiples hipótesis.
(…)
He allí el poder del
disturbio: un “accionar imprevisto”, a partir del acto del situacionista
que, al verter el líquido de la jarra, al dar vida a los objetos y objetualizar
intempestivamente a los sujetos, y especialmente al Sujeto supuesto Saber de la
escena, a Lacan, la transforma inevitable e irrecuperablemente, a pesar de los
esfuerzos de Lacan.
OK. Suficiente. ¿Por qué mejor no
hacen un libro sobre el encuentro entre Música Sepúlveda y la ministra de
educación, a través del lanzamiento del contenido de un jarro de agua?
Definiciones:
Situación construida:
Momento de la vida construido concreta y deliberadamente para la organización
colectiva de un ambiente unitario y de un juego de acontecimientos.
Situacionista: Todo lo
relacionado con la teoría o la actividad práctica de la construcción de
situaciones. El que se dedica a construir situaciones. Miembro de la
Internacional situacionista.
Situacionismo: Vocablo
carente de sentido, forjado abusivamente por derivación de la raíz anterior. No
hay situacionismo, lo que significaría una doctrina de interpretación de los
hechos existentes. La noción de situacionismo ha sido concebida evidentemente
por los antisituacionistas.
Revista COMUNISMO N° 66: El ABC de la "cuestión española"
Cuando uno ya piensa que no volverá a leer nada decente en
un buen tiempo, suele aparecer el nuevo número de la revista COMUNISMO: En esta
ocasión, el N° 66 (febrero de 2017), que contiene la Primera Parte de “Revolución
y Contrarrevolución en la región española. Años treinta”.
En medio de un verdadero mar de mistificaciones y
tergiversaciones de mierda, estos “ABC” se agradecen y merecen todo nuestro
esfuerzo de difusión.
Por supuesto que se recomienda leerla entera, pero por de
pronto extracto una breve pero contundente parte que aparece casi al inicio:
EL ABC SOBRE LA CUESTIÓN ESPAÑOLA
Insistir sobre el "abc de la
cuestión española", que en realidad es exactamente lo mismo que el
"abc de la lucha de clases", implica combatir todas las ideologías
que han pretendido ver en España contradicciones particulares, condiciones
únicas en el mundo o especificidades debidas al supuesto atraso
o a la falta de desarrollo capitalista.
Para nosotros, hay sólo una cosa
realmente particular en España, y es el desfase con el que llega la
confrontación con respecto a la lucha de clases en otros países. Como
afirmábamos más arriba, el proletariado había sido derrotado en todo el mundo,
cuando en la década del 30, en España, éste hace temblar el orden burgués. Esa
es, para nosotros, la única excepción. Contrariamente a todo lo que se dice, la
lucha de clases en España es igual que en todas partes, una lucha entre
el capital y el proletariado y todo lo demás es una gigantesca
mentira.
Dada la complejidad aparente con
la que la cuestión española es presentada, este criterio de clase es
indispensable, para no enredarse en las mil y unas cuestiones personales, de
fracciones, de posiciones y grupos, que ha hecho escribir, a más de uno, que la
"cuestión española" es un laberinto inextricable.
La complejidad misma
es crucial en la falsificación. Partamos pues de lo que es más
simple para nosotros, proletarios, y descubriremos la clave de todo el proceso.
El punto de vista del proletariado es siempre el de sus intereses materiales
e históricos, el de su antagonismo general con toda la sociedad del capital, el
de su necesidad de contraponerse al capital y su Estado. Esta es la tendencia
"natural" del proletariado cuando actúa como clase.
Sin embargo, en el proceso de asociacionismo, en la organización proletaria en
contraposición a la propiedad privada y todos sus defensores, aparecen un
conjunto de ideologías, de "teorías socialistas que los intelectuales
introducen en la clase", según las cuales "es demasiado prematura la
lucha por la revolución social", "lo que hay que hacer ahora es
apoyar a tal gobierno progresista", "hay que hacer una alianza con
tal o cual sector de la burguesía", "el enemigo principal es el
fascismo, el feudalismo, el atraso o, lo que sea". No es que en España
dichas teorías fuesen originales (a pesar de la pretensión de algunos de los
autores); sino que por el hecho de que toda la burguesía mundial (con sus
respectivas expresiones "nacionales") intenta transformar esa lucha
revolucionaria en guerra imperialista, se produce la presencia simultanea de
multitud de expresiones ideológicas que se encaminan a desdibujar aquella simplicidad
de las contradicciones de clase, que caracteriza todo el capitalismo,
y a confundir todo en un enjambre confuso de ideologías. La confusión es
enorme, llegando en algunos casos al extremo de explicar esa formidable lucha en
España como producto de un conflicto ideológico. Hasta algunos de sus
protagonistas presentan lo sucedido sin tener en cuenta en absoluto la
contraposición de clases, como si en España se hubiesen enfrentado
"ideas", o principios "estatistas" versus "anarquistas",
o según otros "la reacción" y "el progreso", o diferentes
tipos de "socialismos": "socialismo libertario" versus
"socialismo autoritario".
Es totalmente lógico que quienes
presentan las cosas de tal manera, se alineen necesariamente, como sucedió
prácticamente, en uno de los lados de la guerra imperialista, sea a favor del
franquismo, sea del antifranquismo; es decir que pongan todas sus fuerzas en la
lucha para liquidar al proletariado como clase, como fuerza y transformarlo en
simple masa de maniobras o más concretamente en carne de cañón.
Desde el punto de vista de
nuestra clase, las cosas son simples, transparentes: el
proletariado se enfrenta al capital y al Estado burgués, exactamente igual que
en cualquier otra parte. Esa es la contradicción real, profunda, total,
que determina, como en cualquier otra parte, a todas las demás. Las "dos
Españas", "el atraso no permite...", el feudalismo y el
capitalismo", "las tareas democrático burguesas", la
"revolución burguesa incompleta", las "necesidades de la
guerra", "la lucha contra el fascismo", son, sin excepción,
ideologías, anzuelos de la burguesía para ensartar al proletariado,
abombarlo y arrastrarlo para mejor servirse de él.
Desde el punto de vista del
proletariado, no puede haber absolutamente ninguna duda, se trata de una
cuestión de vida o muerte, o se fortifica como clase o se lo destruye
transformándolo en base de apoyo de las distintas fracciones burguesas,
enviándolo al frente, transformándolo en ejército (industrial y militar.) Y en el
ejército republicano o franquista, en la lucha fascista/antifascista, dígase lo
que se diga, el proletariado no es clase, no se afirma a sí mismo,
sino que da su vida, sus tripas, su sudor y su sangre en beneficio de los
(éstos sí) complejos intereses de la ganancia capitalista, del reparto del
mundo entre potencias burguesas afincadas en España y al mismo tiempo
internacionales. El proletariado no entra en la guerra capitalista
(fascismo-antifascismo) como clase, sino como carne de cañón, como
negación negativa del proletariado.
Comprendidas las cosas
precisamente así, en toda su simplicidad(1), toda
alianza interclasista o renuncia a esa simplicidad, es un abandono de la
posición proletaria. Es totalmente transparente que las organizaciones que se
decían obreras, como el PSOE o el PCE (o el PCUS), afirmaban claramente que no
había que hacer la revolución social sino la guerra, que el enemigo no era el
capitalismo y la burguesía, sino el fascismo. Siempre fueron, coherentes, en
fortificar el Estado burgués para ello, en desarmar el "caos"
proletario y armar el orden y el ejército ("todas las armas al
frente").
En cambio, otras organizaciones
como la CNT, la FAI o el POUM oscilarán con respecto a esa
simplicidad durante toda su existencia, en función de la oportunidad, de los
períodos, de las estructuras, de los"programas"y/o dirigentes. Sin
embargo las especulaciones sobre "las particularidades de la cuestión
española", sobre "el enemigo principal", sobre el hecho de que
"la derecha es peor" conducirán a dichas organizaciones, de
especulación en especulación, a renunciar a todas las posiciones de clase que
se habían expresado en su seno. Dichas estructuras perderán así su carácter
contradictorio desde la adopción misma de las tesis frentepopulistas de "primero
la guerra, luego la revolución" e implicarán su alineamiento total en la
guerra interburguesa, constituyéndose en parte fundamental del Estado burgués,
impulsando, desde entonces, el encuadramiento y la militarización del
proletariado. En definitiva, esas organizaciones, dentro de las cuales se
habían asociado proletarios en su lucha y a pesar de sus tendencias
tantas veces dominantes (socialdemócratas y sindicalistas), liquidarán
totalmente esta posibilidad y se afirmarán como actores principales
para la reorganización del orden burgués.
Todo lo que en España parece
complicado, sobre el qué hacer, sobre las consignas, es fruto del abandono
fundamental de ese simple análisis de clase que indica: el
enemigo es la burguesía y el Estado, no hay un gobierno mejor que otro, no hay
una burguesía mejor que otra, la posición del proletariado, frente a la policía
y al ejército, es simplemente la de su destrucción. En cambio el POUM y la CNT
argumentarían todo lo contrario: "que hay que hacer la guerra", que
"el enemigo es el fascismo", "que el gobierno de la república es
pequeño burgués", "el carácter excepcional, popular, de las
organizaciones burguesas de izquierda"(2)...
Sin embargo, si, en ruptura con
la historia oficial se corre el velo de las superficialidades ideológicas, se
constata enseguida que la clave es la contraposición de clases, el antagonismo
entre necesidades humanas y el Estado burgués. A ese nivel fundamental, es
clarísimo que el fascismo y el antifascismo son dos mandíbulas de la
misma jeta sanguinaria, dos discursos del mismo monstruo. En efecto,
cuando no se olvida nunca el carácter burgués del Estado, y se
tiene en cuenta que su objetivo es, como siempre, liquidar la revolución,
reventar al proletariado autónomo, desarmar los grupos de proletarios que no
aceptan someterse a la disciplina estatal (por ejemplo ante la
militarización)..., todo lo ideológico queda clarísimo. Así cada discurso
oficial de la República, cada llamado a "renunciar a todo menos a la
victoria", "dejar de lado las desavenencias en la retaguardia"
sea hecho por Azaña, Companys, Federica Montseny, Andrés Nin, Juan Negrín o
Abad de Santillán, adquiere su real significado.
¡Cuánto más simple son las cosas
si, contra todos los elementos ideológicos, contra todos los pretextos y
mentiras, no olvidamos nunca que el Estado burgués, cualquiera sea
su forma, es el capital constituido en fuerza y el órgano vital de
opresión del proletariado! ¡Cuánto más transparente resulta cada hecho, y
cada figura histórica, si dejamos de lado lo que esos individuos dicen de sí
mismos, y vemos si dicha figura luchó por el proletariado o se puso al servicio
del Estado!
¡Cómo también quedan claros los
discursos de ambos lados del frente de batalla para llamar a la reorganización
sindical del trabajo y la marcha hacia la guerra,
si no perdemos de vista que de los dos lados de la guerra se impulsan la misma
reorganización del capital!
A lo largo de nuestra exposición,
veremos la tragedia en la que se sumerge la lucha proletaria en España, en
donde los dirigentes fundamentales de su lucha histórica irán pasando a
integrar los cuadros del Estado burgués, y le pedirán, al proletariado, que
abandone su lucha clasista, hasta desarmarlo y derrotarlo. Veremos que para
ello se irán liquidando aquellas bases instintivas y simples de lucha contra la
propiedad privada y el Estado que, durante décadas, había caracterizado la
lucha del proletariado en esa región, y se construirán complejas explicaciones
y teorías para justificar esas claudicaciones.
Notas:
1.Aquí, como en
otros dominios, la clave teórica y metodológica está en romper con esa confusa
representación ideológica (concreto representado), que aparece en la superficie
de la sociedad, haciendo abstracción de todos los elementos ideológicos y
propagandísticos que le dan potencia a esa representación (como el cuco del
fascismo o cualquier otra fórmula de propaganda partidaria) y concentrarse en
los intereses antagónicos de las clases en pugna y los proyectos históricos que
de los mismos se derivan. Esta abstracción, que nos permite captar la
realidad en toda su simplicidad, es equivalente a la que nos permite, por
ejemplo, comprender las formas más simples del valor, así como el desarrollo de
ellas (hasta las formas más complejas) y el proceso mismo de valorización; es
decir concebir el capital como sujeto general de esta sociedad y poner en
evidencia la necesidad y la posibilidad histórica de abolirlo.
2. "Los centristas y
reformistas de cada país subrayan siempre el carácter excepcional, popular, de
las organizaciones burguesas de izquierda de cada país", decía
Moulin, militante que se definía como trotskista o mejor dicho bolchevique
leninista, en un artículo de denuncia contra el POUM por su participación
gubernamental titulado "El POUM se convierte en partido
gubernamental". Moulin fue desaparecido y torturado a muerte por los
lenino/estalinistas.
Contribuciones a la crítica de la economía política: otro capítulo/Kaoru Abe, Mort á crédit (1975)
En estos días de calor y confusión mental generalizada, nada mejor que no tomar sol, y quedarse a la sombra de lo que se pueda estudiando las antiguas revistas COMUNISMO para manejar bien el ABC de todo anticapitalismo serio: la crítica de la economía política. Siguiendo el ejemplo de los grandes maestros, recomiendo refrescarse el gaznate con cerveza. Si Ud. no sigue a los grandes maestros (Engels, Marx, Bakunin...) y es abstemio o "straight edge", puede leer igual (aunque dudo de que vaya a comprender todo bien: demasiadas neuronas estorban), pero tómese entonces un buen jarro de agua de la llave. Es más barato, y además las bebidas y jugos sintéticos son pura mierda y hacen peor que una cerveza, por más degradada que esté la mayoría de las marcas que se consiguen hoy en día. Como banda sonora de esta exploración, nada mejor que "Mort á crédit", el album doble de grabaciones solistas de Kaoru Abe en saxo alto y sopranino, producido por el gran Aquirax Aida en 1975.
CO21.1.2 Contribuciones a la crítica de la economía: Primera serie
de textos: delimitación de nuestra crítica de la economía: Objeto y método, su
relación dialéctica.
Economía política y economía vulgar: Definición
En este parte de nuestro trabajo
realizamos un conjunto de definiciones necesarias, en cuya contraposición se
define la crítica de la economía política y que como tales son sus
presupuestos. Se trata de precisar las grandes concepciones acerca de la
realidad económica (de la «economía») que la sociedad presente produce como su
propia afirmación (economía política y economía vulgar), y de especificar sus
características principales: su objeto, su método y su función social (8).
Por las mismas razones ya
expuestas en el primer texto, acerca de las dificultades de la exposición, la
que se realiza en esta parte del texto sólo adquiere su significado total y por
lo tanto se comprende su necesidad con la definición de la crítica a la
economía.
2.1. Distinción entre economía
política y economía vulgar
Hace más de un siglo Marx
establecía la distinción fundamental entre economía política y economía vulgar,
definiendo a una en oposición a otra:
«Entiendo por economía política
clásica toda la economía que desde W. Petty investiga la concatenación interna
del régimen burgués de producción, a diferencia de la economía vulgar que no
sabe más que hurgar en las concatenaciones aparentes, cuidando tan sólo de
explicar y hacer gratos los fenómenos más abultados, si se nos permite la
frase, y mascando hasta convertirlos en papilla para el uso doméstico de la
burguesía los materiales suministrados por la economía científica desde mucho
tiempo atrás y que por lo demás se contenta con sistematizar, pedantizar y
proclamar como verdades eternas las ideas banales y engreídas que los agentes
del régimen burgués de producción se forman acerca de su mundo, como el mejor
de los mundos posibles.» (9)
La distinción sigue siendo
totalmente válida, pertinente y de gran utilidad en la crítica de las doctrinas
económicas, aunque ella no se traduzca en absoluto por una separación neta de
«escuelas» (10) como se ha pretendido. Aunque hoy, como el propio Marx lo había
explicado y pronosticado (11), la economía política haya dejado de existir como
expresión orgánica con características totalmente propias y diferentes como
habían sido los escritos de Smith, Ricardo y otros, dado que incluso sus
mejores expresiones actuales (keynesianos, neoricardianos, marxistas) oscilan
permanentemente y se inclinan hacia la economía vulgar, sin que se pueda
básicamente distinguir en tal o tal autor a que concepción de base pertenece;
la distinción entre éstas sigue siendo fundamental, dado que no se trata de
encasillar a tal o tal autor, sino comprender el tipo de concepción posible y
la determinación de éstas como producto de las relaciones de producción. Así
por ejemplo es fundamental comprender el cambio necesario de concepción que
debe realizar el economista estalinista y postestalinista que pasa de la
economía política a la vulgar. En efecto, este define la economía como lo hacía
la economía política, tiene básicamente su misma teoría del valor (teoría que
denomina del “valor trabajo”), busca el mismo tipo de leyes en la economía (objetivas,
sociales...), incluso acepta la lucha de clases... pero olvida todo esto cuando
se trata de analizar su propia sociedad mercantil. Si bien no llega hasta la
religiosa fórmula trinitaria, niega la lucha de clases pretendiendo que ha
desaparecido a pesar de la existencia inocultable del salario, del dinero...;
sustituye la búsqueda de leyes objetivas y sociales por una lógica de la
elección; considera incluso que el valor de una mercancía puede determinarse
por la utilidad social, aceptando por lo tanto una concepción subjetivista del
valor en una sociedad mercantil. Realiza además la apología del mundo de la
mercancía y su armonía («Ley de desarrollo armonioso de la economía nacional»),
redefine la economía, como cualquier economista vulgar, como una ciencia al
servicio de la optimización en la utilización de ciertos medios escasos para la
realización de fines múltiples.
Para caracterizar adecuadamente
las diferencias básicas entre economía política y economía vulgar, se requiere
exponer brevemente el objeto y el método de cada una de las dos grandes
concepciones. Sin embargo una aclaración previa se impone. Varios autores han
intentado clasificar las escuelas de economía y cuando se dicen marxistas
tienen necesariamente que hablar de la «economía política» y de la «economía
vulgar». Pero lo que termina desnaturalizando totalmente ambas categorías, como
concepciones totalizadoras, es cuando a esas dos «corrientes» se le agrega una
tercera «escuela»... ¡y hasta una cuarta!
Es el ejemplo de Oskar Lange,
en La economía en las sociedades modernas, que en la explicación de
las teorías económicas burgueses, luego de exponer la economía política y la
economía vulgar, agrega primero lo que llama escuela histórica, que a su vez
divide en «vieja escuela histórica» (Rocher, Hildebrandt, Knies...), joven
escuela histórica (de Schomoller, Bucher y Lujo Brentano...), más otros autores
como Sombar y Weber; y segundo el institucionalismo (Veblen, Mitchell,
Comons... y más tarde Hobson).
Con esto lo único que hace Lange
es demostrar que no comprendió en absoluto lo que es una concepción general en
«economía», dado que las categorías «economía vulgar» y «economía política» no
existen para enumerar las tendencias, las opiniones, las escuelas, sino que
caracterizan una real concepción del mundo y que como tales, y al interior de
la economía política, sólo hay dos concepciones posibles.
Así, se puede tener una teoría
objetiva del valor, se puede adoptar una subjetiva y en la mayoría de los casos
las doctrinas económicas mezclan ambas, pero la pretensión de inventar una
teoría del valor de un tipo esencialmente diferente es un absurdo y
necesariamente recurrirá a los elementos objetivos del valor
(independientemente de la voluntad de los hombres) y/o se reconocerá en la
ideología subjetivista (dependiente de la utilidad que un objeto brinda).
Escuelas, opiniones, tendencias,
existirán decenas, cientos o miles, según el criterio de clasificación
utilizado, pero la contradicción economía vulgar-economía política no puede
tener tres polos, ni cuatro, sino necesariamente dos, aunque (y esto constituye
el abc de la dialéctica) la síntesis de ambos constituya una tesis que dé
origen a una nueva antítesis (crítica de la economía). En realidad es tan
absurdo pretender encontrar una nueva concepción, una tercera concepción en
economía, como pretender que además del idealismo y del materialismo podría
existir en la filosofía otra concepción. El hecho de que tal o tal tendencia,
escuela, autor... no mantenga todas las características de las concepciones de
base, y que se vea que ellas oscilan entre una y otra, y hasta a veces toman lo
peor de cada una (por ejemplo el idealismo lógico-formal), lejos de suponer la
inutilidad o la superación de la contradicción fundamental de concepciones, confirma
toda su validez.
Claro está que para
caracterizarlas brevemente como haremos aquí es necesario referirse a las
escuelas más representativas de cada una de las concepciones. Por lo dicho
anteriormente para caracterizar la economía política debemos referirnos a los
economistas clásicos y para caracterizar la concepción vulgar de la economía
tomaremos a los subjetivistas (que son algo así como los vulgarizadores de la
economía vulgar) en su variante dominante: la escuela neoclásica.
2.2. Objeto y método de la
economía política
La economía política parte del
análisis de la realidad económica, de la existencia y de las contradicciones de
clase, y a partir de esto delimita su objeto. Su máximo exponente, David
Ricardo, delimita así el objeto de la economía política: «Los productos de la
tierra, es decir todo lo que se retira de su superficie a través de los
esfuerzos combinados del trabajo, de las máquinas y de los capitales, se
reparten entre las siguientes tres clases de la comunidad, a saber: los
propietarios terratenientes, los poseedores de fondos de los capitales
necesarios para el cultivo de la tierra y los trabajadores que la cultivan.
Cada una de estas clases tendrá sin embargo, según el estado de la
civilización, una parte muy diferente del producto total de la tierra bajo el
nombre de renta, ganancia del capital y salarios, y esta parte dependerá en
cada época de la fertilidad de la tierra, del crecimiento del capital y de la
población, del talento, de la habilidad de los cultivadores, en fin de los instrumentos
empleados en la agricultura. Determinar las leyes que rigen esta distribución,
he ahí el principal problema de la economía política.» (12)
Sin embargo, teniendo en cuenta
el conjunto de la obra de todos los autores clásicos, nos parece totalmente
pertinente considerarlos también parte del objeto de la economía política,
determinar las leyes que rigen la producción de lo que será distribuido. En
efecto, de hecho estudian las leyes que regulan la producción y distribución en
la sociedad. Esto último concuerda con la definición que da Engels de la
economía política: «La economía política [...] es la ciencia de las leyes que
rigen la producción y el cambio de los medios materiales de subsisten en la
sociedad humana» (13).
Lo más decisivo e importante de
la economía política, lo que la hacía erigirse en tanto que ciencia, en la
época del apogeo del materialismo y el positivismo, es ese reconocimiento de
que la realidad objetiva obedece a determinadas regularidades, que pueden ser
investigadas, analizadas y enunciadas en tanto que leyes de la economía
política (14). El análisis propiamente dicho de esa realidad económica llevó a
la economía política, como paso analítico primero y fundamental a establecer
que el trabajo es la fuente de todas las riquezas de las naciones y a
considerar la teoría del valor-trabajo como la piedra principal de la economía
política.
En cuanto al método del
conocimiento de la economía política es el resultante de trasladar el de las
ciencias naturales al de las ciencias sociales, es básicamente materialista y
positivista, parte de la observación experimental para el estudio de la
realidad y procede en base a la descomposición analítica de la realidad, a la
que intenta reproducir por vía del pensamiento. Utiliza la abstracción, el aislamiento
de las categorías fundamentales, la concretización e intenta verificar la
teoría en la realidad. Intenta por lo tanto elaborar leyes objetivas, en tanto
que reproducción de las existentes en la realidad económica (en el objeto) y
social. Como tal es propiamente una ciencia social.
Para terminar esta breve
exposición acerca del objeto, el método y la función social de la economía
política mencionaremos algunas características centrales que sólo podremos ir
especificando cuando vayamos abordando la crítica a la economía política:
- es esencialmente ahistórica;
- corresponde fundamentalmente a
la burguesía y específicamente a las fracciones que se denominan normalmente
como «progresistas», es decir a las que intentan reformas profundas.
2.3 Objeto y método de la
economía vulgar
Para llegar a los economistas
vulgares actuales, los neoclásicos monetaristas, entre los cuales Friedman hace
figura de representante, los economistas hicieron un largo camino, en el que se
fueron separando idealmente, en nombre de la armonía y la libertad de elegir
(15), de toda explicación de la sociedad capitalista cuyo desarrollo se
manifestaba objetivamente como sinónimo del desarrollo de sus contradicciones y
de sus catástrofes: «Cuanto más se va acercando la economía a su pleno
desarrollo y más se va revelando como un sistema hecho de contradicciones, más
va levantándose frente a ella su elemento vulgar, nutrido con las materias que
a su manera se va asimilando, hasta convertirse en un sistema especial que
acaba encontrando su expresión más genuina en una amalgama desprovista de todo
carácter. A medida que la economía va ganando en profundidad tiende a expresar
sus propias contradicciones y paralelamente con ello se va perfilando la
contradicción con su elemento vulgar, a la par que las contradicciones reales
se desarrollan en el seno de la vida económica de la sociedad. Al paso con
esto, la economía vulgar, deliberadamente va volviéndose más apologética y
pugna por hacer que se esfumen a todo trance las ideas en que se manifiestan
aquellas contradicciones». (16)
La economía vulgar, cuyos
orígenes pueden encontrarse en la economía política vulgarizada, ha tenido un
conjunto de representantes hasta llegar a sus formulaciones propias. En este
eslabón intermedio encontramos por ejemplo a los economistas J.B. Say, Th. Malthus, Carey, Bastiat, Dühring, J.
Mill, J.S. Mill, Senior, Jevons y otros. Menger, que es conceptuado como
el fundador de la concepción subjetivista, define como objeto de la economía
«la utilidad como significación del objeto para el bienestar». Sus
representantes más conocidos en esa época son Walras, Pareto, Böhm-Bawerk...
Con Alfred Marchall la concepción toma la forma precisa de la escuela
neoclásica actual, que pregonan L. Robins, E. Scheider, P. Samuelson y tantos
otros.
Todos los neoclásicos modernos se
identifican con esta definición de Lionel Robbins del objeto de la economía:
«La ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre fines y
medios limitados que tiene diversa aplicación» (17). Así, la de E. Schneider,
aunque trata de ser más completa, no contiene ningún cambio sustancial: «El
dominio de la ciencia económica es aquel sector de la actividad del hombre
consistente en actos de disposición de medios escasos para la realización de
fines humanos que resultan de necesidades y deseos».
Como resulta de estas
definiciones, no se trata de estudiar una esfera particular de la sociedad
(esfera económica: producción, distribución... como es el caso en la economía
política) tal como ésta es, sino de situarse en la toma de decisiones y de
determinar cual sería la más «racional» en la asignación de recursos con el
objetivo de obtener fines alternativos.
De ello se desprende ya que el
tipo leyes que intentará determinar esa doctrina económica no son objetivas,
sociales (de hecho se desconoce todo carácter social de la economía), sino
subjetivas y praxeológicas, y que la economía así entendida puede ser aplicada
a cualquier tipo de conducta humana que suponga la renuncia a algunas cosas
para obtener tales y tales fines: puede aplicarse tanto a decisiones
económicas, como religiosas, políticas, ideológicas, de utilización del tiempo
libre, etc.
Dicha búsqueda de la decisión
racional parte de un postulado especulativo fundamental, a saber que el hombre
por naturaleza (en cualquier tipo de sociedad) busca maximizar cierta cosa
(cuya denominación moderna es la utilidad). Esta concepción antropológica que
se encontraba ya presente en la economía clásica, especialmente en David
Ricardo, según el cual la naturaleza humana se movería por el interés personal
que llevaría a la maximización de la ganancia, es el verdadero principio
económico de dicha escuela. Con Senior dicho principio es definido como la
obtención de riquezas suplementarias con el mínimo de sacrificio posible (o
maximización de ingresos con minimización de esfuerzos), mientras que con
Jevons la relación se cosifica totalmente y se define el objetivo del hombre
como la obtención del máximo placer en su relación con los objetos con el mínimo
de desplacer. Marshall considera que el hombre busca maximizar el bienestar
material, que según él se logra mediante la posesión de bienes.
A la economía, tal como estos
señores la entienden, no le interesa en absoluto el explicar dicho principio
económico. El cómo es posible que el hombre tenga como objetivo dicha
maximización le tiene sin cuidado, queda totalmente fuera del objeto de la
economía, de ahí el carácter de postulado especulativo. Con más fuerte razón
aún el hombre mismo, la génesis histórica de ese hombre que imaginan esos
señores como eterno y universal, constituye un dato a priori que la economía no
debe tratar. El Hombre, con gran H, es el homus economicus, el que busca
maximizar la utilidad.
La utilidad es toda magnitud
susceptible de ser realizada en diversos grados por lo que es susceptible de
ser maximizada. Esta magnitud cuando posee contenido religioso se denomina
salvación, cuando tiene contenido político se llama poder, cuando su contenido
es material se transforma en ganancia, salario o ingreso, y cuando su contenido
es psicológico se denomina placer... La economía se transforma por consiguiente
en una ciencia formal, que se ocupa de la actividad racional encaminada a
maximizar cualquier especie de magnitud.
Se renuncia por completo a la
teoría del valor trabajo, y la concepción subjetiva del valor y de los precios
como resultante de la teoría del consumidor y de la demanda de un lado y de la
teoría de la empresa y la oferta del otro toma su lugar. En todos los casos,
dado que se trata de darle la espalda a las reales y contradictorias relaciones
sociales-económicas, considerando exclusivamente la relación hombre-cosa (o la
relación del hombre consigo mismo en tanto que diferentes alternativas de
utilidad), es exactamente lo mismo que ese «hombre» sea un agricultor medieval,
un empresario industrial, un obrero explotado, un especulador de bolsa o un
desocupado. Pero como cuando el economista vulgar está en pleno proceso
deductivo con su homus economicus, con su hombre ideal, no quiere ser molestado
por la bajeza de la realidad cotidiana del hombre real (18), imagina siempre al
hombre aislado, fuera de la sociedad haciendo «la economía», lo que como Marx
ha señalado es tan absurdo como imaginarse el lenguaje sin la sociedad. De ahí
las robinsoneadas, que siguen incursionando con tanto éxito en las
universidades y que constituyen la quintaesencia de las teorías del equilibrio.
Ya Bastiat en sus Armonías
económicas escribe: «Las leyes económicas actúan según el mismo
principio, bien se trata de una numerosa aglomeración de hombres, de dos
individuos o incluso de uno solo, condenado por la fuerza de las circunstancias
a vivir aisladamente. Este individuo si pudiera subsistir al lado durante algún
tiempo sería a la vez capitalista, empresario, obrero, productor y consumidor.
Toda la evolución económica se cumpliría en él» (19). La sociedad es siempre
esa sociedad fantasma que resulta de la suma de «hombres» económicos, de
«hombres» esencialmente aislados. Bujarin hace una rápida recapitulación de los
ejemplos de esos «Robinsones económicos» (20), que aparecen en los economistas
vulgares más conocidos en su época: Bühm-Bawerk y Menger. Dice así (citando en
cada caso la referencia correspondiente):
«Böhm-Bawerk elige sus ejemplos
para exponer sus puntos de vista: "Un hombre se encuentra cerca de una
fuente de la que mana en abundancia una excelente agua potable". Con esas
palabras comienza el análisis de la teoría del valor de Böhm-Bawerk. Después
aparecen en escena un viajero en el desierto, un agricultor aislado del mundo
entero, un colono "en su cabaña aislado en medio de la selva virgen",
etc. Pueden encontrarse en Menger ejemplos del mismo tipo: "los habitantes
de un oasis", "un individuo que padece de miopía en una isla
desierta", "un agricultor trabajando aisladamente", etc.»
Incluso en nuestros días, los más
claros representantes de la economía vulgar, no sienten ningún inconveniente en
proclamar el carácter natural y universal de su ciencia; así por ejemplo
Samuelson presentará los «problemas fundamentales de toda sociedad económica»
en la siguiente forma:
«Toda sociedad, sea un Estado
comunista (sic-sic-sic) totalmente colectivizado, sea una tribu de polinesia,
sea una nación industrial capitalista, sea una familia de Robinsones suizos o
Robinsones Crusoes (y hasta casi podríamos agregar un panal de abejas) debe
resolver de alguna manera tres problemas económicos fundamentales, a saber:
1. ¿Qué bienes ha que producir y
en qué cantidades? O dicho de otra forma: ¿Cuáles de las múltiples mercancías
(21) y servicios deben ser producidos y en qué proporciones?
2. ¿Cómo deben ser producidos
esos bienes? O dicho de otra forma: ¿Por quién, con qué recursos y con qué tipo
de procedimientos técnicos?
3. ¿Para quién esos bienes deben
ser producidos? O dicho de otra forma: ¿Quién será habilitado para beneficiarse
con las mercancías y servicios procurados por el aparato de producción? O para
expresar la cuestión en términos diferentes: ¿Cómo el producto nacional total
debe ser repartido entre los diferentes individuos y familias? (22)
Estas tres cuestiones son
fundamentales y comunes a todos los sistemas económicos».
El método de la economía vulgar
está totalmente determinado en tanto que lógica formal de la elección. Sus
procedimientos principales son los de la lógica formal, la inducción y la
deducción (con claras preferencias por el aspecto matemático de esta última).
Pero en todos los casos el verdadero punto de partida es un conjunto de
postulados especulativos que en forma inconsciente o consciente son el
resultado de inducir, generalizar ahistórica y asocialmente, una cierta
observación. La observación, la experimentación... no constituyen nunca lo que
le da vida a la exposición, sino que en todos los casos se parte de supuestos
(23), postulados, y luego a través del procedimiento lógico deductivo se
elaboran las leyes a las que el comportamiento de los sujetos económicos
debiera amoldarse. La economía vulgar no se preocupa de explicar cómo llega a
aquellos supuestos, ni siquiera es totalmente consciente del proceso
observación-inducción que sin embargo opera, sino que tanto la investigación
como la exposición comienzan con el razonamiento deductivo, y considera la
ciencia como sinónimo de la deducción, y la verificación como idéntico a la
coherencia interna del modelo, «verificación» a la que la matemática, la
econometría, etc. le daría mayores garantías. Es bastante conocida esa
religiosidad cuantitativa ‑lógico formal‑ que domina la «ciencia económica
contemporánea»; ha sido también criticada la irrealidad de los supuestos que
asume; pero ha sido menos criticado el método inductivo de elaboración de tales
supuestos, lo que objetivamente le hace el juego a la economía vulgar, al
criticar sólo la parte que ésta decide exponer. Por otra parte es precisamente en
este procedimiento donde aparece más claramente la real vinculación de la
economía con la realidad, en tanto que teoría de una clase social específica,
la burguesía; en la defensa de un modo de producción especifico, el
capitalismo.
Basta preguntarse de dónde salen
todos los supuestos especulativos de los economistas vulgares para encontrar en
este mundo su respuesta. ¿De dónde sale ese postulado que recorre toda la
economía vulgar en más de un siglo de existencia, de que el objetivo del hombre
es el de maximizar la utilidad, el de poseer el máximo bienestar material,
etc.? Ni más ni menos que del capitalista real, de carne y hueso. La inducción
opera precisamente en general en forma inconsciente, tanto para el capitalista
como para su economista, que se imaginan que el mundo funciona y funcionó
siempre a su imagen y semejanza, que él es la naturaleza del hombre
realizándose. Con ese salto de lo particular a lo general, de ese tipo
particular y limitado, de una sociedad particular y limitada, se construye el
hombre general, el hombre por naturaleza, y la sociedad general y natural.
De la misma manera se procede con
todos y cada uno de los otros grandes postulados especulativos: la existencia
de un determinado marco institucional jurídico político, la existencia de una
escala de preferencias para el consumidor (denominada también función de
utilidad), las estructuras técnicas dadas (sobre la base de las cuales se
elaboran lo que se denominan funciones de producción). Por lo tanto los
postulados especulativos no son solamente ideales e incapaces de reflejar la
realidad, como se ha insistido muchas veces, sino que expresan esa realidad
caricaturizada como resultado de la idealización que hace el capital de sí
mismo.
Las leyes de la economía vulgar
son pues básicamente formales y praxeológicas, obtenidas por la idea y la razón
pura, no admiten ninguna contrastación con la realidad económica; son
asociales, ahistóricas y como además se obtienen básicamente a partir de
postulados especulativos son especulativas. La función social es básicamente la
de trasladar al lenguaje de la ciencia las ideas que los agentes de la
producción burguesa se hacen de la sociedad, ocultar los antagonismos reales,
realizar la apología de la misma al igualarla a su polo positivo (24) y representa
básicamente los intereses de la fracción de la burguesía que se considera
conforme con el statu quo, con la que se denomina normalmente conservadora,
reaccionaria (25). Es a esta fracción propietaria de empresas «públicas y
privadas» que esta economía brinda sus mejores servicios, no sólo como
justificación, defensa, apología, sino también como instrumental técnico
deductivo para la asignación de recursos en forma coherente con la maximización
de la tasa de ganancia y en general para la administración de los negocios.
Este último punto es demasiadas veces despreciado por la economía política, que
contenta de poder ridiculizar por su desvinculación total con la realidad
social a los economistas neoclásicos, no comprende la validez técnica (precisamente
no como ciencia, sino como lógica formal de la elección) de la economía
neoclásica. Sin embargo esta última se sigue demostrando como mucho más apta
para la toma de decisiones empresariales y estatales en coherencia con las
necesidades del capital (lo que constituye su verdadero objetivo), mientras que
la economía política como concepción prosigue su plena decadencia y termina
siempre haciendo entrar por la ventana lo que expulsa por la puerta: critica
hasta el cansancio a la economía vulgar hasta que le toca administrar al
capital y en este caso se vulgariza totalmente. Una confirmación irrefutable de
dicha tesis es la importancia siempre creciente de la enseñanza de una
«economía» cada vez más neoclásica en los países cuya doctrina de Estado es la
economía política: Rusia, Polonia, Cuba...
2.4. Oposición fundamental
entre economía política y economía vulgar
Esquemáticamente y sin pretender
ser exhaustivos podríamos señalar los siguientes aspectos como los
fundamentales de la oposición economía política y economía vulgar, lo que
servirá al mismo tiempo de síntesis del capitulo:
1. Mientras la economía política
estudia la realidad trata de poner al descubierto las leyes sociales que
regulan la producción, la distribución y el consumo, lo que la lleva a aceptar
la existencia de contradicciones sociales y de la lucha de clases en su propia
teoría; la economía vulgar ni siquiera tiene por objeto el estudiar el ser de
las cosas, sino que estudia las reglas que debiera adoptar la actividad humana
para maximizar cierta magnitud considerada el fin de la actividad económica
(utilidad). Cuando se refiere a la realidad económica y a la lucha de clases,
lo hace saliéndose de su propio objeto de estudio y considera dichas realidades
no como algo inherente a la sociedad del capital, sino como ciertas
alteraciones (es así que se introducen los monopolios ‑«competencia imperfecta»‑,
los sindicatos, etc.) con respecto a ese mundo de Robinsones y competencia
perfecta donde elabora sus categorías y realiza sus elucubraciones deductivas.
2. El tipo de leyes que elabora
la economía política pretenden ser objetivas ‑sociales e históricas (26)‑ en un
doble sentido, en el de reflejar las leyes que existen en la realidad misma de
las cosas (27) y en el de reconocerlas como ajenas a la voluntad de los
hombres; mientras que por el contrario las de la economía vulgar parten
precisamente de la voluntad de los hombres, de la motivación individual (28) e
intentan «racionalizar» el comportamiento económico de los hombres, es decir
asegurar la maximización del fin perseguido; esas leyes son por lo tanto
praxeológicas.
3. Esta oposición en el carácter
de objetivo y subjetivo de ambas concepciones en sus categorías y en la
concatenación de esas categorías, es decir en las leyes, aparece notablemente
concentrada en esa piedra fundamental de toda doctrina económica que es la
teoría del valor de las mercancías: la economía política tiene una concepción
objetiva del valor, mientras que para la economía vulgar el valor es una
magnitud íntegramente subjetiva. Es decir para la economía política el valor
está básicamente determinado por el tiempo de trabajo incorporado en las
mercancías (29), magnitud social objetiva que no depende en absoluto de la
voluntad, el placer, el desplacer, la motivación de los individuos; para la
economía vulgar, que desconoce el estudio de las relaciones objetivas entre
hombres y lo suplanta por las relaciones subjetivas entre hombre y cosa, el
valor se va a confundir con el precio confluencia entre oferta y demanda,
determinadas a su vez subjetivamente por su valor de uso, por la utilidad que
experimenta un hombre de poseer esa cosa.
4. Las diferencias metodológicas
están implícitas en los puntos anteriores: la economía política es
esencialmente materialista y positivista, parte de la observación y la
experiencia, estudia la realidad, la descompone analíticamente, vuelve a
comparar esas conclusiones con la realidad, tratando siempre de aproximarse
asintóticamente a la realidad por vía del pensamiento; mientras que por el
contrario la economía vulgar es esencialmente idealista-especulativa, la
realidad como tal no entra en el análisis, ni éste trata de reflejar aquélla
(aunque sea en última instancia esa realidad la que le dicta al apologista las
hipótesis, los supuestos), sino que éste procede a partir de un conjunto de
postulados especulativos a partir de los cuales se opera la deducción y por lo
tanto dicha economía no es más que una lógica de elección en donde se procura
definir lo «racional» en concordancia con lo que se define como el principio
económico.
5. Mientras que la economía
política puede criticar la sociedad presente en muchos de sus aspectos y
critica también su visión idealizada, la economía vulgar es básicamente una
proposición de administración eficiente.
He aquí expresada sintéticamente
la oposición. En los textos siguientes veremos hasta qué punto ambos polos
forman una unidad, contra la cual se levanta la crítica a la economía.
****
«La religión, la familia, el
Estado, el derecho, la moral, la ciencia, el arte... no son otra cosa que
formas especiales de la producción, hallándose sometidas a su ley general. Por
tanto la superación positiva de la propiedad privada apropiándose de la vida
humana (es decir el comunismo NDR) es superación positiva de toda enajenación,
o sea el retorno del hombre desde la religión, la familia, el Estado... a su
existencia humana, es decir social».
Marx, 1844
****
Notas
8. El conjunto coherente de estos
elementos esenciales, objeto, método, función social, es lo que llamamos
concepción. El hecho de que esos elementos sean asumidos o no como una
totalidad por los autores o que estos lo ignoren totalmente no nos interesa
aquí.
9. K. Marx, El capital,
FCE I, p. 45. Ver también «Teorías de la plusvalía»,Comunicación T.
II, p. 392 a 398.
10. Marx señalaba ya en su tiempo
que los economistas clásicos caían seguido en las aberraciones de la economía
vulgar, incluso en su expresión más caricatural: la fórmula trinitaria. Ver por
ejemplo El capital, FCE III, p. 768.
11. Ver «De Ricardo a la economía
vulgar», en «Teoría de la plusvalía», Comunicación, T. II, p. 97 a
398.
12. Ricardo, David, Des
principes de l'economie politique et de l'impot.
13. Engels, F., Anti-Dühring.
14. Es cierto, sí, que este
materialismo, como todo el materialismo vulgar, estaba a su vez basado sobre un
conjunto de ideas cuya relación con la realidad no se intentaba establecer,
sino que se consideraba como postulado previo al análisis. Es el caso de la
«visión clásica» (que fuera por primera vez expuesta sistemáticamente por Adam
Smith), que consiste en concebir la economía como un mecanismo ordenado
resultante de un conjunto de decisiones individuales que operan en base al
mecanismo de prueba, error y rectificación y según la cual a pesar de que cada
individuo al tomar tales decisiones actúa movido por su propio interés (lo que
constituye el principio económico-antropológico de toda la concepción clásica)
éstas se compatibilizan en el mercado como si una mano invisible orientara esas
decisiones individuales en el sentido de la totalidad. Esta visión no forma
arte del análisis de la realidad económica propiamente dicha, no deriva de una
contrastación minuciosa teoría-realidad, no deriva de forma exclusiva de la
observación de la realidad misma, sino que es un acto cognoscitivo
preanalítico.
15. «Libertad de elegir» es el
nombre de la última apología panfletaria efectuada por Friedman.
16. Marx, «Teorías de la
plusvalía», op. cit., T. III, p. 394.
17. Robbins, L., Naturaleza
y significación de la ciencia económica.
18. La economía vulgar es así el
correspondiente a un hegelianismo sin dialéctica.
19. Citado por Bujarin, N.,
en Economía política del rentista.
20. Es curioso constatar que
incluso ese «hombre económico», que es capaz de decisiones económicas, de la
libertad de elegir de un Friedman, que pretende representar a todos los hombres
y hasta el «H»ombre en general, sea siempre y sistemáticamente Robinson y no
Viernes. He aquí la pista de la verdadera vinculación con la realidad de la
economía vulgar, es una economía de los que son «libres para elegir», es una
«economía de los capitalistas» y se trata de buscar las mejores formas de
administrar.
21. Obsérvese bien hasta que
punto la universalización y la naturalización no tiene ningún punto de partida
natural y universal, sino el limitado y estrecho horizonte del burgués medio,
es decir que todo parte de imaginarse como eterno, general y hasta más
universal que la especie humana (¡las abejas!) lo que no es más que una forma
social e histórica especifica: la producción de mercancías.
22. Obsérvese de pasada que para
el economista vulgar su mundo universal y natural contiene siempre: individuo,
familia, nación, y porqué no, Estado nacional.
23. Los postulados fundamentales
de la concepción (como por ejemplo la concepción antropológica del hombre en
cualquier época y de cualquier clase buscando la máxima utilidad) se encuentran
en general implícitos y ni siquiera se considera necesario explicarlos. Sólo se
hacen explícitos algunos postulados de segunda categoría (no por esto más
próximos de la realidad, como por ejemplo la competencia perfecta).
24. «Idealización que hace el
capital de si mismo» e «igualar la sociedad en la idea a su polo positivo» son
expresiones que adquirirán todo su significado en el transcurso posterior de la
exposición.
25. Sin embargo no nos parece
pertinente la tesis de Bujarin que la asocia exclusivamente a la fracción del
capital que se retira de la actividad empresarial para vivir de rentas.
26. Sin embargo nunca lo son en
su totalidad. La economía política renuncia permanentemente al carácter
histórico de las leyes económicas. Marx observará que para los economistas
clásicos hubo historia pero ya no la hay más. El capitalismo (o mejor dicho el
polo positivo del capitalismo) es para la economía política la estación final
de la historia, y para defender esa posición la economía política no renuncia
sólo al carácter histórico del análisis del capitalismo, sino al análisis del
pasado: todas las categorías actuales parecen existir desde siempre en la economía
política. Por lo tanto si señalamos aquí que las leyes pretenden ser históricas
es para señalar una contraposición real con la economía vulgar, pues la
economía política se ocupa de la evolución histórica de la sociedad, pero
téngase presente que este objetivo es siempre traicionado en la práctica, que
en el análisis histórico se liquida siempre la historia como globalidad aunque
se mantenga a veces algunos de sus episodios (por ejemplo la crítica a la
sociedad feudal).
27. A estas leyes se las denomina
generalmente «leyes de la economía política». Para la economía vulgar esta
distinción, dado que no se trata de reproducir la realidad por vía del
pensamiento, no tiene sentido: todas las leyes son leyes de la economía.
28. Sombart, resumiendo el
subjetivismo, dice: «La motivación del acto económico ‑individual‑ se halla
siempre en el centro mismo del sistema». Citado por Bujarin, N.
29. El hecho de que los clásicos
incluso Ricardo, D., renuncien seguido a esa posición y se aproximen, a través
de la teoría del «costo de producción» y de la oferta y la demanda, a las
concepciones subjetivistas sólo confirma lo que señalábamos al principio del
capítulo: incluso los clásicos se salen de su propia concepción, la economía
política, y adoptan aspectos fundamentales de la economía vulgar.
Presentamos en este número, algunos materiales que fueron surgiendo en la lucha proletaria contra la democracia y las guerras imperialistas.
En la primera parte presentamos notas y textos que surgieron como respuestas, a la ideología dominante, en discusiones y reuniones; así como en base a borradores en los que tratamos de formalizar y clarificar lacrítica de la democracia. Hemos comprobado que, actualmente, no faltan quienes se contentan en denunciar las elecciones o la mitología de la igualdad de derechos, creyendo que eso concluye la “crítica de la democracia”.Vimos que incluso entre quienes dicen denunciar la democracia como dictadura del capital, las confusiones que se mantienen son muy grandes, porque la misma se asimila a tal o cual estructura política y electoral, en vez de atacarse a sus fundamentos históricos, sociales, mercantiles, es decir a su historia social como proceso de individualización y de negación real de la comunidad humana. Hemos tratado de responder a los mitos más comunes, hemos reformulado conceptos, hemos tratado de afinar algunas explicaciones y también respondemos a las críticas más corrientes que nos hacen militantes que luchan contra la sociedad burguesa.Tratamos de dejar claro que aunque la democracia se presente bajo tan diversas formas, el contenido social de la misma aparece mucho más escondido en la cabeza del ciudadano de las potencias dominantes, que en la realidad cotidiana del habitante de Gaza. Veremos que aunque la realidad es la misma, la mistificación es mucho más común en quien vive el lado pacífico y electoral de la democracia que entre quienes soportan sus bombardeos o son torturados por sus agentes. ¡La generalización de la lucha sería incontenible si los niños de las potencias imperialistas mamasen, desde la cuna, los mismos aspectos de la democracia que maman, sin quererlo, los niños de la banda de Gaza!
En la segunda parte presentamos notas y textos que tratan de la incendiaria actualidad internacional, y que forman parte de la lucha internacional de nuestra clase. En esta coyuntura internacional, es evidente que hablar de actualidad es hablar de guerra imperialista, de lucha proletaria contra ella, de terrorismo de Estado y represión para imponer las asesinas formas actuales de acumulación del capital (destructoras de vida humana, de agua, de tierra, de alimentos...) y de resistencia humana contra ellas. En ese cuadro, nos pareció fundamental publicar tanto algunos materiales sobre la coyuntura de América Latina, como el importante texto de los compañeros de Proletarios Internacionalistas titulado la “Guerra Social y la Telaraña Siria”, porque es expresión de nuestra lucha contra el capital internacional y desborda mucho la cuestión exclusivamente Siria, siendo un verdadero análisis del antagonismo actual entre guerra y revolución en toda la región más incendiada de la Tierra, y en cierta medida en el mundo entero.
Desde que los compañeros publicaron ese texto solo tuvimos más de lo mismo en todo el mundo, más terrorismo democrático de Estado de las potencias imperialistas, más locura asesina del capital en todo el Medio Oriente, más poblaciones masacradas, más gente escapando, más refugiados y hambreados. Cuanto más inocultable resulta a nivel internacional la catástrofe económica y financiera hacia lo que avanza inexorablemente el capital mundial, más busca imponer la miseria en todas partes y la guerra permanente como única vida posible de este sistema inmundo. Todos los proyectos de imponer paz y democracia tienen como común denominador al terrorismo de Estado, cuya permanencia se verifica como la única “solución” que tiene el capital mundial. El terrorismo de Estado es al mismo tiempo la única forma de liquidar la resistencia proletaria y a la vez la única “salida” y “proyecto futuro” para el mundo del capital. Toda la economía es economía de guerra, todo progreso es avance de la militarización, toda fiesta ciudadana implica más policía, toda “libertad” otorgada desde el poder implica más milicos por todas partes, toda decisión estatal contiene más control, fiscalización, fronteras, guardias de seguridad, cámaras, espionaje, fichaje, escuchas, mercenarios... La norma ciudadana media, o si se quiere la vida en la ciudad modelo, se parece cada vez más a la vida de cuartel de hace dos siglos y hasta a la vida de campos de concentración y al exilio siberiano estalinista durante el siglo pasado. Cuando no queda más que comida de plástico para alimentar a los esclavos asalariados, proyectan que toda la vida sea virtual y que la ficción de comunidad sea asegurada por la mediación del plástico (¡tienen el cinismo de llamarla: “sociedad de comunicación” y “redes sociales”, cuando se llega al extremo de la incomunicación total y a la muerte de lo que aun perduraba de social en el individuo!). La atomización individualista y la sumisión democrática en vez de superarse a si misma y volverse el añorado paraíso de paz social, que tanto nos presentaban como ideal de la democracia, requiere más que nunca del control del milico y exige que el ciudadano marque el paso como en el cuartel o el campo de concentración.
Por supuesto que son todas las grandes potencias las que mantienen el terrorismo de Estado en Palestina, que hacen explotar bombas contra la población en Ankara, que armaron y siguen apoyando al Estado Islámico, o que hacen las matanzas de la población civil (¡bombardeando hasta hospitales!) supuestamente luchando contra éste último en Siria, Afganistan, Irak... Más allá de las contradicciones, más allá de cada telaraña interimperialista...., detrás de cada bomba que estalla, de cada niño muerto en las calles de Gaza o de Libia, de Siria o Turquía, de Mexico o el Congo...está no solo Estados Unidos, Arabia Saudita e Israel, sino Francia, Inglaterra, Alemania, Turquía y la OTAN entera, así como también el Estado Ruso y Chino. En realidad cualquier enumeración de Estados criminales se queda corta, porque es el Estado mismo, el capital constituido en fuerza, quien masacra, lo que incluye a todos los Estados, o si se quiere, a todos los tentáculos locales del Estado mundial. Efectivamente hasta los Estados más chiquitos asumen ese papel como parte del Estado mundial, conformando (por ejemplo) los cuerpos de esos asesinos a sueldo que se llaman Cascos Azules de las Naciones Unidas, como pudieron constatar en carne propia los proletarios en Haiti.
Justamente hoy, cuando escribimos este editorial, es domingo 25 de octubre, y vemos que, como broche “final” a toda esa campaña de terrorismo de Estado en Haiti, el imperialismo festeja la fiesta democrática y financia las elecciones nacionales. Pero nos alegramos de enterarnos que haya habido manifestaciones de protesta en rechazo a ese regalo (financiamiento de las elecciones) que llevó personalmente el vicepresidente yanqui. La fiesta es solo para la clase en el poder, porque, como dijo ese promotor de democracia venido del Gran Gendarme del Norte, se trata de “afianzar las instituciones”, es decir consolidar el orden impuesto por la invasión y la represión internacional. El proletariado en ese país sabe perfectamente que la democracia real tiene más de terror de Estado que de confirmación electoral (que se vive internamente como una payasada espectacular para vender en el exterior), por más que esto sea lo que realmente esté festejando la democracia, la clase en el poder en Estados Unidos, Haiti y los países que intervinieron militarmente. Eso es lo único que puede “dar” el capital, más de lo mismo, más y mucha democracia blindada.
Antes pasaban muchísimos años antes que se supiera como el terrorismo internacional de Estado se imbricaba para torturar, asesinar y desaparecer, ahora las cosas parecen quedar más claras más rápido. La operación Cóndor, con la implicación total de Estados Unidos en los “escuadrones de la muerte” de cada ejército del Cono Sur, así como la contribución decisiva del Estado Francés, Español... (¡con gobierno de derecha y de izquierda!) en el terrorismo de Estado de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil, Perú... solo se conoció años después. ¡Y hasta hoy se minimiza con la ideología de identificar imperialismo exclusivamente con los yanquis!
Algunas décadas después, el carácter abiertamente terrorista de Estado del capital en todas partes resulta más difícil de ocultar. Hoy, no cabe dudas de la participación activa, durante décadas, no solo de cada embajada, base o comando central de Estados Unidos digitando las fuerzas armadas locales en Mexico, Colombia, Guatemala..., sino de las mismas empresas multinacionales, como Exxon, Chevron/Texaco, Cocacola, Mac Donald...y hasta de la complicidad de todo eso con las organizaciones ecologistas como WWF, en la organización de escuadrones de la muerte y la desaparición de personas. Por supuesto que en esa imbricación de todas las capas del terrorismo de Estado mundial, siempre se verifica la importancia de las fuerzas “nacionales” como los parapoliciales de Uribe en Colombia, o los grupos ligados al poder gubernamental en Mexico/Guatemala..., así como la invariante participación de fuerzas mercenarias “libres” e independientes locales o “made in USA”, que se han expandido enormemente empujadas por el ilustre presidente Premio Nobel de la Paz. En los últimos tiempos, el terrorismo de Estado occidental y judeo cristiano, y sus oscuras alianzas con el islamismo radical, también ha resultado cada vez más abierto, comenzando por la propia acción terrorista de Israel en toda la región del Medio Oriente, pasando por el terrorismo de guerra abierta impuesto por Estados Unidos, Arabia Saudita y la OTAN en Irak, Libia, Siria, Afganistan..., siguiendo con los ataques terroristas con drones en diferentes partes del mundo o el apoyo, financiamiento y armamento de “Al Queda”, el Estado Islámico, fracciones Talibanes... por parte de Israel, la OTAN y el conjunto de potencias occidentales. ¿Cómo dudar todavía de que fue el mismo poder dominante en occidente los que hicieron los atentados en Ankara? ¿O acaso hay que esperar que se confirme, en 20 años, la pista israelí y/o norteamericana como sucedió con el AMIA en Buenos Aires?
Hoy se conocen, con lujos de detalles, como el bipartidismo yanqui financió guerras y masacres de civiles en Irak, en Afganistan...pagando decenas de miles de millones de dólares al mayor ejército privado del planeta, la empresa Blackwater Worldwide (rebautizada hoy para lavar su imágen como: XE Service), para liquidar seres humanos en su sugestiva campaña denominada: “construyendo democracia” en Irak. ¡Hasta se ha denunciado como un caso de “utilización indebida de fondos públicos” en el Congreso y en la prensa del imperio! ¡Resulta que el costo de cada asesinato es considerado excesivo por el demócrata parlamento yanqui!
Sin embargo todas esas masacres no han sido suficientes para provocar la revuelta proletaria capaz de parar las guerras. Porque las principales potencias que impulsan esas guerras todavía logran mantenerlas como guerras en “otra parte” y a los proletariados locales como si fueran ajenos a los asesinatos que hace su propio Estado. ¡Por eso siguen! Sólo cuando la lucha del proletariado reviente esa separación y la lucha contra el capital y sus guerras se generalice a los propios centros de la represión y terrorismo de Estado mundial, podremos invertir la relación de fuerzas mundiales.
Pero en última instancia es la catástrofe del capital, que amenaza la vida humana misma en todas partes, la que está en juego. La contradicción entre la ganancia del capital y la humanidad es cada vez más explosiva y ya no es viable que se le haga creer al proletariado que eso también es solo en “otra parte” . El proletariado en todas partes no tiene más remedio que salir a pelear por su vida, por su tierra, por su agua... Frente a ello la receta general de todos los Estados, del Estado a secas, es más represión, más milico, más control, en todas partes. El carácter blindado y asesino de la democracia se hace cada vez más evidente, al mismo ritmo que se va verificando que la tasa de ganancia del capital mata todos los días y en todos los países.
Todavía existe la ilusión de que en algunas partes no habrá hambre, que en algunas partes no se contaminará la vida o que el agua seguirá siendo potable a pesar de las compañías petroleras o Monsanto; que en otras partes se podrá mantener conformes a millones de seres humanos, que en ciertas regiones la democracia seguirá escondiendo sus milicos, o enviándolos a hacer “otra guerra” y se mantendrá como pura “elecciones y circo”.
Pero eso es pura ilusión. La catástrofe abarcará absolutamente todos los rincones, todos los seres humanos. El agua, la tierra, los océanos...el aire...no reconoce las fronteras que el capital ha creado...: toda la humanidad está amenazada. El ser humano mismo no tiene futuro con el capital. La próxima explosión financiera y económica dejará todavía más en evidencia el antagonismo entre capital y humanidad, el capital y su Estado no dejará de atacar a nada, ni a nadie. La democracia mostrará por todas partes su siniestra y profunda realidad de terrorismo de Estado. ¡La guerra del capital será cada vez más mundial! El proletariado está forzado a unificarse contra ese nuevo salto en el vacío del capital, que significará, en lo más inmediato, mayor austeridad, mayor catástrofe, mayor miseria, mayor destrucción de la vida en todas partes, mayor guerra y terrorismo de Estado....
Contra el terrorismo de Estado y la guerra imperialista,
que es lo único que se puede esperar de la sociedad del capital y su democracia,
Después de leer a Bordiga, pasamos a unos ejemplares antiguos de la revista del GCI, desde donde encontramos estas importantes Tesis, ligadas a un tema que en hartos debates de este año me he topado: qué pasa con los Sindicatos. Mientras algunas posiciones los identifican claramente como enemigos, otros creen que "depende del caso (y el contexto)", y la derecha del movimiento libertario derechamente (valga la redundancia) quiere "sindicatos revolucionarios" y/o "antiburocráticos".
Leamos, meditemos, discutamos, y mientras tanto escuchemos este bellísimo álbum de "La Columna Durruti" (aka The Durutti Column), de 1989, titulado sencillamente como "Vini Reilly" (el nombre de su cerebro y guitarrista, entiendo que único miembro original de esta formación británica).
MOVIMIENTO COMUNISTA Y SINDICATOS (TESIS)
(Revista COMUNISMO, N°
5, 1980)
Entre los problemas cruciales de la estrategia
y de la táctica revolucionaria, la cuestión del asociacionismo obrero continúa
figurando, desde la época de Marx, al orden del día de las reflexiones y luchas
políticas. Hace 150 años, los comunistas combatían las posiciones que, por
indiferentismo (indiferencia erigida en principio) con respecto a la lucha de
clases cotidiana, desertaban del frente de asociaciones inmediatas del
proletariado (clubs, ligas de oficios, primeros sindicatos) y pretendían que
con esto contribuían al derrocamiento del capitalismo. Al mismo tiempo,
combatían la sustitución de la lucha de clases contra el Estado burgués por la
"lucha" reformista, así como la totalidad de las doctrinas
sindicalistas que por esencia, en tanto que ideologías, representan
ramificaciones de la ideología capitalista. Substancialmente, la posición
comunista no ha cambiado; hoy es la misma que ayer. Por el contrario, lo que se
ha modificado considerablemente son las formas de su aplicación particular,
dado que el cuadro social ha sufrido profundos trastornos. Esto es válido en
general y específicamente para la llamada "cuestión sindical".
Actualmente, el Estado burgués no se limita a tolerar los sindicatos que, hasta
mediados del siglo XIX prohibía; cuya existencia era considerada como un ataque
a la "seguridad pública", que se esforzaba de quebrar por la represión
brutal. Ahora los acepta, los fomenta y aún llega hasta financiarlos. Los
burócratas sindicales comparten el trono con patrones y ministros en las
comisiones paritarias, los tribunales de trabajo, los consejos centrales de
economía, los bancos estatales, etc. Este hecho materializa la elevación de los
sindicatos al estatuto de potencia reconocida y asociada a la gestión del orden
capitalista. La ola revolucionaria de los años 20 tuvo que chocar, en todos los
países, con los sindicatos (lo mismo pasó en Rusia). Los sindicatos
(exceptuando el fenómeno específico de los sindicatos escisioncitas) durante
los años 14 y 18/21 mostraron abiertamente, en todas partes del mundo, lo que
eran en realidad después de muchos años atrás: órganos de la contrarrevolución
a los cuales el último toque para su integración final al Estado burgués fue
dado durante la primera guerra mundial. En el transcurso de los 60 años que
siguieron, no hubo ninguna lucha obrera que no se viese obligada a enfrentar
violentamente a los sindicatos y recurrir a la huelga calificada de
"salvaje" por los representantes de la civilización (que llamaremos
simplemente huelga, dado que las "interrupciones del trabajo"
propulsadas por los sindicatos actuales son lo contrario a una lucha obrera y
no son huelgas puesto que son planificadas anticipadamente con los patrones).
Esta evolución de la situación no es propia a un país o grupo de países, sino
que caracteriza a la lucha de clases en todo el mundo: proletarios y sindicatos
se levantan mundialmente uno contra el otro. Considerando estos hechos comunes
a todos los combates de clase, la posición comunista no puede consistir en otra
cosa que en poner en evidencia que los proletarios no tienen nada que defender
al interior de los sindicatos actuales y que las asociaciones obreras no pueden
renacer sino afuera de las organizaciones sindicales y contra ellas. Las tésis
siguientes son básicas para una organización que se sitúe abiertamente en el
terreno del comunismo, ellas resumen la posición de nuestro grupo con respecto
a los sindicatos.
TESIS:
1. De acuerdo con la concepción
materialista de las relaciones sociales, todas las organizaciones del
proletariado (sindicatos, consejos de fábrica, comités de huelgas, soviets,
partidos políticos, etc.) se determinan por su práctica en el transcurso de las
luchas y los ataques del proletariado contra el Estado capitalista. Es este el
criterio de apreciación que los comunistas retienen sobre estas asociaciones.
Esta apreciación en ningún caso puede basarse en los nombres o estatutos
formales de ellas.
2. Los sindicatos del siglo XIX
que merecían el nombre de "sindicatos de clase" (en oposición a los
sindicatos "amarillos" directamente fundados por la burguesía) fueron
todos vaciados de su substancia a través de su integración al Estado burgués.
La acción corruptora de la democracia los transformó en factores de la
acumulación capitalista (su función es la de contener el salario real y el
tiempo de trabajo en los límites conformes a las necesidades y posibilidades de
la valorización del Capital), en instrumentos represivos y en agencias de la
movilización nacional para la guerra imperialista.
3. Los sindicatos participaron en
la centralización de la economía durante el transcurso de las guerras y en los
períodos de reconstrucción luego de expansión que subsiguieron; llegaron a
enrolar directamente a los proletarios en los ejércitos burgueses, en los
frentes de resistencia antifascistas y en los cuerpos de choque antiproletarios
de los "Noskes" de cada país y de cada contrarrevolución. Por lo
tanto, se determinaron definitivamente por el partido reaccionario, por el
partido del Estado capitalista. La integración de los sindicatos al Estado
burgués no es una tendencia reversible, sino un hecho irreversible.
4. En la medida que los
sindicatos se fusionaron con el poder del Estado capitalista integrándolo; la
directiva estratégica del comunismo con respecto al Estado burgués es válida
también para los sindicatos: destrucción por la fuerza de las armas (como uno
de los tantos otros obstáculos existentes en la vía de la revolución
proletaria). Esta indicación no tiene un valor contingente y variable, sino un
valor imperativo y general. Ella se basa en el postulado esencial del comunismo,
que a la dictadura del Capital, opone la dictadura del proletariado
fundamentada en la liquidación física de todos los instrumentos de fuerza que
se ligan de lejos o de cerca al Estado burgués.
5. La preparación para la
destrucción violenta de los sindicatos pasa exclusivamente por la lucha llevada
fuera y contra estos. En ninguna parte y de ninguna manera, los sindicatos
defienden los intereses de la clase obrera, ni sobre el plano histórico, ni
sobre el inmediato (2 aspectos indisociablemente ligados, de una misma lucha de
clases). Es necesario incluso combatirlos en la lucha más elemental dado que
las reivindicaciones, los métodos de lucha y las formas de organización que
estos proponen entran en contradicción con las necesidades fundamentales de las
masas obreras y constituyen mecanismos diversionistas en beneficio de los
intereses capitalistas.
6. Hoy en día, el papel de la
propaganda y de la agitación comunista es el de mostrar al proletariado el
contenido revolucionario de su revuelta contra la disciplina sindical y de la
actitud anti-sindical que tuvieron que adoptar en la lucha. El trabajo
comunista debe contribuir a destruir las ilusiones burguesas al interior de los
obreros, según las cuales existirían aún sindicatos con una "dirección
traidora" susceptible de ser recuperados por el proletariado. La crítica
comunista de los actuales sindicatos, es una crítica de contenido antes de ser
una crítica de formas. Los sindicatos no son reformistas (es decir burgueses)
porque tienen "malos dirigentes" y porque están burocratizados. Por
el contrario, poseen una burocracia y buenos dirigentes en relación al
contenido que expresan y para su consolidación. El reformismo determina tanto
la existencia y la proliferación de burócratas sindicales; como también la de
militantes sindicalistas de base, que a cada escalón del aparato constituyen la
personificación viviente de una política reformista.
7. La organización comunista
tiene que denunciar no solamente el carácter fútil, sino también el carácter
contrarrevolucionario de las formas de "lucha" practicadas y los
objetivos planteados por los sindicatos. Negociando contra los trabajadores,
con los patrones y el Estado burgués, las condiciones de despido, las medidas
económicas y sociales acarreadas por la crisis, el reformismo sindical les pide
la manutención de las condiciones económicas inmediatamente anteriores, sobre
la forma de reivindicaciones concernientes al "mantenimiento del poder de
compra", la "defensa del empleo", las múltiples "garantías
económicas y jurídicas" ligadas al ejercicio "normal", es decir
capitalista, de la compra y venta de la fuerza de trabajo. Prácticamente, el
reformismo sindical ahoga toda acción proletaria que se oponga a la
conservación de la "paz social". Opera de esta manera cada vez que se
intenta una acción susceptible de unificar a los proletarios por encima de las
divisiones en categorías (divisiones sobre las cuales los sindicatos basan toda
su fuerza), en un solo combate de clase contra el poder del Estado del Capital;
opera así cada vez que una acción pone en peligro al aparato de producción (que
la crisis capitalista hace cada vez más vulnerable a las presiones de la clase
obrera).
8. La verdadera lucha proletaria,
tenga o no conciencia de ello, tiene como objetivo la conquista de todo el
producto del trabajo social, presente y pasado (es decir la totalidad de los
medios de producción y de consumo que se presentan hoy en día sobre la forma de
Capital), y la abolición del trabajo asalariado. Cuando el proletariado lucha,
aún a nivel elemental, combate por obtener una cantidad superior de productos
(valores de uso) a través de un esfuerzo menor. Esta lucha, en su proceso de
afirmación no tiene en cuenta para nada las capacidades de existencia y de
concurrencia de la industria capitalista; por el contrario, ella las niega e
implica la ruina de la dinámica económica propia al Capital. Es precisamente
por esto que la lucha se encamina hacia el objetivo final, mientras que por el
contrario todos los programas de "reformas sociales", de "reivindicaciones
socialmente aceptables", se mantienen miserablemente encuadrados en la
visión capitalista e igualmente definen las organizaciones que no son más que
los guardianes del orden establecido.
9. El reformismo pretende hacer
creer a la clase obrera que perderá todo con la ruina de la economía
capitalista, que puede ganar migajas a pesar de la perpetuación del sistema de
esclavitud asalariada. Esta perspectiva es utópica y reaccionaria. Utópica,
porque con la crisis desaparecen todas las posibilidades de otorgar o preservar
durablemente estas famosas migajas que tanto alaban los reformistas burgueses.
Reaccionaria, porque se pretende que el proletariado emplee todas sus fuerzas y
sus energías para remodelar la explotación y no para su destrucción. Siempre
reaccionaria, porque en el momento decisivo de la crisis revolucionaria, la
burguesía sacrificará sus intereses inmediatos y otorgará verdaderas
concesiones que serían suicidas a corto plazo si no servirían para desmovilizar
al proletariado para así aplastarlo sangrientamente. Indudablemente la
corriente más extrema del reformismo llegará a las barandillas del Estado para
así poder llevar hasta sus últimas consecuencias su función
contrarrevolucionaria. Si triunfase esta táctica desesperada de la burguesía
(ver Alemania 1918-19) y si el fracaso obrero fuese consumado, las concesiones
desaparecerán con la misma rapidez con que fueron otorgadas y la acumulación
capitalista volverá a tomar provisoriamente un curso ascendente.
10. La organización comunista tiene
que poner en evidencia que la crisis catastrófica del capitalismo no disocia el
interés inmediato de la clase obrera del de la revolución social. Tiene que
indicar los objetivos y los métodos de acción que demuestren el antagonismo
irreconciliable de intereses entre la burguesía y el proletariado. Por ello,
los comunistas rechazan categóricamente toda formulación que reivindique la
mantención o la defensa del salario y del empleo, banderas que implican
presuposiciones conservadoras y difunden una ideología reaccionaria al interior
de la clase obrera. Esta solo puede situarse en el camino que la conduce a su
victoria revolucionaria cuando ataca en sus raíces al mecanismo que engendra la
formación de la plusvalía, cuando sus reivindicaciones por un mejoramiento del
nivel de existencia atacan la tasa de explotación, la tasa de plusvalía. Lo
importante para los marxistas es la apreciación de los contrastes que maduran
en las relaciones sociales y la lucha para agudizarlos pues, sobre esta vía, la
clase obrera adquiere la conciencia y la organización de su fuerza, disloca la
estructura de dominación y explotación capitalista.
11. La organización comunista
jamás deberá adoptar ningún "programa mínimo", inevitablemente
reformista que implicaría en particular su presencia en los sindicatos. Debe
mostrar que no se puede reconquistar los sindicatos. Su tarea es la de preparar
al proletariado para que siga, sin hesitar su propia tendencia histórica: la
tendencia a dotarse de una dirección política sobre el plano del programa y de
la organización (el partido), la tendencia a pelear en una lucha armada
internacionalista para la liquidación de todos los órganos del Estado
capitalista y la instauración de su dictadura mundial de clase, dictadura que
reposará sobre sus organizaciones revolucionarias y que será dirigida por el órgano-partido,
que el proletariado se habrá dotado antes y durante la batalla decisiva
retomando así la línea histórica de su programa comunista.
12. La concepción de la
preparación revolucionaria está contenida, sin ningún equívoco, en la
constatación materialista según la cual el proceso revolucionario está basado
en la constitución del proletariado en clase y por lo tanto en partido, y de
ninguna manera está sometido a premisas democráticas que exigen que el partido
sea seguido por una mayoría numérica de obreros individuales. La reivindicación
sindicalera de la conquista del sindicato equivale hoy en día, en el
"mejor" de los casos, a una visión democrática del proceso
revolucionario y en el más general a una propaganda burguesa para mantener a
los obreros prisioneros en estos órganos contrarrevolucionarios.
13. Todas las teorías que justifican el
entrismo sindical, a diferentes niveles (reconquista integral, parcial,
destrucción desde adentro) tienen por característica común y negativa la de
revalorizar la imagen de los sindicatos ante la clase obrera, desorientando
tanto a su vanguardia como a su retaguardia (comprendido el grupo que practica
el entrismo). La aplicación práctica de estas ideologías hace imposible una
propaganda y una agitación clara contra estos agentes de la burguesía en los
rangos proletarios. Ella impide el trabajo de organización de las verdaderas
tendencias hacia la asociación obrera que no cubren ni total, ni parcialmente
las formas sindicales actuales. Finalmente ellas comprometen la naturaleza
revolucionaria de las organizaciones que recurrieron a dicha práctica.
14. El problema fundamental de
una alternativa obrera frente a los sindicatos, no es una cuestión de formas de
organización. En primer lugar porque el remplazar una forma sindical por otra
distinta ("consejo obrero" por ejemplo) no implica necesariamente la
ruptura con el reformismo y puede incluso constituir una de sus formas
extremas. En segundo lugar, porque ninguna forma de lucha particular que surge
en el transcurso del movimiento de clase posee "en si" las
condiciones para su expansión. Estas deben buscarse en su contenido, es decir
en la dinámica de ruptura efectiva con el Capital. Una forma cualquiera puede
por ejemplo surgir como producto muerto al nacer que no pudo escapar al control
completo del capitalismo (cf. la mayoría de los consejos de obreros y soldados
en Alemania del 18). Por otro lado, un comité de huelga, combativo en los
inicios de la lucha, puede transformarse un mes después, en un freno de esa
misma lucha. En tercer lugar, porque el renacimiento del asociacionismo obrero
no puede ser comprendido, de antemano, a nivel de las formas que el tomará y de
los modos de organización que tenderá a dotarse. Únicamente se puede tener una
comprensión clara del proceso que engendra estas formas y modos. Una
perspectiva de agresividad creciente del proletariado contra el Capital,
procediendo por saltos y rupturas como siempre sucedió en el pasado, tiene que
contener inevitablemente las combinaciones más variadas en el surgimiento,
modificación, disolución y recomposición de las asociaciones obreras.
15. Sin prejuzgar sobre la forma
de las futuras organizaciones proletarias (sin pretender de antemano y fuera de
la vida real que las formas "sindicatos de clase",
"uniones", "consejos", "comunas",
"soviets" agotaron completamente su ciclo histórico y que no
resurgirán jamás como expresión del movimiento proletario), la lucha por el
renacimiento del asociacionismo obrero se expresa hoy en el trabajo en los
"comités de huelga", las "coordinadoras", los "núcleos
obreros", las "comisiones de fábrica y de barrio", los
"cordones industriales", las "asambleas clasistas", las
"coordinaciones de trabajadores en lucha", etc.; que constituyen las
expresiones inmediatas de la vida del proletariado.
16. En el transcurso de estos
últimos años, estos órganos de lucha tomaron frecuentemente un carácter local y
limitado en el tiempo. Este es uno de los efectos de la contrarrevolución, cuyo
lento agotamiento limita, por el momento, la acción proletaria a explosiones
breves y esporádicas. Sin embargo, estos órganos de lucha (que aparecieron con
una fuerza variable en casi todos los países) tendieron a desarrollar formas
que, en su dirección, pueden ser puestos en paralelo con los sindicatos escisionistas,
los consejos de fábrica y las uniones revolucionarias de los años 20.
17. Estas últimas y variadas
formas de lucha ponen en evidencia que las viejas debilidades derivadas del
localismo y del federalismo se reproducen fácilmente. La centralización y la
organización de la acción son problemas tan vigentes hoy como ayer. La
preparación de la necesaria coordinación de fuerzas es una tarea que forma
parte de la agitación y del trabajo político general de preparación a cargo de
la organización comunista.
18. Como la revolución no es un problema de
formas de organización, el contenido del movimiento proletario constituye el
criterio de intervención y de trabajo. Los comunistas trabajan únicamente en
los movimientos de los proletarios en lucha. Dado que los elementos ganados a
los objetivos y a los métodos de lucha del comunismo desertarán las
organizaciones burguesas, esta evolución se dará por la experiencia práctica en
los combates de clase y no por iluminación súbita de "conciencias
individuales", los comunistas tienen como directiva general el no trabajar
en los órganos del Estado burgués. Esto es igualmente válido en lo que respecta
a las organizaciones cuya diferencia con los sindicatos consistiese únicamente
en una mayor radicalidad en las palabras y en la práctica de un reformismo
"duro": ellas están del lado del Capital y deben ser tratadas como
órganos estatales y políticos de la contrarrevolución (tomemos un ejemplo: la
KAPD llama en 1920 al boicot y a la destrucción de los "consejos
legales" en Alemania).
19. La organización comunista
debe combatir como ideología burguesa, las doctrinas (ordinovistas,
maoespontaneistas, etc.) que llaman a reemplazar los sindicatos por
"consejos obreros" o "comités populares" y que atribuyen a
estas "nuevas formas" el mismo contenido reformista, anti-fascista,
nacionalista de los antiguos sindicatos. De la misma manera, debe combatir el
"anti-sindicalismo" moral y platónico que, al mismo tiempo que llama
a abandonar los sindicatos, invita a los núcleos de vanguardia a abstenerse del
trabajo de organización de la lucha elemental cayendo así en el fetichismo de
los criterios numéricos, asamblearios, en los aspectos formales de delegación y
revocabilidad, en una palabra en el cretinismo democrático.