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viernes, agosto 02, 2024

Fascismo estético y/o estéticas fascistas: Daudi Baldrs/Filosofem de BURZUM  


Burzum, Filosofem (1993/1996)

COMENTARIO A DAUDI BALDRS, por THOM JUREK

Dead Ringer de América ha empezado a reeditar el catálogo de Burzum, haciéndolo agenciable por primera vez en los Estados Unidos. Mientras el embalaje es bastante lindo, nada del texto interior ha sido traducido al inglés.

En cuanto a la música, el quinto álbum de Burzum, alter ego musical de  Varg Vikernes, Daudi Baldrs, es una continuación de las ideas expresadas primeramente y con gran éxito en Filosofem, pero realizadas de forma completamente digital con teclados.

Vikernes ha abandonado musicalmente la idea misma del black metal aquí y, tal como en el disco recién mencionado (del cual recrea ciertos modos y temas), está intentando crear una nueva música folk y clásica que explora sus bastante insanas y misantrópicas nociones de sociedad y (anti) cultura.

Vikernes está preso por el asesinato de un ex amigo y se ha convertido en un Nazi declarado que proclama que su paganismo (la adoración de Odín) es la inspiración para sus posiciones racistas, anti-judeo cristianas.

Dicho lo anterior, su música no puede ser meramente descartada como la obra de un villano. Vikernes es un músico muy serio.

Sus intentos por crear una Nueva música occidental basada en nociones primitivas de melodía y armonía son tan bellos como convincentes en su modo escogido de expresión. 

Su uso de la repetición  melódica y temática, progresiones dinámicas y llenas de texturas, desde una progresión de acorde aumentado a otra, siempre organizados en torno a una gran pero restrictiva estética, ofrece otra visión de la violencia que su música representa, y que de hecho incluso anhela.

Hay una maldad real aquí pero, como pasa con otras expresiones artísticas de la rabia, puede ser seductora  en su sutileza y muy placentera para los sentidos, lo que hace a  Daudi Baldrs casi una escucha obligatoria para cualquiera que esté interesado en la evolución del black metal hacia un seudo clasicismo del siglo XX, comprendiendo la estética del neo-nazismo que trata de promoverse como una nueva espiritualidad new age, pero más importante que eso, para saber en qué anda el enemigo.


Burzum, Daudi Baldrs (1997).

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martes, marzo 14, 2023

Plaza Brasil/Salir del Castillo de Vampiros (Fisher) 

 


Hace unas semanas estuve en un conversatorio anarquista, luego del cual con algunxs camaradas nos fuimos a beber algo en las bancas de la Plaza Brasil. La última vez que habíamos hecho lo mismo no fue buena idea: al ir llegando a la Plaza vimos gente arrancando, y otros persiguiendo al supuesto autor de lo que después supimos era un intento de asalto a mano armada. Todos los grupos humanos en la Plaza estaban ofreciendo drogas a viva voz (más encima de esas que no me gustan), y para alejarnos de esas interacciones nos instalamos con nuestras latas de cerveza lo más cerca posible del paradero de buses. Al rato llegaron los carabineros y nos hicieron controles de identidad. Fueron bastante prepotentes, como siempre, pero al menos no nos quitaron las cervezas. Cuando uno de los nuestros les hizo ver que mientras nos controlaban por no hacer nada ahí cerca asaltaban gente con pistolas, el COP replicó: “¡Y usted vio eso y qué hizo? ¡Llamó a Carabineros acaso?”.  

En fin: en este nuevo intento la Plaza estaba harto más amigable y sin pacos. Así que pudimos ir dos veces a cargar cervezas, y además se envió una comisión especial a conseguir una buena cantidad de papas fritas en un local cercano. Yo me retiré con dos compas más pasada la medianoche en un bus que apenas se dignó a abrirnos la puerta porque el chofer ya quería terminar la jornada laboral. El resto se quedó hasta altas horas de la madrugada y luego se trasladó a un domicilio a dos o tres comunas de distancia.

En un momento de la conversación cervezística me puse a hablar en contra del feminismo neoliberal, acentuando su carácter institucional, estatista e interclasista, dando varios ejemplos recientes de la vida pública y privada que me parecían realmente detestables. En un momento, una de las pocas personas que no conocía de antes me interrumpe y dice: “Lo que estás diciendo es completamente cierto, pero es raro que lo digas tú”. Le pregunté el por qué y replica: “Porque habitas un cuerpo heteronormado, entonces no has estado del otro lado y no deberías hablar de eso”. Algo asombrado, pero no tanto en estos tiempos, le digo que no “habito” mi cuerpo sino que “soy” este cuerpo, y que a pesar de que en efecto soy heterosexual y para más remate “heterocis”, sigo creyendo que hay un punto importante en lo que estoy diciendo, desde un punto de vista anticapitalista y antiautoritario. Por lo demás -agregué- aunque modificara mi orientación sexual o mi adscripción o identidad de género, seguiría “habitando” el mismo cuerpo, más determinado por los alimentos que consumo, la cantidad de cerveza que le pongo, y las actividades físicas que hago o no hago…Pero no: esta joven insistía en que a pesar de que mi discurso era correcto, no debía pronunciarlo yo. Así que le dije que mejor hiciera como que mi discurso era un texto anónimo, y que lo analizara en sus propios méritos sin importar quién era yo ni mis gustos sexuales ni características individuales…Y justo ahí se venía la última micro y los que no nos íbamos a quedar carreteando porque teníamos que trabajar al otro día temprano nos fuimos corriendo para poder alcanzarla, así que no pude seguir disfrutando más de ese martirio de conversación.

Poco después me topé con este texto de un desesperado Mark Fisher que ya en el 2013 estaba desmoralizado y hastiado por el discurso y actitudes de lo que ahora llamaos “izquierda woke” (concepto que según un amigo lo inventó la nueva derecha), una mezcla de teoría queer de academia, teoría interseccional en versión moralista culposa y liberalismo progre disfrazado de disidencia política y sexual. Recomiendo leerlo entero en Jacobin, pero he extractado la parte del medio, por lo sustanciosa que resulta en explicar las ideas ahora incluso más dominantes en el mundillo woke, disidente y etc., conformado por personas que por su edad sólo han vivido el “realismo capitalista”, absorbiendo toda la ideología posmo en sus peores variedades, que se ha tomado la cultura de nuestra época por completo, partiendo por las mentes de los “neoanarquistas” de “estilo de vida” que luchan contra una “normalidad” que ya no se define en términos de Capital/Trabajo ni lucha de clases.   

Aclaro que su crítica al “neoanarquismo” tiene puntos correctos pero claramente está hecha desde una posición izquierdista algo tradicional.

En fin: nadie es perfecto (Escuchemos el dub/punk oscuro de Bauhaus mientras tanto).

Entonces, ¿hacia dónde vamos? Primero es necesario identificar los rasgos de los discursos y los deseos que nos trajeron a esta encrucijada desmoralizante y triste en la que la clase ha desaparecido, pero el moralismo está por todas partes; donde la solidaridad es imposible, pero la culpa y el miedo son omnipresentes, y no porque nos intimide la derecha, sino porque hemos permitido que modos de subjetividad burguesa contaminaran nuestro movimiento. Creo que hay dos configuraciones libidinales-discursivas que produjeron esta situación. Ambas se autoproclaman de izquierda pero, como dejó en claro el episodio de Brand, en gran medida son una señal de que la izquierda, definida como un agente en una lucha de clases, se encuentra prácticamente desaparecida.

Dentro del Castillo de Vampiros

La primera configuración es lo que yo llamo el Castillo de Vampiros. El Castillo de Vampiros se especializa en propagar la culpa. Lo animan el deseo de sacerdote de excomulgar y condenar, el deseo de académico pedante de ser el primero en detectar un error, y el deseo de hipster de estar entre las personas más populares. El riesgo de atacar al Castillo de Vampiros es que podría parecer que uno atacara las luchas contra el racismo, el machismo, el heterosexismo (y el Castillo hará todo lo posible para reforzar esta idea). Pero, lejos de ser la única expresión de esas batallas, el Castillo de Vampiros se entiende mejor como una apropiación, una perversión burguesa y liberal de la energía de esos movimientos. El Castillo de los Vampiros nació cuando la lucha por no ser definido a través de categorías identitarias se transformó en la búsqueda de tener «identidades» reconocidas por un gran Otro burgués. El privilegio del que sin dudas disfruto por ser un hombre blanco consiste en parte en no ser consciente de mi origen étnico ni mi género, y que ocasionalmente te llamen la atención acerca de estos puntos ciegos es una experiencia reveladora. Pero en lugar de buscar un mundo en el que todos estén libres de clasificaciones identitarias, el Castillo de Vampiros busca encerrar a las personas en sus campos identitarios, donde quedarán para siempre definidas según parámetros establecidos por el poder dominante, paralizadas por la conciencia de sí mismas, aisladas por una lógica de solipsismo que insiste en que no podemos entendernos entre nosotros a menos que pertenezcamos al mismo grupo identitario.

Noté que hay un fascinante mecanismo mágico de negación y proyección invertida según el cual la mera mención de la clase automáticamente es considerada como si uno quisiera degradar la importancia de la raza y el género. En realidad ocurre exactamente lo contrario: el Castillo de Vampiros usa un concepto en definitiva liberal de la raza y el género para opacar la clase. En todas las polémicas absurdas y traumáticas que hubo en Twitter este año acerca de los privilegios fue notable que la discusión del privilegio de clase estuvo completamente ausente. La tarea, como siempre, sigue siendo la articulación de clase, género y raza; pero lo que caracteriza al Castillo es justamente la desarticulación de la clase respecto de las otras categorías. El problema que se proponía resolver el Castillo de Vampiros era el siguiente: ¿cómo conservar un poder y una riqueza enormes y seguir apareciendo como una víctima, como alguien marginal y opositor? La solución ya estaba ahí, en la Iglesia cristiana. Por eso el Castillo acudió a las estrategias infernales, las patologías oscuras y los instrumentos de tortura psicológica que inventó el cristianismo, y que Nietzsche describió en La genealogía de la moral. Este sacerdocio de la mala conciencia, este nido de beatos traficantes de culpa, es exactamente lo que predijo Nietzsche cuando dijo que se venía algo peor que el cristianismo. Aquí está...

El Castillo de Vampiros se alimenta de la energía y las ansiedades y vulnerabilidades de estudiantes jóvenes, pero sobre todo vive de convertir el sufrimiento de grupos particulares (cuanto más «marginales» mejor) en capital académico. Las figuras más loadas del Castillo de Vampiros son aquellas que han abierto un nuevo mercado del sufrimiento; aquellos que puedan encontrar a un grupo más oprimido y subyugado que los explotados anteriores subirá de rango rápidamente.

La primera ley del Castillo de Vampiros es: individualiza y privatízalo todo. Si bien en teoría dicen estar a favor de críticas estructurales, en la práctica jamás se enfocan en nada que no sea el comportamiento individual. Algunas personas de clase trabajadora no tuvieron una gran educación, y a veces pueden ser irrespetuosas. Recuerden: condenar individuos es siempre más importante que prestar atención a estructuras impersonales. La clase dominante propaga ideologías de individualismo, mientras tiende a actuar como una clase. (Muchas de las que llamamos «conspiraciones» son la clase dominante mostrando solidaridad de clase.) El CV, sirviente de la clase dominante, hace lo contrario: habla de «solidaridad» y «colectividad» de la boca para afuera, pero se comporta como si las categorías individualistas impuestas por el poder fueran lo más importante. Como en el fondo son pequeñoburgueses, los miembros del Castillo de Vampiros son intensamente competitivos, pero lo reprimen, de un modo pasivo—agresivo que es típico de la burguesía. Lo que los une no es la solidaridad, sino un miedo mutuo; el miedo a ser los próximos denunciados, expuestos, condenados.

La segunda ley del Castillo de Vampiros es: haz que el pensamiento y la acción parezcan muy, muy difíciles. No puede haber liviandad, ni mucho menos humor. El humor, por definición, no es serio, ¿no? El pensamiento es trabajo duro, cosa de acentos refinados y ceños fruncidos. Allí donde hay confianza, introducen escepticismo. Dicen: no se apresuren, hay que pensar en esto con más detenimiento. Recuerden: tener convicciones es opresivo, y puede desembocar en gulags.

La tercera ley del Castillo de Vampiros es: propaga tanta culpa como sea posible. Cuanta más culpa mejor. La gente se tiene que sentir mal: es una señal de que comprenden la gravedad de las cosas. Está bien tener privilegios de clase si uno siente culpa por ello y hace que quienes están en una posición de clase más subordinada también se sientan culpables. Uno también hace algunas cosas buenas por los pobres, ¿no?

La cuarta regla del Castillo de Vampiros es: esencializa. Si bien en nombre de los miembros del CV siempre se esgrime fluidez identitaria, pluralidad y multiplicidad (en parte para ocultar su propia posición invariablemente rica, privilegiada y burguesa), el enemigo siempre debe ser esencializado. Como los deseos que animan al CV son en gran medida deseos de sacerdote, deseos de excomulgar y condenar, debe haber una clara distinción entre el Bien y el Mal, y este último debe ser esencializado. Noten la táctica. X dice algo/se comporta de determinada manera; lo que dijo o su comportamiento podría ser interpretado como transfóbico, machista, etc. Hasta ahora, todo bien. La sorpresa viene después. X pasa entonces a ser caracterizado como transfóbico, machista, etc. Toda su identidad se ve definida por un comentario equivocado o un error de conducta. En cuanto el CV organiza su caza de brujas, la victima (muchas veces una persona de clase trabajadora, no educada en las reglas de etiqueta pasivo-agresivas de la burguesía) puede ser incitada a perder los estribos, confirmando aún más su posición de paria, el próximo a ser consumido por el fuego de la quema.

La quinta ley del Castillo de Vampiros es: piensa como un liberal (porque eres uno). El trabajo del CV de avivar una furia reactiva consiste en señalar sin parar lo más obvio: el capitalismo se comporta como el capitalismo (¡no es muy agradable!), los aparatos represivos del Estado son represivos. ¡Hay que protestar!

Neoanarquía en el Reino Unido

La segunda formación libidinal es el neoanarquismo. Con este término, de ninguna manera aludo a los anarquistas y sindicalistas que están involucrados en organizaciones en lugares de trabajo, como la Solidarity Federation. Me refiero a aquellos que se identifican como anarquistas pero su participación en política no va más allá de protestas estudiantiles y ocupaciones, y comentarios en Twitter. Como los habitantes del Castillo de Vampiros, los neoanarquistas en general vienen de un origen pequeñoburgués, o quizás de un lugar con aún más privilegio de clase.

También son abrumadoramente jóvenes: veinteañeros, como mucho treintañeros; y lo que caracteriza su posición neoanarquista es un horizonte histórico muy estrecho. No han vivido otra cosa que el realismo capitalista. Para el momento en el que los neoanarquistas adquirieron conciencia política (y muchos de ellos la adquirieron hace muy poco tiempo, considerando el nivel de arrogancia que a veces exhiben), el Partido Laborista se había transformado una cáscara blairista, implementando políticas neoliberales con una pequeña dosis de justicia social de acompañamiento. Pero el problema con el neoanarquismo es que refleja de manera acrítica este momento histórico, en lugar de ofrecer algún escape de él. Olvida, o quizá sinceramente ignora, el papel del Partido Laborista en la nacionalización de grandes industrias y empresas de servicios públicos y en la fundación del Servicio Nacional de Salud. Los neoanarquistas aseguran que «la política parlamentaria jamás cambió nada» o que «el Partido Laborista fue siempre inútil», mientras asisten a protestas sobre el Sistema Nacional de Salud o retuitean quejas sobre el desmantelamiento de lo poco que queda del Estado de bienestar. Aquí funciona una regla implícita extraña: está bien protestar contra lo que hizo el parlamento, pero no entrar al parlamento o los medios masivos para intentar instrumentar cambios desde allí. Hay que despreciar a los medios mainstream, pero hay que ver Question Time en la BBC para criticarlo después en Twitter. El purismo se transforma en fatalismo; si es mejor no quedar manchado por el mainstream, es mejor «resistir» inútilmente que correr el riesgo de salir con las manos sucias.

No sorprende, entonces, que muchos neoanarquistas parezcan deprimidos. Esta depresión está sin dudas reforzada por la angustia de la vida de posgrado puesto que, como el Castillo de Vampiros, el hogar natural del neoanarquismo son las universidades, y en general es propagado por aquellos que estudian para los exámenes de un posgrado o han terminado uno recientemente.

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jueves, junio 06, 2019

Argh Violence/Conce-Chillán/Curicó 



En verdad que Argh es una de las mejores bandas con que me he topado el último tiempo. Me alegra ver que las nuevas generaciones del punk tengan tan alto compromiso en su actividad musical y de ediciones, tocatas, etc. Resulta vivificante, sobre todo después de presenciar la abierta decadencia de otras escenas punk/hardcore más hacia el centro del país, sobre todo la actividad de ciertos envidiosos y productores reptilescos de mierda que parecen ocupados en tirarnos mierda para mantener a flote su negocio.  Que se jodan!

Encontré un excelente documento llamado Temuko Violence, para que se hagan una idea del poder de esta banda.

Cuando hicimos la minigira de MDC al sur (y una semana después con Disturbio Menor, minigiras que me dejaron con faringitis aguda por el frío extremo, y donde luego de mi paso por Los Angeles y Conce hubo tronados y trombas marinas), en medio de la noche valdiviana el bajista de Argh puso un tema llamado “Líneas rectas” del dúo peruano Ciëlo, radicado en Madrid. El synth-pop no es para nada lo mío, pero algo de este sonido y la performance en la TV española me llamaron la atención, y tuve que seguir explorando. Ambos personajes provenían de la banda peruana Silvania, que según un amigo, participaron de un tributo a Galaxie 500. Su actividad se interrumpió bruscamente la década pasada cuando Coco Ciëlo fue asesinado en su departamento por dos prostitutos juveniles rumanos que había contratado…La historia recuerda un buen poco el asesinato de Pier Paolo Pasolini en los 70.

En fin….incluso los más fieros y entusiastas defensores y practicantes del hardcore punk/free jazz necesitamos escuchar un poco de POP cuando queremos sosegarnos.

Por cierto, el camarada Conselheiro viajó especialmente desde Muerto Montt (aka Puerto Ron) a Valdivia para la tocata de MDC con Argh, y redactó este comentario en su blog:

Lunes 20 de mayo, vísperas de uno de los días más weones del calendario chileno, por eso es feriado... Partí desde mi casa en puerto montt rumbo a valdivia a ver una tocata que prometía, Guerra Total II: Sic Semper Tyrannis, Manual De Combate, Argh y Azoth. Al llegar a valdivia me junte con un amigo que no veía hace un tiempo para dirigirme al lugar. El recital fue en el restorán 1960 epicentro, en el barrio bajo de Valdivia (no, no es la metáfora para designar a los barrios donde vive la gente pobre, así le llaman porque se hundió después del terremoto de 1960). Comenzó el recital con los locales Sic que tocaron su d-beat o crust a lo tragedy o his hero is gone, bien ejecutado, intenso, aunque no me guste en especial este estilo, es una banda que está muy afiatada. Luego toco el turno de MDC que venían de santiago, batería, bajo, trompeta y saxo, dando una buena muestra de lo que es un harcorepunk con influencias del free jazz (o al revés?). Saxo y trompeta desenfrenadas, sobre la base de una sólida batería y una línea de bajo pesada e inquieta. Alguna vez leí por ahí que Iggy Pop decía que él intentaba hacer con la voz lo que Coltrane hacía con el saxo, eso por los años 70s y creo que aun hoy no se ha llegado a comprender el poder de la influencia del free jazz sobre el rock y el punk en particular, al menos por estos lares, y julio -el saxofonista de MDC- es el que más se ha dedicado a explicar dicha influencia desde su blog punkfreejazzdub y otras publicaciones. Luego tocó el turno a Argh, oriundos de Temuco. Por el aspecto (el guitarrista salió con una gorra marinera acorde con la fecha) y por el tema “get it on” de Turbo Negro que pusieron antes que comenzaran a tocar pensé que sería un estilo parecido al de los suecos (o noruegos?… ya ni me acuerdo), pero era un punk frenético, con algo de pop apocalíptico, mucho grito y actitud. En algo me recordó a los nipones the Stalin. Espero que pronto graben algo. Luego tocó el turno a los otros locales Azoth que hacen un metal punk (?) oscuro, intenso, potente y original, me emociono y me hizo mover las patitas escuchar el tema “i am the working class” de darkthrone, quizas el tema más oi! del metal. Pareciera que entre el black metal y el oi! hay un mundo de diferencias, pero no es tan así, si pensamos que Quorthon de Bathory aceptó la influencia del punk más callejero, junto a Black Sabbath y motörhead (obviamente). También, ojala escuchar algo más extenso grabado. Excelente jornada con buenas conversaciones, brebajes espirituosos, feria con música, fanzines, libros, serigrafías y amistad. Valió la pena el viaje y volví con buen material, con el corazón lleno y el hígado también!

Por su parte, una semana después estábamos los 4 Disturbios Menores sentados en un auto rumbo a Concepción. Salimos como a la hora de almuerzo. Pese a que mi pareja me recomendó que, a diferencia de la gira con MDC, me preocupara de comer algo más que maní salado y sanguches de queso….nos fuimos comiendo mani salado y sanguches de queso, empujados con cerveza en lata,  y como yo quedé de copiloto por mis piernas largas (aunque siempre que voy de copiloto mi mente va fabricando imágenes inquietantes de posibles accidentes) pude ejercer una razonable dictadura musical a través de youtube y esa otra hueá que no recuerdo como se llama (espotifuck? Algo así). Además de escuchar como siempre varias versiones de “Second skin” de los Chameleons, incluso la proto-versión tomada de su primer demo, cuando se llamaba “Sueños en celuloide”, les mostré a Ciëlo y a todos les encantó. Gracias de nuevo al encantador bajista de Argh!!!

En Concepción…todo bien. Viejos camaradas llegaron al local. Pero la cerveza fría en medio del frío me hacía sufrir un poco, y mear demasiado a cada rato. Gracias eso no me embriagué, porque tampoco quise pasarme al tinto (a mi edad he aprendido a no mezclar). En llegando a un depto. tuve una fuerte discusión con un punk rocker lenino-estalinista. Cómo es posible algo así???!! Bueno, habría que preguntarle a Giovanni de Esconder Mi Cara, jo jo jo jo. (Escuchen su album 2019! Y denle likes porque al parecer los están chaqueteando severamente!). No llegamos a ningún acuerdo, así que no seguimos discutiendo temas políticos. Aunque…qué no es político?! En lo sucesivo tendré en mente que no todos los punks son pro-situ.

En el local partió la banda Desperfecto. Excelente bajismo de una chica, y cantaba otra chica que partió diciendo algo así como “hola, hace como 35 años que no tocábamos”, cosa que por su juventud me pareció improbable, pero bueno….hay bandas que siguen tocando por 30 años, y otras que paran y vuelven después de un tiempo. En rigor, prefiero esta segunda modalidad, porque una suspensión de varias décadas hace que el material no se sature tanto (como en el amor y la amistad, como decían los Residents, el único amor perfecto es el que mantienes lejos). También anunció después una canción antigua, “de esas que hicimos cuando éramos otras personas”. ¿Otro palo? Como sea, pienso que uno sigue siendo la misma persona, pues nunca podemos cambiar nuestra esencia. Pero yo soy un esencialista asumido: lo reconozco. Es parte de mi pre-posmodernismo. Gracias a Marx y Bakunin me eduqué social y políticamente en el siglo XIX/XX y odio esta mierda posmo de siglo XXI.

Luego vinieron Los Últimos Días, con el estalino-punk entre sus filas, y luego una banda que me pareció realmente excelente, Akayara, tanto que se los dije y me regalaron una copia de su demo en CD-R. Impresionante trabajo vocal, con un vocalista cuyo carisma me pareció destacable, y un bajista con gorrito de Spazz, que al terminar me dijo muy en buena onda que había crecido escuchando a DM.

Buen set, y a descansar, durmiendo en un sillón pero bien arropados. Aunque algunos no durmieron nada de nada: es parte de su eterna juventud, tal vez.

Al otro día, viajamos a Chillán, almorzamos en el Mercado, y todo bien. Excepto que a la hora de finalmente tocar estábamos bien cansados, y se notó un poco. Pero qué le vanos a hacer, somos humanos, no máquinas, y la cuerpa (o ahora se dice le cuerpe?) nos pasa la cuenta. Así y todo fuimos repuntando hasta ofrecer un set bastante digno, creo yo, en la medida de lo posible. Al terminar se me acercó un tipo enorme, y me dijo que nos veía cuando tenía 20 años. Y agregó: “los dos primeros temas sonaron como en los tiempos del Taller Sol”: jajaja, qué elogio!

De regreso a mi hogar, cada tarde de...No, llegué a mi casa el lunes a las 2:30 AM. Saqué a pasear al perro para que meara y cagara. Y al trabajo a las 7 AM. Excelente! El sábado tocamos en LOF. Poca gente pero hartos amigxs. Ahora tengo faringitis aguda. Fui ayer a la Posta pensando en que me podían dar licencia, pero sólo me pincharon el culo y me enviaron a trabajar. Eso le decía el doctor venezolano a todos los trabajadores que allí llegaban con dolencias varias: "No damos licencia por acá".

Mañana, por primera vez a tocar en Curicó. Nos vemos por ahí!

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viernes, marzo 16, 2018

Crítica musical/Comunismo N° 67/Sigue la tontera del "situacionismo"/Definiciones 




Crítica musical:

Siempre me causó gracia una viñeta de Pedro Pico y Pico Vena, los okupas punk y skin –respectivamente- del dibujante Azagra, en que tenían un programa de “crítica musical” en una radio, y luego de poner un hit tras otro de punk, ska, heavy metal y hardcore, que ocasionaban reiterados elogios y muestras de felicidad en sus comentarios al aire, ponían un tema de Alejandro Sanz, horrible como es Alejandro Sanz, y cuando uno de ellos le preguntaba al otro para qué había elegido torturarlos con esa mierda, el otro respondía: “¡Es que en algo tenía que notarse que es un programa de crítica musical!”.

Bueno: siguiendo ese mismo espíritu, el otro día me atreví a escuchar un tema que vi referido elogiosamente en El Desconcierto, y que expresaría un peak de creación musical chilena a cargo de un cierto saxofonista. El tema era tan vomitivo que no pude escucharlo entero. Y lo que menos destacaba era precisamente el saxo. Se supone que era una especie de fusión jazz/hip hop, pero no se reconocían ningún elemento de referentes como Coltrane o los Last Poets sino que…sencillamente era algo imposible de escuchar.

Quedé tan desagradado que tuve que acudir a un antídoto poderoso: un solo inédito de Kaoru Abe registrado en 1973, en saxo alto. Gracias Kaoru: tu fuego purificador fue una verdadera sanación, equivalente al agua fresca después de haber comido chatarra.

 Leninismo y contra-revolución parte III:

Por fin salió el N° 67 de larevista Comunismo. Este especial es la parte III de la serie sobre Leninismo. Su lectura puede causar graves indigestiones y cagaderas a todas las variedades de socialdemócratas leninoides que subsisten: trotskistas, maoístas, estalinistas, castristas, guevaristas, kim-il-sungistas, y un largo etc. de sectas con nombre de hombre.

Se subdivide en dos grandes capítulos: La mentira de la revolución leninista, y El terrorismo capitalista del Estado bolchevique.

Un siglo de mentiras


Nada de lo que se reproduce como «noticias» es verdad. Resulta una banalidad de base repetir que todo está manipulado. La realidad se confecciona en base a mentiras. Ayer se redirigían revueltas para liquidar la revolución social. Hoy se confeccionan y modelan revueltas para que los estallidos sean dirigidos desde su nacimiento.La burguesía busca impedir así que las revueltas proletarias, que la catástrofe del sistema produce, se generalicen y afirmen nuevamente su contenido revolucionario.

Pero todo ese entretejido de construcciones mediáticas e ideológicas se cimentan en verdaderos pilares fundamentales de la falsificación generalizada.

Si dichos pilares existen desde la existencia misma de las sociedades de clase, si la explotación y dominación de unos hombres por parte de otros solo puede existir en base a sólidas construcciones ideológicas, si la sumisión requiere creer en las bondades y la necesidad histórica de su propia explotación (progreso, democracia, trabajo), en el siglo xx se conformó otro gigantesco pilar ideológico de la dominación del proletariado mundial: el de la «Revolución rusa que cambió el mundo», el de los «países socialistas».

Dicho mito, consolida una nueva y sólida base ideológica del capital mundial. Del mismo emergen infinitos mensajes tentaculares, apenas perceptibles, como también emergen de los otros pilares más viejos: la democracia, la religión, el trabajo como sinónimo de bienestar. Todo el sistema social de mitos y creencias está dirigido a reproducir, para siempre, la sociedad burguesa.

La contrarrevolución real se vende como «el socialismo real». El modelo leninista de «socialismo» con persistencia de la mercancía y en general del trabajo asalariado, mucho autoritarismo estatal y represión, fue el modelo idealizado de la izquierda burguesa. Para el proletariado todo fue igual, o peor, en nombre de un mundo futuro que sería todavía «más socialista» y hasta «comunista».

¡«Ese» es el cambio! ¡Esa es la «revolución» a la que los explotados y dominados del mundo pueden aspirar! Si el socialismo ha sido realizado y «es lo que es», ¿para qué ir más lejos o intentar otro cambio?

Peor: para que «el socialismo» marche bien, se requiere más esfuerzo. ¡Más de lo mismo!: más trabajo, más progreso y, sobre todo, que sea más democrático.

Ese siglo de mentiras, basadas en la absurda ideología de que la «Revolución rusa» ha cambiado el mundo, se cierra con un broche ideológico «encantador» para la dominación capitalista mundial, un verdadero calabozo en donde no entra ya ni un rayito de sol: «Lo que más le faltó al socialismo fue la democracia», que recitan los escribas del sistema y repiten las masas sumisas.

El calabozo está profundamente enterrado bajo la mitología de ese «cambio» y... de su progreso. Salvo las expresiones aisladas de los grupos de militantes revolucionarios, ya no llega hasta las actuales generaciones de proletarios ni un resplandor de aquella gran revuelta internacional del proletariado mundial por la revolución social, que se expandió por el mundo en las primeras dos décadas del siglo xx. Es por eso que estamos en el mejor de los mundos posibles... para la explotación, la opresión y la catástrofe de la humanidad.


Y sigue la tontera y producción de ideología acerca del encuentro pifiado entre Lacan y un situacionista:

Donde la IS hablaba clara y simplemente de “construcción de situaciones”, un ejército de posmos se pajea hasta el cansancio con su retórica de la “performatividad” y otras mierdas.

Un nuevo comentario sobre el famoso libro aquel se inicia así. Tome nota y aprenda a hablar en posmoderno (puede ser bastante rentable en estos tiempos):

Comentar un libro basándose en algo que para algunos/as puede parecer marginal responde a una formación historiográfica, la cual suele otorgar un valor trascendental y habitualmente fetichizado a la “fuente”, la cual compone, en la disciplina histórica, la parte más importante de un aparato crítico. La fuente parece portar siempre la verdad de la escritura, la cual, como un añadido en el tiempo presente, se limitaría a periodizar, ordenar, describir, explicar y, tan sólo a veces, interpretar la verdad del pasado presuntamente contenida en ellas. En suma, a otorgar sentido –otorgarle, supuestamente, su sentido– a aquello que parece haber estado hasta entonces en el más pasivo reposo de la espera significante por la significación.
Sostener un comentario en semejante paratexto, no responde por cierto a tamaña ilusión objetivista sino, fundamentalmente, al intento de leer en ese pliegue, en ese archivo que es el paratexto, aquello que, tal vez más próximo a la enunciación, sostiene, siempre arrestada y elusivamente, el texto principal y sus múltiples hipótesis. 
(…)
He allí el poder del disturbio: un “accionar imprevisto”, a partir del acto del situacionista que, al verter el líquido de la jarra, al dar vida a los objetos y objetualizar intempestivamente a los sujetos, y especialmente al Sujeto supuesto Saber de la escena, a Lacan, la transforma inevitable e irrecuperablemente, a pesar de los esfuerzos de Lacan.


OK. Suficiente. ¿Por qué mejor no hacen un libro sobre el encuentro entre Música Sepúlveda y la ministra de educación, a través del lanzamiento del contenido de un jarro de agua?

Definiciones:

Situación construida: Momento de la vida construido concreta y deliberadamente para la organización colectiva de un ambiente unitario y de un juego de acontecimientos. 

Situacionista: Todo lo relacionado con la teoría o la actividad práctica de la construcción de situaciones. El que se dedica a construir situaciones. Miembro de la Internacional situacionista. 

Situacionismo: Vocablo carente de sentido, forjado abusivamente por derivación de la raíz anterior. No hay situacionismo, lo que significaría una doctrina de interpretación de los hechos existentes. La noción de situacionismo ha sido concebida evidentemente por los antisituacionistas. 

[# 1 de Internationale Situationniste (1-VI-58)].

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miércoles, marzo 07, 2018

8 de marzo 2018: un diálogo y un panfleto 


Extracto de un diálogo sostenido anoche en medio de algo de cerveza y sánguches vegetarianos:

Amigo 1 : No sé si vaya a la marcha del jueves, por lo visto, tengo la impresión de que los que ahora somos llamados "hombres CIS" no seremos bienvenidos...

Amiga 1: En efecto, la idea es que los hombres no vayan, y que se queden en la casa cuidando críos o haciendo labores que por lo general no hacen.

Amiga 2: No estoy muy de acuerdo con eso...yo soy anarquista, y me interesan las personas, no los géneros, y creo que por supuesto que ser anarquista incluye ser antipatriarcal, y antiracista, y antiadultocéntrica...¿no estamos acaso contra todas las formas de dominación? Y por supuesto que en la lucha contra la dominación nos vamos a enfrentar a otras mujeres: policías, explotadoras, políticas, etc., y esa lucha la damos todos los anarquistas juntos.

Amigo 1: Lo triste es que algunas compañeras prefieran marchar junto a las mujeres del Frente Amplio, y de la Nueva Mayoría, porque son mujeres, y que hagan actividades donde incluso sería bienvenido un gay aunque vote por Lucho Larraín de la Fundación Iguales (o sea, gays de derecha), pero estemos vedados los que antes eramos todos parte del mismo bloque negro, que en rigor ya no existe. El anarquismo posmoderno terminó derivando en: ex-anarquistas que ahora hacen política estatal en el FA; ex anarquistas-feministas que ahora son antihombre, y ex anarquistas insurreccionalistas que ahora son antihumanos...El pantano posmoderno hizo mierda al neoanarquismo poquito después de su gran resurrección. No necesitó ser aplastado por el Estado/Capital, sino que su propia mescolanza ideológica de mierda y alergia a Marx lo mató.

Amigo 2: Yo soy hombre y en tanto tal me siento privilegiado...entonces, me parece bien el separatismo de las compañeras.

Amigo 1: ¿Y entonces, está bien que las compañeras (o ex compañeras) separatistas marchen codo a codo con mujeres privilegiadas en tanto burguesas o dominadoras? ¿O que hagan eventos donde algunas compañeras querrían ir con sus crías, y no pueden ir si es que tuvieron la desgracia de tener hijos con gónadas masculinas?
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Texto tomado del Boletín la Oveja Negra:

Algunas reflexiones en torno al 8M 2018

Este 8 de marzo parece ser distinto a los de algunos años atrás: se reivindican algunas recientes conquistas consideradas fundamentales y se prometen otras tantas, nuevas y briosas. Es cierto que hace menos de una década la sociedad se hallaba rememorando esta efeméride como una celebración de la femineidad tradicional, alentando al consumo y a la reafirmación del estereotipo de la mujer cosificada y sumisa mediante regalos frívolos y demás artilugios mercantilistas. En aquel entonces nos hallábamos muy lejos de un llamado al cese de actividades productivas, como impulsa la consigna de este año, pero ¿realmente queremos que este sistema siga, ya sea con o sin nosotras? Nos parece muy necesario, dada la importancia del movimiento social que se generó para cambiar las condiciones de vida de las mujeres, repensar y criticar el contenido de estas luchas. No por el gusto de la crítica en sí, sino para que el movimiento tome fuerza y se profundice, para no caer en las viejas canalizaciones de la ideología dominante, en las reformas que cambian algo para que todo siga igual. Nos queremos enfocar entonces en el contenido que está en el fondo de la movilización y el paro internacional de mujeres.

Cuando se llama a producir sin nosotras para visibilizar nuestro “valor”, se pasa por alto la obscena facticidad de las cosas: que se nos considera valiosas, básicamente, en términos productivos y reproductivos de este sistema de muerte. Esta consigna no solo deja de lado un cuestionamiento fundamental –¿por qué debiéramos siquiera tener asignado un valor? –, sino que alienta a la perpetuación de las actuales relaciones económicas y productivas de modo irreflexivo y conformista. La ausencia de una crítica al sistema que somete a la totalidad de la humanidad a sus perversas instituciones (en este caso, el trabajo asalariado) es alarmante, y debiera advertirnos sobre la peligrosa tibieza del contenido de consignas similares, tan fervorosamente enarboladas para esta fecha.

Era de esperar… “el feminismo” ha llegado a los medios: los programas con el más alto rating (y la mayor tradición misógina) invitan a sus paneles a las representantes del movimiento a debatir (y sobre todo a banalizar) la despenalización del aborto y otros temas que verdaderamente nos preocupan e importan. La democracia funciona. El enemigo quiere hacer las paces y, en señal condescendiente, nos abre la puerta al mundo del espectáculo.

Ante los continuos y crecientes daños a todos aquellos que se reconocen por fuera del género masculino heterosexual, se pide mayor intervención estatal: más legislaciones, más programas gubernamentales de contención, más seguridad, más trabajo, más punición, más control. Lo que no se ve es que donde «el Estado está ausente» es donde más está el Estado. ¿No es ya lo suficientemente clara la vinculación entre la violencia de género y el monstruoso aparato ideológico que la produce y reproduce cada día, bajo las más variadas formas? ¿Qué es lo que hace falta para hacer estallar finalmente estas insoportables tensiones que nos atraviesan?

Sabemos que las condiciones a las que nos enfrentamos no son nada sencillas y nos movilizan a preguntarnos muchas cosas. Que quede claro: queremos mejorar nuestras condiciones en lo inmediato. No queremos ser encarceladas por abortar, tratadas como cuerpos–objetos a los que violar y traficar, usadas para publicitar mercancías y otras tantas aberraciones. Pero, ¿para qué nos sirve pedirle al sistema que nos reduce a estos roles, nos encarcela y subyuga que cambie esta situación? ¿Por qué no pensar en la posibilidad de superar de raíz este estado de cosas? Esto también lo tenemos que pensar mientras nos encontramos en la calle, a esto nos referimos cuando proponemos profundizar la lucha. Fundamentalmente, para no desperdiciar tantos esfuerzos de compañeras del pasado que, como nosotras hoy, pararon y salieron a la calle masivamente, logrando parciales avances que por sus límites no cambiaron la situación de la mujer, porque es imposible que se transforme sin transformar todo, porque nuestra lucha se opone prácticamente a este sistema cosificador y valorizador de nuestras vidas.

Las diversas expresiones de bronca, el aliento a la venganza o al escrache público, en respuesta a hechos de violencia de género son necesarias, pero devienen en medidas ineficientes por ser aisladas. Debemos atacar las relaciones sociales de las que nace la violencia de género en primer lugar. Cuando una gran cantidad de energía se ve dedicada a resolver problemas de tipo legal o procedimental (qué hacer con el abusador, cómo castigar al violador, cómo deben redactarse protocolos institucionales contra la violencia machista) se está perdiendo de vista la causa fundamental de la problemática: la violencia general y sistemática en nuestra sociedad, por qué se genera y cómo destruirla. Identificarla es necesario para terminar de una vez por todas con las condiciones materiales que la posibilitan y que reducen nuestra vida a un producto aprovechable o prescindible según las circunstancias, que instrumentalizan nuestros cuerpos y los someten a las necesidades de este sistema que nos deshumaniza y atomiza hasta la muerte.

La lucha que ahonde en la raíz del problema no bregará por la igualdad de derechos en un sistema que nos oprime y aliena a todos los desposeídos por igual, sino por la verdadera emancipación de la mujer, entendida como parte fundamental de la lucha por la emancipación total de la especie humana. Para ello es necesario salir a la calle y formar lazos por fuera del Estado y la política, no permitiendo que estos intervengan y transformen el contenido de la lucha para su conveniencia y para la continuación de nuestra explotación. Pero también, dejando de externalizar los problemas, haciéndonos cargo de lo que nos toca: como parte de esta sociedad capitalista la reproducimos, aun sin querer. Hablando en los propios términos que el enemigo (los de la reforma), reduciendo nuestras perspectivas revolucionarias a una lucha por una ley o por un salario más justo, aferrándonos a lo inmediato y dejando para nunca lo que es urgente desde hace tanto tiempo: la destrucción de lo que nos destruye y la creación de un mundo nuevo.
 
Son estas condiciones de existencia siempre contradictorias las que nos impulsan a luchar y es en la lucha donde vamos encontrándonos e inventando algunas respuestas. Hoy nos movilizamos, no para exigir que se nos considere y se nos visibilice en tanto que víctimas, ciudadanas y productoras y reproductoras serviles de esta sociedad. Estamos en la calle porque creemos y luchamos por un cambio sin vuelta atrás.


Boletín La Oveja Negra - 8 de Marzo de 2018
www.boletinlaovejanegra.blogspot.com 

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miércoles, febrero 21, 2018

Abajo el "situacionismo", parte 8 1/2///M. Amorós contra el "pensamiento débil" 


Huyendo del calor entré a la librería de la casa central de la Universidad de Chile. Recordaba haber visto en esos estantes una interesante edición/reedición de la traducción chilena de “La sociedad del espectáculo” que hizo en los 90 Rodrigo Vicuña,  directo del francés, y traté de pillarla, pero no. Tampoco pregunté por ella: si aparece bien, y si no…por algo será.

Mis ojos se toparon con un libro sobre el “encuentro pifiado” entre Lacan y “un situacionista”.

Lacan…Lacan…hace una década me dio por estudiar a Freud. Leí bastante y fue una experiencia muy instructiva. Sólo leyendo a Freud pude comprender mejor a Reich. Y a Marcuse. En fin: cuando traté de leer a Lacan, la experiencia fue muy distinta. Si leer a Freud era en parte similar a leer a Marx, a Durkheim o a otros “clásicos” (buen estilo, y explicaciones complejas pero sólo cuando resultan inevitables, y en general, muy por el contrario, uso de un lenguaje directo y claro), leer a lacan era bastante crítico, y muchas veces abiertamente incomprensible.

El “situacionista”. Mmmmmm. Hice memoria de cuando en la extinta web hommodolars subieron un video de un estudiante que trataba de boicotear una clase de Lacan, y en que lo que más llamaba la atención era la forma en que champurreaba a alta velocidad un rosario de conceptos “pro-situ”, muy graciosamente dada su juventud, y la expresión de Jacques L. y las risas del público….Lo que me parecía bastante claro es que se trataba del típico estudiante pro-situ que se puso de moda después del 68, una de las formas más conocidas de “fans del ‘situacionismo’ (sic)”pero en ningún caso de un situacionista genuino, es decir, un miembro de la Internacional Situacionista. Por lo demás, dicho grupo estaba en sus tiempos finales reducido básicamente a Debord y el italiano Sanguinetti, y de hecho fue disuelto en 1972. O sea,  durante este tan famoso “encuentro”  ya no existía.

Pero todos se apresuraron a calificar a dicho pajarón (Jean-Louis Lippert se llamaba) como “situacionista” y la anécdota del boicot a Lacan se hizo famosa. Tan famosa que en Chile editaron un libro dedicado a ella, y que tras hojearlo brevemente mientras capeaba el calor esa tarde de verano en Santiago centro no me dieron ganas ni de comprarlo ni de leerlo. Muy por el contrario, tanto en la presentación como en el texto mismo abunda una pesada jerga academicista posmoderna post-psicoanalítica/post-filosófica que hace que a su lado Debord parezca Jonathan Swift y Marx o Benjamin  verdaderos “educadores populares” en la senda de Paulo Freire.

Veamos como lo presentaron en un sitio web, como para que se hagan una idea:

“el autor más que inscribirse en una u otra disciplina, atiende a la acción singular de la situación o, incluso, se podría decir que se deja accionar por la situación misma, como otro participante más de la producción de este “encuentro pifiado”; “para el autor, este episodio no finaliza con la conferencia, ni tampoco en su reproducción, sino que, en rigor, el “encuentro” seguirá aconteciendo en la obra de Lacan. El intempestivo carácter de este libro radica en que cada vez que pareciera describir la escena en sus insignificantes realizaciones, esta se transforma en una clave que permite entender una exterioridad histórico-política de la escena, para comunicarla contingentemente con otros encuentros”; “de esta manera, el libro permite redefinir un potencial de acción del situacionismo más allá de la dialéctica hegeliano-marxista, conectándolo con la performance y una perspectiva objetualista” (http://www.elmostrador.cl/cultura/2018/02/03/performatividad-politica-a-proposito-de-lacan-y-un-situacionista-de-rodrigo-gonzalez/).

Y un extracto escogido del libro, tomado de ahí mismo:

“En la escena de Lovaina, entre Lippert, los objetos, el conferencista, el público y auditorio, no hay un sentido común, o dicho concisamente, el punto referencial de lo común se desestabiliza respecto a la figura de un Otro ordenado que garantiza la intersubjetividad de la escena, y se visibiliza el fuera-de-sentido entre los distintos participantes de la escena” (págs. 73 y 74).

Me recuerda un gracioso texto extractado de un libro de espíritu similar, y que fuera destacado por la revista Resquicios bajo el título (tomado del susodicho libro) “esquizofrenizar los códigos, ¿qué dirían los anti-edípicos?”.

Ay señor…hace una década creía que estábamos saliendo del pantano posmodernista. Ahora veo que no: nos hemos hundido aún más en su arena movediza.

Salgo rápido de la librería y camino por A. Prat, hasta que encuentro cervezas de medio litro en lata. He desarrollado el arte de beberlas en dos o tres sorbos, en la calle, para eludir la acción de las policías. Además, la verdad es que ya no hay mucho que degustar...

Antídoto: este breve texto de Amorós que un camarada recomendó (gracias!). Los subrayados son nuestros.

PS: His hero: avisaré por esta vía cuando lleguen los 1-2-3-4!!!



En proa al mal francés.
Crítica al posmodernismo filosófico y a sus efectos en el pensamiento crítico y la práctica revolucionaria
M. Amorós

El retroceso teórico originado por la desaparición del movimiento obrero clásico ha permitido la hegemonía de una curiosa filosofía, la primera que no nace del amor a la verdad, objeto primordial del saber. El pensamiento débil (o filosofía de la posmodernidad) relativiza este concepto, que hace derivar de una mezcla de convenciones, prácticas y costumbres inestable en el tiempo, algo “construido”, y, por consiguiente, artificial, sin ningún fundamento. Y junto con él, toda idea racional de realidad, naturaleza, ética, lenguaje, cultura, memoria, etc. Es más, diversas autoridades del mundillo posmoderno no han dudado en calificar algunas de ellas de “fascistas.” En verdad, tal demolición sistemática de un pensamiento que nace con la Ilustración y clama por la constitución de la libertad, y que, más adelante, al producirse la lucha de clases moderna, dará lugar a la crítica social, tiene toda la apariencia de una desmistificación radical llevada a cabo por verdaderos pensadores incendiarios, cuya finalidad no sería otra que el caos liberador de la individualidad exacerbada, la proliferación de identidades y la derogación de cualquier norma de conducta común. Al día siguiente de tal bacanal deconstructiva, no quedaría ningún valor ni ningún concepto universal en pie: el ser, la razón, la justicia, igualdad, solidaridad, comunidad, humanidad, revolución, emancipación… serán tachados todos de “esencialistas”, o sea, de pecados nefandos “pro natura.” Sin embargo, el extremismo negador de los posfilósofos muestra a nivel espiritual sospechosas coincidencias con el capitalismo de ahora. Un radicalismo de tal magnitud contrasta no solamente con las vidas y opciones políticas de sus autores, harto académicas las unas, y convencionales las otras, sino que se acopla perfectamente a la fase actual de globalización capitalista, caracterizada por la colonización tecnológica, el presente perpetuo, la anomia y el espectáculo. Es un complemento para el que todo son facilidades. Nadie les molestará en sus cátedras. Gracias a la prioridad otorgada por la dominación al conocimiento instrumental, y en consecuencia, gracias a la escasa importancia que la mentalidad dominante concedía a las “humanidades”, en la universidad pudieron darse sin trabas “burbujas especulativas” trasgresoras totalmente ajenas a la realidad.

La loa posmoderna a la trasgresión normativa se corresponde en cierto modo con la desaparición de la sociabilidad en los aglomerados urbanos. De acuerdo con la nueva debilidad en materia filosófica, nada es original, todo está construido, y por consiguiente todo se asienta en un pedestal de barro. La economía política, las clases, la historia, el tejido social, la opinión… todo. Entonces, si no hay relación social que valga, ni liberación colectiva verdadera, ni dialéctica, ni criterio definitivo a tener en cuenta a ese respecto ¿qué sentido tienen las normas, los medios y los fines? Se parte de la nada para llegar a la nada. Tampoco debe extrañar que el encomio de la deshumanización típico de los deconstructores corra parejo con la apología de la técnica. El pensamiento débil, entre otras cosas, celebra la hibridación del hombre con la máquina. ¿Acaso no es superior una naturaleza mecánica, libre de constricciones, que una naturaleza humana, esclava de las leyes naturales? El nihilismo inherente a la lógica mecánica refleja y responde a la abolición de la historia, la supresión de la autenticidad y la liquidación de las clases; es pues un producto de la cultura tardocapitalista, si es que a eso todavía se le puede llamar cultura, y su función no sería otra que la adaptación ideológica al mundo de la mercancía tal como éste ha llegado a ser. La filosofía posmoderna es en relación con lo existente una filosofía de la legitimización.

Aquello que había nacido como reacción a la revuelta de Mayo del 68, fue recibido en las universidades americanas como paradigma de la profundidad crítica, y desde allá la “French Theory” irradió a todos los laboratorios pensantes de la sociedad capitalista, descendiendo a los guetos juveniles en forma de moda intelectual rompedora. Dado su carácter ambivalente y maleable, los silogismos líquidos de la posmodernidad han llenado el cajón de las herramientas y el utillaje de toda clase de ideólogos nuevaoleros, tanto de los ciudadanistas más camaleónicos, como de los anarquistas más al día en lo que respecta a las novedades. Incluso un nuevo tipo de anarquismo, nacido de la quiebra de los valores burgueses históricos, centrado en la afirmación subjetivista, el activismo sin objeto ni plan y la desmemoria, sustituye en la mayoría de espacios al antiguo, hijo de la razón, originado en la lucha de clases, forjador de una ética universal y cuya labor revolucionaria estaba fuertemente anclada en la historia. En la French Theory, o mejor, en el “morbus gallicus”, del que el posanarquismo es hijo bastardo, las referencias no cuentan; revelan nostalgia del pasado, algo muy condenable en un deconstructivista. La cuestión social se disuelve en una multitud de cuestiones identitarias: cuestiones de género, sexo, edad, religión, raza, cultura, nación, especie, salud, alimentación, etc., que ocupan el centro del debate y dan lugar a una peculiar corrección política que se traduce en una ortografía torturada y un discurso relleno de latiguillos y barullos gramaticales. Un muestrario de identidades fluctuantes sustituye al sujeto histórico, pueblo, colectivo social o clase, su afirmación absolutista obvia la crítica de la explotación y la alienación y, por consiguiente, un juego “interseccional” de minorías oprimidas desplaza la resistencia colectiva al poder establecido. La liberación vendrá de una trasgresión lúdica de las reglas que traban aquellas identidades y oprimen a dichas minorías, y no de una “alternativa” global o un proyecto revolucionario de cambio social, algo tenido sin duda por totalitario, puesto que una vez “constituido” originaría nuevas reglas, más poder y por lo tanto, más opresión. El comunismo libertario, desde ese punto de vista, no sería sino la plasmación de una dictadura. El análisis critico y el mismo anticapitalismo, gracias a la anulación de cualquier referencia histórica, ceden el sitio al cuestionamiento de la normatividad, a la contorsión del idioma y a la obsesión por la diferencia, la multiculturalidad y la singularidad. Que no se traiga a colación la coherencia porque la categoría de la contradicción ha sido relegada. Construir o deconstruir, esa es la cuestión.

Definitivamente, el proletariado no “realizó” la filosofía, tal como deseaba Marx, es decir, no llevó sus anhelos liberadores a la práctica y hoy pagamos las consecuencias. Cierto que, en el desarrollo de la lucha de clases, se manifestó un pensamiento crítico que situaba a la clase obrera en el centro de la realidad histórica, y que fue calificado de marxista, anarquista o simplemente socialista. Realmente, se trataba de captar la realidad con la mayor exactitud, para así elaborar las estrategias con las que derrotar al enemigo de clase. Se suponía que la victoria final estaba inscrita en la historia misma. A pesar de todo, los asaltos proletarios a la sociedad de clases no llegaron a buen puerto. Y a medida que el capitalismo superaba sus crisis, las contradicciones devoraban los postulados de dicho pensamiento y se requerían nuevas formulaciones. Las aportaciones fueron múltiples y no ha lugar a enumerarlas. Lo que caracterizaría a todas ellas sería la claridad añadida en la perspectiva del combate liberador, pero inmersa en un contexto de retroceso, luego distanciada progresivamente de la práctica. No obstante, su lectura reforzaba la convicción de que una sociedad libre era posible, que la lucha servía para algo y no había que doblegarse nunca, que la solidaridad entre resistentes nos hacía mejores y la formación nos volvía lúcidos… La lucha de las minorías, lejos de desmantelar la crítica social, contribuía a enriquecerla. Las cuestiones de identidad, lejos de ser secundarias, adquirían una importancia cada vez mayor conforme el capitalismo penetraba en la vida cotidiana y dinamitaba las estructuras tradicionales. Denunciaban aspectos de la explotación hasta entonces poco tenidos en cuenta. En un primer momento, universalidad e identidad convergían; no se concebía la solución a la segregación racial, la discriminación sexual, el patriarcado, etc., separadamente, sino en la perspectiva de una transformación revolucionaria global. Nadie podría imaginar deseable un racismo negro, una sociedad de amazonas, un capitalismo gay o un estado de excepción vegetariano. La revolución social era el único lugar donde todas las cuestiones podían realmente plantearse y resolverse. Fuera de ella, no quedaba otra que la especialización elitista, el sectarismo del gueto, el narcisismo activista y el estereotipo militante. Esa fue la vía abierta por los posmodernos.

El pensamiento débil explotaba igualmente el filón de la crisis ideológica, recuperando autores e ideas, pero con efectos y conclusiones opuestas. Una vez neutralizado el sujeto revolucionario en la práctica, había que suprimirlo en la teoría, con lo que las luchas permanecerían aisladas, marginales e incomprensibles, envueltas en una verborrea cretinizante y autorreferencial apta solamente para iniciados. Esa ha sido la tarea de la French Theory. Se iniciaba una escalada en la confusión sofisticada y críptica que consagraba como magos privilegiados a la casta intelectual y como pueblo elegido a las huestes seguidoras, principalmente universitarias. El “mal francés” ha sido la primera filosofía ligada a un modo de vida pasablemente remunerado y con razón: su revisión de la crítica social del poder y la impugnación de la idea revolucionaria han prestado magníficos servicios a la causa de la dominación. La noción de poder como una éter omnipresente que lo abarca todo, condena cualquier práctica colectiva en pos de un ideal por considerarse renovación o reconstrucción del mismo poder, una especie de pez que se muerde la cola. El poder no está al parecer encarnado en el Estado, el Capital o los Mercados como cuando el proletariado era la clase potencialmente revolucionaria. El poder ahora lo somos todos; es el todo. La revolución quedaría así redefinida como añagaza del poder para rehacerse en casos extremos a partir de nuevos valores y normas tan arbitrarios como los que ella misma relegaría. El descrédito de la revolución social resulta más útil para el poder real en tiempos de crisis, por cuanto una oposición subversiva organizada que trate de formarse (un sujeto social que intente constituirse) se verá denunciada inmediatamente como poder excluyente. En definitiva, un mal “relato”, igual que el de la lucha de clases. El rechazo de la noción de clase trasluce involuntariamente también un odio de clase, herencia de la dominación pasada activa en el imaginario posracional. En fin, se abandona toda veleidad comunista revolucionaria por la trasmigración de géneros, el poliamor, la transversalidad y el régimen vegano. Solucionada de este modo la problemática individual, el camino queda entonces despejado para una oposición colaboradora y participativa, dispuesta entrar en el juego y por supuesto a votar, a ocupar espacios de poder y a gestionar desde ellos el orden vigente con un discurso radicalmente identitario, y de rebote, un discurso radicalmente ciudadanista que hace furor no sólo en la neoizquierda, sino en la izquierda integrada de toda la vida.

El panorama crítico, presa del morbo galo, es pues desolador, como desoladora es la vida en el mundo occidental y urbano plagado de capitalismo. Es el fin de la razón, la clausura espiritual de un mundo periclitado donde la resistencia al poder era posible, la evaporación de la conciencia histórica de clase, la apoteosis de la relatividad, el triunfo absoluto del bluff, el reino acabado del espectáculo… Al fenómeno se le podrá llamar como se guste, pero es ante todo el efecto intelectual de la derrota histórica del proletariado durante los setenta y ochenta, y, en consecuencia, de la desaparición de un par de generaciones enteras de combatientes sociales y de la incapacidad de éstos de trasmitir sus experiencias y conocimientos a las nuevas generaciones, librándolos a la psicosis posmodernista y a su jerga ininteligible. Existe una línea de ruptura generacional clara que coincide más o menos con la aparición del “milieu” o gueto juvenil a finales de los ochenta y una relación de ésta con los procesos de gentrificación de los centros urbanos; por último, puede establecerse con total evidencia una relación entre la extensión del morbo posmoderno con el desarrollo de las nuevas clases medias. El descalabro del movimiento social revolucionario y la catástrofe teórica son dos aspectos de un mismo desastre, y, por consiguiente, del doble triunfo, práctico e ideológico, de la dominación capitalista y estatista. A pesar de todo, la debacle nunca es definitiva, porque los antagonismos proliferan mucho más que las identidades, y la voluntad de liberarse en común es más fuerte que el deseo narcisista de destacarse. La lucha de clases reaparece en la crítica al mundo de la tecnología y en la defensa del territorio, en los proyectos comunitarios de salida del capitalismo y en las batallas que las clases campesinas libran contra la agricultura industrial y la mercantilización de la vida. Probablemente, en los países turbocapitalistas estos conflictos no consigan zafarse de enfoques “interseccionales”, tratamientos “de género” y demás reduccionismos identitarios, perfectamente compatibles con una casuística reformista originada en la “economía social”, pero allá donde cristalice un auténtico frente de lucha de masas, tales nimiedades darán vueltas sobre sí mismas y se consumirán en el fuego de la universalidad.

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miércoles, octubre 19, 2016

Gilles Dauvé critica "Calibán yla Bruja", de Silvia Federici, mientras uno escucha la última grabación de Kaoru Abe. 



Creo en la liberación humana, lo que incluye la de las mujeres y niños/as por cierto. Y creo que esa autoliberación nos impone deberes hacia el mundo animal.

Gilles Dauvé se ha referido a esas cuestiones en varios de sus escritos. Pero este que dejo acá no lo conocía, aunque algo me lo habían referido creo que unos compas en Rosario. ¡Los compas de Rosario! Qué buenos recuerdos. Había uno que nunca supe como se llamaba, que usaba una polera (aka remera) de parálisis permanente. Algún día nos toparemos de nuevo...Bueno: no perdamos el hilo: Dauvé se refiere a las críticas de Federici a Marx, en este interesante texto tomado de alasbarricadas.

La mejor compañía sonora creo que es la última grabación de Kaoru Abe, el 29 de agosto de 1978.


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Federici contra Marx

Por Gilles Dauvé. 

Calibán y la bruja (1) presenta un interés innegable: un análisis de los movimientos sociales y de la crisis de la Europa medieval, una puesta en evidencia de la dimensión sexual y de trato de las mujeres en la formación del capitalismo, y el rol de la maquinización de los cuerpos masculinos y femeninos, principalmente. Pero este libro expone también una visión del pasado y del presente capitalistas tan criticable como la perspectiva política de la que deriva.
Los orígenes del capitalismo según Silvia Federici
Numerosos lectores encuentran en Calibán y la bruja una mejora de El Capital, concretamente de su VIIIª sección. Federici escribe:
“Mi descripción de la acumulación originaria incluye […] una serie de fenómenos que están ausentes en Marx y que, sin embargo, son extremadamente importantes para la acumulación capitalista. Éstos incluyen: i) el desarrollo de una nueva división sexual del trabajo que somete el trabajo femenino y la función reproductiva de las mujeres a la reproducción de la fuerza del trabajo; ii) la construcción de un nuevo orden patriarcal, basado en la exclusión de las mujeres del trabajo asalariado y su subordinación a los hombres; iii) la maquinización del cuerpo proletario y su transformación, en el caso de las mujeres, en una máquina de producción de nuevos trabajadores.” (p.20)
Pero nos equivocaríamos al no ver aquí más que lagunas (graves e insalvables para unos, menores para otros) que la autora se empeñaría en subsanar. Federici hace mucho más: su análisis de la acumulación originaria expresa nada menos que una concepción del capitalismo en definitiva opuesta a la de Marx.
Para explicar el surgimiento del capitalismo, ella privilegia la opresión específica soportada por unos grupos sociales, las mujeres en particular. Ahí está su sujeto de estudio y su aportación, pero la autora no se queda ahí. Ya que da preeminencia a ciertos factores y desprecia otros:
En el siglo XVII, se tasaba el coste del trabajo en las manufacturas de algodón en las Indias a 1/7 del que era en Europa. La Compañía de las Indias Orientales importaba y revendía en Europa tales volúmenes de tejidos indios que los industriales ingleses del textil, incapaces de resistir a esa competencia, reclamaban políticas de aranceles proteccionistas.(2) A mediados del siglo XIX, la mitad de los algodones producidos en el mundo provenían del norte de Inglaterra, y los más atentos se maravillaban o se alarmaban con el apogeo de Manchester, apodada Cotonnopolis, tanto como nuestros contemporáneos lo hacen con la zona de Shenzhen o Shanghai hoy. Durante este tiempo,“los huesos de los tejedores de algodón hacen blanquear las llanuras de la India”.(3)
¿Cómo, en dos siglos los burgueses ingleses habían invertido la correlación de fuerzas? Reduciendo los costes de trabajo en su país. Incluso militarmente, la superioridad europea no se convierte en efectiva hasta el siglo XIX, gracias a la revolución industrial que da a Occidente para mucho tiempo la ventaja de las armas, la cuál supone el advenimiento de la manufactura y del trabajo asalariado modernos. Las causas históricas del proceso son múltiples. Entre ellas, la desposesión -particularmente la relegación de las mujeres al hogar- es una condición necesaria y no suficiente. El hecho decisivo, es el establecimiento del trabajo productivo.
Al contrario, para Federici, sin el trabajo “mitificado” (oculto, invisible) de las mujeres, no hay acumulación posible, no hay capitalismo. Lejos de completar El Capital, la explicación de la acumulación originaria expuesta en Calibán y la bruja está en las antípodas, y se mueve en otra definición del capitalismo.
El capitalismo según Silvia Federici
Calibán y la bruja: bonito título, que resume la tesis: el capitalismo se construiría sobre la esclavitud y la subordinación de las mujeres y desde entonces, bajo otras formas, se perpetuaría. En este marco, el esclavo y la mujer ocupan un lugar más importante que el obrero o la obrera, y la obrera un rol más crucial por su rol en casa que por el que tiene en el taller. Desposesión y disolución de prácticas comunes tendrían prioridad cronológica y lógica sobre el trabajo asalariado propiamente dicho, que no sería más que un efecto. Federici convierte una condición histórica necesaria en la naturaleza profunda del capitalismo. La prioridad otorgada a la esclavitud y a la subordinación de las mujeres no se corresponde a los hechos. La esclavitud comienza a finalizar en el momento en que se desarrolla la industrialización, e Inglaterra, corazón de la revolución industrial, es un país de los más activos en la abolición de la trata de esclavos que, aunque sigue existiendo, se convierte en muy marginal (4). En cuanto a la desigualdad sexual, sin desaparecer, declina en los países más modernos. Mientras continúa discriminando a las mujeres, el capitalismo las introduce cada vez más en el mundo del trabajo, incluidos los empleos tradicionalmente masculinos, y los puestos dirigentes. Que el capitalismo no emancipa a la mujer, es cierto, pero de los sistemas sociales, es en el que parece haber menos desigualdad entre hombres y mujeres.
El análisis histórico de Federici reposa sobre una presuposición. Necesita situar la emergencia del modo de producción capitalista en la transición entre la Edad Media y el Renacimiento, así que antes de la revolución industrial, ve el nacimiento del capitalismo en la exclusión de las mujeres del trabajo, del trabajo llamado productivo, valorizado, y su relegación a la esfera “reproductiva” alrededor de los siglos XV-XVI, y finalmente al trabajo industrial peor pagado.
La autora pretende comprender el trabajo asalariado no a partir de lo que es, sino de lo que le es exterior y lo haría posible, método justificado por ella por su tratamiento de la reproducción, concepto completamente pertinente pero que pierde su pertinencia cuando se extiende a todo, mezclando reproducción de la población, del capital a través de sus ciclos, de la relación capital/trabajo asalariado, y de la reproducción de toda la sociedad.
[…] las mujeres han producido y reproducido la mercancía capitalista más esencial: la fuerza de trabajo […] el trabajo no-pagado de las mujeres en el hogar fue el pilar sobre el cual se construyó la explotación de los trabajadores asalariados, “la esclavitud del salario”, así como también ha sido el secreto de su productividad.” (pp. 10-11)
¿Qué es en definitiva para ella el capitalismo? Desposesión y sometimiento. Al igual que el movimiento de los enclosures (cercamientos) privaba a los campesinos de los medios de subsistencia, las mujeres eran desposeídas de sus saberes y destrezas tradicionales. Pero esta condición indispensable no da la definición de capitalismo.
El trabajo según Silvia Federici: la teoría del trabajo “reproductivo”
Calibán y la bruja fue escrito para probar históricamente una tesis. La primera versión (1984) “se esforzaba en repensar el análisis marxiano de la acumulación originaria desde una perspectiva feminista” (p. 12). En la segunda (2004), ya disponible en francés, Silvia Federici explica querer “fundar teóricamente e históricamente la idea de que el trabajo doméstico no es la herencia o el residuo de una era precapitalista, sino una actividad específica en la que las relaciones sociales han sido forjadas por el capital. […] el trabajo de cuidados, el trabajo doméstico y en conjunto las actividades complejas vía las cuales la vida se reproduce, constituyen de hecho un trabajo esencial en la organización capitalista de la producción. […] [se trata de] el trabajo más productivo en el seno del capitalismo. Sin este trabajo, ninguna otra forma de producción sería posible. […]Queríamos mostrar que se trataba de un trabajo central […]”(5)
“[…] uno de los mayores aportes de la teoría y de la lucha feminista es redefinir el trabajo, y reconocer el trabajo reproductivo no pagado de las mujeres como una fuente determinante de la acumulación capitalista. Redefiniendo el trabajo de cuidados como TRABAJO […] las feministas han actualizado un nuevo terreno esencial de explotación completamente ignorado por Marx y la teoría marxista.”(6)
Esta posición fundó una de las bases de la Autonomía y del feminismo radical italianos en los años 1960-80, expuesta desde 1970 por Revolta femminile en su Manifiesto:
“Identificamos en el trabajo doméstico no retribuido la prestación que permita al capitalismo, privado o de Estado, subsistir.”(7)
Según esta tesis, el trabajo doméstico hace bajar el coste de la fuerza de trabajo: si el obrero tuviera que cenar en un restaurante o comprar platos preparados, llevar su ropa a la lavandería, etc., gastaría más que si una mujer hiciera en su casa y para él comida, colada, etc. Gracias a la actividad no pagada de esta mujer, el patrón hace realidad la economía. De donde viene la idea de considerar esta actividad como un trabajo del que se beneficia gratuitamente el capital para el cual es una de sus fuentes vitales y permanentes de valorización.
Si esto fuera cierto, el obrero (o la obrera) soltero costaría más caro y el patrón debería pagarle más que al obrero (o la obrera) que viva en pareja. No es el caso. Es odioso que el marido ponga los pies sobre la mesa, pero una familia no es asimilable a un taller de fábrica. Se puede llamar a muchas cosas trabajo, pero el único que reproduce el capital es el trabajo asalariado efectuado por una empresa.
Que las tareas de cuidados sean igualmente compartidas (el caso menos frecuente), o que el marido se “beneficie” de su mujer, no cambia en nada la reproducción del capital, ya que no asistimos aquí a un beneficio empresarial. La pareja no es por lo demás más que una de la diversas formas de existencia del asalariado, hombre o mujer, que puede vivir en familia, solo o sola, en dormitorio compartido, en un inmueble o conviviendo con parejas y solteros, etc. Fueran los hombres o los robots los que hicieran las faenas cotidianas, el beneficio del patrón no se vería modificado. El trabajo doméstico femenino no es una estructura necesaria sin la cual el capitalismo no podría existir.(8)
En el fondo, Federici desdobla la teoría del valor: la plusvalía no resulta solamente del trabajo productivo en la empresa (hecho tratado por Federici como algo adquirido a lo que no otorga más que un rol secundario), sino también (y sobre todo) del trabajo de cuidados.
Todo reside en el cambio de sentido de las palabras, en particular producción y reproducción.
“La producción de plusvalía es de entrada social. No es nunca el producto de una actividad o de una persona en particular. […] la producción de valor nunca es exactamente fruto de una unidad social particular, es un producto social. En otros términos, podemos imaginar como una gran cadena de montaje la escala social, donde todos los eslabones son necesarios para producir plusvalía. Existe una fábrica social que va más allá de la fábrica misma. […] para las mujeres, la casas constituye la fábrica, es ese el lugar de la producción. Por ello queremos que se pague como tal.”(9)
“[…] el cuerpo ha sido para las mujeres en la sociedad capitalista lo que la fábrica ha sido para los trabajadores asalariados […]” (p.28).
Las mujeres produciendo niños sin los cuales no habría ni sociedad ni capitalismo, se ven atribuidas por esta teoría a un rol productivo de igual modo que todo factor de (re)producción social, y de hecho un rol determinante. Reproducción engloba a todos y cada uno, el capital, las clases, la población, la fuerza de trabajo, la burguesía, el y la proletaria… concepto útil pero, contrariamente a lo que cree Federici, toda reproducción no es una “fuente de creación de valor” (p.10). Su razonamiento por analogía funciona por extensión sistemática de conceptos. Ella amplia elplustrabajo (la parte de la jornada de trabajo que va más allá del trabajo necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo, por tanto “gratuita” y origen del beneficio patronal) al“trabajo de cuidados no pagado”. Producción, trabajo, explotación, valor, salario, cada vez el concepto se extiende hasta el punto de recibir todos los sentidos posibles: todo es explotación, todo es trabajo, todo crea valor.
Todo, pero primeramente el trabajo “reproductivo” femenino. Esto que quiere demostrar Calibán y la bruja ayudándose de cambiar el sentido de los términos, es que el modo de producción capitalista reposa sobre la subordinación de las mujeres. Federici feminiza el marxismo, lo que sin duda le agrada.
El “salario doméstico”, eslogan político
Si un movimiento social fuera lo suficientemente fuerte para lograr que las mujeres fueran de una manera u otra pagadas por su actividad doméstica, lo celebraríamos como un éxito de toda reivindicación que mejore la condición proletaria, femenina o masculina. Pero los defensores del “Salario para el trabajo doméstico” no se quedan ahí.
Para algunos, el pago del trabajo doméstico es un tipo de posicionamiento radical. Los autónomos italianos lo encontraban como algo que, mejor que las reivindicaciones salariales stricto sensu, unificaría y movilizaría todas las categorías de explotados más allás del “mundo del trabajo”. Militar por el “salario político”, era pedir que fuera pagado el parado, el ama de casa, el estudiante o el enfermo como el trabajador con empleo. Frente a un capitalismo que no da los medios para vivir más que a la minoría a la que paga un salario, esta reivindicación supuestamente revelaría lo absurdo del capitalismo: como este sería incapaz de satisfacer semejante demanda, la presión social para obtenerlo haría estallar al sistema. Inventar la palanca que levantará a las masas es una constante del comportamiento militante… condenada al fracaso. Puesto que si millones se echaran a la calle para exigir ser remunerados, estarían ya más allá de pedir dinero para todos y todas, y empezarían a formular la pregunta: ¿cómo pasar a un mundo sin dinero?
Para otros, asalariar a los/as no asalariadas se inscribiría por encima de todo en una lucha feminista, a veces radical, a veces reformista, como la de Selma James, que desde hace mucho tiempo interviene ante la ONU y los gobiernos con el fin de obtener el reconocimiento oficial y el pago del trabajo doméstico.(10)
Silvia Federici teórica de los “comunes”
Calibán y la bruja expone un programa político. Federici establece explícitamente el vínculo entre su visión de la historia y su aportación a las teorías de los “bienes comunes”. Para ella, la resistencia de los “comunes” contemporáneos contra la mundialización enlaza con la lucha de los “comunes” en otro tiempo vencidos por los enclosures.
Uno de los objetivos de Calibán y la bruja es restaurar el rol de la violencia en la historia, subestimado por Marx según Federici: en la transición al capitalismo, la fuerza y el sometimiento habrían sido más decisivas que la capacidad de la burguesía de organizar las fuerzas productivas: “la violencia misma se convierte en la principal fuerza productiva” (p. 30). (Nosotros diríamos más bien que la violencia estaba al servicio de esta transformación histórica.) Lo que subyace en el libro, es el postulado de que la evolución humana sería antes que nada una cuestión de poder, ya sea con el control de unos sobre otros, o al contrario con la autoorganización colectiva, y por tanto que el cambio social consiste en crear o recrear nuevos espacios y formas de poder. Poco importa la naturaleza profunda del capitalismo: a nada que fueran gestionados colectivamente, el dinero, el trabajo o el valor cambiarían completamente.
Si el capital es sometimiento, basta salir de él y actuar libremente. Si el capital es desposesión, reapropiémonos juntos de lo existente, y esta reposesión común lo transformará (11).
Cuando Federici habla de clase, la noción es tan elástica que ya no existen proletarios, solamente seis mil millones de comuneros, es decir, de seres humanos oponiendo al capitalismo (¿pero qué sentido le queda a este término?) su solidaridad y necesidades colectivas.
La revolución es sustituida por la alternativa, supuesta ya a lo largo de toda la obra bajo la progresión de viejas prácticas comunitarias todavía no asimiladas por el capitalismo, o que escaparían de él gracias a nuevas formas de trabajo (software libre, mutualización…).
¿Superación del marxismo?
Si el marxismo ha sido la teoría del movimiento obrero que afirma el trabajo en el capitalismo, ya sea en cogestión con la burguesía (versión socialdemócrata), ya se sustituyendo a la burguesía (versión leninista), el marxismo se ha encontrado desarmado en los años 70 bajo la lucha de rechazo al trabajo de los proletarios, o más bien de ciertas minorías definidas. Aún no terminamos de sufrir los efectos de esta crisis teórica. La sacudida social del momento reveló las carencias del pensamiento revolucionario sin tener la fuerza suficiente para superarlo, y no pudo más que hacer brechas en ciertas certidumbres obsoletas.
Silvia Federici forma parte del amplio abanico de semi-críticos que prosperan sobre estas carencias, especialmente sobre lo que inevitablemente falta en Marx. El autor de El Capital insistía en el hecho esencial de la acumulación originaria: la separación del productor respecto a los medios de producción. Ingoraba a la mujer, la sexualidad, la racionalización y mecanización de la naturaleza y de la sociedad, la desposesión del cuerpo, el rol del lenguaje, el trato de los animales…(12)
Hay una crítica por hacer a Marx. No la podemos esperar de Federici, que prolonga una de las expresiones más blandas de la profunda contestación social de los años 70 en Italia. En vez de profundizar lo que este entendía por trabajo, y especialmente de volver al comienzo de El Capital (13), las feministas de la Autonomía han dilatado el concepto para exigir un reconocimiento de la mujer como trabajadora. Es decir, ser un verdadero trabajador, como el obrero (hombre), que está verdaderamente asalariado, verdaderamente explotado, como si fuera un privilegio o un título de nobleza por ser un sujeto revolucionario. En lugar de criticar el trabajo, se generaliza, creyendo sin duda que reivindicar para todos la condición de trabajador acabaría con el trabajo. En vez de críticar la fábrica, se la extiende a la sociedad, y como vemos también al hogar. Era un límite de la época, y la deriva actual de Silvia Federici hace pensar que esta época no ha finalizado.
G.D., octubre de 2015
(1) Silvia Federici, Caliban et la Sorcière. Femmes, corps et accumulation primitive, coedición Senonevero-Entremonde, 2014. Los números de página remiten a esta obra.
(2). J. Darwin, After Tamerlan. The Rise & Fall of Global Empire 1400-2000, Bloomsbury Press, 2008, capítulos 3 y 4.
(3) El Capital, Sección IV, capítulo XV, § 5
(4) O. Peté-Grenouilleau, Les Traites négrières. Essai d’histoire globale, Gallimard, 2004.
(5) Aux origines du capitalisme patriarcal: entretien avec Silvia Federici (Contretemps, traduit du podcast Black Sheep, 2013).
(6) Silvia Federici, extraido de Precarious Labor and Reproductive Work, 2006 (caring labor: an archive, 2010). El subtítulo del sitio (Power to the caregivers adn therefore to the class) explica el programa político: la clase es asimilada a ellos, o más bien a ellas que se ocupan del care.
(7) M. Tari, Autonomie! Italie les années 1970, La Fabrique, 2011, p.138 (texto completo en inglés: columbia-edu/itc/architecture/ockman/pdfs/feminism/manifesto.pdf)
(8) Si Engels escribió: “Dans la famille, l’homme est le bourgeois; la femme joue le rôle du prolétariat” (L’Origine de la famille, de la proprieté et de l’État, 1884, capítulo II, § 4), no hay ninguna razón para transformar en teoría lo que no era más que una analogía, reanudación de Flora Tristan: la femme “est le prolétaire du prolétaire” (Les Pérégrinations d’une paria, 1837).
(9) Aux origines du capitalisme patriarcal…, op. Cit.
(10) S. James & Mariarosa Della Costa: The Power of Women & the Subversion of the Community, 1972. S. James: Sex, Race & Class, 1975, disponibles en libcom.org: “género+clase+raza”, fórmula mágica de la radicalidad del siglo 21, ya era expuesta hace cuarenta años. Estas dos autoras son las mayores referencias de Federici (p.10), que no expresa ninguna objeción a las actividades de S. James. Hay que precisar que reformismo no es para nosotros un insulto, sino simplemente una constatación, y una constatación necesaria, salvo para aquellos que consideran la diferencia reforma/revolución como una antigualla.
(11) Federici, Feminism & the Politics of the Commons, 2011 (thecommoner.org).
(12) Sin hablar de Engels, para el que la salarización masiva contendría el germen del fin de la jerarquía sexual.

(13) Como lo hace Bruno Astarian en el primer capítulo de su Feuilleton sur la valeur.

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