Delirio Místico: "A mon seul désir" (Según mi solo deseo)
"La discusión sobre el comunismo no es académica. No es un debate sobre lo que se hará mañana.
Desemboca en, y forma parte de un conjunto de tareas inmediatas y lejanas de las que no es más que un aspecto, un esfuerzo de comprensión teórica" (Gilles Dauvé)
viernes, agosto 02, 2024
Fascismo estético y/o estéticas fascistas: Daudi Baldrs/Filosofem de BURZUM
Dead Ringer de América ha empezado
a reeditar el catálogo de Burzum, haciéndolo agenciable por primera vez en los
Estados Unidos. Mientras el embalaje es bastante lindo, nada del texto interior
ha sido traducido al inglés.
En cuanto a la música, el quinto álbum
de Burzum, alter ego musical de Varg
Vikernes, Daudi Baldrs, es una continuación de las ideas expresadas primeramente
y con gran éxito en Filosofem, pero realizadas de forma completamente digital
con teclados.
Vikernes ha abandonado musicalmente
la idea misma del black metal aquí y, tal como en el disco recién mencionado (del
cual recrea ciertos modos y temas), está intentando crear una nueva música folk
y clásica que explora sus bastante insanas y misantrópicas nociones de sociedad
y (anti) cultura.
Vikernes está preso por el
asesinato de un ex amigo y se ha convertido en un Nazi declarado que proclama
que su paganismo (la adoración de Odín) es la inspiración para sus posiciones
racistas, anti-judeo cristianas.
Dicho lo anterior, su música no puede
ser meramente descartada como la obra de un villano. Vikernes es un músico muy
serio.
Sus intentos por crear una Nueva música occidental
basada en nociones primitivas de melodía y armonía son tan bellos como
convincentes en su modo escogido de expresión.
Su uso de la repeticiónmelódica y temática, progresiones dinámicas y
llenas de texturas, desde una progresión de acorde aumentado a otra, siempre organizados
en torno a una gran pero restrictiva estética, ofrece otra visión de la violencia
que su música representa, y que de hecho incluso anhela.
Hay una maldad real aquí pero, como
pasa con otras expresiones artísticas de la rabia, puede ser seductora en su sutileza y muy placentera para los
sentidos, lo que hace a Daudi Baldrs
casi una escucha obligatoria para cualquiera que esté interesado en la
evolución del black metal hacia un seudo clasicismo del siglo XX, comprendiendo
la estética del neo-nazismo que trata de promoverse como una nueva
espiritualidad new age, pero más importante que eso, para saber en qué anda el
enemigo.
Plaza Brasil/Salir del Castillo de Vampiros (Fisher)
Hace unas semanas estuve en un conversatorio anarquista, luego del cual
con algunxs camaradas nos fuimos a beber algo en las bancas de la Plaza Brasil.
La última vez que habíamos hecho lo mismo no fue buena idea: al ir llegando a la
Plaza vimos gente arrancando, y otros persiguiendo al supuesto autor de lo que
después supimos era un intento de asalto a mano armada. Todos los grupos humanos
en la Plaza estaban ofreciendo drogas a viva voz (más encima de esas que no me
gustan), y para alejarnos de esas interacciones nos instalamos con nuestras
latas de cerveza lo más cerca posible del paradero de buses. Al rato llegaron
los carabineros y nos hicieron controles de identidad. Fueron bastante prepotentes,
como siempre, pero al menos no nos quitaron las cervezas. Cuando uno de los
nuestros les hizo ver que mientras nos controlaban por no hacer nada ahí cerca asaltaban
gente con pistolas, el COP replicó: “¡Y usted vio eso y qué hizo? ¡Llamó a
Carabineros acaso?”.
En fin: en este nuevo intento la Plaza estaba harto más amigable y sin
pacos. Así que pudimos ir dos veces a cargar cervezas, y además se envió una
comisión especial a conseguir una buena cantidad de papas fritas en un local
cercano. Yo me retiré con dos compas más pasada la medianoche en un bus que
apenas se dignó a abrirnos la puerta porque el chofer ya quería terminar la
jornada laboral. El resto se quedó hasta altas horas de la madrugada y luego se
trasladó a un domicilio a dos o tres comunas de distancia.
En un momento de la conversación cervezística me puse a hablar en contra
del feminismo neoliberal, acentuando su carácter institucional, estatista e
interclasista, dando varios ejemplos recientes de la vida pública y privada que
me parecían realmente detestables. En un momento, una de las pocas personas que
no conocía de antes me interrumpe y dice: “Lo que estás diciendo es
completamente cierto, pero es raro que lo digas tú”. Le pregunté el por qué y
replica: “Porque habitas un cuerpo heteronormado, entonces no has estado del
otro lado y no deberías hablar de eso”. Algo asombrado, pero no tanto en estos
tiempos, le digo que no “habito” mi cuerpo sino que “soy” este cuerpo, y que a
pesar de que en efecto soy heterosexual y para más remate “heterocis”, sigo
creyendo que hay un punto importante en lo que estoy diciendo, desde un punto
de vista anticapitalista y antiautoritario. Por lo demás -agregué- aunque
modificara mi orientación sexual o mi adscripción o identidad de género, seguiría
“habitando” el mismo cuerpo, más determinado por los alimentos que consumo, la
cantidad de cerveza que le pongo, y las actividades físicas que hago o no hago…Pero
no: esta joven insistía en que a pesar de que mi discurso era correcto, no
debía pronunciarlo yo. Así que le dije que mejor hiciera como que mi discurso
era un texto anónimo, y que lo analizara en sus propios méritos sin importar quién
era yo ni mis gustos sexuales ni características individuales…Y justo ahí se
venía la última micro y los que no nos íbamos a quedar carreteando porque
teníamos que trabajar al otro día temprano nos fuimos corriendo para poder alcanzarla,
así que no pude seguir disfrutando más de ese martirio de conversación.
Poco después me topé con este texto de un desesperado Mark Fisher que
ya en el 2013 estaba desmoralizado y hastiado por el discurso y actitudes de lo
que ahora llamaos “izquierda woke” (concepto que según un amigo lo inventó la nueva derecha), una mezcla de teoría queer de academia,
teoría interseccional en versión moralista culposa y liberalismo progre disfrazado de
disidencia política y sexual. Recomiendo leerlo entero en Jacobin, pero he
extractado la parte del medio, por lo sustanciosa que resulta en explicar las
ideas ahora incluso más dominantes en el mundillo woke, disidente y etc.,
conformado por personas que por su edad sólo han vivido el “realismo
capitalista”, absorbiendo toda la ideología posmo en sus peores variedades, que
se ha tomado la cultura de nuestra época por completo, partiendo por las mentes
de los “neoanarquistas” de “estilo de vida” que luchan contra una “normalidad”
que ya no se define en términos de Capital/Trabajo ni lucha de clases.
Aclaro
que su crítica al “neoanarquismo” tiene puntos correctos pero claramente está
hecha desde una posición izquierdista algo tradicional.
Entonces, ¿hacia dónde vamos?
Primero es necesario identificar los rasgos de los discursos y los deseos que
nos trajeron a esta encrucijada desmoralizante y triste en la que la clase ha
desaparecido, pero el moralismo está por todas partes; donde la solidaridad es
imposible, pero la culpa y el miedo son omnipresentes, y no porque nos intimide
la derecha, sino porque hemos permitido que modos de subjetividad burguesa
contaminaran nuestro movimiento. Creo que hay dos configuraciones
libidinales-discursivas que produjeron esta situación. Ambas se autoproclaman
de izquierda pero, como dejó en claro el episodio de Brand, en gran medida son
una señal de que la izquierda, definida como un agente en una lucha de clases,
se encuentra prácticamente desaparecida.
Dentro del Castillo de Vampiros
La primera configuración es lo
que yo llamo el Castillo de Vampiros. El Castillo de Vampiros se especializa en
propagar la culpa. Lo animan el deseo de sacerdote de
excomulgar y condenar, el deseo de académico pedante de ser el
primero en detectar un error, y el deseo de hipster de estar
entre las personas más populares. El riesgo de atacar al Castillo de Vampiros
es que podría parecer que uno atacara las luchas contra el racismo, el
machismo, el heterosexismo (y el Castillo hará todo lo posible para reforzar
esta idea). Pero, lejos de ser la única expresión de esas batallas, el Castillo
de Vampiros se entiende mejor como una apropiación, una perversión burguesa y
liberal de la energía de esos movimientos. El Castillo de los Vampiros nació
cuando la lucha por no ser definido a través de categorías
identitarias se transformó en la búsqueda de tener «identidades» reconocidas
por un gran Otro burgués. El privilegio del que sin dudas disfruto por ser un
hombre blanco consiste en parte en no ser consciente de mi origen étnico ni mi
género, y que ocasionalmente te llamen la atención acerca de estos puntos
ciegos es una experiencia reveladora. Pero en lugar de buscar un mundo en el
que todos estén libres de clasificaciones identitarias, el Castillo de Vampiros
busca encerrar a las personas en sus campos identitarios, donde quedarán para
siempre definidas según parámetros establecidos por el poder dominante,
paralizadas por la conciencia de sí mismas, aisladas por una lógica de solipsismo
que insiste en que no podemos entendernos entre nosotros a menos que
pertenezcamos al mismo grupo identitario.
Noté que hay un fascinante
mecanismo mágico de negación y proyección invertida según el cual la mera
mención de la clase automáticamente es considerada como si uno quisiera
degradar la importancia de la raza y el género. En realidad ocurre exactamente
lo contrario: el Castillo de Vampiros usa un concepto en definitiva liberal de
la raza y el género para opacar la clase. En todas las polémicas absurdas y
traumáticas que hubo en Twitter este año acerca de los privilegios fue notable
que la discusión del privilegio de clase estuvo completamente
ausente. La tarea, como siempre, sigue siendo la articulación de clase, género
y raza; pero lo que caracteriza al Castillo es justamente la desarticulación de
la clase respecto de las otras categorías. El problema que se proponía resolver
el Castillo de Vampiros era el siguiente: ¿cómo conservar un poder y una
riqueza enormes y seguir apareciendo como una víctima, como alguien marginal y
opositor? La solución ya estaba ahí, en la Iglesia cristiana. Por eso el
Castillo acudió a las estrategias infernales, las patologías oscuras y los
instrumentos de tortura psicológica que inventó el cristianismo, y que Nietzsche
describió en La genealogía de la moral. Este sacerdocio de la
mala conciencia, este nido de beatos traficantes de culpa, es exactamente lo
que predijo Nietzsche cuando dijo que se venía algo peor que el cristianismo.
Aquí está...
El Castillo de Vampiros se
alimenta de la energía y las ansiedades y vulnerabilidades de estudiantes
jóvenes, pero sobre todo vive de convertir el sufrimiento de grupos
particulares (cuanto más «marginales» mejor) en capital académico. Las figuras
más loadas del Castillo de Vampiros son aquellas que han abierto un nuevo
mercado del sufrimiento; aquellos que puedan encontrar a un grupo más oprimido
y subyugado que los explotados anteriores subirá de rango rápidamente.
La primera ley del Castillo de
Vampiros es: individualiza y privatízalo todo. Si bien en
teoría dicen estar a favor de críticas estructurales, en la
práctica jamás se enfocan en nada que no sea el comportamiento
individual. Algunas personas de clase trabajadora no tuvieron una gran
educación, y a veces pueden ser irrespetuosas. Recuerden: condenar individuos
es siempre más importante que prestar atención a estructuras impersonales. La
clase dominante propaga ideologías de individualismo, mientras tiende a actuar como
una clase. (Muchas de las que llamamos «conspiraciones» son la clase dominante
mostrando solidaridad de clase.) El CV, sirviente de la clase dominante, hace
lo contrario: habla de «solidaridad» y «colectividad» de la boca para afuera,
pero se comporta como si las categorías individualistas impuestas por el poder
fueran lo más importante. Como en el fondo son pequeñoburgueses, los miembros
del Castillo de Vampiros son intensamente competitivos, pero lo reprimen, de un
modo pasivo—agresivo que es típico de la burguesía. Lo que los une no es la
solidaridad, sino un miedo mutuo; el miedo a ser los próximos denunciados,
expuestos, condenados.
La segunda ley del Castillo de
Vampiros es: haz que el pensamiento y la acción parezcan muy, muy
difíciles. No puede haber liviandad, ni mucho menos humor. El humor,
por definición, no es serio, ¿no? El pensamiento es trabajo duro, cosa de
acentos refinados y ceños fruncidos. Allí donde hay confianza, introducen
escepticismo. Dicen: no se apresuren, hay que pensar en esto con más
detenimiento. Recuerden: tener convicciones es opresivo, y puede desembocar en
gulags.
La tercera ley del Castillo de
Vampiros es: propaga tanta culpa como sea posible. Cuanta más culpa
mejor. La gente se tiene que sentir mal: es una señal de que comprenden la
gravedad de las cosas. Está bien tener privilegios de clase si uno siente culpa
por ello y hace que quienes están en una posición de clase más subordinada
también se sientan culpables. Uno también hace algunas cosas buenas por los
pobres, ¿no?
La cuarta regla del Castillo
de Vampiros es: esencializa. Si bien en nombre de los miembros del CV
siempre se esgrime fluidez identitaria, pluralidad y multiplicidad (en parte
para ocultar su propia posición invariablemente rica, privilegiada y burguesa),
el enemigo siempre debe ser esencializado. Como los deseos que animan al CV son
en gran medida deseos de sacerdote, deseos de excomulgar y condenar, debe haber
una clara distinción entre el Bien y el Mal, y este último debe ser
esencializado. Noten la táctica. X dice algo/se comporta de determinada manera;
lo que dijo o su comportamiento podría ser interpretado como transfóbico,
machista, etc. Hasta ahora, todo bien. La sorpresa viene después. X pasa
entonces a ser caracterizado como transfóbico, machista, etc. Toda su identidad
se ve definida por un comentario equivocado o un error de conducta. En cuanto
el CV organiza su caza de brujas, la victima (muchas veces una persona de clase
trabajadora, no educada en las reglas de etiqueta pasivo-agresivas de la
burguesía) puede ser incitada a perder los estribos, confirmando aún más su
posición de paria, el próximo a ser consumido por el fuego de la quema.
La quinta ley del Castillo de
Vampiros es: piensa como un liberal (porque eres uno). El trabajo del
CV de avivar una furia reactiva consiste en señalar sin parar lo más obvio: el
capitalismo se comporta como el capitalismo (¡no es muy agradable!), los
aparatos represivos del Estado son represivos. ¡Hay que protestar!
Neoanarquía en el Reino Unido
La segunda formación libidinal es
el neoanarquismo. Con este término, de ninguna manera aludo a los anarquistas y
sindicalistas que están involucrados en organizaciones en lugares de trabajo,
como la Solidarity Federation. Me refiero a aquellos que se identifican como
anarquistas pero su participación en política no va más allá de protestas
estudiantiles y ocupaciones, y comentarios en Twitter. Como los habitantes del
Castillo de Vampiros, los neoanarquistas en general vienen de un origen
pequeñoburgués, o quizás de un lugar con aún más privilegio de clase.
También son abrumadoramente
jóvenes: veinteañeros, como mucho treintañeros; y lo que caracteriza su
posición neoanarquista es un horizonte histórico muy estrecho. No han vivido
otra cosa que el realismo capitalista. Para el momento en el que los
neoanarquistas adquirieron conciencia política (y muchos de ellos la
adquirieron hace muy poco tiempo, considerando el nivel de arrogancia que a
veces exhiben), el Partido Laborista se había transformado una cáscara
blairista, implementando políticas neoliberales con una pequeña dosis de
justicia social de acompañamiento. Pero el problema con el neoanarquismo es que
refleja de manera acrítica este momento histórico, en lugar de ofrecer algún
escape de él. Olvida, o quizá sinceramente ignora, el papel del Partido
Laborista en la nacionalización de grandes industrias y empresas de servicios
públicos y en la fundación del Servicio Nacional de Salud. Los neoanarquistas
aseguran que «la política parlamentaria jamás cambió nada» o que «el Partido
Laborista fue siempre inútil», mientras asisten a protestas sobre el Sistema
Nacional de Salud o retuitean quejas sobre el desmantelamiento de lo poco que
queda del Estado de bienestar. Aquí funciona una regla implícita extraña: está
bien protestar contra lo que hizo el parlamento, pero no entrar al parlamento o
los medios masivos para intentar instrumentar cambios desde allí. Hay que
despreciar a los medios mainstream, pero hay que ver Question Time en la
BBC para criticarlo después en Twitter. El purismo se transforma en fatalismo;
si es mejor no quedar manchado por el mainstream, es mejor «resistir»
inútilmente que correr el riesgo de salir con las manos sucias.
No sorprende, entonces, que
muchos neoanarquistas parezcan deprimidos. Esta depresión está sin dudas
reforzada por la angustia de la vida de posgrado puesto que, como el Castillo
de Vampiros, el hogar natural del neoanarquismo son las universidades, y en
general es propagado por aquellos que estudian para los exámenes de un posgrado
o han terminado uno recientemente.
En verdad que Argh es una de las
mejores bandas con que me he topado el último tiempo. Me alegra ver que las
nuevas generaciones del punk tengan tan alto compromiso en su actividad musical
y de ediciones, tocatas, etc. Resulta vivificante, sobre todo después de
presenciar la abierta decadencia de otras escenas punk/hardcore más hacia el
centro del país, sobre todo la actividad de ciertos envidiosos y productores
reptilescos de mierda que parecen ocupados en tirarnos mierda para mantener a
flote su negocio. Que se jodan!
Encontré un excelente documento
llamado Temuko Violence, para que se hagan una idea del poder de esta banda.
Cuando hicimos la minigira de MDC al sur (y una semana después con Disturbio Menor, minigiras que me dejaron con
faringitis aguda por el frío extremo, y donde luego de mi paso por Los Angeles
y Conce hubo tronados y trombas marinas), en medio de la noche valdiviana el
bajista de Argh puso un tema llamado “Líneas rectas” del dúo peruano Ciëlo,
radicado en Madrid. El synth-pop no es para nada lo mío, pero algo de este
sonido y la performance en la TV española me llamaron la atención, y tuve que seguir
explorando. Ambos personajes provenían de la banda peruana Silvania, que según un amigo, participaron de un tributo a Galaxie 500. Su
actividad se interrumpió bruscamente la década pasada cuando Coco Ciëlo fue
asesinado en su departamento por dos prostitutos juveniles rumanos que había
contratado…La historia recuerda un buen poco el asesinato de Pier Paolo
Pasolini en los 70.
En fin….incluso los más fieros y
entusiastas defensores y practicantes del hardcore punk/free jazz necesitamos
escuchar un poco de POP cuando queremos sosegarnos.
Por cierto, el camarada Conselheiro
viajó especialmente desde Muerto Montt (aka Puerto Ron) a Valdivia para la
tocata de MDC con Argh, y redactó este comentario en su blog:
Lunes 20 de mayo, vísperas de uno de los días más weones del calendario
chileno, por eso es feriado... Partí desde mi casa en puerto montt rumbo a
valdivia a ver una tocata que prometía, Guerra Total II: Sic Semper Tyrannis,
Manual De Combate, Argh y Azoth. Al llegar a valdivia me junte con un amigo que
no veía hace un tiempo para dirigirme al lugar. El recital fue en el restorán
1960 epicentro, en el barrio bajo de Valdivia (no, no es la metáfora para
designar a los barrios donde vive la gente pobre, así le llaman porque se
hundió después del terremoto de 1960). Comenzó el recital con los locales Sic que
tocaron su d-beat o crust a lo tragedy o his hero is gone, bien ejecutado,
intenso, aunque no me guste en especial este estilo, es una banda que está muy
afiatada. Luego toco el turno de MDC que venían de santiago, batería, bajo, trompeta y
saxo, dando una buena muestra de lo que es un harcorepunk con influencias del
free jazz (o al revés?). Saxo y trompeta desenfrenadas, sobre la base de una
sólida batería y una línea de bajo pesada e inquieta. Alguna vez leí por ahí
que Iggy Pop decía que él intentaba hacer con la voz lo que Coltrane hacía con
el saxo, eso por los años 70s y creo que aun hoy no se ha llegado a comprender
el poder de la influencia del free jazz sobre el rock y el punk en particular,
al menos por estos lares, y julio -el saxofonista de MDC- es el que más se ha
dedicado a explicar dicha influencia desde su blog punkfreejazzdub y
otras publicaciones. Luego tocó el turno a Argh, oriundos de Temuco. Por el aspecto (el guitarrista
salió con una gorra marinera acorde con la fecha) y por el tema “get it on” de
Turbo Negro que pusieron antes que comenzaran a tocar pensé que sería un estilo
parecido al de los suecos (o noruegos?… ya ni me acuerdo), pero era un punk
frenético, con algo de pop apocalíptico, mucho grito y actitud. En algo me
recordó a los nipones the Stalin. Espero que pronto graben algo. Luego tocó el
turno a los otros locales Azoth que hacen un metal punk (?) oscuro, intenso,
potente y original, me emociono y me hizo mover las patitas escuchar el tema “i
am the working class” de darkthrone, quizas el tema más oi! del metal.
Pareciera que entre el black metal y el oi! hay un mundo de diferencias, pero
no es tan así, si pensamos que Quorthon de Bathory aceptó la influencia del punk más
callejero, junto a Black Sabbath y motörhead (obviamente). También, ojala
escuchar algo más extenso grabado. Excelente jornada con buenas conversaciones,
brebajes espirituosos, feria con música, fanzines, libros, serigrafías y
amistad. Valió la pena el viaje y volví con buen material, con el corazón lleno
y el hígado también!
Por su parte, una semana después
estábamos los 4 Disturbios Menores sentados en un auto rumbo a Concepción.
Salimos como a la hora de almuerzo. Pese a que mi pareja me recomendó que, a
diferencia de la gira con MDC, me preocupara de comer algo más que maní salado y
sanguches de queso….nos fuimos comiendo mani salado y sanguches de queso, empujados con
cerveza en lata, y como yo quedé de
copiloto por mis piernas largas (aunque siempre que voy de copiloto mi mente va
fabricando imágenes inquietantes de posibles accidentes) pude ejercer una
razonable dictadura musical a través de youtube y esa otra hueá que no recuerdo
como se llama (espotifuck? Algo así). Además de escuchar como siempre varias
versiones de “Second skin” de los Chameleons, incluso la proto-versión tomada de
su primer demo, cuando se llamaba “Sueños en celuloide”, les mostré a Ciëlo y a
todos les encantó. Gracias de nuevo al encantador bajista de Argh!!!
En Concepción…todo bien. Viejos
camaradas llegaron al local. Pero la cerveza fría en medio del frío me hacía
sufrir un poco, y mear demasiado a cada rato. Gracias eso no me embriagué,
porque tampoco quise pasarme al tinto (a mi edad he aprendido a no mezclar). En
llegando a un depto. tuve una fuerte discusión con un punk rocker
lenino-estalinista. Cómo es posible algo así???!! Bueno, habría que preguntarle
a Giovanni de Esconder Mi Cara, jo jo jo jo. (Escuchen su album 2019! Y denle likes porque al parecer los están chaqueteando severamente!). No llegamos a ningún acuerdo, así
que no seguimos discutiendo temas políticos. Aunque…qué no es político?! En lo
sucesivo tendré en mente que no todos los punks son pro-situ.
En el local partió la banda
Desperfecto. Excelente bajismo de una chica, y cantaba otra chica que partió
diciendo algo así como “hola, hace como 35 años que no tocábamos”, cosa que por su juventud me pareció improbable, pero bueno….hay bandas que siguen tocando
por 30 años, y otras que paran y vuelven después de un tiempo. En rigor,
prefiero esta segunda modalidad, porque una suspensión de varias décadas hace
que el material no se sature tanto (como en el amor y la amistad, como decían los
Residents, el único amor perfecto es el que mantienes lejos). También anunció
después una canción antigua, “de esas que hicimos cuando éramos otras personas”. ¿Otro palo? Como sea, pienso que uno sigue siendo la misma persona, pues nunca
podemos cambiar nuestra esencia. Pero yo soy un esencialista asumido: lo
reconozco. Es parte de mi pre-posmodernismo. Gracias a Marx y Bakunin me eduqué
social y políticamente en el siglo XIX/XX y odio esta mierda posmo de siglo
XXI.
Luego vinieron Los Últimos Días,
con el estalino-punk entre sus filas, y luego una banda que me pareció realmente
excelente, Akayara, tanto que se los dije y me regalaron una copia de su demo
en CD-R. Impresionante trabajo vocal, con un vocalista cuyo carisma me pareció
destacable, y un bajista con gorrito de Spazz, que al terminar me dijo muy en
buena onda que había crecido escuchando a DM.
Buen set, y a descansar, durmiendo
en un sillón pero bien arropados. Aunque algunos no durmieron nada de nada: es parte de
su eterna juventud, tal vez.
Al otro día, viajamos a Chillán,
almorzamos en el Mercado, y todo bien. Excepto que a la hora de finalmente
tocar estábamos bien cansados, y se notó un poco. Pero qué le vanos a hacer,
somos humanos, no máquinas, y la cuerpa (o ahora se dice le cuerpe?) nos pasa
la cuenta. Así y todo fuimos repuntando hasta ofrecer un set bastante digno, creo yo, en la medida de lo posible. Al
terminar se me acercó un tipo enorme, y me dijo que nos veía cuando tenía 20 años.
Y agregó: “los dos primeros temas sonaron como en los tiempos del Taller Sol”:
jajaja, qué elogio!
De regreso a mi hogar, cada tarde de...No, llegué a mi casa el lunes a las
2:30 AM. Saqué a pasear al perro para que meara y cagara. Y al trabajo a las 7 AM. Excelente! El sábado tocamos en LOF. Poca gente
pero hartos amigxs. Ahora tengo faringitis aguda. Fui ayer a la Posta pensando
en que me podían dar licencia, pero sólo me pincharon el culo y me enviaron a
trabajar. Eso le decía el doctor venezolano a todos los trabajadores que allí llegaban con dolencias varias: "No damos licencia por acá".
Mañana, por primera vez a tocar
en Curicó. Nos vemos por ahí!
Crítica musical/Comunismo N° 67/Sigue la tontera del "situacionismo"/Definiciones
Crítica musical:
Siempre me causó gracia una viñeta
de Pedro Pico y Pico Vena, los okupas punk y skin –respectivamente- del
dibujante Azagra, en que tenían un programa de “crítica musical” en una radio,
y luego de poner un hit tras otro de punk, ska, heavy metal y hardcore, que
ocasionaban reiterados elogios y muestras de felicidad en sus comentarios al
aire, ponían un tema de Alejandro Sanz, horrible como es Alejandro Sanz, y
cuando uno de ellos le preguntaba al otro para qué había elegido torturarlos
con esa mierda, el otro respondía: “¡Es que en algo tenía que notarse que es un
programa de crítica musical!”.
Bueno: siguiendo ese mismo
espíritu, el otro día me atreví a escuchar un tema que vi referido elogiosamente en El Desconcierto, y que expresaría un peak de creación musical chilena a cargo de un cierto saxofonista.
El tema era tan vomitivo que no pude escucharlo entero. Y lo que menos
destacaba era precisamente el saxo. Se supone que era una especie de fusión
jazz/hip hop, pero no se reconocían ningún elemento de referentes como Coltrane
o los Last Poets sino que…sencillamente era algo imposible de escuchar.
Quedé tan desagradado que tuve
que acudir a un antídoto poderoso: un solo inédito de Kaoru Abe registrado en
1973, en saxo alto. Gracias Kaoru: tu fuego purificador fue una verdadera
sanación, equivalente al agua fresca después de haber comido chatarra.
Leninismo y contra-revolución
parte III:
Por fin salió el N° 67 de larevista Comunismo. Este especial es la parte III de la serie sobre Leninismo.
Su lectura puede causar graves indigestiones y cagaderas a todas las variedades
de socialdemócratas leninoides que subsisten: trotskistas, maoístas,
estalinistas, castristas, guevaristas, kim-il-sungistas, y un largo etc. de sectas
con nombre de hombre.
Se subdivide en dos grandes
capítulos: La mentira de la revolución leninista, y El terrorismo capitalista
del Estado bolchevique.
Un siglo de mentiras
Nada de lo que se reproduce
como «noticias» es verdad. Resulta una banalidad de base repetir que todo está
manipulado. La realidad se confecciona en base a mentiras. Ayer se
redirigían revueltas para liquidar la revolución social. Hoy se confeccionan y
modelan revueltas para que los estallidos sean dirigidos desde su nacimiento.La
burguesía busca impedir así que las revueltas proletarias, que la catástrofe
del sistema produce, se generalicen y afirmen nuevamente su contenido revolucionario.
Pero todo ese entretejido de
construcciones mediáticas e ideológicas se cimentan en verdaderos pilares
fundamentales de la falsificación generalizada.
Si dichos pilares existen
desde la existencia misma de las sociedades de clase, si la explotación y
dominación de unos hombres por parte de otros solo puede existir en base a
sólidas construcciones ideológicas, si la sumisión requiere creer en las
bondades y la necesidad histórica de su propia explotación (progreso,
democracia, trabajo), en el siglo xx se conformó otro gigantesco pilar
ideológico de la dominación del proletariado mundial: el de la
«Revolución rusa que cambió el mundo», el de los «países socialistas».
Dicho mito, consolida
una nueva y sólida base ideológica del capital mundial. Del mismo
emergen infinitos mensajes tentaculares, apenas perceptibles, como también
emergen de los otros pilares más viejos: la democracia, la religión, el trabajo
como sinónimo de bienestar. Todo el sistema social de mitos y creencias está
dirigido a reproducir, para siempre, la sociedad burguesa.
La contrarrevolución real se
vende como «el socialismo real». El modelo leninista de
«socialismo» con persistencia de la mercancía y en general del trabajo
asalariado, mucho autoritarismo estatal y represión, fue el modelo idealizado
de la izquierda burguesa. Para el proletariado todo fue igual, o peor, en
nombre de un mundo futuro que sería todavía «más socialista» y hasta
«comunista».
¡«Ese» es el cambio! ¡Esa es
la «revolución» a la que los explotados y dominados del mundo pueden aspirar!
Si el socialismo ha sido realizado y «es lo que es», ¿para qué ir más lejos o
intentar otro cambio?
Peor: para que «el
socialismo» marche bien, se requiere más esfuerzo. ¡Más de lo mismo!: más
trabajo, más progreso y, sobre todo, que sea más democrático.
Ese siglo de
mentiras, basadas en la absurda ideología de quela
«Revolución rusa» ha cambiado el mundo, se cierra con un broche ideológico
«encantador» para la dominación capitalista mundial, un verdadero calabozo en
donde no entra ya ni un rayito de sol: «Lo que más le faltó al socialismo
fue la democracia», que recitan los escribas del sistema y repiten las
masas sumisas.
El calabozo está
profundamente enterrado bajo la mitología de ese «cambio» y... de su progreso.
Salvo las expresiones aisladas de los grupos de militantes revolucionarios, ya
no llega hasta las actuales generaciones de proletarios ni un resplandor de
aquella gran revuelta internacional del proletariado mundial por la
revolución social, que se expandió por el mundo en las primeras dos
décadas del siglo xx. Es por eso que estamos en el mejor de los mundos
posibles... para la explotación, la opresión y la catástrofe de la
humanidad.
Y sigue la tontera y producción de ideología acerca del encuentro
pifiado entre Lacan y un situacionista:
Donde la IS hablaba clara y
simplemente de “construcción de situaciones”, un ejército de posmos se pajea
hasta el cansancio con su retórica de la “performatividad” y otras mierdas.
Un nuevo comentario sobre el
famoso libro aquel se inicia así. Tome nota y aprenda a hablar en posmoderno
(puede ser bastante rentable en estos tiempos):
Comentar un libro basándose en algo que para algunos/as puede parecer
marginal responde a una formación historiográfica, la cual suele otorgar un
valor trascendental y habitualmente fetichizado a la “fuente”, la cual compone,
en la disciplina histórica, la parte más importante de un aparato crítico. La
fuente parece portar siempre la verdad de la escritura, la cual, como un
añadido en el tiempo presente, se limitaría a periodizar, ordenar, describir,
explicar y, tan sólo a veces, interpretar la verdad del pasado presuntamente
contenida en ellas. En suma, a otorgar sentido –otorgarle, supuestamente, su sentido– a aquello que parece
haber estado hasta entonces en el más pasivo reposo de la espera significante
por la significación.
Sostener un comentario en semejante paratexto, no responde por cierto a tamaña ilusión objetivista
sino, fundamentalmente, al intento de leer en ese pliegue, en ese archivo que
es el paratexto, aquello que, tal vez más próximo a la enunciación, sostiene, siempre
arrestada y elusivamente, el texto principal y sus múltiples hipótesis.
(…)
He allí el poder del
disturbio: un “accionar imprevisto”, a partir del acto del situacionista
que, al verter el líquido de la jarra, al dar vida a los objetos y objetualizar
intempestivamente a los sujetos, y especialmente al Sujeto supuesto Saber de la
escena, a Lacan, la transforma inevitable e irrecuperablemente, a pesar de los
esfuerzos de Lacan.
OK. Suficiente. ¿Por qué mejor no
hacen un libro sobre el encuentro entre Música Sepúlveda y la ministra de
educación, a través del lanzamiento del contenido de un jarro de agua?
Definiciones:
Situación construida:
Momento de la vida construido concreta y deliberadamente para la organización
colectiva de un ambiente unitario y de un juego de acontecimientos.
Situacionista: Todo lo
relacionado con la teoría o la actividad práctica de la construcción de
situaciones. El que se dedica a construir situaciones. Miembro de la
Internacional situacionista.
Situacionismo: Vocablo
carente de sentido, forjado abusivamente por derivación de la raíz anterior. No
hay situacionismo, lo que significaría una doctrina de interpretación de los
hechos existentes. La noción de situacionismo ha sido concebida evidentemente
por los antisituacionistas.
Extracto de un diálogo sostenido anoche en medio de algo de cerveza y sánguches vegetarianos:
Amigo 1 : No sé si vaya a la marcha del jueves, por lo visto, tengo la impresión de que los que ahora somos llamados "hombres CIS" no seremos bienvenidos...
Amiga 1: En efecto, la idea es que los hombres no vayan, y que se queden en la casa cuidando críos o haciendo labores que por lo general no hacen.
Amiga 2: No estoy muy de acuerdo con eso...yo soy anarquista, y me interesan las personas, no los géneros, y creo que por supuesto que ser anarquista incluye ser antipatriarcal, y antiracista, y antiadultocéntrica...¿no estamos acaso contra todas las formas de dominación? Y por supuesto que en la lucha contra la dominación nos vamos a enfrentar a otras mujeres: policías, explotadoras, políticas, etc., y esa lucha la damos todos los anarquistas juntos.
Amigo 1: Lo triste es que algunas compañeras prefieran marchar junto a las mujeres del Frente Amplio, y de la Nueva Mayoría, porque son mujeres, y que hagan actividades donde incluso sería bienvenido un gay aunque vote por Lucho Larraín de la Fundación Iguales (o sea, gays de derecha), pero estemos vedados los que antes eramos todos parte del mismo bloque negro, que en rigor ya no existe. El anarquismo posmoderno terminó derivando en: ex-anarquistas que ahora hacen política estatal en el FA; ex anarquistas-feministas que ahora son antihombre, y ex anarquistas insurreccionalistas que ahora son antihumanos...El pantano posmoderno hizo mierda al neoanarquismo poquito después de su gran resurrección. No necesitó ser aplastado por el Estado/Capital, sino que su propia mescolanza ideológica de mierda y alergia a Marx lo mató.
Amigo 2: Yo soy hombre y en tanto tal me siento privilegiado...entonces, me parece bien el separatismo de las compañeras.
Amigo 1: ¿Y entonces, está bien que las compañeras (o ex compañeras) separatistas marchen codo a codo con mujeres privilegiadas en tanto burguesas o dominadoras? ¿O que hagan eventos donde algunas compañeras querrían ir con sus crías, y no pueden ir si es que tuvieron la desgracia de tener hijos con gónadas masculinas?
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Texto tomado del Boletín la Oveja Negra:
Algunas reflexiones en torno al 8M 2018
Este 8 de marzo parece ser distinto a los de algunos años atrás: se reivindican algunas recientes conquistas consideradas fundamentales y se prometen otras tantas, nuevas y briosas. Es cierto que hace menos de una década la sociedad se hallaba rememorando esta efeméride como una celebración de la femineidad tradicional, alentando al consumo y a la reafirmación del estereotipo de la mujer cosificada y sumisa mediante regalos frívolos y demás artilugios mercantilistas. En aquel entonces nos hallábamos muy lejos de un llamado al cese de actividades productivas, como impulsa la consigna de este año, pero ¿realmente queremos que este sistema siga, ya sea con o sin nosotras? Nos parece muy necesario, dada la importancia del movimiento social que se generó para cambiar las condiciones de vida de las mujeres, repensar y criticar el contenido de estas luchas. No por el gusto de la crítica en sí, sino para que el movimiento tome fuerza y se profundice, para no caer en las viejas canalizaciones de la ideología dominante, en las reformas que cambian algo para que todo siga igual. Nos queremos enfocar entonces en el contenido que está en el fondo de la movilización y el paro internacional de mujeres.
Cuando se llama a producir sin nosotras para visibilizar nuestro “valor”, se pasa por alto la obscena facticidad de las cosas: que se nos considera valiosas, básicamente, en términos productivos y reproductivos de este sistema de muerte. Esta consigna no solo deja de lado un cuestionamiento fundamental –¿por qué debiéramos siquiera tener asignado un valor? –, sino que alienta a la perpetuación de las actuales relaciones económicas y productivas de modo irreflexivo y conformista. La ausencia de una crítica al sistema que somete a la totalidad de la humanidad a sus perversas instituciones (en este caso, el trabajo asalariado) es alarmante, y debiera advertirnos sobre la peligrosa tibieza del contenido de consignas similares, tan fervorosamente enarboladas para esta fecha.
Era de esperar… “el feminismo” ha llegado a los medios: los programas con el más alto rating (y la mayor tradición misógina) invitan a sus paneles a las representantes del movimiento a debatir (y sobre todo a banalizar) la despenalización del aborto y otros temas que verdaderamente nos preocupan e importan. La democracia funciona. El enemigo quiere hacer las paces y, en señal condescendiente, nos abre la puerta al mundo del espectáculo.
Ante los continuos y crecientes daños a todos aquellos que se reconocen por fuera del género masculino heterosexual, se pide mayor intervención estatal: más legislaciones, más programas gubernamentales de contención, más seguridad, más trabajo, más punición, más control. Lo que no se ve es que donde «el Estado está ausente» es donde más está el Estado. ¿No es ya lo suficientemente clara la vinculación entre la violencia de género y el monstruoso aparato ideológico que la produce y reproduce cada día, bajo las más variadas formas? ¿Qué es lo que hace falta para hacer estallar finalmente estas insoportables tensiones que nos atraviesan?
Sabemos que las condiciones a las que nos enfrentamos no son nada sencillas y nos movilizan a preguntarnos muchas cosas. Que quede claro: queremos mejorar nuestras condiciones en lo inmediato. No queremos ser encarceladas por abortar, tratadas como cuerpos–objetos a los que violar y traficar, usadas para publicitar mercancías y otras tantas aberraciones. Pero, ¿para qué nos sirve pedirle al sistema que nos reduce a estos roles, nos encarcela y subyuga que cambie esta situación? ¿Por qué no pensar en la posibilidad de superar de raíz este estado de cosas? Esto también lo tenemos que pensar mientras nos encontramos en la calle, a esto nos referimos cuando proponemos profundizar la lucha. Fundamentalmente, para no desperdiciar tantos esfuerzos de compañeras del pasado que, como nosotras hoy, pararon y salieron a la calle masivamente, logrando parciales avances que por sus límites no cambiaron la situación de la mujer, porque es imposible que se transforme sin transformar todo, porque nuestra lucha se opone prácticamente a este sistema cosificador y valorizador de nuestras vidas.
Las diversas expresiones de bronca, el aliento a la venganza o al escrache público, en respuesta a hechos de violencia de género son necesarias, pero devienen en medidas ineficientes por ser aisladas. Debemos atacar las relaciones sociales de las que nace la violencia de género en primer lugar. Cuando una gran cantidad de energía se ve dedicada a resolver problemas de tipo legal o procedimental (qué hacer con el abusador, cómo castigar al violador, cómo deben redactarse protocolos institucionales contra la violencia machista) se está perdiendo de vista la causa fundamental de la problemática: la violencia general y sistemática en nuestra sociedad, por qué se genera y cómo destruirla. Identificarla es necesario para terminar de una vez por todas con las condiciones materiales que la posibilitan y que reducen nuestra vida a un producto aprovechable o prescindible según las circunstancias, que instrumentalizan nuestros cuerpos y los someten a las necesidades de este sistema que nos deshumaniza y atomiza hasta la muerte.
La lucha que ahonde en la raíz del problema no bregará por la igualdad de derechos en un sistema que nos oprime y aliena a todos los desposeídos por igual, sino por la verdadera emancipación de la mujer, entendida como parte fundamental de la lucha por la emancipación total de la especie humana. Para ello es necesario salir a la calle y formar lazos por fuera del Estado y la política, no permitiendo que estos intervengan y transformen el contenido de la lucha para su conveniencia y para la continuación de nuestra explotación. Pero también, dejando de externalizar los problemas, haciéndonos cargo de lo que nos toca: como parte de esta sociedad capitalista la reproducimos, aun sin querer. Hablando en los propios términos que el enemigo (los de la reforma), reduciendo nuestras perspectivas revolucionarias a una lucha por una ley o por un salario más justo, aferrándonos a lo inmediato y dejando para nunca lo que es urgente desde hace tanto tiempo: la destrucción de lo que nos destruye y la creación de un mundo nuevo.
Son estas condiciones de existencia siempre contradictorias las que nos impulsan a luchar y es en la lucha donde vamos encontrándonos e inventando algunas respuestas. Hoy nos movilizamos, no para exigir que se nos considere y se nos visibilice en tanto que víctimas, ciudadanas y productoras y reproductoras serviles de esta sociedad. Estamos en la calle porque creemos y luchamos por un cambio sin vuelta atrás.
Abajo el "situacionismo", parte 8 1/2///M. Amorós contra el "pensamiento débil"
Huyendo del calor entré a la librería
de la casa central de la Universidad de Chile. Recordaba haber visto en esos
estantes una interesante edición/reedición de la traducción chilena de “La
sociedad del espectáculo” que hizo en los 90 Rodrigo Vicuña, directo del francés, y traté de pillarla,
pero no. Tampoco pregunté por ella: si aparece bien, y si no…por algo será.
Mis ojos se toparon con un libro
sobre el “encuentro pifiado” entre Lacan y “un situacionista”.
Lacan…Lacan…hace una década me
dio por estudiar a Freud. Leí bastante y fue una experiencia muy instructiva.
Sólo leyendo a Freud pude comprender mejor a Reich. Y a Marcuse. En fin: cuando
traté de leer a Lacan, la experiencia fue muy distinta. Si leer a Freud era en
parte similar a leer a Marx, a Durkheim o a otros “clásicos” (buen estilo, y
explicaciones complejas pero sólo cuando resultan inevitables, y en general,
muy por el contrario, uso de un lenguaje directo y claro), leer a lacan era
bastante crítico, y muchas veces abiertamente incomprensible.
El “situacionista”. Mmmmmm. Hice
memoria de cuando en la extinta web hommodolars subieron un video de un
estudiante que trataba de boicotear una clase de Lacan, y en que lo que más llamaba
la atención era la forma en que champurreaba a alta velocidad un rosario de
conceptos “pro-situ”, muy graciosamente dada su juventud, y la expresión de
Jacques L. y las risas del público….Lo que me parecía bastante claro es que se
trataba del típico estudiante pro-situ que se puso de moda después del 68, una
de las formas más conocidas de “fans del ‘situacionismo’ (sic)”pero en ningún
caso de un situacionista genuino, es decir, un miembro de la Internacional
Situacionista. Por lo demás, dicho grupo estaba en sus tiempos finales reducido
básicamente a Debord y el italiano Sanguinetti, y de hecho fue disuelto en
1972. O sea, durante este tan famoso “encuentro”
ya no existía.
Pero todos se apresuraron a
calificar a dicho pajarón (Jean-Louis Lippert se llamaba) como “situacionista”
y la anécdota del boicot a Lacan se hizo famosa. Tan famosa que en Chile
editaron un libro dedicado a ella, y que tras hojearlo brevemente mientras
capeaba el calor esa tarde de verano en Santiago centro no me dieron ganas ni
de comprarlo ni de leerlo. Muy por el contrario, tanto en la presentación como
en el texto mismo abunda una pesada jerga academicista posmoderna post-psicoanalítica/post-filosófica
que hace que a su lado Debord parezca Jonathan Swift y Marx o Benjamin verdaderos “educadores populares” en la senda
de Paulo Freire.
Veamos como lo presentaron en un
sitio web, como para que se hagan una idea:
“el autor más que inscribirse en
una u otra disciplina, atiende a la acción singular de la situación o, incluso,
se podría decir que se deja accionar por la situación misma, como otro
participante más de la producción de este “encuentro pifiado”; “para el autor,
este episodio no finaliza con la conferencia, ni tampoco en su reproducción,
sino que, en rigor, el “encuentro” seguirá aconteciendo en la obra de Lacan. El
intempestivo carácter de este libro radica en que cada vez que pareciera
describir la escena en sus insignificantes realizaciones, esta se transforma en
una clave que permite entender una exterioridad histórico-política de la
escena, para comunicarla contingentemente con otros encuentros”; “de esta
manera, el libro permite redefinir un potencial de acción del situacionismo más
allá de la dialéctica hegeliano-marxista, conectándolo con la performance y una
perspectiva objetualista” (http://www.elmostrador.cl/cultura/2018/02/03/performatividad-politica-a-proposito-de-lacan-y-un-situacionista-de-rodrigo-gonzalez/).
Y un extracto escogido del libro,
tomado de ahí mismo:
“En la escena de Lovaina, entre
Lippert, los objetos, el conferencista, el público y auditorio, no hay un
sentido común, o dicho concisamente, el punto referencial de lo común se
desestabiliza respecto a la figura de un Otro ordenado que garantiza la
intersubjetividad de la escena, y se visibiliza el fuera-de-sentido entre los
distintos participantes de la escena” (págs. 73 y 74).
Me recuerda un gracioso texto
extractado de un libro de espíritu similar, y que fuera destacado por la
revista Resquicios bajo el título (tomado del susodicho libro) “esquizofrenizar
los códigos, ¿qué dirían los anti-edípicos?”.
Ay señor…hace una década creía que
estábamos saliendo del pantano posmodernista. Ahora veo que no: nos hemos
hundido aún más en su arena movediza.
Salgo rápido de la librería y camino por A. Prat, hasta que encuentro cervezas de medio litro en lata. He desarrollado el arte de beberlas en dos o tres sorbos, en la calle, para eludir la acción de las policías. Además, la verdad es que ya no hay mucho que degustar...
Antídoto: este breve texto de Amorós
que un camarada recomendó (gracias!). Los subrayados son nuestros.
PS: His hero: avisaré por esta vía cuando lleguen los 1-2-3-4!!!
En proa al mal francés.
Crítica al posmodernismo
filosófico y a sus efectos en el pensamiento crítico y la práctica
revolucionaria
M. Amorós
El retroceso teórico originado
por la desaparición del movimiento obrero clásico ha permitido la hegemonía de
una curiosa filosofía, la primera que no nace del amor a la verdad, objeto
primordial del saber. El pensamiento débil (o filosofía de la posmodernidad)
relativiza este concepto, que hace derivar de una mezcla de convenciones,
prácticas y costumbres inestable en el tiempo, algo “construido”, y, por
consiguiente, artificial, sin ningún fundamento. Y junto con él, toda idea
racional de realidad, naturaleza, ética, lenguaje, cultura, memoria, etc. Es
más, diversas autoridades del mundillo posmoderno no han dudado en calificar
algunas de ellas de “fascistas.” En verdad, tal demolición sistemática de un
pensamiento que nace con la Ilustración y clama por la constitución de la
libertad, y que, más adelante, al producirse la lucha de clases moderna, dará
lugar a la crítica social, tiene toda la apariencia de una desmistificación
radical llevada a cabo por verdaderos pensadores incendiarios, cuya finalidad no
sería otra que el caos liberador de la individualidad exacerbada, la
proliferación de identidades y la derogación de cualquier norma de conducta
común. Al día siguiente de tal bacanal deconstructiva, no quedaría ningún valor
ni ningún concepto universal en pie: el ser, la razón, la justicia, igualdad,
solidaridad, comunidad, humanidad, revolución, emancipación… serán tachados
todos de “esencialistas”, o sea, de pecados nefandos “pro natura.” Sin embargo,
el extremismo negador de los posfilósofos muestra a nivel espiritual
sospechosas coincidencias con el capitalismo de ahora. Un radicalismo de tal
magnitud contrasta no solamente con las vidas y opciones políticas de sus
autores, harto académicas las unas, y convencionales las otras, sino que se
acopla perfectamente a la fase actual de globalización capitalista,
caracterizada por la colonización tecnológica, el presente perpetuo, la anomia
y el espectáculo. Es un complemento para el que todo son facilidades. Nadie les
molestará en sus cátedras. Gracias a la prioridad otorgada por la dominación al
conocimiento instrumental, y en consecuencia, gracias a la escasa importancia
que la mentalidad dominante concedía a las “humanidades”, en la universidad
pudieron darse sin trabas “burbujas especulativas” trasgresoras totalmente
ajenas a la realidad.
La loa posmoderna a la
trasgresión normativa se corresponde en cierto modo con la desaparición de la
sociabilidad en los aglomerados urbanos. De acuerdo con la nueva debilidad en
materia filosófica, nada es original, todo está construido, y por consiguiente
todo se asienta en un pedestal de barro. La economía política, las clases, la
historia, el tejido social, la opinión… todo. Entonces, si no hay relación
social que valga, ni liberación colectiva verdadera, ni dialéctica, ni criterio
definitivo a tener en cuenta a ese respecto ¿qué sentido tienen las normas, los
medios y los fines? Se parte de la nada para llegar a la nada. Tampoco debe
extrañar que el encomio de la deshumanización típico de los deconstructores
corra parejo con la apología de la técnica. El pensamiento débil, entre otras
cosas, celebra la hibridación del hombre con la máquina. ¿Acaso no es superior
una naturaleza mecánica, libre de constricciones, que una naturaleza humana,
esclava de las leyes naturales? El nihilismo inherente a la lógica mecánica
refleja y responde a la abolición de la historia, la supresión de la
autenticidad y la liquidación de las clases; es pues un producto de la cultura
tardocapitalista, si es que a eso todavía se le puede llamar cultura, y su
función no sería otra que la adaptación ideológica al mundo de la mercancía tal
como éste ha llegado a ser. La filosofía posmoderna es en relación con lo
existente una filosofía de la legitimización.
Aquello que había nacido como reacción a la revuelta de Mayo del 68,
fue recibido en las universidades americanas como paradigma de la profundidad
crítica, y desde allá la “French Theory” irradió a todos los
laboratorios pensantes de la sociedad capitalista, descendiendo a los guetos
juveniles en forma de moda intelectual rompedora. Dado su carácter
ambivalente y maleable, los silogismos líquidos de la posmodernidad han llenado
el cajón de las herramientas y el utillaje de toda clase de ideólogos
nuevaoleros, tanto de los ciudadanistas más camaleónicos, como de los
anarquistas más al día en lo que respecta a las novedades. Incluso un nuevo tipo de anarquismo, nacido de la quiebra de los
valores burgueses históricos, centrado en la afirmación subjetivista, el
activismo sin objeto ni plan y la desmemoria, sustituye en la mayoría de
espacios al antiguo, hijo de la razón, originado en la lucha de clases,
forjador de una ética universal y cuya labor revolucionaria estaba fuertemente
anclada en la historia. En la French Theory, o mejor, en el “morbus
gallicus”, del que el posanarquismo es hijo bastardo, las referencias no
cuentan; revelan nostalgia del pasado, algo muy condenable en un
deconstructivista. La cuestión social se
disuelve en una multitud de cuestiones identitarias: cuestiones de género,
sexo, edad, religión, raza, cultura, nación, especie, salud, alimentación,
etc., que ocupan el centro del debate y dan lugar a una peculiar corrección
política que se traduce en una ortografía torturada y un discurso relleno de
latiguillos y barullos gramaticales. Un muestrario de identidades
fluctuantes sustituye al sujeto histórico, pueblo, colectivo social o clase, su
afirmación absolutista obvia la crítica de la explotación y la alienación y,
por consiguiente, un juego “interseccional” de minorías oprimidas desplaza la
resistencia colectiva al poder establecido. La liberación vendrá de una
trasgresión lúdica de las reglas que traban aquellas identidades y oprimen a
dichas minorías, y no de una “alternativa” global o un proyecto revolucionario
de cambio social, algo tenido sin duda por totalitario, puesto que una vez
“constituido” originaría nuevas reglas, más poder y por lo tanto, más opresión.
El comunismo libertario, desde ese punto de vista, no sería sino la plasmación
de una dictadura. El análisis critico y
el mismo anticapitalismo, gracias a la anulación de cualquier referencia
histórica, ceden el sitio al cuestionamiento de la normatividad, a la
contorsión del idioma y a la obsesión por la diferencia, la multiculturalidad y
la singularidad. Que no se traiga a colación la coherencia porque la categoría
de la contradicción ha sido relegada. Construir o deconstruir, esa es la
cuestión.
Definitivamente, el proletariado
no “realizó” la filosofía, tal como deseaba Marx, es decir, no llevó sus
anhelos liberadores a la práctica y hoy pagamos las consecuencias. Cierto que,
en el desarrollo de la lucha de clases, se manifestó un pensamiento crítico que
situaba a la clase obrera en el centro de la realidad histórica, y que fue
calificado de marxista, anarquista o simplemente socialista. Realmente, se
trataba de captar la realidad con la mayor exactitud, para así elaborar las
estrategias con las que derrotar al enemigo de clase. Se suponía que la
victoria final estaba inscrita en la historia misma. A pesar de todo, los asaltos
proletarios a la sociedad de clases no llegaron a buen puerto. Y a medida que
el capitalismo superaba sus crisis, las contradicciones devoraban los
postulados de dicho pensamiento y se requerían nuevas formulaciones. Las
aportaciones fueron múltiples y no ha lugar a enumerarlas. Lo que
caracterizaría a todas ellas sería la claridad añadida en la perspectiva del
combate liberador, pero inmersa en un contexto de retroceso, luego distanciada
progresivamente de la práctica. No obstante, su lectura reforzaba la convicción
de que una sociedad libre era posible, que la lucha servía para algo y no había
que doblegarse nunca, que la solidaridad entre resistentes nos hacía mejores y
la formación nos volvía lúcidos… La lucha de las minorías, lejos de desmantelar
la crítica social, contribuía a enriquecerla. Las cuestiones de identidad,
lejos de ser secundarias, adquirían una importancia cada vez mayor conforme el
capitalismo penetraba en la vida cotidiana y dinamitaba las estructuras
tradicionales. Denunciaban aspectos de la explotación hasta entonces poco
tenidos en cuenta. En un primer momento,
universalidad e identidad convergían; no se concebía la solución a la
segregación racial, la discriminación sexual, el patriarcado, etc.,
separadamente, sino en la perspectiva de una transformación revolucionaria
global. Nadie podría imaginar deseable un racismo negro, una sociedad de
amazonas, un capitalismo gay o un estado de excepción vegetariano. La
revolución social era el único lugar donde todas las cuestiones podían realmente
plantearse y resolverse. Fuera de ella, no quedaba otra que la especialización
elitista, el sectarismo del gueto, el narcisismo activista y el estereotipo
militante. Esa fue la vía abierta por los posmodernos.
El pensamiento débil explotaba
igualmente el filón de la crisis ideológica, recuperando autores e ideas, pero
con efectos y conclusiones opuestas. Una
vez neutralizado el sujeto revolucionario en la práctica, había que suprimirlo
en la teoría, con lo que las luchas permanecerían aisladas, marginales e
incomprensibles, envueltas en una verborrea cretinizante y autorreferencial
apta solamente para iniciados. Esa ha sido la tarea de la French Theory.
Se iniciaba una escalada en la confusión sofisticada y críptica que consagraba
como magos privilegiados a la casta intelectual y como pueblo elegido a las
huestes seguidoras, principalmente universitarias. El “mal francés” ha
sido la primera filosofía ligada a un modo de vida pasablemente remunerado y
con razón: su revisión de la crítica social del poder y la impugnación de la
idea revolucionaria han prestado magníficos servicios a la causa de la
dominación. La noción de poder como una éter omnipresente que lo abarca todo,
condena cualquier práctica colectiva en pos de un ideal por considerarse
renovación o reconstrucción del mismo poder, una especie de pez que se muerde
la cola. El poder no está al parecer encarnado en el Estado, el Capital o los
Mercados como cuando el proletariado era la clase potencialmente
revolucionaria. El poder ahora lo somos todos; es el todo. La revolución
quedaría así redefinida como añagaza del poder para rehacerse en casos extremos
a partir de nuevos valores y normas tan arbitrarios como los que ella misma
relegaría. El descrédito de la revolución social resulta más útil para el poder
real en tiempos de crisis, por cuanto una oposición subversiva organizada que
trate de formarse (un sujeto social que intente constituirse) se verá
denunciada inmediatamente como poder excluyente. En definitiva, un mal
“relato”, igual que el de la lucha de clases. El rechazo de la noción de clase
trasluce involuntariamente también un odio de clase, herencia de la dominación
pasada activa en el imaginario posracional. En fin, se abandona toda veleidad comunista revolucionaria por la
trasmigración de géneros, el poliamor, la transversalidad y el régimen vegano.
Solucionada de este modo la problemática individual, el camino queda entonces
despejado para una oposición colaboradora y participativa, dispuesta entrar en
el juego y por supuesto a votar, a ocupar espacios de poder y a gestionar desde
ellos el orden vigente con un discurso radicalmente identitario, y de rebote,
un discurso radicalmente ciudadanista que hace furor no sólo en la
neoizquierda, sino en la izquierda integrada de toda la vida.
El panorama crítico, presa del
morbo galo, es pues desolador, como desoladora es la vida en el mundo
occidental y urbano plagado de capitalismo. Es el fin de la razón, la clausura
espiritual de un mundo periclitado donde la resistencia al poder era posible,
la evaporación de la conciencia histórica de clase, la apoteosis de la
relatividad, el triunfo absoluto del bluff, el reino acabado del espectáculo…
Al fenómeno se le podrá llamar como se guste, pero es ante todo el efecto
intelectual de la derrota histórica del proletariado durante los setenta y
ochenta, y, en consecuencia, de la desaparición de un par de generaciones
enteras de combatientes sociales y de la incapacidad de éstos de trasmitir sus
experiencias y conocimientos a las nuevas generaciones, librándolos a la
psicosis posmodernista y a su jerga ininteligible. Existe una línea de ruptura
generacional clara que coincide más o menos con la aparición del “milieu”
o gueto juvenil a finales de los ochenta y una relación de ésta con los
procesos de gentrificación de los centros urbanos; por último, puede
establecerse con total evidencia una relación entre la extensión del morbo
posmoderno con el desarrollo de las nuevas clases medias. El descalabro del
movimiento social revolucionario y la catástrofe teórica son dos aspectos de un
mismo desastre, y, por consiguiente, del doble triunfo, práctico e ideológico,
de la dominación capitalista y estatista. A pesar de todo, la debacle nunca es
definitiva, porque los antagonismos proliferan mucho más que las identidades, y
la voluntad de liberarse en común es más fuerte que el deseo narcisista de
destacarse. La lucha de clases reaparece en la crítica al mundo de la
tecnología y en la defensa del territorio, en los proyectos comunitarios de
salida del capitalismo y en las batallas que las clases campesinas libran
contra la agricultura industrial y la mercantilización de la vida.
Probablemente, en los países turbocapitalistas estos conflictos no consigan
zafarse de enfoques “interseccionales”, tratamientos “de género” y demás
reduccionismos identitarios, perfectamente compatibles con una casuística
reformista originada en la “economía social”, pero allá donde cristalice un
auténtico frente de lucha de masas, tales nimiedades darán vueltas sobre sí
mismas y se consumirán en el fuego de la universalidad.
Gilles Dauvé critica "Calibán yla Bruja", de Silvia Federici, mientras uno escucha la última grabación de Kaoru Abe.
Creo en la liberación humana, lo que incluye la de las mujeres y niños/as por cierto. Y creo que esa autoliberación nos impone deberes hacia el mundo animal.
Gilles Dauvé se ha referido a esas cuestiones en varios de sus escritos. Pero este que dejo acá no lo conocía, aunque algo me lo habían referido creo que unos compas en Rosario. ¡Los compas de Rosario! Qué buenos recuerdos. Había uno que nunca supe como se llamaba, que usaba una polera (aka remera) de parálisis permanente. Algún día nos toparemos de nuevo...Bueno: no perdamos el hilo: Dauvé se refiere a las críticas de Federici a Marx, en este interesante texto tomado de alasbarricadas.
Calibán y la bruja (1)
presenta un interés innegable: un análisis de los movimientos sociales y de la
crisis de la Europa medieval, una puesta en evidencia de la dimensión sexual y
de trato de las mujeres en la formación del capitalismo, y el rol de la
maquinización de los cuerpos masculinos y femeninos, principalmente. Pero este
libro expone también una visión del pasado y del presente capitalistas tan
criticable como la perspectiva política de la que deriva.
Los orígenes del capitalismo
según Silvia Federici
Numerosos lectores encuentran en Calibán
y la bruja una mejora de El Capital, concretamente de su
VIIIª sección. Federici escribe:
“Mi descripción de la
acumulación originaria incluye […] una serie de fenómenos que están ausentes en
Marx y que, sin embargo, son extremadamente importantes para la acumulación
capitalista. Éstos incluyen: i) el desarrollo de una nueva división sexual del
trabajo que somete el trabajo femenino y la función reproductiva de las mujeres
a la reproducción de la fuerza del trabajo; ii) la construcción de un nuevo
orden patriarcal, basado en la exclusión de las mujeres del trabajo asalariado
y su subordinación a los hombres; iii) la maquinización
del cuerpo proletario y su transformación, en el caso de
las mujeres, en una máquina de producción de nuevos trabajadores.” (p.20)
Pero nos equivocaríamos al no ver
aquí más que lagunas (graves e insalvables para unos, menores para otros) que
la autora se empeñaría en subsanar. Federici hace mucho más: su análisis de la
acumulación originaria expresa nada menos que una concepción del capitalismo en
definitiva opuesta a la de Marx.
Para explicar el surgimiento del
capitalismo, ella privilegia la opresión específica soportada por unos grupos
sociales, las mujeres en particular. Ahí está su sujeto de estudio y su
aportación, pero la autora no se queda ahí. Ya que da preeminencia a ciertos
factores y desprecia otros:
En el siglo XVII, se tasaba el
coste del trabajo en las manufacturas de algodón en las Indias a 1/7 del que
era en Europa. La Compañía de las Indias Orientales importaba y revendía en
Europa tales volúmenes de tejidos indios que los industriales ingleses del
textil, incapaces de resistir a esa competencia, reclamaban políticas de
aranceles proteccionistas.(2) A mediados del siglo XIX, la mitad de los algodones
producidos en el mundo provenían del norte de Inglaterra, y los más atentos se
maravillaban o se alarmaban con el apogeo de Manchester, apodada Cotonnopolis, tanto
como nuestros contemporáneos lo hacen con la zona de Shenzhen o Shanghai hoy.
Durante este tiempo,“los huesos de los tejedores de algodón hacen blanquear
las llanuras de la India”.(3)
¿Cómo, en dos siglos los burgueses
ingleses habían invertido la correlación de fuerzas? Reduciendo los costes de
trabajo en su país. Incluso militarmente, la superioridad europea no se
convierte en efectiva hasta el siglo XIX, gracias a la revolución industrial
que da a Occidente para mucho tiempo la ventaja de las armas, la cuál supone el
advenimiento de la manufactura y del trabajo asalariado modernos. Las causas
históricas del proceso son múltiples. Entre ellas, la desposesión
-particularmente la relegación de las mujeres al hogar- es una condición
necesaria y no suficiente. El hecho decisivo, es el establecimiento
del trabajo productivo.
Al contrario, para Federici, sin
el trabajo “mitificado” (oculto, invisible) de las mujeres, no hay acumulación
posible, no hay capitalismo. Lejos de completar El Capital, la
explicación de la acumulación originaria expuesta en Calibán y la bruja está
en las antípodas, y se mueve en otra definición del capitalismo.
El capitalismo según Silvia
Federici
Calibán y la bruja: bonito
título, que resume la tesis: el capitalismo se construiría sobre la esclavitud
y la subordinación de las mujeres y desde entonces, bajo otras formas, se
perpetuaría. En este marco, el esclavo y la mujer ocupan un lugar más
importante que el obrero o la obrera, y la obrera un rol más crucial por su rol
en casa que por el que tiene en el taller. Desposesión y disolución de
prácticas comunes tendrían prioridad cronológica y lógica sobre el trabajo
asalariado propiamente dicho, que no sería más que un efecto. Federici
convierte una condición histórica necesaria en la naturaleza profunda del
capitalismo. La prioridad otorgada a la esclavitud y a la subordinación de las
mujeres no se corresponde a los hechos. La esclavitud comienza a finalizar en
el momento en que se desarrolla la industrialización, e Inglaterra, corazón de
la revolución industrial, es un país de los más activos en la abolición de la
trata de esclavos que, aunque sigue existiendo, se convierte en muy marginal (4).
En cuanto a la desigualdad sexual, sin desaparecer, declina en los países más
modernos. Mientras continúa discriminando a las mujeres, el capitalismo las
introduce cada vez más en el mundo del trabajo, incluidos los empleos
tradicionalmente masculinos, y los puestos dirigentes. Que el capitalismo no
emancipa a la mujer, es cierto, pero de los sistemas sociales, es en el que
parece haber menos desigualdad entre hombres y mujeres.
El análisis histórico de Federici
reposa sobre una presuposición. Necesita situar la emergencia del modo de
producción capitalista en la transición entre la Edad Media y el Renacimiento,
así que antes de la revolución industrial, ve el nacimiento del capitalismo en
la exclusión de las mujeres del trabajo, del trabajo llamado productivo,
valorizado, y su relegación a la esfera “reproductiva” alrededor de los siglos
XV-XVI, y finalmente al trabajo industrial peor pagado.
La autora pretende comprender el
trabajo asalariado no a partir de lo que es, sino de lo que le es exterior y lo
haría posible, método justificado por ella por su tratamiento de la reproducción,
concepto completamente pertinente pero que pierde su pertinencia cuando se
extiende a todo, mezclando reproducción de la población, del capital a través
de sus ciclos, de la relación capital/trabajo asalariado, y de la reproducción
de toda la sociedad.
“[…] las mujeres
han producido y reproducido la mercancía capitalista más esencial: la fuerza de
trabajo […] el trabajo no-pagado de las mujeres en el hogar
fue el pilar sobre el cual se construyó la explotación de los trabajadores
asalariados, “la esclavitud del salario”, así como también ha sido el secreto
de su productividad.” (pp. 10-11)
¿Qué es en definitiva para ella
el capitalismo? Desposesión y sometimiento. Al igual que el movimiento de los
enclosures (cercamientos) privaba a los campesinos de los medios de
subsistencia, las mujeres eran desposeídas de sus saberes y destrezas
tradicionales. Pero esta condición indispensable no da la definición de
capitalismo.
El trabajo según Silvia
Federici: la teoría del trabajo “reproductivo”
Calibán y la bruja fue
escrito para probar históricamente una tesis. La primera versión (1984) “se
esforzaba en repensar el análisis marxiano de la acumulación originaria desde
una perspectiva feminista” (p. 12). En la segunda (2004), ya
disponible en francés, Silvia Federici explica querer “fundar teóricamente e
históricamente la idea de que el trabajo doméstico no es la herencia o el
residuo de una era precapitalista, sino una actividad específica en la que las
relaciones sociales han sido forjadas por el capital. […] el
trabajo de cuidados, el trabajo doméstico y en conjunto las actividades
complejas vía las cuales la vida se reproduce, constituyen de hecho un trabajo
esencial en la organización capitalista de la producción. […] [se
trata de] el trabajo más productivo en el seno del capitalismo. Sin
este trabajo, ninguna otra forma de producción sería posible. […]Queríamos
mostrar que se trataba de un trabajo central […]”(5)
“[…] uno de los mayores
aportes de la teoría y de la lucha feminista es redefinir el trabajo, y
reconocer el trabajo reproductivo no pagado de las mujeres como una fuente
determinante de la acumulación capitalista. Redefiniendo el trabajo de cuidados
como TRABAJO […] las feministas han actualizado un nuevo terreno
esencial de explotación completamente ignorado por Marx y la teoría marxista.”(6)
Esta posición fundó una de las
bases de la Autonomía y del feminismo radical italianos en los años 1960-80,
expuesta desde 1970 por Revolta femminile en su Manifiesto: “Identificamos en el trabajo doméstico no retribuido la prestación que
permita al capitalismo, privado o de Estado, subsistir.”(7)
Según esta tesis, el trabajo
doméstico hace bajar el coste de la fuerza de trabajo: si el obrero tuviera que
cenar en un restaurante o comprar platos preparados, llevar su ropa a la
lavandería, etc., gastaría más que si una mujer hiciera en su casa y para él
comida, colada, etc. Gracias a la actividad no pagada de esta mujer, el patrón
hace realidad la economía. De donde viene la idea de considerar esta actividad
como un trabajo del que se beneficia gratuitamente el capital
para el cual es una de sus fuentes vitales y permanentes de valorización.
Si esto fuera cierto, el obrero
(o la obrera) soltero costaría más caro y el patrón debería pagarle más que al
obrero (o la obrera) que viva en pareja. No es el caso. Es odioso que el marido
ponga los pies sobre la mesa, pero una familia no es asimilable a un taller de
fábrica. Se puede llamar a muchas cosas trabajo, pero el único que
reproduce el capital es el trabajo asalariado efectuado por una empresa.
Que las tareas de cuidados sean
igualmente compartidas (el caso menos frecuente), o que el marido se
“beneficie” de su mujer, no cambia en nada la reproducción del capital, ya que
no asistimos aquí a un beneficio empresarial. La pareja no es por lo demás más
que una de la diversas formas de existencia del asalariado, hombre o mujer, que
puede vivir en familia, solo o sola, en dormitorio compartido, en un inmueble o
conviviendo con parejas y solteros, etc. Fueran los hombres o los robots los
que hicieran las faenas cotidianas, el beneficio del patrón no se vería modificado.
El trabajo doméstico femenino no es una estructura necesaria sin la cual el
capitalismo no podría existir.(8)
En el fondo, Federici desdobla la
teoría del valor: la plusvalía no resulta solamente del trabajo productivo en
la empresa (hecho tratado por Federici como algo adquirido a lo que no otorga
más que un rol secundario), sino también (y sobre todo) del trabajo de
cuidados.
Todo reside en el cambio de
sentido de las palabras, en particular producción y reproducción.
“La producción de plusvalía es
de entrada social. No es nunca el producto de una actividad o de una persona en
particular. […] la producción de valor nunca es exactamente
fruto de una unidad social particular, es un producto social. En otros
términos, podemos imaginar como una gran cadena de montaje la escala social,
donde todos los eslabones son necesarios para producir plusvalía. Existe una
fábrica social que va más allá de la fábrica misma. […] para
las mujeres, la casas constituye la fábrica, es ese el lugar de la producción.
Por ello queremos que se pague como tal.”(9)
“[…] el cuerpo ha sido
para las mujeres en la sociedad capitalista lo que la fábrica ha sido para los
trabajadores asalariados […]” (p.28).
Las mujeres produciendo niños sin
los cuales no habría ni sociedad ni capitalismo, se ven atribuidas por esta
teoría a un rol productivo de igual modo que todo factor de (re)producción
social, y de hecho un rol determinante. Reproducción engloba a
todos y cada uno, el capital, las clases, la población, la fuerza de trabajo,
la burguesía, el y la proletaria… concepto útil pero, contrariamente a lo que
cree Federici, toda reproducción no es una “fuente de creación de
valor” (p.10). Su razonamiento por analogía funciona por extensión
sistemática de conceptos. Ella amplia elplustrabajo (la parte de la
jornada de trabajo que va más allá del trabajo necesario para la reproducción
de la fuerza de trabajo, por tanto “gratuita” y origen del beneficio patronal)
al“trabajo de cuidados no pagado”. Producción, trabajo, explotación,
valor, salario, cada vez el concepto se extiende hasta el punto de recibir
todos los sentidos posibles: todo es explotación, todo es trabajo, todo crea
valor.
Todo, pero primeramente el
trabajo “reproductivo” femenino. Esto que quiere demostrar Calibán y la
bruja ayudándose de cambiar el sentido de los términos, es que el modo
de producción capitalista reposa sobre la subordinación de las mujeres.
Federici feminiza el marxismo, lo que sin duda le agrada.
El “salario doméstico”,
eslogan político
Si un movimiento social fuera lo
suficientemente fuerte para lograr que las mujeres fueran de una manera u otra
pagadas por su actividad doméstica, lo celebraríamos como un éxito de toda
reivindicación que mejore la condición proletaria, femenina o masculina. Pero
los defensores del “Salario para el trabajo doméstico” no se quedan ahí.
Para algunos, el pago del trabajo
doméstico es un tipo de posicionamiento radical. Los autónomos italianos lo
encontraban como algo que, mejor que las reivindicaciones salariales stricto
sensu, unificaría y movilizaría todas las categorías de explotados más allás
del “mundo del trabajo”. Militar por el “salario político”, era pedir que fuera
pagado el parado, el ama de casa, el estudiante o el enfermo como el trabajador
con empleo. Frente a un capitalismo que no da los medios para vivir más que a
la minoría a la que paga un salario, esta reivindicación supuestamente
revelaría lo absurdo del capitalismo: como este sería incapaz de satisfacer
semejante demanda, la presión social para obtenerlo haría estallar al sistema.
Inventar la palanca que levantará a las masas es una constante del
comportamiento militante… condenada al fracaso. Puesto que si millones se
echaran a la calle para exigir ser remunerados, estarían ya más allá de pedir
dinero para todos y todas, y empezarían a formular la pregunta: ¿cómo pasar a
un mundo sin dinero?
Para otros, asalariar a
los/as no asalariadas se inscribiría por encima de todo en una lucha
feminista, a veces radical, a veces reformista, como la de Selma James, que
desde hace mucho tiempo interviene ante la ONU y los gobiernos con el fin de
obtener el reconocimiento oficial y el pago del trabajo doméstico.(10)
Silvia Federici teórica de los
“comunes”
Calibán y la bruja expone
un programa político. Federici establece explícitamente el vínculo entre su
visión de la historia y su aportación a las teorías de los “bienes comunes”.
Para ella, la resistencia de los “comunes” contemporáneos contra la
mundialización enlaza con la lucha de los “comunes” en otro tiempo vencidos por
los enclosures.
Uno de los objetivos de Calibán
y la bruja es restaurar el rol de la violencia en la historia,
subestimado por Marx según Federici: en la transición al capitalismo, la fuerza
y el sometimiento habrían sido más decisivas que la capacidad de la burguesía
de organizar las fuerzas productivas: “la violencia misma se convierte
en la principal fuerza productiva” (p. 30). (Nosotros diríamos más
bien que la violencia estaba al servicio de esta transformación histórica.) Lo
que subyace en el libro, es el postulado de que la evolución humana sería antes
que nada una cuestión de poder, ya sea con el control de unos sobre
otros, o al contrario con la autoorganización colectiva, y por tanto que el
cambio social consiste en crear o recrear nuevos espacios y formas de poder.
Poco importa la naturaleza profunda del capitalismo: a nada que fueran
gestionados colectivamente, el dinero, el trabajo o el valor cambiarían
completamente.
Si el capital es sometimiento,
basta salir de él y actuar libremente. Si el capital es desposesión,
reapropiémonos juntos de lo existente, y esta reposesión común lo transformará (11).
Cuando Federici habla de clase,
la noción es tan elástica que ya no existen proletarios, solamente seis mil
millones de comuneros, es decir, de seres humanos oponiendo al
capitalismo (¿pero qué sentido le queda a este término?) su solidaridad y
necesidades colectivas.
La revolución es sustituida por la
alternativa, supuesta ya a lo largo de toda la obra bajo la progresión de
viejas prácticas comunitarias todavía no asimiladas por el capitalismo, o que
escaparían de él gracias a nuevas formas de trabajo (software libre,
mutualización…).
¿Superación del marxismo?
Si el marxismo ha sido la teoría
del movimiento obrero que afirma el trabajo en el capitalismo, ya
sea en cogestión con la burguesía (versión socialdemócrata), ya se sustituyendo
a la burguesía (versión leninista), el marxismo se ha encontrado desarmado en
los años 70 bajo la lucha de rechazo al trabajo de los proletarios, o más bien
de ciertas minorías definidas. Aún no terminamos de sufrir los efectos de esta
crisis teórica. La sacudida social del momento reveló las carencias del
pensamiento revolucionario sin tener la fuerza suficiente para superarlo, y no
pudo más que hacer brechas en ciertas certidumbres obsoletas.
Silvia Federici forma parte del
amplio abanico de semi-críticos que prosperan sobre estas carencias,
especialmente sobre lo que inevitablemente falta en Marx. El
autor de El Capital insistía en el hecho esencial de la
acumulación originaria: la separación del productor respecto a los medios de
producción. Ingoraba a la mujer, la sexualidad, la racionalización y
mecanización de la naturaleza y de la sociedad, la desposesión del cuerpo, el
rol del lenguaje, el trato de los animales…(12)
Hay una crítica por hacer a Marx.
No la podemos esperar de Federici, que prolonga una de las expresiones más
blandas de la profunda contestación social de los años 70 en Italia. En vez de
profundizar lo que este entendía por trabajo, y especialmente de
volver al comienzo de El Capital (13), las feministas de la
Autonomía han dilatado el concepto para exigir un reconocimiento de la mujer
como trabajadora. Es decir, ser un verdadero trabajador, como
el obrero (hombre), que está verdaderamente asalariado, verdaderamente explotado,
como si fuera un privilegio o un título de nobleza por ser un sujeto
revolucionario. En lugar de criticar el trabajo, se generaliza, creyendo sin
duda que reivindicar para todos la condición de trabajador acabaría con el
trabajo. En vez de críticar la fábrica, se la extiende a la sociedad, y como
vemos también al hogar. Era un límite de la época, y la deriva actual de Silvia
Federici hace pensar que esta época no ha finalizado.
(1) Silvia Federici, Caliban
et la Sorcière. Femmes, corps et accumulation primitive, coedición
Senonevero-Entremonde, 2014. Los números de página remiten a esta obra.
(2). J. Darwin, After Tamerlan. The
Rise & Fall of Global Empire 1400-2000, Bloomsbury Press, 2008,
capítulos 3 y 4.
(3) El Capital,
Sección IV, capítulo XV, § 5
(4) O. Peté-Grenouilleau, Les
Traites négrières. Essai d’histoire globale, Gallimard, 2004.
(5) Aux origines du
capitalisme patriarcal: entretien avec Silvia Federici (Contretemps,
traduit du podcast Black Sheep, 2013).
(6) Silvia Federici, extraido de Precarious
Labor and Reproductive Work, 2006 (caring labor: an archive, 2010). El
subtítulo del sitio (Power to the caregivers adn therefore to the class)
explica el programa político: la clase es asimilada a ellos, o más bien a ellas
que se ocupan del care.
(7) M. Tari, Autonomie!
Italie les années 1970, La Fabrique, 2011, p.138 (texto completo en inglés:
columbia-edu/itc/architecture/ockman/pdfs/feminism/manifesto.pdf)
(8) Si Engels escribió: “Dans
la famille, l’homme est le bourgeois; la femme joue le rôle du prolétariat”
(L’Origine de la famille, de la proprieté et de l’État, 1884, capítulo
II, § 4), no hay ninguna razón para transformar en teoría lo que no era más que
una analogía, reanudación de Flora Tristan: la femme “est le prolétaire
du prolétaire” (Les Pérégrinations d’une paria, 1837).
(9) Aux origines du
capitalisme patriarcal…, op. Cit.
(10) S. James & Mariarosa Della Costa: The
Power of Women & the Subversion of the Community, 1972. S.
James: Sex, Race & Class, 1975, disponibles en libcom.org:
“género+clase+raza”, fórmula mágica de la radicalidad del siglo 21, ya era
expuesta hace cuarenta años. Estas dos autoras son las mayores referencias de
Federici (p.10), que no expresa ninguna objeción a las actividades de S. James.
Hay que precisar que reformismo no es para nosotros un insulto, sino
simplemente una constatación, y una constatación necesaria, salvo para aquellos
que consideran la diferencia reforma/revolución como una antigualla.
(11) Federici, Feminism & the
Politics of the Commons, 2011 (thecommoner.org).
(12) Sin hablar de Engels, para
el que la salarización masiva contendría el germen del fin de la jerarquía
sexual.
(13) Como lo hace Bruno Astarian
en el primer capítulo de su Feuilleton sur la valeur.