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jueves, noviembre 09, 2017

2&3 DORM, Lumpen-prole; Etc., ciudad mercancía; Audio foro primer asalto; Penis Envy. 



1.- Finalmente vio la luz en versión digital el 3er cuadernillo de 2&3 DORM, con el rescate histórico de un texto setentero de dos ex VOP, sobre el rol del lumpen-proletariado en Chile entre 1970 y 1973, que yacía en un Museo en Holanda (o más bien, del Instituto Internacional de Historia Social). Luego va estar disponible en papel, junto con el segundo número de la revista.

“Es también nuestro propósito entregar algunas consideraciones sobre los orígenes, las formas y el significado de las diferentes organizaciones de poder popular que surgieron en Chile en este período. La visión más extendida es que éstas –cordones industriales, comandos comunales, consejos campesinos, etc.– se derivan de las diferentes concepciones ideológicas y políticas que tenían los partidos políticos acerca del proceso revolucionario. Si bien este no es un factor desdeñable, pensamos que las divergencias son mucho más profundas y que se derivan de las diferentes clases y sectores sociales a que cada partido daba expresión”.


2.- Muy ligado a las problemáticas anti-urbanísticas que caracterizan al proyecto 2&3 DORM, acaba de salir el número nuevo (#57) de la revista Etcétera, desde Barcelona, titulado en esta ocasión “La ciudad-mercancía”.

Un extracto de la presentación:

“En el Etcétera nº 35 de junio del 2001 escribíamos sobre cómo la sociedad capitalista es eminentemente urbana. Actualmente de los 7.400 millones que constituyen la población mundial el 58% ya vive en las ciudades, porcentaje que aumenta al 80% en el caso de América Latina y el Estado español; en la UE el 75% de su población vive en núcleos urbanos.

Asimismo en el nº 37 de Etcétera (junio 2003) constatábamos cómo propagandísticamente, esta «ciudad de los prodigios» que es Barcelona era: la ciudad más grande del mundo. Los publicistas siempre exageran lo que les interesa a los que les pagan y callan lo que creen que les perjudica. En lo que sí Barcelona es una de las mayores ciudades del mundo es en densidad de población, solo aventajada por su vecina L’Hospitalet de Llobregat que es la ciudad más densamente poblada de la Unión Europea. En el Área Metropolitana de Barcelona se concentra más de la mitad de la población catalana. Además Catalunya con 7 millones de habitantes recibió en un año 17 millones de turistas de los cuales 9 millones vinieron a Barcelona. Volvemos ahora a retomar el debate sobre la ciudad en el actual contexto cambiante al que dedicamos de nuevo una mirada.

El Capital en su tendencia a convertirlo todo en mercancía llega hasta el espacio mismo. A través del espacio modificado por el trabajo humano circulan los diversos flujos económicos. El espacio se ha convertido en un bien estratégico para los negocios del capital. Los flujos de energía circulan por medio de las torres eléctricas construidas en campos, bosques o salvando montañas, el petróleo mediante los oleoductos que atraviesan desiertos o inmensos territorios helados. Los flujos de materias primas y mercancías o de mano de obra fluyen a través de carreteras, líneas de ferrocarril, aéreas y marítimas. Los flujos monetarios del capitalismo financiero circulan a gran velocidad a través de redes espaciales controlados por satélites u otros medios ubicados en distintos puntos del globo. Todos los flujos parten o se encuentran en determinados puntos espaciales. La construcción y el mantenimiento de dichos puntos y redes dan grandes beneficios al capitalismo, la gran mayoría pagados con el dinero que los Estados recaudan mediante impuestos a los habitantes del planeta. Por lo tanto el control, la posesión y planificación del espacio para su beneficio se ha convertido en cuestión prioritaria para el Capital.

También el espacio de la ciudad, el suelo urbano ha adquirido una importancia creciente para los negocios capitalistas. Los flujos de capital excedente se invierten especulativamente en el sector inmobiliario y urbanístico. Las inversiones en terrenos, la compra y venta de suelo construido y sin construir así como sus sucesivas recalificaciones, su urbanización y la construcción y la especulación que todo ello genera da enormes beneficios al flujo de capital especulativo que circula por el mundo entero, parándose allí donde más le interesa en cada momento. Pero no solo ha sido urbanizado el espacio de las ciudades también las poblaciones del mar y sus costas, las montañas y el campo con la industria del turismo y el ocio. Una gran parte del espacio planetario se ve acosado por estrategias especulativas. El espacio, el suelo de la Tierra no es contemplado por el Capital como un bien de uso sino como un valor de cambio.

Hace décadas que la economía productiva, la fábrica, ha abandonado la ciudad quedando ésta dominada económicamente por el sector terciario, el de los servicios , actividades financieras y la construcción, igualmente como centro de la industria del consumo y el ocio (turismo, cultura, etc). La ciudad desindustrializada ha transformado profundamente su estructura social y territorial, ha posibilitado la deriva financiero-especulativa de su espacio urbano. Se ha metamorfoseado en la ciudad-mercancía, lo que según Henri Lefebvre señala «el paso de la producción en el espacio a la producción del espacio». También significa el dominio total del espacio como mercancía, o como lo definió el mismo Lefebvre «el espacio abstracto», disponible para la especulación y la extracción del máximo beneficio,  lo que lo hace contrapuesto al «espacio vivido» y hecho habitable por la cotidianidad de sus vecinos, es decir, los habitantes vinculados al barrio.

La ciudad como mercancía produce el espacio como valor de cambio, impidiendo su realización como valor de uso e imposibilitando, de esta manera, la satisfacción de las necesidades de sus habitantes. Según Harvey los capitalistas necesitan invertir constantemente el excedente de capital que genera la plusvalía. Por ello estos capitalistas, actualmente bajo la tapadera de fondos de inversión, invierten su capital comprando suelo e inmuebles en espera de futuras ganancias. De esta forma el suelo urbano se ha convertido en un activo financiero que actúa como capital ficticio. Ya durante el proceso de remodelación de París, llevado a cabo por Haussmann entre 1852 y 1870, Balzac advirtió que se encontraba bajo la amenaza de la «espada de Damocles de ese monstruo que se llama especulación» y «bajo el látigo de una diosa sin piedad: la necesidad de dinero». Este proceso especulativo se ha acelerado mucho más a partir de la última mutación capitalista (el llamado neoliberalismo) pero principalmente como consecuencia del determinismo técnico y de la aplicación de las nuevas tecnologías que permiten no solo mover grandes masas dinerarias a una mayor velocidad sino también un tratamiento o visión del espacio a gran escala.

El suelo de la ciudad, el espacio urbano como mercancía de la que se espera una plusvalía, es una forma ficticia de capital cuyas rentas rendirán cuentas en un futuro. En esto comparte la misma ficcionalidad que el mercado del arte o el llamado mercado de futuros: fondos de inversión que compran cosechas enteras antes de plantarlas con el objetivo de acapararlas y hacer subir los precios haciendo negocio con el hambre. No es extraño que se tiren al mar los frutos de la tierra si ésta ha sido generosa y su abundancia baja el precio del producto señalado con antelación. El proceso de especulación urbanística es discontinuo y no se da al mismo tiempo en todos los lugares del mundo pero sí que tiene una misma característica: la desposesión y expulsión de las gentes de los lugares donde habitan y de su condición de vecinos de los barrios en que viven. Lo que ha hecho habitables las ciudades es el hecho de vivir cotidianamente, lo que la especulación mercantil impide mediante el proceso de «acumulación por desposesión» (algunos académicos denominan a este proceso con otros nombres como por ejemplo gentrificación).

Los especuladores y los urbanistas quieren una ciudad sin ciudadanos y sin contar con ellos planifican su destrucción y reconstrucción. Los habitantes son unos objetos más que forman parte del «proceso urbanístico» y si plantean problemas hay que solucionarlos. Por lo tanto, en la especulación inmobiliaria se recurre a cualquier estratagema, violencia o confabulación para controlar el precio del suelo o del inmueble. Los barrios se dejan degradar y se cambian las leyes para que los especuladores puedan comprar barato. Sin embargo, en otras ocasiones se controla al mercado, esa entelequia que todo lo encubre. Por ejemplo, para salvar a los bancos de la quiebra en el momento de la explosión de la burbuja inmobiliaria se inyectan inmensas cantidades del dinero del Estado al sistema financiero. Aunque haya pisos vacíos, como los 80.000 de Barcelona, se permite que su precio de venta o alquiler así como el del suelo que es el más importante se mantenga o baje un poco, lo que aprovechan los especuladores financieros para comprar pues saben que en poco tiempo seguirá subiendo.

La ciudad-mercancía produce el espacio como valor de cambio. Su valor de uso es una simple coartada para su valor de cambio, el único realmente importante para el capitalismo. Por lo tanto, el hacer una ciudad habitable para los ciudadanos cuyas vidas son realmente las que la conforman, el satisfacer sus necesidades no es prioritario para el sistema capitalista ni para sus políticos municipales que gobiernan la ciudad y la gestión de su suelo. La ciudad-mercancía puede verse como un gran receptáculo, una inmensa mercancía, dentro del cual se organiza el acceso de la gente (de los individuos) al resto de mercancías. La ciudad-mercancía es un sistema espacial y económico complejo con sus dinámicas propias, sectores al servicio de la clase dominante ponen el espacio a su servicio, lo que les permite la acumulación de enormes beneficios y seguir dominando el proceso de destrucción-reconstrucción de la ciudad que los capitalistas consideran exclusivamente suya para sus negocios. En el reverso de la moneda, se encuentran los ciudadanos, que si bien su actividad cotidiana conforma la ciudad, son para el Capital un objeto sobrante: somos la mayoría que sufrimos las consecuencias generadas por el sistema económico-político capitalista. Topamos aquí con la mayor contradicción del modo de producción capitalista basado en el trabajo asalariado y que sin embargo no puede dar trabajo al obrero que necesita en la producción (de valor) y en la realización (consumo). Si los ciudadanos queremos volver a ser vecinos y habitantes de la ciudad sólo nos queda conquistar el derecho a la ciudad por nuestros propios medios.

Toda mercancía tiene que dotarse de un relato glorioso para incrementar su fetichismo y así poder venderse en las mejores condiciones. Toda ciudad-mercancía construye su relato mediante la propaganda y a través de ella publicita su imagen de ciudad-simulacro: donde la apariencia representada pretende encubrir la realidad. Hay partes de verdad en todo relato propagandístico. Lo más importante de este relato y de la información en él vertida no pretende tanto cambiar la opinión de la gente sino generar una práctica, provocar una acción sin pasar por la reflexión, hacernos reaccionar de manera automática como objetos pasivos y mercantilizados. En este relato de la ciudad-mercancía la cultura juega un papel determinante, toda ciudad tiene sus escritores y artistas paradigmáticos, sus monumentos y sus edificios singulares, sus rincones elegidos. Así todos repetimos los mismos eslóganes que los publicistas han «creado» para la ciudad. Todos los turistas vamos a los mismos lugares en cualquier ciudad y son los lugares que aconseja la agencia de viajes, la guía turística, el Ayuntamiento de la ciudad. Incluso dejamos que las agencias de viajes nos preparen una ruta «de aventura peligrosa» de una hora por los barrios peligrosos de las ciudades (como sucedió en Rio de Janeiro antes de las Olimpiadas con la ruta por las Favelas). No hay tiempo para más en la ajetreada vida del turista, la visita turística se realiza a la velocidad de la luz. Pero toda ciudad debe tener un relato aunque para todas sea un relato similar. Barcelona empezó a construir su actual relato «mítico» de la botiga més gran del món (la tienda más grande del mundo), con los eventos de 1992.

Son los políticos los que han construido y siguen construyendo este relato fantasioso de la ciudad con la ayuda de intelectuales y periodistas. Siempre al servicio de unos determinados intereses de la clase dominante. Ellos han montado esta imagen de la ciudad-simulacro donde la realidad nada tiene que ver con la apariencia y su relato lleno de simulaciones y confusiones, incapaz de distinguir entre realidad y fantasía. También han sido los políticos los que han dictado e impuesto las leyes que permiten y alientan esta especulación urbanística desaforada, siempre con el nombre del pueblo y el ciudadano en la boca pero implantando un estado de derecho al servicio de la minoría capitalista y contra la mayoría de los ciudadanos. Asimismo ellos con sus arquitectos han pensado y ejecutado los más dispares y a veces disparatados planes urbanísticos, siempre ajustados a «derecho», siempre ajustados a sus servicios y corruptelas varias. Una misma idea une a los políticos y a los urbanistas (ingenieros o arquitectos) es la vieja idea del despotismo ilustrado: dicen que todo lo hacen para el pueblo pero no quieren ver al pueblo ni en pintura.

La ciudad-mercancía está marcada por el determinismo de la técnica. En las ciudades se aplica la técnica en su máximo desarrollo, es un campo de pruebas para la investigación y aplicación de las tecnologías, sobre todo las de control y vigilancia. La técnica también ha permitido una aceleración en los procesos urbanísticos de las ciudades, la aceleración del tiempo es fundamental para la sociedad capitalista. Las nuevas tecnologías facilitan la fragmentación de la ciudad, lugares acotados prohibidos a la mayoría. También una ciudad vigilada, tan controlada como llena de temores, donde el miedo es el mensaje. Una ciudad polarizada y marcada por la opresión y el encierro, la precariedad, la presión económica y policial. Controlar y prevenir pasa a ser objetivo prioritario de la ciudad-mercancía. Para poder aumentar el control ha de circular un peligro contra el que pedir seguridad así el Estado pasa a ser un Estado policial. También la prevención se convierte en una petición de seguridad: hacer la guerra por si acaso nos atacan… la policía de barrio…

«La ciudad es esencialmente una creación humana», escribe David Harvey en su libro «Ciudades rebeldes». Ya en 1964 María Zambrano había escrito en su artículo «La ciudad creación histórica»: «Pocas cosas hay en la humana historia que tengan más carácter de creación que la ciudad (...) La ciudad es lo más creador entre las estructuras de humana  convivencia»... ¿Dónde queda el sentido de estas frases ante el empuje salvaje de la ciudad-mercancía del capital contra sus habitantes? quizás debamos volver a encontrar el deseo de ser ciudadanos libres”.


3.- Ya está subido a youtube al audio del primer foro del Tour “Primer asalto proletario contra la sociedad de clases” (1917-1923). Esta se realizó en la Universidad Alberto Hurtado. La primera presentación (hasta minuto 11:30) abordó la introducción general a la actividad, la segunda se refirió al período 1917/23 con énfasis en la revolución rusa y también el movimiento de los Consejos Obreros en la revolución alemana (Minuto 11:30 a 40:00). La tercera se refirió a la cuestión de las particularidades del capitalismo en la URSS (desde el minuto 40 en adelante).



ESO ES TODO POR AHORA.

Ah, no: falta algo: CRASS, "Envidia del pene". Tremendo artefacto. 1981. Rara vez el peace/anarcho/punk fue tan bueno como esto.

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jueves, marzo 23, 2017

Ectétera 56 en la calle con Víctor Jaque y Kenneth Rexroth 



Cuando uno recibe una copia de la revista COMUNISMO y la lee en dos o tres días, justo llega a tus manos una nueva edición en papel de la revista Etcétera. Correspondencia de la Guerra Social, en su número 56 fechado en diciembre del 2016, pero que recién hace pocas semanas subieron a su página web: https://www.sindominio.net/etcetera/REVISTAS/NUMERO56/numero56.html

En esta ocasión el tema central es el de los migrantes y las dinámicas de represión y resistencia a esa represión que se están produciendo sobre todo en España. Así presentan este número los compañeros:

Escribimos en este número de Etcétera acerca de las migraciones, en contra de este horror que tiene su lógica en la correlación fatal entre la acumulación del capital y la acumulación de la miseria. Refugiados que huyen del hambre y de la guerra que el occidente cristiano y capitalista les impone en nombre de la democracia, destruyendo pueblos y territorios. Nunca en nombre de perseguir el bien se ha propagado tanto el mal.

Nos fijamos pues en estas páginas en distintos aspectos de este andar migratorio en esta época de guerra, desde sus razones económicas y geoestratégicas hasta su correlato mediático, anotando también la réplica que desde abajo se da a la brutal represión ejercida por el Estado en la región española. Traducimos un amplio análisis -“L´industrie du migrant”- de H.S. que leímos en el n° 154 de Échanges. Y como siempre la reseña de los  libros que hemos recibido.

Índice:
- Las migraciones y su relato
- De dominio público


Cabe destacar que en esta ocasión la revista Etcétera incorpora algunas láminas de nuestro querido compañero y amigo Víctor Jaque, que anduvo a fines del año pasado por esas tierras dando a conocer sus trabajos gráficos de anti artista e ilustrador callejero, una selección de los cuales fue publicada en el librito “El sentido está en la calle”, por el Centro de Documentación Crítica. Por supuesto, ese libro no ha sido editado en Chile, porque “nadie es profeta en su tierra” y el comunismo, sobre todo el de carácter difuso, es altamente profético.

No logro abrir la versión pdf de la revista, pero ahí Ud. encontrará la versión que incluye los trabajos del camarada Jaque: https://www.sindominio.net/etcetera/ETC56.pdf

Comentaremos en una próxima ocasión el libro de Jaque. Por de pronto, Ud. puede conseguirlo en Traficantes de Sueños.



Finalmente, agregamos acá el comentario de un libro recibido por Etcétera que nos llamó profundamente la atención:

Kenneth Rexroth: Novela autobiográfica. Pepitas de calabaza ed., 2015. (770 páginas)



Un simple llamamiento a su lectura: esta es la pretensión de estas líneas. Imposible pretender en un par de páginas volcar la exuberante riqueza de la vida narrada en esta novela autobiográfica. Narración que te sumerge en un mundo casi olvidado que te asombra por su radical libertad y que te reconcilia contigo mismo y con lo más humano que hay en nosotros, humanidad con más cosas a admirar que a menospreciar. Novela, que no quita certeza autobiográfica, pues si a veces Kenneth Rexroth desdibuja las fronteras entre realidad y ficción y pone nombres distintos a personajes reales es sólo para prevenir litigios judiciales.

Kenneth Rexroth nace en el estado de Indiana en 1905 y muere en California en el año 1982. Hijo de una familia de librepensadores, abolicionistas queda huérfano de padre y madre a los 12 años, ya en Chicago, donde la familia se había mudado. Aquí vivirá su adolescencia, en la calle con las luchas sociales que sacudieron la sociedad americana de principios del siglo XX. Viajará por los Estados Unidos, viajará a Europa hasta que ya en los años 30 llegará a San Francisco donde desplegará una vida cultural, mística, revolucionaria, poética. En todo este recorrido nos da a conocer la vida intelectual, bohemia, política, religiosa, artística, jazzística, emocional, familiar, erótica… 

En estas 800 páginas nos da a conocer, en todos sus pormenores, la exuberante vida intelectual norteamericana (Chicago, San Francisco) de los años 20 y 30, a partir de su vasto itinerario intelectual tan bien detallado. Itinerario que no por ser apabullante empequeñece el del lector, antes bien lo estimula y alimenta.

Nos da a conocer, igualmente, la prolija vida erótica, expresión de la natural desinhibición sexual infantil y de la espontanea libertad sexual adulta. Estas 800 páginas quizás sean insuficiente soporte para anotar todo lo que ha leído, ¡todo!, y aquí todo no es una metáfora sino que apunta a una realidad. Él mismo afirmaba haber leído la Britannica varias veces entera. Autodidacta, escolarizado sólo durante 5 años, conoce toda la literatura (llegará a tener una biblioteca de 16.000 volúmenes), traduce poesía de siete idiomas. Posee pues una cultura sin par que nada tiene de erudita.

Desde el entorno libertario, con Berkman, Emma Goldman... denuncia el derrotero de la revolución rusa, después de Makhno, de Kronstadt, de los procesos de Moscú. En 1927 se vincula al medio sindicalista revolucionario afiliándose al Industrial Workers of the World (IWW).

Cercano, pero crítico con la generación beat a quienes reprocha su nihilismo, aunque sin dejar de ayudarlos, por ejemplo en la causa judicial contra Ginsberg por su poema Howl acusado de obscenidad. Para Rexroth la contracultura es una forma de vida y no una mera novedad artística.


Poeta. Quizás esta palabra bastaría para definir o para anudar su inmensa actividad en los ámbitos más dispares. Poeta, que para Rexroth quiere decir ser enemigo de la sociedad actual en la que vive, actividad como crítica simbólica a sus valores. Para Kenneth Rexroth la revolución es moral antes que política.

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lunes, mayo 02, 2016

Sobre la sociedad de control y su técnica (x Etcétera) 

Salió en febrero el número 55 de la revista Etcétera.

Seleccioné un texto breve de ahí, y dado que hablamos un poco antes de la banda holandesa The Ex, es recomendable aprovechar de escuchar entero su minialbum debut de 1980 Disturbing Domestic Peace, que haría que traducir como "Molestando la paz doméstica", dado que no creo que se pueda decir "Disturbeando", aunque, por qué no? Disturbear aunque sea con un disturbio menor (esa era la idea original del nombre de la banda DM, y no copiar a Minor Threat como creen muchos).
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La democracia de espectadores. El rebaño desconcertado.
Por N. Chomsky y E. S. Herman y su libro Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media (Fabricación del consentimiento: La política económica de los medios de comunicación), en castellano traducido como Los guardianes de la libertad,  supimos del Comité de Información Pública, nombre orwelliano que designaba a la Comisión Creel. Creada por orden del presidente W. Wilson en 1916 para cambiar la opinión pública americana contraria a la entrada de EEUU en la 1ª guerra mundial, formada por una multitud de diversos técnicos y contando con gran cantidad de medios y dinero, logro en solo seis meses mediante una serie de agresivas y masivas campañas de propaganda revertir la situación y volver al público estadounidense beligerante.
Walter Lippmann, periodista y consejero del presidente Wilson, fue un personaje importante en esta campaña. En 1922 publicó el libro La opinión pública, donde planteaba que la política y los intereses de la nación no pueden tener en cuenta la opinión de la mayoría de la población, sino que tiene que ser una «clase especializada de hombres responsables los que se hagan cargo de resolver los problemas nacionales». Para él, la mayoría de la población constituye un «rebaño desconcertado» y el sistema debe «protegerse de este rebaño desconcertado cuando brama y pisotea». La función de la gran mayoría de la población es «la de ser espectadores», no la de miembros participantes en forma activa en las decisiones políticas. La democracia, por tanto, ha de ser una «democracia de espectadores», donde una minoría decide las políticas y una mayoría silenciosa las acata pero participa en el espectáculo, por ejemplo, de las votaciones. La clase que tiene el poder, debe gobernar, disciplinar y controlar al «rebaño desconcertado».
Los consumidores disciplinados.
El capitalismo es un sistema que necesita una constante circulación (un trajín acelerado que lo trastoca todo a su paso, sin otro objetivo que la acumulación), que tiene el fin en sí mismo y que el límite es el propio Capital. Espacialmente se ha extendido por todo el planeta, con todas sus características,  la propiedad privada, el valor de cambio, la mercancía, el dinero, la industrialización salvaje de los territorios, la proletarización, el trabajo asalariado, el acaparar, la especulación y todas sus consecuencias de nocividad. Paralelamente, producto de la rapidez en que se suceden las novedades de las nuevas aplicaciones y dispositivos técnicos, el espacio se ha reducido y el tiempo acelerado.
El Capital pretende transformar en consumidores a la mayoría de los habitantes del planeta: cada uno según sus posibilidades económicas. De igual manera que las formas de trabajo  asalariado, por la necesidad del dinero, atrapan cada vez a mayores proporciones de la población,  tanto si se trabaja como si está en paro; en la sociedad de consumo, por el fetichismo de la mercancía y su propaganda, muchos de los que no tienen grades posibilidades de consumir anhelan tenerlas. La implantación de la sociedad del consumo, se asocia al keynesianismo, el trabajador se convierte en consumidor, es la época de los electrodomésticos en el hogar, el coche y la TV..., todos ellos elementos técnicos cuya influencia social es evidente. El trabajador centra su lucha en mejoras salariales y laborales (Actualmente la precarización general es evidente). El dinero cada vez circula más rápidamente, en su forma papel y en su forma electrónica, su valor será virtual y real; es posible que no existan las estrambóticas cantidades que de él dicen que circula y que su valor  lo pongan entre «cuatro», pero han hecho que sea un bien de primera necesidad tanto real como simbólico.
La sociedad del consumo, necesita de consumidores disciplinados, por la propaganda, y estrechamente vigilados: perfiles, costumbres, gustos, manías.... Por otra parte las nuevas aplicaciones de la técnica, especialmente desde la implantación masiva de las Técnicas de Información y Comunicación (TICs), ha hecho posible aumentar significativamente la creación de necesidades y el número de consumidores, permitiendo expandir por el mundo las urgencias de un consumo histérico y estresante. También se han acelerado los ritmos de la circulación de las mercancías y la ubicuidad de su producción. Se generan nuevas formas de consumo a las que el consumidor tiene la obligación de adaptarse. La obsolescencia programada forma parte esencial de la idiosincrasia de la mercancía producida. El producto, cada vez, tiene que durar menos, bien porque lo estropea artificialmente el mismo fabricante, o bien porque pasa de moda. Aceptar estas condiciones draconianas requiere de consumidores altamente disciplinados. También en el ejercito de consumidores la disciplina es parte fundamental de su adiestramiento. La sociedad de consumo necesita que los consumidores sean crédulos, disciplinados y obedientes, es decir seres bajo control.

La sociedad del control y la vigilancia.
La sociedad del control y la vigilancia se ha extendido reticularmente enmarañando el mundo entero. Las cámaras de video-vigilancia se encuentran en cualquier rincón de ciudades y pueblos, formando parte del mobiliario urbano. En las fronteras se elevan sobre los muros, las alambradas y las concertinas. En las fábricas, bancos, supermercados, cárceles, en los templos o en las salas de fiesta. En los colegios, institutos, universidades, urbanizaciones o casa particulares. Actualmente el Estado y sus instituciones han perdido el monopolio de la vigilancia y control de los ciudadanos, cualquier entidad, poco importa que pública o privada, vigila y controla a la gente. Por supuesto que el Estado continua controlando  y velando por «sus súbditos» y haciendo de ello una cuestión económico-política,  desde el nacimiento hasta la muerte pasando por la escuela, la seguridad social o la oficina del paro, y por poco que uno se descantille la comisaria y la cárcel, «ya lo ves, controlando tu seguridad».
La multitud de tarjetas electrónicas que ocupan bolsos, carteras y bolsillos ya sean del banco, supermercados, gasolineras o de los móviles, abren ficheros individuales de cada uno de los usuarios, nuestros perfiles de consumidores corren por la red comprados y vendidos de una a otra entidad. Nuestros pasos y actos, lo que hemos comprado y hecho, quedan registrados y a partir de ellos seremos clasificados. La tarjeta de dinero electrónica permite seguir el rastro exacto de nuestros recorridos. Incluso el banco se instala en nuestra casa incrustado en los ordenadores. Y cada vez más los individuos nos convertimos en consumidores y en endeudados.
Qué mayor control sobre las personas que la que ejerce este sistema económico-político que primero convierte el trabajo asalariado en una obligación y después pasa a convertirlo, con el pretexto del «progreso» técnico, en un «bien escaso» y el dinero continua siendo más ineludible e imprescindible y es más acaparado por unos pocos que nunca. La brecha entre ricos y pobres continua ensanchándose. No podemos obviar que el taylorismo representa una forma extrema de control y vigilancia sobre el obrero y su trabajo; se cronometran sus movimientos y se evalúan exigiéndole una determinada rapidez y precisión en cada uno de ellos para hacer su trabajo lo más deprisa posible, para que así de mayor rentabilidad al capitalista.
La sociedad del control, no necesita, necesariamente, el encierro de los individuos para ejercer un control sobre ellos. El control no se ejerce únicamente por medio de las instituciones, sino principalmente mediante la técnica. Es mediante los dispositivos técnicos: cámaras, pantallas, programas, tecnologías biomédicas y de nanotecnología..etc, como se ejerce el control y la vigilancia generalizada sobre las personas. La sociedad de control pretende moldear no solo cuerpos sino mentes. Ir más allá de crear una praxis en el individuo, como señalaba J. Ellul «generar también una formación intelectual: una capacidad de síntesis y principalmente una educación de la memoria», es decir, una «ortopraxis» que logra implantar en las personas una determinada manera de ser y actuar, de estar e interpretar el mundo, las maneras de opinar, las cuestiones de que hablar y las cosas que callar. Cuerpo y mente disciplinados, controlados.
Como un recuerdo de un pasado que aún está ahí, han quedando las fichas policiales en amarillenta cartulina y las huellas digitales en el carné de identidad. De la cibernética, concepto que no tiene ni 70 años y cuyas primeras máquinas están olvidadas en museos, deberíamos recordar  que surgió en el ejército de EEUU como medio para controlar automáticamente ciertas armas y dispositivos bélicos. Actualmente el gran desarrollo de las Técnicas de Información y Comunicación (TICs), surgidas de la antigua cibernética,  hacen creer al sistema capitalista que está cumplida su anhelada aspiración del control social total y en ello está poniendo todo su poder técnico.  Dispositivos técnicos como Echelon, Combat Zones That See, SIGINT o Inteligencia de Señales (CTS)..., lo hacen evidente
La sociedad del control está interesada en producir una cultura del miedo, las guerras y sus terribles secuelas, terrorismo, enfermedades y epidemias, problemas de seguridad, etc. En los últimos años desde el poder y sus medios de comunicación se nos ha atemorizado con el peligro inminente de un buen puñado de alarmas reales o inventadas. De la misma manera que primero se crea la necesidad para después ofrecer el producto, primero se generan los miedos colectivos para después ofrecer los medios y dispositivos que «garanticen nuestra seguridad». La mayoría de las veces son tan alarmantes y peligrosos los remedios como la amenaza, con la salvedad que la amenaza es algo difuso mientras que las leyes y medidas represivas que ponen en marcha los Estados para «salvarnos» son reales y pensadas para ser aplicadas contra los propios ciudadanos.
Es evidente que la implantación de las nuevas tecnicas han supuesto un aumento en la sofisticación del control social. También es necesario tener en cuenta que, como en todo lo que cuenta, vende y oferta el sistema capitalista, hay mucho de propaganda. No se pretende negar la evidencia, puede ser incluso que la realidad sea peor que lo imaginado. Pero, qué creer de este mundo de apariencias y engaños, en el que en la mayoría de las ocasiones se nos oculta muchísimo más de lo que se nos dice y de ello la mayor parte no es verdad. Con seguridad los dispositivos técnicos de control y vigilancia tienen una sofisticación y unas propiedades que ni comprendemos y muchos ni imaginamos, solo basta leer los ejemplos para comprobarlo. Así como que seguramente las armas secretas que ocultan en misteriosos lugares, tienen un poder de destrucción inimaginable, pues se sabe que tan solo el arsenal atómico podría destruir el planeta varias veces.
El sistema capitalista, limites y exterioridad.
El sistema capitalista y su Estado, pues el Estado siempre es el Estado de la clase dominante, han tenido y tienen un carácter totalitario y la misión de controlar a sus súbditos-ciudadanos que quiere obedientes y sumisos, como meros espectadores de claca. Por otra parte, históricamente,  la voz de los oprimidos, siempre se ha hecho oír de muy diversas maneras. Lo que nos hace pensar que hay un límite al dominio del poder del capital, que se puede construir una exterioridad.
En la medida de lo posible se tendría que intentar crear nuevos lugares, otros espacios, lo más al margen del poder que se pueda y desde ahí hacer oír nuestra voz. Nuestro  lugar no está dentro de las burocracias del Estado, este no es para nosotros más que un no-lugar. Nuestro lugar, por difícil que muchas veces lo creamos, está en construir nuevos espacios donde intentar experimentar formas de vida. ¿Utópico?, quizás, pero más utópico es creer que participando en el Estado del sistema se puede cambiar el sistema. La experiencia histórica varias veces repetida nos lo demuestra. Desde el Estado solo se habla con la voz del Estado y desde el Estado del capital se habla con la voz del Capital.¨





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miércoles, julio 08, 2015

A mojarse con lluvia del sur/Mientras tanto (ETC. 53) 


Mientras Tanto

HARPER- 4.jpgAquí y ahora

Entre nosotros, partidarios de un mundo sin dinero, sin capital y sin Estado, un cierto discurso esencialista y finalista ha dejado y deja para el reformismo la cuestión del mientras tanto, la cuestión de qué hacer aquí y ahora. Atrapando a unos en el engaño del radicalismo, pensando que todo lo que no apunta a la destrucción final del sistema es puro reformismo, y a otros en el engaño del reformismo, intentando mejorar el sistema pero permaneciendo siempre en él. Y a ambos en la trampa del antagonismo entre radicalismo y reformismo, considerando el mientras tanto sólo como el lugar donde mantener y dar impulso al capitalismo.
Para nosotros el mientras tanto, no es el lugar de espera de futuras y «verdaderas» transformaciones sociales ajenas a nuestra actividad aquí y ahora y siempre inalcanzables, sino este mismo actuar aquí y ahora. Es el espacio y el tiempo donde jugamos nuestra voluntad de cambio, espacio y tiempo de lo político, de lo posible, donde se juntan pasado y porvenir y donde podemos construir otras relaciones sociales que enfrenten la actual relación social capitalista.
Una doble banalización
A lo largo de estos últimos años, en los que se ha visibilizado mejor la crisis de la civilización capitalista, han aparecido desde posiciones anticapitalistas una gran cantidad de libros de recetas para salir del capitalismo. Mediante una serie de acciones contra la creciente corrupción, contra las injusticias más palmarias, mediante prácticas alternativas a favor de lo ecológico, a favor de un comercio más justo, etc., se teoriza la pretensión de que con ello salimos ya del capitalismo.
Tal pretensión conduce a banalizar este modo de producción y de vida que es el capitalismo reduciéndolo a un sistema injusto y corrupto, lo cual no ayuda a comprender esta sociedad tecnocapitalista, esta relación social basada en la producción de mercancías, confundiendo así nuestra comprensión y nuestra práctica anticapitalista. La retahíla «salimos del capitalismo», «sociedad postcapitalista»…, que acompaña tales prácticas nada ayuda a entender el sistema que combatimos. Como tampoco ayuda el hecho de calificar sistemáticamente estas prácticas de novedosas, cuando se han dado con anterioridad y con más fuerza y volumen. Pensemos por ejemplo en el cooperativismo aquí en Barcelona en las primeras décadas del siglo XX, o en el movimiento asambleario de los años 70. Ambos añadidos, la retahíla antes dicha y esta significación pretendidamente novedosa, no ayudan a entender la discontinuidad que pensamos debe conllevar el paso del capitalismo a un sistema de vida fuera de la ley del valor y sin Estado, es decir, sin esta falsa ilusión de un espacio separado de nuestra vida cotidiana en el que todos seríamos iguales.
La teoría crítica, la crítica radical, nos ayuda a entender esta sociedad capitalista como relación social impuesta por la ley del valor, como modo de producción de mercancías, producción no tanto de objetos (valor de uso) sino de valor (de cambio), y a partir de aquí poder pensar en su destrucción. La banalización de la crítica radical, convertida en ideología, deviene radicalismo, radicalismo que desvalorará cualquier práctica que no atente directamente contra el sistema mismo y no solo contra sus exageradas consecuencias, calificándola de reformista.
Radicalismo
En el ámbito de la crítica radical encontramos, ahora igual que antes, un radicalismo esencialista que no sabe de circunstancias ni de contextos históricos. Pongamos algunos ejemplos: para el radicalismo, votar siempre será reformista o contrarrevolucionario, sin distinguir épocas, países ni circunstancias. Lo mismo podemos decir del sindicalismo, o del uso de los mass media. Pero sabemos que la lucha por el voto ha sido una larga lucha emancipadora. Por lo que se refiere al sindicalismo, no tiene el mismo significado apoyar un sindicato hoy aquí en Europa, que en Bangladesh o en las maquilas en la frontera mexicana. Respecto a los mass media, es verdad que muchas veces se cree utilizar a los media cuando son los media los que nos utilizan a nosotros, pero esto, que ciertamente ayuda a entender el fenómeno mediático, no impide reconocer la función a nuestro favor que a veces han jugado. Por ejemplo, en la lucha a favor de los derechos civiles en EEUU fue con la TV que la mayoría de ciudadanos blancos descubrieron la brutalidad de la segregación y reaccionaron con rechazo a la misma y con simpatía hacia el movimiento a favor de los derechos civiles exigiendo el final de la segregación.
El radicalismo ideológico apunta a la lucha final, lo demás, el mientras tanto, lo que se haga en este espacio-tiempo, es reformismo. Las luchas que acaban en negociación se dirá que no logran nada, o ningún cambio significativo, porque no van más allá; como no van nunca por el todo siempre pueden ser utilizadas tácticamente para su estrategia finalista, que nada tiene que ver con el aquí y ahora de la lucha en cuestión. Discurso esencialista que no deja ver que la situación actual es producto también de estas resistencias y rebeliones y que las concesiones políticas han sido conquistadas con estas luchas. Por ejemplo la jornada de ocho horas, que ahora se está perdiendo, costó muchas luchas y muertos.
El radicalismo no entra en valorar las mejoras conquistadas contra los aspectos más perniciosos de esta civilización capitalista: entre nosotros, por ejemplo, el fin del servicio militar obligatorio, la desaparición del castigo en las escuelas, la disminución del peso de la religión y de las formas más degradantes del patriarcado, etc.
Aquí y ahora
El mientras tanto es el terreno de lo posible, de lo político, de la confrontación con el Estado y con el estado de cosas imperante, el lugar de la construcción de nuestra vida propia y común, de la afirmación de nuestra humanidad, aquí y ahora sin esperar un más allá salvador. Hoy el Estado recorta el estado del bienestar, abandona la gestión del bien público y lo privatiza (hospitales, escuelas…). Nuestra lucha contra esta privatización no expresa solo la voluntad de retorno a la situación anterior ya que discute aspectos fundamentales de aquella en los campos de la sanidad y de la enseñanza, por ejemplo incorporando el pensamiento de Ivan Illich y de Ferrer i Guardia. A la vez que se construyen en el mismo proceso de luchas nuevas relaciones entre nosotros y avanza en la preservación y en la construcción de lo común.
En este mientras tanto construimos, jugando en nuestro terreno –el de la solidaridad, del apoyo mutuo, de la autonomía, de la autogestión, de la gratuidad–, lo propio y lo común. Construimos espacios nuestros, pequeñas contra-sociedades sin enredarnos en «luchas finales» jugadas en su terreno, que es el de la fuerza y el de la ley. Ley escrita por ellos y significada y sostenida por la fuerza. Jugando en nuestro terreno, desobedecemos su ley desde la legitimidad. En este mientras tanto se enfrenta nuestro poder de creación a su poder de destrucción: la imagen de la excavadora en Can Vies1 destruyendo un espacio nuestro, junto a la imagen de la reconstrucción de este espacio llevada a cabo por nosotros mismos, son de una brutal elocuencia.
No queremos obviar con esto el problema de la destrucción y de la violencia. Más allá de la banal y cínica denuncia de toda violencia, pues no son comparables la violencia que genera el actual sistema económico, jurídico, político, mediático y policial con la violencia de la quema de un contenedor –lo cual nos indica que no podemos utilizar la misma palabra violencia para hablar de las dos realidades–. Queda en pie la cuestión de la violencia, del enfrentamiento, de la autodefensa.
A un nivel microsocial es fácil pensar y conseguir el desarrollo de microsociedades autogestionadas, sin necesidad del aporte de la Administración, pero ya es más difícil si lo pensamos a un nivel macrosocial. Quizás esta dificultad de pensar el cambio a nivel macro procede de que entendemos la nueva sociedad como la que tenemos, pero gestionada por nosotros mismos, manteniendo el trabajo separado de la vida, manteniendo la división entre campo y ciudad, la aglomeración urbana… acabando pues gestionando la misma sociedad. Los Caracoles zapatistas en Chiapas (Roberto Barrios, Morelia, Oventik, La Realidad y La Garrucha) son quizás uno de los ejemplos más claros de una construcción de vida autónoma y común sin pedir ni aceptar nada del Estado. También aquí, ahora, entre nosotros, Can Vies vuelve a ser en esto un contundente y bienvenido ejemplo a seguir.
Nuestro Aquí y Ahora.
La crítica radical que nos ha ayudado a entender esta sociedad también nos ayuda en la práctica del aquí y ahora. Sabemos de las contradicciones que tiene el desenvolverse en una situación práctica, en una lucha de empresa, de barrio, contra los abusos de poder en nuestras vidas cotidianas, por ejemplo en cosas elementales como los recortes en sanidad, educación o las subidas del transporte y la carestía de la vida en general. Sabiendo, asimismo, que ni es esta la sanidad, ni la educación, ni el sistema de transportes que deseamos, pues es el sistema capitalista el que nos lo impone a la mayoría como una mercancía en busca del máximo beneficio para una minoría; por lo tanto, no nos interesa la participación, aunque sea mínima, en la gestión de lo que hay. Imaginamos, en la medida que aún somos capaces de imaginar, otro mundo posible con el deseo de otro vivir posible. Y sin embargo, por el simple hecho de sobrevivir en un mundo que criticamos y en el que nos vemos atrapados, nos vemos envueltos en mil contradicciones. En este mundo, en el que nos sentimos extraños y extrañados, transcurre nuestro vivir subjetivo: nuestras alegrías y penas, los deseos, las melancolías, el sufrir y el reír. Debemos cubrir nuestras necesidades: tenemos que comer, cagar, dormir, amar, joder, jugar, vestirnos, movernos, obtener dinero, comprar y volver a comprar, si estamos enfermos tenemos la necesidad de curarnos… es decir, si personalmente queremos vivir –y el instinto de vida nos empuja a ello– sabemos que debemos hacerlo en el mientras tanto del transcurrir en esta sociedad capitalista y, aunque con su propaganda nos repiten que otro posible es imposible, también sabemos que para que pueda surgir lo posible es preciso intentar una y otra vez lo imposible y amamos a aquel que desea lo que llaman imposible.
Lo que sí podemos en nuestro actuar cotidiano es mantenernos distantes respecto a una sociedad que no nos satisface y que por lo tanto criticamos. Ponemos nuestro empeño en no actuar en nuestra cotidianidad como entusiastas de esta sociedad, ni en criticarla sólo al transformarnos, por unas horas durante nuestro tiempo libre, en militantes radicales. Siempre hemos criticado esta dicotomía y además jamás hemos sido militantes. Trazamos el transcurrir del aquí y ahora con todas sus contradicciones y con ellas cargamos cada uno. Es el subjetivismo de nuestra propia voz quien se expresa, aprendemos a explicarnos el mundo con otros, pero a hacerlo y a expresarlo con pensamiento propio.
Cuando actuamos en cualquiera de los conflictos en los que hemos participado o participamos lo hacemos a título personal. Claro que pensamos y sabemos lo que pensamos y por lo tanto intentamos darle a las luchas una determinada radicalidad, es decir, explicarnos y explicar las raíces del conflicto y por lo tanto actuar según lo que pensamos. Pero no imponemos posturas políticas predeterminadas desde el exterior del conflicto. Si se tiene que hablar se habla y, por supuesto, tratamos que el punto de vista de cada uno de nosotros se oiga e incluso que convenza a la mayoría de los que participan en la lucha. Pero no argumentamos, preparamos y formamos nuestras opiniones, respecto al conflicto, con un grupito fuera del escenario de la lucha.
Por el mismo hecho de no estar encuadrados en una organización jerárquica, ni creer en la jerarquía, jamás hemos necesitado de la justificación argumentativa de las masas o las multitudes. Esta sociedad nos empuja al gregarismo de una manera violentamente acelerada, pero saberlo, nos hace tender, a pesar de todas las contradicciones en que vivimos, a intentar sortearlo en la medida que podemos. Sabiendo, eso sí, que a cada uno de nosotros se nos considera masa o multitud, y por tanto animales gregarios, por parte de los que tienen o quieren tener el poder.
En la elaboración de nuestra crítica radical, siempre hemos evitado, en la medida de nuestras posibilidades, una explicación lineal, determinista y teleológica de la historia, tratando de evitar los discursos esencialistas y finalistas. Hemos rectificado y adecuado nuestros saberes y su explicación, en la medida que hemos ido aprendiendo nuevas cosas.
Este sistema de producción y reproducción social, como lo hicieron otros sistemas de producción, impone unas determinadas formas de «sociabilidad», leyes, normas, costumbres y rutinas en las que, aún sin desearlo, nos vemos atrapados durante el quehacer de nuestras cotidianidades. Rutinas que, aún a nuestro pesar, nos hacen partícipes de este acelerado bucle de la reproducción social.
Muchas son las normas, costumbres y rutinas que se han roto y que han desaparecido por el deseo y la acción cotidiana de las personas, al menos en este Occidente desde el que hablamos. No es lo mismo el mundo del trabajo asalariado hoy que en el siglo XIX o principios del XX, ni la sexualidad, ni la familia, ni los tipos de familia, ni incluso la manera de tratar y relacionarse con la autoridad. Los temores ante determinadas jerarquías, por ejemplo, la eclesiástica, la política, incluso la judicial, han disminuido o desaparecido, después de la décadas de 1960 y 70. No podemos obviar que fue el deseo y el hacer de las gentes lo que generó una transformación en las relaciones sociales cotidianas y sería una banalización decir que fue el mismo sistema, por sus intereses, quien las propició. Que el sistema capitalista, con su activismo, tiene capacidad para recuperar aquellas facetas y conquistas sociales adquiridas como consecuencia de la lucha y el empuje social, quizás sea así, pero tampoco podemos olvidar la tendencia de la humanidad oprimida, que somos la inmensa mayoría, en buscar caminos que nos conduzcan y permitan un buen vivir y este deseo tan humano está en el corazón de la mayoría de los oprimidos y, precisamente por esto, llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Es ese río subterráneo de la emancipación que nunca ha dejado de minar las estratificaciones de la barbarie.
En cualquier lucha, de empresa, de barrio, por la dignidad, contra los recortes y la carestía de la vida, contra los desahucios, en las ocupaciones…, la reivindicación manifestada por la lucha es importante. Exigir una mejora social significa un no acomodarse socialmente, un perder el miedo, el querer una mejor vida, el deseo de un buen vivir. Pero si el conflicto que cualquier lucha genera se expresa autónomamente, con la propia voz de los protagonistas, y su fuerza pone en entredicho, aunque sea momentáneamente, al sistema capitalista y hace aflorar sus contradicciones, esto hace que la lucha de por sí, al margen de las reivindicaciones, sea generadora de nuevas relaciones y nuevas situaciones entre sus participantes y es esto lo que hace socialmente transformadora esta lucha. ¿Cuántas veces habremos oído decir a los protagonistas de tantas luchas, que esa lucha les cambió la vida y que les cambió su opinión sobre las relaciones humanas? Ahí está la clave de un hacer, en el aquí y ahora, a favor de la vida.
Es entre estas paradojas sociales que transcurre el aquí y ahora de nuestro mientras tanto. Pero sabemos que es con nuestro hacer, que son otras maneras de hacer, en este mientras tanto que se pueden lograr otros posibles, dejar de sobrevivir y buscar y descubrir otras maneras de vivir, otro mundo en el que quepan muchos mundos.
Etcétera, junio, 2014

1 Centro social okupado y desalojado brutalmente por el ayuntamiento de Barcelona. Ver apartado Correspondencia en este mismo número.

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miércoles, julio 01, 2015

La estrategia de la tensión (Etcétera, N° 54, En el campo de lo posible) 


La Estrategia de la Tensión y la Cultura del Miedo

La Estrategia de la Tensión y la Cultura del Miedo.
Durante las décadas de 1970-80, una serie de atentados terroristas indiscriminados en plazas, estaciones de tren, centros comerciales, etc., causaron centenares de muertos y heridos en diversas ciudades europeas, sobre todo en Italia. Se acusó de ellos a personas relacionadas con  el movimiento revolucionario, muchos fueron torturados y algunos asesinados por la policía («muerte accidental de un anarquista»), los jueces impusieron largas condenas. Finalmente, algo de claridad atravesó el oscurantismo que siempre rodea al Estado y se pudo vislumbrar algo de lo que en realidad pasó. La confesión de dos presidentes del estado italiano (Cossiga y Andreotti) confirmó que eran los servicios secretos europeos, dirigidos por la CIA y bajo el paraguas de la OTAN, coordinados en la llamada Red Gladio, quienes habían organizado y realizado los atentados en las zonas públicas, dentro de lo que denominaban «Estrategia de la Tensión»1. Se confirmaba lo que ya se sospechaba.
Que la estrategia de la tensión se utiliza y/o se crea, nos lo indican los últimos atentados de París. Nunca se ha dejado de aplicar, es más, la han perfeccionado y ampliado, la han globalizado. La tensión del terrorismo es una fantasmagoría que se arrastra por la historia de todo el siglo XX, agitada por el Estado y los medios de comunicación y detrás de la cual, en otras ocasiones, ya se ha descubierto la mano de los servicios secretos militares o policiales. Tan solo recordar que, sin ningún pudor, Hillary Clinton en una entrevista del 2012, cuando era Secretaria de Estado, reconoció que fueron los EEUU quien crearon y armaron Al-Qaeda y que es sabido que son los petrodólares de Arabia Saudí y Qatar quienes respaldan a estos «guerreros» y a su escisión del Estado Islámico. O para poner otro ejemplo, baste rememorar que en 1985 agentes de los servicios secretos franceses colocaron una bomba y hundieron el barco de Greenpeace en Nueva Zelanda, asesinado a una persona, cuando protestaban contra las pruebas nucleares de Francia en el atolón de Mururoa. No se trata de sumarse a las teorías de la conspiración, simplemente recordar los hechos tan pronto escondidos y olvidados.
 Quizás tendremos que esperar, aún, unos años para saber realmente quienes están detrás de estas «organizaciones militares» y de sus «guerreros» que ahora atentan, queman, decapitan o asesinan masivamente e indiscriminadamente, delante de las cámaras de TV. Tendríamos, por higiene mental, que poner puntos de duda y mucho escepticismo ante todas las noticias y opiniones con las que nos «bombardean» continuamente los media, los tertulianos y los políticos. Por otra parte, es obvio que la magnitud de la brutalidad y crueldad extrema de estos atentados y acciones, que en la actualidad nos retransmiten casi en directo, nos dejan, en buena medida, sin palabras. No solo ocurren en el mundo Occidental, que es donde los medios de comunicación resaltan la noticia, sino en todas las regiones en guerra, que mayoritariamente pertenecen a la cultura islámica, los muertos se elevan a centenares cada semana.
Es tal el choque emocional que produce tanta barbarie, que impide, por sí mismo, la reflexión crítica. Los hechos de terror, el vínculo emocional con las víctimas que los sufren, dificultan la realización de un análisis «frio» y «distanciado» de ellos, pues nos remueven los sentimientos más profundos. Es en estos momentos cuando se produce el uso político, por parte del Estado, de hechos tan brutales. Se crea la «unidad nacional» y  el consenso en torno al terror generado, el discurso del Estado, repetido machaconamente por los media, se transforma en opinión general, en el único argumento a repetir. El Otro, el que piensa o es política o culturalmente diferente, queda marginado, es «el excluido de la horda» y por lo tanto el culpable, aquel que puede ser castigado o sacrificado. La tan cacareada libertad de expresión queda, de hecho, suprimida.
Con el monopolio del discurso y el miedo ampliamente extendidos entre la mayoría de la población, el Estado y los políticos-burócratas toman el máximo protagonismo, se nos presentan, hipócritamente, como nuestros salvadores y los garantes de nuestra seguridad y de todo aquello que haya de garantizarse. Es poner los lobos a cuidar las ovejas, con perdón de los lobos.

La política del miedo.
El miedo es una emoción como respuesta a una sensación, un estado fisiológico propio de todos los animales y sin embargo por el mismo hecho de la sociabilidad, es también un fenómeno social. Existen los riesgos naturales y los temores que provocan y también los miedos fabricados y construidos interesadamente desde el poder, fantasmagorías manufacturadas que causan miles de muertos y generan globalmente una sensación inducida de peligro constante: es la Cultura del Miedo. Un miedo ya no local, sino globalizado que se fabrica para el mundo entero y se comercializa a través de los diversos medios de comunicación de propaganda global. Los temores pueden ser reales o imaginarios. Las amenazas creadas y fabricadas en serie, una tras otra, en secreto por organismos secretos, producen efectos y miedos reales, determinan y establecen comportamientos y opiniones en el individuo aislado.
Muchas han sido las alarmas creadas en las últimas décadas para seguir imponiendo la Cultura del Miedo. Los fantasmas de estos miedos nos paralizan y nos ocultan otras realidades posibles, como por ejemplo la fuerza que supone una sociedad en marcha, dispuesta a solucionarse por sí misma los problemas que la oprimen. Paralelamente el Estado del Capital legisla continuamente (leyes antiterroristas, inmigratorias, laborales, económicas, sanitarias, de educación…), siempre a favor de la clase capitalista que es para la que gobiernan y para reforzar más y más un sistema, ya muy fuerte y autoritario.
Son muchos los miedos inducidos y producidos por las crisis económicas: el paro, los EREs, la descolocación, la desinversión, la inflación o la deflación, los bajos salarios y el constante aumento de la carestía de la vida, la imposición totalitaria del dinero y la miseria que provoca… terribles realidades provocadas y constantes amenazas de que todo puede ser peor. Al mismo tiempo, se pierden derechos duramente conquistados, se acepta cualquier ley e imposición, contratos y sueldos basura, menos cobertura social, más precarización y pobreza general… En el lado opuesto, en la otra cara resguardada y protegida, la riqueza se acumula en manos de la minoría de la clase capitalista que, al menos aparentemente,  parece ser la única clase que actualmente tiene «conciencia de sí y de para sí» («hay una guerra de clases y la estamos ganado los ricos», W. Buffet). No solo aprueban públicamente leyes que únicamente les favorecen a ellos, en secreto también negocian acuerdos y tratados que les facilita el seguir aumentando los beneficios que siempre quieren crecientes, como está ocurriendo ahora con el TTIP, acuerdo comercial entre EEUU y Europa.
¿Cuántas han sido las amenazas de pandemias en los últimos años? La penúltima, siempre habrá una más que tampoco será la última, la del ébola; durante unos meses era la noticia más importante y difundida por Tv, radio, prensa, redes; cuando el mundo entero parecía en peligro de contagiarse, de un día para otro desapareció tan rápidamente como llegó. Todo el angustioso ruido que produjo se ha transformado en la perplejidad de un angustioso silencio. ¿Qué fue de la gripe A que, en el año 2009, paralizó durante días una metrópoli inmensa como México DF y puso al mundo en estado de excepción? Se puede concretar en que supuso una gran fuente de ganancias, un traspaso de dinero, para la industria farmacéutica con la compra de los Estados de millones de supuestas vacunas. ¿Y la gripe aviar? ¿Seguirán las vacas locas encabritadas por los prados ingleses? Tras estas quimeras amenazantes, que nos dejan el miedo producido por la incertidumbre de lo que en realidad se ignora, están los intereses y la amenaza real que supone la potente industria farmacéutica, sus productos, sus experimentos y sus inmensos beneficios.
Del miedo a la guerra, que no impide la realidad de la guerra, el complejo industrial-militar2 acumula poder y beneficios. El número de guerras se multiplica en Asia y África, pero también en Europa. Para que no olvidemos las dos grandes matanzas del siglo XX los EEUU y la OTAN provocaron la guerra y bombardearon los Balcanes y la República Yugoeslava desapareció entre miles de muertes y crueldades. Actualmente, también por oscuros intereses económicos y geopolíticos, le toca el turno a Ucrania. La política militar de enfrentamiento de unas comunidades contra otras y crear el «caos organizado» que impone EEUU y sus aliados, los estados satélites europeos enrolados en la OTAN, la sufren brutalmente Afganistán, Irak, Libia, Chad, Siria, Yemen, Somalia, Níger y un largo etcétera de países. Muerte, miseria, tortura, el desplazamiento de masas humanas hacia campos de refugiados, que en realidad son campos de concentración, golpean a millones de inocentes en distintas partes del mundo, sobre todo en África y Asia. Regiones enteras sumidas en la barbarie de la guerra. Los Estados agitan el fantoche del terrorismo y aplican leyes represivas sobre sus súbditos-ciudadanos.
Aquí, el gobierno del Estado español y su partido, junto al principal partido de la oposición, al que pronto se le unirán otros, firman un nuevo pacto y una ley antiterrorista más, la enésima de las muchas que se han aprobado contra nosotros, ahora se decreta la cadena perpetua, mañana será la pena de muerte. Al mismo tiempo, la policía monta el espectáculo de varias redadas antiterroristas: anarquistas, antisistemas, abogados de los comités de solidaridad con los presos de Euskadi, islamistas en la colonia de Ceuta. Todo el mundo que protesta es un terrorista. La situación de estado de excepción se convierte en norma. «Este desorden aparente es en realidad el grado más alto del orden burgués» (Dostoievski).
Fomentar el miedo es usado por el Estado y los poderes facticos como una herramienta más para garantizar su orden social. El miedo se ha convertido en un componente importante para la política, es de hecho una idea política que se aplica como instrumento de control social. Como bien señala Corney Robin, «el miedo es un instrumento de ‘élite’ para gobernar las resistencias dadas en el campo de lo social».

Contra el miedo
La cuestión social, la lucha, sigue su curso sin dejarse instrumentalizar por la política del miedo. Si como hemos visto la cultura del miedo se construye sobre la ocultación de la verdad y la propagación de la mentira, nuestra resistencia se basa en nuestro deseo de saber, en nuestra lucha por el conocimiento que desvela lo oculto y lo secreto. Si la cultura del miedo se construye sobre el individuo aislado, sobre nuestra atomización, nuestra resistencia se basa en la fraternidad, en la amistad, en la afinidad. Si la cultura del miedo nos iguala en una «unidad nacional», todos iguales frente a la amenaza del terror, nuestra resistencia se basa en la afirmación de nuestra individualidad, de nuestras diferencias que no se convierten en desigualdad, sino que construyen la comunidad.
Etcétera, marzo 2015

1. Daniele Ganser “Los ejércitos secretos de la OTAN”. Se encuentra en la red.
2. Termino inventado por Daniel Guerin en su libro “Fascismo y gran Capital” (1936). En castellano editado por Fundamentos.



¿Nos queda la palabra? ¿Queda la palabra si no es capaz de detener la barbarie: Ayotzinapa, para ponerle un solo nombre? En la duda, aún la utilizamos para nombrar la brutalidad del capital, de la relación social que impone, y para nombrar nuestras resistencias y la construcción de nuestra vida en común. 

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miércoles, diciembre 15, 2010

Nuevo Nº de revista ETCÉTERA 


Repetidas veces (Etcétera nº 5, nº 32, nº 38), querer entender el grado de desarrollo técnico de nuestra sociedad y la naturaleza misma de la Técnica, ha sido objeto de nuestras discusiones, reflejadas luego en la revista. Hoy volvemos sobre estas cuestiones con anotaciones acerca del actual universo técnico, nuestro medio vital, más allá de un discurso esencialista, que nos permitan entender el vertiginoso desarrollo de la técnica y las características del fenómeno técnico en nuestra actual sociedad capitalista: el cambio de lo cuantitativo en cualitativo, que convierte la técnica de simple instrumento a nuestra disposición, en una manera de entender y de hacer que postula el criterio de la eficacia como único criterio de verdad. Con el desarrollo de las nuevas técnicas en los campos más diversos de la actividad humana, el capital se apropia de la producción misma de la vida. Contra la ideología del progreso y el totalitarismo del progreso técnico, buscamos las afirmaciones que en la teoría y en la práctica se dan sobre el carácter contingente de esta sociedad técnica y capitalista, para construir otra ya no basada en la producción de mercancías (valores de cambio) sino en la satisfacción de nuestras necesidades y no de las necesidades del capital.

En esta entrega de Etcétera, golpeados por la actual dinámica del modo de producción y de vida capitalista, damos curso a distintos informes y análisis de esta época de guerra, en Francia y en Barcelona. Atentos siempre a lo que ocurre en México, publicamos una aproximación a la actual situación en este país a sus 200 años de la independencia y 100 de la revolución.



Etcétera, Nº 47, octubre de 2010

- Edición

- El universo técnico y su exterior

- Desposesion

- En esta época de guerra:

- Mexico: a 100 años de la revolución

- Francia: el hartazgo de la política

- España: ¿Hubo huelga general?

- Encuentro y discusiones en Etival

- Hemos recibido...

- In memoriam

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