lunes, agosto 28, 2023
Fassbinder en Lord Cochrane (UCEN)
Mi amigo y colega Silvio Cuneo me invitó a comentar un file, y escogimos "El amor es más frío que la muerte", de Fassbinder, que fue su primera película (1969).
Recordé que antes del estallido de octubre de 2019 estaba intenta escribir algo sobre el anarquismo de Fassbinder, que quedó inconcluso.
Rescaté el fragmento que alcancé a redactar, y espero terminarlo algún día.
LA ANARQUÍA SEGÚN FASSBINDER
Conocí a Rainer
Werner Fassbinder casi por casualidad. Me encontré con “La ansiedad de Verónica
Voss” curioseando en el informal puesto de películas de “cine arte” que se
instalaba en unas calles adyacentes a la Feria de que los días sábado en
Avenida Grecia, desde poco más arriba de la Rotonda hasta casi llegar a
Tobalaba. Dado que esos DVD-R se vendían a 4 por mil pesos, siempre había
motivos para llevar cosas nuevas y explorar.
Al ver el film
lo que me llamó la atención, más que la historia en sí misma de dos ancianos
drogadictos, fue el ambiente oscuro, la
estética de antigua película policial, pero filmada en Frankfurt del Meno. Esa
ciudad era conocida para mí sobre todo por Theodor Adorno, Max Horkheimer y la
famosa “Escuela”: el Instituto de Investigación Social. Una vez hacia el año
2005 pasé por ahí en bus, acompañado por mi pareja de ese entonces, y estuvimos
gran parte del día paseando sin rumbo fijo y sin encontrar nada muy
interesante, salvo por libros de Adorno hasta en la estación de trenes. En la
película se aprecia un parque por el que recuerdo haber pasado, y no mucho más.
Seguí explorando,
y llevé “El asado de Satán” y “El viaje a la felicidad de mamá Kusters” (mejor
traducible como “Mamá Kusters se va al cielo”). Ahí empecé a entender mejor a
RWF, y la manera en que su obra es una lúcida (auto) crítica de las
pretensiones radicales de 1968 y en qué fueron derivando en los años
posteriores.
En El Asado de
Satán uno de los primeros colaboradores del Antiteatro que RWF dirigió desde
fines de los 60, Kurt Raab, hace el papel protagónico: un “poeta de la
revolución” con un ego monstruoso, perdido en medio de un bloqueo creativo, que
vive una especie de fascistización estética de la mano de su fijación con el
poeta Stefan George…Uno de los films más rabiosamente hilarantes que haya
visto.
Por su parte, la
historia de Mamá Kusters es incluso más impresionante: esposa de un obrero
apolítico que repentinamente mata a su patrón en un ataque de cólera al saber
que ha sido despedido, resultando él mismo muerto a consecuencia de esa
explosión de rebeldía, la viuda se enfrenta a la apatía de sus familiares y la
criminalización sensacionalista del Sr. Kusters por la prensa burguesa. Quienes
sí empatizan con ella son dos aburguesados periodistas del Partido Comunista de
Alemania, logrando que la señora Kusters se una al Partido, para ego olvidarse
del caso de su esposo en vistas de una importante campaña electoral. En su
desesperación, Mama Kusters se hace amiga de un anarquista, quien le propone
una “acción directa” junto a sus camaradas en las oficinas de un periódico….y a
partir de ahí todo se sale bastante de sus casillas, pero no digo más porque no
querría contarles el final (o más bien, los finales).
Saltando medio
siglo hacia atrás desde esos turbulentos pero deprimentes años 70, RWF ofreció
en su último período una versión televisiva de la novela de Alfred Döblin
“Berlin Alexanderplatz”. Esta elección es particularmente relevante para
entender la original versión de anarquía que nos ofreció Fassbinder en su vida
y obra. No sólo se trata de una profunda manera de abordar la historia de la
derrota proletaria alemana de 1919/22 y el camino desde la República de Weimar
hacia el Tercer Reich, a través de las desgracias vitales de Franz Biberkopf,
sino que hasta donde puedo entender, creo que Fassbinder se identifica en
cierta medida con la curiosa posición política del doctor Döblin, entre
socialista, anarquista y cristiana. Eso puede explicar que, a pesar de que por
los 13 capítulos desfilan varios personajes asociados explícitamente al PCA y
al nacional-socialismo, tal vez la posición que queda mejor expresada es la
ácrata. En efecto, Biberkopf junto a un amigo “dandy”, ambos dedicados al
proxenetismo, acuden a un mítin donde un orador no identificado pronuncia un
fuerte discurso anti-electoral y anticapitalista. Se dice que Döblin, que
utilizó muchos materiales de la vida cotidiana transcribiéndolos directamente
al texto (publicidades, recorridos del transporte público, canciones, etc.)
acudió en esta parte a prensa anarquista de la época, con la cual siempre
simpatizó. Luego del mítin, se produce un tenso diálogo entre los proxenetas y
un obrero, donde cada parte acusa a la otra de ser servil y funcional a los
intereses de los capitalistas.
Entre estos
hallazgos y el momento actual he investigado lo que he podido sobre las
posiciones políticas de Fassbinder, y creo que la mejor fuente hasta ahora la
constituye el enorme volumen de entrevistas editado en Chile por Hueders. Valga
destacar que existe una antología de entrevistas publicada en inglés con el
sugerente título de “La anarquía de la imaginación”. En el medio nacional
también es posible toparse con la edición de su obra de teatro “La anarquía en
Baviera”, por las editoriales Caxicóndor/Inubicalistas, del puerto de
Valparaíso, con una valiosa informativa
presentación a cargo de….¿Olivos? En esa breve y contundente presentación se
arroja luz sobre la vinculación personal entre el cineasta, su entorno, y
personas que más o menos ligadas a éste llegaron posteriormente a integrar la
Fracción del Ejército Rojo (más conocida por su sigla en alemán como R.A.F., o
“la banda Baader-Meinhof”), sobre la cual RWF tuvo sentimiento encontrados una
vez desatada la campaña “terrorista” y su fuerte interacción y
retroalimentación recíproca con la represión estatal, y a la que dedicó su film
“La tercera generación”.
Vamos entonces a
los datos, partiendo por el principio.
Como ya es
bastante sabido, RWF fue un personaje bastante único dotado de una tremenda
energía vital, y que irrumpió en la escena cultural alemana cuando tras haber
hecho algunos cortos y haberse integrado a un grupo de teatro radical
dirigiéndolo, se propuso incursionar en el cine realizando en pocos días una
película con menos del 10% del dinero que solía gastarse en esos tiempos en una
producción cinematográfica.
RWF dice que la
idea de hacer una película le vino cuando junto a un actor amigo vieron en una
sala la película “Dios perdona, yo no”, la que les habría “volado la cabeza”.
Sobre la misma, y siguiendo su impulso, se dedicó a conseguir dinero, y tras
golpear la puerta de una conocida mecenas consiguió lo necesario para ponerse a
rodar, sin haberlo hecho nunca antes.
El resultado fue
histórico y revolucionó al cine moderno: “El amor es más frío que la muerte”.
Los
protagonistas son lumpen-proletarios que luchan en medio de complejas
relaciones de dominación afectiva y económica. Pero no me centraré en la
película -para disminuir el riesgo de disgresiones, y además porque es mejor ir
y verla antes de leer cualquier cosa-, sino que en una de las reacciones que
generó, tras ser exhibida en un festival de cine (la Berlinale).
Según Rainer, la
gente se puso furiosa al ver esta “película anarquista”, pero lo que realmente los hizo entrar en ebullición fue que él
dijera: “sí, soy un anarquista”, y menciona a “un crítico vienés que todo el
tiempo decía ‘¿Y a un sujeto así lo dejan andar suelto por Alemania?.’ Y que
una y otra vez preguntaba quién le permitía a estos elementos desmoralizadores
del Estado que además mostraran sus películas en un festival alemán Eso sin
duda aporto su parte. Era un clima espectacular. El lugar de la discusión
estaba tan lleno como no me ha vuelto a pasar en mi vida” (Las entrevistas
completas, pág. 103).
¿En qué sentido
se definía Fassbinder como anarquista en esos turbulentos fines de los años
sesenta? Hasta aquí uno estaría tentado de verlo como un provocador
anti-social, como una especie de anarquista estético. Y sabemos que las
estéticas rupturistas bien pueden ser vistas como “anárquicas” en el sentido en
que cuestionan o destruyen la noción de orden vigente hasta ese momento en el
campo de las artes, aunque a nivel político no necesariamente calcen con
posiciones socialistas/libertarias.
Pero Fassbinder
iba más allá de una mera anarquía estética, y ya en su obra de teatro “Anarquía
en Baviera” expresa una reflexión profunda y al mismo tiempo amargamente
autocrítica sobre las posibilidades reales que tendría y problemas cotidianos
que enfrentaría una transformación social basada en dicho ideario: la Anarquía
Socialista de Baviera, denominación que demuestra una profunda comprensión
política, pues vincula el componente “económico” de la Revolución Social con el
“político”: no es una república federativa ni obrera, sino que nada menos que la
anarquía socialista. Recordemos que los bakuninista a fines de siglo XIX se
autodefinían como: “en religión ateos, en política anarquistas, en economía
comunistas”.
La idea de
Fassbinder en esa obra era “suponer que en Baviera había una revolución de tipo
anarquista y qué pasaría entonces. Si la consciencia de la gente que vivía en
esa provincia que había sido revolucionada podía seguirle el tranco a la
revolución o no. Mi teoría era que la consciencia de la gente no puede seguirle
le tranco, sino que primero la gente debe tomar consciencia, antes de poder
hacer una revolución. O sea, bueno, de eso se puede decir lo que se quiera, que
es reaccionario o no, pero era mi punto de vista” (Las entrevistas completas,
pág. 99).
Nada más decidor
de la subsistencia post-revolucionaria de viejos problemas que los siguientes
nombres en el reparto: viejo amor
romántico masculino; viejo amor romántico femenino; nuevo amor romántico
masculino; nuevo amor romántico femenino…
Poco después, en
otra entrevista, Fassbinder profundiza en su comprensión de la anarquía mientras
conversa sobre el fenómeno del liderazgo en los grupos y comunidades (como la
de su mismo Antiteatro), de lo que en principio habría que culpar a la
sociedad. Y en relación a su grupo señala que “esa es sin duda la razón de por
qué dos o a lo sumo un par más de nosotros somos anarquistas, no marxistas,
porque el marxismo es un estadio que hay que alcanzar en el camino hacia la
anarquía, tal como nosotros la concebimos. Nuestras concepciones de la anarquía
no tienen nada que ver con el caos, sino con un orden completamente natural.
Eso se asemeja tal vez a las concepciones ideales del marxismo”. Y remata: “Por
supuesto que existen anarcomarxistas, que se hacen llamar así o a los que uno
llamaría así, pero eso no tiene nada que ver con nosotros” (Las entrevistas
completas, pág. 156).
¿Qué es lo que quiere decir exactamente con esto?
En primer lugar,
al parecer sitúa al anarquismo como pendiente de los problemas relativos a la
dominación entre las personas, mientras el marxismo trata principalmente de la
explotación, en el sentido de la economía política y su crítica. Eso determina
posiciones distintas dentro del grupo: anarquistas y marxistas. División que
existe en el campo socialista/proletario desde la pugna entre marxistas y
bakuninistas en los tiempos de la Asociación Internacional de Trabajadores: la
Primera internacional.
En segundo
lugar, Fassbinder parece marcar distancia de los híbridos anarco-marxistas tan
en boga en el 68 europeo. Desde los “mao-spontex” a las diversas formas de
entusiastas del “consejismo” -al que ven como un puente entre ambas ideologías-,
y los llamados de ex trots como Guerin en favor de un “marxismo libertario”, en
medio de una abundancia de Poder Negro, socialismos africanos, asiáticos y
tropicales, todo el ambiente se teñía de rojinegro en esos tiempos. Pero
Fassbinder (y con él, suponemos, los otros anarquistas del Antiteatro)
entendían al marxismo como un estadio a alcanzar en el camino a la anarquía.
Podemos estar
100% de acuerdo si recordamos que el objetivo último del comunismo, según los
mismos Marx y Engels, es precisamente la abolición del Estado. Y antes de eso,
el socialismo sería como mucho la primera etapa de una transición mucho más
larga y profunda en la ruta de la emancipación humana.
(el manuscrito se interrumpe aquí)
Etiquetas: anarquia, anarquismo difuso, crim crit, elogio del crimen, RWF
jueves, mayo 13, 2021
DESTRUYENDO MITOS: ACERCA DEL SUPUESTO PROTAGONISMO “NARCO” EN EL ESTALLIDO SOCIAL
(Mapa de saqueos en la Región Metropolitana durante el "estallido social". Fuente: SOSAFE)
Hace relativamente poco tiempo me di el trabajo de ver en Netflix
la excelente serie chilena “El reemplazante”, adecuado retrato de la educación “particular
subvencionada” en un Liceo de la periferia metropolitana, y que por obra y
gracia del sistema de financiamiento a la cultura en Chile en su momento fue
transmitida por TVN pero sólo alcanzó a tener dos temporadas.
Una parte de la Segunda Temporada me pareció particularmente
bien lograda: cuando muestran que los narcotraficantes que operan en las
inmediaciones y al interior del Liceo ven con muy malos ojos la inminente posibilidad
de movilizaciones estudiantiles, tales como marchas y tomas, pues atraen formas
intensas de acción policial que les dificultan la buena marcha habitual del
negocio. En consecuencia, hacen todo lo que pueden por evitar o boicotear las
protestas.
Cosa muy distinta es lo que creen ciertos sectores de la
elite chilena, a través de sus portavoces intelectuales, que desde los inicios
de la rebelión de octubre de 2019 y hasta hace poco han pontificado largamente acerca
de cómo una de las “siete cabezas” del estallido (o “kabezas”, como las
denomina el urbanista Poduje en un laureado ensayo (1))
la aportó el narcotráfico de las poblaciones o “barrios críticos”, que habrían
visto en este momento de anarquía una oportunidad inmejorable de incrementar
sus operaciones.
En una versión incluso más audaz, el profesor Waissbluth
sostuvo desde diversas columnas que la veta “antipolicial” de los narcos los
habría motivado a una alianza con los anarquistas, enemigos naturales de las
policías, y en base a este objetivo común se habría generado una combustiva
amalgama, dando carne al nuevo sujeto peligroso de nuestro tiempo: la bicéfala
entidad del lumpen “anarco/narco”.
Así, en una desesperada columna publicada el 25 de noviembre, el experto en educación
afirmaba –no sabemos en base a qué fuentes, pues no las señala- que “la mayoría
de los violentistas están o estuvieron en la educación pública. Sus niveles de
violencia, que continúan en la quinta semana de la explosión, son inusitados,
aberrantes, ciegos, nihilistas, destruyen lo que se les ponga por delante”.
Hilando un poco más fino llega a decir que “este pequeño pero
muy potente ejército de violentistas, tal vez unos 10 mil, no son lo mismo que
el muy pequeño grupo de anarquistas, unos 50 o 100, cuyos propósitos son muy
diferentes, así como sus compinches narcos y de barras bravas, que a su vez
también incluyen a narcos y anarcos. El
núcleo más turbio de la sociedad” (2).
Esta “guerra narcoanarquista” se inició según Waissbluth en “una
secuencia coordinada de atentados que por su magnitud pasará a la historia
mundial del anarquismo. Tan solo las 57 estaciones de Metro, de las cuales las
primeras siete fueron simultáneas, son suficientes para la medalla de oro
olímpica. No ha habido nada parecido en magnitud por muchas décadas, en el
mundo”. Y por supuesto que, a diez días del 15 de noviembre, el profesor nos
advierte que a “los narcoanarquistas los pactos sociales o constitucionales no
les interesan, todo lo contrario, les complican su negocio” (3).
Esta “teoría” no fue sostenida sólo por Waissbluth, sino que
es parte medular de las declaraciones de guerra hechas por Piñera y su
gobierno, y también integra las diversas versiones conspirativas con que la
vieja y la nueva extrema derecha intentan explicarse qué pasó en Chile el
18 de octubre de 2019.
Una investigación publicada en CIPER en el mes de marzo da
cuenta de las dos principales versiones de las “teorías del complot” en la
explicación del estallido: la “teoría
de la agitación”, que responsabilizó como promotores del sabotaje a regímenes
extranjeros de izquierda, cantantes e incluso fans del pop coreano o K-POP- y la
“teoría del lumpen”, que “puso el foco en los anarquistas y narcotraficantes y
su intención de erosionar el Estado de derecho” (4).
Según Dammert y Sazo, de acuerdo a
la “teoría del lumpen” “para ambos grupos, el gobierno de Piñera habría sido un
objetivo de desestabilización particularmente atractivo. En el caso de
los anarquistas, Piñera representaba el establishment y la defensa del statu
quo (…) Para los narcotraficantes, el gobierno de Piñera encarnaba un obstáculo
para el desarrollo de su mercado ilegal. Este argumento encontraba fundamento
en el discurso de mano dura que Piñera desplegó en la campaña presidencial de
2017”. Entonces, “al tener un enemigo político compartido, los grupos anarquistas
y narcotraficantes habrían establecido una forma avanzada de colaboración”,
cuyo objetivo central habría sido “facilitar
las condiciones para la ocurrencia de disturbios a gran escala en todo el país”.
En esta alianza operaría una especie de división del trabajo: “Si los grupos
antisistema estaban a cargo de crear desórdenes y barricadas en las zonas
urbanas, los narcotraficantes se habrían dedicado al saqueo de supermercados y
al ataque de sedes policiales y estaciones de metro en las zonas periféricas” (5).
“Nada más práctico que una buena
teoría” decían por ahí. Y nada más inútil para una adecuada conservación del
orden que estas “construcciones teóricas” basadas en generalizaciones propias
de ciencia social de baja calidad mezcladas con prejuicios y temores de clase.
En efecto: en los momentos álgidos de la calurosa primavera del 2019 quedó
claro que la falta de comprensión de lo que estaba en verdad ocurriendo, unida
a una gestión menos que mediocre de los medios de control represivo a
disposición del Poder fue un poderoso acelerante para que varias chispas
terminaran incendiando la pradera.
Pues bien, volvamos al otoño de 2021: tenemos malas noticias
para la versión “narco/anarco” de estas teorías del complot, las que nos llegan
tras analizar el Informe 2020 del Observatorio
del Narcotráfico de la Fiscalía de Chile (6).
En primer lugar, porque del total de 24.940 personas
detenidas por delitos de robo, hurto, receptación y desórdenes públicos durante
los primeros 40 días del estallido sólo el 10% (2431) de ellas tenían
antecedentes por infracción a la Ley de Drogas. La cifra adquiere más sentido
si consideramos que en los 40 días previos el 18% de los detenidos por esos delitos
tenía antecedentes por Ley de Drogas (780 personas).
Más interesante que eso, el Informe de cuenta de que “consultadas las jefaturas policiales de las
unidades especializadas en drogas de ambas policías en la Región Metropolitana,
sobre la existencia de indicios en las escuchas de interceptaciones
telefónicas, que pudieran señalar la participación de organizaciones para el
narcotráfico en los saqueos, respondieron categóricamente que no existían.
Ello no se contrapone con lo señalado por Carabineros de Chile, en el sentido
que existió una presencia narco numerosa en los saqueos, ya que efectivamente
la cifra absoluta de detenidos en el país por este delito y con antecedentes
por infracción a la Ley de Drogas en saqueos, en los 40 días anteriores al
estallido, y los 40 posteriores, en el país, es ostensiblemente superior: de 780
imputados, se pasó a 2.431” (7).
Pese a ese incremento numérico, pero no proporcional, el
Informe es enfático: “De lo anterior, es posible concluir, que, si bien pueden existir casos de
organizaciones para el narcotráfico que participaron como tales en los saqueos
durante el estallido social, no hay antecedentes suficientes para afirmar que
su participación fue masiva ni sostenida en el tiempo y probablemente reducida
a sus eslabones menores, como lo señaló el Fiscal Nacional en su momento, donde
la oportunidad de lucrar con la reducción de bienes de alto costo, les
representaba una utilidad similar e incluso superior, que la venta habitual de
unas pocas dosis de droga” (8).
Otra de las conclusiones más destacables a efectos de
comprender lo que en realidad ocurrió en el llamado “estallido social”, un
proceso social tan rico y complejo en cuyo análisis podríamos pasar varios años
más, es que la tan asumida relación entre la práctica de los saqueos y los
“barrios críticos” tampoco se confirma según los datos recopilados:
“Un mapa obtenido desde la plataforma SOSAFE (https://www.google.com/maps/d/u/0/viewer?mid=1QiyBfBytdx0bobo0YrwXNniwpxrRc7sC&ll%20=-33.49888802184857%2C-70.74625592918824&z=16&ll=-29.900348672197445%2C-71.62797968726301 ), que georreferencia las denuncias
por saqueos durante el estallido social, nos permite apreciar que estos actos
delictuales no siguieron un patrón determinado, menos de cercanía a barrios
críticos, los que por cierto también abarcan. Simplemente se expandieron por todo Santiago” (9).
El gráfico que se exhibe en la página 204 es impresionante:
los puntos que señalan saqueos se aprecian por todo el mapa de Santiago
formando grandes manchas rojas en prácticamente todas sus comunas. De todos
modos, la Fiscalía no niega la relación entre saqueos y algunos “barrios
críticos” como en la Plaza Puente Alto y la Estación Intermodal la Cisterna,
pero descarta en principio que ello sea un eje esencial en el despliegue
territorial de los saqueos, ni tampoco una hipótesis explicativa de su
ocurrencia”.
Terminando de destruir los delirios bélicos del señor
Waissbluth, el Informe de la Fiscalía desmiente también la relación entre
protestas violentas y el “poder de fuego” que según muchos expertos destacan
sería suministrado por los narcos en fechas clave como el 11 de septiembre o el
Día del Joven Combatiente (29 de marzo). Durante el “estallido”, esto
derechamente no ocurrió:
“¿Por qué no hay evidencia de que ello sucediera durante el
estallido social? Es muy poco probable un compromiso a mayor escala por parte
del narcotráfico, especialmente desde sus organizaciones, puesto que al narcotraficante un escenario de
estallido social, le dificulta la venta de drogas, escenario donde las calles
de vuelven un espacio incierto, y hemos visto que siempre existe una
preocupación de parte de estos delincuentes, de “pacificar” los territorios que
dominan, para facilitar la venta de drogas. Un escenario de estallido social
incluso limita la posesión de dinero efectivo, esencial para concretar
cualquier transacción de drogas. Ello no niega la participación, aunque
proporcionalmente disminuida, como demuestran las estadísticas, de los
eslabones menores del narcotráfico donde algunos microtraficantes aprovecharon
una oportunidad de lucrar participando en los saqueos durante el estallido
social, pero ello está muy lejos de representar una voluntad de enfrentamiento
con las fuerzas del orden”.
Es decir que hasta acá tenemos la confirmación de que en la
serie “El reemplazante” saben (y enseñan) más de urbanismo, criminología,
subculturas y economía política que varios expertos juntos. Pero en fin, no nos
ensañemos con ellos ahora pues es evidente que en aquellos días y semanas la
potencia multiforme del pueblo en las calles destituyendo al antiguo régimen los
tenía profundamente estresados y muy asustados” (10=.
NOTAS:
1.- https://sietekabezas.cl/ Este asesor de Piñera es tan
“creativo” en su “Crónica Urbana del Estallido Social” (Uqbar, 2020) que señala
sin arrugarse que “los ataques fueron muy violentos y no respetaron credos ni
ideologías. Se dirigieron por igual a supermercados y almacenes de barrio. A
monumentos a conquistadores y también a memoriales de detenidos
desaparecidos". O sea que para él las acciones de la policía y los grupos fascistas
son también equiparables e imputables a la revuelta en sí misma. Curiosa teoría
de la violencia.
2.- https://www.elmostrador.cl/destacado/2019/11/25/violencia-y-violentistas-al-borde-del-precipicio/
3.- Ibíd.
4.- Lucía Dammert y Diego Sazo, https://www.ciperchile.cl/2021/03/20/la-teoria-del-complot-en-el-estallido-chileno-un-examen-critico/
Se trata de una columna basada en el
artículo «Scapegoats of the 2019 Chilean Riots: From Foreign Intervention to
Riff-Raff Involvement», publicado en SAIS Review of International Affairs
40(2): 121-35.
5.- Ibíd.
7.- Fiscalía
de Chile, Informe 2020 del Observatorio del Narcotráfico, pág. 203.
8.- Ibíd. Los destacados son míos.
9.- Ibíd., págs. 203-204.
10.- Mario Waissbluth terminaba su columna en tono mesiánico sosteniendo que: “La
guerra no es contra los ciudadanos indignados, es contra los narcoanarquistas, armados y temerarios que no solo amenazan la
seguridad e integridad de la nación, sino que están a punto de tomársela, con
17 millones de rehenes adentro. Si
no hacemos todo esto, el escenario más probable es que los militares terminen
haciéndolo igual, muy pronto y sin nuestro permiso, con un baño de sangre,
y que la democracia se nos vaya al demonio por mucho tiempo. Es lo que espera
el 10-20 por ciento de pinochetistas del país. Los más viejos lo sabemos. Jamás
imaginé escribir esto siendo yo mismo exiliado por Pinochet durante 14 años.
Lloro al terminar esta columna. Fúnenme ahora”.
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jueves, julio 18, 2019
Estruendo en Valparaíso y panoramas varios
Etiquetas: Chantiago, crim crit, psicogeografía, punk rock, reflexión, Valparaíso
martes, noviembre 09, 2010
Mañana
"La metáfora del panóptico ha sido retomada recientemente en algunos análisis de las transformaciones del control en la sociedad contemporánea.
Se ha sostenido que las tecnologías de control actuales convergen en la construcción de un régimen post-panóptico definible como Synopticon.
En la "sociedad del espectáculo" los pocos ya no observan a los muchos para cerciorarse de que estos siguen las reglas; más bien estos úlitmos, transformados constantemente en "público", son colocados frente a los logros y gestas de los pocos, interiorizando de este modo valores, actitudes y modelos de comportamiento..."
(Alessandro De Giorgi, El gobierno de la excedencia).
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viernes, agosto 06, 2010
Elogio del crimen, o "la industria del control del delito" según Marx
El otro día alguien me mostró el libro donde aparece este breve y genial texto de Carlitos (Marx, no el otro), y recordé que luego de que los pelmazos de The Clinic lo publicaran en su pasquín seudohumorístico progre-reaccionario circuló bastante por internet, y en ese entonces había considerado la idea de subirlo acá pues es uno de los fragmentos que mejor demuestran la extraordinaria lucidez, humor negro y estilo a su manera poético de Marx, a años luz de distancia por sobre las ahora menguadas legiones de "criminólogos críticos" que se declaraban discípulos suyos. La crítica de la economía política enfocando el sector del espectáculo moderno que gustan de llamar "sistema penal", aparato represivo, crónica roja (o negra), historias policiales, etc. y mostrando mediante esa demolición crítica la absurdidad tanto de la "guerra contra la delincuencia" como de los saberes "críticos" especializados.
Después la idea se me olvidó completamente, hasta ahora.
Este es uno de los muchos artículos que Marx publicó entre 1840 y 1860 en la prensa de Londres y Nueva York, después de terminar su doctorado en Jena, cuando participaba activamente en política, vivía en Londres y trabajaba en El capital. Pertenece al libro de Sequitur titulado, precisamente, Elogio del crimen, y muestra el poco conocido sentido del humor y del sarcasmo que acompañan su riguroso e insoslayable genio en la filosofía política y económica.
"El filósofo produce ideas, el poeta poemas, el cura sermones, el profesor compendios, etc. El delincuente produce delitos. Fijémonos un poco más de cerca en la conexión que existe entre esta última rama de producción y el conjunto de la sociedad, y ello nos ayudará a sobreponernos a muchos prejuicios. El delincuente no produce solamente delitos: produce, además, el derecho penal y, con ello, al mismo tiempo, al profesor encargado de sustentar cursos sobre esta materia y, además, el inevitable compendio en que este mismo profesor lanza al mercado sus lecciones como una “mercancía”. Lo cual contribuye a incrementar la riqueza nacional, aparte de la fruición privada que, se nos hace ver, un testigo competente, el señor profesor Roscher, el manuscrito del compendio produce a su propio autor.
El delincuente produce, asimismo, toda la policía y la administración de justicia penal: esbirros, jueces, verdugos, jurados, etc., y, a su vez, todas estas diferentes ramas de industria que representan otras tantas categorías de la división social del trabajo; desarrollan diferentes capacidades del espíritu humano, crean nuevas necesidades y nuevos modos de satisfacerlas. Solamente la tortura ha dado pie a los más ingeniosos inventos mecánicos y ocupa, en la producción de sus instrumentos, a gran número de honrados artesanos.
El delincuente produce una impresión, unas veces moral, otras veces trágica, según los casos, prestando con ello un “servicio” al movimiento de los sentimientos morales y estéticos del público. No sólo produce manuales de derecho penal, códigos penales y, por lo tanto, legisladores que se ocupan de los delitos y las penas; produce también arte, literatura, novelas e incluso tragedias, como lo demuestran no sólo La culpa de Müllner o Los bandidos de Schiller, sino incluso el Edipo de Sófocles y Ricardo III de Shakespeare. El delincuente rompe la monotonía y el aplomo cotidiano de la vida burguesa. La preserva así del estancamiento y, provoca esa tensión y ese desasosiego sin los que hasta el acicate de la competencia se embotaría. Impulsa con ello las fuerzas productivas. El crimen descarga el mercado del trabajo de una parte de la superpoblación sobrante, reduciendo así la competencia entre los trabajadores y poniendo coto hasta cierto punto a la baja del salario, y, al mismo tiempo, la lucha contra la delincuencia absorbe a otra parte de la misma población. Por todas estas razones, el delincuente actúa como una de esas “compensaciones” naturales que contribuyen a restablecer el equilibrio adecuado y abren toda una perspectiva de ramas útiles de trabajo.
Podríamos poner de relieve hasta en sus últimos detalles el modo como el delincuente influye en el desarrollo de la productividad. Los cerrajeros jamás habrían podido alcanzar su actual perfección si no hubiese ladrones. Y la fabricación de billetes de banco no habría llegado nunca a su actual refinamiento a no ser por los falsificadores de moneda. El microscopio no habría encontrado acceso a los negocios comerciales corrientes (véase Babbage) si no le hubiera abierto el camino el fraude comercial. Y la química práctica debiera estarle tan agradecida a las adulteraciones de mercancías y al intento de descubrirlas como al honrado celo por aumentar la productividad.
El delito, con los nuevos recursos que cada día se descubren para atentar contra la propiedad, obliga a descubrir a cada paso nuevos medios de defensa y se revela, así, tan productivo como las huelgas, en lo tocante a la invención de máquinas. Y, abandonando ahora el campo del delito privado, ¿acaso, sin los delitos nacionales, habría llegado a crearse nunca el mercado mundial? Más aún, ¿existirían siquiera naciones? ¿Y no es el árbol del pecado, al mismo tiempo, y desde Adán, el árbol del conocimiento? Ya Mandeville, en Fable of the Bees (1705) había demostrado la productividad de todos los posibles oficios, etc., poniendo de manifiesto en general la tendencia de esta argumentación:
“Lo que en este mundo llamamos el mal, tanto el moral como el natural, es el gran principio que nos convierte en criaturas sociales, la base firme, la vida y el puntal de todas las industrias y ocupaciones, sin excepción; aquí reside el verdadero origen de todas las artes y ciencias y, a partir del momento en que el mal cesara, la sociedad decaería necesariamente, si es que no perece completamente”.
Lo que ocurre es que Mandeville era, naturalmente, mucho más, infinitamente más audaz y más honrado que los apologistas filisteos de la sociedad burguesa".
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jueves, octubre 01, 2009
De Darwin a Lombroso: fuk-of


Interesante análisis "criminológico" en Hommodolars (EL sitio que hay que ver en Chile: póngalo en su página de inicio y desintoxíquese de tanta mierda publicitaria e industrioculturalosacapitalista):
¿Como nos ve el enemigo de clase? parte 1. “Los anarquistas”, de César Lombroso [Libro]
Parte esencial de la dominación de clase en la sociedad capitalista se asegura ideológicamente. La represión desnuda no bastaría jamás para asegurar el orden social burgués, puesto que en tal caso sería fácilmente erradicable mediante resistencias espontáneas. Lejos de eso, entonces, la clase dominante necesita recurrir a todo el ámbito de lo que el profesor loco y estalinista arrepentido don Luis Althusser llamaba “Aparatos Ideológicos de Estado”, que si bien nunca renuncian a ejercer un tipo especial de violencia represiva, funcionan “principalmente mediante la ideología”.
Dentro de la ideología de la clase dominante, revisten especial interés aquellos esfuerzos concientes y más o menos sistemáticos que, partiendo desde la actividad de burócratas especializados, profesores y sumos sacerdotes de la ideología, se transmite hacia todo el conjunto de la población a través de la “industria cultural” y el “espectáculo” (en su sentido más banal y obvio: consumo de imágenes) y se orientan a preparar de antemano la invisibilización, descalificación y finalmente criminalización de los antagonistas.
En esta ocasión, entregamos para conocimiento de todos los habitantes de Tierra del Fuego un clásico documento secretado por la más burda “criminología positivista” de fines del siglo XIX, aquella que se dedicó a clasificar a la minoría “desviada” y/o delincuente de entre los segmentos subproletarios ya encarcelados por el sistema penal, tratando de justificar dicha represión de clase como algo “neutro” y “científico”. De hecho, lo que define al “positivismo”, además de su pedantería y oposición a toda crítica radical, son sus pretensiones científicas.
César Lombroso (que al igual que otro positivista estrella, Enrique Ferri, se consideraban “marxistas” y darvinistas al mismo tiempo, y militaban en el PS Italiano) consideraba a los “anarquistas” como un tipo particularmente peligroso de delincuentes, y a ellos dedicó esta joya del pensamiento burgués, donde mediante análisis de sus tatuajes, canciones y "cultura" termina confirmando dicha peligrosidad y la necesidad de que la sociedad los combata duramente.
A nuestro juicio, no es casual que ambos “socialistas” terminaran colaborando abiertamente con el régimen fascista de Mussolini (que en su momento fuera también un destacado militante del PSI). En el socialismo de la II Internacional (el que inventó un “marxismo oficial” tremendamente positivista y castrado), los elementos evolucionistas, estatalistas, pro-trabajo y en general acríticos del capital como totalidad, permitieron que al surgir el fascismo la clase dominante jugara con una imitación de “revolución proletaria” que no pro causalidad se pretendía “nacional” y “socialista” a la vez.
Tampoco es casualidad que gran parte del cúmulo de estupideces que se dice sobre nosotros no haya variado esencialmente en un siglo.
PARA BAJAR EL LIBRACO.
Etiquetas: crim crit, industria cultural, izquierda del capital
sábado, septiembre 26, 2009
tanto cariño suelto (aka Too Much Love to handle it with good enough precision)

"Tanto cariño que anda suelto por ahí" gritan Los Jorobados, y rematan "todo para tí".
Es la misma temática que 190 años antes desarrollaba Roberto Planta y los Zepelines en "Un montòn de amor", cuando prometía: "I aim gonna giv you evry inch of may love", lo que en buen romance significa más o menos aproximadamente: "Te voy a ensartarte hasta la última pulgada de amor".
3 décadas y varios litros después, derrota tras derrota, hasta la gran derrota final del 2012 -cuando REALMENTE va a empezar la lucha de clases proletaria por salvar lo que quede de Planet Heartz- (EXCELENTE!: logré hacer una digresión corta! Es un arte muy difícil), King Gordo y sus Fracasos tratron de sintetizar ambos puntos de vista amorosos, el jipi cock rock con el del nihil punk urbano, con "(Tengo) Demasiado amor, para demasiada gente".
Un montón de amor...
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yluego de esa disgresión, me quedo con el profundo valor poético de otra canción de Los Jorobados, aqueella donde se dice:
"Amanece la ciudad
Un día de febrero
Todos sus habitantes
se salen a vender
Me quedo en mi casa
Me tengo que reponer
Vengan a visitarme
Con algo de tomar
Y si no lo robas, no me interesa.
NO ME INTE RE SA".
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Hay gente que entiende todo bien explícitamente:
Un amigo que se las da de profesor de un ramo gracioso pero mal visto en general por la crítica, me decía que luego de anallizar la frase de Bertolt Brecht (que alguna gente de la izquierda mas mediocre del capital suele confundir con Silvio Rodrígues, aka El Trovador Estalinista de Cuba), sobre si "es más delictivo robar un banco o fundar uno", llegaron con manuales robados de diicha disciplina tan bellísima e inútil, por los que para adquirirlos "legalmente", habrían tenido que desmbolsar lo que un buen pequeño burgués gasta en drogas cada dos semanas o tres semanas, es decir, una U.T.M. por lo bajo).
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