sábado, octubre 31, 2026
Bicicleta Blanca
BICICLETA
BLANCA
1.-
“My white
bicycle” (Nazareth)
Los rockeros escoceses de
Nazareth tuvieron uno de sus primeros grandes éxitos radiales en 1975 con la
canción “My white bicycle”, que decía más o menos así:
Mi
bicicleta blanca, mi bicicleta blanca
Pedaleando
por la calle
Cuatro
en punto de la mañana y todos duermen
No
estoy cansado y es tan tarde
Moviéndose
rápido todo se ve grandioso
Después glorifican la
sensación de ir pedaleando sin importar la lluvia en la cara ni el viento que
azota el pelo mientras pasan las gaviotas, y prosiguen refiriendo un encuentro
con un agente del control social:
Un
policía me grita pero no lo veo
Ellos
son algo en que no creo
Busca
acusarme y no se va
Alza
las dos manos, su cabeza desgraciada
Ninguna
luz me ilumina
A
través de la oscuridad, seguimos avanzando
Mi
bicicleta blanca y yo.
2.-
Mañana
y pasado mañana
La canción en verdad era el
single debut de la banda inglesa Tomorrow, lanzado en mayo de 1967, pero los de
Naz la hicieron propia con esta versión grabada y promocionada como single, que
ya no recuerdo si fue interpretada cuando fracasaron en vivo ante todo Chile en
el festival de Viña del Mar en febrero de 1985, y La Estrella de Valparaíso los
tildó de “rotos, guatones y pencas”. Semanas antes el mismo diario había
anunciado: “Nazareth reventará la Quinta”.
Creo que, aunque el tema en
sí mismo no me vuela la cabeza, pocas canciones describen mejor esa sensación
de libertad casi total que da andar a deshoras por donde uno quiera, y más
encima evadiendo a la policía gracias a la noche y el poder de las sombras.
Algo similar se sentía al
andar en bicicleta durante los primeros días o más bien noches de revuelta en
el 2019. Recuerdo la euforia del 19 de octubre en la tarde, cuando en medio de
montones de bicicletas que transitaban por calles vacías de vehículos
motorizados, ya empezando el toque de queda, un muchacho gritaba: “¡así va a
ser a partir de ahora!”. Y claro: la situación no fue eterna, pero tampoco se
olvida. Como recuerdo que dijo Furio Jesi en Spartakus: si la revolución apunta
al mañana, la revuelta al pasado mañana.
3.-
Provos:
bicicletas blancas en Amsterdam
Durante la revuelta global
del “68” -que no fue sólo estudiantil, no ocurrió sólo en Francia, y no empezó
ni terminó en el año 1968- uno de los movimientos juveniles más llamativos de
la “Nueva Izquierda” fueron los Provos de Holanda. El nombre es un típico caso
de aceptación de la etiqueta con que era señalados y criminalizados, en este
caso, la de “provocadores”.
Los provos se vestían de
blanco y teorizaron sobre la existencia de un nuevo “provotariado”. Dentro de
sus famosos “Planes Blancos” uno de sus proyectos más emblemáticos fue el de la
bicicleta blanca, que es de donde tomaron inspiración los de Tomorrow para
componer su canción. El baterista de Tomorrow lo explicó así: “Tienen
bicicletas blancas en Amsterdam que usan y dejan por toda la ciudad. Si quieres
ir a algún lugar, tomas una bicicleta, vas y luego la dejas por ahí.
Quienquiera que necesite las bicis las toma y luego las deja cuando ya no las
necesita”.
Mientras Tomorrow grababa la
canción en los estudios Abbey Road, donde al mismo tiempo los Beatles grababan
el “Sgt. Pepper”, John Lennon se asomó y luego dijo en la revista Melody Maker
que la canción iba a ser un “himno sicodélico”. En efecto, el guitarrista Steve
Howe (que luego se hizo famoso en la banda de rock progresivo Yes, que aún
lidera y que acaba de sacar su vigesimocuarto álbum “Aurora”) le daba todo un
toque con efectos raros y cintas al revés, propio del espíritu de la época. En
una parte el tema requería de un silbato policial, y entonces fueron a la calle
a preguntarle a un policía si podía ir a hacerlo sonar en el estudio. El
policía aceptó y sopló su silbato frente al micrófono, sin importar que todos
en el estudio estuvieran fumando marihuana: En fin, ¡eran los años 60!
La canción no tuvo éxito en
los rankings, hasta que la versión más simple y menos sicodélica de Nazareth
llegó al lugar 14 de los singles más vendidos: ocho años después, y pocos meses
antes de la explosión punk.
4.-
Bicicletas
en las barricadas (I)
El potencial subversivo de
la bicicleta quedó claro luego de la insurrección del 2 de abril de 1957 en
Santiago. Luego de la gran asonada motivada por las alzas en el transporte
público, con violentos combates en que la policía fue prontamente derrotada,
Ibañez en su segundo gobierno optó por decretar el estado de sitio y sacar a
los militares a la calle, los que en pocas horas mataron a una treintena de
personas.
El general Horacio Gamboa
leyó por radio el “Parte de Guerra”, ofreciendo el siguiente recuento: “La
situación en la capital está bajo el absoluto control de las fuerzas militares
y policiales. El enemigo ha sufrido dieciocho muertos y alrededor de quinientos
heridos. Las tropas tienen orden de disparar a discreción contra cualquiera que
cause desórdenes o vulnere el toque de queda”.
En su “Historia y memoria:
el 2 de abril de 1957” (LOM 2007), detallada investigación sobre este
acontecimiento publicada que partió días antes en Valparaíso y luego Concepción,
Pedro Milos cuenta que tras la “Batalla de Santiago” muchos insurrectos
pernoctaron en el Cerro Huelén (Santa Lucía), y se desplazaban a todos lados en
bicicletas, burlando así los controles militares gracias al silencioso medio de
transporte y la ayuda de las sombras y la oscuridad.
Medio siglo después, tras la
muerte del anarquista Mauricio Morales por la explosión inesperada del
artefacto explosivo que portaba mientras se desplazaba en bicicleta en las
inmediaciones de la Escuela de Gendarmería en el centro de Santiago, dado que
unas cámaras registraron el paso de un segundo ciclista, la Fiscalía llevó a
cabo numerosos allanamientos en los días y meses siguientes, en que de acuerdo
a sus propias estimaciones incautaron alrededor de 200 bicicletas.
Una de las imágenes más
bellas que conservo en la retina es la de un anarquista que conocía que estuvo
preso cerca de un año por una expropiación fallida, y a quien divisé andando en
bicicleta bajo los rayos del sol primaveral poco después de salir en libertad,
mientras yo iba a bordo de una micro bajando por Grecia con Vicuña Mackenna.
Parecía flotar arriba de la bici, con sus cabellos negros al viento y ninguna
preocupación por nada más que disfrutar ese momento de libertad. Por supuesto, iba
sin casco.
5.-
Porrazos
en el Norte chico
Mientras Nazareth brindaba
su versión de “Mi bicicleta blanca”, durante el breve reinado que tuvo la banda
a mediados de los 70 con su álbum “Hair of the Dog” (título además de una de
sus mejores canciones, que les dio mala fama en el Festival de Viña por la
alusión en el coro a un “son of the bitch”, que malintencionados e ignorantes
periodistas interpretaron como un insulto al respetable Monstruo, y que
lamentablemente muchos sólo conocieron en la versión noventera de Guns and
Roses), yo aprendía a pedalear en las pavimentadas calles de la Población La
Pampa en La Serena. Aún recuerdo cómo me impulsaban desde ambos costados una
hermana y un compañero de barrio que iba a la misma escuela, hasta que sentí
que ya iba andando solo, lo que me causó una sensación extrema de orgullo y
felicidad, hasta que me di cuenta de que no sabía cómo frenar, pues la bici en
cuestión usaba el mecanismo del freno-torpedo. Mi padre salió a ver, y me
gritaba “¡pedalea hacia atrás!”, pero nunca he tengo mucho sentido práctico,
así que no entendí su instrucción y cuando ya me cansé de andar, sencillamente
choqué de frente contra la cuneta y me saqué la cresta. Pero los pelones en
manos y rodillas no me quitaron la alegría que sentía, y que recuerdo cada vez
que alcanzo mi momento favorito del pedaleo: cuando tomo una calle en bajada y
puedo avanzar rápido con el puro vuelo durante un buen rato, sintiéndome como
lo más parecido a un ave planeadora. Poco después nos visitó un primo desde
Valparaíso, que también aprendió a andar en esa misma bici y enfrentó el mismo
problema a la hora de querer frenar. Recuerdo los nervios que sentí al verlo
atravesar la avenida Balmaceda entremedio de unas micros, y que tras perderlo
un rato regresó caminando con la bici a un costado, lleno de puntitos de sangre
pues para detenerla se lanzó a un costado del humedal que teníamos cerca (al
que llamábamos “el Bosque”), sin reparar en el alambre púa que lo cercaba.
Algunos meses después mi primo y yo protagonizamos en accidente junto a un tío
veinteañero que llegó en su “mediapista” desde Valparaíso hasta Tongoy, donde
estábamos veraneando en masa: al ofrecerse a llevarnos a los dos cabros chicos
arriba de la bici, para ir a unos juegos por ahí cerca donde tal vez lo más
emocionante eran las “sillas voladoras”, ocurrió que al tomar una curva la
punta del zapato de mi primo se atascó en los rayos de una rueda y volamos los
tres por los aires aterrizando con la cara arrastrada por el pavimento. De
todos modos, nosotros quedamos en mejor estado que esa pobre bicicleta.
6.-
La
revolución y lxs que la quisimos tanto
Las bicicletas blancas de
los provos holandeses parecen hoy en día tan lejanas como las posibilidades
revolucionarias que se vislumbraron entre 1968 y 1973. Y si bien no es revolucionario en sí mismo
dejar bicicletas comunitarias esparcidas por la ciudad, de todos modos creo que
lo que menos se podría decir es que el acto es subversivo, en el sentido de que
escapa aunque sea parcial o ligeramente de las imposiciones de la sociedad
mercantil. Aunque puede que en este punto esté amarillando sin querer queriendo
-a medida que envejezco tiende a pasarme eso-, pues por algo los situacionistas
en su famoso panfleto de 1967 “De la miseria en el medio estudiantil
considerada bajo sus aspectos económico, político, psicológico, sexual y sobre
todo intelectual y de algunos medios para remediarla”, denostan a los Provos
-que entre sus cabezas visibles tenía al ex situ Constant- como “reformistas de
la vida cotidiana” que “optando por lo fragmentario acaban aceptando la
totalidad”.
PS: a Constant lo echaron de
la Internacional Situacionista tan temprano como en 1960 bajo la acusación de
“influencia desastrosa”. Los hechos de la acusación consistían, si mal no recuerdo,
en que un socio de la oficina del arquitecto Constant había aceptado diseñar o
remodelar una iglesia.
Ya se sabe: “Todo el
mundo tiene una forma de traicionar la revolución. Esta es la mía” (Leonard
Cohen). Y a las finales, nadie puede ajustarse 100% a los requerimientos de su
superyó marxista leninista y/o anarco situacionista.
7.-
Animitas
“Ánima bendita, por tu
muerte, quizás más cruel que mi vida, estás muy cerca de Dios”, decía el
folclorólogo Oreste Plath, quien señalaba que su antecedente es la apacheta,
“montículos de piedras acumuladas por los indígenas altiplánicos en lugares
considerados sagrados, y en los que eran depositadas ofrendas para invocar
protección divina en los caminos”.
En Chile se ha empezado a
usar desde hace algún tiempo la bicicleta blanca como “animita”, adornando los
numerosos lugares de la ciudad y también caminos rurales y carreteras en que
una persona pierde la vida aplastada por vehículos motorizados. Esa cifra
incluye a no pocos amigos y conocidos. Los recuerdo bastante. Sus terribles
muertes (más bien asesinatos) nos recuerdan que la opción por pedalear es a la
vez hermosa y altamente peligrosa. La posibilidad de ser arrollado por autos,
camiones y buses siempre está presente, y tampoco hay que descartar la gran
cantidad de accidentes que ocurren por imprudencia de peatones y también de
otros ciclistas (algunos de ellos bastante neoliberales más que anárquicos en
sus costumbres antisociales) y de uno mismo. Si llegara a caer así, pido una
bicicleta negra tal como la que uso hace tiempo, no una blanca. (Tampoco me
molesta si es roja o rojinegra).
8.-
Bike
Itaú
Otras bicicletas
seudocomunitarias de que hemos tomado nota son esas como las Bike Itaú y Mobike,
que mediante aplicaciones y pagos online permiten ser usadas en algunos puntos
de la ciudad y dejadas por ahí una vez que se termina el trayecto. Es decir, se
trataría de una especie de recuperación o versión capitalista neoliberal de la
utopía concreta de la bicicleta blanca.
Siempre vi bicis bastante
feas y aparentemente muy incomodas prestando ese dudoso servicio, que tiene la
virtud de recordarnos que la Contrarrevolución Neoliberal iniciada en 1973 se
caracterizó por movilizar los deseos contraculturales “sesentayochistas” hacia
formas de realización que ya no tuvieran ningún potencial emancipador, sino
todo lo contrario. Como dijo Joe Strummer en “(White man) in Hammersmith Palais”,
una canción lanzada como single en junio de 1978: “ha you think it's funny, turning
rebellion into money” (O sea: “ja, piensas que es divertido convertir la
rebelión en dinero?” -y vaya que sabían de eso los Ramones, los Sex Pistols y
los Clash-). También lo sabía Mark Fisher, que en una de las últimas clases que
hizo antes de cometer suicidio a inicios del 2017 le explicaba a su alumnado
que “el capitalismo incorpora las rebeliones previas, especialmente la rebelión
creativa y artística, y luego la vuelve a vender como este nuevo espíritu del
capitalismo”.
La contrarrevolución no solo
es lo opuesto a la revolución, sino que también una revolución en sentido
opuesto. Y si la revolución era molecular, también lo fue la contrarrevolución.
9.-
Bicicletas
en las barricadas (II)
En los últimos tiempos esas
bicis parecen haber sido desplazadas por monopatines eléctricos, y recuerdo que
en diversos momentos de la revuelta de la primavera del 2019 muchas Bike Itaú ardieron
todas apiladas en medio de las intensas barricadas incendiarias que
proliferaban de una manera nunca antes vista. Hay una foto de una pila de esos
horribles esperpentos ardiendo en el libro “Evade Chile. Reporte de una
insurrección”.
10.-
“Fire music” (Archie Shepp)
Que ardan de nuevo nomás,
cuando llegue el momento. En el comunismo anárquico tendremos bicicletas
voladoras.
Etiquetas: 68, La Serena, memoria negra, rock (no punk), rock pichulero
jueves, septiembre 10, 2026
¿MOLOTOVS DE DERECHA vs. MOLOTOVS DE IZQUIERDA?
HUGO HERRERA Y LA PROFANACIÓN DE LA BOTELLA INCENDIARIA.
Del lat. profanāre.
- Tratar algo sagrado sin el debido respeto, o aplicarlo a usos profanos.
- Deslucir, desdorar, deshonrar, prostituir, hacer uso indigno de cosas respetables.
(“Profanar”,
DRAE)
Por alguna razón que no
conozco bien me he acostumbrado a leer todos los domingos la columna dominical
del filósofo-abogado (¿o abogado-filósofo?) Hugo Herrera en El Mostrador.
En la última del mes de
julio, “El símbolo que profana símbolos” (1) se dedica a fustigar el fenómeno de los overoles blancos en Liceos
emblemáticos, acusándolos de una doble profanación. Después de hacer ver que “no
destruyen solamente instituciones. También invierten símbolos”, apunta a la
primera profanación, que sería la destrucción de la Escuela pública y los
Liceos, que “en nombre de la liberación fueron arrasados”. La segunda, realmente
curiosa, es la profanación del “cóctel molotov”, cuyo origen histórico estaría
en la Guerra de Invierno (1939-1940) en que Finlandia resistió con gran
desventaja logística la invasión soviética: “botellas incendiarias (que) expresaban
la decisión de un pueblo de defender su libertad cuando ya casi no quedaban
medios para hacerlo”.
Sobre lo primero, sólo
señalaré que desde hace décadas la Criminología y diversos instrumentos
normativos internacionales insisten en estudiar y diseñar cuidadosamente la
respuesta estatal y social frente a la llamada “delincuencia juvenil” (2), tanto en su faceta de
delito común (estrategias de sobrevivencia de una parte minoritaria pero
relevante de la población adolescente), como en otras formas de violencia o
infracción de leyes penales cometidas por adolescentes, en vez de dar una tras
otra señal de “mano dura” y políticas penales que no sólo no resuelven sino que
empeoran el problema.
La cuestión del “vandalismo”,
la “inversión de símbolos” y el carácter expresivo o no utilitario de ciertas
infracciones juveniles ha sido estudiada en detalle desde mediados del siglo XX
por teorías criminológicas como las de las subculturas (Albert Cohen) y la
asociación o aprendizaje diferencial (Edwin Sutherland), así como por David
Matza en obras como “Delincuencia y deriva” (Siglo XXI, 2014). Por supuesto, las
recomendaciones de Política criminal basadas en evidencia científica no han
sido escuchadas en Chile, donde desde el cambio de siglo el populismo penal
campea sin contrapeso alguno, de derecha a izquierda, esgrimiendo el aumento de
delitos y penas como varita mágica y negándose a toda reflexión seria sobre
estos temas tan complejos. Herrera se suma a este simplismo político-criminal
cuando culpa a los “overoles blancos” de “destruir la comunidad”, sin intentar
siquiera comprender cómo viven algunos adolescentes el proceso actual de
agotamiento estructural de la familia y la escuela como instancias de
socialización, en medio del crecimiento del crimen organizado, y qué
significado tienen para ellos mismos estas acciones transgresoras que como él
mismo señala, tienen como objetivo la “liberación”. No: es mucho más fácil -como
siempre- culpar a los jóvenes, aunque en el discurso conspirativo de Herrera
existen además responsabilidades políticas e intelectuales “aguas arriba”,
donde -como siempre- encuentra al PC y al FA.
En esta ocasión quiero
centrarme en el segundo punto que plantea Herrera, el curioso pero interesante
argumento relativo al “verdadero espíritu” de la bomba molotov, cuyo nombre es un
anti-homenaje a Viacheslav Molotov, Ministro de Asuntos Exteriores de la Unión
de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.: una sigla en la que, como dijo
Cornelius Castoriadis desde la izquierda, cada palabra era falsa (3)). Figura clave del régimen
estalinista, Molotov había suscrito en agosto de 1939 el infame pacto de no
agresión entre la Alemania nazi y la URSS.
Herrera presenta sus
respetos ante este “instrumento finlandés de resistencia a la tiranía”, utilizado
cuando Finlandia derrotó a la URSS causándole más de 200 mil bajas (4), pero por contraste
sostiene que
“El overol blanco invierte
por completo ese significado. La molotov deja de defender una comunidad
amenazada para emplearse contra la propia comunidad. No protege escuelas, las
destruye. No resiste una tiranía, corroe una de las instituciones fundamentales
de la república. Un símbolo de la defensa de la libertad termina convertido en
instrumento de devastación”.
O sea, los encapuchados
adolescentes de los liceos públicos estarían “profanando” esta arma (originalmente
“anticomunista”) al usarla en contra de la policía y la infraestructura pública.
Para ir más allá, Herrera denuncia que la semana pasada “dos niños fueron
alcanzados por bombas molotov”, de lo cual concluye que “la violencia deja de
distinguir entre culpables e inocentes”.
En verdad las imágenes
muestran el lanzamiento bastante aleatorio de artefactos incendiarios hacia la
calle, donde en un momento la flama de uno de ellos desparramada en el
pavimento alcanza la rueda de un auto, en cuyo interior en la parte de atrás había
dos niños que fueron rápidamente evacuados por los transeúntes. En el mismo
sentido, la Directora del establecimiento dijo que “uno de los encapuchados
lanza una bomba molotov a personal de Carabineros, ubicados en el exterior,
impactando a un vehículo particular que se encontraba estacionado a las afueras
del instituto, donde el artefacto incendiario provocó fuego de riesgo, comenzando
a arder el vehículo” (5). La diferencia puede
parecer de detalle, pero jurídica y políticamente es bastante relevante.
En definitiva, Herrera nos
recuerda uno de los postulados más característicos de la Criminología Crítica,
al que nos referimos con Myrna Villegas en el libro “Violencia institucional y
antiterrorismo en Chile” (Ceibo, 2026): no existen los delitos en sí mismos,
sino acciones que a veces son etiquetadas como tales, en un complejo y
conflictivo proceso de criminalización siempre selectiva y discriminatoria, que
depende de varias definiciones y mecanismos no sólo legales sino que también
políticos, culturales y sociales. En este proceso, la creación de normas penales
es impulsada por diversos grupos sociales que se encuentran en pugna por la
hegemonía o en abierto conflicto moral o político, que pretenden
descriminalizar sus propios comportamientos y al mismo tiempo criminalizar los
de los grupos rivales.
En este caso el conflicto es
evidente: Herrera nos está diciendo abiertamente que el uso de bombas
incendiarias puede ser “legítimo” como medio de defensa de una comunidad
amenazada por una tiranía. En el fondo, nos lleva al viejo problema del
“derecho de rebelión”.
Pues bien: ¿estábamos ante
ese supuesto en 1983 cuando ante las primeras protestas nacionales Pinochet
sacó a los militares a la calle causando decenas de muertos entre las
multitudes que sencillamente salían a la calle a exigir el fin de la dictadura?
¿O durante la revuelta del 2019, cuando la policía y los militares lesionaban y
mutilaban manifestantes, causando según cifras de la Fiscalía al menos 464
víctimas de trauma ocular, sin ningún tipo de obstáculo hasta que apareció la
“primera línea” para contener su avance? ¿Sería legítimo entonces usarlas para
“defender” un espacio, sea una escuela, campus universitario, fábrica en huelga
o manifestación callejera de protesta cuando es atacada por la policía en
infracción a sus propios reglamentos?
Si bien me cuesta imaginar a
Herrera aprobando el uso de coctéles molotov en ese tipo de escenarios, lo que
está claro es que para la derecha no hay mayor problema en que las “botellas
incendiarias” sean utilizadas para combatir a sus enemigos tal como se merecen.
Andrés Allamand en “No virar
izquierda” (Edimpress, 1974), crónica detallada de su lucha anti-upelienta como
alumno del Liceo Lastarria, nos da consejos sobre las mejores botellas a
utilizar: las “vineras, las que mejor se quiebran, con bencina, azúcar y aserrín
para mantener las llamas” (pág. 133). Incluso nos obsequia el relato de cómo
procedieron a incendiar completamente un trolebús en plena Providencia con Los
Leones, previa amenaza y agresión contra los pasajeros:
“-¡Abajo, abajo, vamos
andando! Si no, quemamos el trole con ustedes adentro -advirtieron. Un
viejo de anteojos trató de resistirse. Se paró y avanzó hacia los lolos con
claras intenciones de agredirlos. Sin inmutarse, el más chico lo hizo comerse
un tremendo palo en la cabeza, que de pasada le quebró los anteojos” (pág.
80 y ss.)
Cuando los “lolos” le roban
a una señora la parafina para poder consumar esta acción que hoy en día los
dejaría inscritos en el Registro Nacional de Vándalos, le dicen que “La Patria
se lo agradecerá”, y con eso al perecer desaparece el delito.
En cambio, según cuenta Manuel
Fuentes W. en las “Memorias secretas de Patria y Libertad” (Grijalbo, 1999),
Jaime Guzmán y los gremialistas de la Universidad Católica se retiraron del Movimiento
Nacionalista Patria y Libertad cuando pasaron de los talleres de autodefensa a
los de confección de molotovs.
Más recientemente en la
historia hemos visto desde las páginas de El Mercurio y otros medios una actitud
muy distinta ante las protestas callejeras y el uso de barricadas y bombas
molotov, en la medida que se usen contra la tiranía chavista en Venezuela,
donde incluso se innovó rellenando botellas con excrementos humanos,
convirtiéndose así la molotov (arma incendiaria) en “puputov” (calificada por
el gobierno venezolano de ese entonces como “arma química”), pues como señala
un ciudadano referido en Emol, “los muchachos salen solamente con piedras en
las manos. Es su arma. Ahora tienen otra arma más: excremento" (6). El trato empático que se le daba en esta
prensa a los “guarimberos”, primera línea de las protestas antichavistas del
2017 (7), contrasta totalmente con el
que se dio a la Primera Línea chilena de un par de años después, que terminó
siendo tratada como una especie de organización terrorista.
La misma visión romántica
del coctel molotov “bueno” se dejó ver cuando empezó la invasión rusa (ya no
“soviética”) de Ucrania, cuando se publicitó la situación de una chilena con
pololo ucraniano que decidió quedarse a combatir la tiranía, para lo cual
estaban dedicados a juntar botellas para llenarlas de bencina (8) (o “acelerante” como les
gusta decir en las noticias cuando hablan de violencia escolar). Tampoco habría
que olvidar que durante la revuelta nacionalista conocida como Euromaidan en el
2014 los militantes neonazis y de extrema derecha atacaron con molotovs locales
del Partido Comunista y un sindicato en Odesa, causando 42 muertos. ¿Ese uso
“anticomunista” del símbolo de resistencia finlandés es correcto para el
esquema de Herrera? No lo sabemos.
Hasta aquí, podemos concluir
con él que el problema no es el coctel en sí mismo, puesto que hay -por así
decir- coctéles buenos y coctéles malos. Son “buenos” decididamente cuando se
usan en contra de tiranías percibidas como “de izquierda”. En caso contrario,
el legislador nacional los ha considerado delitos graves sancionados en la Ley
de Control de Armas, o incluso en la antigua y la nueva Ley Antiterrorista. No
es necesario explayarse ahora en la práctica de los tribunales para entender
que las molotovs son siempre “malas” cuando las utiliza la izquierda, pues a
diferencia de la derecha que sólo se limite a defender el orden, la izquierda
busca cuestionarlo y cambiarlo.
A una conclusión similar
llegó en su momento la Corte Suprema de Chile cuando decidió no aplicarles a
los integrantes del Movimiento Nacional Socialista de Jorge González von Marées
la recién aprobada Ley de Seguridad del Estado (N°6.026 de 1937) por una
seguidilla de acciones bastante violentas, puesto que “dentro del conocimiento público que se tiene de ese
movimiento no aparece que tienda a destruir por medio de la violencia el orden
social o la organización policía y jurídica de la Nación” (9).
Todo este
debate nos vuelve a hacer ver que finalmente la “cuestión criminal” es siempre
y por sobre todo una cuestión política. Por eso mismo es que el gobierno actual
prepara indultos para policías y militares presos por graves delitos de
violencia institucional cometidos durante la represión de la revuelta del 2019.
No importa
para nada, en la lógica de la derecha, que estos uniformados hayan sido
condenados por tribunales por violar las leyes penales de la República, pero no
como cualquier otro ciudadano o particular, sino que aprovechándose de su
posición de funcionarios públicos encargados de hacer cumplir la ley, abusando
del cargo: verdadera doble profanación
que sólo pueden cometer los agentes del Estado, pero que en Chile está a punto
de ser perdonada, en abierta infracción a la Constitución, las leyes, y los
tratados internacionales de derechos humanos en que Chile es parte, porque
según se nos dice, al torturar, apremiar ilegítimamente o violentar
innecesariamente a los ciudadanos sólo estaban “cumpliendo con su deber”. Parece
que, tal como pasa con el cóctel molotov, existen indultos malos (de izquierda)
e indultos buenos (de derecha).
1.- https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2026/07/26/el-simbolo-que-profana-simbolos/
2.- Para una síntesis, ver la Observación General 24 del Comité de Derechos del
Niño, sobre los derechos del niño en el sistema de justicia juvenil, así como
la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso
Adolescentes recluidos en centros de detención e internación provisoria del
SENAME vs. Chile, 20 de noviembre de 2024.
3.- Por cierto, a diferencia de lo que creen los derechistas y los izquierdistas
más simples, siempre hubo corrientes marxistas disidentes que combatieron al
estalinismo desde la izquierda. Entre ellas, tendencias comunistas
antiautoritarias o “consejistas” (como en el caso de Castoriadis y la revista
francesa Socialisme ou Barbarie).
4.- La banda finlandesa de black metal Impaled Nazarene tiene una canción llamada
Total war/Winter war (incluida en su álbum de 1994 Suomi Finland Perkele). En
su coro señalan: “Los rusos perdieron con más de 200.000 muertos. Si quieren otra
guerra, ahora los mataremos a todos” (https://osmoseproductions.bandcamp.com/track/total-war-winter-war)
7.- Ver por ejemplo “Los jóvenes venezolanos comandan "hasta el final"
las protestas contra Maduro”, en la sección Economía y Negocios de El Mercurio
el domingo, 07 de mayo de 2017.
9.-“Contra Luis Reyes y otros. Recurso de
amparo”, Corte Suprema, Sentencia N° 67, 23 de abril de 1937, citada en: Lira y
Loveman, Poder Judicial y conflictos políticos (Chile 1925-1958), LOM, 2014, página
293.
Etiquetas: contra-represión, crim crit, crimen estético, violencia y control
martes, septiembre 08, 2026
La religión de la muerte (capítulos online)
Encontrándose agotado hace un rato el libro "La religión de la muerte", al menos en su versión chilena, resulta este un buen momento para compartir por acá los capítulos que de una u otra forma (a veces ordenada y otras veces algo enredada) se han publicado como entradas o columnas en diversos sitios amigos.
Para adentrarse en los archivos los dejo con este malafamado album de los malafamados Death in June: Nubes rosadas de holocausto (1994).
LA RELIGIÓN DE LA
MUERTE (ONLINE)
¿El fascismo ya
pasó? Presentación a la edición argentina
https://ficciondelarazon.org/2024/04/11/julio-cortes-morales-el-fascismo-ya-paso/
PARTE I:
TAXONOMÍA
1- Introducción: De “momios”, patriotas, republicanos y “fachos pobres”, o
la nueva ultraderecha como objeto de estudio
2- ¿Todos somos “cerdos fascistas”?
3- Fascismo y literatura
https://elporteno.cl/las-mil-y-una-definiciones-del-fascismo/
4- Izquierda y Derecha: desde la Revolución francesa a nuestros días
5- ¿Los extremos se tocan?, parte 1: Mishima
versus Zenkyoto
6- Revoluciones y contrarrevoluciones
https://elporteno.cl/revoluciones-y-contrarrevoluciones/
7- El esquema de Bobbio
8- Izquierda y derecha en Chile
9- Izquierda y derecha: Ultra, Extremista y Radical
10- Críticas de la Democracia
11- Neo y post (excurso anárquico)
PARTE II:
HISTORIA
1- ¿Arcaísmo o modernismo?
2- El “fascismo histórico” y su anti-ideología
3-Italia y Alemania
--
4-Konservative Revolution
5- ¿Los extremos se tocan?, parte 2: Benjamin y Schmitt
6- Sobre el supuesto elemento “revolucionario” o “socialista” en el
fascismo del siglo XX
7- Umberto Eco y el ur-fascismo (o “fascismo eterno”)
--
8- Fascismo contra la democracia y fascismo en la democracia
9- Fascismo social, político y cultural
10- El “arcaísmo técnicamente equipado”
https://ficciondelarazon.org/2026/08/25/julio-cortes-morales-el-fascismo-segun-guy-debord/
PARTE III:
MUTACIÓN
1- De la dominación formal a la real: el despliegue histórico de la
relación social capitalista (excurso marxiano)
2- El “fascismo neoliberal”
3- El viejo y el nuevo fascismo según Pier Paolo Pasolini
4- El nuevo fascismo y la proliferación de “microfascismos”
5- “Los perros andan sueltos”: Lucy Oporto y el lumpenfascismo.
PARTE IV:
BESTIARIO
1- De la tercera posición a la cuarta teoría política
2- Algunas expresiones locales: social-patriotas, nacional-sindicalistas
y otras mescolanzas
3- “Rojipardismo” y “Linkfaschismus”: los nacional-bolcheviques y
otras amalgamas de ayer y de hoy
https://elporteno.cl/ucrania-y-rusia-nazis-contra-el-fascismo/
4- ¿Los extremos se tocan?, parte 3: Peronismo y fascismo, el sorprendente
caso del Movimiento Nacionalista Tacuara
5- Posfascismo y filosofía: Fusaro y Onfray
https://elporteno.cl/posfascismo-filosofia-diego-fusaro-y-michel-onfray/
6- El aporte intelectual de la Nouvelle Droite y la reinvención
del Front National
https://elporteno.cl/la-extrema-derecha-francesa/
7- La muerte del espíritu (o el espíritu de la muerte)
8- Etnocaceristas: ¿populismo radical o postfascismo decolonial?
9- Vegan Reich: acerca de viejos y nuevos ecofascismos
10- Homonacionalismo: pinkwashing y xenofobia gay friendly
https://elporteno.cl/homonacionalismo-pinkwashing-y-xenofobia-gay-friendly%ef%bf%bc/
11- Hitleristas esotéricos, dulces nacistas y glamour nazi: ¿estetización del
fascismo y/o fascistización del arte?
PARTE V: BALANCE
1- 1922/2022: ¿Al fascismo sabremos vencer?
https://ficciondelarazon.org/2025/12/13/julio-cortes-morales-al-fascismo-sabremos-vencer/
2- Contra la religión de la muerte: algunas conclusiones no concluyentes
Etiquetas: death in june, fascistología, La religión de la muerte, nada mas práctico que una buena teoría, reflexión
jueves, agosto 13, 2026
MEMORIA SÓNICA: ACERCA DEL LIBRO “SONIC LIFE” DE THURSTON MOORE
“Esto era el punk, un
espacio acogedor donde proclamar tu identidad sexual o política, tu amor, tu
odio o tu indiferencia, sin el juicio ni el permiso de nadie. Aunque la
mentalidad de colegueo entre chicos a menudo asomaba la cabeza dentro de la
escena, en esencia el punk se definía como una celebración de la libertad. En
su universo liberado predominaba el debate, la opinión, la discusión y el
activismo. Skinheads, punks pacifistas, anarcopunks, punks arty, punks queer…todos
podíamos cohabitar y conversar entre sus sensibles muros.
Excepto los punks nazis, que
podían irse a tomar por culo”
(T. Moore)
Primera aclaración: con la
banda de rock Sonic Youth he tenido, como con varias cosas, una larga relación
de amor/odio, y también indiferencia. Supe de ellos al leer alguna referencia en
la revista argentina Cerdos & Peces, que llegaba a revisterías e incluso
kioskos del centro de Santiago a inicios de los 90. Pero sólo pude escucharlos poquito
después gracias al amigo Sebastián: un interesante sujeto que llegó a la
Escuela de Derecho desde el exilio alemán, y que no pudo traerse ningún LP pero
sí que copió en caset todo lo que pudo de lo que para nosotros parecía un nuevo
rock, dentro de varias nuevas y antiguas formas de música que íbamos
descubriendo en la era pre- internet. Como todos los sujetos más interesantes
que llegan a Pío Nono, tras un par de años se retiró, para dedicarse a algo
distinto. En su caso, el periodismo.
De sus casets escuchamos y
copiamos Daydream Nation (1988) y Goo (1990), pero además tenía algunas cosas
más antiguas, de cuando estuvieron en el sello SST, materiales que en esos años
era realmente casi imposible conseguir.
Una vez pusimos por los
altoparlantes del patio de la escuela mi copia del Goo, y justo tocó la parte
de la cinta en que estaba el momento desestructurado/noise del tema Mote. Lo
que no sabíamos es que ese pozo negro de distorsión no era tan largo en el original:
el vinilo del que Sebastián grabó su cinta, que luego todos re-copiamos, se
quedó pegado en esa parte, extendiéndose en un siniestro loop de varios minutos
de duración. Para mis amigos era un trance. El resto del alumnado protestó
hasta que hubo que ponerle STOP. Y salir a buscar cerveza en otros barrios más
céntricos. Para luego ir a la tienda La Vitrola, donde vendían casets vírgenes
y arrendaban CDs (3 días por 500 pesos). De ahí invariablemente terminábamos en
mi pieza escuchando las novedades musicales, copiando de CD a caset, y bebiendo
un poco más si alcanzaba el presupuesto. A veces no alcanzaba y veíamos tele
hasta que se acababa, bebiendo sorbos de una eterna botella de aguardiente
Lomas de Doñihue, “especial para colemono”, que uno de nosotros había sacado a
sus padres para estas ocasiones.
En fin: los sonidos de SY en
ese momento nos enamoraron. No sólo el sonido: todos amábamos a la bajista Kim
Gordon, con su belleza tan poco convencional. Incluso una vez le escribimos una
carta de amor, que afortunadamente nunca nos atrevimos a enviarle. Pero no
teníamos cómo saber que en breve estallaría el fenómeno de Nirvana y el llamado
“grunge”, y que dentro de ese gran movimiento de recuperación neoliberal de lo
poco que quedaba de la energía rebelde de la contracultura rockera, la juventud
sónica iba a jugar un rol destacado, como íconos de una juventud bastante
apática y esnob, que a través de sus sensibles acoples de guitarra pretendía
ingresar de lleno en el mundo del Avantgarde, sin darse mucho más trabajo que
eso.
Dicho lo anterior, paso a referirme
al libro. Editado en inglés el 2023, ha sido traducido al español de España (lo
cual puede ser todo un problema: ¿qué significa exactamente “colegueo” en la
cita que puse al inicio? Mientras leía tuve que consultar a amigos que viven
allá que significa “echar la pota” o “liarla parda”), siendo editado por Contra
ediciones de Barcelona el 2025.
Desde que leí “Ropa, música,
chicos” de Viv Albertine (guitarrista de las Slits) he notado que tengo una
cierta predilección por este tipo de libros autobiográficos de viejos/as cracks
del punk rock. Y este no ha sido la excepción. La parte más bella de estos
libros consiste en que logran transmitir en el relato de sus vidas los “primeros
recuerdos” musicales de la infancia, que explican el posterior fanatismo de
toda una vida dedicada al mundo del sonido: Sonic life, de hecho. Al mismo tiempo, personajes como Viv y Thurston
son alrededor de una década mayores que quien esto escribe, lo cual genera un
efecto muy interesante, pues tienen recuerdos más detallados de una época en
que ellos ya eran jóvenes mientras mi generación aún alternaba entre ir a la
escuela básica y pelusear en las calles del barrio. La TV era en blanco y negro
y había uno o dos canales. Recuerdo como a fines de los 70 en la Población La
Pampa de La Serena los más grandes tenían dibujos de Kiss en las paredes de sus
piezas compartidas con hermanos/as más chicos y nos abandonaban a cierta hora de
la tarde para ir a ver The Midnight Special.
El libro abunda en recuerdos
familiares de los 60 y 70, con viajes y traslados de unos esforzados y muy empáticos
padres. En medio de la vida adolescente en provincias alejadas de los más
grandes centros urbanos, también llegó el rock and roll, seduciendo a distintas
hordas de espinilludos con sonidos prog, heavy metal y glam…para aportar una
verdadera renovación revolucionaria hacia 1976 con el surgimiento del punk rock,
que para Morre llegó de la mano de Pattu Smith y los Ramones. Cuando los
alumnos más viejos del Instituto se burlaban de su gusto diciendo “¡El punk es
una mierda, tío, ni siquiera es música!”, su respuesta fue lapidaria: “Hey
ho, let´s go. Nunca dijimos que lo fuera”.
Thurston estuvo ahí, primero
como fanático y después también como músico, y decidió vivir de lleno el
proceso yéndose a vivir en departamentos de mala muerte en la violenta y contracultural
ciudad de Nueva York. Sus andanzas musicales y psicogeográficas aparecen
relatadas aquí, y permiten dar una mirada cercana a la escena más filosa y
extrema de las que dio la resaca post punk: la llamada “no wave”, una especie
de ultraizquierda del punk, o si se quiere, la Avantgarde dentro del
movimiento. En esa hebra se engancha la historia de Sonic Youth, sus contactos con
el guitarrista y compositor Glen Branca, Lydia Lunch, variados personajes
lumpen bohemios y un cúmulo de otras formaciones (anti) musicales de las cuales
creo que sólo los Swans pasaron a ser relativamente conocidos, dejando en el
under del under a grandes proyectos como UT, Mars, The Static, DNA, Contortions,
Mofungo o Theoretical Girls. ¡Vale la
pena escuchara todas esas bandas! Tal
como dijo Lester Bangs en su inédito “Free jazz/Punk rock”, eran de los más
refrescante que se estaba haciendo en esos años, los últimos estertores de la
oleada de creatividad radical proveniente del 68 global.
De los testimonios de la escena
Avant-punk de NY pasamos sin solución de continuidad a la prehistoria de Sonic
Youth, desde sus orígenes en formato de tres guitarras: Thurston y su novia Kim
Gordon, más Lee Ranaldo. Afinaciones inusuales en guitarras baratas destrozadas
generaban climas que dieron lugar a canciones de un tipo de punk rock que se
basaba en el ruido, y en influencias tan disímiles como el dub reggae y el
krautrock. Así surgió, por ejemplo, The Burning Spear. Tras una serie de
conciertos y giras marginales salen los primeros discos, desde la sobriedad claustrofóbica
y no wave del primer disco homónimo (1982) en Neutral Records, a Confusion is
Sex (1983), con su portada en blanco y negro, partiendo con “She is in a bad mood”
(inspirada en la peligrosamente sexy Lydia Lunch), seguida de un intenso cover
de los Stooges (“Ahora quiero ser tu perro”) cantado a alaridos por Kim, y los
experimentos caseros de Lee en guitarra percusiva. De esta misma época data el
extraordinario documento “Sonic Death-Early Sonic-1981-83”, que una vez conseguí
en la edición en CD de SST records 1988, después descontinuada y nunca más la
he visto en nuevas versiones.
Nada del sonido de SY en ese
momento podía hacer presagiar su tremendo éxito futuro como banda emblema del
alt-rock en la era MTV. Un éxito tal que incluso ahora, años después de la
disolución del combo noise, pude ver a Kim Gordon y su hija en una publicidad
gigante creo que de la tienda HM en las inmediaciones del metro Chile-España. Lo
cual no me extrañó tanto, pues años antes me topé una vez a Henry Rollins en la
vitrina de una tienda de zapatillas Vans.
Las memorias de Thurston se
extienden en detalle tanto a los más duros años iniciales de miseria y obstinación,
con una verdadera morgue de bateristas hasta que dan con Steve Shelley (de los
Crucifucks), como a lo que vino después, cuando a mediados de los 80 y desde el
denostado sello SST, ligado a la banda Black Flag, entregaran algunos de los grandes
discos de rock de esa época: Bad Moon Rising (1985), EVOL (1986) y Sister
(1987). Para algunos puristas (me incluyo), la edad de oro de SY llegó hasta
aquí nomás. Aunque no me atrevo a despreciar el doble álbum Daydream Nation de
1988, lo veo como una merecida despedida, justo antes de sumergirse en el mundo
de las multinacionales durante toda la década siguiente, cuando como el mismo
Thurston dice, generaban sólo dos tipos de reacción: adoración acrítica, o caer
mal.
El relato está plagado de anécdotas
que me parecen muy graciosas, como la historia de la canción “Flower” (incluido
en BMR): el bueno de Thurston pegó en la pared de la cocina de la casa
compartida con su novia y bajista Kim una foto de calendario de una hermosa mujer
latina en nada más que unos diminutos calzones. Para no quedar mal, le agregó a
lápiz un mensaje supuestamente pro feminista: “APOYA EL PODER DE LAS MUJERES /
UTILIZA EL PODER DEL HOMBRE / APOYA LA FLOR DE LAS MUJERES / USA LA PALABRA:
CULEAR / LA PALABRA ES AMOR” (aclaro que he chilenizado un poco estas
traducciones para efectos de esta nota). Luego, inventando un tema nuevo, Kim
cantó el texto que su novio había agregado al calendario hot, para añadir
luego:
Hay
una chica nueva en tu vida
Pelo
largo rojizo ondulado
Verdes,
verdes labios y ojos púrpura
Caderas
muy delgadas y grandes pechos morenos
Colgada
en la pared de tu casa
Un
extremo cortado, el otro rasgado.
Por si esto no fuera gracioso
en sí mismo, observen lo que a continuación reflexiona el autor: “Esperaba que
el hecho de que Kim se hubiera inspirado en mis versos, en donde había una
insinuación erótica acompañada de una declaración de unión feminista, implicara
que quedaba exonerado de cualquier agresividad que hubiera podido sugerir el
resto. Pero nunca llegamos a hablar de ello abiertamente, solo a través de la composición
de canciones”. Embarrasing, my friend. Como cada vez que un onvre se las
da -así como si nada- de aliado feminista.
También me hizo mucha gracia
que un tipo tan proclamadamente admirador de toda forma de arte de vanguardia
se viera totalmente desconcertado al ver a los anarcopunks ingleses de Crass tocando
en vivo en NY en junio de 1978, junto a un puñado de bandas no wave en un loft
en el SoHo:
“No se parecían a nada de lo
que había sonado esa noche, y mucho menos a lo que sonaba habitualmente en el
centro de la ciudad: cada miembro iba vestido con un brazalete atado a la
camisa. Procedieron a aullar y gritar con furia y gravedad.
Los pocos que estábamos en
el loft éramos artistas que vivíamos en el Bajo Manhattan. Nuestra rabia la
dirigíamos sobre todo hacia las hormigas que invadían nuestro tarro común de mantequilla
de maní. Pero aquellos tipos estaban enloquecidos, no dejaban de pegar gritos y
el guitarrista aporreaba acordes disonantes sin cejilla que sonaban ¡Whaammm! ¡Whaammm!
¡Whaammm!
Todos nos mirábamos como
diciendo: “¿Pero qué chucha es esto?”. Para nosotros, los colgados y
descontentos de la escuela de arte, aquello era algo absoluta e
incongruentemente militante”.
¿Pero cómo, Thurston!? ¡En verdad
un hombre tan avanguardista como tú no podía simplemente relajarse y disfrutar
el tupa-tupa con singalonga caótico y disonante de la buena gente de Crass? De
ser así, eso explica muchas cosas…
Lo que viene después del
final de los 80 musicalmente ya no me interesa casi nada. Dejé de escuchar la
banda después del Dirty (1992), que en su momento disfruté moderadamente y
ahora me parece insoportablemente fome. Le
di una oportunidad a Experimental Jet Set (1994), Washing Machine (1995) y NYC
Ghosts and flowers (2000, con una linda portada de William S. Burroughs), pero
nunca me afectaron demasiado. Incluso
los fui a ver en vivo en el Parque O´Higgins en marzo del 2009 junto a dos
amigos, pero lo más entretenido que pasó fue que unos carabineros en moto nos
controlaron y nos obligaron a tomarnos rápido las latas de cerveza Escudo de
medio litro que portábamos como condición para no llevarnos detenidos. La
entraba era la más barata, y desde la galería lateral se podría ver a una
multitud enardecida de jóvenes rubios que pagaron las entradas más caras celebrando
acríticamente al ensamble, que por lo demás ya no estaba en muy buena
condición, además de que nunca entendí de qué les servía tener dos bajistas
(Kim Gordon y un loco de Pavement) si apenas sonaba menos que uno. Era lindo
escuchar algunos viejos hits, pero claramente el aura de la banda, el misterio
y fascinación que generaba en los oscuros años 80, ya no existía. O al menos,
no para mí.
Thurston remata con
elegancia el libro contando discretamente el final de su relación amorosa y la
despedida de la banda con el álbum The Eternal del 2009, que jamás he escuchado
y que ahora que ya han pasado 17 años (¡toda una dictadura!) tal vez recién
me atreva a degustar.
Hey ho, let´s go.
Etiquetas: memoria negra, no wave, noise, psicogeografía, punk rock, rock (no punk)






