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sábado, octubre 31, 2026

Bicicleta Blanca 

 


BICICLETA BLANCA


1.-

“My white bicycle” (Nazareth)

Los rockeros escoceses de Nazareth tuvieron uno de sus primeros grandes éxitos radiales en 1975 con la canción “My white bicycle”, que decía más o menos así:

Mi bicicleta blanca, mi bicicleta blanca

Pedaleando por la calle

Cuatro en punto de la mañana y todos duermen

No estoy cansado y es tan tarde

Moviéndose rápido todo se ve grandioso

Después glorifican la sensación de ir pedaleando sin importar la lluvia en la cara ni el viento que azota el pelo mientras pasan las gaviotas, y prosiguen refiriendo un encuentro con un agente del control social:

Un policía me grita pero no lo veo

Ellos son algo en que no creo

Busca acusarme y no se va

Alza las dos manos, su cabeza desgraciada

Ninguna luz me ilumina

A través de la oscuridad, seguimos avanzando

Mi bicicleta blanca y yo.

2.-

Mañana y pasado mañana

La canción en verdad era el single debut de la banda inglesa Tomorrow, lanzado en mayo de 1967, pero los de Naz la hicieron propia con esta versión grabada y promocionada como single, que ya no recuerdo si fue interpretada cuando fracasaron en vivo ante todo Chile en el festival de Viña del Mar en febrero de 1985, y La Estrella de Valparaíso los tildó de “rotos, guatones y pencas”. Semanas antes el mismo diario había anunciado: “Nazareth reventará la Quinta”.

Creo que, aunque el tema en sí mismo no me vuela la cabeza, pocas canciones describen mejor esa sensación de libertad casi total que da andar a deshoras por donde uno quiera, y más encima evadiendo a la policía gracias a la noche y el poder de las sombras.

Algo similar se sentía al andar en bicicleta durante los primeros días o más bien noches de revuelta en el 2019. Recuerdo la euforia del 19 de octubre en la tarde, cuando en medio de montones de bicicletas que transitaban por calles vacías de vehículos motorizados, ya empezando el toque de queda, un muchacho gritaba: “¡así va a ser a partir de ahora!”. Y claro: la situación no fue eterna, pero tampoco se olvida. Como recuerdo que dijo Furio Jesi en Spartakus: si la revolución apunta al mañana, la revuelta al pasado mañana.

3.-

Provos: bicicletas blancas en Amsterdam

Durante la revuelta global del “68” -que no fue sólo estudiantil, no ocurrió sólo en Francia, y no empezó ni terminó en el año 1968- uno de los movimientos juveniles más llamativos de la “Nueva Izquierda” fueron los Provos de Holanda. El nombre es un típico caso de aceptación de la etiqueta con que era señalados y criminalizados, en este caso, la de “provocadores”.

Los provos se vestían de blanco y teorizaron sobre la existencia de un nuevo “provotariado”. Dentro de sus famosos “Planes Blancos” uno de sus proyectos más emblemáticos fue el de la bicicleta blanca, que es de donde tomaron inspiración los de Tomorrow para componer su canción. El baterista de Tomorrow lo explicó así: “Tienen bicicletas blancas en Amsterdam que usan y dejan por toda la ciudad. Si quieres ir a algún lugar, tomas una bicicleta, vas y luego la dejas por ahí. Quienquiera que necesite las bicis las toma y luego las deja cuando ya no las necesita”.

Mientras Tomorrow grababa la canción en los estudios Abbey Road, donde al mismo tiempo los Beatles grababan el “Sgt. Pepper”, John Lennon se asomó y luego dijo en la revista Melody Maker que la canción iba a ser un “himno sicodélico”. En efecto, el guitarrista Steve Howe (que luego se hizo famoso en la banda de rock progresivo Yes, que aún lidera y que acaba de sacar su vigesimocuarto álbum “Aurora”) le daba todo un toque con efectos raros y cintas al revés, propio del espíritu de la época. En una parte el tema requería de un silbato policial, y entonces fueron a la calle a preguntarle a un policía si podía ir a hacerlo sonar en el estudio. El policía aceptó y sopló su silbato frente al micrófono, sin importar que todos en el estudio estuvieran fumando marihuana: En fin, ¡eran los años 60!

La canción no tuvo éxito en los rankings, hasta que la versión más simple y menos sicodélica de Nazareth llegó al lugar 14 de los singles más vendidos: ocho años después, y pocos meses antes de la explosión punk.

4.-

Bicicletas en las barricadas (I)

El potencial subversivo de la bicicleta quedó claro luego de la insurrección del 2 de abril de 1957 en Santiago. Luego de la gran asonada motivada por las alzas en el transporte público, con violentos combates en que la policía fue prontamente derrotada, Ibañez en su segundo gobierno optó por decretar el estado de sitio y sacar a los militares a la calle, los que en pocas horas mataron a una treintena de personas.

El general Horacio Gamboa leyó por radio el “Parte de Guerra”, ofreciendo el siguiente recuento: “La situación en la capital está bajo el absoluto control de las fuerzas militares y policiales. El enemigo ha sufrido dieciocho muertos y alrededor de quinientos heridos. Las tropas tienen orden de disparar a discreción contra cualquiera que cause desórdenes o vulnere el toque de queda”.

En su “Historia y memoria: el 2 de abril de 1957” (LOM 2007), detallada investigación sobre este acontecimiento publicada que partió días antes en Valparaíso y luego Concepción, Pedro Milos cuenta que tras la “Batalla de Santiago” muchos insurrectos pernoctaron en el Cerro Huelén (Santa Lucía), y se desplazaban a todos lados en bicicletas, burlando así los controles militares gracias al silencioso medio de transporte y la ayuda de las sombras y la oscuridad.

Medio siglo después, tras la muerte del anarquista Mauricio Morales por la explosión inesperada del artefacto explosivo que portaba mientras se desplazaba en bicicleta en las inmediaciones de la Escuela de Gendarmería en el centro de Santiago, dado que unas cámaras registraron el paso de un segundo ciclista, la Fiscalía llevó a cabo numerosos allanamientos en los días y meses siguientes, en que de acuerdo a sus propias estimaciones incautaron alrededor de 200 bicicletas.

Una de las imágenes más bellas que conservo en la retina es la de un anarquista que conocía que estuvo preso cerca de un año por una expropiación fallida, y a quien divisé andando en bicicleta bajo los rayos del sol primaveral poco después de salir en libertad, mientras yo iba a bordo de una micro bajando por Grecia con Vicuña Mackenna. Parecía flotar arriba de la bici, con sus cabellos negros al viento y ninguna preocupación por nada más que disfrutar ese momento de libertad. Por supuesto, iba sin casco.

5.-

Porrazos en el Norte chico

Mientras Nazareth brindaba su versión de “Mi bicicleta blanca”, durante el breve reinado que tuvo la banda a mediados de los 70 con su álbum “Hair of the Dog” (título además de una de sus mejores canciones, que les dio mala fama en el Festival de Viña por la alusión en el coro a un “son of the bitch”, que malintencionados e ignorantes periodistas interpretaron como un insulto al respetable Monstruo, y que lamentablemente muchos sólo conocieron en la versión noventera de Guns and Roses), yo aprendía a pedalear en las pavimentadas calles de la Población La Pampa en La Serena. Aún recuerdo cómo me impulsaban desde ambos costados una hermana y un compañero de barrio que iba a la misma escuela, hasta que sentí que ya iba andando solo, lo que me causó una sensación extrema de orgullo y felicidad, hasta que me di cuenta de que no sabía cómo frenar, pues la bici en cuestión usaba el mecanismo del freno-torpedo. Mi padre salió a ver, y me gritaba “¡pedalea hacia atrás!”, pero nunca he tengo mucho sentido práctico, así que no entendí su instrucción y cuando ya me cansé de andar, sencillamente choqué de frente contra la cuneta y me saqué la cresta. Pero los pelones en manos y rodillas no me quitaron la alegría que sentía, y que recuerdo cada vez que alcanzo mi momento favorito del pedaleo: cuando tomo una calle en bajada y puedo avanzar rápido con el puro vuelo durante un buen rato, sintiéndome como lo más parecido a un ave planeadora. Poco después nos visitó un primo desde Valparaíso, que también aprendió a andar en esa misma bici y enfrentó el mismo problema a la hora de querer frenar. Recuerdo los nervios que sentí al verlo atravesar la avenida Balmaceda entremedio de unas micros, y que tras perderlo un rato regresó caminando con la bici a un costado, lleno de puntitos de sangre pues para detenerla se lanzó a un costado del humedal que teníamos cerca (al que llamábamos “el Bosque”), sin reparar en el alambre púa que lo cercaba. Algunos meses después mi primo y yo protagonizamos en accidente junto a un tío veinteañero que llegó en su “mediapista” desde Valparaíso hasta Tongoy, donde estábamos veraneando en masa: al ofrecerse a llevarnos a los dos cabros chicos arriba de la bici, para ir a unos juegos por ahí cerca donde tal vez lo más emocionante eran las “sillas voladoras”, ocurrió que al tomar una curva la punta del zapato de mi primo se atascó en los rayos de una rueda y volamos los tres por los aires aterrizando con la cara arrastrada por el pavimento. De todos modos, nosotros quedamos en mejor estado que esa pobre bicicleta.

6.-

La revolución y lxs que la quisimos tanto

Las bicicletas blancas de los provos holandeses parecen hoy en día tan lejanas como las posibilidades revolucionarias que se vislumbraron entre 1968 y 1973.  Y si bien no es revolucionario en sí mismo dejar bicicletas comunitarias esparcidas por la ciudad, de todos modos creo que lo que menos se podría decir es que el acto es subversivo, en el sentido de que escapa aunque sea parcial o ligeramente de las imposiciones de la sociedad mercantil. Aunque puede que en este punto esté amarillando sin querer queriendo -a medida que envejezco tiende a pasarme eso-, pues por algo los situacionistas en su famoso panfleto de 1967 “De la miseria en el medio estudiantil considerada bajo sus aspectos económico, político, psicológico, sexual y sobre todo intelectual y de algunos medios para remediarla”, denostan a los Provos -que entre sus cabezas visibles tenía al ex situ Constant- como “reformistas de la vida cotidiana” que “optando por lo fragmentario acaban aceptando la totalidad”.

PS: a Constant lo echaron de la Internacional Situacionista tan temprano como en 1960 bajo la acusación de “influencia desastrosa”. Los hechos de la acusación consistían, si mal no recuerdo, en que un socio de la oficina del arquitecto Constant había aceptado diseñar o remodelar una iglesia.

Ya se sabe: “Todo el mundo tiene una forma de traicionar la revolución. Esta es la mía” (Leonard Cohen). Y a las finales, nadie puede ajustarse 100% a los requerimientos de su superyó marxista leninista y/o anarco situacionista.

7.-

Animitas

“Ánima bendita, por tu muerte, quizás más cruel que mi vida, estás muy cerca de Dios”, decía el folclorólogo Oreste Plath, quien señalaba que su antecedente es la apacheta, “montículos de piedras acumuladas por los indígenas altiplánicos en lugares considerados sagrados, y en los que eran depositadas ofrendas para invocar protección divina en los caminos”. 

En Chile se ha empezado a usar desde hace algún tiempo la bicicleta blanca como “animita”, adornando los numerosos lugares de la ciudad y también caminos rurales y carreteras en que una persona pierde la vida aplastada por vehículos motorizados. Esa cifra incluye a no pocos amigos y conocidos. Los recuerdo bastante. Sus terribles muertes (más bien asesinatos) nos recuerdan que la opción por pedalear es a la vez hermosa y altamente peligrosa. La posibilidad de ser arrollado por autos, camiones y buses siempre está presente, y tampoco hay que descartar la gran cantidad de accidentes que ocurren por imprudencia de peatones y también de otros ciclistas (algunos de ellos bastante neoliberales más que anárquicos en sus costumbres antisociales) y de uno mismo. Si llegara a caer así, pido una bicicleta negra tal como la que uso hace tiempo, no una blanca. (Tampoco me molesta si es roja o rojinegra).

8.-

Bike Itaú

Otras bicicletas seudocomunitarias de que hemos tomado nota son esas como las Bike Itaú y Mobike, que mediante aplicaciones y pagos online permiten ser usadas en algunos puntos de la ciudad y dejadas por ahí una vez que se termina el trayecto. Es decir, se trataría de una especie de recuperación o versión capitalista neoliberal de la utopía concreta de la bicicleta blanca.

Siempre vi bicis bastante feas y aparentemente muy incomodas prestando ese dudoso servicio, que tiene la virtud de recordarnos que la Contrarrevolución Neoliberal iniciada en 1973 se caracterizó por movilizar los deseos contraculturales “sesentayochistas” hacia formas de realización que ya no tuvieran ningún potencial emancipador, sino todo lo contrario. Como dijo Joe Strummer en “(White man) in Hammersmith Palais”, una canción lanzada como single en junio de 1978: “ha you think it's funny, turning rebellion into money” (O sea: “ja, piensas que es divertido convertir la rebelión en dinero?” -y vaya que sabían de eso los Ramones, los Sex Pistols y los Clash-). También lo sabía Mark Fisher, que en una de las últimas clases que hizo antes de cometer suicidio a inicios del 2017 le explicaba a su alumnado que “el capitalismo incorpora las rebeliones previas, especialmente la rebelión creativa y artística, y luego la vuelve a vender como este nuevo espíritu del capitalismo”.

La contrarrevolución no solo es lo opuesto a la revolución, sino que también una revolución en sentido opuesto. Y si la revolución era molecular, también lo fue la contrarrevolución.

9.-

Bicicletas en las barricadas (II)

En los últimos tiempos esas bicis parecen haber sido desplazadas por monopatines eléctricos, y recuerdo que en diversos momentos de la revuelta de la primavera del 2019 muchas Bike Itaú ardieron todas apiladas en medio de las intensas barricadas incendiarias que proliferaban de una manera nunca antes vista. Hay una foto de una pila de esos horribles esperpentos ardiendo en el libro “Evade Chile. Reporte de una insurrección”.

10.-

“Fire music” (Archie Shepp)

Que ardan de nuevo nomás, cuando llegue el momento. En el comunismo anárquico tendremos bicicletas voladoras.

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jueves, septiembre 10, 2026

¿MOLOTOVS DE DERECHA vs. MOLOTOVS DE IZQUIERDA?  

HUGO HERRERA Y LA PROFANACIÓN DE LA BOTELLA INCENDIARIA.



Del lat. profanāre.

  1. Tratar algo sagrado sin el debido respeto, o aplicarlo a usos profanos.
  2. Deslucir, desdorar, deshonrar, prostituir, hacer uso indigno de cosas respetables.

(“Profanar”, DRAE)

Por alguna razón que no conozco bien me he acostumbrado a leer todos los domingos la columna dominical del filósofo-abogado (¿o abogado-filósofo?) Hugo Herrera en El Mostrador.

En la última del mes de julio, “El símbolo que profana símbolos” (1) se dedica a fustigar el fenómeno de los overoles blancos en Liceos emblemáticos, acusándolos de una doble profanación. Después de hacer ver que “no destruyen solamente instituciones. También invierten símbolos”, apunta a la primera profanación, que sería la destrucción de la Escuela pública y los Liceos, que “en nombre de la liberación fueron arrasados”. La segunda, realmente curiosa, es la profanación del “cóctel molotov”, cuyo origen histórico estaría en la Guerra de Invierno (1939-1940) en que Finlandia resistió con gran desventaja logística la invasión soviética: “botellas incendiarias (que) expresaban la decisión de un pueblo de defender su libertad cuando ya casi no quedaban medios para hacerlo”.

Sobre lo primero, sólo señalaré que desde hace décadas la Criminología y diversos instrumentos normativos internacionales insisten en estudiar y diseñar cuidadosamente la respuesta estatal y social frente a la llamada “delincuencia juvenil” (2), tanto en su faceta de delito común (estrategias de sobrevivencia de una parte minoritaria pero relevante de la población adolescente), como en otras formas de violencia o infracción de leyes penales cometidas por adolescentes, en vez de dar una tras otra señal de “mano dura” y políticas penales que no sólo no resuelven sino que empeoran el problema.

La cuestión del “vandalismo”, la “inversión de símbolos” y el carácter expresivo o no utilitario de ciertas infracciones juveniles ha sido estudiada en detalle desde mediados del siglo XX por teorías criminológicas como las de las subculturas (Albert Cohen) y la asociación o aprendizaje diferencial (Edwin Sutherland), así como por David Matza en obras como “Delincuencia y deriva” (Siglo XXI, 2014). Por supuesto, las recomendaciones de Política criminal basadas en evidencia científica no han sido escuchadas en Chile, donde desde el cambio de siglo el populismo penal campea sin contrapeso alguno, de derecha a izquierda, esgrimiendo el aumento de delitos y penas como varita mágica y negándose a toda reflexión seria sobre estos temas tan complejos. Herrera se suma a este simplismo político-criminal cuando culpa a los “overoles blancos” de “destruir la comunidad”, sin intentar siquiera comprender cómo viven algunos adolescentes el proceso actual de agotamiento estructural de la familia y la escuela como instancias de socialización, en medio del crecimiento del crimen organizado, y qué significado tienen para ellos mismos estas acciones transgresoras que como él mismo señala, tienen como objetivo la “liberación”. No: es mucho más fácil -como siempre- culpar a los jóvenes, aunque en el discurso conspirativo de Herrera existen además responsabilidades políticas e intelectuales “aguas arriba”, donde -como siempre- encuentra al PC y al FA.

En esta ocasión quiero centrarme en el segundo punto que plantea Herrera, el curioso pero interesante argumento relativo al “verdadero espíritu” de la bomba molotov, cuyo nombre es un anti-homenaje a Viacheslav Molotov, Ministro de Asuntos Exteriores de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.: una sigla en la que, como dijo Cornelius Castoriadis desde la izquierda, cada palabra era falsa (3)). Figura clave del régimen estalinista, Molotov había suscrito en agosto de 1939 el infame pacto de no agresión entre la Alemania nazi y la URSS.

Herrera presenta sus respetos ante este “instrumento finlandés de resistencia a la tiranía”, utilizado cuando Finlandia derrotó a la URSS causándole más de 200 mil bajas (4), pero por contraste sostiene que

“El overol blanco invierte por completo ese significado. La molotov deja de defender una comunidad amenazada para emplearse contra la propia comunidad. No protege escuelas, las destruye. No resiste una tiranía, corroe una de las instituciones fundamentales de la república. Un símbolo de la defensa de la libertad termina convertido en instrumento de devastación”.

O sea, los encapuchados adolescentes de los liceos públicos estarían “profanando” esta arma (originalmente “anticomunista”) al usarla en contra de la policía y la infraestructura pública. Para ir más allá, Herrera denuncia que la semana pasada “dos niños fueron alcanzados por bombas molotov”, de lo cual concluye que “la violencia deja de distinguir entre culpables e inocentes”. 

En verdad las imágenes muestran el lanzamiento bastante aleatorio de artefactos incendiarios hacia la calle, donde en un momento la flama de uno de ellos desparramada en el pavimento alcanza la rueda de un auto, en cuyo interior en la parte de atrás había dos niños que fueron rápidamente evacuados por los transeúntes. En el mismo sentido, la Directora del establecimiento dijo que “uno de los encapuchados lanza una bomba molotov a personal de Carabineros, ubicados en el exterior, impactando a un vehículo particular que se encontraba estacionado a las afueras del instituto, donde el artefacto incendiario provocó fuego de riesgo, comenzando a arder el vehículo” (5). La diferencia puede parecer de detalle, pero jurídica y políticamente es bastante relevante.

En definitiva, Herrera nos recuerda uno de los postulados más característicos de la Criminología Crítica, al que nos referimos con Myrna Villegas en el libro “Violencia institucional y antiterrorismo en Chile” (Ceibo, 2026): no existen los delitos en sí mismos, sino acciones que a veces son etiquetadas como tales, en un complejo y conflictivo proceso de criminalización siempre selectiva y discriminatoria, que depende de varias definiciones y mecanismos no sólo legales sino que también políticos, culturales y sociales. En este proceso, la creación de normas penales es impulsada por diversos grupos sociales que se encuentran en pugna por la hegemonía o en abierto conflicto moral o político, que pretenden descriminalizar sus propios comportamientos y al mismo tiempo criminalizar los de los grupos rivales.

En este caso el conflicto es evidente: Herrera nos está diciendo abiertamente que el uso de bombas incendiarias puede ser “legítimo” como medio de defensa de una comunidad amenazada por una tiranía. En el fondo, nos lleva al viejo problema del “derecho de rebelión”.

Pues bien: ¿estábamos ante ese supuesto en 1983 cuando ante las primeras protestas nacionales Pinochet sacó a los militares a la calle causando decenas de muertos entre las multitudes que sencillamente salían a la calle a exigir el fin de la dictadura? ¿O durante la revuelta del 2019, cuando la policía y los militares lesionaban y mutilaban manifestantes, causando según cifras de la Fiscalía al menos 464 víctimas de trauma ocular, sin ningún tipo de obstáculo hasta que apareció la “primera línea” para contener su avance? ¿Sería legítimo entonces usarlas para “defender” un espacio, sea una escuela, campus universitario, fábrica en huelga o manifestación callejera de protesta cuando es atacada por la policía en infracción a sus propios reglamentos?

Si bien me cuesta imaginar a Herrera aprobando el uso de coctéles molotov en ese tipo de escenarios, lo que está claro es que para la derecha no hay mayor problema en que las “botellas incendiarias” sean utilizadas para combatir a sus enemigos tal como se merecen.

Andrés Allamand en “No virar izquierda” (Edimpress, 1974), crónica detallada de su lucha anti-upelienta como alumno del Liceo Lastarria, nos da consejos sobre las mejores botellas a utilizar: las “vineras, las que mejor se quiebran, con bencina, azúcar y aserrín para mantener las llamas” (pág. 133). Incluso nos obsequia el relato de cómo procedieron a incendiar completamente un trolebús en plena Providencia con Los Leones, previa amenaza y agresión contra los pasajeros:

“-¡Abajo, abajo, vamos andando! Si no, quemamos el trole con ustedes adentro -advirtieron. Un viejo de anteojos trató de resistirse. Se paró y avanzó hacia los lolos con claras intenciones de agredirlos. Sin inmutarse, el más chico lo hizo comerse un tremendo palo en la cabeza, que de pasada le quebró los anteojos” (pág. 80 y ss.)

Cuando los “lolos” le roban a una señora la parafina para poder consumar esta acción que hoy en día los dejaría inscritos en el Registro Nacional de Vándalos, le dicen que “La Patria se lo agradecerá”, y con eso al perecer desaparece el delito.

En cambio, según cuenta Manuel Fuentes W. en las “Memorias secretas de Patria y Libertad” (Grijalbo, 1999), Jaime Guzmán y los gremialistas de la Universidad Católica se retiraron del Movimiento Nacionalista Patria y Libertad cuando pasaron de los talleres de autodefensa a los de confección de molotovs.

Más recientemente en la historia hemos visto desde las páginas de El Mercurio y otros medios una actitud muy distinta ante las protestas callejeras y el uso de barricadas y bombas molotov, en la medida que se usen contra la tiranía chavista en Venezuela, donde incluso se innovó rellenando botellas con excrementos humanos, convirtiéndose así la molotov (arma incendiaria) en “puputov” (calificada por el gobierno venezolano de ese entonces como “arma química”), pues como señala un ciudadano referido en Emol, “los muchachos salen solamente con piedras en las manos. Es su arma. Ahora tienen otra arma más: excremento" (6).  El trato empático que se le daba en esta prensa a los “guarimberos”, primera línea de las protestas antichavistas del 2017 (7), contrasta totalmente con el que se dio a la Primera Línea chilena de un par de años después, que terminó siendo tratada como una especie de organización terrorista.

La misma visión romántica del coctel molotov “bueno” se dejó ver cuando empezó la invasión rusa (ya no “soviética”) de Ucrania, cuando se publicitó la situación de una chilena con pololo ucraniano que decidió quedarse a combatir la tiranía, para lo cual estaban dedicados a juntar botellas para llenarlas de bencina (8) (o “acelerante” como les gusta decir en las noticias cuando hablan de violencia escolar). Tampoco habría que olvidar que durante la revuelta nacionalista conocida como Euromaidan en el 2014 los militantes neonazis y de extrema derecha atacaron con molotovs locales del Partido Comunista y un sindicato en Odesa, causando 42 muertos. ¿Ese uso “anticomunista” del símbolo de resistencia finlandés es correcto para el esquema de Herrera? No lo sabemos.

Hasta aquí, podemos concluir con él que el problema no es el coctel en sí mismo, puesto que hay -por así decir- coctéles buenos y coctéles malos. Son “buenos” decididamente cuando se usan en contra de tiranías percibidas como “de izquierda”. En caso contrario, el legislador nacional los ha considerado delitos graves sancionados en la Ley de Control de Armas, o incluso en la antigua y la nueva Ley Antiterrorista. No es necesario explayarse ahora en la práctica de los tribunales para entender que las molotovs son siempre “malas” cuando las utiliza la izquierda, pues a diferencia de la derecha que sólo se limite a defender el orden, la izquierda busca cuestionarlo y cambiarlo.

A una conclusión similar llegó en su momento la Corte Suprema de Chile cuando decidió no aplicarles a los integrantes del Movimiento Nacional Socialista de Jorge González von Marées la recién aprobada Ley de Seguridad del Estado (N°6.026 de 1937) por una seguidilla de acciones bastante violentas, puesto que “dentro del conocimiento público que se tiene de ese movimiento no aparece que tienda a destruir por medio de la violencia el orden social o la organización policía y jurídica de la Nación” (9).

Todo este debate nos vuelve a hacer ver que finalmente la “cuestión criminal” es siempre y por sobre todo una cuestión política. Por eso mismo es que el gobierno actual prepara indultos para policías y militares presos por graves delitos de violencia institucional cometidos durante la represión de la revuelta del 2019.

No importa para nada, en la lógica de la derecha, que estos uniformados hayan sido condenados por tribunales por violar las leyes penales de la República, pero no como cualquier otro ciudadano o particular, sino que aprovechándose de su posición de funcionarios públicos encargados de hacer cumplir la ley, abusando del cargo:  verdadera doble profanación que sólo pueden cometer los agentes del Estado, pero que en Chile está a punto de ser perdonada, en abierta infracción a la Constitución, las leyes, y los tratados internacionales de derechos humanos en que Chile es parte, porque según se nos dice, al torturar, apremiar ilegítimamente o violentar innecesariamente a los ciudadanos sólo estaban “cumpliendo con su deber”. Parece que, tal como pasa con el cóctel molotov, existen indultos malos (de izquierda) e indultos buenos (de derecha).





NOTAS:

2.-  Para una síntesis, ver la Observación General 24 del Comité de Derechos del Niño, sobre los derechos del niño en el sistema de justicia juvenil, así como la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Adolescentes recluidos en centros de detención e internación provisoria del SENAME vs. Chile, 20 de noviembre de 2024.

3.- Por cierto, a diferencia de lo que creen los derechistas y los izquierdistas más simples, siempre hubo corrientes marxistas disidentes que combatieron al estalinismo desde la izquierda. Entre ellas, tendencias comunistas antiautoritarias o “consejistas” (como en el caso de Castoriadis y la revista francesa Socialisme ou Barbarie).

4.- La banda finlandesa de black metal Impaled Nazarene tiene una canción llamada Total war/Winter war (incluida en su álbum de 1994 Suomi Finland Perkele). En su coro señalan: “Los rusos perdieron con más de 200.000 muertos. Si quieren otra guerra, ahora los mataremos a todos” (https://osmoseproductions.bandcamp.com/track/total-war-winter-war)

7.- Ver por ejemplo “Los jóvenes venezolanos comandan "hasta el final" las protestas contra Maduro”, en la sección Economía y Negocios de El Mercurio el domingo, 07 de mayo de 2017.

9.-“Contra Luis Reyes y otros. Recurso de amparo”, Corte Suprema, Sentencia N° 67, 23 de abril de 1937, citada en: Lira y Loveman, Poder Judicial y conflictos políticos (Chile 1925-1958), LOM, 2014, página 293.

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martes, septiembre 08, 2026

La religión de la muerte (capítulos online) 


Encontrándose agotado hace un rato el libro "La religión de la muerte", al menos en su versión chilena, resulta este un buen momento para compartir por acá los capítulos que de una u otra forma (a veces ordenada y otras veces algo enredada) se han publicado como entradas o columnas en diversos sitios amigos.

Para adentrarse en los archivos los dejo con este malafamado album de los malafamados Death in June: Nubes rosadas de holocausto (1994).


LA RELIGIÓN DE LA MUERTE (ONLINE)

¿El fascismo ya pasó? Presentación a la edición argentina

https://ficciondelarazon.org/2024/04/11/julio-cortes-morales-el-fascismo-ya-paso/


PARTE I: TAXONOMÍA

1- Introducción: De “momios”, patriotas, republicanos y “fachos pobres”, o la nueva ultraderecha como objeto de estudio

2- ¿Todos somos “cerdos fascistas”?

3- Fascismo y literatura

https://elporteno.cl/las-mil-y-una-definiciones-del-fascismo/

4- Izquierda y Derecha: desde la Revolución francesa a nuestros días

https://elporteno.cl/izquierda-y-derecha-sobre-el-origen-de-la-distincion-y-algunas-caracteristicas-de-la-ultraderecha-actual/

5- ¿Los extremos se tocan?, parte 1: Mishima versus Zenkyoto

https://carcaj.cl/ultraderecha-y-ultraizquierda-los-extremos-se-tocan-parte-1-mishima-versus-zenkyoto/

6- Revoluciones y contrarrevoluciones

https://elporteno.cl/revoluciones-y-contrarrevoluciones/

7- El esquema de Bobbio

8- Izquierda y derecha en Chile

9- Izquierda y derecha: Ultra, Extremista y Radical

10- Críticas de la Democracia

11- Neo y post (excurso anárquico)

 

PARTE II: HISTORIA

1- ¿Arcaísmo o modernismo?

2- El “fascismo histórico” y su anti-ideología

3-Italia y Alemania              

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4-Konservative Revolution

5- ¿Los extremos se tocan?, parte 2: Benjamin y Schmitt

https://elporteno.cl/crear-situacion-que-merezca-ser-conservada-apuntes-sobre-la-konservative-revolution-y-las-relaciones-entre-walter-benjamin-y-carl-schmitt/

6- Sobre el supuesto elemento “revolucionario” o “socialista” en el fascismo del siglo XX

https://ficciondelarazon.org/2025/05/19/julio-cortes-morales-sobre-el-supuesto-elemento-revolucionario-o-socialista-en-el-fascismo-del-siglo-xx/

7- Umberto Eco y el ur-fascismo (o “fascismo eterno”)

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8- Fascismo contra la democracia y fascismo en la democracia

9- Fascismo social, político y cultural

https://ficciondelarazon.org/2026/08/18/julio-cortes-morales-dos-conferencias-de-adorno-sobre-el-fascismo/

10- El “arcaísmo técnicamente equipado”

https://ficciondelarazon.org/2026/08/25/julio-cortes-morales-el-fascismo-segun-guy-debord/


PARTE III: MUTACIÓN

1- De la dominación formal a la real: el despliegue histórico de la relación social capitalista (excurso marxiano)

2- El “fascismo neoliberal”

https://elporteno.cl/la-contrarrevolucion-de-los-70-realismo-capitalista-y-fascismo-neoliberal%ef%bf%bc/

3- El viejo y el nuevo fascismo según Pier Paolo Pasolini

4- El nuevo fascismo y la proliferación de “microfascismos”

5- “Los perros andan sueltos”: Lucy Oporto y el lumpenfascismo.

https://ficciondelarazon.org/2024/03/25/julio-cortes-morales-los-perros-andan-sueltos-lucy-oporto-y-el-lumpenfascismo/

 

PARTE IV: BESTIARIO

1- De la tercera posición a la cuarta teoría política

2- Algunas expresiones locales: social-patriotas, nacional-sindicalistas y otras mescolanzas

https://www.ciperchile.cl/2022/09/28/mapa-del-neofascismo-en-chile-una-mirada-al-movimiento-social-patriota/

3- “Rojipardismo” y “Linkfaschismus”: los nacional-bolcheviques y otras amalgamas de ayer y de hoy

https://elporteno.cl/fascismo-de-izquierdas-nacional-bolchevismo-rojipardismo-y-otras-alianzas-extravagantes/

https://elporteno.cl/ucrania-y-rusia-nazis-contra-el-fascismo/

4- ¿Los extremos se tocan?, parte 3: Peronismo y fascismo, el sorprendente caso del Movimiento Nacionalista Tacuara

https://elporteno.cl/peronismo-y-fascismo-el-sorprendente-caso-del-movimiento-nacionalista-tacuara%EF%BF%BC/

5- Posfascismo y filosofía: Fusaro y Onfray

https://elporteno.cl/posfascismo-filosofia-diego-fusaro-y-michel-onfray/

6- El aporte intelectual de la Nouvelle Droite y la reinvención del Front National

https://elporteno.cl/la-extrema-derecha-francesa/

7- La muerte del espíritu (o el espíritu de la muerte)

https://ficciondelarazon.org/2026/05/26/julio-cortes-morales-la-muerte-del-espiritu-o-el-espiritu-de-la-muerte/

8- Etnocaceristas: ¿populismo radical o postfascismo decolonial?

https://ficciondelarazon.org/2026/06/02/julio-cortes-morales-etnocaceristas-populismo-radical-o-postfascismo-decolonial/

9- Vegan Reich: acerca de viejos y nuevos ecofascismos

https://ficciondelarazon.org/2026/05/28/julio-cortes-morales-vegan-reich-acerca-de-viejos-y-nuevos-ecofascismos/

10- Homonacionalismo: pinkwashing y xenofobia gay friendly

https://elporteno.cl/homonacionalismo-pinkwashing-y-xenofobia-gay-friendly%ef%bf%bc/

11- Hitleristas esotéricos, dulces nacistas y glamour nazi: ¿estetización del fascismo y/o fascistización del arte?

 

PARTE V: BALANCE

1- 1922/2022: ¿Al fascismo sabremos vencer?

https://ficciondelarazon.org/2025/12/13/julio-cortes-morales-al-fascismo-sabremos-vencer/

2- Contra la religión de la muerte: algunas conclusiones no concluyentes

 



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jueves, agosto 13, 2026

MEMORIA SÓNICA: ACERCA DEL LIBRO “SONIC LIFE” DE THURSTON MOORE 

 


“Esto era el punk, un espacio acogedor donde proclamar tu identidad sexual o política, tu amor, tu odio o tu indiferencia, sin el juicio ni el permiso de nadie. Aunque la mentalidad de colegueo entre chicos a menudo asomaba la cabeza dentro de la escena, en esencia el punk se definía como una celebración de la libertad. En su universo liberado predominaba el debate, la opinión, la discusión y el activismo. Skinheads, punks pacifistas, anarcopunks, punks arty, punks queer…todos podíamos cohabitar y conversar entre sus sensibles muros.

Excepto los punks nazis, que podían irse a tomar por culo”

(T. Moore)

Primera aclaración: con la banda de rock Sonic Youth he tenido, como con varias cosas, una larga relación de amor/odio, y también indiferencia. Supe de ellos al leer alguna referencia en la revista argentina Cerdos & Peces, que llegaba a revisterías e incluso kioskos del centro de Santiago a inicios de los 90. Pero sólo pude escucharlos poquito después gracias al amigo Sebastián: un interesante sujeto que llegó a la Escuela de Derecho desde el exilio alemán, y que no pudo traerse ningún LP pero sí que copió en caset todo lo que pudo de lo que para nosotros parecía un nuevo rock, dentro de varias nuevas y antiguas formas de música que íbamos descubriendo en la era pre- internet. Como todos los sujetos más interesantes que llegan a Pío Nono, tras un par de años se retiró, para dedicarse a algo distinto. En su caso, el periodismo.

De sus casets escuchamos y copiamos Daydream Nation (1988) y Goo (1990), pero además tenía algunas cosas más antiguas, de cuando estuvieron en el sello SST, materiales que en esos años era realmente casi imposible conseguir.

Una vez pusimos por los altoparlantes del patio de la escuela mi copia del Goo, y justo tocó la parte de la cinta en que estaba el momento desestructurado/noise del tema Mote. Lo que no sabíamos es que ese pozo negro de distorsión no era tan largo en el original: el vinilo del que Sebastián grabó su cinta, que luego todos re-copiamos, se quedó pegado en esa parte, extendiéndose en un siniestro loop de varios minutos de duración. Para mis amigos era un trance. El resto del alumnado protestó hasta que hubo que ponerle STOP. Y salir a buscar cerveza en otros barrios más céntricos. Para luego ir a la tienda La Vitrola, donde vendían casets vírgenes y arrendaban CDs (3 días por 500 pesos). De ahí invariablemente terminábamos en mi pieza escuchando las novedades musicales, copiando de CD a caset, y bebiendo un poco más si alcanzaba el presupuesto. A veces no alcanzaba y veíamos tele hasta que se acababa, bebiendo sorbos de una eterna botella de aguardiente Lomas de Doñihue, “especial para colemono”, que uno de nosotros había sacado a sus padres para estas ocasiones.

En fin: los sonidos de SY en ese momento nos enamoraron. No sólo el sonido: todos amábamos a la bajista Kim Gordon, con su belleza tan poco convencional. Incluso una vez le escribimos una carta de amor, que afortunadamente nunca nos atrevimos a enviarle. Pero no teníamos cómo saber que en breve estallaría el fenómeno de Nirvana y el llamado “grunge”, y que dentro de ese gran movimiento de recuperación neoliberal de lo poco que quedaba de la energía rebelde de la contracultura rockera, la juventud sónica iba a jugar un rol destacado, como íconos de una juventud bastante apática y esnob, que a través de sus sensibles acoples de guitarra pretendía ingresar de lleno en el mundo del Avantgarde, sin darse mucho más trabajo que eso.

Dicho lo anterior, paso a referirme al libro. Editado en inglés el 2023, ha sido traducido al español de España (lo cual puede ser todo un problema: ¿qué significa exactamente “colegueo” en la cita que puse al inicio? Mientras leía tuve que consultar a amigos que viven allá que significa “echar la pota” o “liarla parda”), siendo editado por Contra ediciones de Barcelona el 2025.

Desde que leí “Ropa, música, chicos” de Viv Albertine (guitarrista de las Slits) he notado que tengo una cierta predilección por este tipo de libros autobiográficos de viejos/as cracks del punk rock. Y este no ha sido la excepción. La parte más bella de estos libros consiste en que logran transmitir en el relato de sus vidas los “primeros recuerdos” musicales de la infancia, que explican el posterior fanatismo de toda una vida dedicada al mundo del sonido: Sonic life, de hecho.  Al mismo tiempo, personajes como Viv y Thurston son alrededor de una década mayores que quien esto escribe, lo cual genera un efecto muy interesante, pues tienen recuerdos más detallados de una época en que ellos ya eran jóvenes mientras mi generación aún alternaba entre ir a la escuela básica y pelusear en las calles del barrio. La TV era en blanco y negro y había uno o dos canales. Recuerdo como a fines de los 70 en la Población La Pampa de La Serena los más grandes tenían dibujos de Kiss en las paredes de sus piezas compartidas con hermanos/as más chicos y nos abandonaban a cierta hora de la tarde para ir a ver The Midnight Special.

El libro abunda en recuerdos familiares de los 60 y 70, con viajes y traslados de unos esforzados y muy empáticos padres. En medio de la vida adolescente en provincias alejadas de los más grandes centros urbanos, también llegó el rock and roll, seduciendo a distintas hordas de espinilludos con sonidos prog, heavy metal y glam…para aportar una verdadera renovación revolucionaria hacia 1976 con el surgimiento del punk rock, que para Morre llegó de la mano de Pattu Smith y los Ramones. Cuando los alumnos más viejos del Instituto se burlaban de su gusto diciendo “¡El punk es una mierda, tío, ni siquiera es música!”, su respuesta fue lapidaria: “Hey ho, let´s go. Nunca dijimos que lo fuera”.

Thurston estuvo ahí, primero como fanático y después también como músico, y decidió vivir de lleno el proceso yéndose a vivir en departamentos de mala muerte en la violenta y contracultural ciudad de Nueva York. Sus andanzas musicales y psicogeográficas aparecen relatadas aquí, y permiten dar una mirada cercana a la escena más filosa y extrema de las que dio la resaca post punk: la llamada “no wave”, una especie de ultraizquierda del punk, o si se quiere, la Avantgarde dentro del movimiento. En esa hebra se engancha la historia de Sonic Youth, sus contactos con el guitarrista y compositor Glen Branca, Lydia Lunch, variados personajes lumpen bohemios y un cúmulo de otras formaciones (anti) musicales de las cuales creo que sólo los Swans pasaron a ser relativamente conocidos, dejando en el under del under a grandes proyectos como UT, Mars, The Static, DNA, Contortions, Mofungo o Theoretical Girls.  ¡Vale la pena escuchara todas  esas bandas! Tal como dijo Lester Bangs en su inédito “Free jazz/Punk rock”, eran de los más refrescante que se estaba haciendo en esos años, los últimos estertores de la oleada de creatividad radical proveniente del 68 global.

De los testimonios de la escena Avant-punk de NY pasamos sin solución de continuidad a la prehistoria de Sonic Youth, desde sus orígenes en formato de tres guitarras: Thurston y su novia Kim Gordon, más Lee Ranaldo. Afinaciones inusuales en guitarras baratas destrozadas generaban climas que dieron lugar a canciones de un tipo de punk rock que se basaba en el ruido, y en influencias tan disímiles como el dub reggae y el krautrock. Así surgió, por ejemplo, The Burning Spear. Tras una serie de conciertos y giras marginales salen los primeros discos, desde la sobriedad claustrofóbica y no wave del primer disco homónimo (1982) en Neutral Records, a Confusion is Sex (1983), con su portada en blanco y negro, partiendo con “She is in a bad mood” (inspirada en la peligrosamente sexy Lydia Lunch), seguida de un intenso cover de los Stooges (“Ahora quiero ser tu perro”) cantado a alaridos por Kim, y los experimentos caseros de Lee en guitarra percusiva. De esta misma época data el extraordinario documento “Sonic Death-Early Sonic-1981-83”, que una vez conseguí en la edición en CD de SST records 1988, después descontinuada y nunca más la he visto en nuevas versiones.

Nada del sonido de SY en ese momento podía hacer presagiar su tremendo éxito futuro como banda emblema del alt-rock en la era MTV. Un éxito tal que incluso ahora, años después de la disolución del combo noise, pude ver a Kim Gordon y su hija en una publicidad gigante creo que de la tienda HM en las inmediaciones del metro Chile-España. Lo cual no me extrañó tanto, pues años antes me topé una vez a Henry Rollins en la vitrina de una tienda de zapatillas Vans.



Las memorias de Thurston se extienden en detalle tanto a los más duros años iniciales de miseria y obstinación, con una verdadera morgue de bateristas hasta que dan con Steve Shelley (de los Crucifucks), como a lo que vino después, cuando a mediados de los 80 y desde el denostado sello SST, ligado a la banda Black Flag, entregaran algunos de los grandes discos de rock de esa época: Bad Moon Rising (1985), EVOL (1986) y Sister (1987). Para algunos puristas (me incluyo), la edad de oro de SY llegó hasta aquí nomás. Aunque no me atrevo a despreciar el doble álbum Daydream Nation de 1988, lo veo como una merecida despedida, justo antes de sumergirse en el mundo de las multinacionales durante toda la década siguiente, cuando como el mismo Thurston dice, generaban sólo dos tipos de reacción: adoración acrítica, o caer mal.

El relato está plagado de anécdotas que me parecen muy graciosas, como la historia de la canción “Flower” (incluido en BMR): el bueno de Thurston pegó en la pared de la cocina de la casa compartida con su novia y bajista Kim una foto de calendario de una hermosa mujer latina en nada más que unos diminutos calzones. Para no quedar mal, le agregó a lápiz un mensaje supuestamente pro feminista: “APOYA EL PODER DE LAS MUJERES / UTILIZA EL PODER DEL HOMBRE / APOYA LA FLOR DE LAS MUJERES / USA LA PALABRA: CULEAR / LA PALABRA ES AMOR” (aclaro que he chilenizado un poco estas traducciones para efectos de esta nota). Luego, inventando un tema nuevo, Kim cantó el texto que su novio había agregado al calendario hot, para añadir luego:

Hay una chica nueva en tu vida

Pelo largo rojizo ondulado

Verdes, verdes labios y ojos púrpura

Caderas muy delgadas y grandes pechos morenos

Colgada en la pared de tu casa

Un extremo cortado, el otro rasgado.

Por si esto no fuera gracioso en sí mismo, observen lo que a continuación reflexiona el autor: “Esperaba que el hecho de que Kim se hubiera inspirado en mis versos, en donde había una insinuación erótica acompañada de una declaración de unión feminista, implicara que quedaba exonerado de cualquier agresividad que hubiera podido sugerir el resto. Pero nunca llegamos a hablar de ello abiertamente, solo a través de la composición de canciones”. Embarrasing, my friend. Como cada vez que un onvre se las da -así como si nada- de aliado feminista.

También me hizo mucha gracia que un tipo tan proclamadamente admirador de toda forma de arte de vanguardia se viera totalmente desconcertado al ver a los anarcopunks ingleses de Crass tocando en vivo en NY en junio de 1978, junto a un puñado de bandas no wave en un loft en el SoHo:

“No se parecían a nada de lo que había sonado esa noche, y mucho menos a lo que sonaba habitualmente en el centro de la ciudad: cada miembro iba vestido con un brazalete atado a la camisa. Procedieron a aullar y gritar con furia y gravedad.

Los pocos que estábamos en el loft éramos artistas que vivíamos en el Bajo Manhattan. Nuestra rabia la dirigíamos sobre todo hacia las hormigas que invadían nuestro tarro común de mantequilla de maní. Pero aquellos tipos estaban enloquecidos, no dejaban de pegar gritos y el guitarrista aporreaba acordes disonantes sin cejilla que sonaban ¡Whaammm! ¡Whaammm! ¡Whaammm!

Todos nos mirábamos como diciendo: “¿Pero qué chucha es esto?”. Para nosotros, los colgados y descontentos de la escuela de arte, aquello era algo absoluta e incongruentemente militante”.

¿Pero cómo, Thurston!? ¡En verdad un hombre tan avanguardista como tú no podía simplemente relajarse y disfrutar el tupa-tupa con singalonga caótico y disonante de la buena gente de Crass? De ser así, eso explica muchas cosas…

Lo que viene después del final de los 80 musicalmente ya no me interesa casi nada. Dejé de escuchar la banda después del Dirty (1992), que en su momento disfruté moderadamente y ahora me parece insoportablemente fome.  Le di una oportunidad a Experimental Jet Set (1994), Washing Machine (1995) y NYC Ghosts and flowers (2000, con una linda portada de William S. Burroughs), pero nunca me afectaron demasiado.  Incluso los fui a ver en vivo en el Parque O´Higgins en marzo del 2009 junto a dos amigos, pero lo más entretenido que pasó fue que unos carabineros en moto nos controlaron y nos obligaron a tomarnos rápido las latas de cerveza Escudo de medio litro que portábamos como condición para no llevarnos detenidos. La entraba era la más barata, y desde la galería lateral se podría ver a una multitud enardecida de jóvenes rubios que pagaron las entradas más caras celebrando acríticamente al ensamble, que por lo demás ya no estaba en muy buena condición, además de que nunca entendí de qué les servía tener dos bajistas (Kim Gordon y un loco de Pavement) si apenas sonaba menos que uno. Era lindo escuchar algunos viejos hits, pero claramente el aura de la banda, el misterio y fascinación que generaba en los oscuros años 80, ya no existía. O al menos, no para mí.

Thurston remata con elegancia el libro contando discretamente el final de su relación amorosa y la despedida de la banda con el álbum The Eternal del 2009, que jamás he escuchado y que ahora que ya han pasado 17 años (¡toda una dictadura!) tal vez recién me atreva a degustar.

Hey ho, let´s go.



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