Delirio Místico: "A mon seul désir" (Según mi solo deseo)
"La discusión sobre el comunismo no es académica. No es un debate sobre lo que se hará mañana.
Desemboca en, y forma parte de un conjunto de tareas inmediatas y lejanas de las que no es más que un aspecto, un esfuerzo de comprensión teórica" (Gilles Dauvé)
viernes, junio 29, 2018
Des-proporcionalidad/Un ácrata al sur del canal Beagle/LDDT-Gemeinwesen
Proporcionalidad: esto es para reír
y llorar. Hace ya 45 años un sector de la burguesía chilena hizo estallar con
bombas arrojadas desde aviones el Palacio de Gobierno. Nadie se fue preso por
esa acción.
Hace pocas semanas, una
adolescente rayó una A circulada con plumón en las paredes de la réplica de La
Moneda que la Dictadura pinochetista reconstruyó (“¡rompe paga!”). Se la
llevaron detenida por “vandalismo”….
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Actividad de conmemoración crítica
(o sea, sin mitos) de la llamada “revolución española” de julio de 1936.
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Psicogeografía fantástica del extremo
austral:
“La isla Nueva es referida en la
novela Los náufragos del Jonathan (1909),
comenzada por Julio Verne en 1897 como En Magallanie y
modificada y terminada por su hijo Michel Verne. El protagonista, Kaw-djer,
un anarquista,
elige la isla Nueva por su lejanía para crear su propio mundo. Un día llega un
indígena y le advierte que Chile y Argentina han acordado sus fronteras y que
los chilenos lo expulsarán de su ensueño. El diálogo, creado por Verne en virtud
de sus conocimientos del tratado de 1881, continúa así:
—¿Y dependen de Chile —preguntó
el Kaw-djer— las islas al sur del canal de Beagle?
Este artefacto, liberado en junio
de este año, puede que sea uno de los artefactos más bellos que nos ha
proporcionado La División del Trabajo. En esta ocasión, desde un pequeño puerto
de Grecia, según creo haber entendido. La portada es un extracto de “El triunfo
de la muerte" de Bruegel.
La guitarra espontánea y totalmente
acústica se entrecruza con un saxo alto que luego a su vez se topa con un
piano, y combustionan, en honor del planeta Tierra. A poco andar ya estamos en
el segundo tema, “Nunca digas nunca” -basada en un poema de Sun Ra-, protagonizado
por una voz femenina absolutamente desnuda, que cuando está a punto de ponerse
muy solemne, evocando algún paisaje lejano, estalla en una risotada, para luego
dar paso a “Las tres edades”.
Las seis cuerdas me recuerdan a las cuerdas de John
Fahey, y el acordeón parece un colchón cómodo y suave, cuando desde el cielo
los ataques aerófonos del saxofón hacen pensar en 3 niveles, o sea, 3 formas de
existencia, y tal vez a eso apunta la cuestión de las 3 edades de la vida, cada
una expresada al mismo tiempo por un instrumento de familia diferente (cuerdas,
teclado, caña), agregándose al final la voz humana, que a mi juicio es el
elemento común a las distintas edades en un ser humano. Cuando la voz se
retira, los instrumentos dialogan cada vez más fuerte.
“Abraham Ahumada” es un
solo de saxo alto que se aventura en los multifónicos. Es difícil creer que
mucha gente toca saxo por años y no explora las infinitas posibilidades que
ofrece este bello instrumento, mientras que en la tradición de los amantes del
free jazz que cultivan el free chant se parte de cabeza adentrándose en ese
tipo de técnicas, con muy buenos resultados en este caso. A quienes tocan saxo y
no lo hacen chillar ni exploran sus multifónicos, les debería ser expropiado el
instrumento, y en compensación dejarles una copia de las obras completas de
Kenny G. Disculpen el exabrupto.
La colección termina con “Woman you are the nigger of the world”. El
saxo dialoga consigo mismo y con la guitarra, que acá es más Baileysiana que
Faheysiana según creo (en verdad, a ambos los respeto enormemente pero los he
escuchado poco, aunque siempre con mucha atención. Así y todo, mi
cabeza está aún mucho más repleta de Toni Iommi, Jimmi Hendrix y Fred Frith en
cuanto a las 6 cuerdas se refiere).
Los instrumentos se van retirando de a
poco, mientras el sonido industrial de una aspiradora va llenado el espacio, y
alguien canturrea, de nuevo esa voz femenina. Y todo se acaba y por momentos
sentimos que hemos logrado una COMUNIÓN a través del TRABAJO de 3 seres humanos
armados con instrumentos acústicos y su IMAGINACIÓN.
El espacio
virtual nos trae de regalo un nuevo disco de los Tildaflipers -que además
existe en formato de vinilo 12”-: inquieta formación con sede habitual en
Buenos Aires, donde tienen su base de operaciones, y una casa-estudio que
funciona como su propia Black Ark: el Estudio Ercilla.
9 temas, con una
duración promedio de 4 minutos (la más breve marca 3:20, y la más extensa
4:40). O sea, se trata de canciones, y en efecto, en casi todas ellas hay
vocalización, uniendo muy bien la voz masculina con la femenina, y samplers de
otros profetas y pontificadores en medio delos paisajes sonoros que se construyen cuidadosamente por este
Laboratorio del Dub.
En “Cacería” se
hace un muy buen uso de la voz masculina y femenina, con visiones poéticas
sobre estar “sentada al borde del precipicio”, viendo al cielo como un jardín
de flores/estrellas. Tanto aquí como en “Hojas” se trata de un dub etéreo,
volátil, que te permite abandonarte a la deriva mientras lo oyes.
En “Sacachispas”
el sonido muta un poco, ofreciendo unas excelentes dos notas (¡para qué más!),
sobre las cuales atacan de nuevos las dos voces, y se agrega luego el sampler
de algún profeta rasta. El sonido me parece más industrialoide, pero a poco
andar concluyo que no, que lo que me trae a la mente son los Suicide, con las
famosas y certeras máquinas repetitivo/electrónicas de Martin Rev. Los teclados
me recuerdan también un poquito a Chrome.
En “Valle sin
viento” el estilo mesiánico del dub reggae se toma las pistas, con excelentes
bronces, y me parece que el mensaje de regreso al África que por lo que creo
llegó a Mar del Plata en los 80 de la mano de Luca Prodán. O sea, la
afro-profecía que se desplazó desde Africa a Jamaica, Italia y Londres, para
llegar a Córdoba y Buenos Aires, y emanar en este momento desde allí hasta
Santiago de Chile, a través de estos viejos parlantes que ya van a cumplir
medio silgo. Y que arda Babilonia, y que las trompetas derriben todas las
puertas que nos encierran en los circuitos de la fábrica social.
El texto señala
a cada rato que “no pasa nada”. Pero me quedo pensado en que hay en principio una
doble acepción: en sentido positivo, no pasa nada es lo mismo que decir “está
todo bien, quédate tranquilo”, pero en sentido negativo no pasa nada sería
equivalente a “todo es muy fome”, como decimos por acá (Mientras en Brasil
“fome” es hambre, en Chile es aburrimiento).
“Sueño” es,
según creo, una especie de homenaje a la melomanía y sus devotos, amntes de las
diversas formas de organización humana del sonido. “Sueño sinfonía, dulce
melodía, es mi elixir, sos mi porvenir”. De nuevo un dub etéreo, flotante, y de
la nada pienso en la teoría de la Big Note, de Zappa en el “Lumpy Gravy”, donde
se pregunta si todos los sonidos del cosmos no formarán una especie de Gran
Nota en la vibración universal. De ser así, en efecto somos todos sonido,
vibración, y apuntamos hacia un devenir constantemente música/no-música, vibración,
y muchos microcosmos y mares de ruido, drone y“porvenir”. Cuando dicen “nada está tan bien, nada está tan mal”, se
reconecta con la idea del “no pasa nada”.
“Dengue”:
juraría que había escuchado este tema antes. Difícil olvidar una canción donde se diga que
tu poesía le falta algo, y se hable desde un “extremo pesimismo, justo al borde
del abismo”. Con una instrumentación más tradicional est sería punk rock, pero
pese a la inspiración se transforma en otra cosa en las manos de Tildaflipers,
héroes de la derretición contemporánea.
“Semilla” y
“Corte duro” ya se van adentrando al final de este bello artefacto. La idea de
una semilla que crece en medio del basural es la misma que cuando Archie Shepp
decía que en cierta forma el jazz es “una flor en medio del pantano”. Lo mismo
se puede decir del blues, el soul, el dub reggae y el free jazz. El vocalista
nos recuerda varias veces que “la herencia de derrotas es tu manantial”. Es
nada casual que escuche esto mientras leo “La horda de oro”, sobre el manantial
de derrotas que hubo entre 1968/1977, vistas desde el territorio italiano,
desde su “Otoño caliente” de 1969 hasta “la estrategia de la tensión” y luego “los
años de plomo”, ya a fines de los 70, pasando por los comités de base en las
fábricas, las luchas de estudiantes-trabajadores y trabajadores-estudiantes, la
autonomía obrera, y el lado menos conocido del movimiento: la explosión de
1977, prefigurada por el surgimiento en todo el hinterland (periferia) de los Círculos del Proletariado Juvenil.
Las ocupaciones, las radios, los festivales. Y tambien, el terrorismo estatal,
la lucha armada….una desastrosa espiral de acción y reacción que se saldó con
muchos muertos y encarcelados. En fin: derrota tras derrota, hasta la victoria final.
Por cierto, fue en esos años en que se ya imponía el reflujo y la angustia
existencial cuando murió la hermana de Luca, a quien éste dedicará su versión
de “Heroína” de los Velvet Underground (y siguiendo con mi obsesión por las
trilogías, recomendaría escuchar seguido la versión de V.U., la de Lou Reed en
“Rock and Roll animal” y la de Luca/Sumo). Una sobredosis de heroína acompañada
de aspiración del gas del tubo de escape del auto en que Claudia Prodán se
encerró junto a su amante, dejando una nota en que se afirmaba que era “mejor
morir de droga que vivir así”…
Cerrando el disco,
tenemos a “Estación Benavidez”. Originalmente esto era una especie de homenaje
a Ornette Coleman, fallecido el 11 de junio de 2015. Monki me decía que nunca
se le pasó la tremenda impresión que le produjo hace varios años escuchar el
inicio del álbum Body Meta (1978), “Voice Poetry”, con su hipnótico uso del
ritmo conocido como “latin”, popularizado mil veces desde Bo Diddley a los
Residents y Aksak Maboul. “Es un Groove eterno” me decía, mientras me invitaba
a agregarle algunas tomas de saxofón (o chantofón). Pero no llevé ningún
saxofón al estudio de Prius discos en noviembre del 2017, y desde lejos Monki
sugirió que “la voz de la poesía” invitaba a alguna intervención hablada, y así
fue como puse manos a la obra intentando relatar la extraña y psicogeográfica
anécdota de cuando Ornette fue a tocar en Buenos Aires en el 2009 y se perdió
en la ciudad tras ser expulsado del lobby del Hotel, yendo a parar vagando a
Tigre, en subte y tren, donde fuera detenido por la policía, que por supuesto
no tenía ni remota idea de quien era este señor. Lo mejor de todo es que la
ausencia del saxo motivó a incorporar además sampleos de la famosa trompeta de
bolsillo del viejo compañero de aventuras harmolódicas de Ornette, Don Cherry
(¡y es mucho mejor escuchar a DC que a JC! Aunque gracias a la magia de las
técnicas del dub master, podemos escucharlos a ambos dos juntos en esta
ocasión).
100%
recomendable, y por supuesto que es una recomendación que viene de muy cerca.
Archivar bajo la etiqueta “dub harmolódico del Sur”.
La División del Trabajo, 3 discos nuevos/Italia 1977: Proletariado juvenil y rechazo del trabajo
2 cosas en esta ocasión (no 3):
1.- El organismo musical itinerante autodenominado la División del Trabajo, que ya había debutado con un disco que me hacía pensar en un viajero de estos tiempos que llevaba a modo de equipaje una guitarra y unos cuantos libros, además de mucho John Fahey/Derek Bailey en la imaginación, acaba de dar a conocer desde el Campo de Bandas 3 trabajos nuevos (sí: 3!!!), que vieron la madurez en el mes de mayo de este año tras un proceso de algunos meses entre diseñar y ejecutar las sesiones, y luego trabajarlas para cortar de ahí los temas que ordenan estas 3 obras.
Los dejo con Homo sapiens como corpus delicti, consistente en 5 tracks cargados al drone rock fushitsushizado y con eventuales injertos de free chant, o dicho de otro modo, una especie de combo free rock a lo Blue Humans pero en que en vez de haber reclutado a viejas glorias de la Fire Music afroamericana se hubieran conformado con reclutar a una tropa de viejos y no tan viejos punk/postpunk city rockers (incluyendo a un infante).
Como dijera Víctor Jara alguna vez: "My chant is a free chant".
2.- A propósito del trabajo y el rechazo del trabajo, extracté esta parte del capítulo sobre Automomía Obrera y Lucha Armada en el libro La Horda de Oro (1968/1977), compilado por Ballestrini/Moroni, y lo acompaño con fotos del período 1976/77 y la escena de los Círculos del Proletariado Juvenil. Entre otras cosas, además de servir para ilustrar bien lo que parece haber sido la última gran ofensiva del Segundo Asalto, sirve también para entender las algo complejas nociones "operaístas" de composición/recomposición de clase.
El rechazo al trabajo
En la propia
fórmula del «rechazo al trabajo» es necesario subrayar dos significados
distintos y dos perspectivas diferentes de funcionamiento teórico-práctico.
Rechazo al
trabajo significa: a) un esquema interpretativo de todo el proceso en el cual
se entrecruzan las luchas obreras y el desarrollo capitalista, la
insubordinación y la reestructuración tecnológica; b) una conciencia
generalizada, un comportamiento social anti-productivo, una defensa de la
propia libertad y de la propia salud: una conciencia que se ha vuelto muy
fuerte y que prácticamente constituye la base inatacable de la resistencia
obrera contra los intentos de reestructuración capitalista hasta mediados de la
década de los setenta.
Veamos más
analíticamente el sentido de estas dos diferentes perspectivas en las que se
puede comprender la fórmula del rechazo al trabajo. Antes que nada el rechazo
al trabajo es una forma de comportamiento inmediato de los proletarios que,
insertos en el circuito de la producción industrial avanzada, sin haber sufrido
la larga y deformante reducción perceptiva, existencial y psicológica que
constituye la historia de la modernización industrial, se rebelan casi
instintivamente.
El piamontés
educado en considerar el trabajo en la Fiat como un destino familiar, criado en
el culto de los valores del industrialismo, podía soportar quizás el constante
aumento de la explotación que se demostraba en aquellos años del boom de la
producción automotriz. Pero para un calabrés criado al borde del mar y a la luz
del sol aquella vida de mierda le parecía enseguida insoportable. La percepción
del calabrés era naturalmente la justa, recogía la posibilidad de emancipación
de aquel embrutecimiento. Desde esta perspectiva, el rechazo al trabajo era una
reacción inmediata, pero también la conciencia refinada y previsora de quien
decía: no sólo esta esclavitud es inhumana para los obreros, también es inútil
para la sociedad.
Y aquí pasamos a
la otra perspectiva del rechazo al trabajo, es decir, al horizonte del rechazo
al trabajo como modelo de interpretación de las dinámicas sociales y de la
transformación histórica. Toda la historia del devenir científico, tecnológico,
productivo, puede ser leída como la historia del rechazo de los hombres a
prestar su atención, su esfuerzo, su habilidad y su creatividad en la
reproducción material. Este rechazo ha producido la división de clases (algunos
rechazan el trabajo y hacen trabajar a otros en su lugar, esclavizándolos).
Pero el principio del rechazo al trabajo, controlado y dirigido por la
inteligencia social colectiva podría realizar en cambio un uso de la técnica y
de la maquinaria capaz de liberar a los hombres de la esclavitud del trabajo
asalariado.
La reflexión
sobre la técnica, sobre su uso determinado para el beneficio, sobre su
finalidad como control político o agresión militar — sobre la estructura del
saber científico— deviene central en el debate político y filosófico de los
primeros años setenta. Esta reflexión se liga a la problemática del salto
tecnológico y de la composición de clase, dos expresiones sustancialmente
nuevas en el pensamiento revolucionario y en el ámbito del marxismo.
La noción de
composición de clase expresaba las formas sociales, políticas, organizativas a
través de las cuales el proletariado construye su propia identidad subjetiva y
su propia conciencia en función de la estructura determinada del sistema
productivo, en función de la relación entre trabajo vivo y trabajo muerto, en
función de las condiciones tecnológicas y organizativas del proceso de trabajo.
En definitiva, con la expresión composición de clase se hacía referencia a la
elaboración subjetiva y consciente de las condiciones objetivas de la relación
productiva.
En cierta
medida, la noción de composición de clase encuentra su raíz filosófica en el
pensamiento de la izquierda marxista de los años veinte y en particular en la
noción de Luckács de «ontogénesis de la conciencia social». ¿Cómo se forma la
conciencia social? ¿Cuáles son los procedimientos a través de los cuales una masa
de personas individualizadas, separadas, fragmentadas en el proceso productivo
y en su condición económica y social logra transformarse en un movimiento
activo, que produce un punto de vista político común, que elabora estilos de
comportamiento y horizontes de conciencia que son sustancialmente comunes,
aunque respetuosos con las diferencias de sensibilidad y de formación?
¿Cómo se produce
este milagro por el cual la fuerza-trabajo se transforma en clase obrera, la
disciplina de fábrica se transforma en rebelión organizada, y la separación de
los ámbitos sociales se transforma en movimiento revolucionario, una onda
incontenible que sumerge y arrastra el estado de cosas presentes?
Se buscaba una
respuesta a estas preguntas con la formulación del proceso de «recomposición de
clase» a partir de determinadas condiciones tecnológicas del proceso de
trabajo. De ahí entonces que la noción de composición de clase, como
subjetividad consciente y organizada de los comportamientos colectivos de una
comunidad implicada en el proceso laboral masificado, conlleva una
consideración profunda del sistema tecnológico, de la relación entre
tecnologías y actividad social productiva, actividad consciente, atención,
percepción, memoria, imaginación.
Por ejemplo,
¿cómo se da que ciertas condiciones tecnológicas y organizativas del proceso
productivo correspondan con una cierta conciencia, una cierta organización
política, una cierta ideología y una cierta imaginación social? ¿Por qué la
estructura tecno-productiva de las primeras décadas del siglo daba forma a
modelos de tipo consejista? Es necesario comprender el proceso de recomposición
de clase dentro de las condiciones de la fábrica mecánica pre-taylorista, es
necesario comprender las características del trabajo individualizado y
cualificado del obrero profesional. Es necesario comprender las condiciones de
socialidad posibles en la fábrica de 1920, una fábrica en la que los obreros
tenían una esfera de socialidad y de autonomía productiva, en la que la
relación hombre máquina estaba individualizada y relativamente personalizada,
en la cual la habilidad estaba diferenciada.
Y entonces
comprenderemos también porque los obreros de aquel período reivindicaban con
orgullo su función productiva, reivindicaban el derecho a gestionar, controlar
y organizar el trabajo, su destino social, su utilidad. Pero en los años
sesenta nada de esto existía ya en las grandes fábricas. El taylorismo y la
introducción de las técnicas automatizadas, la cadena de montaje, la
estandarización de los ritmos y de las cadencias de trabajo, todo esto, había
convertido la fábrica en un lugar absolutamente asocial, en el que las
comunicaciones entre un trabajador y otro eran casi imposibles debido a la
distancia, al rumor, a la separación física. Y el lugar de trabajo era
despersonalizado y estructurado de manera despótica, repetitiva, concebido para
imponer tiempos, movimientos, gestos, reacciones a un operador cada vez menos
humano, cada vez más mecánico.
La recomposición
de clase de los obreros de las líneas de montaje parte justamente de esta
deshumanización. La revuelta del obrero masa es la revuelta del hombre
mecanizado que toma al pie de la letra su mecanización y dice: si debo ser
completamente inhumano, si no debo tener alma, pensamiento, una individualidad,
lo seré hasta el fondo, decididamente, ilimitadamente, impúdicamente. Ya no
participaré con la mente al proceso de trabajo. Seré extraño, frío, distante.
Seré brutal, violento, inhumano como el patrón ha querido que lo sea. Pero lo
seré hasta el punto de ya no conceder siquiera un miligramo de mi inteligencia,
de mi disponibilidad, de mi intuición al trabajo, a la producción.
Lo que los
filósofos habían descrito como la alienación sufrida por el obrero se
transforma, aquí entonces, en una extrañamiento deseado, organizado,
intencional, creativo. Extrañamiento quiere decir: ni siquiera un gramo de
humanidad hacia la producción. Toda la humanidad hacia la lucha. Ninguna
comunicación y socialidad para la producción. Toda la comunicación y la
socialidad para el movimiento. Ninguna disponibilidad para la disciplina. Toda
la disponibilidad para la liberación colectiva. Recomposición de clase, por lo
tanto, quería decir, simple y consecuentemente: sabotaje, bloqueo, destrucción
de las mercancías y de las instalaciones, violencia contra los controladores de
las cadencias esclavistas
La inteligencia
obrera rechazó ser inteligencia productiva y se expresó completamente en el
sabotaje, en la construcción de ámbitos de libertad anti-productiva. La vida
comenzó a florecer precisamente allí donde más había sido radicalmente
cancelada y extinguida, entre las líneas, en las secciones, en los baños, donde
los jóvenes proletarios comienzan a liarse porros, a hacer el amor, a esperar a
los carroñeros, a los jefes de sección con el fin de tirarles a la cabeza
algunas tuercas. La fábrica estaba concebida como un lugar inhumano y comenzó a
convertirse en un lugar de estudio, de discusión, de libertad y de amor. Éste
era el rechazo al trabajo. Ésta era la recomposición de clase.
Pero al lado de
la cuestión de la recomposición y del rechazo al trabajo se plantea, ya lo
hemos dicho, la problemática de la re-estructuración productiva y del salto
tecnológico. ¿Qué significa reestructuración? Significa reorganización de un
sistema, readquisición de la funcionalidad y de la performatividad final de un
sistema, en respuesta a algunos factores distorsionadores (internos o externos
al sistema mismo) que perturbaron, trastocaron o convulsionaron completamente
el funcionamiento y la estructura.
A finales de los
años sesenta la lucha obrera había trastocado completamente el sistema
disciplinario de la fábrica social y el sistema económico de beneficio; dentro
de este terremoto, precisamente en aquellos años, la gran patronal, los
economistas, el cerebro organizativo del capital buscaba reactivar algunas
funciones fundamentales de la reproducción capitalista. Sobre todo se debía
reactivar la productividad —puesta en crisis drásticamente por la
insubordinación, el absentismo— y la disciplina, a su vez puesta drásticamente
en crisis por el igualitarismo y el clima anti-autoritario. Pero para hacer
esto, el cerebro capitalista sabía bien que no podía contar con la fuerza
bruta. Si se recurría a la fuerza bruta, en aquellos años, se obtenía una respuesta
terriblemente dura y adaptada. Lo había demostrado Corso Traiano, lo había
demostrado vía Larga, lo demostraban centenares de piquetes y fuertes
manifestaciones en todas las ciudades italianas.
Era necesario,
por lo tanto, dar vida a una reestructuración de amplias proporciones, capaz de
reducir sustancialmente el peso cualitativo de la fuerza de trabajo en la
producción (es decir modificar la composición orgánica del capital, aumentando
el peso de la maquinaria, de las tecnologías labor-saving) y por consiguiente
capaz de reducir el peso cualitativo de la clase obrera consciente. La
inteligencia planificadora del capitalismo internacional (y particularmente la
italiana) se aplicó seriamente a este proyecto durante toda la primera parte de
la década —y a mediados de los años setenta, en efecto, los primeros resultados
de esta ofensiva y de esta reestructuración comienzan a hacerse ver, para
manifestarse posteriormente de manera rupturista en la segunda mitad de los
años setenta y a lo largo de todos los años ochenta, pero este es otro
capítulo.
Mientras tanto,
en 1969, se empezaba a percibir la perspectiva desde la que el proceso debía
desarrollarse, se comenzaba a hablar de salto tecnológico, se comenzaba a
delinear la posibilidad de una transformación postindustrial de la sociedad
entera, de la producción. El capital debía aprovechar el rechazo al trabajo,
debía transformar el rechazo obrero en ahorro organizado mediante la
automatización. El pensamiento revolucionario comenzó a reflejar estas cuestiones
y formuló la categoría de salto tecnológico, preparando las modalidades
culturales necesarias para hacerle frente.
El salto
tecnológico constituye una de las fecundas obsesiones que perseguía la
corriente «obrerista» revolucionaria en el bienio 1968-69. «El propio capital
es quien nos ofrece los plazos. En la medida en que la preparación del salto
tecnológico reproduce en su totalidad la realidad de la clase, no puede dejar
de representar para nosotros las condiciones de un enfrentamiento general. El progreso
tecnológico, como violencia de los patrones y de su Estado, no es y no puede
ser un elemento negociable. Sobre esta base queremos una ruptura anticipada,
con el fin de batir al patrón y construir la unidad que consolide y relance
nuestra organización política».39 Organización política contra salto
tecnológico. ¿Pero qué significaba salto tecnológico, en la imaginación y en la
previsión de los revolucionarios y en las vanguardias obreras? ¿Y por qué era
necesario oponerse al mismo como el peor enemigo?
En realidad aquí
encuentra su origen y su raíz una bifurcación que se definirá en la teoría y en
la práctica de los movimientos obreros en el transcurso de los años ochenta, de
una forma predominantemente inconsciente. Aquí toca fondo la ambivalencia irresuelta
de los movimientos en relación con la innovación capitalista, la continua
revolución tecnológica y simbólica que el capital introduce en la sociedad,
manipulando continuamente los contornos y las identidades, descomponiendo las
formas organizadas y trastocando las identidades sociales y políticas.
El rechazo al
trabajo estaba concebido como un resorte fundamental del desarrollo
capitalista. Sin luchas obreras, sin sustracción obrera a la explotación, sin
sabotaje, sin absentismo, no habría ningún desarrollo. El desarrollo es
esencialmente el hurto de la innovación obrera, hurto capitalista de la
invención del obrero que por fumarse tranquilo un cigarrillo encuentra la
manera de hacer su parte lo más rápido posible. La innovación tecnológica es
esencialmente la forma necesaria de ahorrar trabajo, es la respuesta patronal
al rechazo al trabajo. Pero entonces ¿debe ser considerada la reestructuración,
la innovación, el salto tecnológico, como un enemigo? ¿No está quizás en la
reestructuración la premisa de la libertad, la condición para reducir la
dependencia de la vida al trabajo? La cuestión es vista en toda su complejidad.
Efectivamente, la intención del patrón, cuando transforma un taller o
automatiza un segmento de trabajo, es la de maximizar el beneficio en su
totalidad, eliminar bolsas de insubordinación, realizar un control mecánico más
estrecho sobre el trabajo humano. El uso capitalista de la tecnología se puede
resumir así: plegar la estructura de la máquina, del instrumento de trabajo y
también la estructura cognoscitiva, científica necesaria para producir la
máquina; plegarla a una finalidad de control, de sumisión cada vez más
perfecta, cada vez más total, cada vez más sofocante. El uso capitalista de la
tecnología —y la reestructuración como revolución capitalista de la maquinaria,
del sistema tecnológico— permea las propias estructuras, la forma y la función
de los objetos, e indirectamente permea las mentes, las relaciones sociales, el
mundo productivo.
El pensamiento y
la práctica obrerista revolucionaria se encuentran rápidamente frente a una
contradicción. Y en cierta medida permanecerán presa de la misma. La intensa
revolución tecnológica que se despliega en el curso de los años setenta y que
alcanza su madurez a finales de esta década manifestándose en auténticas
oleadas de despidos en masa, es la causa de la crisis de la autonomía obrera;
pero en realidad es también la causa de la tendencial disolución de la clase
obrera de fábrica y de la industria como sistema de producción predominante. La
reestructuración y la innovación tecnológica son la respuesta al rechazo al
trabajo, pero son también su realización. Mediante la reestructuración, en
efecto, se realiza el objetivo obrero de reducir el trabajo necesario, pero las
condiciones sociales y políticas dentro las cuales se determina este
desplazamiento están dominadas por el interés capitalista, destinadas al
dominio y al beneficio, no a la utilidad social.
Y es aquí,
entonces, donde el efecto de la reestructuración es una mayor explotación, una
mayor dependencia, una división políticamente ruinosa entre ocupados y
desocupados. Pero esto se comprueba en el curso de los años setenta, porque el
movimiento revolucionario no logra llevar hasta el fondo su programa de
dirección obrera sobre todo el proceso de transformación productiva, porque
sobre este punto, la mediación sindical y el extremismo se enfrentan sin que se
logre encontrar un punto de salida: la reducción generalizada del horario de
trabajo, la redistribución social del tiempo de trabajo socialmente necesario.
En definitiva, el poder obrero sobre las condiciones de transición
postindustrial, sobre las condiciones de la reindustrialización y de la
transformación del mundo de la producción en su conjunto.
Pero aquí no es
el lugar para desarrollar este tipo de argumento. Aquí nos ocupamos de
reconstruir las líneas generales de un proceso que se inicia con el estallido
de las luchas espontáneas del ‘68, con la confluencia entre movimiento
estudiantil y organismos obreros de base y que alcanza su generalización en el
otoño de 1969. En este proceso se preparan los elementos que reencontraremos,
con un grado bien distinto de densidad y de mezcla, durante el estallido de la
autonomía obrera, en el transcurso de los años setenta.
Los que sí
hicieron una perfecta trilogía, sagrada en el mundo de la comunión a través de
la música, son los Chiflados, con su álbum homónimo (Chiflados, de 1969),
Funhouse (que traduciría por Quilombo, de 1970), y Fuerza Bruta (Raw Power?
Mmmmmm, Poder Crudo no suena tan bien), aunque este es de un poquito después, y
está atribuído en la tapa a Iggy y los Chiflados. Este último artefacto fue
suavemente masajeado por Bowie (David, no Lester. Ricueste In Pacis) en su
producción original, de…¿1975? Ai CAN t ri-member… requerimientos de la época,
supongo. (Corrección: 1977). Décadas después, circula una versión remezclada
bajo los parámetros del Chiflado mayor, Iggy mismo (un animal del rock and
roll, que en su momento manifestó un claro entusiasmo por Ronald Reagan. Ref.:
Greil Marcus. En el baño del fascismo. Escritos sobre el punk). No nos podemos
molestar por eso, o más bien, al igual que en el caso del reaganismo de Johnny
Ramone, no nos podemos sorprender: el buen rock and roll solía ser hecho por
animales muy brutos. Como dice el mismo Iggy en el folleto de la re-edición
re-mezclada de Raw Power, “mis gustos eran muy sofisticados, pero mis
habilidades eran bien simples, y las habilidades de los otros tipos de la banda
eran más simples aún”.
Pero en realidad
no estábamos aquí para hablar de los Stooges, más allá de señalar y recomendar
su santísima trinidad de LPs, sino que para hablar de un desdoblamiento ochentero
de Wire.
…por cierto,
Wire es una banda que a fines de los 70 ofreció otra triología (dos veces lo
escribí así, por algo será, y no quiero darle la razón al corrector) sagrada:
Bandera Rosada (1977), Faltan Sillas (1978) y 154 (1979). No estoy seguro de
los años, pero no importa. A los punk rockers de cabeza dura les gusta sólo el
primero. Hacia el segundo ironizaban con que se habían pasado del Pink Flag a
Pink Floyd…jo jo jo. No. El tercero no lo deben ni haber escuchado. Yo los
pongo en el tocadiscos uno tras otro. Y como la bandeja tienen para poner 5
CDs, un buen día puede consistir en escuchar la triología sagrada en estudio, y
luego agregarle su maravilloso registro en vivo de 1979/80 “Document and eyewitness”, y
además los demos de 1977-8, reunidos en el magnífico “Behind thecurtain”. Así es imposible aburrirse.
Pero me estoy
dispersando de nuevo…hoy quería hablar de DOME, banda posterior a la primera
gran disolución de los Cable, con sus artefactos 1 y 2, reunidos en un CD hacia
1992 por The Grey Area de MUTE records. Grabados respectivamente a inicios y
mediados de 1980, acá sólo estaban B.C. Gilbert y G. Lewis, creando climas
verdaderamente oscuros y opresivos, pero sin la monotonía abrasiva y gélida más
propia del Industrial de esos mismos años, mucho más acotado y dinámico en su
proceso creativo, y producido directamente por personajes que ya llevaban unos
años hacinado lo suyo y sabían cómo hacerlo y, sobre todo sobretodo- grabarlo
bien. Saliendo por los parlantes SONY que eran de mi padre y que tienen más o
menos mi misma edad, el efecto es tan sombrío en momentos que mi bella
acompañante me dice que esta música le da susto. Le respondo que sí, que a mi también, pero que
de todas formas me asusta más escuchar ciertas obras de Throbbing Gristle. Me gusta
pero me asusta.
Originalmente
editados por DOME records, vía Rough Trade. No creo que mucha gente los haya
comprado, aunque demás que alguna alma inquieta y afín pudo haberlos tocado en
su programa de radio. No está en youtube. Después hicieron DOME 3 y 4, también
reunidos en un solo disco, y luego entiendo que hay un compilado en vinilo que reúne
todo, llamado 1-4 + 5.
Trilogía de Saxos: McPhee (tenor), Braxton (alto), Parker (soprano).
TRILOGÍA DE SAXOS: JOE, Anthonny
y EVAN, en TENOR, ALTO, SOPRANO.
El saxofón llegó tarde a la
música “clásica”, y de hecho surgió en los regimientos, pasóde ahí a burdeles y bares, y nunca logró un
puesto formal en las orquestas “serias”. Mención aparte para el saxo soprano,
que por ser recto más bien parece un clarinete de fierro.
Más trilogías:
desayuno/almuerzo/once (¿y la cena? No: no siempre es necesaria).
Cuchara/tenedor/cuchillo. Una amiga me dice que es posible la 3ple estimulación
simultánea por vía clitoriana, vaginal y anal. Soy hombre pero…¡le creo! Matiné/Vermú/Noche.
Talca/París/Londres. Aperitivo/acompañamiento/bajativo…
Va una trilogía de saxos: en 2
sentidos: 3 intérpretes, en 3 tipos de saxofón:
Joe McPhee. Poco conocido a pesar
de su larga e intachable trayectoria. El álbum “Tenor” (1976) lo grabó en una
casa que un amigo suyo le presó en la montaña suiza, a una cita en que acudió
solo pero bien pertrechado con una grabadora portátil. En youtube sólo veo el
primer tema: “Knox”.
Anthonny Braxton (no confundir
con Toni Braxton) merece todos mis respetos, pero nunca me he llegado a
encariñar realmente con el personaje. Puede que su abordaje sea demasiado
cerebral para un pasionero como yo, pero escuchando el otro día sus Series F
llegué luego a dar con su álbum de 1969 , For Alto.
Evan Parker, británico, estuvo en
el Machine Gun de Brotzmann (1968), y nunca ha dejado de estar en activo por
ahí, pero este álbum solista en su soprano que en portaba aparece efectivamente
como el arma que es en sus manos/labios, debe ser uno de los artefactos más
humanamente desnudos, puros y bellos que se pueda conocer en nuestro tiempo. Monoceros,1978. Entre él, su instrumento, el aire, y el silencio, está toda la historia
humana, inconclusa y sangrienta. La técnica es impresionante (respiración circular, multifónicos, ataques doble y triples con la lengua, etc.) pero lo realmente impresionante es su capacidad de comunicación.
PHIL SPECTOR Y SU MURALLA DE SONIDO. 3 GRANDES Y ADORABLES FIASCOS: BEATLES, RAMONES Y LEONARD COHEN.
Estoy obsesionado con las
Trilogías, debe ser por la lavada de cerebro cristiano/católica de Dios en 3
personas y todo eso (los Residents
lo abordaron muy bien, con todas sus implicancias psicopatológicas, en su último
gran album, God in three persons, creo
que hacia 1988 si no me equivoco). Y también el lavado de cerebro
marxista-leninoide adolescente con su fórmula trinitaria de
tesis/antítesis/síntesis hace lo suyo en esta fijación por el N° 3. En lo
sexual, la idea de los tríos. En fin, mejor no sigo con eso….
La sagrada trilogía de hoy es una
bien curiosa y hasta “hueveada”….El arquitecto del sonido clásico de los 60, Phil Spector, y 3 álbums que produjo y
en cierta forma arruinó en gran medida, en orden inverso al cronológico.
Ramones,
End of the century (1980). En las memorias de Dee Dee Ramone, que en rock and roll descanse, el bajista recuerda
que volaron a LA para grabar este álbum, y que de inmediato quedó más que claro
que el psicópata de Spector quería hacer una especie de álbum solista de Joey, centrado
en su voz, con apoyo orquestal, y que no tenía interés alguno en el resto de la
banda. El tipo bebía harto, jalaba aún más, y se paseaba con sus armas de fuego….Hasta
que Dee Dee se aburrió y se volvió a NY. Cuando salió finalmente este álbum, en
1980, dice que al escucharlo no reconoció su aporte bajístico en ningún tema,
el que debe haber quedado entregado a músicos de sesión.
El resultado, júzguelo Ud. mismx…..Yo
creo que los ramones hicieron una trilogía de oro con Ramones (1976), Leave Home
(1977) y Rocket to Russia (1977). El
cuarto álbum, Road to ruin (1978),
aunque disfrutable ya era sólo más de lo mismo, y el It´s Alive (1979) no está nada mal pero es un álbum demasiado “reforzado”
para ser considerado en vivo, aunque bueno, así eran los trucos del negocio en
esos años (como bien demuestra en un rubro similar Thin Lizzy con su supuesto doble en vivo, Live and dangerous -1978-).Nunca podría hablar mal de canciones tan
simples y pegajosas como “Do you remember rock and roll radio” o “Rock and roll high school” (sobre todo su video clip, y esa gran explosión con que termina),
y como balada babosilla no está tan mal “Baby I love you”, pero la verdad es
que este artefacto apenas califica como un disco de los Ramones que amamos en
su forma más simple y salvaje, y en verdad se debería llamar “Joey Ramone and Phil Spector despiden
la década de los 70 con una muralla orquestal”. Si es por mí, los Ramones
deberían haberse disuelto justo en ese momento.
El segundo gran fiasco ocurrió
unos años antes, cuando Spector se topó con Leonard Cohen (que a fines de los 60 e inicios de los 70 entregó a su vez una trilogía perfecta de
albums: Canciones de Leonard Cohen (1967);
Canciones desde una habitación (1969); Canciones de amor y de odio (1971)), y
lo encerró en su casa. LC dijo: ya que estoy encerrado, hagamos canciones. Y pusieron manos a la obra. En cierta ocasión incluso invitaron a hacer coros a Bob Dylan y el poeta beat Allen Ginsberg, que quedaron
inmortalizados en la canción llamada “No te vayas a casa con esa erección”. El
resultado de las sesiones fue el disco Lamuerte de un mujeriego, atribuido a Leonard y Phil. El problema fue que Spector,
siendo fiel a su polémico estilo, se arrancó con las cintas a medio grabar, sin importarle
que su socio considerara que todas las tomas vocales que habían hecho eran
meramente referenciales, faltando pulirlas para la versión definitiva. Se encerró
con alcohol, cocaína y matones armadas en su estudio, y LC tuvo que dejarlo
obrar nomás, pues tal como luego declaró, su única opción para impedirlo habría
sido contratar su propio ejército privado de guardaespaldas.
El resultado: es bien, bien, bien
ambivalente. Se nota que el producto no estaba totalmente terminado, pero en
vez de ser un defecto eso termina siendo una gran virtud para quienes
suscribimos gustos similares y creemos que, como rezaba el lema del sello
noventero Ampethamine Reptile: “un
poco de Raw Power es mejor que 51 sutilezas”. Las letras son descarnadas, y plantean
varios problemas ligados al fracaso del amor sentimental. Antes sólo me gustaba
por su clasicismo del sonido el tema “Memorias”, donde el poeta/cantor habla del
cuerpo desnudo de una musa, pero con el tiempo empecé a apreciar el conjunto de
canciones en sí mismo, y la verdad es que se va haciendo adictivo escucharlo de
principio a fin, partiendo por “E verdadero amor no deja huellas”, seguido de
la maravillosa “Iodine”…. En “Dejé a una mujer plantada” la honestidad del
diálogo es sorprendente: al encontrarse con una vieja amante que dejó plantada,
ella le pregunta qué le pasó a sus ojos, y el ex amante le responde: “lo que le
pasó a mis ojos, también le pasó a tu belleza”. Punk rock.
Y finalizando la revisión, incluyo
algo de lo que me enteré hace poco: Phil Spector fue el encargado de darle la
forma definitiva al último álbum de los Fab Four, “Déjalo ser” (1970), que más
bien era iniciativa casi exclusiva de mi beatle menos favorito de todos, aunque
sea vegetariano: Sir Lord Paul MaCartney.
Y tuvieron que dejarle hacer a Phil, que secuestró una vez más las cintas, y
optó siempre por meterle más y más arreglos orquestales, y en el proceso no
tuvo problema en borrar pistas originales con la encantadora voz de Pauly. El
disco parece menos Beatles que lo
que es el “Fin de siglo” en relación al sonido clásico de los Ramones, pero en
fin: por algo se lo pidieron a él, y así nomás fue la cosa. Un disco que nunca
he entendido ni escuchado mucho, pero eso es parte de la manera lenta y personal
en que he tenido que lidiar con mi AMOR/ODIO por los cuatro de Liverpool (el
que se explica no sólo por la influencia de los Residents, sino porque luego de
amar a los Beatles en mi primera infancia, hacia los 9 años de edad fui vecino
de un sujeto que solía cantar sus canciones tapándose uno de los oídos con el
dedo, y …..puaj….de sólo recordarlo cantar “Michelle” hace que me gusten mucho
menos). Si me preguntan, creo que hacer ese disco final era totalmente
innecesario. Pero es positivo que exista, porque sirve para destruir el mito de
los Beatles como banda casi infalible, inspirada por la voluntad divina.
El progreso, que no es sino el
desarrollo tautológico de la economía por sus propios medios, para su propia
autoreproducción, supone el sumergir a cada vez más humanxs en una forma de
subsistencia consistente en poner la vida al servicio de este desarrollo, lo
que se traduce en la práctica a levantarse cada mañana para abordar las
máquinas, por cierto atestadas de otrxs en similares condiciones a la nuestra,
que nos llevan al claustro de los centros productivos, en los que debemos
rendir cuentas todo el día a quienes muchas veces preferiríamos partirles la
cara –aunque muchas veces su situación sea similar a la nuestra–, para luego
abordar las mismas máquinas de vuelta al claustro habitacional de nuestras
casas o de lo que llamamos nuestros hogares.
Estando la actividad humana
encadenada al ciclo cotidiano del TRABAJA/CONSUME/DUERME, y desarrollándose
ésta en un espacio cada vez menos pensado en las necesidades humanas y cada vez
más para la circulación de humanxs-mercancías, es de esperarse que las
relaciones humanas se vean cada vez más mermadas: las relaciones
interpersonales están ancladas a los centros productivos, y quienes generen
encuentros de camaradería afectiva fuera de los horarios asfixiantes de éstos
deben sortear los obstáculos del dinero (necesario para ‘recrearse’), del
tiempo y, cómo no, contar con la energía suficiente restante de la jornada
laboral. Esto no podría sino hacer de la incomunicación y el aislamiento unas
de las características dominantes en la vida de cada persona. De ahí que nos
enfermemos con lo que la ciencia del Capital llama comúnmente como depresión,
el ‘resfriado común’ de la psicología.
Claro que esto no le importa a
quienes dominan sino hasta que es un problema para la economía, como evidencia
la Organización Mundial de la Salud cuando advierte en su último informe sobre
salud mental que ‘la caída de la productividad y otras dolencias médicas
vinculadas a la depresión tienen un alto coste global, que la OMS
cifra en un billón de dólares al año’, o que ‘por cada dólar invertido por un
país en salud mental, se ahorra otros cuatro en trabajo (al generar mayor
productividad laboral) y en salud (al evitar tratamientos contra estas
patologías)¹. Es decir, la tristeza apabullante que agobia a la humanidad no es
un problema mientras no se interponga en el camino del desarrollo económico, y
si se le tiene en consideración, es sólo a propósito de este mismo desarrollo.
De paso, el mismo informe advertiría que Chile lidera el raking de depresión²,
que por cierto implicaría grandes pérdidas monetarias para el Capital local a
propósito de la cantidad de licencias médicas emitidas a causa de este
‘trastorno’. Esto probablemente debido a la atomización humana inherente al
desarrollo económico, pero sin una estructura lo suficientemente fuerte para
‘contener’ los síntomas de este mismo desarrollo, como suele ocurrir en los
llamados ‘países en vías de desarrollo’. Y no es que en los países centrales de
acumulación capitalista la gente no enferme de tristeza y soledad, pero su
enfermedad ha sido lo suficientemente encauzada en los canales del progreso
como para que esto no suponga un problema considerable para la economía.
Y teniendo en cuenta este
panorama de desolación global y generalizada, otros datos entregados por este
informe, como aquellos que indican que la depresión se extendió un 20% más en
la población global los últimos 10 años, o que casi 800.000
personas se suicidancada año en el mundo, lo que equivale a un
suicidio cada cuatro segundos, no serían sino un dato secundario al lado de
aquel que advierte la afrenta que supone para la economía que enfermemos de
tristeza, soledad y estrés (sea por exceso de trabajo o por falta de él).
Contra esto, debemos tener claro
que la guerra que libramos contra el Capital y sus agentes (incluso contra
aquellxs que nos interpelan en nombre de nuestra propia salud) no es menos
importante que nuestras prácticas por romper con nuestro propio aislamiento.
Habría que ser muy iluso para creer que uno acaba con su propia alienación
simplemente oponiéndose a la alienación generalizada; en cambio, un primer paso
para la re-construcción de vínculos de camaradería afectiva genuinos podría ser
el constatar la propia alienación y miseria, tomando nota de lo que esta
produce en nuestras propias relaciones interpersonales, incluso con nuestrxs
más cercanxs y entre ellxs: como la neurosis y frustración que entrañan
nuestras relaciones afectivo-sexuales, la imposibilidad de establecer contacto
real con el otrx, la incomunicación con quienes suponemos nuestrxs seres
amadxs, el sentimiento generalizado de soledad en compañía, la necesidad de
constituir nichos identitarios…
La lucha para la reconstitución
de una comunidad humana pasa también por poner en práctica formas de afecto y
confraternización que sirvan, por un lado, para la experimentación de formas de
comunidad que entren en contradicción con la socialización enfermante del
Capital, y, por el otro, para nuestra propia reconstitución y sanamiento
personal: una práctica colectiva para la reconstitución personal. Si bien estas
prácticas no serían más que mero comunitarismo si a la vez no apuntasen al
corazón mismo de la alienación generalizada -es decir, a esta forma concreta de
producir la vida, su base material (que es la raíz común de nuestra miseria
psíquica, física, afectiva, sexual, etc.)-, creemos que el autocuidado y que el
cuidado entre nosotrxs mismxs son parte fundamental en la constitución de
comunidades que entren en ruptura con la comunidad ilusoria del Capital, pues
creemos que la guerra contra la domesticación debe librarse también contra nuestra
propia domesticación internalizada.
¡Barramos de raíz con esta
realidad y con lo que esta realidad hace de nosotrxs!