martes, enero 24, 2023
PERÚ ARDE: UNA COLUMNA Y UNA ENTREVISTA EN VIDEO
1.- Perú, movimiento popular
destituyente
Luis
Hernández Navarro (La Jornada)
El sur de Perú arde. Coléricos
por la usurpación de la voluntad popular y la represión gubernamental,
manifestantes incendiaron bancos en Yunguyo, departamento de Puno. Lo mismo
hicieron en la comisaría de policía de Triunfo, Arequipa. En el campamento de la
empresa Antapaccay, en Cuzco, la población saqueó bienes de la empresa e
incendió instalaciones. También la lumbre ha quemado canales de televisión y
residencias de políticos en otras ciudades.
La lista de las protestas
documentadas es interminable. La mayoría son pacíficas, lo que no evita que la
violencia policiaca se cebe en su contra. De acuerdo con la Defensoría del
Pueblo, el 22 de enero fueron bloqueados 78 puntos, en 23 provincias.
(shorturl.at/nACDR). Entre otras acciones, se han llevado a cabo tomas de
aeropuertos, piquetes carreteros, de puentes y de redes ferroviarias; intentos
por ocupar el cuartel en el distrito de Llave. Según las autoridades, se han
producido 14 ataques contra sedes judiciales y siete incendios de sus
edificios, así como, 34 protestas contra comisarías, cuatro de las cuales
fueron convertidas en hogueras. Y, por supuesto, la multitudinaria ocupación de
Lima.
La ira popular se desborda en
múltiples regiones. Congresistas, como la fujimorista Tania Tajamarca, son
expulsados a pedradas al regresar a sus demarcaciones. Pero el enojo ciudadano
no distingue partidos políticos. “¿Está contenta con los resultados, señora
Susel? ¿Qué se siente irse todos los días a dormir con 52 muertos?”, reclamó
una mujer a la parlamentaria Susel Paredes, activista LGTB.
Las piras no han sido prendidas
por pequeños grupos radicales. Son, junto con los bloqueos de las vías de
comunicación, los choques con la policía y la toma de oficinas
públicas, obra de la sublevación popular en curso. Se trata de una moderna
Fuente Ovejuna que crece más allá de partidos, alimentada por rondas
campesinas, grupos populares que tienen el territorio como identidad, pequeños
comerciantes, maestros, comunidades indígenas, transportistas, gremios y grupos
estudiantiles. Es el retorno de Las Cuatro Regiones Juntas (el Tawantinsuyo, en
quechua).
El heterogéneo y diverso
movimiento popular que se desplaza por el país como el magma de un volcán no
reivindica demandas particulares. Los protagonistas han hecho a un lado sus
planteamientos específicos. Son, de entrada, un poder destituyente del viejo
régimen político, que exige la renuncia del gobierno usurpador de
facto, de su presidenta Dina Boluarte y del Congreso. Sin formularlo
así, sostiene una especie de “¡que se vayan todos!” Reclama nuevas elecciones y
un refrendo sobre una Constituyente, además de la liberación de Pedro Castillo.
El más reciente sondeo del Instituto de Estudios Peruanos indica que 69 por
ciento de los consultados está de acuerdo en convocar a una Asamblea
Constituyente para cambiar la Constitución.
En un país estructuralmente
racista y clasista, como Perú, con la oligarquía limeña enseñoreada con las
provincias, un enorme ejército de trabajadores precarios, la subrogación
sistemática de obras y servicios y la persecución política endémica de los
luchadores sociales, la revuelta popular en curso se alimenta también de viejos
agravios, que hoy emergen a flor de piel. Alimentada por la ira y el
resentimiento social, es un movimiento por la dignidad, formulado en clave
política.
El Estado peruano, ha escrito
Héctor Béjar, una de las grades referencias intelectuales ético-políticas de
esa nación, es un “barco lleno de agujeros, que navega sin brújula y sin
capitán. Los capitanes son fugaces. Llegan pensando qué se van a llevar. Es un
Estado en situación de discapacidad, en el que no puede hacer nada, porque todo
tiene que ser contratado con empresas privadas” (https://rb.gy/bzkmer). Un Estado, que es
una potencia en la producción de cobre y que, sin embargo, no ha podido evitar
que 41 grandes contratos mineros estén paralizados por la resistencia de las
comunidades, ni tiene la fuerza para comenzar a renegociar los pactos firmados
por Fujimori que terminan este 2023.
El movimiento tiene fecha de
arranque (7 de diciembre), pero no se avizora su final. Sorprende su
permanencia, a pesar de la salvaje represión del gobierno de facto cívico-militar,
que ha declarado la suspensión de las garantías constitucionales y asesinado a
más de 60 personas; su avance por oleadas; su inteligencia para replegarse en
las fiestas navideñas y rebrotar con más vigor y capacidad de convocatoria al
terminar éstas; su potencia para reditar una nueva “Marcha de los Cuatro
Suyos”, similar a la que en 2000 marcó el inicio del fin de la dictadura de
Fujimori, mientras controla el sur del país; las redes de solidaridad que lo
alimentan, hospedan, abastecen de agua, transportan, curan y protegen.
Con sus propias especificidades,
la sublevación destituyente peruana se suma al ciclo de movilizaciones
populares desde abajo que se han sacudido en los últimos años a Ecuador, Chile,
Colombia y Bolivia. Como lo muestran estas experiencias sudamericanas, su
desenlace es incierto. La historia no avanza en línea recta.
El gran capital minero
trasnacional demanda estabilidad y garantías para sus inversiones y hará valer
todos sus recursos e influencias para mantenerlos. Aunque la decisión de
reprimir la insubordinación popular tiene amplio consenso en la derecha
peruana, el gobierno usurpador de Boluarte es inviable a mediano plazo. Sin
embargo, la magnitud de la magnitud de la violencia contra los sublevados puede
ahogar a sangre y fuego, en el corto plazo, este empuje destituyente del Perú
de abajo. El pueblo peruano se ha convertido en sujeto de su propio destino.
¡Toda la solidaridad a su epopeya!
Twitter: @lhan55
2.- De golpe a genocidio, están
matando al pueblo de Perú: entrevista a Lourdes Huanca, dirigente peruana
Elena Rusca (El Clarín) VER ACÁ
- Qué ocurrió exactamente el 7 de diciembre 2022?
- Porqué el Congreso quiso destituir al presidente
democráticamente electo Pedro Castillo? Qué sutilidad legal supo utilizar?
- Qué pasa este año con las concesiones mineras?
- Cual es la realidad minera en Perú?
- Qué ocurrió a partir del 7 de diciembre de 2022?
- Además de la destitución de Pedro Castillo, la
desigualdad y el racismo instaurados en el país andino espolean las
actuales protestas sociales, eso recuerda un poco lo que pasó en Bolivia
durante el golpe de Añez?
Etiquetas: calles para la insurrección, Perú Arde, revuelta permanente, tercer asalto proletario contra la sociedad de clases, tratar al enemigo como enemigo
jueves, diciembre 22, 2022
An-arché (x. R. Karmy)
(Capítulo 19
de El fantasma portaliano)
Raudales de escritos han proliferado desde que el 18 de
octubre obtuvo carta de eternidad. En general, los análisis se han circunscrito
a la época transicional: los treinta años que no podían ser treinta pesos y que
tendrán al régimen neoliberal —y a su constitución— como su predilecta forma de
gobernar. Pero estos han obviado cómo la episteme transicional configura el
último ensamble del fantasma portaliano. Así, lo que resulta fundamental es
dilucidar cómo la gubernamentalidad neoliberal se anudó al viejo fantasma.
Lejos de quedar extemporáneo, el portalianismo es capaz de arrimarse a nuevos
proyectos. Su autoritarismo social fue el puntal decisivo para reacomodar la
topología Estado-Capital de la república bajo el nuevo régimen de la
gubernamentalidad neoliberal, que vio sus frutos justamente en los
problemáticos años de la episteme transicional.
Volvamos al epígrafe con el que inauguramos este ensayo: la
carta de Portales a Cea en la que señala que para las repúblicas
latinoamericanas se hace necesario un gobierno fuerte y centralizador. Es clave
atender al hecho no menor de que, para Portales, tales repúblicas se inscriben
en una suerte de proceso de transición hacia
la democracia: cuando los ciudadanos se hayan moralizado por las virtudes
impresas gracias a la oligarquía dominante (desde arriba), «venga el Gobierno
completamente liberal, libre y lleno de ideales, donde tengan parte todos los
ciudadanos» —dice el triministro—. Por ahora, el control del mal ha de ser
férreo, pero solo en la medida en que este permitirá transitar hacia la
democracia. En el fondo, se trata del modo en que la república latinoamericana
y su gobierno fuerte y centralizador funcionaría a favor de la democracia al
precio de que los llamados vicios puedan ser corregidos a favor de la virtud.
Esta es la clave del fantasma portaliano devenido en el presente.
De la misma forma en que Portales logró introyectar
hipertróficamente la monarquía en la forma del gobierno fuerte y centralizador
de las nuevas repúblicas latinoamericanas, como el arché del nuevo orden político, desde 1990, la episteme
transicional introyectó la dictadura en el seno mismo de la democracia. Así, la
dictadura asumía una forma civil y la democracia, un modo dictatorial; la
dictadura se perpetuaba en y como democracia y esta última experimentaba los
límites juristocráticos apuntalados en dictadura y profundizados en la
extensión de los dispositivos dictatoriales en y como democracia: la dictadura
solo podía desarrollarse en democracia y esta última, solo gracias al soporte
portaliano propuesto por la dictadura. Cualquier forma de democracia podría
desarrollarse únicamente en virtud del peso de la noche que se mantenía bajo la
forma de la dictadura. El nudo que posibilitaba este singular complexio oppositorum ha sido el arché del peso de la noche.
Todo deviene espectral: en democracia aún sobrevive la
dictadura; en dictadura se apuntala el diseño de la nueva democracia. La democracia
portaliana se presenta, así, como el orden oligárquico por excelencia que
amplía la fuerza del mercado, en la medida en que, por medio de él, compensa el
debilitamiento de la imaginación popular. A esta luz, la democracia sobrevenida
desde 1990 se anuda estrictamente sobre la base del fantasma portaliano que
oligarquizó sus procesos y mantuvo a salvo el orden de los vencedores de 1973
—que se yuxtaponen con los vencedores de 1830—. Asistimos, pues, a la réplica
del fantasma portaliano que, a la vez que abrió el proceso de restitución de su
forma con el golpe de Estado en 1973, lo perpetuó y profundizó políticamente
desde 1990 hasta la actualidad.
La espectrología muestra el nudo del fantasma portaliano:
este no es ni dictadura ni democracia, sino el dispositivo que engarza estas
dos lógicas en una sola, tal como lo hace con la excepción y la ley, la
violencia y el derecho. Por eso, como hemos visto, el portalianismo no puede
ser descrito como un orden, sino como su arché; el orden de todo orden (el orden
transcendental), las condiciones fácticas (de textura histórica) sobre las
cuales se erige cualquier orden posterior que puedan soñar los ideólogos. Por
eso, el fantasma portaliano permite mostrar que la república de Chile fue
siempre articulada a la luz de una determinada episteme transicional: del vicio
a la virtud, de la monarquía a la república, de la creación a la redención, de
la dictadura a la democracia, todos los términos se yuxtaponen como uno y el
mismo clivaje, el del fantasma portaliano.
Desde que Portales arguye la diferencia entre las repúblicas
latinoamericanas y la democracia posterior —efecto del rigor sacrificial del
gobierno fuerte—, la república parece encontrarse en «transición» (1).
El término solo se incorpora al léxico
político desde los años ochenta, cuando se elaboran salidas posibles a la
dictadura chilena y las izquierdas entran en el proceso de renovación.
«Transición» porta consigo la ventaja, propiamente portaliana, de contener en
sí misma dos formas o regímenes políticos disímiles pero articulados. Dos
formas o, en rigor, una forma sostenida sobre la base del peso de la noche como
su arché: república, sí —dirá Portales—, pero bajo la introyección de la
monarquía; democracia, sí —dirán los transitólogos—, pero bajo la introyección
de la dictadura. Por fin, «transición» indica el desplazamiento hegemónico de
saberes: por décadas, la historiografía había constituido el dispositivo de
saber más decisivo de la república, donde aún primaba un principio soberano,
para terminar desplazada por la sociología y su vocación gubernamental. En
último término, «transición» no es más que la sutura del fantasma portaliano
que mantiene el arché en medio del nuevo orden.
De esta forma, entre dictadura y democracia no se articulará
una línea de progreso como un círculo mítico ensamblado por el fantasma. Así,
todas las dificultades que ha tenido el pensamiento crítico durante los últimos
treinta años para pensar la dictadura y su articulación en y como democracia,
me parece, tienen que ver con la juntura fantasmática del portalianismo que se
replica aquí: dictadura y democracia se compenetran espectralmente hasta llegar
a confundir sus propias lógicas en un mismo continuum,
cuyo soporte político ha sido el partido portaliano: metapartido fáctico de corte oligárquico que articuló a la
república y que, después de 1990, en virtud de la promiscuidad consensual de
las élites de la actualidad, puede perfectamente denominarse partido neoliberal.
La revuelta de octubre de 2019 impugnó el arché del peso de la noche sobre el cual había descansado la
episteme transicional: la inercia de una masa despolitizada bajo la
gubernamentalidad neoliberal devino fuerza de una multitud que puso en juego la
«suspensión del tiempo histórico». La democracia portaliana fue parcialmente
destituida, su máquina que suturaba autoridad y libertad, Estado y Capital,
sufrió un impasse que fue suficiente para privarla del control del país. El
portalianismo quizás haya sufrido aquí una de las impugnaciones históricas más
importantes, tal como lo fue la Unidad Popular en 1970 o el movimiento de los
pueblos durante el primer trienio del siglo xix. Se trata de su interrupción,
momento en que el deseo de los pueblos o, si se quiere, la imaginación popular
suspende parcialmente el complexio oppositorum
al dislocar la sutura portaliana que anudó fatalmente al Estado y al Capital.
Los treinta años eran reales, pero no en el sentido historiográfico, sino en el
sentido intempestivo: treinta años fue la expresión de una cifra histórica, que
condensaba doscientos años de portalianismo, al que la revuelta se arrojó a
destituir. Pero, para hacerlo tocó el arché
del propio orden, el dispositivo gubernamental encargado de transformar la
fuerza de los pueblos en inercia y despolitizar a la población. En otros
términos, la revuelta se lanzó sobre el resorte de la máquina, el puntal que
catalizó velozmente la implosión del pacto oligárquico de 1980 hasta llevarlo a
su punto cero.
La episteme transicional, anudada como pivote de saber-poder
de la democracia portaliana surgida desde 1990, estaba experimentando una
interrupción decisiva: el complexio
oppositorum no logra restituir su unidad. El fantasma no puede suturar la
grieta, el hiato, el abismo abierto por la revuelta; los dispositivos que
habían posibilitado el saber, el poder y la subjetivación son dislocados. La
revuelta lleva la sutura portaliana de 1980 a su ruina y «evade» una y otra vez
su poder. Los pueblos no se dejan gobernar por el fantasma. Los torniquetes han
saltado en pedazos y los pueblos vuelven a habitar las calles
intempestivamente. La realidad completa del país deviene fiesta: el saqueo
asedia la propiedad; las barricadas, al conjunto de calles; incendios queman
los sitios decisivos, y vetustos monumentos son destituidos de sus históricos
pedestales. Todo cae, la vida con la muerte, la democracia con la dictadura, el
portalianismo es acribillado a quemarropa por la irrupción de los pueblos.
Pueblos vencidos en Lircay en 1830, vencidos en el golpe de 1973, que dislocan
los lugares y habitan otros sitios para los que aún la humanidad no ha creado
los espacios. Toda revuelta habita en un lugar que jamás ha podido tener lugar:
un jardín que destituye a todo Edén; jardín abierto entre la sequedad del
cemento, maleza diseminada entre las grietas del pavimento. La revuelta es
jardín, donde cuerpo y potencia se anudan en una sola intempestividad.
La democracia portaliana agoniza, pero aún no está
destituida. Su oligarquía enloquece, experimenta una orfandad que no había
experimentado jamás. No tiene el control del país. Nadie lo tiene. Los indios
han cruzado el Biobío. El torniquete (pos)colonial del katechón portaliano dejó de funcionar, la trinchera fue
extrañamente abandonada. La fiesta se impuso. El derecho de propiedad sangra.
El término «dignidad» enciende las calles: «Pero esa dignidad —escribe Frantz
Fanon— no tiene nada que ver con la dignidad de la “persona humana”. Esa
persona humana ideal jamás ha oído hablar de él» (2).
¿Qué es lo que los vencidos dicen cuando dicen «dignidad»? No se trata, por
cierto, del término liberal, remitido a la antropología de la persona humana,
sino más bien de la intensidad de la imaginación popular y el conato
irreductible de una vida que ha vuelto a abrazar su potencia.
Las tensiones son aquí otras, potencias que nada tienen que
ver con el normativismo con el que se han intentado medir las diversas
versiones de liberalismo. «Dignidad» no designa al movimiento de reconocimiento
de la persona humana como tal, sino a una fuerza de interrupción que suspendió
el conjunto de mecanismos de producción de la subjetividad. «Dignidad»
designaba así la irrupción de otras formas de vida, de otras voces, de otros
lugares de enunciación. No había aquí la reivindicación personalista que
posteriormente la saturación de dispositivos hermenéuticos y sus políticos de
turno interpretaron social y juristocráticamente. No había un «quién», sino una
constelación de fuerzas: nada inquieta más a la policía que la inexistencia de
un quien: «¿Quién mató al comendador? ¡Fuenteovejuna, señor!» —sostenía Lope de
Vega—. La búsqueda de un sujeto que pueda conducir, liderar, en el fondo,
pastorear a las ovejas está ausente. La búsqueda de un alguien que pueda
convertirse en interlocutor y articular una interpretación, una forma precisa
de hegemonía. Nada de eso hay en la revuelta, porque nada está detrás de ella.
Fragmentariedad de cuerpos que no calzan consigo mismos, que no pueden ser
jamás un «para sí», la revuelta es precisamente una experiencia de
inactualidad, de una intensidad que resta respecto de sí.
«Lo que el pueblo exige es que todo se ponga en común» (3).
Exigencia de clase absolutamente simple pero decisiva que, a su vez, expone el
vacío que atraviesa al complexio
oppositorum portaliano al destituir la ilusión de su orden. El país no será
más un oasis, pues la revuelta, en su apuesta descolonizadora, destituirá su
lugar excepcional (la copia feliz). Así, la exigencia popular pondrá en común
al país y expondrá lo más insoportable para su fantasma: que no es nada
excepcional, que no es un oasis, sino que deviene como todos los pueblos de la tierra. Somos común, y esa es la realidad más banal e insoportable. Realidad de
la que la poesía pudo dar cuenta en la medida en que abría el campo anasémico
de la potencia, oculto bajo las gruesas vestiduras del fantasma portaliano. No
se trata, entonces, de que la revuelta haya revelado un arché cuya autenticidad y originariedad habría permanecido oculta,
sino justamente que la revuelta destituyó el arché del Reyno de Chile, cuya
expresión portaliana no fue otra que la del peso de la noche. La revuelta fue
así, por un momento, la suspensión de dicho peso y la abertura an-árquica de la imaginación popular.
Pero la dimensión an-árquica de la revuelta no prescindió de
formas. Los cabildos, asambleas y diversos tipos de reuniones políticas
mostraron que el movimiento de los pueblos vuelve a irrumpir en escena bajo una
organización diferente a la portaliana, pues intentó garantizar la permanencia
de su potencia, la alegría de su fuerza y no transformarla así en la triste
realidad de la inercia. Se trata de la an-arquía de un ritmo que ha de ser
pensado como «organización del movimiento de la palabra en el lenguaje» (4) y, por tanto, articulación que no obedece al régimen de la representación (al
signo), pero que resulta una constelación energética singular. El ritmo deviene an-árquico en la medida
en que destituye al resorte portaliano y se arroja al ruedo de su violencia no
para instaurar un nuevo orden (un nuevo
arché), sino para habitar la misma suspensión sobrevenida. Usar los lugares
de siempre, pero bajo la exigencia de ponerlos en común, de habitarlos o
impregnarlos en una nueva república de los cuerpos, al modo de un jardín que se
cultiva y no de un Edén al que se imita.
Aciago instante del orden el que sobreviene con la revuelta
de octubre de 2019. Instante de reacción, donde el fantasma ha de lanzarse a la carroña e intentar anudar
lo imposible de anudar. El deseo de los pueblos estalla, los carroñeros se
arrojan a la cacería. Los restos arden solos por la calle, un relato que
confiscó la vida del fantasma por décadas está en quiebra. El fantasma ya no es
eficaz, su vacío y fragmentariedad han quedado expuestos. El cóndor hace lo
suyo: fuerzas militares cubren tímidamente al país, fuerzas policiales
multiplican sus violencias en una miríada de plazas, barrios, calles y colegios
que han sido tomados. El presidente declara la guerra a su pueblo y exhibe, de
esta forma, el arché de la república.
El hueso se deja ver, la fractura está expuesta y no hay nada que el propio
fantasma pueda hacer.
La policía va en busca de la fiesta que colma las calles del
país. Las llamas arden, la destrucción irrumpe, un júbilo inviste las pasiones
cuando los pueblos logran rasgar las vestiduras del fantasma. En palabras de
Mistral: el cóndor acecha al huemul, la
stásis de las fuerzas cósmicas se desencadena sobre la tierra. Nada está en
su lugar, todo se desplaza, experimentamos la precariedad de lugares tomados y
desalojados a la vez. El cóndor se arroja a cazar muertos, restos de presas que
han quedado después de la matanza. Pero no hay muertos, sino vivos. Tiene que
combatir cuerpo a cuerpo y no sabe hacerlo. La gracia del huemul despunta con
los pueblos mientras la fuerza del cóndor retrocede con su fantasma.
Cuando el fantasma no funciona, reacciona. Su látigo es
doloroso pero ineficaz. Su reacción advierte la impotencia, sintomatiza su
destitución. Ante todo, es en la intelectualidad donde dicha reacción encuentra
su sitio. Las columnas proliferan, los periódicos del orden —que realizan la
labor diaria de sostener al fantasma— y los libros rápidamente publicados
atestiguan la magnitud del acontecimiento. Salvo raras excepciones, la
intelectualidad oligárquica apenas se detiene para pensar y, más bien, comanda
su palabra como armas dirigidas a la cacería que se anuncia: la anarquía ha vuelto.
1.- Luna
Follegatti, La transición a la democracia en Chile: genealogía de un concepto
(1973-1989), tesis doctoral, Universidad de Chile, 2018.
2.- Frantz
Fanon, Los condenados de la tierra. México D. F., FCE, 1963, p. 39
3.- Ibid.,
p. 43
4.- Meschonnic,
La poética como crítica del sentido, op. cit., p. 34.
Etiquetas: calles para la insurrección, Capital/Estado, Karmy, reflexión
viernes, abril 01, 2022
Funkadelic: Libera tu mente/La insurrección kazaja (anónimo)
Free your mind and your ass will follow, editado el 1 de julio de 1970.
“La leyenda dice que George Clinton quería ver qué pasaría si
Funkadelic grababa rápidamente un álbum completo bajo la influencia del LSD. La
historia puede o no ser apócrifa, pero los resultados, editados inmediatamente
después de su debut, de seguro le prestaron crédito al cuento. Free your mind
va lejos, muy muy muy lejos. Lleva al auditor a un viaje salvaje que es al
mismo tiempo muy exploratorio e intensamente funky. Eddie Hazel, recogiendo la
antorcha de su héroe Jimi Hendrix, despliega el más abrasador rock de guitarras
de la historia entrelazándolo con el funk psicodélico siempre en evolución del
grupo. La historia nos dice que la gente encontró estos resultados algo
confusos -pero es claro que no estaban preparados. Atiende al llamado del tema
que le da el título al disco e inicia tu viaje”.
LA INSURRECCIÓN KAZAJA
(El texto original fue publicado de manera anónima en el sitio
web de Ill Will el
23 de febrero de 2022. Publicado en español por Artillería Inmanente).
En presencia de trabajadores armados,
los obstáculos, las resistencias y las imposibilidades desaparecerán.
Blanqui
En el pasado, las insurrecciones han conseguido derrotar al
Estado, y no sólo a un gobierno en particular. La insurrección es algo más que
una oleada de disturbios, protestas militantes, bloqueos, ocupaciones, etc. Es
la apertura de una ruptura, la búsqueda de ese punto tras el cual no es posible
volver atrás. Si las revoluciones de nuestro tiempo no han derrotado al Estado,
argumentamos que esto se debe a que no ha habido insurrecciones: ha habido
levantamientos no violentos, disturbios, luchas armadas y guerras civiles, pero
todavía no insurrecciones.
En los próximos años, es probable que veamos experimentos en
el arte de la insurrección a medida que una nueva generación de revolucionarios
intente superar los obstáculos e impasses a los que se enfrentaron los
levantamientos de 2011 y 2019. Kazajistán, un país con el que muchos
estadounidenses sólo están familiarizados debido a la franquicia
cinematográfica de Borat, puede ofrecer un primer vistazo a este futuro. Los
recientes acontecimientos en Kazajistán son lo más cerca que ha estado un
levantamiento de una insurrección a gran escala, desde el comienzo de una
oleada global de luchas a finales del 2018. Esto nos permite imaginar cómo
podrían haber sido los movimientos recientes, como la revuelta de George Floyd,
si hubieran llegado más lejos. El curso de los acontecimientos en Kazajistán
sugiere una posible ruta para navegar por las trampas que hasta ahora han hecho
naufragar las revoluciones contemporáneas. Al proporcionar la visión más clara
de la forma de la insurrección que viene, el levantamiento nos permite
cuestionar los límites que un proceso insurreccional en la actualidad podría
enfrentar.
La vacuna antidisturbios
El día de año nuevo de 2022, el gobierno de Kazajistán puso
fin a los topes de precios del combustible, lo que provocó que el coste se
duplicara prácticamente de la noche a la mañana. Las protestas estallaron al
día siguiente en el oeste de Kazajistán, la región productora de combustible.
Significativamente, las primeras manifestaciones se produjeron en Janaozén, una
ciudad cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de la violenta represión a una
huelga de trabajadores del petróleo en 2011, que dio lugar a una oleada de
disturbios que se extendieron por toda la región.
Este año, a medida que el levantamiento se extendía por todo
el país, adoptó un carácter más general, recogiendo nuevas demandas por el
camino. Cuando las manifestaciones llegaron a Almatý, la antigua capital y la
ciudad más grande, habían empezado a reflejar un descontento social más
general, aprovechando la frustración generalizada por la desigualdad, la
pobreza y la corrupción. Los manifestantes pedían ahora la destitución del ex
presidente Nursultán Nazarbáyev como jefe del Consejo de Seguridad. Nazarbáyev
había sido presidente durante casi treinta años y se creía que seguía
gobernando el país entre bambalinas.
Hasta ahora, estos acontecimientos siguen un patrón familiar.
Los levantamientos que sacudieron Francia y Sudán a finales de 2018 comenzaron
cada uno en regiones provinciales como protestas contra el aumento del coste de
la vida. Lo mismo ocurrió con la revolución en Túnez que comenzó a finales de
2010, dando inicio a la Primavera Árabe. Las protestas francesas fueron
inicialmente una respuesta a un impuesto sobre la gasolina. En Sudán, fueron
catalizadas por el fin de los subsidios gubernamentales a los productos
básicos, como el combustible y el trigo. Las protestas en Sudán también
comenzaron en una ciudad industrial famosa por su historia de organización de
la clase trabajadora y su represión. En cada país, las protestas fueron
adquiriendo más demandas a medida que se extendían. A medida que la fuerza del
movimiento crece, su imaginación de lo que es posible tiende a crecer también.
La capital se convirtió cada vez en el centro de gravedad del movimiento, que
ahora tenía poco que ver con la demanda original.
En Almatý, las cosas empezaron a acelerarse rápidamente. Las
protestas comenzaron el 4 de enero. El 5 de enero se intensificaron hasta
convertirse en un levantamiento armado, con el objetivo no sólo de reformar la
política, sino de derrocar al gobierno. Se asaltaron las sedes de la policía,
las comisarías y los canales de televisión. El ayuntamiento y otros edificios
gubernamentales fueron quemados hasta los cimientos. También se incendiaron la
antigua residencia presidencial y la sede regional del partido gobernante Nur
Otan. A continuación, las multitudes asaltaron el aeropuerto y lo cerraron. La
policía y las fuerzas de seguridad se rindieron ante la multitud y fueron
desarmadas. Los coches patrulla fueron incendiados. Los saqueos se extendieron
por toda la ciudad. Empezaron a circular vídeos de insurrectos distribuyendo rifles
saqueados de las tiendas de armas entre la multitud. Según todos los indicios,
esa noche el poder estaba en manos de los insurrectos.
Algunos observadores casuales se sorprendieron por la rápida
destrucción de Almatý. Pero, como nos recuerda Vaneigem, «la barbarie de los
disturbios, de los incendios provocados, el salvajismo del pueblo, todos los
excesos… son exactamente la vacuna de los disturbios contra la fría atrocidad
de las fuerzas de la ley, el orden y la opresión jerárquica».
Etiquetas: calles para la insurrección, free chant, fun fun fun, rock (no punk), teoría revolucionaria
lunes, marzo 07, 2022
Insurrecciones del siglo XXI
-Insurrection, Bourbonese Qualk.
-Insurrection, Hiatus feat. Linton Kwesi Johnson.
INSURRECCIONES DEL SIGLO XXI
Prólogo al libro Ciudades en insurrección, de Katerina Nasioka, publicado en Chile por Ediciones Pensamiento y Batalla, 2022.
“Hay rebelión en imaginar que uno podría rebelarse”
Corría
el año 2009 cuando durante una actividad en el Taller Sol, ubicado entonces en
plena Plaza Brasil, me topé con una edición artesanal y por partes del libro
“La insurrección que viene”.
Hasta
ese momento no sabía casi nada acerca de sus autores (el Comité Invisible, que
publicó el libro en francés en el 2007), pero el título me impactó fuertemente porque
con otrxs compañerxs habíamos estado especulando con que, tal como había
señalado cierto politólogo democristiano cuyo nombre he olvidado, si es verdad que
en Chile las insurrecciones y revueltas -respondidas a veces con golpes de
Estado o “rupturas institucionales”-
ocurrían cada cuarenta años, estaríamos en ese momento bastante cerca de
presenciar otra. La idea nos obsesionaba no poco, y tratábamos de imaginar cómo
podría llegar a desencadenarse algo así, de qué forma se expresaría el
movimiento y qué límites objetivos y subjetivos encontraría.
El
terremoto de febrero de 2010 y los efectos que generó en Concepción (con
saqueos masivos, militares y declaración estado de excepción constitucional)
nos hizo vislumbrar y ponderar algunos de esos factores. Además sumamos a esas
conversaciones el estudio de la insurrección más poderosa y espontánea de que
tuviéramos noticia en esta región: la del 2 de abril de 1957, comenzada unos
días antes en Valparaíso, y extendida como reguero de pólvora negra primero a
Concepción y luego a Santiago, donde la policía fue derrotada en los combates
callejeros y Carlos Ibañez del Campo -dictador filofascista entre 1927-1932 y
luego Presidente de la República entre 1952-1958, gracias al voto socialista- decidió
sacar a los militares a la calle para aplastar definitivamente el movimiento,
asesinando a cerca de cuarenta rebeldes.
Las
insurrecciones, “finalmente vinieron”, como constató el Comité ya referido
siete años después; tanto en Chile como en varias partes del mundo, inaugurando
una larga fase de conflictividad permanente que está muy lejos de haberse
acabado.
De
paso, estas insurrecciones del siglo XXI cambiaron radicalmente nuestra forma
de ver el mundo y las posibilidades de su transformación efectiva mediante una
revolución social.
Esa
novedad no es una cuestión menor para quienes habíamos vivido el gran pantano
de la contra-revolución impuesta en los sucesivos avances que tuvo de 1973 a
1977, 1984 a 1989, y luego de eso el dominio absoluto del Capital en todos los
planos, promocionado en los 90 como “el fin de la historia”, mientras la
ideología hacía un exitoso trabajo de naturalización de ese estado de cosas
empantanando la teoría crítica en el mercado de las identidades
posmodernas.
El
2011 el movimiento estudiantil tomó las calles de Chile, generando una gran
revuelta en agosto, y una agitación que no se calmó del todo en los años
posteriores. Después de eso hubo levantamientos locales en Aysén, Freirina,
Magallanes y Chiloé. La “explosión feminista” tomó calles y campus
universitarios durante el 2018, y desde octubre del 2019 vivimos una de las
insurrecciones más potentes de que se tenga recuerdo, iniciada por estudiantes
de liceos que saltaron los torniquetes del metro y encendieron una chispa que
en pocos días se extendió a todo Chile, partiendo el calendario y la historia en
dos.
En
otras partes del planeta también estallaron y nunca se acabaron las revueltas y
protestas masivas: desde la Primavera árabe del 2010 al 2012, el movimiento de
los indignados en España a Ocuppy Wall Street el 2011, y de ahí a las protestas
más recientes de los “chalecos amarillos” en Francia y las revueltas callejeras
en Hong Kong, Ecuador y Colombia. Son los nombres que me vienen a la mente
ahora, y estamos seguros de que en el mapa de la contestación hay cientos y
miles de luchas que nos recuerdan que la humanidad no se resigna nunca del todo
al programa de aniquilación que el Capital viene implementando desde hace
siglos, sin parar.
El
libro que tienes en las manos se ocupa de dos grandes insurrecciones ocurridas
a fines de la primera década de este siglo. Tanto en Oaxaca (México) desde
diciembre del 2006, como en Atenas (Grecia) durante todo el año 2008, se
vivieron momentos claves de la lucha de clases del siglo XXI.
Pese
a las grandes diferencias entre ambos acontecimientos, situados en una urbe del
“Viejo” continente europeo y el otro en el corazón de Mesoamérica, el “Nuevo”
continente, la significación y profundidad de cada una de estas rupturas
revolucionarias se explicaba dentro de unas mismas condiciones globales,
impuestas desde hace siglos por las necesidades de la acumulación capitalista,
y anticiparon un conjunto de cuestiones prácticas y problemas teóricos que han
sido parte de nuestra actividad antagonista desde entonces.
La
autora, Katerina Nasioka, recorre estos acontecimientos históricos tratando de
desentrañar cómo el “espacio-tiempo de la revuelta” rompe el “contrato
espacial” impuesto a las ciudades, generando su propio contra-espacio
destotalizante, una verdadera topología de la negación.
Estamos
convencidos junto a ella de que debemos
pensar “desde el acontecimiento”, pero sin aislarlo, sin convertirlo en
fetiche.
De
ahí la importancia fundamental que tiene estudiar y señalar la conexión o
confluencia de las distintas luchas en el tiempo y el espacio, pues si por una
parte cada una se sitúa en su propio contexto histórico, es la experiencia y la
síntesis de todas ellas juntas lo que permite apreciar en concreto la
“cambiabilidad” de este mundo, para que la revolución al fin se plantee y se
abra como posibilidad.
Una
interrogante que recorre todo el libro es la de cómo se plantea la noción del sujeto
y de la clase (proletariado) a partir de la práctica que se despliega en estos “estallidos
sociales” actuales, cuya “ira social” se descarga de formas muy deferentes a
las imaginadas y propugnadas por la izquierda obrerista del siglo XX.
También
se refiere a una sensación que en Chile acabamos de conocer muy bien: el
momento en que nos alejamos del espacio-tiempo de la revuelta y la realidad se
vuelve a normalizar, “el horizonte se cierra poco a poco” y “el presente se
vuelve, de nuevo, totalizante”. Sabíamos que las insurrecciones nacen y mueren,
y ahora nos estamos enfrentando a lo que queda después del estallido, y las
dudas y temas que nos deja instalados tanto en los momentos reflexivos como en
las instancias organizativas.
Furio
Jesi en “Spartakus” decía que sólo en el instante de la revuelta sentimos verdaderamente
a la ciudad como propia: “propia, por
ser del yo y al mismo tiempo de lxs “otrxs”; propia, por ser el campo de una
batalla elegida y que la comunidad ha elegido; propia, por ser el espacio
circunscripto en el cual el tiempo histórico está suspendido y en el cual cada
acto vale por sí solo, en sus consecuencias absolutamente inmediatas”.
Por
eso, aprender colectivamente sobre las distintas revueltas y revoluciones de la
historia nos enseña acerca de la manera en que en otros lugares y tiempos,
otrxs humanxs como nosotrxs pudieron romper con la pesadilla de la realidad
impuesta, apropiándose de sus vidas, suspendiendo el tiempo lineal, homogéneo y
vacío, e interrumpiendo en las calles los flujos de circulación de mercancías y
el continuo eterno de la dominación, buscando en definitiva “otras ciudades para otras vidas”.
Etiquetas: calles para la insurrección, revolución social, tercer asalto proletario contra la sociedad de clases
viernes, febrero 19, 2021
Entrevista sobre Presos de la Revuelta
(Realizada por Vadim Vidal. Tomada de El Porteño).
¿Hay presos políticos en Chile?
Yo creo que sí hay presos políticos en Chile, notoriamente a partir del estallido, y antes. El Código Penal de 1874 tiene todo un párrafo y títulos sobre los delitos contra la seguridad del Estado, y los delitos contra la seguridad del Estado son delitos políticos. Es una cuestión de doctrina penal antiquísima. El delito terrorista se supone que se le excluye de eso aunque, en un sentido sociopolítico, el terrorismo es político, salvo en el narcoterrorismo quizás, pero el terrorismo de inspiración política, claro, se discute eso, si está en el límite o no con el delito político, pero lo que no debiera generar discusión es que hay delitos políticos en el código penal.
¿Cuales?
Alzamientos, atentados a la autoridad, el mismo desorden público se puede entender que es una forma de delito político, pero, además, en numerosas ocasiones a lo largo del siglo XX se dictaron leyes de seguridad interior y exterior del Estado y eso se sistematizó finalmente. Es una historia bien curiosa, porque la criminalización política más abierta que había a mitad de siglo pasado fue la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, de Gonzalez Videla.
La ley maldita
Claro, y bajo esa ley se procesó a un montón de personas, porque en toda esa inestabilidad que hubo, sobre todo en los años 50, se decretaron primero decretos leyes, que eran pseudo legislación, porque no las hacía el parlamento, pero después el parlamento y la corte suprema las validaron. Hay decretos leyes de esa época que se siguieron aplicando eternamente. El 52, Ibañez prometió derogar la Ley Maldita, pero no sólo no la derogó, sino que la siguió aplicando. Y en el año 57, el 2 de abril, en Santiago, Valparaíso y Concepción, hubo una especie de estallido social bien fuerte. Yo creo que es lo más parecido en Chile a lo que vivimos el 18 de octubre…
También por alza del transporte público
También por transporte público y también espontáneo. Y ahí, bueno, mucha gente terminó presa, hubo varios muertos, después hubo una amnistía el 58 y recién ahí Ibañez derogó la Ley Maldita, pero creó en su reemplazo la Ley de Seguridad del Estado, que es la que todavía se aplica, la que es, en mi opinión, un pilar de la defensa del orden social en Chile.
Pero no es la única herramienta, también está la Ley antiterrorista También es una forma de criminalización política: cuando los ladrones le ponen una bomba a un cajero para chorearse la plata, lo formalizan por robo en lugar no habitado, pero si lo hace un anarquista y no se roba la plata, sino que deja un panfleto criticando al capitalismo o al sistema bancario, ahí se considera un delito terrorista. Entonces creo que esa posibilidad de escoger formas más intensas de legislación, que hacen que un delito ya no se castigue como un delito común sino como un delito más grave. Es algo que, incluso en el Informe Valech se señala como un ejemplo de criminalización política.
¿El informe Valech hace una definición?
Sí, dice que hay prisión política cuando hay motivación política en los agentes que encabezan la represión. En dictadura esos agentes eran la DINA y la CNI. El tema es que el Informe también dice que para criminalizar a alguien se ocupa, no la legislación ordinaria, sino una legislación especial que intensifica las penas. Por ejemplo, la Ley de Seguridad del Estado. El estándar está ahí clarísimo. Fue un informe que se hizo por encargo del gobierno, tiene un valor oficial y está ahí, y te dice: cuando no te reprimen de acuerdo a la legislación penal ordinaria, sino con esta legislación especial, hablamos de represión política y entonces tú eres preso político.
¿Hay gente pagando penas por la Ley de Seguridad?
Casi nunca llegan a condenar bajo la figura de la Ley de Seguridad, lo que te hacen es formalizar. Yo creo que el caso más ejemplificador es el del profesor Roberto Campos, que estuvo dos meses preso por patear un torniquete. En derecho penal común eso es un delito de daños, y los daños no te dejan en prisión preventiva. En una situación normal, a esa persona lo hubieran formalizado, le hubieran dejado una cautelar. Pero como se invocó la Ley de Seguridad del Estado, que agrava figuras que ya están en la legislación penal común con penas mucho más bajas, lo dejaron en prisión preventiva, si no, no habría sido posible.
Pero, si no hay nadie procesado o cumpliendo penas por Ley de Seguridad del Estado ¿la pena en sí es la prisión preventiva?
Claro, ese es el problema de fondo. Y eso no es un problema sólo de la ley de Seguridad del Estado. Es un problema que se trató de remediar con la reforma procesal penal, pero que, finalmente, una serie de modificaciones que se han seguido haciendo y que se siguen haciendo, han implicado una verdadera contrarreforma. Entonces esta idea de que no hubiera presos sin condenas o que fueran muy minoritarios, en la práctica, pasa que en muchos casos la pena anticipada es la prisión preventiva y después de un tiempo la fiscalía va y negocia, y te ofrece salir en juicios abreviados. Entonces no se va a juicio oral o el juicio oral puede ser demorado dos años fácilmente (que es el máximo de plazo de investigación que da el código procesal penal). Si logras tener a alguien en prisión preventiva y que no le relajen la medida cautelar, puede estar perfectamente dos años en prisión preventiva.
En el fondo, como estas penas son escasamente efectivas de condena, ¿es una herramienta que usa el poder político para castigar ideológicamente?
Anticipadamente, claro. Invocando esas leyes, se garantiza casi prisión preventiva, con independencia de si después no logran condenarte en el juicio o te condenan por delitos comunes porque no se logra acreditar.
¿Y eso el ministro de interior lo sabe y lo aplica?
Si, se sabe y se aplica. La ley de Seguridad el Estado se aplicó contra Alejandra Matus, por escribir el Libro negro de la justicia chilena, contra el paro de microbuseros, contra el paro de gendarmes, contra la revuelta de Aysén en 2012. Y en todos esos casos, finalmente no se llegó a condenar, pero Alejandra Matus tuvo que salir del país, otra gente estuvo en prisión preventiva…
Y vino el estallido
Para Cortés, el término Ley de Seguridad del Estado está tan dentro de nuestro inconsciente, que su sola pronunciación por parte de la autoridad provoca efectos en la población. “A mucha gente se le olvida, pero el 18 de octubre la gente salió cuando Andrés Chadwick a las siete de la tarde dijo por la tele: ‘esto es delincuencia pura y dura, y vamos a aplicar la Ley de Seguridad del Estado, vamos a presentar querellas’ y ahí empezó la gente a salir a la calle y empezó el caceroleo y todo pasó de ser una protesta callejera fuerte a una rebelión popular. Yo creo que eso no se ha destacado lo suficiente, el efecto que tuvo el anunciar precisamente la aplicación de esta ley maldita”.
Volviendo al inicio ¿por qué la resistencia a entender que hay presos políticos por parte de las autoridades y la elite política?
Porque eso legitimaría la violencia popular del estallido, esa es mi impresión. Pienso que para ellos sería un mal precedente porque implicaría decir, bueno estamos reconociendo que el proceso constituyente en que estamos partió gracias a ustedes saltándose los torniquetes y la gente tomándose las calles y haciendo barricadas. Y eso es lo que no pueden aceptar, porque le estarían reconociendo al estallido el carácter de una especie de revolución política, yo creo que eso es lo que no se pueden permitir .
¿Hay espacio para un indulto general como el que se está presentando en el Senado?
Yo creo que no lo hay. Es muy curioso y muy cobarde también, porque nadie podría negar que sin ese gran estallido no habría habido un proceso constituyente, y los mismos que ahora están candidateándose, están usufructuando del jugarse la vida o la libertad en la calle, como hicieron miles de personas, principalmente jóvenes de sectores empobrecidos de la población y que muchos de ellos se fueron presos.
Lo que dicen es que sentaría un mal precedente porque se trataría de actos graves Cuando uno lo analiza más individualmente, debe tenerse en cuenta por ejemplo que la mayoría de los presos más jóvenes de la revuelta no eran sujetos politizados antes de ella, no tenían antecedentes penales, pero se vieron en un contexto que en términos de psicología de masas incluso, los llevó a responder a una violencia estructural. Así lo veo, la violencia estructural, que no tiene responsables directos, como la pobreza, la marginación, la discriminación, y la violencia social que estalla desde abajo el 18 y que tiene bastantes componentes de irracionalidad tambien.
Es complejo hablar de contextos en estos tiempos, es como “avalar la violencia”
Pero a lo que apuntaba como elemento de contexto es para entender en términos de reproche penal. El reproche penal es individual y en principio se considera la tipicidad, en qué delito se encuadra este comportamiento, en segundo lugar si es que había o no causales de justificación, es decir, clásicamente, en el caso del homicidio, si es que era en legítima defensa. Yo diría que en la mayoría de estos casos, con los antecedentes que he podido ver, me da la impresión de que son delitos que han cometido gente en una situación tan especial, que no indica lo que criminológicamente implica un compromiso delictual muy alto, sino que más bien haber actuado en una situación bastante especial. El 18, cerca de mi casa, vi que se armaba una barricada y un señor de edad salió con un sillón y dijo “esta bueno ya” y lo tiró al fuego. Estoy seguro de que ese señor nunca habia cometido ningun delito, pero si lo hubieran filmado habrían dicho aquí hay un delito, pero fue un delito a lo Fuenteovejuna, salían millones de personas, cortaron la calle, si lo miras con la lupa penal, dices: oh, aquí hay un desorden, aquí hay un daño, pero precisamente la razón de ser de las amnistías en el siglo pasado (que fueron más de 100), era entender que habían habido circunstancias extraordinarias donde mucha gente había realizado comportamientos que, quizás, eran reprochables penalmente, pero que era más importante finalmente recuperar la paz y la estabilidad social y perdonar ese tipo de comportamientos.
Si no es un castigo político porque no es gente politizada es un castigo a qué, ¿a lo que significa la revuelta?
Yo diría que el poder represivo no puede perdonarlos porque lo desafiaron abiertamente, aterrorizaron a la clase dominante durante un mes por lo menos y cuando empezaron a caer, se concentraron en ellos intensificando una lógica que ya tiene el sistema penal normal pero que en esto casos se incrementa, eso de “no sé si te voy a poder condenar, ni con qué delito, pero mientras tanto nadie te va a poder salvar de varios meses de prisión preventiva”, ese es el mensaje.
Etiquetas: calles para la insurrección, contra-represión, derecho burgués vigente, presos a la calle, represión, tercer asalto proletario contra la sociedad de clases
miércoles, enero 13, 2021
Toque de queda en las calles, toque de queda en todos lados
Hemos vivido 10 meses de estado de excepción con toque de queda. Ya nadie le hace mucho caso, pero ahí está. Apenas he visto militares y policías en estos días, sólo paseadores de perros y vehículos municipales de “Seguridad Ciudadana” (o “Paz Ciudadana” como le dice la gente, lo cual es bastante profundo y significativo). En marzo el Congreso (el de Valparaíso, no el de Palacio Pereira) deberá votar si autoriza o no una cuarta prórroga del estado de excepción constitucional. El circo electoral es lamentable, y me siento bien de no haberlo validado yendo a votar. A continuación los dejo con la primera parte de un texto para un libro colectivo, redactada en junio 2020.
1.- TOQUE DE QUEDA
“Toque de queda en las
calles/Toque de queda en las ciudades/Toque de queda en mi barrio/Toque de
queda en todos lados”
(Los KK, “Toque de queda”) (1).
En el imaginario nacional el “toque de queda” se asocia a la última
Junta Militar de Gobierno (1973-1990). La poesía liberada a cuentagotas en rabiosas canciones
punk de la época habla del agobio que generaba esa institución represiva: “El gobierno me caga / El gobierno me
castiga / Me obliga a quedarme en mi casa / Y no puedo salir por ahí”(2).
Nadie se imaginaba tener que vivirlos de nuevo en democracia
(3), hasta que se declaró estado de emergencia el viernes 18 de octubre en la
Región Metropolitana, a causa de “múltiples atentados contra la propiedad
pública y privada, especialmente contra medios de transporte público de
pasajeros”, y “numerosas barricadas que han impedido la adecuada circulación de
vehículos y personas a través de la ciudad, afectándose con ello la garantía de
libre circulación de las personas” (4).
El decreto designaba al General Javier Iturriaga, como Jefe
de la Defensa Nacional en las zonas afectadas, otorgándole “las facultades
previstas en el artículo 5º de la ley Nº 18.415”, especialmente “asumir el
mando de las Fuerzas Armadas y de Orden y Seguridad Pública que se encuentren
en la zona declarada, para los efectos de velar por el orden público y de
reparar o precaver el daño o peligro para la seguridad en la zona (5).
El sábado 19 el General Iturriaga anunció toque de queda en
37 comunas de la Región Metropolitana a partir de las 22:00 y hasta las 07:00
horas del domingo, medida que renovó al día siguiente, pero adelantándolo desde
las 19:00 hasta las 06:00. El mismo día se declaró toque de queda en la Región
de Valparaíso entre las 00:00 y las 07:00, y en Concepción desde las 02:00 a
las 07:00.
Dado que la situación descrita “fue replicad[a] en las
ciudades de Arica, Iquique, Antofagasta, Calama, Copiapó, La Serena, Coquimbo,
Valparaíso, Viña del Mar, Rancagua, San Fernando, Talca, Linares, Constitución,
Concepción, Los Ángeles, Temuco, Valdivia, Puerto Montt, Coyhaique y Punta
Arenas, y sus comunidades aledañas” (6), el domingo 20 había estado de
emergencia y toque de queda en 12 regiones, el 24 de octubre en 15 (todas las
regiones menos Aysén).
La emergencia duró hasta el 28 de octubre (7).
El Informe Anual 2019 del INDH señala que el clímax de las
violaciones de derechos humanos se produjo durante la vigencia del estado de
excepción (8), lo cual demuestra la tendencia al “exceso” en el uso de la
fuerza, y también el desacato masivo de mucha gente que siguió en las calles,
mientras otros enfrentaron ese verdadero “arresto domiciliario” en masa protestando
desde sus casas con cantos y cacerolas.
Al inicio las personas sorprendidas en infracción al toque de
queda fueron detenidas con violencia, esposadas, y mantenidas en privación de
libertad por horas en vehículos y recintos policiales, tal como se pudo
presenciar en múltiples registros. El abogado Jaime Bassa hizo ver ante la
Comisión de Derechos Humanos del Senado la abierta ilicitud de dicho
tratamiento, pues no existiendo tipos penales que expresamente se refieran a
circular en toque de queda, sólo sería aplicable la falta del artículo 495 N° 1
del Código Penal, cuya pena es multa de 1 UTM y no amerita detención. Bassa
concluyó: “lo que estamos
viendo hoy en las calles es violencia estatal de facto, que no tiene
absolutamente ningún respaldo normativo” (9).
¿Qué es esta violencia de
facto sino expresión actual del núcleo de terror puro que existe por debajo
de todo el andamiaje conceptual y jurídico moderno, un retorno radical al
momento fundacional del orden social capitalista, cuya violencia inicial “se llevó a cabo sin molestarse en cubrir
ni la más mínima apariencia legal” (10)?
¿Activó la rebelión popular uno de esos “casos excepcionales”
en que no basta con “la presión sorda de las condiciones económicas” para
garantizar la continuidad de este orden, sino que se hace necesario emplear “la
violencia directa, extraeconómica”? (11).
¿Qué implica que este “uso de la fuerza” que priva de
libertad a las personas se ejerza por fuera del Derecho, dando lugar a
violaciones masivas de derechos fundamentales sin acarrear consecuencia
jurídica alguna para el conjunto de sus autores inmediatos y mediatos?
Agamben da pistas cuando se refiere a la relación entre
anomia y derecho como la “estructura constitutiva del orden jurídico”, “doble
naturaleza” o “ambigüedad constitutiva por la cual éste parece estar siempre al
mismo tiempo afuera y adentro de sí mismo, a la vez vida y norma, hecho y
derecho”: “El estado de excepción es el lugar en el cual esta ambigüedad emerge
a plena luz (…) aquello que funda el nexo entre violencia y derecho y, a la
vez, en el punto en el cual se vuelve ‘efectivo’, aquello que rompe este nexo”
(12).
Notas:
1.- Canción
incluida en: Los KK, “KK Urbana”,
caset, 1989 (Re-editado por Alerce/Alerta Discos en el CD “Clásicos del Punk
chileno”, 2003).
2.- Ibíd.
3.- La única
excepción significativa parece haber sido el estado de catástrofe decretado
luego del terremoto del 27 de febrero del 2010 en las regiones del Maule y
Biobío, que incluía toque de queda desde las 21:00 hasta las 06:00 horas.
Mientras redacto, se ha declarado toque de queda en más de 40 ciudades
norteamericanas a raíz de los masivos disturbios que generó el asesinato de
George Floyd por policías.
4.- Considerandos
1, 2 y 3 del Decreto 472 del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, de 18
de octubre de 2019, publicado en el Diario Oficial al día siguiente. El decreto
trae las firmas del Presidente Sebastián Piñera, del Ministro del Interior,
Andrés Chadwick, y del Ministro de Defensa, Alberto Espina.
5.- Dicha
disposición le concede la facultad de “controlar la entrada y salida de la zona
declarada en estado de emergencia y el tránsito en ella”, además de la de
“autorizar la celebración de reuniones en lugares de uso público, cuando
corresponda, y velar porque tales reuniones no alteren el orden interno” (Art.
5 numerales 3 y 4 de la Ley Orgánica Constitucional de los Estados de
Excepción, aprobada por la Junta Militar de Gobierno en 1985).
6.- Tal como
resume adecuadamente el considerando c. de la Resolución 5520 de la Dirección
General de Movilización Nacional, de 20 de noviembre de 2019.
7.- Con lo
cual el estado de excepción duró 10 días en vez de los 15 inicialmente
anunciados.
8.- En las
conclusiones de dicho Informe se señala que el Consejo del INDH llegó a la
convicción de que en Chile “se han violado gravemente los derechos a la vida y
la integridad física y psíquica, entre otros derechos”, y que de acuerdo a los
datos entregados “el mayor número de muertes y la mayor proporción de lesiones
por trauma ocular, como de personas heridas, se produce durante el período de
estado de emergencia.” INDH, Informe Anual sobre la situación de los derechos
humanos en Chile en el contexto de la crisis social 17 octubre -30 noviembre
2019, pág. 75.
9.- https://www.cnnchile.com/pais/jaime-bassa-abogado-toque-de-queda-estado-emergencia_20191024/
10.- Carlos
Marx, El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo I, México, FCE, 2006,
pág. 616. La frase está dentro del famoso capítulo sobre “La llamada
acumulación originaria”, donde se contrasta la versión “idílica” de la Economía
Política con la forma real en que se impusieron por la violencia las relaciones
sociales capitalistas, tomando como modelo Inglaterra a contar del siglo XVI.
11.- Ibíd.,
pág. 627.
12.- Giorgio
Agamben, entrevista con Flavia Costa, en Estado de excepción. Homo sacer, II,
I, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2005 pág. 14 y 15.
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viernes, diciembre 04, 2020
Anti-COP
Salió Rozas y quedó a cargo otro General contra el cual se formularon cargos en el sumario de la Contraloría General de la República.
Lo primero que hizo fue salir a decir que en Chile no hay violaciones a los derechos humanos.
Tal como ningún gobierno ha reconocido jamás la existencia de presos políticos.
La estrategia popular callejera ha variado. No más concentraciones en Plaza Dignidad, ahora se avanza por la Alameda hacia La Moneda, acordonada por COP a lo menos desde el Paseo Ahumada.
Los COP resisten un rato, y luego avanzan conquistando cuadra por cuadra gracias a sus millonarios vehículos nuevos.
Obligan a la multitud a llegar hasta el cerro Huelén, desde donde se realiza ataques simultáneos a los COP. Y se avanza de nuevo hacia el centro.
La escopeta ya no se usa mucho, cediendo el lugar al terrorismo de la represión química. Humo, gases, agua que causa quemaduras...
Va "El terrorismo de Estado", de Mariana Zegers:
El terrorismo de Estado
Anda suelto por las calles
En cuarteles y tribunales
Se pasea desfilando
El terrorismo de Estado
En la bolsa tiene acciones
Y allí tranza sinrazones
Por poder y por dinero
A este Estado traicionero
¡Fraguaremos maldiciones!
Escuchamos por los medios
Que son hechos aislados
¿Acaso creen que estamos
Ciegos, sordos sin remedio?
No vivimos en un predio
Aislado de este mundo,
Y aunque Chile sea un fundo
Que pertenece a unos pocos
Su poder, así lo invoco
Cayó a un pozo bien profundo
Y así como Víctor cantaba
Al señor politiquero
Que aunque bien le ponga esmero
La culpa el agua no lava.
Las manos ensangrentadas
Que han manchado nuestra historia
Allí están en la memoria
De un pueblo que se levanta
De un pueblo que aquí se planta
En contra e´ su falsa gloria
Refundar parece poco
La palabra queda corta
Y la risa no conforta
Que d´ espanto me acogoto.
Nos van tratar de locxs
Por querer cambiarlo todo
Y dirán que no es el modo
Pero quién entiende el suyo
Este mar que es un murmullo
Hoy resiste codo a codo
El Terrorismo de Estado
Hizo su entrada en la Plaza
Pero hace tiempo que caza
Anda con su brazo armado.
Pa´ violar derechos humanos
A ellos los adoctrinan
Sin cuestionar asesinan
A un pueblo que se rebela
Y robando hasta que duela
Muestran su labor mezquina
La historia de explotación
De horrores y de matanzas
Pronto su final alcanza
No hallará su redención.
Por la gran devastación
Que hoy las naciones eluden
Es que todo el mundo intuye
Que lo cierto es que la Tierra
Se defiende como fiera
¡Y las pulgas se sacude!
http://carcaj.cl/el-terrorismo-de-estado/
Y agrego este otro fragmento:
Cuando mi hermano cayó
Recogí sus armas
No me pregunté
Si podría apuntar
O ser preciso como él.
Un acuerdo por la paz
No estaba entre las cosas que
encontré
Essex Hemphill
Traducción
del Colectivo Frank Ocean,
http://carcaj.cl/poemas-contra-la-policia/
Etiquetas: calles para la insurrección, poesía, psicogeografía, represión
jueves, octubre 29, 2020
Literatura sobre la insurrección chilena y el escenario que se abre/cierra tras el plebiscito
No podía ser de otro modo: en las librerías ya hay estantes especiales para la literatura sobre el "estallido" y para qué hablar de la Nueva Constitución y todo lo que implicaría.
Por eso en parte nos apresuramos en armar el libro "La violencia...", aunque no pudo estar listo en marzo debido a las cuarentenas, pero finalmente se editó en el invierno y su primera versión impresa ya se agotó. Se me olvidaba: en tato libro virtual, va a ser presentado en la Feria del Libro Punk de Buenos Aires, a inicios de noviembre.
El grueso de las publicaciones más o menos oficiales (o de editoriales establecidas) sobre el tema es bastante oportunista e insípido.
Dentro de lo que ha salido destaco el libro de Rodrigo Karmy, "El porvenir se hereda", que de hecho alcanzó a salir a fines del año pasado.
Pero ya hay varias decenas de libros sobre el tema, algunos de los cuales salen reseñados acá, nada menos que por el Diario Financiero: https://sietekabezas.cl/2020/10/18/la-biblioteca-que-dejo-18-o/
Esa página es para promocionar el libro "Siete Kabezas" del arquitecto oficial (y más bien bastante momio) Iván Poduje, galardonado en 2018 con el Premio Vicuña Mackenna y que según parece hace una especie de urbanismo reaccionario en base a la revuelta, y basta ver sus extractos seleccionados para darse cuenta de que es lo que Debord llamaba "basura y escombros": cuando habla de que "los ataques fueron muy violentos y no respetaron credos ni ideologías. Se dirigieron por igual a supermercados y almecenes de barrio. A monumentos a conquistadores y también a memoriales de detenidos desaparecidos". ¡MENTIRA! ¡Esas acciones las hicieron los fachos de la Vanguardia, tergiversador de mierda! Afirmar eso sería lo mismo que culpar a la revuelta por las violaciones de derechos humanos cometidas por los agentes del Estado.
La Fundación Jaime Guzmán también hizo un libro llamado "La insurrección de octubre desde la mirada de la FJG", con una larga y fina selección de textos reaccionarios y contra-revolucionarios de diversos autores ligados a dicha putrefacción intelectual. Muy interesante.
En fin, este año han aparecido nuevos títulos desde el bando revolucionario (anticapitalista/antiautoritario) que cabe destacar.
Hace ya un rato apareción "Un largo octubre", del Círculo de Comunistas Esotéricos, que en noviembre 2019 ya habían publicado "Tiempos mejores".
Y hace poco apareció un número especial de Ya No Hay Vuelta Atrás llamado "La democracia es el orden del capital", y el "Reporte de una insurrección" del grupo Evade Chile.
Les dejo la presentación e índice de estos dos últimos.
--
La democracia es el orden del Capital: apuntes contra la
trampa constituyente
Frente a un nuevo ciclo de
eventos electorales que se abre con el plebiscito del “Apruebo” y “Rechazo”,
destinado explícitamente a conducir por los cauces institucionales todas las
energías subversivas desplegadas intensamente desde el 18 de octubre de 2019,
presentamos este material para contribuir a una crítica de la democracia como
sistema político inherente a una forma de organización social basada en la
explotación y la dominación. Particularmente, pretendemos aportar a la
evaluación crítica de procesos promovidos por la clase capitalista como lo son
los reacomodos constitucionales, que dejan intactas las categorías básicas y
fundamentales de la sociedad del capital (tal es su objetivo), categorías
contra las cuales, instintiva y conscientemente, se alzan las reivindicaciones
y críticas prácticas de nuestra clase cuando estalla en revueltas de la
magnitud que presenciamos (y que protagonizamos como proletarixs inmersos en
las experiencias de lucha) hace unos meses, antes de que se desatara la crisis
–y dictadura- sanitaria por la pandemia de coronavirus, y que hoy vuelve a
demostrar que no está sepultada ni completamente domesticada. Trabajo, dinero,
capital, Estado, propiedad privada, mercancía… son conceptos que no son letra
muerta en alguna carta magna, sino elementos que organizan nuestra sociedad y
su miseria. Presentamos una revisión teórica e histórica de procesos
similares al que estamos observando hoy, extractando aportes pasados relevantes
y también considerando casos recientes en otros países. Alentamos la
lectura, discusión, crítica y difusión.
1. Introducción
Introducción 6
Metodología 11
2. Estado y democracia: separación, propiedad privada y
lucha de clases Ideología, separación y desposesión: los fundamentos históricos
de las relaciones capitalistas 14
Desposesión y trabajo asalariado, la sociedad de clases
moderna y la llamada anarquía del mercado 17
Igualdad y desposesión: el derecho universal del Estado como
justificación de la sociedad de clases 18
Democracia, dictadura y libertades democráticas: el derecho
superior de mantener sus negocios 19
3. Socialdemocracia y luchas proletarias La democracia en el
proletariado y el papel histórico de la Socialdemocracia 22
Programa socialdemócrata: conquistas sociales y disputa del
poder 27
El Antifascismo y la comunidad del capital 29
4. La ilusión constituyente
Ideología burguesa y
“contrato social” 32
Persistencia en el tiempo de las ideas de democracia,
república y constitución 35
Desmitificación: la historia real de violencia, conquista y
saqueo como origen de este orden social 35
La creación de leyes como acto soberano es propio de la
civilización capitalista occidental 37
La Constitución como “Ley suprema” 39
Constitución real y “hoja de papel” 40
Constitución y revolución: el ejemplo de 1848 41
La Asamblea de Frankfurt en 1848, descrita por un joven
revolucionario desde las páginas de la “Nueva Gaceta Renana” 42
Algunas conclusiones provisionales 44
Post Scriptum: ¿Fue esto una revolución? 45
5. La ilusión constituyente y democrática en la región
chilena: un camino inviable varias veces derrotado
“Procesos constituyentes desde abajo”: La Asamblea
Constituyente de 1828 52
La “Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales”
de marzo de 1925 52
La tercera no es la vencida 53
Los plebiscitos de 1988 y 2020: la primera vez como tragedia
y la segunda como farsa 54
6. Revolución y contra revolución en Chile: catástrofe
capitalista y las posibilidades del poder autónomo del proletariado
Asociacionismo proletario: reivindicación y comunidad de
lucha 60
Sobre nuestros órganos de combate y el poder de la
revolución en curso 63
Mirando al pasado para franquear el presente 64
Asambleas territoriales ¿Organos autónomos de combate? 66
El poder de la revolución en curso 68
7. A confesión de parte, relevo de pruebas 72
ANEXOS
1. ¿RIC o revolución? 76
2. Proceso constituyente boliviano de 2006-2009: entre el
fuego en las calles y la frustración 80
3. Referendum: del cretinismo parlamentario al de la
democracia directa 84
Compañerxs,
Una época llega a su fin. Romper
juntos las cadenas de la competencia y el miedo del viejo mundo fue una fiesta
donde no hizo falta ni líderes, ni representantes, ni vanguardias, ni partidos
para que cada cual encontrara su lugar y supiera lo que quería dar. Nuestras
capacidades de acción e intervención en la realidad eran tan amplias como
nuestra imaginación. Y se multiplicaban a medida que nos dejábamos empapar más
y más en las aguas de la revuelta. Esa experiencia aún alienta en nuestros
corazones. Como se dice en estas tierras: “lo comido y lo bailado no lo quita
nadie”. La estrella de la vida es nuestra.
La insurrección no se hace cargo
de salvar las instituciones e institucionalizaciones de los de arriba, es una
fuerza subterránea que asciende rompiendo con los obstáculos al goce inmediato
y con los estrechos caminos mentales y terrenales de la destrucción planetaria
comandada por la diada del Dios Dinero y el Dios Trabajo: estos son solo
símbolos de nuestro despojo y de lo que nos separa de la vida. Símbolos del
olvido de que somos nosotrxs quienes construimos el mundo y lo volveremos a
construir a nuestro antojo si la Madre Tierra nos lo permite. Esta lucha por
salvar lo que queda de vida dentro de nosotrxs no está separada de la lucha por
salvar la vida que queda sobre el astro que habitamos.
¿Podrá la resaca que acompaña la
borrachera democrática hacernos olvidar el sabor vital de la revuelta? Por
supuesto que no. ¿Podrá quizás inaugurar un nuevo periodo de estupefacción y
amnesia que postergue una vez más nuestro esfuerzo? Es posible, tampoco tenemos
miedo de aceptarlo porque conocemos esa vieja rutina. Es urgente que el
potencial humano despierte antes de que su sentido de derrota lo supere
completamente, pero nuestro aliento no se apura: cuando la humanidad realmente
despierte la celebración no tendrá fin.
Nuestra insurrección abrió otros
mundos posibles y nos mostró que lo que éramos capaces de hacer es mucho más
que una raya en un papel.
Nada está perdido. Sabemos bien
que a veces para encontrarse hay que perderse.
¡Despierta!
En las montañas, en las costas,
en los bosques, en los desiertos y hasta en las urbes derruidas, la vida nos
espera.
EVADE CHILE 2020 #
Links de descarga del Reporte: pliegos - páginas
CONTENIDOS
11... La batalla de Santiago
28... [Primer comunicado] El derecho de vivir no se mendiga, ¡se
toma!
34... [Segundo comunicado] ¡Evade todo!
38... [Tercer comunicado] El momento decisivo: ¡Hermanxs, tenemos
derecho a la autodefensa!
41... [Cuarto comunicado] Aviso de utilidad pública: A propósito de
la agonía del viejo mundo
43... Carta abierta a Jorge González
49... Primera carta
61... [Quinto comunicado] ¿Es posible salir de la espiral de la
violencia?
66... [Sexto comunicado] Cómo (no) organizarse si lo que se busca
es subvertir la lógica mercantil y patriarcal del dinero
68... [Séptimo comunicado] Hoy todo es posible
74... [Octavo comunicado] ¡La resistencia es vida!
77... [Noveno comunicado] ¡Nos quieren dar lecciones!
79... Segunda carta
84... [Décimo comunicado] Sabemos que el cambio no está en La
Moneda…
87... [Onceavo comunicado] Llamamiento de una liceana
101... El baile de lxs que sobran
145... Tercera carta
158... Todo comienza aquí y ahora
184... Unidad y diferencias en las insurrecciones de Francia y Chile
197... [Doceavo comunicado] No escucharemos más sermones
200... [Treceavo comunicado] ¡El norte de Chile aún resiste!
204... Cuarta carta
208... Quinta carta
215... [Catorceavo comunicado] El cambio no está en las urnas
218... Hacia la Comuna
227... Sexta carta
244... ¡La pandemia no detendrá la revuelta!
244... Coronavirus: Reporte de Chile
248... Coronavirus: Reporte de Francia
255... Séptima carta
267... Octava carta
269... Pueblos del mundo, ¡un esfuerzo más!
293... Novena carta
311... La batalla del 10%
Etiquetas: 2020 fin del mundo tal cual lo conocemos, anarquia, calles para la insurrección, comunismo, EVADE













